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</front><body><![CDATA[   <B><FONT FACE="Times New Roman"> </FONT>    <P ALIGN="CENTER">EL ENSAYO Y SUS INMEDIACIONES</P> </B><FONT FACE="Times New Roman">     <P ALIGN="RIGHT">Ra&uacute;l Mill&aacute;n</P>     <P ALIGN="RIGHT">(UPEL-IPC)</P>      <P ALIGN="JUSTIFY">1. Se sabe que la literatura es un sistema de signos ling&uuml;&iacute;sticos con una funci&oacute;n distinta de la funci&oacute;n del lenguaje pr&aacute;ctico. La literatura existe all&iacute; donde la palabra no se limita &uacute;nicamente a enunciar o  informar. Antes bien, los discursos literarios exigen la interpretaci&oacute;n del receptor por su car&aacute;cter de ficci&oacute;n o su mera ambig&uuml;edad . La creaci&oacute;n literaria es consubstancial al hombre desde el momento en que &eacute;ste adquiri&oacute; la facultad del lenguaje articulado. Al principio, se trataba de cantos y recitaciones circunscritas a los aspectos m&aacute;gicos, religiosos o cotidianos de la vida, aprendidos de memoria y transmitidos de viva voz. Luego la oralidad dio paso a la fijaci&oacute;n escrita, permitiendo el desarrollo de la gran epopeya, la l&iacute;rica y el teatro, y m&aacute;s tarde el desenvolvimiento del cuento y la novela. La comunicaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que se manifestaba oralmente o por escrito en el terreno de la narrativa, la l&iacute;rica o el drama y en la que la intenci&oacute;n art&iacute;stica predominaba por encima de cualquier otro tipo de finalidad, constitu&iacute;a la obra literaria. Estas tres clases de obras, distintas por su naturaleza, aunque sin excluir la posibilidad de mezclas, determinaban, en l&iacute;neas generales, la divisi&oacute;n de la literatura en tres grandes g&eacute;neros. La funci&oacute;n est&eacute;tica del lenguaje est&aacute; presente de modo dominante en esos tres modelos de obras pero puede existir tambi&eacute;n fuera de ellos y no est&aacute; destinada a representar solamente las libres creaciones de la fantas&iacute;a y el sentimiento. Sin duda, el car&aacute;cter art&iacute;stico proviene de la intenci&oacute;n del autor, m&aacute;s el lector - o la comunidad de lectores - puede atribuirlo asimismo a obras concebidas con fines diferentes: pol&iacute;ticos, filos&oacute;ficos, religiosos, hist&oacute;ricos, cient&iacute;ficos, etc&eacute;tera. Nacen entonces  otros g&eacute;neros literarios aut&oacute;nomos como el ensayo, cuya finalidad es poner a prueba el entendimiento.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">2. Ll&aacute;mase g&eacute;nero literario a cada uno de los grupos en que se clasifican las obras atendiendo a sus caracter&iacute;sticas comunes. En esencia, el t&eacute;rmino se centra en los procedimientos compositivos de los textos (llamamos texto a la &uacute;ltima forma de organizaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica caracterizada por la coherencia de sus partes) que se repiten en un largo proceso de desarrollo y permiten clasificar las producciones literarias en tipos y subtipos relativamente homog&eacute;neos. Las epopeyas, las tragedias y las odas, <I>exempli gratia</I>, son percibidas como objetos literarios diferentes en atenci&oacute;n a su idiosincrasia  textual. Estos productos art&iacute;sticos se manifiestan de acuerdo con unos imperativos gen&eacute;ricos, que permiten una clara distinci&oacute;n por parte del lector, en virtud de las instituciones  can&oacute;nicas de la literatura. Frente a ellos, el ensayo surge como  un acto comunicante ubicuo a las inveteradas tipol&oacute;gicas literarias. Ciertamente, desde su origen, la ensay&iacute;stica constituy&oacute; un g&eacute;nero novedoso, que repugnaba a los dise&ntilde;os textuales de la &eacute;pica, el drama y la l&iacute;rica.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">3. Hay dos maneras principales de fijar la forma expresiva de la obra, o mejor dicho, su texto: una, grab&aacute;ndolo en la memoria y comunic&aacute;ndolo por medio de la voz y se tiene as&iacute; la literatura oral y otra, llev&aacute;ndolo a escritura y se tiene entonces la literatura escrita. El ensayo es un producto literario del mismo rango que el relato o el drama, que opera a trav&eacute;s de signos muy precisos: los signos escritos o impresos. Se dice que es creaci&oacute;n de una de las grandes personalidades del Renacimiento franc&eacute;s, Michel de Montaigne, quien dio a sus textos la estructura moderna del g&eacute;nero, edit&aacute;ndolos a fines del siglo XVI bajo el nombre de <I>Essais</I>, cuya etimolog&iacute;a deriva del vocablo latino <I>exagium</I>. Sin embargo, para algunos autores, el ensayo es un producto originario de las literaturas antiguas y medievales. Antes de Montaigne, seg&uacute;n se cree, el g&eacute;nero evolucion&oacute; desde los di&aacute;logos filos&oacute;ficos de Plat&oacute;n, pasando por las escrituras cl&aacute;sicas de Plutarco y  S&eacute;neca, hasta llegar a las reflexiones espirituales de San Agust&iacute;n, por citar unos ejemplos. En todo caso, despu&eacute;s de Montaigne, el ensayo dej&oacute; de ser una modalidad literaria espor&aacute;dica, adquiriendo de inmediato una importancia y un volumen crecientes, a medida que se defin&iacute;an sus caracter&iacute;sticas fundamentales, a trav&eacute;s de escritores como Francis Bacon, Descartes, Pascal, Chesterton, Addison, entre much&iacute;simos otros.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">4. En el ensayo conviven en un mismo texto lo conceptual y lo art&iacute;stico. El ensayo es una obra literaria escrita que expone ideas y meditaciones del autor sobre temas libremente escogidos, mostrando un enfoque personal, sin prejuicio de inter&eacute;s por la expresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica en cuanto tal, es decir, como un fin en s&iacute; misma. Tomachevsky dice: &quot;El lenguaje en que se tiene orientaci&oacute;n sobre la expresi&oacute;n se llama art&iacute;stico, a diferencia del pr&aacute;ctico, cotidiano, que carece de tal orientaci&oacute;n&quot;. El texto ensay&iacute;stico admite un estudio basado en los dos planos simples del lenguaje: la expresi&oacute;n y el contenido. En verdad, ambos aspectos se presentan relacionados solidariamente durante la lectura, no obstante su distinci&oacute;n obedece a principios metodol&oacute;gicos elementales. Por una parte, la prosa constituye la forma por antonomasia de la expresi&oacute;n ensay&iacute;stica, que alcanza valores est&eacute;ticos vigentes dentro de los c&aacute;nones de la comunicaci&oacute;n literaria, por el modo en que son elegidas y ordenadas las palabras en el texto, sin menoscabo del pensamiento. Y por la otra, el plano del contenido se articula en rededor de im&aacute;genes conceptuales, con propensi&oacute;n a la monosemia, que confiere a la obra un car&aacute;cter de interpretaci&oacute;n un&iacute;voca, tal como en los mensajes filos&oacute;ficos o cient&iacute;ficos. En t&eacute;rminos metaf&oacute;ricos, Sucre refiere esta dualidad, comparando el ensayo con un dios pagano de dos caras: &quot;Como un dios Jano, el ensayo tiene dos caras: una que mira hacia la filosof&iacute;a, otra que mira hacia la est&eacute;tica&quot;. En el fondo, todo el valor literario del ensayo queda limitado al plano de la expresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica  ya que el contenido del texto corresponde por entero al &aacute;mbito de lo conceptual y lo ideol&oacute;gico. Dicho con otras palabras, la literariedad del ensayo no reside en el contenido de la obra sino en la textura formal y en la organizaci&oacute;n sint&aacute;ctica del discurso. El estudio de los aspectos ideol&oacute;gicos y doctrinales no proporciona un conocimiento de sus valores literarios. Estos valores se consiguen en el tejido gramatical de las frases y en la coherencia ling&uuml;&iacute;stica de los enunciados.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">5. La elocuci&oacute;n literaria tiene dos formas permanentes de expresi&oacute;n: la prosa y el verso. Hay quienes sostienen la ineficacia del verso para la exposici&oacute;n cient&iacute;fica o filos&oacute;fica. Sin embargo, el verso fue el medio usado por Parm&eacute;nides y Emp&eacute;docles para impartir sus teor&iacute;as  y conocimientos comprensivos de los fen&oacute;menos de la naturaleza. Asimismo, en el per&iacute;odo helen&iacute;stico, se compusieron numerosos poemas de contenidos zool&oacute;gico, astron&oacute;mico y farmacol&oacute;gico. Ciencia y magia se mezclan en varias composiciones versificadas de la Edad Media, dedicadas a las propiedades de las piedras, plantas, animales y estrellas. Considerado como  obra literaria, el ensayo es refractario a los registros pros&oacute;dicos de la versificaci&oacute;n, mostr&aacute;ndose s&oacute;lo mediante los recursos t&eacute;cnicos de la prosa. Mas la prosa del ensayo es expositiva a diferencia de las prosa narrativa, teatral o po&eacute;tica. Como es sabido, la prosa  novelesca es dieg&eacute;tica porque remite a peripecias y sucesos ficticios en todo o parte referidos desde la perspectiva del narrador. La prosa teatral resulta mim&eacute;tica ya que, en &uacute;ltima instancia, est&aacute; destinada a la dramatizaci&oacute;n por parte de unos actores ante un p&uacute;blico. Y en la prosa po&eacute;tica, el hablante l&iacute;rico potencia las facultades r&iacute;tmicas del discurso en correspondencia con la polisemia de los contenidos. En cambio - dec&iacute;amos - la ret&oacute;rica de la prosa en la ensay&iacute;stica es expositiva y tiene que ver con la transmisi&oacute;n de enunciados sem&aacute;nticos doctrinales, tratados seg&uacute;n la estimativa personal del escritor, bien en estilo conciso y selecci&oacute;n sint&eacute;ticas de las ideas, bien con pr&oacute;digo empleo de frases y conceptos, o en acertada mezcla de las dos anteriores. Independientemente de su elaboraci&oacute;n estil&iacute;stica, la prosa del ensayo expresa un sistema de ideas particulares expuestas a la manera de la monograf&iacute;a, el tratado, el comentario cient&iacute;fico o filos&oacute;fico, aunque con marcadas diferencias. La monograf&iacute;a exige una documentada y minuciosa labor de especializaci&oacute;n sobre un asunto puntual. El tratado supone la exposici&oacute;n org&aacute;nica y sistem&aacute;tica de los principios fundamentales de una disciplina. Ambos  demandan la investigaci&oacute;n, el plan riguroso, el orden metodol&oacute;gico, la esencia did&aacute;ctica, la demostraci&oacute;n. El ensayista no pretende pronunciar la &uacute;ltima palabra sobre ning&uacute;n asunto. Interesa, s&iacute;, la profundidad reflexiva, no la exhaustividad ni la amplitud. El ensayo condensa en poco espacio el resultado de una meditaci&oacute;n  o un razonamiento sustancialmente libre, expuesto sin constre&ntilde;imiento cient&iacute;fico ni sistematizaci&oacute;n filos&oacute;fica, cuyo contenido es aceptado (o no) sin necesidad de demostraci&oacute;n, sea o no evidente.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">6. Tema es el asunto o materia alrededor del cual se organiza el contenido de u texto. Todo ensayo tiene como principio de organizaci&oacute;n un tema que resuma la visi&oacute;n de mundo del autor. En el ensayo, el tratamiento del tema aporta siempre un aspecto ideol&oacute;gico. El mismo asunto expuesto por dos o m&aacute;s autores normalmente difiere pues tiende a reflejar conceptos y puntos de vista distintos. En esa direcci&oacute;n, d&iacute;cese que el ensayo es un concepto expandido. En realidad, el ensayo es un comentario de aquello que se halla tematizado a trav&eacute;s del t&iacute;tulo del texto. Por lo general, los <I>essais</I> de Montaigne se titulan: <I>De la libertad de conciencia</I>, <I>De las leyes suntuarias</I>,<I> De la educaci&oacute;n de los hijos</I>, etc&eacute;tera. Aqu&iacute; el t&iacute;tulo es un recurso poderoso de tematizaci&oacute;n que pone en evidencia la entidad t&oacute;pica del mensaje: religiosa, jur&iacute;dica, educativa… El t&iacute;tulo sit&uacute;a al lector, indica el tema del texto, tiene una funci&oacute;n orientadora clave desde el punto de vista de la organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n. Un ensayo sobre la educaci&oacute;n, <I>verbi gratia</I>, no es m&aacute;s que la expansi&oacute;n literaria de lo que un diccionario pedag&oacute;gico virtual hubiese podido decir sobre el tema. Pero es fundamental que tenga unidad, correcci&oacute;n gramatical y claridad. El ensayo es una forma de organizaci&oacute;n literaria que se caracteriza por la coherencia textual, esto es, que sus componentes sint&aacute;cticos y sem&aacute;nticos mantengan una relaci&oacute;n l&oacute;gica y bien construida, garantizando al lector no tanto lo verdadero como lo intelegible. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY">7. Peirce denomina rema a todo conjunto de signos que se interpreta o entiende como una predicaci&oacute;n de algo. Desde esa perspectiva, el ensayo es un rema, es decir, un predicado del t&iacute;tulo del texto. Pero esto no es sino una primera impresi&oacute;n. Porque el ensayo posee un sentido que est&aacute; no s&oacute;lo en el contenido ideol&oacute;gico en s&iacute;, en lo predicado, sino en su l&oacute;gica argumental. El ensayista sirve del razonamiento y la argumentaci&oacute;n cualquiera que sea la materia sobre la que se aplica el juicio: arte, teolog&iacute;a, sociolog&iacute;a, etc&eacute;tera. Se dirige al intelecto, argumenta sobre algo que puede ser afirmado o negado, de acuerdo con la capacidad de entendimiento que tenga el lector que lo acoge. En semi&oacute;tica, ll&aacute;mase argumento al conjunto regulado de signos con cuya ayuda se pueden realizar productos art&iacute;sticos, cient&iacute;ficos o filos&oacute;ficos como los poemas did&aacute;cticos, las novelas de tesis o los sistemas de axiomas de la Geometr&iacute;a de Euclides y la silog&iacute;stica de Arist&oacute;teles. El ensayo encierra una serie de proposiciones organizadas argumentalmente, cuyas premisas dan a conocer el pensamiento exclusivo del autor, a trav&eacute;s de un razonamiento subjetivo. El esquema convencional del ensayo gira en torno a un planteamiento introductorio, un desarrollo argumental y una conclusi&oacute;n intuitiva, presumible y aun inacabada. El ensayista puede arg&uuml;ir de manera dial&eacute;ctica, como Plat&oacute;n en sus Di&aacute;logos, siguiendo un ritmo tri&aacute;dico de tesis, ant&iacute;tesis y s&iacute;ntesis. A menudo, Montaigne procede por deducci&oacute;n e infiere una consecuencia inesperada que se deriva de varios fen&oacute;menos dados. Otras veces,  al contrario, induce una proposici&oacute;n general y necesaria a partir de un evento &uacute;nico. Asimismo, el escritor puede referir su visi&oacute;n de mundo mediante un an&aacute;lisis introspectivo de las experiencias propias, el igual que San Agust&iacute;n en sus <I>Confesiones</I> o Descartes en sus <I>Meditaciones Metaf&iacute;sicas</I>. De cualquier modo, se espera que el ensayista d&eacute; cuentas de sus ideas por medio de una argumentaci&oacute;n, mas sin llegar a alcanzar la rigurosidad metodol&oacute;gica de las escrituras cient&iacute;ficas. Para Ortega y Gasset, &quot;el ensayo es la ciencia menos la prueba expl&iacute;cita&quot;.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">8. El ensayo est&aacute; signado por el uso emotivo del lenguaje, o sea, por la presencia de rasgos subjetivos en la exposici&oacute;n de las ideas. Sin embargo, en el ensayo, el lenguaje subjetivo refleja una actitud orientada hacia las formas del pensamiento anal&iacute;tico, en contraste con la l&iacute;rica, donde este uso es s&iacute;ntoma del universo sentimental o de la conducta afectiva del poeta. Adem&aacute;s, el discurso ensay&iacute;stico remite al  contenido directamente, con la univocidad de la expresi&oacute;n referencial, lo que indica, a su vez, el deseo de producir informaci&oacute;n sobre algo, seg&uacute;n la cosmovisi&oacute;n particular del autor. Propiamente, el ensayo participa de las dos funciones polares del lenguaje: por una parte, la emotiva que concierne al tratamiento subjetivo de las ideas y, por la otra la referencial a trav&eacute;s de la cual se ponen de manifiesto las propiedades denotativas u objetivas de los enunciados en relaci&oacute;n con el contenido de  informaci&oacute;n del texto. En sentido general, se hablar&aacute; de una doble funci&oacute;n del lenguaje como s&iacute;ntesis del proceso de codificaci&oacute;n de la literatura ensay&iacute;stica. Al respecto, Giraud es bastante ilustrativo:</P> <DIR> <DIR>      <P ALIGN="JUSTIFY">La funci&oacute;n referencial y la funci&oacute;n emotiva son las bases a la vez complementarias y concurrentes de la comunicaci&oacute;n. Por eso con frecuencia hablamos de la &quot;doble funci&oacute;n del lenguaje&quot;: una es cognoscitiva y objetiva, la otra afectiva y subjetiva. Suponen tipos de codificaci&oacute;n muy diferentes, teniendo la segunda su origen en las variaciones estil&iacute;sticas y en las connotaciones (…)</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">El objeto de un c&oacute;digo cient&iacute;fico consiste en neutralizar esas variantes y esos valores connotativos mientras que los c&oacute;digos est&eacute;ticos los actualizan y desarrollan.</P> </DIR> </DIR>      <P ALIGN="JUSTIFY">9. La prosa conceptual del ensayo puede aparecer en sincretismo con las prosas narrativa o po&eacute;tica, demostrando, en la pr&aacute;ctica, la obsolencia y caducidad de las teor&iacute;as dogm&aacute;ticas de los g&eacute;neros. Algunos afirman que el ensayo es en cierto modo un suced&aacute;neo de la  antigua poes&iacute;a didasc&aacute;lica, que en los tiempos modernos habla en prosa. Otros conciben la posibilidad de un relato cifrado en prosa expositiva, con acciones y personajes ficticios, que servir&iacute;an de trasfondo para la inoculaci&oacute;n de las ideas axiom&aacute;ticas del autor del texto. Ciertas escuelas literarias, como el realismo y el naturalismo, aprovecharon con frecuencia el teatro para desarrollar una tesis generalmente doctrinal, a la que dan m&aacute;s importancia que a la acci&oacute;n misma, convirtiendo la obra en instrumento de orientaci&oacute;n y propaganda. Que la lectura del ensayo produce placer est&eacute;tico no puede ponerse en duda, pero raramente la est&eacute;tica del ensayo es el arte por el arte, m&aacute;s bien, en general, mantiene una intenci&oacute;n dirigida a lo utilitario. Adem&aacute;s, el ensayo se ha adaptado a las urgencias comunicativas de la actualidad, entrando en contacto con formas period&iacute;sticas impresas. En ellas lo importante es el contenido sustancial, al que la expresi&oacute;n se pliega, pasando inadvertida o subordin&aacute;ndose instrumentalmente a las ideas: un art&iacute;culo de opini&oacute;n, as&iacute; como un ensayo, aunque est&eacute; bien redactado, ser&aacute; un mal art&iacute;culo si dice insustancialidades. A diario encontramos art&iacute;culos y colaboraciones especiales que condensan meditadas opiniones sobre ciencia, pol&iacute;tica o religi&oacute;n, escritos en prosa clara y coherente,  que adquieren calidad ensay&iacute;stica por su innegable car&aacute;cter expositivo-conceptual. Por &uacute;ltimo, muchos sostienen que el ensayo pas&oacute; a ser,  hoy d&iacute;a, la modalidad literaria m&aacute;s difundida en relaci&oacute;n con las otras pr&aacute;cticas de escritura art&iacute;stica. El n&uacute;mero impresionante de ensayos publicados diariamente en peri&oacute;dicos, revistas y libros suministrar&iacute;a la evidencia estad&iacute;stica. En todo caso, corresponder&aacute; a la sociolog&iacute;a literaria estudiar, con mayor amplitud, el auge de la producci&oacute;n y el consumo de ensayos en los tiempos actuales. </P>      <P ALIGN="JUSTIFY"><B>Referencias </P>  </B>     <!-- ref --><P>1.- Giraud, P. (1998). <I>La semiolog&iacute;a</I>. M&eacute;xico: Siglo XXI&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1253340&pid=S1316-0087200100020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>2.- Ortega y Gasset, J. (1976). <I>Meditaciones del Quijote</I>. M&eacute;xico: Aguilar&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1253341&pid=S1316-0087200100020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>3.- Peirce, Ch. (1984). <I>La ciencia de la semi&oacute;tica</I>. Buenos Aires: Nueva Visi&oacute;n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1253342&pid=S1316-0087200100020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>4.- Sucre, G. (1976). Pr&oacute;logo. En: <I>Mariano Pic&oacute;n Salas, Comprensi&oacute;n de Venezuela</I>.  Caracas:  Monte &Aacute;vila.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1253343&pid=S1316-0087200100020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>5.- Tomachevsky, B. (1995). <I>Teor&iacute;a de la literatura</I>. Madrid: Akal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1253344&pid=S1316-0087200100020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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