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</front><body><![CDATA[ <p align="center" style="line-height: 150%"><b><font face="Verdana">LA PUTA NO  TIENE CLIENTE, TIENE PROSTITUYENTES </font></b></p>     <p align="center" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2">Alba  Carosio </font></p>     <p align="center" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2"> Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela. </font></p>     <p align="center" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2">Sobre  Galindo, María y Sánchez, Sonia (2007) “Ninguna mujer nace para puta” Buenos  Aires: Lavaca Editora </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2">El  texto es un grito de rebeldía de un feminismo callejero, nacido en la  marginalidad, interpela la maquinaria político-social de poder y exclusión que  ignora a la puta y así se llaman, en contra del maquillaje de corrección y  ocultamiento del dolor real que se esconde en el concepto de “trabajadora  sexual”. Hace más de diez años que circula en Latinoamérica el discurso del  “trabajo sexual” y, sin embargo, no se acceden a beneficios por esta vía. Lo  único que se ha conseguido es repartir condones y, en algunos casos, cajas de  alimentos. Se postula el concepto de “mujeres en situación de prostitución”,  porque la prostitución es violencia, no es trabajo, es violencia psíquica y  física. Se preguntan las autoras “¿ser torturada es un trabajo? ¿Ser humillada  es un trabajo? ¿Ser prostituida por el hambre es un trabajo?” El discurso  oficial del trabajo sexual favorece al explotador (fiolo, cafisho, rufián,  proxeneta, macró), que pasa a ser un empresario del sexo, mientras se refuerzan  los guetos en donde están condenadas a permanecer las mujeres prostituidas. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2">A lo  largo del texto se desenmascaran las condenas de las prostituidas. Condena a la  soledad de lo invisible: nadie ve ni reconoce a la puta como suya, nadie la  reclama ni en la vida ni en la muerte, aunque hay sociedades, grupos y personas  que se sostienen económicamente de ella y su silencio. Condena a la mudez,  reforzada por la violencia, en muchos casos física directa y en todos  psicológica, reducida a objeto de los proxenetas, policías y prostituyentes.  “Todas las condiciones del uso las pone el prostituyente, no tú.” (2007, 57).  Condena a estados proxenetas, que utilizan la salud y el cuerpo de las  prostituidas para mutilarlas reduciéndolas a una vagina, que sirve a la lucha  contra el sida; estado que las transforma en trabajadoras gratuitas de  prevención. </font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2">Sonia  y María denuncian también la condena a los parásitos de la prostitución, que  incluyen al sindicalismo, el oenegismo, las iglesias, los organismos de derechos  humanos, el ejército de expertos psiquiatras, sexólogos y los partidos  políticos. Todos tienen función de tutelaje y, sin perder la visión de  “clientes”, expropian la lucha a las prostituidas. Y la más fuerte de todas las  condenas: el mito del príncipe azul que instala el poder en el enamoramiento  varón-mujer.</font></p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><font face="Verdana" size="2">El  consumo de la prostitución es una relación prostituyente-prostituta que tiene el  poder, además, de dibujar la relación varón-mujer en una determinada sociedad,  es una relación de dominación que se ejerce en el cuarto-cárcel. No hay decisión  en ser prostituida, por ejemplo, en el País Vasco, donde hay un nivel de vida  muy alto, el 99% de las mujeres en situación de prostitución son del sur del  mundo, son las mujeres migrantes, esto indica cuál es la realidad. Forzadas por  el hambre y la ignorancia, que es lo que las deja sin opción.</font></p>       ]]></body>

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