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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Indígenas, españoles y piratas en el nuevo mundo: Una guerra en el caribe]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Was reissued in America was exercised piracy ancestrally in the Mediterranean and Europe's North Sea. It is, in the New World, where this criminal activity will take the most varied and original hues piracy becoming American. The new continent piraterismo inherited the plague that ensued after the arrival of Europeans on 12 October 1492, when the presence of Christopher Columbus and his party, would mean for people, water and land yet to know the home of the shocks, submission, expropriation, genocide, slavery, the imposition of another language, another culture, finally, of death and subjugation as the only destination for those considered inferior beings, or rather not even humans. So piracy to America is the continuation of the evils planted there by those early settlers and, somewhat later, to be the damage exerted on the latter, the other monarchies that would end adversely big booty is America.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana"><b>INDÍGENAS, ESPAÑOLES Y PIRATAS EN EL  NUEVO MUNDO: UNA  GUERRA EN EL CARIBE.</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2">  Geniber Cabrera P.</font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2">  Universidad Politécnica de Valencia. España  <a href="mailto:ge.ni.ber@hotmail.com">ge.ni.ber@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>RESUMEN</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En América se reeditó la piratería que se ejerció ancestralmente en el  Mediterráneo y  en el mar del Norte europeo. Es, en el Nuevo Mundo, donde esta delictiva  actividad  tomará los más variados y originales matices convirtiéndose en la piratería  americana. El nuevo Continente heredó la plaga del piraterismo que le sobrevino  después de la llegada de los europeos el 12 de octubre del año 1492, cuando la  presencia de Cristóbal Colón y sus acompañantes, significaría para los  pobladores, las  aguas y tierras aún por conocer el inicio de los sobresaltos, el sometimiento,  la  expropiación, el genocidio, la esclavitud, la imposición de otra lengua, de otra  cultura, en fin, de la muerte y la subyugación como el único destino para los  considerados seres inferiores, o más bien ni siquiera seres humanos. Así, la  piratería  para América es la continuación de los males sembrados en ella por esos primeros  colonizadores y, un tanto después, ha de ser el daño que ejercieron sobre éstos  últimos, las otras monarquías que terminarían adversándoles su gran botín.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>PALABRAS CLAVES</b>: Nuevo Mundo, Corsopiraterismo, Cofradías, Comercio  Intercolonial.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>INDIAN, SPANISH AND PIRATES IN THE NEW WORLD: WAR IN THE  CARIBBEAN</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>ABSTRACT</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Was reissued in America was exercised piracy ancestrally in the Mediterranean  and  Europe's North Sea. It is, in the New World, where this criminal activity will  take the  most varied and original hues piracy becoming American. The new continent  piraterismo inherited the plague that ensued after the arrival of Europeans on  12  October 1492, when the presence of Christopher Columbus and his party, would  mean for people, water and land yet to know the home of the shocks, submission,  expropriation, genocide, slavery, the imposition of another language, another  culture,  finally, of death and subjugation as the only destination for those considered  inferior  beings, or rather not even humans. So piracy to America is the continuation of  the  evils planted there by those early settlers and, somewhat later, to be the  damage  exerted on the latter, the other monarchies that would end adversely big booty  is  America.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>KEY WORDS:</b> New World Corsopiraterismo, guilds, Intercolonial Trade.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>Recibido</b>: 21/10/2009 <b>Aprobado</b>: 11/02/2010</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>PIRATERÍAS EN EL NUEVO MUNDO.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  El mítico y fantasioso Nuevo Mundo, lejos de espantar los intereses y las  aventuras en torno a sí mismo, más bien se convirtió en una especie de imán que  atrajo en desbandada a los más inmorales y degenerados hombres buscadores de  fortunas fáciles, quienes se sobrepusieron a todas las quiméricas ideas en torno  a las  tierras aún por conocer, y se echaron sobre éstas apoderándose de sus espacios  acuáticos para desde allí someter, a su antojo, pueblos, riquezas, y todo cuanto  generase placer y regocijo al desenfrenado deseo de lujuria y lucro que les  motivaba.  Asimismo, se fueron creando lo que pudiéramos llamar pueblos de piratas, porque  se  iban tomando territorios, principalmente, islas e islotes que eran abandonados  por los  españoles producto de los asedios –como por ejemplo la isla de La Tortuga- y  esto  permitía para la actividad pirática, una plataforma de operaciones, dado que, la  tierra  proporcionaría lo que así no podía el mar, es decir, el aderezamiento de  embarcaciones y avituallamiento de sus tripulantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Enfilarse en la piratería significaba superar, en principio, -como hemos dicho  anteriormente- los temores que en torno al mar se tejían y, por otra, debía  estarse  siempre preparado, alerta y en buenas condiciones físicas para las acometidas  propias  al duro y arriesgado oficio, pues lo común era, en el peor de los casos, que de  un solo  zarpazo se perdiera la vida o, simplemente, el someterse con mucha frecuencia a  las  fatigantes inaniciones por las escasas raciones de comida, así como aguantar sed  por  las exiguas dosis de agua dulce y de un sinnúmero más de vicisitudes típicas a  dicha  aventura marina. Pero, lo que sí cobraba fuerza en las mentes de los tripulantes  de    estas escuadras de salteadores, era que los resultados superarían con creces  todos los  sacrificios, porque una sola y buena presa cargada de oro, plata y joyerías,  también  cambiaría de una vez por todas, la marginal y aburridísima vida que se llevaba  en la  arruinada Europa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  A la piratería se llegaba por necesidad, difícilmente por vocación.  Algunos europeos sintieron distintas motivaciones que les condujeron  hacia ella, como dijimos, pero fueron siempre una minoría. Es  inimaginable una piratería integrada por personas acomodadas o de las  altas clases sociales de un país. Nobles, burgueses y altos funcionarios  encontraban siempre una forma de satisfacer su espíritu de aventura, su  patriotismo, su religiosidad y hasta su independencia, sin necesidad de  llegar a convertirse en piratas. Además, el corso brindaba oportunidades  para quienes se movían por tales incentivos, con la ventaja de ofrecer casi  las mismas emociones y contando con el respaldo de sus monarcas y el  respeto de sus compatriotas. (Lucena Salmoral, 1994, pp. 40-41)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Es pues, la indigencia, la penuria, la pobreza y las carencias, lo que sustenta  las  motivaciones para hacerse a la piratería. Necesidades que se buscaron sufragar a  costa de la lucrativa actividad. Refiere este historiador español, lo siguiente:  Es imposible hacer aquí un inventario de las necesidades de Europa. De  hecho, los estudios sobre la pobreza son todavía escasos y muy localizados  para determinadas épocas y regiones. Aceptemos, por tanto, lo que  tradicionalmente se ha afirmado de que los piratas serían gentes pobres o  miserables, delincuentes, vagabundos, desertores o perseguidos por sus  ideas… (Op.cit.p. 41).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En principio, los acechos del piraterismo contra las embarcaciones procedentes  de las Indias que regresaban hacia España repletas de joyerías, se cometían  cerca de  los destinos finales de éstas, es decir, en las mismas aguas de donde habían  partido  hacia la América, pero luego, muchos piratas y corsarios decidieron buscar las  fortunas españolas en sus propias posesiones coloniales, en el origen mismo en  el cual  se emprendía el camino de la Carrera de Indias, como se le conocía a la travesía  ultramarina. Esta vía marina se develó producto de las cartas de navegación que  los  propios piratas usurpaban junto al botín en cada una de las presas que hubieran  de  acechar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Poseyendo los piratas las  informaciones que permanecían ocultas por los  españoles acerca de las rutas marinas hacia América y, precisamente, teniendo en  sus  manos los derroteros del tornaviaje euroamericano, lograron, no sólo riquezas  por el  oro, la plata y otros minerales preciosos, sino también, porque se instalaron en  territorios en los cuales habían desplazado a sus habitantes y gobernantes,  convirtiéndose ellos en sus nuevos pobladores.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Según Cruz Apestegui (2000) en su relación a Las Rutas del Atlántico se tiene  que: “La navegación por el océano Atlántico a los diferentes destinos que desde  la  Península Ibérica, llevaban los barcos españoles, se realizaba de manera  invariable  por rutas que pronto fueron conocidas por todos los navegantes europeos” (p.  34).  Claro, esto brindó a los interesados del gran botín americano, sobradas  oportunidades  para al igual que españoles y portugueses, conquistar, explorar y apropiarse de  todas  las riquezas y tierras posibles. Continuando con este autor, se tiene que:  El continente americano se alcanzaba navegando al sur (…). Al alcanzar la  latitud de 16º se iniciaba la travesía rumbo a la Deseada, aunque también  se podía navegar más al sur, sobre los 14º, rumbo a Trinidad (...) los  alisios empujaban los barcos hasta las islas de barlovento, alcanzando  Trinidad a los 30 días de su partida… (ídem).  En torno a los tiempos de los viajes y sus destinos, se referencia que a Puerto  Rico  se llegaba en 50 días partiendo desde Sanlúcar, Santo Domingo dos o tres días  después; a la Habana, unos 65 días y unos 75 días para alcanzar San Juan de Ulúa.  Más hacia el sur los tiempos eran más o menos similares, a Cartagena se llegaba  después de 50 días y a Nombre de Dios, eran necesarios poner unos 72 días más o  menos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Todas estas marcadas rutas marinas, se describían en las cartas de navegación  que tuvieron lugar producto de la experiencia de los españoles y portugueses en  el  Nuevo Mundo que luego, en las manos de los piratas, rendirían tributos más allá  de lo  mitológico y fantasioso, para abrirle paso a un mundo real que no distaba mucho  de  aquellas imaginaciones en torno a la abundancia de sus infinitos bienes.  Es crucial determinar quién o quiénes fueron los primeros piratas que llegaron a  los mares de América y, más aún dificultoso será precisar los que cometieron los  principales actos depredatorios contra la gente, las tierras y las riquezas del  Nuevo  Mundo. Muchos estudiosos de este tema coinciden en ciertas afirmaciones dando  algunos nombres o remoquetes de los piratas que llegaron a las atlánticas aguas  americanas, otros en cambio, atribuyen a los propios conquistadores tal  denominación.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  A nuestros mares, aparentemente, no ha llegado aún la piratería. El  monopolio del pillaje y del saqueo se lo reservan los conquistadores  españoles. Caen sobre las riquezas - pocas o muchas - de los pueblos  aborígenes con más violencia y terror que, andando el tiempo, habrán de  caer sobre ellos los aventureros de otros países (…).Corre a cargo de los  españoles el primer acto de ostensible piratería que se realiza en tierras de  nuestro continente. Ese primer pirata conocido se llama Hernán Cortés y  la aventura tiene lugar en el litoral cubano (…) Cortés ha sido designado  capitán general de la armada con que Velásquez piensa conquistar las  tierras mexicanas. A última hora, cuando Cortés está a punto de zarpar,  Velásquez da contraorden (…), pero Cortés lleva a cabo uno de los  primeros «madrugones» de América: no espera a completar algunos  detalles, tiempo en que pudiera haber sido destituido del mando, y levanta  ancla hacia la aventura. Al pasar por Trinidad no sólo arrastra a muchos  de sus habitantes hacia el incierto porvenir que les aguarda en la tierra de  los aztecas, sino que, a costa de salirse de las leyes del mar, completa en lo  que cabe sus bastimentos. (Mota, 1984, p. 21).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Hernán Cortés se llamó a sí mismo: el gentil corsario, dado que en la  oportunidad durante la cual arrasó a Trinidad, se topó con un navegante de  nombre  Juan Sedeño, quien distribuía en la isla, tocino y pan casabe, y Cortés lo unió  por la  fuerza a su expedición que iba rumbo a México, engañándole y ofreciéndole  retribuir  los costos ocasionados con los tesoros que hurtase en el país azteca, ante lo  cual  accedió Sedeño. Refiere el propio Francisco Mota que:  Hay un viejo refrán español que dice que «el que a hierro mata, a hierro  muere». Y eso le sucedió a Hernán Cortés, puesto que había sido el  primer pirata de América, sería a su vez la primera víctima de la piratería  sobre las riquezas americanas. Esa primera piratería contra el oro  americano tiene lugar lejos de América, cerca de las costas occidentales de  Europa. Como ratones sin experiencias, las naves que conducían el primer  tesoro de importancia que el Nuevo Continente enviaba a España vinieron  a caer dentro de la zona donde ya tradicionalmente campaba la piratería  normanda y bretona. (Op. cit. p. 22).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Un navegante que se dirigía  hacia Francia, de origen italiano, florentino, llamado  Giovanni de Verrazano, al cual los españoles después llamarían Juan Florentín o  Juan Florín, quien era casi un científico en cosas de la navegación, se le  atravesó la  nave de Alonso de Ávila, que cargaba el tesoro de Moctezuma, y la embistió  combatiéndole con audacia y experiencia, encontrándose con uno de los tesoros  más  grande que Cortés envía a su Rey. Este Juan Florín ya tenía tiempo pirateando,  robando a españoles, italianos, venecianos y a todos los enemigos del Rey de  Francia,  era un verdadero apátrida, porque no respetaba ni siquiera a sus compatriotas.  El primer ataque pirata ocurrió en 1521, cuando empezaron las guerras de  Carlos I y Francisco I por la hegemonía de Europa. A comienzos de ese  año unos corsarios franceses apresaron dos carabelas de una flotilla de tres  que venían de Indias (…), la leyenda y el misterio rodean la figura del  primer pirata americano, verdadero creador del género. Parece que fue  Jean Fleury, Juan Florín o Florentino, alusión a su nombre y lugar de  nacimiento (algunos autores franceses le consideran originario de  Vatteville - sur - Seine), y para muchos es el mismo Giovanni Verrazzano,  hermano del geógrafo Jerónimo Verrazzano, el famoso Florentino que  estaba al servicio de Francia… (Lucena Salmoral, Op. cit. p. 53).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Este mismo autor señala que:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La gran hazaña de Florín se realizó en 1521, como señalamos. Andaba  merodeando por las Azores cuando vio venir tres embarcaciones  españolas. Inmediatamente se lanzó sobre dos de ellas, logrando  apresarlas. La tercera se escapó, refugiándose en la isla de Santa María.  De allí salió después, custodiada por tres carabelas, pero el pirata logró  capturarla a la altura del cabo de San Vicente. Florín se quedó  boquiabierto al ver lo que había caído en sus manos: 58.000 barras de oro  y el tesoro de Moctecuhzoma, que Cortés enviaba al Emperador, junto con  unos huesos de gigantes y muchos papeles del Cabildo… (Ob.cit. p. 54).  Justificar el nombre, seudónimo, apodo o remoquete del posible pirata en  América, es poco probable, ya así ha quedado demostrado en las anteriores citas,  en  las cuales se ha visto que dos autores sustentan personajes distintos; por su  parte Mota  (1984) aduce que fue Hernán Cortés y Lucena Salmoral (1994) indica a Juan  Florín.  Ambas posiciones encontradas, además, quedan apuntaladas por cada uno de estos  historiadores como ciertas. Asimismo, al profundizar el estudio se encontrarán  otros</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  nombres, igualmente argumentados. Como por ejemplo el de que: “Un tal Talavera  fue el primero de quien hay constancia histórica que cayó en la tentación de  intentar  la aventura por su cuenta…” (González de Vega, 2000, p. 138)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Acerca de este probable pirata en aguas americanas, este mismo autor expresa  que:  Al de Talavera le dieron por un momento veleidades conquistadoras. Se  hizo proclamar capitán por su tropa y nombró los correspondientes  oficiales para la entrada. En el primer asentamiento indígena que  encontraron maltrataron a los caciques, despojaron a los indios de sus  pinjantes de oro y del escaso maíz y cazabe de que disponían, y se  proveyeron de mujeres para el transporte de las cargas y la compañía en la  hamaca (…), doña Juana la loca, en una provisión dictada en Burgos a 5  de octubre de 1511, ordenó: «prendedles los cuerpos, e presos proceded  contra ellos e contra sus bienes a las mayores e más graves penas civiles e  criminales que halláredes [sic] por fuero e por derecho por vuestra  sentencia» (Op. cit., p. 143).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Increpar sobre quién fue el primer pirata del Nuevo Mundo, o quién cometió  las primeras atrocidades, si fueron los españoles conquistadores o los otros  europeos  que aquí llegaron, bien en forma de corsarios o piratas o, simplemente, los que  vinieron a posesionarse de tierras para vivir en ellas como, por ejemplo, los  portugueses con Brasil; es un tema tan relevante como complejo ya que sólo se le  puede hacer una leve aproximación. Cierto es que, los pobladores aborígenes  quedarían sometidos a los designios de los españoles en principio y, luego,  tanto unos  como otros, serían sometidos a los propósitos y determinaciones de las acciones  piráticas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  … los piratas revelan la misma astucia en la mar que los salteadores en tierra:  así como éstos saben qué caminos son los más frecuentados y dónde es más  probable hacerse con un buen botín, aquéllos saben en qué latitud apostarse para  interceptar barcos; y como los piratas suelen andar faltos de provisiones,  pertrechos o alguna mercancía concreta, navegan en busca de barcos con ese  abastecimiento, con el convencimiento de que los van a encontrar… (Defoe,  1999, p. 23).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Este mismo autor comenta en torno al comportamiento de los piratas lo siguiente:  … los piratas por lo general cambian de escenario de acuerdo a la época  del año; en verano suelen merodear por la costa del continente americano;   pero al llegar allí el invierno, como es un poco demasiado frío para ellos,  cuando se aproximan las bajas temperaturas buscan el sol dirigiéndose a  las islas. (Op. cit., p. 24).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  El impacto de las acciones piráticas en América, en principio, se sentirá en las  islas e islotes del Caribe, es decir, en la zona antillana que es por donde  comienza  realmente el resurgir de la actividad pirática, heredando ésta, características  tanto del  Mediterráneo como del norte de la Europa, que en forma de corso o piratería, se  traslada a este continente, en donde adquiere un tiempo después nuevos y  variados  matices: bucanerismo y filibusterismo, métodos paridos de las propias entrañas  de  estas tierras y mares americanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La piratería, en el Mediterráneo, es una industria tan vieja como la  historia. Aparece entremezclada desde el primer día con la vida y con la  literatura: está en Boccaccio, estará más tarde en Cervantes, y estaba ya en  Homero. A esta veteranía debe, sin duda, el que su carácter sea más  natural (¿más humano?) que en otras partes. El igualmente inquieto  Atlántico se ve frecuentado, en el siglo XVI, por piratas indudablemente  más crueles que los del Mediterráneo… (Braudel, Tomo II, 1987, p. 285)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En torno al papel que las islas han jugado siempre para el desarrollo de la  historia  de la piratería, el mismo autor indica que:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  … la gran historia, en efecto, pasa frecuentemente por las islas; acaso sería  más justo, tal vez, decir que se sirve de ellas. (…), no debemos  maravillarnos de cosas como ésta. En el camino de las poderosas rutas  marítimas, las islas participan en las grandes relaciones. De este modo, un  sector de la gran historia se sobreañade siempre a su vida cotidiana… (Op.  cit. p. 203)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En América se irradió la piratería desde las islas caribeñas y éstas sirvieron  de  asientos para las bases operativas y el desarrollo de la misma. En estas islas  los  piratas ejecutarían todo un sistema económico y social, porque así como pasaron  a  poblarlas, también tendrían actividades comerciales con los productos que se  encontraban allí: siembras, ganados u otros, lo cual permitía hacer intercambios  con  los colonos de otras zonas de manera pacífica o forzada, que era  fundamentalmente,  el método más practicado, porque casi siempre el factor sorpresa sería el mejor,  asediando así las plazas que creyesen convenientes y, en el mejor de los casos,  exigir    a los habitantes y gobernantes que aceptaran mercadear sus productos  pacíficamente,  o en el peor de los casos, solicitaban tributos por no quemar y destruir sus  poblados  (tributos de quema). Los ataques podían ser así, de menor a mayor intensidad,  todo  dependía de la intención con la que llegasen a cometer sus felonías, sus  tratados.  Mayormente, todos los asaltos, por muy buenos o malos que pudiesen ser,  siempre resultaban muy fáciles de practicarlos porque las ciudades eran muy  pequeñas para esa época (siglo XVI) en la cual todavía se estaban dando  asentamientos españoles, y los poblados casi nunca superaban las cien o ciento  cincuenta personas entre españoles, indígenas y negros africanos, de ellos, sólo  una  mínima porción podía enfrentar a los asaltantes piratas, porque no tenían gran  batería  para las armas, y el acopio de sus fuerzas, en suma, no significaban mayores  defensas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Por su parte, las expediciones piráticas casi siempre superaban los doscientos  hombres bien armados y capacitados, lo cual ponía en franca desventaja a los  pobres  colonos. En esta situación también cuenta la distancia entre pueblos, villas y  ciudades, lo que dificultaba la defensa apoyada en el refuerzo. Las dispersiones  poblacionales y la falta de fortificaciones ante los madrugones del piraterismo,  colocaban en jaque las posesiones ultramarinas de la monarquía española en  América.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Está claro que la principal motivación de la piratería en el novomundo fueron  los minerales preciosos, pero aunado a ellos, también, sus otras riquezas como  son:  sus frutos, árboles y animales; los cuales resultan exóticos ante los  necesitados  paladares de los hombres europeos, porque es importante recordar, que para el  momento del contacto con la base indígena, en Europa se atravesaba por una  situación económica producto de un sistema agrario y rural que caducaba frente a  la  demanda poblacional y, las Nuevas Tierras con todo su potencial, vendrían a  revitalizar a los necesitados europeos , quienes comprendieron que en el Nuevo  Continente habrá de encontrarse las soluciones a todos sus males. De estas  tierras se  alimentarán, de ellas se enriquecerán, de sus bosques utilizarán sus maderas  para  aderezar sus naves; en fin, de ellas, hasta lo más mínimo, habrán de aprovechar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Referente a las distintas especies de frutos, árboles y animales de esos  parajes,  se tiene la descripción que en torno a ello, en su diario, ofrece Alexander  Oliver  Exquemelin (1999):</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En cuanto a los frutos:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  … lisonjean el apetito otras diversidades, especialmente la multitud de  naranjos y limones, dulces, agridulces, y agrios, sin que la naturaleza haya  andado escasa en dejar de producir fresquísimas limas, toronjas y cidras;  bien que, en lo que toca a los limones, no exceden de la magnitud de un  huevo de gallina, que los distingue en esta desproporción de los de  España. (…), las palmas dactilíferas [sic], que prolongados llanos  producen, son de una muy empinada proporción, cuya descollada lozanía  deleita sin enojo: su altura suele ser de ciento cincuenta hasta doscientos  pies, siendo despojada de ramas hasta el cogollo, el cual contiene cierta  gustosa materia, semejante a la del repollo blanco, de donde están  pendientes dichas hojas, y en la que la simiente se encierra. (…) hallánse  [sic] además de las referidas palmas otras cuatro especies de ellas, que se  nombran platanier, palma espinosa, palma à chapelet, o del rosario y  palma vinosa. (…) Cierta especie de albaricoques produce esta isla,  semejante en la magnitud a los melones, de un color ceniciento y del gusto  de albaricoques de la Europa. (…), las jupinas se encuentran a cada paso,  muy parecidos a los cerezos, aunque sus ramas son más dilatadas y sus  frutos de un color ceniciento de la magnitud de dos puños… (pp. 37-41)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Con relación a los árboles:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Esta deliciosa tierra es coronada de otra muchedumbre de árboles que  producen muy buenos frutos, (…) no obstante la curiosidad me induce a  relatar algunos más particulares, como son: cedros, que esta admirable  parte del orbe produce en cantidad prodigiosa: intitulado acajou por la  nación francesa, hallándoles muy útiles para fabricar naves y canoas, que  son como pequeñas saetías labradas en un solo árbol (…), la medicina  puede hallar aquí materia suficiente para trastornar los almacenes  galénicos, y hornos paracélsicos [sic]. (…), entre los árboles medicinales  se hallan el brasilete, la manzanilla, el que destila la goma elemi; Lignum  Guayacum, o palo santo; Lignum Aloes, o palo de acíbar; Cassia Lígnea, o  caña fístula: Radix China, o raíz de quina. El mapou, además de ser  medicinal, siendo un árbol muy espeso, sirve para labrar canoas, aunque  no es tan bueno que el acajou, por ser esponjoso, y con facilidad tira o  atrae a sí mucha agua con lo que hace peligrosa la embarcación. El acomá  es una suerte de leña dura y pesada del color de palma, muy cómoda para  hacerle remos a los molinos de azúcar. (…), los abelcoses tienen frutos  semejantes en el color a los icaos, más de la magnitud de melones. Sus    pepitas son como huevos, la materia es amarilla, y de un agradable gusto,  que los cochildres [sic] franceses comen en lugar de pan, no hallándolos  buenos los jabalíes… (pp. 42-45)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  De los animales dice lo siguiente:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  … abunda en toda suerte de animales cuadrúpedos, como caballos, toros,  vacas, jabalíes, y otros, que son muy útiles a la solercia humana, no sólo  para el sustento común, sino también para cultivar los campos y dar  materia suficiente a un proporcionado comercio. Se hallan además  grandes perros monteses, que destruyen muchedumbres de animales;  sucediendo que, luego que pare una vaca o yegua, vienen buscando sus  faones [sic] para devorarlos. (…), la diversidad de aves que vuelan y  pueblan el aire; (…) hay una especie de pollas en los bosques a las que los  españoles dieron por nombre pintadas, (…) palomas de todo género  participa el Próvido y Potente Creador, entre las demás aves, con largueza.  Cabreros, horonfetas [sic], y otras… (pp. 51-55)  El Caribe se infestó de cuanto: ladrones, pillos, criminales, prófugos y  proscritos  a él llegaron; todos, o porque fueron apoyados por Coronas europeas distintas a  la de  Castilla, o se aventuraran por sus propios medios, tenían claro sus objetivos  que no  eran otros que disputarle las riquezas y posesiones a la sacro-monarquía  hispana. Es  así como la piratería se convierte en el medio más eficaz para alcanzar tales  propósitos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Llegó un momento de tanta dinámica de la actividad pirática en la América, que  se constituyeron asociaciones, comunidades y agrupaciones de pillos, para hacer  de  estas comunidades, verdaderas conglomeraciones de salvajes, insolentes y  zarrapastrosos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  … los bucaneros tomaron conciencia de su importancia y surgió entre  ellos el impulso de asociarse. Nace así una de las más extrañas  agrupaciones aparecidas desde que el hombre despertó al instinto social.  Esta agrupación se llamó Confederación de los Hermanos de la Costa, con  capital en la isla de la Tortuga.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  El código de los Hermanos de la Costa era primario, brutal y equitativo,  perfilando una suerte de cooperativismo autogestionario. El primer punto  de su reglamento era claro: No hay botín, no hay paga. (Abella, 1999, p.  103).    Se trataba de que todos los bastimentos obtenidos después de los acechos, fuesen  distribuidos por partes iguales a cada tripulante de la nave. No podía existir  discriminación por el oficio que se desempeñase a bordo, es decir, tanto  privilegio  tendría el capitán como cualquier marinero, a menos que así lo decidiese la  mayoría,  el capitán obtendría mayores beneficios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Teniendo ya provisiones bastantes de carnes, se van con ellas a su navío,  donde dos veces al día distribuyen a cada uno tanto cuanto quiere, sin peso  o medida. Ni de esto ni de otras cosas, no debe el dispensero [sic] dar al  capitán mejor porción que al más ínfimo marinero. Estando el navío  proveído de esta suerte, vuelven a juntar consejo para deliberar hacia qué  parte cruzarán para buscar la arriesgada fortuna. Tienen por costumbre  hacer ante ellos una escritura de contrato, en la cual especifican cuanto  debe tener el capitán de su navío. Ponen y fundan en dicho escrito todo lo  que llevan consigo para el viaje; de este montón sacan por provisión  doscientos pesos, el salario del carpintero que hizo o repara el navío, el  cual, de ordinario, importa cien, o ciento cincuenta pesos, según el  acuerdo, poco más o menos y el dinero para el cirujano y medicamentos,  que se suele tasar en doscientos o doscientos cincuenta pesos…  (Exquemelin, Op. cit. pp. 73-74).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Asimismo, refiere este cirujano de a bordo (como se le conocerá a Exquemelin),  las cantidades que se disponían para tras una acción quedasen imposibilitados:  … después estipulan las recompensas y premios de los que serán heridos o  mutilados de algún miembro, ordenando, por la pérdida de un brazo  derecho seiscientos pesos o seis esclavos, por la izquierda cuatrocientos  pesos o cuatro esclavos, por un ojo cien pesos o un esclavo, y por un dedo  tanto como por un ojo; todo lo cual se debe sacar del capital o montón y de  lo que se ganare… (ídem).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Una especie de altruismo y filantropía se dio, en principio, entre los  salteadores,  pero que calaría prontamente en los demás géneros de aventureros con gran  notoriedad. El autor Rafael Abella (1999), afirma que la escala de  indemnizaciones  tuvo tal éxito que fue adoptada, con ligeras variantes, por todos los piratas;  incluso  sirvió de base para calcular las indemnizaciones a pagar por los daños causados  por el  maquinismo al inicio de la Industrialización.  Todas esas innovadoras actuaciones y resoluciones adoptadas por las cofradías  piráticas, son propias de ésta en la América, específicamente del área caribeña,  donde    se reeditan las formas de hacer piratería que, con renovadas fuerzas, se puede  dar el  lujo de constituirse en una verdadera empresa o industria pirática, la cual  decide,  establece, resuelve y determina lo qué han de hacer, dónde buscaran el ansiado  botín  y de cómo lo repartirán.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En un apartado anterior se hizo referencia a lo difícil que resulta indicar el  nombre del posible primer pirata en los novomares americanos y, más aún, si el  mismo fue un corsario, un pirata o la conjunción entre ambos, es decir, un  corsopirata. Convencidos de tales impedimentos, se opta por ofrecer una  cronología  de algunos eventos registrados:</font></p>     <p align="justify"><a name="c1"></a></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/te/v20n53/art02c1.jpg" width="452" height="465"></p>     
<p align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/te/v20n53/art02c2.jpg" width="455" height="654"></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La cronología anterior  vislumbra el dinamismo con el cual se desarrolló la  actividad pirática en las aguas de América, es sorprendente, incluso, saber que  muchos aborígenes realizaron, tal vez sin saberlo, actos de piraterismo; como el  caso  de los Caribes, quienes semejaban tal actividad con sus canoas, sus arcos y sus  flechas, sometiendo tanto a colonos españoles como a otros pueblos aborígenes,  usurpándoles todo cuanto podían, incluyendo sus mujeres, hijos y algunos hombres  para convertirlos a sus servicios (los caribes practicaban el esclavismo);  prácticas que  de igual manera ejecutarían los piratas llegados a América para darle  continuidad a  los pillajes que otrora hacían los temibles Caribes, pero en el más estricto y  burdo  sentido del oficio delictivo, dirigido exclusivamente hacia los hispanos. Muchos  hombres sin ser calificados como verdaderos piratas, hicieron lo propio,  motivados  también por el fin último de la venturosa empresa, perseguidores con sus actos  del  lucro fácil.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Para la realeza española, los corsopiratas y demás azotes representaban una  verdadera calamidad que no estaba dispuesta a soportar, por ello, sus despachos  administrativos contemplaban medidas tendientes al sofoque de las aventuras,  inclusive, dirigidos contra los actos de los caribes, a propósito de ello  refiere Oriundo  Lara (2000) que: “… las cédulas reales de diciembre de 1503 y de junio de 1511  autorizaban a los colonos españoles a ‘partir en guerra contra los Caribes y a  someterlos a la esclavitud’…” (p. 102)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Las posesiones coloniales de España en América, se vieron sometidas durante  un largo período histórico por el piraterismo; al pulularse ésta en las aguas  atlánticas,  el trabajo de la conquista y colonización española se vio empañada porque tuvo  así, la  Católica Corona, que dedicar grandes esfuerzos para controlarla o eliminarla,  con el  resultado frustrante de no poder conseguirlo y, peor aún, tener que soportarle y  compartir con ésta, sus tierras y riquezas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  El mundo antillano ha dejado de ser mare nostrum para los españoles. Las  crecientes potencias occidentales empiezan a repartirse pequeñas pero  suculentas tajadas. Y en este mar revuelto, la ganancia habrá de ser para    los aventureros. Durante siglos, el Caribe será el mar de la piratería.  (Mota, Op. cit. p. 19).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Por su parte, Manuel Lucena Salmoral (1994) expresa lo siguiente:  … lo verdaderamente increíble no es que España no pudiera acabar con la  piratería, sino que pudiera soportarla durante doscientos años. Un milagro  similar al de detentar un monopolio comercial sin producir manufacturas y  sin una marina que controlara el Atlántico. La explicación del extraño  fenómeno no es otra que la elaboración de un ingenioso sistema defensivo  de mínimo coste, el carácter terrestre de la dominación española y una  increíble capacidad de resistencia para encajar los golpes del enemigo. (p.  32)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En términos generales, puede decirse que los españoles mantenían una fuerza  superior en tierra, mientras que los piratas, la tendrían en el mar. Pero, al  crecer cada  vez más la delictiva actividad, se fueron fortificando las plazas españolas de  mayor  notoriedad en América y se artillaron estos mismos fuertes para repeler los  ataques  piráticos que eran después de mayor intensidad, cuando éstos se unieron en sus  cofradías, para sumar fuerzas y domeñar al enemigo español con más facilidad.  España nunca sucumbió ante el peligro, se mantuvo siempre en pie de lucha y fue  asestando a cuentagotas los golpes que podía darle a sus principales enemigos  para  mantenerlos al margen de sus intereses coloniales.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">  GUERRA EN El CARIBE: PIRATAS CONTRA COLONOS.</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La paz de los aborígenes, habitantes de unas tierras ajenas para el resto de la  humanidad, se interrumpió cuando a éstas llegaron los hispano-europeos que luego  se  convirtieron en conquistadores y colonizadores de las mismas. Éstos someterían y  esclavizarían a los indígenas, quitándoles, además de su libertad, sus tierras y  pertenencias. Sometimiento que resultaría muy fácil por la superioridad de las  armas  de los europeos (españoles y portugueses) que frente a las rudimentarias armas  de los  indígenas destinadas mayormente para la cacería, no encontrarían dificultad  alguna,  además, los del Viejo Mundo se aventajarían ante los aborígenes por la  introducción  del caballo y el perro de caza.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">    Los que se adueñaron, en principio, de las tierras y mares del bautizado  continente americano fueron los españoles, que compartirían con los portugueses  parte del gran botín. Pero, como era de esperarse, también otras Coronas  europeas se  verían atraídas por las bondades del Nuevo Mundo, y la presencia de estas  significará  para España, más que para Portugal, un verdadero dolor de cabeza.  Las Antillas y el Mar Caribe eran tierra y agua oficialmente españolas.  Derecho de descubridor, amparado por bula pontificia, así lo pregonaba a  los cuatro confines del mundo que iniciaba la primera generación  capitalista de su historia. Pero, precisamente amparándose en esta  proyección hacia el capitalismo, esos derechos feudales no iban a ser  mucho tiempo respetados por otros países… (Mota, 1984, p. 27)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Se revirtió a España lo que impuso a los indígenas, la intranquilidad, la  angustia,  el desasosiego. Y, serán los habitantes de su mismo continente europeo:  franceses,  ingleses, holandeses y otros, que en desbandadas vendrán a disputarle su gran  tesoro.  Así, las posesiones españolas en América comienzan a cambiar de dueños,  aparecerán  nuevas colonias y el enemigo estará más cerca.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Estas adversarias Coronas quebrantarán la hegemonía de Castilla, auspiciando a  corsarios y piratas contra ésta; pero luego, éstos también reaccionarán en  contra de  sus mentores, dinamizándose desde el punto de vista bélico las islas, islotes y  la  Tierra Firme de América. Se lucha y se luchará por la riqueza, por el botín que  será  el mismo objetivo que ha de mover a conquistadores, colonizadores, piratas,  corsarios  y más entrando en los siglos XVII y XVIII los bucaneros y filibusteros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  España no estaba preparada para defender sus colonias eficazmente contra la  piratería, ésta se le vino de sorpresa y creció tan aceleradamente que no dio  chance  para guarnecer sus establecimientos americanos, sólo con el pasar del tiempo y  por la  aguda necesidad de resguardo ante los constantes acechos piráticos, es que se  irán  fortificando las principales plazas, y esto requerirá de inversiones no  previstas por la  monarquía española.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Otra de las debilidades es la falta de buena armería para repeler los  encañonados  barcos piratas y el escaso cooperativismo entre los colonos por las dispersiones  poblacionales que no podían cohesionar fuerzas para enfrentar a los enemigos,  distaban muchas leguas entre las más grandes gobernaciones y, cuando llegaban  los  refuerzos era demasiado tarde, en el mejor de los casos se saqueaban y quemaban,  simultáneamente, los caseríos, pueblos y villas; y en la peor parte,  secuestraban y  violaban a las mujeres, guindando a los hombres por los pies con las manos  atadas  para después prenderlos en hogueras, o los raptaban para ponerlos a realizar los  fuertes trabajos en las naves, obligándolos, incluso, a piratear ofreciéndoles  tributos  de paga sí se alcanzaba un buen botín, ante esto, evidentemente, España tenía  que  reaccionar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Para la defensa de los puertos se recurrió a las fortificaciones en mayor o  menor escala, según fuese el estado económico del erario (…), para la  defensa terrestre de las colonias americanas, un ingeniero italiano,  Spanochi, proyectó en España, con datos que le proporcionaron el  ingeniero Bautista Antonelli y su ayudante Juan de Tejeda, un sistema de  fortificaciones a lo largo de las costas, que el Consejo de Indias  encomendó para su ejecución al propio Antonelli. Éste entró al servicio  del rey Felipe en 1570. Hizo varios viajes de observación y estudió a las  colonias españolas en América, donde analizó las defensas de las  poblaciones portuarias. Trabajó en las fortificaciones más importantes  tales como las de San Juan de Puerto Rico, Santo Domingo, el Castillo del  Morro en la Habana, San Juan de Ulúa en Veracruz, la bahía de Fonseca  en la actual República del Salvador, Cartagena de Indias, Nombre de Dios  y Portobelo, isla Margarita y el castillo de Caparaíba en Brasil. (De Jármy  Chapa, 1983, pp. 42-43)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  España debió utilizar gran parte de la fortuna que extrajo de las tierras  americanas  para contrarrestar los embates piráticos y bélicos. Dispuso para ello de  inmensas  cantidades destinadas a la fortificación de sus principales plazas y acrecentó  sus flotas  de Armada con la incorporación de nuevas naves, todo en función de la defensa de  sus posesiones americanas. Cada fuerte y cada barco de Armada Real necesitaban  suministrarse de cañones, pólvora, morteros, entre otros; de los cuales no  disponía el  estado español por la ausencia de mano de obra capacitada y con experiencia,  viéndose obligada esta Corona a promover industrias destinadas al renglón  armamentístico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Desde el siglo XIV hasta el XVII, el progreso de la industria de las armas  depende, fundamentalmente, de la habilidad metalúrgica de los artesanos.  Inventada la artillería, Europa, en general, y España, en particular,</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  19  incorporan a la nueva actividad fabril, la experiencia plurisecular de sus  artesanos. La instalación de maestranzas y fundiciones, como las que los  Reyes Católicos construyen en Medina del Campo, Málaga y Barcelona,  favorece el desenvolvimiento de la cañonería.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En la hora de gran expansión ultramarina y de despliegue europeo, el  naciente Estado español no cuenta a pesar de la diligencia real, con una  artillería a la altura de su poderío y de su prestigio, pues las fundiciones y  maestranzas peninsulares son incapaces, físicamente, de satisfacer las  demandas artilleras del ejército y de la armada hispánicas [sic]. De  acuerdo con su peculiar concepción imperial, España adquiere una elevada  proporción del armamento que necesita en los diferentes países que están  de su órbita regia…</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En la medida que crecen las acciones bélicas irá evolucionando también la  artillería, las necesidades por demostrar supremacía dependen de las  experiencias y del conocimiento tecnológico para desarrollar las industrias  de armamento, que por ejemplo, en el siglo XVI alcanzarán un mayor  grado y perfección en el estado alemán. Por su parte, España contratará  fundidores alemanes, flamencos e italianos y de éstos obtendrán las  pericias mínimas para artillar sus fuertes y sus barcos. (Suárez, 1978, pp.  XXXV-XXXVII).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Básicamente, el juego de armas que se fabricaron y se utilizaron son los  cañones,  morteros y obuses, y éstos, a su vez, tienen infinidades de composiciones. Para  diferenciar los elementos y la utilidad que conforman los utensilios y  herramientas  antes mencionados, se presenta el siguiente cuadro:</font></p>     <p align="justify"><a name="c2"></a></p>     <p align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/te/v20n53/art02c3.jpg" width="449" height="262"></p>     
<p align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/te/v20n53/art02c4.jpg" width="452" height="483"></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Para la operatividad y aplicación de todos estos artículos bélicos, se  necesitaba  tiempo y, eso es precisamente, de lo que no gozaba el gobierno español; mientras  se  preparaba el personal para el manejo eficaz de todos y cada uno de los  utensilios y  herramientas de forja armamentística, y mientras se edificaban los fuertes para  el  resguardo costero, el enemigo aprovechó, que estando ya preparado militarmente,  se  aventajó en sus ataques y asaltos sobre las posesiones hispánicas en América,  primordialmente, en las Antillas caribeñas, consiguiendo así, ser también  habitantes  de estas tierras generándose, lo que con anterioridad se ha denominado pueblos  de  piratas los cuales se sucedieron, o porque desplazaron a los pobladores  imponiéndose  ellos o, simplemente, convivieron entre los colonos, sometiéndolos a sus  designios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  A pesar de que el Caribe en sus particularidades geográficas presenta igual  oportunidad para los asaltantes piratas, como para sus perseguidores, los  españoles;  estos últimos, pudieron haber sacado mejor partido frente a la piratería  practicada en  sus posesiones sí hubiesen logrado mantener la supremacía naval durante largo  tiempo. Pero, lo que comenzó siendo una potencia hegemónica marítima, sufrió sus  reveses, aproximadamente, ya entrada la segunda mitad del siglo XVI, porque a la  política defensiva española se le sobrevino el desastre de la Invencible (1588)  y,  también, por la manera de construir sus buques de guerras que, en su ambición  por  amedrentar al enemigo, perdió sus perspectivas. Comienzan así a fabricar naves  excesivamente pesadas por sus enormes tamaños, acortaron las quillas y  acrecentaron  los castillos (llamado así los espacios sobre el barco) y, mientras tanto, los  adversarios utilizaban flotas más ligeras, alargadas en forma de veleros, de  gran  velamen, con las cuales apoyaron sus guerras y a sus piratas, resultando estas  naves  más rápidas. Las inmensas embarcaciones españolas serán, así, presas fáciles  ante  cualquier enfrentamiento naval; además, las poblaciones hispanoamericanas se  verán  afectadas por esta situación, porque, difícilmente, podían recibir ayuda por mar  o por  tierra, quedaban verdaderamente indefensas ante el acecho de cualquier  aventurero  salteador que hasta ellos llegara para despojarlos de sus pertenencias y de sus  tierras.  Los enfrentamientos serán de tal magnitud que estarán implícitos en ellos:  indígenas, conquistadores, colonizadores, piratas, corsarios, filibusteros,  bucaneros,  pechelingues y demás forbantes; disputándose cada cual, y en sus tiempos,  señoríos  en un mar y una tierra que funge como la llave que abre el dominio de un mundo  tan  real, como los propios mitos y fábulas que sobre él se tejieron. El espíritu de  la  guerra se cierne sobre estos reinos por más de dos largas centurias que, a su  vez,  permitirá reeditar su historia aborigen, en un episodio de zozobras y  sobresaltos para  los que estaban y los que después llegaron. La muerte es la amiga más segura que  se  podía tener.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En pocas décadas mueren en  combate, enfermos o por decisión propia la  inmensa mayoría de los primeros pobladores de las Grandes Antillas, tanto  los arawaks llamados taínos como infinidad de pueblos de otras culturas  independientes. Durante ese período, los caribes de Tierra Firme y los  insulares se convierten en el eje de la resistencia indígena de la región. En  numerosas oportunidades incursionan contra Santo Domingo, Puerto Rico,  Cuba y Jamaica, o apoyan a los aborígenes de dichas Antillas en sus  desesperadas sublevaciones. De igual forma apoyan la insurgencia de los  esclavos africanos acogiendo a los fugitivos y enseñándolos a sobrevivir en  el medio americano. (Britto García, 2001, p. 304)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Continúa explicando este autor que:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Por su parte, durante las dos centurias de la Guerra por el Caribe los  Demonios del Mar desmantelan el monopolio ibérico sobre el Nuevo  Mundo. Gracias en parte a su acción pionera, a finales del siglo XVII las  potencias competidoras de España dominan Canadá, la franja de colonias  llamadas Nueva Inglaterra, Luisiana, Virginia y otras partes de América del  Norte; dominan Santo Domingo y Jamaica, las Bahamas, Aruba, Curazao y  Bonaire y parte de las Guayanas, y han conseguido ocupar transitoriamente  importantes enclaves del litoral brasileño. No es menos decisivo el impacto  de estas dos centurias de guerra por el Caribe en los conquistadores y sus  descendientes (…) la amenaza pirática y corsaria ya ha influido en el  carácter militar de las principales edificaciones públicas del Caribe las  Provincias; ha determinado en parte la estructura de su sistema de  contribuciones; requerida la creación de resguardos navales  permanentemente y la integración de milicias dotadas de notable autonomía  de acción. (Op. cit.p 305).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Las guerras que tuvieron lugar en el Caribe entre los piratas y los colonos  fueron, mayormente, con los españoles representantes del poder monárquico en el  Nuevo Mundo, muy poco se enfrentaban con los naturales o con los pobladores que  no tuviesen cargos reales, más bien, en muchos casos, éstos eran benevolentes  con los  piratas cuando los mismos llegaban únicamente a intercambiar mercaderías, y sí  las  incursiones eran a la fuerza, saqueando e incendiando todo a su paso, entonces  los  pobladores se replegaban en los bosques o en otros refugios impenetrables,  porque  aunque con muchos bemoles quisieran hacerle frente a los asedios, no podían,  dado  su escaso material bélico; el poco resistir se supeditaba a los cañoneos de los  fuertes o  de los buques de Armada que casi siempre las expediciones piráticas superaban.  El  botín se alcanzaba en los propios derroteros por donde los barcos traficaban con  las joyerías preciosas destinadas a la monarquía española, por ello, en esta  misma ruta  marítima habrían de asaltarse para conquistar el tesoro; pero, en Tierra Firme  se  conseguirá lo faltante para el avituallamiento y aderezamiento de las  embarcaciones y  sus tripulantes, lo que justificaba las incursiones terrestres, o en son de paz,  o en son  de guerra. Según refiere Francisco Mota (1984) que en muchas ocasiones,  supuestas  arribadas forzosas determinaban la posible legalidad de una introducción de  género y  hasta de africanos esclavizados, por lo que se dictaron órdenes rigurosas a los  capitanes y tenientes de gobernaciones, como máximos representantes de la Corona  española en sus posesiones de ultramar a que persiguieran y reprimieran toda  clase de  pirata o contrabandistas que intentaran o mercadearan con los colonos,  prácticas,  totalmente, prohibidas por el gobierno español como represalia contra la  piratería y el  contrabandismo. Estas eran medidas, prácticamente, de guerra porque el Rey  ordenó  que todo aquel pirata que fuese apresado, debía ser pasado sin algún juicio más  al que  tuviere lugar para el momento de la aprehensión, por la horca como muestra para  atemorizar a los demás aventureros en el oficio delictivo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  En los enfrentamientos que sostuvieron los piratas contra los colonos y  viceversa, el factor de alianza para combatir a los vándalos de la piratería que  más  atención atrajo fue, insólitamente, el apoyo al combate de los grupos indígenas  que,  en muchos casos, ayudan a los españoles a repeler al enemigo con sus arcos y sus  flechas envenenadas, auxilio que significará para el europeo hispano de gran  importancia, los aborígenes manejan muy bien sus utensilios de guerra, eran  también  diestros navegantes y de mucha ligereza y rapidez, movilizados en las piraguas  que  eran sus embarcaciones, resultaban de una velocidad increíble ante las pesadas  naves  utilizadas por los piratas y las de los españoles que se alcanzaban fácilmente  por  dichas piraguas. El veneno que usan las puntas de las flechas son de un  mortífero  preparado que los indígenas hacían con ramas y extractos de la misma naturaleza,  ese  ungüento se llama curare y es tan letal que resulta tan efectivo como la pólvora  de las  armas de fuego, además, los indígenas conocían muy bien los caminos selváticos  y,  por eso, ponían en jaque rápidamente a los grupos de aventureros y atrevidos  piratas.  Tal vez, uno de los factores del tardío respeto a los aborígenes, por parte de  los  españoles, fue precisamente, por los hastazos y las bajas que los primeros  provocaron  a los colonizadores o porque éstos lograron entender que siendo sus aliados eran  más  provechosos para enfrentar a los enemigos de la Corona Católica; en fin, muchas  pueden ser las hipótesis y las preguntas sin respuesta que sobre este tema  habrán de  presentarse.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Casi dos largas centurias de combates, ocupaciones, expropiaciones y muerte,  marcarán los destinos históricos de un continente que dormitaba ante la  creciente y  convulsionada sociedad feudal de los reinos, económicamente, suprimidos y sin  orientación para superarse. Es el gran botín de la después conocida América, la  que  sufragaría a costa de la sangre de sus hijos y de su tierra la torrencial  demanda del  Viejo Continente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>  El OCASO DE LA PIRATERÍA AMERICANA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  América, heredera del piraterismo, de esta actividad que en su alba se  desarrolló  fuertemente en las aguas y tierras del Mediterráneo, es la misma América que no  sólo  verá llegar a ella la ancestral actividad lucrativa, sino también, cómo se  gestaría en su  vientre el germen de los nuevos géneros de pillos aventureros: bucaneros y  filibusteros. Hijos de los corsarios y piratas aquí llegados.  El decurso temporal del nacimiento, desarrollo y muerte de la gran piratería  americana abarca más de dos centurias- como se hizo referencia con  anterioridad-,  desde el primer cuarto del siglo XVI hasta completarse el siglo XVIII, incluso,  hay  movilizaciones piráticas-contrabandistas entrado el siglo XIX, pero aplacadas  ferozmente por un verdadero actuar contra estas, para defender los intereses de  las  ahora multinacionales colonias americanas, las cuales superados todos los  impases  entre ellas y con el reconocimiento entre sí mismas, comenzaran una creciente  etapa  de intercambios de comercio intercolonial y europeo, en el cual no tenía cabida  el  pillaje marino en ninguna de sus modalidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Es importante aproximarse a una periodización histórica de la piratería  americana para entender el proceso de su génesis, su desenvolvimiento y su  ocaso.  Siguiendo a Manuel Lucena Salmoral (1994), se tiene que por más de dos largas  centurias durarían los actos piráticos en las tierras y aguas del Nuevo  Continente, su    origen se remonta casi a la par de la guerra emprendida por Carlos I contra  Francia en  1521, llegando a su ocaso final hacia las primeras décadas del siglo XVIII, poco  después de firmarse el Tratado de Utrecht en 1722. Los doscientos años,  aproximadamente, del auge de la piratería americana, la misma se sometió a  variados  momentos, siendo muy significativos los años de 1521, 1568, 1621, 1655,1671 y  1722; correspondiente a cada fecha actos particulares. 1521 marca el inicio por  el  primer acto notable de los corsopiratas a plazas americanas, mientras que en  1568,  España controla el paso por el canal de Las Bahamas asegurándoles así a sus  flotas  las rutas marinas. Puede llamarse al período que va desde 1521 hasta 1568 el del  dominio de la piratería francesa. Entre 1569 y 1621 se desarrolló la etapa del  gran  corso y la aparición en el Caribe del bucanerismo; Inglaterra echó contra España  los  denominados perros del mar aupados por la Reina Virgen, eran verdaderos  corsopiratas. Desde 1622 al 1655 floreció el bucanerismo americano (originario  de  América), que operaba desde sus bases en la isla de La Tortuga y Santo Domingo;  fue  la máxima manifestación de los libertarios, también de las correrías de los  piratas y  corsarios franceses, ingleses y holandeses, concluyendo esta época con la toma  de  Jamaica en 1655. Luego, los 15 años que van desde 1656 a 1671, quedaron  representados por el filibusterismo que incidió fuertemente en los ataques y  asedios a  los principales puertos y poblados coloniales, actuaciones que llegarían a su  fin con la  toma de Panamá y su posterior destrucción en manos del temible Henry Morgan. Y  lo que se puede entender como la agonía más severa de la actividad pirática,  entre  1672 y 1722, cuando las Coronas adversas a España toman posesión de algunas  colonias en ultramar y terminaría persiguiendo a los mismos piratas que una vez  enfiló contra la Católica Monarquía española, de tal manera que los aventureros  serían acosados uno a uno hasta que dejaron de ondear en las pértigas de sus  bajeles  las negras banderas acicaladas por las ráfagas de los vientos alisios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La piratería americana tiene una época de hierro que va desde 1520 hasta 1570,  aproximadamente, tiempo durante el cual tanto piratas como corsarios franceses  aprovechan que su nación estaba en constante guerra contra España y ésta distrae  toda  su atención en el enfrentamiento bélico, por lo que se abre una brecha para la    deliberación pirática en los mares de América, primordialmente en el Caribe,  donde  se moverá a sus antojos. Las capturas iniciales eran a los barcos cargados de  cueros,  azúcar y otros rubros alimenticios pero, inmediatamente, la plata y después el  oro  americano captó la atención de estos piratas cambiando drásticamente sus  objetivos a  seguir. Se dedicaron a asaltar flotas cargadas con los ambicionados minerales,  así  como también acecharon poblaciones en las cuales se extraían piedras de oro,  plata y  otros minerales preciosos. La abertura que dejó España sin querer a los piratas,  se irá  cerrando en la medida en que esta Corona disponga hacerles frente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Los siglos XVI y XVII fueron prácticamente para la piratería americana  una época dorada, durante este tiempo hicieron dejar, los comprometidos  con el oficio de delinquir, a sus antojos, sin conseguir mayores resistencias  por parte del gobierno español; pulularon estos piratas como plagas de  acecho, siendo tan provechoso el negocio que cada vez más se engrosaban  las filas de las tenebrosas flotas de aventureros llegados al Caribe para  sembrar en él desolación, miedo y muerte. El fructífero oficio pirático fue  tal que arropó incluso a un puñado de fuertes, valientes y atrevidas  mujeres; vale la pena mencionar a las aguerridas Anne Bonny, Mary Read,  Catalina Erauso, llamada la monja alférez, Alwilda, quien de pirata pasó a  ser la reina de Dinamarca, Grace O’Malley, entre otras féminas (algunas  con características virago). A la postre son un ejemplo de cómo caló el  espíritu de aventura y lucro en los hombres sin distingo de sexo, raza y  nacionalidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  El reinado de la piratería americana fue posible – como es sabido – por la  quebrantada fuerza española, pero así como nació y se desarrolló, entró después  en  una etapa de lenta agonía motivada al hecho de que se instalaron posesiones  inglesas,  francesas y holandesas en el Caribe y, establecidas como colonias, comenzaron un  intercambio comercial. Ya se han superado los conflictos bélicos entre las otras  Coronas y España, a la cual no le quedó más opción que compartir con éstas el  gran  botín, entrarán sin otra salida los españoles a mercadear productos con ellas,  generándose así un momento de nuevas relaciones, ahora, entre las distintas  colonias  americanas y, a su vez, de éstas con las metrópolis europeas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Al compartir intereses comunes las distintas eurocoronas que alternan posesiones  y riquezas en ultramar, con los españoles, unieron sus esfuerzos para combatir y  reducir la actividad pirática, vuelta tan ajena y peligrosa para Francia,  Inglaterra y    Holanda, como fue para la propia España. El piraterismo prosiguió practicándose,  era  tan fructífero que no podía sucumbir fácilmente ante sus perseguidores, además,  fueron doscientos años, aproximadamente, acumulando experiencias traspasadas de  unos a otros aventureros como el caso de John Hawkins y su hermano William  Hawkins, herederos de un pasado turbulento iniciado por su padre con el negocio  del  azúcar, vinos y esclavos. La unidad y el carácter hereditario común a los  hombres  imbuidos en el mundo fascinante del piraterismo; será el blasón del honor y la  gloria  motivante para fortalecer a los Herejes del paraíso como les llaman Henry  Georget y  Eduardo Rivero (1994), a los aventureros pillos de los mares.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La piratería floreció en América como una iniciativa oficialista del gobierno  francés, seguida por el de Inglaterra y Holanda, aunque muchos piratas se  hicieron a  la delictiva actividad por cuenta propia. El piraterismo oficial, es decir, el  sustentado  con patentes de corsos, o cédulas reales, perseguía fracturar la hegemonía  ultramarina  de España sobre las aguas y tierras americanas y, también, suponía alcanzar el  lucro  mediante el asalto a los buques que transportaban riquezas al Católico Monarca  español. Por su parte, los que pirateaban por su cuenta lo hacían para alcanzar  fortunas fáciles y cambiar sus marginales vidas, así como también se motivaban  por  las aventuras y fantasías. Pero, el gran auge del piraterismo americano fue  diluyéndose cuando las posesiones coloniales ya no sólo pertenecían al reino de  España porque forzosamente tendría que compartirlos con Francia, Inglaterra y  Holanda; y estas Coronas no darían tregua a un mal que ellos mismos una vez  utilizaron contra los españoles y que conocían muy bien el daño y los quebrantos  que  podían causar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La piratería americana desaparecería cuando los que la auparon den un viraje a  las energéticas fuerzas aplicadas contra todo lo que expeliera fragancia  española, para  arremeter con esas mismas fuerzas, todo lo que suponga aroma de piratería y  contrabando. Pero a pesar de ello, como bien refiere Martha de Jármy Chapa  (1983):  “Mientras existan individuos o naciones que posean bienes que otros ambicionan,  seguirá existiendo la piratería”. (p. 275).   </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>CONCLUSIONES</b>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Las guerras en el Caribe, en definitiva, se sucedieron por pocas fuerzas de la  Armada  Real española que no bastaron, junto a las edificaciones de fortalezas en las  principales y más notorias plazas de su propiedad, para repeler y domeñar los  ataques piráticos, esta debilidad para darle respuesta contundente a los pillos  marinos,  suponía el auge y desarrollo de lo que históricamente se conocería como la gran  piratería americana, la cual llegó a tener vida propia por más de dos siglos.  España  intentó soportar las escaramuzas con la aplicación de distintos dispositivos  bélicos,  sufragando los costos para ello, con las riquezas obtenidas en sus colonias de  ultramar, pero al no poder sostener las pugnas por el largo tiempo en que se  suscitaron, tuvo que aceptar oficialmente la presencia de los ingleses,  franceses y  holandeses quienes al fin de cuentas fueron los que auparon oficialmente a la  corsopiratería como método para quebrantar la supremacía hispana en el Nuevo  Mundo. Pero, la suerte de estos pillos iría feneciendo en la medida en que las  nuevas  Coronas inquilinas consiguieran una etapa de comercio intercolonial, incluso,  con los  propios españoles a quienes les tocó compartir forzosamente con sus nuevos  vecinos.  Vale decir, además, que se generaría todo un tráfico comercial entre América y  los  estados europeos. Las mismas Coronas que echaron a los piratas contra los  españoles  fueron las que, posteriormente, se alinearon con España para perseguir, someter  y  eliminar a los merodeadores aventureros ladrones de la mar. Todo motivado a la  existencia de intereses comunes por reglamentar y regularizar un verdadero  sistema  comercial.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  <b>Referencias</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">1. Abella, Rafael (1999). Los halcones del mar.  (La gran aventura de la piratería). (2a Ed.). Barcelona. Ediciones Martínez  Roca. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">2. Apestegui, Cruz (2000). Piratas en el  Caribe, corsarios, filibusteros y bucaneros, 1493 - 1700. Madrid. Lunwerg,  Editores. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">3. Braudel, Fernand (1987). El Mediterráneo y  el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II. México. Fondo de Cultura  Económica. Tomos I y II. 29 </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">4. Britto García, Luis (1998). Demonios del  mar: Piratas y corsarios en Venezuela, 1528 - 1727. Caracas. Comisión  Presidencial V Centenario de Venezuela. Fundación Francisco Herrera Luque. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">5. Britto García, Luis (2001). Señores del  Caribe. Indígenas, conquistadores y piratas en el mar colonial. Caracas,  Venezuela. Epsilon Libros. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">6. Defoe, Daniel (1999). Historia general de  los robos y asesinatos de los más famosos piratas. (3ra Ed.) Madrid. Ediciones  Valdemar </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">7. Exquemelin, Alexander Oliver (1999).  Bucaneros de América. Madrid. Ediciones Valdemar. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">8. Georget, Henry Eduardo Rivero (1994).  Herejes en el paraíso (Corsarios y navegantes ingleses en las costas de  Venezuela durante la segunda mitad del siglo XVI). Caracas. Editorial Arte. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">9. González de Vega, Gerardo (2000). Mar brava  (Historias de corsarios, piratas y negreros españoles). Barcelona, España.  Ediciones B, S. A. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">10. Jármy Chapa, Martha de (1983). Un eslabón  perdido en la historia: Piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. Nuestra  América. México. Universidad Nacional Autónoma de México. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">11. Mota, Francisco M. (1984). Piratas en el  Caribe. La Habana. Editores Casa de Las Américas. </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">12. Mota, Francisco M. (1988). La expansión  española hacia América y el Océano Pacífico: II. La mar del sur y el impulso  hacia el Oriente. México. Distribuciones Fontamara, S. A. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">13. Suárez, Santiago-Gerardo (1978).  Fortificación y defensa. Fuentes para la historia colonial de Venezuela.  Caracas. Academia Nacional de la Historia </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">14. Lucena Salmoral, Manuel (1994). Piratas,  bucaneros, filibusteros y corsarios en América. (Perros, mendigos y otros  malditos del mar). Caracas. Editorial Grijalbo.</font></p>     <p align="justify"> </p>       ]]></body>

</article>
