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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><span style="font-family: Verdana; font-weight: 700">Evocación  de un amigo que se fue</span></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana">David Ruiz Chataing</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Historiador. Doctor en Historia  por la Universidad Central de Venezuela. Profesor Asociado de la Universidad  Pedagógica Experimental Libertador. Miembro del Centro de Investigaciones  Históricas Mario Briceño Iragorry. Coordinador General de Postgrado del  Instituto Pedagógico de Caracas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Conocí a Domingo Irwin G. en la  Biblioteca Nacional, allá por los años noventa del siglo pasado. Yo era un  Licenciado en Historia, egresado de Escuela de Historia de la Universidad  Central de Venezuela. Trabajaba como Especialista en Información en la  institución mencionada. Domingo, ya canoso, y siempre de adeca guayabera blanca,  asistía con frecuencia a consultar los archivos diplomáticos, de Inglaterra,  Francia, Alemania y Estados Unidos rescatados por FUNRES. Por ese entonces, me  decía que la interpretación del bloqueo a las costas venezolanas de 1902-1903  con fuentes nacionales se había completado. Faltaban las fuentes  internacionales. Y en este campo realizó aportes contundentes.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Al ver Domingo, como le  decíamos, mi interés por la investigación, me recomendó ingresar en la Educación  Superior, que intentará ingresar en el Instituto Pedagógico de Caracas. Lo  secundaron en ese consejo Napoleón Franceschi y Tarcila Briceño. Allí entre la  docencia y la práctica investigativa realizaría esas motivaciones por los  destinos nacionales. A partir de allí, me dediqué a prepararme, concursé en el  IPC e ingresé en 1996. Ya dictando clases y adelantando mis proyectos de  investigación, me insistió sobre la necesidad de aprender idiomas y asistir a  eventos internacionales. También, nuevamente, y acertadamente, le hice caso. El  idioma de Shakespeare lo leo. Y gracias a su insistencia, participé en eventos  de Historia en Bruselas, Toronto, San José de Costa Rica, etc. Y en muchos  escenarios académicos nacionales, regionales y locales. Fue mi tutor o jurado en  varios de mis ascensos universitarios. Y mi ductor en la tesis doctoral. Me  adentró en el tema del caudillismo, el pretorianismo, las relaciones civiles  militares y en una extensa historiografía anglosajona, desconocida en nuestro  medio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De Domingo me entusiasmaba la  capacidad de sorprenderse siempre con las novedades bibliográficas. Siempre  comentando, analizando, mostrando, los nuevos libros que acarreaba con una  devoción especial. Pendiente, igualmente, de los encuentros de historiadores  para que asistiéramos. Fueron muchas las veces que atendí a sus recomendaciones  en asuntos intelectuales. Valga en esta oportunidad, el reconocimiento de esta  deuda impagable.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como ciudadano fue crítico,  humilde, y defensor de los logros del período democrático, a pesar de sus  fallas. Con valentía cívica, por todos los medios posibles, alertó sobre los  peligros de esta mescolanza de marxismoleninismo con pretorianismo, corruptelas  y mediocridad que hoy padecemos. Y que ha conducido al país a una debacle  espantosa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">También me hizo familiarizarme  con la buena mesa, el whisky y el vino. Y en tiempos de crisis, todos  reconocimos que era un espléndido anfitrión. Ni a escondidas nos dejaba pagar.  Aunque a él también le pegó la crisis. Pasamos del deleitoso y encumbrado  etiqueta negra a la humilde y proletaria lupulosa. Un aterrizaje forzoso porque  la “revolución” hizo lo que parecía imposible: matar, para la mayoría de los  venezolanos que no para ellos, la gallina de los huevos de oro. Sospecho que mi  Colega, vistas las circunstancias, puede haber muerto de tristeza. Le estalló el  corazón de dolor.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">¿Dónde me enteré de tu  fallecimiento? En la playa de Buche. Y un poquito vi a las aves y un hermoso  cielo azul que no agotaba sus matices. Allí me llegó la terrible noticia de tu  inconsulta partida. ¡Qué vaina Domingo, marcharte en vacaciones! Dios te guarde  en su gloria y espero que sigas disfrutando de tu “guarapo e`piña” y hagas reír  hasta al adusto Papa-Dios con tu fina ironía.</font></p>       ]]></body>

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