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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This study aimed to be an essay on Domitila Ana Maria Campos and Flores, two heroines Zulia independence. However, little information on their participation and the need to place them in the historical context in which they acted, led us to a broader reflection, without losing sight of these women who suffered the rigors of repression by the Spanish Empire in the last period of their rule. Therefore, we approached the continental struggle against Spain and the political, economic and social circumstances that triggered it, focusing on the participation of women. The basic conclusion is the low visibility of women in our historiography, product mainly of male historians, that raises the challenge to overcome these silences.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana">     <p ALIGN="center"><b>Nuestra América contra el imperio Español huellas de la  participación de la mujer</b></p> </font>  <font SIZE="2" face="Verdana">     <p ALIGN="center"><b>Teresa Gamboa Cáceres</b></p>     <p ALIGN="justify">Doctora en Ciencia Política Venezuela <a href="mailto:teresagamboa@gmail.com">teresagamboa@gmail.com</a></p>     <p ALIGN="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p ALIGN="justify">Este trabajo intentó ser un ensayo sobre Ana María Campos y  Domitila Flores, dos heroínas zulianas de la independencia. Sin embargo, la  escasa información sobre su participación y la necesidad de ubicarlas en el  contexto histórico en el cual actuaron, nos llevó a una reflexión más amplia,  sin perder de vista a estas mujeres que sufrieron los rigores de la represión  ejercida por el imperio español en el último período de su dominación. Por  tanto, abordamos las luchas continentales contra España y las circunstancias  políticas, económicas y sociales que las desencadenaron, centrando la atención  en la participación de la mujer. La conclusión fundamental es la escasa  visibilidad de la mujer en nuestra historiografía, producto fundamentalmente de  historiadores del sexo masculino, que plantea el desafío de superar estos  silencios.</p>     <p ALIGN="justify"><b>PALABRAS CLAVE</b>: Mujer, Lucha, Nuestra América</p>     <p ALIGN="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p ALIGN="justify">This study aimed to be an essay on Domitila Ana Maria Campos  and Flores, two heroines Zulia independence. However, little information on  their participation and the need to place them in the historical context in  which they acted, led us to a broader reflection, without losing sight of these  women who suffered the rigors of repression by the Spanish Empire in the last  period of their rule. Therefore, we approached the continental struggle against  Spain and the political, economic and social circumstances that triggered it,  focusing on the participation of women. The basic conclusion is the low  visibility of women in our historiography, product mainly of male historians,  that raises the challenge to overcome these silences.</p>     <p ALIGN="justify"><b>KEY WORDS</b>: Women, Struggle, Our America.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Fecha de recepción: 03 de marzo de 2010 Fecha de aceptación:  10 de marzo de 2010</p>     <p ALIGN="justify"><b>INTRODUCCIÓN: RAÍCES Y VISIÓN DOMINANTE SOBRE LA MUJER EN  LAS LUCHAS</b></p>     <p ALIGN="justify">Ana María Campos, una de las heroínas zulianas de la  independencia, nace el 02 de abril de 1796, siete años después de la Revolución  francesa, hecho que según Gloria Comesaña (1995, p.143-145), marca la irrupción  de las mujeres como grupo organizado y espontáneamente como masa. Sin embargo,  las mujeres de la gesta revolucionaria fueron condenadas al olvido durante más  de dos siglos por los historiadores, quienes no por casualidad eran hombres la  inmensa mayoría. Al respecto, y en rescate de la participación de la mujer en  dicha gesta interviene la historiadora Michelle Perrot, la cual considera que no  se trata de construir la historia de las mujeres, sino de «cambiar la dirección  de la mirada histórica, planteando la cuestión de la relación entre los sexos»  como tema fundamental.</p>     <p ALIGN="justify">No obstante la afirmación de Gloria Comesaña, antes de la  participación de las mujeres francesas, se produjo la intervención de las  mujeres de Nuestra América en las luchas pre-independistas, especialmente en el  movimiento comunero que recorrió el continente durante el siglo XVIII, cuya  historia también está por develar, pero hay indicios para abordar este trabajo.</p>     <p ALIGN="justify">Al respecto, Elida Aponte (2005, p.11-12) llama la atención  sobre un aspecto relevante; hablar de mujeres no es lo mismo que hablar de  feminismo, tal y como ha dejado claro la autora española Amelia Valcárcel, «el  feminismo es un pensamiento de igualdad… y consiste… en la vindicación de esa  igualdad para la mitad de la humanidad a la cual no le es atribuida».</p>     <p ALIGN="justify">En la historia de la resistencia a la conquista y las  revueltas durante la colonia, así como en las luchas independentista y pre-independista  en Venezuela y en general en América Latina, es muy limitada la visibilidad de  la participación de la mujer, pero además, existen menos indicios de que las  mujeres hayan reivindicado para ellas el derecho a la igualdad frente a los  hombres, mientras que algunas sí practicaron la igualdad de hecho en las luchas.</p>     <p ALIGN="justify">En su minuciosa <i>Historia Política de Venezuela</i>, Manuel  Vicente Magallanes (1975) dedica el tomo 1 al recuento de las luchas y rebeldías  desde la conquista hasta la independencia. Sin embargo, la mujer es invisible,  tanto en la resistencia indígena como en las luchas populares contra las  autoridades españolas. La mujer aparece escasamente en pocas situaciones: como  víctima de atropellos de las autoridades españolas; por el embargo de sus  rosarios, zarcillos y pañuelos de la cabeza en garantía del pago de los  impuestos; y en el caso de los cumbes de negros cimarrones, se deduce del relato  rescatado por el autor un sistema matriarcal oriundo de África: «en sitio de  mucha defensa y fortificación los embistió y desbarató, aprisionándoles a una  negra que por muchas apariencias habían nombrado los otros alzados su reina».</p>     <p ALIGN="justify">Magallanes (1975) destaca un dato interesante: que la primera  acción de resistencia armada de los aborígenes a los conquistadores se produjo  en suelo venezolano, en un sitio que los españoles denominaron Puerto Flechado  (hoy Tucacas, en Falcón). Según el texto citado de Pedro Mártir de Anglería,  miembro del «Real y Supremo Consejo de Indias» fueron «casi dos mil hombres  armados a su modo, para impedirles que desembarquen, los cuales se manifestaron  tan agrestes y tan fieros que no consintieron nunca tener contacto con los  nuestros, comercio ni trato ninguno»<sup>1</sup>.</p>     <p ALIGN="justify">A pesar del silencio, han sobrevivido nombres de indígenas  guerreras que participaron en la resistencia indígena, como la cacica Apacuana,  comandante de tropas, la más brava de los quiriquire, en Los Valles del Tuy, y  Ana Soto, barquisimetana de la tribu de los gayones, quien se mantuvo en pie de  lucha por 67 años.</p>     <p ALIGN="justify">Uno de los pocos que rescata la presencia de la mujer en la  independencia es Arístides Rojas:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p ALIGN="justify">«admirable y variado es el grupo de heroínas que  	figuraron en la época terrible de nuestra guerra magna. En unas descuella la  	frase elevada, inspiración del carácter altivo; en otras, la constancia en  	el sufrimiento, la fe inquebrantable en la lucha. Para unas la fuerza  	física: fueron las espartanas al pie del cañón, dispuestas a lanzar la onda  	mortal sobre los ejércitos enemigos; para otras el deber de esposas, que les  	hacía aceptar la muerte junto con sus maridos en el mismo cadalso»(1958, p.  	161).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">La mujer figura de manera poco relevante en los relatos,  aunque INAMUJER ha rescatado el nombre de más de ocho mil heroínas, mediante la  reconstrucción de historias locales. Con frecuencia la mujer aparece en las  narraciones existentes en su condición de esposa de algún líder, como es el caso  de Luisa Cáceres de Arismendi, quien estando embarazada a los 17 años fue hecha  prisionera y perdió a su hija al nacer; o de Josefa Joaquina Sánchez, esposa de  José María España, bordadora de la primera bandera nacional, quien sufrió cárcel  por 8 años. Sin embargo, aunque tengan méritos propios, también son condenadas  al olvido, como Ana Francisca Pérez de León<sup>2</sup>, filántropa quien creó  un hospital a raíz del terremoto de Caracas en 1812.</p>     <p ALIGN="justify">Por su parte, Juana Ramírez «la avanzadora», de Guárico, hija  de una esclava, trasciende por sí misma como la primera en un batallón de  mujeres llamado «Batería de las mujeres»; apertrechaba los cañones, auxiliaba a  los heridos y se enfrentaba valientemente al enemigo. Así mismo Josefa Camejo,  quien luchó en Coro y en Barinas como cualquier soldado y comandando rebeliones;  presuntamente, algunas veces las mujeres tuvieron que disfrazarse de hombres  para ser aceptadas en el ejército.</p>     <p ALIGN="justify">Otras figuran apoyaron la causa libertaria, hecho que les  causó la muerte o el castigo brutal y con frecuencia fueron expuestas desnudas.  Entre ellas: Eulalia Ramos de Chamberlain, de Barcelona, cuyo cuerpo fue  mutilado y arrastrado por un caballo; Teresa Heredia, de Villa de Ospino,  prisionera a los 19 años y expulsada del país por proteger a un grupo de  patriotas; Cecilia Mujica, condenada a muerte por su audaz trabajo  propagandístico; María Josefa Sucre, prisionera de Boves en Cumaná; Concepción  Mariño, margariteña enjuiciada y despojada de sus bienes. Consuelo Fernández de  Villa de Cura y Domitila Flores de la Villa de Altagracia, ejecutadas según los  relatos, por no aceptar los cortejos de un soldado realista y ser enlace con los  patriotas. Luisa Arrambide de Paccanins, de La Guaira; Leonor Guerra de Cumaná y  Ana María Campos de la Villa de Altagracia, azotadas públicamente; la segunda  murió por negarse a recibir alimentos.</p>     <p ALIGN="justify">Los casos anteriores y la escasez de información histórica  muestran la necesidad de que las mujeres historiadoras y aquellas que se  interesan por la participación de la mujer, desarrollen un trabajo exhaustivo de  recuperación de la memoria femenina, para contrarrestar posiciones ignominiosas  como la de Leal Martínez (2009) en Colombia:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Desde antes de la llegada de las imposiciones del  	cristianismo la mujer estaba relegada a ser la acompañante sumisa y servil,  	a adoptar por la fuerza el modelo fálico sin contemplación alguna… de modo  	que la llegada de los españoles no impuso el vasallaje acompañante a la  	mujer, simplemente reforzó los mecanismos de dominación que los nativos  	venían ejerciendo. Ellas desde la colonia hasta hace unas décadas fueron  	confinadas en las cocinas y los aposentos de recreación sexual masculina;  	así fue en el proceso independencia, aunque algunos alardeando del vigor de  	dos rosas distinguidas (Policarpa Salavarrieta y Antonia Santos) que dieron  	su vida (por la independencia) digan lo contrario. (El ensayo sobre ellas)  	pretende de algún modo romper con la infundada tradición de considerar que  	la mujer tuvo un gran papel (Leal Martínez, 2009).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Como puede observarse, Leal no sólo desprecia a la mujer,  sino también las raíces aborígenes, olvidando que algunas comunidades como las  wayuu tenían un régimen matriarcal<sup>3</sup>, del cual también hay indicios en  los cumbes de esclavos fugados, como mencionamos antes.</p>     <p ALIGN="justify">Por ello es vital la cuestión planteada por Michelle Perrot.  En primer lugar, porque es necesario valorar la actuación de la mujer en las  luchas trascendiendo los relatos más o menos anecdóticos, interpretándolos a la  luz de la condición femenina y de la relación entre los sexos, en el ambiente  propio de comienzos del siglo XIX, en una colonia española que lucha por su  independencia y en una provincia (la de Maracaibo) que sólo se involucra  tardíamente en esa lucha.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b>LUCHAS INDEPENDENTISTAS CONTINENTALES Y SUS REPERCU  CUSIONES EN MARACAIBO</b></p>     <p ALIGN="justify">Es necesario comprender las luchas por la independencia en el  contexto histórico de la crisis de la dominación española. Los cambios en el  mercado capitalista del Caribe fueron desencadenados desde mediados del siglo  XVII por los nuevos países que aspiraban asumir el rol imperial -Inglaterra,  Francia y Holanda-, enfrentando la hegemonía española del comercio con el nuevo  mundo, mediante el contrabando y la piratería. Esto forzó a España a extremar el  control del comercio ilícito en mar y tierra, así como a incrementar los  impuestos para el sostenimiento de los mecanismos de control. De esta forma se  crean mayores tensiones en el sistema de dominación, agravando la explotación de  indios y negros y la de todos los sectores sociales, pero abriendo posibilidades  a la actividad económica con cierta autonomía.</p>     <p ALIGN="justify">A fines del siglo XVIII, el colonialismo estaba agotado como  sistema de dominación para la América española, convertida en un mundo arcaico,  retrógrado, opresivo e injusto. Los mestizos, y más aún los indios y negros,  como sectores subalternos, pero también los criollos, estaban relegados en su  propia tierra. De allí que el siglo XVIII haya sido el de los precursores  (ideológicos) en la lucha por la independencia: el caraqueño Francisco de  Miranda (1750-1816), el primer latinoamericano universal, que logró enlazar las  luchas pre-independistas e independentistas; Juan Pablo Viscardo y Guzmán  (1748-1798) en Perú; José Joaquim da Silva Xavier (1748-1792) en Brasil;  Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795) en Ecuador; y Antonio  Nariño (1765-1823) en Colombia<sup>4</sup> (Salcedo Bastardo, 1983:22).</p>     <p ALIGN="justify">El siglo XVIII es también el de las luchas pre-independistas  en la América española<sup>5</sup>, sin influencia de las ideologías  revolucionarias norteamericanas y europeas como piensan algunos:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">«Antes de que Montesquieu o Rousseau elaborasen una  	teoría de la soberanía popular y de la representación política, América (la  	nuestra) había ido fundiendo –en su praxis- las tradiciones comunales  	indígenas y la arraigada tradición castellana de la soberanía de los  	comunes». La onda insurreccional en Nuestra América comienza con el  	levantamiento de los Comuneros paraguayos en 1721 y luego en 1731, los  	cuales lucharon contra el absolutismo político de la monarquía española y el  	absolutismo religioso de los jesuitas; lograron tomar el poder, pero no  	pudieron conservarlo frente al poderío de las fuerzas virreinales del Perú y  	Buenos Aires. En 1742 se producen los levantamientos campesinos dirigidos  	por el quechua Atahualpa, para restaurar el imperio inca; se replegaron a la  	selva central en defensa de su autonomía. Esta sublevación desemboca después  	de cuatro décadas en la insurrección de Túpac Amaru (1780) en el Cusco  	(Perú), contra el trabajo obligatorio en las mitas<sup>6</sup> y obrajes<sup>7</sup>;  	adquiere así el carácter no sólo de rebelión contra la Corona española, sino  	también de revolución social contra las relaciones esclavistas y serviles.  	Su trascendencia histórica está en la fulminante propagación por casi todo  	el virreinato del Perú, su capacidad de movilizar hasta 40.000 hombres  	(posiblemente también mujeres) armados, la integración político-militar de  	las capas oprimidas y el enfrentamiento radical al sistema colonial de  	dominación española (García, 1986, p.22-32; 120,123).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Simultáneamente con la rebelión de Túpac Amaru se inicia la  insurrección de los comuneros en la Nueva Granada, evidenciando la existencia de  causas comunes en todo el continente. Gutiérrez (1982) presenta evidencia  documental que prueba que los primeros alzamientos contra las autoridades  españoles comenzaron el 29 de octubre de 1780 en Mogotes (departamento de  Santander), y fueron seguidos en otras poblaciones. El 12 de octubre habían sido  promulgadas las medidas fiscales que incrementaron brutalmente los impuestos  para el sostenimiento de la armada de barlovento (es decir, para la lucha contra  los corsarios ingleses, franceses y holandeses que propiciaban el contrabando);  esto afectó a todos, pero más a los pobres, lo cual fue agravado por los  desmanes de los guardas de alcabala que castigaban a latigazos a los habitantes,  y dio origen a las primeras reacciones violentas de los pobladores.</p>     <p ALIGN="justify">El pueblo raso tomó la iniciativa: tejedores, vaqueros,  arrieros, comuneros, colonos, peones indígenas, esclavos. El movimiento logró  una oleada de insurrecciones en casi todo el territorio del virreinato de Nueva  Granada, con jefes elegidos directamente por los insurgentes –entre ellos Galán  y Berbeo– y obtuvo el apoyo condicionado de las élites latifundista y burguesa;  la alianza de clases tuvo su base en cierta comunidad de intereses contra la  opresión fiscal y el monopolio comercial, así como aspiraciones comunes al  ejercicio del poder. La insurrección tuvo tres fases: a) motines, protestas y  levantamientos en los pueblos, con agresión a las instituciones españolas y  destrucción de balanzas, pesas y medidas de uso en las aduanas y estancos; b)  organización de tropas comuneras de hasta 20.000 hombres; c) separación de Galán  en el momento de las capitulaciones, para que no obstruyera su desarrollo, que  lo indujo a realizar tomas militares en centros clave de la economía agrícola y  minera en la región central y occidental, propugnando la abolición de la  esclavitud. Los comuneros neogranadinos pudieron ser derrotados porque tuvieron  algunos altos mandos, entre ellos Berbeo, que intencionalmente jugaron un papel  contra-revolucionario: dividieron el movimiento y en las capitulaciones con las  autoridades de Santa Fé realizadas en Zipaquirá el 8 de junio, obviaron las  reivindicaciones populares. A pesar de ello las capitulaciones fueron firmadas  por las autoridades virreinales con la disposición de no cumplirlas, excepto la  decisión inicial de nombrar a Berbeo Corregidor y Justicia Mayor del Socorro,  siendo destituido en abril de 1782, una vez lograda la pacificación. Sin  embargo, las Capitulaciones expresan en forma embrionaria una nueva soberanía e  ideología de liberalización económica y social (García, 1986, p.22-32; 120,123).</p>     <p ALIGN="justify">Es interesante destacar la participación de la mujer en el  movimiento comunero neogranadino<sup>8</sup>. En el levantamiento del Socorro,  una mujer mayor, Manuela Beltrán arrancó el edicto con el nuevo arancel que  estaba pegado frente a la puerta de recaudación y lo despedazó. Poco antes, los  guardas de alcabala le habían derramado un poco de arroz obtenido mediante  trueque por un ovillo de hilo, que presuntamente no había pagado alcabala<sup>9</sup>.  Unos largos versos (más de 40 estrofas) que relatan los hechos e increpan a las  autoridades monárquicas, refieren: «una sola mujer tiene alcanzado/ que del  Socorro termines ya privado». En San Gil, una muchedumbre de mujeres penetraron  violentamente en el estanco y extrajeron un tercio de tabaco, al que pegaron  fuego; luego se dirigieron al Cabildo exigiendo con amenazas e improperios que  salieran los capitulares; en los relatos oficiales españoles se menciona que  éstos «tuvieron la vergonzosísima paciencia de que las mujeres más viles del  lugar los echasen a empujones, ocupasen sus sillas y dictasen providencias, como  depositarias de la autoridad real». Acciones similares se repitieron en otras  poblaciones (Cárdenas, 1980, p.23-28). Puede apreciarse el calificativo de «viles»asignado  a las mujeres del pueblo.</p>     <p ALIGN="justify">La rebelión de los comuneros también tuvo repercusiones en la  Capitanía General de Venezuela, como extensión del movimiento comunal del  continente<sup>10</sup>, difundido mediante folletos anónimos a lo largo de los  Andes; aunque las capitulaciones se firman en Zipaquirá a comienzos de Junio, la  insurrección andina ocupa varias poblaciones, despoja a los españoles del mando  y organiza el gobierno popular hasta fines de agosto, cuando encuentran la  oposición de los trujillanos; poco después conocen la derrota y asesinato de  Túpac Amaru y el incumplimiento de las capitulaciones en Nueva Granada (Pinto y  Aguiar, 2001).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Además del alzamiento de los comuneros en Mérida y otras  regiones andinas, en el caso de la Capitanía General de Venezuela, entre las  luchas pre-independentistas cabe destacar: a) la rebelión de Juan Andrés López  del Rosario (Andresote, descendiente de indios y africanos) para eliminar el  control del contrabando ejercido por la Real Compañía Guipuzcoana<sup>11</sup>  establecida en Yaracuy y en defensa de quienes estaban involucrados en el  comercio ilícito del cacao (1730-1733); b) la rebelión de los blancos criollos  de San Felipe (Yaracuy, 1740-1741) también a causa del control de los  contrabandistas quienes buscaban obtener mejores precios por el cacao; c) la  sublevación popular de El Tocuyo (1744) con apoyo de los criollos, en  resistencia a la pretensión de llevar un contingente de hombres a Puerto  Cabello, para apoyar a la Guipuzcoana en el control del comercio marítimo  ilegal; la recluta fue sustituida por un donativo que también fue rechazado por  los habitantes, extendiendo el conflicto por casi un año; d) la insurgencia  dirigida por el hacendado Juan Francisco de León contra la intromisión de la  Guipuzcoana en los cargos políticos, que logró reunir varios miles de hombres  armados, los cuales avanzaron hasta Caracas para imponer sus reclamos  (1749-1752); e) la insurrección violenta de negros e indígenas dirigida por José  Leonardo Chirino<sup>12</sup> (cuyos hijos habían nacido bajo el signo de la  esclavitud por ser hijos de una esclava) en la provincia de Coro (1795), con el  objetivo de lograr la libertad por la cual ya luchaban los haitianos<sup>13</sup>  y eludir el pago de impuestos a España; f ) la conspiración de Gual y España  (1797), donde participaron diversos sectores letrados y artesanos, que  pretendían hacer de la provincia de Venezuela una república democrática  independiente, y tuvo el apoyo de los españoles prisioneros en Puerto Cabello  por haber aspirado a sustituir la monarquía española por una república, igual  que en Francia<sup>14</sup>; g ) la tentativa de organizar una sublevación  armada con apoyo de corsarios franceses en Maracaibo, dirigida por el sastre  Francisco Javier Pirela, subteniente de las milicias de pardos en 1799. Todas  estas conspiraciones y rebeliones fueron delatadas o derrotadas y en ambos  casos, castigadas en forma brutal (Pinto y Aguiar, 2001; Magallanes, 1975).</p>     <p ALIGN="justify">Además de los casos antes mencionados, desde 1733 las  comunidades guajiras, armadas y adiestradas por los corsarios, contribuyeron a  mantener abiertas las vías de ingreso del comercio clandestino inglés y  holandés, que convirtió a la costa Caribe en escenario de un sistema de mercado  paralelo libre que erosionó el monopolio colonial hispano. En las décadas  siguientes los guajiros fueron importantes empresarios del contrabando y  peligrosos frenos a la autoridad real. De allí el diseño de diferentes planes  militares y misionales infructuosos para reducir a los guajiros (García, 1986,  p.111, 115).</p>     <p ALIGN="justify">No es extraño que a fines del siglo XVIII comenzaran a  germinar las ideas emancipadoras en la Provincia de Maracaibo, primer puerto de  occidente en la Capitanía General de Venezuela, con un tráfico marítimo  importante con puertos de Estados Unidos, Martinica, Guadalupe, Haití y Curazao,  de donde se presume que llegaba suficiente información para alimentar las ideas  subversivas (Oldenburg , 1970). Por otra parte, Maracaibo tenía mayor  comunicación terrestre con el virreinato de Nueva Granada, por lo cual hasta  esta provincia llegó información de los acontecimientos insurreccionales de los  comuneros. Sin embargo, de 1810 a 1821, aprovechando el aislamiento geográfico  de la región central de Venezuela y la disidencia de los marabinos respecto a  las autoridades republicanas en Caracas, Maracaibo se convierte en pieza clave  del sistema logístico de las fuerzas españolas con el apoyo de La Habana y San  Juan de Puerto Rico. Es posible que el pueblo llano estuviera en franca y  desafiante creencia en la libertad de Venezuela, esperando para actuar pero con  escasas sublevaciones, además del intento de Francisco Javier Pirela y el  levantamiento de la Escuela de Cristo, en la cual participaba el hermano de Ana  María Campos (Ríos, 2006).</p>     <p ALIGN="justify">Ana María Campos y Domitila Flores, heroínas zulianas, son  oriundas de la Villa de Altagracia (hoy Puertos de Altagracia) en la costa  oriental del Lago de Maracaibo, ubicada un poco más al norte que la ciudad de  Maracaibo. Existen indicios de la posibilidad de que Alonso de Ojeda hubiese  estado cerca de este sitio, donde se levantaba un caserío indígena, durante su  viaje de 1499; pero la fundación española de la villa se ubica hacia 1529,  aunque muy pronto fue sitio de paso de viajeros, por lo cual originalmente se le  denominó El Pasaje (Oldenburg, 1970). Esta condición seguramente permitió a los  habitantes de la Villa de Altagracia conocer diversos personajes y enterarse más  pronto que en otros lugares de acontecimientos del antiguo y del nuevo mundo  –como la situación de España por las pretensiones de Bonaparte<sup>15</sup>, la  independencia de Estados Unidos de Norte América, la revolución francesa, la  lucha e independencia de Haití y los levantamientos ocurridos en Nueva Granada y  Venezuela; igualmente facilitó el acceso a algunos periódicos y documentos.  Entre ellos Élida Aponte (2005, p.32) presume que pudieron conocer los Derechos  del Hombre y del Ciudadano, los cuales habían sido traducidos por el  neogranadino Antonio Nariño, quien estuvo allí de paso hacia 1797, fugado de la  prisión española a donde había sido confinado por sus actividades subversivas<sup>16</sup>  y de paso para Santa Fé.</p>     <p ALIGN="justify">Dado que la mayoría de los viajeros habituales eran hombres,  difícilmente conocieron en la Villa de Altagracia el documento elaborado por  Olimpe de Gouges (Comesaña, 1995) «Declaración de los derechos de la mujer y de  la ciudadana»; la autora fue condenada a la guillotina por quienes tomaron el  poder a raíz de la revolución francesa, que en todo caso defendió los derechos  de algunos ciudadanos hombres y propietarios, no los de las mujeres.</p>     <p ALIGN="justify">La Villa de Altagracia perteneció durante la colonia a la  Provincia de Maracaibo (compuesta en ocasiones por territorios diversos:  Riohacha - hoy departamento de la Guajira en Colombia-, y los actuales estados  Zulia, Trujillo, Mérida, Táchira, Barinas y Apure); el control administrativo de  la provincia por las autoridades españolas se ubicaba en Maracaibo, como asiento  de los poderes públicos regionales, igual que en la actualidad. La comunicación  entre ambas poblaciones era posible sólo por vía lacustre en chalupas pequeñas,  de modo que la Villa de Altagracia se mantenía un poco más alejada de dicho  control, lo cual dejaba cierto margen de autonomía, valioso para el potencial  conspirativo.</p>     <p ALIGN="justify">No es casual que las naves patriotas que se preparaban para  la batalla naval del Lago de Maracaibo (24 de julio de 1823, poco después del  martirio de Domitila Flores y Ana María Campos), se ubicaran frente a esta  población e igualmente se dirigieran allí después de haber ganado la batalla,  para reparar sus naves y atender a los heridos. El triunfo obtenido por los  republicanos logró la independencia de la Provincia de Maracaibo y consolidó la  de Venezuela. El comandante de la escuadra realista huyó con su nave llevándose  importantes archivos- La victoria republicana obligó al último capitán general  español en Venezuela, Francisco Tomás Morales, a negociaciones que concluyeron  el 3 de agosto siguiente, comprometiéndose a entregar el resto de los buques  españoles, la plaza de Maracaibo, el castillo de San Carlos, el de San Felipe en  Puerto Cabello, así como todos los demás sitios que ocupaban los españoles, y el  día 5 evacuó definitivamente el territorio venezolano.</p>     <p ALIGN="justify"><b>FRANCISCO TOMÁS MORALES: ÚLTIMOS VESTIGIOS DEL PODER  ESPAÑOL EN VENEZUELA</b></p>     <p ALIGN="justify">Francisco Tomás Morales se apodera de la Provincia de  Maracaibo en 1822. Oriundo de las Islas Canarias, vino a Venezuela en 1804,  dedicándose en Píritu (Estado Anzoátegui) al oficio de pulpero, de poca estima  para los mantuanos. A raíz del inicio de la lucha patriota por la independencia  de España, se incorpora al ejército realista. Ya en 1812 es nombrado capitán en  Caracas. Participa en numerosas acciones bélicas a lo ancho de la geografía  venezolana y neogranadina, subordinado al mando de los más feroces jefes  militares realistas: Boves, Morillo, La Torre. Interviene en la Batalla de La  Victoria, el 12 de febrero 1812 contra José Félix Ribas y los estudiantes,  quienes heroicamente logran derrotarlo; se une en 1813 a José Tomás Boves,  convirtiéndose rápidamente en su segundo al mando; el 25 de marzo de 1814,  participa con Boves en la Batalla de San Mateo, en la cual Antonio Ricaurte  produjo la explosión del parque republicano, favoreciendo el contraataque de  Simón Bolívar, para derrotar de nuevo al realista Morales. Y una semana más  tarde es nuevamente derrotado en la batalla de Bocachica, por las fuerzas  dirigidas por Santiago Mariño. A partir de junio comienzan sus triunfos, en la  segunda batalla de La Puerta y en agosto en Aragua de Barcelona, durante la  retirada del ejército republicano y la población desde Caracas hacia el oriente  venezolano (Venezuela Tuya, 2010).</p>     <p ALIGN="justify">A raíz de la muerte en combate de Boves en diciembre de 1814,  Morales ocupa temporalmente su lugar; en abril de 1815, al llegar la expedición  española dirigida por Pablo Morillo, queda subordinado a su mando y participa en  la toma de Margarita y en el sitio y toma de Cartagena de Indias. A causa de la  expedición a los Cayos, preparada por Bolívar en Haití con el incomparable apoyo  del gobierno de Petión, Morales fue enviado nuevamente a Venezuela a dirigir la  contraofensiva. Los triunfos obtenidos lo llevaron a una cacería feroz de los  republicanos, provocando una nueva retirada hacia el oriente venezolano. La  racha de victorias termina en septiembre de 1816, en El Juncal (cerca de  Barcelona, Anzoátegui), donde fue derrotado por las tropas dirigidas por Manuel  Piar y el inglés MacGregor. Subordinado a Miguel de La Torre en la batalla de  Carabobo el 24 de junio de 1821, es nuevamente derrotado. En 1822 venció a  Carlos Soublette en Dabajuro (Estado Falcón) y fue designado Capitán General de  Venezuela; inmediatamente reinició operaciones desde Puerto Cabello para  recuperar el territorio perdido y restablecer la autoridad de la corona española  en Venezuela. Prepara la «campaña de Occidente» por Coro, Maracaibo, Trujillo y  Mérida; fracasa en los Andes pero logra el control de Maracaibo, hasta que la  escuadra española es derrotada el 24 de julio de 1823 en la Batalla naval del  Lago de Maracaibo por Padilla y Manrique, y se ve obligado a capitular, siendo  oficialmente la última autoridad del gobierno español en la Capitanía General de  Venezuela (Venezuela Tuya, 2010).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Una de las características de Francisco Tomás Morales fue su  ensañamiento contra las mujeres. Bajo sus órdenes fueron sometidas a latigazos  y/o fusiladas Mercedes Alaña en San Félix, la señora Matos Moncada en el Puerto  de Gibraltar, así como Domitila Flores y Ana María Campos en la Villa de  Altagracia (Oldenburg , 1970, p.155). De las dos primeras hay muy pocas  referencias.</p>     <p ALIGN="justify">La costumbre española de aplicar latigazos, estaba destinada  a las mujeres. Después de derrotar la sublevación de José Leonardo Chirino en  Curimagua, pueblo de la provincia de Coro, los hombres capturados fueron  ejecutados sin fórmula de juicio. Sin embargo, al menos tres mujeres esclavas,  Polonia y Trinidad propiedad de Nicolasa Acosta y Antonia, de Francisco  Manzanos, fueron condenadas al castigo de los azotes, y además, a ser vendidas  fuera de la jurisdicción (Ortega Dávila, 2001, p.96) para evitar el riesgo de  una nueva propagación de las ideas libertarias. </p>     <p ALIGN="justify"><b>LUCHA, MARTIRIO Y EJEMPLO DE DOMITILA FLORES Y ANA MARÍA  CAMPOS</b></p>     <p ALIGN="justify">La leyenda de la primera heroína altagraciana es recogida en  un soneto de Udón Pérez, titulado Domitila Flores Patricia zuliana:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Dijérase este nombre musical y florido/ el símbolo de una  	leyenda medieval/ en que al nocturno canto de trovador garrido/ responde un  	haz de flores en reja señorial./ I cierto, en este nombre que casi ahogó el  	olvido, Hai rosas… pero rosas de un trágico rosal; / Hai notas… pero notas  	que cifran el gemido/ de una gentil patricia, mártir del ideal./ A  	insinuación lasciva de un oficial ibero/ «veneno apuraría» –le respondió –  	primero/ que dar a un enemigo de mi Patria, mi amor./ Y atada a infame  	poste, como al sayón le plugo,/en sus desnudas carnes la vara del verdugo/  	abrió cincuenta rosas de sangre i de dolor (sic).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">De Domitila Flores hay muy poca información. Era una  bordadora joven que mantenía enlace clandestino con los patriotas. Seguramente  fueron sus actividades y no el desaire al soldado español, la razón que provocó  la orden del castigo brutal y posterior fusilamiento en la Villa de Altagracia.  Posiblemente fue delatada por el mismo soldado, al poner en evidencia su  posición contra el gobierno ibérico (Oldenburg, 1970). Lo resaltante en este  caso es la presencia sobredimensionada en los relatos conservados, de la  relación entre los sexos: un soldado español -expresión de la dominacióny una  patriota latinoamericana que representa la mayor minusvalía ante el primero, por  su doble condición de mujer y de criolla en una colonia que lucha por su  independencia.</p>     <p ALIGN="justify">Sobre Ana María Campos se conserva relativamente más  información, la mayoría transmitida oralmente en coplas y relatos<sup>17</sup>,  que fue recogida por los cronistas de los Puertos de Altagracia, nombre que  actualmente tiene la villa. En las crónicas existe un empeño en defender que Ana  María era de «buena familia» o de «familia aristocrática» y hasta establecen su  parentesco con un arzobispo de apellido Campos en Perú; aquí entra en juego un  prejuicio clasista, al cual subyace que las mujeres del pueblo llano no serían  de buena familia. Sin embargo, la actitud e intrepidez de Ana María Campos  resultan contradictorias con las costumbres señoriales de la época, y fue  duramente criticada y calumniada en su momento. Algunos relatos la pintan como:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">«Hermosa, inteligente, ágil en la palabra, persuasiva y  	revolucionaria… prenda de admiración en todas las tertulias de sociedad, en  	las cuales desparramaba sus opiniones sustentadoras de los principios del  	Libertador, y el reproche constante y cortante a la esclavitud de la  	monarquía española» (Oldenburg , 1970). Otros la describen como «Joven,  	emprendedora, audaz, inteligente, demasiado valor femenino para la época…» (ENcontrarARTE,  	2010).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">De las apreciaciones anteriores no hay evidencia documental  conocida. Pero el comportamiento de Ana María Campos es contradictorio con las  conductas permitidas a las mujeres de cierto nivel social a comienzos del siglo  XIX. El único caso notorio de este tipo de audacia femenina, es el de Manuela  Sáenz, la Libertadora de El Libertador.</p>     <p ALIGN="justify">Algunos autores asimilan la participación femenina en las  colonias americanas, a lo ocurrido en la corte parisina antes de la Revolución  Francesa, donde:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">«la participación de las mujeres en la vida social… se  	limitaba a dos posibilidades muy disímiles la una de la otra: intervenir en  	las intrigas de la vida cortesana (ejerciendo así un poder indirecto y  	discutible), o patrocinar y a veces conducir el movimiento de las ideas,  	mediante la dirección de los salones mundanos…» (Comesaña, 1995, p.148-149).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Sin embargo, en el caso de nuestras heroínas estamos hablando  de un pequeño puerto, con una limitada actividad social; además, es posible que  se tratara de mujeres pertenecientes a sectores medios o populares, como en el  caso de las comuneras. Incluso la misma expresión que la hizo famosa: «O  capitula o monda<sup>18</sup>», no parece corresponder a una expresión propia de  mujeres de cierto nivel social.</p>     <p ALIGN="justify">Durante la colonia, el siglo XIX e incluso parte del siglo XX,  la mujer de los estratos pudientes y medios era preparada para cumplir sus  deberes como esposa y madre (reproductora del apellido y garantizadora de la  herencia), para conducir la vida doméstica y cuidar los bienes materiales; debía  ser juiciosa, diligente, recatada y religiosa. Se insistía en la educación  doméstica y eventualmente artística (piano y literatura); los más retrógrados  pedían no hablarles de ciencia y menos aún de emancipación. Esto evidencia un  imaginario tradicional, impregnado por costumbres atávicas. Por su parte, las  familias de los sectores populares, ante las carencias y estrecheces de la vida  cotidiana, no se preocupaban por estas pautas de comportamiento, pero las  mujeres estaban sometidas a mayores limitaciones, debiendo aportar su trabajo  para el sostenimiento del hogar (Bermúdez, 2005) y siendo sometidas igual que  los hombres al pago de impuestos.</p>     <p ALIGN="justify">Elida Aponte destaca para los tiempos de la revolución  independentista la religiosidad, el recogimiento en el hogar y la fragilidad de  la condición femenina, como rasgos de las clases altas, cuyas mujeres estaban  sometidas a un marcado enclaustramiento. Por el contrario, las mulatas,  cuarteronas o quinteronas, podían circular con más libertad, pero tampoco debían  salir de noche. Las diferencias eran tan marcas que incluso había cárceles  diferentes para las indígenas, negras y blancas.</p>     <p ALIGN="justify">Las ideas libertarias de Ana María pudieron ser motivadas  originalmente por su hermano mayor, León Campos quien pertenecía a la Escuela de  Cristo –con sede en Maracaibo–, organización religiosa utilizada para ocultar la  actividad conspirativa. Según historias no confirmadas León Campos murió en la  prisión de Puerto Cabello, en 1812, cuando Ana María contaba tan sólo 16 años. </p>     <p ALIGN="justify">Al llegar a los Puertos de Altagracia en abril de 1822 el  jefe realista Francisco Tomás Morales, había sido precedido del relato de sus  crímenes de guerra. Si bien el terror cunde, se enerva el espíritu patriótico de  los altagracianos y se incrementa la decisión de luchar. Morales, no tolera el  patriotismo de las mujeres valientes; primero ordena el fusilamiento de Domitila  Flores en la Plaza de Altagracia, y luego actúa contra Ana María Campos (Oldenburg  , 1970).</p>     <p ALIGN="justify">Los cronistas presumen que «eran frecuentes, aunque  clandestinas, las reuniones republicanas; entre éstas las auspiciadas por la  joven Campos, quien llegó a decir en una de ellas: «Si Morales no capitula,  monda (es decir, muere)». Delatada por alguno de los asistentes, fue llevada  prisionera a Maracaibo. Sostuvo su posición ante Francisco Tomás Morales – el  implacable jefe realista–, incluso dando indicios de tener conocimiento del alto  potencial de los patriotas de la escuadra dirigida por los neogranadinos Padilla  y Manrique, que se preparaba para la batalla naval del Lago de Maracaibo. Según  Oldenburg (1970), estas fueron sus palabras:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p ALIGN="justify">«He dicho, señor, que dada la justicia de los patriotas  	americanos, los poderosos recursos con que cuentan, la actitud imponente del  	intrépido Padilla y el cerco de acero que por doquier os amenaza, si Usía no  	capitula, monda… los patriotas son ya vencedores en toda Venezuela y dentro  	de muy poco lo serán en Maracaibo, por agua y por tierra».</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Ana María fue condenada a ser vapuleada públicamente y  semidesnuda por las calles de Maracaibo. Hasta la Casa de Morales (hoy Casa de  la Capitulación en el Paseo Ciencias), montada sobre un burro, el 18 de junio de  1823, fue llevada a latigazos sobre sus espaldas desnudas por las manos del  esclavo Valentín Aguirre<sup>19</sup>, seguido por un par de soldados españoles  quienes la instaban infructuosamente a retractarse, hasta que cayó exánime y fue  conducida a prisión.</p>     <p ALIGN="justify">Según la costumbre de la época, estos castigos eran públicos,  para que cumplieran su papel de escarmiento o de lección ejemplarizante, que  atemorizara a potenciales seguidores. Dicen que inicialmente «daba la impresión  que nadie se había dado cuenta del gesto heroico de la muchacha patriota. Las  madres desconocían la razón por la cual un día las obligaron a presenciar el  espectáculo de una joven arrastrada al suplicio, ignorando la entereza de su  gesto». Pero Ana María Campos pasó a la posteridad, como una de las heroínas de  la lucha por la independencia, y como ejemplo para las futuras generaciones (EFOSIG,  2010).</p>     <p ALIGN="justify">Poco más de un mes después de la tortura de Ana María Campos,  el 24 de julio de 1823, se produce el triunfo de los patriotas en la Batalla  Naval del Lago de Maracaibo, la cual selló la Independencia de la Gran Colombia  y permitió la liberación de Ana María y la curación de sus heridas, que la  dejaron víctima de epilepsia y con una relativa invalidez. El 3 de agosto  Francisco Tomás Morales firma la capitulación de las fuerzas realistas, es decir  el final del poderío español en la Gran Colombia. Y el día 5 del mismo mes, Ana  María Campos, contempla el buque en el cual se alejaba para siempre el último  vestigio del poder español. Finalmente, cinco años más tarde, Ana María Campos  muere ahogada a orillas del Lago, al fondo de su casa en la Villa de Altagracia.  Sobre el hecho hay dos versiones: que murió víctima de un ataque de epilepsia o  simplemente, que prefirió morir (CLEZULIA, 2010).</p>     <p ALIGN="justify">Oldenburg (1970, p.35) contrasta la posición de Ana María,  quien no pidió castigo alguno contra Morales, al ser interrogada al respecto por  los líderes vencedores en la batalla naval del Lago de Maracaibo, con la actitud  vengativa de Ezequiel Zamora, aunque no precisa en qué circunstancias el líder  de la Guerra Federal se comportó de tal forma.</p>     <p ALIGN="justify">Por otra parte, el ejemplo de Ana María Campos, pretende ser  utilizado para apoyar las aspiraciones autonómicas del Estado Zulia:</p>     <p ALIGN="justify">«En estos tiempos donde imperan las luchas políticas y la  autonomía del estado Zulia pretende ser vulnerada por el centralismo, el pueblo  oriundo del municipio Miranda asegura que al igual que Ana María Campos, los  zulianos deben luchar a toda costa por defender sus derechos, su libertad y sus  recursos, rompiendo las cadenas de la dominación y la centralización… De igual  modo, Ireneo Romero, natural de Miranda, resalta que los zulianos no pueden  permitir que las luchas libradas por los próceres de la independencia se vean  perdidas al caer nuevamente en las manos del centralismo y la dominación,  exhortándolos a batallar cívica y pacíficamente por conseguir un mejor presente  y un mejor futuro (Perozo, 2010).</p>     <p ALIGN="justify">En estos planteamientos se confunde en forma nada inocente,  la lucha contra el poder imperial, con la lucha por cuotas de poder al interior  del país. Y se pasa por alto que el proceso bolivariano está sustituyendo la  descentralización de competencias hacia autoridades regionales, que terminan  beneficiando a las burguesías regionales, por la transferencia directa hacia los  consejos comunales y las comunas, es decir, hacia el pueblo soberano.</p>     <p ALIGN="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">El rastreo bibliográfico realizado pone de relieve la escasa  visibilidad de la participación de la mujer en las obras históricas, que implica  la subvaloración de sus aportes a la constitución y desarrollo de la nación  venezolana e incluso de Nuestra América. El rescate de ocho mil heroínas,  realizado por INAMUJER es un comienzo importante, pero exige el compromiso de  continuar la investigación mediante análisis de los documentos históricos, en  especial pero no exclusivamente, de los archivos de Indias.</p>     <p ALIGN="justify">En esta tarea puede resultar valiosa la propuesta de Santos  (2003:37), para quien «los silencios y las necesidades impronunciables  únicamente se pueden comprender mediante la ayuda de una sociología de las  ausencias que sea capaz de avanzar a través de una comparación entre los  discursos hegemónicos y contra hegemónicos disponibles… el silencio es una  construcción que se afirma a sí misma como síntoma de una interrupción, de una  potencialidad que no pudo ser desarrollada».</p>     <p ALIGN="justify"><b>Notas</b></p>     <p ALIGN="justify">1 Sejourne (1987:55) explica que: «los caribes sabían que el  arma más peligrosa de los extranjeros era la mentira y que, por tanto, debían  huir antes de que llegaran y no iniciar, bajo ningún pretexto, pláticas que los  conducirían al desastre. Así pues, tomaron medidas eficaces ante la proximidad  de los invasores: incendiaban sus propias casas y escondían víveres y gentes de  tal manera que muchas veces eran inhallables. La táctica de la guerrilla se  perfeccionó: llegaron a quemar los campamentos enemigos y a sustraerse a las  represalias; a jugar sabiamente con las retiradas estratégicas, y explotaron  hasta lo último los accidentes naturales, dirigiendo el combate ya sea hacia los  terrenos pantanosos… los ríos… la manigua…»</p>     <p ALIGN="justify">2 Dado que pocos conocían que el hospital que lleva su  apellido rinde homenaje a una mujer y no a un hombre, a petición de María León,  presidenta de INAMUJER en 2007 le agregaron al Hospital Pérez de León, el nombre  completo de Ana Francisca.</p>     <p ALIGN="justify">3 La arqueóloga Laurette Sejourne (1987) destaca que una de  las más claras diferencias entre las comunidades indígenas del hemisferio norte  respecto a las del sur y las Antillas es que éstas últimas guardan una  estructura matrilineal.</p>     <p ALIGN="justify">4 Previamente, Nariño de 16 años, participó en las milicias  realistas que debían combatir las tropas de la rebelión de los comuneros (1781),  dirigidas por Galán y Berbeo en la Gran Colombia y guardó silencio frente a la  sangrienta represión que se desató desde 1982 después del no reconocimiento de  las capitulaciones manipuladas. En aquel momento los jóvenes aristócratas  criollos no comprendieron el valor histórico de esta rebelión, aunque luego  Nariño argumentara con valentía a favor de la soberanía popular (García,  1986:33).</p>     <p ALIGN="justify">5 Esto no significa en modo alguno que los siglos anteriores  hayan sido de paz. Bolívar no tenía razón cuando lanzó aquella exclamación ante  la Sociedad Patriótica «Trecientos años de calma ¿no bastan?», porque si durante  la conquista la resistencia fue sistemática, durante la colonia también hubo  numerosos motines y revueltas.</p>     <p ALIGN="justify">6 Mita, mecanismo de explotación de la fuerza de trabajo  indígena que consistía en la obligación a los indígenas de trabajar en las minas  de oro y plata. Estos trabajos estaban regulados por las leyes de indias y la  disposición de los cabildos. Los indígenas debían trabajar en las minas,  excluyéndose a los caciques, inválidos, forasteros y mujeres (Portal Ecuador,  2010).</p>     <p ALIGN="justify">7 Obraje: otro mecanismo de explotación de la fuerza trabajo  indígena. Eran las fabricas de tejidos de lana, algodón y cabuya; como también  las que laboraban alpargatas, costales, mechas, pólvora, monturas sombreros,  etc. Donde los indígenas tenían que trabajar días y noches muchas veces hasta  morir. Estas fábricas eran completadas por los llamados batanes situados junto a  los ríos en donde se preparaba la materia prima, así: Se lavaban las lanas,  tejidos, hilos, se curtían, los cueros, etc. Estos trabajos los realizaban las  mujeres (Portal Ecuador, 2010).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">8 Luis Guillermo Vallejo realizó entre 2002 y 2007 un  monumento fascinante a Los Comuneros, que destaca los diferentes actores  participantes, con especial relieve del carácter popular y de la participación  de la mujer (<a href="http://www.luisguillermovallejo.com/?page_id=114">http://www.luisguillermovallejo.com/?page_id=114</a>).</p>     <p ALIGN="justify">9 Las contradicciones con las autoridades coloniales se  habían exacerbado: incremento de los impuestos de todo tipo, que afectaban más  gravemente a los pobres; control riguroso del contrabando; supresión de pequeñas  reducciones indígenas para ser vendidas a favor del erario real, dejando a los  indígenas despojados de sus tierras y del fruto de su trabajo.</p>     <p ALIGN="justify">10 Razones geográficas y económicas facilitaban la  comunicación entre las regiones nororientales de Nueva Granada y la provincia de  Maracaibo. La fundación de las ciudades de Mérida, San Cristóbal, Barinas y  Gibraltar fue realizada por expediciones salidas desde Pamplona; la exportación  de las regiones occidentales de Nueva Granada se hacía por el Lago de Maracaibo,  por lo cual a mediados de 1776 fueron agregadas a la Capitanía General de  Venezuela.</p>     <p ALIGN="justify">11 El control realizado por la Guipuzcoana para reprimir el  contrabando,seorientó fundamentalmente al establecimiento de flotas  guardacostas, que tenían la función de patrullar, reprimir, perseguir y apresar  a los contrabandistas, en defensa del monopolio comercial ejercido por España  (Acuña Mendoza, 2001, p.56).</p>     <p ALIGN="justify">12 Antes del levantamiento los negros bailaban y cantaban al  son de tambores y en las propias narices de los blancos, versos como los  siguientes: ‘candela arriba, candela abajo, muera lo blanco, lo negro viva’. De  esta forma se burlaban de las autoridades y de la aristocracia criolla (Ortega  Dávila, 2001, p. 94).</p>     <p ALIGN="justify">13 La lucha emancipadora en Haití, fue dirigida por François  Dominique Toussaint-Louverture de 1793 a 1802, enfrentando a españoles, ingleses  y franceses, hasta su destierro y muerte. En 1803, Jean Jacques Dessalines vence  definitivamente a las tropas francesas y declara la independencia de Haití en  1804.</p>     <p ALIGN="justify">14 Los españoles republicanos Picornell, Cortés Campomanes y  Sebastián Andrés, fugados de la cárcel de Puerto Cabello con apoyo de Gual y  España reprodujeron 8000 ejemplares de la Canción Americana cuyo estribillo  decía «... Viva tan solo el Pueblo/ el Pueblo Soberano/ Mueran los opresores/  Mueran sus partidarios...», así como 2000 folletos de los Derechos del Hombre y  del Ciudadano (Aguiar, 2001, p.105). Otra versión de la canción americana:  Bailen los sincamisas/y viva el son del cañón. Yo que soy un sincamisa/ un baile  tengo que dar/y en lugar de guitarras / los cañones sonarán. /Si alguno quiere  saber / por qué estoy descamisado/ porque con los tributos /el Rey me ha  desnudado (Bermúdez, 1999).</p>     <p ALIGN="justify">15 Durante el siglo XIX, las tensiones políticas en las  colonias españolas de América se agudizaron, especialmente la rivalidad entre  criollos y peninsulares (chapetones). El control del contrabando y los impuestos  crecientes para sostener la guerra con Francia, aumentaron las desigualdades;  igualmente, el triunfo de la Revolución Francesa y las pretensiones  continentales del gobierno de Napoleón Bonaparte, contribuyeron a los procesos  de independencia en el continente hispanoamericano.</p>     <p ALIGN="justify">16 A Nariño lo defendió su cuñado, José Antonio Ricaurte,  quien también fue detenido y murió en prisión, porque el documento de la defensa  fue considerado más peligroso que los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y por  tanto fue mandado quemar por el verdugo (Martínez, 2004).</p>     <p ALIGN="justify">17 Morales capituló / con el agua a la garganta / si no  capitula monda / como lo dijo la Campos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">18 Monda es un término que tiene diferentes significados:  quitar lo superficial o extraño, quitar la cáscara a las frutas, podar, cortar  el cabello, quitarle a alguien lo que tiene (Quillet,</p>     <p ALIGN="justify">19 Es importante destacar que la mayoría de los textos sobre  Ana María Campos aluden al africano Valentín Aguirre, como verdugo desgraciado  cuyas asesinas manos» castigaron a la heroína. Esto pasa por alto que se trata  de un esclavo cumpliendo órdenes de los tiranos realistas.</p>     <p ALIGN="justify"><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p ALIGN="justify">1. Acuña Mendoza, Enrique (2001) La insurgencia de Juan  Francisco de León y la Compañía Guipuzcoana de Caracas (1749-1752). En  Rebeliones, alzamientos y movimientos preindependistas en Venezuela. Ediciones  de la Presidencia de la República, Caracas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818981&pid=S1316-3701201000010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">2. Aguiar Fagundez, Mike (2001) La conspiración de Manuel  Gual, José María España y Simón Rodríguez. En Rebeliones, alzamientos y  movimientos preindependistas en Venezuela. Caracas, Ediciones de la Presidencia  de la República.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818982&pid=S1316-3701201000010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">3. Aponte Sánchez, Élida (2005) Ana María Campos o la lucha  por la libertad. En La mujer en la historia del Zulia, Compilado por Juan C.  Morales M., Acervo Histórico del Estado Zulia, Maracaibo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818983&pid=S1316-3701201000010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">4.  Aponte Sánchez, Élida. (2005). La revolución feminista. Frónesis, 12, (1), 9 –  37. <a href="http://www.scielo.org.ve/pdf/frone/v12n1/art2.pdf"> http://www.scielo.org.ve/pdf/frone/v12n1/art2.pdf</a> </span> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818984&pid=S1316-3701201000010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">5. Bermúdez, Nilda (2005) Algunas consideraciones sobre la  mujer maracaibera del siglo XIX. En La mujer en la historia del Zulia, Compilado  por Juan C. Morales M., Acervo Histórico del Estado Zulia, Maracaibo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818985&pid=S1316-3701201000010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">6. Bugliani, Lía. (1999). La Carmañola Americana (1797) entre  la Carmagnole Francesa (1792) y el Canto de las Sabanas de Barinas (1817-1818). Núcleo, 16, 3-26. <a href="http://www.histal.umontreal.ca/espanol/documentos/la%20carmanola%20americana.htm"> http://www.histal.umontreal.ca/espanol/documentos/la%20carmanola%20americana.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818986&pid=S1316-3701201000010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">7. Cárdenas Acosta, Pablo (1980) El movimiento comunal de  1781 en el Nuevo Reino de Granada. 2ª ed. Bogotá, Ediciones Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818987&pid=S1316-3701201000010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">8. CLEZULIA (2010) Heroína Ana María Campos, Consejo  Legislativo del Estado Zulia. Consulta 20-01-2010 <a href="http://clezulia.gov.ve/personajes/proceres/anamariacampos.htm"> http://clezulia.gov.ve/personajes/proceres/anamariacampos.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818988&pid=S1316-3701201000010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">9. Comesaña Santelices, Gloria (1995) Las mujeres y el poder  en la Revolución Francesa. En Filosofía, feminismo y cambio social. Universidad  del Zulia, Maracaibo. EFOSIG (2010) Escuela de formación socialista para la  igualdad de género Ana María Campos, Consulta realizada el 15 de enero de 2010. <a href="http://www.efosig.gob.ve/pagina/index.php?option=com_">http://<span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">www.efosig.gob.ve/pagina/index.php?option=com_</span></a><span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">content  &amp; view=article &amp; id=44 &amp; Itemid=28</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818989&pid=S1316-3701201000010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">10. García, Antonio. (1986). Los comuneros 181-1981. Los  comuneros en la pre-revolución de independecia, 2ª ed. Bogotá, Colombia: Plaza y  Janes Editores, &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818990&pid=S1316-3701201000010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">11. Gutiérrez, José Fulgencio. (1982). Galán y los comuneros.  Estudio histórico crítico. 2ª ed. Editado por la Caja de Crédito Agrario,  Industrial y Minero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818991&pid=S1316-3701201000010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">12. Leal Martínez, Andrés Felipe (2009) Ensayo sobre Antonia  Santos y Policarpa Salavarrieta. <a href="http://comunidades.semana.com/wf_InfoNoticia.aspx?IdNoticia=3680"> http://comunidades.semana.com/wf_InfoNoticia.aspx?IdNoticia=3680</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818992&pid=S1316-3701201000010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">13.  Magallanes, Manuel Vicente. (1975). Historia Política de Venezuela, Tomo 1.  Caracas, Monte Ávila Editores.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818993&pid=S1316-3701201000010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span style="font-size:10.0pt;font-family:Verdana">14. Oldenburg, Christian.  (1970). La Villa Altagraciana y su comarca. Distrito Miranda, estado Zulia,  República de Venezuela. Diversa relación correspondiente a 470 años, desde 1499  hasta 1969.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818994&pid=S1316-3701201000010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span style="font-size:10.0pt;font-family:Verdana">15. Ortega Dávila, Gladys.  (2001). La insurrección de José Leonardo Chirinos (1795), en Rebeliones,  alzamientos y movimientos preindependistas en Venezuela. Caracas, Ediciones de  la Presidencia de la República.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818995&pid=S1316-3701201000010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->16. Perozo, Silena. ()  Mirandinos conmemoran hoy natalicio de Ana María Campos.</span> <a href="http://www.elregionaldelzulia.com/titular.asp?ID=27848"> http://www.elregionaldelzulia.com/titular.asp?ID=27848</a>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818996&pid=S1316-3701201000010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">17. Pinto González, Teresa  y Aguiar Fagundez, Mike. (2001). Rebeliones, alzamientos y movimientos  preindependistas en Venezuela. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la  República.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818997&pid=S1316-3701201000010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">18. Portal Ecuador (2010) Mecanismos De Explotación De La  Fuerza De Trabajo Indígena. Consulta 15-02-2010. http://portalecuador.ec/module-Pagesetter-viewpubtid-  2-pid-392. php &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818998&pid=S1316-3701201000010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">19. Quillet (1978) Diccionario Enciclopédico, tomo 6º.  México: Editorial Cumbre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2818999&pid=S1316-3701201000010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">20. Ríos Serrano, Elio (2006) La secesión del Zulia.  Consulta, 20-01-2006, <a href="http://www.aporrea.org/tiburon/a19878.html"> http://www.aporrea.org/tiburon/a19878.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819000&pid=S1316-3701201000010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">21. Rojas, Arístides (1958) Leyendas históricas de Venezuela.  Caracas, Ed. El Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819001&pid=S1316-3701201000010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">22.  Ruiz Martínez, Eduardo (2004) Antonio Nariño, Biblioteca Luis Angel Arango.  Consulta, 10-02-2010.</span> <a href="http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/narianto.htm"> http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/narianto.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819002&pid=S1316-3701201000010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">23. Salcedo Bastardo, J.M. (1983) Simón Bolívar, la esperanza  del universo, Unesco. Consulta 15-01-2010 <a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0005/000550/055003S.pdf"> http://unesdoc.unesco.org/images/0005/000550/055003S.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819003&pid=S1316-3701201000010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">24. Santos, Boaventura de Sousa (2003) La caída del Angelus  novus: ensayos para una nueva teoría social y una nueva práctica política.  Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Instituto Latinoamericano de Servicios  Legales Alternativos, Colección en Clave de Sur.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819004&pid=S1316-3701201000010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">25. Sejourne, Laurette (1987) América Latina. Antiguas  culturas precolombinas. Vol. XXI, 18ª ed. en español, México: Siglo XXI  Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819005&pid=S1316-3701201000010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">26. Venezuela tuya (2010) Francisco Tomás Morales. Consulta  15 de enero de 2010. <a href="http://www.venezuelatuya.com/biografias/morales.htm"> http://www.venezuelatuya.com/biografias/morales.htm</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819006&pid=S1316-3701201000010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">27. Yepes, Enrique (2010) Las independencias nacionales en  América Latina. consulta, 15-02-2010. <a href="http://www.bowdoin.edu/~eyepes/latam/indepen.htm"> http://www.bowdoin.edu/~eyepes/latam/indepen.htm</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2819007&pid=S1316-3701201000010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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