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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Although historically women in "traditionally male professions" have been faced with serious obstacles in the labor market, over time the barriers have become weaker and there is a growing female participation in a wide variety of jobs previously dominated by men. However, this does not mean that they participate in the same conditions as their male counterparts. In this article, the authors examine the situation of female engineers, science graduates and technicians, working in the plants of the plastics industry of the Caracas Metropolitan Area. They use in-depth interviews, life histories and information about the number of women and personnel in general who work at the firms, as well as those who carry out strictly technical work within the plant, and their hierarchical positions.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <b><font FACE="Verdana">     <p ALIGN="CENTER">El redimensionamiento del perfil técnico del TSU-RC que  trabaja en INTEVEP</p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="CENTER">Nelsaida Sánchez; María Victoria Canino; Hebe Vessuri</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Socióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela  2001, Magíster Scientiarum en Estudios Sociales de la Ciencia egresada del  Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), 2005. Últimos  cargos: actualmente se desempeña como Coordinadora Gestión Social en Proyectos  de Desarrollo Endógeno en Pdvsa – Complejo Industrial de Jose. Asistente de  Investigación en el proyecto: La catálisis venezolana entre la academia y la  industria. abril 2002 y diciembre 2004. Asistente de Investigación en el  proyecto: Microsociología de la innovación y aprendizaje tecnológico, marzo 99 y  diciembre 2004. Venezuela. nelsaida@yahoo.es</p>     <p ALIGN="justify">Socióloga UCV. Maestría y Candidata a doctora en Estudios  Sociales de la Ciencia en el IVIC. Docente en el área de métodos en la escuela  de Sociología de la UCV y en la maestría de Estudios de la Ciencia del Dpto. de  Estudios de la Ciencia del IVIC. Realiza investigaciones en las áreas de  Ciencia, tecnología y género; Ciencia, Tecnología, Innovación y Sociedad:  Conocimiento y Desarrollo; y en Petróleo, Poder y Organización Social. Sus  últimas publicaciones son: 2006 Vessuri, Hebe y María Victoria Canino, &quot;Gender  in Venezuelan Science (1990-1999)&quot;, en: <i>Mujeres en la ciencia y la tecnología</i>;  2005 Vessuri, Hebe, María Victoria Canino e Isabel Sánchez-Rose, &quot;La base de  conocimiento de la industria petrolera en Venezuela y la dinámica de lo  público-privado&quot;, en <i>Redes</i>, Revista de Estudios Sociales de la Ciencia,  Buenos Aires, vol. N., págs. 2005; Canino, María Victoria y Vessuri, Hebe,  &quot;Rebelión de saberes. Los operadores en la Refinería de Puerto La Cruz&quot;, Revista  de la Faculta de Ciencias Económicas y Sociales. Faces-UCV. Caracas,  28(1):129-165. 2005 Vessuri, Hebe y Marías Vicdtoria Canino, &quot;Juegos de espejos:  la investigación sobre petróleo en la industria petrolera y el medio académico  venezolano&quot;, en: J. Martín y Y. Arnal (compl.), <i>Petróleo nuestro y ajeno (La  ilusión de modernidad)</i>, pp. 235-278, Edit. Torino, Caracas Hispanoamérica y  Europa, coordinado por María Luisa Rodríguez-Sala y Judith Zubieta García. UNAM,  México. Venezuela. mcanino@cantv.net</p>     <p ALIGN="justify">Antropóloga, D. Phil Universidad de Oxford; actualmente dirige  el Departamento Estudio de la Ciencia y coordina el programa de postgrado en  Estudios Sociales de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones  Científicas (IVIC), Caracas. Ha contribuido al surgimiento y consolidación de  los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en América Latina, con  iniciativas en los niveles nacional, regional e internacional, y a través de la  docencia y la investigación. Su foco de investigación actual lo constituye la  sociología e historia contemporánea de la ciencia y la tecnología en América  Latina, la percepción del riesgo en sistemas socio-ambientales, y las políticas  públicas de ciencia y tecnología para el desarrollo social y la gobernabilidad  del sistema internacional. Sus últimas publicaciones: Dossier especial  &quot;Laboratorios y experimentos: Democracia y política en la Investigación  Industrial&quot;, <i>Cuadernos del Cendes</i>, año 22, 3° (58): 73-95. Caracas; 2006  Vessuri, H. &quot;Gobernabilidad del riesgo de la convergencia tecnológica&quot;, <i> Revista Cinvestav</i>. Buenos Aires, vol. 25, (1), pp. 10-19; 2005 Vessuri, H.,  M.V. Canino e I. Sánchez-Rose. &quot;La base de conocimiento de la industria  petrolera en Venezuela y la dinámica de lo público-privado&quot; en <i>Redes</i>,  Revista de Estudios Sociales de la Ciencia, Buenos Aires, vol. N., págs.; 2005  Vessuri, H. Caracas; 2005 Vessuri, H. Ciencia, &quot;Política e historia de la  ciencia contemporánea en Venezuela&quot;. <i>Revista de la Facultad de Ciencias  Económicas y Sociales</i>. Faces-UCV, vol. 28, nº 1, pp. 65-87. Venezuela. hvessuri@gmail.com</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><b>Resumen</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las mujeres con profesiones &quot;tradicionalmente masculinas&quot;  históricamente han encontrado obstáculos para desempeñarse en el mercado  laboral. Con el devenir del tiempo, esos impedimentos se han ido desdibujando y  se han incorporado dentro de los más diversos ámbitos de trabajo. Sin embargo,  no significa que lo hayan hecho en las mismas condiciones que sus contrapartes  masculinos. Con esta investigación se pretende explorar, la situación de las  mujeres Ingenieras, licenciadas o técnicas, que laboran dentro de las plantas de  las industrias de plástico en las Gran Caracas. Se pretende conocer las  condiciones en las que laboran, la opinión de sus empleadores, su relación con  los colegas del sexo opuesto y con sus subordinados. ¿Cómo se tejen esas  relaciones dentro del ámbito laboral? , las barreras explicitas e implícitas que  se han encontrado dentro de la organización Es decir, develar su cotidiana  realidad laboral. Del mismo modo, se ahonda en las estrategias que han utilizado  estas mujeres para integrase y permanecer dentro de este tipo de trabajo, que  pareciere aproximarse más las características masculinas asignadas socialmente.  Se indaga acerca de la situación familiar de estas mujeres y la manera en qué  este tipo de trabajo ha influido en su vida personal. Se utilizan para ello  entrevistas a profundidad, historias de vida e información sobre el número de  mujeres y empleados en general que trabajan en las empresas, así con aquellos  que realizan trabajo netamente técnico dentro de la planta y la jerarquía que  ocupan.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><b>Palabras clave</b>: Barreras invisibles, techo de cristal, microdesigualdades.</p> <b>     <p ALIGN="CENTER">Female Work in the Plastics Industry of the Caracas  Metropolitan Area</p> </b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><b>Abstract</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Although historically women in &quot;traditionally male  professions&quot; have been faced with serious obstacles in the labor market, over  time the barriers have become weaker and there is a growing female participation  in a wide variety of jobs previously dominated by men. However, this does not  mean that they participate in the same conditions as their male counterparts. In  this article, the authors examine the situation of female engineers, science  graduates and technicians, working in the plants of the plastics industry of the  Caracas Metropolitan Area. They use in-depth interviews, life histories and  information about the number of women and personnel in general who work at the  firms, as well as those who carry out strictly technical work within the plant,  and their hierarchical positions.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><b>Key Words</b>: Gender, Invisible Barriers, Crystal Ceiling,  Micro-Inequalities</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Observaciones preliminares</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El presente trabajo tiene como principal objetivo presentar  parte de los resultados de una investigación que responde a una línea de estudio  relacionada con la educación técnica en Venezuela, desarrollada en el  Departamento de Estudios de la Ciencia del Instituto Venezolano de  Investigaciones Científicas (IVIC). En las siguientes líneas, pretendemos  exponer un estudio de caso cuyo protagonista principal es el perfil del técnico  superior universitario, que surge en respuesta a las necesidades de la  modernización del aparato industrial a finales de la década de 1960, en demanda  de un perfil profesional inexistente en la pirámide laboral venezolana. Con  especial énfasis nos centramos en el Técnico Superior Universitario (TSU)  proveniente del primer Instituto Universitario de Tecnología creado en el país,  el IUT de la Región Capital &quot;Dr. Federico Rivero Palacio&quot;. Exploramos en  particular la proyección profesional del TSU-RC en Química que labora en el  Instituto Tecnológico Venezolano del Petróleo-Intevep, ya que, debido a sus  características y necesidades, esta institución constituyó históricamente un  mercado natural para los TSU-RC. Indagamos también cómo su condición laboral se  vio afectada en una contingencia tan particular como el paro petrolero acaecido  entre diciembre 2002-marzo 2003, el cual, incidió de forma significativa en la  revaloración reciente de este profesional.</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Industrialización en Venezuela</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El tema industrial ha mantenido un papel preponderante en la  discusión de la economía venezolana en la segunda mitad del siglo xx, por  constituir un sector clave en el desarrollo de la actividad económica, en la  generación de empleo y crecimiento de las exportaciones. Sin embargo, en los  hechos su desarrollo ha sido desigual y no logró alcanzar el dinamismo esperado,  producto de una serie de causas condicionantes de su evolución, entre las cuales  se han mencionado: a) una política industrial estática que mantuvo altos niveles  de protección y que generó procesos industriales ineficientes haciendo imposible  su incorporación a los mercados internacionales de mayor apertura y  competitividad, y b) la ausencia de un entorno económico estable que impidió la  toma de decisiones de inversión de largo aliento (Álvarez, 2000). En este  sentido, debido a la importancia que se suele dar a la industria como eje motor  de la economía de un país, realizamos un breve recorrido histórico acerca de  cómo se gestó el desarrollo industrial venezolano, con el fin de conocer las  variables sociales, políticas, económicas y culturales que entraron en juego y  dieron forma a la estructura industrial venezolana actual, la cual constituye el  marco de acción del IUT-RC.</p> <i>     <p ALIGN="JUSTIFY">La explotación petrolera</p> </i>     <p ALIGN="JUSTIFY">Durante el siglo xx, el desempeño de la economía venezolana  estuvo signado por la presencia de un fuerte sector exportador constituido por  la industria petrolera, y sus productos o subproductos asociados, cadenas  productivas directamente conectadas con los sectores químico y petroquímico. A  partir de 1920, el petróleo estimuló de manera progresiva una serie de  transformaciones de carácter económico y social. Entre ellas estuvieron: a) el  crecimiento del mercado interno; b) la modificación de los hábitos de consumo  hacia bienes de origen industrial; c) la movilización de la población a los  centros urbanos; d) el fortalecimiento de las ideas industrialistas como vías  para el desarrollo; e) la gradual capacidad fiscal e interventora del Estado y  otro grupo de fenómenos ligados a la modernidad petrolera (Pirela, 1996).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Con el comienzo de la explotación petrolera se fortalece  progresivamente el bolívar en función del incremento de la extracción y venta de  hidrocarburos. Ello afectó de manera gradual las actividades económicas  tradicionales, en especial las agropecuarias, debido a que encareció la venta de  estos productos en el exterior mientras abarataba su importación de proveedores  foráneos, y más en casos donde se contaba además con una base legal que  eliminaba las restricciones comerciales, como era el caso del Tratado de  Reciprocidad Comercial con EEUU que otorgaba libre acceso al mercado venezolano  a los exportadores estadounidenses (García, 2004). En un trabajo devenido  clásico de la literatura económica venezolana moderna, Araujo (1964) argumentaba  que el aumento de la renta petrolera y su efecto a través del gasto público  estimuló el crecimiento del sector manufacturero, sólo que no en la medida y con  la eficacia que esa renta permitía esperar. El mecanismo dinámico del ingreso  petrolero, según este autor, dio origen y fortaleció en el tiempo una estructura  comercial de importación, que mantuvo en niveles marginales la demanda interna  de productos nacionales.</p> <i>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Sembrar el petróleo</p> </i>     <p ALIGN="JUSTIFY">Una vez superado el régimen de Gómez a mediados de los años  30, la propuesta industrialista adquiere más relevancia. En 1936, en el gobierno  de Eleazar López Contreras se elabora el Primer Censo Industrial y en 1937 se  crea el Banco Industrial de Venezuela, como entidad gubernamental de  financiamiento a la industria. No obstante, lo que en ese momento se puede  llamar parque industrial es bastante pobre y tiene escaso impacto en un país que  sigue dependiendo casi totalmente de productos manufacturados en el extranjero,  con una población eminentemente rural (28% de población urbana para 1936, y 60%  de la población económicamente activa que se encuentra ocupada en la agricultura  y la ganadería). En esos años Arturo Uslar Pietri propone un rápido manejo de  los ingresos provenientes del petróleo para desarrollar formas de economía  productiva y permanente que nos independizaran de su influjo, bajo la consigna  de &quot;sembrar el petróleo&quot;, una metáfora agraria donde sembrar no consiste en una  apuesta industrial, moderna, urbana, sino que, al contrario, constituye una  metáfora agro-rural (Marta, 2004). El fin último radica en aprovechar la renta  petrolera y utilizarla en el desarrollo de actividades no petroleras, como lo  son la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Desde entonces el tema  petrolero oscila entre desarrollar la agricultura con el dinero del petróleo  hasta invertir en desarrollar industrias desvinculadas del petróleo. Todo ello  bajo la concepción de que el petróleo es un recurso agotable y no renovable (Pirela,  1996). De hecho, el desarrollo industrial venezolano en la década de los 40 se  caracterizó por arrancar como un proceso derivado de la economía agropecuaria,  dirigido a su mejor aprovechamiento, y basado en un financiamiento  fundamentalmente nacional, con una utilización relativamente alta de mano de  obra (Araujo, 1964).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las inversiones iniciales en la actividad petrolera crecieron  durante las siguientes décadas en actividades de exploración, explotación y  transporte, debido a que las refinerías instaladas estaban ubicadas fuera del  territorio nacional. Para 1942, el presidente Medina mejoró las condiciones de  negociación para el Estado venezolano, aumentando la participación en las  ganancias de las compañías. En 1943, se introdujo el Impuesto sobre la Renta, se  aumentó el pago de regalías, se renovaron las concesiones por 40 años más y se  creó la obligación de construir refinerías en el país para procesar una cantidad  considerable del petróleo venezolano. Las grandes refinerías en Punto Fijo  (Royal Dutch-Shell) y Amuay (Standard Oil of New Jersey) fueron construidas a  fines de los años 40 (Melcher, 1992). Asimismo, se continuó con distintas  acciones para estimular el crecimiento industrial. Se establecieron soportes  institucionales directos; por ejemplo, en 1943 se creó la Junta de Producción y  en 1946, la Corporación Venezolana de Fomento (CVF), adoptándose a su vez, las  primeras medidas restrictivas a las importaciones, para proteger y estimular la  producción local (Bitar y Mejías, 1984). Al final de la década de los 40 se  establecen las primeras empresas que con el tiempo conformarían el sector  químico. Curiosamente, no es el sector petrolero el que da el primer impulso de  la industria química, sino el de la fabricación de pinturas. Las empresas  iniciales arrancaron con la fabricación de estos bienes de consumo final y  consecutivamente desarrollaron otras líneas buscando integrarse verticalmente,  con el objetivo de manejar la totalidad de las actividades industriales aguas  arriba y aguas abajo (Pirela, 1996).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Posteriormente, en el período 1950-1958, durante el gobierno  de Pérez Jiménez, se observa una alta importación de productos manufacturados y  la creación de nuevas industrias que importan la maquinaria y el equipo para  producir en el país. Entre 1950-1958, la tasa de crecimiento del sector  manufacturero fue de 11,2% anual; luego bajó a 7,8% entre 1958 y 1964; y a 5,2%  entre 1974 y 1980. Una de las causas de esa disminución fue atribuida al  progresivo estancamiento del proceso de sustitución. A la pregunta de por qué la  industria no fue capaz de responder con mayor vigor a la demanda de bienes de  consumo y capital, algunos autores han encontrado parte de la explicación en la  lenta evolución de la inversión industrial (Bitar y Mejías, 1984). La inversión  en general no estuvo dirigida a las industrias de bienes de consumo final sino a  la industria básica, principalmente de la siderúrgica y el aluminio (Viloria,  2001). La inversión privada, tuvo un crecimiento marginal pese a los recursos  crediticios de los que se dispuso. En cuanto a las industrias petroquímicas, las  refinerías instaladas un poco antes y durante los años 50 eran empresas de  capital extranjero. Sin embargo, se estableció una planta petroquímica de  capital estatal que obedeció a fines militares, destinada principalmente a la  producción de explosivos, sin que lograra alcanzar una expansión considerable,  por razones que más de un autor atribuye a la competencia externa y desorden  administrativo (tal el caso de Melcher, 1992).</p> <i>     <p ALIGN="JUSTIFY">Política de sustitución de importaciones</p> </i>     <p ALIGN="JUSTIFY">La estrategia de sustitución de importaciones nace en el  trienio 1945-1948, pero su aplicación se ve interrumpida por la ruptura que  representó el derrocamiento del gobierno de Gallegos y la posterior asunción del  poder por una junta militar. En la década de los 50 aumentan sustancialmente los  ingresos del petróleo originando una mayor disponibilidad de divisas y se  recompone el comercio internacional en la posguerra. El aumento de la demanda  interna en el cuadro conformado por el Tratado de Reciprocidad Comercial con  Estados Unidos, que implicaba bajísimas tasas arancelarias a los productos  manufacturados en ese país y en aquellos países europeos que gozaban de la  cláusula de la nación más favorecida, tuvo como consecuencia generar un proceso  de crecimiento distorsionado. La industria va a &quot;crecer dentro de un mercado  marginal, aprovechando las rendijas que un sistema netamente importador dejaba  al esfuerzo de la producción interna&quot;. Los efectos perversos los sentían ya los  industriales en 1950, cuando presionaron por la revisión del tratado, logrando  apenas la exclusión de unos cuantos renglones (Araujo, 1964).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La política de sustitución de importaciones es retomada en  1958 en el gobierno de Rómulo Betancourt con el Decreto &quot;compre venezolano&quot;.  Puede observarse que si bien esto no representó una transformación radical en  los esquemas generales de la política de industrialización del Estado, no  obstante, hubo un cambio en el mayor significado que se dio a algunos de sus  componentes, dándose inicio a un agudo proceso de ampliación de la oferta de  bienes industriales, un impulso más preciso de la sustitución de importaciones,  paralelamente al desarrollo de las industrias básicas y a la  institucionalización de la tradicional política planificadora y proteccionista  del Estado. Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados por el gobierno de  Betancourt, la industria creada en Venezuela vio limitado bien pronto su  crecimiento, el mercado venezolano quedó relativamente estrecho, debido a lo  reducido de la población y su extrema juventud, aunado a la desigualdad de la  distribución del ingreso, factores que han restringido el nivel de consumo de  los productos masivos. Asimismo, pese a contar en un momento dado con la  tecnología más moderna en América Latina, la industria venezolana presenta una  baja productividad en comparación con los demás países de la región, lo que  impide su desarrollo fuera de las fronteras nacionales (Melcher, 1992). La  tecnología empleada en los procesos productivos es compleja y usualmente  adquirida &quot;en paquetes&quot; en el exterior. La exigencia sobre el factor trabajo es  importante y el destino de la producción es exclusivamente el mercado doméstico.  La modesta dimensión del mercado interno conduce a un rápido agotamiento de la  llamada primera fase, centrada en la producción local de bienes de consumo  final.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Posteriormente, a partir de 1974, se intensifica el esfuerzo  industrializador ante la atadura del país frente a la importación de bienes  intermedios y de capital, lo que planteó la necesidad de pasar a una etapa de  producción de bienes que requerían de un mercado interno relativamente amplio o  de la conquista de mercados externos. Con el propósito de continuar la  sustitución de importaciones se diseña una estrategia de promoción de  exportaciones no tradicionales (Coyuntura, 2002). En el primer gobierno de  Carlos Andrés Pérez (1974-1979), todavía persistía la idea de &quot;sembrar el  petróleo&quot;. Con la gran disponibilidad de divisas producto del incremento de los  precios del petróleo en los mercados internacionales, el Estado venezolano  diseñó una estrategia dirigida a remediar los problemas que conllevaron a la  insuficiente industrialización venezolana. La estrategia se centró en emprender  la sustitución de importaciones de bienes intermedios y de bienes de capital y  el fomento de exportaciones no tradicionales, fundamentadas en recursos  naturales estratégicos (siderúrgica, petroquímica, aluminio) procesados con  tecnología de punta, suprimiendo así la exportación de materias primas no  transformadas. Así, entonces, mediante empresas de propiedad estatal o en  combinación con intereses extranjeros (empresas mixtas), se desarrollaron nuevos  planes industriales en materia siderúrgica, petroquímica, eléctrica, del  aluminio, etc., cuyo objetivo radicó en reducir la dependencia, las  importaciones y diversificar las exportaciones venezolanas (Viloria, 2001).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Esta tendencia estuvo combinada con la política de  &quot;internacionalización&quot; de estas industrias, aceptando la participación del  capital extranjero y comprando empresas con el argumento de la posterior  elaboración de los productos venezolanos en los países consumidores (EEUU,  Alemania, Bélgica, Italia). Además de masivas inversiones en la ampliación de  las industrias básicas propiedad del Estado, se nacionalizaron, con  indemnización, las minas de hierro (1974) y las empresas de producción y  refinación del petróleo (1975). Asimismo, se amplió la capacidad de las  refinerías y se instalaron nuevas y grandes empresas de petroquímica (Morón, El  Tablazo, Petroquímica del Oriente), con el propósito de elaborar la materia  prima nacional y llegar a exportar productos más procesados. Pese a los  esfuerzos, la competencia internacional y los permanentes problemas internos  limitaron la eficacia de estas empresas (Melcher, 1992).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En el lapso entre 1978 y 1987 la economía venezolana fue  caracterizada por Valecillos (1988) como presentando una desfavorable  combinación de estancamiento en el producto real y elevado índice inflacionario.  En el mercado laboral aparecieron rasgos y tendencias por demás inquietantes,  entre las que ese autor menciona las relativas a la desaceleración del  crecimiento de la fuerza de trabajo, influida por la menor tasa de fecundidad, y  la reversión del flujo inmigratorio, las modificaciones abruptas en la tasa de  desocupación abierta y el incremento en el tiempo medio de cesantía, entre  otros. Ya se hacía evidente la extrema polarización social existente en  Venezuela y las consecuencias de degradación social de las condiciones de vida  para la mayoría de la población, incluido en tal proceso el empobrecimiento de  las clases medias. En ese período comenzó a apreciarse la influencia de la  llamada estanflación, el alto peso del servicio de la deuda externa, y el  impacto que habrían de ejercer los avances científico-técnicos sobre el parque  industrial instalado. En 1982, la baja de los precios del petróleo y la  sobreproducción mundial aceleró la fuga de capitales, llevando al gobierno al  año siguiente, a tomar medidas como la devaluación de la moneda frente al dólar  y establecer un estricto control de cambio. Anotemos de paso que algunos autores  han calificado como &quot;irracional modificación de los patrones del comercio  exterior&quot; a esa subvaluación de la moneda con vistas a facilitar las  exportaciones y/o la sustitución &quot;irracional&quot; de importaciones, así como también  el diferencial entre precios internos y externos (Gómez, 1990).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Hasta 1983 el capital y la tecnología en Venezuela habían  resultado sumamente baratos pudiendo alcanzar una función de producción  altamente sofisticada. Por el contrario, el precio de la fuerza de trabajo era  relativamente elevado, no sólo por su propia sobrevaluación que lo hacía costoso  en dólares, sino por el considerable encarecimiento aun en bolívares derivado de  la legislación laboral, de los costos indirectos asociados al salario y, en  general, de la considerable capacidad de negociación de la estructura sindical.  A partir de 1983 esta relación se invirtió por completo y ya en 1988, aun al  tipo de cambio controlado, el capital resultaba caro, en tanto que el precio del  trabajo en dólares había caído considerablemente y siguió cayendo a lo largo de  toda la década del noventa. Entre 1983 y 1988, se dieron una serie de altibajos  en la economía y el proceso industrial. La ausencia de considerables productos  en el mercado nacional y los altos precios de los productos importados  incentivaron un proceso de reorientación industrial y la fundación de muchas  pequeñas y medianas empresas. Particularmente a partir de 1987 se desarrolla en  Venezuela una significativa expansión de la demanda de bienes de capital, con  ampliación de las plantas y la compra apresurada de maquinaria y equipos en la  expectativa de una nueva devaluación en 1989 y de una mayor inflación. Pero ese  transitorio resurgimiento de empresas estuvo condicionado todavía por la  existencia de la renta petrolera y su perverso mecanismo de distribución.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En 1989, en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez la  debilidad de las reservas monetarias y la incapacidad de pagar los intereses de  la deuda, forzaron al país a acceder a las condiciones del Fondo Monetario  Internacional, aplicándose una cantidad de medidas de severa incidencia sobre el  desarrollo industrial. Así entonces, a lo largo del desarrollo industrial  venezolano, se han presentado situaciones que han dado lugar a la implementación  de políticas coyunturales, desconectadas e incluso a veces opuestas entre sí,  con magros resultados (Álvarez, 2000). No cabe duda que la industrialización  venezolana surgió bajo la tutela del petróleo y permanece sustentada en él. Pese  a la inversión en otras producciones de materias primas nacionales y en  industrias manufactureras de otros géneros, la industria petrolera determinó con  su dinámica al resto de la economía. Las ventajas comparativas internacionales y  la cantidad de reservas de petróleo en el territorio venezolano sugieren que el  país basa su principal industria en este recurso, ya que ningún producto  venezolano consigue una renta comparable a nivel internacional (Melcher, 1992).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin embargo, la dinámica económica que dominaba al país, no  provocó una verdadera reflexión en las elites nacionales acerca de la manera de  romper ese circulo vicioso de dependencia económica, procurando posibilidades de  inserción en la dinámica del comercio internacional, no sólo como proveedores de  algunas materias primas, sino agregando valor y conocimiento en forma de  productos industriales. Estos ejemplos sugieren que ni los empresarios ni el  Estado consideraron seriamente la información generada por el mercado, las  tendencias tecnológicas y organizativas, así como la relación entre los precios  del petróleo y el resto de la estructura de producción de bienes y servicios. Y  mucho menos en principio la vinculación del petróleo con el sector químico. Para  la dirigencia política, inhibirse respecto a la industria química y petroquímica  era una idea racional, en ese momento, tanto por los dogmas y preceptos  neoliberales, como por la perspectiva cultural de rechazo del petróleo, visto  como el culpable del crecimiento incontrolado de la administración pública y de  empresas ineficientes del Estado (Pirela, 1996).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La consecuencia evidente de esta secuencia industrializadora  ha sido la precariedad de una estructura económica rentista que ha dependido  sustancialmente del comportamiento de la actividad petrolera, del precio del  petróleo y de sus vaivenes en el mercado internacional (Viloria, 2001). Tal como  lo ha mostrado Mommer a lo largo de sus años de investigación sobre el tema de  la renta petrolera, ésta tuvo un rol fundamental en la destrucción de las  formaciones sociales tradicionales, y en la instauración y consolidación de una  forma de industrialización capitalista (1936-1985). En el primer período, la  monopolización de esa renta por parte del Estado permitió instaurar como  principales mecanismos de redistribución el desarrollo del aparato del Estado y  la ampliación del mercado interno a través del gasto público corriente.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En el segundo período, y operando a través de una política  cambiaria prolongada, que mantuvo prácticamente sin cambios una paridad externa  del bolívar claramente sobrevaluada, y de un bajo nivel de tributación a los  sectores no petroleros, el Estado venezolano favoreció ampliamente el desarrollo  del capitalismo de empresa privada, aunque sin lograr crear las bases para que  éste operase en forma normal, es decir, sin necesidad de ayuda gubernamental  expresa. Con la caída del ingreso de exportación petrolera en la década de los  ochenta y los noventa y dado el peso del servicio de la deuda externa, ambos  mecanismos perdieron su relevancia funcional de manera irreversible haciendo  evidente que en relación con la economía venezolana el problema de la  diversificación de las fuentes de financiamiento de las actividades  gubernamentales debía entrar seriamente en la agenda de debate. Se planteaba la  necesidad de aumentar significativamente, de una u otra manera, el nivel  impositivo general, después que la economía comenzó a verse afectada por una  sustancial baja de los salarios reales (Mommer, 1990).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El rezagado proceso industrial de Venezuela a lo largo del  siglo xx presentó un desarrollo no lineal, con un norte en ocasiones desviado,  interrumpido y reactivado, producto de los intereses particulares de los  gobiernos de turno, cuyas políticas discontinuas, sin objetivos y estrategias  definidas estuvieron demasiado subordinadas a los vaivenes del mercado  internacional y las presiones económicas financieras provenientes de ese ámbito.  Su carácter tardío le permitió la instalación de un parque de maquinarias más  moderno, tecnológicamente más avanzado y capaz de alcanzar mayores escalas de  producción. Esto hizo posible que tuviera una alta velocidad de crecimiento: el  producto industrial pasó del último lugar entre los países medianos en 1950 a  disputar con Colombia la primera posición en 1980, sobrepasando a Perú y Chile.  La relativa abundancia de divisas en la que se gestó el proceso industrial,  hubiera permitido un desarrollo industrial distinto al del resto de América  Latina, donde la escasez de recursos fue esgrimida como principal razón de la  industrialización por sustitución de importaciones. En Venezuela, pareciera  haberse debido fundamentalmente a una resolución política, en la pugna de  fuerzas internas (Bitar y Mejías, 1984). Por eso es que autores como Araujo  (1964) calificaron la industrialización venezolana como &quot;importadora&quot;, ya que el  monto de las importaciones de manufacturas excedió el valor del producto bruto  industrial venezolano en los años clave de esa industrialización.</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El tema de las capacidades de la fuerza de trabajo industrial</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">En el mercado de trabajo de la región suramericana, en las  últimas décadas se observan varias tendencias que se han mantenido. El sector  rural ha dejado de ser mayoritario, manifestándose una propensión a la  terciarización del empleo, pues el sector industrial ha dejado de absorber  personal en términos relativos, al tiempo que el sector de servicios ha  continuado creciendo (Gallart y Novick, 1994). No obstante, han aparecido nuevos  desafíos en la actual configuración de los mercados de las grandes áreas  urbanas, demandas locales segmentadas ligadas a requerimientos de firmas o  empresas en ciertos tramos de las economías modernas de los países, o de  empresas medianas dependientes de la formación universitaria o de técnicos  superiores. La difusión de nuevas tecnologías en el aparato productivo y en el  sector servicios cambia las competencias requeridas de los trabajadores en  trayectorias constantemente debatidas, y donde mientras que algunos apuntan  hacia un aumento en la descalificación de la fuerza de trabajo, otros, sin  embargo, destacan los argumentos de la reprofesionalización (Matzner <i>et al</i>.  1990, citado por Vessuri, 1993a) o de un patrón variable del mercado de trabajo  que valoriza diferentes sectores de la educación superior, entre ellos el nivel  técnico superior.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Los cambios del lado de la demanda, en el marco de una  interdependencia económica global, ponen la cuestión de la brecha de  competencias potenciales y reales en un lugar importante en la agenda de los  países del mundo, incluyendo los latinoamericanos. Se da hoy más peso a  cuestiones referentes a las relaciones óptimas entre la academia y el sector  productivo, la formación en el trabajo, las competencias, el seguimiento de  egresados, los cambios en el mercado laboral y en la organización del trabajo,  entre otros (Vessuri, 1993b, 1995). La comparación internacional destaca una  variedad sorprendente de modelos de educación y entrenamiento y de vínculos  entre educación y empleo, si bien cuestiona las creencias extendidas durante la  década del sesenta acerca de la posibilidad exitosa y moderna de moldear el  sistema educativo para que sea útil a la economía y la sociedad. La expectativa  actual es más bien buscar nuevas formas de combinación de la educación general  con la experiencia de trabajo (Teichler, 2005).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En cuanto a la organización de la empresa, en las economías  del mundo se presentan cambios institucionales a raíz de la transición de la  empresa fordista, caracterizada por una división jerárquica tajante entre  concepción y ejecución, a una empresa posfordista que se distingue por una mayor  participación de los trabajadores en las decisiones, una organización más  horizontal y colectiva, en donde el conocimiento, la iniciativa y la  responsabilidad de los trabajadores tienen un mayor papel, desarrollando sus  competencias y destrezas orientadas hacia la consecución de resultados (Hualde,  2002). Actualmente, las empresas abogan por un &quot;nuevo&quot; modelo de organización  del trabajo y de gestión de personal bajo el nombre de competencias, noción que  tiende a reemplazar otras, en este caso la de &quot;calificación&quot;, o por lo menos a  modificar su sentido. Algunos de los promotores de este nuevo orden de  relaciones de trabajo, destacan que la implementación de una &quot;lógica de  competencias&quot; significa que tendencialmente &quot;es el individuo el que hace su  puesto&quot; (Donnadieu y Denimal, 1993) citado por (Tanguy, 2001). En tal sentido,  la noción de competencia se descompone en: competencias requeridas, competencias  adquiridas y competencias adquiridas validadas (&quot;se trata de un saber hacer  operacional validado&quot;) (Tanguy, 2001).</p> <i>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">• Saber hacer </i>= conocimientos y experiencia de un  asalariado.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><i>• Operacional</i><b> </b>= aplicables en una organización.</p>     <i>         <p ALIGN="JUSTIFY">• Validado </i>= confirmadas por el nivel de formación y      luego por el dominio de las funciones ejercidas sucesivamente.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Ante este modelo de organización del trabajo y formación, el  asalariado debe poseer competencias ampliadas susceptibles de adaptarse a las  evoluciones tecnológicas y ser capaz de implementarlas; condiciones que se  obtienen mediante acciones de formación ofrecidas por la empresa. Al respecto,  Tanguy destaca la ubicación que ocupa la formación en el corazón de la empresa,  definida como una actividad necesaria, específica y sin embargo &quot;integrada en  los dispositivos de producción&quot;, instalándose los centros de formación en los  departamentos de la industria para acercar su actividad al trabajo productivo,  hasta el límite de confundirlos.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El nivel de capacitación y formación de los recursos humanos  juega un rol fundamental, la educación y la formación son decisivas en las  ventajas competitivas nacionales. Al tiempo que las viejas ventajas comparativas  desaparecen, los recursos humanos adquieren una dimensión relevante y  determinante en la moderna competencia internacional. Sin embargo, los cambios  que se están procesando en los mercados laborales llevan al cuestionamiento de  los perfiles de capacitación tradicionales, dificultando su planificación, y  requiriendo observar la inserción efectiva de los egresados para reconocer la  eficiencia de la formación impartida (Gallart y Novick, 1994). De hecho, las  estadísticas educacionales y ocupacionales parecen sugerir que la expansión de  niveles avanzados de educación superan claramente la demanda del mercado de  trabajo. Pero las expectativas de que emerja una &quot;sociedad del conocimiento&quot;  hacen que las tensiones entre jerarquías ocupacionales de acceso competitivo y  abierto al más alto nivel, aunque no desaparezcan pierdan el dramatismo de los  años setenta (Teichler, 2005).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Igualmente, en lo que respecta a la importancia de formar  recursos humanos en respuesta a las demandas del mercado laboral, surge la  necesidad de establecer lazos sólidos entre la academia y el sector productivo,  una problemática interesante de ser analizada; a nivel nacional e internacional,  un debate desarrollado por diversos actores, organismos multilaterales e  instituciones debido a las implicaciones que trae consigo para el desarrollo  estratégico de la capacidad científica y tecnológica de un país y para la  renovación de la infraestructura de recursos humanos. Muchas de las  recomendaciones para reestructurar la educación superior se dirigen en una  dirección que parece estar a tono con las crecientes necesidades del mercado y  del Estado (Alcántara, sf). Al respecto, la discusión sobre las características  de la educación técnica y su relación con el mundo laboral ha cobrado  actualmente singular relevancia en la región. Desde hace algún tiempo los  cambios en los mercados de trabajo han hecho cuestionar la eficacia y el sentido  de la educación técnica en América Latina (Gallart, 1993).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">A comienzos de la década de los 60, Vessuri (1993b) destacaba  la existencia de un serio &quot;desajuste&quot; entre capacidades y mercado de empleo, de  allí la necesidad de realizar más investigación en temas acerca de los mercados  cambiantes de empleo, educación superior, movilidad social, funciones sociales  del diploma universitario, el desempleo de los graduados, con las diferentes  oportunidades de empleo por áreas de estudio y por institución. Señalaba que la  gran diversidad institucional en la región se vinculaba a la existencia de una  demanda igualmente variada. Asimismo, afirmaba que los cambios en la  conceptualización de la educación, del conocimiento técnico de las empresas y de  la competitividad, hacían obvio que los datos &quot;objetivos&quot; disponibles debían ser  suplementados por estudios sobre la racionalidad de los principales actores.  Esta línea de reflexión se ve confirmada en el presente cuando las  investigaciones sobre educación superior y mercado de trabajo comienzan a tomar  conciencia de las condiciones cambiantes y escenarios futuros (Teichler, 2005).</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El perfil técnico superior en Venezuela</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">A partir de 1970, en el marco del IV Plan de la Nación para  el período 1969-73, cuya opción estratégica se dirigió hacia una economía  industrial moderna, y en el primer gobierno socialcristiano presidido por Rafael  Caldera, se hizo manifiesta la política de modernización y las estrategias de  diversificación y regionalización del sistema educativo. En 1971, como parte de  esta política, y con el objetivo de formar profesionales capacitados con un  perfil específico inexistente en la pirámide laboral del país, nació el primero  de los institutos universitarios de tecnología, adoptando el modelo del  Instituto Universitario de Tecnología (IUT) francés, oferente de carreras  cortas, el Instituto Universitario de Tecnología Región Capital (IUT-RC). Esto  era una respuesta a las necesidades derivadas del desarrollismo, la  modernización, y &quot;las orientaciones de adecuar la formación possecundaria a los  requerimientos del aparato productivo que desde la década de los 60, los  empresarios organizados en Fedecámaras, venían señalando a los primeros  gobiernos de orientación social demócrata&quot; (Castellano, M., 2002). El TSU sería  formado para disponer de destrezas diferentes pero complementarias a las del  ingeniero o licenciado (Navarro, 2004), en atención a las necesidades del  crecimiento nacional.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Es así como el IUT-RC nació como expresión de una visión y  una política industrializadora vinculada al petróleo y petroquímica como motores  del desarrollo y la evolución esperada de una industria moderna, que hiciera uso  de la electrónica y la metalmecánica, pensado para formar técnicos superiores  que sirvieran a las necesidades tecnológicas de la sociedad venezolana, la cual,  hacia fines de los años 60, se encontraba en plena industrialización. &quot;Los IUT  se definieron como instituciones con esquemas prácticos en sus planes de  estudio, que preparan los mandos medios a través de carreras cortas  especialmente vinculados al sector primario y secundario de la economía  (aspectos de explotación de recursos básicos e industrialización)&quot; (Cerpe,  1982).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Los antecedentes y período inicial del IUT-RC son conocidos y  han sido tratados en otros trabajos (Sánchez, 2001). Acá nos interesa destacar  que en la concepción originaria, expresada más claramente en las acciones y  escritos de su inspirador, el Dr. Rivero Palacio, los institutos universitarios  de tecnología de Venezuela eran vistos como parte de la plataforma tecnológica  para el desarrollo científico y tecnológico del país, enfatizando que el perfil  de salida de estos TSU debería ser igual o superior al de los técnicos formados  en los países desarrollados. El proyecto consistía en crear once institutos  durante los diez primeros años, los cuales deberían conducir a la formación de  4.000 técnicos superiores universitarios. Diez años después, si bien se habían  creado trece institutos no se había logrado la meta de formación de 4.000 TSU,  sino que habían egresado menos de un cuarto de la cifra esperada, un número  cercano a los 1.000 técnicos superiores (Montes, A., 2003). Después del IUT  Región Capital, creado en enero de 1971, fueron surgiendo otros institutos como  el IUT de Cumaná y el IUT de La Victoria, bajo el mismo patrón  académico-administrativo implantado en el IUT Región Capital. &quot;A fines de 1999  se habían creado 20 Institutos Universitarios de Tecnología&quot; (Castellano, 2002).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para el Dr. Rivero, el éxito del proyecto de los IUT estaba  en la formación de un personal docente y de investigación de nivel inclusive más  elevado que el de las universidades tradicionales, con el objetivo de ofrecer  una sólida formación profesional de Técnicos Superiores Universitarios en  sintonía con la realidad y expectativas de crecimiento del parque industrial  venezolano. Por ello, se pensó inicialmente en la consolidación de una comunidad  de docentes investigadores capaz de llevar a cabo esta labor. Creado como uno de  los pilares institucionales del IUT-RC, el Plan de Formación de Profesores (PFP)  por medio del otorgamiento de becas o créditos educativos en Venezuela y el  extranjero, con el fin de elevar el nivel académico y profesional de la planta  docente, ofreció al alumnado una enseñanza acorde a las ambiciones  institucionales, permitiendo el envío al exterior de grupos de becarios a cursar  la maestría, y luego el doctorado y planeándose por último la consolidación de  estos profesionales en proyectos nacionales, que pudieran justificar un  post-doctorado, incorporándose a su regreso al personal docente de la  institución. Al no consolidarse el modelo de industrialización en Venezuela de  la manera esperada, de alguna forma se debilitó el estímulo fundamental que  justificaba el Plan de Formación de Profesores del IUT-RC y la siembra de los  IUT a nivel nacional.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Desde su origen el proyecto del IUT-RC vio la necesidad de  establecer un contacto permanente con el sector productivo como estrategia  fundamental para incrementar la calidad de la enseñanza tecnológica que debería  reflejarse en las capacidades, habilidades y destrezas de sus egresados, como lo  evidencia una serie de elementos que se incluyeron en sus características  organizacionales, tales como los intercambios con el sector productivo,  lineamientos que han seguido en el papel durante toda la trayectoria del IUT-RC,  pero que no han adquirido el dinamismo requerido para convertirlos en  instrumentos útiles de desarrollo institucional.</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Proyección profesional del perfil del técnico superior del IUT-RC en Intevep</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Según la OPSU (2005) el único instituto universitario de  tecnología en la región capital que oferta la carrera de química es el IUT-RC.  Esto sugiere que el IUT-RC posee un mercado cautivo para insertar tanto a sus  pasantes, como a sus egresados en el área de química, porque no tiene ninguna  competencia en este campo en la zona metropolitana. Un caso significativo es el  del Intevep, institución pionera en el área tecnológica petrolera, la cual ha  tenido que captar personal TSU en Química también en otras regiones del país,  específicamente del IUT de Cumaná, que es la segunda institución que provee de  TSU en química a Intevep.<b> </b>Sin embargo, cabe reconocer la aceptación que  tienen los TSU en el área de química, en este caso, debido a la calidad tanto  del IUT-RC como el IUT-CUM, que constituyeron las primeras instituciones en  ofrecer TSU bajo un esquema de excelencia, enmarcado en un modelo educativo de  formación de profesionales con una alta capacidad técnica para incorporarse a la  industria.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Históricamente, la organización laboral en el Intevep se ha  caracterizado por ser una estructura organizacional estratificada, elitesca en  cuanto a lo académico se refiere, estableciéndose marcadas diferencias en las  condiciones laborales de los egresados de carreras largas (universitarias), con  respecto a los egresados de carreras cortas (no universitarias). Desde su  ingreso (como personal fijo), el TSU es ubicado como nómina menor en el último  eslabón de la escala organizacional, en compañía del personal bachiller. La  contradicción se evidencia cuando el personal TSU ingresa a la institución como  personal contratado de nómina mayor, pero, una vez que ingresa como personal  fijo, es degradado a nómina menor según la normativa interna del Departamento de  Recursos Humanos de Pdvsa. A su vez, las evaluaciones que hacen posible su  ascenso dependen de los años de experiencia, así como de la obtención de un  titulo universitario. Sin embargo, su promoción responde directamente a la  sugerencia y evaluación que hace el gerente, supervisor directo del TSU.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La situación de los TSU en este esquema ha dependido,  entonces, de una serie de elementos: (la motivación personal, el sistema de  evaluación, la cultura organizacional y las oportunidades laborales). Algunos  elementos que caracterizaron el ambiente laboral tradicional donde se  desenvolvían las actividades de los TSU, son los siguientes:</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• <i>Estructura jerárquica en la toma de decisiones:</i>  donde prevalecía un enfoque decisorio individualista centrado en el jefe directo  del TSU y donde éste no tenía mayor participación.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Los TSU no participaban en las discusiones de los proyectos  de los cuales ellos formaban parte, debido a que sus jefes pensaban que ellos no  tenían nada importante que aportar.<b> </b>Según palabras textuales de uno de  los entrevistados: &quot;no éramos invitados a las reuniones, porque se pensaba que  no teníamos ningún tipo de idea nueva que aportar, hacían ver que el técnico no  era un profesional, por haber estudiado una carrera corta&quot;.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• El nivel académico ocupa un peso importante vs. la  experiencia y la habilidad: en algunos casos, para los TSU lograr un mayor  reconocimiento en la institución, parecía necesario obtener un nivel académico  superior, ya que usualmente no bastaba con poseer las habilidades y destrezas  requeridas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Apoyándonos en el archivo de entrevistas de Canino  (1996-2005), observamos diversos casos de TSU que han venido laborando en  Intevep. Entre ellos encontramos opiniones coincidentes; por ejemplo, uno de los  entrevistados señala: &quot;Por el hecho de ser TSU, siempre tendrás como una especie  de estigma…, el ser TSU tenía sus limitaciones, en función de lo que podías  hacer, hasta dónde podías llegar…, el nivel académico era lo reconocido, no la  parte de conocimiento del trabajo que se tenga&quot;. Otro entrevistado manifiesta  que existía en la empresa una definición que encasillaba al TSU: &quot;¿Tú eres  técnico o eres profesional<i>?</i>&quot;. Entendiendo por profesional aquellos  individuos que poseían un nivel académico de licenciatura, ingeniería, maestría  o doctorado.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• <i>Techo en la proyección profesional del TSU:</i> los TSU  ingresaron históricamente como nómina menor, y en ocasiones han tardado años en  esa condición. Para poder acceder a otros cargos muchas veces ha sido necesario  que obtuvieran un titulo universitario, lo que hacía que se les dificultara el  acceso a cargos superiores.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Después de ocho años o más de servicio, algunos TSU lograban  pasar a nómina mayor a pesar de no poseer un titulo universitario (Canino y  Vessuri, 2005). Según los entrevistados, aun en los casos en que se lograra  pasar a ser nómina mayor, las facilidades de acceder a cargos supervisorios era  sumamente lenta, vinculado a lo que adelantamos en el punto anterior, que la  formación y experiencia del TSU no era valorada para asumir cargos de mayor  responsabilidad, porque siempre se tuvo mayor respeto por el conocimiento formal  de los doctores. Una persona puede ser muy preparada, pero cuando no tiene un  titulo formal, es descalificada socialmente, y el titulo de TSU no tiene todavía  la aceptación social e institucional.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• <i>Falta de reconocimiento en las investigaciones</i>: los  entrevistados manifestaron que se daban casos en los que la participación del  TSU no era reconocida al momento de publicar, quedando a criterio del superior  la inclusión o no del TSU en la misma.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En tal sentido, una TSU señaló con relación a su experiencia  laboral en Intevep: &quot;hacía los análisis y no aparecía en ningún informe… ayudaba  inclusive a redactar los informes y nunca estaba incluida en ellos&quot;.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• <i>Falta de correspondencia entre la valoración del  desempeño laboral y la proyección profesional del TSU: </i>el desempeño laboral  no constituía un factor determinante y no era necesariamente considerado al  momento de las evaluaciones para la proyección profesional del TSU.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">A pesar de los TSU tener un buen desempeño laboral, eso no se  traducía y se reflejaba en su desarrollo de carrera, no era considerado en las  evaluaciones.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Según Tanguy (2001), la definición social de la actividad  laboral se efectúa principalmente en términos técnicos: la formación es antes  que nada para las empresas, un instrumento de competencia económica y para los  individuos, un instrumento de acceso y de mantenimiento del empleo. En tal  sentido, el referencial del diploma, en este caso, aparece como un instrumento  que permite poner en estrecha correspondencia la oferta de formación y la  distribución de las actividades profesionales. Al respecto, Vessuri (1993)  señala cómo en los países de América Latina se observa una tendencia secular a  la creciente influencia de la educación superior sobre la distribución  ocupacional y el estatus social, sin embargo, no es un proceso continuo ni  idéntico para todos los países, ni para todos los sectores de la educación  superior.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Una contingencia fortuita permite revisar el papel de los  conocimientos técnicos de este personal. A raíz del paro petrolero convocado por  Fedecámaras y Fedepetrol entre diciembre de 2002 y marzo de 2003, caracterizado  por un clima de conflicto y tensión a nivel nacional, el llamado &quot;brazo  tecnológico&quot; de Petróleos de Venezuela –Pdvsa–, el Instituto Tecnológico  Venezolano del Petróleo –Intevep–, vio debilitada su fuerza laboral en 82% entre  investigadores, gerentes y personal de apoyo en las áreas de investigación, lo  que trajo aparejado un desajuste importante en las labores de investigación  dentro del instituto, llegando a pensarse en la posibilidad de que no pudiera  continuar con sus funciones de apoyo tecnológico a la industria petrolera.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En esas circunstancias, el rol que jugó un número  considerable de TSU, acompañando y apoyando a otros profesionales que  permanecieron en sus labores durante el paro, fue significativo en la  recuperación y estabilidad de Intevep, siendo reconocidos posteriormente en la  institución su conocimiento y experiencia práctica acumulada durante años, por  encima de su nivel académico. De esta forma, la coyuntura del paro petrolero de  2002 resultó en un proceso que generó un redimensionamiento de su proyección  profesional. Según los TSU y sus supervisores directos entrevistados, las  circunstancias que se encadenaron fueron oportunas para evidenciar su  profesionalismo, sus capacidades y las pericias con que cuentan.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Este y otros estudios previos (Canino y Vessuri, 2005) nos  llevan a hipotetizar que entre las principales razones que motivaron a muchos  TSU a no sumarse al paro petrolero estuvieron: a) el compromiso e identificación  con la institución y el nacionalismo simbolizado en la empresa nacional de  petróleo, b) las necesidades económicas que no les permitían poner en juego sus  puestos de trabajo por ser sostenes de hogar y c) la falta de identificación con  los valores de la alta gerencia de la institución, en este caso la defensa de lo  que se había dado en llamar &quot;la meritocracia&quot;.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Según los entrevistados, un conjunto de elementos que hacen  referencia a este acontecimiento sirvió de detonante revalorizador del perfil  técnico superior.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• <i>Contribución del TSU a la estabilidad de Intevep:</i> el  desempeño y el conocimiento del TSU junto con el de otros profesionales que no  se unieron al paro fueron claves para el rescate del instituto.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Durante esta situación algunos de los TSU que laboran en  Intevep sirvieron de apoyo no solamente en Intevep sino en Pdvsa en general,  específicamente en las refinerías, principalmente la de El Palito y la de Puerto  la Cruz, en la resolución de problemas, arrancando plantas, reparando equipos y  transmitiendo su conocimiento a otros profesionales que se encontraban en ellas.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La situación de conflicto resultó oportuna para demostrar la  capacidad de resolver problemas y tomar decisiones por parte de los TSU, debido  al clima laboral tan tenso del momento y lo reducido del personal con que se  contaba. Encontraron la oportunidad de llevar a cabo ciertas tareas donde se  vieron en la necesidad de tomar decisiones y buscar solución a los problemas que  se presentaban.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Según una entrevista realizada a un gerente de Intevep  (Canino 2005), al momento del paro petrolero alrededor de 50% de los TSU que  trabajaban en plantas piloto se quedaron laborando; en su mayoría tenían cerca  de veinte años de experiencia en distintos procesos. En esa coyuntura, cuando se  reevaluaron los proyectos para decidir en cuáles de ellos se tenía capacidades  intermedias para poder retomar y continuar las investigaciones, en la parte  operativa se apreció que los técnicos contaban con experiencia en el manejo de  todas las tecnologías de Intevep: HDH®, Aquaconversion®, Aquadiesel®, entre  otras. Según el entrevistado, en esas circunstancias no solamente se logró la  estabilidad de Intevep, ya que el papel de un grupo de TSU, en compañía de un  ingeniero, fueron cruciales para rescatar y poner en marcha la refinería de El  Palito, saliendo el 3 de enero de 2003 a realizar esa operación, sino que una  vez estabilizadas las plantas en El Palito, varios de ellos fueron cruciales  para las emergencias que se presentaron en Puerto la Cruz, reparando equipos y  apoyando al personal.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Son datos que nos hablan de cómo algunos TSU están  comprometidos con la asistencia técnica a estas refinerías. Por lo menos 35 TSU  se quedaron trabajando en Intevep durante el paro, pese a que las plantas piloto  de Intevep sí se pararon, por razones de seguridad y porque se entraba en un  período de vacaciones colectivas. Sin embargo, cuando se hizo el llamado público  por parte del presidente de Pdvsa, Rodríguez Araque, a que la gente, a pesar de  estar de vacaciones, se reincorporara a sus labores, un grupo de personas vino a  trabajar todo el mes de enero, y de ese grupo fueron 8 TSU a prestar apoyo a El  Palito. En esa refinería nunca se había hecho una reparación con una planta  prácticamente en funcionamiento, porque los huelguistas la habían dejado  recirculando en su más bajo nivel de funcionamiento; sin embargo, los TSU, en  compañía de otros profesionales, llevaron adelante esta delicada tarea.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• <i>Mayores responsabilidades:</i> se les dio a algunos TSU  la posibilidad de asumir mayores responsabilidades, demostrando ser capaces de  desenvolverse con efectividad y eficacia en las áreas asignadas.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Debido a la ausencia de un personal con mayor capacidad y  experiencia, los TSU estuvieron expuestos a asumir mayores responsabilidades.  Algunos de ellos fueron capaces de llevar a cabo estas labores tomando  decisiones ellos mismos, siendo ratificados posteriormente en cargos de mayor  jerarquía.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En tal sentido, se evidenció un proceso de <i>aprender  haciendo + experiencia previa,</i> un proceso de aprendizaje permanente <i>in  situ,</i> que se agregó a la experiencia previa de años que los TSU poseían, lo  que les permitió en algunos casos realizar labores de mayor complejidad que las  que habitualmente desempeñaban. Los TSU no estaban acostumbrados a tomar  decisiones, porque su nivel de responsabilidad inicial no se los permitía, ya  que se pensaba que sus capacidades no daban para ello, pero demostraron en la  coyuntura del paro petrolero que eran capaces de hacerlo, en un ambiente que  trajo consigo un proceso de aprendizaje acelerado debido a la situación que se  estaba viviendo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Posteriormente, según los entrevistados, como producto de la  circunstancia especial del paro petrolero se abrió un proceso que apuntó a una  revaloración del papel del TSU en el caso de Intevep, expresado en un mayor  reconocimiento que antes en cuanto a su pericia y desempeño en la institución,  destacándose una serie de condiciones que caracterizan el ambiente laboral en  estos momentos, proyectándose en otros lugares de Pdvsa. Sin embargo, para  efectos de nuestra investigación, hacemos referencia específica en este caso,  evidenciado en:</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• Mayor participación en la consolidación y discusión de      los resultados, elaboración y presentación de informes.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• Acceso a cargos superiores.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• Reconocimiento en la autoría de las investigaciones.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">• Revisión del Sistema de Bandas.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Cuando señalamos el término revalorización del TSU en el caso  de Intevep, nos referimos a que, según los datos analizados, tradicionalmente no  hubo una valoración, un reconocimiento explícito en la organización, en cuanto  al desempeño profesional del TSU. Ellos seguían ahora realizando  fundamentalmente las mismas funciones, pero antes de la coyuntura del paro no se  evidenciaba una credibilidad hacia ellos, por lo tanto, no se les permitía tomar  parte en las decisiones de los proyectos, no eran llamados a las reuniones,  entre otros.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin embargo, con posterioridad al paro, los resultados  apuntaron hacia una revalorización de su perfil profesional, reflejada en la  oportunidad de participar en las reuniones, considerándose sus puntos de vista,  por ejemplo. Por otro lado, existen algunos casos en los que han llegado a  ejercer cargos gerenciales, de mayor responsabilidad y decisorios, anteriormente  ocupados sólo por licenciados o ingenieros, lo que nos habla de una confianza en  sus capacidades profesionales y experiencia. Asimismo, se está realizando una  revisión del sistema de bandas para la evaluación y planificación de carrera de  los TSU en la institución, como una política del Departamento de Recursos  Humanos, reconociéndose nuevos indicadores, ya que en general no cuentan con  publicaciones, innovaciones tecnológicas, etc., pero, sin embargo, poseen una  experiencia en la estabilización de las tecnologías. Con esta apertura del  sistema de bandas, pueden ser reconocidos otros aspectos que en el sistema  anterior no eran considerados.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">No era una práctica común el que un TSU apareciera en las  publicaciones, patentes, etc., no obstante, hay excepciones, como el caso del  TSU Juan Lujano, quien ha participado en varias publicaciones, pero este hecho  no constituyó una práctica habitual en la institución. Eso nos habla y tiene que  ver básicamente con un reconocimiento de credenciales formales en Intevep,  independientemente de la experiencia real con que se cuente. El titulo  universitario ha servido en este caso como sinónimo de credibilidad, mientras  que cuando no se poseía el título formal de nivel universitario, que ha actuado  y actúa como una certificación garante de capacidades, no existía capital de  crédito, no había reconocimiento.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Al respecto, vale la pena mencionar el comentario de Tanguy  (2001) quien señala que los lineamientos de la clasificación son los que fijan,  desde hace varias décadas, la jerarquía y el orden salarial en las empresas. La  calificación plasmada en la clasificación, es en la actividad organizativa una  propiedad irreversible y duradera; al contrario, la competencia parece  construirse como una propiedad inestable, siempre sometida a objetivación y  validación dentro y fuera del ejercicio del trabajo. En tal sentido, una gestión  basada en las competencias, como se evidencia en el caso de Intevep posterior al  paro petrolero, se centra en la idea de que un asalariado debe someterse a una  validación permanente y probar constantemente su &quot;adecuación al puesto&quot;, su  derecho a una promoción o a una movilidad profesional. Lo que tal gestión  pretende, según Tanguy (2001), es conciliar el largo tiempo de duración de las  actividades de los asalariados con el tiempo corto de las coyunturas del mercado  y de los cambios tecnológicos, ya que todo acto de clasificación puede ser  revisado.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Por otro lado, entre las propuestas que se hacen en la  literatura internacional sobre las competencias de los graduados, destaca entre  otras la que sostiene que &quot;las competencias de supervivencia requeridas por  aquellos que experimentan el lado oscuro del mercado laboral de los graduados  parecen correlacionarse de cerca –o ser al menos idénticas– con las competencias  requeridas en asignaciones y carreras de alto vuelo&quot;. Enfrentar la incertidumbre  es la clave ya sea en situaciones profesionales o cuando se enfrenta una  inseguridad en el empleo. En este sentido, las referencias a la diversidad entre  instituciones de educación superior parecen dar lugar cada vez más al argumento  a favor de un núcleo de perfil común que produzca graduados flexibles. Por lo  tanto la diversificación tendría que ser reconsiderada (Teichler, 2005).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Un indicador que llama la atención sobre la importancia del  TSU en las actividades de Intevep lo podemos observar en el cambio presentado en  la composición de su fuerza de trabajo por nivel académico, específicamente,  para 1999 cuando aún no había acontecido el conflicto del paro petrolero y  posteriormente en 2005 después del paro, como podemos observar en el  <a href="#Cuadro_Nº_1">cuadro Nº  1</a>.</p> <b>     <p ALIGN="center"><a name="Cuadro_Nº_1">Cuadro Nº 1</a></p>     <p ALIGN="center">Personal de Intevep por nivel académico antes (1999) y después del paro petrolero (2005)</p> </b>     <div align="center"> <table BORDER="1" CELLSPACING="1" CELLPADDING="4" WIDTH="500" id="table1">   <tr>     <td WIDTH="21%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17"><font FACE="Verdana" SIZE="2">         <p ALIGN="JUSTIFY">4to y 5to Nivel</font></td>     <td WIDTH="8%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     383</font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     23</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     152</font></td>     <td WIDTH="11%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     14</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     231</font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     -38</font></td>   </tr>   <tr>     <td WIDTH="21%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>         <p ALIGN="JUSTIFY">3er Nivel</b></font></td>     <td WIDTH="8%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     615</b></font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     37</b></font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     395</b></font></td>     <td WIDTH="11%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     37</b></font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     220</b></font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     -37</b></font></td>   </tr>   <tr>     <td WIDTH="21%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17"><font FACE="Verdana" SIZE="2">         <p ALIGN="JUSTIFY">TSU</font></td>     <td WIDTH="8%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     283</font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     17</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     270</font></td>     <td WIDTH="11%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     26</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     13</font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     -2</font></td>   </tr>   <tr>     <td WIDTH="21%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17"><font FACE="Verdana" SIZE="2">         <p ALIGN="JUSTIFY">N.U</font></td>     <td WIDTH="8%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     382</font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     23</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     246</font></td>     <td WIDTH="11%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     23</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     134</font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     -23</font></td>   </tr>   <tr>     <td WIDTH="21%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17"><font FACE="Verdana" SIZE="2">         <p ALIGN="JUSTIFY">Total</font></td>     <td WIDTH="8%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     1663</b></font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     100</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     1063</b></font></td>     <td WIDTH="11%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     100</font></td>     <td WIDTH="18%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <b>     600</b></font></td>     <td WIDTH="9%" VALIGN="BOTTOM" HEIGHT="17" align="center"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     100</font></td>   </tr> </table> 	</div> </font> 	<font FACE="Verdana" SIZE="1">     <p ALIGN="JUSTIFY">Fuente: Gerencia de Recursos Humanos de Intevep -  construcción propia.</p> </font> 	<font FACE="Verdana" SIZE="2"> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">En primer lugar, es importante destacar cómo de un total de  1.663 empleados para 1999, Intevep vio desde entonces disminuida su población  laboral. En 2005 contaba con un total de 1.063, una diferencia de 600  trabajadores, variación que muy probablemente tenga entre sus razones de ser el  paro petrolero de 2002, ya que como consecuencia del mismo sólo quedaron 300  personas laborando en Intevep de la nómina general preexistente, reajustándose  posteriormente el número de empleados en la institución.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin embargo, debemos aclarar que ya desde varios años  anteriores al paro se estaba llevando a cabo un proceso de reducción de los  recursos humanos de la institución, como parte del proceso de reestructuración  de la empresa y de orientación de muchas de sus actividades vía el mecanismo del <i>outsourcing,</i> evidenciándose una salida de personal que resultaría  interesante poder conocer y cuantificar con precisión en su desgranamiento, para  saber como ha sido la evolución de la planta de trabajadores por nivel académico  en los últimos diez años. Por el hermetismo presente en Intevep debido al clima  de tensión vivido, se hizo imposible obtener esta data, pero lo cierto del caso  es que se observa en las cifras que disponemos una diferencia importante,  evidenciando, entre otros cambios, cómo el perfil técnico representa la  principal fuerza de trabajo del instituto en 2005, después de los licenciados e  ingenieros.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Es importante destacar que la cifra de TSU no se ha  incrementado, sino que es reflejo de una situación coyuntural, ya que al momento  del paro petrolero hubo una salida importante de personal de mayor nivel  (doctores y magisters), relativamente a la fuerza laboral que tiene mayor  representación numérica (licenciados e ingenieros), mientras que la salida de  TSU, pese a ser importante, se dio en menor proporción; además, las  contrataciones de nuevos TSU en la institución posteriormente al paro ayudan a  explicar este comportamiento de las cifras. Pero no solamente han ganado fuerza  desde el punto de vista numérico sino también desde el punto de vista del  espacio y credibilidad que tienen en la organización, en cuanto a que tienen  mayores responsabilidades que tienden a reflejarse en normativas en la empresa  de reconocimiento hacia ese personal, como mencionamos en párrafos anteriores.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Aclaremos que esta realidad no es la óptima para una  institución que debe apuntar a la mayor calificación técnica posible de su  personal. Sin embargo, es interesante observar cómo la contingencia permitió el  reconocimiento del valor y la contribución de uno de sus componentes hasta  recientemente sub-aprovechados y/o sub-reconocidos, los técnicos. Es de esperar,  en todo caso, que en una futura recomposición de los cuadros de mayor nivel de  formación no se pierda de vista que el trabajo en la empresa es una estructura  organizada con múltiples funciones y roles, todos los cuales son necesarios a la  consecución de los objetivos de la empresa, quedando demostrado, en el contexto  fortuito del paro petrolero que el saber-hacer de los técnicos es un bien de  gran valor para la empresa en su conjunto.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como podemos precisar en el cuadro Nº 1, para 1999 los TSU  constituían 17% del personal de Intevep, siendo este grupo el más reducido del  total; por otro lado, se observa que el grupo de tercer nivel, conformado por  licenciados e ingenieros, representaba 37%, constituyendo el grueso de la fuerza  de trabajo del instituto. Asimismo el grupo de cuarto nivel, formado por el  personal con postgrado, ya sean magisters o doctores, comprendía 23%, al igual  que el personal no universitario (N.U.), con nivel de primaria, bachillerato y  técnico medio, ocupando el segundo lugar de la fuerza laboral respectivamente.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En 2005, se observa cómo ha cambiado la estructura del  personal por nivel académico de Intevep, además de la disminución absoluta de la  nómina, ahora con 1063 trabajadores. Se destaca con 26% un grupo importante de  TSU, quienes constituyen en la actualidad la principal fuerza laboral de la  institución, después de los licenciados e ingenieros, lo que nos hace pensar que  tal vez se está redimensionando su rol en la institución. Ello se evidencia en  el cuadro, donde se observa cómo se ha mantenido el número de profesionales  técnicos durante los años, reflejando variaciones porcentuales mínimas de menos  de 2% del número de TSU entre 1999 y 2005. Por otro lado, para el año 2005,  encontramos con 37% al grupo de tercer nivel, seguido del grupo de los no  universitarios con 23%, y por último, con una disminución considerable, el grupo  de cuarto nivel con 14%, presentando una variación importante de -38% entre los  años 1999 y 2005, siendo el grupo de profesionales que más se ha reducido en la  institución.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Igualmente, debemos destacar del grupo no universitario, al  subgrupo de bachilleres que laboran en plantas piloto, y que en estos momentos  se están formando en su sitio de trabajo gracias a un convenio establecido con  el IUT de Valencia e Intevep para acreditar sus capacidades con el título de TSU,  lo que nos habla de una combinación nueva entre la academia y el sector  productivo. Este grupo de bachilleres poseen una larga experiencia, ya que son  individuos que han hecho toda su carrera en Intevep y ahora se les está dando la  oportunidad de acreditar su saber hacer. Es importante destacar que este  convenio se está realizando específicamente con el IUT de Valencia y no con el  IUT-RC, por existir en años anteriores un convenio y una aprobación por parte  del ministerio de Educación superior entre este instituto y Pdvsa para este tipo  de actividades educativas, aprovechándose dicho convenio para educar y formar  rápidamente a este grupo de treinta personas, veintidós de plantas piloto, y  ocho personas de Intevep, quienes cumplen sus ocho horas de trabajo, para  posteriormente asistir a sus cuatro horas diarias de clases. No obstante, se  está planteando la posibilidad de establecer un vínculo similar con el IUT-RC.  En todo caso, esta realidad constituye un indicador del peso que tienen ahora  estos niveles en el instituto y las nuevas condiciones laborales. Se puede  esperar el posible reacomodo de los niveles académicos del personal de Intevep  en un futuro próximo, cuando estos bachilleres, al culminar sus estudios, se  sumen a la cifra del grupo de los TSU.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Pareciera, entonces, que las circunstancias buscadas y no  buscadas de la salida de personal que se dieron en Intevep meses antes del paro  y durante el mismo, sumadas a la recontratación de personal y a la inserción de  personal nuevo, en su mayoría muy joven, en las condiciones tan especiales que  ha vivido el país, es lo que ha determinado el reacomodo de la estructura  transitoria que observamos en Intevep actualmente, en donde el personal técnico  está desempeñando un rol mucho más protagónico, destacándose la necesidad que  probablemente tiene la institución hoy por hoy de contar y de hacer uso de un  conocimiento tácito y un <i>saber cómo (know how)</i>, que poseen los TSU.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La coyuntura especial e inesperada vivida en la industria  petrolera nacional, obligó en la práctica a un cambio organizacional desde una  tradición altamente estratificada, donde, más allá de la presencia de niveles de  formación más avanzados, predominaba una meritocracia credencialista. Una  coyuntura que no dejaba otra alternativa condujo a una estructura más abierta,  que valoriza los méritos y experiencia de todo su personal sin techos tan  rígidos. No estamos diciendo con esto que no se necesitan doctores ni personal  de formación y calificaciones avanzadas. Eso sería lo deseable para el país y  para la industria. Pero remarcamos la contingencia histórica que hizo que,  además de ellos, e inclusive en su ausencia por circunstancias anómalas como las  vividas en Venezuela, la revalorización del TSU en Intevep resultó ser un  proceso que está dando sus primeros frutos. Se abre un abanico de posibilidades  para el profesional de carrera corta, que durante varias décadas fue sub-aprovechado  en un país que necesita formar recursos humanos en todos los niveles y en  particular, para alimentar el trabajo en la industria.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Aún es prematuro decir que existe una tendencia que apunta  hacia un cambio en la valoración que se tiene del TSU en Intevep. Habría que  realizar estudios más adelante para conocer cómo se desarrollará esta dinámica  laboral. Con todo, en estos momentos los resultados demuestran que se han dado  cambios concretos en sus condiciones laborales, que pudieran reflejarse en el  mercado laboral ampliado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">En tal sentido, pareciera ser que el dispositivo de  competencias les permite a los diferentes protagonistas controlar su inscripción  en la realidad, ofreciendo a todo trabajador un espacio de carrera abierto  gracias a la formación y a la adquisición de competencias en el trabajo. Tal  concepción presupone disposiciones particulares para actuar y estructuras  mentales adaptadas a las relaciones así instituidas. En todo caso, el objetivo  es volver socialmente aceptable las diferenciaciones salariales. La &quot;lógica de  las competencias&quot; tiende a hacer aceptar estas diferenciaciones como resultantes  de propiedades y acciones individuales en la medida en que la evaluación se  presenta (Tanguy, 2001).</p><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Bibliografía</p> </b>     <!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">1. Alcántara, Armando (s/f): &quot;Tendencias mundiales en la  educación superior: el papel de los organismos multilaterales&quot;. Ceiich-UNAM,  México, disponible en http://www.unam.mx/ceiich/educacion/alcantara.htm.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416142&pid=S1315-6411200700010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">2. Álvarez, Servando (2000): &quot;El papel del Estado en el  desarrollo industrial de Venezuela&quot;. Departamento Ciencias Económicas y  Administrativas, trabajos de ascenso Universidad Simón Bolívar, conferencia del  20 de septiembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416143&pid=S1315-6411200700010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">3. Araujo, Orlando (1964): &quot;Caracterización histórica de la  industrialización en Venezuela&quot; en <i>Revista Economía y Ciencias Sociales</i>,  UCV, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, año VI, nº 4, Segunda Época,  octubre-diciembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416144&pid=S1315-6411200700010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">4. Arvanitis, Rigas y&nbsp; Vessuri, Hebe (2001): &quot;La  cooperación Francia-Venezuela en el campo de la Catálisis&quot;. <i>Revista Internacional de  Ciencias Sociales</i>, Unesco; París, nº 271.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416145&pid=S1315-6411200700010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">5. Asoquim (2005): &quot;Estadísticas de la industria química y  petroquímica de Venezuela&quot;, abril 2005. disponible en http://asoquim.com/indicadores.asp. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416146&pid=S1315-6411200700010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">6. Bitar, Sergio y Mejías, Tulio&nbsp; (1984): &quot;Más  industrialización: ¿alternativa para Venezuela?&quot; en Moises Naim y Ramón Piñango, <i>El caso Venezuela: una ilusión de armonía</i>, Ediciones IESA, Caracas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416147&pid=S1315-6411200700010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">7. Canino, María (1996-2005): Archivo de entrevistas Intevep-Pdvsa,  1996-2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416148&pid=S1315-6411200700010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">8. Canino, María y Vessuri, Hebe (2005): &quot;Rebelión de saberes:  Los operadores en la refinería de Puerto la Cruz&quot;. <i>Revista Venezolana de  Economía y Ciencias Sociales</i>, 11(1): 129-165, enero-abril,   Caracas, UCV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416149&pid=S1315-6411200700010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">9. Castellano, Maria Egilda (2002): &quot;Institutos  Universitarios Tecnológicos y Colegios Universitarios en Venezuela&quot;, 3er  encuentro Europa-América Latina sobre formación tecnológica y profesional,  ciudad de la Habana, Cuba 4 al 8 de noviembre de 2002, disponible en http://www.sigu7.jussieu.fr/comm/  infodoc/cdrom1/Conferencias/I%20U%20T%20VENEZUELA.pdf.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416150&pid=S1315-6411200700010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">10. Cerpe (1982): &quot;La educación técnica: Descripción  general&quot;. <i>La educación en Venezuela</i>, nº 18, Centro de Reflexión y  Planificación Educativa, Caracas, 32 pp. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416151&pid=S1315-6411200700010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">11. Cerpe (1983): &quot;Los institutos universitarios de  tecnología&quot;. <i>La educación en Venezuela</i>, nº 9, Centro de Reflexión y  Planificación Educativa, Caracas, 31 pp. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416152&pid=S1315-6411200700010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">12. Coyuntura (2002): Oficina de Asesoría Económica y  Financiera Asamblea Nacional, vol. 39, octubre 2002, disponible en http://www.oaef.gov.ve/  Publicaciones2/Boletin_de_Coyuntura_Quincenal_2002/Boletin_39.pdf.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416153&pid=S1315-6411200700010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">13.  Donnadieu, Gerald y Philippe Denimal (1993): <i>Classification-qualification, de  l’ évaluation des emplois á la gestion des compétemces</i>. París, Editions  Liaisons.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416154&pid=S1315-6411200700010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">14. Fundación Polar (1973/1983):&nbsp;&quot;La Gran Venezuela La  experiencia democrática 1958/1998&quot;, Capitulo</font><font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#ffffff"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">VIII, disponible en http://www.fpolar.org.ve/encarte/  fasciculo24/<u> </u>fasc2403.html.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416155&pid=S1315-6411200700010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">15. Gallart, María Antonia y Bertoncello, Rodolfo (1993): &quot;Los  estudios de seguimiento de egresados&quot;. en <i>Boletín Educación y Trabajo</i>,  4(2): septiembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416156&pid=S1315-6411200700010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">16. Gallart, María Antonia y Novick, M (1994):  &quot;Reestructuración industrial, capacitación, y redes productivas&quot;. en <i>Boletín  Educación y Trabajo</i>, 5(2): diciembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416157&pid=S1315-6411200700010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">17. García, Humberto (2004): &quot;Ciencia y desarrollo: una  visión desde la economía&quot; en <i>Ciencia y uso del conocimiento en Venezuela</i>,  Caracas, Venezuela, Fundación Polar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416158&pid=S1315-6411200700010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">18. Gómez, Emeterio (1990): &quot;Las transformaciones ocurridas  en la economía venezolana a partir de 1983&quot; en Héctor Valecillos y Omar Bello  Rodríguez (comps.), <i>La economía contemporánea de Venezuela</i>, ensayos  escogidos, tomo IV, Banco Central de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416159&pid=S1315-6411200700010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">19. Hualde, Antonio (2002): &quot;El territorio como configuración  compleja en las relaciones entre educación y trabajo&quot; en Ibarrola, María (coord), <i>Desarrollo local y formación: Hacia una mirada integral de los jóvenes para  el trabajo</i>, Montevideo, Cinterfor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416160&pid=S1315-6411200700010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">20. Marta Joaquín (2004): &quot;¡Queremos tanto al mito!&quot;,  Universidad Metropolitana Foro &quot;Todo Uslar 2004&quot;. Caracas, 17 de marzo de 2004,  disponible en: http://www.unimet.edu.ve/centros/cel/ martaSosa.doc.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416161&pid=S1315-6411200700010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">21. Melcher, Dorotea (1992): &quot;La industrialización de  Venezuela&quot;, <i>Revista Economía</i>, nº 10, Facultad Económica y Sociales,  Universidad de los Andes, disponible en: http://iies.faces.ula.ve/Revista/Articulos/Revista_10/Pdf/Rev10  Melcher.pdf. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416162&pid=S1315-6411200700010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">22. Mommer, Bernard (1990): &quot;La distribución de la renta  petrolera. El desarrollo del capitalismo rentístico venezolano&quot;, publicado  originalmente en 1987, reproducido en: Héctor Valecillos y Omar Bello Rodríguez  (comps.), <i>La economía contemporánea de Venezuela.</i> <i>Ensayos escogidos</i>,  tomo IV, pp. 155-257, Banco Central de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416163&pid=S1315-6411200700010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">23. Montes, Arturo (2003): &quot;Docencia e investigación en los  institutos universitarios de tecnología&quot;, Foro Integración Docencia e  Investigación, Instituto Universitario de Tecnología Región Capital, disponible  en: http:/cea.ivic.ve/ forointegracion, IVIC-UPEL-IPC, 29 y 30 de mayo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416164&pid=S1315-6411200700010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">24. Navarro, Héctor (2004): &quot;La formación técnica en la nueva  Ley de Educación Superior&quot;. Conferencia efectuada en Margarita, 2 de noviembre  de 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416165&pid=S1315-6411200700010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">25. Licha, Isabel (1983): &quot;El químico en la industria  venezolana&quot; en Diaz, E., Y. Texera, y Hebe Vessuri (comps), <i>La ciencia  periférica</i>, Monte Ávila Editores, Cendes, pp. 231-266, Caracas, Venezuela. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416166&pid=S1315-6411200700010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">26. Pirela, Arnoldo (1996): &quot;La industria química y  petroquímica en Venezuela: realidad y retos&quot; en <i>Cultura empresarial en  Venezuela, la industria química y petroquímica</i>, Fundación Polar, Cendes,  Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416167&pid=S1315-6411200700010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">27. Ruiz, Estela (2000): &quot;La Universidad tecnológica y la  formación del técnico superior en México: Impactos y movimientos&quot;. anteproyecto  de investigación, IVIC-UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416168&pid=S1315-6411200700010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">28. Sánchez, Nelsaida (2001): &quot;La evolución del Instituto  Universitario de Tecnología Región Capital ‘Dr. Federico Rivero Palacio’ &quot;.  tesis de pregrado, Universidad Central de Venezuela, Caracas, abril.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416169&pid=S1315-6411200700010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">29. Tanguy, Lucie (2001): &quot;De la evaluación de los puestos de  trabajo a las cualidades de los trabajadores Definiciones y usos de la noción de  competencias&quot; en De la Garza, Enrique y Julio Neffa (coords.), <i>El trabajo del  futuro, el futuro del trabajo</i>, Buenos Aires, Conicet; CEIT-Piette; Clacso;  Trabajo y sociedad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416170&pid=S1315-6411200700010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">30. Teichler, Ulrich (2005): <i>Graduados y empleo:  investigación, metodología y resultados. Los casos de Europa, Japón, Argentina y  Uruguay</i>, (autores invitados: G. C. Riquelme, M. Panaia y G. Errandonea),  Universidad de Kassel-Universidad de Buenos Aires-Miño y Dávila, Buenos Aires.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416171&pid=S1315-6411200700010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">31. Valecillos, Héctor (1990): &quot;El ajuste recesivo en el  mercado de trabajo venezolano. Tendencias recientes, implicaciones  socio-políticas y perspectivas futuras&quot;, publicado originalmente en 1988,  reproducido en Héctor Valecillos y Omar Bello Rodriguez, <i>La economía  contemporánea de Venezuela. Ensayos escogidos</i>, tomo IV, pp. 276-306, Banco  Central de Venezuela, Caracas, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416172&pid=S1315-6411200700010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">32. Vessuri, Hebe (1993a): &quot;Desafíos de la educación superior  en relación con la formación y la investigación ante los procesos económicos  actuales y los nuevos desarrollos tecnológicos&quot;. tomado de: http://www.campus-oei.org/salactsi/o,  publicado en la <i>Revista Iberoamericana de Educación</i>, nº 2, &quot;Educación,  trabajo y empleo&quot;, mayo-agosto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416173&pid=S1315-6411200700010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">33. Vessuri,  Hebe (1193b): &quot;Higher Education, Science and Engineering in Late 20th Century  Latin America: Needs and opportunities for cooperation&quot;. European Journal of  education, 28(1).</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416174&pid=S1315-6411200700010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">34. Vessuri, Hebe (1995): <i>La academia va al mercado: Relaciones  de científicos académicos con clientes externos</i>. Caracas, Fondo Editorial Fintec.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416175&pid=S1315-6411200700010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">35. Vessuri, Hebe (2000): &quot;Técnicos para un país que se moderniza:  Implantación y desarrollo del modelo IUT en Venezuela&quot;. anteproyecto de  investigación, mimeo, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416176&pid=S1315-6411200700010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">36.  Vessuri, Hebe.; Canino, María-Victoria.; Sánchez-Rose, Isabel (2000): &quot;La base  de conocimiento de la industria petrolera y la dinámica de lo público-privado&quot;. <i>Revista Redes</i>, 11 ( 22), Buenos Aires, septiembre.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416177&pid=S1315-6411200700010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">37. Viloria, Enrique (2001): &quot;La gerencia privada y el Estado  empresario en Venezuela&quot;, vol. 1, nº 1, nueva serie, <i>Anales</i>, Universidad  Metropolitana, Caracas, tomado de: http://ares.unimet.edu.ve/academic/revista/anales1.  1.2001/documentos/ viloria2.doc.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2416178&pid=S1315-6411200700010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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