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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El conjuro de los movimientos sociales en el Chile neoliberal]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article attempts to understand the process by way of which social discipline has been imposed in Chile since the 1973 coup up to the present. Evidently, the first instrument was the brutal repression that followed the coup and that characterized the entire Pinochet period. Nevertheless, once consolidated, the dictatorship sought to create the basis for a new hegemony. The popular social fabric inherited by the dictatorship is disarticulated on the basis of State terror, but there is also an effort to provide a new articulation in which the market is offered as the instrument for an articulation which emphasizes a new ‘liberty’, the right to consume. The author argues that once the dictatorship is overthrown, the democracy which replaced it was faced with a series of active social movements that had contributed to the fall of Pinochet. Once the transition had been successfully accomplished, these movements began to be considered deviant and were subjected to policies of control in many ways more effective that those of the dictatorship.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"> <b><span style="font-family: Verdana">El conjuro de los  movimientos sociales en el Chile neoliberal</span></b></p>     <p align="center"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight:700">Manuel Guerrero Antequera</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify; text-autospace: ideograph-numeric ideograph-other"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">Sociólogo de la Universidad de Artes y  Ciencias Sociales, Santiago de Chile, Diplomado “Europa y la nueva América  Latina” en la Universidad de Heidelberg y Egresado del Doctorado en Filosofía,  mención Filosofía Política de la Universidad de Chile. Es asesor profesional del  Comité de Autoevaluación Institucional de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos  de la Universidad de Chile. Autor de varios artículos en revistas académicas y  capítulos de libros, siendo los más recientes “Historia reciente y  disciplinamiento social en Chile” (2004) y “Testimonio de la tortura como  tortura del testimonio” (2003). Chile. </font> <span style="text-decoration: none"><font size="2">mguerrero@uchile.cl</font></span></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-CL" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight: 700"> Resumen</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-CL" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight: normal"> En este texto se desarrollan algunos elementos para la comprensión histórica de  lo que el autor denomina disciplinamiento social en Chile, desde el 11 de  septiembre de 1973, cuando se instauró la dictadura pinochetista, hasta el día  de hoy. Se distinguen dos momentos en ese proceso. El disciplinamiento iniciado  con el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular, que en un primer momento  recurrió al uso brutal de la represión, pero que más adelante, sin renunciar  nunca al “dispositivo  del terror”,  recurre adicionalmente a otros recursos en su intento de construir una nueva  hegemonía. El espacio social, el tejido social popular heredado por la  dictadura, es destruido y desarticulado por la represión y sustituido por un  proyecto articulador nuevo. En el nuevo proyecto el Mercado es exaltado como el  mecanismo autoregulador de todas las esferas de lo social y la democracia  verdadera es sustituida por la libertad de consumir. La política es reemplazada  por el consumo. Un segundo disciplinamiento ha acompañado al proceso de  transición de la postdictadura. Con la instauración de la democracia de la  concertación son interrumpidos los procesos democratizadores desplegados por  distintos movimientos sociales en resistencia a la dictadura. Una vez cerrado el  ciclo de movilización considerado legítimo ya que contribuyeron decisivamente  con el desplazamiento de la dictadura, los movimientos y movilizaciones  comenzaron a ser etiquetadas de conductas desviadas, aplicándoseles en  consecuencia políticas de control, neutralización y/o castigo, lográndose ahora  éxitos que la dictadura no pudo alcanzar.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-CL" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Palabras  clave</b>: Chile, movimientos sociales, neoliberalismo, control social, dictadura,  democracia.</span></p>     <p align="center"><b> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Exorcising  the Social Movements in Neoliberal Chile</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight:700">Abstract</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">This article  attempts to understand the process by way of which social discipline has been  imposed in Chile since the 1973 coup up to the present. Evidently, the first  instrument was the brutal repression that followed the coup and that  characterized the entire Pinochet period. Nevertheless, once consolidated, the  dictatorship sought to create the basis for a new hegemony. The popular social  fabric inherited by the dictatorship is disarticulated on the basis of State  terror, but there is also an effort to provide a new articulation in which the  market is offered as the instrument for an articulation which emphasizes a new  ‘liberty’, the right to consume. The author argues that once the dictatorship is  overthrown, the democracy which replaced it was faced with a series of active  social movements that had contributed to the fall of Pinochet. Once the  transition had been successfully accomplished, these movements began to be  considered deviant and were subjected to policies of control in many ways more  effective that those of the dictatorship.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Key Words</b>:  Chile, Social Movements, Neoliberalism, Social Control, Dictatorship, Democracy.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Si debiéramos elegir dos  imágenes para dar cuenta del modo en que con mayor recurrencia la sociedad  chilena se ha descrito a sí misma respecto de sus últimos treinta años de  historia, no sería difícil escoger el retrato de La Moneda bombardeada y en  llamas como el descriptor privilegiado de la dictadura y, por contraste, indicar  la reapertura del palacio presidencial renovado en los años 90 como el símbolo  de la vuelta a la democracia. <span style="letter-spacing: -.1pt">Siguiendo esta  tendencia, en el ámbito de las ciencias sociales la dictadura chilena ha sido  frecuentemente descrita como el período de instauración del llamado </span> </span> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"> “dispositivo del terror”, mientras que la posdictadura ha sido señalada como el  momento en que nuestra sociedad ha sido capaz de dejar atrás el control social  represivo del Estado, incentivando, en su lugar, la participación democrática.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Estando en parte de  acuerdo con estas descripciones, creo que para establecer una observación  adecuada del período de la dictadura, es importante destacar el carácter de  clase que tuvieron las sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Chile,  aspecto que, por regla general, no es considerado de modo suficiente. Por ello,  junto con indicar los efectos sociales indiscutibles que perseguía el  “dispositivo del terror” para el conjunto de la sociedad chilena, resulta  pertinente acotar la descripción del período de la dictadura como un momento de  la sociedad chilena en el que el capitalismo se valió del ánimo fascista con el  objeto de allanar el camino para la instauración de una nueva forma de  acumulación y un nuevo modo de ser de la sociedad chilena a partir del  disciplinamiento de la fuerza de trabajo y la destrucción del tejido social  popular<sup>1</sup>.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Sin embargo, incluso esta  delimitación del “dispositivo del terror” no resulta en sí misma suficiente para  dimensionar el verdadero alcance del disciplinamiento social desplegado durante  el período dictatorial. Esto, en la medida en que el mencionado dispositivo de  exterminio siempre estuvo acompañado de la fundación de un nuevo espacio social  en el que fuera posible cristalizar institucionalmente las relaciones de poder  del nuevo proyecto ordenador, para conformar un dominio codificado y gobernable,  muy distinto al “orden social” que la dictadura recibió. Si se toma este rasgo  “positivo” de la dictadura en consideración, ya no parece suficiente remitir la  descripción del período al solo dispositivo “negativo” y represor.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Por otra parte, considerar  a la posdictadura como el momento de alzamiento del control social represivo por  parte del Estado respecto de la sociedad civil tampoco resulta una descripción  del todo adecuada. Esto, por cuanto dicha imagen no da cuenta por sí misma de la  complejidad del fenómeno de transición de las formas de disciplinamiento que  nuestra sociedad ha experimentado en el último decenio. A mayor abundancia, creo  que durante la posdictadura es posible observar un segundo disciplinamiento  social de la sociedad civil, respecto del cual resulta crucial establecer sus  modalidades, alcances y consecuencias.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En las líneas que siguen  intentaré aportar, en forma sumaria, algunos elementos que nos permitan adentrar  al estudio de algunas formas históricas concretas que ha asumido el  disciplinamiento social en Chile, ejercicio que busca ser una contribución a la  revisión que a nuestra sociedad le compete realizar sobre sí misma luego de más  de treinta años de ocurrido el golpe militar y la instalación del modelo  neoliberal.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <strong><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La dictadura: El  primer disciplinamiento</span></strong></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"> Para una adecuada observación del período dictatorial resulta necesario destacar  que la gestación de regularidades que fueran <em> <span style="font-family: Verdana">ad hoc </span></em>al modelo económico que el  capitalismo en Chile buscó implantar, a partir de 1973, no operó sobre un  terreno de vacío social. La “materia social” sobre la que se tuvo que actuar ya  estaba surcada por otras “domesticaciones” previas, es decir, por otros saberes  que habían construido su propio orden de regularidades, identidades y prácticas  a lo largo de todo el siglo <span style="font-variant: small-caps">xx</span>  chileno. Es por esta razón que se requirió de un disciplinamiento, pues, no es  por casualidad, por accidente o excepción histórica que en Chile se violaron los  derechos humanos de manera tan sistemática y se ejerció violencia sobre <em> <span style="font-family: Verdana">ciertos </span></em>cuerpos y no otros: el  capitalismo en Chile, para lograr sus objetivos económicos, tuvo que disciplinar <em><span style="font-family: Verdana">porque encontró resistencia a sus  prácticas</span></em>. Esta resistencia provino de actores portadores de  proyectos de continuidad, de cambio e innovación, quienes a partir de sus  prácticas cotidianas, llevadas adelante por generaciones, habían logrado  instituir un espacio social surcado por <em><span style="font-family: Verdana"> voluntades de poder </span></em>específicas.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Por tal motivo, a la  dictadura no le fue suficiente emprender sólo represión, sino toda una operación  hegemónica, pues como grupo, que asumió para sí la intervención del referido  espacio social, se jugó su capacidad de lograr que la sociedad en su conjunto  hiciera suyo y aceptara su proyecto particular, de modo que éste se tornara  colectivo (Ottone, 1984; Guerrero, 2004). Al momento del  golpe la dictadura en formación contaba con el conjunto de los medios de  comunicación social, con personal político de la gran burguesía, con las  organizaciones sociales de los sectores medios (“el gremialismo”), con  intelectuales y tecnócratas. También recibió el apoyo condicionado del centro  político, es decir, del Partido Demócrata Cristiano y del Partido de Izquierda  Radical y de parte de la Iglesia (Orellana, 1989, 26; Guerreo, 2004). En este sentido, la dictadura, en sus inicios, contaba con  una importante cantidad de aparatos ideológicos del Estado<sup>2</sup>.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Sin embargo, como el  momento de instalación del régimen por medio de la represión fue a tal grado  brutal, el intento hegemónico de uso de los aparatos ideológicos de Estado se  vio frustrado, perdiéndose el control de algunos de los que poseían gran  legitimidad, como gran parte de las iglesias, que se vuelven abiertamente  disfuncionales y contradictorias al régimen<sup>3</sup>,  el aparato familiar<sup>4</sup>,  y se presentan problemas con el aparato sindical. La dictadura encontró  dificultades iniciales también en los aparatos escolar y cultural, surcados por  el tejido popular que se pretendía destruir. <span style="letter-spacing: -.1pt"> Si se observan las cifras de las víctimas de las violaciones a los derechos  humanos que aparecen en el Informe Rettig, hay una proporcionalidad siniestra  entre las dificultades hegemónicas descritas y la cantidad de muertos por  actividad y sector económico social.</span></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La crisis hegemónica, por  tanto, a nivel de los aparatos ideológicos de Estado, explica de alguna manera  un aspecto más del ánimo fascista desatado: dado que el intento hegemónico se ve  frustrado en el corto plazo, el “dispositivo del terror” se torna aún más  necesario. Sin perjuicio de ello, al momento destructivo y desarticulador de la  dictadura le acompañó uno de reformulación. Dicho momento positivo-productivo de  las voluntades de poderío se manifestó, como en todo proceso de racionalización,  en los esfuerzos de la dictadura por conquistar un espacio basándode en las  redes que arrojaran sus saberes, en los intentos por forjar un terreno de  regularidades que respondieran a <em><span style="font-family: Verdana">sus </span></em>valores y criterios. En otros términos: a la desarticulación de la  sociedad civil, y en especial del tejido social popular “recibido” por la  dictadura, le correspondió un proyecto articulador nuevo.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt">Al  servicio de este proyecto se hizo circular un discurso ideológico específico,  basado en relecturas y desplazamientos de la historia de Chile, a partir de la  doctrina de seguridad nacional, el rescate de la democracia autoritaria, junto a  elementos propios del fascismo clásico como el rol del conductor y la raza, y el  nombre de Dios. No obstante, el discurso ideológico no se agotó en estos  elementos, pues, al mismo tiempo, se intentó instalar <em> <span style="font-family: Verdana">nuevos elementos </span></em>en el campo de  juego. Uno de ellos tuvo que ver con la exaltación del mercado como mecanismo  autorregulador de todas las esferas de lo social. Éste es el verdadero golpe a  los señores políticos: “Ustedes no sólo no existen, ya que los estamos  eliminando físicamente, sino que, además, ya no tienen razón de ser”.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Desde este discurso, el  espacio público y la política se volvían innecesarios una vez que el mercado  regula de manera “natural” la economía y el conjunto de las relaciones sociales.  A la democracia representativa, por tanto, se le hizo aparecer como una ficción,  que sólo daba lugar a la tiranía de los políticos (Ottone, 1984, 118; Guerrero,  2004). El Estado, en este contexto, debía jugar un rol subsidiario, de apoyo al  libre desarrollo del mercado, ser su guardián protector. La “dulce niña” del  canto de los <em><span style="font-family: Verdana">carabinieri </span></em> criollos lo vino a ocupar el mercado, como lo constitutivo de la democracia  verdadera reducida a la libertad de consumir. Lo fundamental de esta operación  hegemónica, por tanto, fue hacer desaparecer, en lo posible, el espacio de la  política, reemplazándolo por la expansión del concepto de consumo.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">A este respecto, cabe  destacar que la efectividad del discurso ideológico no reside en su estatuto de  verdad, en su coherencia interna o riqueza intelectual. De hecho, por ejemplo,  el discurso de la dictadura varió en muchas ocasiones, variación que fue siempre  dependiente de las necesidades planteadas por su dominio. El poder del discurso  ideológico reside en la capacidad que tenga de materializarse, naturalizarse  positivamente, volviéndose verosímil en cuanto logra (o no) convertir y “hacer  pasar” el discurso de un grupo en lo natural-cotidiano de todos. Su “victoria”,  por tanto, sólo puede ser evaluada cuando el discurso de un grupo particular ha  logrado internalizar su visión de mundo con la socialización del individuo, sin  restar en este análisis los elementos de fuerza y amenaza que acompañan a estos  ejercicios.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La dictadura, en este  sentido, recurrió a una profunda operación hegemónica en los ámbitos cultural y  educacional. Estas operaciones indican claramente un más allá del momento de  destrucción de los primeros años, momento que se preocupó de desarticular, por  medio de la represión, la base estructural de la cultura popular y autónoma<sup>5</sup>.  La dictadura, con la participación directa de la derecha chilena, controló para  ello la totalidad de los medios de comunicación de masas, restringiendo el  escenario de comunicación social a la reproducción del discurso ideológico de la  junta, a su orden, valores y lenguaje, instalando la cultura del consumo privado<sup>6</sup>.  En este movimiento de eliminación de lo colectivo y lo político, de  privatización, incluso el valor de la solidaridad encontró su sustituto privado  en las campañas de la Teletón, y el de la cultura por medio del Festival de Viña  del Mar. Operación masiva de banalización cultural, al mismo tiempo que  restricción de la alta cultura mediante precios prohibitivos, acompañados de la  proliferación de <i>best-sellers</i> y revistas del <i>jet-set</i>, junto al  abandono de las figuras de la cultura nacional-popular, como Pablo Neruda,  Gabriela Mistral y Violeta Parra, destacando, en cambio, el chovinismo criollo  patronal.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt">El  ámbito educacional fue enfrentado por la dictadura como un frente más de la  guerra convencional, aspecto que se materializó en la intervención directa de  personal militar en las enseñanzas básica, media y universitaria. En la  enseñanza primaria se reprodujo la exaltación a los valores patrios y militares  propia de los cuarteles. Por otra parte, se mercantilizó la educación y se  disminuyó el gasto público, a la par que las escuelas técnicas y profesionales  se ligaron a las empresas, obteniendo estas últimas un control directo de los  contenidos y valores que se impartirían a los nuevos “obreros calificados”.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Por su parte, el diseño  del modelo universitario del régimen osciló entre los partidarios militaristas  del disciplinamiento total, los tradicionalistas integristas católicos y el  sector técnico-burocrático. Las medidas tomadas en este campo estuvieron  dirigidas a la reducción del rol de la universidad como el punto de referencia  cultural y de movilidad social por excelencia de la vida nacional, convirtiendo  al sistema de educación superior, mediante su mercantilización, en un medio de  selectividad social según origen socioeconómico, correspondiendo a cada clase  social un establecimiento de educación superior “propio” (centros de formación  técnica, institutos profesionales, universidades).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Sin embargo, y a pesar de  estos enormes esfuerzos desplegados por la dictadura, la persistencia de la  represión hasta sus últimos años es indicativa del reconocimiento de  resistencias que no terminaron por desaparecer, bien sea por herencia de  prácticas hegemónicas pasadas (resabios) o por el surgimiento de nuevas  voluntades de poderío que buscaban modificar el nuevo orden establecido. En este  sentido, si bien las transformaciones realizadas en la “materia social” fueron  profundas, la dictadura no logró controlar por completo la totalidad de lo  social, o para decirlo con mayor rigor: no logró instituirse como totalidad.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">A este respecto, el  vigoroso movimiento de lo social observado en los años 80 representaron, en  nuestra opinión, el <em><span style="font-family: Verdana">exceso </span></em> que rebasó la capacidad de control de la dictadura, constituyendo un vasto  territorio de fenómenos, identidades y “formas de vida” poco institucionalizadas  y “nomádicas”, que rebasaron, eludieron y desafiaron los esfuerzos desplegados  por el “buen orden” para codificarlos y someterlos<sup>7</sup> (Guerrero, 2004).Este movimiento, que se  hizo patente con la realización de numerosas protestas nacionales así como en el  trabajo político, social y cultural desplegado sobre todo en los campos  estudiantil, poblacional, sindical y gremial, quedó inscrito en nuestra memoria  social como una lucha que fue llevada adelante por una multiplicidad de fuerzas,  por una variedad de cuerpos en resistencia, por un enjambre de identidades en  formación, acciones y subjetividades que se disputaron, en forma directa y  abierta, el espacio de la política que la dictadura intentara eliminar. La  política misma, por tanto, consistió en el juego de inscripciones y cruces de  esa multitud, gracias a la multiplicidad que la recorría y arrastraba  desbordando las formas de contenido y expresión “dictados”. Por tal motivo, si  la libertad añorada sólo podía ser conseguida mediante el ejercicio decidido y  soberano de prácticas de liberación, la democracia conquistada debía ser hija no  tan sólo de los contenidos por los que se luchó, sino también de la <em> <span style="font-family: Verdana">forma </span></em>en que éstos se forjaron y  se hicieron circular. En este sentido, la calle, la asamblea, la marcha, la  protesta, como instancias de roce social, de conexión de diversas relaciones  desordenadas y creadoras, prometían alcanzar una democracia que fuese la <em> <span style="font-family: Verdana">expresión </span></em>de esta dispersión  múltiple. Así, el movimiento de lo social desplegado en aquellos años era un  territorio de gestación de sociedad, al mismo tiempo que un territorio de  gestación de estrategias de resistencia que conducían, en nuestra opinión, a <em> <span style="font-family: Verdana">formas distintas de hacer sociedad </span> </em>que el modelo trazado por las elites políticas de la transición no estuvo,  a la postre, dispuesto a tolerar.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Por ello, la posdictadura  proyecta algo bastante distinto a la práctica emancipadora que la posibilitó. En  este sentido, la democracia actual no es sino la interrupción de los actos de  democratización desplegados, de las prácticas de liberación que lograron escapar  y poner en crisis los controles y codificaciones de la dictadura. Esta  interrupción sólo fue posible mediante la instalación de la desmemoria como  discurso hegemónico, lo que tiñó al cuerpo social de olvido: olvido de aquellos  que posibilitaron la democracia y olvido de la fórmula múltiple que la hizo  advenir. El efecto de este nuevo intento hegemónico fue la cristalización de los  movimientos en puntos controlables y de pausa, para su “normalización” –vía un  movimiento de “inclusión excluyente”– para disminuir su potencia de actuar.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: black">La  posdictadura: El segundo disciplinamiento</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">De acuerdo con lo  recientemente señalado, el segundo disciplinamiento social es llevado adelante  en democracia implicando la anulación de los diferentes modos culturales y  políticos de construcción de identidades que se venían desarrollando al interior  del movimiento de lo social. Esta vez lo disciplinado, por tanto, es lo que  antes describimos como el exceso de la sociedad, su suplemento, con el objeto de  que éste adhiriera a un sistema político particular <em> <span style="font-family: Verdana">ad hoc </span></em>al modelo económico  neoliberal ya impuesto, adhesión o legitimidad política que la dictadura no pudo  lograr.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En efecto, el segundo  disciplinamiento se vuelve necesario debido a que el <em> <span style="font-family: Verdana">escape </span></em>a la dictadura devino en  gran medida <em><span style="font-family: Verdana">resistencia </span></em>, es  decir, los “espacios liberados” no sólo se conformaron con estrategias de  supervivencia marginal, acotadas, sino que se volvieron luchas de afirmación de  identidades o “formas de vida” alternativas, voluntades de poderío movilizados  para la conquista de espacios, que implicaban modificar la sociedad por fuera  del espacio clásico de la política, del Estado y los partidos.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Desde esta perspectiva es  posible pensar, por tanto, que una vez cerrado el ciclo de movilización  considerado legítimo por aquellos sectores que retornaron al ejercicio del  poder, los restantes movimientos y movilizaciones comenzaron a ser etiquetados y  calificados como conductas desviadas, por lo que se les aplicó políticas de  control, neutralización y castigo.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">A este respecto, la  transición chilena a la democracia denota un proceso de “digestión” de los  movimientos sociales, que utiliza a la institucionalización de los mismos como  estrategia de control, en un proceso que tiene como efecto el cambio del tipo de  acción colectiva, estandarizándola y cambiando el carácter de las demandas.  Esto, acompañado de la promoción, como únicos modos de expresión legítimos, de  la negociación, el proceso electoral y el trabajo indirecto, a través de las  mediaciones de las instituciones gubernamentales.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Los partidos políticos que  fueran de oposición en acuerdo con el <em><span style="font-family: Verdana"> anciane régime </span></em>conformaron así un dominio regulado, en el cual los  diversos fenómenos y relaciones sociales que emergieron en la lucha  antidictatorial pudieron ser controlados, a partir del establecimiento de  criterios compartidos por la nueva coalición gobernante y el “mundo” de la  dictadura, acerca de lo válido, lo permisible y lo normal. Los partidos  políticos “retomaron” su rol “natural” de autoproclamados interlocutores válidos  entre la sociedad civil y el Estado, reduciendo la capacidad de influencia de  los movimientos sociales en la política, cuyas demandas no se ajustaban a la  transición pactada.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Es importante señalar que  no toda institucionalización de los movimientos sociales ha devenido siempre en  un disciplinamiento de los mismos. En países como Brasil, por ejemplo, donde los  partidos políticos han sido más democráticos y abiertos a grupos diferentes a  ellos mismos, los movimientos han tenido una mayor oportunidad de acceso al  proceso político logrando mayor éxito en la influencia a las posiciones y  prácticas de los propios partidos políticos. En Chile, por el contrario, la  institucionalización ha tenido efectos excluyentes, mediante la digestión de los  mismos, ya que la propia inclusión de muchos movimientos en el aparato estatal  se ha constituido en la condición de posibilidad de la negación de los  movimientos sociales al acceso al proceso político, articulando su propia  presencia en el Estado un Estado duro, gestionado por partidos políticos  elitistas que se han vuelto elitistas, hegemonizados por expertos<sup>8</sup> (Guerrero, 2004).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt">El  Estado chileno actual, paradójicamente, es cerrado mediante su apertura. Se ha  abierto La Moneda como paseo peatonal pero no como espacio de política<sup>9</sup> </span> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">(Guerrero, 2004)</span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt">.  La descentralización iniciada por la dictadura en 1980 sólo ha tenido el efecto  de que los gobiernos locales y las municipalidades cuenten con fondos, que  continúan siendo determinados y asignados por el gobierno central.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">De forma tal que se puede  afirmar que las elites políticas chilenas gestionan un tipo de democracia a  partir de un discurso que busca hacer creer que ella es mejor servida mediante  la subordinación de la participación popular a la necesidad de manutención de la  estabilidad, perpetuando un sistema político que continúa siendo cerrado a las  exigencias de los movimientos sociales, institucionalizando, mediante la  inclusión normalizadora al aparato del Estado, la exclusión<sup>10</sup> (Guerrero, 2004).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">De manera contraria, los  movimientos de lo social que sostuvieron la lucha antidictatorial, y que el  discurso “transitológico” ha reconocido como una de las condiciones de  posibilidad fundamentales para la propia transición, permitía la confluencia de  una pluralidad de mundos y tradiciones culturales y políticas, situación que  prometía el retorno a una democracia dinámica y participativa. Esta pluralidad  se tornó problemática para el modelo neoliberal, económico y “cultural”, que la  transición chilena, la posdictadura, asumió como propio. Por lo mismo, la  administración y profundización del modelo que fue repudiado en forma unánime  durante la lucha antidictatorial sólo pudo continuar mediante el recurso a un  redisciplinamiento social.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: black">¿Nuevas  resistencias?</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Los efectos del primer  disciplinamiento, llevado adelante en dictadura, han quedado, a rasgos  generales, claramente establecidos. Hacer lo mismo respecto de la posdictadura  es más difícil, sobre todo porque las tecnologías de poder implementadas durante  la misma aún no piensan terminar. Sin perjuicio de lo anterior, es posible  señalar que ­­­­­­uno de los efectos ya palpables de este segundo  disciplinamiento es el vaciamiento de la participación principalmente  trabajadora y juvenil en los canales políticos clásicos, por una parte, y el  surgimiento del neopopulismo de ultraderecha por otra. Los miembros activos de  los “antiguos” movimientos sociales o bien se incorporaron al ejercicio de  funciones estatales o se quedaron a nivel de base promoviendo la creación de  redes de desarrollo local, que muchas veces vienen a llenar los vacíos que las  políticas públicas del Estado van dejando. Otro sector muy numeroso simplemente  “se fue para la casa”, mientras otros radicalizaron su postura y comenzaron a  desarrollar acciones que son autodescritas como “antisistémicas”.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Frente a estas nuevas  prácticas sociales el despliegue del disciplinamiento ya no proviene, creemos,  exclusivamente del Estado. El propio discurso clásico de izquierda ha sido en  muchos momentos subsumido y opera, respecto de colectivos y movimientos  diversos, como dispositivos normalizantes de la diferencia (Guerrero, 1999 y  2004).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Es frente a estas nuevas  formas de control y disciplinamiento social que distintos grupos y colectivos,  el nuevo “exceso” de la sociedad, intentan actualmente resistir actuando de un  modo distinto al concebido por los apóstoles de los canales de participación  política clásicos. “El pueblo unido avanza sin partido” es una de las consignas  que han acuñado algunos movimientos territoriales que se han comenzado a  organizar en redes, cuyas políticas y diseños organizacionales intentan evitar  vicios centralistas de antiguas experiencias de resistencia. <span style="letter-spacing: -.1pt">Si estas nuevas voluntades de poder se  lanzarán al futuro o, más bien, si se abrirán a sí mismas y al resto de la  sociedad como futuro posible o posibilidad futura de la sociedad, y cuál será el  modo en que las tecnologías de poder actualmente en uso se enfrentarán a ellas,  son aspectos que aún no estamos en condiciones de dimensionar, pues forman parte  de lo que está aconteciendo de modo más reciente en nuestra historia del  disciplinamiento social.</span></span></p>     <p style="text-align: justify"> <b><span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">Bibliografía</font></span></b></p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">1. Arditi, Benjamín (1989): <em><span style="font-family: Verdana">El deseo de la libertad y la cuestión del otro</span></em>. Asunción, RP ediciones.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412112&pid=S1315-6411200600020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">2. Brunner, José Joaquín (1981): <em><span style="font-family: Verdana">La cultura autoritaria en Chile</span></em>. Santiago, Flacso, Granizo.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412113&pid=S1315-6411200600020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">3. Fazio, Hugo (1996): <span style="font-family: Verdana"> <em>El programa abandonado. Balance económico social del gobierno de Aylwin</em>.</span> Santiago, Lom Ediciones.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412114&pid=S1315-6411200600020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">4. Fazio, Hugo (1997): <em><span style="font-family: Verdana">Mapa actual de la extrema riqueza en Chile</span></em>. Santiago, Lom-Arcis.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412115&pid=S1315-6411200600020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">5. Garretón, Manuel Antonio<em><span style="font-family: Verdana; font-style: normal"> (1987): </span></em> </font></span><font size="2"><em><span style="font-family: Verdana; color: black; font-style: normal">“Las complejidades de la transición invisible. Movilizaciones populares y régimen militar en Chile”</span></em></font><span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">. <i>Proposiciones</i>, nº 14, Santiago, SUR, agosto.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412116&pid=S1315-6411200600020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">6. Garretón, Manuel Antonio<em><span style="font-family: Verdana; font-style: normal"> </span></em> </font></span><span lang="EN-GB" style="font-family: Verdana; color: black"> <font size="2">(1989):<em><span style="font-family: Verdana"> The Chilean Political Process</span></em>.  Boston. Unwin Hyman.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412117&pid=S1315-6411200600020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">7. Guerrero, Manuel (1999): “</font></span><font size="2"><em><span style="font-family: Verdana; color: black; font-style: normal">¿Encapuchados, violentistas, terroristas? Elementos para una comprensión de los colectivos de izquierda estudiantil</span></em></font><span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">” en <em><span style="font-family: Verdana">Investigación y Crítica</span></em>, Publicación del Centro de Investigaciones Sociales, Universidad Arcis, 1er semestre, año 1, nº 1.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412118&pid=S1315-6411200600020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">8. Guerrero, Manuel (2001): “Democratización chilena y control social: La transición del encierro” en Salazar, Mauro y Miguel Valderrama (comps.), <em><span style="font-family: Verdana">Dialectos en transición. Ensayos sobre subjetividad y política en el Chile actual</span><span style="font-family: Verdana; font-style: normal">,</span><span style="font-family: Verdana"> </span></em>Ediciones Arcis-LOM, Serie Punto de Fuga, Santiago.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412119&pid=S1315-6411200600020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">9. Guerrero, Manuel (2004): Tomado de: <a href="http://www.sepiensa.cl/listas_articulos/" style="font-family: Verdana; color: black; text-decoration: underline; text-underline: single"><span style="text-decoration: none">http://www.sepiensa.cl/listas_articulos/</span></a>articulos_sepiensa/2004/02_febrero/20040209.html#_ftn11.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412120&pid=S1315-6411200600020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">10. Orellana, Patricio (1989): <span style="font-family: Verdana"> <em>Violaciones a los derechos humanos e información. La experiencia chilena</em>.</span> Santiago, Fasic.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412121&pid=S1315-6411200600020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">11. Ottone, Ernesto (1984): <em><span style="font-family: Verdana">Hegemonía y crisis de hegemonía en el Chile contemporáneo (1970-1983). </em></span>Madrid. Ediciones Lar.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412122&pid=S1315-6411200600020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">12. Poulantzas, Nicos (1976): <span style="font-family: Verdana"> <em>Fascismo y dictadura</em>.</span> México-D.F., Siglo XXI.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412123&pid=S1315-6411200600020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">13. Salazar, Mauro y Miguel Miguel (comps.) (2001): <em><span style="font-family: Verdana">Dialectos en transición: Ensayos sobre subjetividad y política en el Chile actual.</span><span style="font-family: Verdana; font-style: normal"> </span></em>Santiago, Ediciones Arcis-LOM, Serie Punto de Fuga.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2412124&pid=S1315-6411200600020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify"> <font size="2"><span style="font-family: Verdana; font-weight: 700">Notas</span></font></p>     <p style="text-align: justify"> <font size="2"><span style="font-family: Verdana">1</span></font><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">&nbsp;</span><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana"><font size="2">El      carácter de clase de la represión no sólo es observable en el análisis de      las víctimas según actividad económica sino también en los objetivos a      destruir asumidos por la dictadura, entre los que destacan, de modo directo,      los movimientos sindical, estudiantil, juvenil, asociativo católico,      cultural, y los partidos políticos con raigambre popular. Respecto del      tratamiento del concepto de </font>     </span><font face="Verdana" size="2">     <span lang="ES-CL">“</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana"><font size="2">ánimo      fascista</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-CL">”</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana"><font size="2">,      véase Guerrero, 2001.</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">2     La definición de </font> </span>     <font face="Verdana" size="2">     <span lang="ES-CL" style="color: black">“</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">aparatos      ideológicos de Estado</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-CL" style="color: black">”</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">      es la de Poulantzas (1976, 355-356).</font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">      <font size="2">3      Muchas de ellas se movilizan en defensa de los derechos humanos, como      la Iglesia      católica, la católica ortodoxa, las iglesias evangélicas y luteranas,      metodista, la comunidad israelita y su gran rabino.</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span style="color: black; font-family:Verdana" lang="ES-CL"><font size="2"> 4 De los llamados comité 1 y 2 preocupados de las      violaciones a los derechos humanos surgen el mismo 1973, el Comité Nacional      de Refugiados y el Comité de Cooperación para </font> </span>     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">la Paz en Chile; en 1974, la Agrupación de Familiares de      Detenidos-Desaparecidos; en 1975,      la Fundación      de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas; 1976, la Agrupación de      Familiares de Presos Políticos y la Vicaría de      la Solidaridad;      1977, el Servicio Paz y Justicia; 1978, la Comisión Chilena      de Derechos Humanos, el Comité pro Retorno de Exiliados,      la Comisión Nacional      pro Derechos Juveniles,      la Agrupación      de Familiares de Ejecutados Políticos; 1979, el Programa Derechos Humanos      (Academia de Humanismo Cristiano) y la Protección a      la Infancia Dañada      por los Estados de Emergencia; 1980, el Comité de Defensa de los Derechos      del Pueblo y      la Agrupación      de Familiares de Relegados y ex relegados; 1983,      la Comisión Nacional      contra      la Tortura      y el Movimiento Contra      la Tortura Sebastián      Acevedo, entre otros.</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">5     Represión que abarcó, además de la exclusión física vía exilio, a los      artistas y creadores, la prohibición de su actuación, la clausura de      publicaciones, peñas, teatros, medios de comunicación de masas de la      izquierda, el cierre y vaciamiento de los centros de investigación en      ciencias sociales de connotación crítica, y la prohibición de toda expresión      de la tradición teórica marxista, aspecto que se consagró incluso      constitucionalmente. Al respecto ver Ottone, 1984, p. 121, y Brunner, 1981.</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">6     Así, por ejemplo, para el caso de los medios de masas, de los diez diarios      de carácter nacional que existían antes del golpe se clausuraron <i>El Siglo</i>,     <i>Última Hora</i> y <i>Clarín</i>, y son cerrados </font> </span><i>     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">La Prensa</font></span></i><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">      y      la <i>Tribuna</i>. Subsisten,      por tanto, los tres diarios de El Mercurio (<i>El Mercurio</i>, <i>Las      Últimas Noticias</i> y </font> </span>     <i>     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">La Segunda</font></span></i><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">),      uno del Estado (<i>El Cronista</i>) y <i>La tercera de la hora</i>. Lo mismo      ocurrió con los semanarios, radiodifusión y televisión.</font></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana">      <font size="2">7      La definición de </font> </span><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-CL">“</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana"><font size="2">movimiento      de lo social</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-CL">”</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana"><font size="2">      es tomada de Ardite (1989, 102).</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">8     Un ejemplo de digestión, o </font> </span>     <font face="Verdana" size="2">     <span lang="ES-CL" style="color: black">“</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">inclusión      excluyente</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-CL" style="color: black">”</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">,      es lo que ocurrió con los movimientos por los derechos de las mujeres. El      Estado crea en 1990 el Sernam, cuyo liderazgo, a pesar de tener un carácter      conservador, ha logrado subsumir a los movimientos, dejando a éstos sin      discurso ni recursos. Lo mismo es posible de constatar en el caso de los      jóvenes, con el INJ; con los movimientos indígenas, con Conadi, y con los      movimientos ambientalistas, con el Conama. La dureza del sistema de partidos      políticos ha sido tratado por Garretón (1989, 9). Respecto a la opinión de      Garretón sobre los movimientos sociales ver Garretón, 1987, pp. 111-129.</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">9     Este segundo disciplinamiento, el control mediante la inclusión, tiene una      cara reversa que se deja observar en el cambio del tratamiento de los presos      de máxima peligrosidad, cuyo hito fundamental es la construcción de la      cárcel de alta seguridad en democracia. Este tópico en particular es tratado      en mi ensayo antes citado </font> </span>     <font face="Verdana" size="2">     <span lang="ES-CL" style="color: black">“</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">Democratización      chilena y control social: La transición del encierro</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-CL" style="color: black">”</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">      (Salazar y Valderrama, 2001).</font></span></p>     <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black">     <font size="2">10     Esta exclusión no es exclusiva de la participación política. El modelo      económico mismo, gestionado y administrado por la concertación gobernante,      es señal clara del mismo fenómeno. La </font> </span>     <font face="Verdana" size="2">     <span lang="ES-CL" style="color: black">“</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">transición</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-CL" style="color: black">”</span></font><span lang="ES-CL" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">,      así, es un complicado proceso en el que conviven la continuación y      profundización del modelo político (Constitución de 1980) y económico de la      dictadura –continuidad estructural en el ámbito de la transnacionalización      de la economía, reforzamiento de la posición dominante en la economía del      capital extranjero y de los grupos económicos internos y su consecuente      concentración de patrimonio; continuidad en el traspaso de patrimonio del      sector público al privado vía privatizaciones y diferentes sistemas de      subsidio; continuidad en la desigual distribución del ingreso y la riqueza,      entre otros–, con los esfuerzos e intenciones de democratización (Fazio,      1996 y 1997).</font></span></p>       ]]></body>
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