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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Ramón Santaella Yegres (2006)  Geografía: Diálogo entre Sociedad e Historia. Caracas. Fundación Pío Tamayo</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Omar Hurtado Rayugsen.</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;IPC – UPEL  Caracas-Venezuela <a href="mailto:omarrayugsen@hotmail.com"> omarrayugsen@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De Santaella, así a secas,  escuchamos hablar por primera vez, a mediados de los sesenta, cuando arribamos  desde el monte, al que algunos llaman la Venezuela profunda, con la intención de  cursar estudios de profesorado en Geografía e Historia en el Instituto  Pedagógico de Caracas. De él se comentaba en la casona de El Paraíso que: (1)  era proveniente de la antigua Escuela Normal de Varones, (Miguel Antonio Caro),  (2) había sido un callado y extraordinario estudiante y (3) era de los que se  había identificado de manera más raigal con el Método de los Conjuntos que desde  entonces impulsaba Ramón Adolfo Tovar López; quien, dicho sea de paso, recién  llegado de Francia comenzaba a hablar de una Geografía que va más allá de  accidentes naturales y frías enumeraciones, es decir de una Nueva Geografía.  Ejemplo de esa asociación lo encontramos en el artículo de Santaella “Trabajo  porcentual sobre cultivos y superficie cultivada en Venezuela”, publicado en el  número 4 de Gea y tan celebrado por la Revista Crítica Contemporánea.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Después supimos que: su  apelativo completo era Ramón Bonifacio Santaella Yegres; era caraqueño del  Barrio Unión, estaba estudiando en la Escuela de Historia de la antigua hacienda  de Los Ibarra; no había conseguido trabajo en la liceos oficiales por lo que  laboraba en colegios privados, en una actuación particular de la generalizada  obra de las listas negras y persecuciones contra el opositor propia de esos años  de democracia representativa; y se desempeñaba como auxiliar de investigación en  el Instituto del ramo, hoy Rodolfo Quintero, de la entonces Facultad de Economía  de la Universidad Central de Venezuela. Lo conocimos personalmente en uno de los  numerosos cursos de actualización que nuestros maestros del pedagógico  organizaban corrientemente. Entonces empezamos a entender que sólo estábamos  accediendo a una mínima parte de lo que el profesor Santaella dominaba de “la  ciencia que lo tituló con una designación que ya le pertenecía…[porque se había  hecho] maestro con la certeza de que sólo el que pregunta y se asombra puede  enseñar”. Como, poéticamente, Mery Sananes presenta a este “atrapador de  arcoiris” en el libro que estamos comentando.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En la medida que continuábamos  nuestra pelea contra el memorismo y la ilación descontextualizada, que dominaba  en los sesenta y sucedáneos, recibíamos noticias de Ramón. Se graduó de  Licenciado. Participó en el concurso de oposición para el cargo de Investigador  en el Instituto donde hasta entonces era contratado, el cual ganó; recordamos  como Francisco Reyes Baena divulgó esta buena nueva con un artículo que  intituló: “Veinte puntos”, cuya sola denominación resume la excelencia de la  prueba rendida. Tuvo destacada participación en connotados proyectos surgidos de  estos ambientes como “Estudio de Caracas”, “La Obra Pía de Chuao” y “La  Dependencia de Venezuela”; además de publicar varios artículos de innegable  importancia dentro de lo que define su línea de vida, más que de investigación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Una vez graduados en el IPC nos  tocó probar nuestra pequeña ración amarga de las nóminas de los excecrados;  aunque debemos reconocer que corrimos con menos suerte que Santaella, porque  nosotros si encontramos trabajo en los liceos oficiales al poco tiempo, en tanto  que él nunca pudo disponer de una plaza en este subsistema. Mientras no habíamos  disfrutado las mieles de las labores públicas fuimos a la Escuela de Historia de  la casa que vence las sombras. Más que para resolver una injusta separación de  rango y oficio; para saber si era verdad que los historiadores podían ayudarnos  a clarificar las cuestiones del Método a quienes nos llamábamos, pedantemente,  geógrafos. Como habíamos escuchado decir al hoy reseñado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Esta pequeña circunstancia nos  permitió involucrarnos en la llamada Renovación Universitaria; que sacudió las  bases de la centenaria institución, pero dejo en pie mecanismos perversos como  la evaluación confundida con la medición del conocimiento a través de pruebas  parciales, finales y de reparación. Por lo que interesa a estas notas,  recordaremos que asistimos como alumnos a la apertura del Primer Curso de  Geografía Histórica que se ofrecía en el país; el cual fue estructurado por  Santaella, casi a veinte años de las primeras lecciones de Ramón Tovar sobre la  materia y a unos sesenta de los borradores iniciales de Fernand Braudel acerca  de la profunda imbricación entre la Historia y la Geografía. No es ninguna  retaliación sentimental recordar que este curso se abrió en medio de una férrea  resistencia de quienes decían oponerse a la interdisciplinariedad; pero que  luego, cuando la asignatura ganó propiedad, no dudaron en desalojar de ella a su  fundador y apropiarse de la misma con subterfugios de apariencia legal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La historia reciente es  conocida por todos. Santaella se gradúa de Doctor en Ciencias Sociales, con una  tesis, Dinámica del Espacio en la Cuenca del Lago de Maracaibo, que ya es  clásica entre los estudiosos de la disciplina. Como la vida de Ramón ha sido una  constante lucha con los contrarios; rememoramos como para acceder a este nivel  hubo de pelear para que se le reconocieran sus créditos como investigador y  hasta tuvo que confrontar, a pretendidas autoridades, en cuanto a la  interpretación y manejo ad hoc del pensamiento clásico marxista. Donde, como  cosa rara, demostró tener la razón.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ya jubilado se dedicó con más  ahínco a la investigación con finalidad docente. Se involucró frontalmente en el  diseño y desarrollo de la Maestría en Educación, Mención Enseñanza de la  Geografía que la Universidad Pedagógica Experimental Libertador imparte en los  pedagógicos de Maracay, Caracas, Rubio y Barquisimeto; con la de Enseñanza de la  Geohistoria, en Maturín. Con la de Geografía, Mención Docencia, en la  Universidad del Zulia Y con el Doctorado en Ciencias Sociales que ofrece la UCV.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Bajo los auspicios de la  Fundación Cátedra Pio Tamayo, una sociedad que ya nos es familiar, Ramón  Santaella nos entrega: <i>Geografía: Diálogo entre Sociedad e Historia.</i>  Trabajo que no puede ser considerado aisladamente del constante hacer de su  autor.; sino que, por el contrario, representa un eslabón más en el proceso de  elaboración permanente que lo caracteriza.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las trescientas sesenta y  cuatro páginas, distribuidas en diecisiete capítulos y una reflexión final, se  nos presentan como el producto elaborado de la reflexión del maestro que  considera llegada la oportunidad de hablarle a los discípulos, no sólo a quienes  tienen el privilegio de compartir sus labores de aula, acerca de las cuestiones  que ha venido hilvanado a lo largo de más de nueve lustros de trajinar por los  ambientes educativos a todos los niveles y en funciones de permanente  aprendizaje. Algo que, por lo demás, ha estado cociendo en sus elaboraciones  anteriores. Elucubraciones en las que ha venido confrontado verdades  aparentemente inconmovibles. Asumiendo el riesgo que implica la exagerada  simplificación, nos permitiremos adelantar algunos casos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La opera prima que nos regaló:  “<i>Región y Localidad Geoeconómica Dependiente</i>”, (1980, UCV); nos permite  desmenuzar y cuestionar una de las categorías fundamentales del pensamiento  geográfico: La Región Administrativa; y, a partir de un concienzudo análisis de  las distintas acepciones, nos deja la sorprendente proposición que en Venezuela,  y en buena parte de occidente, ella no existe sino que ha sido sustituida por la  localidades que se supeditan a centros extra territorializados, al extremo que  todo el país funcionaría, en el mejor de los casos, como una de ellas articulada  a los núcleos de poder. Aún está encendida la polémica que se prendió con  quienes asumen que entre nosotros si existen esa unidades. Para quienes duden la  veracidad de esta afirmación, les sugerimos revisar como se plantea este tópico,  en el Proyecto de Reforma Constitucional sometida a referéndum en diciembre del  2007.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Su segundo libro, (<i>La  Dinámica</i>.., 1989, UCV), ya mencionado, plantea severos cuestionamientos a la  interpretación tradicional de la llamada región histórica; de manera nada casual  selecciona para desarrollar su tesis la más emblemática de ellas, la del Lago de  Maracaibo. Para desmontar la urdimbre sobre la que descansa su supuesta  excepcionalidad se apoya en la dinámica espacial de la misma y asume, apoyado en  el comportamiento histórico que la define, que, si bien tiene notas singulares,  éstas no le confieren la fortaleza que se esgrime para que sea manejada como un  caso único en el devenir nacional.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De este mismo tenor han sido  sus trabajos sobre Manuare, el Táchira y las disquisiciones en torno a la  interpretación y aplicación de los fundamentos clásicos del materialismo  histórico. Por ejemplo, en “Apariencia y Esencia de las Ciencias Sociales”, que  aparece en el número 5 de la revista <i>Geodidacta</i>, nos llama la atención en  cuanto a que: “…nos conformamos con especular científicamente con la deducción o  bien, con la inducción, sin importarnos la esencia (realidad) de dicho  objeto”.Por ello, refirmamos que el libro en esta ocasión comentado es el  resultado lógico de una saga que, por el mundo de las conceptualizaciones, Ramón  ha venido, pacientemente, elaborando durante muchos años.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En él comienza por justificar  el diálogo entre estas dos ciencias sociales porque el mismo “…ha debido ser  proclamado [dada] la cercanía intrínseca de ambas [lo que nos obliga] a un  diálogo permanente, cotidiano que no podemos percibir mientras seamos producto  de lineamientos por no decir ‘alienamientos’ positivistas”. Se deslinda de lo  que llama los ‘feudos’ de cada ‘señor’ del conocimiento, entendiéndolos como “la  herencia del pensamiento dominante durante todo el siglo XIX hasta los momentos  actuales”. Frente a esa visión del conocimiento fragmentado y unidisciplinar  proclama la existencia de la geohistoria que debe ser entendida, más allá de  visiones semánticas y semiológicas, como “una intencionalidad ideológica,  metodológica y epistemológica [que] responde a una necesidad interdisciplinaria  y transdisciplinaria que debe ser reforzada con el diálogo permanente…”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los capítulos subsiguientes los  dedica a explicar la importancia de la didáctica en el proceso formativo del  educador, lo que es entendible si recordamos la preparación de base que exhibe  el autor. No debe verse como una explanación casual la que nos proporciona al  insistir que esta disciplina no es una ciencia. Luego pasa revista a la  importancia del lenguaje en la capacitación del educador y del investigador; a  propósito mencionaremos un reciente decreto del gobierno federal del gigante del  norte que sanciona pecuniáramente a los funcionarios que no lean ni escriban  correctamente. Sobre este particular, importancia de la lectura y la escritura,  el autor avanza unas conclusiones en cuanto al papel de la Universidad  Pedagógica que merecen, en un futuro no tan lejano, una discusión más detenida.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Mas adelante, Santaella,  detalla la importancia, para la investigación, de calibrar la verdadera  articulación entre la realidad y el problema a través del diagnóstico. Pasando a  insistir sobre cuanta prioridad tiene el conocimiento de la realidad y la  definición de los parámetros que deslindan a las investigaciones de corte  pedagógico. Lo que le permite abundar en lo que llama “La Propuesta Pedagógica”,  que a su manera de ver, que hacemos nuestra, debe apoyarse en la interpretación  del paisaje geográfico, en la realización del trabajo de campo y en el  levantamiento de la cartografía geohistórica que debe conducir al mapa síntesis.  Esto le permite justificar su otero con la conceptualización de ciencia que  maneja y que nos resulta útil para abordar, tanto nuestros espacios urbanos,  como el llamado espacio globalizado utilizando lo que denomina neohistorización  a la que define como el resultado de: “… la acumulación interactuada de tiempos,  acumulación de trabajo, sistema que integra estructuras (espaciales) de manera  desigual, sometidas a leyes de cambio y transformación, generadas en el seno del  modo de producción dominante, que al mismo tiempo cambia y se transforma” . Todo  lo cual, en nuestro caso nacional, es explicable por la compleja incidencia del  petróleo, al que asoma como un sujeto social. Tampoco es una futilidad señalar  que sus elaboraciones para entender y explicar la espacialidad tienen una sólida  base estadística, sin caer en la acepción positivista de asignar valor a los  números por los números.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este libro tiene una profunda  significación, son sus compañeros de. nacimiento tres libros: el de Mery Sananes  sobre las trampas de la cultura, centrado en el gran Luis Mariano, quien  cumplió, el 19 de agosto de 2006, los cien años de su primera luz y dos de  Agustín Blanco sobre la violencia, que sólo vienen a reafirmar, por antonomasia,  su condición de historiador de los momentos más dolorosos y polémicos de la  historia reciente; no obstante esa circunstancia creemos que esta aparición  encierra algo mucho más relevante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">No es nada fortuito que quienes  hemos estado hermanados por los acontecimientos durante décadas, en la  actualidad nos encontremos inmersos en un piélago de circunstancias que, como  hemos aprendido de la ciencia por excelencia, son sólo el resultado de la  coincidencia de las condiciones objetivas y subjetivas que nos dijeran durante  tantos años. Esta coyuntura de la historia nacional nos obliga, como aprendimos  de los maestros a quienes Santaella rinde tributo a lo largo de su libro, a  profundizar en el estudio de los acontecimientos, a consolidar nuestros análisis  en la necesaria coherencia del pensamiento, con la palabra y la acción a través  del tiempo; a su vez pivoteados sobre el común denominador del más sólido de los  compromisos sociales. Hoy, como ayer, y como siempre proclamamos que no hay otra  manera de asumir lo que nos enseñaron, a través del ejemplo, como la ética  revolucionaria; la que no se pregona sino que se ejerce.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El país, como un todo, nos  exige que coloquemos nuestra formación al servicio de la solución de los  problemas de fondo. En el actual momento, cuando quienes hacen política han  puesto la cómica y los factores de poder parecen estarse invirtiendo,  anunciándonos que los cómicos están haciendo política y hasta los comentaristas  de farándula se duelen en la prensa del día porque el “imperialismo está  atropellando la belleza de nuestras mujeres, negándoles los cetros que se  merecen”. Consideramos llegada la hora para que diferenciemos lo concreto de lo  irreal y para desechemos el “empeñarnos en continuar aceptando las directrices y  tratar al conocimiento científico como conocimiento de localidades e  individualidades”. Para ello necesitamos superar la visión particularista y  asumir “el concepto de totalidad y los principios y leyes que la rigen”. Como  recomienda Ramón Santaellla Yegres en la “Última reflexión” con que cierra este  libro.</font></p>       ]]></body>

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