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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El feminismo y su instrumentalización como fenómeno de mestizaje en nuestra América]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Feminism and intermarriage are instruments of liberation from a dominant culture, as they are elements of disclosure to oppression. In the sixteenth and seventeenth centuries were leading and caciques women who wrote their wills or left a testimony of the teachings for women of their old nations without making any claim to its own condition. Only when emancipatory feminism of anarchists, liberals and socialists of the late nineteenth century was reborn, women in Latin America became aware of their history of discrimination and that this condition could not be ignored if they wanted to deal with a women’s liberation. However, it was just in the 1970s and 1980s when Latin American feminists propelled his release from the roles assigned by the «patriarchal culture», this being a conflict that has since driven the homogenization of feminism in the institutions and thereby ratification of the imposition of a hegemonic female Americanness.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font COLOR="#231f20" face="Verdana">     <p align="center"> <span style="font-family: GaramondPremrPro; color: #231F20; font-weight: 700">El  feminismo y su instrumentalización como fenómeno de mestizaje en nuestra América</span></p> </font><font COLOR="#231f20" face="Verdana" size="2">     <p class="MsoNormal" align="center"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20; font-weight: 700"> Francesca Gargallo</span></p>     <p class="MsoNormal"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">Doctora en  estudios Latinoamericanos Profesora Universidad Autónoma de la Ciudad de México,  México. <a href="mailto:Francesga@yahoo.com">Francesga@yahoo.com</a></span></p>     <p class="MsoNormal"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">Resumen</span></b></p> <font SIZE="2" COLOR="#231f20">     <p ALIGN="justify">El feminismo así como el mestizaje, son instrumentos de  liberación ante una cultura dominante, ya que son elementos de revelación ante  la opresión. En los siglos XVI y XVII hubo mujeres principales y cacicas que  escribieron sus testamentos o dejaron testimonio de las enseñanzas para las  mujeres de sus antiguos pueblos sin formular ninguna reivindicación a su  condición presente. Cuando renació el feminismo emancipacionista de las  anarquistas, liberales y socialistas de finales del siglo XIX fue que las  mujeres de América Latina se percataron de su historia de discriminación y que  esa condición no podía obviarse si se quería enfrentar una liberación femenina.  No obstante, es en las décadas de 1970 y 1980 cuando las feministas  latinoamericanas propulsaron su liberación de los roles asignados por la  «cultura patriarcal», siendo éste un conflicto que desde entonces, ha impulsado  la hegemonización de un feminismo de las instituciones y con ello la  ratificación de la imposición de una americanidad femenina hegemónica.</p> </font>     <p><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">Palabras  Clave</span></b><font SIZE="2" COLOR="#231f20">: Mestizaje, emancipación, poder.</font></p>     <p align="justify"><b><font SIZE="2" COLOR="#231f20">Abstract</font></b></p>     <p align="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20">Feminism and intermarriage are  instruments of liberation from a dominant culture, as they are elements of  disclosure to oppression. In the sixteenth and seventeenth centuries were  leading and caciques women who wrote their wills or left a testimony of the  teachings for women of their old nations without making any claim to its own  condition. Only when emancipatory feminism of anarchists, liberals and  socialists of the late nineteenth century was reborn, women in Latin America  became aware of their history of discrimination and that this condition could  not be ignored if they wanted to deal with a women’s liberation. However, it was  just in the 1970s and 1980s when Latin American feminists propelled his release  from the roles assigned by the «patriarchal culture», this being a conflict that  has since driven the homogenization of feminism in the institutions and thereby  ratification of the imposition of a hegemonic female Americanness.</p> </font><font SIZE="2">     <p ALIGN="justify"><b>Key </b></font><b>Words</b>: <font SIZE="2">Intermarriage,  emancipation, power.</p> </font><font SIZE="2" COLOR="#231f20">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Fecha de recepción: 17 de julio de 2009&nbsp; Fecha de  aceptación: 15 de septiembre de 2009</p> </font><font COLOR="#231f20">     <p ALIGN="justify">No hay nada en la escritura de las mujeres americanas,  posterior a la Invasión y Conquista, que pueda equipararse con ese instrumento  de permanencia en la historia encarnado en los Comentarios Reales del Inca  Garcilaso de la Vega. Para el joven mestizo aristócrata, el mundo que  desapareció en el transcurso de una generación, permanecería vivo mientras él  fuera capaz de dar orden literario a los recuerdos de su madre, mucho más noble  que su padre; a lo aprendido por las medias palabras de quienes todavía se  acordaban de su alcurnia y orgullo; al respeto que ella –o la memoria de los  hombres de su familia– despertaba entre los derrotados.</p>     <p ALIGN="justify">Permanecería en el tiempo de la historia y alimentaría la  esperanza política del grupo que podía identificarse aún con los poderosos  derrotados, aunque ya mezclado, como él mismo, con nuevos miedos y una nueva  divinidad. Tal y como en el mundo clásico griego, el o los mundos anteriores a  las invasiones aqueas quedaron plasmados en los mitos con los nombres de edad de  oro y edad de plata.</p>     <p ALIGN="justify">A las mujeres, el recurso de identificar la propia nobleza  con la de un pueblo por venir que las rescatara de la derrota y la mezcla les  era vedado o quedaba demasiado separado de sus vidas reales. Por supuesto, pocas  sabían escribir y, menos, entre las que fueron marginadas de los conventos y las  enseñanzas particulares por ser indias, mestizas o negras.<sup>1</sup> No  obstante, en idioma castellano como es el caso de Bogotá y Santiago de Chile o  del náhuatl en la Ciudad de México, ya en los siglos XVI y XVII, hubo mujeres  principales y cacicas que escribieron sus testamentos<sup>2</sup> o dejaron  testimonio de las enseñanzas para mujeres nobles y «mujeres bajas» de sus  antiguos pueblos. Nomás que no formularon ninguna reivindicación de lo anterior  a su condición presente, no escribieron un solo renglón acerca de lo que  aportaron al mestizaje en cuanto indias, porque ellas eran el instrumento y no  el fruto de ese mestizaje.</p>     <p ALIGN="justify">La violada no le ve ningún resquicio amoroso, ningún futuro  numínico a la violación. A la vez, el «conservadurismo» femenino, criticado  hasta por feministas generalmente muy sutiles como Julieta Kirkwood,<sup>3</sup>  se caracteriza por el anclaje de las mujeres a la concreción histórica, eso es,  un principio de realidad marcado por ser personas responsables de sí y de  otros/as, en particular de sus hijos y de quienes dependen de ellas. Ante la  minoría étnica invasora, las mujeres de los pueblos originarios acomodaron sus  enfoques de la realidad. Su «conservadurismo» (en realidad, su estrategia de  sobrevivencia) implicó en el caso de las mujeres principales casadas con  españoles de alcurnia, como la hija menor de Moctezuma, el pasarle el título  nobiliario al marido como prueba de la participación y el reconocimiento  personal en la gesta colonizadora, esto a cambio de la protección y  reconocimiento de su estatus de mujer casada en el sistema dominante de los  conquistadores peninsulares. En el caso de las mujeres no aristócratas, debían  aceptar su lugar de esposa maltratada, de barragana o de madre de mestizos<sup>4</sup>  a los que, para salvarlos de la marginación y discriminación, intentaban dar una  ubicación social distinta a la de «indios»:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Las mujeres  	nativas forjaron alternativas en medio de las nuevas pautas de  	subordinación. Al lado de aquellas que permanecieron en sus comunidades  	viviendo en los reducidos márgenes que les quedaban y manteniendo sus  	costumbres tradicionales, hubo las que renunciaron a su condición de indias  	mitayas y se emparejaron con hombres no indígenas, justamente para rehuir  	ellas y su descendencia de las imposiciones tributarias.<sup>5</sup></font></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">En los siglos  posteriores, la cultura escrita fue fundamentalmente criolla. Si Sor Juana Inés  de la Cruz conocía el náhuatl al punto de poder componer piezas teatrales en la  lengua del altiplano mexicano donde nació, la mayoría de monjas escritoras y  luego, de las humanistas en busca de una expresión criolla, no conocieron otra  cultura y lengua que la colonial dominante. Entre las Independentistas de toda  América, Gertrudis Bocanegra hablaba purépecha, Manuela Sáenz reconocía como  motivadora de su propio compromiso la gesta de Tupac Amaru, pero sólo Juana  Azurduy hizo de su mestizaje un elemento político contracolonial. Eso es,  utilizó su condición de mestiza no para separarse de lo indio sometido, sino de  lo español opresor, vinculándose a través del origen mixto de su familia con el  pueblo aymara con el que peleó la liberación del Alto Perú y América. En 1825,  en una carta a Manuela Sáenz, Juana Azurduy reafirmaba su pasión  indoamericanista, posición política derrotada en la Revolución de Independencia  triunfante:</font></p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Llegar a  	esta edad con las privaciones que me siguen como sombra, no ha sido fácil; y  	no puedo ocultarle mi tristeza cuando compruebo como los chapetones contra  	los que guerreamos en la revolución, hoy forman parte de la compañía de  	nuestro padre Bolívar. López de Quiroga, a quien mi Asencio le sacó un ojo  	en combate; Sánchez de Velasco, que fue nuestro prisionero en Tomina; Tardío  	contra quién yo misma, lanza en mano, combatí en Mesa Verde y la Recoleta,  	cuando tomamos la ciudad junto al General ciudadano Juan Antonio Álvarez de  	Arenales. Y por ahí estaban Velasco y Blanco, patriotas de última hora. Le  	mentiría si no le dijera que me siento triste cuando pregunto y no los veo,  	por Camargo, Polanco, Guallparrimachi, Serna, Cumbay, Cueto, Zárate y todas  	las mujeres que a caballo, hacíamos respetar nuestra conciencia de libertad.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">No me anima  	ninguna revancha ni resentimiento, solo la tristeza de no ver a mi gente  	para compartir este momento, la alegría de conocer a Sucre y Bolívar, y  	tener el honor de leer lo que me escribe.<sup>6</sup></font></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Cuando el viejo  feminismo emancipacionista de las anarquistas, liberales y socialistas de  finales del siglo XIX renació como un movimiento de liberación de las mujeres a  mediados del siglo XX, las mujeres de América Latina se percataron de su  diferencia con Europa ya no como una «falla» en su occidentalidad, sino como una  característica propia de su historia de discriminación. Lourdes Arispe daba  entonces talleres a mujeres en los que sostenía que la Conquista de América  debía leerse como la violación de las americanas y que esa condición del  mestizaje no podía obviarse si se quería enfrentar una liberación femenina  ubicada en el tiempo y el espacio de América.7 Igualmente durante un taller, más  de una década después, Margarita Pisano propuso a las asistentes que no  pensáramos el mestizaje como un acuerdo, sino como una mezcla obligatoria en  función de la dominación, el fruto de una violación como instrumento de la  conquista total de las mujeres. Insistió en que en la conformación del mestizaje  se reivindican por lo menos dos culturas, por lo tanto en América no hubo  mestizaje sino dominación, porque desde la primera generación se hizo presente  una jerarquía de valorización positiva del lado español o blanco del propio ser  y saber y el ocultamiento, con fin de desaparición, de los aportes de los  pueblos originarios.<sup>8</sup></font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Por supuesto,  en las décadas de 1970 y 1980, la reflexión sobre la o las identidades era un  tópico del pensamiento latinoamericano del que ningún/ a científica/o social  podía escabullirse. Sería suficiente revisar la literatura filosófica,  antropológica y sociológica de esos años, así como los títulos de los talleres y  cursos que se impartían para corroborar la fijación continental de darse una  identidad con la que defenderse de las agresiones económicas y culturales, tanto  del imperialismo, como de los grupos dirigentes locales a los que más que por  burgueses se les enjuiciaba por no identificarse con la historia, la economía y  los sectores populares de sus naciones. Las feministas en ese entonces no podían  escaparse de ese horizonte: qué era y cómo se conformaba la identidad femenina,  por ejemplo. Era una cuestión que fácilmente conducía a la pregunta por la  existencia o menos de una identidad feminista, con su correlato de dudas acerca  de si ésta entraba o menos en contradicción con las identidades políticas y  étnicas de la mujer feminista.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">«cultura  patriarcal», en particular, de los que identificaban a las mujeres con las  madres, condenándolas y negándolas como artífices de su propia vida individual a  través de ella.<sup>9</sup> En este esfuerzo de liberación, se afirmaba el  derecho individual de las mujeres, su elección personal y no genérica, su  independencia de los colectivos que las aprisionaban, fueran éstos la familia o  la comunidad política, étnica o religiosa.<sup>10</sup> No es por  conservadurismo o por incomprensión de la importancia de la liberación de las  mujeres que, en América Latina y el Caribe, la tensión entre la propia búsqueda  de una identidad feminista individual y la afirmación de la identidad colectiva  –nacional o de grupo económica, social y culturalmente marginado– alejara a  muchas mujeres indígenas y negras del feminismo durante las décadas de 1970 y  1980, marcadas por las dictaduras militares en el Sur y por las guerras de  liberación nacional en el Centro.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">El feminismo  continental encaró ese conflicto apenas en 1987, durante el IV Encuentro  Feminista Latinoamericano y del Caribe, en Taxco, Guerrero, cuando en el taller  más concurrido, las centroamericanas dieron voz a su malestar para con un  feminismo que no comprendía su necesidad y elección de estar vinculadas con la  lucha para revertir las injusticias crónicas de las que eran víctimas sus  pueblos desde la Conquista, y que las obligaban a analizar en primer término el  imperialismo estadounidense en relación con sus clases dominantes.<sup>11</sup>  Estas mujeres demandaban el derecho a participar en la formulación de un  feminismo continental, aunque era en la lucha política mixta donde querían  reivindicar su igualdad con los hombres y el derecho a una expresión propia,  juntando de forma muy peculiar las etapas emancipativa y de liberación en su  propio feminismo, sin hacer de la autonomía feminista el eje indispensable para  lograrlo.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">En Taxco se  expresaron críticas muy difusas en esos años al machismo, no sólo de la sociedad  tradicional, sino de los partidos y organizaciones de izquierda, popularizando  expresiones como «El hombre nuevo no sabe cocer ni un huevo», y analizando el  uso que desde la izquierda se hacía de la maternidad como reproductora de  ideologías patriarcales–revolucionarias («A parir madres latinas, a parir más  guerrilleros», había sido una consigna supuestamente revolucionaria). Por fin se  escucharon las voces de las mujeres mayas involucradas en la guerra de  Guatemala, que enfrentaban a la vez el racismo de la sociedad guatemalteca, la  represión etnocida del ejército, la opresión comunitaria de su condición de  mujeres intercambiables en el mercado matrimonial y la instrumentalización que  de ellas hacían los cuatro partidos de la Unión Revolucionaria Nacional  Guatemalteca.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">A más de dos  décadas de distancia, podría decirse hoy que hasta el Encuentro de Taxco, el  feminismo latinoamericano todavía debatió sus propios olvidos históricos, las  deudas con sus orígenes, las maneras de explayarse en nuevas direcciones. Sin  embargo, en esa ocasión apenas rozamos el problema que se venía perfilando de  una institucionalización de las demandas y los intereses de las feministas en  sus diversas agrupaciones y que después del fin de las dictaduras militares de  Argentina, Chile, Bolivia, Brasil y Uruguay y de los procesos de paz en El  Salvador y Guatemala, se manifestó con fuerza aplanadora en el horizonte de las  así llamadas «transiciones» a la democracia.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana"> Institucionalización del feminismo y feminismo hegemónico fueron un par  peligroso durante los veinte años recién pasados, porque la fuerza de la  institucionalización redundó en un renovado intento de absolutización de la  hegemonía, tendencia que de por sí le es propia. La institucionalización del  feminismo intentó afirmar la participación en las instancias del poder como «la  única vía» para la liberación de las mujeres latinoamericanas, una vía entre  liberal y socialdemócrata, sostenida por el voto y la presencia de mujeres  marcadamente específicas (indígenas, negras, lesbianas «representantes» de su  sector) en la contienda electoral. Se cobijó para esta cruzada de  institucionalización democrática hegemónica en un nuevo discurso sobre la  crítica universalidad de los derechos humanos, la sublimada identificación de  democracia y libertad de mercado, la emancipación definitiva de las mujeres  mediante la ley y su incorporación en las estructuras nacionales e  internacionales, además de la negación de las diferencias profundas en la  organización social de las naciones, en particular de las ideas religiosas y  colectivas del ser y el saber de los pueblos originarios.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Hasta el 1 de  diciembre de 1993, cuando las mujeres mayas de Chiapas dieron a conocer la Ley  Revolucionaria de Mujeres,<sup>12</sup> parecía que las demandas <font COLOR="#231f20">feministas se habían vuelto todas (aún las más críticas,  como las de Las Cómplices, que en el VI EFLAC de Costa del Sol, El Salvador, en  noviembre del mismo año, habían reivindicado su derecho a un feminismo autónomo  de las financiadoras y las directrices internacionales de su pensamiento) de  algún modo «mestizas» en el sentido de dominadas «café con leche», integradoras  de una inexistente identidad latinoamericana que aceptaba sus excepcionalidades  negras e indias, sin incorporar sus reflexiones sobre la colectividad como  contraparte de la individualidad como fundamento de la cultura occidental.</font></font></p>     <p ALIGN="justify"><font COLOR="#231f20" SIZE="2" face="Verdana">Dada la  cortedad de esta exposición, no puedo llegar a unas conclusiones –por supuesto  nada definitivas– sino de manera abrupta. En la escritura de las mujeres nuestro  americanas, el mestizaje es el elemento del que asirse para no identificarse con  el lado opresor y violatorio de la cultura dominante, como lo fue para Juana  Azurduy, hablante del aymara, el quechua y el castellano o corre el riesgo de  perpetuarse como un instrumento de sumisión. En particular, los intentos de  controlar los movimientos populares e identitarios de los gobiernos  latinoamericanos de la época del «tránsito a la democracia» (aproximadamente de  1989 a 2008) impulsaron la hegemonización de un feminismo de las instituciones y  con ello la ratificación de la imposición de una americanidad femenina  hegemónica que tiende a borrar sea la expresión rebelde de la cultura feminista  en su vertiente de reivindicación de un sujeto femenino ajeno a la construcción  del sistema legal de la modernidad colonial y racista, sea la concreta  existencia de perspectivas culturales originarias en las que las mujeres pueden  alcanzar su liberación desde una perspectiva no acorde con las de la etnia  invasora, en particular desde una perspectiva no únicamente individualista. No  es casual que hoy en día las mayores corrientes del feminismo autónomo, en  Chile, México y Centroamérica, estén profundamente vinculadas con la defensa de  los derechos de los pueblos originarios y que la desconstrucción del racismo  internalizado sea hoy un instrumento del feminismo para pensarse desde otro  lugar que el de la lucha por el poder; aun en tiempos, o precisamente por los  tiempos, de recrudecida violencia contra las mujeres, cuando las violaciones  sexuales se han convertido en un instrumento de represión de los ejércitos y  policías continentales contra las mujeres que participan en las luchas por la  defensa de la tierra, y el feminicidio, en un instrumento delincuencial de  control de la movilidad, liberación y expresión femenina en todos los países de  fuerte migración del campo y las pequeñas comunidades hacia los polos de  industria del ensamblaje.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b>Notas</b></p>     <p ALIGN="justify">1 Las historiadoras Josefina Muriel (Conventos de monjas en  la Nueva España, Editorial Santiago, México, 1946, Las Indias caciques de Corpus  Christi, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones  Históricas, 1963; Los recogimientos de mujeres, respuesta a una problemática  social en la Nueva España, UNAM, México, 1973, La sociedad Novohispana y sus  colegios de niñas, UNAM, México, 1995, Cultura femenina novo-hispana, UNAM,  México, 1982, etc.) y Asunción Lavrín (Mujeres Latinoamericanas, Fondo de  Cultura Económica, México, 1985) han analizado cuidadosamente algunos conventos  particulares, donde las actividades de las monjas en los ámbitos económicos,  artísticos y gastronómico fueron muy importantes. Por ello sabemos que la  práctica comúnmente acatada de excluir a las no peninsulares no se cumplía a  cabalidad y que en la Nueva España existieron conventos para indias cacicas y  principales (en 1552, dos novicias de la Concepción eran nietas de Moctezuma),  así como beaterios y casas de recogimiento donde encontraron refugio de los  prejuicios raciales mestizas, mulatas e indias de variadas condiciones.  Asimismo, a pesar de que todos los monasterios femenino serán de vida  contemplativa, en ellos desde su fundación muchas monjas enseñaron religión y  primeras letras a mujeres indias y mestizas. Según Josefina Muriel, tan temprano  como en 1528, Catalina de Bustamante se convirtió en la primera maestra de  América.</p>     <p ALIGN="justify">2 Hay que recordar que las exigencias de la conquista y la  cristianización hicieron de la evangelización y el ordenamiento por grupos  étnicos-sociales la mayor empresa de transculturización de la Modernidad. Cfr:  Margarita Iglesias Saldaña, «Pobres, pecadoras y conversas: mujeres indígenas  del siglo XVII a través de sus testamentos», Revista de Historia Indígena,  Universidad de Chile, Facultad de Historia y Humanidades, Santiago, 1 de enero  de 2001; Pablo Rodríguez Jiménez, Testamentos Indígenas de Santafé de Bogotá,  Siglo XVI-XVII, Alcaldía Mayor de Bogotá-Instituto Distrital Cultura y Turismo,  Bogotá, 2002;</p>     <p ALIGN="justify">3 Julieta Kirkwood, en Ser política en Chile: las feministas  y los partidos, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Santiago, 1986,  sostiene que las feministas y, aún más, las mujeres en América Latina, por lo  general, tienen posiciones conservadoras que redundan en acciones que favorecen  las políticas moderadas o directamente reaccionarias.</p>     <p ALIGN="justify">4 Según la peruana María Emma Mannarelli la desestructuración  de las sociedades originarias posterior a la Conquista desmanteló las pautas  matrimoniales y de parentesco tradicionales. Mientras los indígenas eran  obligados a dejar sus comunidades, hombres españoles llegaban a ellas, afectando  la vida de las mujeres comuneras: encomenderos, corregidores y clérigos les  impusieron relaciones de servidumbre que pasaban por el reclamo de favores  sexuales, en su mayoría al margen de la conyugalidad. Este es uno de los  orígenes más ciertos de la población mestiza. Ver: «Espacios femeninos en la  sociedad colonial», en VV.AA, La mujer en la historia del Perú (siglos XV al XX),  Fondo editorial del Congreso de Perú, Lima, 2007, pp. 191-215</p>     <p ALIGN="justify">5 Ibidem, p. 193</p>     <p ALIGN="justify">6 Las cartas entre Manuela Sáenz y Juana Azurduy, testimonio  de la simpatía y mutuo reconocimiento entre las dos únicas coronelas del  Ejército Libertador, así como testimonio en palabra de Juana Azurduy de la  presencia de muchas mujeres en la lucha de Independencia, se encuentran en vario  sitios de internet. Entre ellos: <a href="http://elortiba.galeon.com/azurduy.html"> http://elortiba.galeon.com/azurduy.html</a>.</p>     <p ALIGN="justify">7 Temas recogidos también en textos posteriores de Lourdes  Arispe, como «El Indio: mito, profecía y pasión», en América Latina en sus  ideas, Siglo XXI, México, 1987.</p>     <p ALIGN="justify">8 En un taller que la feminista chilena impartió en 1990 en  México, en el Claustro de Sor Juana, al finalizar el Foro Mujer, Violencia y  Derechos Humanos</p>     <p ALIGN="justify">9 Desde las tempranas reflexiones de Rosario Castellanos  acerca de la maternidad y la cultura femenina, hasta las tipificaciones del  maternazgo de Marta Lamas y la crítica a la identificación de la maternidad como  naturaleza femenina de Yanina Ávila, en México el esfuerzo por desindentificar a  las mujeres con las madres ha cruzado la filosofía, la antropología y la  sociología de las feministas durante tres décadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">10 En esos años, las feministas eran básicamente jóvenes que  tenían por ideal la pareja Simone de Beauvoir-Sartre, aparentemente libre de  ataduras monogámicas y convivencias; que leían los clásicos del feminismo  marxista de Sheila Rowbotham o Zillah Eisenstein, que se apasionaban por las  brujas; que descubrían el componente libertario de su lesbianismo, y que soñaban  con vivir en París, Londres o Barcelona. La liberación no tenía ninguna relación  con las tradiciones latinoamericanas, como si esos no fueran también los años en  que adquirían presencia conceptual y práctica la teología y la filosofía de la  liberación. El rechazo a las tradiciones patriarcales en América Latina se  identificó con el rechazo a todas las tradiciones americanas, también las de la  familia indígena y de la cultura negra: el feminismo era individualista y  antimaternal. Cfr. María Cristina Suaza Vargas, Soñé que soñaba. Una crónica del  movimiento feminista en Colombia de 1975 a 1982, JM Limitada, Bogotá, 2008</p>     <p ALIGN="justify">11 Cfr: Memorias del IV Encuentro Feminista Latinoamericano y  del Caribe, Taxco, 1987. A cargo de la Comisión Coordinadora, México, 1987</p>     <p ALIGN="justify">12 Ejército Zapatista de Liberación Nacional, Ley  Revolucionaria de Mujeres: En su justa lucha por la liberación de nuestro  pueblo, el EZLN incorpora a las mujeres en la lucha revolucionaria sin importar  su raza, credo, color o filiación política, con el único requisito de hacer  suyas las demandas del pueblo explotado y su compromiso a cumplir y hacer  cumplir las leyes y reglamentos de la revolución. Además, tomando en cuenta la  situación de la mujer trabajadora en México, se incorporan sus justas demandas  de igualdad y justicia en la siguiente LEY REVOLUCIONARIA DE MUJERES: Primero.-  Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen  derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su  voluntad y capacidad determinen. Segundo.- Las mujeres tienen derecho a trabajar  y recibir un salario justo. Tercero.- Las mujeres tienen derecho a decidir el  número de hijos que pueden tener y cuidar. Cuarto.- Las mujeres tienen derecho a  participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y  democráticamente. Quinto.- Las mujeres y sus hijos tienen derecho a ATENCION  PRIMARIA en su salud y alimentación. Sexto.- Las mujeres tienen derecho a la  educación. Séptimo.- Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser  obligadas por la fuerza a contraer matrimonio. Octavo.- Ninguna mujer podrá ser  golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos  de intento de violación o violación serán castigados severamente. Noveno.- Las  mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados  militares en las fuerzas armadas revolucionarias. Décimo.- Las mujeres tendrán  todos los derechos y obligaciones que señala las leyes y reglamentos  revolucionarios. En El Despertador Mexicano, Órgano Informativo del EZLN,  México, No.1, diciembre 1993.</p>     <p ALIGN="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</b></p> <font SIZE="2">     <!-- ref --><p ALIGN="justify">1. Arispe, </font><font SIZE="2" COLOR="#231f20">Lourdes (</font><font SIZE="2">1987).  «El Indio: mito, profecía y pasión». en <i>América Latina en sus ideas</i>,  Siglo XXI, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813183&pid=S1316-3701200900020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">2. <font SIZE="2" COLOR="#231f20">Deleis, Mónica; De Titto,  Ricardo; Arguindeguy, Diego L (2001). <i>Mujeres de la Política Argentina.</i> </font> <font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Buenos Aires, </font><font SIZE="2" COLOR="#231f20">Editorial Aguilar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813184&pid=S1316-3701200900020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">3. Ejército Zapatista de Liberación Nacional, <i>Ley  Revolucionaria de Mujeres, </i>(1993). En <i>El Despertador Mexicano</i>, Órgano  Informativo del EZLN, No.1, diciembre, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813185&pid=S1316-3701200900020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. <font SIZE="2" COLOR="#231f20">Iglesias Saldaña,  Margarita (1 de enero de 2001). «Pobres, pecadoras y conversas: mujeres  indígenas del siglo XVII a través de sus testamentos». </font><i> <font SIZE="2" COLOR="#231f20">Revista de Historia Indígena</font></i><font SIZE="2" COLOR="#231f20">,  Universidad de Chile, Facultad de Historia y Humanidades, Santiago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813186&pid=S1316-3701200900020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. <font SIZE="2" COLOR="#231f20">Kirkwood,  Julieta (1986). <i>Ser política en Chile: las feministas y los partidos.</i>  Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Santiago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813187&pid=S1316-3701200900020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. <font SIZE="2" COLOR="#231f20">Lavrín, Asunción (1985). <i>Mujeres Latinoamericanas</i>. Fondo de Cultura Económica, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813188&pid=S1316-3701200900020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. <font SIZE="2" COLOR="#231f20">Mannarelli, María Emma  (2007). «Espacios femeninos en la sociedad colonial», en VV.AA, <i>La mujer en  la historia del Perú (siglos XV al XX)</i>, Fondo editorial del Congreso de  Perú, Lima, pp. 191-215.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813189&pid=S1316-3701200900020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">8. </font> <font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#231f20"><i>Memorias del IV Encuentro  Feminista Latinoamericano y del Caribe</i>, <i>Taxco, 1987</i>, (1987). Comisión  Coordinadora, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813190&pid=S1316-3701200900020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">9. </font> <font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#231f20">Muriel, Josefina (1946).<i> Conventos  de monjas en la Nueva España</i>. Editorial Santiago, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813191&pid=S1316-3701200900020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">10. Muriel, Josefina (1963). <i>Las Indias caciques de Corpus Christi</i>.  Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones  Históricas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813192&pid=S1316-3701200900020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">11. Muriel, Josefina (1973). </font><i> <font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Los recogimientos de mujeres,  respuesta a una problemática social en la Nueva España</font></i><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">.  UNAM, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813193&pid=S1316-3701200900020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Muriel, Josefina (1982). <i>Cultura femenina novo-hispana</i>. UNAM,  México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813194&pid=S1316-3701200900020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">13. Muriel, Josefina (1995). <i>La sociedad Novohispana y sus colegios de  niñas</i>. UNAM, México.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813195&pid=S1316-3701200900020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">14. Rodríguez Jiménez, Pablo, (2002). </font><i> <font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Testamentos Indígenas de Santafé  de Bogotá, Siglo XVI-XVII</font></i><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">.  Alcaldía Mayor de Bogotá-Instituto Distrital Cultura y Turismo, Bogotá.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813196&pid=S1316-3701200900020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">15. Suaza Vargas, María Cristina (2008). </font> <font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana"><i> Soñé que soñaba. Una crónica del  movimiento feminista en Colombia de 1975 a 1982</i>.  JM Limitada, Bogotá.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2813197&pid=S1316-3701200900020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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