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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Fértiles andinas y venus valencianas? Documentos en cerámica: Figuraciones antropomorfas del género y el poder en la Venezuela prehispánica]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Even when social and humanistic disciplines such as history, arts and sociology have theorized about the role of women in past cultures (mostly in historical societies), anthropomorphic representations by figurines, dolls, sculptures and other elements are cultural documents from the origins of humanity that tell archaeologists to the role of different genres in the past.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana" COLOR="#231f20">     <p align="center"><b>¿Fértiles andinas y venus valencianas? Documentos en  cerámica: Figuraciones antropomorfas del género y el poder en la Venezuela  prehispánica </b></p> </font>  <font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#231f20">     <p align="center"><b>Carlos Escalona Villalonga</b></p>     <p align="justify">Licenciado en antropología&nbsp; Venezuela <a href="mailto:syahoram@gmail.com">syahoram@gmail.com</a></p>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">Aún cuando diferentes disciplinas sociales y humanísticas  como la historia, las artes y la sociología han teorizado sobre el papel de la  mujer en sociedades del pasado (mayormente en sociedades históricas), las  representaciones antropomorfas mediantes figurinas, muñecos, esculturas y otros  medidos son elementos o documentos culturales presentes desde los orígenes de la  humanidad que relatan a los arqueólogos el rol de los diferentes géneros en el  pasado.</p>     <p align="justify"><b>PALABRAS CLAVES</b>: Figuración antropomorfa, Serie  Valencioide, Estilo Betijoque-Mirinday, Poder, Género.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">Even when social and humanistic disciplines such as history,  arts and sociology have theorized about the role of women in past cultures (mostly  in historical societies), anthropomorphic representations by figurines, dolls,  sculptures and other elements are cultural documents from the origins of  humanity that tell archaeologists to the role of different genres in the past.</p>     <p align="justify"><b>KEY WORDS</b>: Anthropomorphic figuration, Valencioid  series, Betijoque-Mirinday style, Power, Gender.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Fecha de recepción: 15 de marzo de 2010 Fecha de aceptación:  19 de marzo de 2010</p>     <p align="justify"><b>Introducción</b></p>     <p align="justify">La cerámica, como producto cultural elaborado, a partir de  las maleables arcillas, representó un paso tecnológico clave durante el  surgimiento de las sociedades sedentarias tribales en la historia humana y fue  la base para la elaboración de todo un variado y complejo ajuar artefactual que,  más allá de sus óptimas condiciones funcionales, sirvió para el desarrollo de  múltiples representaciones estéticas. Así, la simbología cultural encontró un  medio de expresión idóneo en las diversas alfarerías a lo largo de todo el  mundo, entre los cuales la representación antropomorfa, tanto femeninas como  masculinas e incluso asexuadas, ocupó un preponderante papel para la  manifestación de las nociones y prácticas sociopolíticas sobre los individuos,  el cuerpo y los roles sexuales en las distintas sociedades.</p>     <p align="justify"><b>LA MUJER EN EL PASADO: LA ARQUEOLOGÍA Y EL SISTEMA  SEXO-GÉNERO</b></p>     <p align="justify">Autoras feministas como Gayle Rubin, definen el sistema  sexo-género como una parte constitutiva de la vida cotidiana social y presenta  “… el conjunto de disposiciones por el cual una sociedad transforma la  sexualidad biológica en productos de la actividad humana” (Navarro y Stimpson,  1998: 17). De esta forma, tanto en la sociedad pretérita como en la actual, la  supuesta pertenencia biológica a un sexo está construida, codificada y  reglamentada según las representaciones sociales de la sexualidad, las cuales  son incorporadas por los individuos. En este sentido, el carácter relacional del  género adscribe a los seres sociales a ciertas categorías construidas sobre la  base de sus rasgos fenotípicos particulares pero, más importante aún, sobre su  posicionamiento dentro de la estructura social. Ser mujer en el pasado, y ser  representada como mujer a través de figurinas cerámicas, implica una serie de  incorporaciones simbólicas al cuerpo y la identidad social del individuo que no  necesariamente responden a su fisiología. Si a esto agregamos la dificultad  antropológica de que el arqueólogo intenta hacer historia y etnología de una  sociedad distanciada en el pasado, debemos reconocer las dificultades  interpretativas que supone adentrarse en un sistema de simbólico ajeno.</p>     <p align="justify">Con frecuencia los arqueólogos han recurrido a la analogía  etnográfica para intentar entender la visión del mundo en el pasado a través de  sociedades supuestamente similares en el presente y, por lo general de manera  más recurrente pero implícita, utilizar los criterios y parámetros de nuestra  sociedad para entender a ese otro lejano en el tiempo. Para Butler (2006),  nuestras visiones normativas de lo masculino y lo femenino se activan mediante  un pensamiento binario que supone la existencia natural y universal de sexos  biológicos. “El género es el aparato a través del cual tiene lugar la producción  y la normalización de lo masculino y lo femenino junto con las formas  intersticiales hormonales, cromosómicas, psíquicas y preformativas que el género  asume” (Butler; 2006: 70).</p>     <p align="justify">Sin negar la importancia de la fisicalidad del cuerpo y de  sus predisposiciones biológicas, Butler enfatiza la necesidad de centrarnos en  la manera que estos elementos se convierten en significados culturales, que  dependen y generan sistemas de normas, reglamentan nuestras acciones, actúan en  la vida cotidiana y generan decisiones políticas que reinciden en nuestra visión  y organización del mundo social. Como consecuencia, más allá de tratar de  entender qué papel debieron representar en el pasado las figurinas femeninas en  cerámica, debemos también reconocer la inserción de estos artefactos dentro del  sistema género-sexo actual a través de las interpretaciones arqueológicas y su  papel en la legitimación de un reglamento de género que, al ser reconocido o  impuesto sobre las sociedades prehispánicas por el saber académico moderno,  fortalece las relaciones de poder genéricas existentes (Navarrete y Escalona  Villalonga; 2007).</p>     <p align="justify"><b>EVAS PRIMIGENIAS: LAS FIGURAS ANTROPOMORFAS FÉMENINAS DEL  VIEJO Y NUEVO MUNDO</b></p>     <p align="justify">La interpretación de la figuración humana a lo largo de la  historia supone remontarse no sólo a los orígenes de la humanidad sino de la  propia arqueología como disciplina. Desde el siglo XIX los arqueólogos se han  abocado a la interpretación de figurinas como las llamadas Venus del  Paleolítico, las cuales consisten en representaciones posiblemente femeninas  realizadas en diversas materias primas como piedra, marfil, terracota y, muy  posiblemente, madera. El cuestionado, pero aún en uso, término Venus, está  relacionado a la noción de que constituían el ideal de belleza femenina para  estos grupos antiguos (Gamble; 1990). Dentro de sus características más típicas  se encuentran los glúteos y los senos de gran tamaño, el órgano sexual marcado,  la casi ausencia de brazos, los pies puntiagudos, las piernas abultadas y la  ausencia de rostro.</p>     <p align="justify">A partir de la prominencia de estas figurinas paleolíticas es  posible suponer el papel central de la mujer en estas sociedades. Estas  representaciones han sido interpretadas como amuletos, ofendas mortuorias,  imágenes de diosas, símbolos de fecundidad, etc., restándole importancia a su  posible uso simbólico-práctico. Los arqueólogos del Viejo Mundo “han estudiado  las figurinas desde la perspectiva <i>etic</i> sin intentos de penetrar las  capas profundas del significado y función a partir de la información contextual”  (Antczak y Antczak; 2006: 13). Además son inspirados por el supuesto carácter no  utilitario de estas piezas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las interpretaciones generalizadas que se han hecho de estas  piezas han producido, según Antczak y Antczak (2006), estándares  transculturales, lo que ha traído como consecuencia la aplicación de modelos  mentales homologados a contextos temporales, espaciales, históricos y políticos  bastante diferentes, como por ejemplo, las <i>Venus</i> como símbolos de  fertilidad en el caso americano. La figuración humana emerge para los  arqueólogos desde diferentes contextos sociales, temporales, políticos, etc.  Estos artefactos fueron elaborados y utilizados por diversas sociedades con  diferentes formas de organización sociopolítica. En Europa, y el resto de Viejo  Continente, muchos arqueólogos se han inclinado a considerar estos objetos como  dioses o diosas, sacerdotes o sacerdotisas, símbolos de fertilidad,  representación de antepasados, etc., las cuales responden a interpretaciones  relativas al contexto de producción del conocimiento presente.</p>     <p align="justify">Las sociedades del Nuevo Mundo realizaron una enorme  producción figurativa antropomorfa, estando las más antiguas y variadas en el  área mesoamericana y andina donde se desarrollaron los sistemas sociopolíticos  más complejos de América (Antczak y Antczak; 2006). De la misma forma, estas  sociedades tuvieron una prominente producción cerámica, muchas con formas  antropomorfas. Las más antiguas de estas fueron reportadas por Lathrap en la  fase Valdivia, con una datación del 2900 a.C. aproximadamente (Antczak y Antczak;  2006). Debido a su carácter extraordinario, muchas de estas piezas fueron  depositadas en colecciones privadas desde antes de los estudios sistemáticos de  la arqueología en América sin poseer algún dato contextual. Venezuela no es la  excepción. La alfarería antropomorfa de América es generalmente tridimensional y  presenta una gran variedad de técnicas de manufactura y motivos decorativos, así  como una amplia gama de representaciones masculinas y femeninas (o asexuadas)  realizando diferentes actividades. Aun cuando, a diferencia de las Venus del  paleolítico, las figurinas antropomorfas del Nuevo Mundo poseen un rostro y  representan cuerpos activos, han sido “víctimas” de malas interpretaciones y  vistas sólo como abstracciones rituales metasensibles.</p>     <p align="justify">Para Antczak y Antczak (2006: 13) “estos intentos de inferir  el significado y la función de las figurinas invocaban creencias universales  sobre la naturaleza humana”. Estas imágenes icónicas se han convertido,  entonces, en símbolos mediante el uso de analogías etnográficas, ideas  generalizadoras y teorías universalistas, o mediante la asociación libre entre  forma (objeto material, significante) y el simbolismo lógico asignado o  reconocido (idea o significado arbitrario), es decir, una mujer embarazada se  iguala con fertilidad o como la madre naturaleza y hombre que fuma se asume como  chaman. Igualmente, para una mayoría de estas teorías, estas representaciones  femeninas suponen implícitamente que dichas representaciones fueron realizadas  por hombres y que asocian directamente a la mujer con actividades con aspectos  considerados estrictamente femeninos como la reproducción y con sus correlatos  simbólicoreligiosos como la fecundidad, la tierra, la agricultura, etc. El  paradigma de la mujer madre, matriz, tierra, parece universalizarse en estas  interpretaciones sin dejar cabida a otras opciones de acción social para los  sujetos femeninos.</p>     <p align="justify"><b>INTRODUCCIÓN A LA FIGURACIÓN ANTROPOMORFA PREHISPÁNICA DE  VENEZUELA</b></p>     <p align="justify">En Venezuela, la figuración antropomorfa cerámica es tan  antigua como el propio origen de las culturas formativas, e incluso, anterior.  Con el surgimiento de la sociedad tribal agrícola, período conocido como  neoindio, gran cantidad de culturas regionales aparecen desde 1000 años a.C.  Este período formativo introduce dos innovaciones tecnológicas que cambian las  formas de organización social: la agricultura y la cerámica. Desde estos inicios  alfareros, la representación antropomorfa estuvo presente en el repertorio de  las manifestaciones culturales venezolanas en cerámica. Aún cuando lo que  caracteriza a este período es la integración de la figura humana a la forma  total de la silueta de las vasijas, también estuvieron presentes, escasos pero  elaborados ejemplos de figurinas. El Orinoco medio y bajo (Navarrete; 1999)  jugaron un papel nodal en el proceso temprano de formación de sociedades  agroalfareras, como lo demuestran las evidencias de las tradiciones vegecultoras  saladoide y barrancoide cerca de 1000 años a.C. Estas sociedades, especialmente  la barrancoide, desarrollaron un tipo de representación antropomorfa  modeladaincisa representando rostros y extremidades adosadas a las paredes de  vasijas.</p>     <p align="justify">En otro extremo de la dicotomía cultural venezolana, en la  región de Lara, se desarrolló otra cultura formativa semicultora, la tocuyanoide.  La representación antropomorfa de esta sociedad, de manera similar a la  orinoquense, integra la figuración humana a grandes recipientes y urnas  funerarias, en los que rostros humanos se fusionan con elementos animales,  especialmente de ranas y serpientes. De la misma manera, en la costa occidental  del Lago de Maracaibo y los Andes septentrionales venezolanos (Wagner; 1999)  estaban habitados por grupos fabricantes de alfarería pintada polícroma y  modelada-incisa relacionados con Lagunillas y La Pitía quienes siguieron, de  manera general, el mismo patrón de representación.</p>     <p align="justify">Otras tradiciones andinas como Santa Ana, generaron figurinas  muy elaboradas, en las que individuos representados de manera muy realista, por  medio del modelado-inciso y la pintura polícroma curvilínea, parecían realizar  actividades rituales sentados en banquillos o dúhos. Un caso particular también  lo definen tradiciones como la Betijoque, en la que las figurinas -femeninas,  masculinas y asexuadas- se presentan con frecuencia complementadas con  decoraciones plásticas y pintadas que parecen representar pinturas corporales,  accesorios e indumentarias. La tradición osoide en Barinas, la ocumaroide en la  costa centro-occidental y la arauquinoide en los llanos centro-orinoquenses, dan  cuenta de la introducción en los llanos y costas venezolanos de nuevos grupos  -como los caribes amazónicos- y del surgimiento de tradiciones culturales más  locales.</p>     <p align="justify">Podríamos atrevernos a plantear que este período representa  el inicio de la desvinculación de la figuración antropomorfa de la silueta de  las vasijas para convertirse en una representación independiente en forma de  figurinas. Aunque continúa la integración figurativa humana en las vasijas, cada  una de estas nuevas sociedades comienza a producir con más frecuencia figuras de  arcilla con rasgos estilísticos diagnósticos y diferentes que representan  individuos con diversos atavíos y características corporales (Navarrete y  Escalona Villalonga; 2007). Aún cuando la posición parada, el predominio de  figuras femeninas desnudas con resaltantes rasgos sexuales -glúteos, vagina,  senos- y el uso del motivo de grano-de-café para representar ojos -y  ocasionalmente bocas o vulvas-, son rasgos estilísticos comunes, cada cultura  desarrolló un patrón decorativo distinto.</p>     <p align="justify">A partir del primer milenio d.C. se comienza a diluir la  diferencia cultural oriente/ occidente y surgen grupos jerárquicos cacicales a  partir de los semicultores occidentales. La sedentarización en áreas con  recursos abundantes, diversos y predecibles, propició la concentración y aumento  demográfico, estimuló el desarrollo de la complejidad sociopolítica y cultural.  La centralización cacical permitió redistribuir el excedente productivo y  profundizar la especialización del trabajo. Ciertos individuos se distanciaron  de la producción primaria y se dedicaron al trabajo artesanal, a la  redistribución de bienes manufacturados, a coordinar y controlar actividades  sociales y a suministrar servicios de orden gerencial y/o simbólico. Su papel  social, diferente al del productor primario, implica el surgimiento de rangos y  jerarquías en la estructura social.</p>     <p align="justify">El rango, aún asociado al parentesco y la descendencia,  inicia un control social diferenciado por parte de los dirigentes y, por lo  tanto, un acceso privilegiado a los bienes y al producto colectivo por parte de  caciques y chamanes. La religión tribal animista, ya desarrollada desde el  formativo, reflejó la relación social con el ambiente e intenta explicar y  dominar las actividades sociales y productivas a través del chamán, pero es  posible que las élites política y religiosa comenzaran a tomar mayor prominencia  dentro de los sistemas rituales y de culto (Escalona Villalonga; 2009). Para  este artículo sólo analizaremos dos casos resaltantes dentro de la dicotomía  cultural venezolana, por un lado, en la costa central del país, la serie  valencioide y por el otro los estilos Betijoque-Mirinday en el área andina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>LAS DAMAS DE TACARIGUA: LA FIGURACIÓN ANTROPOMORFA  FEMENINA VALENCIOIDE</b></p>     <p align="justify">Aparentemente con la estratificación social dentro de esta  cultura, comienza a resaltarse el papel individual de los sujetos, lo que trajo  como consecuencia una gran producción de figuras independientes antropomorfas.  Realizaron vasijas efigie y figuras duales. Sin embargo, esta dualidad no  implica la humanización de la naturaleza o viceversa. Estas figuras se presentan  como entes diferenciados dentro del mismo objeto, por ejemplo, doble efigies  mitad humano, mitad primate, con apéndices zoomorfos y antropomorfos a un lado  del rostro, e incluso representaciones posiblemente fitomorfas en la panza de la  vasija figurativa. Estos elementos naturales cumplieron un papel vital en los  ámbitos productivos y ceremoniales.</p>     <p align="justify">En general, dentro de su gran heterogeneidad formal, sus  representaciones, mayoritariamente femeninas, consisten en figuras humanas  desnudas en las que se resaltan rasgos corporales de silueta como pies, piernas  bulbosas, glúteos, genitales, brazos y manos (con frecuencia arqueados colocados  sobre la cintura o sosteniendo la cabeza) y cabezas hipertrofiadas que adquieren  volúmenes ovalados o naviformes. Estos iconos femeninos atestiguan la  importancia del signo y la magnitud simbólica dentro de esta sociedad y subyacen  en ellos definiciones estéticas de la visión del mundo valencioide. Para Delgado  (1898),</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">…la importancia de la mujer debió permitir la formulación  	de mediaciones simbólicas propiciadoras, que debieron expresarse en las  	múltiples objetivaciones de la conciencia social, en los mitos, en las  	ceremonias destinadas a la magia y seguramente se manifestaron en las formas  	particulares que adquieren las derivaciones sensitivas y sensoriales como  	representación de los modelos estéticos, que en estas sociedades parecieran  	demostrar un alto grado de convencionalización (Delgado; 1989: 133).</p> </blockquote>     <p align="justify">Aún cuando los cuerpos están desnudos y no poseen  decoraciones pintadas que sugieran indumentaria o pintura corporal, algunas  presentan bandas inciso-punteadas en sus rostros o cuellos que podrían  interpretarse como escarificaciones y collares. En el rostro, en ocasiones, se  observan incisiones sobre las mejillas, labios y cejas, así como perforaciones  en sus orejas y bandas en sus frentes que aluden a cierto tipo de decoración  corporal. Dicha decoración implica una modificación de la naturaleza del cuerpo  humano, infringiéndole cambios culturales permanentes e irreversibles como, por  ejemplo, las escarificaciones y la deformación craneal.</p>     <p align="justify">Por otra parte, se encuentran piezas que no presentan  representación genital, es decir, se presentan asexuadas. Sin embargo, comparten  las mismas características corporales que las figuras femeninas, se presentan  sedentes y de pie, efigies y apéndices; todas aparentemente desnudas. La  desnudez y la feminización de las figuras asexuadas se podrían asociar a que,  siendo la mujer productora y reproductora a partir de su propio cuerpo, mediante  “su fecundidad, un sincretismo las une simbólicamente con la reproducción de la  vida animal y vegetal” (Delgado; 1989: 132). Sin embargo, consideramos que la  feminidad representada en la cerámica, puede estar más bien asociada a una  culturización de la mujer como concepto abstracto, es decir, pudo ser concebida  cercana a la cultura (aunque no se separa por completo de la naturaleza) al  menos en el ámbito de la representación social que el hombre, probablemente  representado en otros ámbitos estéticos no necesariamente físicos. Al contrario  de lo que propone Escalante (2007), consideramos que esta asociación de lo  femenino con la reproducción no implica necesariamente que la mujer era un ser  social controlado por las elites.</p>     <p align="justify">Tomando en cuenta que Sanoja y Vargas (1974), proponen que la  deformación de los cráneos estaba asociada a individuos de un alto estatus y  Brites (1994) describe cráneos femeninos deformados en su trabajo, entonces la  mujer también podía tener un alto estatus por lo cual ponemos en duda la imagen  de la mujer como un ente dominado. En relación a la desnudez no podemos decir  que la mujer, estuviese cotidianamente desnuda, aunque no existe documentación  de esto. Asociamos el hecho de que algunas piezas efigie e independiente  presenten las manos sobre el rostro como acto de sostener una máscara. Dicha  máscara presenta los mismos rasgos que las cabezas con deformación craneal, es  decir, de forma alargada o naviforme y decoración inciso-punteada. Esta  similitud nos abre una pregunta, ¿porque producir mascaras con aspecto similar  al rostro tomando en cuenta que la escarificación en el rostro y la deformación  craneal eran practicadas (existen pruebas en el registro arqueológico al menos  de esta última)?</p>     <p align="justify">La respuesta a esta pregunta podría residir en la  jerarquización de estos grupos la cual, implica un acceso desigual a los  recursos económicos y, porque no, a los recursos estéticos. Tomando como cierta  la propuesta de Sanoja y Vargas (1974; 1999. Ver también Vargas; 1990), sobre la  deformación craneal, estas máscaras (de las cuales desconocemos su contexto de  uso, el cual pudo ser meramente ceremonial) otorgarían un parcial y no  permanente estatus, aunque no se igualaría en superioridad sino que seria una  mediación o un acercamiento simbólico. Sin embargo, no consideramos la  deformación craneal y el uso de la mascara como mutuamente excluyentes o  binarios; un individuo de cráneo modificado pudo usar una mascara en ciertos  momentos para afianzar su estatus sobre los otros. Es decir, una falsa impresión  de estatus social, político, ceremonial, etc., o un reforzamiento del mismo, las  mascaras funcionaron como una in-corporación del poder.</p>     <p align="justify">La representación material del poder podía ser  circunstancial, mediante el uso de la máscara, o permanente a través de la  deformación craneal o la escarificación. Por el contrario, el uso de collares,  aretes, etc., debido a que la materia prima osteo-odonto-queratico se obtenía  mediante la caza y la pesca en el lago y la costa, por lo cual estaban  disponibles directamente sin necesidad del intercambio, no necesariamente  representaban objetos suntuarios, como los casos andino y del noroccidente de  Venezuela, sin embargo, aunque no descartamos la posibilidad de que existiese  una jerarquización en el uso distintivo de collares, narigueras y aretes.  Paralelamente en el tiempo a la sociedad valencioide, aunque muy distantes en el  espacio, otros grupos jerárquico-cacicales se desarrollaron en el área andina  venezolana, como lo son las tradiciones Betijoque y Mirinday.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>¿MASCULINO/FEMENINO?: LA REPRESENTACIÓN ANTROPOMORFA  TARDÍA EN EL ÁREA ANDINA DE VENEZUELA</b></p>     <p align="justify">Posiblemente como consecuencia de la división social del  trabajo y el papel de los individuos dentro de una jerarquizada estructura  política, la producción cerámica comienza a manifestar una lógica  representacional distinta, en la que la figura humana se individualiza tanto en  el sentido de separarse del orden artefactual <i>utilitario</i>, lo que no  ocurre en las sociedades igualitarias orinoquenses y comienza a gestarse en los  grupos jerarquizados valencioides, como de enfatizar los rasgos particulares o  específicos de los individuos representados y la figura de lo masculino se hace  claramente visible en ambos estilos, aunque no más profusa que las figuras  femeninas y asexuadas.</p>     <p align="justify">Si bien, para la sociedad valencioide, la representación  simbólica del cuerpo responde a una asociación de lo femenino con lo  cultural-natural, para las sociedades andinas responde a dos cosas, por una  parte, a la diferenciación entre lo masculino, lo femenino y lo feminizado y,  por otro lado, a la relación entre lo sagrado y lo político. En estas sociedades  estratificadas se construyó un discurso mediante el cual se igualaron las  contradicciones sociales de tal forma que, lo ceremonial y lo estético se  unificaron en el proceso de simbolización del poder, la subordinación y la  desigualdad social entre individuos y géneros. El poder se reviste de sacralidad  y esta sacralidad</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">…se expresa en un orden que aparece como necesario y que  	se legitima con la subordinación (…), haciendo de ella un instrumento de  	mando. Este principio “ordenador” que tiene el poder, parece tener  	resonancia no sólo en la organización social, sino también en las  	manifestaciones estéticas de las sociedades tribales, debido a que muchas de  	las formas ideológicas del poder suelen vivirse estéticamente… (Delgado;  	1989: 55).</p> </blockquote>     <p align="justify">Dentro de esta cultura se produce una diferenciación plástica  y probablemente conceptual del cuerpo y de la relación representativa  sexo/género. Se representan individuos masculinos sedentes sobre un banco,  femeninos sedentes sobre sí y de pie, ninguno de ellos presenta apéndices como  en el caso valencioide. También existen piezas que representan individuos  asexuados que, de la misma forma que los grupos jerárquicos de la costa central  de Venezuela, se presentan feminizados, es decir, comparten elementos estéticos  y simbólicos de las figuras femeninas. Si bien hemos propuesto que en el caso  valencioide la feminidad es asociada a lo cultural-natural, además que las  piezas <i>asexuadas</i> tienden a ser femeninas (debido a similitudes  morfológicas en la representación) y que lo masculino se representa  estéticamente en otros medios (físicos o no), ¿que ocurre en el caso de estas  culturas andinas donde lo masculino es claramente representado en la cerámica?  Pareciese que existe una feminización o un acercamiento a lo femenino en las  piezas asexuadas.</p>     <p align="justify">Ahora poniendo a un lado esto, ¿acaso estas representaciones  figurativas representan individuos (aunque sea de forma conceptual) sin sexo?  Probablemente la respuesta sea afirmativa. Estas piezas pueden representan  individuos en un estado previo a “alcanzar” un estatus de género dentro de la  sociedad mediante, posiblemente, un ritual de paso como ocurre en culturas  contemporáneas y, posiblemente, la feminización de estas piezas es producto de  la asociación de estos individuos no adultos o en estado de niñez a la madre o  al seno materno de la familia o del grupo, aunque no necesariamente eran  exclusivamente las mujeres quienes criaban a los niños. En cuanto a la relación  de lo masculino y lo femenino en esta cultura, se denota una gran importancia</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">…de la mujer como reproductora de la fuerza de trabajo.  	Este sustrato económico se recrea, tanto simbólica como estéticamente, en la  	imagen de la mujer como icono. No obstante, la importancia centralizadora de  	la actividad económica, política, militar y religiosa que recae sobre la  	figura del cacique, se reproduce (…) en una iconografía que pone de  	manifiesto la fuerza y la solemnidad que le confiere el poder (Delgado;  	1989: 65).</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Retomemos un poco lo dicho, a manera de conclusión  intracultural, para cada una de estas sociedades. Como vimos cada forma de  representación responde a la relación entre los individuos de la cultura  productora y su ambiente, entre individuos o entre ámbitos sociales como lo  político y lo ceremonial. Para el caso valencioide, lo contradictorio subyace en  la asociación de la feminidad representada en las figuras con la representación  cultural (física) de <i>la mujer</i> como un concepto abstracto y naturaleza en  forma de apéndices zoo y fitomorfos. Más, sin embargo, la figura humana no es  pensada dentro de un sistema natural total. Esto ultimo debido a la importancia  del individuo en sistemas políticos estratificados. En cambio, en el caso de las  sociedades andinas, existe una marcada separación total entre hombrenaturaleza  y, ésta ultima, no se asocia directamente a la cultura. Lo políticoceremonial  toma un papel central en las representaciones estéticas del cuerpo. También  existe una clara diferenciación entre lo masculino y lo femenino.</p>     <p align="justify">Dentro de los atributos pictográficos y su relación con la  representación del género, la feminización de ciertas piezas clasificadas como  asexuadas, en las sociedades de la costa central y Andes opuesta a la  representación de lo masculino en el caso Betijoque-Mirinday. En cuanto a la  representación del género en cada una de estas culturas podemos decir que, en el  caso de los valencioides, los cuales no representan figuras claramente  masculinas, particularmente en cuanto a sus piezas figurativas, podemos  definirlos como femeninos, debido a la generificacíón (<i>engendering</i>) de  sus representaciones antropomorfas bajo cánones estéticos feminizados.</p>     <p align="justify">En los Andes, ocurre algo similar entre las representaciones  femeninas y asexuadas; sin embargo, aparece la figura masculina proporcionando  un patrón estético de comparación por oposición. Esto nos permite definirlos  como sexuales, debido a que se crea una división figurativa simbólica entre lo  femenino-masculino y hombre-mujer. Esto pudo estar asociado al sistema  cosmogónico aceptado y divulgado en la sociedad. Igualmente, no descartamos que  probablemente ciertas cuestiones decorativas respondieran a decisiones  estilísticas.</p>     <p align="justify">Dichos acuerdos estilísticos pudieron ser: (i) Normativos, es  decir impuestos por la sociedad. (ii) Funcionales, por ejemplo, en el caso de  sostener la mascara, pudo ser, al contrario de lo que nosotros suponemos,  realmente un soporte estructural. (iii) Simbólicos, queriendo representar  acciones o sentimientos, volviendo al caso de las manos, el hecho de  representarlos sobre el rostro o en la cintura pudo tener significados  antagónicos. (iv) Representacionales, es decir, la figura en realidad sostiene  una mascara. (v) Por ultimo, individuales, teniendo el o la artesana el libre  albedrio de colocar las manos en el rostro o en las caderas, representarlas  sedentes o de pie, sexuada o asexuada.</p>     <p align="justify">Estas piezas figurativas pudieron cumplir un papel importante  en la divulgación de un mensaje político, ideológico, ceremonial y porque no  estético, en relación a la construcción del ser social, así como en la sociedad  moderna, las muñecas juegan un rol para el aprendizaje (inconsciente) en niños  (y también en adultos) de las relaciones de género, jerarquías sociales, lo  estética y conductualmente aceptado, etc. De hecho, como constituyente en la  definición individual de la persona social, las muñecas o muñecos aportan sin el  menor esfuerzo una imagen previamente convenida que dicta, por ejemplo, la ropa  o el comportamiento sexual socialmente apropiado (Bailey; 2005: 70).</p>     <p align="justify">En relación a esto, proponemos que las piezas figurativas  andinas y valencioides, mediante la manipulación, son formas expresión y  contemplación de la identidad socialmente promulgada y aceptada por la sociedad  en la que éstas fueron producidas y utilizadas; por ello la importancia de la  miniaturización del cuerpo socializado. Estas figuras simplificaban cada uno de  los microcosmos simbólicos, estéticos e ideológicos y abrían un mundo de  relaciones tan extenso y complejo que de otra forma sería virtualmente inasible.</p>     <p align="justify">No suponemos estas páginas como conclusiones, sino como una  diáspora epistemológica que abre el camino a más preguntas sobre la  interpretación de estas piezas en su contexto social, de producción y  reproducción. Sin embargo, estas proposiciones sientan una base  teórico-metodológica para la compresión fenómenos estético-figurativos del  pasado prehispánico venezolano, los cuales son poderosos vehículos utilizados  por la sociedad para proponer, negociar, interactuar o cuestionar identidades  personales o comunales, donde el cuerpo está lleno de intencionalidad y  significados en su representación material.</p>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Antczak, M. y Antczak, A. (2006). Los ídolos de las islas  prometidas. Arqueología prehispánica del archipiélago de Los Roques. Caracas,  Editorial Equinoccio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818826&pid=S1316-3701201000010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Antolinez, Gilberto. (1941). “Arqueología comparada.  Figuración del otro yo en nuestro arte prehispánico”. En: Orlando Barreto (ed.)  (1998). El agujero de la serpiente. Gilberto Antolinez. Obras Vol. II. Ediciones  de la Oruga Luminosa. Colección de Voces Secuestradas, San Felipe. pp. 373-400.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818827&pid=S1316-3701201000010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Bailey, Douglass. (2005). Prehistoric figurines.  Representation and corporeality in the Neolithic. Londres, Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818828&pid=S1316-3701201000010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Brites, Natasha. (1994). “Estudio preliminar: aproximación  interpretativa al contexto de elaboración de las “Venus de Tacarigua”. Boletín  Antropológico, N° 31. pp. 39-51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818829&pid=S1316-3701201000010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Butler, Judith. (2006). Deshacer el género. Buenos Aires,  Editorial Paidós.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818830&pid=S1316-3701201000010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Cruxent, José M. y Rouse, Irving. (1958). Arqueología  cronológica de Venezuela. 2 vols. Venezuela: Ernesto Armitano Editor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818831&pid=S1316-3701201000010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Delgado, Lelia. (1989). Seis ensayos sobre estética  prehispánica en Venezuela. Caracas, Academia Nacional de la Historia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818832&pid=S1316-3701201000010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Escalante, Nancy. (2007). Análisis del concepto histórico  del cuerpo femenino dentro de los cacicazgos Valencia (1200- 1300 d.C.). Trabajo  final de grado para optar por el titulo de Antropólogo. UCV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818833&pid=S1316-3701201000010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Escalona Villalonga, Carlos (2009). Los cuerpos de barro:  análisis estilístico-estéticocomparativo de la figuración antropomorfa en la  cerámica prehispánica de Venezuela. Series barrancoide-saladoide, valencioide y  estilos Betijoque- Mirinday. Trabajo especial de grado para optar al titulo de  Antropólogo. UCV, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818834&pid=S1316-3701201000010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Kottak, Conrad. (2003). Espejo para la humanidad.  Introducción a la antropología cultural. Madrid, McGraw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818835&pid=S1316-3701201000010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Levi-Strauss, Claude. (1964). El pensamiento salvaje.  México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818836&pid=S1316-3701201000010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Navarrete, Rodrigo (1999). “El Orinoco medio”. En: Miguel  Arroyo, Lourdes Blanco y Erika Wagner (eds.). Arte Prehispánico de Venezuela.  Galería de Arte Nacional, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818837&pid=S1316-3701201000010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Navarrete, Rodrigo (2006). Nosotros y los otros.  Aproximación teórico-metodológica al estudio de la expresión de la etnicidad en  la cerámica de las sociedades barrancoide y ronquinoide en el bajo y medio  Orinoco (600 a.C.-300 d.C.). Caracas, Monte Ávila editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818838&pid=S1316-3701201000010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Navarrete, Rodrigo y Escalona Villalonga, Carlos. (2007).  “Willendorf-Milo-Tacarigua. Las figurinas antropomorfas femeninas prehispánicas  y su uso sociopolítico durante el período Perejimenista”. En: Emanuel Amodio  (ed.). Oralidad y escritura: la Construcción del pasado actas del III Congreso  Sudamericano de Historia. (En prensa).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818839&pid=S1316-3701201000010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Navarro, Marisa y Stimpson, Catharine. (1998). ¿Qué son  los estudios de mujeres?. Mexico: Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818840&pid=S1316-3701201000010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Sanoja, Mario. (1981). Los hombres de la yuca y el maíz.  Un ensayo sobre el origen y desarrollo de los sistemas agrarios en el mundo.  Caracas, Monte Ávila Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818841&pid=S1316-3701201000010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Sanoja, Mario y Vargas, Iraida. (1974). Antiguas  formaciones y modos de producción venezolanos. Caracas, Monte Ávila.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818842&pid=S1316-3701201000010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Sanoja, Mario y Vargas, Iraida. (1999). Orígenes de  Venezuela. Regiones geohistóricas aborígenes hasta 1500 d.C. Comisión  Presidencial V centenario de Venezuela, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818843&pid=S1316-3701201000010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Sanoja, Mario y Vargas, Iraida. (2007). “Las sociedades  formativas del noreste de Venezuela y el Orinoco medio”. En: International  Journal of South American Archaeology I. pp. 14-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818844&pid=S1316-3701201000010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Vargas, Iraida (1969). La fase San Jerónimo.  Investigaciones arqueológicas en el Alto Chama. Caracas, Instituto de  investigaciones Económicas y Sociales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818845&pid=S1316-3701201000010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Vargas, Iraida. (1990). Arqueología, ciencia y sociedad.  Ensayo sobre la teoría arqueológica y la formación económico social tribal en  Venezuela. Caracas, Editorial Abre Brecha.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818846&pid=S1316-3701201000010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Wagner, Erika. (1988). La prehistoria y etnohistoria del  área de Carache en el occidente venezolano. Mérida, Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818847&pid=S1316-3701201000010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Wagner, Erika (1999). “La región andina”. En: Miguel  Arroyo, Lourdes Blanco y Erika Wagner (eds.). Arte Prehispánico de Venezuela.  Caracas, Galería de Arte Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818848&pid=S1316-3701201000010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Wagner, Erika. (1972). “La protohistoria e historia  inicial de Boconó, estado Trujillo”. En: Antropológica 33. Instituto Caribe de  Antropología y Sociología, Caracas. pp. 36-60.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818849&pid=S1316-3701201000010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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