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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Andrés Bello: una vida de servicio y heroísmo silencioso. Semblanza para educadores]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present essay offers insight into the life of Andres Bello by taking a close look into his life as an educator throughout the three most prominent stages of his life: when he lived in Caracas, London and Santiago de Chile. The essay covers his family and academic instruction in Caracas, along with his years in London where he studied various topics of interest and became acquainted with intellectually and politically prestigious personalities, and finally, his fruitful life in Santiago, where he built the institutional basis for a new politically-independent society that was culturally different from the previous one under the Spanish regimen. All throughout these three stages, his spirit of service and silent heroism are remarkably clear. Bello had a profound interior life, which he nourished through constant study and allowed him to develop the best possible solutions to the problems of his time.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana">     <p ALIGN="center"><b>Andrés Bello: una vida de servicio y heroísmo silencioso.  Semblanza para educadores</b></p>     <p ALIGN="center"><b>Andres Bello: A Life of Service and Silent Heroism. Model for Educators</b></p> </font>  <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center">Alfredo Gorrochotegui M.</p>     <p ALIGN="justify">Licenciado en Educación por la Universidad Católica Andrés  Bello, Venezuela, y Doctor en Educación por la Universidad de Navarra, España.  Director del Magister en Gestión Educacional de Calidad, Escuela de  Administración de Servicios, Universidad de los Andes, Chile. E-mail: <a href="mailto:agorrochotegui@uandes.cl">agorrochotegui@uandes.cl</a>.</p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Resumen</font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">: En este ensayo, se ofrece una mirada complementaria de la vida de Andrés Bello,  reconociendo lo que hizo como educador a lo largo de sus tres marcadas etapas de  vida: en Caracas, Londres y Santiago de Chile. En cada etapa se describen sus  actividades principales, distinguiendo entre su formación familiar y académica  en Caracas; posteriormente, sus años en Londres, donde profundizó en diversos  temas de interés y se relacionó con personas de gran peso intelectual y  político; y, por último, su fructífera vida en Santiago, donde ayudó  determinantemente a colocar las bases institucionales para una nueva sociedad  independiente política y culturalmente del anterior régimen español. En las tres  etapas se destaca su clara y desinteresada vocación de servicio y su marcado  silencio heroico. Se concluye que Bello tuvo una profunda vida interior, que  desarrolló gracias a su constante estudiosidad, la cual le permitió pensar en  las mejores soluciones posibles a los problemas de su tiempo.</p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Palabras clave</font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">: Bello, vida y obra, educación, educadores.</p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Abstract</font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">: The present essay offers insight into the life of Andres Bello by taking a close  look into his life as an educator throughout the three most prominent stages of  his life: when he lived in Caracas, London and Santiago de Chile. The essay  covers his family and academic instruction in Caracas, along with his years in  London where he studied various topics of interest and became acquainted with  intellectually and politically prestigious personalities, and finally, his  fruitful life in Santiago, where he built the institutional basis for a new  politically-independent society that was culturally different from the previous  one under the Spanish regimen. All throughout these three stages, his spirit of  service and silent heroism are remarkably clear. Bello had a profound interior  life, which he nourished through constant study and allowed him to develop the  best possible solutions to the problems of his time.</p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Key words</font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">: Bello, biography, education, educators.</font></p><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Recibido: 15/11/2013.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Aprobado: 14/01/2014.</p> </font><b><font FACE="Verdana" size="2">     <p ALIGN="justify">Introducción</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Con el presente ensayo, pretendo ofrecer una mirada  complementaria, que ayude a ver a Andrés Bello como un mentor, que educó con la  vida y los sucesos que esta le fue brindando: el modo como afrontó ciertos  acontecimientos y aprovechó las oportunidades para reflexionar y producir las  obras que dejó a la posteridad.</p>     <p ALIGN="justify">Para lograr este reconocimiento, distinguiremos las tres  claras etapas que marcaron la vida de Bello: su nacimiento y formación inicial  en su Caracas natal; su traslado a Londres como espacio para la reflexión, el  encuentro con grandes personalidades, el estudio y fundación de su propia  familia; y, finalmente, su arribo a Chile, donde mejor arraigó y difundió todo  su potencial en tierra fértil y agradecida. Estas etapas ofrecen puntos de  aclaración para entender a Bello, para dilucidar su carácter, su amor por las  letras y el estudio serio y profundo, y sus aportes a la construcción del orden  nacional a través de la educación. En efecto, como ha expresado Jaksic (2006:  8):</p> </font>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Bello defendió una visión  	del orden que descansaba sobre tres esferas relacionadas: el orden del  	pensamiento por vía del idioma, la literatura y la filosofía; el orden  	nacional por vía del derecho civil, la educación y la historia; y el orden  	internacional mediante la consolidación de las repúblicas y su participación  	en la comunidad de las naciones a través de la diplomacia y el derecho  	internacional.</font></p> </blockquote> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">En cuanto a la tercera etapa, su producción y florecimiento  en Chile, la subdivido a su vez en otros tres apartados; a saber: algunos  aportes concretos de Bello a la enseñanza, desde su discurso de instalación de  la Universidad de Chile en 1843 y algunos otros documentos que ofrecen miradas  originales y perspicaces sobre asuntos educativos y hasta historiográficos;  luego, un intento de argumentar por qué la vida de Bello fue de servicio y  heroísmo silenciosos; y, finalmente, su última etapa, destacando su estatus de  auténtico sabio.</p>     <p ALIGN="justify">Unas conclusiones breves cierran el presente ensayo, que no pretende sino ofrecer unas pinceladas que sirvan a los educadores para mostrar al Bello docente, al Bello en cuya vida propia encarnó los valores del maestro ideal: servicial, modesto, estudioso y hasta heroico</font><sup><font FACE="Verdana" SIZE="2">1</font></sup><font FACE="Verdana" SIZE="2">.</font></p><b> <font FACE="Verdana" size="2">     <p ALIGN="justify">1. Riego y servicio: Andrés Bello en Caracas</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Es la madrugada del 3 de enero de 1800 en Caracas, y se  reúnen, al pie del cerro, el sabio alemán naturalista y explorador, Alejandro De  Humboldt con su compañero, el científico francés Aimé Bonpland, acompañados de  los esclavos negros que harían de guías y de portadores de instrumentos, y  algunos otros jóvenes interesados en los conocimientos del sabio y en la  naturaleza. Entre ellos, está Andrés Bello. Tendría unos diecinueve años. Todos  querían alcanzar la “Silla del Ávila”, cuya cima, a dos mil ciento ochenta  metros, domina majestuosamente todos los valles en los que la ciudad era todavía  una pequeña mancha blanca. Como los demás, Andrés Bello también abandonó en la  escalada, y a lo más elevado llegaron prácticamente solos los dos naturalistas  más algunos esclavos negros (Murillo, 1987).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">El contacto de Andrés Bello con el sabio alemán fue de gran  influencia sobre el caraqueño. Conocer de cerca y retener las enseñanzas de un  ilustre naturalista, se transformó para Bello en ocasión de aprender y  familiarizarse con los últimos conocimientos en ciencias, para poder captar la  talla, la sabiduría, el talante y el liderazgo de un científico del viejo  continente. Además, en la vida de Bello, era importante el contacto con la  naturaleza y el ejercicio al aire libre, aspecto no poco relevante en la  educación de aquel tiempo.</p>     <p align="justify">Seis meses después de este episodio, terminaba Bello el  trienio de filosofía, y el 14 de junio del mismo año recibía el grado de  Bachiller en artes en la capilla universitaria, lo que formalmente le daba  acceso a los estudios propiamente universitarios en los que tan singularmente  habría de destacar (Murillo, 1987).</p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art03fig1.gif" width="296" height="417"></p>     
<p ALIGN="justify">Los veintinueve años que pasaría Bello en Caracas, pueden ser llamados “de riego”, porque fueron de estudio pausado y metódico. Años en los que influyeron grandes maestros, que una ciudad como esta podía darse el lujo de tener. Tal vez por su situación geográfica, recibiría el influjo de Europa y de los Estados Unidos, de un modo mucho más directo que en otras urbes y capitales de la época. De hecho, Humboldt escribiría: “noté en varias familias de Caracas gusto por la instrucción, conocimiento de las obras maestras de la literatura francesa e italiana, una decidida predilección por la música, que se cultiva con éxito y sirve –como siempre hace el cultivo de las bellas artes– para aproximar las diferentes clases de la sociedad” (Humboldt, 1991: 334). En este ambiente crece Bello. En este ambiente hace amistad con Bolívar. En este ambiente, y ya con la sensibilidad propia del futuro humanista, del observador detallado de la naturaleza, da a luz sus primeros versos. Es conocida su </font> <i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Oda al Anauco </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">(Bello, 2010: 19), pequeño río de Caracas que desemboca en el río Guaire y recordado por sus bellos paisajes en el siglo XVIII y XIX. Hoy está embaulado y fluye debajo de la ciudad. Un fragmento de la </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Oda </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">dice así:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Irrite la codicia</p> 	    <p ALIGN="justify">por rumbos ignorados</p> 	    <p ALIGN="justify">a la sonante Tetis</p> 	    <p ALIGN="justify">y bramadores austros;</p> 	    <p ALIGN="justify">el pino que habitaba</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">del Betis fortunado</p> 	    <p ALIGN="justify">las márgenes amenas</p> 	    <p ALIGN="justify">vestidas de amaranto,</p> 	    <p ALIGN="justify">impunemente admire</p> 	    <p ALIGN="justify">los deliciosos campos</p> 	    <p ALIGN="justify">del Ganges caudaloso,</p> 	    <p ALIGN="justify">de aromas coronado.</p> 	    <p ALIGN="justify">Tú, verde y apacible</p> 	    <p ALIGN="justify">ribera del Anauco,</p> 	    <p ALIGN="justify">para mí más alegre</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">que los bosques idalios…</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Andrés de Jesús María y José Bello López nace en Caracas el  29 de noviembre de 1781, dos años antes que Simón Bolívar. Su padre fue Don  Bartolomé Bello, quien era abogado y músico. La madre, Ana López, hermana de un  fraile mercedario. El abuelo de ella, Juan Pedro López, fue acaso el más  importante de los pintores venezolanos de la Colonia. La familia, de casta  canaria, con las características de la pequeña burguesía (poco dinero, buena  cultura, intensa vocación espiritual) vio con placer y gozo las muestras de  clara y despierta inteligencia y depurada afición al estudio que diera Andrés  desde sus tiernos años. La madre, comentan, le ayudó al desarrollo de la  tendencia natural de su carácter: bondad, sin debilidad; modestia, sin  hipocresía; timidez en el trato social, pero fortaleza y constancia en sus  labores y trabajos; sensibilidad, una tierna sensibilidad sin afeminación, que  refinaría después de los duros e intensos sufrimientos que habría de padecer  (Caldera, 1981a).</p>     <p ALIGN="justify">Bello tuvo siete hermanos. Una de ellas fue monja carmelita.  Frente a la casa natal estaba el convento e iglesia de los Mercedarios. De todo  esto y su tío fraile, recibió, por tanto, una honda formación religiosa,  católica, inconmovible en medio de las corrientes que rodearon su vida y firme  brújula en las investigaciones que supo realizar en su tiempo (Caldera, 1981a).</p>     <p ALIGN="justify">De un fraile mercedario, Cristóbal de Quesada, obtuvo sus  primeras inclinaciones y conocimientos humanísticos. Luego, en la Universidad,  fue discípulo de Don José Antonio Montenegro y de Don Rafael Escalona. Allí  alcanzó el grado de Bachiller en Artes, obteniendo el primer lugar. También hizo  estudios de Derecho y Medicina, los cuales no terminó. Dominó a la perfección el  francés y posteriormente aprendió inglés con una gramática y un diccionario,  valiéndose de libros y periódicos de la época. Evidentemente, por sus estudios  humanísticos, tuvo que dominar el latín. Dio clases particulares y tuvo por  discípulo particular al mismo Simón Bolívar. Luego de un concurso, se le dio el  puesto de Oficial Segundo de la Secretaría del Capitán General, lo cual  transformó al universitario en empleado de la Corona. Comenzaría aquí su  servicio público para las administraciones nacionales de su tiempo.</p>     <p ALIGN="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art03fig2.gif" width="275" height="355"></p>     
<p ALIGN="justify">1810 es el año de la separación definitiva de Bello de su ciudad natal y de su familia, a la que jamás volvería a ver.</p>     <p ALIGN="justify">El 10 de junio de ese mismo año, a sus veintinueve, partió en el bergantín</font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Wellington</font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">, como secretario de una misión diplomática en la que le acompaña Simón Bolívar y Luis López Méndez. Sus conocimientos administrativos y de idiomas, como su alta capacidad para redactar, le exigieron servir a su patria desde tempranas horas. Nunca se negó a prestar tales servicios. Su vida toda fue “servir” a las nuevas naciones americanas.</p> </font><b><font FACE="Verdana" size="2">     <p ALIGN="justify">2. Crecimiento interior y servicio: Andrés Bello en Londres</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Esta época va de 1810 a 1829. En Inglaterra, Bello no se hizo  un sabio inglés en los diecinueve años que allí pasó, sino un sabio americano.  Aprovecharía la biblioteca de Francisco de Miranda (de más de cinco mil  volúmenes) y en cuya casa viviría por dos años; y la biblioteca del Museo  Británico, además de otros museos, bibliotecas y lugares de estudio. Fue en esos  sitios “que Bello elaboró una agenda de investigación que sorprende hasta hoy  por su rica variedad e increíble profundidad” (Jaksic, 2010: 4).</p>     <p ALIGN="justify">A pesar de los sufrimientos por la inestabilidad económica y  mientras las nuevas repúblicas van naciendo y organizándose, Londres representa  el sitio donde, Bello encuentra el diálogo con importantes personalidades  intelectuales del momento, presentadas por Miranda. Tal diálogo y el cúmulo de  relaciones que estableció allí, permitieron que muchos lo conocieran y se  impactaran con el modo de ser de Bello. Dice Irisarri en carta a O´Higgins: “de  todos los americanos que en diferentes comisiones esos estados han enviado a  esta corte, es este individuo el más serio y comprensivo de sus deberes, a lo  que une la belleza de su carácter y la noble ilustración que le adorna”  (Caldera, 1981a: 38).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Con igual tino, argumentaba Mariano Egaña en una comunicación a O’Higgins para dar a conocer a Bello como el adecuado para un cargo en Chile:</p></font>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Básteme decir que no se  	presentaría fácilmente una persona tan a propósito para llenar aquella  	plaza. Educación escogida y clásica, profundos conocimientos en literatura,  	posesión completa de las lenguas principales, antiguas y modernas, práctica  	en la diplomacia y un buen carácter, a que da bastante realce la modestia,  	le constituyen, no sólo muy capaz de desempeñarse satisfactoriamente el  	cargo de oficial mayor &#8213;del ministerio de relaciones exteriores&#8213; sino que su  	mérito justificaría la preferencia que le diese el gobierno respecto de  	otros que soliciten igual destino (Murillo, 1987: 61-62).</font></p> </blockquote> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Es en Londres donde Bello se forja otra perspectiva de  razonamiento hacia América, no sólo por el profundo cambio que otro medio  cultural, el de la capital liberal del mundo, habría de producir en sus ideas, y  el trato con otras gentes y otros ámbitos de estudio, sino porque el logro de la  emancipación política de los nuevos estados hispanoamericanos le ofrecía  distintas bases de reflexión sobre la educación de las sociedades libres  (Grases, 1992). Londres le ayuda a formalizar, por tanto, su perspectiva de cómo  orientar a esos nuevos estados para que maduren con los mejores fundamentos, las  mejores ideas, los mejores sistemas.</p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art03fig3.gif" width="347" height="251"></p>     
<p align="justify">No hubiese escrito nunca en Caracas sus versos más destacados  y conocidos, pues Londres le dio el tiempo y la profundidad para ello. Se  familiarizó allí, nos asegura Goic (2012), con la literatura inglesa y con todo  el contexto de la poesía horaciana. Además de la famosa y poética “Carta escrita  de Londres a París por un americano a otro”<sup>2</sup>, dirigida al poeta y  prócer ecuatoriano José Joaquín Olmedo, con quien entablaría gran amistad,  escribiría, la “Alocución a la Poesía”, y la “Silva a la Agricultura de la Zona  Tórrida”, considerada como la más acabada poesía de Bello. Dice Miguel Antonio  Caro (Citado en Bello, 1909: XXXI) que cuando los “adelantos progresivos de las  ciencias y una legislación más perfecta hayan obscurecido los trabajos a que se  consagró Bello… todavía vivirá en la posteridad más remota el cantor de la zona  tórrida”. A esta “Alocución” se le llamó poesía didáctica o científica. Desde  ella le habla Bello a un pueblo joven, que con el trabajo ha de reparar las  pérdidas padecidas en la guerra y adquirir fuerza y ventura. A continuación uno  de sus versos (Bello, 2010: 57-58):</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">!Oh jóvenes naciones, que ceñida</p> 	    <p ALIGN="justify">alzáis sobre el atónito Occidente</p> 	    <p ALIGN="justify">de tempranos laureles la cabeza!</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">honrad el campo, honrad la simple vida</p> 	    <p ALIGN="justify">del labrador, y su frugal llaneza.</p> 	    <p ALIGN="justify">Así tendrán en vos perpetuamente</p> 	    <p ALIGN="justify">la libertad morada,</p> 	    <p ALIGN="justify">y freno la ambición, y la ley templo</font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">.</p> </blockquote> </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Contrajo en Londres dos veces matrimonio, ambas con damas  inglesas. Con la primera, dona Ana María Boyland, se casó el 30 de mayo de 1815.  En 1821, su precoz muerte le hizo conocer la viudez. De ese primer matrimonio  nacieron tres hijos: Carlos, Francisco y Juan, muerto éste al poco tiempo de  nacer. Luego, el 27 de febrero de 1824 contrajo nuevas nupcias, esta vez con  dona Elizabeth Antonia Dunn, quien lo acompañó el resto de su vida, sazonando en  Chile la tertulia íntima con acento inglés y amenos barbarismos. Los hijos de  esta segunda unión fueron once. Cinco en Londres: el segundo Juan, Andrés,  Ricardo, Ana y Miguel; y seis en Chile: Luisa, Ascensión, Dolores, Josefina,  Manuel y el segundo Francisco. Estos hijos tuvieron papeles destacados en la  sociedad de entonces: políticos, diplomáticos, profesionales, sacerdotes,  escritores de talla, artistas de renombre, rectores universitarios… Varios de  sus hijos le precedieron en la muerte, y este inmenso dolor, padecido con  heroica aceptación cristiana, contribuyó no poco a la elevada depuración de su  espíritu (Caldera, 1981a).</p>     <p ALIGN="justify">Bello salió de Londres con su familia el 14 de febrero de 1829, y llegó a Valparaíso en el bergantín </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Grecian</font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">, el 25 de junio del mismo año, a la edad de cuarenta y ocho años.</p>     <p align="justify">Es necesario comentar que Bello llega a Chile originalmente  en el gobierno de Francisco Antonio Pinto, quien era pipiolo o liberal. Una vez  decidido el enfrentamiento nacional de aquel entonces en la Batalla de Lircay el  17 de abril de 1830 (por la división interna del ejército), y que puso fin a la  era de estos pipiolos, entran en el poder los pelucones o conservadores. Esos  sucesos arrastraron a Pinto fuera del poder, pero el cambio experimentado no  afectó para nada a Bello, quien fue conservado en el puesto que le habían  concedido los vencidos, con lo que se dio un ejemplo de extraña prudencia  política y así vino a ser asociado a la obra de reordenación que se formulaba  promover la nueva administración (Murillo, 1987).</p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art03fig4.gif" width="356" height="286"></p> </font><b><font FACE="Verdana" size="2">     
<p ALIGN="justify">3. Florecimiento y servicio: Andrés Bello en Santiago</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Durante los treinta y seis años que Bello vivió en Santiago y hasta su muerte, realizó las siguientes labores: (a) Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores, para todo lo que se refiere a política externa; (b) Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda para cuanto significara política interna y administración; (c) estrechamente unido a Mariano Egaña, lidera la renovación jurídica de Chile, culminada con la Constitución de 1833 y &#8213;ya fallecido Egaña&#8213; el </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Código Civil</font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">; (d) a ello contribuye la acción que desenvuelve como Senador, desde 1837 hasta fallecer; (e) creador de la Universidad de Chile (1842-1843), y su autoridad máxima &#8213;cuatro veces renovada y solo finalizada por la muerte&#8213;, coopera decisivamente al nacimiento de la cultura republicana; y, (f ) por veintitrés años, a cargo de </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">El Araucano, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">periódico oficial, contribuye a conformar y a expresar en sinnúmero de materias (políticas exceptuadas), la opinión del Estado, lo que podemos llamar la filosofía de los decenios portalianos (Vial, 2009).</p>     <p align="justify">Es de destacar que el sabio preparó la mayor parte de los  mensajes presidenciales de tres mandatarios (Joaquín Prieto, Manuel Bulnes y  Manuel Montt) durante tres décadas (Jaksic, 2006). Pero Bello en Chile nunca  realizó política inmediata. No le gustaba; su cautelosa forma de ser, no le  permitía practicarla en un país extranjero. No varió de posición ni aun cuando  lo nacionalizaron por ley en 1832, y recibió este honor sin abandonar la calidad  de venezolano. Su papel fue el de alto servidor público (Vial, 2009).</p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art03fig5.gif" width="400" height="272"></p>     
<p ALIGN="justify">En Chile pudo Don Andrés Bello hacer más que en cualquier  parte, porque había una generación brillante y consistente que supo entender lo  que tenía entre sus manos, que estuvo al tanto de conocer a fondo la realidad de  su país y que valoró lo que significaba Bello. De su obra en Chile fueron  forjadores hombres tales como Diego Portales, Manuel Montt, Prieto, los Egaña,  que se dispusieron a hacer, de lo que Bolívar había calificado con cierta  amargura como “el país de la anarquía”, una nación pujante, floreciente,  sensata, progresista, ordenada, modelo, entre sus díscolas hermanas, de una vida  institucional y de una admirable cultura. Sin el tesón y la innegable sagacidad  de estos hombres, Chile no habría sido lo que fue y Bello no habría podido  lograr lo que alcanzó (Caldera, 1981b).</p>     <p ALIGN="justify">Bello, además, formaría parte de lo que Serrano, Ponce de  León y Rengifo (2012) han llamado los “reformadores del 42”, grupo de hombres  que instalaron un período en el que se apuntaba a desarrollar la educación  popular como camino para incorporar al pueblo a la civilización, una  civilización cuyo bagaje moral e intelectual se había construido por la historia  del saber occidental, compendiada, por ejemplo, en la urbanidad, el refinamiento  y el buen gusto. Para estos reformadores, incluido Bello, la barbarie era la  cultura oral; la civilización era la cultura escrita, capaz de desenvolver la  racionalidad humana.</p>     <p ALIGN="justify">En Chile, Bello promueve y actualiza una de las obras más unitivas del continente hispano-americano en lo relacionado con el idioma y su independencia cultural: la configuración de su “Gramática de la lengua castellana”. “Con la </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Gramática, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Bello junto con fundar una nueva normatividad lingüística, articuló las bases para una independencia cultural cuyo objetivo era lograr una instalación </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">contigua </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">de la lengua americana al lado del castellano de España. No se trataba de borrar la lengua del enemigo, sino reconfigurar sus límites y formas para que esa lengua se hiciera propia a las naciones independientes” (Falabella, 2012: 121).</p>     <p align="justify">En el Andrés Bello de Chile “encontramos los orígenes del  Estado-nación, en el sentido que es el sistematizador ideológico del proyecto.  Si bien hubo otros, él realizó un trabajo cuyo objetivo era muy definido a la  vez que descomunal: sentar las bases estructurales del Estado-nación moderno” (Troncoso,  2003: 155).</p> </font><b><font FACE="Verdana" size="2">     <p ALIGN="justify">4. Algunos aportes de Bello a la educación</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Bello fue profesor en muy pocas ocasiones. Se recuerdan sus clases particulares y privadas en Caracas. Su fama de estudioso y de joven tempranamente sabio llevó a varias familias mantuanas a solicitar su ayuda</font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2"> ad honorem </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">en la educación de sus hijos; entre ellas, la del futuro Libertador (Sambrano, 2009)</font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">“Apenas dos años mayor que Simón, Andrés Bello… se dispuso seriamente a enseñarle geografía, matemáticas y cosmografía” (Campos, 1975: 22-23). También se sabe que hizo lo mismo en Londres, aunque esta vez cobrando lo propio para sobrevivir.</p>     <p ALIGN="justify">En Chile, dio un curso de legislación universal en el Colegio  de Santiago, y en su propia casa algo sobre literatura, filosofía, derecho de  gentes y derecho romano. Su labor en la educación, podemos decir, fue  especialmente directiva, como miembro de la Junta de Educación y luego, por más  de una veintena de años, como Rector de la Universidad de Chile (De Ávila,  1981).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Justamente, uno de los documentos que mejor expresa las ideas  educativas de Bello, es su discurso inaugural de la Universidad de Chile, del 17  de septiembre de 1843. Decía en él: “Los buenos maestros, los buenos libros, los  buenos métodos, la buena dirección de la enseñanza, son necesariamente la obra  de una cultura intelectual muy adelantada” (Grases, 1992: 34). Así, el humanista  deja en claro que es propio de una nación avanzada propiciar el desarrollo de la  educación a través de la adecuada organización de su dirección, de sus recursos,  de un trabajo mancomunado, serio, sistemático y basado en el perfeccionamiento  profundo de la enseñanza científica y literaria universitaria.</p>     <p ALIGN="justify">También podemos ver en Bello su visión amplia e integral de  la educación: “Yo ciertamente soy de los que miran la instrucción general, la  educación del pueblo, como uno de los objetos más importantes y privilegiados a  que pueda dirigir su atención el gobierno; como una necesidad primera y urgente;  como la base de todo sólido progreso; como el cimiento indispensable de las  instituciones republicanas. Pero, por eso mismo, creo necesario y urgente el  fomento de la enseñanza literaria y científica” (Grases, 1992: 33). Bello cree  que no puede generalizarse la educación para todos, sin el desarrollo y el  progreso paralelo de la Universidad. “En ninguna parte ha podido generalizarse  la instrucción elemental que reclaman las clases laboriosas, la gran mayoría del  género humano, sino donde han florecido de antemano las ciencias y las letras”  (Grases, 1992: 33). En síntesis, como apunta Rojo (2011: 73):</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">...no habrá en el país educación primaria, ni secundaria, ni universitaria que valga la pena, si no existe, previa o simultáneamente, una producción vigorosa (creación) y no solo una reproducción desmedrada (adquisición y repetición) de conocimientos (…) Lo que Andrés Bello ambiciona es que ello se lleve a cabo en el mejor lugar y de la única manera en que él sabe hacerlo, en el interior del recinto universitario y como un despliegue cuyo  </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">sine qua non </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">es la libertad.</font></p> </blockquote> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Habla Bello, con especial belleza, de la subordinación de las disciplinas y realidades unas a otras para encontrar la verdad, de la necesidad de que el saber no se fragmente en disciplinas aisladas.</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Lo sabéis, señores: todas las verdades se tocan, desde  	las que formulan el rumbo de los mundos en el piélago del espacio; desde las  	que determinan las agendas maravillosas de que dependen el movimiento y la  	vida en el universo de la materia; desde las que resumen la estructura del  	animal, de la planta, de la masa inorgánica que pisamos; desde las que  	revelan los fenómenos íntimos del alma en el teatro misterioso de la  	conciencia, hasta las que expresan las acciones y reacciones de las fuerzas  	políticas; hasta las que sientan las bases inconmovibles de la moral… […]  	Todas las verdades se tocan; y yo extiendo esta aserción al dogma religioso,  	a la verdad teológica. Calumnian, no se si diga a la religión o a las  	letras, los que imaginan que pueda haber una antipatía secreta entre  	aquellas y estas. Yo creo, por el contrario, que existe, que no puede menos  	que existir, una alianza estrecha entre la revelación positiva y esa otra  	revelación universal que habla a todos los hombres en el libro de la  	naturaleza. Si entendimientos extraviados han abusado de sus conocimientos  	para impugnar el dogma, .qué prueba esto, sino la condición de las cosas  	humanas? Si la razón humana es débil, si tropieza y cae, tanto mas necesario  	es suministrarle alimentos sustanciosos y apoyos sólidos. Porque extinguir  	esta curiosidad, esta noble osadía del entendimiento, que le hace arrostrar  	los arcanos de la naturaleza, los enigmas del porvenir, no es posible, sin  	hacerlo al mismo tiempo, incapaz de todo lo grande, insensible a todo lo que  	es bello, generoso, sublime, santo; sin emponzoñar las fuentes de la moral;  	sin afear y envilecer la religión misma. He dicho que todas las verdades se  	tocan, y aun no creo haber dicho bastante. Todas las facultades humanas  	forman un sistema, en que no puede haber regularidad y armonía sin el  	concurso de cada una. No se puede paralizar una fibra (permítaseme decirlo  	así), una sola fibra del alma, sin que todas las otras enfermen (Grases,  	1992: 29-30).</p> </blockquote>     <p ALIGN="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art03fig6.gif" width="339" height="266"></p>     
<p ALIGN="justify">“Las grandes oposiciones entre los productos de la razón  humana, ciencias y letras, y la fe, no deben ponerse en contradicción  excluyente, sino de complemento”, nos dirá Quintana (2012: 1009). No se puede  conocer bien un campo del saber si no se lo entiende en el contexto de todos los  saberes. Una disciplina no puede dar explicación a toda la realidad porque tiene  sus propios límites, por lo cual debe subordinarse a la disciplina que a su vez  le da sustento o fundamento. La antropología cultural, debe ser asistida por la  filosófica, y esta por la teológica. Por eso la Universidad debe tratar de  cultivar el mayor número posible de disciplinas para que una de ellas, o un  conjunto de estas, no pretendan dar explicación de toda la realidad. De ahí que  sea necesario que en tal institución exista por ejemplo la Filosofía y la  Teología. Desde una aislada Física, o una aislada Sociología o Psicología, por  ejemplo, no se puede explicar toda la realidad del hombre. Es esta una  invitación a buscar la verdad con amplitud de miras. Una invitación enfocada en  superar la posible fragmentación del saber, buscando su unidad.</p>     <p ALIGN="justify">Este desafío significa que aunque la especialización es  necesaria para el progreso humano, lleva consigo la multiplicación de las  ciencias, con sus propios métodos y lenguajes. “Si se cae en el aislamiento y no  se cultiva la colaboración con los saberes vecinos y con aquellos que son  universales &#8213;la filosofía y la teología&#8213;, .no se corre el riesgo de absolutizar  el propio método, imaginándolo como el único o el mejor?” (Clavell, 2009: 38).  Esta es la pregunta que surge ante la afirmación tajante y repetida de Andrés  Bello: “Todas las verdades se tocan”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Otro vuelco interesante y profundo, es el carácter “terapéutico” que Bello ve en el cultivo de las ciencias y de las letras, en el estudio, en el deleite de la vida intelectual. Expresa:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Las ciencias y la literatura llevan en sí la recompensa  	de los trabajos y vigilias que se les consagran… Ellas son (después de la  	humilde y contenta resignación del alma religiosa) el mejor preparativo para  	la hora de la desgracia. Ellas llevan el consuelo al lecho del enfermo, al  	asilo del proscrito, al calabozo, al cadalso. Sócrates, en vísperas de beber  	la cicuta, ilumina su cárcel con las más sublimes especulaciones que nos ha  	dejado la antigüedad gentílica sobre el porvenir de los destinos humanos…  	Tales son las recompensas de las letras; tales son sus consuelos. Yo mismo…  	he podido participar de sus beneficios, y saborearme con sus goces.  	Adornaron de celajes alegres la mañana de mi vida, y conservan todavía  	algunos matices al alma, como la flor que hermosea las ruinas. Ellas han  	hecho aun más por mí; me alimentaron en mi larga peregrinación, y  	encaminaron mis pasos a este suelo de libertad y de paz, a esta patria  	adoptiva, que me ha dispensado una hospitalidad tan benévola (Grases, 1992:  	31-32).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Y efectivamente, como refiere Caldera (2012: 60), los  estudios liberales tienen hoy más que nunca, una función mediadora y  terapéutica. “Mediadora, porque tienden el puente entre una situación inicial de  la persona inmersa en la doxa cotidiana y el punto en el cual alcanza una mejor  verdad de las cosas. Terapéutica, porque ese tránsito es un verdadero despertar  en el cual se perfecciona el sujeto racional”.</p>     <p ALIGN="justify">Para Andrés Bello es también muy importante, el “proceder  analítico, único medio de adquirir verdaderos conocimientos” (Grases, 1992: 39).  Es decir, al enseñar, hay que hacer dominar primero lo básico, antes de lanzarse  a grandes vuelos. Saber, en sentido real y no tan solo nominal. Es eso lo que  educa la inteligencia y prepara para logros consistentes. No se puede “adoptar  &#8213;expresa Bello&#8213; los teoremas de Euclides sin el previo trabajo intelectual de la  demostración” (Grases, 1992: 40). Y más adelante exclama: “Se impone de este  modo al entendimiento la necesidad de largos, es verdad, pero agradables  estudios. Porque nada hace más desabrida a la enseñanza que las abstracciones, y  nada la hace fácil y amena, sino el proceder que, amoblando la memoria, ejercita  al mismo tiempo el entendimiento y exalta la imaginación. El raciocinio debe  engendrar al teorema; los ejemplos graban profundamente las lecciones” (Grases,  1992: 40-41). Nos invita Bello, especialmente a los docentes, a enseñar, pero  profundizando en el “proceder analítico”, yendo de lo más básico y sencillo a lo  más complejo, pero sin perder de vista el estudio pausado, razonado, ordenado y  metódico.</p>     <p ALIGN="justify">A Bello le preocupa la formación de verdaderos hábitos  intelectuales. Podemos decir &#8213;siguiendo a Caldera (2012)&#8213; que la intelección se  perfecciona cuando formamos un concepto de aquello que percibimos. Luego, el  momento de expresión resulta decisivo. Cuando aquello captado queda sin formular  o decir, no alcanza el nivel de plena conciencia. Nos queda una sensación vaga  de haber visto, o entrevisto, algo, pero no sabemos decir qué fue. Caemos por  tanto en la mediocridad, no buscamos qué es aquello ni por qué es así; no  conocemos bien el sentido de las palabras; no somos capaces de decir por nuestra  cuenta lo que hemos asimilado. Bello lo expresa de modo tajante en la “Memoria  correspondiente al curso de la instrucción pública (1844-1848)”: “No es dar un  bien cimiento a la disciplina mental, acostumbrar al entendimiento a pagarse de  palabras que no le representen ideas” (Grases, 1992: 70).</p>     <p ALIGN="justify">En el texto anteriormente citado, también subraya la cualidad  más importante de un maestro: “el amor puro y desinteresado al saber. Este  entusiasmo generoso comunicado a la mejor parte de sus alumnos, es un don de  mucho más precio que el de la enseñanza que se le dispensa, no sólo porque llena  en sí la semilla de los futuros adelantamientos, sino que eleva y ennoblece las  almas”(Grases, 1992: 59). En otras palabras, el “eros pedagógico”. Ese amor por  saber, para luego transmitir con entusiasmo lo aprendido o estudiado.</p>     <p ALIGN="justify">Asimismo, tenemos de Bello interesantes ensayos críticos  sobre temas de historia: “Investigaciones sobre la influencia de la conquista y  del sistema colonial de los españoles en Chile”, del 8 y 15 de noviembre de  1844, “Bosquejo histórico de la contribución del gobierno de Chile durante el  primer período de la revolución desde 1810 hasta 1814”, “Modo de escribir la  historia” del 28 de enero de 1848, y “Modo de estudiar la historia”, del 4 de  febrero de 1848 (Grases, 1992). Son estudios donde aconseja muy sensatamente  cómo deben enfocarse las obras historiográficas, con la primordial atención de  fijar los hechos y evitar las especulaciones interpretativas de acuerdo con  doctrinas prevalecientes en determinado momento. Bello pensaba que “la historia  era un campo clave para el desarrollo de la identidad nacional, y por lo mismo  muy susceptible a la ideologización y manipulación política. Las  interpretaciones del pasado conducían por lo general a propuestas de acción para  el futuro, y el propósito de Bello era lograr que la historia sirviera como  factor de unidad antes que como fuente de disputas” (Jaksic, 2006: 21).</p>     <p ALIGN="justify">En el texto “Modo de escribir la historia”, dice: “No hay  peor guía en la historia que aquella filosofía sistemática, que no ve las cosas  como son, sino como concuerdan con su sistema. En cuanto a los de esta escuela,  exclamaré con Juan Jacobo Rousseau: !Hechos! !Hechos!” (Grases, 1992: 123). Y  más adelante señala:</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Hoy no es ya permitido escribir la historia en el interés  	de una sola idea. Nuestro siglo no lo quiere; exige que se le diga todo; que  	se le reproduzca y se le explique la existencia de las naciones en sus  	diversas épocas, y que se le dé a cada siglo pasado su verdadero lugar, su  	color y su significación… (Grases, 1992: 123).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Luego dice de sí mismo: “No he consultado más que los  documentos y los textos originales, sea para individualizar las varias  circunstancias de la narrativa, sea para caracterizar las personas y las  poblaciones que figuran en ella…” (Grases, 1992: 123). Llama la atención esta  disposición de Bello a recordar que la investigación histórica debe ir a las  fuentes, y estas deben ser fidedignas y originales. “Por eso quiso que se  cultivara este campo como una actividad académica sometida a ciertas reglas de  investigación” (Jaksic, 2006: 21).</p>     <p ALIGN="justify">En síntesis, tenemos como algunos importantes aportes de Bello a la educación, los siguientes:</p>     <p ALIGN="justify">1º) Es fundamental una adecuada organización de la educación que se enfoque en formar buenos profesores, en producir buenos libros y en poner en práctica los mejores métodos pedagógicos.</p>     <p ALIGN="justify">2º) La educación es para todo el pueblo, objetivo cuya atención no debe descuidar gobierno alguno.</p>     <p ALIGN="justify">3º) No se puede dar educación a todo el pueblo si a la vez no se fomenta la educación superior científica y humanística.</p>     <p ALIGN="justify">4º) En la educación superior debe cuidarse la unidad de todos los saberes, pues estos se complementan unos con otros, previendo la fragmentación de los mismos, y por tanto, evitando que alguna disciplina aislada pretenda dar explicación a toda la realidad.</p>     <p ALIGN="justify">5º) El cultivo de las disciplinas literarias, humanísticas, liberales, es terapéutico, es decir, eleva el espíritu humano a la contemplación de verdades más elevadas, ayudando a superar los cotidianos sufrimientos o aquellos que en cualquier momento pueden instalarse sorpresivamente en la biografía de las personas.</p>     <p ALIGN="justify">6º) En el desarrollo de las facultades intelectuales durante el estudio, nos invita a actuar de forma metódica, ordenada y razonada, no yendo de lo complejo a lo simple, sino al contrario, formándose inicialmente un concepto claro de las cosas, para luego elevarse a razonamientos más estructurados y complejos.</p>     <p ALIGN="justify">7º) El verdadero maestro debe tener un amor puro y desinteresado al saber.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">8º) Finalmente, nos sugiere que no hagamos historia sin ir primero a los hechos; es decir, que la misma no se base en sistemas filosóficos previos, sino en verdades fácticas, que den sustento y no perturben el desarrollo de los hechos.</p> </font><b><font FACE="Verdana" size="2">     <p ALIGN="justify">5. Bello: servidor y héroe silencioso</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Dice Menéndez Pidal (1973: 67) que Bello era un “espíritu  siempre atento a todo problema de interés público”. Lo mismo destaca Jaksic  (2010: 1) al hablar de su “voluntad política de servicio público”. Bello era un  real servidor de lo público. Así lo hemos estado viendo en sus diferentes etapas  de su vida. Estaba pendiente de los problemas de las naciones nuevas. Trabajó  para prever, para organizar, para buscar las mejores formas, las mejores  adaptaciones a la cultura naciente. En el documento “Modo de estudiar la  Historia” expresa con elocuencia: “No olvidemos que el hombre chileno de la  Independencia, el hombre que sirve de asunto a nuestra historia y nuestra  filosofía peculiar, no es el hombre francés, ni el anglosajón, ni el normando,  ni el godo, ni el árabe. Tiene su espíritu propio, sus funciones propias, sus  instintos peculiares” (Grases, 1992: 139).</p>     <p ALIGN="justify">En el presente escrito hemos acompañado a los nombres de las  etapas de Bello en esas tres ciudades, Caracas, Londres y Santiago, con una  apreciación: en cada una de ellas siempre se destaca el “servicio”. “Riego y  servicio”, para el caso de la primera, “Crecimiento interior y servicio”, para  el caso de Londres, y “Florecimiento y servicio”, en el caso de su última  ciudad. Añadir “servicio” a cada época biográfica de Bello deja en claro que fue  un auténtico, continuo y convencido servidor público. Siempre se dio, y se dio  sin esperar nada a cambio. Se dio sin esperar honores. Se dio con modestia. “Lo  que hay que hacer es dar más / sin decir lo que se ha dado”, dirá otro poeta  venezolano, Andrés Eloy Blanco (1977: 630), para recalcar esta idea del darse  sin buscar fama. Un servidor público es alguien quien se “da” a lo público,  quien se “da” en beneficio de los asuntos públicos, quien se ofrece para mejorar  el bien común.</p>     <p align="justify">En cierta forma Bello fue también un <i>héroe</i>, porque,  como dice Christopher Vogler (2002: 65), “un héroe es alguien capaz de  sacrificar sus propias necesidades en beneficio de los demás, como un pastor que  se sacrifica para proteger y servir a su rebaño”. En griego antiguo, héroe  significa “excelso, noble, generoso de nacimiento, sentimientos, hechos, etc.”  (Diccionario Manual Griego-Español, 1991: 288). Bello fue pues, un héroe a quien  no le tocó hacer actos llamativos o impresionantes. Un héroe que perseveró –  como lo expresó antes Menéndez Pidal– en su “espíritu siempre atento a todo  problema de interés público”. Un héroe silencioso que permite, con su trabajo  perseverante y continuo, que una instancia pública ofrezca de manera eficiente  sus servicios y procedimientos en beneficio de la ciudadanía o en beneficio  perdurable de una gran causa social y política.</p> </font><b><font FACE="Verdana" size="2">     <p ALIGN="justify">6. La despedida del sabio</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Andrés Bello pasó los últimos cinco años de su vida sumido en  la reflexión y el estudio. Durante este tiempo recibió la visita del  investigador francés Théodore Mannequin, quien en un escrito posterior dice: “El  sabio anciano estaba en su bufete, donde pasa regularmente ocho a diez horas  cada día, es el puesto en que quiere morir. No he visto nunca cabeza más bella,  ni fisonomía más dulce y benévola. Contra los hábitos de los ancianos, habla  poco, y gusta oír hablar. Hay siempre que aprender, dice, en el trato de  nuestros semejantes” (Jaksic, 2001: 257).</p>     <p ALIGN="justify">Este Bello ya mayor, invita a evocar la imagen del verdadero  sabio. Ese sabio que no tiene nada de hombre artificial, esto es, de esa clase  de hombre que está sometido a la tiranía del “yo”, y que está siempre vuelto  hacia fuera, obsesionado por quedar bien, por causar buena impresión, preocupado  por el “qué piensan de mí”, “qué dicen de mí”, y al vaivén de los avatares de la  frivolidad. Al contrario, Bello es el sabio auténtico, un ser vuelto hacia  dentro, librado de la obsesión de la imagen, desconectado de las preocupaciones  artificiales, con una gozosa interioridad, silencioso, profundo y fecundo.</p>     <p ALIGN="justify">El 1 de septiembre de 1865 cae enfermo con una bronquitis que comprometió rápidamente los dos pulmones. En ese estado ya débil, contrajo una fiebre tifoidea, que era epidémica en ese momento en Santiago. En su delirio, parecía pensar que los versos de la </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Ilíada </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">y de la</font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Eneida </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">estaban escritos en las cortinas de su habitación. Murió el 15 de octubre, a las 7:45 de la  mañana, a seis semanas de sus ochenta y seis años (Jaksic, 2001).</p>     <p align="justify">En su verso “Al dieciocho de septiembre”, escrito en 1841,  estampa unas exclamaciones para sus compatriotas chilenos, expresión de su amor  a esa patria que lo adoptó con generosidad. Sirvan estos versos como señal de  que Bello, habiendo nacido en Caracas, asumió a Chile de manera entrañable como  patria donde prosperó todo su pensamiento, donde, por las mismas condiciones  generosas de los chilenos de entonces, pudo ser lo que fue, dejándose asimilar  por la misma cultura chilena, siendo un egregio chileno, y desde allí un sabio y  un maestro para toda América. Dicen así (Bello, 1909: 99):</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Crece así tú !querida patria! crece,</p> 	    <p ALIGN="justify">Y tu cabeza altiva</p> 	    <p ALIGN="justify">Levanta, ornada de laurel guerrero</p> 	    <p ALIGN="justify">Y fructuosa oliva.</p> 	    <p ALIGN="justify">Y florezca a tu sombra la fe santa</p> 	    <p ALIGN="justify">De tus padres; y eterna</p> 	    <p ALIGN="justify">La libertad prospere; y se afiance</p> 	    <p ALIGN="justify">La dulce paz fraterna;</p> 	    <p ALIGN="justify">Y en tu salud y bienestar y gloria,</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Con la mente y la mano,</p> 	    <p ALIGN="justify">Trabajen a porfía el rico, el pobre,</p> 	    <p ALIGN="justify">El joven, el anciano;</p> 	    <p ALIGN="justify">El que con el arado te alimenta</p> 	    <p ALIGN="justify">O tus leyes explana,</p> 	    <p ALIGN="justify">O en el sendero de las ciencias guía</p> 	    <p ALIGN="justify">Tu juventud lozana,</p> 	    <p ALIGN="justify">O con las armas en la lid sangrienta</p> 	    <p ALIGN="justify">Defiende tus hogares,</p> 	    <p ALIGN="justify">O al infinito Ser devoto incienso</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Ofrece en tus altares.</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify"><b>A modo de conclusión</b></p>     <p ALIGN="justify">Bello tiene un gran significado para América, y es el hecho de que “pensó” en América. Pensó en todo aquello que era necesario para América, y en especial, para la América Hispanoamericana.</p>     <p ALIGN="justify">“El equilibrio intelectual y moral de Bello, la firmeza con  que expone sus posiciones y la falta de resquemores que caracterizan su  conducta” (Goic, 2012: 34), además de la meditación, la reflexión pausada,  heredada de su propia familia llena de hombres y mujeres espirituales y  religiosos, de artistas e intelectuales, y asimilada bajo la tutela de sus  maestros caraqueños, hicieron que la interioridad de Bello fuese una virtud  perenne y marca de su personalidad. El hombre de reflexiones que fue Bello, tuvo  que haber comprendido que sus actuaciones en todos los ámbitos de su vida,  tenían que estar impresas por el desinterés. La reflexión de Bello estuvo al  servicio del nacimiento intelectual de Hispanoamérica.</p>     <p ALIGN="justify">Bello fue un hombre que vivió con profundidad la  estudiosidad. Lo estudió todo. La estudiosidad es el esfuerzo que un individuo  pone para llegar al conocimiento de la realidad. Etimológicamente, estudio  significa esfuerzo, tensión. El resultado del esfuerzo de estudiar es una  modificación interior de la persona que se hace más rica en contenidos  intelectuales. Esa modificación interior se expresa de un modo peculiar. Bello,  a través del estudio pausado y serio de muchas realidades, dejó un legado  superior para el ordenamiento educativo (y de otros muchos ámbitos) de América.  Se cuenta que el líder de la Junta Suprema de Caracas, Juan Germán Roscio, se  apresuró a escribirle a Bello, pensando que regresaría, una afectuosa carta  cuando este ya estaba en Londres. En la misma estampó Roscio una sentencia que  puede sintetizar lo que fue Bello para el continente desde la perspectiva del  estudio. Le dijo: “Ilústrese más para que ilustre a su patria” (Sambrano, 2009:  21-22).</p>     <p ALIGN="justify">El estudio lo llevó a la plena convicción (porque con el  estudio creció en sensibilidad social y política) de que tenía que servir y  darse. Y el estudio lo ayudó, de alguna manera, a darse cuenta de que, a pesar  de su timidez natural, este era el medio para ofrecer ayuda, para organizar,  para poner las bases y las estructuras de un mejor futuro. Con el estudio creció  su autoridad intelectual y moral ante los demás, y con ese crédito, fue llamado  a tareas de organización y guía que le permitieron expresar sus opiniones con  libertad sin necesidad de llamar la atención, o sin necesidad de mostrarse  histriónico o especialmente preparado para la oratoria y la movilización de  masas, o sin necesidad de luchar para obtener un alto cargo. Andrés Bello  influyó calladamente desde su disposición para el estudio.</p>     <p ALIGN="justify">Tal vez sea este el legado más significativo de Bello: su  vida interior. Ese “proceder analítico, único medio de adquirir verdaderos  conocimientos”, como solía decir, que le permitió pensar sosegadamente en las  mejores soluciones a los problemas de su tiempo. Su vida en Caracas, sus  experiencias londinenses, y finalmente, su desarrollo santiaguino, fueron  esferas de esforzado “proceder analítico” para adquirir conocimientos que  sirvieran al logro final y profundo de la independencia hispanoamericana.</p> </font>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">1</font></sup><font size="2"> Agradezco los comentarios y sugerencias que enriquecieron el documento y que, como resultado de la lectura del borrador, me hicieron las profesoras Alexandrine de La Taille, Denia Gómez y Lucía Graterón, y, muy especialmente, el profesor José Luis Contreras. Igualmente agradezco las ilustraciones que realizó el dibujante Francisco Correa para este texto sobre distintos momentos de la vida de Andrés Bello.</font></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">2</font></sup><font size="2"> Comenta Goic de esta carta: “Es carta de amistad muy horaciana que da lugar a una novedosa formulación fundacional de la poesía americana en perfecta afinidad con los grandes poemas de Bello de ese mismo tiempo: «Alocución a la poesía» (1823) y “La agricultura a la zona tórrida” (1826) (Goic, 2012: 30).</font></font></p> <b><font FACE="Verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Fuentes Consultadas</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <!-- ref --><p ALIGN="justify">Bello, A. (1909) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Poesías. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Barcelona: Casa Editorial Maucci.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107394&pid=S1315-9496201400020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Bello, A. (2010) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Antología esencial. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: Biblioteca Popular para los Consejos Populares. Fundación El perro y la rana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107395&pid=S1315-9496201400020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Blanco, A. E. (1977) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Obras Selectas. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: Edime.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107396&pid=S1315-9496201400020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Caldera, R. (1981a) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Andrés Bello. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: Dimensiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107397&pid=S1315-9496201400020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Caldera, R. (1981b) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas, Londres, Santiago de Chile: las tres etapas de la vida de Bello. </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: La Casa de Bello.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107398&pid=S1315-9496201400020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Caldera, R. T. (2012) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Una invitación a leer. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: Universidad Monteávila.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107399&pid=S1315-9496201400020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Campos Menéndez, E. (1975) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Se llamaba Bolívar. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Buenos Aires: Editorial Francisco de Aguirre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107400&pid=S1315-9496201400020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Clavell, L. (2009) “La colaboración entre fe y razón en los estudios universitarios”. </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Metafísica y persona, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Año 1, Julio 2009, Número 2, 33-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107401&pid=S1315-9496201400020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">De Ávila, A. (1981) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Andrés Bello. Breve ensayo sobre su vida y su obra. </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Santiago: Editorial Universitaria.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107402&pid=S1315-9496201400020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Grases, P. (Comp.) (1992) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Andrés Bello. La independencia cultural de Hispanoamérica. </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: La Casa de Bello.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107403&pid=S1315-9496201400020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Goic, C. (2012) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Estudios de poesía. Cartas poéticas, otros poemas largos y poesía breve. </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Santiago: LOM Ediciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107404&pid=S1315-9496201400020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Diccionario Manual Griego-Español (1991) Barcelona: Vox.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107405&pid=S1315-9496201400020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Falabella, M. (2012) “Modernidad literaria y la entrada de las mujeres a la esfera pública en los discursos de Bello, de Hostos y Mistral”. </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Revista Chilena de Literatura, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Noviembre 2012, Número 82, 119-141.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107406&pid=S1315-9496201400020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Humboldt, A. (1991) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente (Tomo 2). </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Caracas: Monte Ávila Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107407&pid=S1315-9496201400020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Jaksic, I. (2010). Palabras pronunciadas en la inauguración de la exposición “Andrés Bello: Humanista de la República”, el 04 de agosto de 2010. Exposición organizada por el Banco Central de Chile. Consultado de internet el 04-07-13 en: <a href="http://www.bcentral.cl/politicas/extra/ij04082010.pdf">http://www.bcentral.cl/politicas/extra/ij04082010.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107408&pid=S1315-9496201400020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Jaksic, I. (2006) “El significado histórico de la obra de Bello”. </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Revista de Derecho, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Año LXXIV, Enero-Diciembre, 7-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107409&pid=S1315-9496201400020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Jaksi&#263;, I. (2001) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Andrés Bello: la pasión por el orden. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Santiago de Chile: Editorial Universitaria.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107410&pid=S1315-9496201400020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Menéndez Pidal, R. (1973) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Mis páginas preferidas. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Madrid: Gredos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107411&pid=S1315-9496201400020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Murillo, F. (1987) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Andrés Bello. </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Madrid: Historia 16 – Ediciones Quorum.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107412&pid=S1315-9496201400020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Quintana, F. (2010) “La doctrina de la claridad en el pensamiento ilustrado de Andrés Bello”.</font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Revista Chilena de Historia del Derecho</font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">, Número 22, 1001-1009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107413&pid=S1315-9496201400020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Rojo, G. (2011) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Clásicos latinoamericanos. Para una relectura del canon. </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Volumen I – Siglo XIX, Santiago: LOM Ediciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107414&pid=S1315-9496201400020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Sambrano, O. (2009) “Hitos del Bellismo Venezolano”. </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Concienciactiva21, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Nro. 25, Octubre, 17-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107415&pid=S1315-9496201400020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Serrano, S.; Ponce de León, M.; y Rengifo, F. (2012) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Historia de la Educación en Chile (1810-2010). Tomo I. Aprender a leer y escribir (1810-1880). </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Santiago: Taururs.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107416&pid=S1315-9496201400020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Troncoso, X. (2003) “El retrato sospechoso. Bello, Lastarria y nuestra ambigua relación con los mapuche”. </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Atenea, </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Número 488, 153-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107417&pid=S1315-9496201400020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">Vial, G. (2009) </font><i><font FACE="Verdana" SIZE="2">Chile. Cinco siglos de historia. Desde los primeros pobladores prehispánicos, hasta el año 2006 (Tomo 1). </font></i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">Santiago: Zigzag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107418&pid=S1315-9496201400020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Vogler, C. (2002) </font><i> <font FACE="Verdana" SIZE="2">El viaje del escritor.</font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Barcelona: Robinbook.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3107419&pid=S1315-9496201400020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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