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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las políticas laborales en Argentina: teoría, práctica y hegemonía]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[During the nineties, the region experienced a broad process of reforms inspired by the diagnoses proposed by neoclassic and orthodox economic theories. Transformations implemented regarding the labor market were framed within this tendency, and in Argentina, reached their height during the governments of Menem and De La Rua, which intensified policies along lines initiated by the last military government. After three decades of gradually reducing real salaries and dismantling institutional worker protection mechanisms, at the beginning of the XXI century, Argentinean society found itself with the highest unemployment levels and the most unequal income distribution in its history. Evolution of these variables not only calls into question the appropriateness of orthodox economic prescriptions, but also helps them be seen as part of hegemonic thinking that, far from seeking genuine solutions to problems of unemployment and poverty, had the objective of legitimating measures that led to promoting concentration of functional income with specific sectoral interests.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"> <B><font color="000000" face="Verdana" size="3">Las políticas laborales en Argentina: teoría, práctica y hegemonía</font></B></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>Marcos Esteban Gallo</B></I></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Universidad Nacional de Mar del Plata. Facultad de Ciencias Económicas y  Sociales. E-mail: mgallo@mdp.edu.ar Tel. +54 223 474-9696 int. 335 Funes  3250 – CP 7600 – Mar del Plata. Argentina</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “… le dio autoridad el hecho de que podía explicar muchas injusticias sociales  y aparente crueldad como un incidente inevitable en la marcha del progreso,  y que el intento de cambiar estas cosas tenía, en términos generales, más  probabilidades de causar daño que beneficio; y, por fin, el proporcionar  cierta justificación a la libertad de acción de los capitalistas individuales  le atrajo el apoyo de la fuerza social dominante que se hallaba tras la  autoridad.” “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” (John  Maynard Keynes, 1974: 40).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B></FONT></P>  <font face="Verdana" size="2">  <A NAME="gaceta-3"></A></font>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Durante la década de los noventa la región ha experimentado un amplio proceso  de reformas inspiradas en los diagnósticos propuestos por teorías económicas  de corte neoclásico u ortodoxo. Las transformaciones implementadas sobre  el mercado laboral se enmarcan en esta tendencia, y en Argentina alcanzaron  su apogeo durante los gobiernos de Menem y de De La Rúa, que profundizaron  en este sentido, los lineamientos inaugurados por el último gobierno militar.  Tras tres décadas de reducción progresiva de los salarios reales y de desmantelamiento  de los mecanismos institucionales de protección de los trabajadores, al  comenzar el siglo XXI la sociedad Argentina se encontró con los mayores  índices de desempleo y con la distribución del ingreso más desigual de  su historia. La evolución de estas variables no sólo pone en cuestión la  pertinencia de las prescripciones de la política económica ortodoxa, sino  que lleva a ver a la misma como parte de un pensamiento hegemónico que,  lejos de buscar una solución genuina a los problemas del desempleo y la  pobreza, tuvo por objetivo legitimar las medidas conducentes a promover  una concentración del ingreso funcional a intereses sectoriales específicos.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave:</B> Merado de trabajo, teoría neoclásica, políticas laborales.</FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <b> Labor Policies in Argentina: Theory, Practice and Hegemony</b></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B></FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> During the nineties, the region experienced a broad process of reforms  inspired by the diagnoses proposed by neoclassic and orthodox economic  theories. Transformations implemented regarding the labor market were framed  within this tendency, and in Argentina, reached their height during the  governments of Menem and De La Rua, which intensified policies along lines  initiated by the last military government. After three decades of gradually  reducing real salaries and dismantling institutional worker protection  mechanisms, at the beginning of the XXI century, Argentinean society found  itself with the highest unemployment levels and the most unequal income  distribution in its history. Evolution of these variables not only calls  into question the appropriateness of orthodox economic prescriptions, but  also helps them be seen as part of hegemonic thinking that, far from seeking  genuine solutions to problems of unemployment and poverty, had the objective  of legitimating measures that led to promoting concentration of functional  income with specific sectoral interests.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words:</B>&nbsp; Labor market, neoclassic theory, labor policies.</FONT></P>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 30-09-2006 .   Aceptado: 29-05-2007</FONT></p>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Introducción</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Desde inicios de la década del noventa se han implementado en Argentina  diversos instrumentos tendientes ha inducir profundas reformas en el funcionamiento  del mercado de trabajo. En el marco de la llamada flexibilización laboral,  se han atenuado o eliminado muchas de las regulaciones que históricamente  determinaron la dinámica del mercado laboral durante la vigencia del Estado  de Bienestar. En este sentido, el ejemplo argentino puede interpretarse  como un caso particular dentro de las tendencias generales que marcaron  los lineamientos de política en la región durante los últimos veinte años.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estas medidas estaban inspiradas en una concepción teórica neoclásica,  según la cual el desempleo era el resultado de distorsiones introducidas  por los mecanismos regulatorios que entorpecían el accionar de las fuerzas  del mercado. En consecuencia, la mejor política laboral era aquella que  reducía dichas regulaciones, ampliando la jurisdicción del mercado en la  asignación de la fuerza de trabajo y en la determinación del salario, lo  cual se lograría mediante la flexibilización de los mecanismos de contratación  laboral.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, la aplicación sistemática de estas políticas durante más de  una década no ha logrado revertir las tendencias de largo plazo que presenta  el mercado laboral argentino. Así, durante los últimos treinta años el  salario real en Argentina ha experimentado una fuerte pérdida de su poder  adquisitivo. Concomitantemente, en cada nueva fase del ciclo económico  los índices de desempleo y subempleo se han instalado en niveles progresivamente  más elevados, junto con porcentajes crecientes de pobreza e indigencia.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La evolución de estas variables parece contradecir los diagnósticos que  se basaban en los enunciados ortodoxos. En efecto, en la década de los  noventa se han experimentado los mayores índices de desempleo de la historia,  sin que se haya revertido la tendencia declinante de los salarios reales.  Como contrapartida, se ha registrado un proceso de concentración del ingreso  que, iniciado a mediados de los setenta, alcanza niveles inusitados a inicios  del siglo XXI.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este cuadro de situación no sólo lleva a replantear la pertinencia de los  diagnósticos oficiales basados en la teoría neoclásica, sino que abre interrogantes  acerca de las propias finalidades de las políticas laborales. En efecto,  teniendo en cuenta los hechos, cabe pensar que la llamada flexibilización  laboral tuvo por objetivo remover lo que constituía una serie de obstáculos  para la dinámica regresiva y concentradora de la economía argentina, en  beneficio de la elite económica que consolidó su poder a partir del golpe  de estado de 1976. En este sentido, el esquema de pensamiento ortodoxo  habría servido como justificación moral y técnica de las reformas, al presentar  como medidas idóneas y necesarias para la generación de empleo lo que en  verdad se hacía en beneficio de intereses sectoriales específicos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este trabajo tiene por objetivo reflexionar acerca de la cuestión mencionada,  efectuando una breve reseña comparativa de las políticas laborales aplicadas  en Argentina durante las últimas décadas, a la luz de los hechos y de las  explicaciones que ofrecen diferentes teorías alternativas. Previamente  se analizan los principales postulados de la teoría neoclásica del mercado  laboral, en forma comparada con otras posturas teóricas, haciendo especial  hincapié en su carácter relativo y en las particularidades que condicionan  su validez.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>La visión hegemónica: la ortodoxia</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La estructura y la lógica del pensamiento neoclásico han aparecido durante  las últimas décadas como un soporte fundamental de la legitimación de las  reformas estructurales y de las nuevas realidades sociales emergentes.  En efecto, es fácil detectar en los discursos legitimantes y en los diagnósticos  oficiales premisas y frases hechas que remiten a esta postura teórica.  Las transformaciones que se operaron sobre el mercado de trabajo no son  una excepción en este sentido, y es posible ver que la llamada flexibilización  laboral encuentra en las premisas neoclásicas una importante justificación,  pretendidamente científica.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, la interpretación ortodoxa del mercado de trabajo parte de  una serie de premisas y se enmarca en una visión específica de los fenómenos  sociales y económicos, lo cual obliga a relativizar los diagnósticos y  las conclusiones que puedan inferirse a partir de ella. Y si bien lo mismo  puede decirse en relación a cualquier teoría, especialmente en el campo  de las ciencias sociales, cuando sobre la teoría se monta la propaganda,  comúnmente se busca eludir los cuestionamientos que pueden caberle a la  primera.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En tal sentido, puede ser útil explicitar las concepciones sobre las que  se basa la visión neoclásica del mercado de trabajo a fin de relativizar  su pertinencia. Tal propósito es el que guía los párrafos siguientes, procurando  demostrar que, contrariamente a sus postulados, los supuestos de este esquema  teórico remiten implícitamente a condiciones históricas y sociales específicas,  y que en ese contexto, constituye una pieza fundamental de una visión hegemónica  funcional a intereses concretos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La característica principal del modelo ortodoxo del mercado de trabajo  es que constituye una extensión del análisis general de los mercados en  términos de precios y cantidades. Se niega así la posibilidad de que el  objeto de análisis presente alguna especificidad que lo torne distinto  de los mercados de bienes (Monza, 1981). En consecuencia, el análisis gira  en torno a los mecanismos a través de los cuales se llega a un equilibrio;  esto es, una situación en la cual no operan fuerzas desestabilizadoras,  por lo cual constituye una situación óptima y deseable.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El mercado de trabajo neoclásico es también un mercado competitivo, lo  cual implica la libre concurrencia de los individuos en procura maximizar  su utilidad. Se trata en consecuencia, de una teoría de decisiones individuales  libremente adoptadas, en la que no hay lugar para la coacción o el conflicto.  El análisis agregado se hace en términos de magnitudes marginales, y cuando  el mercado está en equilibrio se obtiene la máxima utilidad agregada; una  manera formalizada de apelar al aserto de Bentham que propone “la mayor  felicidad para el mayor número” como finalidad última de toda política.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otra parte, el esquema soslaya cualquier referencia a los aspectos  sociales e institucionales, y reclama para sí una validez pretendidamente  universal, con prescindencia de especificidades históricas y espaciales  (Monza, op. cit.).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La analogía con la generalidad de los mercados de productos requiere de  una función que relacione cantidad demandada de empleo con su precio, en  este caso el salario real. Se requiere asimismo de una función de oferta,  en la que la fuerza de trabajo disponible en el mercado se relacione también  con el salario real.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La primera se obtiene a partir de la noción de productividad marginal decreciente  del trabajo, de modo que el producto adicionado por el último trabajador  contratado en la economía se iguale al nivel de salario real. Así se obtiene  una función de demanda de trabajo que relaciona inversamente la cantidad  de mano de obra contratada con su precio -el salario-. La propia noción  de productividad marginal del trabajo implica necesariamente una elevada  elasticidad de sustitución entre capital y trabajo, dado que parte de la  condición de que el trabajo es el único factor variable. Si esto es cierto,  es posible plantear una demanda de trabajo que dependa principalmente del  nivel de salario real, en tanto que el stock de capital es un dato, cuya  variación en el largo plazo puede ser representada con desplazamientos  de la función de demanda. Sin embargo, la existencia de una amplia posibilidad  de sustitución entre capital y trabajo es un supuesto por demás discutible  que pone en entredicho la relevancia explicativa del esquema neoclásico.  En efecto, si la posibilidad de sustitución entre factores es reducida,  el margen dentro del cual la cantidad demandada de trabajo puede variar  ante cambios en el salario real puede ser muy estrecho. En estas condiciones  el salario pierde relevancia como variable determinante de la demanda de  trabajo, y su lugar pasa a ser ocupado por la acumulación global de capital,  tal como lo plantean los modelos ricardiano y marxista (Carciofi, 1986).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En cuanto a la función de oferta, se la presenta como sensible al nivel  del salario real y positivamente relacionada con éste. La forma de la función  se deriva de la extensión de la teoría del consumidor a las posibilidades  de elección entre ocio y consumo de que dispone el trabajador. Aquí el  salario real de la última hora de trabajo ofrecida en el mercado debe compensar  a la utilidad marginal perdida por el ocio sacrificado. Que la curva de  oferta de trabajo presente una pendiente positiva es también cuestionable,  dado que es harto dudoso que los trabajadores dispongan de la mencionada  posibilidad de elección entre ocio y consumo. Por el contrario, la necesidad  de trabajar es impuesta por los requerimientos de subsistencia de los trabajadores,  de modo tal que es dable suponer que para niveles de desempleo elevado  la curva de oferta de trabajo sea sumamente elástica a un nivel de salario  real próximo a los niveles de subsistencia. Sólo en situaciones cercanas  a la plena utilización de la fuerza de trabajo disponible en la comunidad  es verosímil concebir una curva de oferta de trabajo en la que la incorporación  de nuevos trabajadores requiera aumentos en el salario real, y el desempleo  existente provenga de la libre elección de las personas de no trabajar  al nivel de salario vigente. Pero ésta es una situación resultante de la  interacción entre el ritmo de acumulación de capital y factores demográficos,  de modo tal que el primero permita absorber la eventual existencia de un  excedente relativo de población. Sólo en ausencia de éste último es posible  considerar el funcionamiento del mercado laboral en los términos planteados  por el modelo neoclásico, a lo que debe agregarse como condición la plena  utilización del stock de capital existente, situación a la que según Keynes  (1974: 36) sólo se llega “por accidente o por designio” cuando consumo  e inversión proveen la demanda efectiva necesaria.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En realidad, el modo en que está construida la teoría neoclásica soslaya  la consideración de las cuestiones mencionadas precedentemente. La suposición  de una elevada posibilidad de sustitución entre capital y trabajo descarta  la posibilidad de un excedente estructural de población, ya que con el  stock de capital existente cualquier persona que quiera trabajar podrá  hacerlo, a cambio de que acepte la reducción en el salario que se deriva  de su menor contribución marginal al producto. Una función de oferta de  trabajo con pendiente mayor que cero descarta la posibilidad de desempleo  involuntario, ya que los únicos desempleados serían quienes se empeñan  en percibir un salario mayor a la productividad marginal de su trabajo.  Finalmente, la aceptación incondicional de la ley de Say<SUP>1</SUP> descarta la posibilidad  de subutilización del stock de capital existente, ya que si la oferta crea  su propia demanda no hay motivos para limitar la producción manteniendo  recursos ociosos, así como tampoco hay motivos para restringir el número  de trabajadores contratados, siempre y cuando éstos acepten percibir el  salario determinado por el mercado. En estas condiciones nada debería detener  un ascendente círculo virtuoso entre empleo y producto hasta la plena utilización  de los recursos de la comunidad, excepto la obstinación de los trabajadores  en percibir salarios elevados.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De este modo, en una sociedad libre de tutelas corporativas, en donde predomine  una economía competitiva y en donde el Estado limite su intervención en  los asuntos económicos, excepto para promover el libre juego de la oferta  y la demanda, los mecanismos del mercado guiarían de manera armónica a  los agentes económicos hacia la maximización de la utilidad social. Cualquier  anomalía sólo puede deberse a las pretensiones desmedidas de los trabajadores  o a los intentos del Estado de forzar una distribución del ingreso antinatural,  la cual es también determinada de manera armónica por el mercado en función  a la contribución de los factores al producto total.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estas conclusiones tornan a la teoría neoclásica enteramente funcional  a los intereses de la burguesía industrial europea de la segunda mitad  del siglo XIX. Su análisis estrictamente individualista elude cualquier  consideración de los problemas económicos en términos de clases sociales  o grupos de interés, negando así la posibilidad de conflictos. Su pretensión  de universalidad, con independencia de condiciones históricas y espaciales,  la dogmatizan y la convierten en parte de los que en términos gramscianos  se denomina una visión hegemónica, una concepción del mundo funcional a  los intereses de una clase dominante que tiene en los economistas neoclásicos  a sus más tenaces intelectuales orgánicos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En realidad la pretendida ahistoricidad del modelo neoclásico parte de  soslayar lo que es quizás su supuesto fundamental: la plena vigencia de  los derechos civiles, en el sentido en que los define Thomas Marshall (1997),  es decir, como la igualdad formal en el status jurídico de todos los ciudadanos  y la liberación respecto a las relaciones sociales tutelares propias de  la sociedad feudal y del Antiguo Régimen. Pero el hombre libre que constituye  la unidad de análisis de la teoría ortodoxa es una construcción reciente  en la historia, producto de las revoluciones burguesas de los siglos XVIII  y XIX. Lo que predomina en la historia de manera casi universal son formas  más o menos rígidas o estructuradas de relaciones jerárquicas formales,  combinadas con diferentes grados de servidumbre y coacción (Anderson, 1993).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, contrariamente a la idea más difundida, el esquema de pensamiento  neoclásico presenta una historicidad y una locación específica, y deriva  sus principales conclusiones de una serie de supuestos muy restrictivos  que limitan su validez a circunstancias particulares.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Algunas visiones alternativas</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Tanto la economía política clásica como diversas corrientes de corte heterodoxo  siguen derroteros de razonamiento diferentes a los de la teoría neoclásica,  partiendo de premisas significativamente distintas. Así, en primer lugar,  tanto para el modelo ricardiano como para el esquema marxista, no existe  una elevada posibilidad de sustitución entre capital y trabajo. En consecuencia,  la variable más relevante en la determinación de la demanda de trabajo  es el ritmo de acumulación de capital, y no el salario real (Carciofi,  1986; Sweezy, 1958). Si esto es sí, un stock dado de capital podrá absorber  una cantidad limitada de mano de obra, lo que deja abierta la posibilidad  de concebir la existencia de un excedente estructural de población en relación  a los medios de producción existentes.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ricardo resuelve este problema enfrentando a la demanda de trabajo con  una oferta que es también una teoría de la población. Así, un exceso de  fuerza de trabajo determinará un salario real insuficiente para cubrir  los requerimientos de subsistencia, lo cual limitará la reproducción biológica  de los trabajadores. Este mecanismo de ajuste, inspirado en la teoría de  la población de Malthus, aseguraba el pleno empleo de la manera más cruenta.  Pero para Marx la evolución de la población sigue mecanismos más complejos  que los planteados por Malthus, y abonados por Ricardo, por lo cual la  presencia de una superpoblación relativa constituye un elemento central  dentro del razonamiento marxista, y se abandona toda idea de pleno empleo  como un resultado necesario de la dinámica del sistema. Esta superpoblación  es relativa porque su exceso está determinado, no por los medios de subsistencia  como en Malthus, sino por los medios de producción, es decir, por la acumulación  de capital (Nun, 2001).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta idea de la superpoblación relativa es la categoría teórica a la que  remiten ciertos enfoques que buscan explicar el carácter dual de las sociedades  y de los sistemas productivos en los países periféricos. Así, tanto la  teoría de la masa marginal<SUP>2</SUP> como algunos de los enfoques referidos al Sector  Informal Urbano<SUP>3</SUP> encuentran en los modelos de desarrollo implantados en  los países latinoamericanos las causas de la existencia de un excedente  estructural de mano de obra. Éste puede ser afuncional (Nun, op. cit.),  o bien dar lugar a la generación de un amplio espectro de actividades productivas  que mantienen diversos nexos de funcionalidad con los sectores más dinámicos  de la economía (Portes y Walton, 1981; Tokman, 1989).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En cuanto al salario real, no existe un nivel que equilibre el mercado.  Tanto para Marx como para Ricardo, el salario real es un dato exógeno al  modelo, determinado por los requerimientos de subsistencia de los trabajadores.  Si bien no se niega la influencia de la oferta y la demanda de trabajo  sobre esta variable bajo determinadas circunstancias, el salario de subsistencia  constituye un punto referencial en torno del cual giran sus fluctuaciones  y hacia el que tienden sus movimientos a largo plazo.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, uno de los aspectos más destacables acerca de los mecanismos  de determinación del salario es que remiten a una relación de conflicto  que en Marx se hace explícita bajo la consigna de la lucha de clases. Al  respecto dice Nun (2001: 51): “Ricardo [...] se afirma en una idea central:  ‘si los salarios suben, las ganancias bajan’. Por lo tanto, al avanzar  el proceso de acumulación e incrementarse la demanda de trabajo, el precio  de esta mercancía podría subir hasta desaparecer la utilidad del empresario”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta idea permite arribar a una cuestión central: la de la relación salarios/  beneficios como núcleo en torno al cual gira la problemática de la distribución  del ingreso y el conflicto social. Esta es la perspectiva abordada por  las corrientes poskeyensianas, según las cuales los salarios y los beneficios  son el resultado, ante todo, de un proceso de negociación institucional  de carácter netamente conflictivo (Carciofi, op. cit.). El nexo entre salarios  y beneficios se encuentra mediado por el nivel de precios, el cual determina  por un lado el poder adquisitivo del salario, y por el otro la proporción  de los precios de venta que se incorpora al beneficio del empresario mediante  el mecanismo del ‘mark up’. En este esquema, los procesos inflacionarios  no serían resultado de los desajustes del mercado monetario o de la tensión  entre demanda y oferta, sino que serían uno de los campos en los que se  dirime la puja distributiva. En consecuencia, según Carciofi, el aumento  de la productividad es el principal factor que permite estabilizar el sistema  de precios y evitar una prolongación estéril de la pugna por la distribución  del ingreso.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, el grado de equidad en que los sucesivos aumentos de productividad  se irán distribuyendo estará condicionado por el acuerdo institucional  de fondo que rige la distribución del ingreso. Aquí interviene el poder  de negociación de las partes, que en el caso de las empresas está directamente  vinculado a la estructura de los mercados y al grado de monopolio de las  industrias, que es lo que determinará su poder para establecer el mark  up, y a través de éste, la porción del incremento en los salarios que se  trasladará a los precios. A su vez, mediante la fijación de los precios,  las empresas influyen en el poder adquisitivo del salario.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De este modo, en estructuras productivas y de mercado altamente concentradas,  el poder de monopolio de las empresas les permitiría apropiarse de los  aumentos de productividad a la manera de cuasirentas tecnológicas, evitando  trasladar a los precios la reducción de costos derivada de la mayor productividad  (Sylos Labini, 1966). Así se avala la afirmación de Kalecki (1977) según  la cual las variaciones del grado de monopolio no sólo tienen una incidencia  decisiva en la distribución del ingreso entre trabajadores y capitalistas,  sino en ciertos casos también, en la distribución del ingreso entre distintas  fracciones dentro de la propia clase capitalista.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En resumen, puede concluirse que en los mecanismos que determinan el nivel  de empleo y el salario intervienen numerosos factores que escapan a la  capacidad explicativa del modelo neoclásico. Éste último, en cambio, ofrece  un análisis válido bajo ciertas circunstancias específicas. En primer,  un ritmo de acumulación de capital que permita la absorción de los eventuales  excedentes de población. Esta premisa parte del convencimiento de que por  más amplia que sea la posibilidad de sustitución entre capital y trabajo,  nunca podrá ser tal que permita la absorción de cualquier contingente de  mano de obra con un stock de capital fijo. En segundo lugar, el stock de  capital existente debe ser plenamente utilizado, lo cual depende, como  explicó Keynes, del nivel de demanda efectiva, si es que se descarta el  nexo entre oferta y demanda postulado por la ley de Say. Sólo en estas  circunstancias la economía se hallará en pleno empleo, y todo aquél que  quiera trabajar podrá hacerlo si acepta el nivel de salario vigente.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Aproximación a la realidad Argentina</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A comienzos de la década del noventa se inicia en Argentina un período  de profundas reformas estructurales que, en términos históricos, significó  la consolidación de un nuevo patrón de acumulación, cuyos orígenes se remontan  a la clausura violenta del modelo sustitutivo a mediados de los setenta.  Es entonces cuando, bajo el sello de las políticas económicas aplicadas  por la dictadura militar, comienzan a hacerse visibles tendencias que se  consolidarían más tarde, como el deterioro general de las condiciones del  mercado de trabajo o el aumento en los niveles de pobreza y desigualdad.  No obstante, en un primer momento, estas problemáticas están lejos de presentar  el grado de gravedad que alcanzarían en los años noventa.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En una perspectiva más amplia, esta exacerbación de los problemas sociales  y laborales se enmarca dentro del proceso general de estancamiento económico,  pauperización y concentración del ingreso que con intensidad creciente  ha experimentado la región desde principios de los ochenta.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El gobierno militar que irrumpió en 1976 tuvo por finalidad la reestructuración  profunda del conjunto de las relaciones sociales y económicas que hasta  entonces, y desde los años cuarenta, se habían desarrollado en el marco  de la sustitución de importaciones, en la que el consumo de los sectores  asalariados ocupaba un lugar central dentro de la estrategia de crecimiento  económico. En este contexto, tanto la intervención social del Estado como  el conjunto de políticas laborales apuntaban a ampliar la participación  de los asalariados en el ingreso y a extender la protección de los trabajadores,  a fin de propender a la solvencia del mercado interno (Cortés y Marshall,  1991). Esta es también la época de la ‘sociedad salarial’, aquel sistema  de protecciones y garantías que aseguraban una efectiva inserción social  a través de los derechos vinculados al trabajo, especialmente al trabajo  en relación de dependencia (Castel, 1997). En la esfera económica, la extensión  de la protección social y de los derechos asociados al trabajo garantizaban  la distribución resultante de los incrementos de productividad que impulsaron  el crecimiento de posguerra, dando lugar a lo que Hobsbawm (1998) denominó  los ‘treinta años dorados’. En este período las políticas inspiradas en  el nombre o en las ideas de Keynes alcanzan su apogeo, y pocos discutían  la necesidad de intervención estatal en la economía.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los indicadores económicos disponibles dan cuenta de estas tendencias distributivas  intrínsecas al modelo sustitutivo. Así, en 1974, año que marca la culminación  de una década de crecimiento sostenido, la proporción de personas por debajo  de la línea de pobreza en el Gran Buenos Aires alcanzaba al 4,4%, en tanto  que la indigencia no superaba el 1,7% (Palomino, 2003). Asimismo, según  Palomino, numerosos factores contribuyeron a elevar de las condiciones  de vida de la población en esa época, tales como el crecimiento sostenido  del PBI entre 1963 y 1974, el nivel creciente del salario real, que en  1974 alcanzó uno de sus picos históricos, la implementación sistemática  de políticas de protección social y finalmente, la baja tasa de desocupación,  que indicaba la existencia de un mercado de trabajo funcionando prácticamente  en condiciones de pleno empleo.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estas tendencias ilustran una dinámica en la cual los sectores populares  ejercían presiones crecientes en demanda de sus reivindicaciones (Mancebo,  1998).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Según Mancebo, esta situación llevó a ciertos sectores reaccionarios a  vislumbrar la existencia de tendencias ‘socializantes’ inherentes al sistema  económico que amenazaban sus intereses, lo cual requería una reestructuración  del propio modelo de acumulación. Así, el golpe de 1976 estuvo dirigido  “contra todo el proceso iniciado en los años treinta que había llevado  a una constante (aunque no profunda) erosión del poder económico, social  y político de la elite económica local” (Azpiazu y Nochteff, 1994; citado  por Mancebo, 1998: 173). De este modo, “al clausurar la participación del  pueblo y sus organizaciones y pautar nuevos patrones de inclusión-exclusión,  el golpe militar de 1976 quebrantó el sistema de medicaciones que fijaba  las bases del equilibrio anterior” (Mancebo, op. cit.: 173).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Junto con la desestructuración de las relaciones sociales y productivas,  el disciplinamiento de la clase trabajadora requirió, además del avasallamiento  de sus instituciones corporativas y de representación (Torrado, 1992),  y de la aplicación sistemática de la coacción represiva, la implementación  de un conjunto de medidas de inspiración ortodoxa que proclamaba como finalidad  remover lo que en la concepción oficial era el principal obstáculo para  la acumulación: los elevados costos laborales (Cortés y Marshall, op. cit.).  Con este argumento, el gobierno militar eliminó la negociación colectiva  de los salarios, que pasaron a ser determinados por el estado, y prohibió  el derecho a huelga. Se intentaron fomentar los acuerdos por empresa, propiciando  una mayor heterogeneidad salarial, argumentando que la negociación centralizada  perjudicaba a las empresas más vulnerables. A su vez, las reformas a la  legislación otorgaron un mayor poder discrecional a los empleadores.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este tipo de medidas, de acuerdo con la concepción del poder de turno,  apuntaba a favorecer la acumulación mediante la reducción de los costos  laborales, bajo un modelo en el cual el consumo interno ya no constituía  un elemento dinamizador del crecimiento. Bajo el nuevo régimen se pretendía  estimular el ahorro interno y la inversión a través de una redistribución  a favor del capital.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, la política laboral de la dictadura procuró instaurar la competencia  en el mercado de trabajo, funcional a un nuevo modelo de acumulación, iniciando  un proceso de reformas que se profundizaría en la década del noventa.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El gobierno constitucional asumido a fines de 1983 priorizó la estabilización  de la inflación y el equilibrio de la balanza de pagos, subordinando las  políticas laborales a estos objetivos. La evolución de los salarios fue  administrada en el marco del programa antiinflacionario, y recién en 1988  se reestableció la libre negociación colectiva de los salarios.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A partir de la década del noventa, las reformas estructurales apuntaron  a profundizar el proceso iniciado en 1976, avanzando en la desregulación  y la flexibilización de los mercados, en la privatización generalizada  de las empresas públicas y del sistema de previsión social, y en una apertura  abrupta de la economía.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Respecto a los cambios en las políticas laborales, el gobierno decretó  que la negociación colectiva de los salarios debía guardar relación con  los aumentos de productividad, limitando de este modo los incrementos salariales.  Por su parte, los empleadores no estaban autorizados a trasladar a los  precios la incidencia de los aumentos salariales acordados. Además se promovió  una mayor descentralización de la negociación, procurando que las diferencias  salariales reflejen las condiciones propias de sectores y empresas (Marshall,  1995a).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los cambios en las regulaciones laborales apuntaron también a flexibilizar  la distribución del tiempo de trabajo y a reducir el costo no salarial  a través de la disminución de los aportes patronales a la seguridad social  y los costos asociados a hechos eventuales como el despido y los accidentes  de trabajo (Altimir y Beccaria, 1999).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En líneas generales, todas estas medidas se enmarcaron en un diagnóstico  de los asuntos económicos en el que claramente se distingue la preeminencia  del pensamiento ortodoxo. Al respecto dicen Azpiazu y Nochteff:</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “El diagnóstico y las recomendaciones que dominaron el discurso y las políticas  económicas desde 1976 se pueden resumir fácilmente: menos intervención  estatal y más mercado, interno y externo, porque la intervención impedía  que la iniciativa privada desplegara su vocación de creatividad y de inversión;  menos holganza y atraso tecnológico y más modernización y trabajo, para  que aumente la productividad que, al fin y al cabo, es la única forma de  aumentar el bienestar. Privatización, apertura, desregulación y sacrificio  presente para el bienestar futuro, que no son sino otras formas de decir  lo mismo” (Azpiazu y Nochteff, 1995: 40).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Según este esquema, primero hay que crecer para después distribuir, lo  requiere previamente acumular para después invertir, lo que hace necesario  flexibilizar los mercados laborales, recortar derechos sociales y reducir  salarios para posibilitar la inversión. Sin embargo, después de casi tres  décadas de predominio del planteo ortodoxo y de profundización gradual  de las políticas en esa dirección, los resultados han estado lejos de lo  que el diagnóstico oficial anunciaba. En tal sentido, Azpiazu y Nochteff  (op. cit.: 44) mencionan algunas tendencias más que elocuentes. Así, “desde  1976 el producto, la inversión, la productividad social y los salarios  cayeron juntos. Sólo que los salarios cayeron más. En consonancia, [...]  también aumentó el desempleo”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, si antes de 1974 el mercado de trabajo se mantuvo en niveles  próximos al peno empleo, a partir del golpe militar, y especialmente a  partir de los años ochenta, la tasa de desempleo tendió a crecer, aunque  estuvo lejos de alcanzar la magnitud que presentaría en los noventa. Es  en esta década cuando la desocupación se instala de manera definitiva en  los dos dígitos para alcanzar un récord histórico absoluto en 2002, con  un registro del 22%.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En cuanto al salario real, en 1976 cayó un 33,6% (Azpiazu y Nochteff, op.  cit.). En 1993 el salario real fue 23% inferior al de 1986 y un 30% más  bajo que en 1980 (Tenewicki, 1995). Como corolario, en 2002 el salario  medio real es menos del 40% de lo que había sido en 1974 (Vinocur <I>et al</I>.,  2003).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Correlativamente con estas tendencias, tuvo lugar a partir de 1976 una  marcada concentración del ingreso y una drástica disminución en la participación  de los sectores asalariados en el ingreso, lo que repercutió en un ascenso  tendencial de los niveles de pobreza e indigencia (Azpiazu y Nochteff,  op. cit.; Vinocur <I>et al.</I>, op. cit.).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estos datos ilustran cómo la máxima neoclásica estuvo lejos de cumplirse:  la desocupación aumentó mientras los salarios cayeron, y cada vez más personas  sin ninguna clase de obstinación salarial pasaron a engrosar los contingentes  de desocupados y subocupados. Azpiazu y Nochteff sintetizan del siguiente  modo los resultados del proceso:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Mientras se incrementan las tasas de desocupación y subocupación, caen  los salarios, como hubiese predicho cualquier economista de los que se  quedaron en la época del ejército de reserva de Karl Marx. Mientras decrecen  los salarios y aumenta la desocupación, cae la inversión, como hubiese  predicho cualquier economista de los que se quedaron en los cuarenta, en  los cincuenta o en los sesenta” (Azpiazu y Nochteff, op. cit.: 45).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, la disminución salarial concurre a aumentar la tasa de beneficio en  ciertas empresas y sectores, pero por sí sola no implica un crecimiento  de la productividad y la eficiencia de la economía. En este sentido, la  reducción de salarios implica sólo traslación de ingresos (Tenewicki, op.  cit.).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De este modo, el conjunto de políticas laborales adoptadas a partir de  1976 apuntaron, principalmente, a administrar el crecimiento de la desigualdad  distributiva a través de la regulación del salario (Marshall, 1995b).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En suma, cabe inferir que las políticas laborales y salariales aplicadas  desde 1976, y profundizadas con especial impulso durante los noventa, tuvieron  como objetivo central promover una regresión en la distribución del ingreso,  cuya contrapartida fue el crecimiento y la consolidación del poder económico  por parte de la elite que lideró la evolución del proceso económico a raíz  del golpe de estado. Al respecto dice Basualdo:</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Desde 1977 en adelante ya no era la vinculación entre la producción industrial  y el Estado el núcleo central del proceso económico y social, sino que  ese lugar lo ocupaban la valorización financiera y la salida de capitales  al exterior vinculadas a otro tipo de Estado. [...] En este contexto, la  cúpula empresaria se consolida en base a las diversas transferencias de  recursos que recibe desde el Estado por múltiples vías y por la valorización  de recursos económicos en el mercado financiero interno y externo. [...]  La expansión de la cúpula no estuvo basada en el crecimiento económico  (la década del ochenta es de estancamiento y crisis) sino en un proceso  de redistribución del ingreso sumamente acentuado. La aguda reducción de  la participación de los asalariados en el ingreso generado fue la que hizo  posible las transferencias y los subsidios estatales, así como los beneficios  financieros que consolidaron a la nueva cúpula” (Basualdo, 1997: 8-9).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En resumen, los hechos parecen demostrar que los objetivos que orientaron  los principales lineamientos de la política laboral desde 1976, y particularmente  a partir de los noventa, estuvieron lejos de responder a lo que la economía  neoclásica plantea. Por el contrario, el diagnóstico inspirado en las teorías  ortodoxas tuvo por finalidad presentar tras argumentos racionales aquello  que tenía como fundamento la primacía de intereses sectoriales.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Consideraciones Finales</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las reflexiones efectuadas a lo largo del presente ensayo llevan a concluir  que, a diferencia de lo postulado por las corrientes ortodoxas, la teoría  neoclásica del mercado de trabajo presenta una especificidad histórica  concreta y parte de una serie de premisas que limitan la pertinencia de  sus conclusiones a circunstancias particulares. Sin embargo, la pretendida  universalidad del esquema alimenta posiciones dogmáticas sobre las que  se construyen los fundamentos académicos de políticas que persiguen intereses  y beneficios sectoriales específicos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Tal parece ser el caso en Argentina, a partir de la clausura violenta del  modelo sustitutivo de importaciones a mediados de los años setenta. Las  políticas aplicadas desde entonces se caracterizaron por un sesgo marcadamente  antiindustrialista, que indujo a largo plazo un proceso de desinversión  y desacumulación de capital, en el que cabe ver una de las principales  causas del deterioro de los indicadores laborales. No obstante, con los  recursos argumentales ofrecidos por la teoría neoclásica, el diagnóstico  oficial pudo soslayar este fenómeno, deslindando todas las responsabilidades  sobre los costos salariales. De este modo se pudo legitimar, académica  y políticamente, la implementación de reformas que, lejos de propender  a la generación de empleo, tenían por finalidad remover los obstáculos  que se interponían a una dinámica económica que concentraba el ingreso  y promovía la desigualdad.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hoy los efectos de esas reformas, y del conjunto de políticas de las cuales  ellas formaban parte, son más que elocuentes y están lejos de convalidar  los diagnósticos basados en la ortodoxia económica. Estos resultados obligan  a revisar la historia económica reciente de nuestro país y ejemplifican  el carácter nocivo de las posiciones dogmáticas, cuando sobre la teoría  se monta la propaganda.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Bibliografía</B></FONT></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">1. ALTIMIR, Oscar; BECCARIA, Luis (1999). “El mercado de trabajo bajo el nuevo  régimen económico en Argentina”. En: <B>Serie de reformas económicas. </B>No.  28. Comisión Económica para América Latina. Naciones Unidas. Santiago de  Chile.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916198&pid=S1315-8597200700020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. ANDERSON, Perry (1993). <B>Transiciones de la antigüedad al feudalismo. </B>18<SUP>va</SUP>  edición. Madrid. Siglo XXI Editores.&nbsp;</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916199&pid=S1315-8597200700020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><span style="font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA"><font face="Verdana">3. AZPIAZU, Daniel (1998). <b>La concentración en la industria argentina a mediados de los noventa. </b>Buenos Aires. FLACSO. Eudeba. p. 83.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916200&pid=S1315-8597200700020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><font face="Verdana"><span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">4. AZPIAZU, Daniel; NOCHTEFF, Hugo (1994). </span><span style="font-size: 10.0pt; mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">“El desarrollo ausente, Restricciones al desarrollo, neoconservadorismo y elite económica en la Argentina Ensayos de Economía Política”. Buenos Aires. Tesis Grupo <b>FLACSO</b>.&nbsp; Editorial Norma.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916201&pid=S1315-8597200700020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">5. AZPIAZU, Daniel; NOCHTEFF, Hugo (1995). “Subdesarrollo y hegemonía neoconservadora.  ¿Veinte años no es nada?” En: <B>Realidad Económica </B>129, IADE. pp. 40-44-45.  Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916202&pid=S1315-8597200700020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. BASUALDO, Eduardo (1997). “Notas sobre la evolución de los grupos económicos  en Argentina”. En:<B> IDEP, </B>Cuaderno Nº 49. pp. 8-9. Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916203&pid=S1315-8597200700020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><span style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA"><span style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">7. CARCIOFI, Ricardo (1986). “Salarios y Política Económica”.<b> </b></span><span lang="EN-US" style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">Bs As. <b>CEPAL. IDES. </b>p. 9.</span></span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916204&pid=S1315-8597200700020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><span style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA"><span lang="EN-US" style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">8. CASTEL, Robert (1997). </span><b><span style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">La metamorfosis de la cuestión social: Una crónica del salariado. </span></b><span style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">Buenos Aires. Primera edición. Editorial Piados.</span></span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916205&pid=S1315-8597200700020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. CORTÉS, Rosalía; MARSHALL, Adriana (1991). “Estrategias económicas, intervención  social del Estado y regulación de la fuerza de trabajo. Argentina 1890-1990.”  En: <B>Estudios del Trabajo </B>No. 1. Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916206&pid=S1315-8597200700020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. HOBSBSAWM, Eric (1998).<B> Historia del siglo XX. </B> Buenos Aires. Crítica.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916207&pid=S1315-8597200700020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11. KALECKI, Michal (1977). <B>Ensayos escogidos sobre dinámica de la economía  capitalista. </B> México. Fondo de Cultura Económica.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916208&pid=S1315-8597200700020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">12. KEYNES, John Maynard (1974). <B>Teoría general de la ocupación, el interés  y el dinero.</B> México. Fondo de Cultura Económica. 8<SUP>va</SUP> reimpresión. pp. 36-40.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916209&pid=S1315-8597200700020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13. MANCEBO, Martha (1998). “El nuevo bloque de poder y el nuevo modelo de  dominación (1976-1996)”. En: <B>La economía argentina a fin de siglo: fragmentación  presente y desarrollo ausente</B>. H. Nochteff (ed.). FLACSO, Eudeba. p. 173.  Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916210&pid=S1315-8597200700020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">14. MARSHALL, Adriana (1995a). “Regímenes institucionales de determinación  salarial y estructura de los salarios, Argentina (1976-1983)”. En: <B>Desarrollo  Económico</B>, vol. 35, No. 138. IDES. Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916211&pid=S1315-8597200700020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">15. MARSHALL, Adriana (1995b). “Mercado de trabajo y distribución del ingreso:  efectos de la política económica, 1991-1994”. En: <B>Realidad Económica </B>129,  IADE. Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916212&pid=S1315-8597200700020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16. MARSHALL, Thomas (1997). “Ciudadanía y clase social”. En: <B>Revista Española  de Investigaciones Sociológicas, Centro de Investigaciones Sociológicas,</B>  julio-setiembre. Madrid.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916213&pid=S1315-8597200700020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17. MONZA, Alfredo (1981). <B>Una discusión comparada de los distintos enfoques  teóricos sobre la determinación del empleo y el salario. </B>Versión preliminar.  Curso Regional sobre Empleo, Población y Necesidades Esenciales. Santiago  de Chile.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916214&pid=S1315-8597200700020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18. NUN, José (2001). “Marginalidad y exclusión social”. <B>Fondo de Cultura Económica. </B>Buenos Aires. p. 51.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916215&pid=S1315-8597200700020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19. NUN, José (1999). “El futuro del empleo y la tesis de la masa marginal”.  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Consulta: 10/06/04.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916217&pid=S1315-8597200700020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><span style="mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-bidi-font-family: Times New Roman; color: black; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA" lang="EN-US">21. PORTES, A.; WALTON, J (1981).<b> Labor, Class and the International System.</b> Nueva York. Academic Press.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916218&pid=S1315-8597200700020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">22. SYLOS LABINI, Paolo (1966). <B>Oligopolio y progreso técnico.</B> Barcelona. Oikos.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916219&pid=S1315-8597200700020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 23. SWEEZY, Paul (1958). “Teoría del desarrollo capitalista”. México. <B>Fondo de Cultura  Económica.</B> </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916220&pid=S1315-8597200700020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 24. TENEWICKI, Mauricio (1995). “Acerca de los precios de algunos factores”.  En: <B>Realidad Económica</B> 129, IADE. Buenos Aires.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916221&pid=S1315-8597200700020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 25. TORRADO, Susana (1992). <B>Estructura social de la Argentina 1955-1983. </B>Buenos Aires. </FONT><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">Ed.  La Flor.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916222&pid=S1315-8597200700020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 26. VINOCUR, P.; HALPERÍN WEISBURD, L.; GONZÁLEZ, M.; GURZI, L. (2003). <B>Pobreza  y políticas sociales en la Argentina de los ‘90</B>. Informe para la Comisión  Económica para América Latina y el Caribe. Buenos Aires. Setiembre de 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=916223&pid=S1315-8597200700020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1 Según la ley de Say, cada producto colocado en el mercado genera, mediante  la retribución a los factores intervinientes en su producción, el poder  adquisitivo necesario para que sea comprado, por lo cual se descarta, por  lo menos a largo plazo, la posibilidad de una crisis de subconsumo o de  sobreproducción.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" face="Verdana"> 2 El enfoque de la marginalidad económica centra su análisis en la existencia  de un excedente de fuerza de trabajo que no logra insertarse en el mercado  debido a las características intrínsecas de funcionamiento del capitalismo  periférico. De acuerdo a esta perspectiva, tal excedente de fuerza de trabajo  daba lugar al surgimiento de una “masa marginal”, que se diferencia del  concepto marxista de “ejército industrial de reserva” por su carácter no  funcional (que, según el caso, puede ser a-funcional o dis-funcional) respecto  al funcionamiento del capitalismo periférico (Nun, 1999).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" face="Verdana"> 3 Siguiendo la óptica del PREALC, se puede concebir al sector informal como  parte de una única estructura productiva urbana de naturaleza heterogénea,  al cual hay facilidad de acceso, cuya lógica responde a las necesidades  de autogeneración de empleo de una parte significativa de la población  económicamente activa, que no es contratada por el sector moderno de la  economía.</FONT></P>       ]]></body>
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