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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Memoria de la desdicha: Los realistas cuentan su versión del 19 de abril de 1810]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present study aims to show the position of the group of invisible by calling national history, those that judging the facts of the April 19, 1810, were not taken into account in assessing the diffi culties suff ered all actors made. Vicente Emparan, Vicente Basadre, Narciso Coll y Prat, José Francisco Heredia, Jose Domingo Diaz, Cristobal M. González de Soto y Santiago Hernandez Milanés, are the sources and approach to reconstruct the events of April 1810. Anyway, this Memory Misery is an attempt to reassess its strict truth in the history of the Royalists at a certain time and thereafter evenly reconstruct the collective history of all who experienced the same diffi culty. What necessarily enriches the debate and rethinks and refocuses the issue of independence.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Memoria de la desdicha: Los realistas  cuentan su versión del 19 de abril de 1810</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana">Memory</font><font face="Verdana"> of  misfortune: The royalists have their version April 19, 1810</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Tomas González</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Coriano, Médico e Historiador.  Oftalmólogo especialista en Glaucoma, UCV (2010); Magister en Historia de  Venezuela mención Cum Laude, UCAB (2012). Actualmente cursa el Doctorado en  Historia en la Universidad Católica Andrés Bello. Individuo de Número de la  Academia de la Historia del Estado Falcón, sillón VII. Autor de 5 libros y de  varios artículos publicados en revistas nacionales e internacionales. E-mail: <a href="mailto:tgonzalez3000@yahoo.es">tgonzalez3000@yahoo.es</a>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Resumen</b>: El presente  estudio pretende mostrar la posición del grupo de los invisibilizados por la  llamada historia patria, es decir, aquellos que a la hora de juzgar los hechos  del 19 de abril de 1810, no fueron tomados en cuenta para evaluar las  dificultades que sufrieron todos los actores del hecho. Vicente Emparan, Vicente  Basadre, Narciso Coll y Prat, José Francisco Heredia, José Domingo Díaz,  Cristóbal M. González de Soto y Santiago Hernández Milanés, son las fuentes para  reconstruir y aproximarnos a los hechos de abril de 1810. En fin, ésta Memoria  de la Desdicha es un intento de reevaluar en su estricta verdad la historia de  los Realistas en un momento determinado y a partir de allí reconstruir de forma  equilibrada la historia colectiva de todos los que vivieron la misma dificultad.  Lo que necesariamente enriquece el debate y replantea y reorienta el tema de la  Independencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Palabras claves</b>:  Memoria; Desdicha; Realistas; 19 de abril de 1810.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Abstract</b>: The present  study aims to show the position of the group of invisible by calling national  history, those that judging the facts of the April 19, 1810, were not taken into  account in assessing the diffi culties suff ered all actors made. Vicente  Emparan, Vicente Basadre, Narciso Coll y Prat, José Francisco Heredia, Jose  Domingo Diaz, Cristobal M. González de Soto y Santiago Hernandez Milanés, are  the sources and approach to reconstruct the events of April 1810. Anyway, this  Memory Misery is an attempt to reassess its strict truth in the history of the  Royalists at a certain time and thereafter evenly reconstruct the collective  history of all who experienced the same diffi culty. What necessarily enriches  the debate and rethinks and refocuses the issue of independence.</font></p>     <p align="justify"><b></b><font size="2" face="Verdana"><b>Key words</b>: Memory;  Misery; Realistic; April 19 1810.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Recibido: 12/05/2014. Aprobado:  18/06/2014.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">I.- La desdicha no tiene  memoria</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Todo ilustrado siente hacia la  República una responsabilidad que lo lleva a realizarse atendiendo a algún  perfil de “amigo de la patria”. Este patriotismo ilustrado abocó a los  intelectuales historiadores<sup>1</sup>, a traducir el abandono de las  estructuras de pertenencia a la comunidad del mundo colonial, a legitimar los  actos independentistas y a gestar la constitución imaginaria de una nueva  identidad, labor que sería un “acto de venezolaneidad”. Esta imbricación de la  historia y la política, se evidencia en la exaltación de un grupo social  dirigente en desmedro de su adversario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De cualquier manera el Otro se  constituye en espejo de la humanidad del sujeto. Cuando el Otro imaginado es  puesto en confrontación con el Otro encontrado, la imagen mítica se resiste a su  adecuación con la realidad, hasta que las características del Otro consiguen  disolverla o, lo que es más frecuente, hasta que no se produzca una nueva imagen  mítica que salvando algunos elementos de la anterior, se nutre de otras imágenes  más flexibles a la confrontación con la realidad. Es decir, nunca el Otro llega  a ser verdaderamente conocido. Por tanto esto deviene en invisibilidad<sup>2</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este sentido, la  identificación de los invisibilizados, que en nuestro estudio son los Realistas  en la Independencia de Venezuela, específi camente la élite de los funcionarios  reales con poder político-militar y eclesiástico, es un tema que en nuestros  días está siendo estudiado por la historiografía nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, todavía la mayoría  de las investigaciones siguen estando orientadas a destacar la actuación de los  mantuanos como grupo que controla y dirige el proceso. Para ello sólo basta ver  como se ha estudiado la Independencia y la guerra misma. Se ha estudiado como la  historia de los “patriotas”, como la historia de los buenos que se enfrentan a  los malos, donde “los primeros tenían ideales y los últimos cuando más  intereses”; sin considerar que los llamados “malos” también tuvieron ideales y  actuaron en función de principios. El historiador Germán Carrera Damas señala  con bastante claridad que el problema ha sido que la historiografía venezolana  fundada en los valores de la “historia patria, quiere que los venezolanos no  hayamos sido monárquicos<sup>3</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Entonces, una lectura plural e  integrada de éste acontecimiento histórico supone estudiar a todos los actores  involucrados en el movimiento independentista. Analizar sus diferencias,  motivaciones, actitudes, enfrentamientos y confl ictos, permitirá apreciar la  aparente sencillez o la sutil complejidad de la trama.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con todo lo anterior tenemos  que la historiografía de la Independencia es compleja y muy variada, sin  embargo, como señalo en el título, el enfoque que pretendo es recreado a partir  del testimonio de los que en su momento fueron condenados a ser los villanos de  la película y que no fueron tomados en cuenta a la hora de pensar y juzgar la  fecha que se analiza. Vicente Emparan, Vicente Basadre, Narciso Coll y Prat,  José Francisco Heredia, José Domingo Díaz, Cristóbal M. González de Soto y  Santiago Hernández Milanés, son las fuentes para reconstruir y aproximarnos a  los hechos de abril de 1810.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Ante un reino sin Rey  (1808): la reacción de las provincias americanas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Todo lo que era España y su  imperio quedó arrollado por un remolino de guerra y revolución como resultado de  lo ocurrido de marzo a mayo de 1808 en Aranjuez, Madrid y Bayona. Pero en  América las insurrecciones, que finalmente se convertirían en guerras de  Independencia, se desarrollaban con lentitud. La reacción inicial de las  colonias españolas fue de iniciar un movimiento juntista, que no era diferente  al de la Península, que preservara el orden monárquico establecido.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La Abdicación de los Borbones a  la Corona Española en favor de los franceses, la anunció el Conde de Champagny,  Ministro de Negocios Extranjeros de Francia, en una nota dirigida desde Bayona  el 17 de mayo de 1808, a los Virreyes y Capitanes Generales de las provincias  americanas, en los siguientes términos:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…la dinastía ha cambiado;  	la monarquía, empero, subsiste. El lazo que unirá a Francia con España podrá  	dejar de ser útil, desde el momento que se abre un campo más vasto a su  	comercio. Napoleón Bonaparte no perderá de vista la posición ni las  	necesidades del dominio o colonia que usted gobierna, prometiéndose ayudar  	al Rey su hermano para enviar todos los auxilios y socorros necesarios<sup>4</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El motín de Aranjuez, la  conferencia de Bayona y las sucesivas transmisiones del poder real, la entrada  de José Bonaparte en España y la ocupación de la Península por las tropas  francesas, fueron noticias que llegaron a América causando asombro y  desconcierto en un principio. Más luego, la población criolla fue naturalmente  llevada a desempeñarse en tales circunstancias, no sólo con vista a encontrar  derecho oportuno que contemplara la singular emergencia, sino que también con  vista a definir categóricamente su posición institucional y política con  respecto a España, que en el caso venezolano y el de casi toda la totalidad de  las provincias americanas, fue formar Juntas para mantener la fidelidad a  Fernando VII y a la monarquía española en defensa de la integridad del imperio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando los sucesos de 1808 eran  revisados en la década de los treinta del siglo XX, por los “intelectuales  historiadores<sup>5</sup>”, la visión de los hechos apuntaba a ver en 1808 el  origen de las Independencias y que de forma lineal finalizaba en 1810; sostenían  que estos acontecimientos habían sido el estímulo para que las provincias  americanas reflexionaran acerca de sus propias autonomías<sup>6</sup>. Frente a  estas posiciones historiográficas, Caracciolo Parra Pérez dice:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Algunos historiadores  	afirman que bajo aquellas demostraciones de fidelidad y de amor al bien  	público ocultaban ya los caraqueños el deliberado propósito de separarse de  	la metrópoli y de establecer la república. Los sucesos posteriores dan a  	esta opinión apariencias de fundada, pero seria aventurado tenerla como  	indiscutible, pues los mismos sucesos invocados demuestran que los próceres  	venezolanos, como sucede en general con los actores de toda revolución,  	carecían de plan definido, y siguieron dichos sucesos en vez de conducirlos,  	hasta la declaración de la Independencia<sup>7</sup> .</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta contundente respuesta de  Parra Pérez a sus contemporáneos, es admitida como valedera recientemente por la  historiadora Inés Quintero, y dice:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En las provincias americanas,  al conocerse las noticias de España, la respuesta inmediata fue de lealtad a  Fernando VII y de rechazo a la usurpación francesa. A pesar del derrumbe  institucional y político de la Monarquía, de la situación de vació que produjo  la ausencia del Rey, del desconocimiento generalizado de las autoridades  constituidas, de la disgregación del poder en numerosas juntas provinciales y de  la inexistencia de alguna instancia política que pudiese ser reconocida como la  legítima autoridad, en las provincias de América no ocurre en 1808 ningún  movimiento que tuviese como objetivo aprovechar la crisis política de la  monarquía y tomar la iniciativa de adelantar la Independencia<sup>8</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Antes de continuar, quiero  resaltar la existencia de una posición historiográfica expuesta por F. X. Guerra  en su libro Modernidad e Independencias, que plantea la promoción de Juntas en  América (después de conocer con detalle los sucesos de 1808 ocurridos en España)  como el intento de las élites por acceder a nuevas formas de representación  dentro del sistema monárquico español<sup>9</sup>. Es decir, la frecuencia de  las representaciones a los soberanos, llamando su atención sobre diversos puntos  de administración y gobierno, son un indicio clarísimo de que los criollos se  interesaban cada vez más por la marcha de la “República”, como se decía  entonces.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Recordemos que fueron pocos los  americanos llamados a desempeñar cargos de gran importancia. Al menos durante  todo el coloniaje sólo hubo cuatro Virreyes criollos de un total de ciento  sesenta, catorce Capitanes Generales de seiscientos dos y ciento cinco obispos o  arzobispos de setecientos seis. Sin duda que ello revela una proporción muy  exigua; pero no creo que deba magnificarse esta circunstancia al punto de  elevarla al rango de ser una de las principales causas de formar Juntas con  intenciones separatistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ahora bien, sin desestimar lo  anterior, los acontecimientos en la Península, son fundamentales para reafirmar  la fidelidad sin excepciones a los monarcas castellanos, a la tradición  monárquica y el apego a la autoridad que constituía la figura del Rey; a pesar  del malestar que generaban las restricciones al comercio o las controversias que  suscitaba la supremacía de los españoles peninsulares en los altos cargos del  buró gubernativo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero ¿Qué explica esta actitud  de lealtad? Vemos dos razones fundamentales. Primero no concebían un reino sin  Rey, es decir, en una sociedad monárquica absolutista no se entendía la  desacralización del monarca; y evidentemente lo que ocurrió fue la sacralización  de la figura de Femando VII, con todas sus implicaciones políticas e ideológicas  que ello tuvo en el curso de las Independencias en América<sup>10</sup>. Era una  forma de mostrar como las creencias, los valores y las actitudes de las  provincias americanas jugaban un papel fundamental, en torno a la institución  monárquica, en la definición de la cultura política de la época, y condicionaron  de hecho, en buena medida, el curso de los acontecimientos más relevantes del  periodo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La otra razón bastante clara es  que todo este movimiento de fidelidad a la monarquía española, obedecía también  a que la mayoría de los españoles y los americanos se oponían a los franceses.  El historiador Jaime Rodríguez es muy concreto en este planteamiento:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con el paso de dos siglos  	hemos llegado a aceptar como benéficos los resultados de la Revolución  	Francesa; mas, en ese tiempo, el pueblo hispánico relacionaba el movimiento  	francés con los excesos revolucionarios: el terror, el “ateísmo”, el  	anticlericalismo, que se manifestaba en especial con el estatuto civil para  	el clero, y un imperialismo nuevo y virulento que había subyugado  	brutalmente a otros pueblos europeos. Lejos de ofrecer oportunidades para  	alcanzar la “democracia” y el “progreso”, los franceses eran el epítome de  	todo lo que temían los pueblos de España y América. Para ellos, la  	dominación francesa implicaba una centralización mayor y exacciones  	económicas aun más cuantiosas. En consecuencia, los pueblos de la Península  	y del Nuevo Mundo se mostraron unánimes en su oposición a los franceses<sup>11</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El discurso de la Invisibilidad</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo de Caracas el 19 de abril de  1810 fue un golpe de Estado<sup>12</sup>, pero no llegó de golpe<sup>13</sup>.  Lo que era España y su imperio quedó arrollado por un remolino de guerra y  revolución como resultado de lo ocurrido en la Península entre 1808 y 1810, y  que en América todo este movimiento insurreccional, finalmente se convertirá en  guerras de Independencia, después de un desarrollo lento y gradual. Estos  movimientos independentistas americanos tendrán, en algunos casos quizás en  todos, características propias debido a la dinámica de adaptación a los nuevos  tiempos que se aproximaban.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este marco de crisis de la  monarquía española, es como se llega al jueves Santo 19 de abril de 1810, cuando  aprovechando la asistencia del Capitán General de la Provincia, Don Vicente de  Emparan que iba acompañado del Cabildo a la catedral para las ceremonias  religiosas, es obligado a participar en un cabildo abierto, donde los mantuanos  caraqueños plantean la situación de “vacío de poder” en España por ausencia del  Rey, y exigen la opinión del gobernador con respecto a lo que ocurría en España.  Los miembros del Cabildo partidarios de constituir una Junta se valieron del  alcalde José de las Llamozas para convocar a un cabildo extraordinario, aunque  él no estaba autorizado para tal convocatoria. Pero en esta trampa cayó Emparan,  y al asistir al Ayuntamiento convalidó el acto.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desarrollados los  acontecimientos del 19 de abril, que concluye con la formación de la Junta  Conservadora de los Derechos de Fernando VII, las nuevas autoridades determinan  sumar el mayor número de voluntades a la decisión tomada, y resuelven enviar  emisarios a todas las provincias que integraban la Capitanía General de  Venezuela, con la misión de informar los sucesos de Caracas y conseguir el  reconocimiento de la Junta por parte de los Cabildos de las principales  ciudades.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la medida en que lo  permitieron las comunicaciones, se sumaron al “ejemplo que Caracas dio” las  provincias de Cumaná (27 de abril); Barcelona (27 de abril); Margarita (4 de  mayo); Barinas (5 de mayo); Mérida (16 de septiembre) y Trujillo (9 de octubre).  Mientras esto ocurría llegaron a Caracas noticias nada tranquilizadoras: Coro y  su territorio, que pertenecían a la Provincia de Caracas; y Maracaibo desconocen  la Junta de Caracas y se declaran leales a la Regencia. En Guayana, ocurre algo  parecido, se formó una Junta de Gobierno el 11 de mayo; pero poco después cayó  en manos de los partidarios de la Regencia, los cuales la disolvieron y  declararon su hostilidad a la Junta de Caracas.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">El escenario de la  Independencia en Coro</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El Regionalismo es quizás el  elemento más importante que define la fidelidad del Cabildo de Coro al Rey y la  actitud de resistencia a la Junta de Caracas<sup>14</sup>. Ya en Coro se decía  “déjate de esa junta, que la Junta perdió a Caracas” cuando algún párvulo andaba  por caminos torcidos y con amigos poco creíbles. Es decir, la carga emocional de  defensa de la región frente a las pretensiones centralizadoras de Caracas y la  fidelidad jurada al Rey, llegó a calar tanto en el imaginario colectivo que con  una muestra del refranero popular advertían y separaban el bien del mal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">¿Pero qué hizo tan fiel a Coro?  La fidelidad y apego de la Provincia de Coro a la Corona Española data desde los  mismos días de su fundación. Incluso hubo movimientos que han sido denominados  preindependentistas que se gestaron en Coro, pero todos fracasaron. De estos  alzamientos nombramos principalmente dos:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• 1795. Alzamiento de los  negros de la Sierra de Coro el 10 de mayo, liderado por José Leonardo Chirino.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• 1806. Ataque y desembarco del  Teniente General Francisco de Miranda, en La Vela de Coro.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estos dos hechos sorpresivos y  de fuerza son importantes para explicar aun más la resistencia en Coro y  afianzar el apego en la región coriana por las instituciones monárquicas y al  Rey mismo. Incluso lo señalará posteriormente el mismísimo Bolívar:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El hábito de obediencia; un  	comercio de intereses, de luces, de religión; una reciproca benevolencia;  	una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros Padres; en fin todo  	lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. De aquí hacía un  	principio de adhesión que parecía eterno; no obstante que la conducta de  	nuestros dominadores relajaba esta simpatía o, por mejor decir, este apego  	forzado por el imperio de la dominación.<sup>15</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pedro Manuel Arcaya, añade a lo  anterior, otros elementos a considerar a la hora de evaluar la actitud de  lealtad asumida por los corianos:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dos elementos capitales  	influyeron para hacer de Coro el más ardiente foco del realismo durante  	nuestra magna lucha. Fueron la enconada rivalidad que había con Caracas,  	iniciadora de la revolución y el sentimiento religioso profundamente  	arraigado en las masas populares enseñadas a considerar el Rey como Ministro  	de la Justicia de Dios en la tierra. Nunca se conformaron, durante la época  	colonial los prohombres de Coro con la traslación del Gobierno a Caracas.  	Protestó nuestro ayuntamiento cuando los gobernadores efectuaron esa  	traslación en el siglo XVI. Después se hizo la más obstinada resistencia a  	la mudanza del Obispado en el siglo XVII.<sup>16</sup></font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">También José Francisco Heredia<sup>17</sup>,  señala todo el alcance que, en el desarrollo de la guerra, ha de tener la  resistencia realista en la Provincia de Coro, diciendo:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El comandante de Coro, D.  	José Ceballos, y el ayuntamiento, animados por el entusiasmo que manifestó  	el vecindario a favor de la causa nacional, tomaron la generosa resolución  	de resistir las insinuaciones de la Junta (de Caracas) y reconocer la  	autoridad de la Regencia, por lo cual debe ser eternamente memorable aquel  	distrito, pues de otro modo ya estaría consolidada sin remedio la  	Independencia de Venezuela y Nueva Granada.<sup>18</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sin lugar a dudas, la actitud  reaccionaria de Coro respondía a una posición tradicional y conservadora de  legitimidad, soberanía y autonomía, aun más, cuando la población y en particular  las élites dirigentes, no sabían con certeza ni estaban concientes a que se  estaban enfrentando. De manera que, el hombre de la Provincia coriana surgió  desde el comienzo por una posición histórica particular, con determinantes  propias, es decir, de complejos factores anímicos que habrían de conformar una  actitud en mucho contraria a la de sus hermanos del resto de la República.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por tanto, no es enteramente  simplista afirmar que así como el clima de agitación revolucionario de Caracas,  Barquisimeto, Mérida, Trujillo y las provincias orientales favoreció la  formación de aquellos hombres que a poco se transfigurarían en héroes simbólicos  de la República, así también el clima de la provincia coriana de lealtad a la  corona, de agitación y de actividad militar contra la Independencia, hubo de  incubar la falange que, en los campos de batalla, defendería hasta lo último, y  con no menos heroísmo y tenacidad los derechos de Fernando VII.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Por la Independencia:  ¡Jamás! la respuesta política</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A Coro llegaron como  comisionados los señores Vicente Tejera, Andrés Moreno y Diego de Jugo, quienes  fueron recibidos como enemigos por el Gobernador José Ceballos, diciéndoles “que  ni el pueblo se metía en nada ni sabía otra cosa que lo que violenta y  maliciosamente le inspiraban cuatro maliciosos<sup>19</sup> magnates”. Los  apresó y los envió a Maracaibo, para ser remitidos a las prisiones de Puerto  Rico. Alegaba el Gobernador de Coro para desconocer a la Junta de Caracas, que  esta había cesado en su dignidad de Capital de la Colonia desde que había  sustituido al Capitán General y a la Real Audiencia y, en consecuencia, su  pueblo y Cabildo han quedado</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…en igual clase que los  	otros de la Provincia pues las Constituciones del Reino no concede ni sombra  	de autoridad a un cabildo sobre otro; y de ser así la tendría Coro sobre  	todos los de la Provincia, incluso el de Caracas, por ser aquella la ciudad  	más antigua y fundadora de la Provincia de Venezuela, habiendo dejando de  	tenerla y de ser la capital, por sólo la traslación de dichas autoridades a  	la de Caracas<sup>20</sup>”.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Al Toro de Caracas: la  respuesta militar</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando la Junta de Caracas se  entera que el Gobernador de Coro había apresado a sus comisionados y les envió a  Maracaibo, para que de allí fueran remitidos a los presidios de Puerto Rico;  decide someter la disidencia de Coro imponiéndose por las armas y para ello  nombró al Marqués del Toro Comandante del Ejército del Poniente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Marcharon 150 leguas por los  imperfectos caminos apenas rasgados desde Caracas hasta Carora, y luego a  Siquisique, donde situó el Cuartel General. Desde aquí el Marqués entabla  comunicación con el Ayuntamiento de Coro, pidiéndoles que expulsen al Gobernador  Ceballos y reconozcan en el gobierno de Caracas los sagrados derechos de la  Nación. Pero, para los corianos la Nación estaba representada por el Rey y en  ausencia de éste por la Regencia; además le manifestaron no tener interés de  seguir conversaciones con él por ser su autoridad la expresión de un poder que  calificaban de espurio. También dejaban bien claro que no se sentían  atemorizados, en lo más mínimo, por la superioridad numérica de las fuerzas que  acompañaban al Marqués. Si la débil España había resistido y derrotado al  poderoso Napoleón, los débiles corianos resistirían a la poderosa Caracas y en  caso de sucumbir, morirían “como hombres fieles y honrados”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y definitivamente, los corianos  sólo tenían su fidelidad y honradez. Dice el Regente Heredia:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…por fin el Marqués del  	Toro, después de haber arrollado en el tránsito algunas partidas nuestras,  	se presentó delante de Coro el 28 de noviembre con más de tres mil hombres  	bien disciplinados y provistos, cuando en aquella ciudad abierta sólo había  	seiscientos fusileros, doscientos hombres montados en caballos y mulas, y  	como mil de flechas y lanzas que para nada servían; el 29, después de una  	farsa que llamaron ataque, se retiró el Marqués en el mayor desorden,  	perdiendo hasta sus baúles<sup>21</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sobre esto, un comentario final  para destacar un problema que por sus dimensiones merece una investigación  aparte. La formación de los ejércitos realistas integrados en su inmensa mayoría  por americanos, incluso se puede decir que hasta por casi la totalidad de los  varones de una misma familia, y por algunas escasas unidades de tropa veterana;  al momento de producirse la Independencia, deja ver la escasa organización  militar que tenían. Además, por la crisis en España, los refuerzos son  insuficientes porque ya en la Península son también pequeños. Así en los  primeros meses de la guerra, el ejército sólo es suficiente para evitar los  avances de los insurrectos y a veces para recuperar los territorios perdidos.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">2. Los Desdichados. Vicente  Emparan: ¡Yo tampoco quiero mando!</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con estas palabras se inicia la  carencia de autoridad española en Venezuela y América. En nota al ayuntamiento  de Cumaná, la Junta Suprema calificó el hecho de “dejación voluntaria<sup>22</sup>”  del mando por el Capitán General. Incluso antes que esto ocurra, el gesto de  asomarse al balcón para apelar directamente al “pueblo” y preguntar “¡Señores!  ¿Están vuestras mercedes contentas conmigo? ¿Quieren vuestras mercedes que les  gobierne?” son palabras que llevan el sello de la grave cortesía hispánica y  corresponden al blando y paternal carácter del viejo hidalgo. Un par de viajeros  franceses, adversos a los principios revolucionarios, fueron testigos de muchos  de los sucesos ocurridos durante el desarrollo de la revolución; ellos cuentan  que ese 19 de abril “y ante el pueblo congregado en las cercanías de su palacio,  el Capitán General dió muestras de vacilación y temor, aunque disponía de los  medios para oponer un dique al espíritu de insubordinación<sup>23</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">¿Habrá algo en Emparan de  credulidad y confianza en sus gestiones que le harán creer que goza de simpatía  en la ciudad? o ¿será que no era un simple acto personal de acercamiento, sino  que respondía a una línea premeditada de vigilar al grupo más afín al  revolucionarismo peninsular? Él mismo asienta “había yo adoptado este método de  franquearme con el pueblo, a fin de ganar su confianza y desvanecer los  proyectos y malignas intenciones de espíritus revoltosos, que diariamente  esparcía especies peligrosas con el designio de infundir desconfianza del  gobierno y disponer al pueblo a la revolución<sup>24</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En otro lugar del informe dice:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…desde que llegué a Caracas  	procuré ganar a las primeras personas, principalmente a las que habían sido  	encausadas por {el anterior intento de} la pretendida Junta, que me parecían  	más peligrosas. En efecto, conservaba buena correspondencia con ellos, y con  	especialidad con la familia del Marqués del Toro (…) había traído conmigo a  	su hermano Fernando, como Capitán de Guardias Españolas y tenia muchos  	motivos para pensar que me sería fiel amigo. (…) De este modo los observaba  	de cerca y nunca noté en ellos cosa que me diera indicios de descontento.<sup>25</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Vicente Emparan<sup>26</sup>,  acusado de “afrancesado y bonapartista”, fue Capitán General de Venezuela desde  mayo de 1809, nombramiento que provenía de una orden personal de Napoleón<sup>27</sup>,  circunstancia que tuvo decisiva influencia en los sucesos de su gobierno. Había  sido jefe militar de Puerto Cabello y Gobernador de Cumaná. José Domingo Díaz,  habla de la “elevada reputación de actividad, severidad y firmeza<sup>28</sup>”  que Emparan dejó en Cumaná y agrega que en Caracas “desplegó un carácter de  popularidad desconocido hasta entonces en los capitanes generales<sup>29</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Acontecidos los hechos de abril  de 1810, Emparan ya en el exilio dirige al Rey una “Relación30” y cuenta lo  sucedido en Caracas. De primera impresión es un informe confuso y apresurado;  confuso por las imprecisiones en las fechas y apresurado, primero porque el  documento no está fechado y segundo por el derecho a la legítima defensa, como  es lógico, para justificarse con sus superiores antes que ocurriera algún  pronunciamiento en la Península, sin que se supiera su versión de los hechos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Indiscutiblemente que a Emparan  le toca difícil, hace frente a tres conspiraciones, dos fallidas y una la del 19  que logro su objetivo<sup>31</sup>. En esa misma Relación al Rey dice:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…pero como muchos de los  	que en Caracas llaman mantuanos, que son la clase primera en distinción,  	estaban poseídos del espíritu de rebelión, dos veces intentada y  	desvanecida, y es de la misma, de sus partes y deudos la ofi cialidad del  	cuerpo veterano y de las milicias, fraguaron la revolución [cusivas  	nuestras]<sup>32</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">¿Pero que estimula ese espíritu  de rebelión? Los mantuanos de Caracas temían que destronada la monarquía  borbónica del trono español, los funcionarios españoles representantes de la  nueva monarquía bonapartista introdujeran cambios económicos y sociales que  limitara sus privilegios o incluso que eliminara su modo de producción, basado  en el latifundio y la mano de obra esclava<sup>33</sup>. En este sentido, la  lucha entre estos dos poderes desencadena la Independencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los culpables de la revolución  son señalados con todos sus pecados en la misma relación como para que no quede  duda:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…ni el comercio, ni el  	clero, ni el pueblo en general, ni un solo hombre de juicio y probidad han  	tenido parte alguna en la revolución de Caracas, todos generalmente estaban  	contentos con el Gobierno, la Audiencia y también de los oficiales  	expulsados. De aquí es que temerosos los revolucionarios de alguna conmoción  	popular a favor nuestro, se precipitaron por arrojarnos y dieron órdenes  	repetidas para asesinarnos en el momento que se observase cualquier  	movimiento.<sup>34</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">También ésta Relación al Rey,  informa cómo trascurrió el 19 incluido el episodio del balcón y su desenlace.  Dice “me levante de mi asiento y asomándome al balcón dije en alta voz: si era  cierto que el pueblo quería que yo dejase el mando, y los que estaban más  inmediatos y a distancia de percibir lo que se les preguntaba, respondieron “no  Señor, no”, pero otro más distante a quien los revolucionarios hacían señas del  balcón porque no me podían oír, y era sin duda la chusma que tenían pagada, dijo  que si: y sobre este si de un pillo, los mantuanos revolucionarios me despojaron  del mando<sup>35</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ya hacia el final del informe,  Emparan lanza una sentencia que casi raya en la maldición:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…si ya no están los  	mantuanos arrepentidos de su desatinada insurrección muy poco pueden tardar  	en arrepentirse; pero siempre será tarde. (…) Si el mal no comprendiera sino  	a los revolucionarios, podrían estimarse como un castigo merecido de su  	deslealtad y locura, pero será doloroso que se extienda a los inocentes del  	propio país y otros del continente americano.<sup>36</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con todo lo anterior, la  actitud de Emparan, contradictoria y hesitante, alternativamente violenta y  débil además sospechosa, puesto que, siendo Gobernador de Cumaná facilitó la  huida de Manuel Gual<sup>37</sup> a Trinidad y sobre todo porque había sido  nombrado Capitán General por el mismo Napoleón; fue uno de los factores  decisivos para iniciar primero un movimiento dirigido exclusivamente contra unas  autoridades pronapoleónicas, pero que desembocó en el primer intento americano  de convertir una colonia española en una República independiente.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Vicente Basadre: ¡Quien  vive: Caracas; que gente: Patriotas!</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Afirma Basadre que esta frase  era el resumen de la felicidad que se vivía en Caracas y La Guaira, sin embargo,  no era una consigna tan feliz pues la segunda parte había suscitado algunos  disgustos y desazones, porque la gente de mar se empeñaba en responder: ¡España!  Era tanta la alegría, que los mantuanos de Caracas solemnizaron la fecha con un  Te Deum cantado en Acción de Gracias por la libertad e independencia; que además  dió ocasión para que las damas de “mantas con puntas” lucieran sus mejores galas  con el “mayor lujo y ostentación” y los caballeros se felicitaran en la calle;  pero los oradores de mayor “concepto y opinión” se excusaron de predicar el  panegírico y a fuerza de “instancia y ruego” se buscaron un fraile mercedario  que contara y cantara todo lo sucedido<sup>38</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Vicente Basadre<sup>39</sup>,  también tildado de francófilo, fue Intendente del Ejército y Real Hacienda desde  la misma época que Emparan, incluso se manifestaban amistad y colaboración.  Depuesto como fue, a bordo del Fortuna, escribió el “Memorial sobre el 19 de  abril de 1810<sup>40</sup>”, una larga versión que abunda en detalles acerca de  lo sucedido.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En su largo memorial, Basadre  dice que los mantuanos no hablaban de otra cosa sino de su independencia, lo que  motivó, entre otras cosas, la composición de canciones alusivas a la libertad.  Pero que “lo más escandaloso fue en las canciones alegóricas, que compusieron e  imprimieron de su independencia, convidaban a toda la América Española, para  hacer causa común, y que tomasen a los caraqueños por modelo para dirigir  revoluciones<sup>41</sup>”.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El 20 de abril, en la visión de  Basadre, la Colonia amaneció sin leyes, sin autoridades constituidas, con una  pobre idea de lo que a ciencia cierta pasaba&nbsp; y mucho menos, lo que podía  ocurrir en el futuro inmediato. La Capitanía General, la Intendencia y todas las  dependencias del buró español habían sido sustituidos sus funcionarios por  criollos de la élite dirigente. Es decir, en un abrir y cerrar de ojos las  instituciones con rutina establecida, que marchaban con su personal eficiente,  especializado y calificado por los rieles establecidos de la normativa vigente y  los hábitos de funcionamiento, pasa a ser la institución dispuesta a obedecer  las disposiciones emanadas del nuevo centro de poder<sup>42</sup> .</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta revolución que por la  fuerza se constituía, después de afianzarse, continua Basadre en su narración,  anuncia uno de sus objetivos principales, destruir moral y materialmente a los  hombres y las instituciones del régimen depuesto por la fuerza y fabricar, con  toda celeridad y poco respeto a la ley y la verdad, formas de justificación de  aquel hecho que el pueblo de Caracas había presenciado con asombro.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este sentido hubo de valerse  de argumentos de justificación, para lograr su esfuerzo de legitimación, se dijo  que “el Capitán General, había pasado un oficio al Ayuntamiento a las cuatro de  aquella mañana, declarando que España estaba absolutamente perdida<sup>43</sup>”.  Además apresaron a los funcionarios reales “en términos descorteses y groseros<sup>44</sup>”  bajo amenaza de al más leve movimiento “nos tirasen un balazo y nos asesinasen<sup>45</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero la persecución no termina  ahí, según el relato de Basadre. Él como administrador de la Real Hacienda fue  acusado de ladrón. “Me notificó una providencia del nuevo Intendente, para que  declarase, que distribución había dado a cuatro mil pesos que tomé de Cajas  Reales, los dos mil en el próximo año pasado, y los otros dos mil restantes en  el presente, correspondientes a gastos reservados” y continua “mi contestación  fue muy lacónica, precisa y breve, diciendo los había distribuido en limosnas (…  y que los) podían reintegrar de cuatro meses de sueldo vencidos que tenia<sup>46</sup>”.  La venganza no se hizo esperar “con el objeto de mortificarme y asfixiarme (…)  de un modo cruel y tirano<sup>47</sup>” la contestación a la pregunta fue  cumplida. Las nuevas autoridades se reintegraron el pago de los cuatro mil pesos  de gastos reservados con los sueldos vencidos de Basadre.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Basadre es menos intencionado  que Emparan, abriga la esperanza del arrepentimiento de los mantuanos de Caracas  “con el objeto de reponer las cosas a su antiguo estado<sup>48</sup>”. Y propone  para ello “usar la suavidad, dulzura, prudencia, moderación y discreción, para  atraer a la ciudad de Caracas y su provincia, a la obediencia y fidelidad del  Rey nuestro señor<sup>49</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Narciso Coll y Prat: “la  maldad se ejecutó sin plan”</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta es la primera impresión  que recoge el Arzobispo Coll y Prat al desembarcar en La Guaira, y aun es más  explicito “la revolución del diecinueve de abril, según lo que se me informó y  después he confirmado, fue obra de pocos, y aquel lamentable acontecimiento vino  sin plan fijo, ni sistema determinado<sup>50</sup>”. Pese a esto decidió  quedarse en Venezuela para cumplir sus deberes de pastor, en conciencia de quien  deberá responder ante Dios por sus actos y palabras.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Narciso Coll y Prat<sup>51</sup>,  fue el segundo Arzobispo de Caracas desde 1808. Pero, su enemistad con Francia y  la corriente volteriana y enciclopedista de ese país; y ante las vicisitudes de  la invasión de tropas napoleónicas a España, asume puesto de responsabilidad en  la defensa de la plaza fuerte de Gerona, lo que retrasa su partida a la Diócesis  que el pontífice Pío VII le había encargado. Cuando llega a La Guaira en julio  de 1810, sin tener conocimiento de lo que pasó en abril y recibido entre  “gritería, confusión y obstinación<sup>52</sup>” tuvo que enfrentar una  situación terrible y agitada no prevista. Los memoriales de Coll y Prat, que  publicó la Academia Nacional de la Historia, son la fuente para reconstruir su  testimonio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los hechos del 19 de abril, a  pesar de haberlos recogido tempranamente de boca de terceros y enterarse de “las  ideas infernales, subterráneas, antirreligiosas, antisociales y antihispanas, y  de los Epoptas promovedores y protectores de sus sinagogas<sup>53</sup>”; son  muy similares a los otros testimonios que hemos visto, expuesto y analizado. Sin  embargo, lo particular, entre otras más, en esta narración es el juicio que Coll  y Prat hace de Emparan: “…y cerró la debilidad de Emparan, que después de no  haber oído los consejos de la Real Audiencia que oportunamente y por escrito le  dió, sobre que debía tomar providencias de vigor, llevado de su genio lleno de  desprendimiento y falto de energía, se presentó en el balcón”<sup>54</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El Arzobispado de Caracas había  sido creado en 1804, venía a ser el administrador del gobierno eclesiástico de  la Capitanía General de Venezuela y era el resultado final de un proceso  orgánico, natural y paulatino que se había producido sobre niveles más amplios  que los de la vida local de los Ayuntamientos, dado que eran efectiva respuesta  a necesidades y aspiraciones sentidas por la sociedad. Coll y Prat sabe a lo que  viene, quiere ejercer el ministerio que la iglesia le ha encomendado en esta  Provincia para “conservación de la Religión, y Culto Católico privativo, y  consuelo espiritual, y temporal de su Grey; por la defensa de los Sagrados  Fueros de la Iglesia, fomento y propagación del espíritu español<sup>55</sup>”.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero el vacío de poder y la  ausencia de instituciones y funcionarios reales lo sorprenden. Luego de saludar  a don Juan de Escalona, brigadier que la Junta dispuso para recibirlo, éste le  solicita la documentación que lo acredita como Arzobispo de Caracas. Coll y Prat  le dice que los traía su criado para entregarlos al Capitán General y a la  Audiencia; a lo que respondió Escalona “¡Que Audiencia, Capitán General ni  Intendente! No los tenemos; somos gobernados por una Suprema Junta Provincial<sup>56</sup>”  y el Obispo respondió “¡Junta! ¿Con qué Autoridad y bajo que nombre?<sup>57</sup>”  y repuso él “de Fernando Séptimo, para conservarle estos dominios, librándolos  de toda invasión enemiga<sup>58</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al parecer el Arzobispo  respondió muy diplomáticamente que “su reino no era de este mundo<sup>59</sup>”,  y asumió los deberes de su cargo, aparentando que aceptaba de buena gana las  innovaciones introducidas en el país. Sin embargo, está inquieto y decide actuar  con disimulo ayudándose de “los órganos confesionales, púlpito y conversaciones  familiares y frecuentes en las principales poblaciones del Obispado<sup>60</sup>”  y lo más importante gana adeptos para la causa de la Religión y la Monarquía  Española, y los señala con nombre y apellido “el Doctor Montenegro, cura de la  Candelaria; el Doctor Manuel Vicente Maya, cura de la Catedral; el Doctor Juan  Nepomuceno Quintana, catedrático de moral; el Presbítero Doctor Rafael de  Escalona, hombre hábil y ejemplar; y el Doctor Juan Antonio Díaz Argote, cura de  La Guaira<sup>61</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con estos beneficios a su  favor, ordena en secreto al clero que lo sigue, que alentara a los negros, tanto  libres como esclavos, a luchar a favor de la Corona. El llamado del Arzobispo  tuvo éxito en virtud que los realistas peninsulares de las clases bajas tenían  relaciones más estrechas con los negros que los mantuanos republicanos, muchos  de los cuales eran propietarios de esclavos. Como resultado de estas gestiones,  numerosos pardos y negros realistas se revelaron en favor de Fernando VII y  logran ocupar grandes zonas de la costa oriental y ponerlas bajo su dominio<sup>62</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero con todo y esto, la  contrarrevolución organizada por Coll y Prat no es suficiente. Lo encontramos  luego quejándose de “ésta mutación de Gobierno<sup>63</sup>” de ésta “la  imaginaria República Venezolana<sup>64</sup>”, que el origen de toda la ruina de  este país, no inicia con la revolución de abril, sino que viene de mucho antes  “los depósitos eran más antiguos, y las fuentes venenosas corrían sin ser  sentidas<sup>65</sup>”. El origen según Coll y Prat eran a “más de veinte años  hacía que los estudios serios eran despreciados; el seminario y la Universidad  habían injustamente perdido su crédito. (…) La ciencia se iba a aprender de  maestros corrompidos, y se bebía la ponzoña de los libros sediciosos, que por  todo el mundo esparcía el audaz filosofismo<sup>66</sup>” y que en la Capitanía  General “por los puertos entraban los libros a cajonadas<sup>67</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Frente a esto, proponía un  modelo de organización social sostenido y fundamentado en la religión católica  donde Sacerdocio e Imperio adelantarían “la transformación, progresos,  consistencia y confraternidad íntima que pueda desearse a favor de la Madre  Patria (...) por una educación cristiana, política, civil y social solidamente  combinada cual se requiere entre estas gentes tan diferentes en las clases y  colores<sup>68</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La reconciliación entre Estado  e Iglesia nunca fue posible, hubo tolerancia. Monseñor Coll y Prat se encargó  personalmente de dos problemas inminentes en la sociedad que se transformaba: la  circulación de literatura revolucionaria y la idea de la tolerancia religiosa.  En ambos casos el Arzobispo encuentra comprensión en la Junta Suprema. Al  respecto dice Francisco José Virtuoso en su libro La Crisis de la Catolicidad en  los inicios republicanos de Venezuela que la Junta Suprema responde a Coll y  Prat invitándolo a continuar su cruzada a favor de una sociedad cimentada sobre  el Catolicismo, ahora en grave riesgo por los peligros que representan la  aspiración de la libertad confesional y la presencia de libros y papeles  perniciosos al dogma de la religión<sup>69</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Narciso Coll y Prat,  distinguido antagonista de la revolución, tuvo la suerte de ver en su visión de  “vasallo fiel y leal” la decadencia de los patriotas:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En una palabra, cuanto  	mayores eran las iniquidades e ideas de depredación, orgullo y trastorno;  	tanto se dignó la Omnipotencia Divina mirar con clemencia y amonestar a  	estos naturales, a que volviesen en el seno de su antigua Madre común,  	reconociendo altamente las dos Soberanías divina y humana, de que con tanta  	infamia se contemplaban separados e independientes<sup>70</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">José Francisco Heredia: “el de  la Piedad Heroica”</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Así califica don Mario Briceño  Iragorry al Regente Heredia, por su temperamento, convicción y en virtud también  de sus funciones. Heredia es un hombre de paz, equilibrado, que trata de  sobreponerse a las pasiones de la hora; su preocupación más constante es aliviar  los males de la guerra y evitar la difusión de su doloroso cortejo de miseria,  violencia e injusticia<sup>71</sup>. En esta dimensión es un hombre  incomprendido en su tiempo por los bandos contendientes por alcanzar la  victoria.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">José Francisco Heredia y Mieses<sup>72</sup>  fue Oidor-regente interino de la Real Audiencia de Caracas desde enero de 1810.  Cuando se disponía partir a Venezuela, para encargarse de la Audiencia, se  entera de los sucesos de abril en Caracas y a pesar de las noticias, se embarca  rumbo a Coro, con instrucciones de servir de mediador con la Junta Suprema de  Caracas; gestiones que fracasaron. Dejó escritas sus Memorias sobre las  Revoluciones de Venezuela<sup>73</sup> en las que plasma el testimonio de las  dificultades de funcionamiento de la Audiencia y la situación de la guerra en  Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Antes de continuar, debemos una  explicación breve a dos cosas. ¿Por qué Heredia viene de regente interino y no  de intendente a ocupar la Audiencia de Caracas? y de ¿Por qué llega a Coro y no  a Caracas? La crisis imperial había llegado a un punto crítico. La precaria  Junta Central establecida como gobierno de emergencia en Sevilla en 1808  finalmente sucumbió ante el ataque francés en enero de 1810, y los funcionarios  dispersos se refugiaron en el puerto de Cádiz. Allí, la Junta fue reemplazada  por una nueva fórmula de gobierno bajo la denominación de Consejo de Regencia  integrada por cinco miembros que dependían del apoyo de los comerciantes y de  las entradas provenientes de ultramar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta nueva institución nombra  sus representantes en América, entre los que se cuenta a Heredia destinado para  Venezuela. Y desde luego los acontecimientos de abril en Caracas y la jura de  fidelidad del Ayuntamiento de Coro a la Regencia y la instalación de Fernando  Miyares en Coro como Capitán General, hizo que el nuevo Regente llegara a  aquella ciudad, donde casualmente también tenia parientes cercanos propios y de  su esposa doña Mercedes Heredia Campuzano, natural de Coro<sup>74</sup>. Dicho  esto sigamos con la narración.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La Independencia y la guerra  misma eran inviables en América. Según Heredia fue una exagerada respuesta de  orgullo de los mantuanos caraqueños que instaron a las colonias americanas a  “seguir igual suerte que Caracas (…) declarando una guerra que no podía  sostener, ni aun principiar por la notoria falta de medios<sup>75</sup>”. Y dice  aun más:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…la destrucción de la  	América estaba escrita en el libro eterno de la justicia divina, que para  	ella quiso cegar a los hombres arrastrándolos a cometer crasísimos errores,  	cuya larga cadena principia desde esta época y todavía no ha terminado<sup>76</sup>”.  	Incluso era tanta la inutilidad de hacer una revolución y pedir libertad,  	solo por contemporizar la vanidad de los mantuanos, que la nueva nación  	llamada Estados Unidos de Venezuela “resultó un agregado monstruo y débil de  	muchos cuerpos llenos de cabezas y faltos de pies y manos<sup>77</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Heredia es un conocedor  profundo de la crisis monárquica que afecta a todo el Imperio y entiende las  necesidades solicitadas por la Provincia, por lo cual busca negociar y hacer que  las partes en conflicto lleguen a un entendimiento que cumpla con las  expectativas de los bandos en pugna; así lo manifiesta “sabemos que en el  Congreso nacional se están tratando con mucho calor estas materias, y que hay  partido muy considerable por una amnistía absoluta y general, al mismo tiempo  que se agitan las grandes cuestiones de la igualdad de derechos políticos y de  la representación nacional entre todas las provincias del imperio español en  ambos mundos<sup>78</sup>” y propone entablar negociaciones, esperar la decisión  de las Cortes sobre el particular y a no seguir en el error de la guerra:  “mediten profundamente y sin prevención, las leyes de la eterna justicia y las  de la humanidad, que son consecuentes al principio reconocido por las Cortes, y  se conocerá que la sola razón de dominar no es justo motivo para destrozar  pueblos y disminuir cruelmente la especie humana<sup>79</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A pesar de los llamamientos,  gestiones y reflexiones, el balance del Regente sobre la Independencia termina  siendo un mea culpa; está conciente que la concesión sorprendente y desesperada  del Consejo de Regencia a los hispanoamericanos de “os veis elevados a la  dignidad de hombres libres” fue entre otras el origen de la rebelión en Caracas,  como en otras partes de América, pues resultaba claro que los restos del Imperio  necesitaban más a las colonias de lo que éstas necesitaban a España; y todo esto  ocurrió por no “obrar con sagacidad y prudente calma, para no precipitar los  sucesos y no dar a los revolucionarios los medios que les dió con su conducta  para alucinar a los pueblos y enajenar sus ánimos<sup>80</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">José Domingo Díaz y  Cristóbal M. González de Soto: “Buenos vasallos del Rey”</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En 1959 la Sociedad Bolivariana  de Venezuela publica la Bibliografía Crítica de la Detracción Bolivariana,  publicación peligrosa para la memoria histórica de un país, pues ella trata de  mostrar la división de sus ciudadanos en buenos y malos. A los buenos se les  lleva flores al Panteón Nacional y se celebran grandes solemnidades en su honor;  mientras que a los malos se les hace aparecer en una lista como los más buscados  por crímenes de alta peligrosidad: disentir de la opinión del otro. Así en esta  lista, especie de inventario de los proscritos por ser enemigos de los héroes y  por lo tanto considerados enemigos de la patria aparecen naturalmente José  Domingo Díaz y Cristóbal M. González de Soto.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">José Domingo Díaz, muy conocido  en su época y en la actual por las críticas que genera, será quizás el más  fervoroso criollo realista civil de Caracas y defensor de los derechos del Rey  en esta parte de América; fue testigo ocular de la revolución de Venezuela y su  presencia en los hechos está recogida en sus Recuerdos sobre la Rebelión de  Caracas. Será una constante en el pensamiento de Díaz que su pueblo regrese a  los brazos del Padre para recuperar al país de la guerra y la miseria, y les  dice “sed lo que erais antes del 19 de abril de 1810, y ella volverá a ser lo  que entonces fue: rica, abundante, tranquila; el país de las delicias<sup>81</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ya en los años del olvido, para  Díaz el recuerdo de abril de 1810 era como el estupor que causa un terremoto y  aun no le era comparable, y dice:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…una rebelión hecha en los  	momentos menos esperados, cuando la madre que nos dio el ser necesitaba más  	de nuestro apoyo en sus desgracias: rebelión baja, degradante, ignominiosa.  	Una rebelión que iba a sepultarnos en males incalculables, no sólo por su  	insensatez, sino por los hombres que la habían tramado y ejecutado, y por  	los que gobernaban las provincias: rebelión brutal, estúpida, insensata<sup>82</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De Cristóbal M. González de  Soto, no tenemos mayores noticias salvo las pistas que sobre si mismo da en su  libro Noticia Histórica de la República de Venezuela. Sin embargo, el libro todo  es una terrible crítica al sistema de gobierno “así como en América no hay tales  repúblicas en el hecho, ni puede haberlas nunca, sino cafrerías, sultanías,  bajalatos y cacicazgos, con nombre irónico y sarcástico de fe–de–raciones<sup>83</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y lo que explica que el libro  sea un proscrito es la blasfemia contra los fundadores de la patria veamos que  dice “es muy frecuente convertir en héroe en un país desierto, al que más suena  y por tal proclaman cuatro necios habitantes de las selvas y partidarios suyos,  según aquella vulgaridad de que, entre los ciegos, el que tiene un ojo, es rey;  y es por esto que, algunos insurgentes timoratos y vírgenes en materia de  revoluciones, hicieron héroe a Bolívar al principiar la guerra, dándole el  titilo de Libertador<sup>84</sup>” y en otro lado dice “la causa fundamental de  sus males y sufrimientos (se atribuyen) al sanguinario y feroz Libertador Simón  de Bolívar, cuyo anagrama sacado por los caraqueños es este, Símbolo de Ruina<sup>85</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al referirse a los hechos de  abril de 1810 sentencia “lo que mal empieza, mal acaba<sup>86</sup>”. Para  González, la proclamación de la Independencia de Venezuela, “prematura y  absurda” era “un gran atentado de unos cuantos calaveras ambiciosos (… con el  empeño de) emanciparse antes de tiempo, sin elementos, población homogénea y  suficiente, y sin recursos para poder sostener dignamente la nacionalidad<sup>87</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">González de Soto es rudo en el  tratamiento de su contendor y su narración por tanto peca de parcial hacia un  lado de la balanza de la historia. En su visión de los hechos de abril, cuenta:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…así es que, el 19 de abril  	de 1810, expulsaron los conjurados al Capitán General y demás autoridades  	españolas, y congregaron una asamblea con el título de Junta Conservadora de  	los derechos de Fernando VII y la primera cosa conservadora que hicieron sus  	miembros, fue usurparse dos millones y medio de pesos duros, que tenia el  	Gobierno español en la Tesorería general de Caracas (…) todo lo cual fue al  	poder de los conservadores y libertadores de Venezuela… que la libertaban de  	su honra, de sus riquezas y bienestar<sup>88</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Santiago Hernández Milanés:  “el dilema de Ser o No Ser”</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando las noticias de la  formación en Caracas de una Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII con  visos separatistas, cunde la ciudad de Mérida, el Obispo Hernández Milanés  alerta sobre los peligros que se corre al reconocer a aquella Junta y la  exhortación se dirige a permanecer fiel y leal a Su Majestad y que si esto se  cumplía él bien podría decir al Señor si lo llamara a mejor vida que “ahora  podía descansar en paz porque dejo a todo mi Rebaño, y le han visto mis ojos  religioso, fiel, y que no dejará vuestros caminos<sup>89</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Santiago Hernández Milanés<sup>90</sup>,  fue el cuarto Obispo de la Diócesis de Mérida y uno de los funcionarios del  gobierno eclesiástico que no está en Caracas y que desde su posición allá en la  provincia le toca enfrentar los hechos del 19 de abril. El Obispo Hernández  Milanés fue uno de los que vivió atormentado hasta el final de sus días por su  actuación y proceder, ya que después de haber jurado fidelidad y restearse con  la monarquía y aún no estando convencido de la necesidad de ser independientes  del Rey tiene que hacer un acto de contrición y jurar la Independencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El Obispo era partidario de la  fórmula “Dios, Rey y Patria” y con los sucesos de abril la ciudad de Caracas le  varió su forma de gobierno; pero frente a esto los dominios de su obispado  responden, y dice “la provincia entera de Barinas se propuso el objeto de  defender los derechos de nuestro amado Fernando el 7º de la religión y de la  patria. Acabamos de saber de oficio que los fieles corianos están dispuestos a  derramar su sangre por los mismos fines; que los leales maracaiberos se preparan  a morir por la buena causa<sup>91</sup>”</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ve con buenos ojos los actos de  jura que van sucediéndose en los lugares donde se conoce la noticia “estamos  satisfechos de vuestra fidelidad al Soberano, de vuestra obediencia a las  legítimas potestades y de vuestro amor al orden<sup>92</sup>” y les advierte “no  os dejéis engañar de algunos díscolos mal intencionados y perturbadores que para  arruinaros y perderos os incitan a insubordinación y al desorden<sup>93</sup>”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el pensamiento del Obispo no  cabía un reino desacralizado, por lo que invoca el pacto “de obediencia que  habéis prestado a vuestro Augusto Rey, cuyo gobierno suave, benéfico y paternal  tiene la Religión por base y lleva sus enlaces permanentes con la Silla de San  Pedro<sup>94</sup>”. Luego de esta pastoral, Hernández Milanés hace circular en  todos los dominios de su obispado el documento de jura de fidelidad al Soberano.  Bendición y jura consagran un tiempo de solemnidad en oposición a un tiempo  profano.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Una acotación necesaria</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Indudablemente que la  Independencia generó un clima de agitación y confusión en la antigua Capitanía  General ahora creada bajo la fórmula federal de Estados Unidos de Venezuela. Y  en medio de esta confusión donde no se sabía con certeza que era lo que  realmente ocurría y cual seria el desenlace, hubo individuos que comulgaron con  la idea de la Independencia pero al rato se dan cuenta que eso no es lo que  quieren y reniegan de su fe. Por el contrario hay otros que son fieles vasallos  pero que con la lectura detallada “de papeles” se transfiguran en  independentistas. El capítulo que sigue mira la actitud de los que van y vienen  en la conversión.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Los Conversos: Fernando  Rodríguez del Toro y Monseñor Mariano de Talavera y Garcés</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Resulta que este Fernando  Rodríguez del Toro era un mantuano agitador que desde los mismísimos días de la  conjura de 1808 andaba conspirando contra el gobierno español e iniciar un  movimiento separatista en Caracas. Insistió tanto en su afán que logra la venia  del Capitán General Emparan y llega a ser de éste, un funcionario de confianza.  Una vez traicionada la confianza de su jefe y logrado su objetivo de  Independencia en 1810, le escribe a Emparan ya dirigiéndose al exilio:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Penetrado como debo del júbilo  más puro al ver nacer la gloria y felicidad de mi patria, mi corazón gime al  mismo tiempo al contemplar el mísero estado a que la provincia lo ha reducido.  Ninguna potestad divina ni humana condenaran jamás estos sentimientos, aunque  parezcan contrarios entre si, y aun mucho menos que cumpliendo yo con los santos  derechos de la humanidad, ofrezco a usted con la mayor cordialidad y sincero  afecto, todos los servicios personales y pecuniarios que estén bajo la esfera de  mis facultades propias como hombre; como ciudadano, mis esfuerzos, votos y  servicios no tendrían todos otro objeto que la salvación de la Patria y  mantenimiento del sabio Gobierno que nos rige y la gloria de mis conciudadanos.  Reitero mis ofertas, repito mis protestas y ruego a usted con la candidez de mi  corazón, cuente dejar en Venezuela el más leal amigo de su persona y seguro  servidor, q. b. s. m., Fernando Toro. Caracas, 25 de abril de 1810<sup>95</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero a la vuelta de un par de  años, la cosa no sale tan bien como espera y se tiene que ir con las tablas en  la cabeza hasta Trinidad en compañía de su hermano Francisco el Marqués del Toro  e iniciar una larga carrera para lograr del Rey el perdón y volver a los brazos  del padre como el hijo pródigo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El caso de Monseñor Mariano de  Talavera y Garcés resulta aun más interesante, pues es oriundo de Coro y  descendiente directo de una familia mantuana importante en la ciudad, que en  1810 dirige directamente la jura de fidelidad del Ayuntamiento a la Regencia y  desconocer a la Junta de Caracas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Talavera que había dejado el  hogar hacia algunos años y establecido en Mérida como Secretario del Obispo  Hernández Milanés y profesor en el Seminario San Buenaventura, es asaltado y  casi a quemarropa por las noticias de Caracas del 19 de abril y aun más grave  por las pretensiones de la Junta de invadir y destruir a los disidentes  corianos, Ayuntamiento y ciudad de Coro, donde estaban sus más caros afectos; en  vista de esto, es cuando desde Mérida les escribe:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando el haber nacido en  	vuestro suelo y el correr vuestra sangre por mis venas no fuera un motivo  	poderoso para dirigiros la voz con las más expresivas congratulaciones (…)  	vosotros acabáis de dar el ejemplo del más ardiente patriotismo y de la  	fidelidad más acendrada. Vosotros tenéis la gloria de ser los primeros en  	Venezuela, que resistiendo a un gobierno ilegítimo habéis reconocido la  	Suprema potestad en el Consejo de Regencia de España y sus Américas (…)  	manteneos firmes en la obediencia que habéis prestado al cuerpo augusto que  	representa al virtuoso aunque cautivo Fernando (…) el Dios de los ejércitos  	de quien viene toda la fuerza os auxiliara, por que no desampara a los que  	pelean por la justicia. Mariano de Talavera. Mérida, 18 de mayo de 1810<sup>96</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero en ese ir y venir de  varios meses, Talavera reconoce que no había estudiado bien las intenciones y  propósitos de la revolución de Caracas, en torno a ello reflexiona y se  arrepiente del contenido de su proclama anterior y los invita a tomar una nueva  postura frente a los tiempos por venir, diciendo:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Amados compatriotas: yo haría  traición a la verdad sino os ilustrase para que conozcáis vuestros legítimos  derechos y no aventuréis más tiempo nuestra existencia política. Cuando el 13 de  mayo del presente año supe por la primera vez la transformación de Caracas, y la  deposición de sus antiguos magistrados, la voz pública pintó con colores tan  negros el procedimiento de aquella Metrópoli que no pude menos que consternarme  al oír lo que se decía de la fidelísima capital de Venezuela, a quien yo miraba  como mi patrio suelo y en donde había recibido mi educación literaria. La falta  de papeles y comunicación me tuvo mucho tiempo fluctuando entre las  incertidumbres. (…) Pero la providencia tenia decretado que yo encontrase mi  ilustración y mi convencimiento en la cédula misma del Consejo de Regencia. La  leí y medité muchas veces y desaparecieron luego todas mis incertidumbres. (…)  Si para resolveros a entrar en la confederación del continente venezolano os  detiene el temor de que las Provincias aliadas os echen en cara vuestra  resistencia, yo os aseguro que no será así, un velo denso cubrirá vuestra  conducta anterior (…) no se acordaran de vuestros errores involuntarios sino de  vuestras conocidas virtudes. Mariano de Talavera. Mérida, 30 de septiembre de  1810<sup>97</sup>.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">A modo de conclusión</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En fin, la segunda mitad del  siglo XVIII y la primera década del XIX, indudablemente que el mundo español  europeo experimentó notables transformaciones sobre todo en el desarrollo del  pensamiento político moderno. Sin embargo, esas mismas transformaciones serán  experimentadas en el mundo español americano pero con mayor lentitud. Es así  como frente a los acontecimientos de 1808 ocurridos en la metrópoli de colapso  de la monarquía y la formación de Juntas en toda España; la respuesta americana  fue de seguir y no de conducir. En todo ello no hubo viso de propiciar una  instancia separatista, antes bien lo que hubo fue un acto de jurada fidelidad a  Fernando VII y a la tradición monárquica.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al cruzar el dintel del siglo  XXI, jugar a ser vidente y pecar a decir que si el 19 de abril de 1810 no  hubiese surgido tal vez la situación fuera otra, peor o mejor no lo sabremos  nunca y así como esta pregunta surgirían otras tan válidas como la anterior a la  que no podemos tampoco responder y resultaría desde todo punto de vista  innecesario pues no podemos retroceder en el tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero lo que si nos queda y es  fácilmente comprobable, es la manipulación peligrosa de la realidad histórica y  la acumulación durante años de símbolos y temas que se han repetido como  estribillo y se han asimilado como verdad; una verdad que responde a una  necesidad lógica de legitimación de los intereses de un grupo de élite dominante  con la intencionalidad de lograr una construcción del pasado desde recuerdos  selectivos y convenientes con los que lograron sepultar en lo más profundo del  olvido a los vencidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En fin ésta Memoria de la  Desdicha es un intento de reevaluar en su estricta verdad la historia de los  Realistas en un momento determinado y a partir de allí reconstruir de forma  equilibrada la historia colectiva de todos los que vivieron la misma dificultad.  Lo que necesariamente enriquece el debate y replantea y reorienta el tema de la  Independencia.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1 Definición dada por María  Elena González Deluca a los individuos que pertenecieron al ciclo de los  historiadores no profesionales que se dedicaban a estudiar los hechos  históricos. Véase el trabajo Historia e Historiadores de Venezuela en la Segunda  Mitad del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2 Enrique Dussel, 1810: ¿El  nuevo encubrimiento del otro? En: El Nacional, Caracas, 13 de abril de 2004.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3 Germán Carrera Damas, La  disputa por la Independencia, p. 165.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4 Caracciolo Parra Pérez,  Bayona y la política de Napoleón en América, p. 8.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5 Definición dada por María  Elena González Deluca a los individuos que pertenecieron al ciclo de los  historiadores no profesionales que se dedicaban a estudiar los hechos  históricos. Véase el trabajo Historia e Historiadores de Venezuela en la Segunda  Mitad del siglo XX.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6 Véase: el trabajo del  uruguayo Lincoln Machado Rivas, Movimientos Revolucionarios en las Colonias  Españolas de América; y el del colombiano Ricardo Jorge Vejarano, Orígenes de la  Independencia Suramericana. Es llamativo que en 1976 aparece un libro  considerado como novedoso titulado Las Revoluciones Hispanoamericanas 1808-1826  del historiador inglés John Lynch. Este autor asume como verdadero el inicio de  las Independencias en América en 1808 que se desarrolla de forma lineal y sin  contradicciones hasta su definitivo desenlace en 1810, tal como lo señala la  historiografía tradicional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7 Caracciolo Parra Pérez,  Historia de la Primera República, tomo I, p. 228. Puede verse en ésta página el  largo comentario que Parra dedica a la obra de Vejarano.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8 Inés Quintero, La conjura de  los mantuanos, p. 59.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9 Francois Xavier Guerra,  Modernidad e Independencias, pp. 92-102.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10 Ibidem, pp. 150-156.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11 Jaime Rodríguez, La  Independencia de la América española, p. 73.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12 Demetrio Ramos, España en la  Independencia de América, p. 262. Ramos señala que en la jornada de abril de  1810, un grupo de mantuanos de Caracas se aliaron para organizar un movimiento  conspirador cívico / militar que depuso a las autoridades realistas que estaban  al frente de la Capitanía General de Venezuela; conquistando el poder no por una  oposición, sino como traspaso del mando a otro poder reasumido por los  pobladores y apoyado en un radical fidelismo al monarca como mejor garantía de  sus intereses.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13 David Bushnell, Simón  Bolívar, proyecto de América, p. 37. Bushnell dice que “el 19 de abril de 1810,  por una revolución incruenta en Caracas, fue depuesto el capitán general de  Venezuela y creada en su lugar una junta de gobierno integrada básicamente por  representantes de los notables criollos. Es ésta la fecha observada  convencionalmente como el comienzo del movimiento de independencia nacional,  pero en realidad los eventos del 19 de abril no fueron sino la culminación de  una crisis de más larga incubación, o mejor dicho aun el clímax venezolano de  una crisis que abarcaba al Imperio español en su totalidad”. Ésta tesis también  la plantea Germán Carrera Damas en sus libros: La disputa de la Independencia,  p. 24 y Una Nación llamada Venezuela, p. 35.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14 Elina Lovera Reyes, De  leales monárquicos a ciudadanos republicanos, p. 99 y siguientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15 Simón Bolívar, Carta de  Jamaica, p. 39.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16 Pedro Manuel Arcaya, La  guerra de Independencia, p. 5.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17 José Francisco Heredia,  Memorias, p. 4.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18 José Francisco Heredia,  Memorias, p. 4.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19 Mariano Arcaya, estudiante  de Derecho en la Universidad de Caracas se embarcó en el mismo transporte, por  mera casualidad, que la comisión que había enviado la Junta de Caracas para  Coro, y por tal motivo, fue considerado como parte de dicha comisión. Luego este  entuerto se resuelve a favor de Arcaya. Véase: Pedro Manuel Arcaya, Coro y el  movimiento del 19 de abril de 1810, p. 6.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20 Blanco y Azpurua,  Documentos, Vol. II, pp. 491, 492.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21 Heredia, Memorias, p. 9.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22 Ángel Grisanti, Repercusión  del 19 de abril de 1810 en las provincias, ciudades, villas y aldeas  venezolanas, pp. 82, 83.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23 H. Poudenx y F. Mayer, La  Venezuela de la Independencia, p. 27. En la misma cita estos viajeros franceses  que cedieron a la tentación de críticos y observadores dicen más “estando en  sesión el cabildo, Emparan se asomó a una de las ventanas del salón, y tuvo la  debilidad de preguntarle al pueblo si ellos deseaban que él continuara como  gobernador”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24 Vicente Emparan, “Relación  al Rey”, en El 19 de abril de 1810, p. 20.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25 Ibidem, p. 24.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26 Luis Alberto Sucre,  Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, pp. 314 – 317.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27 Blanco y Azpurua, “Llegada a  Caracas de dos nuevos mandatarios, el Capitán General Emparan y el Intendente  Basadre”, en Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, Tomo  II, pp. 236, 237.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28 José Domingo Díaz, Recuerdos  sobre la rebelión de Caracas, p. 58.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30 Emparan, “Relación al Rey”,  pp. 19 – 28.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31 John Lynch, Las Revoluciones  Hispanoamericanas, p. 193-194. Este autor resalta los esfuerzos de las  autoridades españolas en Caracas por dominar los intentos de deponer al Capitán  General Vicente Emparan el 14 de diciembre de 1809 y el 2 de abril de 1810. Esta  última “la del cuartel casa de la Misericordia” la expone Emparan en su  “Relación al Rey” diciendo que “fue avisado días antes por un medio oscuro e  insufi ciente” y él mismo tuvo oportunidad de verla desde su casa de habitación  que estaba al frente de aquel cuartel, pero no la enfrentó para no exponerse a  Tomás Montilla y a una “multitud de pillos negros y mulatos”, además que la  consideró una actuación peligrosa e inútil para la comprobación del delito. La  respuesta posterior de Emparan fue dispersarlos y enviarlos a otras guarniciones  alejadas de la ciudad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">32 “Relación de Emparan”, pp.  21, 22.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">33 Miguel Izard, El miedo a la  Revolución, p. 24. También puede verse el libro de Ángel Rafael Lombardi Boscán,  Banderas del Rey, pp. 33-35.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">34 Emparan, “Relación al Rey”,  p. 22.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">35 Ibidem, p. 23. En esta cita  que hemos tomado del informe de Emparan puede verse con claridad las categorías  de pueblo que concibe la mentalidad del funcionario español y en función de esa  clasificación las trata.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">36 Ibidem, pp. 27, 28.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">37 Caracciolo Parra Pérez,  Mariño y la Independencia de Venezuela, Tomo I, p. 47. Véase también la versión  que trae Luis Alberto Sucre en Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela,  p. 314.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">38 Vicente Basadre, “Memorial  sobre el 19 de abril de 1810”, en El 19 de abril de 1810, pp. 44, 45.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">39 Manuel Lucena Salmoral,  Vicente Basadre, Diccionario de Historia de Venezuela, tomo I, pp. 391, 392.  Véase este trabajo de Lucena, que explica bien la relación de Basadre con la  monarquía napoleónica.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">40 Basadre, “Memorial”, pp.  35-61.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">41 Ibidem, p. 46.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">42 Graciela Soriano, Venezuela  1810- 1830, p. 74.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">43 Basadre, “Memorial”, pp. 41,  42.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">44 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">45 Ídem.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">46 Ibidem, p. 47.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">47 Ibidem, p. 49.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">48Ibidem, p. 56.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">49 Ibidem, p. 58.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">50 Narciso Coll y Prat,  Memoriales sobre la Independencia de Venezuela, p. 114.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">51 Pedro Reixach Vila, Narciso  Coll y Prat, Diccionario de Historia de Venezuela, tomo 1, pp. 861, 862.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">52 Coll y Prat, Memoriales, p.  49.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">53 Ibidem, p. 54.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">54 Ibidem, p. 115.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">55 Ibidem, p. 47.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">56 Ibidem, p. 51.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">57 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">58 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">59 Poudenx y Mayer, La  Venezuela de la Independencia, p. 29.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">60 Coll y Prat, Memoriales, p.  56.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">61 Ibidem, p. 55.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">62 Ibidem, pp. 58,59. En este  aspecto el Arzobispo Narciso Coll y Prat nos pone en perspectiva de otro  problema poco visto, me refiero aquí a la aún no bien valorada participación de  otras categorías humanas como los negros y pardos en la revolución, ya sea, a  favor o en contra de otro determinado. Puede verse el capítulo Historia desde  Abajo de Jim Sharpe en Peter Burke, Formas de Hacer Historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">63 Ibidem, p. 50.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">64 Ibidem, p. 55.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">65 Ibidem, p. 125.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">66 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">67 Ibidem, p. 126</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">68 Ibidem, pp. 77,78.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">69 Francisco José Virtuoso, La  Crisis de la Catolicidad en los inicios republicanos de Venezuela, p. 40.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">70 Coll y Prat, Memoriales, p.  56.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">71 Mario Briceño Iragorry, El  Regente Heredia o la piedad heroica, 207 pp.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">72 Ali Enrique López Bohórquez,  José Francisco Heredia, Diccionario de Historia de Venezuela, Tomo 2, p. 672.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">73 José Francisco Heredia,  Memorias sobre las Revoluciones de Venezuela, 304 pp.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">74 Véase el apellido Heredia en  el trabajo de Pedro Manuel Arcaya, Población de origen Europeo en Coro en la  época Colonial, Academia Nacional de la Historia, Nº 114.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">75 Heredia, Memorias, p. 7.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">76 Ibidem, p. 8.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">77 Ibidem, p. 29.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">78 Ibidem, p. 12.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">79 Ibidem, p. 13.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">80 Ibidem, p. 18.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">81 Tomás Straka, Contra  Bolívar, p. 23.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">82 José Domingo Díaz, Recuerdos  sobre la rebelión de Caracas, p. 78.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">83 Cristóbal M. González de  Soto, Noticia Histórica de la República de Venezuela, p. 7.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">84 Ibidem, p. 90.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">85 Ibidem, p. 80</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">86 Ibidem, p. 78.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">87 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">88 Ibidem, p. 79. Esta cita es  más extensa y en ella misma hace referencia de cómo el dinero fue repartido.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">89 Santiago Hernández Milanés,  “A propósito de los acontecimientos del 19 de abril en Caracas. Mayo 19 de  1810”, en Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, tomo II, p. 230.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">90 Antonio Ramón Silva, Nota  biográfica de Santiago Hernández Milanés. En Ibídem, tomo II, pp. 3 -6.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">91 Hernández Milanés, “A  propósito de los acontecimientos del 19 de abril en Caracas”, tomo II, p. 230.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">92 Ibidem, p. 231.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">93 Ídem.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">94 Ibidem, p. 232.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">95 Fernando Rodríguez del Toro,  “Carta de Don Fernando Toro a Emparan”, en El 19 de abril de 1810, pp. 28, 29.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">96 Mariano de Talavera,  “Proclama que desde Mérida dirige a los habitantes de Coro y su jurisdicción”,  en Flores y Letras, Nº 3, p. 49-52. Documento localizado por nosotros en la  revista artístico literaria Flores y Letras y que hasta ahora, según nuestras  indagaciones, no se conocía su contenido ni había sido publicado y tratado en  otro lugar; nosotros le dimos copia de estas cartas a la prof. María Soledad  Hernández Bencid para su tesis doctoral sobre el obispo Talavera.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">97 Mariano de Talavera,  “Comunicación del señor Pro. Dr. Talavera a los habitantes de Coro”, en Flores y  Letras, Nº 4, pp. 67-70.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Bibliografía</font></b></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">I.- Fuentes Documentales</font></b></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">A.- Documentos impresos</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Carta de Don Fernando Toro a  Emparan”. El 19 de abril de 1810. Caracas, Instituto Panamericano de Geografía e  Historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Comunicación del señor Pro.  Dr. Talavera a los habitantes de Coro”. Coro, Revista Flores y Letras, Nº 3,  mayo 1891.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Llegada a Caracas de dos  nuevos mandatarios, el Capitán General Emparan y el Intendente Basadre”.  Documentos para la historia de la vida pública del Libertador. Caracas,  Ediciones de la Presidencia de la República.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Memorial sobre el 19 de abril  de 1810”. El 19 de abril de 1810. Caracas, Instituto Panamericano de Geografía e  Historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Proclama que desde Mérida  dirige a los habitantes de Coro y su jurisdicción el Doctor Mariano de Talavera,  Presbítero y Diputado electo por su Ayuntamiento”. Coro. Revista Flores y  Letras, Nº 4, junio 1891.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Relación al Rey”. El 19 de  abril de 1810. Caracas, Instituto Panamericano de Geografía e Historia.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">B.- Colecciones documentales  impresas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Documentos para la historia de  la Diócesis de Mérida recogidas y publicadas por el Ilmo. Señor Doctor Antonio  Ramón Silva. (1909). Mérida, Imprenta Diocesana. Tomo II.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Documentos para la historia de  la vida pública del Libertador de Colombia, Perú, y Bolivia publicados por  disposición del general Guzmán Blanco. Puestos en orden cronológico y con  adiciones y notas que la ilustran por el general José Félix Blanco. (1977).  Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República. Tomo II.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">C.- Testimonios</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Coll y Prat, Narciso. (1960).  Memoriales sobre la Independencia de Venezuela. Caracas, Academia Nacional de la  Historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Díaz, José Domingo. (1961).  Recuerdos sobre la Rebelión de Caracas. Caracas, Academia Nacional de la  Historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">González de Soto, Cristóbal.  (1873). Noticia Histórica de la República de Venezuela. Barcelona,  Establecimiento Tipográfico de L. Domenech.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Heredia, José Francisco.  (1895). Memorias sobre las Revoluciones de Venezuela. Paris, Librería de Garnier  Hermanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Poudenx, H y Mayer, F. (1963).  La Venezuela de la Independencia. Caracas, Edición del Banco Central de  Venezuela.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">II.- Fuentes Bibliográfica</font></b></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">A.- Bibliografía Específica</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Briceño Iragorry, Mario.  (1986). El Regente Heredia o la Piedad Heroica. Caracas, Academia Nacional de la  Historia.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3106304&pid=S1315-9496201400010001900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Burke, Peter. (2003). Formas  de Hacer Historia. Madrid, Alianza Editorial.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3106305&pid=S1315-9496201400010001900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Bushnell, David. (2007).  Simón Bolívar, proyecto de América. Bogotá, Universidad Externado de Colombia.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3106306&pid=S1315-9496201400010001900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Carrera Damas, Germán.  (1983). Una Nación llamada Venezuela. Caracas, Monte Ávila Editores  Latinoamericana.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3106307&pid=S1315-9496201400010001900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Carrera Damas, Germán.  (1995). La disputa de la Independencia y otras pericias del método crítico en  historia de ayer y de hoy. Caracas, Ediciones GE.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3106308&pid=S1315-9496201400010001900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. González Deluca, Maria  Elena. (2007). Historia e Historiadores de Venezuela en la segunda mitad del  siglo XX. Caracas, Academia Nacional de la Historia, Libro breve, volumen 239.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Grisanti, Ángel. (1959).  Repercusión del 19 de abril de 1810 en las provincias, ciudades, villas y aldeas  venezolanas. Caracas, Tipografía Lux.    <br> Grisanti, Ángel. (1960). Emparan y el golpe de estado de 1810. Caracas,  Tipografía Lux.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Guerra, Francois-Xavier.  (1993). Modernidad e Independencias. México, Editorial MAPFRE-Fondo de Cultura  Económica. 2. ª edición.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Izard, Miguel. (2009). El  Miedo a la Revolución: la lucha por la libertad en Venezuela 1777-1830. Caracas,  Fundación Centro Nacional de Historia. 2. ª edición.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Leal Curiel, Carole.  (1990). El discurso de la Fidelidad. Construcción social del espacio como  símbolo del poder regio, Venezuela siglo XVIII. Caracas, Academia Nacional de la  Historia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Lombardi Boscán, Ángel  Rafael. (2006). Banderas del Rey. Maracaibo, Ediciones del Rectorado.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. López Bohórquez, Ali  Enrique. (1997). José Francisco Heredia. En: Diccionario de Historia de  Venezuela, Caracas, tomo 2, p. 672, 2. ª edición.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Lucena Salmoral, Manuel.  (1997). Vicente Basadre. En: Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas, tomo  1, p. 391 – 392. 2. ª edición.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. Lynch, John. (2008). Las  Revoluciones Hispanoamericanas 1808-1826. Barcelona, Editorial Ariel. 11. ª  edición en español.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. Machado Rivas, Lincoln.  (1939). Movimientos Revolucionarios en las Colonias Españolas de América. Buenos  Aires, Editorial Claridad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. Osorio Jiménez, Marcos.  (1959). Bibliografía Crítica de la Detracción Bolivariana. Caracas, Ediciones de  la Sociedad Bolivariana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Parra Pérez, Caracciolo.  (1939). Bayona y la Política de Napoleón en América. Caracas, Tipografía  Americana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. Parra Pérez, Caracciolo.  (1939). Historia de la Primera República de Venezuela. Caracas, Tipografía  Americana. 1. ª edición. Tomo I.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Parra Pérez, Caracciolo.  (1954). Mariño y la Independencia de Venezuela. Madrid, Ediciones Cultura  Hispánica. Tomo I.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Pino Iturrieta, Elías.  (2007). La mentalidad venezolana de la emancipación 1810-1812. Caracas, bid&amp;co.  Editor.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. Quintero, Inés. (2002). La  conjura de los Mantuanos. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. Quintero, Inés. (2005). El  Último Marqués. Francisco Rodríguez del Toro 1761-1851. Caracas, Fundación  Bigott.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. Ramos, Demetrio. (1996).  España en la Independencia de América. Madrid, Editorial MAPFRE.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. Reixach Vila, Pedro.  (1997). Narciso Coll y Prat. En: Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas,  tomo 1, p. 861-862. 2. ª edición.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. Rodríguez, Jaime. (1996).  La Independencia de la América española. México, El Colegio de México - Fondo de  Cultura Económica.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. Soriano de García Pelayo,  Graciela. (1988). Venezuela 1810-1830: aspectos desatendidos de dos décadas.  Caracas, Cuadernos Lagoven.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. Straka, Tomás. (2007). La  voz de los Vencidos: ideas del partido realista de Caracas, 18101821. Caracas,  bid&amp;co. Editor.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. Straka, Tomás. (2009).  Contra Bolívar. Caracas, Edición Libros Marcados.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. Sucre, Luís Alberto.  (1928). Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela. Caracas, Litografía y  Tipografía del Comercio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. Suriá, Jaime. (1967).  Iglesia y Estado 1810- 1821. Caracas, Ediciones del Cuatricentenario de Caracas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. Vejarano, Ricardo Jorge.  (1925). Orígenes de la Independencia Suramericana. Bogotá, Editorial Cromos.  Virtuoso, Francisco José. (2001). La crisis de la Catolicidad en los inicios  republicanos de Venezuela (1810-1813). Caracas, Universidad Católica Andrés  Bello.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">B.- Hemerografía Específica</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dussel, Enrique. 1810: ¿El  nuevo encubrimiento del otro? En: El Nacional, Caracas, 13 de abril de 2004.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">C.- Obra de Referencia</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Fundación Polar. (1997).  Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Editorial Ex Libris.</font></p>       ]]></body>
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