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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-family: Verdana">Presentación</span></b></p>     <p align="center"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-family: Verdana">Miradas antropológicas a la  Venezuela contemporánea (1998-2008)</span></b></p>     <p align="center"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Emanuele  Amodio</span></b></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El lugar de  la antropología: perspectiva histórica y realidad actual</span></b></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">1</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La  antropología, como disciplina dedicada al estudio de sociedades diferentes de  las occidentales, nace probablemente con el primer relato coherente de un pueblo  indígena americano, la <i>Relación</i></span><i><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  acerca de las antigüedades de los indios, </span></i> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">del fraile  José Ramón Pané, dejado por Colón entre los taínos durante el segundo viaje (Pané,  1980). A partir de este texto se inaugura la producción etnográfica sistemática  europea de otras culturas y con una base epistemológica diferente de los diarios  de los viajeros, como había sido el <i>Milione</i> de Marco Polo y de todos los  otros que los siguieron hasta la época moderna. Dos características marcan este  texto auroral, que encontraremos después en toda la producción antropológica  moderna: su producción determinada por intere- ses políticos de conquista y su  organización interna, diferenciando la estructura social de la producción  cultural, la que incluye, sobre todo, la religión. El interés político hacia las  sociedades indígenas continuará sofisticándose a lo largo de los siglos  siguientes, pasando por los cuestionarios etnográficos que la Corona española  enviaba a los funcionarios americanos durante los siglos <span style="font-variant: small-caps">xvi </span>y <span style="font-variant: small-caps">xvii </span>y las recopilaciones de las  expediciones científicas del siglo <span style="font-variant: small-caps">xviii</span><i> </i>(cf. Amodio, 2002).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">De allí en  adelante, durante el siglo <span style="font-variant: small-caps">xix </span>y  primera mitad del siglo <span style="font-variant: small-caps">xx,</span> la  ciencia social llamada antropología, determinada y afinada por el pensamiento  ilustrado, tendrá como núcleo epistemológico central la distancia entre el  sujeto percibiente y el sujeto percibido, lo que determinará fuertemente su  metodología de trabajo: el objeto de estudio es siempre, y hasta hace poco, un  otro lejano, geográfica y culturalmente, así como Malinowski lo impuso al  comienzo del siglo <span style="font-variant: small-caps">xx</span>. Esta  distancia, teóricamente, salvaba al investigador de la influencia de su misma  cultura sobre los datos, dándole la posibilidad de auto-constituirse, por lo  menos en su percepción y racionalización, en sujeto neutro o pretendidamente  tal. De esta manera, más con la mirada de entomólogo que la de poeta, la  sociedad y la cultura del otro se desplegaban como un escenario confuso que  había que desentrañar, organizar y describir en textos destinados a su comunidad  científica y, en los mejores de los casos, al público occidental, siempre ávido  de los mundos exótico sobre los cuales, al negativo, el Occidente continuaba  sustentando su positividad.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Pero los  años no pasan sin huellas, y las dos guerras y la crisis del paradigma ilustrado  dejaron su rastro sobre el entusiasmo de la antropología, tanto la cultural  americana como la estructuralista francesa. La pregunta, antes que metodológica,  fue epistemológica: ¿qué inteligibilidad era posible de los sistemas culturales  ajenos?, ¿cuánto la descripción etnográfica daba cuenta del mundo del <i>otro</i>  y, sobre todo, cuánto del mundo del antropólogo? De una de las respuestas a  estas preguntas vendrá el concepto de “descripción densa” de Clifford Geertz  (1973) y también la idea de llevar adelante una “antropología de la  antropología”, es decir, de los antropólogos y de sus productos (Geertz, 1989;  Clifford, 2001).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Al centro  de esa crisis, hay que colocar ese monumento a la profesión representado por <i> Tristes Trópicos</i> de Lévi-Strauss, testimonio de la mirada antropológica y,  al mismo tiempo, de sus límites; poniendo en el tapete de la discusión el  quehacer, más que de la antropología, del mismo antropólogo, como individuo de  una cultura específica, con necesidades particulares e intensiones ideológicas:  “Sobre todo uno se pregunta: ¿Qué he venido a hacer aquí? ¿Con qué fin? ¿Qué es  exactamente una investigación etnográfica? ¿El ejercicio normal de una profesión  como las demás, con la única diferencia de que el escritorio o el laboratorio  están separados del domicilio por algunos millares de kilómetros? ¿O la  consecuencia de una elección más radical, que implica poner en cuestión el  sistema donde uno ha nacido y crecido?” (Lévi-Strauss, 1988, 430).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Es a partir  de esta pregunta que la antropología se vuelve crítica hacia su quehacer mismo,  aunque, es bueno acotarlo, hay quien continúa cegado por el deslumbramiento de  la diferencia cultural, fetichizándola y congelándola fuera de la historia y de  las relaciones de poder que implica. En este sentido, cuando la diferencia se  vuelve otredad, cabe la sospecha de que el antropólogo ha caído en las trampas  de los procesos identitarios, no importa si a través de la negatividad o de la  positividad proyectadas sobre los diferentes culturales: el <i>otro</i> se  vuelve imagen de sus deseos o de sus frustraciones, cada uno buscando soluciones  a su crisis personal de sentido.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Identidad y  sentido son los polos de un campo que podríamos definir como político y es en  este contexto donde hay que volver a situar los productos de la antropología:  políticas del sujeto percibiente y políticas del sujeto percibido, y, más aun,  relaciones políticas entre sociedades culturalmente diferentes, con  temporalidades propias presionadas por el gran tiempo unificador del Occidente. <i>Primitivos</i>, al fin, que hay que civilizar, amansar, reducir al sentido  occi-dental.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Mientras  tanto, la globalización mezcla las coordenadas del orden imaginado y los <i> salvajes</i> se mueven hacia los países del Primer Mundo, mientras se rebelan a  continuar siendo objetos de estudio. El <i>otro</i> lejano se vuelve, de  improviso, <i>otro</i> cercano; se pasea por las mismas calles del antropólogo,  que ya no puede fácilmente mantener la “inocencia” de su mirada. Y, detrás de  las corrientes migratorias clandestinas que llevan a Europa o a Estados Unidos,  los antropólogos se regresan a casa: ¿para qué viajar millares de kilómetros si  los salvajes pueden encontrarse en el<b> </b>cafetín de la esquina o, mejor,  tenerlos como niñeras para sus hijos?</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">No sólo los  antropólogos del Primer Mundo “vuelven a casa” para estudiar los <i>salvajes</i>  invasores de sus tierras, sobre todo para usarlos como informantes de su lejana  cultura en una rara especie de “arqueología cultural”, sino que se percatan de  que su caja de herramientas puede ser útil para estudiar las relaciones que  ellos tienen con la sociedad que los recibe y soporta, hipócritamente; y,  finalmente, que su misma sociedad, esa que ha producido los antropólogos, puede  ser sometida al escrutinio de la mirada especializada en observar culturas.  Nacen así las tantas “antropologías de los mundos contemporáneos”, para utilizar  la afortunada expresión de Marc Augé, para quien todas las culturas pertenecen a  un horizonte histórico común, aunque sus emuladores lo olvidan con demasiada  frecuencia, escondiendo ideologías perversas. Así, se produce la pregunta sobre  la posibilidad de utilizar en la propia sociedad del antropólogo la caja de  herramientas históricamente construida para observar los <i>otros</i> distantes.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El  problema, para llamarlo de alguna manera, atañe a la finalidad misma de la  antropología como ciencia social, a saber, en palabra de Marc Augé: “En  definitiva, el antropólogo suele construir una coherencia de la que está seguro  que es subyacente a los hechos, pero que conserva sin embargo el carácter de una  hipótesis inductiva; literalmente, no hay nada que traducir. El antropólogo no  traduce, traspone. Y, en mi opinión, tiene razón al hacerlo” (Augé, 2007, 52).  Frente a esta afirmación, que reclama para el antropólogo la tarea de  desentrañar formas subyacentes a los hechos etnográficos utilizados como  indicios (cf. Ginzburg, 1979), tanto en el sentido de las estructuras  levistrossianas como en la de construir modelos virtuales de explicación lógica,  Augé identifica dos críticas: la de “estilo epistemológico” sobre la etnografía  en cuanto texto, que lleva a la banalidad de que cada escritura antropológica es  una “ficción” (como si pudiera ser otra cosa), y la moralista que reclama para  los mismos productores de los hechos una mayor capacidad y derecho de  describirse e interpretarse (Augé, 2007). Nos interesa particularmente esta  segunda crítica, ya que, de alguna manera, se cruza con lo que hemos llamado la  “rebelión del objeto” a ser investigado. Nuestro análisis parte del hecho de que  las sociedades, para funcionar, necesitan un grado suficientemente alto de  opacidad. De allí que el antropólogo “clásico” estaba llamado a desentrañar la  “cortina de los hechos” para poner a la luz, o, mejor, para iluminar con la luz  teórica de su mirada, lo que la opacidad esconde. Pero, y es obvio, la opacidad  es doble: para los que miran desde afuera y para los que miran desde adentro.  Así, el problema de la antropología, como disciplina interpretativa que estudia  las culturas, se vuelve más complejo: superar la opacidad de la propia cultura  para conseguir que la mirada hacia los otros no sea definitivamente sesgada y,  al mismo tiempo, producir una caja de herramientas que permita superar la  opacidad de la cultura de los otros (cf. Amodio, 2005). Éstos, evidentemente,  tienen el mismo problema y necesitan a su vez superar su opacidad para poder  decir algo coherente sobre sí mismos y sobre los <i>otros</i> antropólogos o  funcionarios y de la sociedad de donde provienen. De allí que no es por azar  que, a menudo, los informantes mejores de una cultura son precisamente los que  han construido, voluntariamente o por imposición, una distancia de su misma  sociedad y lo mismo vale para los políticos indígenas.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Es en este  contexto que se produce el problema inherente a la posibilidad o imposibilidad  de mirar antropológicamente la misma sociedad de uno: ¿qué distancia  –psicológica, social, cultural o étnica– es necesaria para que la mirada  antropológica pueda desplegarse? ¿Cuáles son las condiciones –sociales,  epistemológicas y metodológicas– para que pueda producirse un discurso  interpretativo coherente con los hechos y con la teoría?</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Evidentemente no se trata de preguntas que atañen solamente a los antropólogos  del Primer Mundo. De hecho, las preguntas más críticas se han producido desde la  periferia del imperio, allí donde la geopolítica del saber ha creado  universidades subalternas y profesionales epistemológicamente dependientes del  saber antropológico producido en los centros de elaboración antropológica  acreditados por la historia de la disciplina y, naturalmente, por el servicio  histórico que han prestado a la disolución de las diferencias y a la imposición  de la cultura occidental. Desde la periferia antropológica, allí donde la  otredad se vuelve ambigua y los <i>otros</i> se confunden con el <i>nosotros</i>,  aunque el intento desesperado de las burguesías locales marca sus diferencias,  sus imaginarios y sus límites culturales, la pregunta sobre la posibilidad de  otra antropología se hace política. Así, ya <i>otros</i> para la mirada europea,  los antropólogos del lejano Occidente, intentan crear sus propios <i>otros</i>,  sin conseguirlo completamente, pero también poniéndose la cuestión sobre la  necesidad o no de la <i>distancia</i> para desplegar la mirada que la disciplina  impone.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Llegados  aquí, cabe la sospecha de que la antropología es posible solamente cuando las  relaciones de poder permitan crear la distancia epistemológica y, al mismo  tiempo, cuando se es miembro de una cultura que precisamente sobre la  transformación de la diferencia en otredad ha fundado su dinámica. Pero, hay que  poner mucha atención para ”no botar el niño con el agua sucia”: hay cajas de  herramientas teóricas y metodológicas que, producidas a lo largo de la historia  de la disciplina, tal vez puedan ser resemantizadas para su utilización dentro  de nuevos paradigmas. Tal vez, el destino de la antropología está ligado  fuertemente a los que, desde la periferia del Occidente, como lugar privilegiado  de la producción de nuevos saberes, quieren superar la opacidad de sus mismas  culturas y producir nuevos arreglos epistemológicos que permitan la circulación  de las miradas de un lugar al otro y viceversa, sin gríngolas culturales y, lo  que es más importante, sin restricciones universitarias.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Aquí vuelve  a la memoria, más como desafío que como asidero metodológico, lo que escribía  Jean Duvignaud cuando, regresado a Chebika, en Túnez, después de veinte años de  su primera visita antropológica realizada bajo el cielo protector del imperio  francés en África, se preguntaba con otros ojos y con otra experiencia política  si el antropólogo podía transformarse en aliado del <i>otro</i>, asumiéndolo  como sujeto de su historia (Duvignaud, 1977).</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">2</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Las  consideraciones anteriores se cruzaron con la necesidad actual de dar cuenta de  manera antropológica de la realidad actual de Venezuela, a partir del corte  político de 1999 y del intento de desarrollar un proyecto revolucionario desde  la toma electoral del poder, una vez fracasado el intento armado. Como todo  proyecto revolucionario, la ideología chavista conlleva una visión del mundo,  más o menos articulada, cuya puesta en práctica implica una reestructuración, a  menudo palingenésica, de todos los aspectos de la vida social de la nación. De  esta manera, con diferentes grados de ejecución, se están produciendo cambios  profundos en muchos ámbitos de la vida nacional, desde la salud y la educación,  hasta las relaciones internacionales y la estructura misma del Estado.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Cualquier  experiencia revolucionaria, pero el discurso vale para todo proyecto ideológico  de transformación de la sociedad, tiene posibilidad de éxito solamente cuando,  habiendo conquistado el poder del Estado, consigue transformar sus contenidos  ideológicos en contenidos culturales, es decir, convencer, racional o  emocionalmente, a la mayor parte de la población de que sus contenidos y valores  permitirán una vivencia mejor y, como segundo paso, facilitar la internalización  de esos contenidos de modo que su puesta en práctica se vuelva automática, ya  que la cultura funciona en gran parte como referente inconsciente para la acción  sobre el mundo de la vida. Nos parece que ésta es precisamente la dirección  tomada por los nuevos aparatos ideológicos del Estado, al mismo tiempo que se  pretende, con mayor o menor éxito, resolver los problemas cotidianos de la  vivencia, desde la alimentación hasta el acceso generalizado a la nueva  educación.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Así,  después de nueve años del acceso al poder de los nuevos grupos políticos, vale  la pena comenzar a analizar las trasformaciones que en los diferentes ámbitos de  existencia social y cultural de la población se han producido. No se trata  solamente de ver si las promesas políticas han sido realizadas, sino analizar  los cambios antropológicos que se han producido e intentar identificar la  dirección que estos procesos han tomado. Se trata, para resumir, de elaborar  etnografías específicas de la realidad actual de Venezuela e interpretarlas a la  luz de la teoría antropológica.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Para  realizar el presente <i>dossier</i> se propuso a diferentes antropólogas y  antropólogos venezolanos o radicados en el país de describir la realidad actual  de un ámbito específico de la sociedad venezolana, coherente con sus inte-reses  y experiencia antropológica particular. Aunque nos hubiera gustado elaborar un  proyecto que permitiera involucrar la mayor parte de los antropólogos y  antropólogas del país, lo que no está excluido de nuestra intenciones futuras,  los límites del espacio de la revista permitían involucrar solamente una parte  de ellos. Así, aunque no todos los especialistas convocados respondieron  positivamente a nuestra propuesta, reunimos seis contribuciones que esperamos  ayuden a la comprensión de la realidad nacional actual y sirvan, de alguna  manera, como base para la discusión futura. Lo que para nosotros era importante,  y así se procedió, era que los especialistas tuvieran una experiencia específica  reciente de investigación en el ámbito social que se le propuso estudiar, con el  fin de evitar reflexiones generales y teóricas que, sin menosprecio, no cabían  en el proyecto que elaboramos.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">De esta  manera, María Bethencourt se ocupa de la educación y de los nuevos proyectos  educativos impulsados por el Estado; mientras que Morelva Leal Jerez analiza la  situación de la salud entre los grupos populares, sobre todo a partir de la  Misión Barrio Adentro. Por su parte, Luis Molina examina la situación actual del  patrimonio cultural y de los problemas que implica su definición y salvaguardia;  Oliver Du Arte estudia el cambio administrativo del Estado y las dificultades  que encuentra la transformación de los aparatos a partir de los nuevos  referentes ideológicos; finalmente, Emanuele Amodio reflexiona sobre la  situación de los pueblos indígenas y su inserción en la vida política nacional;  mientras que Hortensia Caballero estudia particularmente la demarcación de las  tierras indígenas y los problemas culturales y políticos que conlleva.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Lo que  unifica todas estas contribuciones es la profesionalidad de sus autores, todos  antropólogos o egresados de postgrados en antropología. Por el resto, cada uno  ha elaborado su texto a partir de su experiencia antropológica y, claramente, de  su postura ideológica particular que no fue ni requerida ni constituyó una  limitante por parte del coordinador del <i>dossier</i>.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">A menudo se  critica a los antropólogos y antropólogas por interesarse en sociedad lejanas, o  pretendidas tales, y de temas secundarios del quehacer nacional, como lo pueden  ser los rituales, los mitos o las culturas indígenas. Ahora, más allá de  considerar estos temas fundamentales en las dinámicas culturales actuales de  Venezuela, nos parece que hay algo de verdad en esa crítica: muchos colegas  estudian y, lo que es más interesante, participan en muchos de los procesos  sociales y políticos que se están realizando en Venezuela, pero su voz no se  escucha con la fuerza que la profesión les permitiría. Tal vez ha llegado el  momento de pretender de ellos y ellas la colaboración que necesitamos para  entender el presente y, tal vez, el futuro de Venezuela.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Bibliografía</span></b></p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">1. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Amodio,  Emanuele (2002): “La antropología salvaje</span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">: </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Conocimiento del otro y política  imperial&nbsp; durante el Antiguo Régimen” en <i>Debate y perspectivas</i> <i>2</i>,  Madrid, Fundación Tavera, pp. 191-218.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419601&pid=S1315-6411200700030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">2. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Amodio,  Emanuele (2005): “Extranjero en un país ajeno</span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">:</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Construcción del pasado y  realidad histórica desde una perspectiva antropológica” en <i>Revista Venezolana  de Ciencias Económicas y Sociales, </i>vol. 11, nº 2, pp. 141-158.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419602&pid=S1315-6411200700030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">3. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Augé, Marc  (2007): <i>El oficio e antropólogo</i></span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">.</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Barcelona, Gedisa.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419603&pid=S1315-6411200700030000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">4. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Clifford,  James (2001): <i>Dilemas de la cultura</i></span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">.</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Barcelona, Gedisa.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419604&pid=S1315-6411200700030000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">5. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Duvignaud,  Jean (1977): <i>El lenguaje perdido</i></span><i><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">:</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Ensayo sobre la diferencia antropológica</span></i><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">.</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  México, Siglo Veintiuno.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419605&pid=S1315-6411200700030000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">6. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Geertz,  Clifford (1977): <i>La interpretación de las culturas</i></span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">.</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Barcelona, Gedisa.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419606&pid=S1315-6411200700030000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">7. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Geertz,  Clifford (1989): <i>El antropólogo como autor</i></span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">.</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Barcelona, Paidos.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419607&pid=S1315-6411200700030000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">8. Ginzburg, Carlo (1979):  “Señales. Raíces de un paradigma indiciario”. en Aldo Gargani (ed.), <i>Crisis de  la razón</i>. México, Siglo XXI, pp.&nbsp; 55-99</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419608&pid=S1315-6411200700030000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify; text-indent: -14.2pt; margin-left: 14.2pt"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">9. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Lévi-Strauss,  Claude (1988): <i>Tristes Trópicos</i></span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">.</span><span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Barcelona, Paidós.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419609&pid=S1315-6411200700030000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify; text-indent: -14.2pt; margin-left: 14.2pt"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">10. </span> <span lang="ES-TRAD" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Pané,  Jerónimo Ramón (1980): <i>Relación acerca de las antigüedades de los indios</i>.  México, Siglo XXI.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2419610&pid=S1315-6411200700030000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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