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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Recurrencia del sistema caudillista en la historia republicana de Venezuela: Una aproximación positivista del fenómeno]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Recurrence of the system leader in the Republican history of Venezuela: A positivist approach to the phenomenon]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the present investigation are tackled three ideas of caudillismo, under the positivist Magnifier, nineteenth-century recurrence and the pretense of moving this phenomenon to the present century. The phenomenon of caudillismo has been dealt with early by interesting authors who have approached it from different perspectives. Th e warlordism in the light of the scientific thesis of positivism, exposed by the Venezuelans Laureano Vallenilla Lanz, José Gil Fortoul and Pedro Manuel Arcaya. They argued that it is a phenomenon produced by the ethnic determinism, of the environment and race and that they also recognize the existence of two specific moments in the confi guration of the leader phenomenon, an initial phase “anarchic warlordism” and a “despotic caudillismo” outcome. The recurrence with which caudillismo is presented by more than twelve decades in Venezuela and other Latin American countries, is nothing more than the reflection of the vacuum of power or failing the precariousness of the central power, the presence of the caudillo, the intermittent revolutions, personal interests, political dislocation, the weakness of institutions, the atmosphere of violence, the prevalence of rurality, the dismantling of economic and administrative, among others. This being a historical problem of large dimensions for our recent history, studies and insights on caudillismo been nurtured by new sources and new approach. However, in recent times has been written and has been declared “returns caudillismo”, perhaps, by some of the practices of Government excess, take this as true is to ignore the dynamics of the phenomenon itself. Trying to drag it to other periods is force realities, ignoring its context and political practice; and finally this can be interpreted as the conceptual confusion between warlordism and personalism.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Recurrencia del sistema caudillista en  la historia republicana de Venezuela. Una aproximación positivista del fenómeno</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana">Recurrence</font><font face="Verdana">  of the system leader in the Republican history of Venezuela. A positivist  approach to the phenomenon</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Alexandra Mendoza</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Profesora de geografía e  historia (Universidad Pedagógica Experimental Libertador-Instituto Pedagógico de  Miranda J.M. Siso Martínez). Candidata a doctora en historia en la Universidad  Católica Andrés Bello. Profesora de la Escuela de Comunicación Social de la  Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela. E-mail: <a href="mailto:alexandradeacosta@gmail.com">alexandradeacosta@gmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Resumen</b>: En la presente  investigación se abordaran tres ideas sobre el caudillismo, bajo la lupa  positivista, la recurrencia decimonónica y la pretensión de mudar este fenómeno  al presente siglo. El fenómeno del caudillismo ha sido abordado tempranamente  por interesantes autores que lo han abordado desde diferentes ópticas. El  caudillismo a la luz de la tesis científica del positivismo, expuesto por los  venezolanos Laureano Vallenilla Lanz, José Gil Fortoul y Pedro Manuel Arcaya.  Ellos sostuvieron que es un fenómeno producido por el determinismo étnico, del  medio y la raza y que además reconocen la existencia de dos momentos específicos  en la configuración del fenómeno caudillista, una fase inicial “caudillismo  anárquico” y un desenlace “caudillismo despótico”. La recurrencia con la que el  caudillismo se presenta por más de doce décadas en Venezuela y otros países  hispanoamericanos, no es más que el reflejo del vacío de poder o en su defecto  la precariedad del poder central, la presencia del caudillo, las revoluciones  intermitentes, los intereses personales, los desbarajustes políticos, la  debilidad de las instituciones, el ambiente de violencia, el predominio de la  ruralidad, la desarticulación económica y administrativa, entre otros. Por ser  este un problema histórico de grandes dimensiones para nuestra historia  reciente, los estudios y las visiones sobre el caudillismo se han nutrido de  nuevas fuentes y nuevos enfoque. No obstante, en los últimos tiempos se ha  escrito y se ha declarado que “vuelve el caudillismo”, tal vez, por el exceso de  algunas prácticas de gobierno, tomar esto como cierto es desconocer la dinámica  propia del fenómeno. Pretender arrastrarlo a otras épocas es forzar realidades,  desconocer su contexto y práctica política; y finalmente esto se puede  interpretar como la confusión conceptual entre caudillismo y personalismo. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave</b>: siglo  XIX, caudillismo, positivismo, recurrencia, violencia, poder, violencia,</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Abstract</b>: In the present  investigation are tackled three ideas of caudillismo, under the positivist  Magnifier, nineteenth-century recurrence and the pretense of moving this  phenomenon to the present century. The phenomenon of caudillismo has been dealt  with early by interesting authors who have approached it from different  perspectives. Th e warlordism in the light of the scientific thesis of  positivism, exposed by the Venezuelans Laureano Vallenilla Lanz, José Gil  Fortoul and Pedro Manuel Arcaya. They argued that it is a phenomenon produced by  the ethnic determinism, of the environment and race and that they also recognize  the existence of two specific moments in the confi guration of the leader  phenomenon, an initial phase “anarchic warlordism” and a “despotic caudillismo”  outcome. The recurrence with which caudillismo is presented by more than twelve  decades in Venezuela and other Latin American countries, is nothing more than  the reflection of the vacuum of power or failing the precariousness of the  central power, the presence of the caudillo, the intermittent revolutions,  personal interests, political dislocation, the weakness of institutions, the  atmosphere of violence, the prevalence of rurality, the dismantling of economic  and administrative, among others. This being a historical problem of large  dimensions for our recent history, studies and insights on caudillismo been  nurtured by new sources and new approach. However, in recent times has been  written and has been declared “returns caudillismo”, perhaps, by some of the  practices of Government excess, take this as true is to ignore the dynamics of  the phenomenon itself. Trying to drag it to other periods is force realities,  ignoring its context and political practice; and finally this can be interpreted  as the conceptual confusion between warlordism and personalism.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Key words</b>: 19th century,  warlordism, positivism, recurrence, violence, power, violence.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Recibido: 05/03/2014. Aprobado:  10/06/2014.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Introducción</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Abordar el tema del  caudillismo, es un esfuerzo por pretender encontrar respuesta alrededor de este  fenómeno propio de las latitudes hispanoamericanas en el siglo XIX. Si bien, la  figura del caudillo no es autóctona, sí el caudillismo, éste es una expresión  del personalismo político que tienes sus orígenes en la humanidad misma, y su  práctica no conoce fronteras, ni tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Según los expertos el caudillo,  es un subproducto de la Guerra de Independencia, al mismo tiempo éstos hijos  serán multiplicadores de rebeliones, revoluciones, revueltas, sublevaciones y  otras acciones bélicas, con la finalidad de luchar para mantener o aumentar su  cuota de poder político, ya sea, de carácter local, regional o nacional. En ésta  simbiótica relación, es decir, guerra-caudillo se debatió el país sin descanso  por más de cien años con relativos lapsos de “paz”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El fenómeno del caudillismo es  abordado a la luz del pensamiento positivista, cuyos postulados justifican la  presencia y supremacía del caudillo como la “fuerza de conservación social”  necesaria para mantener el orden que no es posible alcanzarse por la vía  gubernamental, entre otra cosas porque el origen étnico de la población y las  condiciones geográficas del territorio determinan su ingobernabilidad o  barbarie.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta investigación está  estructurada en cinco ideas principales, la primera de ellas es una aproximación  a la definición y evolución de la palabra caudillo; comprender como esta figura  da paso al fenómeno caudillista que necesariamente debe diferenciarse del  personalismo político, atendiendo que han sido “confundidos” en reiteradas  ocasiones. Seguidamente estudiar el caudillismo a la luz de la tesis científica  del positivismo, expuesto por los venezolanos Laureano Vallenilla Lanz, José Gil  Fortoul y Pedro Manuel Arcaya.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde esta misma visión  demostrar la recurrencia del fenómeno durante el siglo XIX y finalmente ofrecer  una propuesta sobre el caudillismo como sistema, que exige la presencia e  interacción de cada uno de elementos para su funcionamiento; entre otras cosas  porque existe la pretensión de trasladar el fenómeno del siglo XIX al siglo XXI,  por ello es necesario estudiar sus características estructurales para comprender  que los hechos históricos, se asemejan al curso de las agua de un río, que por  más que se desee tomar de la misma dos veces, está siempre será “diferente”,  aunque sea del mismo río, pues su recorrido lo impide. Pareciera entonces, que  si el río lo impulsa la fuerza de gravedad, al hombre lo mueve el poder  político.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La historia similar al río  siempre está en movimiento y por lo tanto, en constante transformación y  evidentemente las recurrencias históricas obedecen a que los protagonistas son  hombres que en el fondo varían muy poco, porque la complejidad humana trasciende  en el tiempo y se manifiesta en distintas geografías. Todo lo expuesto  anteriormente es para advertir que no es posible que vuelva el caudillismo del  siglo XIX tal y como se manifestó, esto no quiere decir que otras  interpretaciones sobre el fenómeno planteen su retorno, en todo caso se trataría  de un caudillismo moderno y con matices diferentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cuanto a las fuentes  utilizadas para reconstruir el tema, fueron de mucha ayuda Virgilio Tosta, El  caudillismo según once autores venezolanos, Soriano Graciela, El personalismo  político hispanoamericano del siglo XIX, Diego Bautista Urbaneja, Introducción  Histórica al Sistema Político Venezolano. Entre otros.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">1. Una aproximación a los  orígenes del caudillismo</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Precisar los orígenes del  caudillismo requiere de la revisión de la voz caudillo, no es difícil debido a  que en una breve revisión etimológica, salta a la luz. Y es el diccionario de  Sebastián de Covarrubias, en el año de 1.606 uno de los primeros en incluir el  vocablo, éste se copia a continuación respetando la grafía y estilo de la época:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">cavdillo: significa al  	quiador dela hueste, quafi capdillo, ó capite, de donde también fe dixo  	capitan, que significa lo mefmo, vel caudillo, quafi cauens alium, porque ha  	de cuidar de toda fu gente. De las cualidades del que ha de ser cabdillo  	habla la ley 4. tit. 23. part. 2. y dize alli la gloffa , verbo cabdillos:  	affumatur talis in ducem guerra; qui scientiam, intellectu habeas, hot offi  	cium exercendi. Acaudillar, capitanear gente de guerra<sup>1</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De acuerdo a esta definición el  caudillo es el guiador de las huestes<sup>2</sup>, que debe cuidar, acaudillar y  capitanear a la gente de guerra. Además para ser caudillo la Ley 4, establecía  una serie de cualidades, es decir, no cualquiera podía serlo. Además este tipo  de caudillo estaba reglamentado y subordinado por leyes y al servicio de otro.  Retomando la búsqueda de los orígenes del término, se parte del principio que  los vocablos se incluyen en el diccionario debido a su frecuente uso en medio de  una sociedad determinada, por lo tanto el empleo del término data de una época  anterior a su registro.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este significado inicial ha  evolucionado con el transcurrir del tiempo, es así como en 1880 lo registra el  diccionario etimológico de Roque Barcia: “caudillo: m. el que como cabeza y  superior, guía y manda a la gente de guerra, el que es cabeza o director de  algún gremio, comunidad o cuerpo”<sup>3</sup> esta definición incorpora un nuevo  elemento, y es que ya no solamente se considera caudillo a los hombres  pertenecientes al mundo castrense, sino también a los civiles, por supuesto que  esta ampliación trastorna la definición inicial, pues amplía el ámbito de acción  del caudillo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Atendiendo a esta definición,  pueden existir caudillos civiles y militares. No obstante la realidad  republicana venezolana del siglo XIX y parte del siglo XX, ha demostrado que un  caudillo civil, no triunfa ante las armas de un caudillo militar. Un caso  evidente es el protagonizado por el acaudalado banquero Manuel Antonio Matos, en  1902, cuando éste pretende por la vía del hecho deponer el gobierno  constitucional de Cipriano Castro en la llamada “Revolución Libertadora”<sup>4</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Manuel Antonio Matos aún  contando con el apoyo económico y de las potencias extranjeras como Estados  Unidos, Francia y Alemania, naciones enemigas del castrismo, no logra su  objetivo. Puesto que dicho apoyo no era suficiente para triunfar en la Venezuela  caudillista. Faltaba un factor determinante, el “hombre fuerte” que movilizara  las masas, estableciera alianzas, subordinara voluntades y controlara el poder.  Aunque en la Venezuela de 1902, el caudillismo esta golpeado y amenazado de  mengua, debido a que los experimentados y más prestigiosos caudillos  primogénitos de la Guerra de Independencia ya habían desaparecido.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De igual forma, la segunda  generación de caudillos surgidos de la Guerra Federal en 1859-1863, no  representaban una amenaza importante para esta fecha, y en gran parte esto  obedecía a los intentos centralizadores del poder político iniciado por el  gobierno de Antonio Guzmán Blanco y seguidos por Cipriano Castro, dicha política  había herido de muerte al sistema caudillista; replegando los caudillos locales  y regionales. Otro elemento que debilitó al sistema caudillista ha sido la  configuración y “modernización” del ejército, además de las rencillas que  existía entre los viejos caudillos. Es en esta atmósfera que Cipriano Castro con  el apoyo de Juan Vicente Gómez, derrotan la Revolución Libertadora liderada por  Matos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Otro ejemplo, de que el hombre  civil no tiene oportunidad de mantener el poder político en una Venezuela  plagada de caudillos lo representa el doctor José María Vargas, que luego de ser  electo presidente constitucional, fue depuesto a través de la Revolución de las  Reformas en 1835. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta experiencia  recurrentemente probada, por los registros históricos repliega la concepción del  caudillo civil. Ahora bien, aclarado un poco sobre el origen del término, es  necesario analizar el singular fenómeno que surge alrededor de ésta figura, vale  afirmar que sin caudillo, no existe el caudillismo. ¿Pero… qué pueblos han sido  dominados por este fenómeno?.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la indagación de esta  interrogante, nos paseamos brevemente por la Historia Universal, y aunque el  diccionario registra el término a partir del siglo XVII, la figura y acción del  caudillo, no dio lugar a lo que en la actualidad se conoce como caudillismo, de  manera que sólo nos tropezamos con prácticas similares: “… estructuralmente  hablando hay una relación entre el feudalismo europeo durante los siglos IX-XV y  el caudillismo hispanoamericano sobretodo el uruguayo y río platense, donde se  crean relaciones políticas personales de dependencia”<sup>5</sup>, dichas  prácticas también han sido denominadas caudillaje<sup>6</sup> obligan a revisar  otro tipo de fenómeno, antes de proseguir con el tema para esclarecer algunas  relaciones o vínculos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Nos referimos al personalismo,  entendido como: “la adhesión a una persona o a las tendencias que ella  representa, especialmente en política”<sup>7</sup> el personalismo ha  sobrevivido en el tiempo, ha traspasado fronteras y se ha alimentado de ciertos  contextos sociales y su relación con éstas, cuyos nexos perduran en la medida  que exista correspondencia entre el personalista y su pueblo, paradójicamente en  esta antagónica relación, el primero no sobrevive políticamente sin el apoyo o  del segundo, en casos extremos el sometimiento y dominio del personalista se  impone. “El personalismo es una amplía categoría histórica que contiene el  fenómeno del caudillismo hispánico”<sup>8</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Éste cobra vida a través de  distintas expresiones, y aunque conceptualmente, existan algunas confusiones, es  necesario establecer que el personalismo es el fenómeno del que se derivan  manifestaciones como la dictadura, el militarismo, la tiranía y el caudillismo  entre otros. Contradictoriamente la mayoría de los estudiosos del tema, han  interpretado como sinónimos. Ejemplo: Virgilio Tosta afirma: “…convulsiones  intestinas y personalismo caudillesco constituyen un mismo fenómeno”<sup>9</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">No obstante, cada expresión  posee sus especificidades, excepto que cada una contiene una alta dosis de  personalismo, pero esto no significa que sean fenómenos idénticos. En este  sentido la doctora Graciela Soriano de Pelayo afirma:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El personalismo político no es  un fenómeno hispanoamericano o tercer mundista como hasta hace muy poco se solía  y podía decir, con actitud presentista y fácil frase hecha. Contemplado desde  una perspectiva histórico-universal constituye, por el contrario, una realidad  recurrente en la historia que se ha manifestado desde múltiples formas…ahora  bien, considerar al personalismo político de todos los tiempos implica aceptar,  a su vez, que existe un cierto grado de equivalencia en las épocas históricas en  que se ha producido el fenómeno, susceptible de permitir en función de comunes  denominadores que avalen su tratamiento homogéneo en virtud de cualidades o  atributos compartidos.<sup>10</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Efectivamente el personalismo  se expresa en Hispanoamérica a partir del siglo XIX, bajo la forma particular  del caudillismo, fenómeno exclusivamente hispanoamericano, sin que ésta  afirmación signifique una homogeneidad del fenómeno en dicho territorio. Por  ello es preciso aclarar en cuanto a ¿Cómo surge este fenómeno?</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para ello utilizaremos las  luces del pensamiento positivista venezolano Inspirados en las ideas de John  Stuart Mill y Hebert Spencer, nuestros positivistas consideraron a la sociedad  como un organismo vivo, dependiente, a leyes fijas. Esta sociedad necesariamente  debía pasar por la situación anárquica del siglo XIX y que ésta anarquía no  debía interpretarse como el fin, sino como la reorganización progresiva de los  elementos para alcanzar la libertad dentro del orden. “La ciencia positiva no  producía sus conclusiones al azar, sino mediante la aplicación de ciertas claves  invariables cuyo seguimiento conduciría al efectivo rastreo del pasado, y a la  utilización de tal rastreo para la proyección del futuro”<sup>11</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Bajo esta concepción el  positivismo, concibe al caudillismo como ese elemento necesario para alcanzar el  orden y el progreso dentro de un sistema político carente de orden  institucional. De tal manera que ante el vacío dejado por el depuesto sistema  colonial, viene a ser el caudillo la institución personificada en hombre que  progresivamente contribuiría a la formación de la República. Algunos  representantes venezolanos que propulsaron esta visión positiva han sido  Laureano Vallenilla Lanz, José Luis Fortoul y Pedro Manuel Arcaya, entre otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Según Laureano Vallenilla Lanz  el caudillo es el resultado del medio y la raza, no obstante, le da mayor peso  al medio, sin desestimar el segundo elemento. Tal es el caso de José Tomas Boves,  quien siendo de origen español, sufre la influencia del medio y convierte en el  primer caudillo popular venezolano.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este autor sostiene que el  caudillismo florece porque en la guerra de Independencia se perdió la  organización social y ante tal anarquía “El gendarme necesario”<sup>12</sup>, es  la encarnación misma del poder y mantiene la paz, el orden, la regularidad  administrativa, el crédito interior y exterior, estos hombres, nacidos de la  guerra y de la anarquía, son la única fuerza de conservación social en los  pueblos que evolucionan hacia la consolidación de su individualidad nacional<sup>13</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para José Gil Fortoul la raza y  el medio son de igual importancia, debido a que no considera al hombre de modo  aislado, sino en contacto recíproco con su geografía, de cuya relación se  constituye el “medio social”. En el cual conviven las “razas sociales”. Estas  son la “…acumulación más o menos grande de conocimiento en cada grupo étnico, y  la mayor o menor propensión hereditaria en los individuos asimilárselos y  acrecerlos”<sup>14</sup>. Sus planteamientos sostienen que la repetición de los  mismos actos originan las costumbres y éstas forman la trama de la historia, en  la que transita la evolución, ya que todo evoluciona.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por tal razón afirma que, el  hombre no es cosmopolita por naturaleza y que dicha condición la adquiere solo  cuando la ciencia, el arte y la industria modifican las condiciones del medio.<sup>15</sup>  Es en medio de la evolución positiva de la historia en la que la figura de  caudillo es un elemento de dominio necesario y de transición social, para  alcanzar el orden y el progreso.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por su parte Pedro Manuel  Arcaya sostiene que el caudillismo es un fenómeno producido por el determinismo  étnico, sin desestimar el medio; en el cual la herencia juega un papel  primordial, ya que esta es trasmitida de generación en generación, ante las  cuales pierde importancia las ideas importadas que tardan en prosperar por causa  de la mezcla racial.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En dicha mezcla las razas  incultas, es decir, india y negra afectan de modo regresivo a la raza superior  española. Según el autor el elemento indígena es determinante y no basta su  disminución numérica para impedir su perpetuación en nuestra organización  política, y considera que la fi gura del jefe indio primitivo que se imponía por  su fuerza física o por su sagacidad para conducir hordas anárquicas en los  llanos y una vez erigido despotizaba a sus compañeros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Demostrando que “el poder de  estos caciques no tenía limite…”<sup>16</sup> además plantea que esta realidad  con ligeras variaciones se manifi esta nuevamente en los últimos años de la  colonia, y durante la guerra de independencia ya no con el cacique, sino con el  caudillo que mantiene dichas practicas anárquicas, personalistas y despóticas. Y  aunque en estas circunstancias se encuentren las raíces del pasado, es necesario  que a través de “la transformación del medio por la instrucción, el trabajo, la  disciplina de las actividades y su armonía mediante la justicia más severa y  sobre todo la transformación de los elementos étnicos por la obra de la  inmigración”<sup>17</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para los pensadores  positivistas el caudillo procede del medio y la raza y esta combinación de  factores le dan vida al fenómeno caudillista.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La tesis positivista además  considera la existencia de dos momentos específicos en la configuración del  fenómeno caudillista, una fase inicial “caudillismo anárquico” caracterizado por  frecuentes enfrentamientos armados en la cual se impone el hombre más fuerte,  con más huestes armadas, con mayor respaldo clientelar, con más prestigio, apoyo  popular y carisma; algunas veces la práctica política de este caudillo desemboca  en un caudillismo despótico.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta recurrencia entre lo  anárquico &#8213;despótico-anárquico&#8213; despótico, sólo con ligeras variaciones en la  práctica política van a predominar a lo largo del siglo XIX. Una evidencia de  esta inestabilidad político-social y constitucional se observa en el hecho de  haber tenido a lo largo de un siglo (1811-1897) la aprobación de once  constituciones y la elección de 18 presidentes, no obstante, la cantidad real de  hombres que ocuparon la presidencia ascendía a más de treinta, debido a la  inestabilidad producida por las reiteradas crisis políticas generadas o  contenidas por el “hombre fuerte” de turno.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De tal manera que pensar en un  momento determinado que la actuación del caudillo se ajustaría a la Constitución  y las leyes era una pretensión efímera porque el fortalecimiento del sistema  caudillista estaba precisamente en el debilitamiento Constitucional y en la  fragilidad de las Instituciones. Debido a que el hombre fuerte vacila en el  cumplimiento de sus promesas, sobretodo si el cumplimiento de sus promesas  atentan contra su intereses, pero éste se mantiene fi rme ante su afán de  alcanzar, mantener y en algunos casos perpetuarse en el poder, estos hombres no  se planteaban dejarlo, razón por la cual vivían en los campos de batalla en  medio de las revoluciones.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Entre los años de 1830 y  	1935 no menos de 354 sucesos sangrientos y violentos mayores, que engloban  	una infinidad de acciones de guerra, y numerosos otros de menor importancia  	&#8213;algunos hasta imaginarios, pues sólo existieron como pretexto para zarpazos  	de las tiranías o en la mente de algún caudillo fantasios&#8213;, hacen de la  	inestabilidad y la zozobra el clima del proceso nacional. Aquí el péndulo va  	de la congelación autocrática a la ebullición fratricida; del quietismo  	aplanador a la turbulencia sin freno<sup>18</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La recurrencia del caudillismo  es similar a la ambivalencia en su práctica, o por el contrario, era la  ambivalencia la que generaba la recurrencia? En este juego de palabras es  preciso aclarar que la ambivalencia se refiere a esa contradicción entre las  promesas, discursos y proclamas de las que se vale el caudillo primero para  desprestigiar, denunciar, desvirtuar y difamar la gestión y el honor de su  enemigo o en la mayoría de los casos al presidente de turno. Dichas promesas  buscan aumentar sus huestes, ganar seguidores y de esta manera asaltar el poder  o salir electo para ocupar algún cargo público importante, aunque, las mejores  disputas y revoluciones se encendían por alcanzar la presidencia de la  República.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al poco tiempo de la sucesión  presidencial, haya sido esta por la vía del “hecho” o por “derecho” retornan los  abusos, desmanes, despilfarros y arbitrariedades del hombre fuerte, ese mismo  que un día prometió “cambios” en la práctica política, en algunos casos el  segundo es peor que el primero. Pareciera entonces, dicha práctica se asemeja a  un enfermo, y a veces no se sabe si el remedio es peor que la enfermedad. Lo  positivo es que esta recurrencia paso a paso, poco a poco marcha hacia delante.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta recurrencia con la que el  caudillismo se presenta por más de doce décadas en Venezuela y otros países  hispanoamericanos, no es más que el refl ejo de las luchas partidistas, los  desbarajustes políticos y administrativos existentes. Sobre estas ideas Vico  sostiene: “…los primeros tiempos bárbaros y los tiempos bárbaros retornados de  aquellos se puede fácilmente comprender la recurrencia de las cosas humanas en  el resurgimiento de las naciones”<sup>19</sup> De todo esto se desprende que  ninguna lucha es igual a otra, que no todos los hombres aún teniendo intereses  semejantes, emplean medios idénticos para alcanzarlos. Y aunque, pareciera que  nada cambia, no es así, porque el dinamismo humano no permite involución, o por  lo menos quienes escriben la “historia” no registran retrocesos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Atendiendo al interés de  interpretar al caudillismo como sistema, pero, no al sistema político-social que  ya ha sido estudiado, sino, como sistema en sí mismo. Se propone lo siguiente:</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">2. El sistema caudillista  venezolano</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Atendiendo al interés de  proponer al caudillismo como sistema, pero, no al sistema político-social que ya  ha sido estudiado, sino, como sistema en sí mismo cuyas partes han sido: la  guerra, la sociedad republicana (étnicoculturales), el caudillo, condiciones  políticas, y condiciones económicas. La interacción, dependencia, interrelación,  funcionalidad y objetivo común, determinan características propias de dicho  sistema. En este caso, el poder político es su móvil.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">2.1. La guerra de  independencia y guerras civiles reproductoras de caudillos</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Definitivamente nuestro  caudillo del siglo XIX son nacidos de la guerra, y creemos que la guerra de  independencia fue una madre de partos múltiples, claro ésta, que aquel conflicto  no apareció de la nada, fue el producto de las ideas tomadas de la ilustración  europea, la revolución francesa, la independencia de los Estados Unidos de  América, la crisis política española, causada por la invasión napoleónica en  1.808.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Otro elemento fundamental que  movió a un elitesco sector de la sociedad caraqueña a fomentar la emancipación  fue en esencia el poder, político ó económico, era el poder que desató dicha  guerra, mantener esa cuota de poder, defender ese supuesto “orden social” que le  garantizaba a una minoría el control social y dominio económico.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Contrario a lo que se ha  escrito sobre nuestra independencia, el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de  1811, en parte sólo pretendían asegurar esa posición. Porque se ha ofrecido la  idea de que toda la gesta emancipadora giraba en torno a los valores de  igualdad, justicia y libertad; pero ni antes ni después estas repetidas palabras  raras veces traspasaron el papel y cuando así ha ocurrido, es porque el pueblo  libre es más útil a los intereses de un grupo, que estando bajo el sistema de la  esclavitud.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Un ejemplo, es la tardía  abolición de la esclavitud en 1854, que más allá de ser una medida social, fue  una medida política. Es el poder el germen de la guerra, contrario a esto se  podría pensar que la libertad debe ser la mejor y mayor razón. Pero la realidad  venezolana del siglo XIX ha estado minada de revoluciones mezquinas e  individuales que aniquilan no sólo la población, sino también el progreso, el  avance, el desarrollo y la civilización.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al respecto Edgar Esteves  escribe:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El siglo XIX venezolano es  	un siglo de guerra. Para los venezolanos quien manda no es el presidente de  	la República, sino un general determinado que tiene en sus manos el poder.  	Se trata de un país que no logra todavía su integración cabal como Estado y  	desconoce el concepto de Nación; que no puede lograr una consolidación  	política pues se encuentra bajo circunstancias extremas de desacomodo  	social, viviendo en una constante anarquía. Impera en el país un permanente  	clima de guerra auspiciado por una multitud de caudillos, regionales y  	locales peleándose entre sí.<sup>20</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El caudillismo se alimenta de  los enfrentamientos, las revoluciones, el descontento casi siempre era un buen  pretexto para ello, la frecuencia de las guerras civiles son propias de  gobiernos débiles, de sociedades atrasadas y de inestabilidad política, de leyes  aéreas, de infancia institucional y de gobiernos utópicos, de pueblos  manipulables por su falta conciencia política; o por el contrario pueblos que  luchan por salir de la opresión. Pareciera que ese pueblo también lucha por el  poder, pero no lo alcanza lo ve desde lejos, porque un hombre con sus huestes y  allegados ya se lo apropiado.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">2.2. La sociedad republicana  (étnico-culturales)</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La marcada estratificación  social existente durante el período colonial, no desaparece con la  independencia, no bastaba con la declaración idealista de igualdad proclamada y  establecida a partir de 1811, ese desprecio del hombre blanco por el de color  produjo la intransigencia entre cada grupo social.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Existía un poco después de  	1830 el antagonismo de las razas: Blancos, negros y mestizos gozaban, según  	la ley, de los mismos derechos civiles y políticos; pero en realidad, el  	predominio social y político era de una oligarquía de grandes propietarios y  	jefes militares, y la raza negra no había de alcanzar la libertad completa  	sino en 1.854. La escasa población de entonces vivía desparramada en el  	inmenso territorio nacional donde no había ni caminos numerosos para la  	circulación del comercio y de las ideas, ni grandes focos intelectuales para  	difundir las ciencias y las artes en las clases inferiores, ni centros  	industriales para enseñar al agricultor y al criador a domar las fuerzas y a  	utilizar las riquezas de una naturaleza virgen.<sup>21</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La desigualdad social se  manifestaba especialmente en el campo educativo. Para comprender los relativas  transformaciones alcanzadas en materia educativa durante la República es  necesario analizar las condiciones de ésta durante el período colonial,  considerada como dogmático en lo religioso, exclusivista en lo social, selectivo  en lo económico y discriminatorio racialmente, además de la carencia de  preceptores, e instituciones educativas bien dotadas, ya que las existentes solo  atendían a niños blancos y pertenecientes a familias pudientes, estas razones  explican un poco como de los cuatro quintos de la población, no aprendían a  leer, ni escribir y sus conocimientos se limitaban al breve catecismo religioso  enseñados por los curas o feligreses.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De esta realidad colonial se  heredaron muchas instituciones y vicios al constituirse la República, no  obstante legislativamente se crearon instrumentos para administrar de un modo  menos excluyente y más populares en materia educativa, así se observa en los  discursos, decretos y leyes. Pero en la práctica los cambios eran efímeros.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ese afán por mantener las  viejas estructuras discriminatorias obstaculizaba en la práctica alcanzar una  población educada, entre la guerra y las trabas sociales y eclesiástica se  debatía el pueblo en la ignorancia y en lugar del conocimiento liberador se  aferraba a su servilismo perjudicial que en alguna parte del camino se fusiono  con el mesianismo heroico, esa espera y delegación dañina de que sólo un hombre  puede mejorar la situación.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">2.2.1. El caudillo</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En nuestra opinión el caudillo  representa un hombre de armas, ambicioso, personalista, benévolo y violento por  naturaleza, que con sus acciones militares puede controlar o descontrolar el  sistema político existente. Su lugar dentro del mismo depende de las  circunstancias y de su ascendiente personal, puede estar al frente del gobierno,  sostenerle o adversarle. Casos puntuales son los de José Tomas Boves, Simón  Bolívar, José Antonio Páez, José Tadeo Monagas, Santiago Mariño, Antonio Guzmán  Blanco, Cipriano Castro, entre otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El poderío que ostenta el  caudillo puede ser obtenido por el reconocimiento y obediencia del hombre por el  hombre u otorgado por la Constitución Nacional. La coexistencia de estas dos  fuentes de legitimidad<sup>22 </sup>serán una constante en la Venezuela  caudillista del siglo XIX, esta combinación política conduce a la obediencia y  ésta se transfiere al control social.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Del mismo modo el caudillo se  vale de las leyes para legitimarse y las utiliza a favor de sus intereses  personales, éste gobierna sin un programa político establecido<sup>23</sup>, la  fuerza se impone a las leyes y esta relación se invierte sólo cuando es  necesario o conveniente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En opinión de Domingo Irwin el  caudillo es “un jefe guerrero, personalista, político, que emplea la banda  armada que puede jefaturizar como factor básico de su poder”<sup>24</sup> este  poder es de origen innato y naturaleza absolutamente humana, este líder logra la  obediencia del hombre al hombre. El caudillo fue una institución política que va  a predominar en Venezuela durante todo el siglo XIX. Al respecto Virgilio Tosta  asevera: “...hombre fuerte, tirano absoluto...que encarna un régimen político  personalista y que realiza la función del gobierno con plena renuncia de los  postulados políticos y administrativos que deben orientar el lógico y armonioso  desarrollo de las instituciones”<sup>25</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Diego Bautista Urbaneja opina  “La figura del caudillo ocupa un lugar central en la Venezuela del siglo XIX”<sup>26</sup>  básicamente porque éste usurpa y subordina las funciones institucionales, es una  tercera vía de “orden” social que irrumpe en la transición del régimen colonial  y la consolidación de la República, y esto es posible no sólo por la fragilidad  del Estado, sino también por el apoyo de algunos sectores de la sociedad que se  identifica con él. “… un caudillo que encabeza un gran movimiento social, no es  más que el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias,  las necesidades, preocupaciones y hábitos…<sup>27</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las características  predominantes de estos personajes son: experiencia militar, prestigio personal,  carisma, ascendiente personal, valor, demagogia, autocracia, ambición, jefatura,  armas, control de huestes, área de influencia determinada (local, región o  nación). Es importante decir que en medio de los caudillos existen rangos o  categorías, cuya ubicación depende del predominio político-militar que ejerce  sobre un área de infl uencia determinada<sup>28</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La presencia simultanea de  caudillos crea dinámicas antagónicas de poder, que hacen imperioso el  establecimiento de alianzas personales que garanticen lealtad y compromiso para  la supervivencia política, tan necesario en el momento de los desacuerdos que  tienden a resolverse por la vía de las insurrecciones o revoluciones, cuyas  victorias al mismo tiempo se convierten en los indicadores del poder del  caudillo.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">3. Realidad Política y  Económica</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La existencia de este fenómeno  es posible gracias a las realidades estructurales que permiten su aparición y  desarrollo, por ejemplo en Venezuela, el ideal político existente en el  pensamiento de nuestros dirigentes desde el momento mismo de la declaración de  la Independencia es la construcción de un Estado Nacional Liberal cuyos  principios sean los mismos del liberalismo político europeo y el liberalismo  económico inglés.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De tal manera que la teoría  liberal se convierte en un atractivo y posible proyecto de país, sustentada en  amplias libertades individuales, sociales, jurídicas, económicas y políticas. En  este sentido Diego Bautista Urbaneja afirma: “...la historia de nuestro siglo  XIX es la historia de los esfuerzos por organizar la sociedad venezolana bajo la  forma de un Estado Nacional Liberal...”<sup>29</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este proyecto liberal se ve  cristalizado en teoría en la Constitución de 1830 cuyos principales postulados  son de inspiración liberal. Lo interesante del proyecto de país que dibuja la  Constitución del 30 es que inicialmente no se vislumbraban divergencias por los  principios consagrados en ellas; las contrariedades aparecen cuando un sector de  la sociedad no se identifica con la práctica política establecida, dando origen  en 1840 a la creación del Partido Liberal organizado y dirigido por ideólogos  como Tomas Lander y Antonio Leocadio Guzmán.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A quienes se unirá un nutrido y  heterogéneo sector de la sociedad quienes hacen causa común para defender los  “verdaderos” principios liberales que según ellos habían sido hollados por la  oligarquía conservadora acaudillada por Páez. La controversia no se hace esperar  y a través de la prensa se presenta la disputa política, donde el Partido  Conservador protege sus intereses mientras el Partido Liberal defi ende las  verdades del liberalismo por medio de la pluma de Tomas Lander “...Se trata de  un estado de derecho en donde están previstas la alternabilidad republicana, la  libertad de cultos, la independencia del poder civil frente al de la iglesia y  la libertad de imprenta y de opinión...”<sup>30</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De esta manera se observan  pocas diferencias ideológicas entre conservadores y liberales, lo que realmente  genera la contienda es la disparidad del benefi cio político. Por lo demás  existían escasas diferencias en cuanto a necesidad de inmigrantes, la creación  de caminos e industrias; mientras que en la libertad de cultos no contó con el  mismo consenso, pues el sector conservador católico se resistía a compartir con  otras creencias a sus feligreses.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Más allá de estos encendidos  debates, existía una realidad institucional que debía disputarse el terreno con  los caudillos y de cuyas luchas sólo los segundos salían fortalecidos, las  instituciones venezolanas durante el siglo XIX fueron débiles e incipientes.  “Las carencias institucionales promueven un control asentado esencialmente en la  forma manejada por cada uno de los lideres para llevar a cabo su proyecto…”<sup>31</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Entre otras cosas pensar que la  fortaleza institucional sólo se encontraba en la elaboración y modificación de  leyes, conducía sólo al ensayo y error legislativo que pocas veces logró su  arraigo en la población, en este sentido Aristóteles expresa: “…la ley para  hacerse obedecer, no tiene otro poder que el de hábito, y el hábito sólo se  forma con el tiempo y los años, de tal manera que sustituir ligeramente las  leyes existentes con otras nuevas, es debilitar la fuerza misma de la ley”.<sup>32</sup>  Ni siquiera nuestra carta magna escapó a estas constantes modificaciones, porque  respondían más a intereses personales que colectivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cuanto a lo económico, la  estructura existente en el siglo XIX favorecía al caudillismo, porque las  principales actividades productivas se desarrollaban en los campos, tanto la  agricultura como la ganadería eran susceptibles y vulnerables a la intervención  arbitraria de los hombres de arma y casi siempre victima del hombre fuerte.  Sobre este aspecto opina Salcedo Bastardo “La base de la riqueza durante el  paecismo, y hasta entrado el siglo XX, continúa siendo la tierra; la  agricultura, seguida por la ganadería, es la ocupación de la determinante  mayoría de nuestra población activa; el campo provee la casi totalidad de cuanto  Venezuela exporta…”<sup>33</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Detrás de cada revolución  quedaba desolación, hambrunas, escasez mano de obra, agio, devastación, abigeato  y usura. Sobre esta situación Carlos L. Marín testifica:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los latinoamericanos al  	surgir a la vida independiente, nos encontramos con que a lo largo de la  	lucha no tan sólo había acabado de despoblar las comarcas, ya de suyo  	raramente poblada, sino también que la guerra había creado mal encaminadas  	costumbres feudales, que no tuvieron el contrapeso de la riqueza y la  	industria, que saben imponerse e imponer la paz, que son conservadoras de  	buena raza, en resguardo de sus propios intereses. Oponíase también a frenar  	ese feudalismo bastardo la falta de necesidades imprescindibles, pues el  	terreno y el clima aunado hacen fácil la erudición del trabajo constante, la  	falta de necesidades superflua por nuestro poco roce con el exterior, la  	escasez de grandes centros y la supervivencia de las costumbres  	patriarcales, flacas de lujo y de boato<sup>34</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta interpretación positivista  dibuja los males que atacan no sólo a nuestro país, también alude a la situación  de Latinoamérica, en ella identifica las causas, consecuencias y plantea las  alternativas para superar el atraso socio económico existente. Otro rasgo  importante que facilita la estadía del caudillismo en el siglo XIX, es sin duda  la incipiente administración de los principales rubros de exportación. El  control central de la economía era quimérico ante el carácter regional de ésta,  porque el caudillo no sólo ostentaba el poder militar y ambicionaba el poder  político, también poseía el control económico de su región o área de influencia.  De tal manera que la economía interna debía sobrevivir a las frecuentes  revoluciones que empobrecía algunos sectores sociales y antagónicamente  favorecía el patrimonio económico del caudillo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En fin, este esbozo pretende  aportar elementos para desmontar la creencia sobre el regreso del caudillismo.  Pretensión que para algunos expertos solo responde “…a una lectura desafortunada  de nuestra historia…”<sup>35</sup> no sólo la lectura, más bien la escritura, y  sobre esto último aunque, es grande la pretensión se necesita revisar,  reinterpretar, reconstruir y reescribir nuestro pasado para evitar estos desvíos  conceptuales, que de alguna manera asoman que le tesis científica del  positivismo está más viva que nunca. No porque esta sea errada en sus  principios, acaso en su interpretación de seguir considerando que algunos  fenómenos se “justifican”</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Consideraciones finales</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El caudillismo del siglo XIX de  acuerdo al enfoque positivista es un fenómeno que surge en Hispanoamérica a  partir de las guerras de independencia y es producto de lo étnico y el medio  geográfico; esta interpretación de la historia pretende justificar la presencia  del hombre fuerte como el llamado a sustituir temporalmente lo institucional y  lo legal, la fusión de estos elementos conducen a la institución política de  carne y hueso, “caudillo” que se supone necesario para asegurar al anhelado  orden y progreso en el estadio de la evolución de Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Reconstruir el caudillismo a  partir de una serie de elementos constitutivos, pretende mostrar una  interpretación distinta de dicho fenómeno, plantear la necesidad de cada uno de  sus elementos para predominar nuevamente, y que si en la actualidad existen  personajes políticos extemporáneos que desean gobernar al país despóticamente,  utilizando herramientas similares a las empleada en el siglo XIX, sencillamente  no es posible, la historia no retrocede. A menos que estemos ante un  neocaudillismo y de ser así, este retorno sería funesto para las instituciones  políticas, la sociedad y la democracia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De tal manera que el  caudillismo tal como se conoce pertenece al siglo XIX, pretender arrastrarlo a  otras épocas es forzar realidades, desconocer su contexto y práctica política; y  esto se puede interpretar como la confusión conceptual entre caudillismo y  personalismo, entonces es preciso aclarar que el caudillismo es una de las  expresiones del personalismo político de todos los tiempos, y por ser de todos  los tiempos, es distinto al fenómeno caudillista que sí requiere de una realidad  específica para su inicio, permanencia y declinación.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1 Sebastián de Covarrubias,  Origen y principio de la lengua castellana, p. 145.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">2 Según, el mismo diccionario  de Covarrubias hueste, significa en la lengua antigua castellana “vale exercito  puefto en campo contra el enemigo, p. 62.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">3 Barcia Roque, Diccionario  etimológico, p. 321.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">4 Tierra Firme, Nº 29, “Estudio  sobre caudillismo”, Caracas, enero-marzo, 1990.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">5 Graciela Soriano de García  Pelayo, Entrevista, Caracas, 5 de diciembre de 2007.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">6 Caudillaje: m, Amér. Conjunto  de caudillo de mala ley. Sistema político en que un caudillo ejerce el poder de  una manera arbitraria y á su capricho. En Enciclopedia Universal Ilustrada  Europea Americana. Espasa-Calpe S.A. Madrid Barcelona, Tomo 12. cas-cg, p. 634.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">7 Diccionario Ilustrado de la  lengua española, p. 856.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">8 Graciela Soriano de García  Pelayo, Entrevista, Caracas, 5 de diciembre de 2007.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">9 Virgilio Tosta, Ob. Cit., p.  8.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">10 Graciela Soriano de García  Pelayo, El personalismo político hispanoamericano del siglo XIX, p. 56, véase  también ¿Caudillismo o personalismo?, en Últimas Noticias (Suplemento Cultural),  Caracas, 5-2-1989. En este artículo la autora establece las diferencias  sustanciales entre caudillismo y personalismo, afirmando que el primero es una  manifestación del segundo. Libro al día, La continuidad del caudillismo,  enero-junio, Caracas, 1976, pp . 10-21, En esta entrevista a Guillermo Morón  explica que el fenómeno Rómulo Betancourt es la continuidad del caudillismo. En  la misma tónica La Revista Elite en 1979, en una entrevista a Francisco Herrera  Luque sobre el caudillismo, éste sostiene que este fenómeno sigue vivo. ¿Vuelve  el caudillismo a Latinoamérica?, en El Nacional, 10-05-1995. Esta tendencia que  pica y se extiende según el autor se ve representada en que los países  hispanoamericanos se ufanan de haberse librado de los regimenes dictatoriales,  sin embargo diversas resoluciones emanadas de un poder ejecutivo cada vez más  fuerte confirman la tendencia hacia el caudillismo en la región. Otros artículos  similares plantean: El intacto carisma el caudillismo subsiste, apareció en El  Nacional, Caracas, 20-08-1994, expresa que el fenómeno del caudillismo sigue  vigente en América Latina, donde a veces el estallido de un traquitraqui pone a  temblar nuestras frágiles democracias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">11 Elias Pino Iturrieta,  Positivismo y Gomecismo, p. 26.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">12 Laureano Vallenilla Lanz,  Cesarismo democrático, p. 137.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">13 Ibidem, p. 229.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">14 Virgilio Tosta, El  caudillismo según once autores venezolanos, p. 32.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">15 Ibidem, p. 34.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">16 Ibidem, p. 67.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">17 Ibidem, p. 72.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">18 José Luís Salcedo Bastardo,  Historia Fundamental de Venezuela, p. 376.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">19 G. Vico, Ciencia Nueva,  p.195.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">20 Edgar Esteves González, Las  guerras de los caudillos, p. 5.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">21 Virgilio Tosta, Ob. Cit.,  pp. 37-38.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">22 Diego Bautista Urbaneja, La  idea Política de Venezuela, p. 44.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">23 Idem, p. 46.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">24 Domingo Irwin, Relaciones  civiles en Venezuela 1830-1910, p. 7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">25 Virgilio Tosta, Ob. Cit., p.  7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">26 Diego Bautista Urbaneja, Ob.  Cit, p. 39.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">27 Domingo Faustino Sarmiento,  Facundo, p. 16.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">28 Diego Bautista Urbaneja, Ob  Cit., p. 47, veáse también del mismo autor. “Caudillismo y pluralismo en  Venezuela”, en Politeia, (separata) Caracas, 1975.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">29 Diego Bautista Urbaneja,  Introducción Histórica al Sistema Político Venezolano, p. 15.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">30 Tomas Lander, “Petición”, en  Pensamiento Político Venezolano del siglo XIX, p. 424.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">31 Elias Pino Iturrieta, Nada  sino un hombre, p. 327.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">32 Aristóteles, Política, p.  86.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">33 José Luis Salcedo Bastardo,  Ob. Cit, p. 389.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">34 Carlos L. Marín,  “Inmigración, paz y riqueza”, El País, Caracas, 31 de mayo de 1893, Nº 35.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">35 Elías Pino Iturrieta, “La  historia Maquillada”, en El Nacional, 20 de noviembre de 1994.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Referencias Bibliográficas</font></b></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Fuentes Secundarias</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. ARISTÓTELES, Política,  España, 2007</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3106618&pid=S1315-9496201400010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. FRANCESCHI, Napoleón,  Caudillos y caudillismo en la historia de Venezuela (Ensayos históricos,  Venezuela: 1830-1930.) Caracas, Eximeo 1979</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. ESTEVES, Edgar, Las guerras  de los caudillos, Caracas, El Nacional, 2006</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. IRWIN, Domingo. Relaciones  civiles y militares en Venezuela, 1930-1910, Caracas, Litobrit C.A, 1996</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. IRWIN, Domingo G. “Unas Defi  niciones de Caudillo y Caudillismo”. Boletín de la Academia Nacional de la  Historia. T, LXXI, No. 284, Caracas, octubre-diciembre, Academia Nacional de la  Historia, 1988 pp.1019-1034.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. LANDER Tomas, Petición, en  Pensamiento Político Venezolano del siglo XIX, Tomo IV, en Pensamiento Político  Venezolano Siglo XIX. Caracas, Ediciones del Congreso de la Presidencia de la  República. 1983</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. PINO ITURRIETA Elías, Nada  sino un hombre. Caracas, Alfa, 2007.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. PINO ITURRIETA Elías,  Positivismo y Gomecismo. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. SALCEDO BASTARDO, José Luís.  Historia Fundamental de Venezuela. Décima edición, Caracas, Universidad Central  de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1993.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. SARMIENTO Domingo Faustino,  Facundo, España, 1985</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. SORIANO DE GARCIA,  Graciela. El Personalismo político hispanoamericano del siglo XIX, Caracas,  Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1996.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. TOSTA, Virgilio. El  caudillismo según once autores venezolanos: Contribución al pensamiento  sociológico nacional, Caracas, Tipografía Garrido, 1954.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. URBANEJA, Diego. La idea  Política de Venezuela 1830-1870, Cuadernos Lagoven, Serie Cuatro Repúblicas  Caracas, Editorial Arte 1988.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">14. URBANEJA, Diego.  “Caudillismo y pluralismo en Venezuela”, en Politeia, (separata) Caracas: 1975.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">15. URBANEJA Diego.  “Introducción al sistema político venezolano”, en Politeia N° 7, 1980º</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. VICO, G. Ciencia Nueva,  Madrid, Orbis, 1984.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. VALLENILLA, Laureano.  Cesarismo Democrático, colección La Palma Viajera. Caracas, EDUVEN, 2000</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Fuentes Hemerográficas</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">MARÍN Carlos L. Inmigración,  paz y riqueza. El País, Caracas, 31 de mayo de 1893, Nº 35.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">PINO ITURRIETA, Elías “La  historia Maquillada”, en El Nacional, 20 de noviembre de 1994.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">_______________, Libro al día,  “La continuidad del caudillismo”, enero-junio, Caracas, 1976, pp. 10-21.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">SORIANO DE GARCIA, Graciela  ¿Caudillismo o personalismo? En Últimas Noticias (Suplemento Cultural), Caracas,  5-2-1989.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Revista Elite. Sigue vivo.  marzo-abril, Nº 2788-2796 Caracas, 1979.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Tierra Firme, Nº 29, Estudio  sobre caudillismo, enero-marzo, Caracas, 1990.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Obras de Referencia</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">BARCIA Roque. Diccionario  etimológico, ACHUZ, España, 1880</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De Covarrubias Sebastián,  Origen y principio de la lengua castellana, España, 1606</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Diccionario Ilustrado de la  lengua española, España, Océano, 2000</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Enciclopedia Universal  Ilustrada Europea Americana. Tomo 12, CAS-CG. Madrid, Espasa Calpe S.A. 1924</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Fuente Oral</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">SORIANO DE GARCIA, Graciela.  Entrevista, Caracas, 5 de diciembre de 2007.</font></p>       ]]></body>
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