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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Poder Terrenal: Religión y Política en Europa. De la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Michael Burleigh. Poder Terrenal.  Religión y Política en Europa. De la Revolución Francesa a la Primera Guerra  Mundial. México, Taurus, 2006.</font></b></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana">Isidora Puga Serrano</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Licenciada en Historia por la  Pontificia Universidad Católica de Chile (PUCC). Magíster en Historia y Gestión  del Patrimonio Cultural por la Universidad de los Andes de Chile (UANDES).  Doctorando en Historia por la UANDES.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El historiador británico  Michael Burleigh entrega en <i>Poder Terrenal</i> una novedosa visión a un  clásico paradigma del siglo XIX respecto a la construcción de los Estado-Nación.  Apoyado en datos de archivo, diversos testimonios y el uso de fuentes diversas  —como la pintura, la filosofía, los periódicos y la literatura—, el autor  describe profusamente el proceso de secularización europeo, el rol de las  iglesias cristianas y el surgimiento de los nacionalismos como religión secular.  Su centro geográfico es la Francia decimonónica, aunque incorpora también los  casos particulares de otras zonas europeas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En un principio, el objetivo  del historiador inglés era profundizar acerca de las religiones políticas  comenzando con la Ilustración para concluir con los extraños dioses del siglo XX.  Sin embargo, al poco tiempo de iniciada esta labor, determinó dejar sólo  esbozados los procesos posteriores a la Primera Guerra Mundial y abocarse al  período entre la Ilustración y principios del siglo XX. En diez capítulos, con  una narración atractiva y dinámica &#8213;pero a veces acompañado con un violento  lenguaje&#8213;, Burleigh expone la tensa relación entre Iglesia y Estado en Europa en  el período recién señalado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El historiador aborda el tema  de la secularización de las instituciones y la sociedad europea de una forma que  llama la atención a los lectores del siglo XXI, cuando las esferas de lo  político y lo religioso están completamente separadas, relacionadas con el mundo  público y privado respectivamente. En cambio, para la mentalidad del siglo XVIII  estas divisiones no se encontraban tan definidas, y para el autor, que como base  considera al ser humano de por sí como un ser creyente o religioso, tampoco. Por  ello, Burleigh ahonda en la evolución del rol que tendrían las religiones  cristianas &#8213;principalmente la Iglesia católica, aunque también le da espacio a  la protestante– en el desarrollo de la conciencia política y el surgimiento del  conocido “Estado-nación” de las sociedades europeas. Este proceso, plantea el  historiador, se llevó a cabo a distintos ritmos en cada nación y en las  religiones que lo conformaban<sup>1</sup>. Por lo mismo, cada Estado, Iglesia  local y el Papado se vieron obligados a acomodarse y ajustarse a esta nueva  forma de sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En los primeros capítulos,  Burleigh profundiza en el caso francés y describe detalladamente la situación  del clero en ese país antes de la Revolución de 1789, cuando se vivía en un <i> status quo</i> debido a que la monarquía ya había negociado los derechos que le  daban la supremacía por sobre la Iglesia. De esta forma, en este período pre-revolucionario,  el rol del papado era débil, ya que se habría simplemente relegado a aprobar el  nombramiento de abades y obispos realizado por la propia monarquía<sup>2</sup>,  mientras que varios conflictos políticoreligiosos, con protagonistas tan  dispares como los judíos, jesuitas y jansenitas, irían carcomiendo el débil lazo  entre la monarquía &#8213;y después el gobierno francés&#8213; y la clerecía.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Con los hechos desencadenados  por la Toma de la Bastilla, la Iglesia francesa se vio entremedio de un fuego  cruzado, entre los revolucionarios, que buscaban descristianizar la sociedad, y  un clero refractario que se relacionaban con diversas fuerzas  contrarrevolucionarias debido a que se oponían a la Constitución Civil del Clero  de 1790, ya que ésta dejaba al religioso como un simple funcionario civil y por  ende, bajo las órdenes del Estado. El autor plantea que esto habría generado una  escisión entre religión y política, que le ha costado al país dos siglos superar<sup>3</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Al mismo tiempo, el historiador  expone que durante el curso del siglo XIX surgieron las religiones civiles, que  define como “…la incorporación a la cultura política de una alusión religiosa  mínima, especialmente en sociedades, como Estados Unidos, donde existe una  separación constitucional de Iglesia y Estado”<sup>4</sup>. Esta forma de  “religión” incluiría también la creación de una ideología civil &#8213;como lo fue en  el caso del republicanismo francés&#8213; con el objetivo de excluir por completo  cualquier resto de divinidad de la vida política. Por ejemplo, Burleigh expone  en el tercer capítulo de su obra, que los revolucionarios no convencidos con la  supremacía del Estado sobre la Iglesia, pretendieron convertir la Revolución en  una religión civil, que reemplazaría todos aquellos símbolos del cristianismo en  la sociedad francesa &#8213;desde los nombres de las calles hasta la organización del  año&#8213;, con la idea de crear un hombre nuevo. Sin embargo, desde su punto de  vista, el autor no puede evitar preguntarse si esta religión civil había y ha  sido realmente necesaria, ya que ellas carecerían en un aspecto esencial para  ser consideradas religiones: no se preocupan de definir el bien ni el mal ni de  las peripecias de la humanidad, ni fueron nunca universalmente respetadas ni  admiradas<sup>5</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Frente al auge de las  religiones civiles durante el siglo XIX, y al consecuente exilio y persecución  del catolicismo, el historiador plantea que la supervivencia de éste se debió  mayormente a la diligencia del laicado y a la piedad femenina, siendo ellas las  que asumieron funciones clericales tradicionalmente masculinas. Por lo mismo,  los primeros e incesantes intentos de crear cultos cívicos continuaron  fracasando<sup>6</sup>, y ante las tentativas napoleónicas de exportar este  nuevo credo laico a otras naciones europeas, tanto en España como en Alemania o  Rusia se fusionaron la contrarrevolución, el nacionalismo y la religión en su  contra &#8213;aunque el autor nos vuelve a recordar que probablemente estos elementos  eran percibidos como un todo&#8213;<sup>7</sup>. Así, como trata en el capítulo  cuarto, la estabilidad volvió a Europa en la época de la restauración, gracias a  que se consideró la alianza entre trono y altar como fundamento básico de la  autoridad legítima<sup>8</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En el quinto capítulo, Michael  Burleigh le da otra mirada a la clásica visión historiográfica sobre el siglo  XIX como gestor del Estado-nación &#8213; siendo su mayor aporte y originalidad&#8213;, ya  que propone que el cristianismo no fue simplemente sustituido por los  nacionalismos, sino que fue un proceso más bien pausado y negociado. En primer  lugar, señala que la formación de éstos se llevó a cabo en forma paralela a los  procesos de descristianización y recristianización; pero que aún más, los mismos  nacionalismos habrían incorporado elementos importantes de la tradición  judeocristiana &#8213;como la idea de un pueblo elegido por la divinidad para cumplir  una misión providencial&#8213;, que se mantuvieron en la cultura europea<sup>9</sup>.  Además, esta nueva religión secular, que tenía al nacionalismo como deidad, no  intervino en las creencias religiosas tradicionales de la mayoría de la  población según el autor &#8213;y he allí también su novedad frente a las clásicas  interpretaciones historiográficas del tema&#8213;; sin embargo, para una élite  nacionalista, la fe patriótica se asemejaba a pertenecer a una iglesia  alternativa, mezclando así nuevamente religión y política<sup>10</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Finalmente, Burleigh expone el  transnacional proceso de separación oficial de Estado e Iglesia y la  radicalización de las guerras culturales llevadas a cabo para llegar a ella.  Estas, según el autor, no sólo se concentrarían en las atribuciones jurídicas y  administrativas de la Iglesia y el Estado, sino que eran “...una lucha entre los  portadores de la luz científica y moderna y supersticiones medievales...”<sup>11</sup>  El problema radicaba también para los católicos en definirse contrarios a la  civilización moderna, ya que explotaban con habilidad muchos de sus  instrumentos. Burleigh plantea que uno de los principales campos de batalla fue  la educación &#8213;área que se echa de menos en el resto del libro y que recién en  esta sección desarrolla con mayor profundidad&#8213;, por el importante rol que jugaba  el clero en él y porque los Estados consideraban que la existencia de  instituciones educativas católicas minaban la unidad nacional, en desmedro de  los valores republicanos de patriotismo, progreso y ciencia<sup>12</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En tanto, para el historiador  inglés, el papel del papado &#8213;relegado a un plano secundario durante gran parte  del siglo XIX&#8213; habría resurgido en las últimas décadas, especialmente con León  XIII, quien se distanció sutilmente de las intransigentes posturas de sus  antecesores frente a la ciencia y libertad modernas, y se acercó a la idea de  que la democracia era una fuerza a tomar en cuenta. No obstante, el Pontífice  planteaba que la Iglesia debía mantenerse neutral respecto a las formas de  gobierno, debido a que a pesar de que esta institución fuese intrínsecamente  superior por sus motivos trascendentes, no tenía ningún derecho a entrometerse  en las cuestiones temporales<sup>13</sup>. A pesar de este acercamiento del  Papado, los regímenes anticlericales habrían conservado la idea de separar las  esferas de influencia de la Iglesia y el Estado, adoptando estrategias  diferentes con el Vaticano, los obispos, las órdenes religiosas y el bajo clero,  para finalmente dividir las opiniones en el mundo católico<sup>14</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">De esta forma, en las últimas  décadas del siglo XIX se llegaría al objetivo final de separar definitivamente  ambas instituciones, relegando a la Iglesia cristiana &#8213;en cualquiera de sus  versiones&#8213; a un ámbito meramente privado, pero con la contradicción de mantener  la religión secular como aquella practicada en colegios, ceremonias públicas y  monumentos. De esta forma, Michael Burleigh busca demostrar que el catolicismo  no fue un obstáculo para la democratización y modernización del Estado  decimonónico, sino que formó parte integral de este proceso, a través de la  imitación de algunas de sus características en las religiones civiles y por  medio del surgimiento de nuevos modelos de sociabilidad, que jugarían un rol  esencial en la nueva esfera pública del siglo XX.</font></p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v24n62/art21fig1.gif" width="194" height="314"></p>     
<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">1</font></sup><font size="2">  Burleigh, Michael. <i>Poder Terrenal. Religión y política en Europa. De la  Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial</i>. México: Taurus, 2006. 25.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">2</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 45-46.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">3</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 81 y 86.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">4</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 29.</font></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">5</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 32-33.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">6</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 137.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">7</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 139.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">8</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 144.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">9</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 175-176.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">10</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 176.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">11</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 372.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">12</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 392.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">13</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 400.</font></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana"><sup><font size="2">14</font></sup><font size="2"> <i>Id</i>. 411.</font></font></p>      ]]></body>
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