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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This brief discussion is intended to highlight the importance of analyzing gender violence in the frame of the symbolic and cultural violence, where are legitimated some practices within a patriarchal and capitalist system, which is evident in physical violence, that becomes more visible, while the one that holds the production and reproduction of the latter, is usually invisible in the critical discourse and analysis, and even in the feminist practices. It shall be bracing to go look those invisible threads that naturalize and legitimize violence, embodying its cultural expression in language, cultural images, identity and gendered bodies.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p style="text-autospace: none" align="center"><font face="Verdana"><b>Rostros  visibles de la violencia invisible. Violencia simbólica que sostiene el  patriarcado</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="center"><font face="Verdana" size="2"><b> Jessie Blanco</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> psicóloga/socióloga <a style="color: blue; text-decoration: underline; text-underline: single" href="mailto:REVISTAMATEA@GMAIL.COM"> <span lang="ES">revistamatea@gmail.com</span></a><span lang="EN-US"> </span> Venezuela</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>RESUMEN</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Esta breve reflexión pretende destacar la importancia de llevar el análisis de  la violencia de género hacia el marco de la violencia simbólica y cultural,  donde se legitiman prácticas, dentro de un sistema patriarcal y capitalista que  se evidencia en la violencia física, la cual termina siendo la violencia más  visibilizada, mientras que aquella que sostiene la producción y reproducción de  esta última, suele invisibilizarse en los análisis y discursos críticos y en las  mismas prácticas feministas. Se trata de ir apuntalando la mirada hacia esos  hilos invisibles, que naturalizan y legitiman la violencia cultural y encarnan  su expresión en el lenguaje, las representaciones culturales, la identidad y los  cuerpos sexuados.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>PALABRAS CLAVES: </b>Violencia simbólica, violencia de género, lenguaje.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>ABSTRACT</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> This brief discussion is intended to highlight the importance of analyzing  gender violence in the frame of the symbolic and cultural violence, where are  legitimated some practices within a patriarchal and capitalist system, which is  evident in physical violence, that becomes more visible, while the one that  holds the production and reproduction of the latter, is usually invisible in the  critical discourse and analysis, and even in the feminist practices. It shall be  bracing to go look those invisible threads that naturalize and legitimize  violence, embodying its cultural expression in language, cultural images,  identity and gendered bodies.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>KEYWORDS:</b> symbolic violence, gender violence, language.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Fecha de recepción de artículo:  23 febrero 2008 Fecha de aceptación de artículo: 23 febrero 2009</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando oímos hablar de  violencia de género, la primera imagen que nos suele venir a la cabeza, es el  rostro de una mujer generalmente blanca con el ojo morado producto de un  puñetazo. Como bien señala Marta Velasco: “es la representación de una violencia  física ejercida directamente sobre el cuerpo de una mujer que suponemos blanca y  de clase media. Un cuerpo femenino que es golpeado, perforado, violado,  asesinado… Es esta violencia física lo que es objeto de denuncias y la que se  intenta erradicar mediante unas leyes que nunca son eficientes, pero, ¿Qué es lo  que produce este tipo de violencia física directa?, ¿qué es lo que la hace  posible? ¿Qué es lo que la permite? ¿No será que debemos pensar en un tipo de  violencia mucho más complejo y sutil?” (2007:4).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estas interrogantes que se hace  la autora revelan como la violencia basada en el sexo, o llamada violencia de  género, no se reduce a la violencia física, a pesar de que es ésta la  representación última que impera como imagen dominante.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A nuestro modo de ver, toda  violencia de género es violencia simbólica en tanto implica relaciones de poder  desiguales histórica y culturalmente establecidas entre hombres y mujeres.  Tienen su origen en pautas culturales, prácticas, estereotipos y  representaciones que construyen los cuerpos de una manera determinada,  inscribiendo en ellos unas significaciones culturales y sociales; es decir, “una  construcción del cuerpo como realidad sexuada y como depositario de principios  de visión y división sexuantes.” (Bourdieu, Pierre, 2000:22). Esta construcción  social del cuerpo por la cual atraviesa todo ejercicio de dominación simbólica,  se da en una interrelación entre aspectos como la etnia, el sexo, la lengua y la  religión.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El estatuto de víctima que se  les otorga a las mujeres agredidas, sostiene una lógica que perpetúa la  dominación simbólica patriarcal y que nosotras reproducimos creyendo que con  sólo visibilizarla, estamos combatiéndola. Es más fácil ejercer políticas  públicas para víctimas que para mujeres sujetas plenas de derechos. No es casual  que el centro de la agenda de lucha de las mujeres sea la de combatir la  violencia, generalmente física, que encuentra su expresión radical en los  feminicidios, invisibilizando la violencia simbólica, la cultural y la  estructural que la sostiene. Esta mirada con la que nos acercamos al problema se  encuentra, a su vez, permeada por categorías de análisis de una lógica  discursiva que forma parte del ajedrez que se quiere trascender.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Frente a los casos de violencia  física o material existe un agresor que se puede identificar, apresar en el  mejor de los casos, y cuya corporalidad, a veces, da sensación de avance o de  estar erradicando la violencia hacia las mujeres, una vez se supere la  impunidad. Pero en el caso de la violencia simbólica, es la cultura el sujeto  enunciador de la violencia, que no encuentra materialidad alguna en su  desarrollo y en su invisibilidad y justamente, sostiene su función ideológica de  dominación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Existe una violencia más sutil  y perversa que se sostiene en el lenguaje y en las representaciones culturales  que, al naturalizarse e invisibilizarse, dan garantía de éxito en tanto no se  cuestiona lo que no se puede ver. Es la imposibilidad misma de ser identificada  la que sostiene su función ideológica y poder simbólico.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En palabras de Inés Alberdi y  Natalia Mata, en el Informe sobre los malos tratos de las mujeres es España: “la  violencia simbólica es la que asegura la dominación y la que justifica y  legitima la violencia estructural y la violencia directa.” (En Reveter, S,  2003:46).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La violencia simbólica,  definida en nuestra actual Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una  Vida Libre de Violencia, se entiende como aquéllos “mensajes, valores, iconos,  signos que transmiten y reproducen relaciones de dominación, desigualdad y  discriminación en las relaciones sociales que se establecen entre las personas y  naturalizan la subordinación de la mujer en la sociedad.” (2006:23).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para Pierre Bourdieu, “La  violencia simbólica se instituye a través de la adhesión que el dominado se  siente obligado a conceder al dominador (por consiguiente, a la dominación)  cuando no dispone, para imaginarla o para imaginarse a sí mismo o, mejor dicho,  para imaginar la relación que tiene con él, de otro instrumento de conocimiento  que aquel que comparte con el dominador y que, al no ser más que la forma  asimilada de la relación de dominación, hacen que esa relación parezca natural.”  (2000:51).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Entre los diversos mecanismos  de legitimación e institucionalización de la violencia simbólica y de la  violencia basada en género, se encuentran las representaciones culturales y  sociales de los cuerpos sexuados, el lenguaje, entendido en palabras de Judith  Butler (2004), como agencia, acto prolongado o una representación con efectos,  probablemente en los cuerpos sexuados que encarnan las relaciones de poder entre  los sexos y que se logran expresar en la identidad de género; y los mecanismos  psíquicos del poder, que facilitan la sujeción a los procesos de dominación y la  naturalización de la reproducción de la ideología de dominio.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Veamos, entonces, cómo se  ilustra esta violencia cultural o simbólica en las imágenes de las escenas de la  cotidianidad:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si analizamos nuestra vida  diaria, veremos que los símbolos rodean nuestra cotidianidad. La manera de  comunicarnos es la manifestación más clara de la utilización de estos símbolos,  ya sea verbal, no verbal, escrita o no escrita.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este tipo de violencia nos hace  partir de la base de que, debido a nuestra naturaleza, hombres y mujeres no sólo  somos diferentes, sino que somos desiguales y que los unos dominan sobre las  otras. Es ese el basamento sobre el que estamos construyendo nuestra estructura  social.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando algunas mujeres, para  referirse a su relación de pareja, señalan “que sus maridos le pegan lo normal”,  o cuando se les entrevista y se le pregunta sobre su trabajo y sobre qué hacen y  ellas responden “nada”, si no se encuentran ganando un salario, invisibilizando  así el trabajo dentro del hogar, que al no ser reconocido como productivo, no  existe. De esta manera entra en juego lo que plantea Pierre Bourdieu “las mismas  mujeres aplican a cualquier realidad y, en especial, a las relaciones de poder  en las que están atrapadas, unos esquemas mentales que son el producto de la  asimilación de estas relaciones de poder y que se explican en las posiciones  fundadoras del orden simbólico.”(2000:49).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el aspecto de las imágenes  de mujeres que nos vende el sistema del mundo capitalista-patriarcal: la catira  regional (una mujer sin cabeza) es la mujer deseable, en donde se muestra la  fragmentación del cuerpo, reducido a algunas partes más deseables que otras (las  nalgas y el busto en detrimento del rostro y los pies). La invasión de vallas  publicitarias gigantes, con mujeres de más de cinco metros, que muestran al  mercado femenino una imagen ideal de mujer, que alimente el ideal del yo de las  mujeres y, por lo tanto, del consumo para así perseguir ese ideal inalcanzable.  Una nueva forma de esclavitud y atadura a un mercado que crea falsas necesidades  en base a su poderío simbólico, sostenido en los dispositivos mediáticos y  globales de la comunicación. Un modelo que las mujeres nunca van a alcanzar y en  el cual radica la esclavitud cosmética que sostiene el consumo de dicho ideal y,  a su vez, un modelo de mujer que los hombres nunca podrán “tener”, aunque se la  pongan en sus narices en una valla de 5 metros de altura. Una mujer mientras más  inalcanzable mejor, no sólo como imagen idealizada para el público femenino,  sino para el masculino, que aliena la percepción de su deseo. Mujer-objeto,  hombredeseante, ambos en una lógica dispuesta por el sistema para ser colocados  en lugares determinados, en el juego sexuado de las relaciones de poder. La  mujer objeto de mirada de otro, masculino. El hombre en el lugar del que  especta.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“La dominación masculina tiene  todas las condiciones para su pleno ejercicio. La preeminencia universalmente  reconocida a los hombres se afirma en la objetividad de las estructuras sociales  y de las actividades productivas y reproductivas, y se basa en una división  sexual del trabajo de producción y reproducción biológico y social que confiere  al hombre la mejor parte, así como los esquemas inmanentes a todos los  hábitos”.(Bourdieu, Pierre, 2000:49).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La “hermosa” y tan deseada  catira regional, como imagen que refracta la imagen inicial que representa la  violencia física de la mujer: de un rostro oculto a un rostro maltratado, de una  belleza construida socialmente a un rostro que devela sintomáticamente las  reacciones de dominio, el morado y la herida física, pero ¿dónde quedan las  heridas de la violencia simbólica?, ¿qué cuerpo encarna entonces estas huellas  culturales de la discriminación , del sexismo , de la violencia sin rostro, sin  morado y sin doliente?</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>El cuerpo femenino lugar de  opresión</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Creo que es importante señalar  que no hay otro lugar en el cual las mujeres vivamos las discriminaciones por  razones de sexo, que no sea el CUERPO. Ya lo dijeron otros y otras al señalar  que “todo orden político se produce conjuntamente con un orden corporal.” (Jean-  Marie Brohm, 1975 en Turner, Bryan, 1989:63). En el caso del capitalismo, que  impone una subordinación moral y material en los usos sociales del cuerpo que  favorece la alienación, es claro observar el lugar que ocupan nuestros cuerpos  como producto mercantil, no sólo en el ámbito de lo real, sino sobre todo de lo  simbólico, donde se tejen los hilos invisibles que sostienen y permiten mantener  esa eficacia en la dominación milenaria del sistema patriarcal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este orden de ideas, uno de  los enlaces fundamentales que sostienen estos hilos entre en el sistema  capitalista y patriarcal es el de la sexualidad femenina. Cabe preguntarse ¿por  qué la sexualidad femenina siempre fue tan amenazante para el orden patriarcal,  hasta el punto de ejercerse un férreo control por medio de sus discursos  hegemónicos: el religioso, el médico y el jurídico? Por un lado y por el otro, a  través de la violencia simbólica sexual convertida en bombardeo mediático del  uso del cuerpo y de la imagen de la mujer, no sólo como objeto de consumo,  sexual, sino reforzador del estereotipo que nos hace ver descabezadas  (recordemos la imagen de la catira regional), sin pensamiento y sin rostros,  cuerpos fragmentados, destacando senos y glúteos, libres de pensamientos y sobre  todo de ideas, específicamente de ideologías. Ambos controles, a pesar de  parecer contradictorios, tienen un propósito irrefutable: evitar que las mujeres  retomen el poder sobre sus propios cuerpos, su placer y, a fin de cuentas, su  libertad de elección y posibilidad de transformación social y para quedar  confinadas ya no a la prisión doméstica, sino a la prisión cosmética, que hace  de nuestros cuerpos un nuevo lugar para la opresión. Pero así como lo es para la  opresión también lo puede ser para la resistencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo que antes era la exclusiva  forma de esclavitud femenina: la confinación al lugar de ama de casa y  cuidadoras exclusivas del espacio reproductivo y de los hijos(as), la ética del  cuidado, ahora se desplaza violentamente hacia el cuidado del cuerpo o mejor  dicho se extiende, (porque los roles tradicionales domésticos aún no han sido  superados, ni la división sexual del trabajo dentro y fuera del hogar),  haciéndonos creer, el sistema capitalista, que tenemos el control de nuestros  cuerpos en la medida que somos libres de pintarnos, depilarnos, operarnos y  cambiar quirúrgicamente nuestros cuerpos para la satisfacción plena del deseo  del Otro. Ese gran Otro, con mayúscula que es la Cultura: la cultura patriarcal.  Recreando otra forma de esclavitud que se sostiene en el ideal de mujer que nos  vende y nos impone el sistema del mundo capitalista patriarcal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aspectos sobre nuestra  sexualidad, como lo son el divorcio entre sexualidad y placer, su reducción a la  procreación y al ámbito exclusivamente reproductivo, la subordinación sexual, el  desencuentro con nuestra intimidad, el desconocimiento de nuestras propias  necesidades, la negación del deseo, la simbiosis con el deseo del otro, la  postergación permanente de nuestra propia satisfacción, el desconocimiento de  nuestro cuerpo al tener una relación cosificada con el mismo, producto de la  comparación subjetiva con una imagen estereotipada ideal e impuesta de lo que  debe ser nuestro cuerpo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La violencia de género es, por  tanto, un fenómeno complejo y supone la articulación de toda una serie de  violencias, que irían desde una violencia simbólica que construye los cuerpos  culturalmente tensionándolos, hasta esa violencia física que amenaza a las  mujeres por el mismo hecho de serlo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Paradójicamente, mientras más  paso dan las mujeres hacia el mundo público (hasta no hace mucho, considerado  sólo un espacio para los hombres), más aumentan las cifras de violencia hacia  las mujeres, a pesar de que ésta es considerada un delito, en el caso de  Venezuela, desde 1999, con la Ley sobre la Violencia contra la Mujer y la  Familia, y es que la amenaza que puede significar el ingreso de mujeres en estos  espacios de dominio masculino, tiene un costo que en algún lugar debe ser  cobrado y, generalmente, ese lugar son los cuerpos de las mujeres. Ahí donde el  puñetazo tiene como función mostrar la impotencia, no sólo de los hombres sino  también de una cultura que va perdiendo control y busca formas de reacomodo de  su propio dominio. Las cifras de pérdida de vida de mujeres en manos de sus  cónyuges o ex cónyuges no sólo resultan alarmantes, sino que nos está hablando  de un fenómeno de resistencia y de lucha en las relaciones de poder que se  manifiestan en el microcosmo de los hogares.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En entrevistas que se han hecho  a hombres maltratadores, muchos de ellos aluden al hecho de que les pegan a las  mujeres porque ellas no están cumpliendo con su “deber”, específicamente, el  “deber conyugal” de acostarse con ellos a pesar de desearlos o no, servirles la  comida y brindarles todas las atenciones domésticas, que firman en el contrato  no escrito, pero actuado, de las relaciones de pareja de la cultura patriarcal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si hacemos una lectura  diferente a la de victimizar a las mujeres, podríamos observar que existen  cambios que se están dando y es el hecho de que las mujeres se están rebelando  de formas de relaciones opresivas tradicionales y, aunque todavía esto no se  traduzca en un fenómeno total de liberación, emplaza el hecho de descolocar el  rol tradicional de una masculinidad machista y androcéntrica que responde  violentamente. Por otro lado, el hecho de que las mujeres estén ocupando  espacios en el mundo público no implica automáticamente que los hombres se  empoderen en el mundo doméstico o de lo privado, siendo esta desigualdad la que  hace que la jornada de la mujer se multiplique y sea tan injustamente  cuestionada su salida al mundo público.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pasar de objetos a sujetas,  descodificar las relaciones entre hombres y mujeres, desnaturalizar los espacios  donde se legitima la diferencia como desigualdad, identificar las censuras y  autocensuras de los campos prácticos del saber y de la socialización sexual de  cada uno y de cada una, es tarea aún pendiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Referencias bibliográficas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Asamblea Nacional Nro. 514.  Ley Orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.  Caracas: 26 de noviembre del 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2814993&pid=S1316-3701200900010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Bourdieu, Pierre (2000). La  dominación masculina. Barcelona, Anagrama.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2814994&pid=S1316-3701200900010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Bryan, Turner (1989). El  cuerpo y la sociedad exploraciones en teoría social. México: FCE.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2814995&pid=S1316-3701200900010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Campillo, N (2004). “L„  ambivalencia del sotmetiment. Vioelncia i genere”. L„ Espill. 19: 69-77.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2814996&pid=S1316-3701200900010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Plaza Velasco, Marta (2007).  “Sobre el concepto de violencia de género. Violencia Simbólica, lenguaje y  Representación”. [Articulo en línea] Extravío. Revista electrónica de literatura  comparada No. 2 Universitat de Valencia Disponible en: <a href="http://www.uv.es/extravio">http://www.uv.es/extravio</a> [Fecha de  Consulta: 18/10/08]</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2814997&pid=S1316-3701200900010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Reveter, Bañón, S (2003).  “Reflexions filosofiques sobre la violencia contra les dones”. Asparkia,  Investigacio Feminista. 14: 45-57.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2814998&pid=S1316-3701200900010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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