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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article tries to present the relationship between Francisco de Miranda and Chile around five levels: the common Miranda relationship with Spanish America; then the ratio of the precursor with Andrés Bello; to continue the work he had with Juan Ignacio Abate Molina and those that remained with the Liberator of Chile, Bernardo O’Higgins.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Francisco de Miranda y Chile</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana">Francisco de Miranda and Chile</font></b></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana">Miguel Castillo Didier</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Director del Centro de Estudios  Griegos de la Universidad de Chile, Miembro de Número de la Academia Chilena de  la Lengua y Miembro Correspondiente de la Real Academia Española. Entre sus  publicaciones figuran 6 libros y numerosas ponencias y artículos dedicados a  Francisco de Miranda; cuatro libros y numerosos artículos dedicados a temas de  musicología venezolana; una cuarentena de libros y numerosos artículos sobre  literatura griega antiguo y moderna. Correo: <a href="mailto:micastilgriego@gmail.com">micastilgriego@gmail.com</a>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><b><font size="2">Resumen</font></b><font size="2">:  El artículo intenta presentar las relaciones entre Francisco de Miranda Chile en  torno a cinco niveles: el de la común relación de Miranda con América Hispana;  luego el de la relación del precursor con Andrés Bello; para continuar con las  que tuvo con la obra del Abate Juan Ignacio Molina y aquellas que mantuvo con el  Libertador de Chile, Bernardo O’Higgins.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><b><font size="2">Palabras Clave:</font></b><font size="2">  Miranda, Chile, Andrés Bello, Abate Molina, Bernardo O’Higgins.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><b><font size="2">Abstract</font></b><font size="2">:  The article tries to present the relationship between Francisco de Miranda and  Chile around five levels: the common Miranda relationship with Spanish America;  then the ratio of the precursor with Andrés Bello; to continue the work he had  with Juan Ignacio Abate Molina and those that remained with the Liberator of  Chile, Bernardo O’Higgins.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><b><font size="2">Key Words:</font></b><font size="2">  Miranda, Chile, Andrés Bello, Abate Molina, Bernardo O’Higgins.</font></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Recibido: 01/02/2014</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Aprobado: 06/03/2014</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El primer nivel de relación de  Francisco de Miranda con Chile forma parte de la común de relación de América  Hispana con él; o, si se quiere, del Precursor con nuestro continente. Miranda,  entre varios otros ilustres Precursores, como Viscardo, Nariño, Gual, España, se  distingue por haber sido “el primero en concebir un auténtico proyecto político  e institucional integrador de Hispanoamérica”<sup>1</sup>. El propio Viscardo,  cuya obra no se puede sino admirar profundamente, no plantó la posibilidad del  surgimiento de un gran Estado Hispanoamericano.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Así pues, éste es el primer  nivel de la relación: Miranda fue Precursor de la independencia chilena, como lo  fue de los restantes procesos emancipatorios de los países hispanoamericanos.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Andrés Bello</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Otro nivel de la relación tiene  que ver con un gran hijo de Venezuela, Andrés Bello, quien llegó a ser también  chileno por adopción, y quien en Chile desarrollaría gran parte de su obra  fundacional en la cultura hispanoamericana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Son bien conocidas las  circunstancias en que Andrés Bello, de 29 años, se encuentra con el Precursor,  de 60, a mediados de julio de 1810, al llegar a Inglaterra, como secretario de  la delegación integrada por Bolívar y López Méndez, la cual iba en misión  encomendada por la Junta surgida en Caracas el 19 de abril.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En esa ciudad, en la casa de  Grafton Street, Bello conoce la imponente personalidad de Miranda, “aquel  proscrito formidable” que “personificaba en sí la revolución americana”<sup>2</sup>;  su palabra cálida y cautivante; su amplísima cultura y experiencia; su  biblioteca espléndida, presidida por la efigie de Apolo; su salón dominado por  los bustos de Homero, de Sócrates y también de Apolo. Encuentra allí, en el  refugio de ese hombre de tan variadas y famosas experiencias, aquellas tres  figuras clásicas de alto simbolismo; y libros griegos y latinos en abundancia,  en magníficas ediciones originales y en traducciones variadas. Virgilio, a quien  el joven humanista caraqueño tributa especial veneración, está representado en  no menos de 17 ediciones<sup>3</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En la casa de Miranda, puede  decirse que comienza el segundo período de la vida de Bello, sus casi 20 años de  permanencia en Londres; los primeros de su alejamiento definitivo de su tierra  natal caraqueña, que durará 55 años y que terminará con su muerte, en Santiago  de Chile, en 1865.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Esta segunda etapa de la vida  del sabio, así como la primera, la de Caracas, ha sido certeramente  caracterizada por el distinguido bellista Rafael Caldera:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Nadie se atrevería a negar  	que los diez y nueve años pasados en Londres le dieron a Andrés Bello una  	oportunidad excepcional para estudiar &#8213;en la Biblioteca del British Museum y  	en la particular del General Miranda&#8213; y lo pusieron en contacto con hombres,  	ideas e instituciones de primer rango, lo que contribuyó a abrir su poderoso  	intelecto a los más amplios horizontes. Tampoco osaría nadie subestimar lo  	que significó para el volumen, la variedad y la trascendencia de su  	increíble producción, la oportunidad que le brindó la generosa y estimulante  	hospitalidad de Chile, su segunda patria, durante otros 36 años. Pero a  	veces ha habido fácil inclinación por ignorar o menospreciar la madurez de  	su formación, la calidad de su cultura, la fuerza ya lograda de su  	personalidad cuando salió de Venezuela, el 10 de junio de 1810, y desde el  	camino de La Guaira le dio una última mirada a Caracas, para decir, muchos  	años más tarde: ‘¿quién me hubiera dicho que era en efecto la última?’ <sup> 	4</sup>.</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como lo destaca Rafael Caldera,  el Bello que viaja a Londres es un hombre cabal, un intelectual de reconocido  prestigio en Caracas, un universitario, un lingüista y un poeta ya elogiado en  su medio. Sin duda, ahí está la base de lo que entregará después el sabio. Como  a Francisco de Miranda varias décadas atrás, también a él la Universidad de  Caracas, a través del llamado “Curso de Artes”, le había dado una formación  superior, que éste, como aquél, procuraba complementar y ampliar a través de la  hermosa aventura espiritual de las lecturas. Claro está, Miranda, casi treinta y  un años mayor, a través de sus largos viajes y de su residencia y actuación en  la Francia de la Revolución, había podido conocer más directamente el “gran  libro del Universo”. A los conocimientos que dan los libros, había agregado los  que da la experiencia, el conocimiento de paisajes geográficos y humanos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por eso, a pesar del profundo  bagaje intelectual que el joven humanista lleva Londres,</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">no hay que forzar la  	imaginación para adivinar la admiración y aun el encandilamiento que  	experimentaría Andrés Bello al contemplar de cerca la figura de Miranda,  	rutilante y llena de historia, seguramente agrandada a los ojos de un  	caraqueño recién salido de una ciudad colonial<sup>5</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A través de ese compatriota  ilustre comienza a conocer el mundo de Inglaterra y de Europa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El impacto de la personalidad  del Precursor sobre el espíritu de Bello será definitivo. Ese año de 1810, esa  impresión se refleja en el documento que los comisionados envían a la Junta de  Caracas para gestionar el regreso de Miranda a la patria, escrito que a no  dudarlo, fue redactado por Andrés Bello<sup>6</sup>. Al publicar los borradores  de aquel comunicado, que encontró en el Archivo Nacional de Bogotá, Pedro Grases  ha destacado que</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">tienen la excepcional  	importancia de ser todos escritos de puño y letra de Bello, y redactados por  	él, según lo prueba la forma de las correcciones y enmiendas que son  	características en toda redacción propia y personal.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">También recuerda que</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">en esos documentos comienza  	Bello su larga carrera de autor de comunicados diplomáticos, que habrá de  	proseguir en Londres, al servicio de la legación de Chile, primero; más  	tarde, en el de la Legación de la Gran Colombia; y, luego, en Santiago como  	oficial mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores por más de veinte  	años<sup>7</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Todo el documento es revelador  de la idea de que los comisionados y, personalmente, Andrés Bello, se han  formado del Precursor:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ni aun sus enemigos se han  	atrevido a negarle una superioridad extraordinaria de luces, experiencia y  	talento.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A la verdad sería un  	absurdo suponer que un individuo de estas cualidades, y sin recomendación  	alguna exterior hubiese podido sostener un papel distinguido en las cortes,  	introducirse en las sociedades más respetables, adquirir la estimación y aun  	la confianza de una infinidad de hombres ilustres, acercarse a los  	Soberanos, y dejar en todas partes una impresión favorable <sup>8</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Qué decidor es el párrafo  siguiente. Cómo revive el interés fervoroso con que Miranda debió escuchar a los  comisiona dos al relatar éstos los hechos de abril de Caracas; su disposición a  servir con todos sus medios &#8213;también sus libros&#8213; a los enviados del primer  gobierno libre de su patria:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Hemos observado su conducta  	doméstica, su sobriedad, sus procederes francos y honestos, su aplicación al  	estudio, y todas las virtudes que caracterizan al hombre de bien y al  	Ciudadano. ¡Cuántas veces a la relación de nuestros sucesos le hemos visto  	conmoverse hasta el punto de derramar lágrimas! ¡Cuánto ha sido su interés  	en informarse hasta de los más menudos pormenores! Con qué oficiosidad le  	hemos visto dispuesto a servirnos con sus luces, con sus libros, con sus  	facultades, con sus conexiones!<sup>9</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De modo semejante debió  expresarse la opinión de Bello en otros textos que conocemos sólo  indirectamente, como una de sus cartas a John Robertson, su amigo de Curazao.  Éste contesta, el 10 de diciembre de 1810, una misiva por la que Bello le ha  presentado a Miranda. Robertson dice coincidir con la opinión de su amigo de  Londres:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Yo le debo a usted mucha  	gratitud, porque me ha proporcionado el conocimiento del señor Miranda, y le  	doy por ellos las gracias más sinceras. Mi opinión es muy con forme a la de  	usted respecto de este hombre ilustre, y no he necesitado mucho tiempo para  	reconocer en él al estadista, al guerrero y al legislador consumado<sup>10</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Miguel Luis Amunátegui expresa  que “don Andrés Bello manifestó todo el resto de su vida una grande admiración a  Miranda”<sup>11</sup>. Esto significa que, a lo largo de los 36 años que vivió  el sabio en Chile, Amunátegui y otros discípulos suyos le escucharon reiteradas  veces manifestar tal sentimiento. Éste había nacido, o en todo caso se había  hecho intenso, durante sus encuentros, en 1810, y reafirmado durante los dos  años que Bello residió en la casa de Miranda, en esa “cuna de nuestra  independencia y también de gran parte de nuestra América” y “refugio y consuelo  de precursores y libertadores”, según la expresión de Miriam Blanco-Fombona<sup>12</sup>;  aquel lugar del cual el Precursor había dicho: “Mi casa en esta ciudad es y será  siempre el punto fijo para la Independencia y Libertad del Continente  Colombiano” .</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Más tarde, en agosto de 1827,  en el pórtico del tomo cuarto de <i>El Repertorio Americano</i>, Bello colocará  frente a la portada interior la efigie de Miranda en la Revolución Francesa,  hecha por Charles E. Gaucher en París, en 1793; y en las páginas de esa revista  rendirá homenaje a la memoria del Precursor, publicando importantes documentos  para su biografía, a once años de su muerte en La Carraca.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La veneración de Bello por el  Precursor se expresa en la emoción y concisión clásica de los versos con que  canta la grandeza y nobleza de Miranda, haciendo lúcida y poética justicia a sus  méritos:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">¡Miranda! de tu nombre se  	gloria también Colombia:</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">defensor constante de sus  	derechos, de las santas leyes,</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">de la severa disciplina  	amante.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Con reverencia ofrezco a tu  	ceniza</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">este humilde tributo, y la  	sagrada rama a tu efigie venerable ciño.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Patriota ilustre, que,  	proscrito, errante,</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">no olvidaste el cariño</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">del dulce hogar que vio  	nacer tu cuna;</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">y ora blanco de las iras de  	fortuna,</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">ora de sus favores  	halagado,</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">la libertad americana  	hiciste</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">tu primer voto y tu primer  	cuidado.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Osaste solo declarar la  	guerra</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">a los tiranos de tu patria  	amada.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Y desde las orillas de  	Inglaterra</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">diste aliento al clarín,  	que el largo sueño</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">disipó de la América,  	arrullada</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">por la superstición. Al  	noble empeño</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">de sus patricios no faltó  	tu espada;</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">y si de contratiempos  	asaltado</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">que a humanos medios  	resistir no</font></p> 	    <blockquote> 		    <blockquote> 			    <blockquote> 				    <blockquote> 					    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">/ dado</font></p> 				</blockquote> 			</blockquote> 		</blockquote> 	</blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">te fue el ceder forzoso, y  	en cadenas</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">a manos perecer de una  	perfidia,</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">tu espíritu no ha muerto,  	no; resuena,</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">resuena aún el eco de aquel</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">con que a lidiar llamaste,  	la gran lidia</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">de que desarrollaste el  	estandarte</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">triunfa ya, y en su triunfo  	tienes parte.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En sólo 30 versos, engastados  dentro de la <i>Alocución a la Poesía</i>, Bello recuerda y caracteriza la  fisonomía y la obra de Miranda. “Ilustre” es el epíteto, a muy pocos prodigado,  que merece el Precursor, el que hizo de la libertad de América su primera pasión  y el que se lanzó solo al campo de batalla contra la tiranía:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Su larga lucha desde  Inglaterra, su combate en tierra venezolana al que no se negó, pese a que las  circunstancias objetivas impedían el éxito, y su injusto y trágico fin, son  recordados por el poeta; así como <i>la permanencia de su llamado</i>, que al  igual que la bandera que creó, y que triunfó al fin<sup>13</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Pedro Grases sintetiza  certeramente el significado del encuentro de Miranda y Bello, encuentro de honda  repercusión pedagógica, del que ha aprovechado nuestra América:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En la coincidencia de  	espacio y tiempo entre Miranda y Bello, hay una poderosa convergencia de  	intereses que nos puede explicar la afinidad de los dos caracteres. Hay <i> 	un pensamiento común: América, y una devoción compartida: la cultura</i>. El  	símbolo de esta estupenda correlación puede ser la magnífica biblioteca  	particular de Miranda [...]. Si grande ha de haber sido el pasmo de Bello  	ante el criollo universal, mayor asombro debe haberle producido enfrentarse  	con la hermosa y rica colección de volúmenes pertenecientes a Miranda. Bello  	habrá recorrido con avidez explicable el rico tesoro que le prometería tanto  	nuevo conocimiento<sup>14</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En forma semejante se expresa  el biógrafo español de Bello, el profesor Murillo Rubiera:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es fácil imaginar la  	sorpresa y el placer que aquella gran riqueza debió producir en Bello, y el  	disfrute de su alma estudiosa cuando pudo tenerla para sí desde que quedó  	alojado en el domicilio de su primer protector en Londres. Era una  	biblioteca universal, como a él convenía, con un fondo de clásicos griegos y  	latinos [...], y en la que no faltaban piezas raras y valiosas, como la <i> 	Biblia Políglota</i>) edición de Amberes de fines del siglo XVI) o el <i> 	Tratado de Re Militari</i>) de Diego Gracián, edición de Bruselas, 1590”<sup>15</sup>.  	El historiador chileno Alamiro de Ávila ha destacado igualmente este  	encuentro de dos hombres unidos por el apasionado amor por los libros.<sup>16</sup>  	Luis Bocaz enfatiza con razón: “imposible subrayar la impresión que la  	imagen del viejo revolucionario pudo causar en un intelectual como Bello.  	Huella imborrable<sup>17</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En medio de esas hileras de  libros, ¡cuántos encuentros o reencuentros emocionados no se producen:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Virgilio está ahí, el poeta  admirado, traducido, imitado, el poeta amigo desde los apacibles años de  adolescencia y juventud en la Caracas lejana. Como hemos anotado, el vate de  Mantua está representado por no menos de 17 ediciones en esas estanterías  londinenses.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Allí está la primera edición de  nuestro Poema del Cid, incluido en la <i>Colección de Poesías Castellanas  anteriores al siglo XV</i> de Tomás Antonio Sánchez. No es nada inverosímil que  ese ejemplar haya despertado o reanimado el amor de Bello por nuestra poesía  heroica medieval y allí se haya iniciado el camino que lo llevará a escribir sus  lúcidos y pioneros estudios sobre la epopeya cidiana y a proyectar una nueva  edición<sup>18</sup>. Y habrá quizás pensado en su propia situación, tan lejos  de su patria, al leer y releer aquellos primeros versos, que muestran al Cid,  desterrado, llorando al abandonar forzadamente sus lares: “De los sos oios tan  fuertemientre llorando, tornaba la cabeza...”. Como el héroe de Vivar, Bello no  sabía cuándo vería de nuevo su tierra y su casa.... ni que ese cuándo se  transformaría en nunca.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">El Abate Molina</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Otro nivel de relación entre  Miranda y Chile se relaciona con la figura del Abate Juan Ignacio Molina.  Injustamente poco conocido en su propia pequeña patria y en la patria americana,  América&#8213;, fue un gran maestro y un sabio elogiado y citado por grandes sabios, y  cuyas obras fueron traducidas rápidamente a varios idiomas<sup>19</sup>. Fue un  hombre de pensamiento libertario, que anheló hasta el fin de su vida poder  volver a su patria.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La pasión de la libertad es  	un motivo constante en la obra de Juan Ignacio Molina. Admira en los indios  	de Chile su valor, que nace de la libertad. La pequeña república araucana de  	Chile es libre, como también los pueblos indígenas australes. La historia de  	Chile es para Molina la apología de la libertad de los indios. Si critica la  	esclavitud negra es para hacer el elogio de la libertad. La independencia de  	los Estados Unidos de América es suficiente para hacer callar a todos los  	detractores de América<sup>20</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El Padre Walter Hanisch, gran  estudioso del Abate, después de referirse a la afirmación de la conciencia  nacional” por las obras históricas del Abate Molina, agrega:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Hay un hecho que el mismo  	Molina se encargó de conservar. Lo cuenta Claudio Ferrari en la  	autobiografía que escribió al dictado de Molina y que este mismo corrigió de  	su mano:</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se entretenía (dice)  	hablando con sus compañeros sobre las maneras de lograr la independencia de  	su país. Don Molina tuvo siempre dentro de sí un espíritu libertario y antes  	que se oyera voz alguna de la Revolución Francesa, que ocurrió mucho antes  	de la revolución de la América meridional, él había compuesto en lengua  	española una constitución republicana para su patria, la que envió con un  	compatriota que pasó por Bolonia’<sup>21</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La noticia citada lleva al  Padre Hanisch a afirmar: “El texto es definitivo y hace de Molina un precursor  de la independencia de Chile por derecho propio y el primer constitucionalista  chileno”<sup>22</sup>. Así pues, Molina comparte con Miranda el hecho de ser  precursor de la independencia, el haber tenido la idea libertaria antes de la  Revolución Francesa y el haberse ocupado de redactar un texto constitucional, lo  que significa pensar en la estructuración de un futuro Estado independiente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Su obra, además de ser fruto de  años de intenso estudio agregados a los años en que pudo desde su niñez recorrer  campos y montañas y conocer árboles, flores, animales, anotando sus  descripciones, fue fruto de su profundo amor por Chile y por América, a quienes  defiende de los juicios injustos de algunos europeos. En la segunda edición de  la <i>Historia natural</i>, de 1810, escribe: “El amor que la patria  naturalmente inspira me indujo a dar alguna idea, en el modo que me fue posible  hacerlo a una distancia tan grande de los objetos que debía presentar”<sup>23</sup>.  Claudio Ferrari, uno de sus discípulos recuerda: “Se entretenía hablando con sus  compañeros sobre las maneras de lograr la independencia de su país. Molina  siempre tuvo dentro de sí un espíritu libertario”<sup>24</sup>. Juan Pablo  Viscardo alude directamente a Molina como hombre que compartía la causa  independentista y libertaria. En una carta escrita en tercera persona, escribe:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se le informa al Sr Rossi  	[el alias de Viscardo en Londres] en la misma carta que su gran secreto fue  	participado a otros dos amigos dignos de confianza, uno de los cuales es  	autor de una <i>Historia natural y civil de Chile</i> que le valió mucho  	prestigio en Europa <sup>25</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El mismo Ferrari, escribiendo  sobre su intento de regresar en 1802, testimonia: “Había procurado muchas veces  tener permiso para volver, inútilmente”.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Con él, como con los demás  jesuitas expulsados, el absolutismo español fue terriblemente implacable. En  carta a Ignacio de Opazo, del 15 de diciembre de 1815, anuncia que se embarcará  en abril o mayo de 1816 “de vuelta a mi muy amado Chile”. Dice que “el deseo de  volver a la patria”</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">le hará el viaje “suave y  corto”, a pesar de su avanzada edad. Y termina: “Dios me conceda esta gracia,  que desde que salí de allá siempre he deseado”<sup>26</sup>. La persecución que  desató el Santo Oficio en su contra a raíz de una memoria científica presentada  a la Academia de Bolonia, le impidió viajar. Finalmente, murió en el destierro.  En la agonía, sus últimas palabras fueron para pedir agua de la Cordillera de  los Andes. En su vida, recibió el reconocimiento de admiración de la comunidad  científica europea y de la Universidad de Bolonia y de la Academia de esa  ciudad, de quien fue el primer miembro americano.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Miranda no sólo tenía las obras  del Abate Molina, sino que también hizo uso de ellas en su lucha por la  independencia. En un memorial dirigido al Primer Ministro de Inglaterra William  Pitt, en mayo de 1790, al ponderar las características de América Hispana,  reproduce un hermoso elogio de Chile, del ilustre sabio desterrado,  identificando en nota el pasaje que ha citado: “<i>Historia naturale del Chile</i>,  Bologna, 1782, página 333”:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El hombre goza de todo el  	vigor que pueden suministrarle las bondades de un clima inalterable. Una  	tardía muerte viene, en general, a cortar el largo discurrir de sus días.  	Los de origen europeo son en su mayoría de bella estampa, especialmente las  	mujeres, muchas de las cuales se encuentran dotadas de una singular belleza<sup>27</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Presentaba Miranda a los  chilenos, con las hermosas expresiones de Molina, ante las “pragmáticas”  autoridades inglesas, que más de una vez sonreirían ante los argumentos del  Precursor, como más de una vez desmintieron las esperanzas que habían dado de  ayudar a la causa hispanoamericana. En el mismo documento, Miranda se vale de  palabras de otro ilustre sacerdote, español en este caso, de Feijoo, para  elogiar la cultura de los americanos: “La cultura en todo género de letras  humanas, entre los que no son profesores por destino, florece más en la América  que en España”. Y documenta al pie de página: “Feijoo: <i>Cartas eruditas</i>,  tomo V, cap. X, 1764”<sup>28</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El 13 de diciembre de 1805,  tratando de obtener apoyo o al menos neutralidad frente a la expedición que  proyecta, se entrevista con el Presidente Jefferson de Estados Unidos. En enero,  para tener una especie de autoconstancia de esa reunión, escribe al presidente y  le envía de regalo un libro del Abate Molina:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Tengo el honor de enviarle  	la <i>Historia Natural y Civil de Chile</i>, sobre la cual conversamos en  	Washington. Usted podrá quizás encontrar más interesantes hechos y más  	grandes conocimientos en este pequeño volumen, que en aquellos que han sido  	publicados antes sobre el mismo tema concerniente a este bello país<sup>29</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Cuatro años después, en  Londres, en la <i>The Edinburgh Review</i>, órgano en el que se aparecieron no  pocos textos sobre América Latina y la situación política de España y sus  colonias, se publica un extenso documento, sin duda proporcionado a la revista  por Miranda<sup>30</sup>, en cuya primera parte se comenta elogiosamente la obra  del Abate Molina. Esta especie de reseña de la edición norteamericana de la <i> Historia Natural de la Historia Civil</i>, sirve como de introducción a una  larga exposición sobre América Latina. El artículo menciona un documento que  estaba entre los papeles y escritos del Abate Juan Pablo Viscardo, que Miranda  conoció y tuvo intenciones de publicar. Este documento era una carta de otro  ilustre jesuita expulsado, Clavijero, en que éste daba respuesta a preguntas de  Viscardo. La mención no deja lugar a dudas de que es Miranda el autor de la  exposición.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La <i>Historia Geográfica,  	Natural y Civil de Chile</i>, por el Abate Don J. Ignatius Molina; con Notas  	de las Versiones Española y Francesa; y un Apéndice que contiene copiosos  	extractos de <i>La Araucana </i>de Don Alonso de Ercilla. Traducido del  	Original Italiano por un Caballero Norteamericano. 2 vol. 8º. Middletown (Conn.)  	1808.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Nos sentimos  	particularmente contentos, en la presente oportunidad, de ser capaces de  	presentar en su propio idioma a nuestros lectores la obra de Molina.  	Cualquier esfuerzo destinado a aumentar nuestro conocimiento de la América  	del Sur reviste hoy la mayor importancia, y la región del trabajo que  	tenemos ante nosotros se encuentra ciertamente entre las más interesantes de  	ese olvidado mundo. Situado entre los Andes y el Océano Pacífico, y  	extendida entre los paralelos 24 y 45 de latitud sur, es descrita por todos  	como un paraíso terrenal bendito como ningún otro país, con un delicioso  	clima y un suelo fértil, y que además exhibe en u vario paisaje una  	naturaleza en ocasiones de la mayor grandiosidad y magnificencia, y en otras  	de la mayor suavidad y plenitud de encantos.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La traducción con la que  	nos vemos ahora favorecidos – producto de una pluma norteamericana y de una  	imprenta norteamericana – nos presenta dos obras de Molina originalmente  	publicadas por separado. La primera se titula <i>Saggio sulla Storia  	Naturale del Chili</i>, del Signor Abate Giovanni Ignazio Molina, editado en  	Bolonia en 1782; la otra se titula <i>Saggio sulla Storia Naturale del Chili</i>,  	editada en Bolonia en 1787. La primera de ellas es bien conocida, aun en  	nuestro país, y es estimada altamente por todos los naturalistas europeos<sup>31</sup>.  	La segunda es una rareza en Inglaterra, aunque ha sido traducida al español  	y creemos que al francés. De la <i>Storia Naturale</i> tenemos ahora  	nosotros una traducción francesa.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En cuanto a la publicación  	norteamericana que hemos ahora recibido, el primer volumen contiene la  	traducción de la <i>Storia Naturale</i>, y el segundo la de la <i>Storia  	Civile</i> con el apéndice anunciado en el título [de este artículo]. No es  	nuestra intención abundar en el contenido de estas obras: la <i>Storia  	Naturale</i> es demasiado conocida para requerir tal cosa; y de la <i>Storia  	Civile</i> basta con decir que es un recuento sucinto e inteligente del  	estado en que se encontraban los nativos cuando fueron descubiertos por los  	españoles, de las transacciones belicosas o pacíficas que han tenido lugar  	entre ellos desde entonces, y del estado actual, carácter y diversidad de la  	población. Pocos habrá, pensamos, entre quienes se interesan por tales  	cuestiones, que no se hallen dispuestos a examinar por sí mismos esta  	satisfactoria e interesante obra.</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Acerca del autor puede ser  	preciso decir que se trataba de un nativo del país que ha descrito. Era uno  	de los jesuitas que fueron tan cruelmente expulsados de sus países cuando la  	corte de Madrid tomó la resolución de extinguir la orden en todos sus  	dominios; y también era uno de aquellos que en esa ocasión &#8213;como lo  	mencionamos en un artículo anterior&#8213; fueron a refugiarse en los dominios del  	Papa, en Italia. Clavijero, a quien conocemos por la famosa historia de su  	país natal, México; Molina, el historiador de Chile; y Viscardo, un nativo  	del Perú de cuya pluma hemos ofrecido recientemente un interesante opúsculo  	a la consideración de nuestros lectores, y a quien debemos varios  	manuscritos sobre el estado de su país &#8213;de los que tenemos razones para  	creer que eran altamente dignos de salir a la luz&#8213; son tres nativos de la  	América Española, y tres miembros de un grupo de eclesiásticos perseguidos  	[...]<sup>32</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El opúsculo de Viscardo al que  se hace referencia es la famosa Carta a los españoles americanos, escrita  originalmente en francés. Miranda la publicó primero en francés en 1799, luego  en traducción española que posiblemente hizo. El impreso en castellano fue  enviado muchas veces por Miranda a América y fue llevado por él en la expedición  libertadora de 1806. En su proclama en Coro exhorta a los habitantes de  Venezuela a leer la Carta. Puede considerarse casi seguro que Miranda también  tradujo o hizo traducir al inglés la Carta, versión que se incluyó en la segunda  edición ampliada del libro de W. Burke Additional Reasons for our inmediately  emancipating Spanisch America...<sup>33</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Miranda admiró a los grandes  jesuitas expulsados brutalmente por el absolutismo español y mantenidos  implacablemente hasta la muerte lejos de sus patrias. Tenía la <i>Historia de  México</i> de Clavijero y la estimaba mucho; quiso editar todas las obras de  Juan Pablo Viscardo, y, como anotamos ya, tradujo y publicó la <i>Carta a los  españoles americanos</i>. Vio en ellos las ilustres víctimas de un acto brutal  de la tiranía absolutista. Y también los vio como hombres que serían de gran  valor en la Hispanoamérica emancipada<sup>34</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Bernardo O’Higgins</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Aunque no larga en el tiempo,  la relación de Miranda con O’Higgins fue para éste decisiva. El conocimiento del  Precursor, de su ideal libertario hispanoamericanista y de su apasionada  actividad por hacerlo realidad, se tradujo en la apertura de un claro camino de  vida en el joven estudiante chileno en Londres. El Precursor tuvo un excelente  concepto del joven Bernardo Riquelme, de quien se hizo acompañar a visitas a  altos personajes del gobierno inglés<sup>35</sup>. Lo tuvo entre los  “comisarios”, que volverían a América a promover la revolución emancipadora. Al  salir de Inglaterra su joven amigo, Miranda le escribió un afectuoso “breviario”  de “Consejos de un viejo sudamericano a uno joven, sobre el proyecto de  abandonar la Inglaterra para volver a su propio país, que no se puede leer hoy  sin profunda admiración<sup>36</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El 1º de septiembre de 1828,  desde su exilio en Perú, en Montalbán, O’Higgins escribe al almirante Hardy: “A  Miranda debí la primera inspiración que me lanzó en la carrera de la revolución  para salvar a mi patria”. Mucho antes, mientras el Precursor luchaba en  Venezuela para que se proclamara la independencia y se dieran los pasos para  asegurarla, el futuro Libertador de Chile, en carta de 5 de enero de 1811, decía  a Juan Mackenna que había tenido el temor de verse apresado y enviado al Perú,  caso en el cual</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">cuán doloroso me habría  	sido el yacer impotente tras las rejas de los calabozos de Lima, sin haber  	podido hacer un solo esfuerzo por la libertad de mi patria, objeto esencial  	de mi pensamiento y que forma el primer anhelo de mi alma, desde que en el  	año de 1799 me lo inspiró el general Miranda. Como tengo la esperanza de  	abrazar a V. muy pronto, reservo para entonces el referirle cómo obtuve la  	amistad de Miranda y cómo me hice el resuelto recluta de la doctrina de  	aquel infatigable apóstol de la independencia de la América española.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En otro lugar, el Libertador de  Chile insiste en el puesto que tiene su mentor:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Él fue un hombre de  	extraordinario talento y, a mi humilde juicio, el llamado a tener el primer  	lugar en la independencia de América. Miranda fue el primero que se rebeló a  	la opresión que había en nuestro continente y el que me abrió los ojos en la  	contemplación del degradante estado de mi patria, que me hizo tomar la firme  	resolución de dedicar mi vida y mi fortuna a la gloriosa tarea de liberarla  	del duro yugo bajo el cual estuvo sometida por tantos siglos.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las palabras de O’Higgins no  pueden ser más elocuentes respecto del elevado concepto que tenía del Precursor.  Jorge Ibáñez ha valorizado ese juicio, considerando la época temprana &#8213;difícil y  turbulenta&#8213; en que fue formulado. Escribe al respecto:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La visión de O’Higgins  	sobre Miranda adquiere […] la categoría de un sorprendente juicio, medular y  	esencial, anticipando por décadas el marco histórico que valoraría con  	ponderación al incuestionable padre de la liberación americana<sup>37</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Eugenio Orrego Vicuña recuerda  que O’Higgins habría querido escribir una biografía del Miranda:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Nunca olvidó el discípulo a  	su maestro y en los días de ostracismo, cuando sus fatigados ojos por la  	obra hecha buceaban en las sombras del recuerdo, que alguna vez debió  	parecerle estéril, la imagen del Precursor volvería muchas veces a la retina  	de su espíritu. Y hasta intentó escribir su vida, según afirma el doctor  	Albano, pero diversas circunstancias le malograron el propósito. No  	importaba. ¿Por ventura no la llevaba escrita en su propio corazón?<sup>38</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Bernardo O’Higgins dejó entre  sus escritos uno inconcluso con el título de <i>Memorias útiles para la Historia  de la Revolución Sud Americana</i>. El documento, redactado en tercera persona,  comienza dando noticias importantes sobre la relación que el joven chileno,  futuro libertador de su patria, estableciera con el Precursor en Londres,  relación que marcó su trayectoria vital en forma decisiva.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Eran muy pocos los jóvenes de  América que en aquella época se educaban en Inglaterra. El general Miranda se  contrae exclusivamente a buscarlos para instruirlos y probarlos en el gusto del  dulce fruto del árbol de la libertad. Elige entre ellos a su más predilecto  discípulo, a O’Higgins, que para su educación había sido mandado por su padre a  una Academia de Inglaterra desde los 14 años de su edad […]. No perdió tiempo  Miranda en iniciar a su discípulo en los secretos de los gabinetes de Europa y  de Washington con respecto a los asuntos de América<sup>39</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><font size="2">La opinión de los grandes  historiadores chilenos sobre el Precursor, podemos decir que ella ha sido por lo  general ajustada a la realidad y han coincidido con el juicio de O’Higgins. Una  desafortunada excepción la constituye Encina, quien en su magna obra <i>Bolívar  y la Independencia de la América Española</i>, repite, sin documentación alguna,  opiniones negativas hace tiempo superadas y muestra un insistente y desagradable  empeño por disminuir cualquier mérito del Precursor</font><sup><font size="2">40</font></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En las expresiones de Vicuña  Mackenna, Barros Arana, Orrego Vicuña, Jaime Eyzaguirre, se refleja sincera  admiración por la noble y heroica misión que cumplió el Precursor. Vimos como el  primero propone que se llame al continente el <i>Mundo de Miranda</i>, como  antes se lo llamó el <i>Mundo de Colón</i>. Orrego Vicuña, por su parte, a  propósito del <i>Pacto de Paris</i>, de 1797, dice que la fecha de su firma, el  22 de diciembre, debía ser declarada el día de América Latina<sup>41</sup>. Este  autor valoriza la expedición libertadora del «Leander». Ella no pudo conseguir  su objetivo, pero tuvo una gran significación moral e histórica. Expresa el  historiador:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana"><font size="2">Pero los tiempos no  	estaban tan maduros como anhelos le hicieron consentir, y los recursos eran  	muy insuficientes. Derrotado, se reembarcó, tornando al centro de su acción  	sin abatirse ¿No es admirable esa firmeza de alma, ese acerado espíritu de  	lucha, con los atributos de símbolo y modelo sin par?</font><sup><font size="2">42</font></sup></font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Todos los historiadores citados  concuerdan en aquello que resume Orrego Vicuña cuando escribe. «Fue decisivo en  la vida del Libertador chileno su encuentro con el General Miranda»<sup>43</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Antes de referirnos brevemente  a los “Consejos querríamos hacer una observación acerca de la referencia a las  lecturas del joven O’Higgins en Londres que hace Barros Arana. Dice el  historiador: «Como recuerdo de su patria, O’Higgins leía y releía los dos únicos  libros referentes a ella que estaba a su alcance, <i>La Araucana</i>, de  Ercilla, y la <i>Historia de Chile</i>, del Abate Molina»<sup>44</sup>. Podemos  suponer que el muchacho halló esos libros en la biblioteca mirandina. Allí  habían dos ediciones de <i>La Araucana</i>, la de 1586, entonces muy escasa, y  la «reciente» de 1776; allí estaban el <i>Compendio della storia geografica,  naturale e civile del regno de Chili</i>, 1776, y el <i>Saggio sulla storia  naturale del Chili</i>, 1782, obras que el Precursor había leído y que, como  hemos visto, hasta había citado en documentos suyos<sup>45</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Gonzalo Bulnes dedica bellos  capítulos a Miranda y a Nariño en la sección sobre los precursores de su obra  1810 <i>Nacimientos de las repúblicas americanas</i>. A pesar de que no alcanzó  a conocer el <i>Archivo</i>, antes de escribir su libro, sus juicios sobre  Miranda son justicieros. Reconoce que «su gran personalidad está lejos de ser  bien conocida todavía, y los rasgos de mayor interés de su vida para la historia  de este continente, permanecen en la oscuridad”. Lo primero desafortunadamente  sigue siendo cierto en buena medida.; lo segundo ha sido superado con la  abundancia documental abrumadora proporcionada por <i>Colombeia</i>, que se  empezó a publicar en 1929, el año en que se editó la obra de Bulnes. El  historiador habla sobre la unidad hispanoamericana propiciada tempranamente por  el Precursor.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La nueva nación que Miranda  	concebía era toda la América hispana, desde California hasta el estrecho de  	Magallanes, formando un solo estado. Los abrazaba a todos con el nombre de  	Colombia, en su inmenso amor por la libertad.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El “Pacto de París” lo  considera como una fantasía llevada al delirio, pero no creemos que lo hace  dando a este término su peor sentido, pues dice de aquel documento, pliego  extraño:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Pliego extraño que es la  	ilusión, inconmensurable de un gran patriota, de un gran proscrito, de un  	aventurero de la libertad que vivía soñando, de un hombre que no pisaba la  	realidad cuando pensaba en estas patrias libres de Sud América ocupando un  	lugar soberano a la luz del sol en el concierto del mundo.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es lo que ha sucedido con los  más nobles sueños concebidos para elevar la condición de la humanidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Y hermosas son las palabras que  dedica Bulnes al sentido de la vida de Miranda y a su trágico final:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana"><font size="2">Lo que domina en la  	vida de Miranda es la perseverancia, la fe blindada contra todas las  	decepciones, qué también es la nota saliente en la carrera de Bolívar. Fue  	un gran visionario. Su pensamiento vagaba en las alas de la fantasía,  	contemplando entusiasmado los espacios infinitos de una América ennoblecida  	por la libertad. A este anhelo lo sacrificó todo, y esto que resulta en la  	primera parte de su carrera, culmina en el resto de ella y en su fin, cuando  	cae en La Guayra en 1812, rendido por el destino adverso, y muere tres años  	[cuatro] después atado a una cadena en una hórrida prisión española</font><sup><font size="2">46</font></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">1</font></sup><font size="2">  Ch. Ghymers: “Francisco de Miranda y O’Higgins en la emancipación  hispanoamericana: ¿Por qué hablar de próceres”. En Ch. Ghymers: <i>Seminario  Internacional Francisco de Miranda</i>, Instituto O’Higginiano de Chile –  Asociación Internacional Andrés Bello, Santiago 2002, p. 13.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">2</font></sup><font size="2">  Miguel Luis Amunátegui, <i>Vida de don Andrés Bello</i>, 2ª edición,  Publicaciones de la Embajada de Venezuela, Santiago 1962, p. 93.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">3</font></sup><font size="2">  La primera y clásica biografía de Bello es la de Miguel Luis Amunátegui, 1882,  reeditada en Santiago por la Embajada de Venezuela, en 1962. Valiosas visiones  de conjunto contienen también el libro juvenil y ya clásico de Rafael Caldera, <i>Andrés Bello</i>, 7 ª ed., Caracas, 1969. Las últimas biografías son todas  meritorias, en una natural variedad de enfoques: <i>Andrés Bello: historia de  una vida y de una obra</i>, de Fernando Murillo Rubiera, La Casa de Bello,  Caracas 1986 (Hay también una versión en síntesis, sin notas, de la obra de  Murillo: <i>Andrés Bello</i>, Historia 16, Madrid 1987). Luis Bocaz: <i>Andrés  Bello Una biografía cultural</i>, Edición del Convenio Andrés Bello, Bogotá  2000. Iván Jaksic: <i>Andrés Bello: La pasión por el orden</i>, Editorial  Universitaria, Santiago 2001. Preciosos son los <i>Estudios sobre Bello</i> de  Pedro Grases, reunidos en el volumen II de sus <i>Obras Completas</i> y los de  Carlos Pi Sunyer, incluidos en el tomo II <i>Patriotas Americanos en Londres</i>,  Caracas, 1978. Una amplia bibliografía puede hallarse en la recién citada obra  de Fernando Murillo Rubiera, pp. 437-467. El segundo volumen de la <i> Bibliografía de Andrés Bello</i>, preparada por Horacio Jorge Becco, editado por  La Casa de Bello, en su serie Anexos a las <i>Obras Completas</i> de Andrés  Bello, apareció en 1987. Una rápida mirada a las ediciones virgilianas de  Miranda nos muestra que su biblioteca poseía diez ediciones latinas, tres  ediciones bilingües completas y una de la <i>Eneida</i>; siete traducciones a  cinco idiomas, entre ellas la de Hernández de Velasco al castellano, de 1557; La  de Delille al francés, de las <i>Geórgicas</i>, de 1784, y de la <i>Eneida</i>,  en edición de 1804. Las ediciones completas eran todas valiosas. Entre ellas  figuraba la reproducción del Códice Mediceo-Laurentiano, Florencia, 1741.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">4</font></sup><font size="2">  Rafael Caldera, “El Andrés Bello que viajó a Londres en 1810”, en el vol. <i> Bello y Caracas.</i> <i>Primer Congreso del Bicentenario</i>, Caracas, 1979, p.  13.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">5</font></sup><font size="2">  Pedro Grases, <i>Obras Completas</i>, vol. II, Editorial Seix Barral, Barcelona,  1981, p. 87.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">6</font></sup><font size="2">  Documento incluido por Oscar Sambrano Urdaneta en su <i>Antología General de  Andrés Bello</i>, vol. II, pp. 1586-1589. Salcedo-Bastardo pone de relieve la  importancia de este escrito en <i>Crisol del Americanismo La casa de Miranda en  Londres</i>, 2ª edición, Cuadernos LAGOVEN, Caracas, 1982, pp. 81-82. El  documento lo citamos de la edición de Grases: <i>El regreso de Miranda Caracas  en 1810</i>, Caracas, 1957.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">7</font></sup><font size="2">  P. Grases, <i>ob. cit</i>., p. 7.</font></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">8</font></sup><font size="2"> <i>Ibíd</i>., p. 10.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">9</font></sup><font size="2"> <i>Ibíd</i>., pp. 12-13.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">10</font></sup><font size="2">  Andrés Bello, <i>Obras Completas</i>, vol. XXV (vol. I del <i>Epistolario de  Bello</i>), La Casa de Bello, 2ª edición, Caracas, 1984, p. 20.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">11</font></sup><font size="2">  M. L. Amunátegui, <i>ob. cit</i>., p. 94.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">12</font></sup><font size="2">  M. Blanco-Fombona de Hood, «El Londres de Andrés Bello”, en el vol. <i>Bello y  Londres I</i>, La Casa de Bello, Caracas, 1980, p.184.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">13</font></sup><font size="2">  No hay duda de que Miranda, con su amplia visión del mundo y de la historia, aun  en las condiciones de la injusta prisión final, visualizó el triunfo definitivo  de la causa de la independencia de América. En este sentido, tuvo conciencia de  la justificación de la lucha de su vida, aunque no pudiera ver la consolidación  de la victoria. A este respecto, dice Alfonso Rumazo: “En Miranda no hubo un  perdedor sino un constante ganador: logró en pleno, con otros muchos y con el  pueblo, que la América se levantase en revolución. Y lo consiguió como los  titanes, con su personal sacrificio”. <i>Miranda Protolíder de la Independencia  Americana (Biografía)</i>, Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, Los Teques,  1985, p. 12.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">14</font></sup><font size="2">  P. Grases, <i>Obras Completas</i>, vol. II, p. 87. El subrayado es nuestro.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">15</font></sup><font size="2">  F. Murillo Rubiera, <i>Andrés Bello: Historia de una vida y de una obra</i>, La  Casa de Bello, Caracas, 1986, pp. 137-138.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">16</font></sup><font size="2">  Alamiro de Avila y Martel, <i>Andrés Bello y los libros</i>, Fondo Andrés Bello,  Santiago, 1981, pp.10 y 37-8.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">17</font></sup><font size="2">  L. Bocaz, <i>Andrés Bello Una biografía cultural</i>, Prólogo de Rafael Caldera,  Ediciones del Convenio Andrés Bello, Bogotá 2000, p. 90.</font></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">18</font></sup><font size="2">  En el vol. VII, <i>Estudios Filológicos II</i>, de la edición caraqueña de las <i>Obras Completas</i> de Bello, figuran los estudios de éste sobre el <i>Poema  del Cid</i> y su reconstrucción, amén de otras monografías sobre la literatura y  la lengua medieval. Sirve de introducción el luminoso estudio de P. Grases  “Andrés Bello, el <i>Poema del Cid</i> y la literatura medieval”. El mismo  Grases ha comparado los aciertos de Bello en su estudio de la épica española y  los del sabio catalán Milá y Fontanals, en <i>Andrés Bello y Manuel Milá y  Fontanals</i>, La Casa de Bello, Caracas, 1986.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">19</font></sup><font size="2">  La bibliografía de Molina es, a pesar de todo, bastante extensa. Aquí hacemos  referencia de algunas obras fundamentales: H. Briones.: <i>El Abate Juan Ignacio  Molina Ensayo críticointroductorio a su vida y obra</i>, Editorial Andrés Bello,  Santiago 1968; W. Hanisch y Ch. Ronan.: <i>Epistolario de Juan Ignacio Molina</i>,  Editorial Universitaria, Santiago 1979; W. Hanisch.: <i>Juan Ignacio Molina  Sabio de su tiempo</i>, Ediciones “Nihil Mihi”, Santiago 1976; W. Hanisch.: <i> Juan Ignacio Molina y sus obras</i>, Editorial Universidad de Talca, Talca 1999;  J. Jiménez J.: <i>El Abate Molina Humanista clásico y sabio cristiano</i>,  Universidad Católica de Chile, Santiago 1974; P. Oyadener: <i>Saber y saborear  Cuatro “Memorias del Abate Molina</i>, Editorial Universidad de Concepción,  Concepción 2003. J. R. Stuardo: “Trascendencia del primer <i>Saggio sulla storia  naturale del Chili</i>, su traducción, el <i>Compendio Anónimo</i> y el  Bicentenario, Atenea Nº 495-2007 (Concepción). Las traducciones al español de la  obra del Abate disponibles son: J. I. Molina: <i>Compendio de Historia  Geográfica, Natural y Civil del Reyno de Chile</i>, escrito en italiano por el  Abate Don Juan Ignacio Molina / Primera Parte que abraza la <i>Historia  Geográfica y Natural</i> Traducida en español por Don Domingo Joseph de  Arquellada Mendoza […] / En Madrid por Don Antonio de Sancha / Año M.DCC.  LXXXVIII.p. VIII-IX. En realidad, Arquellada tradujo el <i>Ensayo sobre la  historia natural de Chile</i>, de 1782, y colocó equivocadamente el título del <i>Compendio</i> de 1776. (Reproducción digital: <a href="http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs–MC0005915"> www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs–MC0005915</a>); J. I. Molina.: <i>Ensayo  sobre la Historia Natural de Chile</i> Bolonia 1810, Traducción, prólogo y notas  de Rodolfo Jaramillo, Ediciones Maule, Santiago 1986. (Reproducción digital: <a href="http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs–MC000268"> www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs–MC000268</a>); J. I. Molina: <i>Historia  Natural y Civil de Chile</i>, Selección, prólogo y notas de Walter Hanisch,  Editorial Universitaria, Santiago 1978,</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">20</font></sup><font size="2">  W. Hanisch: J. I. <i>Molina sabio de su tiempo</i>, p. 73-74.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">21</font></sup><font size="2">  Nota del P. Hanisch:<i> Autobiografía de Molina</i> escrita por Claudio Ferrari.  (Archivo Histórico    <br> Nacional, Santiago).</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">22</font></sup><font size="2"> <i>Ibídem</i>, p. 75.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">23</font></sup><font size="2">  J. I. Molina: <i>Historia Natural de Chile</i>, p. II.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">24</font></sup><font size="2"> <i>Autobiografía de Molina</i>, redactada por Ferrari, citada por W. Hanisch: <i> Juan Ignacio Molina Sabio de su tiempo</i>, p. 74.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">25</font></sup><font size="2">  Carta de 7 de abril de 1791, gentilmente comunicada por el profesor Nicolas de  Ribas de la Universidad de Artois.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">26</font></sup><font size="2">  Carta a Ignacio de Opazo, de 11 de diciembre de 1815, en W. Hanisch y Ch. E.  Ronan: E<i>pistolario de Juan Ignacio Molina</i>, pp. 218-219.</font></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">27</font></sup><font size="2">  F. de Miranda: <i>América espera</i>, p. 107.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">28</font></sup><font size="2">  R. Jaramillo: <i>La más importante obra poética juvenil del Abate Juan Ignacio  Molina Elegías latinas de la viruela</i>, 1761. Ediciones “Nihil mihi”, Santiago  1976, p. 24.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">29</font></sup><font size="2">  El texto de la carta, escrita en inglés y con los versos de Virgilio citados en  latín, se conserva en el <i>Archivo</i>. Biggs la incluyó en su libro, p. 214,  lo que confirma que el Precursor quiso aprovechar su propia carta como una  especie de constancia, “autoconstancia” de la opinión favorable para la  independencia de Hispanoamérica del Presidente de Estados Unidos. J. Biggs: <i> Historia del intento de don Francisco de Miranda para efectuar una revolución en  Sur América</i>. Traducción y prologo J. Nucete-Sardi, Publicaciones de la  Academia Nacional de la Historia, Caracas, 19959.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">30</font></sup><font size="2">  Más de una vez, Miranda escribió, en conjunto con su amigo el filósofo James  Mills, artículos para esta revista, en sus esfuerzos por difundir la causa de la  independencia americana en la opinión pública británica.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">31</font></sup><font size="2">  En nota con asterisco, se lee: “Hasta el señor Pinkerton, quien no es muy fácil  de complacer, opina que “Molina honra a la raza criolla, ya que ningún autor  escribió nunca un recuento más claro, científico e inteligente de algún país o  de alguna época o clima. <i>Modern Geography</i>, V. III, p. 701. Y en la p.  665: “Las obras de Molina concernientes a este interesante país, pueden ser  consideradas como excelentes modelos de corografía, y a duras penas existe de  alguna región distante una descripción tan exacta y completa”. <i>América espera</i>,  p. 39.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">32</font></sup><font size="2">  El artículo se reproduce íntegro, traducido al castellano, en <i>América espera</i>,  pp. 398-417.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">33</font></sup><font size="2">  Allan R. Brewer-Carías, en “Las causas de la independencia de Venezuela  explicadas en Inglaterra...”, p. 20, cita la opinión de Georges Bastin de que  Miranda tuvo clara intervención en la publicación del mencionado libro de Burke,  en cuya segunda edición se incorpora la traducción inglesa de la <i>Carta</i> de  Viscardo y cinco documentos bajo el título de “Cartas y Proclamas del general  Miranda”.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">34</font></sup><font size="2">  En carta a William Pitt, de 28 de enero de 1791, escribe que jesuitas “hoy  desterrados, radicados ahora en Italia, pueden ser de gran utilidad para dirigir  los nuevos establecimientos y las relaciones comerciales que se inicien entre  los naturales y los ingleses en las costas de América del Sur, relaciones que se  extenderán luego a las grandes ciudades del continente por medio de su  influencia y de sus amigos”. América espera, p. 109. Posteriormente, el 20 de  marzo de 1798, anexa a otra presentación a Pitt el documento “Vista política de  la América Española” de Clavijero, ilustre jesuita mexicano desterrado, autor de  la famosa <i>Historia de México Antiguo</i>. Al final de la exposición , Miranda  escribe esta nota: “El papel de que éste es copia tiene una nota que dice –  Papel original de Don Francisco Xavier Clavijero, ex jesuita mexicano y autor de  la célebre <i>Historia Antigua de México</i>, publicada por él mismo en lengua  italiana”. Ibídem, pp. 212-219.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">35</font></sup><font size="2">  R. Arancibia Clavel: <i>Tras las huellas de Bernardo Riquelme en Londres</i>,  Instituto Geográfico Militar, Santiago, 1996. El autor documenta a varias  personalidades importantes, como el Ministro de Relaciones Exteriores de  Inglaterra, el Duque de Portland, el Encargado de Negocios de Estados Unidos,  Ruphus King y otras: pp. 60-62.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">36</font></sup><font size="2"> <i>Archivo del General Miranda</i>, vol. XV, p. 23. Este documento ha sido  reproducido en numerosas ocasiones. Últimamente lo hemos incluido en el libro <i> Bicentenario de Hispanoamérica Miranda escritor</i>, Coedición Asociación  Internacional Andrés Bello, Bruselas - Centro de Estudios Griegos Universidad de  Chile, Santiago, 2011.</font></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">37</font></sup><font size="2">  M. Castillo Didier, “O’Higgins y Miranda”, <i>Revista Libertador O’Higgins,  Edición Conmemorativa del Bicentenario</i>, 2010, p. 122.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">38</font></sup><font size="2">  E. Orrego Vicuña, <i>op. cit</i>., p. 66.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">39</font></sup><font size="2"> <i>Archivo de don Bernardo O’Higgins</i>, Editorial Nascimento, Santiago 1946,  p. 29.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">40</font></sup><font size="2">  Francisco Encina, <i>Bolívar y la Independencia de la América Española</i>,  Nacimiento, Santiago, 1955-1965, 8 vols. Las páginas referentes a Miranda en los  dos primeros tomos.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">41</font></sup><font size="2">  E. Orrego Vicuña, <i>ob. cit</i>., 61.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">42</font></sup><font size="2"> <i>Ibid</i>., 58.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">43</font></sup><font size="2"> <i>Ibid</i>., 58.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">44</font></sup><font size="2">  D. Barros Arana, <i>op. cit</i>., XII, 543.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">45</font></sup><font size="2">  En el volumen <i>Los Libros de Miranda</i>, las ediciones de <i>La Araucana</i>  figuran como los ítems 327 y 328 del catálogo de la primera subasta de la  biblioteca mirandina, pág. (15). La <i>Storia Naturale del Chili</i>, edición de  1782, es el ítem 619 de ese catálogo, pág. (28). En el catálogo de la segunda  subasta figura como ítem 292. No aparece en esos catálogos la edición del <i> Compendio</i>…, de 1776, que probablemente fue la que regaló Miranda a Jeff  erson.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">46</font></sup><font size="2">  G. Bulnes, 1810 <i>Nacimiento de las repúblicas americanas</i>, pp. 78, 88, 102.  El historiador en su texto había expresado: «Día llegará, ¡esperémosle así!, que  se encuentre en la bodega de algún viejo castillo británico, su documentación  que tenía cuidadosamente ordenada”, p. 102. En una nota, dice luego que, estando  en prensas su libro, vio el <i>Boletín de la Unión Pan Americana</i>, de abril  de 1927, un artículo titulado «Venezuela adquiere el preciado archivo Miranda»  (sic).</font></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>

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