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<publisher-name><![CDATA[Centro de Investiagciones Agroalimentarias (CIAAL), Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La institucionalización de la investigación agrícola en Venezuela: los primeros tiempos 1870-1935]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[From primary and secondary sources a historic reconstruction of the institutionalization process of agricultural research in Venezuela during the 1870-1935 period was carried out. The first part of the work gathers the diverse steps taken by different governments in terms of agricultural research and teaching in the last third of the 19th Century, especially the work of General Antonio Guzman Blanco. At the same time, the elements that played in his favor and the limitations of the process of those years. The second part centers on the study of the rise in experimental agricultural stations, establishing the conditions determined by their constitution, the guidelines of research policy and the categories they favor. Among the conclusions that stand out the most, are: (a) the institutionalization process, headed by a State, had a slow and limited character, not articulated to a modernization program directed to camp, (b) the small research nucleus created did not maintain the structure and efforts carried out were direct and fragmented; (c) the constitution and the handling of some experimental fields obeys the imposition of the leader’s interests, placed over the private and public space in the management and administration of agricultural research; and (d) the institutionalization process lost strength during the 20th Century due to the decline in export agriculture and the petroleum hegemony which built on the principal economic product substituted agriculture as the principle governmental political axis.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="fr"><p><![CDATA[Cet article vise l’étude historique du processus d’institutionnalisation de la recherche agricole au Venezuela, pendant la période 1870-1935. La première partie du travail étudie les initiatives prises par divers gouvernements au cours du dernier tiers du XIX siècle, et spécialement pendant le gouvernement du général Antonio Guzmán Blanco, dans le but depromouvoir la recherche et l’enseignement agricole. La deuxième partie traite sur les centres de recherche où débute l’expérimentation agricole dans le pays. la réflexion porte sur les conditions qui ont favorisé la naissance de la recherche institutionnelle, les principales politiques agricoles envisagées et les cultures privilégiés par celles-ci. Les principales conclusions du travail sont les suivantes : a) le processus d’institutionnalisation de la recherche au cours de la période analysée a été lent, et n’a pas répondu à un programme de modernisation orienté vers la production agricole ; b) les petits noyaux de recherche fondés à l’époque ne sont pas induits par une structure spécialisée. Ils ont été créés plutôt du fait d’efforts ponctuels et fragmentaires ; c) la constitution et l’aménagement de certains champs expérimentaux ont été influencés par les intérêts des caudillos qui mélangeaient, dans leur gestion, les espaces publics et privés, et, d) le processus d’institutionnalisation a connu un affaiblissement au long du XXème siècle comme conséquence de la déclination de l’agriculture d’exportation et de l’hégémonie du pétrole, produit qui a substitué l’agriculture, comme axe de la politique gouvernementale.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[historia institucional]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><span style="text-transform: uppercase"><b><font size="4">La institucionalización de la investigación agrícola en Venezuela: los  primeros tiempos 1870-1935</font></b></span></p>     <p align="center">Germán Pacheco Troconis<sup>1</sup></p>     <p align="justify"> 1 Ingeniero Agrónomo (Universidad Central de Venezuela, UCV). M.Sc. en  Desarrollo Rural (UCV), Master en Historia Económica (UAB, Barcelona, España). Doctor en Historia Económica (UAB). Jefe de  la Cátedra de Economía Agrícola I(1979-1983). Coordinador del Postgrado de Desarrollo Rural (1990-1991)  Actualmente Profesor Asociado adscrito al Instituto de Economía Agrícola y Ciencias Sociales de la Facultad de Agronomía de la UCV.  Dirección postal: UCV, Facultad de Agronomía. Av. Universidad, s/n. El Limón, Maracay, Edo. Aragua, Venezuela.  Apdo. postal Nº 4579. Teléfono:+58+274-2466696. e-mail: gerpa@cantv.net</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>Resumen</b></span></p>     <p align="justify">A partir de fuentes primarias y secundarias se efectúa una reconstrucción  histórica del proceso de institucionalización de la  investigación agrícola en Venezuela en el período 1870-1935. La primera parte  del trabajo recoge los diversos pasos dados  por los distintos gobiernos en términos de investigación y enseñanza agrícola en  el último tercio del siglo XIX, en especial la  gestión del General Antonio Guzmán Blanco. Se analizan asimismo los elementos  que jugaron a favor y las limitantes del  proceso en estos años. La segunda parte se centra en el estudio del surgimiento  de las estaciones experimentales  agrícolas, estableciéndose las condiciones determinantes de su constitución, las  directrices de política de investigación y  los rubros que se privilegian. Entre las conclusiones más resaltantes obtenidas  se destaca que: (a) el proceso de  institucionalización encabezado por el Estado tuvo un carácter lento y  circunscrito, no articulado a un programa de  modernización dirigido al campo; (b) los pequeños núcleos de investigación  creados no guardaron estructuración y los  esfuerzos realizados fueron puntuales y fragmentarios; (c) la constitución y el  manejo de algunos campos experimentales  obedecieron a la imposición de intereses caudillistas, superponiendo el espacio  privado y el público en la gestión y  administración de la investigación agrícola; y (d) el proceso de  institucionalización perdió fuerza a lo largo del siglo XX  debido a la declinación de la agricultura de exportación y la hegemonía del  petróleo que, erigido en el producto cardinal de la  economía, sustituyó a la agricultura como eje de la política gubernamental.</p>     <p align="justify"><b>Palabras clave:</b> historia institucional, investigación agrícola, estaciones  experimentales, Venezuela.</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>Abstract</b></span></p>     <p align="justify">From primary and secondary sources a historic reconstruction of the  institutionalization process of agricultural research in  Venezuela during the 1870-1935 period was carried out. The first part of the  work gathers the diverse steps taken by  different governments in terms of agricultural research and teaching in the last  third of the 19th Century, especially the work  of General Antonio Guzman Blanco. At the same time, the elements that played in  his favor and the limitations of the  process of those years. The second part centers on the study of the rise in  experimental agricultural stations, establishing  the conditions determined by their constitution, the guidelines of research  policy and the categories they favor. Among the  conclusions that stand out the most, are: (a) the institutionalization process,  headed by a State, had a slow and limited  character, not articulated to a modernization program directed to camp, (b) the  small research nucleus created did not  maintain the structure and efforts carried out were direct and fragmented; (c)  the constitution and the handling of some  experimental fields obeys the imposition of the leader’s interests, placed over  the private and public space in the  management and administration of agricultural research; and (d) the  institutionalization process lost strength during the 20th  Century due to the decline in export agriculture and the petroleum hegemony  which built on the principal economic product  substituted agriculture as the principle governmental political axis.</p>     <p align="justify"><b>Key words:</b> institutional history, agricultural research, experimental stations,  Venezuela</p>     <p align="justify"><b>RESUMÉ</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cet article vise l’étude historique du processus d’institutionnalisation de la  recherche agricole au Venezuela, pendant la  période 1870-1935. La première partie du travail étudie les initiatives prises  par divers gouvernements au cours du dernier  tiers du XIX siècle, et spécialement pendant le gouvernement du général Antonio  Guzmán Blanco, dans le but depromouvoir la recherche et l’enseignement agricole. La deuxième partie traite  sur les centres de recherche où débute  l’expérimentation agricole dans le pays. la réflexion porte sur les conditions  qui ont favorisé la naissance de la recherche  institutionnelle, les principales politiques agricoles envisagées et les  cultures privilégiés par celles-ci. Les principales  conclusions du travail sont les suivantes : a) le processus  d’institutionnalisation de la recherche au cours de la période  analysée a été lent, et n’a pas répondu à un programme de modernisation orienté  vers la production agricole ; b) les petits  noyaux de recherche fondés à l’époque ne sont pas induits par une structure  spécialisée. Ils ont été créés plutôt du fait  d’efforts ponctuels&nbsp;et fragmentaires ; c) la constitution et l’aménagement de  certains champs expérimentaux ont été  influencés par les intérêts des caudillos qui mélangeaient, dans leur gestion,  les espaces publics et privés, et, d) le  processus d’institutionnalisation a connu un affaiblissement au long du XXème  siècle comme conséquence de la déclination  de l’agriculture d’exportation et de l’hégémonie du pétrole, produit qui a  substitué l’agriculture, comme axe de la politique  gouvernementale.</p>     <p align="justify"><b>Mots clés&nbsp;:</b> histoire institutionnelle, recherche agricole, champs expérimentaux,  Venezuela.</p>     <p align="justify">Recibido: 09-09-2002&nbsp; Aceptado: 21-05-2003</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>1. Introducción</b></span></p>     <p align="justify">Este artículo constituye un avance de una investigación que realiza el autor  sobre la institucionalización de la investigación  agrícola en Venezuela<sup>2</sup>. En él se efectúa, utilizando fuentes primarias y  secundarias, una reconstrucción histórica del proceso a través de sus hitos más resaltantes. En la primera parte se reseñan  los diversos pasos de la institucionalización  iniciados bajo el gobierno de Antonio Guzmán Blanco en el último tercio del  siglo XIX. La segunda parte del trabajo se centra  en el estudio del surgimiento de las estaciones experimentales agrícolas, pivote  fundamental de este proceso en las  primeras décadas del siglo XX.</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>2. Los primeros pasos: una agenda de frustraciones</b></span></p>     <p align="justify">A todo lo largo del siglo XIX se produce en Venezuela una serie de esfuerzos  para perfeccionar la agricultura, pues fue  preocupación constante de un sector de su dirigencia política e intelectual y de  sus agricultores progresistas incorporar a  ella algunos de los adelantos alcanzados en Europa Occidental y en los mismos  Estados Unidos, donde ya para fines de la  centuria se contaba con importantesestaciones experimentales en el sector.<sup>3</sup> Los  logros que, avanzado el siglo, comenzaban a obtener algunas de las repúblicas hispanoamericanas en el proceso  de implantación de la agricultura  científica, como los casos de Puerto Rico, Cuba y Chile<sup>4</sup>, dejaban sentir  asimismo sus irradiacio-nes convirtiéndose en ejemplos a emular. El caso chileno era paradigmático. Un importante documento  oficial en 1897 lo presentaba como el  camino a seguir; su agricultura comenzaba a ser vigorosa bajo los vientos del  cambio técnico que tenía su eje fundamental  en la Quinta Normal de Santiago de Chile, renombrado centro de investigación y  enseñanza agrícola. Esta institución, con el  apoyo del Gobierno y la Sociedad Nacional de Agricultura, contaba ya en las  últimas décadas del siglo con un instituto  agronómico, con una escuela práctica de agricultura, con una estación  agronómica, un jardín zoológico, un establecimiento  de piscicultura, un acuario y un instituto de vacunación animal (Ministerio de  Fomento, Memoria 1898).</p>     <p align="justify">En Venezuela, los intentos por establecer la agricultura bajo los principios  racionales que ponía a disposición el quehacer  científico internacional se reactivaron en la década de 1870. Existía un clamor  por su reactivación; era la actividad  fundamental de la economía del país y una de las principales fuentes de  formación de capital, no obstante su estado general  era crítico<sup>5</sup>. Disponibilidad de capital y fuerza de trabajo, mejora de los  métodos de cultivo y técnicas y la enseñanza agrícola eran vistas como las soluciones que clamaba nuestra agricultura. La  relativa calma política que pudo disfrutar el  país en los años del gobierno del General Antonio Guzmán Blanco y los que se  desarrollaron bajo su influencia hizo posible  volver a intentar la superación de su precaria situación.</p>     <p align="justify">Bajo Guzmán existía, además, un clima intelectual propicio para el avance de la  secularización de la sociedad y de las  ideas positivistas (Freites, 1996). Con él se abren camino las posibilidades de  observación y la experimentación que  requería la ciencia agrícola. Inscrito en este contexto se dan ciertos pasos en  el campo de la tecnificación y de la  enseñanza agrícola, cuyos resultados aún cuando fueron de limitado alcance  condujeron al renacer de la idea de crear una  estación agronómica, dada la estrecha imbricación existente entre la  investigación y la enseñanza agrícola.</p>     <p align="justify">En los primeros años del septenio se dictaron algunos decretos cuyo propósito  inicial era la mejora de ciertos cultivos de  importancia económica y tradición agrícola en el país: para ello en diciembre de  1870 se establece la Comisión Permanente  de Agricultura, desde donde se impulsó el estudio y el fomento de algunos  cultivos como el trigo y la caña de azúcar. Se  importaron desde EE.UU. semillas mejoradas del primero y se estableció una prima  para los agricultores que se  incorporaran a su siembra (Rondón, 1944). Se recogieron asimismo datos acerca de  aspectos técnicos y económicos del  cultivo de la caña, con el fin de promover una mejora de sus métodos de cultivo  y de los procedimientos más baratos y  sencillos para su fabricación. En este último rubro se habían dado ya en 1869  algunos intentos por mejorar su producción  sobre la base de la introducción de nuevas variedades, como era la caña  Salangore. Para ello el Congreso autorizó su  introducción y se importaron semillas para su posterior distribución entre los  agricultores (Recopilación de Leyes y Decretos  de Venezuela, t IV). No hay duda de que la importancia agroalimentaria de ambos  rubros y el peso económico de los  hacendados productores de caña debieron constituir motivos para su fomento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No se dispone de información acerca de cuánto se redujo la brecha de rezago con  respecto a la producción antillana, sin  embargo, en el cultivo cañero algunos adelantos técnicos fueron incorporados por  los hacendados: la labranza y la irrigación  se hicieron más esmeradas en las tierras de los valles aragüeños y del Tuy y el  beneficio fue modernizado con la  introducción de algunas máquinas de vapor como fuente de energía de los  ingenios. El requerimiento de altas inversiones de  capital para mejorar el beneficio, cuando éste era un factor productivo escaso,  constituía una limitante para que un número  importante de productores adoptase la medida; no así la información tecnológica  ni la disponibilidad de equipos en el  mercado. De allí que los intentos de modernización se restringieran  esencialmente a la ampliación de las áreas de cultivo y  a la adopción circunscrita de nuevos equipos para el procesamiento en las  grandes haciendas (Hernández, 1999).</p>     <p align="justify">La difusión de los conocimientos agrícolas exigía entre otros elementos contar  con el apoyo de personal capacitado que  pudiese experimentar y ayudar a su divulgación. De ello tenía conciencia la  elite política: en abril del año de 1873, a  despecho de las limitaciones económicas del Estado, fue aprobado en las Cámaras  del Congreso un Proyecto de Decreto  que disponía el envío al exterior de varios jóvenes por cuenta de la Nación, con  el objeto de instruirse y perfeccionarse en  varias ramas del saber y de la industria, considerándose a Alemania y Estados  Unidos de Norteamérica como los países  donde se contaba con más experiencia por los “dilatados estudios y felices  progresos” en establecimientos especiales. De  estos jóvenes se seleccionarían dos “para destinarlos al punto de Europa que  -se- estime más conveniente para el estudio  de las ciencias naturales, preferentemente las de práctica aplicación a las  industrias más importantes para el progreso  material de Venezuela” (Asamblea Nacional, 1873, tomo 398: 392-395).</p>     <p align="justify">En el campo de la docencia una de las primeras medidas fue el decreto del 27 de  enero de 1876, mediante el cual se  estableció una cátedra de Agricultura y Zootecnia en la Universidad de Caracas.  Con ello se emulaban las acciones puestas  en práctica en otras latitudes con resultados muy positivos, de las cuales las  cátedras de Edimburgo (1790) y Oxford (1796)  (creadas en Gran Bretaña) habían sido un buen ejemplo (Fussell, 1965).</p>     <p align="justify">La recién instituida cátedra organizó el curso a dictar con una duración de dos  años, durante el cual se leerían de forma  alternativa dos días de cada semana “las materias de Agricultura y Zootecnia por  el mismo catedrático” (Recopilación de  Leyes y Decretos de Venezuela, tomo VII: 277). Este curso para comienzos de los  noventa (siglo XIX) aún se dictaba,  siguiéndolo 12 alumnos para 1893 (Ministerio de Instrucción, Memoria 1894: 148). </p>     <p align="justify">El 12 de marzo de 1884 se creó la Escuela Politécnica, reorganizada el 18 de  septiembre de 1893, con tres especialidades:  Comercio, Matemáticas y Agricultura. Esta última comprendía los cursos de  Agricultura, Botánica y Zoología, Zootecnia y  Química aplicados a las industrias, su duración era de dos años y la matrícula  inicial fue de diez alumnos (Ministerio de  Instrucción, Memoria 1894, tomo II: 240).</p>     <p align="justify">En mayo de 1885 fue promulgada la Ley I que contemplaba una disposición sobre la  aclimatación de plantas exóticas. Esto  era de gran beneficio para la introducción de plantas de utilidad económica y  para la conformación de colecciones de  germoplasma con miras a mejorar los materiales genéticos disponibles que  permitiesen, como lo estipulaba su artículo 14,  el aumento eficaz de la agricultura (Ministerio de Interior y Justicia, Memoria  1885: 382). El 17 de mayo de 1891 se presentó  en el Congreso un proyecto de decreto para crear una Junta Central de  Acli-matación y Perfeccionamiento Industrial que fue  aprobado en primera discusión (Asamblea Nacional, 1891: tomo 0). El 7 de agosto  de 1893 inició su funcionamiento con el  objetivo de “promover por todos los medios posibles el progreso y  perfeccionamiento de las industrias nacionales existentes  y la aclimatación en el país de otras nuevas.” No obstante, después de años de  actividad se consideraba que “la tarea de  avance en materias agrícolas era lenta e irregular,” pues había aprehensión en  los agricultores hacia las nuevas ideas y  hacia todo “aquello que no estuviera de acuerdo con el espíritu, hábitos y  costumbres del país” (Anales de la Junta Central  de Aclimatación y Perfeccionamiento Industrial, Año IV, 1897: 169, en Hernández,  1999).</p>     <p align="justify">En el mismo año 1893 el General Joaquín Crespo, Presidente de la República,  mediante los decretos de 7 de febrero y 29  de julio, creó los estudios agronómicos y veterinarios en el país. Su  establecimiento esperaba estimular la producción  agraria, “fuente principal de la riqueza pública”, para lo cual era  indispensable la creación de estudios que permitiesen la  mejora del cultivo de los campos y el incremento de sus rendimientos, la  aclimatación de nuevos cultivos y animales, el  fomento de los bosques y su administración racional y la obtención de alimentos  de calidad, evitando las adulteraciones  perjudiciales al productor y al consumidor. Ellos estarían regidos por las  mismas leyes que los estudios mayores y  comprenderían aspectos teóricos y prácticos a desarrollarse a lo largo de tres  años de duración de la carrera. Para su  organización y funcionamiento se creaba el Instituto Agronómico cuya estructura  incluía una escuela granja y laboratorio  (Gobierno de Venezuela, s/f: tomo XVI). Estos propósitos no se llevaron a la  práctica.</p>     <p align="justify">El 12 de febrero de 1895 el Ejecutivo funda en un nuevo jalón la Escuela de  Ingeniería, acorde con el “Plan de Estudios de  Ingeniería” sometido a su consideración por el Colegio de Ingenieros de  Venezuela el 21 de septiembre de 1893. La Escuela  contemplaba cuatro carreras, una de las cuales era Agronomía, previendo en su  dotación “un campo de experimentos para  la enseñanza agrícola y florestal” (sic) (Ministerio de Instrucción, Memoria  1894, t II). La carrera no llegó a organizarse, pero  entre las cátedras de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Caracas fue  instituida la de Agronomía y Alimentación de  Animales (Leal, 1981).</p>     <p align="justify">Ya para finalizar el siglo la Junta de Aclimatación y Perfeccionamiento  Industrial promovió, desde 1895, con el apoyo del  Ministro de Fomento, el establecimiento de un centro de experimentación  agronómica que se aspiraba  erigir en la Quinta Normal<sup>6</sup> . Ésta, como el modelo chileno, era concebida como  el punto de partida y eje “alrededor del cual  se agruparían el conjunto de establecimientos constitutivos de la enseñanza  agrícola”<sup>7</sup>. El 23 de diciembre de 1896 se dictó  la resolución de su creación (Recopilación de Leyes y Decretos de Venezuela,  tomo XIX: 226-227). Para 1897 las gestiones  marchaban con buen auspicio, disponiendo la Junta de los equipos y materiales  para su instalación<sup>8</sup>, que se habían  encargado de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, el proyecto quedó a medio  camino debido al clima político de  inestabilidad que asoló una vez más al país. Las intenciones de Crespo, caudillo  de origen rural que comprendió la  importancia que podría tener para la agricultura y la cría un centro de esta  naturaleza, se truncaron con la serie de  levantamientos políticos que irrumpieron nuevamente a fines del siglo XIX, uno  de los cuales acabó con su propia vida.</p>     <p align="justify"><b><span style="text-transform: uppercase">3. El Gobierno del General Juan Vicente Gómez y la institucionalización de la  investigación agrícola en Venezuela  1908-1935 </span></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><span style="text-transform: uppercase">3.1. La creación de las condiciones</span></b></p>     <p align="justify">Los primeros años del siglo XX no fueron favorables para dar continuidad a un  proyecto que se encargaron de enterrar los  avatares de la inestabilidad política. La llegada de los andinos al poder bajo  la dirección del General Cipriano Castro y con  ellos las aspiraciones de una élite regional postergada durante décadas, detuvo  el desarrollo del centro de experimentación.  Con Castro, salvo contadas acciones en el campo de la ciencia médica, sólo hubo  cabida para la retórica y el desorden  administrativo; los esfuerzos fundamentales se colocaron en la conformación de  un ejército nacional de poderío que  acabase con los ejércitos privados conducidos por los caudillos regionales, a  fin de garantizar la hegemonía andina. Esto  restó peso al interés por la educación y la ciencia durante este período  (Freites, 1996).</p>     <p align="justify">La vieja aspiración de establecer centros de experimentación agrícola tuvo que  esperar al menos una década más para  concretarse; de modo que se produjo una discontinuidad en la realización de los  esfuerzos para alcanzar ese logro. Fue bajo  el mandato del General Juan Vicente Gómez cuando se dan las condiciones para el  surgimiento de las primeras estaciones.  Para entonces el proceso de implantación de la agricultura científica había  trascendido ya las fronteras europeas para  asentarse en Estados Unidos y Canadá en la América del Norte, donde la gestión  de las estaciones mostraba en su haber  sólidos resultados que constituían la base de su modernización y del progreso agrícola<sup>9</sup> . Hispanoamérica, por su parte,  agenciaba en algunos países ciertos éxitos en la experimentación agrícola  realizada desde estos centros<sup>10</sup>.</p>     <p align="justify">Los efluvios de estos alcances que llegaban al país por diferentes medios se  conjugaron con la difícil situación económica  atravesada por Venezuela en la primera década del siglo XX, reflejo en parte de  la crisis mundial a inicios de la centuria. La  caída dramática de los precios del café, principal producto de exportación de  Venezuela, puso de nuevo con fuerza en el  tapete de la opinión pública el problema de la vulnerabilidad de los mercados  externos y la necesidad de mejorar nuestra  agricultura y de abrir posibilidades de diversificación. Para comprender los  alcances de esta depresión basta comparar  algunas variables económicas de la década que agonizaba en 1899 y las que abrían  la centuria del XX: en la primera las  exportaciones de cafése situaron en 447.000 toneladas por un valor de 730  millones de bolívares; en la siguiente el monto  exportado fue de 430.000 toneladas por un valor de 335 millones de bolívares, lo  que equivale a una contracción del 45,8%  del valor. Esta merma se debió a la brutal caída de los precios, que pasaron de  un promedio de 1,67 Bs./kg a 0,77 Bs./kg  (Arcila, 1985: 21). El resto de los productos exportables sufrió los embates de  la crisis, con diferencias correspondientes a  sus especificidades.</p>     <p align="justify">El gobierno que recién se iniciaba decidió emprender algunas acciones. Las  medidas, sin embargo, no atacaban al centro  del problema que radicaba en impulsar transformaciones sustantivas en la  estructura agraria existente. La idea que se tenía,  aún cuando imprecisa, era modificar las relaciones técnicas con el apoyo del  Estado. Esta conducta no distaba de las  pautas seguidas en otros países de la región, donde hacendados, políticos y  científicos apostaban por la ciencia agrícola  para salir de los obstáculos existentes. Las estaciones experimentales fueron  vistas como el instrumento idóneo para  implantar los principios de la agricultura científica por quienes encontraban en  la ideología tecnocrática un parabán protector  de sus intereses que engranaba con los devotos de la corriente positivista  (McCook, 2001).</p>     <p align="justify">La participación privada, debido a la difícil situación que atravesaba la  agricultura de exportación y las fuertes carencias  organizativas de la sociedad, presentaba limitaciones para asumir el liderazgo  modernizador. Había, sin embargo,  excepciones; en el Zulia un grupo importante de agricultores y comerciantes se  organizó para crear la Asociación Impulsora  de Agricultura y Cría<sup>11</sup>. Desde allí con gran lucidez en sus proposiciones dieron  curso a importantes acciones; destacan,  entre otras, la creación de una oficina de información para facilitar la toma de  decisiones mediante el servicio, la formación  de una biblioteca para la ilustración de sus miembros y la fundación de la  Revista de Agricultura y Cría, su órgano  divulgativo, desde donde defendían ardorosamente sus propuestas (Pacheco, 1992).  La gestión de la dirigencia agropecuaria  zuliana era comprensible a la luz del peso económico del puerto marabino y su <i>  hinterland</i> por estos años. Si bien el  concurso del Estado era necesario para alcanzar la institucionalización de la  investigación, se desaprovechó la oportunidad  de fortalecer este tipo de iniciativa. El modelo implantado, desde los inicios  se caracterizó por una fuerte intervención  estatal que guardaba mayor correspondencia con el caso alemán que con el inglés<sup>12</sup>, el cual se iría acendrando décadas  más tarde, como corolario de la sobredeterminación establecida por la  apropiación de la renta petrolera y la imposición de la  ideología keynesiana en la esfera de la burocracia estatal.</p>     <p align="justify">Un primer paso de esa acción estatal, dados los limitados recursos  gubernamentales, fue hacer más efectiva la gestión  administrativa del Estado. Para ello, siguiendo las recomendaciones de sus  técnicos, fue adelantada una reforma ministerial  en 1909 que incluyó al Ministerio de Fomento (Szinetar, 1991). La reorganización  adoptada estructuró esta dependencia  sobre la base de cuatro direcciones: de Industria y Comercio; de Correos y  Telégrafos; General de Estadística y de  Agricultura, Cría y Colonización. La creación de esta última Dirección obedecía  a la necesidad de conferirle “especial estudio  y atención” a la agricultura, por constituir sus actividades productivas la base  imprescindible de la riqueza futura del país.  Para cumplir con este propósito se le asignaron un espectro de responsabilidades  a la Dirección de Agricultura, Cría y  Colonización, que entre otras comprendían: las granjas modelo, los campos de  experimentación, las estaciones de  silvicultura<sup>13</sup> y sericicultura y la publicación del Boletín del Ministerio de  Fomento desde el 18 de mayo de 1909, que era un instrumento importante para difundir la agricultura científica (Szinetar, 1991).</p>     <p align="justify">Un segundo paso era profundizar el conocimiento de la geografía nacional, lo  cual se inscribía en la línea de tradición de la  expedición científica organizada por la corona española y posteriormente por la  república en los tiempos de Agustín Codazzi.  El inventario de los recursos naturales de las distintas regiones era visto como  el punto de partida para impulsar los  proyectos de desarrollo, entre ellos los de naturaleza agrícola. En esta óptica  bastaba con develar ese potencial para que se  abriese la ventana por la cual el capital extranjero ingresaría al país y, con  él, los recursos humanos y técnicos para explotar  las riquezas nativas.</p>     <p align="justify">La visión que privaba era pues la de intensificar la producción primaria por la  vía de una articulación más estrecha con los  mercados internacionales, la cual no distaba de la asumida en el resto de la  región latinoamericana. El Ministro de Fomento,  en una comunicación del 29 de marzo de 1909 dirigida al Ministro de Exteriores,  dejaba entrever estos propósitos. En ella  solicitaba que se gestionase ante algunos de los gobiernos de Europa Occidental  y Estados Unidos de Norteamérica su  ayuda para organizar una Comisión Exploradora: “encargada de informar acerca de  las posibilidades de ofrecer a la industria  europea la explotación de este suelo”. Esta comisión debía formarse en su  opinión con el concurso de expertos designados  por los institutos científicos de esas naciones (Ministerio de Fomento, Memoria  1909: VI).</p>     <p align="justify">Su participación se concebía en los siguientes términos: “...A Italia podría  pedírsele la designación de un ingeniero agrónomo  que, además de lo relacionado con su ramo, informe también respecto a las  regiones más propicias a la inmigración  europea; a Alemania, un silvicultor competente en el aprovechamiento de la  riqueza forestal de esta zona; a Francia, un  geólogo; a Bélgica, un perito en asuntos de cría y sus industrias anexas; a  Holanda quien estudie la implantación de granjas  modelo; a la Gran Bretaña, un mineralogista; a España, un piscicultor y experto  en pesquerías; y a Estados Unidos, un  técnico en materia de canalización e irrigación” (Ministerio de Fomento, Memoria  1909: VI).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los venezolanos más capaces y con títulos científicos acompañarían a estos  comisionados para cooperar en estos  estudios y adquirir conocimientos en estos ramos. Los gastos ocasionados en  estas exploraciones correrían a cargo del  Ejecutivo venezolano. La canalización jurídica de estas gestiones se hizo a  través del artículo 14 del Decreto Ejecutivo de  1910 que estableció la realización de un estudio científico y técnico de las  riquezas naturales, el cual culminó en la  elaboración del mapa físico y político que llevaron a cabo las comisiones  exploradoras. De modo simultáneo se iniciaron  gestiones para traer expertos a trabajar en el país. Inscrito en este cuadro de  acciones, en septiembre de 1909 (meses  antes del edicto citado), el Mi-nistro de Fomento, General Rafael María  Carabaño, diligenciaba ante el Encargado de  Negocios de la delegación belga la venida al país de un profesor de agricultura  con el fin de iniciar su enseñanza en forma  teórica y práctica. La persona sugerida para dicha misión fue el profesor  Fernand Miesse, quien abonaba a su favor poseer  dominio del español, experiencia práctica como agricultor, conocimiento y  práctica agronómica en la agricultura de  plantación y experiencia docente, ya que se había desempeñado como profesor  auxiliar en la cátedra de agricultura belga y  colonial en la Universidad de Louvain<sup>14</sup>. El 4 de marzo de 1910, finalmente, se  suscribió un contrato entre el experto y el  Ejecutivo Nacional (Nota 198 del Ministerio de Relaciones Exteriores, Dirección  de Derecho Público Exterior al Ministerio de  Fomento, 4 de marzo, en Ministerio de Fomento, Memoria 1910: 43). Culminaba así  una primera etapa de esfuerzos.</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase; font-weight: 700">3.2. Las primeras estaciones agrícolas  </span></p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase; font-weight: 700">3.2.1. La Estación Central de Semillas y Plantas: historia de un ensayo fallido</span></p>     <p align="justify">Con Miesse renace una primavera de esperanzas. Él personificó la oportunidad de  transmutar el sueño en realidad para  quienes anhelaban la creación del centro de experimentación. Era una visión no  exenta de ingenuidad que serviría de correa  impulsora para modelar el caliginoso proyecto. La búsqueda y obtención de los  posibles terrenos en Caracas para el  funcionamiento de una granja experimental en donde serían propagadas y  difundidas las plantas nativas y las de otros  países tropicales al igual que los sementales importados, tuvo carácter de “un  asunto preferente” para el Despacho  (Ministerio de Fomento, Memoria 1910: 43).</p>     <p align="justify">Por el decreto 156 del mismo año de 1910 fue instituida el 1º de agosto la  Estación Central de Semillas y Plantas, cuya  justificación era fomentar la riqueza agrícola y la exportación, siendo sus  funciones principales: la importación, aclimatación,  propagación y distribución de plantas, que se entregarían gratuitamente a los  agricultores y como complemento se brindaría  información agronómica sobre las especies a ser ensayadas por éstos. Para su  funcionamiento se escogió un sitio  consistente en un terreno y un local de limitadas dimensiones, localizado en las  inmediaciones de Caracas, pues las  disponibilidades presupuestarias eran exiguas: apenas se disponía en total de  480 bolívares para cubrir todos los gastos  incluido el alquiler del terreno (Szinetar, 1991). Simultáneamente se continuaba  evaluando los terrenos más apropiados para la selección del sitio dondeoperaría la escuela granja, que constituía el motivo  de la contratación de Miesse y el foco de las  expectativas no sólo capitalinas sino también de distintas regiones del país,  cuyos círculos intelectuales y de propietarios  especulaban sobre el posible lugar y las características que debía tener<sup>15</sup>,  asunto sin plasmar aún para el primer trimestre  del siguiente año (Gómez, 1911).</p>     <p align="justify">El 15 de marzo de 1911 se crearon los departamentos que la conformarían:  Adquisición y Distribución de Semillas y  Germinación de Ensayos, contando además con una Biblioteca Agrícola (Ministerio  de Fomento, Memoria 1911). La fecha  exacta de inicio de sus actividades aún es imprecisa; Szinetar la ubica el 19 de  abril de ese año con motivo de cumplirse el  año centenario de la Declaración de la Independencia (Szinetar, 1991). Sin  embargo, la inauguración no figura en el  programa del aniversario reseñado por la prensa, lo cual es extraño por ser un  logro de política pública de importancia.</p>     <p align="justify">El inicio de sus operaciones tuvo lugar en una atmósfera abonada por las  propuestas de implantar la agricultura científica,  suscritas por los más importantes intelectuales positivistas afectos al régimen,  entre otros<sup>16</sup>: Vallenilla, Zumeta, Arcaya,  Gil Fortoul. Contó además con el respaldo de la prensa de la época que  haciéndose eco del discurso positivista  editorializaba con cierta frecuencia la necesidad de expandir las industrias y  modernizar la agricultura, con el apoyo de “institutos de aclimatación -y- campos modelos, donde se ensayen nuevos cultivos  y se enseñe práctica y científicamente  el manejo de las herramientas modernas” (El Industrial, 16 de abril de 1912).</p>     <p align="justify">Para 1912 se intentaba hacer de la estación un centro de mayor importancia: “una  verdadera Estación Agronómica  Experimental” que fuese más allá de la propagación y repartición de semillas,  dotándosele por decreto de 7 de mayo de  1912 de un Laboratorio de Química y Bacteriología Agrícola anexo a la oficina.  Con este mismo propósito se trasladó la  estación a un local algo más amplio. La nueva sede estaba situada más al norte  de la ciudad, cerca del Ministerio de  Fomento (Ministerio de Fomento, Memoria 1912). Por resolución de 5 de octubre se  reglamentó el Laboratorio y se creó un  curso de practicantes agrícolas “para familiarizar a los jóvenes con las  operaciones de la Química Agrícola.” Éste inició sus  actividades en enero de 1913 con seis alumnos, entre los que había curiosamente  una mujer: la bachiller Virginia Pereira Álvarez (Ministerio de Fomento, Memoria  1914, tomo I). De ellos, sólo uno obtuvo su certificado (Szinetar, 1991)</p>     <p align="justify">Las características físicas de la primigenia Estación consistían, para fines de  ese mismo año, en dos salones de laboratorio,  una oficina, un almacén de semillas, el área de abrigo para siembra en cajas y  potes, el almacén de útiles, el departamento  para el peón (jardinero); los criaderos de almácigos de café en diversas  variedades, cauchos, té, ramio, canelo, agave,  eucaliptos, árboles frutales y ornamentales y las parcelas de experimentación  (Ministerio de Fomento, Memoria 1912, tomo  I: 477). El laboratorio, sin embargo, debió esperar hasta comienzos de 1913 para  entrar en funcionamiento, pues tan sólo en  noviembre del año anterior fueron recibidos los equipos del extranjero y se  terminaron sus instalaciones.</p>     <p align="justify">El servicio prestado por el centro se cumplía con decoro considerando sus  dimensiones y de ello dejó constancia Henry  Pittier cuando vino al país en su primera visita de trabajo en 1912. La  distribución de semillas y plantas de variedades  mejoradas se desarrollaba progresivamente: forrajeras nuevas, entre ellas  alfalfa y sorgo de diferentes tipos, granos  alimenticios y oleaginosos, textiles varios, donde resaltaba el algodón de fibra  larga y corta, cereales de tradición en su  cultivo venidos a menos históricamente como el trigo, las hortalizas y las  legumbres, al igual que variedades de cultivos de  plantación, entre otros el café, el canelo y el caucho. A éstos se adicionaba la  distribución de unos cinco mil árboles para  ornato de áreas de recreación y hospitales (Ministerio de Fomento, Memoria  1914). No obstante distaba de tener el perfil de una estación experimental, siendo menester en opinión del científico suizo  reforzarle con otros laboratorios para los análisis  de suelos, los estudios fitopatológicos y las enfermedades de los animales  domésticos, e incorporar gradualmente el personal básico necesario para cumplir sus tareas<sup>17</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Una de las actividades que se consideró debía desarrollar la estación era la  divulgación agrícola, la cual aseguraría la  instrucción de los agricultores para propagar “los cultivos más adaptables a las  condiciones económicas y culturales del  país.” Esta capacitación informal se consideraba neurálgica a los fines del  centro, pues se corría el riesgo de que se  frustrara la difusión al carecer los interesados de las nociones requeridas para  los ensayos. Con este fin, por resolución de  28 de octubre de 1912, se dispuso la redacción de varias cartillas o guías  prácticas para plantas alimenticias, forrajeras,  industriales y cultivos susceptibles de explotación económica en el país, cuya  elaboración estaría bajo la responsabilidad de  Fernand Miesse y Federico Peraza, su adjunto (Ministerio de Fomento, Memoria  1912). Esto no se cumplió pues Miesse se separó de forma intempestiva del cargo el 11 de julio de 1913, al negársele un  permiso para viajar temporalmente a Bélgica  (Szinetar, 1991). En opinión de Pittier la renuncia del joven ingeniero belga  tuvo como ingrediente adicional el posible  traslado de la estación a la Hacienda La Trinidad en Maracay, por no encontrarse  en Caracas un sitio adecuado a los planes  de expansión y de integración con la escuela de agricultura, lo cual le  preocupaba por no compartir el traslado a Maracay<sup>18</sup>.</p>     <p align="justify">El establecimiento de la estación y su desempeño no dejaba de constituir un  ejemplo a emular por algunas regiones de  tradición agrícola, cuyos dirigentes políticos veían con gran interés el  germinal ensayo. El caso de Carabobo es ilustrativo.  Allí su Presidente intentó montar una experiencia de esta índole con recursos  locales, recibiendo el apoyo del Ejecutivo  Nacional ganado por esta decisión<sup>19</sup> : “...Con particular regocijo ha visto este  Despacho [Ministerio de Fomento] la creación  de esa oficina agrícola en el Estado Carabobo, porque el establecimiento en las  distintas zonas de la República, de  estaciones experimentales provistas de su correspondiente laboratorio, a  semejanza del que está en Caracas, bajo la  dependencia de este Ministerio, será de utilidad para el progreso efectivo de la  agri-cultura sobre bases científicas para el  ensayo y propagación en la República de nuevas especies y variedades vegetales,  y desde luego para el fomento  agrícola...” (Ministerio de Fomento, Memoria 1914, t I: XVI).</p>     <p align="justify">La partida de Miesse truncó el propósito de crear un verdadero centro de  experimentación agronómica, dando al traste con  los esfuerzos por consolidar la primera estación experimental creada en el país  y a partir de ella instalar un sistema de  estaciones regionales, como se lee en los documentos oficiales (Ministerio de  Fomento, Memoria. 1912). Los tímidos  esfuerzos regionales como el carabobeño también se desplomaron. Uno de los  efectos negativos inmediatos fue la clausura  del Laboratorio de Química Agrícola y la suspensión de los cursos de  practicantes, lo que significó el colapso de la  experiencia que había alcanzado casi los tres años de vida, por tratarse de un  apéndice clave de la estación. </p>     <p align="justify">A despecho de la necesidad de este tipo de centro, transcurrieron cuatro años  antes de que se fundara otro establecimiento  similar; la carencia de expertos agronómicos de nivel y el peso muerto del  fracaso de la experiencia debieron incidir en ello.  No obstante, la idea se mantuvo viva en las esferas gubernamentales y en los  sectores intelectuales. El surgimiento de una  nueva coyuntura permitió desbrozar el camino para impulsar renovadas  diligencias: el Gobierno de Estados Unidos mostró  receptividad ante los planteamientos del Ejecutivo para ceder al experto Henry  Pittier, quien laboraba en el Departamento de  Agricultura, a objeto de que viniese a trabajar en el país. Se suscribió con él  un contrato de un año, en correspondencia con  su deseo de asesorar el establecimiento de un catastro de baldíos y conformar el  centro experimental que había sugerido  durante su primera estadía de trabajo en el país, entre 1912 y 1913, como paso  previo al establecimiento de cualquier  escuela de agricultura<sup>20</sup>. La conflagración mundial también tuvo incidencia.  Venezuela, a diferencia de algunos países del  continente americano (entre los cuales podemos reseñar en América del Norte a  EE.UU. y Canadá, y en Latinoamérica a  Argentina, Uruguay y la misma Cuba<sup>21</sup> ), no obtuvo con la fuerza de éstos los  efectos multiplicadores de los ingresos  derivados de la demanda de los países europeos beligerantes para las economías  agro exportadoras. Sus dos principales  frutos de exportación  no tenían la esencialidad de los cereales y en la ganadería no gozaba de  productividad para competir con Argentina y  Uruguay. Adicionalmente el café, principal rubro de exportación, no tuvo una  buena racha económica en el período; presentó  contracciones entre 1916 y 1918 y sus precios mantuvieron una tendencia  desfavorable hasta recuperarse en 1919 (Veloz,  1984).</p>     <p align="justify">No obstante, otros rubros orientados al mercado externo mejoraron su posición  durante la coyuntura<sup>22</sup> : el cacao se vendió  a precios elevados, ingresando al país entre 20 y 25 millones de bolívares  anuales; el azúcar satisfizo las necesidades  internas y entre 1915 y 1918 se alcanzaron montos satisfactorios de exportación  a precios favorables, pues a pesar de su  desventaja con la producción antillana la magnitud de la demanda internacional  permitió su absorción. En las exportaciones  de caucho y de balatá no hubo aumentos, si bien fueron beneficiosos los aumentos  sustanciales ocurridos en sus precios; y  las exportaciones de carnes congeladas, a diferencia del ganado en pie, se  incrementaron entre 1915 y 1919 tanto en  términos físicos como monetarios (Veloz, 1984: 311-331). No obstante las mejoras  obtenidas no fueron suficientes para  inclinar al lado positivo el fiel de la balanza económica.</p>     <p align="justify">Del lado del consumo el impacto recibido fue negativo, pues la intensa demanda  monetaria aliada encareció fuertemente los  bienes, entre ellos los de consumo agroalimentario. La situación se hizo más  crítica hacia el final del conflicto cuando la  producción continental de las naciones europeas involucradas se fue debilitando progresivamente<sup>23</sup> , a lo cual se sumaron  ciertas restricciones en la en la transportación terrestre continental y en la  marítima y el hecho casual de una mala cosecha  que azotó al mundo en 1916, por motivos climatológicos; esta combinación de  factores puso sobre el tapete las  restricciones de nuestra agricultura cuando se dificultó el abastecimiento de  ciertos bienes alimentarios de importancia en la  dieta del venezolano. El peso de estos productos es confirmado por las  preocupaciones del Ejecutivo ante los egresos  ligados a su provisión, por la vía del componente externo de la oferta; arroz,  harina de trigo, mantequilla y manteca de cerdo  son los más representativos de la lista; éstos eran en 1914 iguales a 9,18  millones de bolívares (Ministerio de Fomento,  Memoria 1914, tomo I: 466). Ello era entendible pues, en términos  proporcionales, representaban el 15,6% del total  importado. Otros bienes de gran importancia por su condición de insumos de las  escasas industrias existentes tenían un  déficit en su producción, uno de los cuales era el algodón cuya oferta interna  era insuficiente y su provisión por la vía de la  importación se había encarecido por la situación bélica.</p>     <p align="justify">A partir de 1914 un nuevo componente se adicionó: los ingresos del Estado de  origen petrolero mejoraron por el  otorgamiento de concesiones, lo cual se reforzaría hacia comienzos de la década  de los veinte (siglo XX) por los resultados de la exploración. Las nuevas circunstancias tendrían un efecto dialéctico a  futuro, pues se abría una mayor posibilidad para  acometer inversiones para el desarrollo de la investigación, a la vez que  disminuiría la importancia de la agricultura como  base de los ingresos nacionales y con ello el interés por su desarrollo.</p>     <p align="justify"><b>3.2.2. <span style="text-transform: uppercase"> La Estación Experimental de Agricultura y Selvicultura: un segundo hito  en el rosario de esfuerzos</span></b></p>     <p align="justify">En el marco descrito, el 12 de marzo de 1917 fue creada la Estación de  Agricultura y Selvicultura y un Jardín de  Aclimatación (Recopilación de Leyes y Decretos, tomo XL), la cual, según  establecía el artículo 1 del edicto, estaba  “destinada a servir de modelo y centro a las que, sobre un plan análogo, se  establecerán sucesivamente en el resto de la  República”. Las funciones que se le asignaron eran (Gobierno de Venezuela, s/f): </p>     <p align="justify">• Estudio de las mejoras en los métodos de producción de los principales frutos  agrícolas nacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">• Introducir, seleccionar y distribuir semillas de plantas tropicales.</p>     <p align="justify">• Realizar experimentos de repoblación forestal.</p>     <p align="justify">• Estudios de suelos requeridos por los cultivos y condiciones de zonificación.</p>     <p align="justify">• Realización de trabajos de prácticas agrícolas y forestales.</p>     <p align="justify">• Formación de guardabosques y capataces agrícolas.</p>     <p align="justify">• Difusión de los métodos científicos de cultivos.</p>     <p align="justify">En los días y meses siguientes del mismo año se dictaron disposiciones para  regular su desenvolvimiento: el 15 de marzo  se le asignó un presupuesto para su funcionamiento hasta el 30 de junio,  consistente en 22.305,80 bolívares (Recopilación  de Leyes y Decretos, tomo XL: 43) y el 31 de agosto se la proveyó de sede  dotándola de la Estancia Cotiza o Anauco  arriba y el Potrero Pulinare, localizadas en Cotiza, Caracas, al pie de la  vertiente norte de la serranía El Ávila, entre las  quebradas de Los Caraballos al oeste y la de Cotiza al este. Por esta razón se  le conoció en el medio con el nombre de  Estación Experimental de Cotiza (Gobierno de Venezuela, s/f , tomo XL: 225).</p>     <p align="justify">Su escogencia más que obedecer a una evaluación de variables agronómicas y  económicas, respondió al criterio de  optimizar el uso de los escasos recursos financieros, pues la finca había sido  adquirida años atrás por el Gobierno para  establecer el cultivo de la morera e impulsar la industria sericícola,  resultando en un ensayo fallido<sup>24</sup>. Sus suelos tenían un  conjunto de restricciones para su desarrollo pues una porción importante de los  terrenos de la propiedad consistía en faldas de sabanas de fuertes declives, con limitaciones derivadas de la acción continua  del fuego, que había impedido toda  repoblación en los últimos años. El área más favorable en términos de topografía  estaba representada por algunas terrazas  situadas en la parte baja de las quebradas con una superficie de unas veinte  hectáreas pedregosas y empobrecidas por su  continua explotación agrícola. No obstante era considerado como un elemento no  del todo inconveniente, ya que podría  servir para instruir a los agricultores sobre la recuperación de terrenos similares<sup>25</sup>.</p>     <p align="justify">Existía asimismo un problema de abastecimiento de aguas derivado de la  competitividad del uso urbano con el rural, ya que  las del curso superior de la quebrada de Cotiza, las más importantes por su  caudal, habían sido desviadas para proveer del  recurso a los estanques de la Pastora para Caracas; por ello la disponibilidad  de agua de las faldas inferiores era  prácticamente nula y las partes más bajas tan sólo contaban con escasas  vertientes originadas más abajo de la toma, por  lo cual sin obras de almacenaje y distribución eran insuficientes para el riego  de los terrenos apropiados para el cultivo,  planteando de entrada la necesidad de aplicar los correctivos de ingeniería  necesarios (Texera, 1998). Tal vez la variable  económica más favorable era la existencia de vías de acceso porque contaba con  diferentes carreteras, no así su vialidad  interna que era escasa y una limitante a la luz de uno de sus usos futuros: el  de granja modelo.</p>     <p align="justify">La experimentación prevista se inscribió dentro de los cometidos de la  modernización agrícola: incrementar la producción y  los rendimientos agrícolas mediante el conocimiento y uso de métodos y técnicas  agronómicas de mejoramiento, a los  cuales se adicionó el objetivo de diversificar la base productiva agrícola  expresado en los documentos oficiales entre líneas  inicialmente y después con mayor claridad. Las restricciones ligadas a la  Primera Guerra Mundial debieron crear la  coyuntura para sensibilizar a los técnicos del régimen sobre la perentoriedad de  este último propósito. Los cultivos que se  privilegiaron eran rubros para el consumo interno ligados a las necesidades  alimentarias y del desarrollo agroindustrial,  restrictivos de la salida de divisas, que preocupaba a los funcionarios gubernamentales<sup>26</sup>. Y aún cuando la experimentación agrícola corrió a cargo del Estado, la agenda de requerimientos  de la agroindustria estuvo reflejada en la  investigación en estos inicios. La experimentación con rubros para la  exportación también se planteó. Ella se abordaría con  mayor propiedad en algunas estaciones desarrolladas posteriormente para  responder a los intereses de los propietarios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Simultáneamente con los primeros pasos para organizar la investigación  comenzaron los trabajos de construcción de las  infraestructuras que se requerían para llevar a cabo la actividad experimental.  El mismo año 1917 comienzan los estudios,  el diseño y la construcción del dique para la regulación y distribución de las  aguas para la irrigación, cuyas dimensiones  asegurarían más de un millón de litros. Y al año siguiente estaba casi concluido  dada la urgencia del mismo. Igualmente se  iniciaron los trabajos para el establecimiento del jardín de aclimatación que  continuaron a lo largo de 1918; en este mismo  año comenzó la construcción de la edificación que sería el laboratorio  (Ministerio de Fomento, Memoria 1917 y 1918).</p>     <p align="justify">Los ensayos de la estación se orientaron esencialmente a:</p>     <p align="justify">• Realización de pruebas de variedades de adaptabilidad al medio y de  rendimiento.</p>     <p align="justify">• Determinación de épocas, densidades y sistemas de siembra.</p>     <p align="justify">• Uso de abonos verdes e inoculaciones bacterianas con culturas Mulford de  EE.UU. en leguminosas con buena capacidad de fijación de nitrógeno.</p>     <p align="justify">• Ejecución de pruebas de mecanización agrícola, la mayoría labores de arado, a  fin de recomendar los de mayor eficiencia y menor costo.</p>     <p align="justify">• Uso de diferentes tipos de abonos minerales, principalmente fosfatos y  orgánicos, de bajo costo.</p>     <p align="justify">• Estudios de los bosques cercanos de la serranía de El Ávila y experimentación  destinada a la repoblación de bosques.</p>     <p align="justify">Los rubros agrícolas comprendidos en los ensayos entre 1917 y 1920 conforman una  larga lista que pone de manifiesto el  propósito de diversificar la base productiva y la importancia conferida a los  cultivos destinados a satisfacer las necesidades  alimentarias y de las agroindustrias<sup>27</sup>.</p>     <p align="justify">En trigo se resaltaba la importancia de las variedades locales de mayor riqueza  en gluten que las exóticas, la necesidad de  impulsar la producción andina triguera y de extender su siembra a aquellas  regiones del país en donde fuese factible su  explotación agronómica, considerando que era un rubro de primordial importancia  que en la época colonial se cultivó con  éxito en regiones bajas, como los Valles de Aragua. Se estaba consciente que, no  obstante, el abastecimiento de la  industria local era una tarea de largo plazo. Las variedades con las cuales se  ensayaba eran trigo andino (en escala  reducida), trigo de Egipto, Blue Stern y Red May.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En caña de azúcar se probaban las variedades Barbados, con un alto contenido de  azúcar; la Zarangola, la Java 36 y la  Criolla. Se prodigaba especial atención a la Barbados, por sus cualidades  azucareras, “cuya semilla seleccionada en el  Instituto Agrícola de Barbados hizo traer el Ejecutivo Federal con el propósito  de propagar en el país esta variedad”. En café  se hacían ensayos con las variedades Bourbon, Robusta y Maragogipe, cifrando  esperanzas en las dos primeras. </p>     <p align="justify">En algodón los ensayos se hacían con Tangüis de Perú, con Sea Island y con  Upland, que Pittier creía el más adecuado y  de mejores resultados en la Estación. Las pruebas se orientaron esencialmente en  la búsqueda de adaptabilidad y de  valoración de las variedades de mayor contenido  de fibra acorde a los requerimientos de la industria textil del país. Este era  uno de los cultivos considerados con mayores  perspectivas en el país, dado el peso económico del ramo textil y la posibilidad  de alcanzar una participación en el mercado  exterior, con una demanda insatisfecha por la oferta mundial<sup>28</sup>. Su propagación,  mejora de los métodos productivos y selección de variedades adaptadas se planteaba prioritaria. </p>     <p align="justify">El cultivo del tabaco recibió particular atención; se probaban las variedades  Kentucky, Habana y Guácharo, en las cuales se  observaba la época más adecuada de siembra, la resistencia a las condiciones  climáticas y los más relevantes detalles de  la siembra y de la cura de la hoja. Los ensayos de reproducción habían sido  exitosos y habían semillas de Kentucky para  responder a los pedidos de los agricultores, esperándose que para inicios de la  década de 1920 se pudiesen satisfacer los  requerimientos de Habana. Una idea que se manejaba, dada la importancia del  cultivo para el país, era adiestrar  progresivamente a los peones más inteligentes a fin de convertirlos en  facilitadores de su difusión técnica. Las prácticas  con el tabaco eran alentadoras por el alto número de agricultores visitantes que  observaban <i> in situ</i> los detalles de mayor  importancia sobre la siembra y la cura de las hojas.</p>     <p align="justify">En arroz, que iba a la zaga del consumo del maíz en Venezuela en el renglón de  los cereales, ensayaban las variedades  Fortuna y Honduras. Esto obedecía al hecho de que el Criollo, a pesar de su gran  calidad, al ser cultivado en un relativo  aislamiento de manera continua mostraba síntomas de degeneración. El Honduras se  consideraba preferente por su buena  fecundidad y calidad. La estación en estos primeros años introdujo anualmente  importantes cantidades de semilla  proveniente de Estados Unidos y la repartió a los agricultores, al igual que  como se hizo con el algodón.</p>     <p align="justify">Las hortalizas eran consideradas como un grupo estratégico, dada la asfixia del  consumo en los bienes alimentarios ocasionada por el  conflicto; los ensayos perseguían aumentar la variedad de frutos que se comercializaba, conocer sus costos de producción y promover la  formación de huertas en los solares de la  ciudad de Caracas. En el caso hortícola, como acotaba Pittier, el problema era  más complicado; a las investigaciones  tendientes a superar las restricciones de la oferta debía sumarse una campaña de  divulgación de sus cualidades culinarias y  bondades nutricias, de modo de extender su demanda. Una idea de los esfuerzos  que se hacían en el campo de la  producción la da el número de ensayos de variedades realizados, contados entre  100 y 150. Se resolvieron además  problemas concretos de los agricultores: un ejemplo lo constituye los ensayos  efectuados sobre fructificación en repollo  cuyas semillas de origen extranjero eran costosas, y en los cuales se estableció  la correlación entre la capacidad  reproductiva y el uso de abonos. Con ello se demostraron las bondades de los  fosfatados y de la boñiga de origen caprino,  aplicada en determinadas épocas del cultivo.</p>     <p align="justify">Otros rubros en los cuales se trabajaba eran frutos menores tales como las  caraotas, los tubérculos (entre ellos la papa), el  maní, los maíces criollos y extranjeros, donde se realizaban ensayos de cosecha;  los frutales, entre ellos piña, cuyos  precios en Europa y EE.UU. eran halagadores; el girasol, utilizado como  sustituto del maíz en raciones alimenticias para  aves de corral; la sábila, considerada con buenas perspectivas de exportación,  lo que motivó la solicitud al presidente del  estado Falcón de 200 plantas; el tártago, del cual se habían enviado a Estados  Unidos seis variedades para que se  analizase su contenido de aceite. Éste era un cultivo cuyas siembras de  variedades rendidoras en aceite podrían ofrecer  perspectivas halagadoras por lo apetecido que era en la industria sobre todo en  la militar y dadas las circunstancias del  conflicto bélico. Se ensayaba asimismo con plantas exóticas de total  desconocimiento en el país, entre las que destacaban  la jícama de agua, una leguminosa de gran valor proteico de alto consumo en  México y que además tenía cualidades  forrajeras.</p>     <p align="justify">Los pastos y forrajes ocuparon un lugar destacado. Como acotaba Pittier la  ganadería, especialmente la lechera, estaba  ayuna de buenos pastos, ya que las sabanas poseían pocas hierbas nutritivas. La  guinea no podía utilizarse todo el año y la  hierba Pará tenía limitaciones nutricionales. Se probaba por este motivo un  pasto de corte como el pasto elefante (<i>Penicetum purpureum</i>), que podría utilizarse en forma de heno o silaje; éste  abonaba a su favor una alta adaptabilidad a las  condiciones locales, sus facilidades de propagación y cualidades nutritivas. Los  primeros paquetes de semillas llegaron de  la Estación Experimental Agronómica Santiago de las Vegas a través del cónsul en  La Habana y fueron sembradas  personalmente por el Director y Subdirector de la Estación. Otras forrajeras  ensayadas eran pasto Rhode, Sudán sorgo,  millo, trébol, remolacha forrajera y alfalfa (Turquestán y Resistente), donde se  probaba el efecto de inoculaciones de  bacterias nitrificantes del suelo, con la Cultura de Mulford de EE.UU., a objeto  de mejorar la disponibilidad de nitrógeno para  las plantas.</p>     <p align="justify">Flores y plantas forestales para la repoblación de zonas montañosas afectadas  por la tala completaban la larga lista. Se  aprovechaba la experiencia del Ferrocarril de Venezuela que había llevado a cabo  interesantes experiencias en el país. Las  faldas bajas avileñas que alinderaban la estación al norte eran un campo ideal  para los ensayos de silvicultura, iniciados con  el estudio de las condiciones de los bosques de Cotiza y Catuche. Los ensayos de  mayor peso se llevaban a cabo en caña,  algodón, arroz y pastos. Se practicaron igualmente experimentos agronómicos de  diferentes tipos, como épocas y  densidades de siembra más apropiadas, ensayos en abonos, probándose diferentes  orgánicos, entre éstos los producidos  por el establecimiento frigorífico de Puerto Cabello (<i>The Venezuela Meat Company</i>  había puesto a la orden de la Estación  tres clases de fertilizantes). También se valoraban los químicos, entre ellos  los fosfatados, así como el uso de plantas para  abonos verdes. Otros estudios eran observaciones en sericicultura y apicultura y  los ensayos de mecanización agrícola,  donde se practicaban de modo continuo labores con el arado “para la adopción y  recomendación de los aparatos más  económicos al alcance de todos los agricultores”. Fueron ensayados asimismo  desterronadores económicos construidos en  la misma estación, los cuales eran asequibles a los pequeños agricultores.</p>     <p align="justify">En la provisión de insumos para la experimentación jugaron papel determinante  las legaciones y consulados venezolanos en  el exterior y la colaboración de estaciones experimentales y oficinas agrícolas  de diversos países amigos: Estados Unidos,  España, Brasil, Cuba y Perú, entre otros. Las firmas mercantiles especializadas  en el ramo, localizadas en Liverpool,  Inglaterra; en Nueva York y en Filadelfia, EE.UU.; en Burdeos, Francia; en  Ámsterdam, Holanda y en Hamburgo, Alemania,  también suministraron materiales (AGN-Ministerio de Agricultura y Cría,  1919-1921: Carpeta 34; Ministerio de Fomento,  Memorias 1921-1922: tomo V). En el espectro de relaciones con los países, en  esta época, se aprecia con claridad una  amplia diversidad en el apoyo y consultoría técnica. Dos elementos vale la pena  destacar: la exclusión de Alemania durante  los años del conflicto bélico y la influencia aún no determinante de los Estados  Unidos, la cual se perfilará con fuerza a  partir de los años treinta cuando consolida sus posiciones en el negocio  petrolero en Venezuela e incrementa su influencia  política a raíz de la finalización del conflicto bélico.</p>     <p align="justify">Una función importante del Centro fueron las labores de divulgación de la  agricultura científica. Sin ser granja modelo recibía  visitantes que iban a especializarse en el uso de prácticas y técnicas de  mejoramiento y distribuía semillas y plantas a los  agricultores interesados, algunas traídas del exterior y ensayadas y  reproducidas en sus terrenos. Ésta última práctica fue  preferencial por la importancia atribuida al fomento agrícola<sup>29</sup>; de allí que se  donaran, entre otras, semillas de algodón,  arroz, tabaco, caña y forrajeras como alfalfa y pasto elefante, muy solicitadas  por los productores. La documentación ofrece  los nombres de algunos agricultores beneficiados con esta práctica, algunos  reconocidos propietarios, como Gustavo  Vollmer, Enrique Eraso, Gallegos-Rivero y C.A., Antonio Hernández, Manuel Acedo,  Dr. Sosa Báez, Dr. J. R. Pérez, E.  Sanabria y el General Elbano Mibelli (AGN-Ministerio de Agricultura y Cría,  1921, 1922: Carpeta 34). Un hecho de lamentar  fue la sustitución de Pittier al frente de la Dirección de la Estación por el  ingeniero agrónomo C. A. Dávila, en los primeros  días de enero de 1918.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En 1919 se avanzó en el desarrollo de la Estación (AGN-Ministerio de Agricultura  y Cría, 1921, 1922: Carpeta 34; Ministerio  de Fomento, Memoria 1919). Por disposición de 18 de junio fue creada la  Biblioteca de Agricultura, Cría y Veterinaria en la  oficina de la Estación y se avanzó así en su organización. Comenzó también la  formación de las primeras colecciones,  entre otras, la de los volúmenes del <i> Journal of Agriculture Research</i>, las  publicaciones del Departamento de Agricultura de  los Estados Unidos y las obras transferidas por el Ministerio de Instrucción.  Fue concluido el laboratorio donde se habían  instalado provisionalmente los equipos entregados por la Escuela de Artes y  Oficios para su funcionamiento y se tramitaron  solicitudes de pluviómetros, barómetros, termómetros, anemómetros, un  heliofotómetro y otros instrumentos requeridos para  los ensayos. Se construyó asimismo un caney para curar tabaco, para instruir de  esta manera a los agricultores en esta  importante práctica.</p>     <p align="justify">A la estación se le adscribió en el mismo año 1919 la propiedad denominada San  Rafael y Cerro de Arvelo, localizada al  este de Caracas. La decisión no obedeció al criterio de mejorar su dotación de  tierras agrícolas sino más bien a la necesidad  de preservar la zona protectora de la cuenca del río Caurimare, que venía siendo  afectada por las labranzas que el dueño de  los terrenos anotados practicaba en la cercanía de sus fuentes, con la merma de  las aguas que abastecían el pueblo de  Petare y sus aledaños (Ministerio de Fomento, Memoria 1919: tomo I). Esta acción  circunstancial, aún cuando de utilidad  para poner en práctica estudios de cuencas y ensayos de repoblación forestal,  debió complicar el funcionamiento de la  estación, ya que se trataba de terrenos distantes y de nuevas actividades que  debían atenderse con escaso personal. El  mismo año se le incorporó una nueva extensión de terreno al Centro, el llamado  Campo Experimental de Maracay; el criterio  formal era ir estableciendo estaciones en las zonas cálidas, ya que en la  templada “funcionaban algunos institutos”. Sin  embargo, las dificultades de integración llevaron a su separación en 1920  (AGN-Ministerio de Agricultura y Cría, 1921-1922:  Carpeta 34).</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>3.3. El Campo Experimental de Maracay: ¿una tenue frontera entre el interés  público y el privado?</b></span></p>     <p align="justify">Con la adscripción de esta finca comienzan de inmediato los trabajos de  organización preparatorios del establecimiento. Con  este propósito se ordenó el traslado personal del Jefe de la Estación de Cotiza,  lo cual evidencia la importancia asignada  por el Ministro a esta decisión que debió responder no sólo a la feracidad de  los valles como se expresa en un documento  de la época (Ministerio de Fomento, Memoria 1919: tomo I), sino además a los  intereses del entonces Presidente de la  República, General Gómez, asentado en la ciudad de Maracay donde tenía  importantes posesiones agropecuarias e  industrias agrícolas.</p>     <p align="justify">Durante los dos primeros años, parte importante del tiempo y de los esfuerzos se  dedicaron a la adecuación de tierras y a la  construcción de infraestructuras para facilitar el futuro desarrollo de las  labores experimentales<sup>30</sup>. En la medida que se  creaban las condiciones mínimas se comenzaron los trabajos de agricultura  general y labores de horticultura, floricultura y  arboricultura, así como algunos ensayos en cultivos tales como soya y fríjol.</p>     <p align="justify">El 19 de julio de 1920 fue separado el campo experimental de Maracay de la  Estación Experimental de Cotiza; es muy  probable que prevaleciera la idea de brindarle más autonomía al campo y  facilitar la gerencia de ambos núcleos. A fines del  mismo año un inventario de la Estación arroja aún una precaria dotación tecnológica<sup>31</sup> : (a) equipos, semovientes de trabajo  y aperos de labranza: 4 arados de mano, 2 arados, 2 yugos, 1 rastra de arco, 1  yunta de bueyes, 2 carretas con bestias, un  equipo de arreos para arar y un macho con aperos de labrar; (b) equipos de  irrigación: cuatro aparatos, dos regadores, dos  mangueras y una bomba de mano; a lo cual se adicionan entre otros instrumentos  de laboratorio y de mediciones de campo:  una balanza con sus pesas; un aparato de Bacbcock, un tester de suelos; un  aparato eléctrico y dos pluviómetros. El  parque de maquinaria sería modernizado al año siguiente.</p>     <p align="justify">Entre 1920 y 1921 se realizaron experimentos en una amplia gama de cultivos. En  muchos de ellos se probaron variedades  de hortalizas como lechuga, repollo morado (cuatro variedades), tomate (manzano  y francés), vainita, patilla, espárrago, a  los cuales se prestaba dedicada atención; frutos menores, que abarcaban varias  leguminosas: lentejas, arvejas, frijoles y  caraotas; raíces y tubérculos, entre otros: papas y batatas; soya, maní y  frutales, como naranjas y piñas traídas de Puerto  Rico y Florida; y forrajeras: millo, millo enano, nabos y remolacha forrajera y  alfalfa, algunas con muy buen rendimiento.  Estas variedades, una vez que eran evaluadas, se destinaban a abastecer las  haciendas cercanas del General Gómez y el  Lactuario de Maracay; además se realizaron ensayos de propagación con rosas y  árboles (AGN-Ministerio de Agricultura y  Cría, 1919: Carpeta 34).</p>     <p align="justify">En abril de 1921 Gómez propuso al Ministro de Fomento el ensanche del Campo  Experimental de Maracay y la construcción  de edificaciones apropiadas, luego de una visita al mismo que le dejó gratamente  satisfecho de los trabajos que se venían  realizando; con este fin ordenó se tomasen las medidas pertinentes “para en lo  sucesivo, después de elevarla a la categoría  de Estación Experimental de Agricultura y Silvicultura, establecer la Escuela  Práctica de Agricultura”. Esto se llevó a cabo  “sin pérdida de tiempo”, acorde con el manejo patriarcal del Estado durante esos  años. Los terrenos del Campo se  extendieron entonces de norte a sur hasta el camino de Las Delicias y las  actividades se intensificaron en sus predios, pues  era propósito de su Director mostrar los avances alcanzados para la fiesta  aniversaria del centenario de Carabobo. Por  estos mismos días se procedía a la dotación de su biblioteca (AGN-Ministerio de  Agricultura y Cría, 1921).</p>     <p align="justify">En los años siguientes continuó el trabajo en ambos centros, si bien no llegaron  a alcanzar la madurez institucional como  para pervivir. En el caso de la Estación de Cotiza piensa el autor que diversos  factores actuaron limitando sus posibilidades  de erigirse en una estación a la manera como ambicionaron algunos de sus  gestores: los ensayos comprendían un número  muy elevado de rubros que desbordó la posibilidad real de acometerlos con  efectividad con el personal disponible, sobre  todo si se considera el carácter biológico y complejo de la agricultura, que  amerita un cuido dedicado, con mayor razón en  cultivos exóticos para los cuales no se tenía la experiencia apropiada. De allí  que se encuentren reseñas de continuos  fracasos en el desarrollo de actividades agronómicas, no pocos por problemas de  plagas en los cultivos o errores técnicos  en el acometimiento de algunas infraestructuras (AGN-Ministerio de Agricultura y  Cría, 1921, 1922: Carpeta 34). Cotiza debió  sufrir además la competencia del Campo Experimental de Maracay en términos de  recursos a todo lo largo de la década de  1920, a lo cual se sumó el apoyo efectivo dado al campo por el General Gómez y  que fue un núcleo que expresaba  mayormente su agenda de intereses, como lo reseñó el mismo Pittier. Por otra  parte no hubo el refuerzo de personal técnico  para sacar adelante un proyecto de esta naturaleza y la Estación debió emprender  tareas que le fueron delegadas por  razones coyunturales, como el caso de la finca que le fue incorporada para  solventar el problema de las fuentes de agua de  Petare, con el acarreo de problemas innecesarios a su gerencia.</p>     <p align="justify">La reactivación de los intentos de implantar la agricultura científica despertó  el interés de algunos empresarios  modernizadores que impulsaron esfuerzos regionales en esa dirección. En Mérida,  uno de ellos, José Briceño Gabaldón,  trabajó arduamente en la organización de una modesta empresa de sericicultura;  ésta consistía en los telares y su campo  donde la morera se daba en forma exuberante (Benet, 1929). El conocimiento de  las experiencias adelantadas y el ejemplo  de los resultados obtenidos en Colombia en este campo, brindó el aliciente para  perseverar en la experiencia que finalmente  obtuvo el apoyo del Ejecutivo Nacional. No se tiene noticia del tiempo que se  mantuvo la llamada pomposamente Estación  Experimental de Sericicultura, como se le denominó localmente. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el segundo lustro de la década de 1920 volvió a cobrar fuerza la idea de las  granjas agrícolas modelos que integrasen la  enseñanza agropecuaria y el establecimiento de los métodos modernos de  producción, en atención a una vieja aspiración  del General Gómez manifestada nuevamente por él a los Presidentes de Estado por  telegrama circular del 26 de septiembre  de 1930 (Ministerio de Salubridad, Agricultura y Cría, Memoria 1933: tomo III).</p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>4. La creación de nuevos institutos y la llegada de expertos agropecuarios  </b></span></p>     <p align="justify">A partir de 1930 se producen algunos eventos que tendrán una  repercusión favorable en las labores de institucionalización de la investigación agrícola y de desarrollo de las ciencias  agropecuarias, inscritas dentro de las actividades de  fomento agrícola que desarrolló el Estado en el lapso analizado. En agosto de  1930 se funda el Ministerio de Salubridad y  Agricultura y Cría y ese mismo año tuvo lugar en Washington la Conferencia  Interamericana de Agricultura, Silvicultura e  Industria Animal, celebrada entre el 8 y el 20 de septiembre, a la cual asistió  como representante el ingeniero agrónomo del  Ministerio; a este funcionario se le incluyó en su comisión la visita al  Departamento de Agricultura de EE.UU. y a la  afamada Estación Experimental de New Brunswick (New Jersey), de gran tradición  en la investigación agrícola (Ministerio de  Salubridad y Agricultura y Cría, Memoria 1931). Este viaje posibilitó el  establecimiento de una serie de contactos con  expertos de EE.UU. y otros países, con miras a lograr avances en el fomento  agrícola sobre la base de la implantación de  una agricultura sobre principios racionales y la posterior contratación de  agrónomos, veterinarios y técnicos de disciplinas  vinculadas al agro (Balderrama, 1993). Igualmente se organizó la Dirección de  Agricultura y Cría del Ministerio con la  asistencia de la Oficina de Cooperación de la Unión Panamericana para lograr el  desarrollo de las actividades agropecuarias  sobre los principios acotados. Por su mediación se contrató un grupo pequeño de  expertos que hicieron posible avanzar en  los proyectos que se tenían en mente y crear las primeras escuelas superiores  agropecuarias que institucionalizaron las  carreras de agronomía y veterinaria en el país<sup>32</sup>. </p>     <p align="justify">El 13 de septiembre de 1930 se creó la Estación de Inmigración y Colonización en  el Campo de San Jacinto donde fue  organizada una Granja de Demostración. En 1933 fue fundada la Escuela de  Expertos en Maracay; en sus terrenos y en  algunas granjas germinales modelos fueron ejecutados trabajos de experimentación  agronómica similares a los descritos en  las estaciones y se iniciaron trabajos de mejoramiento animal con participación  de razas de buenos rendimientos en el  extranjero. En bovinos se trabajaba con Guernsey (leche-mantequilla, con  resultados satisfactorios dada la buena  alimentación suministrada), Ayshire, Holstein, Aberdeen, Angus y Hereford. En  cerdos se ensayaba con Hampshire, Poland  Chine y Criollo. También se laboraba con razas caprinas con fines de  mejoramiento y se efectuaban modernas prácticas de  sanidad animal, destacando entre otras los baños de garrapaticidas en  instala-ciones modelos; asimismo, para facilitar el  mejoramiento de las razas pecuarias se brindaba servicios de monta gratuitos con  sementales importados de buena  progenie (Ministerio de Salubridad, Agricultura y Cría, Memoria 1934, tomo I).</p>     <p align="justify">Dos actividades de fomento agrícola que retroalimentan las investigaciones a  realizar recibieron cuidada atención, volviendo  a cobrar impulso bajo las directrices del nuevo Ministerio: una sería la  divulgación agrícola, siendo muy útiles las  demostraciones de prácticas agropecuarias de mejoramiento que se realizaban “con  todo cuidado y atención [...] en sitios  bien apropiados, donde han sido fácilmente apreciables por personas”, lo cual  era complementado con el servicio gratuito de  consultas agrícolas y los folletos y hojas de comunicación (Ministerio de  Salubridad, Agricultura y Cría, Memoria 1934: tomo  I, XXXIV). Otra la constituiría el diseño y aplicación de planes de fomento  agrícola, algunos de ellos determinados por  situaciones coyunturales; entre éstos merece citarse el Programa de Protección  de Cultivos raros o poco conocidos en  Venezuela que se inició con el cultivo del arroz. Dicho plan retomaba en el  rubro acciones ejecutadas por el Estado desde el inicio de las estaciones, como lo era el reparto gratuito de semillas que se  venía haciendo dentro de ciertos límites desde  hacía décadas, ahora acentuado con los objetivos anotados en este artículo, es  decir, estaba enmarcado en un plan cuya  estructuración era garantía de un mayor alcance, pues contemplaba la  distribución de semillas con el apoyo de los  ejecutivos federales, los agricultores individuales y corporaciones privadas,  complementada con campañas divulgativas. La  puesta en práctica del programa permitió que durante 1931, en el rubro arroz, en  las variedades Fortuna y Honduras, se  beneficiaran 1.049 productores con 3.940 kilogramos y en 1932 se repartieran  3.370 kilogramos de la misma Fortuna. El  corolario fue que la producción de arroz se multiplicó por tres entre 1924 y  1937, al pasar de 4.811 toneladas a 12.605  toneladas (Abreu et al., 2001: 230-232). La viabilidad de estos programas tuvo  un importante puntal en las pruebas de  variedades y ensayos agronómicos desarrolladas en los centros de experimentación  cuya labor les precedió.</p>     <p align="justify">Al final del período, a nivel regional, se fundó una estación experimental en  Mérida que llevaba a cabo estudios de  reproducción de frutos aclimatados en el país y en pruebas de abonos. También se  instituyó una estación de café en el  Táchira y una de cacao en Miranda, un poco en la dirección de dar respuesta a  las presiones de los hacendados vinculados  a estos rubros de exportación, seriamente afectados por la crisis del 29;  asimismo se dejaron avanzadas las gestiones para  el establecimiento de otra estación de café en Carabobo. Otras medidas de apoyo  a la investigación fueron la creación del  Laboratorio Químico Biológico cuya construcción y dotación técnico-científica estaba casi culminada para  1934; este laboratorio entró en  funcionamiento en 1935 y estaba orientado a realizar estudios sobre suelos, así  como análisis de abonos e insecticidas.</p>     <p align="justify">Como colofón se destacan los estudios e investigaciones realizadas por el grupo  de expertos establecidos en el país a partir  de los años treinta; su labor fue determinante para arrojar un cúmulo de datos y  conocimiento de los problemas de  importantes cultivos detectados en “el propio territorio” y para la extensión de  rubros considerados neurálgicos.</p>     <p align="justify">En estos años finales, sin embargo, se asiste a una pérdida de fuerza del  proceso de institucionalización agrícola: la&nbsp; Estación Experimental de Cotiza da visos de agotamiento, posiblemente debido a  los ya referidos problemas que  acompañaron a este centro, por la pérdida de importancia agrícola del Valle de  Caracas frente a otras regiones agrícolas del  centro del país donde ya empezaba a despuntar un proceso urbanizador, apuntalado  en la fuerza que cobraba la renta  urbana en correspondencia con el crecimiento de las actividades urbano  especulativas bajo la égida del dinamismo del  sector petrolero (Pacheco, 1997). El surgimiento de otros centros de  investigación y de enseñanza agrícola, por lo demás  fragmentarios, parece vincularse a los esfuerzos por evitar el desplome de la  agricultura de exportación, dando respuesta a  los sectores terratenientes de cierto peso político en el Gobierno; sin embargo,  esto tiene lugar en un momento de  coincidencia del declive de la actividad agroexportadora con el auge del  petróleo como actividad en la economía venezolana  (Baptista y Mommer, 1999) y con ello su sustitución como la fuente básica de  acumulación de capital. </p>     <p align="justify"><span style="text-transform: uppercase"><b>5. Conclusiones</b></span></p>     <p align="justify">A partir de la caracterización y análisis precedentes, específicamente abocados  al periodo 1870-1935, los hallazgos más  relevantes pueden enumerarse como sigue:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">• Son creadas las primeras organizaciones de investigación agrícola con el  concurso Estatal. El proceso de  institucionalización fue lento, circunscrito, con algunos altibajos y no se le  concibió articulado a un programa de  modernización agrícola dirigido al campo. Los centros fueron: Estación  Agronómica, Caracas (1896); Estación Central de  Semillas y Plantas, Caracas (1910); Estación Agronómica, Carabobo (1913);  Estación de Agricultura y Selvicultura, Caracas  (1917); Campo Experimental Maracay, (1920); Granja de Demostración San Jacinto  (1930); Laboratorio Químico Biológico  (1934); Estaciones de Demostración y Experimentación: dos en Mérida y Táchira  (café) y una en Miranda  (cacao) (1935). Algunas no llegaron a funcionar y otras fueron de corta vida. El  proceso iniciado en el siglo XIX presenta una  discontinuidad entre fines de la centuria decimonónica y la primera década del  siglo XX, lo cual obedeció a eventos políticos  reflejados en la economía y en las políticas públicas. Los pequeños núcleos de  investigación establecidos no guardaron  mayor articulación y las restricciones en la comunicación debieron atemperarse  por las reducidas dimensiones del aparato  estatal y el tamaño del país.</p>     <p align="justify">• Los esfuerzos realizados fueron puntuales y fragmentarios, dirigidos a  solventar algunos requerimientos de sectores de la  demanda social, que surgen con las coyunturas como la creada con la Primera  Guerra Mundial o la situación surgida con la  crisis de 1929 que afectó también a la economía venezolana. La investigación  realizada se inscribe entonces en la  necesidad de dar respuesta a estos problemas y a necesidades puntuales en la  agricultura, por ello trasciende las  demandas del sector agroexportador.</p>     <p align="justify">• La constitución y el manejo de algunos campos experimentales, como el de  Maracay, obedeció a la imposición de  intereses caudillistas, superponiendo el espacio privado y el público en la  gestión y administración de la investigación  agrícola.</p>     <p align="justify">• El proceso de institucionalización agrícola perdió fuerza a lo largo del siglo  XX, como resultado de la declinación de la  agricultura como actividad económica y de la hegemonía del petróleo que se erige  en el producto cardinal de la economía y  sustituye a la agricultura como sector depositario de los intereses de la  política gubernamental.</p>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. ABREU, Edgar et al. 2001. Entre campos y puertos. Caracas: Fundación Polar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201121&pid=S1316-0354200300010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. AGN-MINISTERIO DE AGRICULTURA Y CRÍA, Carpeta 34. Caracas: AGN.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201122&pid=S1316-0354200300010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. AGRICULTURA. SIGLO XIX. 2003. En: http//www.plazaguaitiao.com/mb  103/message/67/html.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201123&pid=S1316-0354200300010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. ARCILA, Eduardo. 1985. Las estadísticas de Castro. Primera década del siglo XX.  Caracas: Biblioteca de la Academia  Nacional de la Historia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201124&pid=S1316-0354200300010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. ASAMBLEA NACIONAL. 1873. Actos Legislativos de la Cámara de Diputados, tomo 398.  Caracas: Archivo de la Asamblea  Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201125&pid=S1316-0354200300010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. ASAMBLEA NACIONAL. 1891. Actos Legislativos de la Cámara de Diputados, tomo 10.  Caracas: Archivo de la Asamblea  Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201126&pid=S1316-0354200300010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. BALDERRAMA, Rafael. 1993. Ciencia y política agroalimentaria. La experiencia  venezolana de los últimos sesenta años.  Caracas: Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, UCV-Fondo Editorial  Acta Científica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201127&pid=S1316-0354200300010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. BAPTISTA, Asdrúbal; MOMMER, Bernard. 1999. El petróleo en el pensamiento  económico venezolano. Caracas: Ediciones  IESA. 2ª reimpresión.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201128&pid=S1316-0354200300010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. BENET, F. 1929. Guía General de Venezuela, (Generalidades, Estados Táchira,  Mérida, Trujillo, Lara, Falcón y Zulia). Tomo  I. Caracas: Editor F. Benet.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201129&pid=S1316-0354200300010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. El INDUSTRIAL. Caracas, edición 16 de abril de 1912.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201130&pid=S1316-0354200300010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. FREITES, Yajaira. 1996. “Auge y caída de la ciencia nacional: época del  Gomecismo (1908-1935)”. En: M. Roche (comp.),  Perfil de la ciencia en Venezuela, tomo I: 155-198.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201131&pid=S1316-0354200300010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. FUSSELL, G. 1966. Farming technique from prehistoric to modern times. Oxford:  Pergamon Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201132&pid=S1316-0354200300010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. GOBIERNO DE VENEZUELA. s.f. Recopilación de Leyes y Decretos de Venezuela, t IV,  VII, VIII, XVI, XIX y XL. Caracas:  Imprenta Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201133&pid=S1316-0354200300010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. GÓMEZ, Juan V. 1911. “Mensaje Presidencial de 19 de abril de 1911”. En: El Eco  Venezolano, Caracas, edición 11 de  mayo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201134&pid=S1316-0354200300010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. HARDACH, Gerd. 1986. La Primera Guerra Mundial, 1914-18. Barcelona (España):  Crítica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201135&pid=S1316-0354200300010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. HERNÁNDEZ, Josefina. 1999. Los libros del hacendado venezolano. Siglo XIX.  Caracas: Banco Central de Venezuela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201136&pid=S1316-0354200300010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. INFITAC. 1986. 80 años de la Estación Experimental Agronómica Santiago de las  Vegas. Caracas: INFITAC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201137&pid=S1316-0354200300010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. LARRAZÁBAL, Felipe.1869. Memoria sobre las verdaderas causas del atraso en  nuestra agricultura y los medios más  convenientes para reestablecerla. En: Diario El Federalista, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201138&pid=S1316-0354200300010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. LEAL, Ildefonso. 1981. Historia de la Universidad Central de Venezuela  (1721-1981). Caracas: Ediciones de la Universidad  Central de Venezuela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201139&pid=S1316-0354200300010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. LEAL, Fredy. 1997. Glosario de términos agronómicos.  Maracay: Facultad de Agronomía, Universidad  Central de Venezuela, 2ª edición.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201140&pid=S1316-0354200300010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Mc COOK, Stuart. 2001. “Promoting the ‘practical’: Science and agricultural  modernization in Puerto Rico and Colombia,  1920 -1940”, Agricultural History, 75 (1): 52-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201141&pid=S1316-0354200300010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. MEDINA, Luis. 1976. Acerca del desenvolvimiento histórico de la investigación  agrícola en Europa y América. Caracas:  Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias, FONAIAP.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201142&pid=S1316-0354200300010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. MINISTERIO DE FOMENTO. Varios años. Memorias 1897, 1898, 1904, 1906, 1909, 1910,  1912, 1914, 1917, 1919, 1920,  1921, 1922, 1923, 1924. Caracas: Ministerio de Fomento.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201143&pid=S1316-0354200300010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN. Varios años. Memorias 1893, 1894, 1895. Caracas:  Ministerio de Instrucción.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201144&pid=S1316-0354200300010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. MINISTERIO DE INTERIOR Y JUSTICIA. Memoria 1985. Caracas: Ministerio de Interior  y Justicia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201145&pid=S1316-0354200300010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. MINISTERIO DE SALUBRIDAD, AGRICULTURA Y CRÍA. Varios años. Memorias 1931, 1932,  1933, 1934. Caracas:  Ministerio de Salubridad, Agricultura y Cría.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201146&pid=S1316-0354200300010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. MOKYR, Joel. 1993. La palanca de la riqueza. Creatividad tecnológica y progreso  económico. Madrid: Alianza Universidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201147&pid=S1316-0354200300010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. PACHECO, Germán. 1992. Las ciencias agropecuarias en Venezuela 1870-1938,  Ponencia presentada en el Encuentro de  Historiadores de América Latina y El Caribe. La Habana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201148&pid=S1316-0354200300010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. PACHECO, Germán. 1997. Historia de la Facultad de Agronomía de la UCV. Caracas:  Secretaría-Facultad de  Agronomía-Ediciones de la Biblioteca de la UCV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201149&pid=S1316-0354200300010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. REVISTA DE AGRICULTURA Y CRÍA (54): 845-846 y (81):1275-1280. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201150&pid=S1316-0354200300010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. RUPNOW, J; WARD, C. s.f. El crecimiento económico de Norteamérica. 200 años de agricultura en los Estados Unidos. Caracas: Distribuidora Venezolana de Azúcares. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201151&pid=S1316-0354200300010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. SZINETAR, Miguel. 1991. “La primer estación agrícola experimental de plantas y  semillas”, Quipu, 8 (1): 235-253. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201152&pid=S1316-0354200300010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. TEXERA, Yolanda. 1998. La modernización difícil. Henry Pittier en Venezuela  1920-50. Caracas: Fundación Polar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201153&pid=S1316-0354200300010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. VELOZ, Ramón.1984. Economía y finanzas de Venezuela. Caracas: Biblioteca de la  Academia Nacional de la Historia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201154&pid=S1316-0354200300010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b>NOTAS&nbsp;</b> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2 Este artículo es un alcance del proyecto de investigación: El proceso de  surgimiento de las estaciones experimentales agrícolas en Venezuela 1908-61, financiado por el Consejo de Desarrollo  Científico y Humanístico, CDCH, de la Universidad Central de Venezuela, institución a la que el autor desea expresar su agradecimiento.</p>     <p align="justify">3 En Estados Unidos la intervención de los estados federales fue definitiva en el establecimiento de las estaciones  experimentales: la primera se fundó en Middletown, Connecticut (1875), con apoyo del Estado. Dos años después surgió la  de Carolina del Norte (1877), a la cual siguieron en corto tiempo las de New Jersey, New York, Ohio, y Massachussets.  Algunas nacieron articuladas a las escuelas superiores agrícolas, en correspondencia con la concepción que se tenía  de ellas como espacios de experimentación permanente. En 1862 fue firmada por el Presidente Abraham  Lincoln el Acta Morrill o Acta Land-Grant, mediante la cual se crearon los colegios de agricultura y artes mecánicas, de  gran contribución a la investigación agrícola. En 1887 se promulgó además la Ley Hatch, que confería a las estaciones carácter  nacional y le otorgaba recursos para subsidiar las que estuviesen relacionadas con las escuelas agrícolas (Medina,  1976; Rupnow y Ward, s.f.).</p>     <p align="justify">4 En la América española la preocupación por la ciencia agrícola y la  modernización de la agricultura tuvieron su origen en la merma de los rendimientos de algunos de sus principales productos de  exportación, sobre los cuales habían sido colocadas las esperanzas del desarrollo desde que ocurrió la reinserción de la América  española en la economía mundial. Las estaciones agrícolas fueron consideradas como un instrumento primordial para  superar las restricciones productivas, surgiendo las primeras hacia el último tercio del siglo XIX y primeras décadas  del XX, Puerto Rico y Cuba son ilustrativos de ello. En la isla borinqueña las gestiones las iniciaron los plantadores de  caña ante el gobierno español en 1882, aprobándose el establecimiento de dos estaciones agrícolas, de las cuales tan  sólo una de ellas pudo concluir su construcción en 1889. La investigación agrícola en la isla cobró un nuevo aire  después de la ocupación estadounidense en 1898. Con el apoyo de los intereses americanos fue fundada la Estación  Experimen-mental de Mayagüez en el lado oeste de la isla. La agenda de investigación del centro, sin embargo, mostraba un  grado de autonomía ya que los investigadores no se circunscribían al estudio de los cultivos de exportación, orientando su  actividad a crear el soporte de una agricultura diversificada, pues les preocupaba la consolidación del carácter monoproductor  de la isla por su significado futuro. Cuba fue un caso precoz. El primer núcleo de experimentación creado fue la  Institución Agrónoma (1831), la cual funcionó tan sólo cuatro años. No obstante en este corto período aclimató el añil de  Guatemala e hizo el hallazgo de un nuevo procedimiento para la extracción industrial del añil-tinte. En ella se cultivó  la morera y se desarrollaron crías de gusano de seda; se ensayaron asimismo diversos instrumentos agrícolas. En 1886, mediante  un Decreto Real del 8 de octubre, se crearon las Estaciones Agonómicas de Pinar del Río y de Santa Clara. Ellas  tuvieron una vida corta a despecho de su buena dotación. Los mayores resultados de&nbsp; Pinar del Río fueron los estudios de  los fertilizantes, esencialmente en el cultivo del tabaco (Mc Cook, 2001; Agricultura Siglo XIX, 2003; INFITAC, 1986).</p>     <p align="justify">5 Un importante político e intelectual del siglo XIX, expresaba con claridad en  1869 las circunstancias que ensombrecían la vida de los productores: “...Una larga decadencia les anuncia su ruina positiva.  Sin dinero, sin avance, sin brazos, sin vías de comunicación, cargados de familia y también por lo general de deudas, pagando  intereses usurarios [...] Muchas haciendas no rinden hoy sino el cuarto de lo que rendían diez años ha; la octava  parte de lo que debían rendir; otras rinden todavía menos, otras nada. Faltan capitales, que son el principal  instrumento...” (Larrazábal, 1869: 36-37).</p>     <p align="justify">6 En los documentos de la época se reserva la palabra “Quinta” para definir las  fincas o casas de campo donde se establecían centros de experimentación agrícola, granjas modelo y escuelas  agrícolas articuladas en un todo, similar a los establecimientos agronómicos existentes en Gran Bretaña y Francia para  desarrollar su agricultura, del cual el caso chileno era paradigmático en América Latina.</p>     <p align="justify">7 Comunicación de la Junta Central de Aclimatación y Perfeccionamiento  Industrial al Ministro de Fomento, A. Riera, 31 de diciembre de 1897 (Ministerio de Fomento, Memoria 1898: 216-220).</p>     <p align="justify">8 Para el segundo trimestre de 1897 habían llegado ya al país para la Estación  Agronómica: 20 bultos con un peso de 2.842 kilogramos, cuya exoneración fue de 752 bolívares (Ministerio de Fomento,  Memoria 1898: 251).</p>     <p align="justify">9 Entre los logros fundamentales de las estaciones pueden citarse la creación de nuevas variedades  de cereales y hortalizas adaptadas a los requerimientos regionales; la obtención de híbridos en maíz y otros cereales;  avances en nutrición animal; los adelantos en fisiología vegetal; la profundización del conocimiento de los suelos (métodos  para su examen físico: cómo mejorarlos, el movimiento del agua en el mismo y los instrumentos para su realización); los  descubrimientos en química agrícola; los progresos en botánica económica (conocimiento de nuevas especies de plantas y  profundización del existente sobre forrajeras y malezas); los adelantos en mejoramiento animal y la creación de  nuevos métodos bioquímicos para analizar los productos.</p>     <p align="justify">10 En 1911 se estableció en Puerto Rico la estación de Río Piedras en las  inmediaciones de la capital. Se trató en su origen de una estación privada promovida por la Asociación de Cultivadores de Azúcar de  Puerto Rico. Una de sus prioridades de investigación era la entomología económica, especialmente el estudio y combate  de las plagas de la caña de azúcar. Este centro que después pasó al Gobierno con el nombre de Estación Experimental de la  Isla de Puerto Rico mostró su utilidad en 1917, cuando el mosaico de la caña empezó a afectar las plantaciones de la  isla y hubo necesidad de estudiar a fondo la enfermedad y sus modos de control, lo cual finalmente se logró con éxito. En  Cuba en 1904 fue fundada la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas. Allí además del estudio de la  caña de azúcar llevaron experimentos en cítricos, tabaco, soya y más tarde en plátano y maíz. En caña de azúcar se  practicaron ensayos con variedades introducidas resistentes al mosaico que causaba serios problemas en los  cañaverales cubanos, por lo cual se estudió a fondo la enfermedad y la botánica de las nuevas variedades con posibilidades de  resistencia (McCook, 2001; INFITAC, 1986).</p>     <p align="justify">11 Esta organización integrada por comerciantes y hacendados fue creada el 23 de  mayo de 1907, a motu propio, “con el laudable propósito de propender por cuantos medios estuvieren a su alcance el  fomento e impulso de la industria agrícola y pecuaria en el país”. Algunos de sus miembros eran Pedro Roberto D’ Empaire, F.  E. Schèmel, Alfonso Urdaneta, A. Romero Moreán, Luis Roncayolo, Manuel A. Govea, Jorge Pineda, Luis F. París,  Eduardo Lesseur y D. Chataing, todas personas de prestigio social y económico en los círculos zulianos (Revista de  Agricultura y Cría, 1909: 845-846).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">12 Inglaterra y Alemania mostraban diferencias en la organización de la investigación  agrícola, expresión de las particularidades del tipo de sociedad que se desarrollaba y de la ideología que animaba la acción social y  el establecimiento de políticas públicas. En Inglaterra la empresa privada jugó un papel determinante acorde con el rol  asignado a lo individual en ese desarrollo y al espíritu del liberalismo económico, con un fuerte puntal en pensadores como Adam  Smith. Alemania tuvo una fuerte tradición estatal ligada a su conformación como Estado nacional y al cuerpo  doctrinario de importantes pensadores, promotores del socialismo de Estado que dio a este último un papel relevante  como promotor de la investigación. La investigación agrícola además se centró en Alemania en los estudios y ensayos  con abonos, los cuales por ser procedimientos físicos y químicos bastante complejos en la agricultura, se  adaptaban mejor a las exigencias de la investigación sistemática, más cónsona con el trabajo de largo plazo; por sus  características se correspondía más con la concepción de la función social del Estado que con la búsqueda de la ganancia,  por lo general orientada por la premisa de lo inmediatista (Mokyr, 1993).</p>     <p align="justify">13 En el texto cuando se hace referencia a la explotación de los bosques se usa  el término “Silvicultura”, que es la acepción moderna del mismo y se asocia a la explotación racional de los bosques y montes  bajo formas técnicas y sobre principios científicos. En los documentos de la época es empleado el término “Selvicultura”  ya que la explotación del bosque era asociada más a la extracción simple, por lo cual, respetando los mismos, cuando  se maneja la documentación oficial se usa el último término (Leal, 1997).</p>     <p align="justify">14 Para una información pormenorizada sobre las gestiones para la contratación  del Ingeniero Agrónomo Fernand Miesse y     <br> su formación profesional y experiencia laboral, ver Szinetar (1991).</p>     <p align="justify">15 Al respecto es ilustrativa la comunicación del 31 de enero de 1910, de J. M.  González al General Rafael Carabaño, Ministro de Fomento, desde Ciudad Bolívar. En ella refiere que el intercambio  epistolar sostenido entre los doctores Leopoldo y Trino Baptista acerca de la perentoriedad de crear un Instituto  Agronómico, ha hecho renacer en él sus esperanzas “de ver realizada tan urgente aspiración”, sobre la cual muchos  incluido él habían escrito. Manifiesta sus preferencias por la hacienda “La Trinidad” situada en Maracay (donde actualmente  funciona la principal Facultad de Agronomía del país), por las cualidades agronómicas de sus terrenos y del  edificio principal de la hacienda, que lo hacían propio para la instalación de la granja modelo, donde tendría lugar la  enseñanza, la cual para ser completa sería “teórica y práctica” permitiendo el trabajo diario de sus alumnos como verdaderos  labradores y con él la adquisición de hábitos de trabajo y gusto por las tareas agrícolas. Los alumnos, en su opinión, deberían  provenir de todos los estados de la República con base en una cuota fija, contemplando el curso de agronomía tres años  (Revista de Agricultura y Cría, 1910).</p>     <p align="justify">16 El establecimiento de esta producción agropecuaria de base racional, que  permitiese asentar una agricultura comercial sólida, pasaba en su óptica esencialmente por la transformación del medio físico  y el establecimiento de escuelas, bibliotecas y centros generadores de conocimientos, sin asociar como una  necesidad del cambio la modificación del entorno político y social. Esta ideología era compartida por los grupos de mayor peso  político incluidos los terratenientes, por cuanto sin negar la necesidad perentoria de la misma, concentrarse en estas acciones  era funcional a la preservación de sus intereses.</p>     <p align="justify">17 Carta de Henry Pittier al Ministro de Instrucción Pública, Caracas, 25 de  febrero de 1913 (Texera, 1998).</p>     <p align="justify">18 Carta de Henry Pittier al Ministro Plenipotenciario en Washington, Ezequiel  Rojas, Washington, 25 de 0ctubre de 1913 (Texera, 1998).</p>     <p align="justify">19 Desde la estación agronómica de Caracas se enviaron con destino a Valencia  semillas de distintas variedades, entre ellas de algodón, soya, sorgo, yute, agave y plantas forestales, dando  cumplimiento a las instrucciones del Despacho de Fomento de apoyar al Presidente del Estado, que hacía esfuerzos por montar un  centro donde se llevasen a efecto ensayos de esta naturaleza (Comunicación del Ministro de Fomento Pedro Emilio Coll al  Ministro de Relaciones Interiores, 31 de enero de 1913, en Ministerio de Fomento, Memoria 1914, tomo I, Documento 86).</p>     <p align="justify">20 Tomado de la carta de Henry Pittier al Ministro de Instrucción Pública,  Caracas, 25 de febrero de 1913 (Texera, 1998).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">21 Los aliados de Europa continental tuvieron en estos países proveedores  fundamentales: EE.UU. vio crecer sus exportaciones de trigo de 125 millones de dólares en 1913 a 505 millones de  dólares en 1918. Canadá fue un exportador de importancia hacia Europa estos años. El déficit de azúcar entre 1917 y 1918 lo  cubrió Cuba esencialmente, y Argentina y Uruguay exportaron fuertes cantidades de carne y cereales (Hardach, 1986: 302).</p>     <p align="justify">22 Las exportaciones, al igual que las importaciones, mostraron comportamientos  diferentes por países: Alemania y Bélgica cesaron prácticamente el comercio exterior con Venezuela por el bloqueo aliado y  la ocupación de la nación belga por Alemania; el movimiento a España fue contradictorio, las exportaciones se  redujeron en los dos primeros años, contrastadas con 1913, para incrementarse ampliamente entre 1916 y 1917. A  Estados Unidos se incrementaron notoriamente las remesas, siendo excepcionales en 1919, cuando se triplicó el  valor exportado con relación a 1913. Las destinadas hacia Inglaterra tuvieron poca fluctuación en tanto que las francesas  se redujeron fuertemente por el bloqueo alemán. La exportación a Holanda mantuvo un movimiento favorable. En el Caribe,  Curazao se erigió en una fuerte consumidora, muy probablemente por las restricciones para abastecerse de sus  otras fuentes. En realidad, la Primera Guerra Mundial no tuvo el impacto sobre el tráfico marítimo de la segunda  coyuntura bélica, pues según los especialistas en historia militar fue una guerra de posiciones esencialmente (Veloz, 1984;  Hardach, 1986).</p>     <p align="justify">23 Según cálculos de la Sociedad de Naciones en Europa continental para 1919 en  relación con la preguerra: la cosecha cerealícola había mermado cerca del 33% debido a la reducción del área de  cultivo y a la baja del rendimiento por hectárea. El número de cabezas de ganado se había contraído en 20% y la oferta de  productos cárnicos mostraba una contracción del 33% (Sociedad de Naciones, 1919, Agricultural production, p. 52 y ss y apéndice,  en Hardach, 1986: 162).</p>     <p align="justify">24 La finca fue comprada el 22 de octubre de 1906 por un monto de ochenta mil  bolívares para los fines anotados, cesando el proyecto el 21 de enero de 1908 cuando se le rescindió el contrato otorgado  al General Alejandro Ducharne. Gobierno de Venezuela, Recopilación de Leyes y Decretos de Venezuela, 1906 y Ministerio de  Fomento, Memoria 1909: XV, en Szinetar, 1991).</p>     <p align="justify">25 Anotaciones de Pittier, H. 1918. Estación Experimental de Agricultura La  Hacienda, I (1:8-10), I (2: 27-29), I (3:53-55), en Texera (1998).</p>     <p align="justify">26 El arroz, uno de los cultivos considerado de mayor importancia, tenía una  producción deficitaria al cubrir tan sólo una sexta parte de su consumo. Desde 1913 a 1917 se importó un promedio anual de  6.543.231 kilogramos, paralelamente su precio al por mayor pasó de 0,29 Bs./kg en 1913 a 0,62 Bs./kg en 1917, por  efectos de la Guerra. Esto significaba un drenaje importante de dinero al exterior. En 1917 solamente por concepto de  importaciones del rubro se fugaron 3.321.137 bolivares (Pittier, H. 1920. Boletín Comercial e Industrial I, 7: 215-216, en  Texera, 1998).</p>     <p align="justify">27 Para este aparte se utilizaron diferentes artículos publicados por Pittier en  las Revistas: Hacienda: I (1): 8-10, I (2): 27-29; I (3): 53-55; I (4): 68; I (4): 97: I (5): 113-114; Cultura Venezolana, I (3):  319-331, ambas revistas de 1918; y el Boletín Comercial e Industrial: I ( 7): 215-216, 1920, en Texera, 1998. Igualmente  Informes diversos de la Estación Experimental de Agricultura y Silvicultura 1918-19, en AGN, Ministerio de Agricultura y Cría,  Carpeta 34, y Ministerio de Fomento, Memorias 1917-1920.</p>     <p align="justify">&nbsp;28 El interés de la empresa extranjera en el cultivo del algodón es  puesto de manifiesto en la comunicación que dirige desde Inglaterra el líder de una importante compañía asentada en el país  al Presidente de la República: “...A nuestro parecer hay la perspectiva de una falta muy seria de algodón para hacer frente a  los menesteres del mundo entero, [...] abrigamos la certeza de que al llamar a VE la atención a este asunto, habrá de  recibir su cuidado afanoso y consideración activa con el fin de fomentar el desarrollo de esa República. [...] Por nuestra  parte, nos sería un placer de lo más sensible hacer todo cuanto esté al alcance nuestro para ayudar, y nos atrevemos a decir  que podríamos obtener la simiente de algodón de Egipto y mandarla a esa República, libre de todos los gastos, para  que se empezara la cultura”... (Comunicación de J. T. Stowell, Director de Orinoco States Limited e integrante de Members of  Liverpool Cotton Asociation al General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, 21 de febrero de 1920, en  AGN-Ministerio de Agricultura y Cría, Carpeta 34, folios 241-242).</p>     <p align="justify">29 Al respecto acota un documento oficial: “El depósito de semillas -para la  distribución- abarca todos los ramos (arbo-flori-horti-agricultura. Y está en capacidad de atender todas las  exigencias del público (Ministerio de Fomento, Memoria. 1922: 215).</p>     <p align="justify">30 Entre 1919 y 1920 en el campo se hicieron una serie de obras de  acondicionamiento, entre otras: el drenaje de los terrenos de las zonas más bajas; la construcción de la cerca perimetral para  brindarle individualidad y proteger los futuros ensayos de la invasión de ganado; la erección de un caney de tejas con varios  compartimientos para depositar las herramientas y equipos agrícolas; la instalación de la bomba y su motor y una  pequeña edificación para su protección de la intemperie; una caballeriza provisional para las bestias de trabajo y un vivero  que cumpliría las funciones de almácigo; al igual que un pequeño parque a la entrada de la estación con comodidades para los  visitantes (Ministerio de Fomento, Memoria 1920. Documento 16. Informe del Ingeniero C. A. Dávila, responsable de  los trabajos, 4 de enero de 1921).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">31 Inventario del Campo Experimental de Maracay, 19 de noviembre de 1920, en  AGN-Ministerio de Agricultura y Cría, 1921, 1922: Carpeta 34.&nbsp;</p>     <p align="justify">32 Algunos de los expertos venidos al país estos años fueron: Bartolomé Schelotto, Wilbur Clausen, Félix Aróstegui, Clery G. Salazar, Alfonso Suro Picón, Diego Texera, Luis Geigel Hernández, Enudio Rivera, Roberto Carmenati, Carlos Otto, Christian Greaves, Jenarine Singh, Adolfo Boers y Vladimir Kubes (Memoria de Salubridad, Agricultura y Cría, Memoria 1932, en Balderrama, 1993). </p>       ]]></body>
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