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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Female, in classical or conventional terms, has deserved a chief place in art, either as form or theme, that is to say, female under a passive meaning, as a contemplative element and just a stimulus for the male universe. But since the 70’s of 20th century, female has assumed a conscious position, both in artistic production and in the theoretic field. This fact is put together with vindicatory social struggles, related also to activism for civil rights and equity in job. Feminism has brought out a «watchful sight» which has contributed to raise a new interpretation on reality, even art. Thus a difference has appearedbetween female aesthetics and feminist aesthetics. Feminist art has contributed then to recover outer, peripheral expressive forms, likewise has seen about the lack of neutrality of language and art, ethnics, sexuality and social class.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center" style="line-height: 150%"><b><font face="Verdana">LO FEMENINO EN EL ARTE: UNA FORMA DE CONOCIMIENTO</font>  </b> </p>     <p align="center" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Carmen Hernández  </font> </p>     <p align="center" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Fundación Celarg </font> </p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">RESUMEN</font></b> </p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Lo femenino, en  términos clásicos o convencionales, ha ocupado un lugar especial en el campo del  arte, pero como forma o tema, es decir, lo femenino en su condición pasiva, como  elemento contemplativo y estimulante para un contingente masculino. Pero desde  los años 70 del siglo XX, lo femenino asume una postura consciente tanto en la  producción artística como en el campo teórico, lo cual se suma a las luchas  reivindicativas en el terreno social, asociadas al activismo sobre los derechos  civiles y la distribución del trabajo. El feminismo nos ha heredado una “mirada  advertida” que contribuye a reinterpretar la realidad, incluyendo el campo del  arte. Se diferencia así una estética femenina y una estética feminista. El arte  feminista ha contribuido a recuperar formas expresivas periféricas y, a la vez,  ha advertido sobre la no neutralidad del lenguaje y del arte, apuntando sus  marcas de género, etnicidad, sexualidad y clase social. </font> </p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><b><font size="2">Palabras Clave:</font></b><font size="2">  arte feminista, lo femenino en el arte, estética femenina, estética feminista.</font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">ABSTRACT</font></b></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Female, in classical  or conventional terms, has deserved a chief place in art, either as form or  theme, that is to say, female under a passive meaning, as a contemplative  element and just a stimulus for the male universe. But since the 70’s of 20th  century, female has assumed a conscious position, both in artistic production  and in the theoretic field. This fact is put together with vindicatory social  struggles, related also to activism for civil rights and equity in job. Feminism  has brought out a «watchful sight» which has contributed to raise a new  interpretation on reality, even art. Thus a difference has appearedbetween female aesthetics and feminist aesthetics. Feminist  art has contributed then to recover outer, peripheral expressive forms, likewise  has seen about the lack of neutrality of language and art, ethnics, sexuality  and social class. </font> </p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><b><font size="2">Key words:</font></b><font size="2"> Feminist art, Female in art, Female aesthetics,  Feminist aesthetics</font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;«Pues el poder creativo en el semen del varón tiende a  producir algo como él mismo, perfecto en la masculinidad; mas la procreación de  una hembra es el resultado, sea de la debilidad del poder activo, de algo  inapropiado del material, o de algún cambio efectuado por influencias externas,  como por ejemplo el viento del sur, que es húmedo» Aristóteles </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">¿Ha sido lo  femenino una problemática de interés para el arte? Es evidente que lo femenino,  en términos clásicos o convencionales, ha ocupado un lugar especial en el campo  del arte, pero como forma o tema, es decir, lo femenino en su condición pasiva,  como elemento contemplativo y estimulante para un contingente masculino. Pero  desde los años 70 del siglo XX, lo femenino asume una postura consciente tanto  en la producción artística como en el campo teórico, lo cual se suma a las  luchas reivindicativas en el terreno social, asociadas al activismo sobre los  derechos civiles y la distribución del trabajo. Desde entonces, lo femenino se  redimensiona significativamente en el campo artístico y subvierte su rol pasivo  por uno activo: “Cuando las mujeres usan sus propios cuerpos en su trabajo  artístico, ellas están usándose a sí mismas, un factor significante psicológico  convierte estos cuerpos o rostros desde objeto a sujeto” (Lippard, 1976: 124).  </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Desde que se dio a conocer la frase lo personal es político, tomada del título  de un artículo de Carol Hanisch, a fines de los años 60, en el campo del arte el  universo de lo femenino ingresó como un problema de amplio espectro que asumió  transformaciones en las formas, en las estrategias discursivas o modalidades, y  en los objetivos artísticos, para influir en cambios sociales específicos (como  activismo) y/o para&nbsp; incidir en el propio sistema del arte. Esta nueva  perspectiva, signada por el término “feminismo”, puede entenderse como crítica a  la cultura en cuanto potencial analítico de la construcción de identidades en  tiempos marcados por la muerte de los grandes relatos que han consolidado los  procesos sociales, económicos, políticos de la modernidad y que ha puesto en  entredicho la noción de ideología, hasta llegar a ignorarla. Hoy en día la  trayectoria del feminismo nos ha heredado una “mirada advertida” que contribuye  a reinterpretar la realidad, incluyendo el campo del arte, y ofrece perspectivas  liberadoras para redimensionar los roles sociales, incluyendo redefiniciones en  el campo teórico, como ocurre con la noción de lo ideológico.<sup>1</sup> </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Es necesario  entonces definir diferencias entre una estética “femenina” y una estética  “feminista”. La teórica latinoamericana Nelly Richard burla la teoría  psicoanalítica –que concibe la femineidad como una falta porque nunca se alcanza  completamente– y valora positivamente el carácter marginal de lo femenino en su  capacidad de asumir fácilmente posiciones límites, sobre todo cuando debe  enfrentarse a las tensiones que le imponen los discursos dominantes. En el  capítulo “Estéticas y políticas del signo” de su libro Masculino/femenino, Nelly  Richard plantea la diferencia entre estética femenina y estética feminista:  </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">“La  definición de «estética femenina» suele connotar un arte que expresa a la mujer  tomada como dato natural (esencial) y no como categoría simbólico-discursiva,  formada y deformada por los sistemas de representación cultural. Arte femenino  sería el arte representativo de una femineidad universal o de una esencia de lo  femenino que ilustre el universo de valores y sentidos (sensibilidad,  corporalidad, afectividad, etc.) que el reparto masculino-femenino le ha  reservado tradicionalmente a la mujer. Sería aquel arte para el cual lo femenino es el rasgo de distintividad-complementariedad  que alterna con lo masculino, sin poner en cuestión la filosofía de la identidad  que norma la desigualdad de la relación mujer (naturaleza)/ hombre (cultura,  historia, sociedad) sancionada por la ideología sexual dominante. En cambio, la  «estética feminista» sería aquella otra estética que postula a la mujer como  signo envuelto en una cadena de opresiones y represiones patriarcales que debe  ser rota mediante la toma de conciencia de cómo se ejerce y se combate la  superioridad masculina. Arte feminista sería el arte que busca corregir las  imágenes estereotipadas de lo femenino que lo masculino-hegemónico ha ido  rebajando y castigando. Un arte motivado, en sus contenidos y formas, por una  crítica a la ideología sexual dominante. Y más complejamente: un arte que  interfiere la cultura visual desde el punto de vista de cómo los códigos de  identidad y poder estructuran la representación de la diferencia sexual en  beneficio de la masculinidad hegemónica.” (Richard, 1993: 47). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">1</font></sup><font size="2"> El marxismo relacionó la ideología con el surgimiento de las  clases sociales y su consabida división social del trabajo, sin tomar en cuenta  que previamente a las diferencias de clase, ya existía la división sexual del  trabajo que permitió la emergencia e instauración del sexismo que identificó con  el signo de lo femenino al mundo doméstico mientras el espacio de lo público y  lo productivo quedó identificado con el signo de lo masculino. Por ello, la  perspectiva feminista permite ampliar algunas definiciones sobre las relaciones  de producción: “La ideología es, en cuanto a lo que se ha llamado la estructura  interna, un conjunto de opiniones sobre el mundo. No se puede considerar un  cuerpo de ideas y de pensamientos bien estructurados ya que está integrada por  prejuicios más que por juicios racionales; las opiniones se expresan con base en  una jerarquía de valores que se ha ido modificando parcialmente a lo largo de la  historia de acuerdo con las necesidades de la clase o el grupo social dominante  que la escoge. Estas opiniones valorativas tienen como función condicionar o  determinar ciertas actitudes, costumbres, hábitos, en suma, algunos objetivos de  la acción en sociedad. Además, contribuye fuertemente al proceso de enajenación  y crea una hegemonía y un consenso social” Cfr. Bartra, 2003: 24. </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">También Richard advierte el peligro que  encierra lo “neutro” como enmascaramiento luego de haber reconocido que el poder  se entrama en las categorías diferenciadoras del género sexual: «decir que el  lenguaje y la escritura son in/diferentes a la diferencia genérico-sexual  refuerza el poder establecido al seguir encubriendo las técnicas mediante las  cuales la masculinidad hegemónica disfraza con lo neutro -lo im/personalsu manía  de personalizar lo universal» (Richard, 1993:34). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Eli Bartra también distingue  la diferencia entre un arte femenino y un arte feminista. El primero glorifica  la condición subalterna sin cuestionar el sistema, mientras el arte feminista  enfrenta la ideología dominante, ya sea de manera voluntaria o involuntaria,  para describir o impugnar la opresión de las mujeres: </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">“El arte feminista es el  que representa una lucha, una rebeldía (voluntaria o involuntaria) en contra de  la condición subalterna de las mujeres. Y es muy importante volver a señalar que  el arte feminista tiene un contenido político específico, pero que todo arte  tiene un contenido político e ideológico, la única cuestión es que varía la  política de que se trata” (Bartra, 2003: 66). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Para Bartra es importante otorgarle a la negación  un sentido dinámico y renovador, para así evitar la posibilidad de reafirmar el  sistema de exclusión que ha dejado fuera a las mujeres de la toma de decisiones  que ha cambiado el destino de la humanidad: “el hecho de decir no, ayudará a  destruir viejos mitos que impiden la construcción del sí, la construcción de la  nueva identidad femenina” (Bartra, 2003: 67). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">El arte feminista como propuesta  plural </font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Si se quiere caracterizar el arte feminista emergente en los años 70,  habría que reconocer su pluralismo y consciente alejamiento de las modalidades  tradicionales como la pintura y la escultura, pues fueron consideradas códigos  hegemónicos del modernismo, y se privilegió el arte procesual caracterizado por  el video, el performance y las instalaciones. Como parte del cuestionamiento a  la historia del arte, emergió un paulatino interés por géneros menores como la  autobiografía, el testimonio y las crónicas. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Retrospectivamente se puede  plantear que el arte feminista ha contribuido a recuperar formas expresivas  periféricas y, a la vez, ha advertido sobre la no neutralidad del lenguaje y del  arte, apuntando sus marcas de género, etnicidad, sexualidad y clase social.  Cuestionó la noción de individualidad y genialidad artísticas para propiciar las  experiencias colectivas y valoró lo personal como político en contraposición a  la supuesta existencia del arte como expresión universal y neutra. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Vemos su  herencia en la constante referencia al cuerpo como signo para repensar la  relación entre objeto y sujeto. Esta actitud responde a un deseo de constante  desafío a los cánones establecidos en el orden social y artístico, lo cual ha  propiciado una densidad semántica que estimula una ambigüedad referencial  sustentada en la rebeldía a suscribirse a modelos previamente fijados. Muchas de  estas experiencias realizadas a lo largo de los años 80 y 90 del siglo XX, han  contribuido a disolver los límites entre los géneros, visible sobre todo en las  combinatorias entre desnudo, retrato y autorretrato, así como en las mezclas de  modalidades técnicas.</font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;Frente a los gestos provocadores del feminismo de los años  70, las artistas contemporáneas se interesan sobre todo por las articulaciones  del lenguaje, alejándose del performance para manifestar preocupaciones por los  sistemas de poder en un amplio sentido, desde la crítica a la obra de arte como  “monumento” hasta los aparatos ideológicos representados por la exacerbación de  la tecnología. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">A fines del siglo XX y principios del XXI,  el panorama se muestra más complejo porque se han activado las reflexiones de  algunas latinoamericanas junto a figuras de países asiáticos y africanos, que  incorporan problemas relativos a las relaciones territoriales y económicas  asimétricas con el mundo occidental. A diferencia del interés por rescatar la  participación de las mujeres en la historia del arte que manifestaba la primera  generación de artistas feministas, sus sucesoras se centran más en la revisión  de prácticas patriarcales en un sentido amplio y se distancian un poco del  análisis del rol de las mujeres. En general, desde un sentido crítico, y a veces  sin proponérselo de manera explícita, estas artistas han privilegiado el  carácter comunicacional de la expresión artística porque la creación ha sido  para ellas una forma de conocimiento y reconocimiento del lugar que ellas ocupan  en el mundo. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">Reinterpretación de lo femenino (feminista o no-androcéntrico) como  rebeldía o desafío, o el margen como lugar de transformación </font></b></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Para algunas  teóricas, lo femenino, como postura consciente de su condición “marginal”,  representa una actitud de rebeldía o desobediencia que cuestiona los estatutos  hegemónicos de la cultura: “Un texto femenino no puede no ser más que  subversivo: si se escribe, es trastornando, volcánica, la antigua costra  inmobiliaria. Es incesante desplazamiento. Es necesario que la mujer se escriba  porque es la invención de una escritura nueva, insurrecta lo que, cuando llegue  el momento de su liberación, le permitirá llevar a cabo las rupturas y las  transformaciones indispensables en su historia” (Cixous, 1995: 61). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Aunque Nelly  Richard redimensiona el término femenino para asignar a toda escritura que asume  la posición transgresora de esa pulsión asociada con lo minoritario y marginal,  y le otorga una subalteridad crítica como categoría discursiva, creo que  femenino no es el término más adecuado para abarcar a los sujetos marginados del  centro de la cultura. Continuar empleando el vocablo femenino para caracterizar  estrategias desconstructivas resulta arriesgado, porque aún se lo reconoce como  signo discriminatorio en el imaginario social, y esto puede oscurecer su  orientación subversiva. Por su claridad conceptual, tal vez sea más oportuno  recurrir a la noción de no-androcentrismo, acuñada por Amparo Moreno, que  caracterizaría el rechazo al androcentrismo<sup>2</sup>, presentándose como una perspectiva  más abarcadora y pertinente. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">2</font></sup><font size="2"> Amparo Moreno describe la existencia de un  arquetipo viril que, en su calidad de construcción ideológica, ha permitido  articular el poder con el saber para privilegiar un modelo sobre el cual se ha  ordenado jerárquicamente la cultura, propiciando un sistema androcéntrico. El  arquetipo viril protagonista de la historia,&nbsp; es un sujeto masculino  -considerado ser humano superior- y que no representa a cualquier hombre: «Se  trata de un hombre adulto de raza blanca, miembro de la cristiandad europea  occidental, que se dota de instrumentos de poder y de saber para practicar una  constante expansión territorial a costa de otros seres humanos, mujeres y  hombres, hacia una -’civilización universal’- (Moreno, 1986: 98).</font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Aspirar la configuración de una  perspectiva no-androcéntrica no es sólo valorar los discursos negados, y entre  ellos la voz femenina, es también acceder a una manera distinta de apreciar la  existencia. Esta ampliación del género puede contribuir a la superación de las  determinaciones biológicas y las diferenciaciones simbólicas con el fin de  estimular los intercambios sígnicos según las exigencias que enfrenten. En este  sentido, la crítica feminista resulta importante en la medida en que actúa desde  una perspectiva desconstructiva frente a la elaboración y análisis de la  cultura, revelando (desde una conciencia sexuada por desplazamiento) las  contradicciones del sistema logocéntrico, sobre todo su tendencia  discriminatoria visible en la configuración centralista de los modelos de las  disciplinas. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">Ampliar la noción de género: una cuestión de mirada  </font></b></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Ampliar la  noción de género implica reconocer que la diferencia está marcada por una  perspectiva particular y en este sentido, Diamela Eltit, escritora chilena,  coincide con Nelly Richard en la necesidad de ir más allá de la sexualidad del  autor para observar cómo se aborda la discursividad, y señala: </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">«Parece necesario  acudir al concepto de nombrar como lo femenino aquello que desde los bordes del  poder central busque producir una modificación en el tramado monolítico del  quehacer literario<sup>3</sup>, más allá que sus cultores sean hombres o mujeres generando  creativamente sentidos transformadores del universo simbólico establecido» (Eltit  en Richard, 1993: 36). El género es cuestión de lugar de enunciación: </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">“Diría que la  escritura no es sexuada, es un instrumento social. Lo importante es el cuerpo de  escritura que tú construyes; el problema no está en los cuerpos biológicos sino  en las zonas de la escritura (...) Una mujer escritora puede integrarse  perfectamente a los códigos dominantes en el sentido de situarse más en lo  masculino. En cambio hay escritores hombres que han hecho trabajos muy  refractarios a lo social. De esta manera estaríamos dentro o fuera de lo  femenino de acuerdo al hecho de que la escritura se revele como un cuerpo que  tiene o carece de rasgos de  sumisión<sup>4</sup>; y en esos rasgos de sumisión pueden caer perfectamente las mujeres” (Eltit  en Burgos y Fenwick, 1994: 354-355).</font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;<sup>3</sup> Las cursivas son nuestras. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">4 Las cursivas  son nuestras.</font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;Tradicionalmente el campo representacional  del arte se ha constituido sobre relaciones asimétricas, pues se ha estructurado  según un sujeto que mira (generalmente varón) y un objeto que es mirado  (mayormente el cuerpo femenino) y así lo demuestra la historia del desnudo  femenino con innumerables propuestas que convierten a las mujeres en  “espectáculo”. Hoy en día las mujeres (y también algunos hombres) reflexionan  sobre la “mirada” y crean otras perspectivas que burlan la tradicional creación  de estereotipos desde una posición “centrada” para privilegiar otros rasgos. Al  respecto Patricia Mayayo aclara: “Analizar críticamente las representaciones del  cuerpo femenino no consiste solamente en evaluar qué es lo que aparece  representado, sino quién lo mira y en qué contexto, en preguntarse, en último  término, dónde reside el poder de la mirada” (Mayayo, 2003: 182). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">Estrategias de  la discursividad feminista </font></b></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Los procesos de despojamiento que experimentan las  imágenes o la escritura podrían inscribirse en lo que Nelly Richard denomina  como desrepresentación porque desenmascara ideológicamente al signo en su  apariencia “natural” y lo evidencia como modelación cultural. La  desrepresentación apunta hacia el registro de múltiples referencialidades que no  pueden asumir una forma única debido a su capacidad constante de transformación,  como un cuerpo sometido a constantes tensiones. Esta actitud desconstructiva  cuestiona la tradición artística con su supuesto naturalismo representacional,  incluyendo la expresividad de los contenidos, las convenciones de género y el  mito del autor. Pero también es asumida como estrategia política pues se pueden  poner en tela de juicio otras dimensiones, como la idea de estado-nación (con  sus figuras de ciudadanía, identidad nacional, identidad territorial), así como  otras representaciones –el bien enfrentado al mal, lo sano enfrentado a lo  enfermo, la evolución enfrentada al atraso– que se conciben desde parámetros  bipolares y se imponen desde los discursos oficiales para ordenar y jerarquizar  lo social. En estas reflexiones que se deslizan desde las dimensiones más  amplias hasta llegar a lo individual se incluyen las instituciones como el  hospital psiquiátrico, la prisión, la escuela, el museo y la familia. La  realidad muestra que el modelo “ejemplarizante” es imposible de&nbsp;&nbsp; alcanzar porque las diferencias y desigualdades sociales  impiden la articulación de procesos de identificación homogéneos. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">Crítica al  canon </font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Entre las estrategias desconstructivas del feminismo encontramos  reflexiones sobre el proceso escritural o de producción de representaciones  visuales desde perspectivas que podríamos llamar “marginales” con respecto al  canon, que en la literatura rechaza la estructura de la novela tradicional y su  rol social vinculado a fundar una visión de mundo, y en las artes visuales,  cuestiona los géneros y sus estatutos jerarquizantes (lo heroico frente a lo  nimio y doméstico). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Según Raymond Williams, el canon –literario o artístico– se  asocia a un saber instituido que es capaz de privilegiar ciertos rasgos por  sobre otros y, por ello, forma parte de la llamada tradición<sup>5</sup> que: «constituye  un aspecto de la organización social y cultural contemporánea del interés de la  dominación de una clase específica. Es una versión del pasado que se pretende  conectar con el presente y ratificar. En la práctica, lo que ofrece la tradición  es un sentido de predispuesta continuidad» (Williams, 1980: 138). También  existen operaciones relativas a la tradición que se afirman por algunos grupos  menos privilegiados, pero el más activo es el aspecto hegemónico en cuanto  obliga a realizar una selección y conectarla con un orden cultural  contemporáneo. El canon literario está expuesto a esas tensiones producidas en  el seno del sistema cultural. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Pero ¿cómo se cuestiona el canon? Rescatando  elementos de la periferia, ya sea en palabras e imágenes, representaciones o  imágenes simbólicas de tradiciones no hegemónicas (como la tradición oral),  hibridaciones, con voces de sujetos también pertenecientes a la periferia que  ponen en duda los modelos del “héroe” tradicional, con el objetivo de  desenmascarar los estatutos epistemológicos con los cuales se organiza y  jerarquiza el saber. En general, las estrategias discursivas apuntan a procesos  abiertos y fluidos que no presentan soluciones definidas (representaciones  móviles, ambiguas, que se tornan polisémicas). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Cuando un o una artista se burla  de los fetiches clásicos ¿no se estaría revirtiendo el supuesto poder de ese  “objeto sustitutivo” por una nueva puesta en escena de un sujeto que se siente  con derecho a autorrepresentarse a través de otros códigos? (no olvidemos que para Freud el fetichismo en la mujer funciona como una  manera de aplacar el miedo a la castración imaginaria de un supuesto pene  perdido). Para el psicoanálisis la condición femenina está marcada por la falta  ya que la diferencia sexual se centra en la posesión del falo (el miedo a la  castración en el niño es el temor a perderlo y la envidia al pene es la actitud  de la niña). Pero algunas teóricas feministas han asumido esa supuesta condición  de “falta” en un posicionamiento discursivo de poder contrahegemónico,  transformando la condición de “objeto de goce” por “sujeto de goce”. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">5</font></sup><font size="2"> Junto a las  instituciones, formaciones y otros procesos variables configura el paisaje de la  cultura. </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Entre estas  posturas más innovadoras, se puede citar la reflexión de la puertorriqueña  Magali García Ramis quien en su ensayo No queremos a la Virgen, cuestiona el  modelo femenino que la práctica del catolicismo promueve con el culto mariano y  plantea: “El mito suave y cerrado, más allá de toda duda, que erigieron como  modelo para todas las mujeres del mundo, descansa en la feliz solución de tener  una mujer perfecta porque cumple con los dos requisitos que para el hombre son  importantes: no haber tenido placer sexual antes de conocer a su señor, y  cumplir con el rol de reproductora que es el que le toca por naturaleza” (García  Ramis, 1993: 66). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Los aportes del feminismo también han permitido reconocer la  acción que el sexismo<sup>6</sup> ha ejercido sobre la creación de la “Historia del arte”<sup>7</sup>,  escrita desde una mirada patriarcal que ha ignorado la producción de las  mujeres. A pesar de este reconocimiento, hay quienes creen que hoy en día no  resulta oportuno orientarse solamente a un rescate de las obras realizadas por  mujeres sin tener conciencia de cómo se ha ejercido esta diferenciación. Es  decir, reproducir la lista cronológica de artistas y estilos incluyendo los  nombres de las mujeres omitidas sin reconocer su diferencia discursiva,  repetiría la errónea idea del arte como una dimensión supuestamente “neutra”,  separada de la condición personal de su creador o creadora. Revisar la historia  del arte desde una perspectiva feminista, según Eli Bartra, significa el estudio  y la comprensión de la historia del arte en general tomando en cuenta la  creación femenina desde una perspectiva múltiple, que incluya el contexto  socioeconómico e histórico, el estado psíquico o emocional, la forma de  expresión y lo que es expresado. (Bartra, 2003: 56-57) “Hay que reinterpretar la  historia, no simplemente revisarla para rescatar y resaltar la  participación femenina. Reinterpretar la historia significa escribirla con una  visión distinta; significa que los mismos hechos son explicados a partir del  reconocimiento de la opresión de las mujeres y de su subalternidad” (Bartra,  2003: 63). A esta solicitud de Bartra le añadiría el abordaje de la creación  realizada por otros sujetos que también han sido marginados por la visión  eurocéntrica de la historia del arte, cuyas discursividades también expresan los  signos de esa opresión de la que han sido víctimas las mujeres. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">6</font></sup><font size="2"> «SEXISMO: mecanismo por el  que se concede privilegio a un sexo en detrimento del otro. La persona que lo  utiliza es «sexista» (Moreno, 1986: 22). </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">7</font></sup><font size="2"> “Entiéndase al discurso histórico  tradicional masculino-occidental” (Bartra 2003: 52-53). </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">En la medida en  que se traman nuevos problemas a la perspectiva de género, parece necesario  ampliar las categorías y por ello, resulta pertinente identificar estas  propuestas como representaciones de las diferencias o políticas de  representación8, entendiéndolas como modos de articular sentidos a la imagen  visual, que desde una postura noandrocéntrica, desconstruyen, reinterpretan,  reinventan, reproducen o afirman sentidos en las imágenes visuales hegemónicas,  en algunos casos desde una primera persona imaginaria que brinda un tono  autobiográfico como lugar de enunciación “ambiguo” pero políticamente  comprometido al autoconocimiento como sujeto individual y social. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><font size="2">Niveles de discursividad en las políticas de representación</font><sup><font size="2">9 </font></sup></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Estas políticas de  representación asumen dos posturas que no se contradicen entre sí y pueden  incluso ser complementarias: A) la valoración de lo femenino<b> </b>como una verdad  otra (una dimensión más integradora) y B) una crítica a lo femenino como visión  estereotipada como construcción simbólica subordinada (que incluye al modelo de  lo masculino). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">8</font></sup><font size="2"> Cfr. Hernández, 2003: 50.  </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><sup><font size="2">9</font></sup><font size="2"> Estas categorizaciones fueron  planteadas en el texto de la exposición “Desde el cuerpo: alegorías de lo  femenino”, presentada en 1998 en el Museo de Bellas Artes de Caracas. El texto  completo todavía no ha sido publicado. </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><b><font size="2">A) La valoración positiva de lo femenino</font></b><font size="2"> trama el deseo de  subvertir las relaciones de poder en nuestra cultura a partir de dos posturas,  como: </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">1. el rescate de  valores relativos a un orden matriarcal, vinculados con una posición más plural  en la configuración de los roles sociales, o como una actitud que aspira crear  una unión armónica sin la existencia de las tradicionales polaridades; </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;2. la apreciación de  códigos femeninos (marginales en general) que subvierten el orden del lenguaje,  incluyendo el estético, para estimular nuevas posibilidades expresivas capaces  de incluir las voces negadas por la cultura (lenguaje periférico). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana"><b><font size="2">B) La crítica  a los discursos modeladores de lo femenino </font></b><font size="2">como categoría subordinada por el  diseño de estereotipos. Esta postura de distanciamiento y resistencia al modelo  convencional de lo femenino, apunta hacia: </font></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">3. el cuestionamiento de las  disciplinas como sistemas organizadores de desigualdades discriminatorias, o  </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">4.  la ruptura de las representaciones tradicionales de lo femenino (y de lo  masculino) en los cuales queda en evidencia la disolución de las fronteras entre  lo público y lo privado. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Ninguna de estas opciones niega u omite a las otras y  en ciertos casos, se cruzan. Por ello, es común la referencia autobiográfica  como recurso para introducir las interconexiones entre las esferas de lo público  y lo privado, privilegiando la experiencia personal como vía alterna frente a la  noción de sujeto estable y trascendente.</font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Al asumir las políticas de  representación como estrategia discursiva sustentada en un tejido ético que  permite reconocer las diferencias, se pueden incorporar los trabajos de artistas  masculinos que cuestionan los estereotipos sexuales, sociales y de belleza  corporal, o que cuestionan los estereotipos del exotismo o que “occidentalizan”  irónicamente las representaciones vinculadas al orientalismo. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Eli Bartra aboga  por una teoría política feminista que se ocupe de la transformación de las  relaciones humanas “aquí y ahora” y no en un futuro lejano que a lo mejor nunca  llegará, que luche por una sociedad democrática y no sexista. Y aclara: “Y es  aquí en donde quiero dejar claro que el feminismo no es una corriente socialista  que se ocupa únicamente de «cosas de mujeres» como suele decirse, que sólo se  dedica a conocer la opresión y/o la explotación femenina, sino que a partir de  la opresión femenina, a partir de una situación concreta de grupo subalterno se  construye una visión de mundo, se desarrolla una metodología y una teoría para  llevar a cabo una práctica transformadora de toda relación de poder opresiva y  explotadora” (Bartra, 2003: 17). </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">Hoy en día presenciamos que la herencia del  feminismo ha permitido reconocer que las diferencias sexuales, étnicas,  sociales, de clase, de edad, sobre las cuales se ha jerarquizado lo social,  obedecen a acuerdos previamente fijados sobre un modelo androcéntrico y  excluyente porque se impone como lugar de privilegio para unos pocos sujetos. La  estética feminista ha contribuido y continuará contribuyendo a desmontar la  economía del deseo que condena a amplios sectores sociales al sometimiento de un  orden que no los identifica, y a la vez, ha advertido que lo político y lo  ideológico forman parte de los horizontes de la nuestra cotidianidad.</font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b><font size="2" face="Verdana">&nbsp;Bibliografía: </font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">1. Cixous, Hélène (1995). La risa de la medusa. Ensayos sobre la  escritura, Barcelona, Editorial Anthropos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806215&pid=S1316-3701200600020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">2. Bartra, Eli (2003). Frida Kahlo.  Mujer, ideología y arte, Barcelona, Icaria editorial, Tercera edición. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806216&pid=S1316-3701200600020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">3. Burgos,  Fernando y M.J. Fenwick (1994). “L. Iluminada en sus ficciones: Conversación con  Diamela Eltit”, Inti, Revista de Literatura Hispánica, Cranston, vol. 40-41, pp.  335-366. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806217&pid=S1316-3701200600020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">4. García Ramis, Magali (1993). No queremos a la Virgen, Río Piedras,  Puerto Rico, Ed. Vega, Ana Lydia. El tramo ancla: Ensayos puertorriqueños de  hoy, Editorial Universidad de Puerto Rico. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806218&pid=S1316-3701200600020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">5. Hernández, Carmen (2003).  “Representando las diferencias. Fotografía y feminismo en el cruce de siglos”,  Revista Extracámara. Revista de fotografía, N° 20, Caracas, CONAC,&nbsp; enero de  2003, pp. 49-55. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806219&pid=S1316-3701200600020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">6. Lippard, Lucy (1976). From The Center: Feminist Essays of  Women’s Art, NY, Dutton </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806220&pid=S1316-3701200600020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">7. Mayayo, Patricia (2003). Historia de mujeres, historias  del arte, Madrid, Ediciones Cátedra. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806221&pid=S1316-3701200600020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">8. Moreno, Amparo (1986). El arquetipo viril  protagonista de la historia, Madrid, Cuadernos inacabados, La sal ediciones de  las dones. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806222&pid=S1316-3701200600020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">9. Richard, Nelly (1993): Masculino-femenino. Prácticas de la diferencia  y cultura democrática, Santiago de Chile: Francisco Zegers Editor. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806223&pid=S1316-3701200600020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%"><font size="2" face="Verdana">10. Williams,  Raymond (1980): Marxismo y literatura, Barcelona, Editorial Península, 1ª  edición en inglés 1977. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2806224&pid=S1316-3701200600020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>       ]]></body>
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