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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Resurgence of the discussion regarding development models can be located at the end of the 1990s, when it became more evident that the orthodox adjustment measures applied in Latin America in particular, did not achieve the desired results, thereby generating doubts about the concept and orientation that guided these processes. Today, in the context of the crisis of global finances and the capitalist system in general, the theme has been brought up once again. The objective of this article is to analyze the concept of development seen from the most relevant theoretical positions in the second half of the twentieth and beginnings of the twenty-first centuries. The methodology used to approach this study included theoretical review and analysis, content analysis and biblio-hemerographic analysis, focused on the period between 1960 and 2008, centering analysis on the operationalized models of that period, while including other alternative approaches, given the theoretical and epistemological importance of the theme. Results show that a marked economistic emphasis has existed regarding the idea of economic growth as an expression of development, which has motivated some responses from other angles. The study concludes that there is a need to conceive development as a highly complex process, which demands the integration of diverse factors that contribute to enriching the concept and affecting the policies and actors involved in it.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>El concepto de desarrollo:  posiciones teóricas más relevantes</B> </FONT></P>  <A NAME="_VPID_18"><font face="Verdana"></font></A>     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Mujica Chirinos, Norbis*    <BR> Rincón González, Sorayda**</B> </FONT></P> <basefont>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">* Licenciado en  Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, de La Universidad del Zulia  (LUZ). Especialista en Política Social, Centro de Estudios del Desarrollo  (CENDES) de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Candidato a Doctor en  Ciencias Sociales. LUZ. Investigador del Centro de Estudios de la Empresa y  Profesor de la Escuela de Administración y Contaduría Pública y Escuela de  Sociología de la FCES, LUZ. Acreditado al Programa de Promoción al Investigador  (PPI) Nivel II de la ONCTI. <a href="mailto:norbism@yahoo.com">norbism@yahoo.com</a>. </font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">** Socióloga  egresada de La Universidad del Zulia (LUZ). Magíster en Planificación y Gerencia  de C y T (LUZ). Doctora en Ciencias Gerenciales de la Universidad Rafael Belloso  Chacín (URBE). Profesora Titular de la Escuela de Sociología de LUZ.  Investigadora del Centro de Estudios de la Empresa, FCES, LUZ. Acreditada al  Programa de Promoción del Investigador (PPI) Nivel II de la ONCTI. <a href="mailto:sorarincon@hotmail.com">sorarincon@hotmail.com</a>. </font></p>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El resurgimiento de la discusión acerca de los modelos de desarrollo se  puede ubicar hacia finales de la década de los noventa, cuando se hizo  más que evidente que las medidas de ajuste ortodoxas aplicadas en América  Latina en particular, no alcanzaron los resultados esperados, lo que generó  dudas sobre la concepción y orientación que guiaron estos procesos. Hoy,  en el marco de la crisis financiera global y del sistema capitalista en  general, el tema vuelve a colocarse en el tapete. En este sentido, el presente  artículo tiene como objetivo analizar el concepto de desarrollo desde las  posiciones teóricas más relevantes en la segunda mitad del siglo XX y comienzos  del XXI. La metodología utilizada para abordar el estudio fue la revisión  y análisis teórico, el análisis de contenido y el análisis biblio-hemerográfico,  previéndose un horizonte temporal entre 1960 y 2008, centrándose el análisis  en los modelos operacionalizados en este periodo, además de incluir otros  enfoques alternativos, dada su importancia teórica y epistémica. Los resultados  evidencian que ha existido un marcado énfasis economicista alrededor de  la idea de crecimiento económico como expresión de desarrollo, lo que ha  motivado algunas respuestas desde otros ángulos. Se concluye en la necesidad  de concebir el desarrollo como un proceso altamente complejo, que exige  la integración de diversos factores que contribuyan a enriquecer el concepto  e impacten las políticas y los actores involucrados en el mismo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave:</B> Desarrollo, concepto de desarrollo, teoría del desarrollo, modelos de desarrollo. </FONT></P>     <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> The Concept of Development: Most Relevant Theoretical Positions </FONT></b></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Resurgence of the discussion regarding development models can be located  at the end of the 1990s, when it became more evident that the orthodox  adjustment measures applied in Latin America in particular, did not achieve  the desired results, thereby generating doubts about the concept and orientation  that guided these processes. Today, in the context of the crisis of global  finances and the capitalist system in general, the theme has been brought  up once again. The objective of this article is to analyze the concept  of development seen from the most relevant theoretical positions in the  second half of the twentieth and beginnings of the twenty-first centuries.  The methodology used to approach this study included theoretical review  and analysis, content analysis and biblio-hemerographic analysis, focused  on the period between 1960 and 2008, centering analysis on the operationalized  models of that period, while including other alternative approaches, given  the theoretical and epistemological importance of the theme. Results show  that a marked economistic emphasis has existed regarding the idea of economic  growth as an expression of development, which has motivated some responses  from other angles. The study concludes that there is a need to conceive  development as a highly complex process, which demands the integration  of diverse factors that contribute to enriching the concept and affecting  the policies and actors involved in it. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words:</B> Development, development concept, development theory, development models. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">      <br>  </FONT><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>Recibido:</b> 20-01-10&nbsp; <b>Aceptado:</b> 15-06-10 </font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>1. Introducción</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En su Informe sobre el Desarrollo Mundial 1999-2000, titulado <I>En el Umbral  del Siglo XXI</I>, el Banco Mundial (BM, 2000) asume una postura autocrítica  en cuanto a su concepción del desarrollo, que contrasta con la perspectiva  que tradicionalmente había sostenido en informes anteriores, habitualmente  centrada alrededor del crecimiento económico, la libertad de mercado y  el Estado mínimo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este informe aborda una serie de aspectos que colocan la noción de desarrollo  en el centro del debate; reconoce que el mismo no puede considerarse único,  ni alrededor de afirmaciones absolutas, incompletas o dogmáticas, y que  existe en su entorno una complejidad determinada por el contexto, el momento  histórico y el lugar geográfico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Plantea, además, que el debate debe abandonar la discusión sobre la función  del Estado y el mercado y la búsqueda de soluciones de políticas globales  y únicas, para profundizar en otros aspectos más relevantes, como el conseguir  mejoras sostenibles en la calidad de vida de las personas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para llegar a estas afirmaciones, ejemplifica la experiencia en la aplicación  de las políticas de desarrollo a nivel mundial, destacando los resultados  disímiles, positivos en algunos países en contraste con los efectos negativos  en otros que aplicaron estrategias similares. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Más allá de si se está o no de acuerdo con las afirmaciones anteriores,  esta referencia es importante por cuanto, en primer término, en los albores  del siglo XXI, el propio Banco Mundial, uno de los organismos responsable  de la aplicación de las medidas de ajuste estructural en América Latina,  reconoce que el desarrollo depende de diversos factores, de sus relaciones  y de las transformaciones que estos producen en el tiempo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En segundo término, porque intenta romper con la que, históricamente, ha  sido la respuesta a la pregunta sobre qué es el desarrollo, básicamente  concebida desde la ciencia económica y ligada a los problemas, argumentos  y reflexiones de cada una de las escuelas de pensamiento en esta área a  través del tiempo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Básicamente, se abre un compás de discusión importante que permite abordar  el concepto de desarrollo más allá de las posiciones biologicistas de evolución  y proceso, y de las tradicionales que lo reducen a problemas de crecimiento  económico y redistribución de la riqueza. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la actualidad, en el marco de la crisis financiera global y del sistema  capitalista en general, el tema recibe un nuevo impulso, enmarcado en las  respuestas que los organismos internacionales y los gobiernos de países  desarrollados impulsan para tratar de superarla, lo que impone una revisión  crítica de la experiencia previa y de sus bases analíticas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, el propósito del presente artículo es analizar el concepto  de desarrollo según las posiciones teóricas de mayor relevancia durante  la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. La metodología para  abordar el objetivo planteado fue la revisión y análisis teórico, el análisis  de contenido y el análisis biblio-hemerográfico. Se prevé un horizonte  temporal comprendido entre 1960 y 2008; es decir, el estudio se centrará  en los modelos operacionalizados en este período –estructuralista y neoliberal–,  incluyendo algunas propuestas no aplicadas por su importancia teórica y  epistémica –neoestructuralismo, desarrollo sustentable, desarrollo a escala  humana, desarrollo humano, enfoque de capacidades–. En absoluto significa  que son las únicas; otras propuestas –por ejemplo, el post-desarrollo–  no serán abordadas, primero, por motivos de espacio y, segundo, de delimitación  teórica, lo cual no significa que carezcan de relevancia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>2. El estructuralismo  y el desarrollo hacia adentro</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El <I>estructuralismo</I> es una corriente teórica de naturaleza económica y social  surgida hacia la década de los años 40, cuyo desarrollo y consolidación  estuvo relacionada con la creación de la <I>Comisión Económica para América  latina y el Caribe</I> (CEPAL) de las Naciones Unidas y cuyos aportes a la  teoría del desarrollo se consideran de vital importancia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para los estructuralistas, el concepto de desarrollo es el resultado de  la evolución de un conjunto ideas que diferentes tendencias económicas  han dado a los problemas específicos del capitalismo y que toma auge a  partir de la finalización de la segunda guerra mundial, como preocupación  de la Organización de Naciones Unidas por dar respuesta a la situación  de los países después del conflicto bélico. Su enriquecimiento conceptual  también se asocia a los problemas que se manifestaron desde los países  subdesarrollados de América Latina y los nuevos países independientes de  África y Asia, que expresaron su inquietud por la excesiva dependencia  del comercio mundial en tanto su especialización en la exportación de materias  primas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El primer concepto relacionado a la idea del desarrollo para los estructuralistas  es el de <I>riqueza</I>; para los autores clásicos –escuela de pensamiento fundada  por Adam Smith en el siglo XVIII y consolidada por John Stuart Mill en  el XIX– la riqueza es un indicador de la prosperidad o decadencia de las  naciones y la consideran como aquel conjunto de bienes que un país puede  obtener, dada la naturaleza de su suelo, su clima y su situación respecto  a otros países (Sunkel y Paz, 1977; De la Peña, 1979). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta concepción de riqueza se relaciona a una determinada manera de percibir  la sociedad y su funcionamiento, pensada como un conjunto de individuos  o unidades económicas que actúan de acuerdo a leyes y principios inmutables,  concepción esta sustentada en la filosofía individualista y liberal del  derecho y del Estado difundida en el siglo XVIII, basada en el sistema  de libre concurrencia económica y los principios de libertad individual,  propiedad privada, sucesión privada de los medios materiales de producción  y libertad de contratos. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, la riqueza alude a una situación potencial óptima que podría alcanzarse  si la sociedad se organiza según un orden individual “<I>natural</I>” que permita  el aprovechamiento óptimo de los recursos productivos disponibles. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Posteriormente la idea del desarrollo se asocia al concepto de <I>evolución  económica </I>que surge luego de la aparición de las tesis biológicas del evolucionismo  darwinista, combinado con el pensamiento del liberalismo económico. De  hecho, esta concepción del proceso económico es básica en las tesis neoclásicas  e implica la noción de secuencia natural de cambio, de mutación gradual  y espontánea. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Supone la existencia de un orden natural basado en la supervivencia del  más fuerte, por lo que la óptima organización social sería aquella que  permite crear las condiciones favorables para que opere la selección natural  y se garantice la mayor competencia entre los participantes del sistema.  Así, la competencia se convierte en la base de sustentación ética ideal  para alcanzar la justicia social natural, garantizando la misma a través  de la reducción de los factores perturbadores, esencialmente de la intervención  del Estado en la economía (De la Peña, 1979). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Muy ligado a la escuela de pensamiento referida anteriormente, se avanza  hacia la idea de <I>progreso económico</I> surgida a raíz de la difusión de la  revolución industrial y el progreso técnico en Europa y que se resume como  la expresión, en el ámbito económico, de la idea de la racionalidad absoluta  como posibilidad de funcionamiento humano. Así, en el afán del progreso  se adelantaron la ciencia, las artes, las letras y el estilo de vida, teniendo  papel significativo las invenciones, los descubrimientos y la afluencia  de los metales preciosos provenientes de las colonias, así como también  los nuevos productos primarios que se incorporaron al patrón de consumo  occidental, por lo que el progreso surgió de un proceso de concentración,  explotación colonial y exclusión (De la Peña, 1979; Maza Zavala, 2006a). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Se pensaba que la solución de los problemas sociales se conseguiría a través  de la expansión de la producción, lograda gracias a los efectos del permanente  cambio científico y tecnológico (De la Peña, 1979). Es decir, lo clave  era la modernización a través de la aplicación de la ciencia a las actividades  productivas, la incorporación de nuevas técnicas y métodos y la renovación  de las estructuras sociales y de las formas de vida. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Cuatro postulados resaltan de esta posición: primero, la irrelevancia de  la intervención del Estado en la economía, en tanto la incorporación de  la técnica al proceso productivo sea permanente; segundo, la resolución  del problema ideológico y la preocupación económica a través de la ciencia;  tercero, el problema central de la organización social es administrativo  y no político; y cuarto, la operación y funcionamiento de la economía mundial  a través de un mecanismo científico, dentro del cual la asignación de los  recursos y la distribución geográfica de la actividad, según las capacidades  de los países, garanticen el mayor bienestar para todos (De la Peña, 1979). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De allí surge la noción de la división internacional del trabajo basado  en las ventajas relativas de cada país, así como la idea del orden mundial,  creando espacios económicos que habrían de funcionar con un polo central  y una zona de protección en situación de dependencia permanente. Este conjunto  de propuestas dan origen a las ideas sobre la superioridad racial europea,  sobre el <I>destino manifiesto</I> y sobre el papel rector de los centros imperiales  en los acontecimientos mundiales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De esta forma, el auge del capitalismo estuvo muy ligado alrededor de esta  concepción, de tal manera que la innovación tecnológica era concebida como  motor y fenómeno inherente al sistema, lo que permitía a los economistas  neoclásicos teorizar sobre otros elementos –<I>el comportamiento de las unidades  económicas individuales; el papel de los mercados y el sistema de precios  como instrumento de asignación de los recursos productivos; el papel de  las remuneraciones a los factores productivos–</I>, despreocupándose de las  leyes de la dinámica del sistema (Sunkel y Paz, 1977; Maza Zavala, 2006a). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En las primeras décadas del siglo XX, se acuña el término <I>crecimiento económico</I>,  muy ligado a la teoría macroeconómica y<I> </I>centrada en el interés de preservar  la estabilidad, equilibrio y expansión del sistema capitalista y la preservación  del <I>status</I> <I>quo</I> mundial. Se pensaba que se había llegado al escalón más  alto en la evolución humana, por lo que colocaban su preocupación en los  problemas de equilibrio y en el estudio de la crisis –su origen, frecuencia  y oportunidad, muy ligado a la preocupación por el desempleo y la ocupación  de la mano de obra– para prever su aparición y solucionar las perturbaciones  que provocaba (Betancourt, 2004; Bustelo, 1999; De la Peña, 1979; Sunkel  y Paz, 1977). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Muy ligado a este enfoque <I>deductivo</I>, existe otra corriente que adopta la  vía inductiva para explicar el desarrollo como una sucesión de etapas por  la que debe necesariamente atravesar cualquier sociedad y que son las mismas  observadas en la evolución de los países desarrollados. Según estas ideas,  sostenidas por Rostow y Germani, citados por Maza Zavala (2006a), el <I>subdesarrollo</I>  constituiría una fase intermedia en la secuencia o camino necesario hacia  el desarrollo, concepción esta que motivó esfuerzos importantes en políticas  de <I>modernización</I>, entendidas como la racionalización de los valores, actitudes,  instituciones y organizaciones de las sociedades desarrolladas (Cf: Sunkel  y Paz, 1977; De la Peña, 1979). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta posición, que podría plantearse como un progreso en la explicación  de las razones del <I>subdesarrollo</I> como un momento en la evolución discontinua  de una sociedad, representa un avance con respecto a las teorías de crecimiento,  que postula una evolución continua del fenómeno, pero, según Sunkel y Paz  (1977) carecen de capacidad analítica para explicar el paso de una etapa  a otra; es decir, el <I>proceso de cambio estructural</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es a partir de este razonamiento que a mediados de este siglo, se comienza  a utilizar el concepto de <I>desarrollo</I><B> </B>surgido del materialismo científico  para proponer un cuerpo de doctrina económica en el que predomina la idea  de la relación dialéctica de los fenómenos sociales. En su aparición intervienen  dos factores: por un lado, la existencia de los países socialistas y, por  el otro, el medio hostil –interno y externo– que las naciones más atrasadas  enfrentaron en la posguerra. Estos elementos prácticamente quiebran los  principios del equilibrio económico de las teorías del crecimiento (De  la Peña, 1979). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En su origen, dos corrientes de pensamiento formularon la idea del desarrollo.  La primera de ellas fue el <I>desarrollismo</I>, constituido por partidarios de  un capitalismo reformado que proponían la necesidad de una reforma profunda,  como salvación del sistema en crisis, basada en la aceleración del desarrollo  en los países atrasados a través de la industrialización y, por medio de  ella, lograr paliar la presión social con la modificación del comportamiento  internacional del mismo (Cf. De la Peña, 1979; Pirela, 1990; Guillén, 2006). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta posición, conocida como <I>Estructuralismo</I>, sostenida y planteada por  la CEPAL y su fundador Raúl Prebisch, y desarrollada por él y sus colaboradores  más cercanos entre los años 40 y 50 del siglo XX –entre ellos Celso Furtado,  Anibal Pinto, Jorge Ahumada, Juan Noyola Vásquez, Albert Hisrchman, Aldo  Ferrer y Osvaldo Sunkel, entre otros– efectúa su análisis del subdesarrollo  a partir del concepto centro-periferia, lo que permitió explicar la desigualdad  creciente en las relaciones económicas internacionales, así como la heterogeneidad  y debilidad estructural de los sistemas productivos y de las estructuras  sociales de la periferia. La teoría del deterioro de los términos de intercambio  de los productos primarios <I>versus</I> los productos manufacturados, cuestionaba  la validez del esquema de división internacional del trabajo que asignaba  a la periferia el papel de productor y exportador de productos primarios  como mecanismo eficaz para alcanzar el desarrollo (Cf: Guillén, 2006; Maza  Zavala, 2006a, 2006b; Furtado, 1996; Pirela, 1990). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La estrategia planteada para superar estos desequilibrios fue conocida  como la <I>Industrialización Sustitutiva de Importaciones</I>, originalmente destinada  a empoderar a los países subdesarrollados para superar el modelo primario  exportador, superar la crisis del modelo de crecimiento hacia afuera y  conformar un mercado interno fuerte como principal dinamizador de la actividad  económica; es decir, crear un modelo de desarrollo hacia adentro o desarrollo  endógeno (Cf: Sunkel y Paz, 1977; Furtado, 1996; Iglesias, 1993; Maza Zavala,  2006b) </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La segunda corriente es la marxista, basada en la necesidad de controlar  y racionalizar la evolución de la economía en un contexto social y político  apropiado con miras al establecimiento del socialismo como meta final.  Según su análisis, en la consecución de este objetivo puede colaborar el  cambio evolutivo –y no sólo el revolucionario–, por lo que el desarrollismo  supone reformas que se acercarían a esta meta (Cf. De la Peña, 1979). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta corriente, surgida de la influencia del <I>Estructuralismo Cepalino</I>,  pone énfasis en <I>reformas estructurales</I>, en el papel del Estado como guía,  promotor y planificador del proceso, y en la transformación de las modalidades  de financiamiento externo y del comercio internacional. Planteaba, además,  la definición de un marco metodológico adecuado para el abordaje del fenómeno  que permitiera enfocarlo desde un punto de vista estructural, histórico  y totalizante, centrado en el análisis y la explicación y no en la descripción  (Sunkel Paz, 1977). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este marco, el desarrollo y subdesarrollo debían entenderse como un  sistema único, de estructuras parciales, pero interdependientes, diferenciada  una de otra en que la primera, dada su capacidad endógena de crecimiento,  es <I>dominante</I>, y la segunda, en función del carácter inducido de su dinámica,  es <I>dependiente</I>. En este sentido, el problema fundamental de una estructura  subdesarrollada es la necesidad de superar el estado de dependencia, transformando  su estructura para obtener mayor capacidad autónoma de crecimiento y reorientar  su sistema económico a la satisfacción de los objetivos de la sociedad  en su conjunto. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, el desarrollo es concebido como un proceso de cambio social, deliberado,  cuyo objetivo último es la igualación de oportunidades sociales, políticas  y económicas, tanto en el plano nacional como en las relaciones con otras  sociedades más avanzadas, que coloca el acento en la acción, en los instrumentos  de poder político y en las propias estructuras de poder para la orientación,  eficacia, intensidad y naturaleza del cambio. Esta orientación analítica  fue conocida como la <I>Teoría de la Dependencia</I> o la <I>Ciencia Social Latinoamericana</I>,  donde destacaron intelectuales como Fernando Henrique Cardoso, Theotonio  Dos Santos, Vania Bambirra, André Gunder Frank y Enzo Felletto, entre otros  (Cf: Sunkel y Paz, 1977; Pirela, 1990; Guillén, 2006). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De esta idea del desarrollo se desprende toda la elaboración teórica que  predominó en las décadas que van desde los años cincuenta hasta finales  de los ochenta. Posteriormente, luego del agotamiento del estructuralismo-desarrollismo,  evidenciado por la crisis de la deuda externa y reforzada por el derrumbe  del socialismo real y el proceso de globalización, resurgirán las ideas  liberales renovadas con el prefijo <I>nuevo</I>, dando origen al nuevo liberalismo,  neoliberalismo o pensamiento único. Así mismo, daría pie a la búsqueda  de alternativas diferentes, que intentan superar el reduccionismo economicista  característico de la nueva posición, intentando incorporar la preocupación  por los problemas sociales y ambientales surgidos como consecuencia de  la implementación de ambos modelos. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>3. El neoliberalismo y el desarrollo como crecimiento</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La raíz y el origen del Neoliberalismo y su concepción del desarrollo,  tal como sugiere su propio nombre, deben buscarse en el liberalismo, aunque  su auge en la región Latinoamericana en las décadas de los ochenta y noventa,  estuvo marcada por lo que se conoció como <I>Consenso de Washington</I>, suerte  de <I>recetario</I> preparado por el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional  y la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos como instrumentos de política  económica que los gobiernos del área debían ejecutar para garantizar el  pago de los compromisos económicos y poder acceder al financiamiento luego  que hiciera crisis el endeudamiento externo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El antecedente más remoto, entonces, está en la escuela clásica, fundada  por Adam Smith, y la publicación de sus obras <I>Teoría de los Sentimientos  Morales</I> y <I>Una Investigación de las Causas y la Naturaleza de la Riqueza  de las Naciones</I>, y que cierra con la obra de J. S. Mill. Como afirmamos  anteriormente, el interés fundamental de los clásicos se centró en la preocupación  por el <I>crecimiento</I> a largo plazo: sus causas, consecuencias y perspectivas.  Consideraban que era la acumulación de capital (la reinversión del excedente)  el motor principal del crecimiento y de la riqueza de las naciones (Betancourt,  2004; Bustelo, 1999; Sunkel y Paz, 1977). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, la idea de <I>mercado</I> y el <I>óptimo</I> <I>resultado</I> estaban en el  centro de su análisis como el núcleo del sistema económico, que operaba  mediante ensayo y error. Para los clásicos, las decisiones particulares  de los individuos se orientan por datos que ofrece el mercado y son moldeadas  por acercamientos sucesivos a éste. En estas decisiones, si bien el individuo  obra por su propio interés (<I>homo economicus</I>), contribuye a moldear la cantidad  y tipo de bienes que se necesita producir, operando un dispositivo propio  al sistema económico –<I>la mano invisible</I>– que actúa como orden y ley natural  en el aparente desorden de la vida económica; es decir opera un mecanismo  inherente a su propia naturaleza, por lo que sus resultados, si no existen  trabas institucionales que impidan la decisión libre de los individuos  para obtener una ventaja máxima, son óptimos, orientando de este modo cuánto,  cuándo y cómo producir (Sunkel y Paz, 1977; Bustelo, 1999; Betancourt,  2004; Maza Zavala, 2006a). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El mercado, a su vez, fomenta la división del trabajo, lo que tiene influencia  en la productividad de la mano de obra; esta especialización conlleva a  una mayor destreza del obrero, ahorro de tiempo y a la innovación técnica  para facilitar y abreviar el trabajo, además de reducir la labor de muchos  hombres a pocos. Los aumentos de productividad, aunado los incrementos  en la inversión, trae como consecuencia un aumento de la producción total  y por habitante. De esta manera, los clásicos ven como principal factor  del crecimiento la acumulación de capital, de la que dependen la ampliación  del mercado, el grado de división social del trabajo y el aumento de los  salarios, que permiten un aumento de la renta nacional y de la oferta de  la mano de obra (Betancourt, 2004; Bustelo, 1999; CLAT, 1993; Sunkel y  Paz, 1977). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta es, en síntesis, lo básico del pensamiento clásico y plataforma sobre  la cual se desarrollan las propuestas posteriores que se conocen con el  nombre de <I>neoclásicos</I>, cuya hegemonía va desde el decenio de 1870 hasta  la aparición del Keynesianismo en los años 30 del siglo XX. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En términos concretos, la escuela neoclásica poco aporta a la base analítica  de la que parte; su interés fundamental está en el desarrollo de instrumentos  de análisis cuyo objetivo es elaborar aspectos parciales de la concepción  clásica y explicarla en forma más satisfactoria. Así, se desentendieron  del interés en el crecimiento en aras de una preocupación casi exclusiva  por cuestiones estáticas y a corto plazo (Betancourt, 2004; Anderson, 2000;  Bustelo, 1999; Gómez, 1998; CLAT, 1994). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Fundamentalmente, el interés de los neoclásicos se desplazó hacia el análisis  microeconómico y temas en la esfera de la circulación: asignación de recursos,  intercambio de mercancías y distribución de la renta. También sustituyeron  la teoría clásica del valor-trabajo por una nueva aproximación subjetiva  al valor basada en la utilidad y la escasez, así como una teoría de la  distribución fundamentada en las productividades marginales de los factores  y una función del ahorro determinada por el tipo de interés, distinta a  la vinculación clásica y marxista entre distribución y ahorro, dando origen  la economía matemática (Betancourt, 2004; Anderson, 2000; Bustelo, 1999;  CLAT, 1994). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otra cuestión puntual de los neoclásicos fue el modelo de competencia perfecta  como única posibilidad de aproximación teórica a la realidad, en tanto  estructura lógica que pretende captar lo esencial de la misma, y que buscaba  reforzar el teorema de la mano invisible. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este modelo supone la existencia de agentes económicos racionales que tratan  siempre de maximizar o minimizar una función objetivo, bien sea esta el  beneficio, la utilidad o la productividad. Presume también que los costos  de información son cero; es decir, que dichos agentes tienen pleno conocimiento  sobre las variables y procesos que manejan, asumiendo también que los precios  son flexibles tanto al alza como a la baja y que los factores de producción  tienen libertad para ir de una ocupación a otra o de un sector de la economía  a otro. Asume también que los costos de transacción son cero, que tanto  la oferta como la demanda están perfectamente atomizadas<A HREF="3_FN3.htm"><SUP>1</SUP></A> y que está excluido  el más mínimo uso del poder o fuerza que pudiesen tener los agentes económicos.  Si todos estos supuestos se validan en una economía X, entonces el precio  será único, la oferta y demanda estarán en equilibrio, el costo marginal  se igualará al ingreso marginal y éste al precio, la ganancia llegará al  máximo y la marginal será cero, el ahorro igualará a la inversión equilibrando  la tasa de interés, la demanda de trabajo será igual a la oferta –se estará  en pleno empleo– y la cantidad de bienes y servicios producidos será la  más elevada posible, disponible equitativamente para todos los que participan  en el proceso (Cf: Betancourt, 2004; Bustelo, 1999; Gómez, 1998). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En otras palabras, el análisis microeconómico tenía como objetivo presentar  una teoría del consumidor que partía del individualismo metodológico (comportamiento  social como la suma de acciones individuales) y defendía el comportamiento  racional del consumidor en tanto <I>Homo economicus</I> que busca maximizar su  ventaja. En este sentido, la ruptura con la tradición clásica es evidente:  sesgo atomista frente al enfoque holista y soberanía del consumidor frente  a la primacía de la oferta (Anderson, 2000; Bustelo, 1999; Gómez, 1998). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otra parte, el análisis marginalista permitió defender planteamientos  sencillos, expresivos y susceptibles de ser modelizados: el consumidor  aumenta su demanda hasta que la utilidad marginal se anula, el salario  iguala a la productividad marginal del trabajo, las empresas maximizan  sus beneficios cuando el ingreso marginal es igual al costo marginal (Anderson,  2000; Bustelo, 1999; Gómez, 1998). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Igualmente, el libre juego de las fuerzas de oferta y demanda (la lógica  perfecta del mercado) tiende a establecer, en condiciones de competencia,  precios de equilibrio que garantizan una asignación óptima de recursos.  Esa creencia en las virtudes del mercado para conducir la economía hacia  el equilibrio espontáneo y estático excluía la dinámica y la dimensión  histórica de los procesos económicos (Anderson, 2000; Bustelo, 1999; Gómez,  1998). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, la crítica a la tradición neoclásica viene dada, entonces,  por el abandono de la preocupación clásica y marxista por el crecimiento,  por no considerar fenómenos colectivos y las preferencias no racionales  en su análisis microeconómico, por su extrema confianza en la lógica del  mercado que conduce a no considerar disfunciones o fallas del mismo, porque  su teoría de la distribución basada en las productividades marginales se  encuentra aislada de las relaciones sociopolíticas y se ve reducida a la  simple formación de precios, y por desatender las políticas de demanda,  necesarias para el mantenimiento del empleo –aceptación de la Ley de Say<SUP>2</SUP>–  (Bustelo, 1999; CLAT, 1994). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En resumen, podemos afirmar que no existió explícitamente una teoría neoclásica  del desarrollo, puesto que la insistencia en el equilibrio espontáneo entre  oferta y demanda en los mercados eliminaba la variable tiempo del análisis.  Sin embargo, implícitamente, se asumía una concepción de desarrollo como  proceso gradual, continuo, armónico y acumulativo de crecimiento; gradual,  influenciado por las tesis darwinistas de la evolución social; continuo  porque la naturaleza económica, particularmente la innovación y difusión  técnica, carecían de fisuras; armónico, porque beneficia a todos los perceptores  de renta –el mercado genera por sí mismo tendencia al pleno empleo y al  aumento de los salarios reales–; y acumulativo, pues el crecimiento se  extiende, como una mancha de aceite, entre unos y otros sectores (Bustelo,  1999; CLAT, 1994). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>4. El neoestructuralismo y el desarrollo desde dentro</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La renovación del pensamiento estructuralista-Cepalino se produce a raíz  de los resultados adversos que la aplicación del <I>Consenso de Washington</I>  produjo en la región Latinoamericana, en el rechazo a tales políticas y  en la necesidad de recuperar la senda del desarrollo para superar lo que  se conoció como la <I>década perdida</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El neoestructuralismo se nutre, principalmente, del pensamiento estructuralista  convencional, intentando corregir, formalizar e integrar algunos supuestos  para hacerlos más rigurosos en el análisis macroeconómico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El neoestructuralismo surgió como otra vertiente teórica distinta del enfoque  ortodoxo neoliberal del ajuste, intentando aportar soluciones por la vía  de los programas de estabilización y de ajuste heterodoxos de los años  ochenta (…) Pero en la medida que muchos de los planes de ajuste de una  y otra característica fracasaban y la crisis persistía, el neoestructuralismo  comenzó a recurrir y a nutrirse del legado positivo de un ideario propiamente  latinoamericano sobre desarrollo: el estructuralismo (…) (El neoestructuralismo)  pretende contribuir al enriquecimiento y puesta al día de dicha línea de  pensamiento, concentrando el esfuerzo intelectual tanto en el bosquejo  de una estrategia renovada de desarrollo “desde dentro”, en su dimensión  global, como en la elaboración operativa macro, micro y meso económicas  de carácter selectivo (Ramos y Sunkel, 1995:17-18). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este marco, mientras el neoliberalismo se caracteriza por una visión  individualista, utilitaria y ahistórica (<I>Homo economicus</I>), el neoestructuralismo  parte de un enfoque sociocultural e histórico (<I>Homo sociologicus</I>), nutriéndose,  con eclecticismo postmodernista, de todas las disciplinas científicas y  corrientes de pensamiento capaces de aportar elementos relevantes, incluyendo  la teoría neoclásica. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> (El Neoestructuralismo) interpreta el comportamiento económico de los agentes  individuales según contextos históricos, de carácter socioeconómico e institucional,  en que tales agentes formulan sus opciones y desarrollan sus conductas.  Considera que los individuos se estructuran en grupos sociales organizados  en una multiplicidad de instituciones públicas y privadas, las que desarrollan  con el tiempo un conjunto de valores y reglas de comportamiento. Estas  formas de organización social constituyen a su vez verdaderas culturas  que delimitan y orientan las conductas individuales (Sunkel, 1994:31-32). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A partir de estos planteamientos, el pensamiento Neoestructural se nutre  de dos pensadores y teóricos: Fernando Fajnzylber y Osvaldo Sunkel, cuyas  propuestas se sintetizarán posteriormente en el documento de la CEPAL <I>Transformación  Productiva con Equidad. La Tarea Prioritaria para América Latina y el Caribe  en los Años Noventa</I> (Cepal, 1990). Luego, estas ideas se profundizarán  y complementarán en los documentos <I>El Desarrollo Sustentable: Transformación  Productiva, Equidad y Medio Ambiente</I> (Cepal, 1991), <I>Educación y Conocimiento:  Eje de la Transformación Productiva con Equidad</I> (Cepal, 1992) y <I>Equidad  y Transformación Productiva: Un Enfoque Integrado</I> (Cepal, 1996), cerrando  este corolario <I>Equidad, Desarrollo y Ciudadanía</I> (Cepal, 2000), donde la  propuesta Neoestructural alcanza su mayor configuración teórica<SUP><A HREF="5_FN5.htm">3</A></SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los aportes centrales de Fernando Fajnzylber pueden dividirse en dos aspectos:  por un lado la teoría de la <I>Caja Negra</I> del progreso técnico y, por el otro,  la del <I>Casillero Vacío</I> del dinamismo con equidad (Fajnzylber, 1983, 1990;  Bustelo, 1999; Fernández-Muro, 2004; Olivé, 2004; Torres, 2006). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para llegar a estos conceptos, Fajnzylber hace un análisis de la experiencia  de industrialización en América Latina centrada en la crítica del enfoque  neoliberal acerca de las insuficiencias de este proceso en la región. Reconociendo  el patrón industrial precedente como <I>trunco</I> y <I>distorsionado</I>, referido al  grado de industrialización más que a su contenido, propone una nueva industrialización  basada en la ampliación de las alianzas sociales que sustentaban el patrón  anterior, desplazando el centro de interés hacia los sectores sociales  mayoritarios. No se trata de fomentar las exportaciones en lugar de sustituir  importaciones; el objetivo es construir un <I>núcleo</I> <I>endógeno</I> capaz de incorporarse  en el proceso de dinamización tecnológica como condición para penetrar  y mantenerse en el mercado internacional en vez de delegar en agentes externos  la definición de la estructura productiva del país. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El concepto de <I>Caja Negra</I> es producto del análisis que realiza, en primer  lugar, del vínculo progreso técnico-manufactura, señalando que los esfuerzos  de innovación y desarrollo tecnológico no se distribuyen homogéneamente  en el conjunto de la actividad productora, sino que están concentrados  en el sector manufacturero. En los países industrializados la producción  industrial representa entre un cuarto y un tercio del PIB y los gastos  de investigación y desarrollo absorben más del 90% de los recursos, lo  que explica el mayor dinamismo de la demanda de estos productos en comparación  con los recursos naturales y su influencia en la relación de precios del  intercambio entre ambos sectores. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> También, dentro del sector manufacturero existen ramas donde se concentra  el esfuerzo tecnológico, básicamente aquellas que han experimentado mayor  crecimiento de la posguerra y que registran mayor dinamismo en el comercio  internacional, por lo que es necesario identificar y aislar los sectores  que tiene mayor responsabilidad en ellos. Es decir, es clave el papel de  la desagregación sectorial, asociado al crecimiento de la productividad  total de factores y cuya expansión está determinada por el progreso técnico,  ya que hay ramas manufactureras que son portadoras de mayor contenido tecnológico  que otras. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En segundo lugar, el papel de los aspectos micro o sectoriales, en contraposición  y crítica al análisis macroeconómico tradicional de crecimiento centrado  en indicadores de corto plazo, sustentado por la corriente neoliberal,  para la cual la desagregación sectorial es inservible para alcanzar sus  propósitos analíticos relacionados con los equilibrios macroeconómicos.  Precisamente, la superación de esta deficiencia se expresa en la necesidad  de avanzar en la desagregación sectorial para abrir la <I>Caja</I> <I>Negra</I> del progreso  técnico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En Tanto, el <I>Casillero Vacío</I> pone en evidencia el hecho de que la gran  mayoría de los países de la región Latinoamericana muestra patrones de  crecimiento incompatibles con la equidad. Utilizando un diagrama de cuatro  casilleros, donde cruza dos ejes –uno correspondiente al crecimiento económico  medio de los países industrializados entre 1965-1984, y el otro a un indicador  de equidad en la distribución del ingreso entre 1970-1984– demuestra que  del total de países de América Latina, varios registran tasas de crecimiento  por debajo de la media y estándares de equidad regresivos, mientras otros  crecen por encima del promedio, pero su estándar distributivo es todavía  más desigual que la media de los países industrializados; además, evidencia  que ninguna economía Latinoamericana crece con equidad. Es precisamente  esta última constatación empírica la que Fajnzylber llama el síndrome del  <I>Casillero</I> <I>Vacío</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Parecería así que el rasgo central del proceso de desarrollo Latinoamericano  es la insuficiente incorporación de progreso técnico, su escasa aportación  de pensamiento original basado en la realidad para definir el abanico de  decisiones que supone la transformación económica y social. El casillero  vacío estaría vinculado directamente con lo que podría llamarse la incapacidad  para abrir la ‘caja negra’ del progreso técnico, tema en el que incide  el origen de las sociedades latinoamericanas, su institucionalidad, el  contexto cultural y un conjunto de factores económicos y estructurales,  cuya vinculación con el medio sociopolítico es compleja, pero indiscutible  (Fajnzylber, 1990:4). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el caso de Sunkel (1995), propone avanzar del <I>desarrollo hacia adentro</I>  de la estrategia estructuralista y el <I>desarrollo hacia afuera</I> de los neoliberales,  al <I>desarrollo desde dentro</I> como eje central de la propuesta Neoestructural.  Este planteamiento lo ubica en los estudios de Prebisch: </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Resulta claro que en su planteamiento original (Prebisch) distinguía ambas  etapas en términos de compensar el estímulo dinámico de la propagación  de la técnica que provenía ‘desde afuera’, y que se había hecho insuficiente,  mediante el desarrollo de dicho estímulo, ‘desde dentro’. El cambio de  adverbio sugiere una distinción fundamental. Prebisch pensaba en un proceso  interno de industrialización capaz de crear un mecanismo endógeno de acumulación  y generación de progreso técnico y mejoras de productividad como el que  se construyó a partir de la Revolución Industrial en los países centrales  (Sunkel, 1995:63). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el fondo, se trataba de <I>asimilar</I> y no de transferir, copiar o reproducir  el progreso técnico, colocando el acento en los modos de producir; es decir,  de la oferta. Sin embargo, el desarrollo <I>hacia</I> <I>adentro</I> colocó el énfasis  en la demanda, conduciendo a una estrategia basada en la ampliación del  mercado interno que reprodujo los patrones de consumo y producción de los  centros, apoyada por la sustitución de importaciones, y orientó una demanda  interna estrecha y sesgada, lo que configuró un patrón de distribución  desigual del ingreso (Sunkel, 1995; Bustelo, 1999; Fernández-Muro, 2004;  Olivé, 2004). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para Sunkel (1995), el desarrollo <I>desde</I> <I>dentro</I> supone implicaciones diferentes,  cuyas bases, planteadas por Fajnzylber, estiman, primero, un esfuerzo por  configurar una estructura productiva funcional, estableciendo industrias  fundamentales para crear y potenciar un <I>núcleo endógeno básico</I> que lidere  el nuevo proceso de industrialización, acumulación, generación y difusión  del progreso técnico e incremento de la productividad. Segundo, posterior  a esta etapa fundacional, se requiere reforzar la creatividad interna a  través de la interrelación y participación de los diversos actores y agentes  socio-productivos. Logrado este nivel de interacción e integración en la  práctica, se conformaría en términos reales el concepto de <I>núcleo endógeno</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, el planteamiento anterior estaría ligado al paso de un <I>ajuste</I>  <I>recesivo</I> de orientación neoliberal a un <I>reajuste expansivo</I> que garantice,  una transición hacia el desarrollo, la consolidación de la democracia y  la superación de la pobreza. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, la diferencia entre <I>ajuste</I> <I>recesivo</I> y <I>reajuste</I> <I>expansivo</I>  es clave. Si bien el primero busca liberar recursos para el pago de la  deuda externa, el <I>reajuste expansivo</I> tiene como objetivo el pago de la  deuda social, dando prioridad tanto a las acciones de corto plazo como  las de largo plazo destinadas a reducir la extensión e intensidad de la  pobreza mediante cambios distributivos necesarios para alcanzar un nivel  de equidad socialmente aceptable, combinando una política restrictiva selectiva  de la demanda con una política selectiva de expansión de la oferta para  lograr su ajuste recíproco (Sunkel, 1995; Bustelo, 1999). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De forma tal que el neoestructuralismo, si bien asume el concepto de desarrollo  propuesto por el estructuralismo como un proceso deliberado de cambio social,  cuyo objetivo último es la igualación de oportunidades sociales, políticas  y económicas, agrega la necesidad de rellenar el <I>“casillero vacío”</I> del  dinamismo y crecimiento con equidad, a través del logro de la competitividad  internacional basada en el progreso técnico y la incorporación de valor  intelectual a los recursos naturales, lo que impone la necesidad de abrir  la <I>“caja negra”</I> del progreso técnico para el logro del círculo virtuoso  de la equidad y la competitividad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El logro de la equidad, la justicia social y la profundización democrática,  estarían ligados al paso de un desarrollo <I>hacia adentro</I> –estructuralista–  y <I>hacia afuera</I> –neoliberal– a un desarrollo <I>desde dentro,</I> en torno a un  proceso endógeno de acumulación, absorción y generación de progreso técnico  que oriente un nuevo proceso de industrialización basado en la oferta y  orientado no sólo a la demanda interna, sino también hacia la exportación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>5. El desarrollo sustentable</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La incorporación de la preocupación medioambiental a la agenda de desarrollo  se puede considerar de reciente data, liderizada por la Organización de  las Naciones Unidas. Distintos autores (Reed, 1996; Jiménez Herrero, 1997;  De Lisio, 1999) ubican los antecedentes más inmediatos en la Conferencia  de las Naciones Unidas sobre el Entorno Humano, celebrada en Estocolmo  en 1972, aunque otros (Gabaldón, 2006) lo ubican a finales del siglo XIX  y comienzos del XX, producto de un proceso donde confluyeron la incipiente  ciencia ecológica, la conservación de los recursos naturales y la protección  del medio ambiente, que atrajo la atención de profesionales de distintas  disciplinas y de integrantes de la sociedad civil. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Su conformación teórica fue producto, en primer término, de las presiones  y exigencias de movimientos civiles a nivel mundial para que los gobiernos  enfrentaran las crecientes crisis ambientales y, en segundo término, de  las tensiones existentes entre las perspectivas de desarrollo del norte  industrializado y el sur en desarrollo (Reed, 1996; Jiménez Herrero, 1997;  De Lisio, 1999). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A ella contribuyeron, además de la reunión de Estocolmo, la Conferencia  de las Naciones Unidas para el Ambiente y Desarrollo (UNCED) celebrada  en Río de Janeiro en 1992, conocida también como la Cumbre de la Tierra  y como Eco 92; así mismo, la Estrategia para la Conservación Mundial –publicada  por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los  Recursos Naturales (UICIN), el Programa de las Naciones Unidas para el  Ambiente (UNEP) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en 1980–, y  el informe ofrecido por la Comisión Mundial para el Ambiente y el Desarrollo  (WCED) en 1987, conocida como la Comisión Brundtland (Cf. Reed, 1996; Jiménez  Herrero, 1997). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dichas reuniones e informes aportaron elementos importantes para la conformación  del enfoque del Desarrollo Sustentable: la aceptación de que la contaminación  ocasionada por la industrialización de los países del norte imponía restricciones  al avance de los países en desarrollo; la aceptación del enfoque del sur  de que era la pobreza, y no la industrialización, la causa de los problemas  ambientales del mundo en desarrollo para los cuales el crecimiento económico  debía ofrecer la respuesta principal; la vinculación del bienestar humano  actual y futuro con la administración sostenible del patrimonio natural  del planeta; el establecimiento de la responsabilidad de la actual generación  con respecto a la protección de los recursos naturales y el ambiente para  garantizar las oportunidades de desarrollo de las futuras generaciones;  y el reconocimiento de la necesidad de reordenar las estructuras del comercio  internacional y de los flujos de capital para asegurar mayor influencia  de los países en desarrollo en estas relaciones, dando nueva forma a la  búsqueda de la sustentabilidad en el marco de la economía global (Reed,  1996; Jiménez Herrero, 1997; De Lisio, 1999). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si bien los logros de estos eventos, especialmente Eco 92, fueron considerables,  los mismos no alteraron las condiciones políticas que facilitaran el transito  de las naciones del mundo hacia la nueva estrategia, ni modificaron las  concepciones tradicionales del desarrollo como crecimiento económico, ni  incluyeron, además de la económica y ambiental, la dimensión social dentro  del esquema global de discusión sobre la sustentabilidad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, es importante rescatar que sus fundamentos conceptuales se  han enriquecido por un esfuerzo intelectual inter y transdisciplinario,  además de provocar respuestas que tratan de cambiar la perspectiva estratégica  tradicional de estas agencias –de arriba hacia abajo– por otra más ligada  a los protagonistas y actores –de abajo hacia arriba–, como es el caso  de el Enfoque Operacional del Desarrollo Sostenible, auspiciado por el  Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la Unión Internacional par la Conservación  de la Naturaleza (IUNC) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio  Ambiente (UNAMP) (Cf. Reed, 1996; Jiménez Herrero, 1997; De Lisio,1999). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, el punto común que comparten los distintos autores se toma básicamente  del informe Brundtland de 1987, que define el Desarrollo sustentable como  un curso humano capaz de satisfacer las necesidades y aspiraciones de la  generación presente, sin comprometer las posibilidades y habilidades de  las generaciones futuras de satisfacer las suyas (Reed, 1996; Jiménez Herrero,  1997; De Lisio, 1999; Castellano, 2005; Gabaldón, 2006). Es decir, </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El desarrollo (sustentable) tiene como punto central la gente, en el sentido  de que su principal objetivo es el mejoramiento de la calidad de vida del  hombre, y está fundamentada en la conservación en el sentido de estar condicionado  por la necesidad de respetar la capacidad de la naturaleza para el suministro  de recursos y servicios para el mantenimiento de la vida. Bajo este punto  de vista, el desarrollo (sustentable) significa el mejoramiento de la calidad  de vida del hombre mientras se mantenga dentro de la capacidad de apoyo  de los ecosistemas de soporte (Reed, 1996: 48). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Más recientemente, Meadows <I>et al.</I> (1992) y Gladwin y Krause (1995), citados  por Castellano (2005), amplían esta la definición; en el primer caso, plantean  que el desarrollo sustentable es aquel que puede persistir a lo largo de  generaciones, ve suficientemente hacia adelante, es suficientemente flexible  y suficientemente sabio como para no socavar sus sistemas de soporte físico  o social. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el segundo caso, definen el desarrollo sustentable como el proceso de  lograr el desarrollo humano de manera incluyente –en el tiempo y el espacio–,  conectada –interdependencia de lo ecológico, lo económico y lo social–,  equitativa –justicia intergerenacional, intrageneracional e interespecies–,  prudente –deberes de cuidado y prevención tecnológica, científica y política–  y segura –estar a salvo de amenazas crónicas y protección contra disrupciones  dañinas–. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Tal y como se desprende, subyacen tres componentes básicos dentro de la  definición de desarrollo sustentable: uno económico, uno social y otro  ambiental. El económico, expresa la exigencia de que las sociedades se  encaminen por sendas de crecimiento económico sostenible que genere un  real aumento del ingreso y mejore la distribución; la dimensión social  presupone la equidad –asegurar el acceso de todas las personas a niveles  mínimos de salud, educación, seguridad, vivienda, etc.– y la interdependencia  de las comunidades humanas como requisito para una calidad de vida aceptable;  el componente ambiental se basa en el mantenimiento de la integridad y  la productividad a largo plazo de los sistemas que mantienen la infraestructura  ambiental y la vida del planeta (Cf: Reed, 1996; Jiménez Herrero, 1997). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>6. El desarrollo a escala humana</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como hemos observado hasta el momento, existe un sesgo marcadamente economicista  en la concepción y el tratamiento de los elementos que conforman el concepto  de desarrollo. Aunque el neoestructuralismo introduce su preocupación por  el tema de la equidad, el mismo aparece muy ligado al problema del progreso  técnico que genere crecimiento sostenido acompañado de políticas redistributivas;  así mismo, el desarrollo sustentable incorpora un componente social en  sus dimensiones, pero se percibe subsidiario de lo económico y ambiental,  aunque el logro de la sustentabilidad radicaría en el equilibrio de los  tres. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una respuesta a estos enfoques la conseguimos en Manfred Max-Neef (1986a;  1986b) y su propuesta de Desarrollo a Escala Humana. Podemos afirmar que  su origen está muy ligado a la crisis y contradicciones personales-profesionales  del autor con respecto a la manera cómo la economía se fue desligando de  su interés central: el bienestar de la gente. Básicamente, la crítica proviene  de la manera mecanicista en que la ciencia económica ha concebido y abordado  los problemas del hombre. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La economía, que originalmente se derivó de la filosofía moral, perdió  de pronto gran parte de su dimensión humana que fue reemplazada por teorías  caprichosas y trivialidades técnicas, incomprensibles para la mayoría e  inútiles para todos, excepto tal vez para sus autores que suelen ganar  premios por haberlas elaborado (…) Como disciplina (…) se ha convertido  repentinamente en una de las materias más importantes de la actualidad.  No habría nada de malo en ello si la importancia dada a la ciencia económica  correspondiera realmente a su capacidad de interpretar y resolver los problemas  que afectan a la humanidad. Este no es el caso (Max-Neef, 1986a: 23 y 37). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este conflicto lo lleva a identificar cuatro áreas críticas desde donde  arma su propuesta: la admiración ilimitada por el <I>gigantismo</I> y las grandes  soluciones; la obsesión por las mediciones y cuantificaciones; el enfoque  mecanicista para la solución de los problemas económicos; y la tendencia  a simplificar en exceso, que se refleja en la preferencia por la <I>objetividad  técnica</I> a costa de la pérdida de una <I>visión moral</I>, del sentido de la historia  y la inquietud por la complejidad social (Max-Neef, 1986a). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En lo fundamental, Max-Neef (1986a) considera que los modelos de desarrollo  economicistas, han desplegado una excesiva admiración hacia lo <I>macro</I> y  lo <I>gigante</I> de los sistemas que lo integran, en términos tanto de producción  como de distribución, ligado a la eficiencia, sin importar los efectos  adversos que puedan tener en el bienestar de la gente que participa en  ellos y en su entorno físico-natural-social. Así mismo, han definido sistemas  de mediciones selectivas y discriminatorias cuando se refieren a los seres  humanos (producto interno bruto, sistema de precios, tasas de crecimiento,  etc.), que ocultan tareas y actividades realizadas a nivel doméstico, por  lo que la mayoría de las personas son <I>estadísticamente invisibles</I> en términos  económicos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si bien considera al crecimiento económico como positivo, también lo cree  insuficiente, además que el mismo oculta, solapa y se equipara al concepto  de justicia social bajo el sistema de acumulación capitalista; es decir,  la justicia social se confunde con el crecimiento, gracias a la búsqueda  obsesiva de aumentos significativos del PIB interpretando que sería <I>bueno</I>  <I>per se</I>, más no adecuado. Así, no se trataba de distribuir mejor los frutos  del crecimiento, sino de crecer más para que todos recibieran una porción  mayor que antes, pero manteniendo la misma proporción que les fuera otorgada  por el sistema. Lo que ocurrió fue una concentración desproporcional de  la riqueza en los estratos más altos, disminuyendo dramáticamente en los  niveles más bajos (Cf: Max-Neef, 1986a). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Frente a lo planteado, la salida que propone es la búsqueda de la <I>utopía</I>  que contemple una sociedad no sólo posible, sino deseable desde el punto  de vista humanista, que haga <I>visibles</I> a los siempre excluidos de las políticas  y las mediciones, una sociedad que rescate una dimensión social a escala  humana, pues los seres humanos se desarrollan de acuerdo a las relaciones  que mantiene con su entorno. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Todo tipo de entorno económico, espacial, político, cultural y natural,  puede tener tanto una dimensión óptima como una dimensión crítica. Yo defino  la primera como <I>humanizadora</I> y la segunda como <I>alienante</I>. En la primera  los humanos son capaces de alcanzar un sentido de identidad e integración,  mientras que en la segunda sólo pueden endosar a otros su integridad individual.  Dentro de una, la persona percibe las consecuencias de lo que hace o decida  por sí misma. En la otra, el ser humano se resigna a dejar que otros actúen  y decidan por él. En la primera se hace posible el desarrollo de las personas;  en la otra sólo el desarrollo de los objetos. El logro de un equilibrio  dinámico entre naturaleza, seres humanos y tecnología (…) sólo es posible  cuando los seres humanos tanto a nivel colectivo como individual, se sienten  directamente responsables de las consecuencias de sus acciones dentro de  su entorno y, a su vez, esto sólo es posible si las dimensiones de dicho  entorno se mantienen a escala humana (Max-Neef <I>et al.</I>, 1986b:152-153). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, la concepción propuesta debe orientarse hacia la autodependencia,  la satisfacción de las necesidades humanas y la articulación orgánica de  los hombres con su entorno físico-social. Esta sólo sería posible a partir  del protagonismo de la gente, desde donde se logre transformar a la persona-objeto  en persona-sujeto del desarrollo y superar la aplicación de modelos gigantísticos  jerárquicos de arriba hacia abajo; es decir, en el fondo, subyace un problema  de escala (Max-Neef <I>et al.</I>, 1986b). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, el desarrollo a escala humana, es definido a partir de los elementos  antes señalados. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Tal desarrollo se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades  humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de autodependencia  y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y  la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales,  de los personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de  la sociedad civil con el Estado (Max-Neff <I>et al</I>, 1986b:14). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>7. El desarrollo humano</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otra respuesta a los modelos y concepciones economicistas que han dominado  la escena mundial, proviene del Programa de las Naciones Unidas para el  Desarrollo (PNUD) y su propuesta de Desarrollo Humano<SUP>4</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En lo fundamental, dicha propuesta busca una óptica distinta en cuanto  a la consideración de cuáles indicadores de desarrollo son los más apropiados  para determinar la condición de un país y su consiguiente medición. Tradicionalmente,  se ha considerado como variable el Producto Interno Bruto (PIB) –su crecimiento  o disminución–, lo que ha llevado a una interpretación mecanicista que  considera al aumento de los ingresos como sinónimo de desarrollo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así mismo, han hecho énfasis en los medios para alcanzar el desarrollo,  considerando éstos como fines en sí mismo, lo que solapa el hecho de que  el objetivo fundamental del desarrollo es beneficiar a la gente. Si bien  no se discute la importancia y utilidad de las estadísticas acerca de los  ingresos nacionales, las mismas no reflejan la composición ni los beneficiarios  reales, además que los individuos valoran logros que no se materializan  inmediatamente en términos de mayores ingresos o crecimiento. En otras  palabras, no existe un vínculo automático entre el crecimiento del ingreso  y el progreso humano (PNUD, 1990; PNUD-OCEI, 1998; PNUD-OCEI, 1999; PNUD-OCEI,  2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dentro de esta perspectiva, para el PNUD el Desarrollo Humano significa  tanto el proceso de ampliar las oportunidades de las personas como el nivel  de bienestar que han alcanzado, distinguiéndose dos aspectos; por un lado,  la formación de capacidades humanas para mejorar su condición y la forma  cómo los individuos las emplean. Es decir, más que un modelo –que corren  el peligro de convertirse en referencias indiscutibles que justifican actos  de poder– el DH es considerado como un camino (PNUD, 1990; PNUD-OCEI, 1998;  PNUD-OCEI, 2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El Desarrollo Humano es un proceso mediante el cual se amplían las oportunidades  de los individuos, las más importantes de la cuales son una vida prolongada  y saludable, acceso a la educación y el disfrute de un nivel de vida decente.  Otras oportunidades incluyen la libertad política, la garantía de los derechos  humanos y el respeto a sí mismo (PNUD, 1990:33). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La idea que habita tras este concepto es que el cambio en las condiciones  económicas y sociales es deseable únicamente si se mejora la calidad de  vida, entendida ésta como ampliación de las oportunidades de las personas  para decidir cómo vivir sus vidas. Así mismo, la idea de la libertad es  básica para que las personas –individual y colectivamente– puedan desarrollar  sus potencialidades y contar con oportunidades razonables para llevar una  vida productiva y creativa conforme a sus necesidades e intereses (Cf:  PNUD, 1990; PNUD-OCEI, 1998; PNUD-OCEI, 2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Oportunidades, capacidades, potencialidades y libertades son los argumentos  teóricos sobre los cuales se construye el concepto de desarrollo humano,  premisas éstas que toman del enfoque de desarrollo propuesto por Amartya  Sen, que revisaremos en lo inmediato. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>8. El desarrollo como libertad o enfoque de capacidades</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La concepción del <I>desarrollo como libertad</I>, también conocido como <I>enfoque  de capacidades</I>, es propuesta y sostenida por Amartya Sen, premio Novel  de Economía 1998. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este enfoque propone colocar el problema del desarrollo en los <I>fines</I> que  lo hacen posible más que en los <I>medios</I> para alcanzarlos, por lo que centrar  el punto de atención en las <I>libertades humanas</I> –la libertad como principal  medio y fin del desarrollo– contrasta con las visiones que lo reducen al  crecimiento del PIB, al aumento de las rentas personales, a la industrialización,  al avance tecnológico o a la modernización social (Sen, 2000). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para Sen (2000), la diferencia entre las dos perspectivas –la centrada  en la riqueza económica y la centrada en la libertad de llevar la vida  que podamos llevar– es importante en la conceptualización del desarrollo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si tenemos razones para querer más riqueza, hemos de preguntarnos ¿cuáles  son esas razones, cómo actúan, de qué dependen y qué cosas podemos <I>hacer</I>  con más riqueza? En realidad, generalmente tenemos excelentes razones para  querer poseer más renta o más riqueza, y no es porque la renta y la riqueza  sean deseables en sí mismas, sino porque, por norma, son admirables medios  de uso general para tener más libertad con la que poder llevar el tipo  de vida que tenemos razones para valorar. La utilidad de la riqueza reside  en las cosas que nos permite hacer, es decir, en las libertades fundamentales  que nos ayuda a conseguir (Sen, 2000: 30). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la posición adoptada por Sen se desprenden dos aspectos claves en la  concepción de libertad; por un lado los <I>procesos</I> que facilitan y hacen  posible la libertad de acción, y por el otro las <I>oportunidades</I> reales que  tienen los individuos de acuerdo a sus circunstancias sociales y personales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La falta de libertad puede deberse a procesos inadecuados (como la violación  de los derechos del voto o de otros derechos políticos o humanos) o a las  insuficientes oportunidades que tienen algunas personas para conseguir  lo que mínimamente les gustaría conseguir (incluida la falta de oportunidades  tan elementales como la <i>capacidad </i>para escapar de una muerte prematura,  de la morbilidad evitable o de la inanición involuntaria (Sen, 2000:34). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, la expansión de las <I>capacidades</I> de las personas para llevar  el tipo de vida que valoran y que tienen razones para valorar, es clave  como concepto dentro de la propuesta. Se entiende por capacidad la habilidad  de una persona para hacer actos valiosos o alcanzar estados para ser valiosos;  éstas pueden aumentarse por políticas públicas, pero los individuos pueden  influir en su rumbo haciendo uso eficaz de sus capacidades (por ejemplo,  la participación) (Sen, 1998; 2000; 2001; 2004). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien, el conjunto de capacidades de una persona representa las distintas  combinaciones alternativas que ese sujeto puede hacer o ser, entendidas  como <I>funcionamientos</I> (estados y acciones) que puede lograr. Estos <I>funcionamientos</I>,  entendidos como partes del estado de una persona o las cosas que logra  hacer o ser al vivir, reflejan una visión de la vida en tanto combinaciones  de varios <I>quehaceres y seres</I>, donde el bienestar y la calidad de vida deben  ser evaluados en términos de la capacidad para lograr funcionamientos valiosos  (Sen, 1998; 2000; 2004). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como se desprende de lo expuesto hasta ahora, en su propuesta Sen (1998;  2000; 2004) otorga especial importancia a la libertad individual, primero,  por una razón de <I>evaluación</I>, y, segundo, por una razón de <I>eficacia</I>. La  primera, en función de juzgar el éxito de una sociedad en tanto el disfrute  o no, el aumento o disminución, de las libertades de que disponen sus miembros,  pues es importante a la hora de realizar las cosas que tenemos razones  para valorar y para determinar las ventajas individuales y el progreso  social; es decir, de aumentar las oportunidades para obtener resultados  valiosos. La segunda descansa en el hecho de que la libertad es determinante  en la iniciativa individual y en la eficacia social, en tanto mejora la  capacidad de los individuos tanto para actuar y ayudarse a sí mismo, como  para influir en el mundo que los rodea. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La libertad individual es esencialmente un producto social, y existe una  relación de doble sentido entre 1) los mecanismos sociales para expandir  las libertades individuales y 2) el uso de las libertades individuales  no sólo para mejorar las vidas respectivas sino también para conseguir  que los mecanismos sociales sean mejores y más eficaces (…) Son los propios  individuos los que deben asumir la responsabilidad del desarrollo y de  la transformación del mundo en el que viven (…) Como seres humanos competentes,  no podemos eludir la tarea de juzgar cómo son las cosas y qué es necesario  hacer (…) Nuestro sentido de la responsabilidad no tiene por qué referirse  sólo a las aflicciones que puede causar nuestra propia conducta (aunque  eso también es muy importante), sino también, en términos más generales,  a las miserias que observamos a nuestro alrededor y que está a nuestro  alcance remediar (Sen, 2000:49, 338 y 339). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este último punto guarda estrecha relación con el concepto de <I>agente</I>, entendido  como la persona que actúa provocando cambios, y cuyos logros deben juzgarse  en función de sus propios valores y objetivos, sean estos logros de bienestar  (ayudarse a sí mismo) o logros de agente (influir en el mundo); es decir,  el individuo como miembro del público y como participante en actividades  económicas, sociales y políticas (Sen, 1998; 2004). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En base a estos argumentos, Sen considera que </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El proceso de desarrollo puede considerarse como una ampliación de la libertad  humana. El éxito de una economía y de una sociedad no puede separase de  las vidas que pueden llevar los miembros de la sociedad. Puesto que no  solamente valoramos el vivir bien y en forma satisfactoria, sino que también  apreciamos el tener control sobre nuestras propias vidas, la calidad de  la vida tiene que ser juzgada no solamente por la forma en que terminamos  viviendo, sino también por las alternativas substanciales que tenemos (...)  Ya que la evaluación de la libertad puede ser susceptible tanto a lo que  hace una persona como a las alternativas que tiene, la libertad proporciona  una perspectiva más amplia al juzgar la ventaja humana, y por medio de  ella, evaluar el éxito social. Este es el razonamiento básico que proporciona  la base para considerar el desarrollo como libertad (Sen, 1999: 1 y 2). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La importancia de esta visión reside en que vista la libertad como fin  y medio del desarrollo, exige eliminar las principales fuentes de privación  de la misma –la pobreza, la tiranía, la escasez de oportunidades económicas,  las privaciones sociales, el abandono de los servicios públicos, el intervencionismo  excesivo del Estado, la intolerancia de Gobiernos represivos, etc–. Así,  las capacidades reflejan el poder de elegir y actuar de las personas, su  libertad para hacer o ser, realizar sus metas, alcanzar su propio bienestar  y lograr su calidad de vida, lo que significa una mayor potencialidad de  la gente para mejorar su bienestar individual y colectivo por la vía de  la ampliación de las opciones y una mayor libertad (Cf.: Sen, 1998; 2000;  PNUD, 2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>9. A manera de cierre</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como se desprende del recorrido teórico realizado, siempre se ha considerado  la generación de riqueza y el crecimiento como el indicador fundamental  de medición del desarrollo y, en consecuencia, como el elemento básico  desde el cual se conceptualiza. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, existe suficiente evidencia empírica que refuta está creencia,  aunque, sin dudas, es indiscutible su importancia como elemento para determinar  el grado de desarrollo de una sociedad, lo que ha motivado preocupación  y esfuerzos por tratar de encontrar definiciones alternativas que incluyan  factores que contribuyan a enriquecer el concepto y que los integre estratégicamente  -más que los excluya-, de manera de ampliar su alcance e impacto en la  sociedad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es decir, además del crecimiento, incorporar su distribución y redistribución  como mecanismo de equidad, el cuidado del medio ambiente, el fomento a  la innovación y el progreso técnico, la satisfacción de las necesidades  humanas espirituales y materiales, la promoción y creación de oportunidades  sociales y la garantía de las libertades básicas que permitan fomentar  las capacidades de los individuos, con el objetivo fundamental de mejorar  la calidad de vida de las personas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Nos atreveríamos a agregar dos elementos; primero, el de la responsabilidad  –tanto individual como social–, que de garantía de construcción progresiva  y corrección oportuna de las rutas estratégicas establecidas conceptualmente,  y, segundo, la <I>transparencia</I>, que haga visible y claro el manejo material  y social de la alternativa en edificación. Se considera que estos elementos  respaldan el hecho mismo de la integración e integralidad de los factores,  que implican una manera distinta de entender y enfocar el problema y de  concebir los productos de políticas que resulten de ella. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La sola referencia de estos elementos da cuenta de la complejidad que rodea  este proceso, lo que involucra una diversidad de actores que, más que oponerse,  deben complementarse en la consecución de los objetivos y metas, por lo  que la ruta de la discusión actual acerca de lo que se entiende por desarrollo,  entrando el nuevo siglo, rebasa con creces los protagonismos que en antaño  oponían al Estado y Mercado, pero también debe superar las opciones terceristas  que integran ambos y adicionan a la sociedad civil sin tener claro el papel  que deben cumplir de acuerdo el horizonte a alcanzar. Si bien es necesario  alcanzar esta complementación, no es menos cierto que no existen recetas  normativas para lograrlo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lo que sí está claro es que visto el desarrollo como proceso deliberado,  los actores principales que lo impulsan –el Estado y la sociedad en general–  deben compartir de manera consensuada el modelo societal al cual se aspira  y su horizonte temporal para, a partir de allí, asumir una concepción que  guíe a los individuos, hombres o ciudadanos en la búsqueda del bienestar  personal y general. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así mismo, es evidente que el desarrollo es, ante todo, un proceso altamente  complejo, cuyos elementos están fuertemente interconectados, además de  ser interdependientes unos con los otros. Habría que agregar, además, que  una concepción compartida socialmente ayudaría a superar obstáculos que  se creen insalvables y a innovar –puesto que las impactan– en la formación,  formulación y ejecución de políticas públicas que garanticen su buena marcha  y feliz término. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Referencias bibliográfícas</B> </FONT></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1.Anderson, Perry (2001) Historia y Lecciones del Neoliberalismo, en Houtart,  Francois y Polet, Francois (Coord.) <B>El Otro Davos. Globalización de Resistencias  y de Luchas.</B> Plaza y Valdés Editores. Primera Edic. 2000. Primera Reimpresión  2001. México. 181pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479668&pid=S1315-9984201000020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2.Banco Mundial (BM) (2000). <B>En el Umbral del Siglo XXI. Informe Sobre el  Desarrollo Mundial 1999-2000.</B> Ediciones Mundi-Prensa. Madrid. 291 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479669&pid=S1315-9984201000020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3.Betancourt Garcia, Mauricio (2004). <B>Teorías y Enfoques del Desarrollo.  </B>Escuela Superior de Administración Pública. Programa de Administración  Pública Territorial. Bogotá. 295pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479670&pid=S1315-9984201000020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4.Bustelo, Pablo (1999). <B>Teorías Contemporáneas del Desarrollo Económico.  </B>Editorial Síntesis. Primera Edición, Primera Reimpresión. Madrid. 303pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479671&pid=S1315-9984201000020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5.Castellano Bohórquez, Hercilio (2005) <B>La Planificación del Desarrollo Sostenible.  </B>Centro de Estudios del Desarrollo. Consejo Central de Estudios de Postgrado.  Universidad Central de Venezuela. Caracas, 195 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479672&pid=S1315-9984201000020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6.Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) (1994). <B>Neoliberalismo y  Movimiento de los Trabajadores. </B>Colección CLAT. Fondo Latinoamericano de  Ediciones Sociales. Caracas. 475pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479673&pid=S1315-9984201000020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7.Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL). (1990). <B>Transformación  Productiva con Equidad.</B> Santiago de Chile. Pp. 185. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479674&pid=S1315-9984201000020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8.Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) (1991) <B>El Desarrollo  Sustentable: Transformación Productiva, Equidad y Medio Ambiente.</B> Mayo,  Santiago de Chile. 154 pp. [Documento en Línea]. Disponible:  <a href="http://www.eclac.cl">http://www.eclac.cl</a> .  [Consulta: 2000, Mayo 28] </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479675&pid=S1315-9984201000020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9.Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) (1992) <B>Educación  y Conocimiento: Eje de la Transformación Productiva con Equidad.</B> Agosto.  Santiago de Chile. 270 pp. [Documento en Línea]. Disponible:  <a href="http://www.eclac.cl">http://www.eclac.cl</a> .  [Consulta: 2000, Mayo 28] </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479676&pid=S1315-9984201000020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10.Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL). (1996). <B>Equidad y Transformación Productiva: Un Enfoque Integrado.</B> Santiago de Chile. Pp.  252. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479677&pid=S1315-9984201000020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11.Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2000). <B>Equidad,  Desarrollo y Ciudadanía.</B> Vigésimo Octavo Período de Sesiones. México, DF.  [Documento en Línea]. Disponible: <a href="http://www.eclac.cl">http://www.eclac.cl</a>. [Consulta: 2000,  Mayo 28]. Pp. 379 </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479678&pid=S1315-9984201000020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12.De La Peña, Sergio (1979). <B>El Antidesarrollo de América Latina. </B>Siglo XXI  Editores. 7ma Edic. México. 205 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479679&pid=S1315-9984201000020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13.De Lisio, Antonio (1999). Desarrollo Sustentable: Opciones y Limitaciones  para América Latina y el Caribe. <B>Cuadernos del CENDES</B>. Año 16. N° 42. Segunda  Época. Septiembre-Diciembre, pp 1-23. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479680&pid=S1315-9984201000020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14.Fajnzylber, Fernando (1983). <B>La Industrialización Trunca de América Latina,  </B>México, D.F., Centro de Economía Transnacional/Editorial Nueva Imagen,  1983, 416 p. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479681&pid=S1315-9984201000020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15.Fajnzylber, Fernando (1990). Industrialización en América Latina: de la  “Caja Negra” al “Casillero Vacío”. <B>Cuadernos de la CEPAL.</B> N° 60. Santiago  de Chile. Capítulo I. Pp 11-35. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479682&pid=S1315-9984201000020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16.Fernández-Muro, Clara (2004). <B>La Macro Estructuralista y el Neoestructuralismo  Latinoamericano desde 1983. </B>Tema 17. Teorías del Desarrollo. Departamento  de Economía Aplicada I. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.  Universidad Complutense de Madrid. 20 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479683&pid=S1315-9984201000020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17.FURTADO, Celso (1993). La Cosmovisión de Prebisch, en IGLESIAS, Enrique  V (Editor). <B>El Legado de Raúl Prebisch. </B>Banco Interamericano de Desarrollo.  Washington, 204pp. Documento en Línea. Disponible:  <a href="http://www.iadb.org/pub">www.iadb.org/pub</a> . Consulta:  Marzo, 2000. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479684&pid=S1315-9984201000020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18.GABALDÓN, Arnoldo José (2006). <B>Desarrollo Sustentable. La Salida de América  Latina.</B> Editorial Grijalbo. Corporación Andina de Fomento. Primera Edición.  Caracas, 490 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479685&pid=S1315-9984201000020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19.Gómez, Emeterio (1998). <B>La Crisis de la Ciencia Económica. </B>Edit. Panapo.  Primera Edic. Caracas. 296pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479686&pid=S1315-9984201000020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20.Guillén R, Arturo (2006). Raul Prebisch, Crítico temprano del Modelo Neoliberal.  <B>Economía Unam. </B>Vol. IV. Núm. 10. Documento en Línea. Disponible:  <a href="http://www.ejournal.unam.mx-ecunam-ecunam">www.ejournal.unam.mx-ecunam-ecunam</a>&nbsp;  10-ECU000401006. Consulta: Nov. 2008 </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479687&pid=S1315-9984201000020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 21.Iglesias, Enrique (1993). La Búsqueda de un Nuevo Consenso Económico en  América Latina, en IGLESIAS, Enrique V (Editor). <B>El Legado de Raúl Prebisch.  </B>Banco Interamericano de Desarrollo. Washington, 204pp. Documento en Línea.  Disponible: <a href="http://www.iadb.org/pub">www.iadb.org/pub</a> . Consulta: Marzo, 2000. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479688&pid=S1315-9984201000020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 22.Jiménez Herrero, Luis M (1997). <B>Desarrollo Sostenible y Economía Ecológica.  Integración Medio Ambiente-Desarrollo y Economía-Ecología.</B> Editorial Síntesis.  Economía. Serie Actualidad. Primera Edición. Primera Reimpresión. Madrid.  365 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479689&pid=S1315-9984201000020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 23.Max-Neef. Manfred (1986a). <B>La Economía Descalza. Señales desde el Mundo  Invisible.</B> 1era Edic. en Inglés 1982. Edic. en Sueco 1984. Edic. en Español  1986. Traduc. Estela Lorca. Edit. Nordan. Buenos Aires, 249 Pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479690&pid=S1315-9984201000020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 24.Max-Neef. Manfred; ELIZALDE, Antonio y HOPENHAYN, Martín (1986b). <B>Desarrollo  a Escala Humana: Una Opción para el Futuro. </B>Fundación Hammarskjöld. Número  Especial. S/E. S/F. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479691&pid=S1315-9984201000020000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 25.Maza Zavala, Domingo F (2006a). El Desarrollo, Mito o Utopía, en <B>Celso  Furtado, Vigencia de un Pensador. </B>Banco Central de Venezuela. Colección  Científicos Sociales Contemporáneos. Primera Edición. Caracas, 117pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479692&pid=S1315-9984201000020000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 26.Maza Zavala, Domingo F (2006b). Conciencia Latinoamericana: El aporte de  Raúl Prebisch. <B>Raúl Prebisch. Pensamiento Renovador.</B> Banco Central de Venezuela.  Colección Científicos Sociales Contemporáneos. Primera Edición. Caracas,  151pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479693&pid=S1315-9984201000020000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 27.Olivé, Iliana (2004). <B>Macroeconomía Estructuralista y Neoestructuralismo  Latinoamericano. </B>Tema 15.<B> </B>Teorías del Desarrollo. Departamento de Economía  Aplicada I. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad  Complutense de Madrid. 19 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479694&pid=S1315-9984201000020000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 28.Pirela, Arnoldo (1990). <B>La Escuela latinoamericana de Pensamiento Económico  Social.</B> Publicaciones CENDES. Colección Jorge Ahumada. Vadell Hermanos  Editores. Primera Edición. Caracas, 171pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479695&pid=S1315-9984201000020000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 29.Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (1990). <B>Desarrollo  Humano. Informe 1990.</B> Tercer Mundo Editores. Primera Edición en Español.  Traduc. Ángela García. PNUD-Oxford University Press. Bogotá, 240 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479696&pid=S1315-9984201000020000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 30.Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Oficina Central  de Estadística e Informática (OCEI). (1998). <B>Informe sobre Índice y Entorno  de Desarrollo Humano en Venezuela 1998. </B>S/Edit. S/Edic. Caracas, 194 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479697&pid=S1315-9984201000020000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 31.Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Oficina Central  de Estadística e Informática (OCEI). (1999). <B>Informe sobre Índice y Entorno  de Desarrollo Humano en Venezuela 1999. </B>CDB Publicaciones. Primera Edición.  Caracas, 211 pp. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2479698&pid=S1315-9984201000020000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 32.Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Oficina Central  de Estadística e Informática (OCEI). (2001). <B>Informe sobre Desarrollo Humano  en Venezuela, 2000. 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