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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA PENÍNSULA REGALADA: EL OLVIDO MARÍTIMO EN LAS NEGOCIACIONES POR LA GUAJIRA, 1833-1891]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The gifted peninsula: the maritime forgotten in the negotiations by the Guajira, 1833-1891]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The backward motion in space of our present maps, turned into cartoons of the Uti Possidetis, represents the most uncomfortable evidence of our careless attitude toward our territory, and also casts a shameful shadow over the skills employed in the negotiations undertaken by national diplomacy. Actually the plenipotentiaries who had to handle Colombia’s expansionist foreign policy during the 19th century forgot to take a cursory glance through seafaring documentation written by pilots, skippers, navy officers and sailors in general, when sailing hadn’t still lost its struggle against the steam boat, and the maritime ventures depended on the goodwill or ires of the ocean. For if the bad temper of the sea is to be considered, Colombian waters experienced the worst that could be imagined. If this permanent and unaltered telluric fact along the centuries -and is registered in hundreds of navigation journals and course logs- had been known, studied, analyzed and used by our delegates on limits affairs, Colombia would have had to forget Peninsula and Gulf altogether. This work exposes a brief review of the negotiations by our diplomacy between 1833 and 1891 -the years marking the start of discussions and the end of diplomatic litigation by the judgment of the Spanish arbitrator, respectively- and identifies the lack of a coherent strategy based on the maritime documentation mentioned above as title deeds in favor of our country. It reviews the testimonials of seafarers that experienced the adversities of the immense Neogranadine seas, explaining the usefulness of the journals and course logs during the maritime voyages, and the inclusion in their courses of all kind of details over the incidences occurred during the Caribbean and transatlantic trips.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"><b>LA PEN&Iacute;NSULA REGALADA: EL  OLVIDO MAR&Iacute;TIMO EN LAS NEGOCIACIONES POR LA GUAJIRA, 1833-1891</b></font></p>      <p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"><b>Gerardo Vivas Pineda </b></font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Profesor Titular a Tiempo Integral del Departamento de  Ciencias Sociales de la Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var- Sartenejas. Correo  Electr&oacute;nico: <a href="mailto:vivaspineda@yahoo.com">vivaspineda@yahoo.com</a>.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>Resumen: </b>El retroceso espacial de nuestros mapas actuales, convertidos  en caricaturas del Uti Possidetis, constituye la m&aacute;s inc&oacute;moda prueba de nuestra  irresponsabilidad territorial, y adem&aacute;s proyecta una amarga sombra sobre la  capacidad negociadora de la diplomacia nacional. Es lo que nos ha sucedido a los  venezolanos con la p&eacute;rdida de la pen&iacute;nsula de la Guajira. En efecto, los  plenipotenciarios que durante el siglo XIX encararon la expansiva pol&iacute;tica  exterior colombiana se olvidaron de echarle un vistazo a los documentos del mar  escritos por pilotos, capitanes, oficiales de marina y navegantes en general,  cuando la navegaci&oacute;n a vela todav&iacute;a no hab&iacute;a perdido la desigual confrontaci&oacute;n  con la m&aacute;quina de vapor, y las empresas mar&iacute;timas depend&iacute;an de los permisos  concedidos por las iras oce&aacute;nicas. Porque si de rabietas acu&aacute;ticas se trata, el  mar frente a Colombia adoleci&oacute; siempre del peor genio marino conocido. Si este  hecho tel&uacute;rico, invariable y permanente que lleva el mismo paso de los siglos &mdash;y  aparece registrado en centenares de diarios de navegaci&oacute;n y derroteros n&aacute;uticos&mdash;  hubiera sido conocido, estudiado, analizado y utilizado por nuestros  discutidores lim&iacute;trofes, Colombia habr&iacute;a tenido que olvidarse de Pen&iacute;nsula y  Golfo para siempre. El presente trabajo desarrolla un breve repaso de las  negociaciones diplom&aacute;ticas emprendidas entre 1833 y 1891 &mdash;a&ntilde;os que marcan el  comienzo de las discusiones y el final diplom&aacute;tico del litigio mediante la  sentencia del &aacute;rbitro espa&ntilde;ol&mdash;, y detecta la ausencia de una estrategia  coherente basada en la consideraci&oacute;n de los documentos mar&iacute;timos mencionados  como t&iacute;tulos hist&oacute;ricos a favor de nuestro pa&iacute;s. Luego revisa los testimonios de  navegantes que durante siglos sufrieron las adversidades de la inmensidad marina  neogranadina, explicando la utilidad de los diarios de navegaci&oacute;n y los  derroteros n&aacute;uticos en las traves&iacute;as mar&iacute;timas, y la inclusi&oacute;n en sus  singladuras de todo tipo de detalles sobre las incidencias habidas en los viajes  caribe&ntilde;os y trasatl&aacute;nticos. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>Palabras claves: </b>navegaci&oacute;n, diarios, derroteros, meteorolog&iacute;a,  fronteras, l&iacute;mites, diplomacia.</font></p>      <p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"><b>The gifted peninsula: the maritime forgotten in the  negotiations by the Guajira, 1833-1891</b></font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>Abstract: </b>The backward motion in space of our present maps, turned  into cartoons of the Uti Possidetis, represents the most uncomfortable evidence  of our careless attitude toward our territory, and also casts a shameful shadow  over the skills employed in the negotiations undertaken by national diplomacy.  Actually the plenipotentiaries who had to handle Colombia&rsquo;s expansionist foreign  policy during the 19th century forgot to take a cursory glance through seafaring  documentation written by pilots, skippers, navy officers and sailors in general,  when sailing hadn&rsquo;t still lost its struggle against the steam boat, and the  maritime ventures depended on the goodwill or ires of the ocean. For if the bad  temper of the sea is to be considered, Colombian waters experienced the worst  that could be imagined. If this permanent and unaltered telluric fact along the  centuries &mdash;and is registered in hundreds of navigation journals and course logs&mdash;  had been known, studied, analyzed and used by our delegates on limits affairs,  Colombia would have had to forget Peninsula and Gulf altogether. This work  exposes a brief review of the negotiations by our diplomacy between 1833 and  1891 &mdash;the years marking the start of discussions and the end of diplomatic  litigation by the judgment of the Spanish arbitrator, respectively&mdash; and  identifies the lack of a coherent strategy based on the maritime documentation  mentioned above as title deeds in favor of our country. It reviews the  testimonials of seafarers that experienced the adversities of the immense  Neogranadine seas, explaining the usefulness of the journals and course logs  during the maritime voyages, and the inclusion in their courses of all kind of  details over the incidences occurred during the Caribbean and transatlantic  trips. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>Keywords:</b> navigation, journals, course logs, meteorology, frontiers,  boundaries, diplomacy.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Recibido: 26/08/2014 Aprobado: 29/09/2014</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>1. Estado de la cuesti&oacute;n </b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En diciembre de 1833, cuando reci&eacute;n comenzaban las negociaciones entre  Colombia y Venezuela por el establecimiento definitivo de sus l&iacute;mites  territoriales, Lino de Pombo, ministro neogranadino de Relaciones Exteriores,  afirmaba que no hab&iacute;a inconveniente en adoptar el Cabo Chichivacoa, en la mitad  superior de la pen&iacute;nsula de la Guajira, como extremo de la l&iacute;nea fronteriza, por  ser insignificante y poco abordable el espacio comprendido desde dicho Cabo  hasta Punta Espada, m&aacute;s al oriente (<a href="#Figura_N°_1">v&eacute;ase figura N&ordm; 1</a>).1</font></p>     <p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"> <img style="width: 451px; height: 265px;" alt="" src="/img/fbpe/te/v25n64/art12fig1.jpg"> </font></p>      
<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Podr&iacute;amos preguntarnos si el ministro Pombo cay&oacute; en cuenta de que ofrec&iacute;a a  los venezolanos un argumento irrebatible a favor de la posici&oacute;n nacional, e  inquirir tambi&eacute;n si alguno de nuestros plenipotenciarios adivin&oacute; la  trascendencia que esa afirmaci&oacute;n ten&iacute;a a su favor, particularmente la frase que  hemos resaltado. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">A ojos de navegantes, marinos y gente dedicada al mar durante la era de la  vela, se calificaba como espacio costero &ldquo;poco abordable&rdquo; un litoral donde las  naves corr&iacute;an muchos riesgos por las adversas condiciones mar&iacute;timas  predominantes.2 Es evidente que, desde el punto de vista estrictamente mar&iacute;timo  y a pesar de su error estrat&eacute;gico, el funcionario colombiano us&oacute; la expresi&oacute;n  con mucha propiedad. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">El espacio comprendido entre los puntos mencionados forma parte de una  extens&iacute;sima zona costera que se extiende por todo el Atl&aacute;ntico colombiano,3  caracterizada por fuertes vientos y corrientes orientados en su mayor&iacute;a de este  a oeste, donde las embarcaciones provenientes de ese pa&iacute;s pasaban mucho trabajo  para navegar hacia nuestro territorio. Por eso les daba igual a los colombianos  fijar el l&iacute;mite no en Punta Espada, sino en el Cabo Chichivacoa, a mitad de la  pen&iacute;nsula, dejando en manos de Venezuela alrededor de 30 millas cuyo alcance por  mar permanec&iacute;a cuesta arriba para nuestros vecinos. &iquest;Sab&iacute;an nuestros delegados  que esas condiciones mar&iacute;timas favorec&iacute;an el alcance del Golfo de Venezuela y de  la pen&iacute;nsula de la Guajira desde cualquier punto de la costa venezolana, al  contrario de lo que suced&iacute;a a los agentes navales colombianos? &iquest;Se justificaba  entonces la aspiraci&oacute;n colombiana de apoderarse de la pen&iacute;nsula completa, a  pesar de tener un acceso mar&iacute;timo tan limitado, mientras los indios guajiros  imped&iacute;an su control terrestre? &iquest;Por qu&eacute; nuestra diplomacia no tom&oacute; en cuenta  documentos que comprobaban contundentemente esa realidad mar&iacute;tima, como los  diarios de navegaci&oacute;n y los derroteros n&aacute;uticos que durante siglos dejaron  constancia de las enormes dificultades de pilotaje a lo largo y ancho del mar  virreinal? De haberlo hecho, habr&iacute;an tenido en sus manos un argumento  dif&iacute;cilmente rebatible en t&eacute;rminos mar&iacute;timos, y las aspiraciones colombianas se  habr&iacute;an visto reducidas a su m&iacute;nima expresi&oacute;n. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Este trabajo explica con detalle ese determinismo natural, y analiza el  desarrollo de las negociaciones entre plenipotenciarios que dejaron de lado una  documentaci&oacute;n cient&iacute;fica tambi&eacute;n determinante, facilitando la sentencia del  laudo arbitral de la Corona espa&ntilde;ola en 1891 que cambi&oacute;, a favor de Colombia,  los derechos de posesi&oacute;n de la pen&iacute;nsula de La Guajira, propiedad de Venezuela  desde la creaci&oacute;n hist&oacute;rica del territorio nacional en el siglo XVI, d&aacute;ndole  posteriormente aspiraciones al pa&iacute;s vecino, seg&uacute;n el nuevo derecho del mar,4  sobre el Golfo que lleva el nombre venezolano. Este desenlace permiti&oacute;, incluso,  crisis tan delicadas como la incursi&oacute;n, en aguas interiores del mismo Golfo, de  la corbeta de guerra colombiana Caldas en 1987, que estuvo a punto de provocar  un grave conflicto armado.5 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En Venezuela el aspecto mar&iacute;timo de este problema ha adolecido de un  preocupante desinter&eacute;s desde tiempo atr&aacute;s, mucho antes de iniciarse el proceso  diplom&aacute;tico entre los pa&iacute;ses en disputa.6 Todav&iacute;a est&aacute; por estudiarse el tema de  la identidad mar&iacute;tima del venezolano que, en principio, podemos plantear desde  una aprior&iacute;stica hip&oacute;tesis de trabajo: si en el pa&iacute;s de Bol&iacute;var hay dificultades  de identidad nacional, esas dificultades se acent&uacute;an mucho m&aacute;s en relaci&oacute;n con  la identificaci&oacute;n hacia el propio mar, pues ni el paisano colonial ni el criollo  republicano han mostrado hist&oacute;ricamente un nexo consistente hacia sus espacios  acu&aacute;ticos, tanto como para perder importantes enclaves territoriales &mdash;la  pen&iacute;nsula de la Guajira y la Guayana Esequiba&mdash; e insulares &mdash;las Antillas  holandesas y Trinidad&mdash; que termin&oacute; entregando sin disparar un solo tiro.7 Jos&eacute;  Manuel Brice&ntilde;o Monzillo lo ha expresado inequ&iacute;vocamente:</font></p>   <blockquote style="font-family: Verdana;"> 	          <p><font size="-1">Los pueblos que no tienen una conciencia firme sobre el  	valor del espacio, conforman naciones en decadencia&hellip; como nos ha venido  	ocurriendo hasta ahora por causas diversas: carencia de una convivencia  	territorial, presencia de numerosos vac&iacute;os territoriales, ausencia de una  	conciencia mar&iacute;tima&hellip; La conciencia territorial es m&aacute;s que la mera relaci&oacute;n,  	consciente y racional, entre el hombre y la naturaleza: es el apego profundo  	del ciudadano al suelo patrio&hellip;8</font></p>   </blockquote>       <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Si la posesi&oacute;n del mar siempre fue mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que la posesi&oacute;n  territorial, en nuestro caso podr&iacute;a afirmarse que la primera fue pr&aacute;cticamente  nula, incluso antes de penetrar los extranjeros en nuestro espacio acu&aacute;tico.  Este vac&iacute;o ha llevado a Juan Porras Rengel a afirmar que Puede en tal sentido  aseverarse, en principio, que tanto nuestros negociadores como los juristas que  entre nosotros han abordado el tema, han dirigido su atenci&oacute;n, principalmente,  al aspecto jur&iacute;dico, que si bien es cierto amerita ser considerado seriamente,  pues posee tambi&eacute;n su propio peso espec&iacute;fico, no parece revestir, empero, la  trascendencia de la cuesti&oacute;n atinente a la naturaleza hist&oacute;rica de las aguas  internas del Golfo.9</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En este sentido podr&iacute;a afirmarse que durante los siglos coloniales la  intervenci&oacute;n espa&ntilde;ola se redujo s&oacute;lo a una presencia naval ocasional, mientras  el poblamiento de nuestras islas y costas fue insuficiente y no gener&oacute; la  ligaz&oacute;n emocional con el mar circundante.10 Probablemente el alejamiento de la  conciencia nacional de la problem&aacute;tica mar&iacute;tima ha tenido mucho que ver con la  insistencia de los especialistas en el tema lim&iacute;trofe y fronterizo, aisl&aacute;ndolo  como un escenario cuyas implicaciones jur&iacute;dicas son suficientes para ubicarlo  como tema pol&iacute;tico. Es parte de las modernas teor&iacute;as seg&uacute;n las cuales &ldquo;&hellip; la  frontera ha dejado de ser un hecho geogr&aacute;fico para convertirse en un hecho  pol&iacute;tico&rdquo;.11 En el caso del Golfo de Venezuela y los espacios mar&iacute;timos del pa&iacute;s  creemos que las perspectivas de an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n deber&iacute;an haber sido  replanteadas, porque el hecho geogr&aacute;fico &mdash;el mar y sus cualidades f&iacute;sicas y  meteorol&oacute;gicas&mdash; siempre fue determinante en la definici&oacute;n de los hechos  hist&oacute;ricos que sobre &eacute;l se desarrollaron. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">A la Compa&ntilde;&iacute;a Guipuzcoana de Caracas, por ejemplo, se le concedi&oacute;  jurisdicci&oacute;n mar&iacute;tima desde la vertiente atl&aacute;ntica hasta R&iacute;ohacha, en pleno  virreinato neogranadino, entre 1728 y 1781.12 &iquest;Por qu&eacute; no se le dio esa  jurisdicci&oacute;n a Cartagena de Indias, siendo la principal cabecera continental del  sistema comercial trasatl&aacute;ntico? La respuesta ha sido ignorada por el mundo  especializado: la direcci&oacute;n y fuerza de la masa acu&aacute;tica y a&eacute;rea en el Caribe  convert&iacute;an a la base naval colombiana en un enclave mar&iacute;timamente pasivo, al  punto de que el ministro colombiano Arosemena lleg&oacute; a se&ntilde;alar, en su momento,  que los actos de jurisdicci&oacute;n del Virreinato sobre el litoral atl&aacute;ntico,  particularmente en la costa guajira, &ldquo;&hellip;no fueron persistentes, cual se requiere  para constituir posesi&oacute;n real&hellip;&rdquo;,13 persistencia imposible de practicarse debido  a la confrontaci&oacute;n permanente con los factores naturales. Esta declaraci&oacute;n puede  considerarse un reconocimiento de las desventajas colombianas por un negociador  propio, hecho desestimado por nuestra diplomacia.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Por el contrario, los puertos y naves venezolanos durante la era de la vela  contaban con grandes aliados en esos elementos naturales, cuya orientaci&oacute;n  predominante de este a oeste facilitaba la navegaci&oacute;n hacia cualquier parte de  la cuenca caribe&ntilde;a. La duraci&oacute;n de las traves&iacute;as en uno u otro sentido no deja  lugar a dudas. Pero &iquest;han sido estudiadas en profundidad las condiciones  operacionales de esa jurisdicci&oacute;n delegada a la Compa&ntilde;&iacute;a Guipuzcoana? &iquest;C&oacute;mo la  ejerc&iacute;an los buques corsarios, de guerra o mercantes? &iquest;Cu&aacute;l era la cotidianidad  marinera de las tripulaciones obligadas a lidiar con los meteoros para llegar de  un puerto a otro? &iquest;C&oacute;mo se explica la pasividad de los corsarios neogranadinos,  acusados por sus jefes de la inefi cacia de su actividad represiva y la pobreza  de sus botines?14 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En relaci&oacute;n con la confrontaci&oacute;n diplom&aacute;tica por la pen&iacute;nsula de la Guajira y  el Golfo de Venezuela, llama mucho la atenci&oacute;n la ausencia de documentos de  car&aacute;cter mar&iacute;timo en el corpus de t&iacute;tulos presentados por los plenipotenciarios  nacionales. &Eacute;stos se limitan a reales c&eacute;dulas, reales &oacute;rdenes, protocolos,  documentos que prueban ser l&iacute;mites territoriales y diversas actividades de los  delegados. Algunos papeles tienen implicaciones mar&iacute;timas, pero s&oacute;lo desde el  punto de vista legal: jurisdicci&oacute;n, ordenanzas de corso, actividad extranjera en  Bah&iacute;a Honda, resguardo de la costa entre Maracaibo y Santa Marta. Con car&aacute;cter  naval apenas son pertinentes papeles relacionados con la actividad del corsario  Vicente Antonio de Icuza en Bah&iacute;a Honda, pero no existen entre los t&iacute;tulos  presentados por Venezuela registros de la navegaci&oacute;n operativa: diarios de las  traves&iacute;as o derroteros n&aacute;uticos.15 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Estos papeles, ya en el siglo XVIII, muestran un car&aacute;cter rigurosamente  cient&iacute;fico, y son el registro no s&oacute;lo de las singladuras diarias de las  embarcaciones, sino &mdash;y m&aacute;s importante para nuestros objetivos&mdash; de c&oacute;mo los  marineros y navegantes enfrentaban los retos naturales del oc&eacute;ano. Dicho de otra  manera, son el espejo donde se reflejaba lo posible y lo imposible en la  navegaci&oacute;n a vela. En el caso de este estudio, lo posible era ejecutar traves&iacute;as  desde Venezuela hacia La Guajira y Nueva Granada, y lo &mdash;casi&mdash; imposible  emprenderlas desde los puertos virreinales hacia la misma pen&iacute;nsula.16 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>2. Las negociaciones diplom&aacute;ticas </b></font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En 1833 comienza el agrio proceso diplom&aacute;tico que llevar&aacute; a la p&eacute;rdida de  miles de kil&oacute;metros cuadrados de territorio nacional. Ese a&ntilde;o Colombia y  Venezuela, los pa&iacute;ses en disputa, nombran como delegados plenipotenciarios a  Lino de Pombo y Santos Michelena, respectivamente. El l&iacute;mite propuesto comenzaba  en el Cabo de Chichivacoa, partiendo por mitades la pen&iacute;nsula de la Guajira. El  congreso colombiano ratific&oacute; este tratado, pero el venezolano lo rechaz&oacute;  alegando que su frontera occidental en la pen&iacute;nsula nac&iacute;a en el Cabo de La Vela  (<a href="#Figura_N°_1">v&eacute;ase figura N&ordm; 1</a>).</font></p>      <p style="text-align: center; font-family: Verdana"><font size="-1"><b> <a name="Figura_N°_1">Figura N&deg; 1</a></b>. Enclaves territoriales involucrados en la  controversia</font></p>     <p style="text-align: center; font-family: Verdana"> <img border="0" src="/img/fbpe/te/v25n64/art12fig1.jpg"></p>      
<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Las discusiones se congelan hasta 1844, cuando nuevos  representantes asumen las funciones negociadoras, Ferm&iacute;n Toro por Venezuela, y  Joaqu&iacute;n Acosta por Colombia, cuya propuesta fue tambi&eacute;n infructuosa.17 Es  conveniente se&ntilde;alar los errores cometidos en la fijaci&oacute;n de las l&iacute;neas  demarcadoras por estas comisiones, que inclu&iacute;an el desconocimiento de  importantes documentos &mdash;la Real C&eacute;dula de la Comandancia de Barinas&mdash; y  establecieron un l&iacute;mite factual m&aacute;s que taxativo,18 errores originados en la  confusi&oacute;n de linderos internos de la Capitan&iacute;a General de Venezuela con l&iacute;mites  exteriores compartidos con el Virreinato de Nueva Granada. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Pero tambi&eacute;n los legisladores del Congreso venezolano  cometieron equivocaciones, al malinterpretar, por ejemplo, el Cabo de La Vela  con el accidente geogr&aacute;fico, en vez de hacerlo con toda la zona que llegaba  hasta las 10 leguas otorgadas a Santa Marta en la capitulaci&oacute;n de Bastidas de  1525, o las 8 leguas a la Provincia de R&iacute;ohacha en 1547.19 Pablo Ojer &mdash;m&aacute;ximo  int&eacute;rprete del problema hist&oacute;rico-fronterizo de Venezuela, y a quien seguimos a  pie juntillas en nuestro an&aacute;lisis&mdash; les reconoce, sin embargo, plena conciencia  de la jurisdicci&oacute;n mar&iacute;tima ejercida desde Caracas hasta el pol&eacute;mico Cabo. Pero  &mdash;insistimos con denuedo&mdash; tales t&iacute;tulos no incluyeron expedientes navales  operativos que demostraran un ejercicio pr&aacute;ctico, constante y efectivo de esa  jurisdicci&oacute;n. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Por cierto, el mismo Ojer destaca que Pombo, el  plenipotenciario neogranadino, &ldquo;&hellip; reconocer&iacute;a como algo natural que los cruceros  de Venezuela vigilaran la costa goajira porque los barcos de Nueva Granada no  pod&iacute;an con la remontada de Chichibacoa&rdquo;,20 as&iacute; como el mismo Virreinato hab&iacute;a  reconocido previamente la condici&oacute;n mar&iacute;tima de Maracaibo como una enorme  ventaja en la vigilancia costera de la Guajira hasta Riohacha.21 De haber  nuestros negociadores conocido, analizado y utilizado adecuadamente los  documentos n&aacute;uticos que proponemos, habr&iacute;an comprendido que esos problemas de  navegaci&oacute;n no se circunscrib&iacute;an solamente a la costa norte de la Guajira, sino a  todo el litoral atl&aacute;ntico colombiano y sus espacios mar adentro hasta la costa  sur cubana. La estrategia diplom&aacute;tica venezolana se habr&iacute;a agudizado y la  defensa de la pen&iacute;nsula habr&iacute;a sido pr&aacute;cticamente inexpugnable.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Volviendo a las discusiones Michelena-Pombo, otros sensibles errores de  interpretaci&oacute;n territorial afectaron la posici&oacute;n venezolana, al imponer t&eacute;rminos  como el &ldquo;Desparramadero del Sarare&rdquo;, siendo &eacute;ste un accidente geogr&aacute;fico  susceptible de modificaciones debido a la lluviosidad de la zona. Pablo Ojer  culmina el an&aacute;lisis de la negociaci&oacute;n Michelena-Pombo de la siguiente manera:</font></p>   <blockquote style="font-family: Verdana;"> 	          <p><font size="-1">En suma, contra la versi&oacute;n generalizada de la l&iacute;nea  	Michelena-Pombo como expresi&oacute;n de concesiones neogranadinas en los sectores  	de la frontera: Goajira, San Faustino, frontera llanera y territorio al  	oeste de la l&iacute;nea Orinoco-Atabapo-R&iacute;o Negro, la realidad es que representaba  	una serie de concesiones venezolanas en esos cuatro tramos, y s&oacute;lo se  	descubre una concesi&oacute;n neo-granadina de Punta Espada a Chichibacoa, porque  	como lo confes&oacute; Pombo, era de escasa importancia para ellos y se reconoc&iacute;an  	impotentes para la remontada de este Cabo.22</font></p>   </blockquote>       <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En cuanto a la siguiente etapa de negociaciones, conducida  por los plenipotenciarios Ferm&iacute;n Toro, venezolano, y Joaqu&iacute;n Acosta, colombiano,  Ojer destaca que Toro hab&iacute;a recibido instrucciones muy precisas de no conceder  m&aacute;s de la mitad de la Guajira, pues se tem&iacute;a que si Colombia obten&iacute;a toda la  pen&iacute;nsula ser&iacute;a incapaz de someter a los indios guajiros y defender de sus  hostilidades al territorio venezolano. Se sab&iacute;a que durante los dos &uacute;ltimos  siglos las autoridades neogranadinas hab&iacute;an solicitado la intervenci&oacute;n de  Venezuela en la defensa de R&iacute;ohacha, ciudad virreinal, porque ellos no pod&iacute;an  realizarla. Para colmo, los indios hab&iacute;an atacado embarcaciones europeas, y  Dinamarca lleg&oacute; al extremo de insinuar una intervenci&oacute;n extranjera si el  gobierno no era capaz de controlar a los abor&iacute;genes.23 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Colombia present&oacute; nuevos t&iacute;tulos, aparentemente completos,  pero en verdad eran expedientes truncos y mutilados que, ingenuamente, Toro  acept&oacute;, dando pie a que nuestros vecinos alegaran el reconocimiento de Venezuela  a la soberan&iacute;a neogranadina sobre toda la pen&iacute;nsula. A prop&oacute;sito de tales  expedientes, Acosta, el delegado colombiano, era un veterano investigador y  conocedor de los archivos hist&oacute;ricos espa&ntilde;oles, cuya obra Historia de la Nueva  Granada24 comentaremos m&aacute;s adelante en el ep&iacute;grafe El olvidado argumento  n&aacute;utico, tomando en cuenta los detalles que incluye sobre las dificultades de  navegaci&oacute;n en el mar virreinal durante la primera mitad del siglo XVI, pero que,  aparentemente, la estrategia diplom&aacute;tica colombiana tap&oacute; para no entorpecer sus  propias aspiraciones territoriales. El terreno ganado, sin embargo, llev&oacute; a  alg&uacute;n historiador colombiano a suspirar por la p&eacute;rdida de la provincia de  Maracaibo, afirmando que esta entidad pod&iacute;a ser bien administrada desde Santa Fe  como desde Caracas, olvidando que desde Cartagena de Indias se tardaba un mes de  navegaci&oacute;n hasta la ciudad marabina, y en cambio desde La Guaira y Puerto  Cabello apenas tres d&iacute;as. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">De la siguiente etapa de negociaciones, encabezada por el  venezolano Antonio Leocadio Guzm&aacute;n y el colombiano Murillo Toro,25 s&oacute;lo destaca  Ojer el rechazo a la l&iacute;nea del pacto Toro-Acosta y el regreso a la l&iacute;nea del  Cabo de La Vela, aunque vuelve al error de considerarla s&oacute;lo como cabo y no como  la regi&oacute;n abarcada en la provincia original.26 Luego de Antonio Leocadio, su  hijo Antonio Guzm&aacute;n Blanco dirige los esfuerzos diplom&aacute;ticos, pero distra&iacute;do por  sus aspiraciones y funciones presidenciales y compromisos familiares en Europa  pierde el tacto negociador y observa impotente la sentencia del laudo arbitral  dictado por la Corona espa&ntilde;ola que entrega a Colombia la casi totalidad de la  Guajira. Seg&uacute;n las p&aacute;ginas que venimos citando de Pablo Ojer, algunos de los  desatinos negociadores m&aacute;s dolorosos y perjudiciales de nuestros  plenipotenciarios pueden resumirse en los siguientes hechos: primero y  principal, no captar la desventaja estrat&eacute;gica colombiana sobre la remontada de  la costa guajira; luego, pensar que no se sacrificaba nada de territorio  nacional; aceptar la equivocada concepci&oacute;n geogr&aacute;fica de Agust&iacute;n Codazzi;27  confundir los linderos de la Capitan&iacute;a General de Venezuela con los del  Virreinato de Nueva Granada;28 asimilar la l&iacute;nea Montes de Oca con la de Perij&aacute;,  llevando el l&iacute;mite por las cumbres y no por la ladera occidental que  correspond&iacute;a a Venezuela; uso de accidentes geogr&aacute;ficos variables; suponer  ignorantes en materia de l&iacute;mites a los plenipotenciarios colombianos; aceptar  expedientes documentales mutilados presentados por Colombia; desobediencia a las  instrucciones impartidas por su gobierno; desconocimiento de las instituciones  coloniales; reconocer la pertenencia de toda la Guajira a Colombia hasta los  l&iacute;mites de Sinamaica; y confundir la Provincia del Cabo de la Vela con el  accidente geogr&aacute;fico. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Las evaluaciones que se han hecho sobre la presencia en las  negociaciones de Antonio Guzm&aacute;n Blanco, per&iacute;odo pol&iacute;tico adversamente  definitorio de la controversia, permiten generalizar algunas conclusiones sobre  la ineficacia diplom&aacute;tica de nuestros delegados. Sim&oacute;n Alberto Consalvi, en su  an&aacute;lisis sobre la pol&iacute;tica exterior del guzmanato, cita al propio Guzm&aacute;n cuando  afirmaba que el tema lim&iacute;trofe con Colombia no se hab&iacute;a resuelto &ldquo;&hellip;por la falta  de estudio y de seriedad con que ciertos gobiernos anteriores de Venezuela  vieron siempre la materia&rdquo;.29 Pero &iquest;pod&iacute;a haber estudio y seriedad en un pa&iacute;s  que hab&iacute;a quedado tan deprimido por las luchas independentistas, plagado de  guerras civiles y montoneras, y sumido en un extenuante atraso?</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Al mismo Guzm&aacute;n, no obstante, se le ha atribuido una gran  responsabilidad en las p&eacute;rdidas fronterizas, como lo hizo Armando Rojas en su  obra Las misiones diplom&aacute;ticas de Guzm&aacute;n Blanco:</font></p>   <blockquote style="font-family: Verdana;"> 	          <p><font size="-1">Hay que reconocer que el plenipotenciario (Guzm&aacute;n) cometi&oacute; al mismo  	tiempo un grav&iacute;simo error al aceptar la cl&aacute;usula mediante la cual, sin  	previa consulta al gobierno, se convert&iacute;a al &aacute;rbitro juris del Convenio del  	81, en &aacute;rbitro arbitrador. Tal medida era, a todas luces, inconstitucional,  	ya que dejaba en manos del &aacute;rbitro disponer, sin lugar a apelaci&oacute;n, del  	territorio nacional, que en virtud de nuestra Carta M&aacute;xima es intransferible  	e inalienable. No dudamos en califi car este acto como torpeza de grav&iacute;simas  	consecuencias, que se pusieron de manifiesto en el Laudo dictado por el  	Soberano espa&ntilde;ol en 1891, mediante el cual fue cercenado considerablemente  	el territorio de la Rep&uacute;blica.30</font></p>   </blockquote>       <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En cualquier caso y como puede observarse, en ning&uacute;n momento de las  negociaciones hay t&iacute;tulos estrictamente mar&iacute;timos o navales en el sentido  operativo, ausencias que, en relaci&oacute;n con la Guajira, habr&iacute;an sido determinantes  a nuestro favor. Los siguientes ep&iacute;grafes muestran la influencia que estos  documentos pudieron haber tenido en el desenvolvimiento diplom&aacute;tico de la  controversia. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>3. El olvidado argumento n&aacute;utico </b></font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Desde comienzos del siglo XVI se registran informes acerca de las difi  cultades de navegaci&oacute;n en el &aacute;rea. Apenas en 1510 Alonso de Ojeda y sus  tripulaciones tienen grandes difi cultades para remontar, habiendo salido del  Golfo de Urab&aacute;, en el litoral paname&ntilde;o. La mitad de sus hombres muere al  naufragar cerca de la Isla Fuerte cuando intentan ir a Santo Domingo. Ese mismo  a&ntilde;o la escuadra del gobernador Diego Nicuesa es dispersada por una tempestad que  los obliga a refugiarse en la desembocadura del r&iacute;o Chagres.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">&nbsp;Los rescatistas que salen a buscarlos zozobran en la misma costa  perdiendo catorce hombres. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde Vasco N&uacute;&ntilde;ez de Balboa pierde sus  naves en una borrasca frente a la desembocadura del r&iacute;o Atrato, llamado entonces  r&iacute;o Grande. Por aquellos d&iacute;as el explorador Valdivia tambi&eacute;n naufraga en las  costas de Cuba &ldquo;en tiempo de brisas&rdquo;. En 1514 Pedrarias zarpa de Santa Marta con  una escuadra de 15 naves y 1.500 hombres con intenciones de dirigirse a  Cartagena, pero los pilotos, novatos en la exigente navegaci&oacute;n cartagenera, sin  percatarse son empujados por las corrientes hasta el Dari&eacute;n, en la actual  Panam&aacute;, un desv&iacute;o de 170 millas. Acosta pone la sentencia definitiva sobre las  consecuencias del traj&iacute;n mar&iacute;timo en el Atl&aacute;ntico neogranadino con la siguiente  afirmaci&oacute;n: &ldquo;En todo el a&ntilde;o de 1510 perecieron m&aacute;s de mil hombres de Cartagena a  Veragua, del modo lamentable que hemos referido&rdquo;,31 tr&aacute;gico balance al que  contribuy&oacute; la agresividad de los ind&iacute;genas adem&aacute;s de las adversas condiciones  mar&iacute;timas y meteorol&oacute;gicas. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">El 20 de octubre de 1550 el obispo de Coro, Miguel Jer&oacute;nimo Ballesteros,  escribe al rey inform&aacute;ndole de su itinerario desde Cartagena de Indias hacia  Santa Marta y Cabo de la Vela: &ldquo;Part&iacute; para esta provincia de Venezuela, y pas&eacute;  muchos trabajos en la navegaci&oacute;n&hellip;&rdquo;32. Es interesante a&ntilde;adir tambi&eacute;n alg&uacute;n  registro extranjero, como el del corsario ingl&eacute;s John Hawkins, quien en 1564  relata c&oacute;mo entre Curazao, Aruba, Cabo de la Vela, R&iacute;ohacha y Jamaica, justo  frente a los amplios litorales cartageneros, la fuerza de los vientos contrarios  les romp&iacute;a las anclas una y otra vez. Sin embargo, la peor consecuencia es digna  de transcribirse:</font></p>   <blockquote style="font-family: Verdana;"> 	          <p><font size="-1">Partimos el 31 de mayo, manteniendo nuestro curso hacia  	la Hispaniola [Santo Domingo], y el 4 de junio avistamos una isla, que  	pensamos era Jamaica, maravill&aacute;ndonos de que debido a la fuerza vehemente  	del mar nos hubi&eacute;ramos desviado tanto a sotavento; porque habiendo fijado  	nuestro curso al extremo oeste de la Hispaniola [Hait&iacute;] est&aacute;bamos frente al  	centro de Jamaica&hellip; de modo que al final resultamos a sotavento de todos  	estos lugares y nos hallamos en el extremo occidental de Jamaica antes de  	que nos percat&aacute;ramos de ello, y una vez estando en sotavento no hab&iacute;a manera  	de retornar&hellip; ni all&iacute; ni en toda Cuba, a lo largo de la cual fuimos  	navegando, pero siempre suced&iacute;a que por una u otra causa no lleg&aacute;bamos a  	nuestro destino&hellip;33</font></p>   </blockquote>       <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">&nbsp;Tres&nbsp; a&ntilde;os&nbsp; m&aacute;s&nbsp; tarde&nbsp; otro&nbsp; corsario&nbsp; ingl&eacute;s,&nbsp; el&nbsp; famoso&nbsp; Francis&nbsp; Drake,disc&iacute;pulo de Hawkins, vivi&oacute; en carne propia el arrase del mar cartagenero. Pudo atacar Riohacha, pero llegando a Cartagena una tormenta lo dispers&oacute; y lo empuj&oacute; m&aacute;s de 1.000 millas hasta el Golfo de M&eacute;xico, luego de lo cual pudo recalar en Veracruz. 34</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Pocos&nbsp; a&ntilde;os&nbsp; despu&eacute;s&nbsp; otros&nbsp; testimonios&nbsp; refl ejan&nbsp; la&nbsp; m&aacute;s&nbsp; nefasta&nbsp; de&nbsp; las consecuencias para la navegaci&oacute;n cartagenera: el hundimiento y p&eacute;rdida deembarcaciones: </font></p>      <p style="margin-left: 40px; text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">&hellip; en marzo de 1578&hellip; se hallaba todav&iacute;a en Cartagena don Miguel de Erazo&hellip; All&iacute; llevaba ya siete meses reparando sus barcos, aguardando noticias de los corsarios y evitando los fuertes vientos alisios que corr&iacute;an, seg&uacute;n &eacute;l, desde octubre a marzo, los cuales constitu&iacute;an un aut&eacute;ntico peligro para la navegaci&oacute;n&hellip; se hab&iacute;an perdido en Nombre de Dios, a causa del viento norte &ldquo;tres galeones de esta real Armada que tra&iacute;a a su cargo el almirante don Francisco Carre&ntilde;o y otras naves que all&iacute; estaban&rdquo;. Eraso agregaba que se hund&iacute;an muchas naves durante los meses en que soplaban los vientos nortes, no solo navegando en alta mar, sino en los puertos deNombre de Dios, Santa Marta y barra de Veragua. 35 </font></p>      <div style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Subrayamos el texto que ilustra el determinismo ambiental en la regi&oacute;n. Eran frecuentes, precisamente, las referencias a los riesgos implicados en este mar, como lo hizo el gobernador Osorio, desde Caracas, cuando en 1590 apoyaba la incorporaci&oacute;n de R&iacute;ohacha a la Provincia de Venezuela, alegando que &ldquo;Maracaibo distaba &uacute;nicamente veinte leguas de R&iacute;ohacha sin necesidad de utilizar la arriesgada v&iacute;a&nbsp; mar&iacute;tima&rdquo;. 36&nbsp;&nbsp; Resaltamos&nbsp; la&nbsp; invariable&nbsp; afi rmaci&oacute;n,&nbsp; y&nbsp; eso&nbsp; que,&nbsp; en&nbsp; este&nbsp; caso, el sentido de la navegaci&oacute;n aludida &mdash;de la ciudad marabina hacia el Oeste&mdash; tendr&iacute;a los vientos totalmente a su favor. Como veremos en pr&oacute;ximos ep&iacute;grafes, sin embargo, la fuerza de las marejadas era tal que los expedicionarios muchas veces prefer&iacute;an tomar la ruta terrestre para evitar los riesgos oce&aacute;nicos.     <br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Ya a comienzos del siglo XVII los reportes acerca del peligro en el mar neogranadino insisten en las advertencias para los incautos que llegan a la costa por el r&iacute;o Magdalena:</font></div>      <p style="margin-left: 40px; text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Y tiene otra dificultad no menos importante que las dem&aacute;s, y es que cuando&nbsp; haya&nbsp; bajado&nbsp; dicho&nbsp; metal&nbsp; [plata&nbsp; en&nbsp; barras]&nbsp; en&nbsp; las&nbsp; canoas&nbsp; a Mompox, que es el paraje a donde llegan las fragatas de Cartagena, y en donde se ha de mudar el dicho metal de las canoas a las fragatas para llevarle a Cartagena, porque no se puede llevar en las canoas, y tienen las fragatas grand&iacute;simo peligro al desembocar el dicho r&iacute;o Grande en el mar, porque muy de ordinario se pierden muchas fragatas en la dicha boca, por los baj&iacute;os y furia con que desemboca. 37</font></p>      <div style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">La furia aludida no es exclusiva del r&iacute;o, sino que se solapa con las fuertes brisas y corrientes caracter&iacute;sticas de esta zona mar&iacute;tima. Casi un siglo despu&eacute;s, la selecci&oacute;n de Maracaibo como objetivo de ataque por el pirata Henry Morgan obedeci&oacute; al fracaso de su escuadra en el intento de alcanzar Cartagena de Indias desde Jamaica, trayecto durante el cual la navegaci&oacute;n contra el viento signifi c&oacute; tambi&eacute;n un duro forcejeo contra las corrientes, destrozando el aparejo de las naves y agotando a las tripulaciones hasta forzarlas a regresar a Jamaica. 38&nbsp; La ciudad marabina termin&oacute; pagando los platos rotos por la meteorolog&iacute;a cartagenera, ya que Morgan opt&oacute; por emprenderla contra el Golfo de Venezuela, el puerto y el Lago de Maracaibo, m&aacute;s al alcance desde la base jamaicana dando un rodeo por las grandes Antillas.     <br>      <br>  Transcurridos dos siglos la situaci&oacute;n ambiental segu&iacute;a complicando la navegaci&oacute;n&nbsp; virreinal.&nbsp; A&nbsp; principios&nbsp; del&nbsp; XVIII&nbsp; las&nbsp; expediciones&nbsp; de&nbsp; Juan&nbsp; D&iacute;az Pimienta desde Espa&ntilde;a a Cartagena, y de all&iacute; al Dari&eacute;n, padecen dur&iacute;simos peligros por culpa del insufrible viento, que ralentiza la marcha de los barcos y les provoca serias fi ltraciones. 39&nbsp; Ni siquiera los jabeques, tan &uacute;tiles y efectivos en aguas venezolanas por su gran capacidad n&aacute;utica y poder artillero, 40&nbsp; eran capaces de enfrentar las adversas condiciones del mar en Cartagena de Indias &ldquo;&hellip; mediante que anteriormente se manifest&oacute; no ser &uacute;tiles estos buques por lo violento de aquellas brisas&hellip;&rdquo;. 41&nbsp; Esta opini&oacute;n, emitida en 1764, se fundaba en una comunicaci&oacute;n previa de 1763 en la que se solicitaban modifi caciones al aparejo de los jabeques para mejorar su rendimiento, &ldquo;&hellip; pues acredita la experiencia que esta especie de embarcaciones aguantan mejor que otras en la fuerza de las brisas que tanto vientan en aquellas costas &hellip;&rdquo;. 42&nbsp;     <br>      <br>  Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, y a pesar del intento de aplicar mejoras en los jabeques, las autoridades entraban en contradicciones, porque, seg&uacute;n algunas, &ldquo; &hellip; me parecen sufi cientes y m&aacute;s propios [los jabeques] que los [buques] grandes por el tama&ntilde;o de las entenas para la fuerza de las brisas, comunes en sus tiempos en estos mares &hellip;&rdquo;, y seg&uacute;n otras &ldquo;&hellip; porque no pueden usar de las entenas a causa de las fuertes brisas y mares &hellip;&rdquo;, y adem&aacute;s &ldquo;&hellip; por no considerarlos capaces de resistir aquellos mares, a causa de las fuertes brisas que all&iacute; se experimentan &hellip;&rdquo;. 43&nbsp; Las mentadas entenas &mdash;vergas o palos horizontales en el velamen de los barcos con aparejo triangular&nbsp; o&nbsp; latino&mdash; 44 ,&nbsp; eran&nbsp; particularmente&nbsp; &uacute;tiles&nbsp; para&nbsp; orientar&nbsp; mejor&nbsp; las embarcaciones y aprovechar mejor los vientos, por muy contrarios que &eacute;stos fuesen. Pero es necesario recalcar la insistencia de los funcionarios acerca de las&nbsp; permanentes&nbsp; dificultades&nbsp; de&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; en&nbsp; aquellas&nbsp; zonas&nbsp; mar&iacute;timas,&nbsp; al margen del uso de los jabeques, con todo y la comprobada calidad de estas embarcaciones en Espa&ntilde;a y en el Caribe. 45&nbsp; A pesar de configurar &eacute;stos el tipo de naves m&aacute;s a prop&oacute;sito para practicar el corso, la violencia e impetuosidad de los elementos marinos en Nueva Granada las venc&iacute;an y desgastaban sin piedad, tanto que en 1773 estaban tan quebrantadas las embarcaciones existentes en Santa Fe que el virrey, Manuel de Guirior, solicit&oacute; a Juli&aacute;n de Arriaga naves nuevas para reponerlas. 46&nbsp; Viendo&nbsp; el&nbsp; continente&nbsp; suramericano&nbsp; de&nbsp; frente&nbsp; en&nbsp; un&nbsp; planisferio,&nbsp; y tomando&nbsp; en&nbsp; cuenta&nbsp; la&nbsp; direcci&oacute;n&nbsp; predominante&nbsp; de&nbsp; vientos&nbsp; y&nbsp; corrientes&nbsp; de derecha a izquierda, 47&nbsp; se comprende f&aacute;cilmente las desventajas de los navegantes santafecinos en sus traves&iacute;as hacia territorio venezolano (<a href="#Figura_N°_2.">v&eacute;ase figura N&ordm; 2</a>). Los famosos vientos nortes &mdash;flechas punteadas&mdash; representan paredes de piedra contra el velamen de las embarcaciones, y las corrientes y contracorrientes &mdash;flechas discontinuas y curvas&mdash; masas acu&aacute;ticas dif&iacute;cilmente penetrables. 48&nbsp;     <br>      <br>  En estas condiciones, las bases navales venezolanas pose&iacute;an todas las ventajas para enviar embarcaciones r&aacute;pidamente a cualquier parte del Caribe y del Golfo de M&eacute;xico. Los corsarios de la Guipuzcoana, por ejemplo, sab&iacute;an muy bien lo que hac&iacute;an al ejecutar las campa&ntilde;as represivas, desde el oriente del pa&iacute;s hasta el Cabo de la Vela, con viento y corrientes en popa &mdash;por detr&aacute;s&mdash;, subiendo luego hacia las grandes Antillas con los vientos y corrientes por estribor &mdash;a la derecha del buque&mdash; para llegar a Puerto Rico donde no era raro apresar naves contrabandistas y aprovechar para hacer aguada y repostar v&iacute;veres. De all&iacute; se dejaban caer otra vez al oriente venezolano impuls&aacute;ndose con el viento por&nbsp; el&nbsp; otro&nbsp; lado&nbsp; &mdash;babor&mdash;&nbsp; para&nbsp; dar&nbsp; una&nbsp; segunda&nbsp; recorrida&nbsp; con&nbsp; la&nbsp; misma singladura. De esta manera casi nunca se ve&iacute;an obligados a luchar contra brisas o corrientes totalmente en contra &mdash;excepto en los cortos trayectos entre las grandes Antillas&mdash; sabiendo que el aparejo latino de sus balandras y jabeques &mdash;velas triangulares colocadas de perfil en el aparejo de la embarcaci&oacute;n&mdash; les permit&iacute;a sacar ventajas de las ventoleras laterales.</font></div>      <p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"><span style="font-weight: bold;"> <a name="Figura_N°_2.">Figura N&deg; 2.</a></span> Direcci&oacute;n de vientos y corrientes en el mar virreinal</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="font-family: Verdana; text-align: center;"> <img style="width: 450px; height: 347px;" alt="" src="/img/fbpe/te/v25n64/art12fig2.jpg"><font size="-1"></font></p>      
<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">A Cartagena de Indias, ubicada en los 10&deg; 24&rsquo; de latitud Norte y 75&deg; 33&rsquo; de longitud Oeste, le suced&iacute;a exactamente lo contrario, situaci&oacute;n mar&iacute;tima agudizada por la presencia de contracorrientes, entre ellas la que se forma cerca del&nbsp; Dari&eacute;n,&nbsp; actual&nbsp; Panam&aacute;,&nbsp; que&nbsp; circula&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; sentido&nbsp; contrario&nbsp; a&nbsp; las&nbsp; agujas del reloj entre la isla de San Andr&eacute;s y el Golfo de los Mosquitos, al lado de la&nbsp; actual&nbsp; Nicaragua.&nbsp; Esta&nbsp; contracorriente&nbsp; sube&nbsp; por&nbsp; la&nbsp; costa&nbsp; cartagenera&nbsp; casi hasta la Guajira, y de all&iacute; cambia otra vez a la misma direcci&oacute;n de la corriente antillana. Otra contracorriente frente al Cabo de La Vela convierte este espacio mar&iacute;timo en uno de los m&aacute;s peligrosos del mundo, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante.&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Los vientos, por su parte, llegan a la misma costa colombiana casi en el mismo sentido de la corriente marina, y all&iacute; desarrollan las velocidades m&aacute;s intensas en todo el Caribe, generando las condiciones m&aacute;s adversas para la navegaci&oacute;n. El&nbsp; buque&nbsp; que&nbsp; intenta&nbsp; subir&nbsp; desde&nbsp; Cartagena&nbsp; hacia&nbsp; el&nbsp; Cabo&nbsp; de&nbsp; la Vela,&nbsp; por ejemplo, tiene a su favor la mencionada contracorriente, pero en contra las fuertes ventoleras &mdash;de 15 a 20 nudos entre enero y febrero, es decir, entre 27 y 36 km/hora&mdash; 49&nbsp; que soplan del Noreste hacia el Suroeste, es decir, por un brazo lo hala el mar y por el otro lo hala el viento en direcciones totalmente contrarias, provocando lo que podr&iacute;amos llamar &ldquo;desgarramientos&rdquo; n&aacute;uticos, expresados en el evidente peligro y duraci&oacute;n de las traves&iacute;as, en la ineficacia de las misiones navales y en el acentuado desgaste de las embarcaciones. As&iacute; las cosas, la posici&oacute;n geogr&aacute;fica de Cartagena de Indias la inutilizaba como agente efectivo de guerra en el mar. No extra&ntilde;a, entonces, que &ldquo;A partir de 1792, hasta 1810, el Virreinato se desentendi&oacute; completamente del Golfo [de Venezuela]&rdquo;, como ha dicho Pablo Ojer en sus conclusiones generales sobre el principio del Uti Possidetis en lo mar&iacute;timo y del mejor dominio naval ejercido desde Caracas. 50</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Las&nbsp; dif&iacute;ciles&nbsp; condiciones&nbsp; ambientales&nbsp; obligaron&nbsp; a&nbsp; que,&nbsp; en&nbsp; 1774,&nbsp; el virrey instruyera al comandante de la escuadra de guardacostas sobre nuevas condiciones&nbsp; para&nbsp; practicar&nbsp; el&nbsp; corso,&nbsp; y&nbsp; aprovechaba&nbsp; para&nbsp; llamar&nbsp; la&nbsp; atenci&oacute;n sobre&nbsp; otras&nbsp; circunstancias&nbsp; que&nbsp; agudizaban&nbsp; el&nbsp; problema&nbsp; meteorol&oacute;gico.&nbsp; En primer&nbsp; lugar,&nbsp; reconoc&iacute;a&nbsp; la&nbsp; falta&nbsp; de&nbsp; instrucciones&nbsp; sobre&nbsp; el&nbsp; modo&nbsp; de&nbsp; hacer&nbsp; el corso &mdash;raro argumento, dada la antig&uuml;edad de las ordenanzas aplicadas por Espa&ntilde;a desde comienzos de siglo&mdash;; 51&nbsp; en segundo, reclamaba la pasividad de los corsarios; en tercero &mdash;y m&aacute;s importante desde nuestro punto de vista&mdash; reconoc&iacute;a la presencia de condiciones marinas insuperables; y en cuarto lugar, permit&iacute;a las dificultosas remontadas de los corsarios s&oacute;lo hasta la pen&iacute;nsula de la Guajira, desde donde el regreso a Cartagena ser&iacute;a m&aacute;s corto y menos engorroso. 52&nbsp; Muy tarde parec&iacute;an abrir los ojos los altos funcionarios ante el conflictivo rompecabezas acu&aacute;tico.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Un ejemplo de las penalidades mar&iacute;timas entre Cuba y Jamaica, el punto m&aacute;s septentrional del mar cartagenero, lo ofrece el viaje en 1738 de Miguel Moncada Sandoval, esp&iacute;a cubano enviado a la isla inglesa para detectar planes de invasi&oacute;n contra la posesi&oacute;n espa&ntilde;ola, quien registra c&oacute;mo &ldquo;Al amanecer [viernes 15 de agosto] se me rompi&oacute; toda la vela de proa y a las nueve de la ma&ntilde;ana se me parti&oacute; en dos pedazos el tim&oacute;n. Me fue preciso gobernar con las velas y as&iacute; logr&eacute; entrar en Jamaica a las cinco de la tarde&rdquo;. El accidente fue la excusa perfecta de Moncada para justifi carse ante los ingleses, echando la culpa de su desv&iacute;o a los temporales que, seg&uacute;n Ascensi&oacute;n Baeza Mart&iacute;n, &ldquo;&hellip;sol&iacute;an impedir que las embarcaciones llegaran a su destino y se vieran obligadas a arribar en otros puertos&rdquo;. 53&nbsp;&nbsp;</font></p>      <div style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">A&nbsp; comienzos&nbsp; del&nbsp; siglo&nbsp; XIX&nbsp; una&nbsp; opini&oacute;n&nbsp; tan&nbsp; autorizada&nbsp; como&nbsp; la&nbsp; de Alejandro de Humboldt refiere de nuevo el peligro de la navegaci&oacute;n a la ida y a la vuelta de la isla de Cuba, que constituye el enclave m&aacute;s septentrional del mar virreinal. A la ida &ldquo;Llegamos a La Habana en diciembre, despu&eacute;s de una traves&iacute;a muy tormentosa y muy larga, de un mes y medio, durante la cual casi naufragamos en los arrecifes del banco de la V&iacute;bora, al sur de Jamaica&rdquo;. 54&nbsp; Luego de este susto la vuelta a Cartagena de Indias no estuvo exenta de sobresaltos: </font></div>      <p style="margin-left: 40px; text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">&hellip;y no pudiendo hallar [en La Habana] pasaje en buque alguno neutro, flet&eacute; una goleta catalana que se hallaba en la rada en Bataban&oacute; [Golfo de], y que deb&iacute;a estar a mi disposici&oacute;n para llevarme, fuese a Portobelo, fuese&nbsp; a&nbsp; Cartagena&nbsp; de&nbsp; Indias,&nbsp; seg&uacute;n&nbsp; que&nbsp; el&nbsp; mar&nbsp; y&nbsp; las&nbsp; brisas&nbsp; de&nbsp; Santa Marta, que soplaban con violencia todav&iacute;a en aquella estaci&oacute;n a menosde los 12&deg; de latitud, pod&iacute;an permitirlo. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">El&nbsp; sabio&nbsp; alem&aacute;n&nbsp; y&nbsp; su&nbsp; tripulaci&oacute;n&nbsp; confrontaron&nbsp; problemas&nbsp; cuando&nbsp; la brisa fresca y las corrientes los arrastraron primero hacia las islas Caim&aacute;n, en los 19&deg; de latitud norte, y luego &ldquo;&hellip;fuimos a dar al Golfo del Dari&eacute;n &mdash;en la desembocadura del r&iacute;o Atrato, a los 8&deg; de latitud norte, 120 millas por debajo del puerto de destino&mdash; no llegamos a Cartagena sino 35 d&iacute;as despu&eacute;s, el 1&deg; de abril de 1801, no sin gran peligro&hellip;&rdquo;. Por cierto, aprovecha para citar en su trabajo el testimonio de una joven con quien habl&oacute; en la Trinidad de Cuba, que le recordaba &ldquo;una larga y penosa traves&iacute;a a Tierra Firme&rdquo;, es decir, seg&uacute;n el patr&oacute;n de las convulsas traves&iacute;as en el mar virreinal. 55&nbsp; Quedan subrayados los fragmentos importantes sobre la permanente amenaza oce&aacute;nica. Raz&oacute;n ten&iacute;a Humboldt cuando se refi ri&oacute; a la violencia de la mar y las brisas frente a Santa Marta, a menos de 200 kil&oacute;metros de Cartagena, donde el peligro era mayor que en alta mar.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Un repaso a otros lances mar&iacute;timos durante el siglo XIX en el Atlántico  colombiano&nbsp; ayuda&nbsp; a&nbsp; entender&nbsp; mejor&nbsp; su&nbsp;  determinismo&nbsp; ambiental,&nbsp; y&nbsp; no es otro que el mismo Agustín  Codazzi quien nos ofrece un testimonio de primera mano, mientras se incorporaba  a la causa libertaria republicana. De sus memorias se obtiene idea exacta de los  amplios espacios navegados por el italiano entre 1817 y 1822, desde Santa Marta  hasta el Darién, desde el Darién hasta la isla de Providencia, desde allí hasta  Belice, Cuba, Jamaica y Saint Thomas, y otra vez hasta el mar cartagenero. En  las repetidas travesías de Codazzi se alternan las condiciones propicias —apenas  en tres días recorre las&nbsp; 400&nbsp; millas&nbsp; entre&nbsp; Providencia&nbsp;  y&nbsp; el&nbsp; archipiélago&nbsp; de&nbsp; San&nbsp; Blas&nbsp; en&nbsp; la&nbsp;  costa oriental panameña, con viento favorable, y dos días de regreso también con  viento en popa— con las más frecuentes amenazas atmosféricas: una tormenta entre  Santa Marta y el cayo Roncador, a poco más de 200 millas de la costa  nicaragüense, lo hace perder el rumbo y encallar en este islote; en otra  ocasión, de ida hacia Providencia, altas mareas y brisas muy frescas hacen  naufragar su goleta en los arrecifes de La Serranilla; más tarde, en el cabo  Gracias a Dios —en la frontera entre Nicaragua y Honduras, a los 15° de  latitud—, un temporal lo mantiene al borde de la zozobra, y en su diario asienta  “Los truenos, los relámpagos, el viento, la lluvia, el rugir del mar y de las  olas que batían los arrecifes hacían la noche hórrida y espantosa… Fue aquí  donde, por primera vez, consideré de cerca a la muerte que, a sangre fría,  esperaba a cada instante…”; pocos días después un viento huracanado casi les  hunde la embarcación; por último, en una travesía desde Belice a la isla  caribeña de Saint Thomas, las corrientes lo hacen encallar en Los Jardines de la Reina, en la costa sur cubana, cuando &eacute;l y su tripulaci&oacute;n cre&iacute;an haber alcanzado la costa dominicana, un error de diez grados de diferencia en longitud, es decir, 600 millas. 56&nbsp; Despu&eacute;s de esta azarosa relaci&oacute;n es probable que Agust&iacute;n Codazzi sea el testigo sobreviviente m&aacute;s castigado por el oc&eacute;ano neogranadino que tuvo lasuerte de poder contarlo. </font></p>      <p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"><span style="font-weight: bold;"> <a name="Figura_N°_3.">Figura N&deg; 3.</a></span> Dos formas de navegaci&oacute;n en el mar virreinal</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="font-family: Verdana; text-align: center;"><font size="-1"> <img style="width: 451px; height: 321px;" alt="" src="/img/fbpe/te/v25n64/art12fig3.jpg"></font></p> <span style="font-weight: bold;">4. Hablan los diarios</span>    
<br>     <div style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">     <br>  Los&nbsp; diarios&nbsp; de&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; constitu&iacute;an&nbsp; el&nbsp; instrumento&nbsp; fundamental de seguimiento de las traves&iacute;as durante la era de la vela. Los detalles all&iacute; anotados arrojan luz sobre el&nbsp;procedimiento marinero b&aacute;sico, pero adem&aacute;s aportan interesantes evidencias de las variantes de la marcha no s&oacute;lo frente a la rutina del pilotaje &mdash;direcci&oacute;n de los vientos, fijaci&oacute;n y correcci&oacute;n de los rumbos, estima y demarcaci&oacute;n de la posici&oacute;n, c&aacute;lculo de las distancias, observaci&oacute;n de los astros&mdash;, sino ante los imprevistos que caracterizan al mar y a la climatolog&iacute;a, circunstancias todas que determinan el rumbo de la embarcaci&oacute;n entre los puertos de salida y destino. Como instrumento b&aacute;sico de la navegaci&oacute;n, los diarios representan una apropiada muestra del estado de avance en que se encontraba la ciencia n&aacute;utica para el momento estudiado.    <br>      <br>  Estos registros n&aacute;uticos eran los documentos cient&iacute;ficos m&aacute;s avanzados de su tiempo. 57&nbsp; Desde mediados del siglo XVIII se formaba a los aspirantes a&nbsp; pilotos&nbsp; en&nbsp; aritm&eacute;tica,&nbsp; &aacute;lgebra,&nbsp; f&iacute;sica,&nbsp; geometr&iacute;a&nbsp; especulativa&nbsp; y&nbsp; pr&aacute;ctica, trigonometr&iacute;a&nbsp; plana&nbsp; y&nbsp; esf&eacute;rica,&nbsp; mec&aacute;nica&nbsp; celeste,&nbsp; cosmograf&iacute;a,&nbsp; c&aacute;lculo loxodr&oacute;mico,&nbsp; c&aacute;lculo&nbsp; decimal,&nbsp; sexagesimal&nbsp; e&nbsp; infinitesimal,&nbsp; extracci&oacute;n&nbsp; de ra&iacute;ces, fundamentos astron&oacute;micos y geogr&aacute;ficos para hallar latitud y longitud, explicaci&oacute;n de los globos terr&aacute;queo y celeste, diarios de navegaci&oacute;n, arte de la&nbsp; mariner&iacute;a,&nbsp; levantamiento&nbsp; cartogr&aacute;fi co&nbsp; de&nbsp; puertos&nbsp; y&nbsp; costas,&nbsp; maquinaria y&nbsp; partes&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; nav&iacute;o,&nbsp; artiller&iacute;a,&nbsp; dibujo&nbsp; y&nbsp; construcci&oacute;n&nbsp; de&nbsp; tablas,&nbsp; todo&nbsp; ello acompa&ntilde;ado de la pr&aacute;ctica necesaria en traves&iacute;as planificadas. 58&nbsp; Es conveniente enfatizarlo&nbsp; porque&nbsp; as&iacute;&nbsp; podemos&nbsp; comprender&nbsp; mejor&nbsp; la&nbsp; enorme&nbsp; omisi&oacute;n&nbsp; de los plenipotenciarios venezolanos al olvidar la utilizaci&oacute;n de los documentos n&aacute;uticos&nbsp; en&nbsp; las&nbsp; discusiones&nbsp; con&nbsp; Colombia,&nbsp; cuando&nbsp; ambas&nbsp; partes&nbsp; hab&iacute;an acordado&nbsp; darle&nbsp; prioridad&nbsp; a&nbsp; los&nbsp; expedientes&nbsp; cient&iacute;ficos,&nbsp; precisamente,&nbsp; como los m&aacute;s valiosos para presentarlos como t&iacute;tulos en defensa de sus posiciones respectivas. 59&nbsp;     <br>      <br>  En efecto, los delegados concluyeron que las pruebas literales &mdash;la informaci&oacute;n escrita registrada por expertos&mdash; eran las de mayor cr&eacute;dito, pues&nbsp; no&nbsp; pod&iacute;an&nbsp; ser&nbsp; tachadas&nbsp; de&nbsp; parciales,&nbsp; mucho&nbsp; menos&nbsp; cuando&nbsp; aqu&eacute;llos hab&iacute;an&nbsp; recorrido&nbsp; el&nbsp; territorio&nbsp; y&nbsp; se&nbsp; convert&iacute;an&nbsp; as&iacute;&nbsp; en&nbsp; ejecutantes&nbsp; o&nbsp; testigos presenciales de las observaciones o mediciones emprendidas, muy al contrario de los &ldquo;testigos de o&iacute;das&rdquo; cuyas revelaciones pod&iacute;an obedecer a parcialidades o&nbsp; subjetividades. 60&nbsp;&nbsp; A&nbsp; pesar&nbsp; del&nbsp; olvido&nbsp; por&nbsp; parte&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; plenipotenciarios, estas mismas consideraciones eran todav&iacute;a m&aacute;s pertinentes en el caso de la navegaci&oacute;n mar&iacute;tima, en la cual los diarios de bit&aacute;cora conten&iacute;an todo tipo de advertencias y precisiones sobre las traves&iacute;as realizadas, los parajes recorridos y las condiciones meteorol&oacute;gicas predominantes, es decir, tomaban radiograf&iacute;as de la realidad marina del momento, y esa realidad definida por el mar era absolutamente irreductible e invariable: la mariner&iacute;a que operaba en la Carrera de Indias y en las escuadras navales espa&ntilde;olas y extranjeras aprendi&oacute; a temerle al mar virreinal.    <br>      <br>  A prop&oacute;sito de los efectos adversos sobre hombres y naves, vale la pena citar textualmente un fragmento del diario de navegaci&oacute;n de la fragata Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe, que zarp&oacute; de C&aacute;diz a Cartagena de Indias el 27 de julio de 1753. En las proximidades de Santa Marta el diario asienta:</font></div>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="margin-left: 40px; text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Esta situaci&oacute;n &mdash;la cercan&iacute;a del puerto neogranadino&mdash;, y el viento fresco, que nos favorec&iacute;a, fund&oacute; la esperanza de que el d&iacute;a siguiente podr&iacute;amos dar fondo en la bah&iacute;a de Cartagena. Pero el cielo dispuso lo contrario, pues abati&eacute;ndonos enteramente el viento a las once de la noche, padecimos la calma m&aacute;s molesta, as&iacute; por ver frustrada nuestra esperanza, y violentado el vehemente deseo de saltar a tierra, como por la gran marejada que dur&oacute; toda la noche, con balances tan molestos, y golpes de mar tan gruesos, que habiendo entrado varias veces por el costado y proa del nav&iacute;o, se metieron por las ventanas de la c&aacute;mara baja de popa, y subieron hasta inundar la galer&iacute;a, entr&aacute;ndose por la c&aacute;mara alta. Esta molesta experiencia nos hizo cerrar las ventanas, aumentando nuestro quebranto con el calor, truenos yaguaceros, que duraron toda la noche. 61 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En este orden de ideas, la llamada &ldquo;Costa de Barlovento&rdquo;, es decir, el litoral de Tierra Firme hacia las provincias venezolanas, representaba para los neogranadinos&nbsp; no&nbsp; s&oacute;lo&nbsp; el&nbsp; enfrentamiento&nbsp; con&nbsp; el&nbsp; enemigo&nbsp; pol&iacute;tico&nbsp; for&aacute;neo, sino con el formidable adversario de la naturaleza, tanto que generalmente en las recorridas corsarias apenas se apresaba un reducido n&uacute;mero de naves contrabandistas, como sucedi&oacute; a la escuadra de Luis de C&oacute;rdoba, comandante de los guardacostas de Cartagena de Indias, que en la campa&ntilde;a de 1756 apenas captur&oacute; una embarcaci&oacute;n holandesa, muy impedido por la reciedumbre de vientos y corrientes. Esta traves&iacute;a es probablemente la m&aacute;s reveladora entre la documentaci&oacute;n que hemos manejado sobre los problemas n&aacute;uticos desde la capital neogranadina hacia las provincias venezolanas. El diario de navegaci&oacute;n a nuestra disposici&oacute;n muestra el rumbo emprendido desde el 5 de octubre hasta el 5 de noviembre de 1756, justo treinta d&iacute;as, de los cuales 14 sufriendo las condiciones marinas y meteorol&oacute;gicas que, reventando naves, deshacen la programada salida corsaria. Tardan dos d&iacute;as completos para salir de Cartagena &ldquo;por el viento contrario&rdquo;. Apresan la balandra antes mencionada, y tardan 12 d&iacute;as en llegar a 15 leguas de Riohacha, donde el jabeque corsario &ldquo;&hellip;ten&iacute;a el palo trinquete rendido por dos partes&hellip;&rdquo;. 62&nbsp; C&oacute;rdoba decide echar atr&aacute;s y regresar a Cartagena el d&iacute;a 17, pero las corrientes frecuentemente, y no s&oacute;lo los vientos, son contrarias. Hay d&iacute;as en que &ldquo;&hellip; no adelantando nada&hellip;&rdquo; debendar fondo y permanecer anclados para no verse constantemente sotaventados. 63&nbsp;&nbsp; </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En uno de esos lances la balandra apresada &ldquo;&hellip; empez&oacute; a garrear &hellip;&rdquo; por el viento y mar que hay&nbsp;&nbsp; , 64&nbsp; haciendo hasta 16 pulgadas de agua por hora, pero la dejan en el puerto de Palmarito y logran atracar en Cartagena el d&iacute;a 31 de&nbsp; octubre,&nbsp; tardando&nbsp; 14&nbsp; d&iacute;as&nbsp; desde&nbsp; que&nbsp; emprendieron&nbsp; el&nbsp; regreso.&nbsp; El&nbsp; 1&deg;&nbsp; de noviembre&nbsp; intentan&nbsp; de&nbsp; nuevo&nbsp; la&nbsp; salida,&nbsp; pero&nbsp; el&nbsp; d&iacute;a&nbsp; 5,&nbsp; despu&eacute;s&nbsp; de&nbsp; padecer alternativamente&nbsp; fuertes&nbsp; vientos&nbsp; y&nbsp; calma&nbsp; chicha,&nbsp; Luis&nbsp; de&nbsp; C&oacute;rdoba&nbsp; decide definitivamente abandonar el intento. En la &uacute;ltima hoja de su diario el capit&aacute;n escribe: &ldquo;Los tiempos por el Sur y Sursuroeste jam&aacute;s se han visto en estas costas tan&nbsp; recios,&nbsp; permanentes&nbsp; y&nbsp; con&nbsp; tantas&nbsp; aguas&rdquo;. 65&nbsp;&nbsp; Esta&nbsp; es&nbsp; la&nbsp; imposible&nbsp; traves&iacute;a neogranadina por antonomasia durante la era de la vela, la que destruye naves y vence hombres que prefieren abandonar la navegaci&oacute;n.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">En&nbsp; el&nbsp; intento&nbsp; los&nbsp; corsarios&nbsp; cartageneros&nbsp; siempre&nbsp; se&nbsp; topaban&nbsp; con&nbsp; las condiciones ambientales reinantes para emprender recorridas m&aacute;s all&aacute; de La Guajira, y por ello ya en 1775 el nuevo comandante de guardacostas, Fidel de Eslava, informaba a Juli&aacute;n de Arriaga que la balandra San Pedro, alias La Ventura, llevar&iacute;a tripulaciones de reemplazo y pertrechos al destacamento de Riohacha, &ldquo;&hellip; debiendo antes de regresar a este puerto [Cartagena] recorrer la costa hasta el Golfo de Maracaibo, si los tiempos dan lugar para ello&rdquo;. 66&nbsp; Resaltamos la &uacute;ltima oraci&oacute;n&nbsp; para&nbsp; destacar&nbsp; el&nbsp; implacable&nbsp; condicionamiento&nbsp; natural&nbsp; en&nbsp; esa&nbsp; zona mar&iacute;tima. La navegaci&oacute;n contra los elementos en estas condiciones siempre los obligaba a &ldquo;bolinear&rdquo; o &ldquo;barloventear&rdquo;, es decir, emprender la remontada contra&nbsp; el&nbsp; viento&nbsp; ejecutando&nbsp; un&nbsp; zig-zag&nbsp; con&nbsp; avances&nbsp; m&iacute;nimos&nbsp; &mdash;maniobra que los marineros y navegantes denominan &ldquo;ce&ntilde;ir el viento&rdquo;&mdash; (<a href="#Figura_N°_3.">v&eacute;ase figura N&ordm;&nbsp; 3</a>),&nbsp; poniendo&nbsp; sobre&nbsp; hombres&nbsp; y&nbsp; naves&nbsp; una&nbsp; presi&oacute;n&nbsp; a&nbsp; veces&nbsp; insoportable, porque no todas las embarcaciones pose&iacute;an las caracter&iacute;sticas apropiadas para emprender este tipo de recorridas. 67&nbsp; A estas alturas ya era demasiado evidente que la eficacia del corso neogranadino siempre se ver&iacute;a muy afectada por las circunstancias naturales, lo que seguramente explica la aludida pasividad de sus corsarios, hecho ins&oacute;lito en la historia del corsarismo, pues son de sobra conocidos, por el contrario, su arrojo, ambici&oacute;n y combatividad en todo el mundo,&nbsp; cualidades&nbsp; que&nbsp; aplicadas&nbsp; a&nbsp; la&nbsp; depredaci&oacute;n&nbsp; pir&aacute;tica&nbsp; proporcionaban botines multimillonarios. 68&nbsp; Basta compararlos con sus colegas de la Compa&ntilde;&iacute;a de Caracas, quienes atemorizaban a los contrabandistas no s&oacute;lo en el Caribe sino&nbsp; en&nbsp; todo&nbsp; el&nbsp; Atl&aacute;ntico&nbsp; y&nbsp; se&nbsp; hac&iacute;an&nbsp; ricos&nbsp; practic&aacute;ndolo. 69&nbsp;&nbsp;&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Los&nbsp; marineros conoc&iacute;an&nbsp; de&nbsp; cerca&nbsp; la&nbsp; irrebatible&nbsp; realidad&nbsp; del&nbsp; mar,&nbsp; muy&nbsp; al&nbsp; contrario&nbsp; de&nbsp; los altos funcionarios que entre burocr&aacute;ticas rutinas, compromisos diplom&aacute;ticos y&nbsp; corruptelas&nbsp; generalizadas&nbsp; insist&iacute;an&nbsp; en&nbsp; imponer&nbsp; al&nbsp; Virreinato&nbsp; una&nbsp; misi&oacute;n mar&iacute;tima que no pod&iacute;a cumplir. Cuando mares y vientos acompa&ntilde;aban en cualquier parte del mundo a las empresas corsarias &eacute;stas, por lo com&uacute;n, se convert&iacute;an en rentables y exitosas iniciativas; pero los corsarios de Cartagena probablemente ve&iacute;an tan limitadas sus posibilidades por los condicionamientos meteorol&oacute;gicos que optaban por cumplir de mala gana con su responsabilidad, reduciendo la eficacia del corso a su m&iacute;nima expresi&oacute;n.&nbsp;</font></p>      <p style="font-weight: bold; text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">5. Publicaci&oacute;n de vendavales</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Nunca sobre la palabra &ldquo;derrota&rdquo; se hab&iacute;a cargado un sentido tan positivo como&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; a&nbsp; vela.&nbsp; Aqu&iacute;&nbsp; el&nbsp; t&eacute;rmino&nbsp; posee&nbsp; connotaciones&nbsp; menos militaristas que lo sugerido por su fon&eacute;tica y su aplicaci&oacute;n a la p&eacute;rdida de una batalla. Su acepci&oacute;n en t&eacute;rminos mar&iacute;timos es mucho m&aacute;s pr&aacute;ctica: representa una colecci&oacute;n de rumbos n&aacute;uticos que una nave sigui&oacute; o debe seguir durante toda su traves&iacute;a, especificando los principales puntos que deben buscarse entre los puertos de salida y destino, bien sean puertos, costas, islas, cabos, pen&iacute;nsulas o coordenadas en alta mar. 70&nbsp; Si se sigue una derrota recomendada el buque deber&iacute;a ser capaz de arribar al punto final de su navegaci&oacute;n sin mayores inconvenientes.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">As&iacute; como la derrota es una colecci&oacute;n de rumbos, varias derrotas, a su vez, comenzaron a ser agrupadas en vol&uacute;menes m&aacute;s amplios conocidos como &ldquo;derroteros&rdquo;, configurando &eacute;stos grandes series de itinerarios mar&iacute;timos que abarcaban oc&eacute;anos completos. Vienen a cuento estas aclaraciones para referirnos a tres derroteros claves para la comprensi&oacute;n de los problemas de navegaci&oacute;n caracter&iacute;sticos del mar cartagenero. El primero de ellos es el derrotero manuscrito emitido por el Ministro de Indias el a&ntilde;o de 1781, en condici&oacute;n reservada por las circunstancias b&eacute;licas en que se encontraba Europa desde 1779. Comprende salidas desde los puertos peninsulares de San Sebasti&aacute;n, Ferrol, Santander y C&aacute;diz, en direcci&oacute;n a Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Cartagena de Indias y Veracruz. Para nuestros efectos nos interesa, por supuesto, la derrota hacia Cartagena de Indias. Seg&uacute;n este registro, luego de propasar el Cabo Finisterre en la costa gallega, deben buscarse las islas Canarias, rebasarlas entre Lanzarote y la Gran Canaria, y descender por el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico para emprender la larga traves&iacute;a hasta alcanzar latitudes caribe&ntilde;as. Alrededor de los 12&deg; de latitud se debe pasar entre las islas de Granada y Tobago, bordear por su banda Norte las islas Blanca, La Orchila, Los Roques, Las Aves, Bonaire, Curazao y Aruba, a una distancia de 4 leguas para prevenir el encuentro con enemigos. Luegodeben reconocerse Los Monjes, el Cabo Chichibacoa </font></p>      <p style="margin-left: 40px; text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">&hellip;y a pocas horas de camino se ver&aacute; el Cabo de la Vela, porque desde Tobago corren las aguas en la costa hacia el Oeste con tanta violencia que aumentan 3 millas por hora la diferencia de la corredera m&aacute;s o menos seg&uacute;n los vientos&hellip; De todos modos es forzoso ponerse luego a la vela por estar all&iacute; en riesgo; y en el concepto de que dista Santa Marta170 millas, y que las aguas corren con mucha fuerza para sotavento&hellip; 71 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Este fragmento muestra la direcci&oacute;n de las corrientes hacia el Oeste, pero insiste en su &ldquo;tanta violencia&rdquo;, en el riesgo de las embarcaciones al aproximarse al&nbsp; Cabo&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; Vela,&nbsp; y&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; &ldquo;mucha&nbsp; fuerza&rdquo;&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; aguas&nbsp; en&nbsp; esa&nbsp; direcci&oacute;n. Como podr&aacute; observarse m&aacute;s adelante, la coincidencia del documento con los testimonios de quienes navegan a vela hoy en d&iacute;a por esa zona es asombrosa. Debe&nbsp; indicarse&nbsp; muy&nbsp; enf&aacute;ticamente&nbsp; el&nbsp; efecto&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; corrientes,&nbsp; pues&nbsp; incluso cuando&nbsp; no&nbsp; hay&nbsp; viento&nbsp; apreciable&nbsp; y&nbsp; el&nbsp; barco&nbsp; pudiese&nbsp; considerarse&nbsp; detenido la&nbsp; masa&nbsp; de&nbsp; agua&nbsp; contin&uacute;a&nbsp; su&nbsp; marcha&nbsp; con&nbsp; la&nbsp; intensidad&nbsp; ya&nbsp; se&ntilde;alada,&nbsp; y&nbsp; las tripulaciones podr&iacute;an resultar enga&ntilde;adas en cuanto a su posici&oacute;n real. Pero el peor de los casos, como hemos expuesto, corresponde al buque que intente el barloventeo en estas condiciones, es decir, la remontada contra viento y marea.&nbsp;Era el sino n&aacute;utico adverso para los navegantes neogranadinos si pretend&iacute;an navegar hacia las provincias venezolanas. La amenaza acu&aacute;tica, sin embargo, no se detiene alrededor del Cabo de la Vela ni en el litoral cartagenero. De hechose proyecta hacia la enorme cuenca mar&iacute;tima frente a la naci&oacute;n colombiana: </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; margin-left: 40px; font-family: Verdana;"><font size="-1">De Santa Marta gobernar&aacute; al N&frac14;NO para dar resguardo a las corrientes, y&nbsp; con&nbsp; muy&nbsp; buena&nbsp; guardia&nbsp; para&nbsp; no&nbsp; embestir&nbsp; el&nbsp; Bajo&nbsp; del&nbsp; Convoy,&nbsp; &hellip; teni&eacute;ndose&nbsp; presente&nbsp; que&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; tiran&nbsp; las&nbsp; corrientes&nbsp; con mucha fuerza hacia el Golfo de Honduras por lo que se necesita muchocuidado. 72 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Entre Santa Marta y el bajo mencionado hay casi 500 millas en l&iacute;nea recta, y aproximadamente la misma distancia hasta el Golfo de Honduras, o sea que hablamos de enormes espacios en los cuales el riesgo de encallamiento y naufragio es permanente.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">A continuaci&oacute;n comentamos dos derroteros impresos, primero el Derrotero de las Islas Antillas, de las Costas de Tierra Firme y de las del Seno Mexicano&hellip;, publicado en Madrid el a&ntilde;o de 1810. 73&nbsp; Como bien lo indica su fecha, recoge los m&aacute;s importantes rumbos y derrotas probados durante la segunda mitad del siglo XVIII. Desde que la influencia del marqu&eacute;s de la Ensenada hab&iacute;a impulsado importantes reformas en la marina de guerra espa&ntilde;ola a mediados de la centuria, al piloto mayor de la Armada se le hab&iacute;a responsabilizado de recopilar, en su regreso a la Pen&iacute;nsula, las derrotas que todos los pilotos hab&iacute;an seguido mientras volv&iacute;an al puerto de zarpe. La mayor parte de estos expedientes, sin embargo, se mantuvo oculta, por razones de seguridad, bajo un secreto nefasto para la formaci&oacute;n de las nuevas generaciones de pilotos. 74&nbsp; Pero ya a comienzos del XIX las autoridades de marina hab&iacute;an entendido que era m&aacute;s &uacute;til y necesario su conocimiento que su resguardo. 75&nbsp; Se permiti&oacute; entonces la publicaci&oacute;n del Derrotero de las Antillas que, para nuestros efectos, contiene las m&aacute;s determinantes muestras de las adversas condiciones de navegaci&oacute;n en la zona mar&iacute;tima que rodea a Cartagena de Indias. Toda la costa entre el Cabo de la Vela, en la Guajira, hasta el puerto neogranadino permanece agobiada por vendavales, corrientes contrarias, r&aacute;fagas de viento, brisas tan fuertes como para degenerar en temporales. Merece lapena citar el siguiente extracto del mencionado impreso:  </font></p>      <p style="text-align: justify; margin-left: 40px; font-family: Verdana;"><font size="-1">Si en tiempo de brisas es preciso hacer la derrota dicha para ir a Cartagena desde cualquier punto situado al oriente de ella en el de vendavales &hellip; para barloventear en esta costa desde Cartagena hasta Margarita o hasta Trinidad no hay m&aacute;s que ce&ntilde;ir el viento, prolongando las bordadas cuanto se&nbsp; pueda&nbsp; &hellip;&nbsp; las&nbsp; embarcaciones&nbsp; muy&nbsp; peque&ntilde;as&nbsp; no&nbsp; pueden&nbsp; seguir&nbsp; este sistema cuando las brisas son demasiado frescas, que desde la punta de La Aguja hasta la isla Fuerte las hay como temporales, porque la mar gruesalas ahoga, y no adelantan cosa&hellip; 76 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Aclaremos&nbsp; de&nbsp; una&nbsp; vez&nbsp; algunas&nbsp; palabras&nbsp; del&nbsp; fragmento.&nbsp; En&nbsp; t&eacute;rminos n&aacute;uticos las llamadas brisas &mdash;muy al contrario de lo que nos parece a quienes vivimos con los pies puestos sobre la tierra&mdash; comprenden vientos de intensidad variable que van desde los 6 a los 49 kil&oacute;metros por hora (4 a 27 nudos).&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Por supuesto, una nave de vela con viento en contra de casi 50 km/h debe realizar un gran esfuerzo para navegar y adelantar en el recorrido. Y eso sin enfrentar todav&iacute;a los vendavales aqu&iacute; anotados, vientos fuertes generalmente provenientes del Norte que a veces alcanzan la categor&iacute;a de temporales, con intensidades entre los 62 y los 130 km/h (34 a 71 nudos), estos &uacute;ltimos ya con caracter&iacute;sticas huracanadas. De modo que emprender una inocente navegaci&oacute;n desde Cartagena de Indias hacia La Guajira y m&aacute;s all&aacute;, dejando de lado las recomendaciones anotadas era equivalente a llevar una soga al cuello. Pero el mismo derrotero indica la &uacute;nica forma posible de realizar las traves&iacute;as: &ldquo;Ce&ntilde;ir el&nbsp; viento&rdquo;,&nbsp; maniobra&nbsp; ya&nbsp; explicada&nbsp; anteriormente,&nbsp; tambi&eacute;n&nbsp; conocida&nbsp; como navegar a la bolina o barloventear porque el buque, en efecto, se dirige hacia el barlovento, es decir, la direcci&oacute;n de donde viene el viento. Naves peque&ntilde;as en mares tan azotados por la histeria de vientos y corrientes corren grandes riesgos&nbsp; de&nbsp; naufragio&nbsp; si&nbsp; intentan&nbsp; este&nbsp; barloventeo.&nbsp; Los&nbsp; buques&nbsp; grandes,&nbsp; m&aacute;s resistentes y con mayor capacidad n&aacute;utica, deben aumentar las &ldquo;bordadas&rdquo;, o sea, prolongar cada trayecto del zig-zag si su aparejo y el viento lo permiten. 77 &nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">De este modo se anticipa en dos siglos el Derrotero al describir la peligrosidad de esta zona mar&iacute;tima, como la califican hoy en d&iacute;a los veleros que todav&iacute;a se atreven a recorrerla hacia Venezuela &mdash;&ldquo;Uno de los cinco peores trayectos del mundo&rdquo;&mdash;, seg&uacute;n comentaremos m&aacute;s adelante.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Hemos&nbsp; revisado&nbsp; tambi&eacute;n&nbsp; el&nbsp; Derrotero&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; Islas&nbsp; Antillas&nbsp; mandado publicar por Francisco de Paula Santander en Bogot&aacute; el a&ntilde;o de 1826. 78&nbsp; En buena&nbsp; medida&nbsp; repite&nbsp; descripciones&nbsp; del&nbsp; Derrotero&nbsp; de&nbsp; 1810,&nbsp; pero&nbsp; ampl&iacute;a&nbsp; los detalles&nbsp; de&nbsp; muchos&nbsp; parajes,&nbsp; a&ntilde;adiendo&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; ap&eacute;ndices&nbsp; con&nbsp; experiencias ilustrativas&nbsp; de&nbsp; capitanes&nbsp; que&nbsp; los&nbsp; recorrieron&nbsp; y&nbsp; dieron&nbsp; fe&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; diferentes lances en que se vieron comprometidos. En cuanto a Cartagena de Indias y la navegaci&oacute;n entre este puerto y la costa guajira, vuelven a destacarse las brisas fuertes transformadas en temporales, &ldquo;&hellip; que con vientos tan poco manejables podr&iacute;an ser de grand&iacute;sima consecuencia&hellip;&rdquo;.&nbsp; Aqu&iacute; la recomendada maniobra de ce&ntilde;ir el viento puede devenir en un movimiento &ldquo;&hellip; bastante molesto y trabajoso a la embarcaci&oacute;n y su aparejo en el tiempo de las brisas duras&hellip;&rdquo;. 79 &nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Ir&oacute;nicamente&nbsp; no&nbsp; hay&nbsp; otra&nbsp; cosa&nbsp; que&nbsp; hacer&nbsp; para&nbsp; ir&nbsp; hacia&nbsp; la&nbsp; costa&nbsp; oriental&nbsp; de Tierra Firme, es decir, hacia las provincias venezolanas. El fragmento es un calco del Derrotero de 1810: &ldquo;Para barloventear en esta costa desde Cartagena hasta Margarita, o hasta Trinidad, no hay m&aacute;s que ce&ntilde;ir el viento, prolongando las bordadas cuanto se pueda&hellip;&rdquo;.&nbsp; Otra vez se previene a las embarcaciones peque&ntilde;as que pueden sucumbir al intentar este m&eacute;todo. El&nbsp; mismo derrotero ofrece estimaciones sobre la fuerza de la corriente equinoccial que se suma al &iacute;mpetu de los vientos: &ldquo;&hellip; se aumenta hacia el Oeste &mdash;es decir, hacia Cartagena de Indias&mdash;, de modo que en la [costa] de la Guayana constantemente corre a raz&oacute;n de 2 y 3 millas [por hora]&rdquo;. El testimonio del capit&aacute;n de fragata Torcuato Piedrola sobre la navegaci&oacute;n en las costas del puerto cartagenero, anotado en el Derrotero, pone los adjetivos definitivos: &ldquo;&hellip; el buque que intente remontar por fuera no lo conseguir&aacute; sin gran difi cultad y aver&iacute;as, tanto por la dureza de la brisa como por ser la mar muy picada hasta 30 &oacute; 40 leguas de la costa&hellip; Estos hechos est&aacute;n comprobados con repetidas experiencias&rdquo;. 80</font></p>      <p style="text-align: justify; font-weight: bold; font-family: Verdana;"><font size="-1">6. Testimonios de hoy en d&iacute;a</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">De&nbsp; acuerdo&nbsp; con&nbsp; estos&nbsp; antecedentes,&nbsp; es&nbsp; importante&nbsp; recalcar&nbsp; el&nbsp; fuerte determinismo clim&aacute;tico que ha imperado siempre sobre las costas y mares del Virreinato, y que todav&iacute;a produce serias dificultades en la navegaci&oacute;n. Debe destacarse tambi&eacute;n la poca variaci&oacute;n de estas condiciones f&iacute;sicas y geol&oacute;gicas de un siglo a otro, por lo que su observaci&oacute;n actual permite deducir pr&aacute;cticamente las mismas condiciones existentes hace dos centurias. En este sentido, vale la pena resaltar testimonios de navegantes a vela hoy en d&iacute;a. La nave Pizzaz, un velero Beneteau 500 de 15 metros de eslora, por ejemplo, ha intentado tres veces el recorrido entre Cartagena y Aruba, subiendo en una ocasi&oacute;n por el litoral neogranadino hacia la Guajira, y sus aleccionadores reportes &mdash;incluso refi riendo el grave peligro de perder la vida si no se toman las medidas m&aacute;sprudente posibles&mdash; no tienen desperdicio: </font></p>      <p style="text-align: justify; margin-left: 40px; font-family: Verdana;"><font size="-1">Pizzas has day sailed along the Colombia coast three times (twice going west and once, doing the &ldquo;impossible&rdquo;, going east). But everyone says &ldquo;you shouldn&rsquo;t stop along that coast&rdquo; including some guides which say your chances of survival aren&rsquo;t good. We believe there is a far greater risk off shore &hellip; The 400 miles between Aruba and Cartagena is known forthe worst weather conditions in the Caribbean, and ranks among the top fi ve worst passages around the world. 81 </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Subrayo los fragmentos que no dejan lugar a dudas. Desde Cartagena hacia el Este, es decir, hacia las Antillas holandesas y Venezuela, el recorrido se califica de &ldquo;imposible&rdquo;, al punto de representar uno de los trayectos m&aacute;s peligrosos del mundo. Pero hay m&aacute;s casos reveladores. El velero Piropo Marca Jeanneau,&nbsp; modelo&nbsp; Sunrise&nbsp; 35,&nbsp; de&nbsp; 9&nbsp; metros&nbsp; de&nbsp; eslora,&nbsp; anota&nbsp; los&nbsp; siguientes detalles en su traves&iacute;a de Aruba a Cabo de la Vela, en el extremo occidental de La Guajira, en noviembre y diciembre 2012:&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; margin-left: 40px; font-family: Verdana;"><font size="-1">Atr&aacute;s dej&aacute;bamos la tur&iacute;stica isla de Aruba para dirigirnos a la famosa traves&iacute;a del Cabo de la Vela. Decimos famosa porque sobre la misma hab&iacute;amos le&iacute;do y o&iacute;do muchas cosas. Por ejemplo, que era uno de los cuatro Cabos m&aacute;s dif&iacute;ciles del mundo para navegar o tambi&eacute;n, que era la zona m&aacute;s complicada de navegar de toda la circunnavegaci&oacute;n por los tr&oacute;picos&hellip; al doblar el Cabo de la Vela, una corriente en contra se&nbsp; encontraba&nbsp; con&nbsp; las&nbsp; olas&nbsp; que&nbsp; los&nbsp; alisios&nbsp; hab&iacute;an&nbsp; generado&nbsp; durante muchas millas y eso produc&iacute;a al parecer, unas olas grandes, cortas y muy picudas&hellip; Las olas eran bastante grandes y picudas haciendo la traves&iacute;a algo inc&oacute;moda y eso que ni siquiera nos hab&iacute;amos acercado a la zona de corrientes contrarias que comenzaba en el Cabo de la Vela&hellip; Con la llegada de la noche, el viento se fortaleci&oacute; a unos 22-24 nudos de aparente que sumados a los 6-7 nudos que de media llev&aacute;bamos de velocidad, daban un viento real que deb&iacute;a acercarse a los 30 nudos. Enalguna ocasi&oacute;n la racha de viento alcanz&oacute; los 27 nudos de aparente. 82 </font></p>  <font size="-1"><span style="font-family: Verdana;">Quiz&aacute;s el ejemplo m&aacute;s ilustrativo en la lucha de un buque contra los elementos del mar neogranadino se encuentra actualmente en una traves&iacute;a del buque-escuela Sim&oacute;n Bol&iacute;var, de la Armada venezolana, la embarcaci&oacute;n m&aacute;s parecida a los nav&iacute;os y fragatas de los siglos XVIII y XIX. En diciembre de 1980, luego de zarpar de Santa Marta, en la costa atl&aacute;ntica colombiana, la nave confront&oacute; un viento del Noreste con una velocidad de 54 nudos, equivalente a&nbsp; 97,2&nbsp; Km/h,&nbsp; es&nbsp; decir,&nbsp; casi&nbsp; 100&nbsp; kil&oacute;metros&nbsp; por&nbsp; hora.&nbsp; De&nbsp; hecho&nbsp; hubo&nbsp; que </span><span style="font-family: Verdana;">emprender una navegaci&oacute;n mixta con velas y motor. 83&nbsp; </span><br style="font-family: Verdana;">  </font>     <div style="text-align: justify;"><font size="-1"> 	<span style="font-family: Verdana;">Para&nbsp; muestra&nbsp; bastan&nbsp; estos&nbsp; botones.&nbsp; Con&nbsp; raz&oacute;n&nbsp; a&nbsp; los&nbsp; corsarios&nbsp; de la&nbsp; Compa&ntilde;&iacute;a&nbsp; Guipuzcoana&nbsp; no&nbsp; les&nbsp; interesaba&nbsp; en&nbsp; absoluto&nbsp; continuar&nbsp; sus campa&ntilde;as m&aacute;s all&aacute; de la pen&iacute;nsula de la Guajira, pues el regreso representar&iacute;a un riesgo gratuito cuyo costo en vidas, naves y botines pod&iacute;a ser demasiado alto. Por su parte, la dejadez de los corsarios neogranadinos no era desgano, sino la&nbsp; imposibilidad&nbsp; de&nbsp; luchar&nbsp; contra&nbsp; el implacable gigante mar&iacute;timo de la&nbsp; naturaleza,&nbsp; aunque&nbsp; alg&uacute;n&nbsp; funcionario&nbsp; segu&iacute;a&nbsp; dudando&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; br&iacute;os&nbsp; de aqu&eacute;llos, ignorante del determinismo ambiental y desconocedor de la terrible realidad mar&iacute;tima. Fue el caso de Juan &Aacute;lvarez de Veri&ntilde;a, comandante del corso cartagenero, quien afi rmaba&nbsp; en 1786: &ldquo;&hellip;mientras&nbsp; no&nbsp; se&nbsp; tengan en una incesante navegaci&oacute;n estos buques con amplias facultades de reconocer a cuantos encuentren&hellip; jam&aacute;s se lograr&aacute; el remedio por haberse servido de este pretexto varios&rdquo;. 84&nbsp; </span></font><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <font size="-1"><span style="font-family: Verdana;">La &ldquo;incesante navegaci&oacute;n&rdquo; requerida por &Aacute;lvarez, como ya&nbsp; hemos&nbsp; visto,&nbsp; no&nbsp; era&nbsp; viable,&nbsp; y&nbsp; sabemos&nbsp; de&nbsp; sobra&nbsp; los&nbsp; motivos&nbsp; naturales. El&nbsp; equivocado&nbsp; comandante&nbsp; prefer&iacute;a&nbsp; pensar&nbsp; en&nbsp; pretextos&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; corsarios, porque&nbsp; desde&nbsp; su&nbsp; c&oacute;moda&nbsp; jefatura&nbsp; no&nbsp; arriesgaba&nbsp; tanto&nbsp; el&nbsp; pellejo&nbsp; como&nbsp; los marineros rasos. No es de extra&ntilde;ar que haya sido destituido del cargo, al rebajar injustificadamente el sueldo a los milicianos que participaban en la pacificaci&oacute;n de los guajiros. 85</span></font><br style="font-family: Verdana;">  </div>  <font size="-1"><br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-weight: bold; font-family: Verdana;">7. Conclusiones mar&iacute;timas</span><br style="font-weight: bold; font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">&iquest;Acaso&nbsp; nuestros&nbsp; plenipotenciarios&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; controversia&nbsp; lim&iacute;trofe&nbsp; con Colombia&nbsp; permanec&iacute;an&nbsp; tan&nbsp; ajenos&nbsp; a&nbsp; la&nbsp; circunstancia&nbsp; marina?&nbsp; Las&nbsp; entradas sobre nuestros protagonistas en el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundaci&oacute;n Empresas Polar nos permiten algunas reflexiones:    <br>     <br> </span></font>     <div style="text-align: center;"><font size="-1"><span style="font-family: Verdana;"> 	<img style="width: 408px; height: 180px;" alt="" src="/img/fbpe/te/v25n64/art12fig4.jpg"></span></font><font size="-1"><span style="font-family: Verdana;"></span></font></div>      
<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Entre&nbsp; todos&nbsp; ellos&nbsp; realizaron&nbsp; 68&nbsp; viajes&nbsp; mar&iacute;timos,&nbsp; Ferm&iacute;n&nbsp; Toro&nbsp; el que&nbsp; menos&nbsp; con&nbsp; 9&nbsp; traves&iacute;as,&nbsp; y&nbsp; Guzm&aacute;n&nbsp; Blanco&nbsp; el&nbsp; que&nbsp; m&aacute;s&nbsp; con&nbsp; 28.&nbsp; Todos navegaron&nbsp; casi&nbsp; en&nbsp; 30&nbsp; ocasiones&nbsp; al&nbsp; Mar&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; Antillas,&nbsp; y&nbsp; fueron&nbsp; y&nbsp; vinieron por&nbsp; el&nbsp; antiguo&nbsp; mar&nbsp; virreinal&nbsp; hasta&nbsp; Cartagena&nbsp; de&nbsp; Indias&nbsp; para&nbsp; subir&nbsp; luego&nbsp; a Santa Fe de Bogot&aacute; por el r&iacute;o Magdalena cuando discut&iacute;an los t&eacute;rminos de los dif&iacute;ciles acuerdos fronterizos. Curiosamente, en una ocasi&oacute;n &mdash;1837&mdash; Santos Michelena prefiri&oacute; viajar por tierra a la capital bogotana con toda la familia, invirtiendo&nbsp; seis&nbsp; meses&nbsp; de&nbsp; duro&nbsp; traslado&nbsp; por&nbsp; dos&nbsp; pa&iacute;ses&nbsp; carentes&nbsp; de&nbsp; caminos y hospedajes. &iquest;Tanto hab&iacute;a padecido durante las engorrosas traves&iacute;as por el mar cartagenero que prefiri&oacute; la prolongada y fatigosa excursi&oacute;n por la tierra firme? La conjetura no deja de tener sentido. Por otra parte, los delegados emprendieron 31 traves&iacute;as trasatl&aacute;nticas cuando iban y ven&iacute;an por diversos compromisos&nbsp; diplom&aacute;ticos&nbsp; y&nbsp; oficiales&nbsp; a&nbsp; Europa,&nbsp; es&nbsp; decir,&nbsp; acometieron&nbsp; los cruceros m&aacute;s exigentes y prolongados en este lado del globo. Ahora d&eacute;mosle la bienvenida a la pregunta obligatoria que todo lector debe estar formul&aacute;ndose: &iquest;entonces por qu&eacute; se olvidaron de ese oc&eacute;ano tan recorrido, que era la clave para demostrar la incapacidad&nbsp; de Colombia de ocupar el espacio mar&iacute;timo peninsular, ni siquiera para acercarse a &eacute;l en condiciones de dominio efectivo? La respuesta exacta tendr&iacute;a que recurrir a profundidades biogr&aacute;ficas fuera de nuestro&nbsp; alcance.&nbsp; Sin&nbsp; embargo,&nbsp; intentemos&nbsp; mantenernos&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; obviedad&nbsp; de las evidencias n&aacute;uticas. En efecto, cualquiera de los implicados referidos en alg&uacute;n momento debi&oacute; recibir la invitaci&oacute;n del capit&aacute;n para subir al puente de mando del buque, donde el cuaderno de bit&aacute;cora y el piloto eran protagonistas claves. Estos se&ntilde;orones eran importantes representantes del ejecutivo nacional, delegados plenipotenciarios, ministros de relaciones exteriores que llegaron a la presidencia de la Rep&uacute;blica o, como Guzm&aacute;n Blanco, fueron candidatos a la primera magistratura en repetidas ocasiones. Ning&uacute;n capit&aacute;n se arriesgar&iacute;a a no personalizar su atenci&oacute;n con tan ilustres visitantes, cuando, por el contrario, ha sido tradici&oacute;n en las empresas mar&iacute;timas el tener una cortes&iacute;a exquisita con los viajeros de categor&iacute;a. En cualquier caso, a&uacute;n permaneciendo en la peque&ntilde;a comodidad del camarote debieron percibir el traj&iacute;n exigente de la navegaci&oacute;n, sobre todo cuando veleros y vapores comenzaban a encarnar naves h&iacute;bridas cuyo potencial n&aacute;utico manten&iacute;a un rendimiento bajo prueba, y m&aacute;s todav&iacute;a cuando olas y vientos neogranadinos sacud&iacute;an la integridad de la nave y pon&iacute;an a pasajeros y tripulantes a a&ntilde;orar la estabilidad terrestre de sus lares nativos.&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Pero&nbsp; alej&eacute;monos&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; senda&nbsp; especulativa,&nbsp; y&nbsp; recurramos&nbsp; otra&nbsp; vez&nbsp; a nuestras pruebas n&aacute;uticas. Cuando el plenipotenciario colombiano Lino de Pombo habl&oacute; de lo poco abordable que era el litoral norte de la Guajira, el venezolano&nbsp; Santos&nbsp; Michelena&nbsp; recibi&oacute;&nbsp; una&nbsp; pista&nbsp; incomparable&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; mayor prueba factual contra las aspiraciones vecinas. Dejemos de lado si la tom&oacute; en consideraci&oacute;n o no. La pista cay&oacute; del cielo, y estuvo sobre el tapete justamente al comienzo de las discusiones, cuando pudo haber definido mejor la estrategia negociadora nacional en relaci&oacute;n con una enorme &aacute;rea territorial y al mismo tiempo mar&iacute;tima. En toda pen&iacute;nsula la extensi&oacute;n de tierra se balancea en buena medida con las aguas circundantes, y &eacute;stas obligan a evaluar ese entorno acu&aacute;tico tanto como la tierra firme cuando, en el peor de los casos, el resultado adverso de la controversia en curso puede enajenar el territorio y provocar una p&eacute;rdida irrecuperable. Despu&eacute;s de siglos de testimonios acumulados sobre los aprietos n&aacute;uticos en el mar neogranadino, era cuesti&oacute;n de sentido com&uacute;n averiguar a fondo las caracter&iacute;sticas de esos embarazos marinos. &iquest;Y d&oacute;nde abundaban los indicios reveladores? Pues en los diarios de navegaci&oacute;n y derroteros n&aacute;uticos, como hemos expuesto hasta el cansancio.&nbsp;</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Con todo y el beneficio de la duda que podemos conferirles a nuestros representantes,&nbsp; la&nbsp; &ldquo;excusa&nbsp; m&aacute;s&nbsp; inexcusable&rdquo;&nbsp; de&nbsp; su&nbsp; mala&nbsp; praxis&nbsp; diplom&aacute;tica reside en el descuido de ese compromiso que asumieron con su contraparte colombiana de otorgar el mayor valor documental, como t&iacute;tulos hist&oacute;ricos, a los expedientes cient&iacute;ficos y literales, es decir, en este caso a los papeles n&aacute;uticos que hemos se&ntilde;alado como definitorios del forcejeo lim&iacute;trofe en la Guajira. Tales t&iacute;tulos constitu&iacute;an un ca&ntilde;onazo probatorio contra la desmedida ambici&oacute;n neogranadina. Pero fueron desestimados.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Visto as&iacute; este descuido negociador, quiz&aacute;s era pedirles mucho a hombres cuyo&nbsp; sue&ntilde;o&nbsp; de&nbsp; tercera&nbsp; edad&nbsp; era&nbsp; regresar&nbsp; a&nbsp; la&nbsp; finca&nbsp; propia&nbsp; para&nbsp; laborar&nbsp; entre reba&ntilde;os&nbsp; bovinos&nbsp; y&nbsp; estudios&nbsp; bot&aacute;nicos,&nbsp; como&nbsp; Ferm&iacute;n&nbsp; Toro,&nbsp; o&nbsp; vender&nbsp; carne fresca en una tienda de la plaza mayor de Maracay, como Santos Michelena.&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Habr&aacute; quien, en su descargo, recuerde la convulsa situaci&oacute;n pol&iacute;tica durante las&nbsp; presidencias&nbsp; de&nbsp; Jos&eacute; Tadeo&nbsp; Monagas&nbsp; y&nbsp; Carlos&nbsp; Soublette,&nbsp; cuando&nbsp; la&nbsp; toma violenta del Congreso se llev&oacute; la vida de Michelena, atravesado a estocadas por los asaltantes, suerte de la que se salv&oacute; Ferm&iacute;n Toro en la raya, cuando ya lo apuntaban para asesinarlo, escapando a un asilo milagroso. El caso de Michelena, adem&aacute;s, exige consideraciones adicionales: concentr&oacute; tres carteras ministeriales simult&aacute;neamente&nbsp; (Hacienda,&nbsp; Relaciones&nbsp; Exteriores&nbsp; y&nbsp; Guerra&nbsp; y&nbsp; Marina),&nbsp; de modo que durante sus intensas jornadas, atiborradas de trabajo, debi&oacute; pensar en cualquier cosa menos en papeles n&aacute;uticos archivados en Espa&ntilde;a. Sobre Antonio Leocadio Guzm&aacute;n s&oacute;lo podemos aventurar asombrados comentarios de una vida novelesca donde los aut&oacute;cratas de turno lo condenaban a muerte o lo rebajaban al exilio, los peri&oacute;dicos radicales cantaban sus ideas liberales, el populacho lo llevaba a hombros por las calles de Caracas y La Victoria, la masoner&iacute;a le conced&iacute;a el grado 33 y el Pante&oacute;n Nacional lo recib&iacute;a como uno de sus primeros residentes post mortem. Entre tantas y tan comprometedoras andanzas es dif&iacute;cil que el candidato haya apartado siquiera algunos minutos para considerar la necesidad de recurrir a documentos donde la trigonometr&iacute;a, las coordenadas posicionales y la observaci&oacute;n de los astros fastidiaban a cualquier lego. A pesar de nuestras suposiciones,&nbsp; sin&nbsp; embargo,&nbsp; gestion&oacute;&nbsp; en&nbsp; Londres&nbsp; la&nbsp; compra&nbsp; de,&nbsp; al&nbsp; menos,&nbsp; un vapor nuevo para el gobierno venezolano, diligencias que debieron involucrarlo en discusiones sobre la capacidad del buque y sus caracter&iacute;sticas n&aacute;uticas, es decir, Antonio Leocadio probablemente sab&iacute;a m&aacute;s de navegaci&oacute;n que cualquiera de sus contempor&aacute;neos. Pero ese conocimiento como que contribuy&oacute; muy poco al asunto lim&iacute;trofe. Y su hijo hom&oacute;nimo, espectador en primera fila de la grave derrota&nbsp; diplom&aacute;tica&nbsp; de&nbsp; 1891,&nbsp; probablemente&nbsp; se&nbsp; ocupaba&nbsp; de&nbsp; sus&nbsp; desmedidos afanes hegem&oacute;nicos, sin tiempo para preocuparse por la estrategia negociadora mientras compromet&iacute;a a sus hijas con nobles franceses y personalmente atend&iacute;a la&nbsp; decoraci&oacute;n&nbsp; de&nbsp; su&nbsp; residencia&nbsp; parisina,&nbsp; aunque,&nbsp; a&nbsp; decir&nbsp; verdad,&nbsp; tampoco&nbsp; se quedaba atr&aacute;s en cuestiones mar&iacute;timas; incluso lleg&oacute; a alternar la ya entronizada navegaci&oacute;n a vapor con la declinante navegaci&oacute;n a vela, como cuando tuvo que huir del pa&iacute;s luego del atentado que sufri&oacute; en su residencia caraque&ntilde;a, en una goleta&nbsp; que&nbsp; puso&nbsp; a&nbsp; su&nbsp; disposici&oacute;n&nbsp; la&nbsp; Casa&nbsp; Boulton&nbsp; y&nbsp; lo&nbsp; llev&oacute;&nbsp; de&nbsp; La&nbsp; Guaira&nbsp; a Curazao. Eran tiempos en que el caos y la inestabilidad pol&iacute;tica se proyectaban en&nbsp; los&nbsp; diecis&eacute;is&nbsp; presidentes&nbsp; que&nbsp; tuvo&nbsp; el&nbsp; pa&iacute;s&nbsp; en&nbsp; s&oacute;lo&nbsp; once&nbsp; a&ntilde;os.&nbsp; Entre&nbsp; tantos sinsabores, sin embargo, Guzm&aacute;n Blanco dirigi&oacute; tropas y combati&oacute; revoluciones viajando por mar frecuentemente entre La Guaira y Puerto Cabello, en ambas direcciones,&nbsp; o&nbsp; sea&nbsp; que&nbsp; conoc&iacute;a&nbsp; al&nbsp; dedillo&nbsp; las&nbsp; dificultades&nbsp; del&nbsp; enfrentamiento contra&nbsp; vientos&nbsp; y&nbsp; corrientes.&nbsp; Pero&nbsp; cuando&nbsp; muri&oacute;&nbsp; en&nbsp; Par&iacute;s,&nbsp; a&nbsp; sus&nbsp; setenta&nbsp; a&ntilde;os, quiz&aacute;s no se hab&iacute;a enterado &mdash;como tampoco sus predecesores&mdash; de que uno de los primeros funcionarios a quien la Canciller&iacute;a venezolana encomend&oacute; la b&uacute;squeda de documentos en el Archivo de Indias de Sevilla era medio ciego. As&iacute; quedaban lastradas las buenas pero ingenuas intenciones de conservar el territorio patrio. Mientras tanto, un negociador colombiano como Joaqu&iacute;n Acosta hab&iacute;a exprimido&nbsp; el&nbsp; archivo&nbsp; sevillano&nbsp; y&nbsp; publicado&nbsp; una&nbsp; historia&nbsp; neogranadina&nbsp; donde los inconvenientes del oc&eacute;ano virreinal quedaban claramente expuestos. Ning&uacute;n delegado venezolano repar&oacute; en esa bibliograf&iacute;a.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Pero ah&iacute; est&aacute;n los expedientes n&aacute;uticos en los repositorios documentales p&uacute;blicos,&nbsp; y&nbsp; la&nbsp; subestimaci&oacute;n&nbsp; sufrida&nbsp; por&nbsp; tanto&nbsp; papel&nbsp; amarillento&nbsp; que pudo&nbsp; haber&nbsp; sido&nbsp; decisivo&nbsp; nos&nbsp; lleva&nbsp; a&nbsp; una&nbsp; &uacute;ltima&nbsp; conclusi&oacute;n&nbsp; &mdash;todav&iacute;a&nbsp; con car&aacute;cter&nbsp; hipot&eacute;tico&mdash;,&nbsp; generalizadora&nbsp; pero&nbsp; atractiva.&nbsp; La&nbsp; identidad&nbsp; mar&iacute;tima del&nbsp; venezolano,&nbsp; antes&nbsp; y&nbsp; despu&eacute;s&nbsp; de&nbsp; contar&nbsp; con&nbsp; nacionalidad&nbsp; propia,&nbsp; es&nbsp; lo suficientemente d&eacute;bil como para no generar una ligaz&oacute;n emocional con su mar.&nbsp; De&nbsp; all&iacute;&nbsp; que,&nbsp; a&nbsp; pesar&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; contundencia&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; pruebas&nbsp; documentales mar&iacute;timas no utilizadas, durante el siglo XIX la pol&iacute;tica exterior venezolana haya desconocido la realidad hist&oacute;rica del oc&eacute;ano como patrimonio nacional.&nbsp;</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">Para&nbsp; la&nbsp; intelligentsia&nbsp; criolla&nbsp; el&nbsp; mar&nbsp; ha&nbsp; parecido&nbsp; ser&nbsp; m&aacute;s&nbsp; un&nbsp; fastidio&nbsp; o&nbsp; una barrera h&uacute;meda que un recurso &uacute;til de territorialidad y desarrollo. Venezuela, lamentablemente, perdi&oacute; una oportunidad dorada de conservar la integridad de la geograf&iacute;a guajira. De haber presentado la documentaci&oacute;n referida en el litigio, la evidencia mar&iacute;tima habr&iacute;a sido abrumadora a su favor. Y ahora s&oacute;lonos queda la esperanza de que la historia no vuelva a repetirse. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1"><b>Notas:</b></font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">1 Tom&aacute;s Polanco Alc&aacute;ntara (compilador), Los l&iacute;mites entre  Venezuela y Colombia: documentos oficiales que los han establecido, Academia  Nacional de la Historia, Caracas, 1995, p&aacute;g. 70. Pablo Ojer lo comenta en El  Golfo de Venezuela: una s&iacute;ntesis hist&oacute;rica, Corporaci&oacute;n de Desarrollo de la  Regi&oacute;n Zuliana, Maracaibo, 1983, pp. 408-409. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">2 Timoteo O&rsquo;Scanlan, Diccionario Mar&iacute;timo Espa&ntilde;ol, facs&iacute;mil  de 1831, Museo Naval, Madrid, 1974, p&aacute;g. 3. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">3 El virrey de Nueva Granada, Manuel Guirior, reconoc&iacute;a las  dificultades de vigilancia del amplio mar bajo su jurisdicci&oacute;n de la siguiente  manera: &ldquo;Siendo tan dilatadas y extensas las costas del Virreinato, en ambos  mares [incluyendo el oc&eacute;ano Pac&iacute;fico], no s&oacute;lo es casi imposible tenerlas  suficientemente resguardadas, sino que a&uacute;n se dificulta la custodia de los  puertos y plazas de alguna consideraci&oacute;n&hellip;&rdquo;, en &laquo;Relaci&oacute;n del Virrey Guirior al  entregar el mando al Virrey Flores el a&ntilde;o de 1776&raquo;, Contestaci&oacute;n de Venezuela al  alegato con Colombia, Colecci&oacute;n Fronteras N&deg; 5, Ministerio de Relaciones  Exteriores, Caracas, 1979, p&aacute;g. 405.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">4 V&eacute;ase Daniel Guerra I&ntilde;iguez, El proyecto de tratado con  Colombia y el nuevo derecho del mar, Ediciones Sancho, Caracas, 1981, pp. 17-22.  El antiguo derecho marino, hasta 1958, hab&iacute;a descansado sobre bases  eminentemente consuetudinarias, &ldquo;&hellip;lo que facilitaba la justificaci&oacute;n de las  pretensiones de las grandes potencias&rdquo;, seg&uacute;n Edmundo Vargas Carre&ntilde;o, Am&eacute;rica  Latina y el derecho del mar, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1973, p&aacute;g. 17.  El mismo autor define un concepto &uacute;til para nuestros efectos, el de mar  patrimonial: &ldquo;&hellip;en el cual el Estado ribere&ntilde;o tiene el derecho exclusivo a  explorar, conservar y explotar los recursos naturales del mar adyacente a sus  costas y del suelo y subsuelo del mismo mar, as&iacute; como, en general, a ejercer  todas las competencias que resulten de sus soberan&iacute;a permanente sobre tales  recursos&rdquo;, en pp. 73-81. Aqu&iacute; se asienta la posici&oacute;n colombiana y sus  aspiraciones sobre el Golfo de Venezuela, dada la defectuosa delimitaci&oacute;n  resultante del Laudo Arbitral de 1891 y el trabajo de las comisiones  demarcadoras que llevaron el l&iacute;mite entre ambas naciones hasta Castilletes, as&iacute;  como de las posteriores convenciones internacionales; v&eacute;ase Ralph Zacklin  (compilador), El derecho del mar en evoluci&oacute;n: la contribuci&oacute;n de los pa&iacute;ses  americanos, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1975, la posici&oacute;n venezolana en  pp. 208-214. Se&ntilde;alamos muy por encima estas cuestiones relativas al derecho  mar&iacute;timo, que quedan fuera de nuestros objetivos. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">5 Los detalles de esta circunstancia militar los desarrolla  ampliamente Jorge Bendeck Olivella en La corbeta solitaria, Editorial Grijalbo,  Bogot&aacute;, 1995, sobre todo en el cap&iacute;tulo V &ldquo;Lo de las corbetas&rdquo;, pp. 97-122. En  el cap&iacute;tulo I el autor ofrece un &uacute;til resumen de los antecedentes hist&oacute;ricos,  pp. 19-40. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">6 Probablemente la caracter&iacute;stica defensiva de la pol&iacute;tica  naval imperial durante el Per&iacute;odo Hisp&aacute;nico termin&oacute; reflej&aacute;ndose en la  estrategia diplom&aacute;tica general de la reci&eacute;n emancipada Rep&uacute;blica de Venezuela,  actitud pasiva que todav&iacute;a se proyecta en la diplomacia venezolana del siglo XX,  como afirma Marisol de Gonzalo en &ldquo;Historia diplom&aacute;tica: problemas  metodol&oacute;gicos, historiogr&aacute;ficos y de fuentes&rdquo;, Visiones del oficio:  historiadores venezolanos en el siglo XXI, Academia Nacional de la Historia&ndash;U.C.V.,  Caracas, 2000, p&aacute;g. 87. Como hip&oacute;tesis de trabajo, este planteamiento se ve  reforzado por los adversos resultados que las negociaciones lim&iacute;trofes han  producido, con las consecuentes p&eacute;rdidas territoriales. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">7 El total de p&eacute;rdidas territoriales venezolanas puede  visualizarse en el muy bien elaborado Mapa Hist&oacute;rico de la Capitan&iacute;a General de  Venezuela, 75 x 60 cms., escala 1:3.250.000, Ministerio del Ambiente y los  Recursos Naturales Renovables, Caracas, 1996.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">8 Jos&eacute; Manuel Brice&ntilde;o Monzillo, Venezuela y sus fronteras con  Colombia, Fondo Editorial Maraisa-Universidad de Los Andes, Caracas, 1986, pp.  113-114. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">9 Ver su pr&oacute;logo a la obra de Oscar Vila Masot, El Golfo de  Venezuela: un estudio de los derechos que otorgan a Venezuela sus aguas  hist&oacute;ricas, Editorial Arte, Caracas, 1990, pp. 3-4. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">10 Seg&uacute;n Claudio Alberto Brice&ntilde;o Monz&oacute;n: &ldquo;En las fronteras,  m&aacute;s que en ninguna otra parte de la naci&oacute;n, se debe aplicar el principio de que  gobernar es poblar. Una frontera vac&iacute;a, dormida o muerta es ya, en s&iacute; misma, una  amenaza directa a la integridad de la naci&oacute;n&rdquo;, en &ldquo;Las fronteras occidentales de  Venezuela: problema de seguridad y defensa civil y militar&rdquo;, Montalb&aacute;n, N&deg; 37,  U.C.A.B., Caracas, 2004, p&aacute;g. 227. Este principio, tan axiom&aacute;tico, parece haber  estado ausente en las pol&iacute;ticas de conquista y colonizaci&oacute;n de la Corona  espa&ntilde;ola, al menos en las provincias que luego formaron la Capitan&iacute;a General de  Venezuela, si bien, para algunos, podr&iacute;a excusarse por la inabarcable extensi&oacute;n  bajo su jurisdicci&oacute;n, y por las mayores dificultades de poblar espacios  insulares y mar&iacute;timos.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">11 Isidro Morales Pa&uacute;l, La delimitaci&oacute;n de &aacute;reas marinas y  sub-marinas al Norte de Venezuela, Academia de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales,  Caracas, 1983, p&aacute;g. 34. La frase viene subrayada en la fuente original. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">12 &ldquo;Real C&eacute;dula sobre establecimiento de la Compa&ntilde;&iacute;a  Guipuzcoana&rdquo;, Madrid a 25 de septiembre de 1728, en Enrique Bernardo N&uacute;&ntilde;ez,  Cacao, ensayo y pr&oacute;logo de Orlando Araujo, Banco Central de Venezuela, Caracas,  1972, pp. 134-146, jurisdicci&oacute;n mar&iacute;tima de la Compa&ntilde;&iacute;a en cl&aacute;usula 1&ordf;, pp.  136-137. Un excelente estudio sobre el aspecto jurisdiccional mar&iacute;timo en Pedro  Jos&eacute; Lara Pe&ntilde;a, El Golfo de Venezuela, O. Ascanio Editores, Caracas, 1998, pp.  15-23. La significaci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a, sin embargo, trasciende sobradamente sus  aspectos jurisdiccionales y mercantiles, y alcanza una funci&oacute;n integradora que  concreta la formaci&oacute;n de la naci&oacute;n venezolana, como ha se&ntilde;alado Manuel Don&iacute;s  R&iacute;os en su obra De la Provincia a la Naci&oacute;n: el largo y dif&iacute;cil camino hacia la  integraci&oacute;n pol&iacute;tico-territorial de Venezuela (1525-1935), Academia Nacional de  la Historia, Caracas, 2009, p&aacute;g. 9. Ese papel aglutinador, por supuesto, se  origina en la doble tarea comercial y guardacostas que desempe&ntilde;&oacute; en nuestros  mares. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">13 V&eacute;ase Contestaci&oacute;n de Venezuela al alegato con Colombia,  Colecci&oacute;n Fronteras N&deg; 5, Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas, 1979,  p&aacute;g. 239.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">14 Acusaci&oacute;n formulada por Juan &Aacute;lvarez de Veri&ntilde;a, comandante  del corso neogranadino y gobernador, en &ldquo;Estado que manifiesta el que debe tener  el del resguardo mar&iacute;timo de guardacostas de las Indias Occidentales e islas de  Barlovento, con residencia desde el Orinoco hasta Veraguas, distancia 500  leguas&rdquo;, 1786, Archivo General de Indias (en adelante AGI), MyP Panam&aacute; 262. M&aacute;s  adelante nos extendemos un poco m&aacute;s sobre este aspecto del corsarismo,  determinante para comprender la nefasta influencia de los elementos naturales  sobre la vigilancia de los espacios acu&aacute;ticos salados, provocando los &ldquo;brazos  ca&iacute;dos&rdquo; de los corsarios virreinales, a pesar de perder as&iacute; cuantiosos y ricos  botines. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">15 V&eacute;ase T&iacute;tulos de Venezuela, Colecci&oacute;n Fronteras,  Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas, 1979, vol. I, Secci&oacute;n Segunda,  series A, B y C. Sobre Icuza v&eacute;ase Vicente de Am&eacute;zaga Aresti, Vicente Antonio de  Icuza, comandante de corsarios, Ediciones del Cuatricentenario de Caracas, 1966,  pp. 91-185 para la actividad del corsario en la Guajira.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">16 Debe aclararse que la navegaci&oacute;n en el Caribe y en aguas  venezolanas no estaba exenta de peligros, pues los vientos y corrientes eran  similares a los que afectaban al Virreinato, aunque con menos potencia, con la  diferencia de que en la Capitan&iacute;a General casi todos los destinos se encontraban  hacia el poniente, es decir, en posici&oacute;n favorable en relaci&oacute;n con la  meteorolog&iacute;a y la masa acu&aacute;tica, de modo que, al menos a la ida, las traves&iacute;as  contaban con las mejores condiciones para su &oacute;ptimo desempe&ntilde;o. Pero los  extranjeros que ven&iacute;an por primera vez a nuestros mares eran quienes sufr&iacute;an las  consecuencias de su ignorancia ambiental, como lo prueban la escuadra inglesa  que intent&oacute; atacar La Guaira y Puerto Cabello en 1743, cuyos nav&iacute;os se  embistieron unos a otros por culpa de la corriente, y la escuadra francesa que  sufri&oacute; todo tipo de contingencias y el naufragio de la fragata Bourgogne en  Punta de Uvero. V&eacute;ase, de Carlos Duarte, Testimonios de la visita de los  oficiales franceses a Venezuela en 1783, Academia Nacional de la Historia,  Caracas, 1998, pp. 24-44, en cuya p&aacute;gina 25 uno de los oficiales declara: &ldquo;Un  viento muy fresco del Nordeste, que llaman brisa carabinada, elevaba las olas y  hac&iacute;a que nuestra navegaci&oacute;n fuese muy dif&iacute;cil. Ten&iacute;amos que remontar por un  canal estrecho contra el viento, el cual no cambia jam&aacute;s sino de Nordeste a  Sureste, y contra unas corrientes r&aacute;pidas cuya fuerza y direcci&oacute;n eran  desconocidas de todos&rdquo;. Para la intentona inglesa ver mi libro La aventura naval  de la Compa&ntilde;&iacute;a Guipuzcoana de Caracas, Fundaci&oacute;n Polar, Caracas, 1998, pp.  316-335. Una muestra de las complicaciones de la navegaci&oacute;n en algunos cortos  trayectos del mar Caribe, por ejemplo, entre las peque&ntilde;as islas de Saint Thomas,  Saint Barthelemy y Saint Martin en James Hackett Y Charles Brown, Narraciones de  dos expedicionarios brit&aacute;nicos de la Independencia, Instituto Nacional de  Hip&oacute;dromos, Caracas, 1966, p&aacute;g. 42, donde se se&ntilde;ala que buena parte del trayecto  obligaba &ldquo;a ir a la deriva&rdquo;. Esta misma fuente recoge terribles condiciones de  navegaci&oacute;n luego del zarpe desde Inglaterra durante el mes de diciembre de 1817,  pp. 31-32.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">17 Un resumen del proceso en Delia Pic&oacute;n, Historia de la  diplomacia venezolana (1811-1985), U.C.A.B., Caracas, 1999, pp. 155-157. La  fuente m&aacute;s reconocida hasta hoy en d&iacute;a que trata el desarrollo de las  negociaciones es Pablo Ojer, La d&eacute;cada fundamental en la controversia de l&iacute;mites  entre Venezuela y Colombia, 1881-1891, Instituto de Derecho P&uacute;blico de la U.C.V.,  Caracas, 1982, Cap&iacute;tulo I: &ldquo;Las negociaciones que precedieron al arbitramento  (1833- 1875)&rdquo; pp. 11-74. De estas p&aacute;ginas condensamos nuestro resumen.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">18 Hermann Gonz&aacute;lez Oropeza y Manuel Don&iacute;s R&iacute;os, citados por  Sim&oacute;n Alberto Consalvi en Santos Michelena (1797-1848), Biblioteca Biogr&aacute;fica  Venezolana, Caracas, 2012, pp. 42-44. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">19 Manuel Don&iacute;s R&iacute;os, El territorio de Venezuela: documentos  para su estudio, U.C.A.B., Caracas, 2001, p&aacute;g. 37. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">20 Pablo Ojer, La d&eacute;cada&hellip;, pp. 13-14, 17-19, 23, 25-27 y 31. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">21 Contestaci&oacute;n de Venezuela al alegato con Colombia,  Colecci&oacute;n Fronteras N&deg; 5, Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas, 1979,  pp. 241-242 y 251.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">22 Pablo Ojer, La d&eacute;cada&hellip;, p&aacute;g. 31. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">23 V&eacute;ase Manuel Don&iacute;s R&iacute;os: &laquo;Advertimos que el dominio sobre  la Guajira no fue logrado plenamente por la Corona espa&ntilde;ola ni desde la  Provincia de Maracaibo ni desde Santa Marta o R&iacute;ohacha; tampoco por el  Virreinato o la Capitan&iacute;a General. Los guajiros se mostraron particularmente  aguerridos e impermeables a los intentos de sometimiento o &ldquo;pacificaci&oacute;n&rdquo;,  palabra que encubr&iacute;a el esfuerzo destinado al sometimiento de los ind&iacute;genas&raquo;, en  El territorio&hellip;, p&aacute;g. 22. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">24 Publicada por primera vez en 1848, utilizamos un ejemplar  de la Historia de la Nueva Granada, Editorial Bedout, publicada en Medell&iacute;n en  1971.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">25 Omitimos referencias a las negociaciones de otros  delegados venezolanos, como Manuel Anc&iacute;zar (1846), Medardo Rivas (1851), Sim&oacute;n  Planas (1854), Jos&eacute; Gregorio Villafa&ntilde;e (1852) Luis Castelli (1855), Rafael  M&aacute;rquez (1866) y Fernando Arvelo (1868) por su insignificancia negociadora y  pol&iacute;tica. V&eacute;ase Rafael Valery Salvatierra, La territorialidad de Venezuela:  origen, formaci&oacute;n y cambios de nuestro patrimonio territorial, Fundaci&oacute;n  Empresas Polar, Caracas, 2006, p&aacute;g. 84. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">26 Pablo Ojer, La d&eacute;cada&hellip;, p&aacute;g. 32-41, 45 y 63. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">27 Detalles sobre los errores geogr&aacute;ficos de Codazzi en  Contestaci&oacute;n de Venezuela al alegato con Colombia, Colecci&oacute;n Fronteras N&deg; 5,  Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas, 1979, pp. 84-90 para algunos  ejemplos: indicar la direcci&oacute;n de r&iacute;os en sentido contrario al que en verdad  tienen, se&ntilde;alar su cabecera en lugar equivocado con leguas de diferencia, o  se&ntilde;alar tambi&eacute;n grado y medio de diferencia norte-sur &mdash;90 millas lineales&mdash; entre  dos r&iacute;os, cuando esa misma distancia se recorr&iacute;a en pocas horas demostrando as&iacute;  una distancia mucho menor. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">28 Debe recordarse, sin embargo, la afirmaci&oacute;n de Brice&ntilde;o  Monz&oacute;n: &laquo;&hellip;el desconocimiento de las realidades geogr&aacute;ficas de los extensos  territorios fronterizos y la falta de precisi&oacute;n con que Espa&ntilde;a hab&iacute;a determinado  los l&iacute;mites entre sus colonias hicieron de la demarcaci&oacute;n de nuestras fronteras,  por no suponer la misma delimitaci&oacute;n, una ardua tarea que dur&oacute; m&aacute;s de un siglo  de largas disputas territoriales, mediante numerosos acuerdos internacionales&raquo;,  en el ya citado art&iacute;culo &ldquo;Las fronteras occidentales de Venezuela&hellip;&rdquo;, p&aacute;g. 214.  Subrayamos el hecho que tambi&eacute;n parece dispensar a los negociadores. Carlos  Gonz&aacute;lez Araujo tambi&eacute;n se&ntilde;ala los efectos de la imprecisi&oacute;n espa&ntilde;ola sobre las  demarcaciones territoriales en El dominio mar&iacute;timo y plataforma submarina de la  Rep&uacute;blica de Venezuela en la pen&iacute;nsula de la Guajira y Golfo de Venezuela,  Caracas, Tipograf&iacute;a Venevas C.A., 1970, p&aacute;g. 9. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">29 V&eacute;ase su trabajo &ldquo;La pol&iacute;tica exterior de Venezuela  durante la &eacute;poca de Antonio Guzm&aacute;n Blanco&rdquo;, en Los tiempos envolventes del  guzmancismo, U.C.A.B., Caracas, 2011, p&aacute;g. 210.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">30 Citado por Consalvi en su art&iacute;culo de la nota anterior,  p&aacute;g. 219. Tambi&eacute;n conviene consultar, de Pablo Ojer, El Pseudo-tratado Guzm&aacute;n  Blanco-Holgu&iacute;n de 1886, U.C.A.B., 1981, pp. 5-24.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">31 Joaqu&iacute;n Acosta, Historia&hellip;, pp. 54-55, 64, 70, 73 y 88. El  desv&iacute;o de Pedrarias ha sido calculado a partir del mapa West Indies, escala  1:4.395.000 donde 1 pulgada = 69 millas, National Geographic Magazine, noviembre  1987. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">32 Relaciones Geogr&aacute;ficas de Venezuela, recopilaci&oacute;n, estudio  preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno, Academia Nacional de la Historia,  Caracas, 1964, pp. 17-18. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">33 Henry Georget y Eduardo Rivero (estudio preliminar y  selecci&oacute;n documental), Herejes en el para&iacute;so: corsarios y navegantes ingleses en  las costas de Venezuela durante la segunda mitad del siglo XVI, Colecci&oacute;n V  Centenario del Encuentro Entre Dos Mundos, Editorial Arte, Caracas, 1993, pp.  89, 93-94.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">34&nbsp;&nbsp; Clarence Haring, Los bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII, Academia Nacional de la Historia, Caracas-Par&iacute;s-Brujas, 1939, p&aacute;g. 45. Distancia calculada a partir del mapa West Indies, escala 1:4.395.000 donde 1 pulgada = 69 millas, separata en National Geographic Magazine, noviembre 1987.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">35&nbsp;&nbsp; Nicol&aacute;s del Castillo, La llave de las Indias, Ediciones El Tiempo, Bogot&aacute;, 1981, p&aacute;g. 57. A prop&oacute;sito de los vientos alisios predominantes, provenientes del noreste, tal es su presencia e intensidad que originan el mito germinal de los guajiros, en el cual Jepirech, dios del viento, se une con Igua, diosa de las lluvias primaverales, de cuya relaci&oacute;n nace la etnia way&uacute;, seg&uacute;n Johannes Wilbert, Folk Literature of the Guajiro Indians, University of California, Los &Aacute;ngeles, 1986, tomo I, pp. 34-35.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">36&nbsp;&nbsp; Pablo Ojer, El Golfo de Venezuela: una s&iacute;ntesis&hellip;, p&aacute;g. 491, nota 3.2.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">37&nbsp;&nbsp; &ldquo;Relaci&oacute;n Geogr&aacute;fica hecha por Diego Villanueva de la Gobernaci&oacute;n de Venezuela, a&ntilde;o de 1607&hellip;&rdquo;, en Relaciones Geogr&aacute;ficas de Venezuela&hellip;, p&aacute;g. 300. La fuerza de la corriente en la desembocadura del r&iacute;o Magdalena tambi&eacute;n la se&ntilde;ala Adelaida Sagarra Gamazo en &ldquo;Una instituci&oacute;n guipuzcoana, la Matr&iacute;cula de Mar, implantada en y desde Cartagena de Indias, a trav&eacute;s de los fondos del Archivo General de Simancas&rdquo;, Comerciantes, Mineros y nautas: los vascos en la econom&iacute;a americana, Universidad del Pa&iacute;s Vasco, Vitoria, 1996, p&aacute;g. 100.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">38&nbsp;&nbsp; Chris Stroup, &ldquo;Buccaneers&rsquo; Breakout at Maracaibo&rdquo;, Military History, marzo 2006, p&aacute;g. 33.</font></p>  <font size="-1"><span style="font-family: Verdana;">39&nbsp;&nbsp; Al respecto v&eacute;ase de Juan Marchena La instituci&oacute;n militar en Cartagena de Indias, 1700-1810, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Sevilla, 1982, pp. 31, 63, 72, 75, 85 y 141.</span><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">40&nbsp;&nbsp; Tan temprano como 1740, a s&oacute;lo diez a&ntilde;os de iniciadas sus operaciones mar&iacute;timas y siendo evidentes las ventajas de este tipo de embarcaciones, la Compa&ntilde;&iacute;a de Caracas orden&oacute; la construcci&oacute;n de dos jabeques en Orio, y destinarlos &ldquo;&hellip; para resguardar las costas de ella [la Provincia de Venezuela] e impedir el comercio furtivo de los extranjeros&rdquo;, Manuel de las Casas en Madrid a 22 de mayo de 1741, AGI Caracas 926. Las embarcaciones fueron nombradas San Jos&eacute; y San Nicol&aacute;s.</span><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">41&nbsp;&nbsp; Real&nbsp; orden&nbsp; a&nbsp; Blas&nbsp; de&nbsp; Barreda&nbsp; sobre&nbsp; capacidad&nbsp; y&nbsp; conveniencia&nbsp; de&nbsp; buques&nbsp; para&nbsp; corso&nbsp; en Cartagena de Indias, en Madrid a 24 de enero de 1764, AGI Santa Fe 1095.</span><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">42&nbsp;&nbsp; Carta a Andr&eacute;s Regio en Aranjuez, a 22 de septiembre de 1763, AGI Santa Fe 1095.</span><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">43&nbsp;&nbsp; Manuel de Guirior a Juli&aacute;n de Arriaga en Cartagena de Indias a 11 de enero de 1773; a Andr&eacute;s Regio, en Aranjuez a 18 de junio; y Regio a Arriaga en la Isla de Le&oacute;n, a 2 de julio del mismo a&ntilde;o, AGI Santa Fe 1095. Para complicar las cosas el puerto cartagenero no era capaz de ofrecer a las naves los servicios m&iacute;nimos de carenado y mantenimiento &ldquo;&hellip; por falta de maestranza, betunes, y todo lo dem&aacute;s necesario para tales maniobras&rdquo;, carencias que en diez a&ntilde;os aparentemente no lograron subsanarse, seg&uacute;n carta a Andr&eacute;s Regio de la nota anterior, y la &uacute;ltima carta de 2 de julio de 1773 antes mencionada. Las desavenencias entre funcionarios por la ambig&uuml;edad de las normas de corso y la manera de practicarlo se hicieron evidentes:la captura de una balandra francesa sospechosa, que luego el gobernador y los oficiales realesliberaron, provoc&oacute; enfrentamientos con el jefe de la escuadra de guardacostas, seg&uacute;n cuentade Miguel Gast&oacute;n en Cartagena de Indias, a 6 de agosto de 1765, AGI Santa Fe 1095.</span><br style="font-family: Verdana;">  </font>     <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">44&nbsp;&nbsp; Timoteo O&rsquo;Scanlan, Diccionario Mar&iacute;timo Espa&ntilde;ol, p&aacute;g. 245.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">45&nbsp;&nbsp; Los jabeques construidos por la Compa&ntilde;&iacute;a demostraron sus excelentes cualidades n&aacute;uticas desde el mismo inicio de sus operaciones: &ldquo;&hellip;salieron anoche nuestros jabeques a su vista [de un nav&iacute;o ingl&eacute;s que los acechaba a la altura de Motrico], y habi&eacute;ndoles cargado un recio golpe de vendaval arribaron a Guetaria [despu&eacute;s de haber zarpado desde San Sebasti&aacute;n]. En esta navegaci&oacute;n, escribe Sansinenea [director de la empresa] que los ha experimentado de mucho aguante y mucha vela. Dice que pudiendo traer largo todo el aparejo no puso en vela sino el trinquete, que s&oacute;lo con esta vela andaba 8 millas y que tiene por cierto hubiera andado 18 con todo el aparejo&hellip; en verdad que las embarcaciones tambi&eacute;n son grandes. Tienen 47 y 48 codos de quilla &mdash;27 y 27,5 ms. equivalentes a fragatas de m&aacute;s de 40 ca&ntilde;ones&mdash; y juegan 40 remos, de suerte que son del mismo tama&ntilde;o que las galeras del duque de Toscana&rdquo;, Jos&eacute; de Iturriaga a Miguel Antonio de Zuaznavar, en San Sebasti&aacute;n a 26 de junio de 1741, AGI Caracas 926. Entre Motrico y Guetaria hay poco m&aacute;s de dos leguas &mdash;m&aacute;s de 10 kms.&mdash; que los jabeques recorrieron con la mucha velocidad permitida por su aparejo, no desplegado completamente gracias a que la potente fuerza del viento no lo requiri&oacute;. Por otra parte, su enorme tama&ntilde;o les confer&iacute;a caracter&iacute;sticas de buques mucho mayores y superior superficie v&eacute;lica, incrementando as&iacute; su velocidad y rendimiento n&aacute;utico. El mismo documento indica el llamado al comandante de los jabeques para venirse a San Sebasti&aacute;n &ldquo;&hellip; donde estar&aacute;n m&aacute;s prontos a salir con cualquier viento y a cualquier hora&hellip;&rdquo;, es decir, al menos en la costa vasca los jabeques ten&iacute;an pocos impedimentos naturales y meteorol&oacute;gicos, todo lo contrario de lo que suced&iacute;a en el Virreinato de Nueva Granada. Distancia entre Motrico y Guetaria en Javier G&oacute;mez Pi&ntilde;eiro et al., Documentos Cartogr&aacute;ficos Hist&oacute;ricos de Guip&uacute;zcoa. Volumen I: Servicio Geogr&aacute;fico del Ej&eacute;rcito, Zarauz, 1994, l&aacute;mina 153 &ldquo;Carta topogr&aacute;fica de la M.N. y M.L. [Muy noble y muy leal] Provincia de Guip&uacute;zcoa&rdquo;, por Jos&eacute; Joaqu&iacute;n de Olaz&aacute;bal y Francisco de Palacios, 1836, escala 1:100.000, p&aacute;g. 106. La excelente condici&oacute;n n&aacute;utica de los jabeques pertenecientes a la escuadra de Pedro Mes&iacute;a de la Cerda, que hicieron 48 d&iacute;as entre la Cartagena peninsular (Levante) y La Guaira, y hubieran podido ser s&oacute;lo 30 de haber venido solos, en Joseph Ruiz al marqu&eacute;s de la Ensenada, La Guaira a 25 de octubre de 1752, Archivo General de Simancas (en adelante AGS) Marina 402.    <br>  </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">46&nbsp;&nbsp; Manuel de Guirior a Juli&aacute;n de Arriaga, en Santa Fe a 30 de septiembre de 1773, AGI Santa Fe 1095.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">47&nbsp;&nbsp; Para una explicaci&oacute;n de las dificultades de navegaci&oacute;n contra el viento en todo el Caribe v&eacute;ase Colin Woodward, &ldquo;Quelling a Pirate Revolt&rdquo;, en The Quarterly Journal of Military History, Leesburg, Spring 2009, vol. 21, N&deg; 3, p&aacute;g. 13.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">48&nbsp;&nbsp; Una corriente se considera fuerte a partir de los 4 &oacute; 5 nudos ( 1 nudo = 1 milla n&aacute;utica por hora = 1.852 metros por hora). Los promedios de velocidad de las corrientes en ciertos lugares parecen estar alrededor de los 1,5 nudos (2,8 km/hr), y casi nunca superan los 2 nudos (3,7 km/hr); v&eacute;ase Nathaniel Bowditch, The New American Practical Navigator, edici&oacute;n a la que se han agregado los modernos sistemas de posicionamiento satelital y otros m&eacute;todos de ayuda a la navegaci&oacute;n, y de la cual s&oacute;lo se ha eliminado un ap&eacute;ndice original. De resto la obra es exactamente igual a la edici&oacute;n pr&iacute;ncipe de 1802; ver prefacio en p&aacute;g. vii, pp. 337-339, 775, 789, 798, 807, 811-812 y 815 del vol. I. Pero la corriente del Golfo que comienza en el Caribe y sube hacia la Florida &mdash;de particular inter&eacute;s para nuestro trabajo&mdash; desarrolla velocidades entre los 2 y los 4 &frac12; nudos (8,3 km/hr), convirtiendo a la masa de agua salada m&aacute;s en un obst&aacute;culo que en un medio de traslaci&oacute;n si la direcci&oacute;n del buque va contra la corriente, o si, yendo a favor de ella, su intensidad se opone a la del viento, v&eacute;ase Brian Lavery, Nelson&rsquo;s Navy: the ships, men and organization, 1793-1815, Naval Institute Press, London, 2000, p&aacute;g. 266,como sucede desde Cartagena de Indias hacia Venezuela y las Antillas Holandesas. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">49&nbsp;&nbsp; Bowditch, The New American&hellip; , vol. I, p&aacute;g. 907.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">50&nbsp;&nbsp; Pablo Ojer en El Golfo de Venezuela, una s&iacute;ntesis &hellip; , pp. 178-179.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">51&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase&nbsp; Herminia&nbsp; M&eacute;ndez&nbsp; Sereno,&nbsp; El&nbsp; Almirantazgo&nbsp; republicano,&nbsp; 1819-1822,&nbsp; Academia Nacional&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; Historia,&nbsp; Caracas,&nbsp; 2008,&nbsp; pp.&nbsp; 84-85&nbsp; para&nbsp; la&nbsp; evoluci&oacute;n&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; ordenanzas de corso que incluye las de 1718, 1762, 1779, 1801, 1817 y 1822. La obra capital sobre corsarismo es El corso mar&iacute;timo (concepto, justificaci&oacute;n e historia), de Jos&eacute; Luis de Azc&aacute;rraga y Bustamante, Instituto Francisco de Vitoria, Madrid, 1950, sobre todo pp. 27-30 para su esencia conceptual, pp. 91-110 para el contenido y estructura de las ordenanzas de corso, y pp. 179-190 para una breve historia del corso espa&ntilde;ol. Marina Alfonso Mola realiza un interesante estudio de casos en &ldquo;Corso y flotas de Indias: los convoyes ingleses apresados en 1780 y 1795&rdquo;, Actas de las IX Jornadas de Andaluc&iacute;a y Am&eacute;rica, Sevilla, 1991, sobre todo pp.&nbsp;197-204 para la evoluci&oacute;n de las ordenanzas de corso.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">52&nbsp;&nbsp; Manuel de Guirior a Juli&aacute;n de Arriaga, Santa Fe a 15 de marzo de 1774, AGI Santa Fe 1095.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">53&nbsp;&nbsp; Ascensi&oacute;n&nbsp; Baeza&nbsp; Mart&iacute;n,&nbsp; &ldquo;Las&nbsp; argucias&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; guerra:&nbsp; el&nbsp; gobernador&nbsp; Cajigal&nbsp; y&nbsp; el&nbsp; asedio ingl&eacute;s&nbsp; desde&nbsp; Guant&aacute;namo&nbsp; en&nbsp; 1741&rdquo;,&nbsp; en&nbsp; Temas&nbsp; Americanistas,&nbsp; N&deg;&nbsp; 19,&nbsp; 2007,&nbsp; pp.&nbsp; 58-59. Es&nbsp; conveniente&nbsp; destacar&nbsp; que&nbsp; la&nbsp; violencia&nbsp; meteorol&oacute;gica&nbsp; y&nbsp; mar&iacute;tima&nbsp; no&nbsp; es&nbsp; exclusiva&nbsp; del mar neogranadino; tambi&eacute;n caracteriza otros oc&eacute;anos y latitudes: toda la zona ecuatorial desarrolla vientos entre 8 y 10 metros por segundo, los enormes espacios acu&aacute;ticos al sur del Yemen y al oriente de Madagascar m&aacute;s de 12 metros por segundo, igual que todo el oc&eacute;ano ant&aacute;rtico. Algunos espacios m&aacute;s localizados tambi&eacute;n dieron enormes problemas a los navegantes como, por ejemplo, la costa californiana de los Estados Unidos alrededor de los 40&deg; de latitud norte, seg&uacute;n se infiere de testimonios de la &eacute;poca. V&eacute;ase Juan Bautista Avalle-Arce, &ldquo;De C&aacute;diz a Alaska: un diario de navegaci&oacute;n, 1790-1792&rdquo;, en Cuadernos Dieciocho, Ediciones de la Universidad de Salamanca, N&deg; 1, 2000, pp. 295-312. Si a la fuerza de vientos y corrientes se a&ntilde;ad&iacute;a una costa sembrada de arrecifes la mortalidad de las condiciones de navegaci&oacute;n quedaba fuera de duda, como en el caso de los litorales al suroeste de la pen&iacute;nsula de Cornwall, en Inglaterra, entre Lands End y Plymouth, donde se ha perdido la cuenta de los naufragios, tan numerosos como han sido durante siglos; v&eacute;ase Richard Larn &amp; Clive Carter, Cornish Shipwrecks: the South Coast, Pan Books LTD, London, 1969, sobre todo pp. 11-18 y 23.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">54&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase Sandra Rebok, &ldquo;Lo p&uacute;blico y lo privado en los escritos de Alexander Von Humboldt sobre Cuba&rdquo;, en Asclepio, vol. LVI, N&deg; 2, 2004, p&aacute;g. 55.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">55&nbsp;&nbsp; Alejandro de Humboldt, Ensayo Pol&iacute;tico sobre la isla de Cuba, reproducci&oacute;n de la edici&oacute;n de 1827, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2005, pp. XVI, 238-239 y 270-271, y Sandra Rebok,&ldquo;Lo p&uacute;blico y lo privado&hellip;&rdquo;, p&aacute;g. 55. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">56&nbsp;&nbsp; Agust&iacute;n&nbsp; Codazzi,&nbsp; Las&nbsp; memorias,&nbsp; traducci&oacute;n,&nbsp; presentaci&oacute;n&nbsp; y&nbsp; notas&nbsp; de&nbsp; Marisa&nbsp; Vannini&nbsp; de Gerulewicz, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Caracas,1970, pp. 111, 140, 161, 165, 171-173 y 184-185. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">57&nbsp;&nbsp; Debe rememorarse que en el primer tercio del siglo XVIII todav&iacute;a se dudaba de las verdaderas dimensiones del planeta tierra, y sobre todo de su conformaci&oacute;n geod&eacute;sica. Los cient&iacute;ficos vacilaban&nbsp; entre&nbsp; su&nbsp; achatamiento&nbsp; por&nbsp; los&nbsp; polos,&nbsp; inferido&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; Principia&nbsp; Matem&aacute;tica&nbsp; de Newton, y el achatamiento ecuatorial. La pol&eacute;mica fue resuelta con el env&iacute;o de la expedici&oacute;n franco-espa&ntilde;ola&nbsp; a&nbsp; Quito&nbsp; en&nbsp; 1736&nbsp; para&nbsp; medir&nbsp; un&nbsp; grado&nbsp; de&nbsp; meridiano&nbsp; terrestre.&nbsp; V&eacute;ase Antonio&nbsp; Lafuente&nbsp; y&nbsp; Antonio&nbsp; Mazuecos,&nbsp; &ldquo;La&nbsp; academia&nbsp; itinerante:&nbsp; la&nbsp; expedici&oacute;n&nbsp; franco-espa&ntilde;ola al reino de Quito de 1736&rdquo;, en Manuel Sell&eacute;s, Jos&eacute; Luis Peset y Antonio Lafuente (compiladores), Carlos III y la ciencia de la Ilustraci&oacute;n, Alianza Universidad, Madrid, 1989, pp. 300-301, y Horacio Capel, Geograf&iacute;a y matem&aacute;ticas en la Espa&ntilde;a del siglo XVIII, Oikos-tau Ediciones, Barcelona, 1982, pp. 83-99. Una breve explicaci&oacute;n de la teor&iacute;a newtoniana en Giorgio Abetti, Historia de la astronom&iacute;a, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1992, pp. 162-172, y en Alberto Elena, La revoluci&oacute;n astron&oacute;mica, Ediciones Akal, serie Historia de laCiencia y de la T&eacute;cnica, N&deg; 12, Madrid, 1995, pp. 34-35. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">58&nbsp;&nbsp; Al respecto pueden consultarse Marta Garc&iacute;a Garraf&oacute;n, &ldquo;La formaci&oacute;n de los pilotos en la Carrera de Indias en el siglo XVIII&rdquo;, en Anuario de Estudios Atl&aacute;nticos, Las Palmas de Gran Canaria, N&deg; 55, 2009, pp. 183-189 y 193; Rafael Sagrado Baeza, &ldquo;Navegaci&oacute;n cient&iacute;fica en el Mar del Sur. El piloto Moraleda (1772-1810)&rdquo;, en Revista de Historia Iberoamericana, vol. 1, N&deg; 1, 2008, pp. 58-62. &Eacute;sta &uacute;ltima es la fuente hemerogr&aacute;fica que mejor explica la&nbsp; funci&oacute;n&nbsp; y&nbsp; oficio&nbsp; de&nbsp; piloto&nbsp; durante&nbsp; el&nbsp; siglo&nbsp; XVIII.&nbsp; Similar&nbsp; utilidad&nbsp; detenta&nbsp; el&nbsp; trabajo de Manuel Sell&eacute;s y Antonio Lafuente &ldquo;La formaci&oacute;n de los pilotos en la Espa&ntilde;a del siglo XVIII&rdquo;, en La ciencia moderna y el Nuevo Mundo, C.S.I.C., Madrid, 1985, sobre todo pp. 166-180. Tambi&eacute;n es &uacute;til, de Francisco Jos&eacute; Gonz&aacute;lez, el art&iacute;culo &ldquo;Del &laquo;Arte de marear&raquo; a&nbsp; la&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; astron&oacute;mica:&nbsp; t&eacute;cnicas&nbsp; e&nbsp; instrumentos&nbsp; de&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; Espa&ntilde;a&nbsp; de&nbsp; la Edad Moderna&rdquo;, Cuadernos de Historia Moderna. Anejos,&nbsp; vol. V, 2006, pp. 138, 142, 149-150 y 153, y de este mismo autor Astronom&iacute;a y navegaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, siglos XVI-XVIII, Editorial MAPFRE, Madrid, 1992, particularmente la tercera parte, pp. 129-164. El texto fundamental que segu&iacute;an los estudiantes era el Examen Mar&iacute;timo te&oacute;rico pr&aacute;ctico, o Tratado de Mec&aacute;nica aplicado a la construcci&oacute;n, conocimiento y manejo de los nav&iacute;os y dem&aacute;s embarcaciones, de Jorge Juan y Santacilia, publicado en dos tomos, en la imprenta de Francisco Manuel de Mena, Madrid, 1771, sobre todo en las p&aacute;ginas 234 a 335 y 378 a 411 del tomo II relacionadas&nbsp; con&nbsp; la&nbsp; navegaci&oacute;n&nbsp; y&nbsp; gobierno&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; embarcaciones,&nbsp; en&nbsp; nuestras&nbsp; manos&nbsp; la edici&oacute;n facsimilar publicada por el Instituto de Espa&ntilde;a, Madrid, 1968. Antecedentes de la formaci&oacute;n acad&eacute;mica de hombres de mar &mdash;no s&oacute;lo pilotos&mdash; en Jes&uacute;s Varela Marcos, &ldquo;La fundaci&oacute;n del Seminario de Marinos de Guip&uacute;zcoa en 1606. Origen de las escuelas navales&rdquo;, en Comerciantes, mineros y nautas: los vascos en la econom&iacute;a americana, Universidad del Pa&iacute;sVasco, Vitoria, 1996, pp. 67-76. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">59&nbsp;&nbsp; De&nbsp; hecho&nbsp; Agust&iacute;n&nbsp; Codazzi,&nbsp; cuando&nbsp; lleva&nbsp; a&nbsp; cabo&nbsp; la&nbsp; descripci&oacute;n&nbsp; anal&iacute;tica&nbsp; del&nbsp; territorio venezolano&nbsp; entre&nbsp; 1829&nbsp; y&nbsp; 1839,&nbsp; efect&uacute;a&nbsp; sus&nbsp; mediciones&nbsp; detallando&nbsp; m&aacute;s&nbsp; de&nbsp; mil&nbsp; puntos astron&oacute;micos con m&eacute;todos n&aacute;uticos que ya hab&iacute;an sido probados durante siglos. V&eacute;ase Juan Jos&eacute; P&eacute;rez Rancel, Agust&iacute;n Codazzi (1793-1859), Biblioteca Biogr&aacute;fica Venezolana, Caracas, 2006,&nbsp; p&aacute;g.&nbsp; 75.&nbsp; La&nbsp; obra&nbsp; del&nbsp; coronel&nbsp; italiano,&nbsp; sin&nbsp; embargo,&nbsp; no&nbsp; puede&nbsp; considerarse&nbsp; como fundamento cient&iacute;fico para las delimitaciones territoriales, pues, adem&aacute;s de que el Estado venezolano no le concedi&oacute; car&aacute;cter oficial, en determinado momento la declar&oacute; inaceptable e inexacta, igual que hizo Colombia en tiempos de la demarcaci&oacute;n de l&iacute;mites. Al respecto v&eacute;ase Manuel Don&iacute;s R&iacute;os, &ldquo;Agust&iacute;n Codazzi y la cartograf&iacute;a hist&oacute;rica venezolana&rdquo;, en Agust&iacute;n Codazzi, arquitecto del territorio, Simposio-foro en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, U.C.V., Caracas, 2000, pp. 291-296; tambi&eacute;n Rafael Castillo Zapata, &ldquo;El paisaje excesivo: cruces disciplinarios entre ciencia y pintura en la Geograf&iacute;a de Venezuela (1841) de Agust&iacute;n Codazzi&rdquo;, en Estudios, Revista de Investigaciones Literarias y Culturales, N&deg; 16, Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Caracas, 2000, pp. 76-77 para el enfrentamiento de Codazzi con el Estado venezolano por deudas en la impresi&oacute;n de su obra.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">60&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase Contestaci&oacute;n de Venezuela al alegato con Colombia, Colecci&oacute;n Fronteras, volumen V, Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas, 1979, pp. 35-37 y 61.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">61&nbsp;&nbsp; Fr. Francisco de Soto y Marne, Copia de la relaci&oacute;n y diario cr&iacute;tico-n&aacute;utico de el (sic) viaje que desde la ciudad de C&aacute;diz a la de Cartagena de Indias hizo con sus compa&ntilde;eros&hellip;, Madrid, Imprenta de M&uacute;sica, a&ntilde;o de 1753, p&aacute;g. 29. La fuerza de la corriente marina que impuls&oacute; la nave en breve tiempo de Curazao a Santa Marta en pp. 27-29. Todo el diario constituye otra excelente muestra del c&aacute;lculo de la posici&oacute;n del buque mediante la observaci&oacute;n y la estima, es decir, el estudio diario de los astros y la suposici&oacute;n o fantas&iacute;a de la longitud calculando la velocidad de la embarcaci&oacute;n.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">62&nbsp;&nbsp; Palo trinquete: el m&aacute;stil m&aacute;s hacia proa en la arboladura de un barco, Timoteo O&rsquo;Scanlan, Diccionario&nbsp; Mar&iacute;timo&nbsp; Espa&ntilde;ol,&nbsp; p&aacute;g.&nbsp; 537.&nbsp; &Eacute;ste&nbsp; era&nbsp; el&nbsp; palo&nbsp; sometido&nbsp; a&nbsp; m&aacute;s&nbsp; esfuerzo&nbsp; en&nbsp; la navegaci&oacute;n a la bolina o contra el viento, por ser la primera pieza vertical de madera en encontrarse con el meteoro a&eacute;reo.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">63&nbsp;&nbsp; Sotaventarse:&nbsp; ir&nbsp; a&nbsp; merced&nbsp; del&nbsp; viento,&nbsp; perdiendo&nbsp; el&nbsp; rumbo&nbsp; previsto, Timoteo&nbsp; O&rsquo;Scanlan,Diccionario Mar&iacute;timo Espa&ntilde;ol, p&aacute;g. 502. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">64&nbsp;&nbsp; &ldquo;Garrear:&nbsp; ir&nbsp; para&nbsp; atr&aacute;s&nbsp; una&nbsp; embarcaci&oacute;n&nbsp; al&nbsp; fondear,&nbsp; o&nbsp; estando&nbsp; ya&nbsp; fondeada,&nbsp; tray&eacute;ndose arrastrando el ancla&rdquo;, Timoteo O&rsquo;Scanlan, Diccionario Mar&iacute;timo Espa&ntilde;ol, p&aacute;g. 293.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">65&nbsp;&nbsp; &ldquo;Anotaciones de los particulares acaecimientos sucedidos a dn. Luis de C&oacute;rdoba, capit&aacute;n de nav&iacute;o y comandante de los guardacostas de Tierra Firme, en la salida que ha hecho del puerto de Cartagena de Indias con la fragata de su mando nombrada La Victoria y el jabeque El Volante, mandado por el teniente de nav&iacute;o dn. Rodrigo de Quir&oacute;s, a recorrer la costa de Barlovento este a&ntilde;o de 1756&rdquo;, Cartagena de Indias, 15 de diciembre de 1756, AGS Marina 404.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">66&nbsp;&nbsp; Eslava a Juli&aacute;n de Arriaga, en Cartagena de Indias, 29 de abril 1775, AGI Santa Fe 1095. Subrayado nuestro.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">67&nbsp;&nbsp; Ver, por ejemplo, el caso de la balandra San Vicente Ferrer, de la Compa&ntilde;&iacute;a Guipuzcoana, &ldquo; &hellip; que navega medianamente a un largo pero muy poco de bolina&rdquo;, Manuel de las Casas a Jos&eacute; del Campillo, San Sebasti&aacute;n 17 de diciembre de 1742, AGI Indiferente 2406.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">68&nbsp;&nbsp; La plata capturada al gale&oacute;n de Manila por los ingleses entre 1739 y 1744 necesit&oacute; 32 carretas para ser transportada de Portsmouth a Londres. V&eacute;ase Glyndwr Williams, &ldquo;Precursors and Predators&rdquo;, en John B. Hattendorf, Maritime History: The Eighteenth Century and the ClassicAge of Sail, Krieger Publishing Company, Malabar, 1997, vol. 2, pp. 11-12. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">69&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase mi trabajo &ldquo;Piratas con permiso: el corso guipuzcoano en la costa de Caracas&rdquo;, en revista El Desaf&iacute;o de la Historia, 2011.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">70&nbsp;&nbsp; Timoteo O&rsquo;Scanlan, Diccionario Mar&iacute;timo &hellip;, pp. 209-210.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">71&nbsp;&nbsp; &ldquo;Derrotas reservadas desde los puertos de Espa&ntilde;a a diversos parajes de Am&eacute;rica&rdquo;, remitidas confidencialmente por el Ministro de Indias a la secretar&iacute;a de ese despacho, abril de 1781, AGS Marina 425. La corredera es un cordel envuelto en un carrete que sirve para medir la distancia que la embarcaci&oacute;n recorre, ech&aacute;ndose al agua durante la traves&iacute;a, ver Timoteo O&rsquo; Scanlan, Diccionario Mar&iacute;timo&hellip;, pp. 180-181, y Ces&aacute;reo Fern&aacute;ndez Duro, DisquisicionesN&aacute;uticas: los ojos en el cielo, vol. IV, Ministerio de Defensa, Madrid, 1996 pp. 45-48. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">72&nbsp;&nbsp; El&nbsp; rumbo&nbsp; N&frac14;NO&nbsp; (Norte&nbsp; un&nbsp; cuarto&nbsp; al&nbsp; NorOeste)&nbsp; puede&nbsp; visualizarse&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; Rosa&nbsp; de&nbsp; los Vientos, extra&iacute;da de Pedro Guzm&aacute;n Quevedo, Derrotero de los puertos, costas e islas de Venezuela, Ministerio de Transporte y Comunicaciones, Caracas, 1987, p&aacute;g. 23.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">73&nbsp;&nbsp; Derrotero de las Islas Antillas, de las Costas de Tierra Firme y de las del Seno Mexicano, formado en la Direcci&oacute;n de Trabajos Hidrogr&aacute;ficos para inteligencia y uso de las cartas que ha publicado. Madrid, en la Imprenta Real. A&ntilde;o de 1810, AGI Microfilms A-612, pp. 314-373 para las costas y mares entre Cabo de la Vela y Nicaragua, pasando, por supuesto, por Cartagena de Indias y sus adyacencias.74&nbsp;&nbsp; Otra de las consecuencias negativas de tal secretismo fue la minimizaci&oacute;n de la importancia de los descubrimientos espa&ntilde;oles en todo el mundo, por lo que apenas se conserva una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de los nombres hisp&aacute;nicos en la cartograf&iacute;a actual, seg&uacute;n Fernando de Bordej&eacute; y Morencos, &ldquo;Cartograf&iacute;a y navegaci&oacute;n espa&ntilde;olas en el siglo XVIII&rdquo;, en Militaria.Revista de Cultura Militar, Universidad Complutense de Madrid, N&deg; 3, 1991, p&aacute;g. 52. </font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">75&nbsp;&nbsp; Manuel Sell&eacute;s, &ldquo;Astronom&iacute;a y navegaci&oacute;n&rdquo;, en Manuel Sell&eacute;s, Jos&eacute; Luis Peset y Antonio Lafuente (compiladores), Carlos III y la ciencia de la Ilustraci&oacute;n, Alianza Universidad, Madrid, 1989, pp. 90-91.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">76&nbsp;&nbsp; Derrotero de las Islas Antillas&hellip; 1810, AGI, Microfilms A-612, pp. 318-327.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">75&nbsp;&nbsp; Manuel Sell&eacute;s, &ldquo;Astronom&iacute;a y navegaci&oacute;n&rdquo;, en Manuel Sell&eacute;s, Jos&eacute; Luis Peset y Antonio Lafuente (compiladores), Carlos III y la ciencia de la Ilustraci&oacute;n, Alianza Universidad, Madrid, 1989, pp. 90-91.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">76&nbsp;&nbsp; Derrotero de las Islas Antillas&hellip; 1810, AGI, Microfilms A-612, pp. 318-327.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">77&nbsp;&nbsp; Derrotero de las Islas Antillas&hellip;1810,&nbsp; pp. 326 a 327.&nbsp;</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">78&nbsp;&nbsp; Derrotero de las Islas Antillas, de las Costas de Tierra Firme y de las del Seno Mexicano, corregido y aumentado y con un ap&eacute;ndice sobre las corrientes del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico. Mandado reimprimir por el Esmo. Sr. Francisco de Paula Santander, Bogot&aacute;, a&ntilde;o de 1826, Biblioteca Nacional, Caracas, CAV9240.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">79&nbsp;&nbsp; Estas&nbsp; molestias&nbsp; para&nbsp; navegar&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; zona&nbsp; mar&iacute;tima&nbsp; aludida&nbsp; se&nbsp; refieren&nbsp; en&nbsp; el&nbsp; reglamento&nbsp; del Resguardo Mar&iacute;timo emitido por el Virreinato en 1800: &ldquo;Uno de los buques de fuerza ha de rendir en el Hacha [R&iacute;ohacha], disponiendo su gobernador que salga frecuentemente a recorrer la costa Guajira; y para que este servicio no le sea tan inc&oacute;modo, una u otra vez, conforme se tenga por conveniente, seguir&aacute;n las goletas menores por toda ella &hellip;&rdquo;, citado por Pablo Ojer, El Golfo de Venezuela, una s&iacute;ntesis &hellip; , pp. 157-158. Nosotros aplicamos el subrayado. Las razones de la incomodidad, por supuesto, no eran otras que las adversas condiciones marinas y atmosf&eacute;ricas.</font></p>  <font size="-1"><span style="font-family: Verdana;">80&nbsp;&nbsp; Derrotero de las Islas Antillas&hellip; a&ntilde;o de 1826, p&aacute;g. 522. Los fragmentos breves antes de la cita en pp. 355, 357-359.</span><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">81&nbsp;&nbsp; &ldquo;Pizzaz ha navegado de d&iacute;a tres veces a lo largo de la costa colombiana (dos veces hacia el Oeste y una, haciendo lo &lsquo;imposible&rsquo;, hacia el Este). Pero todos advierten que &lsquo;uno no deber&iacute;a detenerse en esa costa&rsquo;, incluyendo algunas gu&iacute;as donde se afirma que las posibilidades de sobrevivencia no son buenas. Creemos que el riesgo mar adentro es mucho mayor&hellip; Las 400 millas entre Aruba y Cartagena se conocen por las peores condiciones clim&aacute;ticas en el Caribe, y se ubican entre los cinco peores trayectos del mundo&rdquo;. V&eacute;ase Lourae &amp; Randy Kenoffel,&nbsp; &ldquo;Cruising&nbsp; logs&nbsp; for&nbsp; the&nbsp; coast&nbsp; of&nbsp; Colombia:&nbsp; Aruba,&nbsp; Bonaire,&nbsp; Curazao&rdquo;,&nbsp; <a href="mailto:pizzaz@yahoo.com">pizzaz@yahoo.com</a>&nbsp; y  <a href="http://www.caribbeancompass.com">www.caribbeancompass.com</a> .</span><br style="font-family: Verdana;">  <br style="font-family: Verdana;">  <span style="font-family: Verdana;">82&nbsp;&nbsp;  <a href="http://www.guimaraens.es/piropo?page">www.guimaraens.es/piropo?page</a> .</span></font>     <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">83&nbsp;&nbsp; Sa&uacute;l Chac&iacute;n S&aacute;nchez (Capit&aacute;n de nav&iacute;o), Historia del Buque Escuela Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Ministerio de la Defensa, Caracas, 2006, p&aacute;g. 342.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">84&nbsp;&nbsp; Citado en nota 14.</font></p>      <p style="text-align: justify; font-family: Verdana;"><font size="-1">85&nbsp;&nbsp; Capit&aacute;n General de Caracas, Juan Guillelmi, al comandante general de Maracaibo, Joaqu&iacute;n Primo de Rivera, Caracas 18 de enero de 1790, en Contestaci&oacute;n de Venezuela al alegato con Colombia, Colecci&oacute;n Fronteras, N&deg; 5, Ministerio de Relaciones Exteriores, Caracas, 1979,p&aacute;g. 382. </font></p>         ]]></body>

</article>
