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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Ricardo Krebs W. La Iglesia de América  Latina en el siglo XIX. Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2002</font></b></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana">Froilán Ramos Rodríguez</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Profesor de la Universidad  Simón Bolívar (USB). Doctorando en Historia en la Universidad de los Andes de  Chile (UANDES). Universidad Simón Bolívar de Venezuela (USB) - Universidad de  los Andes de Chile (UANDES)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por espacio de noventa años, de  1810 a 1900, se suceden bruscos y trascendentales cambios en Iberoamérica, hay  una ruptura con el orden monárquico español, y la consiguiente formación de  noveles repúblicas, que sus procesos de consolidación en Estados Nacionales  chocaran, repetidas veces, con una de las instituciones más antigua, arraigada y  extendida en el Nuevo Mundo desde el siglo XVI, la Iglesia Católica. Este es el  tema que desarrolla don Ricardo Krebs en su obra <i>La Iglesia de América Latina  en el siglo XIX</i>, con una exanimación histórica del devenir Iglesia-Estado en  una centuria de álgidos momentos de distanciamiento y otros pocos de  acercamiento, pero instituciones que han sobrevivido hasta el presente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El autor de la obra es Ricardo  Krebs Wilckens (1918-2011), historiador chileno formado en la Universidad de  Leipzig (Alemania), con una dilatada actividad docente universitaria. La labor  de Krebs como historiador es amplia, con una producción intelectual larga, en la  que publicó diversos trabajos sobre temas de historia universal, y sus  interrelaciones con América Latina y Chile, de manera, que se encuentra acá la  pluma experimentada de un profesional del campo de la historia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Krebs comienza por referirse al  fin del período hispano en América a inicios del siglo XIX, con lo cual se  removió todo el orden establecido hasta el momento, la autoridad civil,  eclesiástica, judicial, militar, otros. En la nacientes repúblicas americanas,  se presentó la preocupación dentro de la nueva dirigencia política, una elite  “patriota”, por el mantenimiento del <i>Status Quo</i>, el orden interno de los  nuevos Estados, esto conllevó a asumir el criterio de que las repúblicas  americanas tenían potestad sobre el patronato, la designación de obispos,  facultad cedida por el Papado a la Corona española.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La situación de las primeras  décadas del siglo XIX, se complica al considerar los elementos presentes en  ella, por un lado las repercusiones que habían tenido en América las reformas  borbónicas, en especial las de Carlos III; por otro lado, el rechazo del monarca  Fernando VII a la constitución de Cádiz, y conmoción que generó todo el proceso  de emancipación. Un estado de agitación, en la cual el clero mayor, muchos de  los obispos que habían sido nombrados por la Corona apoyan la causa realista, y  consecuentemente deben emigrar de sus territorios pastorales a España u otro  lugar de América, mientras esto sucede, otros religiosos, apoyan y se  comprometen con la causa patriotas, casos como los de mexicanos Miguel Hidalgo y  Costilla y José María Morelos en el Virreinato de la Nueva España, o el canónigo  chileno José Cortes de Madariaga en la Capitanía General de Venezuela, o el  religioso José Ignacio Cienfuegos en Chile.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De este modo, se presenta un  “quiebre” interno en la iglesia americana, que por varios años permanecerá sin  representación obispal en diferentes regiones. Sin embargo, a pesar de esta  crisis que se suscita en la institución cristina, su fortaleza se mantuvo,  puesto que sus parroquias abarcaban extenso, variados y apartados confines  geográficos, su doctrina, su pastoral y su fe se conservaba presente en la  inmensa mayoría de la población americana, esto significó que aunque la  convulsión política de la emancipación y de los primeros años republicanos  habían afectado a las cabezas dirigentes de la iglesia y la ordenación de  sacerdotes, no así en presencia de la iglesia en la feligresía.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Asimismo, Krebs se detiene a  examinar los cambios que se presentaron en el Virreinato de la Nueva España, la  Capitanía General de Guatemala, el Virreinato de la Nueva Granada, la Capitanía  General de Venezuela, y su posterior conformación en la República de Colombia La  Grande (1819-1830), el Virreinato de la Plata, la Capitanía General de Chile, y  su subsiguiente proceso de Dirección Suprema, el Virreinato del Perú, y el Alto  Perú, y por otro lado, la independencia del Brasil, con ello, Krebs relaciona  directamente los súbitos cambios políticos con la marcha de la iglesia  americana, en la cual sus prelados, siguen estrechamente vinculados a los  vaivenes independentistas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Seguidamente, el historiador  austral analiza el desarrollo del “Papado y el Nuevo Orden en América”, de la  siguiente manera:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana"><font size="2">La decisión del Sumo  	Pontífice ponía fin al derecho de patronato de la monarquía española en  	América. A partir de ese momento el camino quedó abierto para aprobar  	soluciones definitivas para un problema que se había prolongado por  	demasiado tiempo. En los años siguiente Gregorio XVI nombró a obispos  	residenciales para casi todas las diócesis latinoamericanas. En algunos  	casos elevó a los vicarios y obispos titulares a obispos residentes, en  	otros casos designo a obispos nuevos. En 1832 nombró a Mariano Medrano para  	Buenos Aires, a Manuel Vicuña para Santiago de Chile y a José Ignacio  	Cienfuegos para Concepción, en el año 1834, a Jorge Benavente para Lima, a  	Mariano Lazcano para Córdoba y a Justo de Santo del Oro para Cuyo. Elevó la  	diócesis de Santiago de Chile a arquidiócesis y creó nueve diócesis nuevas.</font><sup><font size="2">1</font></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como explica Krebs, la Iglesia  Católica inicio un lento proceso de cambios en su relación con la iglesia  americana, esto llevó, en primer lugar, a terminar con la diferencia entre el  patronato en manos de la Corona o el auto-atribuido a las Repúblicas, esta media  allanó el camino hacia un mayor acercamiento y organización de Roma con respecto  a la institución católica iberoamericana, se nombraron nuevos obispos, se  crearon diócesis, y posteriormente se comenzó el reconocimiento de los nuevos  Estados americanos. En otras palabras, el Vaticano comprendió su necesidad de  ajustarse a la nueva realidad latinoamericana, bajo su disposición de vinculo  directo Roma-América.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Para Krebs esta relación de la  Iglesia con los nuevos Estados americanos (México, Provincias Unidas de  Centroamérica, Nueva Granada, Venezuela, Educador, Perú, Bolivia, Chile,  Argentina, Paraguay, Uruguay, el Imperio del Brasil), en la cual pormenoriza en  destalles regionales, no resultó armónica en todos los casos, por el contrario,  algunas posturas de gobiernos nacionales llevaron al acoso y exilio de algunos  religiosos, como al arzobispo de Caracas, Ramón Ignacio Méndez, quien murió  desterrado en Bogotá. No obstante, destaca el historiador sureño la capacidad de  la Iglesia para organizarse en el continente, manteniendo una relación pastoral  cercana con la población, manteniendo su presencia hacia el interior de los  países, y evitando que pasasen a mayores sus roces con los gobiernos a mediados  del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En suma, Krebs ofrece un  balance general, con algunos detalles regionales, del devenir de la Iglesia y el  Estados, desde fines del siglo XVIII (periodo hispano) hasta mediados del XIX,  en la cual la institución católica experimentó hondos momentos de presiones,  intromisiones, y pocos de alivio, que la llevó a debilitarse por las acciones de  algunos Estados, pero que finalmente, pudo desplazarse hacia el establecimiento  de vínculos mucho más directos que antes, entre la sede papal en Roma y la  iglesia en el continente.</font></p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art19fig1.gif" width="293" height="422"></p>     
<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">1</font></sup><font size="2">  Ricardo Krebs. <i>La Iglesia de América Latina en el siglo XIX</i>. Santiago,  Ediciones Universidad Católica de Chile, 2002, p. 85.</font></font></p>       ]]></body>

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