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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La conservación del patrimonio cultural en Venezuela: Nuevas oportunidades a partir de 1999]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[After a discussion of the concept of Cultural Heritage using the perspective of the “Theory of the Cultural Control” developed by Bonfil Batalla, some comments are made concerning the limits of the performance of the Venezuelan State regarding the conservation of the Cultural Heritage under the current law, and the new possibilities presented as a result of the approval of the 1999 Bolivarian Constitution, together with the later promulgation of laws such as those on Communal Councils and Indigenous Peoples.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b> <span style="font-family: Verdana"><font size="3">La conservación del patrimonio cultural en  Venezuela: Nuevas oportunidades a partir de 1999</font></span></b></p>     <p align="center"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Luis E. Molina</span></b></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">Antropólogo. M Sc en Conservación y  Restauración de Monumentos. Profesor de la Escuela de Antropología, Facultad de  Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela. Fue Director  del Museo Antropológico de Quibor, estado Lara y Director de Conservación  Arqueológica del Instituto del Patrimonio Cultural. Ha publicado numerosos  trabajos sobre arqueología venezolana y conservación del patrimonio cultural. </font></span> <span style="text-decoration: none; font-family:Verdana" lang="ES-AR"> <font size="2">lemolinac@gmail.com</font></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight:700">Resumen</span></p>     <p style="text-align: justify; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; margin-bottom: .0001pt"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Luego de una discusión del  concepto de patrimonio cultural bajo la perspectiva de la &quot;teoría del control  cultural&quot;, desarrollada por Bonfil Batalla, se presentan algunas reflexiones  acerca de las limitaciones de la actuación del Estado venezolano en lo  concerniente a la conservación del patrimonio cultural bajo el marco de la ley  que rige la materia y las nuevas posibilidades abiertas a partir de la  aprobación de la Constitución de 1999 y especialmente con la posterior  promulgación de leyes como la de los Consejos Comunales y la de Pueblos  Indígenas.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Palabras clave</b>: patrimonio  cultural, control cultural, Constitución de 1999.</span></p>     <p align="center"><b> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">The  conservation of the Cultural Heritage in Venezuela: New opportunities since 1999</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Abstract</b></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">After a  discussion of the concept of Cultural Heritage using the perspective of the  “Theory of the Cultural Control” developed by Bonfil Batalla, some comments are  made concerning the limits of the performance of the Venezuelan State regarding  the conservation of the Cultural Heritage under the current law, and the new  possibilities presented as a result of the approval of the 1999 Bolivarian  Constitution, together with the later promulgation of laws such as those on  Communal Councils and Indigenous Peoples.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Key Words</b>:  Cultural Heritage, Cultural Control, 1999 Constitution.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Pasado y monumentos</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Las culturas han  desarrollado dos nociones del tiempo: el tiempo que pasa, propio de las  sociedades que han elaborado un discurso histórico, y el tiempo que perdura,  característico de las sociedades que han elaborado un discurso mítico (Ballart,  1997, 30). En las primeras, las llamadas “sociedades con historia”, el tiempo  que pasa se registra a través de libros, objetos y monumentos (Ballart, 1997,  32). En estas sociedades, los monumentos constituyen una de las expresiones  materiales más importantes para establecer nexos con el pasado, son verdaderas  “consagraciones de la memoria” (Ballart, 1997, 35), son una forma particular de  traer el pasado hasta el presente, propia de aquellas sociedades con una noción  lineal del tiempo.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Esta tendencia a conservar  objetos del pasado, a valorar los testimonios materiales del paso del tiempo, es  muy antigua en el mundo occidental. Sin embargo, antes del surgimiento de los  Estados modernos tal interés por los objetos históricos tenía más un valor  sacralizante que una función institucional. Los Estados liberales modernos que  se conformaron tanto en Europa como en América a lo largo del siglo <span style="font-variant: small-caps">xix </span>comienzan a asumir en forma  paulatina el papel de garantes de la preservación de los objetos históricos.  Pero es a partir del siglo <span style="font-variant: small-caps">xx,</span> con  la crisis de los Estados liberales y la aparición del Estado social, cuando éste  asume en forma definitiva su labor proteccionista, que se traduce en el  reconocimiento del patrimonio histórico como un patrimonio colectivo y su  consagración como tal en las Constituciones nacionales (Ballart, 1997, 55). Este  interés por conservar los objetos históricos tiene su raíz en los conceptos de  monumentos y antigüedades, que se conforman en Europa bajo la influencia del  pensamiento de la Ilustración.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El tránsito  pasado-presente no ocurre en forma “natural”. No existe un pasado que es  “descubierto” o “reconstruido” a partir del estudio de los textos y los objetos  (incluidos en estos últimos los monumentos). En nuestra perspectiva, es en el  presente donde se “construye” el o los pasados posibles, de acuerdo con las  posiciones sociales y políticas de los actores de tal construcción (Florescano,  1985, 93-95). El presente es el que produce el pasado, a partir de una  construcción que obedece a los intereses de los grupos socialmente dominantes y  tal construcción del pasado significa una selección de aquellos referentes que  responden a dichos intereses y una eliminación de testimonios que podrían ser  relevantes para los grupos subalternos o dominados (Amodio, 2000, 142). Esta  “construcción social del pasado” debe ser entendida como un proceso de  representación cultural que se hace desde el presente y está determinada por la  estructura de poder (Bond y Gilliam, 1994, 1; Shack, 1994, 115; Amodio, 1997,  16); parte de un sesgo social, económico y cultural que se expresa en los textos  y los objetos. Es lo que se ha llamado el sesgo de los productores y el sesgo de  los conservadores (Amodio, 1999, 334).</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Patrimonio y cultura</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Si el pasado se construye  desde el presente, en un determinado contexto histórico, el patrimonio cultural,  en tanto conjunto de elementos culturales que una generación recibe de las  anteriores, no puede considerarse un acervo inmutable. El patrimonio cultural,  en concordancia con lo que hemos argumentado, es una construcción social,  cultural e históricamente determinada (Prats, 1996, 294), lo que significa que  no es una tendencia universal su reconocimiento y mucho menos la necesidad de su  conservación. Es decir, no existe un conjunto de bienes, materiales o  inmateriales, reconocidos como patrimonio cultural por todas las sociedades y  todas las culturas, como tampoco existe una inmutabilidad temporal en cuanto al  reconocimiento de los bienes como parte del patrimonio cultural de una  determinada sociedad. Así mismo, entendemos el patrimonio cultural como una  activación, de carácter ideológico, de algunas de las identidades que se  formulan históricamente. Estas “versiones ideológicas de la identidad” se  expresan en un discurso y a través de un conjunto de símbolos (Prats, 1996,  295). Este discurso y símbolos conforman el patrimonio como un sistema de  representación, que opone al ideal cultural de una sociedad objetos y  manifestaciones que forman parte de una “externalidad cultural”. Así, aparecen  las oposiciones cultura-naturaleza, presente-pasado,  cotidianidad-excepcionalidad, que generan procesos simultáneos de afiliación y  oposición entre la cultura actual y una cultura externa, sea ésta actual o  pasada (Prats, 2005, 18-19).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Asumiendo que el  patrimonio es un sistema de representación cultural, que no es un conjunto de  manifestaciones y objetos de validez y aceptación universal, sino que se  inscribe dentro de un contexto social y cultural, dentro de unos límites  históricos, es necesario discutir el concepto de cultura, cuestión que se da por  descontada y sobrentendida en el tratamiento, tanto teórico como práctico, de  los problemas relativos al patrimonio y su conservación. Pensamos que es  necesario partir de una definición de cultura que no sólo incorpore las  producciones materiales junto a las inmateriales, sino que también incluya las  que provienen de los distintos segmentos, estratos, grupos y clases de la  sociedad y tome en cuenta la significación y el uso social de estas <span style="letter-spacing: -.1pt">producciones. En tal sentido, Bonfil Batalla  (1997a) ha definido la cultura como:</span></span></p>     <blockquote> 	    <p style="text-align: justify; "> 	<span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">… el conjunto de símbolos,  valores, actitudes, habilidades, conocimientos, significados, formas de  comunicación y organización sociales, y bienes materiales, que hacen posible la  vida de una sociedad determinada y le permiten transformarse y reproducirse como  tal, de una generación a las siguientes (Bonfil Batalla, 1997a, 29).</span></p> </blockquote>     <p style="text-align: justify; "> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En esta perspectiva, la  cultura no es estática, se transforma continuamente, cambia al influjo de  determinadas condiciones. Este proceso dialéctico de cambios y transformaciones  de la cultura puede ser entendido mediante la aproximación conocida como la <i>teoría del control cultural</i>, desarrollada por Guillermo Bonfil Batalla como  una propuesta metodológica para articular los conceptos de <i>grupo étnico</i>, <i>cultura</i>, <i>identidad étnica</i> y <i>patrimonio cultural</i> (Bonfil  Batalla, 1989, 1997b). Por <i>grupo étnico</i> se entiende a un conglomerado  social que está en capacidad de reproducirse biológicamente, reconoce un origen  común y sus miembros se identifican entre sí por oposición a miembros de otros  grupos que se perciben diferentes y con los cuales pueden interactuar a partir  del reconocimiento de las diferencias. A estos elementos definitorios del grupo  étnico se puede agregar la existencia de un territorio y de una estructura  política comunes (Bonfil Batalla, 1989, 10-11). La <i>identidad étnica</i> es el  ejercicio cotidiano de la <i>cultura propia</i> por parte de un grupo étnico,  ejercicio que implica la posibilidad de acceder al conocimiento y uso de  elementos de la cultura que permiten compartir valores comunes, posibilitan la  comunicación entre los miembros del grupo y permiten su participación en la  producción y el consumo. La identidad étnica, si bien tiene un carácter  cultural, se expresa socialmente, por lo que es posible que, bajo ciertas  condiciones sociales, individuos con un origen étnico común expresen identidades  diferentes (Bonfil Batalla, 1989, 24).</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; "> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Este ejercicio cotidiano  de la cultura propia por un grupo étnico está sujeto al <i>control cultural</i>  que el grupo tiene de tal ejercicio, es “el sistema según el cual se ejerce la  capacidad social de decisión sobre los elementos culturales”. Los <i>elementos  culturales</i> son aquellos que hacen posible realizar todas las acciones  sociales del grupo: satisfacción de necesidades, vida cotidiana, etc., por lo  que corresponden a diversas clases: materiales, de organización, de  conocimiento, simbólicos, emotivos (Bonfil Batalla, 1989, 10-11). Esta  “capacidad de decisión”, según la cual un determinado grupo hace uso de los  elementos culturales, es de diversos tipos y la relación entre decisión y tipo  de elemento cultural es la base del concepto de control cultural. De acuerdo con  los diversos tipos de elementos culturales y el carácter de las decisiones que  se <span style="letter-spacing: -.1pt">toman para hacer uso de los mismos, se  establecerán diferentes formas de control cultural, que a su vez dan lugar a  diversos <i>ámbitos o espacios de cultura</i>.</span></span></p>     <p style="text-align: justify; "> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Los elementos culturales  pueden ser de dos tipos: <i>propios</i> y <i>ajenos</i>. Los <i>elementos  culturales propios</i> son los que la sociedad considera que ha recibido de  generaciones anteriores como una herencia y que produce, reproduce, mantiene o  transmite a las generaciones siguientes. Los <i>bienes culturales ajenos</i>, si  bien forman parte de la cultura del grupo, no los ha producido y reproducido el  grupo. Esto explica que en situaciones de contacto interétnico, especialmente  aquellos en que se establecen relaciones de dominación, aparecen elementos  culturales tanto propios como ajenos (Bonfil Batalla, 1989, 12). De igual forma,  las decisiones según las cuales el grupo hace uso de los elementos de la  cultura, también pueden ser de carácter propio o ajeno. Los dos tipos de  elementos culturales pueden combinarse con los dos tipos de decisiones, dando  lugar a cuatro tipos de ámbitos o espacios de cultura: <i>cultura autónoma,</i> <i>cultura apropiada,</i> <i>cultura enajenada</i>; <i>cultura impuesta</i> (Bonfil  Batalla, 1989, 12).</span></p>     <p style="text-align: center; "><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Elementos  culturales&nbsp;decisiones</span></b></p>     <div align="center"> <table class="MsoNormalTable" border="1" cellspacing="1" style="border-style:none; border-color:inherit; border-collapse: collapse; margin-left: 10.1pt" width="427">   <tr>     <td valign="top" style="width: 81px; border: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         <p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">&nbsp;</span></td>     <td valign="top" style="width: 149px; border-left: medium none; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: 1.0pt solid windowtext; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm" align="center">         <p align="center">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Propias</span></td>     <td valign="top" style="width: 147px; border-left: medium none; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: 1.0pt solid windowtext; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm" align="center">         <p align="center">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Ajenas</span></td>   </tr>   <tr>     <td valign="top" style="width: 81px; border-left: 1.0pt solid windowtext; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: medium none; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         <p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Propios</span></td>     <td valign="top" style="width: 149px; border-left: medium none; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: medium none; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         <p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Cultura Autónoma</span></td>     <td valign="top" style="width: 147px; border-left: medium none; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: medium none; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         <p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Cultura Enajenada</span></td>   </tr>   <tr>     <td valign="top" style="width: 81px; border-left: 1.0pt solid windowtext; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: medium none; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Ajenos</span></td>     <td valign="top" style="width: 149px; border-left: medium none; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: medium none; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         <p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Cultura Apropiada</span></td>     <td valign="top" style="width: 147px; border-left: medium none; border-right: 1.0pt solid windowtext; border-top: medium none; border-bottom: 1.0pt solid windowtext; padding-left: 5.4pt; padding-right: 5.4pt; padding-top: 0cm; padding-bottom: 0cm">         <p align="center" style="text-align: justify; text-indent: -9.0pt; margin-left: 9.0pt">     <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Cultura Impuesta</span></td>   </tr> </table> </div>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana"><font size="1">Tomado de Bonfil Batalla,  1989, 12</font></span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Los ámbitos de la cultura  autónoma y la cultura apropiada conforman el campo más amplio de la <i>cultura  propia</i>, mientras que los ámbitos de la cultura enajenada y la cultura  impuesta integran el campo de la <i>cultura ajena</i> (Bonfil Batalla, 1989,  15). Es importante esta relación entre los ámbitos particulares y los campos más  amplios de la cultura, pues, si se ha definido la cultura propia como la  correspondiente a un grupo étnico, entonces es posible que, en determinadas  circunstancias históricas, en la cultura propia se integren tanto el ámbito de  la cultura autónoma como el ámbito de la cultura apropiada.</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Si la cultura propia  comprende tanto elementos culturales propios como elementos culturales ajenos,  que son incorporados a la identidad étnica a partir de una decisión propia del  grupo, entonces existirán elementos culturales que son obtenidos a través de la  herencia cultural. Esta herencia de elementos culturales propios constituye el  patrimonio cultural que un grupo étnico hereda de las generaciones precedentes.  En perspectiva histórica, es un proceso continuo de transmisión de elementos  culturales de una a otra generación, proceso a través del cual algunos elementos  se mantienen y otros se transforman. Este patrimonio cultural heredado no es  inmutable sino que se modifica, ampliándose o restringiéndose por la adopción o  el abandono de elementos culturales (Bonfil Batalla, 1989, 17).</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Si la cultura es dinámica,  es decir, se transforma permanentemente, cabe entonces afirmar que en este  proceso, que es de carácter histórico, se producen incorporaciones y  desincorporaciones de elementos culturales. A través del tiempo, las sociedades  incluyen nuevos elementos culturales, por la vía del control cultural de los  mismos y la forma de incorporación de esos elementos dependerá de la capacidad  de decisión que se tenga sobre este proceso de adopción de nuevos componentes de  la cultura. De igual forma, algunos elementos culturales pierden vigencia.  Entonces, como lo ha planteado Guillermo Bonfil Batalla, el problema estriba en  discernir los mecanismos que explican estos procesos de adopción y de abandono  de elementos culturales (Bonfil Batalla, 1997a, 30). Según este autor, estos  procesos, por ser particulares, sólo pueden ser explicados en sí mismos a partir  de su investigación individualizada, sin que ello menoscabe la condición misma  del proceso, es decir, el hecho de que se produzcan adopciones de nuevos  elementos culturales y la pérdida de otros.</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En esta dinámica cultural  se va conformando un acervo que, desde el punto de vista antropológico, sería el  patrimonio cultural. Por tal entendemos no sólo los elementos (materiales e  inmateriales) que forman parte de la memoria histórica, sino todos aquellos que  permiten a un pueblo solucionar los problemas que se plantean para resolver sus  condiciones de existencia. Una definición de esta naturaleza es la propuesta por  Bonfil Batalla:</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Cuando hablamos de  patrimonio cultural de un pueblo, a lo que nos estamos refiriendo es,  precisamente, a ese acervo de elementos culturales tangibles unos, intangibles  los otros- que una sociedad determinada considera suyos y de los que echa mano  para enfrentar sus problemas (cualquier tipo de problemas, desde las grandes  crisis hasta los aparentemente nimios de la vida cotidiana); para formular e  intentar realizar sus aspiraciones y proyectos; para imaginar, gozar y  expresarse (Bonfil Batalla, 1997a, 31).</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Esta manera de entender el  patrimonio cultural en tanto acervo cultural nos conduce a establecer la  relación entre patrimonio cultural y patrimonio histórico. En párrafos  anteriores hicimos referencia a la relación entre las nociones de monumento y de  pasado. Como señalamos, existe una diferencia entre las sociedades que producen  documentos, objetos y monumentos sobre su pasado y las que producen un discurso  mítico sobre el mismo. Es precisamente en las primeras en las que se ha  conformado una idea de patrimonio en tanto que acervo histórico, es decir, en  tanto conjunto de bienes materiales (documentales, arquitectónicos, etc.) que  dan cuenta de un pasado, de una trayectoria histórica. Estas sociedades, que en  términos generales corresponden al mundo occidental, construyen un pasado a  partir de los testimonios documentales y materiales disponibles en el presente,  construcción que, como dijimos, es una elaboración ideológica del pasado desde  el presente. Y en esta construcción del pasado se conforma el patrimonio  histórico.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Sin embargo, como en las  sociedades del mundo occidental existen diferencias sociales y económicas que  tienen una expresión cultural, la activación del patrimonio histórico opera en  forma distinta de acuerdo con los diferentes actores sociales. En muchos casos  los elementos del patrimonio histórico que se conforma desde las clases  dominantes son incorporados por los grupos subalternos como elementos culturales  ajenos y se integran dentro de la cultura propia de esos grupos y, al  transmitirse a las generaciones siguientes, pasan a ser parte del acervo  cultural, del patrimonio cultural. Así, la línea de separación no se encuentra  entre la tangibilidad e intangibilidad, entre materialidad e inmaterialidad,  como rasgo distintivo entre uno y otro tipo de patrimonio, sino que los  elementos constitutivos del patrimonio, sean o no de carácter material, se  estructuran en un sistema para conformar un discurso histórico o son utilizados  como un acervo de la cultura propia. Como ejemplo, pensemos las particulares  lecturas que grupos étnicos o campesinos hacen sobre eventos o procesos  relacionados con la independencia venezolana, con una distinta estructuración de  la temporalidad y de los participantes en dichos eventos en relación con la  historia oficial.</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El Estado y el patrimonio  cultural en Venezuela</span></b></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La actuación del Estado  venezolano en torno a la conservación del patrimonio estuvo signada en sus  comienzos por la creación de monumentos, la identificación de objetos y  monumentos con eventos históricos y la conservación de estos monumentos. En la  segunda mitad del siglo <span style="font-variant: small-caps">xix </span>se  realizaron las primeras intervenciones en edificaciones con el objetivo de  convertirlas en santuarios para el culto de los héroes que se pensaba  constituían el emblema de la nacionalidad. Durante el mandato guzmancista  comienza el culto a la figura del Libertador Simón Bolívar, congruente con el  planteamiento positivista en cuanto a la necesidad de identificar elementos de  cohesión que impidieran la desintegración social. A partir de esa época, el  culto a Bolívar se comienza a relacionar con la acción gubernamental,  produciendo una identificación subliminal entre el héroe y el gobernante. Uno de  los mecanismos utilizados para tal práctica fue la inauguración de obras  públicas en coincidencia con fechas asociadas a la vida y la actuación militar y  política de Simón Bolívar (Molina, 2000, 155). A propósito del culto a Bolívar,  tiene lugar la transformación, en 1875, de la Iglesia de la Santísima Trinidad  en Panteón Nacional y, en 1883, la intervención del Convento de San Francisco,  para anexarle un pabellón construido expresamente para albergar la exposición  organizada con motivo del centenario del nacimiento del Libertador.</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Posteriormente, en el  siglo <span style="font-variant: small-caps">xx,</span> continuaron las  intervenciones en edificaciones con el objetivo de crear monumentos relacionados  con el culto a Bolívar. En 1911 y 1929 se hacen nuevas remodelaciones del  Panteón Nacional; en 1916 la modesta casa de la familia Bolívar en Caracas es  sometida a una transformación que busca darle la prestancia arquitectónica que,  según la ideología en boga, debía tener el lugar donde había nacido el  Libertador; en 1921 se construye la primera etapa del conjunto monumental del  Campo de Carabobo, donde se resalta tanto la figura de Bolívar como la del resto  de los héroes relacionados con el proceso de la independencia. Junto a estas  intervenciones aparecen las primeras legislaciones relacionadas con la  conservación del patrimonio histórico y científico (el Decreto de Protección de  Documentos Oficiales y Objetos Históricos, en 1917, y las leyes de<i> </i> Protección y Conservación de Antigüedades y Obras Artísticas de la Nación y de  Archivos Nacionales en 1945), así como la construcción de los primeros edificios  de museos para albergar dicho patrimonio (Museo de Bellas Artes y Museo de  Ciencias Naturales, en Caracas, en 1937).</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La Ley de Protección y  Conservación de Antigüedades y Obras Artísticas de la Nación</span><i><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">,</span></i><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  promulgada en 1945, tuvo casi cincuenta años en vigencia, hasta ser sustituida  en 1993 por la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural. Una de las  reflexiones que puede derivarse de estos años de trayectoria del Estado  venezolano, en relación con la conservación y restauración del patrimonio, es el  predominio de una concepción según la cual el patrimonio histórico y cultural  existe como tal y, por tanto, la misión del Estado es su identificación y  preservación. El artículo 1º de la Ley de Protección y Conservación de  Antigüedades y Obras Artísticas de la Nación decía:</span></p>     <blockquote> 	    <p align="center" style="text-align: justify"> 	<span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El patrimonio histórico y  artístico de la Nación está constituido&nbsp; por los monumentos históricos y  artísticos y demás obras de arte correlacionadas o no con la Historia Nacional  que se encuentren en territorio de la República o que ingresen en él,  quienquiera que sea su propietario.</span></p> </blockquote>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  Y el artículo 6º, que  establecía las atribuciones de la Junta Protectora y Conservadora del Patrimonio  Histórico y Artístico de la Nación, señalaba, entre dichas atribuciones:  “Determinar los monumentos y demás obras históricas y artísticas existentes en  el territorio nacional, que formen el patrimonio histórico y artístico de la  Nación”</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  En esta manera de entender  cómo se conforma el patrimonio histórico de la nación no se plantea la  diversidad cultural, étnica y regional del país y, mucho menos, la existencia de  clases sociales que conforman sus propios discursos acerca del pasado y el  presente. Por otra parte, se otorgaba a una Junta Protectora y Conservadora del  Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación, de cinco miembros, la decisión de  decidir cuáles eran los elementos que integraban el repertorio patrimonial, sin  ninguna posibilidad de una participación plural en este proceso de  identificación de los bienes que conforman los referentes acerca de un pasado  que, al igual que el presente, es diverso y contradictorio tanto desde el punto  de vista social como cultural.</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  Si bien la Ley de  Protección y Defensa del Patrimonio Cultural introdujo algunas novedades, como  la de incluir la noción de “patrimonio cultural”, en relación con el viejo  concepto de “patrimonio histórico y artístico”, no obstante reprodujo algunos de  los conceptos de la antigua ley, como son los relacionados con la identificación  de los bienes y la actuación sobre los mismos. Dice la ley, en su artículo 6º:</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="center" style="text-align: justify"> 	<span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El Patrimonio Cultural de  la República a los efectos de esta Ley, está constituido por los bienes de  interés cultural así declarados que se encuentren en el territorio nacional o  que ingresen a él quien quiera que sea su propietario …</span></p> </blockquote>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  La ley le atribuye al  Instituto del Patrimonio Cultural la potestad de realizar las declaratorias de  los bienes que integran el patrimonio cultural venezolano, es decir, definir  cuál es el conjunto de bienes, tangibles e intangibles, que constituyen la  memoria histórica y los referentes culturales del país. Y esta selección parte  de una tipología previamente estipulada en la ley: bienes muebles, bienes  inmuebles, poblaciones, sitios arqueológicos, obras de arte, entorno ambiental y  paisajístico, patrimonio vivo, entre otros. Nuevamente se parte de una idea de  patrimonio según la cual éste existe <i>per se</i> y por lo tanto debe ser  identificado por un organismo del Estado, en este caso el Instituto del  Patrimonio Cultural. Si bien esta ley prevé la participación de organismos que  formalmente representan a la ciudadanía, como son los gobiernos regionales y  municipales, no va más allá en los términos de una verdadera participación  amplia y democrática y, especialmente, diversa desde el punto de vista de las  particularidades regionales y étnicas. En ningún momento se incorporan las ideas  que sobre la relación entre patrimonio cultural, diversidad étnico-cultural y  división social en clases, expusimos en el capítulo precedente. Sólo se  incorpora el término de patrimonio cultural, bajo la influencia de definiciones  como la de Unesco, que lo entiende como un amplio repertorio de bienes tangibles  e intangibles.</span></p>     <p align="center" style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  La práctica conservativa  desarrollada bajo los conceptos de esta ley persistió en un concepto de  patrimonio entendido como la creación de la cultura occidental, que constituye  la única forma posible de establecer referentes del pasado y de la memoria. En  segundo término, se elude la caracterización diversa y contradictoria de la  sociedad venezolana, dividida en clases con inte-reses antagónicos, pero también  como una sociedad con realidades culturales regionales y con grupos étnicos  diferenciados, lo que significa distintas maneras de construir la memoria y las  identidades. Derivado de esta visión de la sociedad y las identidades culturales  de Venezuela, se insiste en caracterizar el patrimonio cultural como un bien  colectivo (Posani, 1999, 5). Desde esta óptica, la cultura de los grupos  subalternos no se entiende como un recurso propio para la acción colectiva de  dichos grupos en procura de la reafirmación identitaria, sino de una deuda que  la sociedad (entiéndase los grupos dominantes) tienen para con las mismas y que  debe ser saldada mediante el reconocimiento por parte de las instituciones del  Estado venezolano, en este caso el Instituto del Patrimonio Cultural. Las  identidades étnicas se entienden como islas étnicas y su valoración significa  “devolverles por lo tanto el lugar que les corresponde, apreciándolos desde una  óptica contemporánea que permita restituirles el alto contenido que poseen de  incomparable originalidad humana” (Posani, 1999, 50).</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La Constitución de 1999:  nuevas oportunidades para la conservación  patrimonia</span></b><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">l</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La aprobación en diciembre  de 1999, mediante referendo democrático, de la Constitución de la República  Bolivariana de Venezuela, abrió nuevas expectativas en torno a la posibilidad de  desarrollar una nueva política acerca de la identificación y conservación del  patrimonio o, en otros términos, hacer de la identificación y conservación del  patrimonio un asunto político, superando la perspectiva que caracteriza a la Ley  de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural<i> </i>y a la praxis  conservativa generada por su aplicación, especialmente en lo que atañe a una  concepción de un patrimonio que existe como resultado de la acumulación de  bienes culturales que deberían ser compartidos por la sociedad en su conjunto,  más allá de las contradicciones de clase, étnicas, de género, etc., que tienen  una expresión política.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En efecto, la Constitución  de 1999 incluye en varios de sus apartes referencias explícitas al papel que  debe tener el patrimonio cultural en un proyecto de refundación de la República.  En el Preámbulo de la Constitución se expresa que esta refundación republicana  responde a la necesidad de establecer “una sociedad democrática, participativa y  protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y  descentralizado”. En el artículo 9 (título I) se reconoce en forma expresa que  los idiomas indígenas son “patrimonio cultural de la Nación y de la humanidad”.  En el capítulo VI, correspondiente a los derechos culturales y educativos, se  otorga al Estado la obligación de garantizar “la protección y preservación,  enriquecimiento, conservación y restauración del patrimonio cultural, tangible e  intangible, y la memoria histórica de la Nación”, siendo inalienables,  imprescriptibles e inembargables los bienes que constituyen el patrimonio  cultural (artículo 99); se reconoce la interculturalidad, la igualdad de las  culturas y se establece atención especial para las culturas populares  constitutivas de la nacionalidad (artículo 100); en el capítulo VIII (De los  derechos de los pueblos indígenas) se reconoce la existencia de los pueblos  indígenas, en sus aspectos sociales, políticos, económicos y culturales  (artículo 119) y su derecho al mantenimiento y desarrollo de su identidad étnica  y cultural (artículo 121), su medicina y terapias complementarias (artículo  122), sus prácticas económicas (artículo 123), la protección de sus  conocimientos colectivos (artículo 124) y la participación política (artículo  125).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">No hay duda del avance de  este texto constitucional respecto al que estaba vigente desde 1961, en el cual  el patrimonio cultural era entendido como patrimonio histórico, formado por  “obras, objetos y monumentos de valor histórico o artístico que se encuentren en  el país”, y correspondía al Estado velar por la protección y conservación de  dichas obras (artículo 83). Pero, por otra parte, la Constitución de 1999, que  considera al Municipio como la unidad política primaria de la organización  nacional (artículo 168), le concede al Poder Público Municipal competencia en el  área de patrimonio histórico, sin menoscabo de la competencia nacional y  estadal, como parte de la promoción de la participación y mejoramiento de la  calidad de vida de la comunidad (artículo 178). Y, además, se prevé la creación,  mediante ley, de mecanismos para la transferencia desde los Estados y los  Municipios de servicios, entre ellos los culturales, a organizaciones  comunitarias y vecinales que demuestren capacidad para la prestación de esos  servicios (artículo 184).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Esta previsión  constitucional dio lugar al decreto de la Ley de los Consejos Comunales por  parte de la Asamblea Nacional en abril de 2006. Según esta Ley, se considera  como comunidad un conglomerado de familias y ciudadanos que habitan una misma  área geográfica, comparten una historia común, tienen intereses similares, se  relacionan entre sí, comparten los mismos servicios públicos y tienen similares  necesidades y potenciales de tipo económico, social, urbanístico, etc. Dentro de  esta definición de comunidad se particulariza la definición de las comunidades  indígenas, entendidas como grupos de familias indígenas asociadas entre sí,  pertenecientes a uno o más pueblos indígenas, ubicados en un mismo espacio  geográfico y organizados según “pautas culturales propias de cada pueblo, con o  sin modificaciones provenientes de otras culturas” (artículo 4). De acuerdo con  esta definición de comunidad, los consejos comunales como forma de organización  social son:</span></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> 	<span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">… instancias de  participación, articulación e integración entre las diversas organizaciones  comunitarias, grupos sociales y los ciudadanos y ciudadanas, que permiten al  pueblo organizado ejercer directamente la gestión de las políticas públicas y  proyectos orientados a responder a las necesidades y aspiraciones de las  comunidades en la construcción de una sociedad de equidad y justicia social  (artículo 2).</span></p> </blockquote>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Al igual que en lo que  atañe a la organización comunal, la Constitución de 1999 ha hecho posible la  redacción de otros textos legales relacionados con la cultura y los derechos  territoriales de grupos étnicos venezolanos, específicamente con los pueblos  indígenas. La Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras de los Pueblos  Indígenas (diciembre 2001) y la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas  (diciembre 2005) contienen definiciones sobre las culturas, prácticas  económicas, organización social y hábitat de los pueblos indígenas que se  relacionan directamente con el acervo cultural de estos pueblos, es decir, con  su patrimonio cultural. La Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas basa  su definición de pueblos y comunidades indígenas a partir de conceptos como  identidad étnica y cultura propia, en los términos que los hemos discutido en  párrafos precedentes. Pero también estipula que el Estado debe cooperar en la  conservación, restauración y protección de los bienes materiales del patrimonio  cultural indígena, bienes que sólo pueden ser trasladados previa consulta y  consentimiento de las comunidades y pueblos indígenas y, en caso de transgresión  de esta norma, el Estado garantizará la restitución de los bienes y la  indemnización por los daños y perjuicios ocasionados (artículo 89). Esta  protección de los bienes culturales se extiende al patrimonio arqueológico  ubicado en el hábitat y tierras de los pueblos indígenas, pues es considerado  “patrimonio cultural de los pueblos indígenas y de la Nación” (artículo 93).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">A diferencia de las  necesarias definiciones incluidas en las dos leyes antes mencionadas, no  encontramos luego de la aprobación de la Constitución de 1999 nuevos enunciados  acerca del patrimonio cultural en Venezuela. Es cierto que al calor de la  búsqueda de elementos de referencia cultural han surgido iniciativas, tanto en  el gobierno central como en algunas gobernaciones y alcaldías, que intentan  transitar un camino distinto en lo que se refiere a la actuación del Estado  sobre el patrimonio. Hoy existen varias experiencias regionales y locales que  desarrollan programas y proyectos relacionados con la conservación del  patrimonio histórico y cultural. Un caso ilustrativo es Caracas, donde existe  un&nbsp; Instituto Metropolitano de Patrimonio Cultural, adscrito a la Alcaldía  Metropolitana (donde además se ha organizado un Instituto de Investigación  Histórica) y Fundapatrimonio (Fundación para la Protección y Defensa del  Patrimonio Cultural de Caracas), adscrita a la Alcaldía del Municipio  Libertador. Además, en Caracas tiene su sede el Instituto del Patrimonio  Cultural, cuyo ámbito de actuación es nacional, como ya lo mencionamos. Sin  embargo, los límites para la definición del patrimonio cultural están dados por  la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural<i>,</i> que, como antes  dijimos, confunde el concepto de patrimonio con una lista de algunos de los  posibles tipos de patrimonio.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Un intento por superar las  definiciones apriorísticas de los bienes que conforman el patrimonio ha sido el  I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano, desarrollado por el Instituto del  Patrimonio Cultural. Este proyecto, que ha dado lugar a varias publicaciones  sobre patrimonios locales, parte de una crítica a los criterios que se han  seguido para la identificación y protección de los bienes culturales,  especialmente en lo que corresponde a la declaratoria de los bienes que forman  parte del patrimonio cultural venezolano (Instituto del Patrimonio Cultural,  2006, 13). Este censo persigue la identificación del patrimonio “desde la  perspectiva de las comunidades”, para lo que diseñó una estrategia organizativa  que tiene como base el nivel municipal (Instituto del Patrimonio Cultural, 2006,  16). Como cualquier censo, el registro se ha realizado utilizando fichas como  instrumentos para la recolección de la información, que se ha discriminado a  partir de la siguiente tipología del patrimonio: los objetos, lo construido,  creación individual, tradición oral y manifestaciones colectivas (Instituto del  Patrimonio Cultural, 2006, 31-32).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Esta experiencia  constituye un avance en lo que significa el proceso de identificación de los  bienes que integran el patrimonio cultural. No hay duda de su utilidad tanto  para las comunidades como para el Instituto del Patrimonio Cultural en tanto  instancia gubernamental encargada de la protección y conservación del patrimonio  cultural. Sin embargo, en nuestra opinión persisten limitaciones derivadas del  marco legal en que se desempeña el Instituto del Patrimonio Cultural y, por  tanto, en el que se desarrolla el Censo del Patrimonio Cultural. Sin desestimar  que a partir de este censo se puedan derivar políticas y lineamientos de  actuación del Estado y de la ciudadanía, la consecuencia inmediata ha sido la de  declarar como bienes de interés cultural “cada una de las manifestaciones  culturales tangibles e intangibles” registradas en el I Censo del Patrimonio  Cultural Venezolano ((Instituto del Patrimonio Cultural, 2006, 40). Siguiendo  las pautas –y las limitaciones conceptuales– de la Ley de Protección y Defensa  del Patrimonio Cultural, se protege legalmente lo que se identifica como  patrimonio cultural a partir de categorías previamente establecidas. El problema  consiste en preguntarse si los inventarios o censos patrimoniales permiten  generar procesos permanentes de identificación del patrimonio cultural, si  permiten aprehender los complejos y continuos procesos de adopción y abandono de  elementos culturales.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Otro aspecto problemático  corresponde a la escala del inventario. Si bien el nivel municipal es la unidad  política primaria, la permanencia de elementos culturales (a través de la  herencia cultural) y la incorporación de nuevos elementos tienen un carácter  fundamentalmente local. El ámbito municipal no necesariamente permite la  identificación de particularidades culturales locales, pues los territorios  municipales son unidades políticas resultantes de procesos históricos y, por  tanto, heterogéneos en cuanto a las formas de identificación cultural. La escala  local (que puede ser muy diversa en cuanto a su definición) permite que el <i> significado</i> adquiera mayor importancia en los procesos de identificación del  patrimonio, lo que hace posible que las comunidades antepongan al significado a  otras formas de legitimación que provienen de la externalidad cultural y que  conciben al patrimonio como una realidad preexistente y no como una construcción  social (Prats, 2005, 25).</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Pensamos que es necesario  un nuevo marco legal para la actuación del Estado en cuanto a la protección y  conservación del patrimonio cultural. La Constitución de 1999, que establece los  derechos culturales de los venezolanos, e instrumentos legales como la Ley de  los Consejos Comunales, que garantiza y promueve las decisiones a partir de las  organizaciones comunitarias, son un marco de referencia que permitiría  actualizar la legislación patrimonial. Pero un nuevo instrumento legal debe ser  el resultado de una reflexión acerca de qué se entiende por patrimonio cultural,  cómo se activa el patrimonio, cuál es el nivel o niveles en que esta activación  debe tener lugar y cuál debe ser el papel de los ciudadanos y del Estado en la  identificación y preservación de los elementos del acervo  cultural.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Bibliografía</span></b></p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">1. Amodio, Emanuele  (1997): <i>La artesanía indígena en Venezuela</i>: Dirección Nacional de  Artesanías. Caracas, Consejo Nacional de la Cultura.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417708&pid=S1315-6411200700030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify; line-height: normal; margin-bottom: .0001pt"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">2. Amodio, Emanuele  (1999): “La historia de papel” en <i>Hacia la antropología del siglo </i> <span style="font-variant: small-caps">xxi</span>. Tomo I. L. Meneses Pacheco,  J. Clarac de Briceño&nbsp; y G. Gordones Rojas, editores. Mérida: Conicit, Conac,  Museo Arqueológico-ULA, CIET-ULA. pp. 332-337.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417709&pid=S1315-6411200700030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify; line-height: normal; margin-bottom: .0001pt"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">3. Amodio, Emanuele  (2000): “El patrimonio histórico y cultural. Una perspectiva antropológica”, en <i>Boletín Museo Antropológico de Quíbor</i>,<i> </i>7, pp. 139-148.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417710&pid=S1315-6411200700030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: black">4. Ballart, </span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Josep<span style="color: black">  (1997): <i>El patrimonio histórico y arqueológico: valor y uso</i>. </span> </span> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: black"> Barcelona, Editorial Ariel S.A.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417711&pid=S1315-6411200700030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="EN-GB" style="font-family: Verdana"><font size="2">5. Bond, George y Angela Gilliam  (1994): “Introduction”, en </font> </span><font size="2"><i> <span lang="EN-US" style="font-family: Verdana">Social Construction<span style="color: black">  of the Past. Representation as Power</span></span></i><span lang="EN-US" style="font-family: Verdana; color: black">.  G. C</span><span lang="EN-GB" style="font-family: Verdana; color: black">. Bond  y A. Gilliam, Nueva</span></font><span lang="EN-US" style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">  York: Routledge, pp. 1-22. </font> </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417712&pid=S1315-6411200700030000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">6. Bonfil Batalla, Guillermo  (1989): “La teoría del control cultural en el estudio de procesos étnicos”. En: <i>Arinsana</i>, 10, pp. 5-36. </font> </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417713&pid=S1315-6411200700030000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">7. Bonfil  Batalla, Guillermo (1997a): “Nuestro  patrimonio cultural: un laberinto de significados”. <i>El Patrimonio Cultural de  México. </i>E. Florescano, coordinador. Tomo I. México: Consejo Nacional para la  Cultura y las Artes-Fondo de Cultura Económica. pp. 28-56.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417714&pid=S1315-6411200700030000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana; color: black"><font size="2">8. Bonfil  Batalla, Guillermo (1997b):  “Implicaciones éticas del sistema de control cultural”. <i>Ética y diversidad  cultural</i>. L. Olivé, compilador. México: Fondo de Cultura Económica, pp.  195-204.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417715&pid=S1315-6411200700030000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">9. Florescano, Enrique (1985):  “De la memoria del poder a la historia como explicación”: <i>Historia para qué?. </i> México,<i> </i>Siglo XXI Editores, pp. 91-127.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417716&pid=S1315-6411200700030000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">10. Instituto del Patrimonio Cultural (2006): <i>I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano ¿Cómo se hizo?.</i> Caracas,  Instituto del Patrimonio Cultural.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417717&pid=S1315-6411200700030000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">11. Molina, Luis (2000): “La conservación y  restauración del patrimonio cultural edificado en Venezuela: Una mirada desde  los proyectos político-ideológicos (1870-1845)”. <i>Boletín Museo Antropológico  de Quibor</i>,<i> </i>7, en pp. 149-156. </font> </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417718&pid=S1315-6411200700030000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">12. Posani, Juan Pedro (1999): <i> Lineamientos de política de conservación</i>. Caracas, Instituto del Patrimonio  Cultural.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417719&pid=S1315-6411200700030000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">13. Prats, Llorenc (1996):  “Antropología y patrimonio”, en <i>Ensayos de antropología cultural. Homenaje a  Claudio Esteva-Fabregat</i>. J. Prat&nbsp; y A. Martínez, editores. Barcelona:  Editorial Ariel S.A. Barcelona, pp. 294-299. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417720&pid=S1315-6411200700030000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">14. Prats, Llorenc (2005):  “Concepto y gestión del patrimonio local” En: <i>Cuadernos de Antropología  Social</i>, 21, pp. 17-35. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417721&pid=S1315-6411200700030000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-family: Verdana"><font size="2">15. Shack, William (1994): “The  Construction of Antiquity and the Egalitarian Principle: Social Constructions of  the Past in th</font></span><span lang="EN-GB" style="font-family: Verdana"><font size="2">e Present”,  en: <i><span style="color: black">Social Construction of the Past.  Representation as Power</span></i></font><span style="color: black"><font size="2">. George Bond y  Angela Gilliam, 1. editores. Nueva York, Routledge, pp. 113-118.</font></span></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2417722&pid=S1315-6411200700030000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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