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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los inicios del reformismo social en España: la primera legislación social y la comisión de reformas sociales]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Beginnings of Social Reformism in Spain: the First Social Legislation and the Social Reforms Commission]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article studies in depth the beginnings of social reform in Spain from a double perspective: the legal aspect and the scientific aspect. Starting from current doctrine as well as writers and documents of that time, this article analyzes the first social legislation and scientific interventionism in the productive relations carried out by the Social Reforms Commission. The combination of both legislative and scientific factors was an essential element in the emergence and later configuration of Spanish Labour Law, interweaving to a great extent the nuclear institutions of our legal labour code.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Los inicios del reformismo social en España: la primera legislación social y  la comisión de reformas sociales</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Guillermo García González</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Abogado. Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona. Colaborador  Docente de la Universitat Oberta de Catalunya (Estudios de Derecho y Ciencia  Política). Dirección postal: Valletes, 39- 43870 Amposta (Tarragona), Teléfonos:  fijo 977.70.39.81- móvil 607.78.20.20. Fax: 977.70.40.78. E-mail: <a href="mailto:ggarciag@uoc.edu">ggarciag@uoc.edu</a></FONT></P>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Resumen</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El artículo ahonda en los inicios del reformismo social en España desde  una doble perspectiva: la vertiente normativa y la científica. En este  sentido, partiendo tanto de la doctrina actual, como de los tratadistas  y documentación de la época, se analiza la primera legislación social y  el intervencionismo científico en las relaciones productivas, llevado a  cabo por la Comisión de Reformas Sociales. La concurrencia de ambos factores,  el legislativo y el científico, fueron elementos imprescindibles en el  surgimiento y posterior configuración del Derecho de Trabajo en España,  imbricando en buena medida las instituciones nucleares de nuestro ordenamiento  jurídico- laboral.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Palabras clave:</B> Historia de Derecho del Trabajo,  Reformismo social, Comisión de Reformas  Sociales.</FONT></P>    <P ALIGN="center"><b> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">The Beginnings of Social Reformism in Spain: the First Social Legislation  and the Social Reforms Commission</FONT></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">The article studies in depth the beginnings of social reform in Spain from  a double perspective: the legal aspect and the scientific aspect. Starting  from current doctrine as well as writers and documents of that time, this  article analyzes the first social legislation and scientific interventionism  in the productive relations carried out by the Social Reforms Commission.  The combination of both legislative and scientific factors was an essential  element in the emergence and later configuration of Spanish Labour Law,  interweaving to a great extent the nuclear institutions of our legal labour  code.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Key words:</B> History of labour law, social reform, Social Reforms Commission.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <b>Recibido</b>: 22-12-07 <b>Aceptado</b>: 20-02-08</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>1. Introducción</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El presente artículo tiene como finalidad analizar los inicios del reformismo  social en España, centrándose en la primera legislación social surgida  en este país, así como en el decisivo papel desempeñado por la Comisión  de Reformas Sociales (CRS) como órgano pionero del intervencionismo científico  en las relaciones productivas. El estudio se acota temporalmente entre  los años 1873, año en el que se promulga la Ley Benot, y el año 1899, justo  inmediatamente antes que entrara en vigor la Ley de Accidentes del Trabajo  de 1900 o Ley Dato, punto de inflexión en la historia de la legislación  social en España entre lo que se ha denominado fase de emergencia de la  legislación de trabajo y su fase de crecimiento y consolidación (Martín  Valverde, 1987). Con todo, y como señala Alonso García, la “<I>división de  un proceso legislativo en un país resulta un tanto arbitrario, porque es  casi obligado ligarlo a la cronología de una norma o un acontecimiento,  y no debe perderse de vista que una rama jurídica no es algo que nace y  se desarrolla a golpes de gong, ni supone la vinculación a un aislado suceso</I>”  (Alonso García, 1964: 54- 55).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Sin perjuicio de la unidad en su contenido, se pueden diferenciar tres  apartados en el artículo. En la primera parte se realiza un breve análisis  sobre el surgimiento de la cuestión social, señalando los factores que  determinaron la intervención del Estado en los problemas sociales en el  siglo XIX. La segunda parte del artículo trata de profundizar en la primera  legislación social española, iniciada con la Ley Benot de 1873. Se ahonda  en el análisis de dicha Ley, así como en el Real Decreto de 11 de junio  de 1886, dos de las normas básicas en el proceso de formación de nuestro  Derecho del Trabajo. Por último, el artículo se centra en el papel desempeñado  por la CRS como órgano pionero de la política social del Estado.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>2. La cuestión social en España</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La Revolución Industrial configura un nuevo panorama en la Europa del siglo  XIX, y ello no sólo desde un punto de vista económico, sino también desde  una perspectiva social y política (Tusell, 1995). El extraordinario desarrollo  industrial generado durante el siglo XIX dio lugar a una nueva realidad,  el pauperismo, que se concretaba en el surgimiento de numerosas bolsas  de pobreza y situaciones de indigencia entre la población obrera de los  núcleos industriales (Pérez y de Molina, 1859). Los trabajadores fueron  víctimas, en los primeros años de la Revolución Industrial, de la “<I>explotación  inicua de los empresarios, que abusaban de su posición en el mercado de  trabajo, y de la conducta inhibicionista del Estado</I>” (Basora Francesch,  1964:5). Por una parte, el maquinismo trajo consigo el paro forzoso para  muchos obreros que eran sustituidos por máquinas. Por otra, los trabajadores  ocupados eran sometidos a duras jornadas, bajo pésimas condiciones de seguridad  e higiene y con salarios mínimos, que les llevaban a vivir en condiciones  infrahumanas.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esta realidad actúa como motor del cambio de mentalidad que se opera en  el legislador europeo de la segunda mitad del siglo XIX, surgiendo el denominado  reformismo social (Montoya Melgar, 2003). La clase política de la época  toma conciencia de la necesidad que el Estado abandone su postura abstencionista,  interviniendo activamente con el fin de resolver el conjunto de problemas  socio- económicos, o cuestión social, surgidos a raíz de la Revolución  Industrial.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En el caso de España, la situación político- económica en la segunda mitad  del siglo XIX dificultaba cualquier atisbo de idea reformista (Valentí  Vivo, 1900). Agotada la euforia reformista de la I República, el golpe  de Estado del General Pavía en 1874 y la Restauración borbónica supuso  la articulación de un sistema bipartidista de alternancia en el poder entre  conservadores y liberales, imponiéndose una política de reformismo lento,  sin entrar a fondo en la resolución de los problemas sociales (Milán García,  2003). Con todo, y aunque a un ritmo más lento que los países de su entorno  europeo, España inicia en el último cuarto del siglo XIX un proceso de  toma de conciencia en la necesaria intervención del Estado en la resolución  de los problemas sociales (Dato e Iradier, 1909). Las razones para que  el Estado tomara en cuenta la “<I>complejidad del problema social</I>” (Azcárate,  1909:9) se pueden sistematizar del siguiente modo:</FONT></P>  <UL>     <LI>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Factores económicos. España en el último cuarto del siglo XIX conoce una  etapa de relativo crecimiento en términos reales, principalmente en la  agricultura, pero también en el incipiente sector industrial centrado principalmente  en la industria textil, la siderurgia y la minería (Marvaud, 1975). El  incremento de la actividad económica durante este periodo trae consigo  una modificación del equilibrio económico mundial, suponiendo un incremento  de concentración de capitales (Pirenne, 1958). Se comienzan a atisbar los  efectos de la concentración industrial sobre el trabajo, surgiendo grandes  industrias, que reunían a gran cantidad de operarios bajo condiciones insalubres  y con salarios irrisorios (Salmerón y García, 1914). </FONT></LI>      <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El movimiento obrero. El auge del movimiento obrero radical y la irrupción  del socialismo coadyuvaron a que la burguesía y las clases dominantes tomaran  conciencia del problema social. En España no se inicia realmente una resistencia  obrera a través de organizaciones de clase, partidos obreros y sindicatos,  hasta 1868 (Palomeque López, 1994). De este modo, durante la segunda mitad  del siglo XIX, el movimiento obrero en general y el socialista en particular  eran débiles en España. Con todo, tampoco cabe desconocer en el caso español  la estrecha relación entre la protesta popular y la intervención del Estado  en la cuestión social. </FONT></LI>      <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Razones de supervivencia del sistema. La intervención del Estado resultaba  necesaria, no sólo por criterios morales o éticos, sino también con el  fin de preservar el orden público (De Hinojosa Ferrer, 1933). Así, las  primeras leyes del trabajo son fruto de las preocupaciones “<I>mitad filantrópicas  (protección del obrero individual), mitad defensivas (defensa frente al  movimiento asociativo) del momento</I>” (Espuny Tomás, 2005:63). Se entendía  que la adopción de políticas sociales a favor de los trabajadores tendría  una eficacia antirrevolucionaria, evitando que se desencadenara una conflictividad  social por el movimiento obrero, y por tanto resultando las normas sociales  un modo de mantener el <I>status quo</I> (Montalvo Correa, 1975).</FONT></LI>      <LI>     <p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0"> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Condicionantes ideológicos. En España, al igual que en el resto de Europa,  la cuestión social no resultó pacífica desde el punto de vista doctrinal  e ideológico (Monereo Atienza, 2007). En la segunda mitad del siglo XIX  las posturas en relación a los problemas sociales se multiplicaban. Con  el fin de dar respuestas a la nueva realidad socio- económica surgen durante  el siglo XIX nuevas concepciones sociológicas y antropológicas, que tienen  en común su reivindicación del trabajo como valor moral y afirmarlo como  mecanismo de desarrollo de la persona, siendo inherente a la dignidad de  ésta (Alonso García, 1964). El Derecho Natural no sólo justificaba la adopción  de normas preventivas con el fin de salvaguardar el derecho a la dignidad  e integridad de todo trabajador, sino que requería también como consecuencia  lógica de estas medidas, reglas reparadoras o indemnizatorias, para el  supuesto de que ocurriera una contingencia en el marco de las relaciones  productivas (Yaben Yaben, 1914). Por otra parte, en un país como España,  fuertemente influenciado por la confesión católica, resultó clave la postura  intervencionista adoptada por la Iglesia Católica a través la Encíclica  de León XIII, <I>Rerum Novarum</I> en 1891, documento de honda trascendencia en  el cristianismo social (García Oviedo, 1946).</FONT>    </ul>     <blockquote> 	    <p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0"> 	<FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En numerosas ocasiones se  ha cuestionado la paternidad ideológica del reformismo social en España.  En el siglo XIX, en los años setenta, se puede decir que fueron las corrientes  krausistas y positivistas (Gil Cremades, 1969), ligadas a la Institución  Libre de Enseñanza, dirigida por Francisco Giner de los Ríos, las que iniciaron  el movimiento de intervención estatal en las cuestiones obreras (Casanovas  Romeu, 2006)<SUP>1</SUP>. En los años noventa las posturas frente al intervencionismo  se agrupaban en aquellos que eran abiertamente contrarios a cualquier tipo  de intervención estatal (liberales clásicos como Sanromá), los intervencionistas  moderados de formación krausista (Moret o Azcárate) y los intervencionistas  decididos, encarnados en los conservadores canovistas (Alzaga Ruíz, 2002).  En todas estas posturas se aprecia un progresivo proceso de convergencia,  en el sentido de ir aceptando un prudente intervencionismo. De este modo,  resulta inútil entrar en discusiones sobre a quien corresponde el mérito  de la reforma social, pues fue fruto de todas las corrientes ideológicas  en mayor o menor medida y no existe gran diferencia entre que las propuestas  de reforma fueran formuladas por conservadores o por liberales (Montero  García, 1997). En España, frente al radicalismo de los liberalismos más  extremos y de las propuestas revolucionarias socialista y anarquista, se  impuso una tesis armonicista o integradora de la cuestión social, que parte  de la idea de una reforma gradual y pacífica de la sociedad. Se implanta  por tanto en España un intervencionismo que elaboró “<I>reformas legislativas  prácticas, razonables y elevadas inspiradas en un sentimiento de profunda  justicia buscando en ellas un medio de satisfacer las aspiraciones legítimas  de los trabajadores y de afianzar la paz social</I>” (Espuny Tomás, 2002:14).</FONT></p> </blockquote> <UL>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Razones de índole jurídica. Las normas civiles se mostraban insuficientes  para dar solución a las realidades surgidas a raíz de las nuevas condiciones  de producción, del maquinismo e industrialismo. Durante la segunda mitad  del siglo XIX se produce una revisión ética de los principios liberales  clásicos, económicos y jurídicos. Esta revisión tiene sus máximos exponentes  en la escuela histórica alemana y en la revisión de los Códigos Civiles  liberales individualistas a cargo de civilistas italianos y alemanes (Montero  García, 1988)<SUP>2</SUP>. En España, el Código Civil tampoco resultaba un instrumento  adecuado para resolver las cuestiones surgidas por las nuevas relaciones  de producción (Oyuelos, 1902). La incipiente legislación social, pretendiendo  equilibrar las relaciones entre naturalezas desiguales, tenía sólo a un  grupo de individuos como destinatarios, lo que la configuraba en comparación  con la legislación civil como algo excepcional (Bilbao, 1997). Esta especialidad  se justificaba por la propia realidad de la situación de finales de siglo  XIX que es la que en última instancia justifica esta intervención normativa  que favorece sólo a determinada parte de la masa (Dato e Iradier, 1909).</FONT></li>     </ul>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>3. El intervencionismo legislativo: las primeras normas sociales</B> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Las primeras manifestaciones del intervencionismo estatal en las relaciones  de producción fueron aquellas que se referían a las condiciones higiénicas  y de seguridad de los obreros, así como las que regulaban el trabajo de  las mujeres y de los niños. Estas intervenciones normativas trataban de  mejorar las condiciones higiénico- sanitarias de las fábricas y talleres,  centrándose en la protección de los colectivos que entendían más débiles,  la mujer y los menores (Alonso Olea, 1968). El intervencionismo legislativo  en esta materia era admitido incluso por los tratadistas más liberales,  en base a la competencia estatal de tutela y defensa de la salud pública  (Navarro Fernández y Pertiñez Vilchez, 2002). La práctica totalidad de  las ideologías políticas compartían la teoría de que el lucro empresarial  llevaba implícito el deber de garantizar la salud de los obreros que lo  proporcionaban, especialmente la de aquellos más débiles (Salcedo Ginestal,  1904).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El abuso que suponía emplear  <I>“sin tasa ni medida el débil trabajo de las  mujeres y los niños”</I> dio lugar a la necesidad de que el Estado interviniera  en la cuestión del trabajo (Espejo de Hinojosa, 1928:223). Para esta intervención  se alegaban razones de toda índole: motivos fisiológicos, de seguridad  personal y salubridad, motivos morales, culturales y familiares (Suárez  González, 1967). La protección al obrero varón y adulto solo se limitaba  a los peligros más alarmantes. Es por esta razón por lo que a esta obra  legislativa se le ha denominado caritativa, tuitiva o filantrópica (De  la Villa, 1970). Pese a su limitada aplicación en la práctica, esta normativa  se encuentra en los mismos genes de toda nuestra legislación social y de  nuestro Derecho del Trabajo.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Junto a este conjunto de normas, también el primer legislador social presta  una especial atención a tratar de regular las consecuencias que se derivan  de los accidentes de trabajo. Los accidentes de trabajo era una de las  cuestiones que más conmovieron la sensibilidad social de la época, estando  necesitada de una urgente regulación. A ello contribuía, junto al carácter  traumático del fenómeno en si, la evidencia de su inmediata relación con  el manejo de nuevas máquinas, fuente del enriquecimiento de sus propietarios  y del desarrollo general del sistema capitalista (González Ortega y Alarcón  Caracuel, 1991). Se inicia durante el último cuarto del siglo XIX un cambio  de mentalidad en el legislador que le lleva a tratar de regular el régimen  jurídico del accidente de trabajo, superando la concepción asistencial-  benéfica del Estado, de acuerdo a la cual los poderes públicos únicamente  debían llevar a cabo una “<I>acción paternalista, tutelar, no exigible obligatoriamente,  jurídicamente</I>” (Montero García, 1999:126). Hasta ese momento, el obrero  que quedaba desvalido a causa de un accidente sufrido por su profesión  sólo podía ser compensado voluntariamente por la caridad del patrono o  por la beneficencia privada o pública (Arias Miranda, 1862)<SUP>3</SUP>. El auge de  la industrialización y de la nueva maquinaria hizo que muy pronto el legislador  pensara en la necesidad de imputar al empresario la responsabilidad por  los daños que se pudieran ocasionar a los obreros como consecuencia del  desempeño de su profesión, lo que se materializó parcialmente en el Real  Decreto de 11 de junio de 1886, antecedente inmediato de la Ley de Accidentes  del Trabajo de 1900 en lo que se refiere al principio de responsabilidad  patronal objetiva.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">A continuación se analizan las principales normas sociales surgidas en  España con anterioridad al año 1900 y que evidencian esta especial atención  del legislador centrada en la protección de los trabajadores más débiles  y en regular las consecuencias que se derivaban de los accidentes de trabajo.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>3.1. La Ley Benot</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La Ley de 24 de julio 1873<SUP>4</SUP>, sobre  <I>“el trabajo en los talleres y la instrucción  en las escuelas de los niños obreros”</I> (Ley Benot) constituye el mayor y  único logro normativo del paso efímero de la I Republica en España (Martín  Granizo, 1951). Todo el contenido de la norma está imbricado de la ideología  reformista de Pi i Margall (Trias Bejarano, 1968).</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esta norma ha sido considerada por parte de la doctrina como  <I>“la primera  ley laboral en sentido propio</I>” (Montoya Melgar y Piza Granados, 2000:24)  y como “<I>el punto de arranque del moderno Derecho del Trabajo</I>” (Suárez González,  1986:102). Contrariamente, otro grupo de autores entiende que no se puede  admitir que el derecho obrero comience en España con la promulgación de  la Ley Benot (Tomás Alemany, 1912 y Martín Granizo y González Rothvoss,  1932). Algún autor la ha llegado a definir como una norma episódica, paternalista  e inorgánica que responde a un vago sentimiento de caridad hacía el más  débil (Sala Franco, 1995). En términos similares se ha señalado que la  Ley Benot fue inspirada por “<I>la literatura lacrimógena del siglo XIX, con  su horror típicamente burgués al nomadismo y a la explotación infantil</I>”  (Borrajo Dacruz, 2003:111). Con independencia de este tipo de valoraciones,  lo que resulta evidente es que esta disposición es la primera norma española  de contenido social, significando la primera intervención estatal en materia  de relaciones laborales. Entre sus principales aportaciones se pueden destacar las que siguen:</FONT></P> <UL> 	    <LI> 	    <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">Regulación del trabajo de los menores. La Ley Benot fija la edad mínima  de admisión al trabajo, prohibiéndose emplear en fábrica, taller, fundición  o mina a ningún niño menor de diez años (artículo 1). Los artículos 2 y  3 limitan la jornada a cinco horas diarias en el caso de niños menores  de 13 años y de niñas menores de 14 y a ocho horas diarias para los jóvenes  de 13 a 15 años o de 15 a 17 en el caso de las mujeres. Además, la norma  establece la prohibición de trabajos nocturnos para los y las jóvenes menores  de quince o de diecisiete años respectivamente en aquellos trabajos en  que se empleen motores hidráulicos o de vapor (artículo 4). Por otra parte,  la Ley de 24 de julio de 1873 refleja la preocupación educativa de las  primeras leyes laborales, al obligar a determinadas empresas al sostenimiento  de la instrucción primaria, exigiendo la instrucción obligatoria de los  obreros entre 9 y 13 o 14 años, según sean niños o niñas respectivamente,  iniciándose un camino legislativo que configuraría la protección del menor  en un doble plano: desde el punto de vista de su salud y desarrollo físico  y desde el plano educacional formativo (Apilluejo Martín, 1999).</FONT></LI> 	    <LI> 	    <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Las primeras normas laborales de general aplicación. Excediendo el ámbito  de aplicación que la Ley Benot pudiera tener si atendemos a su título,  se encontraba en el texto de la Ley varias normas sobre prevención de riesgos  laborales. Quizás por el propio título de la Ley, este grupo de preceptos  ha pasado más inadvertido que el resto y ello pese a la trascendencia que  tienen los mismos, si atendemos a la época en que se promulgan (Martín  Valverde, 1987). Este grupo de normas tienen un ámbito de aplicación subjetivo  general, es decir son preceptos de obligado cumplimiento con relación a  todos los trabajadores, pues todos ellos tiene derecho a una protección  frente a los riesgos derivados de su trabajo (González Sánchez, 1997)</FONT><A HREF="31_FN31.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>5</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">.  Dentro de este grupo de normas podemos destacar los artículos 6 y 9 de  la Ley de 24 de julio de 1873. El artículo 6 regula por primera vez con  carácter general la contratación de servicios médicos para la prestación  de primeros auxilios quirúrgicos en accidentes de trabajo y la disposición  de un botiquín en los centros fabriles que tuvieran más de 80 obreros y  obreras mayores de 17 años y que estuvieran situados a más de cuatro kilómetros  de lugar poblado<I>.</I> Por otra parte, el artículo 9 de la Ley Benot establece  la necesidad de aprobar un proyecto de los planos de los establecimientos  industriales para verificar sus condiciones de seguridad e higiene<SUP>6</SUP>. La  aprobación del proyecto se encomendaba a los jurados mixtos, teóricas representaciones  de los agentes sociales, dejando relegada, de esta modo, la intervención  del Estado.</FONT>    <li> 	    <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">Mecanismos de control del cumplimiento de la norma. La Ley Benot encargaba  a jurados mixtos de “<I>obreros, fabricantes, Maestros de Escuela y Médicos,  bajo la presidencia del Juez municipal</I>” la vigilancia del cumplimiento  de la Ley y de su Reglamento, en la forma que éste determinara, y ello  “<I>sin perjuicio de la inspección que a las Autoridades y Ministerio fiscal  compete en nombre del Estado</I>” (artículo 8). La propia Ley establecía en  su artículo transitorio que, en tanto en cuanto no se constituyeran los  jurados mixtos, la labor de inspección de los establecimientos industriales  correspondería a los Jueces municipales. Estos jurados mixtos nunca fueron  implantados por la ausencia de desarrollo reglamentario de la Ley de 1873.  Además, el artículo 7 de la Ley Benot establecía como mecanismo para exigir  el cumplimiento de sus preceptos la multa administrativa, disponiendo que  “<I>La falta de cumplimiento de las disposiciones anteriores será castigada  con una multa de 125 a 1250 pesetas</I>”. Sin embargo, estas sanciones no pudieron  ser eficaces en la práctica, ya que la Ley no contaba con el complemento  necesario de una organización eficaz de vigilancia de su cumplimiento.  Con todo, el legislador de la época ya se mostraba consciente de que el  cumplimiento de las leyes laborales exigía como condición esencial un buen  servicio de inspección, teniendo en cuenta “<I>el interés que por eludir la  observancia de algunas de esas leyes suelen mostrar las empresas y la tibieza  de celo, el olvido o la ignorancia en que incurren los obreros en esta  clase de derechos</I>” (García Oviedo, 1946:83). </FONT></li>     </ul>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Todos los testimonios y documentos históricos de la época demuestran que  la Ley Benot no se aplicó, no pasando del papel del periódico oficial.  Este incumplimiento de la Ley Benot queda acreditado entre otros documentos,  en el preámbulo del Decreto fundacional de la CRS o en la Real Orden de  8 de noviembre de 1884, recordando a los gobernadores que vigilasen con  el más exquisito celo el cumplimiento de la Ley de 24 de julio de 1873.  Los testimonios sindicales ante la CRS y los tratadistas de la época nos  dan también buena cuenta de la inobservancia continuada de la norma (Castillo,  1985). El fracaso de aplicación de la Ley Benot ha de entenderse si se  parte de que para que la intervención legislativa en materia de condiciones  laborales resulte efectiva, se ha de contar con la garantía del recurso  a los Tribunales, con medios especiales de vigilancia del cumplimiento  de la Ley y con instrumentos de sanción o reparación de las infracciones  (Martín Valverde, 1987). </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">A pesar de la inaplicación de la norma, la importancia de la misma radica  en que en ella queda patente el deber que tiene el Estado de intervenir  en las relaciones de trabajo, evidenciando la inequívoca conciencia del  legislador de la necesidad de establecer medidas de control, inspección  y participación para que cualquier norma social pudiera tener eficacia,  y atribuyendo esa función de inspección al Estado (Alonso García, 1964). </FONT> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>3.2. El Real Decreto de 11 de junio de 1886</B> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Con esta norma se inicia en el ordenamiento jurídico español el tránsito  de la teoría de la responsabilidad extracontractual al principio de responsabilidad  objetiva del empresario por los daños originados como consecuencia de los  accidentes de trabajo (Gallart Folch, 1963). Hasta que la Ley de Accidentes  del Trabajo de 1900 consagrara el principio de la responsabilidad objetiva,  nuestro ordenamiento jurídico había venido aplicando la teoría de la responsabilidad  extracontractual con el fin de resarcir al obrero por los daños causados  a consecuencia de su trabajo. Esta responsabilidad aquiliana resultaba,  en la práctica, inadecuada. La necesidad de que concurriera culpa o negligencia  del empresario, excluyendo, por tanto, los casos fortuitos, la hacia inaplicable  en la mayoría de los accidentes de trabajo. La responsabilidad del patrono  era hasta 1900 de tan difícil justificación, que en toda la jurisprudencia  civil española desde 1838 hasta 1900, sólo hay un fallo del Tribunal Supremo  (14 de diciembre de 1894) en el que se planteó esa cuestión, resuelta a  favor de los familiares de un obrero que perdió la vida por ausencia de  medidas de seguridad achacables a la empresa (García Ormaechea, 1935).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La teoría de la responsabilidad objetiva se basa en que el ordenamiento  jurídico imputa la responsabilidad de reparar el daño causado sin necesidad  de que medie culpa o negligencia, sino únicamente por concurrir algún factor  objetivo previamente delimitado que, en el caso de los accidentes de trabajo,  es el riesgo profesional</FONT><A HREF="33_FN33.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>7</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">. El empresario siempre debe responder de los  accidentes de trabajo, ya que es él el causante originario del riesgo producido  por la máquina y, además, es el beneficiario de la organización productiva  de la que es titular, que incrementa su rentabilidad con la nueva maquinaria.  El principio de riesgo profesional supone la normalización del accidente  de trabajo, la consideración del accidente como algo vinculado a la organización  de la producción y como un hecho normal que acompaña al desarrollo de las  sociedades industriales (Bilbao, 1997). Pese a que esta teoría de la responsabilidad  patronal objetiva es acogida con carácter general en la Ley de Accidentes  del Trabajo de 1900, su camino había sido iniciado por el Real Decreto  de 11 de junio de 1886. En consecuencia, se puede afirmar que esta norma  se adelantó 15 años a la teoría de la responsabilidad objetiva.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Por todo ello se comprende que el Real Decreto operó una profunda reforma  en el sistema de contratación de obras públicas, imponiendo al contratista  de obras públicas la obligación de indemnizar a todos sus operarios por  los “<I>accidentes que dependan del trabajo o estén relacionados con él</I>”,  salvo aquellos producidos por ignorancia, negligencia o temeridad del obrero.  Según parte de la doctrina este concepto es el antecedente directo de la  definición de accidente de trabajo que acuñaría la Ley de Accidentes de  1900 en su artículo 1 (Fernández Docampo, 2003). Esta relación ya había  sido advertida mucho antes por Pedro Estasén, al señalar que el R.D. de  11 de junio de 1886 <I>“se anticipó en catorce años a la ley de 30 de enero  de 1900” </I>(Estasén y Cortada, 1903:81).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El importe que fijaba el Real Decreto de 11 de junio de 1886 como indemnización  era el correspondiente a 500 jornales. Esta indemnización se abonaría al  obrero definitivamente inutilizado o a los familiares del difunto en su  caso, y para su percepción el operario o su familia (en el caso de que  éste hubiere fallecido) debía renunciar previamente a toda clase de acción  por indemnización de daños y perjuicios para el contratista con arreglo  al derecho común (De La Villa, 2000).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La norma posibilita al contratista el concertar un seguro que cubra esta  responsabilidad, si bien se configura el mismo como voluntario. De este  modo, se otorga al contratista plena libertad para concertar el seguro  en la forma que estime conveniente, pero siempre bajo su responsabilidad  en lo que se refiere a la indemnización que se habría de abonar al obrero  o a sus familiares en caso de inutilización o muerte, respectivamente.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4. El primer intervencionismo científico: la comisión de reformas sociales</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La Comisión de Reformas Sociales (CRS) fue el organismo público encargado  de afrontar la cuestión social en los primeros años de la Restauración,  constituyendo un punto de ruptura en la política abstencionista que hasta  entonces había imperado en el ámbito normativo estatal. Pese a que la CRS  no puede ser calificada, <I>stricto sensu</I>, como un órgano administrativo,  si que puede ser considerada como el antecedente remoto de nuestro Ministerio  de Trabajo. La CRS es creada diez años después de la promulgación de la  Ley Benot, cuestión lógica si se tiene en cuenta que “<I>la organización administrativa  del trabajo ha sucedido en todas partes a los primeros balbuceos de la  legislación social. Ésta fue algo antes que aquella</I>” (García Oviedo, 1946:71).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La CRS llevó a cabo una tarea de información y sensibilización sobre las  condiciones de vida y de trabajo de las clases obreras, desarrollando una  labor preparatoria de estudio e investigación que precede a la acción estatal  normativa y que se denomina intervencionismo científico en las relaciones  de trabajo (Palomeque López, 1989).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4.1. El objetivo: una legislación social participada</B></FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La CRS se creó en 1883 mediante Decreto de 5 de diciembre<SUP>8</SUP>, suscrito por  D. Segismundo Moret y Prendergast, Ministro de la Gobernación del Gobierno  de Posada Herrera, denominándola Comisión para “<I>el estudio de las cuestiones  que interesan a la mejora o bienestar de las clases obreras, tanto agrícolas  como industriales y que afectan a la relación entre el capital y el trabajo</I>”.  Su texto fundacional consta de un extenso preámbulo, que constituye un  documento de gran interés histórico e ideológico, y de una parte articulada  más breve. Cuando en 1890 se reestructura, su denominación se simplifica  y se la conocerá por Comisión de Reformas Sociales<SUP>9</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El Decreto fundacional de la CRS refleja claramente la intención del legislador  de que la incipiente legislación social fuera sentida por las propias personas  a las que con posterioridad se les va a aplicar, contando de este modo  las normas sociales que se promulguen, con “<I>la sanción de la opinión pública,  que es superior a todas las sanciones legales</I>”. Se pretendía obtener normas  sociales de un modo consensuado y democrático, incitando a la participación  de todos los agentes sociales en su elaboración, lo que a priori redundaría  en un mayor grado de cumplimiento. Así, la labor de información y de estudio  de la realidad social debía ir orientada a preparar de un modo adecuado  la reforma legislativa y a reforzar la aceptación social de la misma entre  sus destinatarios. Sin embargo, este propósito tantas veces mencionado  en el proceso fundacional de la CRS, no logró eludir la sensación de que  con la creación de la Comisión lo único que se quería era aplazar una solución  definitiva para la cuestión social (Elorza e Iglesias, 1979).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4.2. El sustrato ideológico</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El grupo fundador de la CRS está relacionado con el partido liberal y el  republicano, si bien el equipo de la Comisión Central es políticamente  diverso y abierto a todas las tendencias ideológicas, incluyendo a las  conservadoras. La nota característica de todos ellos es que son contrarios  al intervencionismo estatal en la cuestión social (Castillo, 1985). Ideológicamente,  la CRS es fruto de las preocupaciones de los sectores más progresistas  de la burguesía española de tendencia krausista y reformista. De este modo,  la base intelectual de la CRS se basa en un grupo de burgueses más o menos  ilustrados que entendían que los problemas sociales de la España de finales  del siglo XIX pasaba necesariamente por la intervención de la élites en  la cuestión social y por una labor pedagógica, tendente a la culturización  de la clase obrera.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4.3. Las funciones</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La CRS nace con una doble finalidad. Su función principal es la denominada  <I>“científica”,</I> consistente en el “<I>estudio de todas las cuestiones que directamente  interesan a la mejora o bienestar de las clases obreras, tanto agrícolas  como industriales, y que afectan a las relaciones entre capital y trabajo</I>“  (artículo 1 del Decreto de 5 de diciembre de 1883). Junto a esta función,  y “<I>sin perjuicio</I>” de la misma, el artículo 2 se refiere a la función de  preparación legislativa de la CRS. De estas dos funciones encomendadas,  es la función denominada ”<I>científica</I>“ la que ha hecho pasar a la historia  a la Comisión.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">El año 1890, mediante Real Decreto de 13 de mayo<SUP>10</SUP> se modifica el régimen  de la CRS dotándola de mayor poder normativo, al atribuirle formalmente  la posibilidad de preparar Proyectos de Ley. Sin embargo, esta función  de preparación legislativa no se tradujo en ninguna disposición concreta  (Martín Valverde, 1987). Con la aparición de la Ley de Accidentes del Trabajo  de 30 de enero de 1900 se reactiva la labor normativa que había estado  paralizada durante el último cuarto del siglo XIX, reforzándose las tesis  intervencionistas subyacentes en el Decreto de 5 de diciembre de 1883.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4.4. Los trabajos de la CRS</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La CRS, haciendo uso de las facultades que el artículo 5 de su norma constitutiva  le dota, acuerda organizar Comisiones provinciales y locales con objeto  de abrir una amplia información oral y escrita sobre el estado y las necesidades  de los trabajadores, siguiendo las instrucciones de 30 de abril de 1884.  Con esta finalidad se elabora un extenso cuestionario que se recoge en  la Orden Circular de 28 de mayo de 1884 y que se remite a todos los gobernadores  civiles, encargándoles que se constituyan las Comisiones provinciales y  locales<SUP>11</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El referido cuestionario, encargado a Gumersindo de Azcárate, consta de  32 apartados y 223 preguntas. Es un cuestionario riguroso, muy elaborado  y que se adelanta a las posibilidades reales del momento, pues muchas de  las preguntas no se contestan por falta de datos o por el escaso desarrollo  de las ciencias auxiliares. Azcárate elige el método de cuestionario abierto,  con el fin de fomentar la discusión y el debate en cada pregunta, pretendiendo  con ello lograr un mayor grado de sensibilidad y conciencia de los problemas  analizados, que era el propósito último del reformismo social propugnado  por la CRS.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">De los testimonios que integran la información oral y escrita sobre el  estado y necesidades de los trabajadores se conserva la publicación oficial  efectuada por la propia CRS, entre los años 1889 y 1893, en cinco volúmenes.  El valor de los datos recopilados constituye “<I>uno de de los documentos  más vivos y reales de la historia social española</I>” (González- Posada Martínez,  1996:68).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4.5. Los resultados</B> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Es unánime el sector doctrinal que considera a la CRS como el origen de  la legislación social española, al establecer un catálogo de reformas legislativas  que influyeron decisivamente en la formación de esa rama del ordenamiento.  También se ha entendido, con gran acierto, que la CRS constituyó la primera  medida de política social adoptada por el liberalismo español y la aplicación  concreta de la investigación sociológica empírica que tenía en la encuesta  su instrumento de análisis de la realidad social (De la Calle, 1987).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Con todo, se tiene que tener presente que la CRS apenas pudo desarrollar  los fines para los que fue creada y ello por diferentes razones. El desfase  existente entre la envergadura del proyecto y el tiempo en el que se quería  llevar a cabo</FONT><A HREF="38_FN38.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>12</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"> constituyó una importante limitación para la consecución  de éxitos inmediatos por parte de la política reformista oficial, evidenciando  la poca reflexión que había detrás de su creación (Jordà Olives, 1987).  Sin embargo, no fue éste el mayor obstáculo que tuvo la CRS en el desempeño  de las funciones encomendadas, sino el limitado apoyo del sector obrero,  que consideraba la CRS un instrumento en beneficio de los intereses de  la clase explotadora, y la indiferencia de la mayoría de la clase política  burguesa. Ambos factores hicieron que la Comisión no pudiera obtener resultados  verdaderamente provechosos (Palomeque López, 1989).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La CRS estará abocada desde el principio a soportar el abandono y el desinterés  de la clase política por el problema social, pero, además, idénticas circunstancias  le rodearán por parte de la clase obrera más concienciada del problema,  al constatar que no podía, por principio y en función del ideario en que  se basa la CRS aportar soluciones que se fueran a llevar a la práctica.  El deseo de la CRS y de sus miembros de acercarse al mundo del trabajo  desde un punto de vista burgués dirigista o paternalista, basado en la  desconfianza hacia la capacidad del obrero, se puede considerar como uno  de los factores principales que llevaron a que la participación de las  clases obreras en la labor de recopilación de datos de la Comisión fuera  un fracaso. Los cauces de la CRS eran utilizados por los obreros más como  un medio de enfrentarse de un modo abierto a la filosofía reformista burguesa,  que servía de base a la Comisión, que para aportar nuevas vías de entendimiento  entre los diferentes agentes sociales implicados en la cuestión social.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Con todo, y pese a la escasa participación social y política referida,  se ha de valorar el significado de la institución como pionera del intervencionismo  científico en las relaciones de trabajo y como punto de partida del Derecho  Social español.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>5. A modo de conclusión</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En el primer intervencionismo legislativo y científico en las relaciones  del trabajo hunde sus raíces el Derecho del Trabajo. Las primigenias normas  de contenido laboral nacen como respuesta política y legislativa frente  a determinados problemas sociales, estando íntimamente ligadas con la realidad  económica y social en cuyo contexto surgen. En este sentido, la finalidad  de la primera legislación social consiste en proteger a todos los trabajadores,  y especialmente a los más débiles, frente a las pésimas condiciones laborales  que padecían en el último cuarto del siglo XIX.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Aunque la aplicación efectiva de la Ley Benot chocó con numerosos obstáculos  que impidieron su aplicación en la práctica, la norma supuso el despegue  del legislador en su tarea de intervenir en las relaciones productivas,  suponiendo el triunfo de las tesis intervencionistas estatales frente a  las liberales abstencionistas. Por su parte, el Real Decreto de 11 de junio  de 1886, aunque de aplicación parcial al ámbito de las administraciones  públicas, supuso en nuestro ordenamiento jurídico el primer reconocimiento  legal expreso al principio del riesgo industrial como criterio determinante  de la responsabilidad patronal objetiva.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Respecto a la Comisión de Reformas Sociales, y pese a su escasez de resultados  legislativos, debe señalarse su relevancia como punto de arranque del intervencionismo  científico en las relaciones de trabajo y de la política social del Estado  y como evidencia de la importancia de que la legislación social resulte  participada y sentida por los actores implicados en la cuestión social,  últimos destinatarios de las normas.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Bibliografía</B> </FONT></P>     <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">1. ALONSO GARCÍA, M. (1964).  <B>Curso de Derecho del Trabajo</B>, Barcelona, Librería  Bosch. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921306&pid=S1315-8597200800020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">2. ALONSO OLEA, M. (1968).  <B>Lecciones sobre Derecho del Trabajo</B>, Madrid, Universidad  de Madrid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921307&pid=S1315-8597200800020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">3. ALZAGA RUIZ, I. (2002). “Estudio preliminar”, a PIC, P.,  <B>Estudio Crítico  de la Ley de Accidentes de Trabajo Francesa de 9 de abril de 1898</B>, Madrid,  Centro de Estudios Ramón Areces. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921308&pid=S1315-8597200800020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">4. APILLUELO MARTIN, M. (1999).  <B>La relación de trabajo del menor de edad</B>,  Madrid, Consejo Económico y Social. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921309&pid=S1315-8597200800020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">5. ARIAS MIRANDA, J. (1862).  <B>Reseña histórica de la beneficencia española</B>,  Madrid, Imprenta del Colegio de Sordo-mudos y de ciegos. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921310&pid=S1315-8597200800020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">6. AZCÁRATE, G. (1893).  <B>Discurso leído por el Señor D. Gumersindo de Azcárate  el día 10 de noviembre de 1893 en el Ateneo científico y literario de Madrid</B>,  Madrid, Establecimiento Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921311&pid=S1315-8597200800020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">7. BASORA FRANCESCH, M. (1964).  <B>Derecho del Trabajo</B>, Barcelona, Ariel. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921312&pid=S1315-8597200800020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">8. BILBAO, A. (1997).  <B>El accidente de trabajo: entre lo negativo y lo irreformable</B>,  Madrid, Siglo XXI de España Editores. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921313&pid=S1315-8597200800020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">9. BORRAJO DACRUZ, E. (2002).  <B>Introducción al Derecho del Trabajo</B>, Madrid,  Tecnos, 13ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921314&pid=S1315-8597200800020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">10. CASANOVAS ROMEU, P. (2006). “El krausismo en la historia intelectual catalana”.  En: AA.VV., <B>Un siglo de derecho sociales. A propósito del centenario del  Instituto de Reformas Sociales (1903-2003),</B> Bellaterra, Servei de Publicacions  de la UAB, 2006. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921315&pid=S1315-8597200800020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">11. CASTILLO (1985). “Estudio introductorio” a Comisión de Reformas Sociales.  En: <B>Información oral y escrita publicada de 1889 a 1893,</B> Madrid, Centro  de Publicaciones del MTSS, 5 tomos, edición facsímil. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921316&pid=S1315-8597200800020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">12. DATO E IRADIER, E. (1909). “Significado y Representación de las Leyes Protectoras  de Trabajo”. En: <B>Revista General de Legislación y Jurisprudencia</B>, tomo  114. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921317&pid=S1315-8597200800020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">13. DE HINOJOSA FERRER, J. (1933).  <B>El enjuiciamiento en el derecho del trabajo</B>,  Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921318&pid=S1315-8597200800020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">14. DE LA CALLE VELASCO, M.D. (1987). “Las comisiones provinciales y locales  de la C.R.S. Limitaciones y resultados condicionados”. En: AA.VV., <B>Actas  de los IV Coloquios de Historia. El Reformismo social en España: La comisión  de Reformas sociales</B>, Jaén, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de  Ahorros de Córdoba. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921319&pid=S1315-8597200800020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">15. DE LA VILLA GIL, L.E. (1970). “Nacimiento del derecho obrero en España”.  En: AA.VV., <B>Actas del I symposium de historia de la administración</B>, Madrid,  Instituto de estudios administrativos. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921320&pid=S1315-8597200800020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">16. DE LA VILLA GIL, L.E. (2000). “La influencia de la Ley de Accidentes de  Trabajo de 1900 en la construcción del ordenamiento laboral español”. En:  AA.VV., <B>Cien Años de la Seguridad Social, </B>Madrid, Fraternidad –Muprespa  y UNED. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921321&pid=S1315-8597200800020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">17. ELORZA, A. e IGLESIAS, M.C. (1979). “La fundación de la Comisión de Reformas  Sociales” . En: <B>Revista de Trabajo</B> nº 25. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921322&pid=S1315-8597200800020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">18. ESPEJO DE HINOJOSA, R. (1928).  <B>Rudimentos de Derecho o Derecho usual español</B>,  Barcelona, Clarasó, 16ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921323&pid=S1315-8597200800020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">19. ESPUNY TOMAS, M.J. (2002). “Eduardo Dato y la legislación obrera”. En:  <B>Historia Social</B>, nº 43 (2002). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921324&pid=S1315-8597200800020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">20. ESPUNY TOMAS, M.J. (2005). “El treball infantil i de menors: una perspectiva  històricojurídica”. En: AA.VV., <B>Treball infantil i de menors</B>, Barcelona,  Cálamo. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921325&pid=S1315-8597200800020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">21. ESTASÉN Y CORTADA, P. (1903). <B>Los accidentes del trabajo y el seguro de  accidentes</B>, Madrid, Hijos de Reus. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921326&pid=S1315-8597200800020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">22. FERNÁNDEZ DOCAMPO, M.B. (2003).  <B>Seguridad y salud laboral en las obras  de construcción: obligaciones y responsabilidades</B>, Cizur Menor, Aranzadi. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921327&pid=S1315-8597200800020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">23. GALLART FOLCH, A. (1936).  <B>Derecho español del trabajo</B>, Barcelona, Editorial  Labor. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921328&pid=S1315-8597200800020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">24. GARCIA ORMAECHEA, R. (1935).  <B>Jurisprudencia del Tribunal Supremo y de la  Comisión Superior de Previsión sobre Accidentes de Trabajo: 1902-1934</B>,  Madrid, Suc. de M. Minuesa de los Ríos. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921329&pid=S1315-8597200800020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">25. GARCÍA OVIEDO, C. (1946).  <B>Tratado elemental de Derecho Social</B>, Sevilla,  IGASA. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921330&pid=S1315-8597200800020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">26. GACETA, Colección histórica de la Gaceta de Madrid (1711-1967), en http://www.boe.es/g/es/bases_datos/gazeta.php </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921331&pid=S1315-8597200800020000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">27. GIL CREMADES, J.J. (1969).  <B>El reformismo español. Krausismo, escuela histórica  y neotomismo</B>, Barcelona, Ariel. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921332&pid=S1315-8597200800020000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">28. GONZÁLEZ ORTEGA, S. y ALARCON CARACUEL, M.R. (1991).  <B>Compendio de Seguridad  Social</B>, Madrid, Tecnos, 4ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921333&pid=S1315-8597200800020000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">29. GONZÁLEZ SÁNCHEZ, J.J. (1997).  <B>Seguridad e higiene en el trabajo. Formación  histórica y fundamentos,</B> Madrid, Consejo Económico y Social. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921334&pid=S1315-8597200800020000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">30. GONZÁLEZ-POSADA MARTÍNEZ, E. (1996).  <B>El Derecho del Trabajo. Una Reflexión  sobre su evolución histórica</B>, Valladolid, Universidad de Valladolid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921335&pid=S1315-8597200800020000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">31. JORDA OLIVES, M. (1987). “Las instituciones económico patronales de Cataluña  ante la comisión de reformas sociales”. En: AA.VV., <B>Actas de los IV Coloquios  de Historia. El Reformismo social en España: La comisión de Reformas sociales,</B>  Jaén, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. </FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921336&pid=S1315-8597200800020000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">32. MARTIN GRANIZO, L. (1951).  <B>Apuntes para la Historia del Trabajo en España</B> <B>(IV),</B> Madrid, Imprenta de F. Doménech. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921337&pid=S1315-8597200800020000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">33. MARTIN GRANIZO, L. y GONZALEZ ROTHVOSS, M. (1932). <B>Derecho Social</B>, Madrid,  Ed. Reus, 2ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921338&pid=S1315-8597200800020000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">34. MARTIN VALVERDE, A. (1987). “La formación del derecho del trabajo en España”,  estudio preliminar a AA.VV., <B>La legislación social en la historia de España  de la Revolución liberal a 1936</B>, Madrid, Congreso de los Diputados. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921339&pid=S1315-8597200800020000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">35. MARVAUD, A. (1975).  <B>La cuestión social en España</B>, Madrid, Ediciones de  la Revista de Trabajo. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921340&pid=S1315-8597200800020000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">36. MILAN GARCÍA, J.R. (2003). “Los liberales en el reinado de Alfonso XII:  el difícil arte de aprender de los fracasos”. En: <B>Revista Ayer</B>, nº 52. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921341&pid=S1315-8597200800020000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">37. MONEREO ATIENZA, C. (2007).  <B>Ideologías jurídicas y cuestión social. Los  orígenes de los derechos sociales en España</B>, Granada, Comares. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921342&pid=S1315-8597200800020000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">38. MONTALVO CORREA, J. (1975).  <B>Fundamentos de Derecho del Trabajo</B>, Madrid,  Civitas. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921343&pid=S1315-8597200800020000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">39. MONTERO GARCÍA, F. (1988).  <B>Los seguros sociales en la España del siglo  XX. Orígenes y antecedentes de la previsión social</B>, Madrid, Centro de publicaciones  del MTSS y Universidad de Salamanca, tomo I. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921344&pid=S1315-8597200800020000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">40. MONTERO GARCÍA, F. (1997). “Conservadores y liberales ante la cuestión  social: el giro intervencionista”, en <B>Revista de Filología Románica </B>nº  14, vol II. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921345&pid=S1315-8597200800020000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">41. MONTERO GARCÍA, F. (1999).  <B>Historia de España. Restauración y Regencia</B>.  La España Canovista (1875-1902), Barcelona, Espasa. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921346&pid=S1315-8597200800020000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">42. MONTOYA MELGAR, A. (2003). “El reformismo social en los orígenes del Derecho  del Trabajo”. En: <B>Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales</B>,  nº extra por el Centenario del Instituto de Reformas Sociales. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921347&pid=S1315-8597200800020000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">43. MONTOYA MELGAR, A. y PIZA GRANADOS, J. (2000).  <B>Curso de Seguridad y Salud  en el Trabajo</B>, Madrid, McGrawHill, 2ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921348&pid=S1315-8597200800020000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">44. NAVARRO FERNÁNDEZ, J.A. y PERTÍÑEZ VÍLCHEZ, F. (2002).  <B>Responsabilidad  civil empresarial y riesgos laborales</B>, Barcelona, Bosch. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921349&pid=S1315-8597200800020000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">45. OYUELOS, R. (1902).  <B>Accidentes del trabajo. Estudio de la Ley, Reglamento,  disposiciones complementarias y Jurisprudencia</B>, Madrid, Legislación Española. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921350&pid=S1315-8597200800020000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">46. PALOMEQUE LÓPEZ, M.C. (1989).  <B>Derecho del trabajo e ideología</B>, Madrid,  Tecnos, 4ª edición revisada. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921351&pid=S1315-8597200800020000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">47. PALOMEQUE LÓPEZ, M.C. (1994).  <B>Derecho Sindical Español</B>, Madrid, Tecnos,  5ª edición revisada. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921352&pid=S1315-8597200800020000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">48. PÉREZ Y DE MOLINA, M. (1859).  <B>Del Pauperismo</B>, Jerez, Imprenta de Guadalete. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921353&pid=S1315-8597200800020000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">49. PIRENNE, J. (1958).  <B>Historia Universal. Las grandes corrientes de la historia</B>,  Barcelona, Éxito, volúmen VI. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921354&pid=S1315-8597200800020000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">50. SALA FRANCO, T. y otros (1995).  <B>Derecho del Trabajo</B>, Valencia, Tirant lo  Blanch, 9ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921355&pid=S1315-8597200800020000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">51. SALCEDO GINESTAL, E. (1904).  <B>Estudios elementales de higiene industrial.  Directorio de los patronos en la higienización de las industrias</B>, Madrid,  Madrid Médico. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921356&pid=S1315-8597200800020000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">52. SALMERON y GARCÍA, N. (1914).  <B>El contrato colectivo del trabajo</B>, Madrid,  Establecimiento tipográfico de Fortanet. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921357&pid=S1315-8597200800020000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">53. SUÁREZ GONZÁLEZ, F. (1967).  <B>Menores y mujeres ante el contrato de trabajo</B>,  Madrid, Instituto de Estudios Políticos. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921358&pid=S1315-8597200800020000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">54. SUÁREZ GONZÁLEZ, F. (1986).  <B>Derecho del Trabajo</B>, Madrid, UNED, 4ª edición. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921359&pid=S1315-8597200800020000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">55. TOMAS ALEMANY, P. (1912).  <B>Legislación Social</B>, Alicante, Vda. De A. Reus. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921360&pid=S1315-8597200800020000400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">56. TRIAS BEJARANO, J. (1968). “Estudio preliminar” a PI I MARAGALL, F., <B>Pensamiento  social</B>, Madrid, Ciencia Nueva. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921361&pid=S1315-8597200800020000400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">57. TUSELL, J. y otros (1995).  <B>Historia del mundo contemporáneo</B>, Madrid, Universitas. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921362&pid=S1315-8597200800020000400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">58. VALENTI VIVO, I. (1900).  <B>La Intoxicación en la Industria Moderna</B>, Barcelona,  Henrich y C.ª en comandita. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921363&pid=S1315-8597200800020000400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">59. YABEN YABEN, H. (1914).  <B>Exposición y crítica del llamado intervencionismo  del Estado</B>, Madrid, Establecimiento tipográfico de Jaime Ratés.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=921364&pid=S1315-8597200800020000400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1 El krausismo es un fenómeno que tiene su origen en la debilidad política  y conceptual del liberalismo español entre 1833 y la Revolución de 1868,  justo antes del sexenio liberal que precedió a la Restauración. Se basa  en la filosofía de Krause, que corresponde a un típico sistema de filosofía  romántico, y que centrándose en un único punto de apoyo- el yo o alma inteligente-  ahonda en el conocimiento interior y explora la descripción exterior que  anida en la percepción, el entendimiento y la razón, modificando sin desmarcarse  el esquema establecido por el criticismo kantiano.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2 La recepción en España de esta nueva configuración de los principios liberales  clásicos queda recogida en el <I>Boletín de la Institución Libre de Enseñanza</I>  y en la <I>Revista General de Legislación y Jurisprudencia</I> en los años noventa.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3 Los tratados sobre beneficencia de la época entendían que la caridad pública  era supletoria de la privada, teniendo la sociedad como uno de sus deberes  principales el de proteger y amparar al desvalido. Desde la óptica de la  beneficencia se entendía que el progreso de la civilización traía consigo  el incremento de la miseria, debiendo paliarla la sociedad con el apoyo  del Estado.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4 <I>Gaceta de Madrid</I>, 28 de julio 1873. Eduardo Benot y Rodríguez (1822-1907),  presentó el Proyecto de Ley que lleva su apellido, siendo Ministro de Fomento,  durante el mandato de Pi i Margall, en las Cortes Constituyentes de la I  República, el 25 de junio de 1873</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5 No parecía en 1873 que existieran justificaciones doctrinales que integraran  en el esquema liberal una legislación que protege de un modo general a  la totalidad de los trabajadores asalariados, lo que podía haber ocasionado  diferentes desajustes entre los diferentes actores implicados en la cuestión  social, sin embargo la inaplicación de la norma hizo que este problema  no se materializara en la práctica. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6 El artículo 9 de la Ley Benot contenía por primera vez, normativamente  hablando, la expresión “<I>higiene y seguridad de los obreros”</I>. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7 La teoría del riesgo profesional hunde sus raíces en el Derecho Romano,  siendo una reminiscencia del aforismo recogido en el Digesto, “<I>qui commodum  sentit, incommodum sentire debet</I>” y que pasó a nuestro derecho a través  de las Leyes de Partidas.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8 <I>Gaceta de Madrid</I>, 10 de diciembre de 1883.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9 La comisión estaba formada en un primer momento por Antonio Cánovas, presidente,  y trece miembros más: Gabriel Rodríguez, Gumersindo de Azcárate, Urbano  González Serrano, el marqués de Monistrol, Fernando Puig, José Cristóbal  Sorní, el duque de Almodóvar del Río, Andrés Mellado, Carlos M. Perier,  Mariano Carreras, Federico Rubio, Daniel Balaciart y Juan Martos. En enero  de 1884, Segismundo Moret sustituye a Cánovas al subir los conservadores  al poder, y en años posteriores se añaden otros representantes de la vida  académica y política de la Restauración. La mayor parte de sus miembros  habían estudiado derecho, aunque también habían médicos, ingenieros o economistas.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10 <I>Gaceta de Madrid</I>, 14 de mayo de 1890.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11 La distribución geográfica de las Comisiones provinciales y locales se  hace en función de las localidades donde existe mayor asociacionismo obrero  y mayor conflicto social: Cataluña (Granollers, Igualada, Tortosa, Reus,  Villanueva y Geltrú, Manresa, Mataró, Tarrasa), Andalucía (Vera, Loja,  Guadix, Linares, Antequera, Arcos, Jerez, San Fernando, Écija, Carmona,  Morón, Utrera), Galicia (Santiago, Vigo, Ferrol) y otros lugares dispersos:  Béjar, Gijón, Almadén, Cartagena, Alcoy y Mahón.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12 Se ha de tener en cuenta que para la contestación del cuestionario formulado  por la CRS y que pretendía abarcar todos los aspectos socio-económicos  de la clase obrera, se otorgaba por parte del organismo gubernamental un  plazo muy exiguo. Según se disponía en la Instrucción de 30 de abril de  1884, que fue circulada por el Ministerio de Gobernación el 28 de mayo  de 1884, las diferentes Comisiones debían ser constituidas antes del 1  de septiembre del mismo año. El proceso informativo habría de concluir  antes del 15 de octubre y un mes más tarde debería estar en poder de la  Comisión Central todos los resultados obtenidos por las diferentes Comisiones  locales y provinciales, así como las posibles soluciones para los problemas  que se hubieran detectado. Resulta evidente la desproporción existente  entre las tareas encomendadas por el poder central a las diferentes Comisiones  y el plazo otorgado para el cumplimiento de tales trabajos.</FONT></P>       ]]></body>
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<source><![CDATA[Exposición y crítica del llamado intervencionismo del Estado]]></source>
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