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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In making a brief review of the policy actions of the Venezuelan women between 1928 and 1947 in then national context, we rescue the suffragists role that they developed to obtain the right to vote and be elected, which become invisible under the so-called universal suffrage. We see the role of the populist government that guaranteed the right to vote to all the Venezuelans and its reasons for doing so, concluding with a brief review of the impact on the Venezuelan political imaginary of the participation of women for the first time in national political life.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana" COLOR="#231f20">     <p align="center"><b>Re-escribiendo la historia: Las Venezolanas y sus luchas  por los derechos políticos</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#231f20">     <p align="center"><b>Magally Huggins Castañeda</b></p>     <p align="justify">Magister en administración de justicia criminal-Criminología.  Venezuela. <a href="mailto:magallyhuggins@cantv.net">magallyhuggins@cantv.net</a></p>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">Al realizar una breve revisión de las acciones políticas de  las venezolanas entre 1928 y 1947 en la perspectiva del contexto nacional de  entonces, rescatamos el papel de sufragistas que desarrollaron para obtener el  derecho a votar y ser elegidas y que quedó invisibilizado bajo el llamado  sufragio universal. Vemos el papel del gobierno populista que garantizó el  derecho al voto a todas y todos los venezolanos y sus razones para hacerlo y  concluimos con una breve revisión del impacto que sobre el imaginario político  venezolano tuvo la participación de las mujeres por vez primera en la vida  política nacional.</p>     <p align="justify"><b>PALABRAS CLAVE</b>: Mujer, historia, derechos políticos.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">In making a brief review of the policy actions of the  Venezuelan women between 1928 and 1947 in then national context, we rescue the  suffragists role that they developed to obtain the right to vote and be elected,  which become invisible under the so-called universal suffrage. We see the role  of the populist government that guaranteed the right to vote to all the  Venezuelans and its reasons for doing so, concluding with a brief review of the  impact on the Venezuelan political imaginary of the participation of women for  the first time in national political life.</p>     <p align="justify"><b>Key words</b>: Women, history, political rights.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Fecha de recepción: 15 de marzo de 2010 Fecha de aceptación:  28 de marzo de 2010</p>     <p align="justify"><b>Introducción</b></p>     <p align="justify">La lucha de las mujeres por ser reconocidas ciudadanas con  plenos derechos políticos ha sido larga y atravesado la historia. Aunque algunas  acciones importantes se habían desarrollado con anterioridad, podemos fijar un  inicio con la Revolución Francesa, cuando Olympe de Gouges reclama los mismos  derechos para las mujeres y ciudadanas que les fueron concedidos a los hombres  en la <i>Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano</i>. Estas luchas  continuaron y en el Siglo XIX el «movimiento sufragista» por el derecho al voto  para las mujeres, también conocido como Primera Ola del Feminismo<sup>1</sup>,  se desarrolló en Inglaterra y se irradió a muchos países europeos y a los  Estados Unidos ante el impacto de la revolución industrial y del liberalismo.</p>     <p align="justify">Las mujeres latinoamericanas no se quedaron atrás, lucharon  por el derecho al voto y a ser elegidas durante un largo período que va desde el  siglo XIX, pero solamente alcanzaron dicho derecho entre 1929 y 1961. Esto no  fue una concepción de los gobiernos democráticos, populistas o autoritarios  –dictatoriales en su mayoría–; por el contrario, y aunque no se registre en la  historiografía moderna, el derecho a la ciudadanía política fue ganado por las  mujeres con arduos procesos conflictivos y el uso de diferentes estrategias.</p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvem/v15n34/art09cua1.gif" width="516" height="267"></p>     
<p align="justify">Estos derechos no fueron aceptados de manera plena y de una  sola vez en todos los países. En algunos se podía votar sólo a nivel municipal o  regional (provincial), durante un período casi siempre considerado de prueba,  para que las mujeres (sic.) aprendieran a ejercer ese derecho de manera autónoma  y no siguiendo lineamientos de sus padres, esposos o de la Iglesia Católica. En  otros países, sólo las mujeres letradas podían votar a candidatos municipales, y  en otros, a pesar de haber alcanzado el voto pleno dentro de la universalidad de  los derechos políticos, no pudieron ejercerlo por vivir en dictaduras que no  realizaban elecciones, aunque algunas pudieron participar en plebiscitos  (Colombia, Venezuela) durante las dictaduras en sus países.</p>     <p align="justify">Lo más notorio es que en la mayoría de los países  latinoamericanos hubo un movimiento sufragista que con mayor o menor fuerza,  durante más o menos un largo tiempo, venía luchando por los derechos políticos  de las mujeres. Pero, si no es por los trabajos de las investigadoras feministas <i>parecería que en nuestro continente, el derecho al voto y a ser elegida, fue  una dádiva complaciente incluida dentro del voto universal y no un logro de las  luchas políticas de las mujeres por sus derechos</i>. Veamos ahora cómo fue este  proceso en Venezuela.</p>     <p align="justify"><b>LOS DERECHOS POLÍTICOS: LAS VENEZOLANAS Y SUS LUCHAS</b></p>     <p align="justify">Las acciones políticas de las mujeres venezolanas por sus  derechos ciudadanos tienen que ubicarse en el contexto de la lucha contra la  dictadura del General Juan Vicente Gómez, que se instala en 1908 y dura 27 años  hasta su muerte en 1935, y los procesos políticos posteriores hasta 1947, año en  que se constitucionaliza el derecho a votar y ser elegido sin distingos de sexo  a partir de los 18 años. En contra de la dictadura de Gómez emerge uno de los  principales actores políticos del siglo XX venezolano conocido como <i>la  generación del 28</i>, del cual formaron parte quienes serían desde entonces  importantes hombres y mujeres venezolanas/os. Es la generación del 28 la que  inicia la verdadera crisis política del gobierno de Gómez, pues permitió la  expresión del descontento de los estudiantes y toda la población de Caracas.</p>     <p align="justify">La celebración de la semana del estudiante del 6 al 12 de  febrero de 1928 fue espacio y tiempo propicio para salir a las calles después de  la coronación de Beatriz I, reina de los estudiantes, siendo la represión de las  protestas estudiantiles por parte del gobierno, como señala Manuel Caballero, lo  que produce la entrada del segundo actor político por excelencia de entonces:  las masas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify">«El pueblo de Caracas responde a la prisión de los  	estudiantes con una huelga general espontánea (…) Por primera vez también,  	el pueblo caraqueño, había hecho que la protesta pasara a ser, por mucho que  	efímera algo más que una simple algarada estudiantil»<sup>2</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Se suceden acciones de calle, entrega masiva de estudiantes  que acompañan a sus líderes presos, alzamientos militares, exilio de muchos de  los jóvenes y de los alzados en armas, que se prolongarán hasta la muerte del  General Juan Vicente Gómez, el 17 de diciembre de 1935.</p>     <p align="justify"><b>LAS MUJERES DE LA GENERACIÓN DEL 28</b></p>     <p align="justify">Son muy pocos los registros sobre las acciones políticas de  las mujeres antes de la muerte de Gómez, cuando al igual que los demás  venezolanos se lanzan a las calles. El Centro de Investigación Social, Formación  y Estudios de la Mujer- CISFEM en 1991, señala explícitamente que cuando  «…estallan en Caracas las protestas estudiantiles del año 28 (…) En la calle,  salen a manifestar las muchachas y las mujeres, l<i>as mismas que ya compartían  otras actividades de propaganda y agitación urbana</i>»<sup>3</sup>. Lucila  Palacios quien fue integrante de esa generación<sup>4</sup>, en su texto <i>La  mujer y la política</i>, 1958, afirma que las mujeres sí participaron  activamente en 1928, tanto que:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Su aparición produjo alarma en el primer momento. Había  	sufrido una crisis el hogar tradicional. Más el hecho de que una fuerza  	nueva se uniera al sentimiento de libertad, unánime en el pueblo, no  	representaba la disolución del centro hogareño. La mujer iba a defender el  	medio propio, la vida familiar, de las arremetidas de la barbarie»<sup>5</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Para estos momentos surgen los primeros brotes organizativos  que se iban conformando a partir del contacto permanente entre las mujeres que  hacían las visitas a los numerosos presos<sup>6</sup>: organizaban colectas  públicas para recabar fondos para darle ayuda financiera a ellos o a sus  familiares, elaboraban la propaganda y promovían las actividades clandestinas  contra la dictadura, llevaban alimentos a las cárceles y servían como «correos»  para que pudiera circular la comunicación.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Era una doble actividad asumida por las mujeres durante  	el gomecismo y en la que se fundían, por una parte, la prolongación del  	papel maternal y protector (…) y, por la otra parte, participando de los  	riesgos propios de algunas tareas clandestinas como tenían que ser bajo un  	régimen dictatorial cuya crueldad estaba más que demostrada (...) Eran  	estudiantes, amas de casa, educadoras, empleadas, obreras, mujeres de  	distintos oficios y condición social, las que aparecen en esos años  	iniciales aunando esfuerzos por la lucha común a favor de los presos y  	contra la dictadura».<sup>7</sup></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otra referencia importante nos la trae Elizabeth Friedman<sup>8</sup>,  quien nos narra que:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Ana Esther Gouberner en 1928, trabajadora social que  	vivía en el exilio en Nueva York, fundó la <i>Sociedad Patriótica</i> para  	servir como una sociedad de ayuda mutua para los exilados y para elevar la  	conciencia dentro de los Estados Unidos sobre la dictadura venezolana. Esta  	sociedad rutinariamente hacía piquetes frente a la Embajada de Venezuela, y  	utilizó a los medios para protestar en contra de la situación política de  	los prisioneros bajo la dictadura de Gómez».</p> </blockquote>     <p align="justify">Sin embargo, cuando las mujeres son mencionadas en la  historiografía tradicional, no queda clara la cualidad de su participación en  las acciones que ven nacer a la generación del 28. Ellas estaban allí, pero no  sabemos qué tanto era su compromiso político. Por ejemplo la Reina Beatriz I  solamente sabemos que fue eso, la Reina de los Estudiantes, pero parecería no  haber participado en las reuniones políticas. Tanto es así, que nos refiere  Joaquín Gabaldón en carta fechada el 11 de octubre de 1928 que:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«El Dr. Vicente Peña, hombre ajeno a toda intervención de  	carácter político en la vida venezolana, fue también llevado a la Rotunda,  	por el hecho de ser padre de la reina de los estudiantes. Fue puesto en  	libertad gracias a la intervención del Ministro de Relaciones Exteriores,  	Dr. Itriago Chacín»<sup>9</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Gabaldón, miembro activo de la generación del 28, también  refiere en la obra citada que las mujeres fueron detenidas e incomunicadas en  sus casas por ser familiares de miembros de la generación del 28 civiles y  militares.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Isabelita, la hermana de nuestro querido José Tomás  	tiene 2 gendarmes a la puerta de su casa, como guardia de honor, para  	impedirle comunicarse con el mundo (…) Se vengan de las verdades que dice su  	hermano en Colombia. Las señoritas Leffman, hermanas del subteniente Leffman,  	han sido llevadas a la policía, vejadas de palabra por el Gobernador Velasco  	y hasta se dice que las van a encerrar en el Manicomio de Catia. La Sra. de  	Germán Nass, en cuya casa se había refugiado el Subteniente Berrios cuando  	fue prendido, ha sido objeto de análogas vejaciones»<sup>10</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Cuando los jóvenes se entregaron masivamente a la policía «La  Sagrada» de Velasco, Gobernador de Caracas y eran llevados a las carreteras para  trabajo forzado, cita el mismo autor que, «detrás de ellos la procesión de las  madres, de las novias, de las hermanas»<sup>11</sup>, seguían su paso. Algunas  de ellas como Antonia Palacios, Josefina Juliac y María Teresa Castillo:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify">«…cuando los muchachos (los estudiantes del 28) eran  	trasladados de cárcel en cárcel y de colonia en colonia, ellas tres se  	paraban frente a los autobuses en donde iban los presos para detenerlos, y  	luego se subían a ellos para identificar quiénes eran trasladados, a fin de  	poder avisar a las familias y amigos»<sup>12</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">La otra forma como aparecen las mujeres en las acciones  durante el régimen del General Gómez, es en su condición de parte activa de las  masas. Augusto Márquez Cañizales, en las palabras liminares en la obra de  Gabaldón escritas en 1948, refiriéndose a los días posteriores a la semana del  estudiante y del carnaval de 1928 afirma:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«… Al grito del estudiante respondió el pueblo lanzándose  	a la calle. En los barrios más belicosos se libraban verdaderas batallas de  	piedras contra la policía metropolitana (…) <i>Y las mujeres de Caracas,  	valientes y generosas, estuvieron a la vanguardia de las manifestaciones,  	organizadas o espontáneas, que de continuo alteraban el ritmo apacible de la  	vida capitalina</i>»<sup>13</sup>. (Cursivas mías)</p> </blockquote>     <p align="justify">Sin embargo, no vemos ninguna referencia de liderazgo o de  toma de posición como mujeres implicadas en la lucha política. Su actividad, al  parecer, estuvo limitada por la concepción rígida y maternalista sobre el papel  de la mujer en la vida pública que las concibe como madre por encima de todas  las cosas, y sus apariciones públicas siempre fueron desde esa posición,  discretas o anónimas. Además, en esa época eso era lo único bien visto. Como nos  dicen Pantin y Torres, refiriéndose al tiempo de Gómez:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«La mujer dentro de ese proyecto, está llamada a la  	conformación del hogar, la educación de los hijos, el sostenimiento de la  	tradición y la observancia de las buenas costumbres, todavía de acuerdo con  	el decimonónico Manual de urbanidad y buenas maneras (1854) de Manuel  	Antonio Carreño»<sup>14</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Con el peso de una dictadura de marcado tinte represor que  mantiene al país de espalda a los avances del pensamiento en el resto del mundo,  rural y que recién comienza a industrializarse, no es de esperar que las  acciones de las mujeres fueran muy diferentes a lo que fueron. Pero, aun así,  sus acciones políticas fueron perturbadoras, y por ello, recibieron respuesta  del régimen.</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">«En días pasados, (…), Velasco ordenó a los sacerdote de  	los templos Las Mercedes y San Francisco que no abrieran las puertas de las  	casas de Dios, con el fin de que las caraqueñas, que se reunían para elevar  	piadosas oraciones por sus estudiantes, no pudieran hacerlo. Una de estas  	señoras tuvo una frase feliz, que concreta de manera admirable la aspiración  	del esbirro: « ¡Quieren tenernos incomunicadas hasta con Dios!»<sup>15</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Madres, novias, hermanas, vinculadas a la iglesia o reinas,  esos eran sus lugares y papeles, pero aún desde allí, encontraron canales para  oponerse a la dictadura. Sin embargo, como mujeres luchando por sus derechos,  pocos registros concretos se encuentran. Lucila Palacios, quien ya para 1931  presenta sus primeras obras literarias, nos dice:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Pero ese año, 1928, fue decisivo en lo que se refiere a  	la vida cívica. Y los gestos valientes no se perdieron. Crearon una mística  	en la propia generación y sirvieron de ejemplo a los grupos de mujeres  	posteriores<sup>16</sup>».</p> </blockquote>     <p align="justify">Es decir, se produjeron cambios que colocaron en la vida  pública por vez primera la díada simbólica mujer y política.</p>     <p align="justify">Otra referencia importante es que las agrupaciones culturales  creadas por las mujeres venezolanas, como la Sociedad Alegría (Coro, 1890) y  luego la Sociedad Armonía «se transformaron en grupos de presión cívica y  lograron la construcción de obras públicas».<sup>17</sup> Esto es fundamental:  las mujeres que encontramos en las luchas políticas, culturales y sociales eran  mujeres de clase media o alta que habían logrado –a pesar de los cercos de la  ideología de género dominante y las barreras de comunicación y desarrollo del  gomecismo– acceder a la educación y al conocimiento cultural de entonces, y por  ello sus nombres se repiten en organizaciones con diferentes fines y con logros  importantes. Son mujeres que destacan en su toma de conciencia del papel social  –más que político– que debían jugar en aquella Venezuela rural mayoritariamente  analfabeta.</p>     <p align="justify">Para 1933, nos reporta Inés Quintero, que mujeres  pertenecientes a la Asociación Patriótica de Mujeres Venezolanas, toman la  iniciativa de pronunciarse contra la dictadura de Juan Vicente Gómez<sup>18</sup>.  En diciembre de 1935, después de la muerte del dictador la recién creada  Agrupación Cultural Femenina:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«participó junto a unas 35 mujeres, en la entrega al  	Presidente de la República, General Eleazar López Contreras, de un «Mensaje  	de las Mujeres Venezolanas», en el que reclamaban mayor atención a su  	situación y a las necesidades de las mujeres pobres y de las y los niños, lo  	cual fue el punto de partida para que aquel naciente movimiento se  	constituyera en promotor por la lucha por los derechos políticos»<sup>19</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>DESPUÉS DE LA MUERTE DE GÓMEZ</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Al General Juan Vicente Gómez lo sucede en la presidencia su  mano derecha, el General Eleazar López Contreras, quien ordena «…abrir las  cárceles y las fronteras para que prisioneros y emigrados políticos puedan  volver a Caracas»<sup>20</sup>. Así regresan y se colocan al frente de las  nuevas organizaciones políticas emergentes y de las movilizaciones de masas los  líderes más importantes en el país desde entonces: Rómulo Betancout, Raul Leoni,  Jóvito Villalba, Gustavo Machado, Salvador de La Plaza, entre otros. Rafael  Caldera, Lorenzo Fernández, Godofredo González mantienen activa sus acciones  dentro del país. Desde entonces las dos grandes consignas que llevarán al  octubrismo, 1945, son levantadas por quienes participan en las acciones  políticas: elecciones universales y justicia en la distribución de las ganancias  por la explotación del petróleo que había comenzado bajo el régimen gomecista.  Estas dos consignas, que habían sido enfrentadas al Benemérito, desde entonces  centran toda la acción política nacional.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">Concluido el período de López Contreras, de nuevo y con  	el sufragio de los varones mayores de 21 años que elegían a los  	representantes a los Concejos Municipales, quienes a su vez elegían a los  	legisladores nacionales al Congreso de la República para luego elegían al  	Presidente de la República, se efectuaron elecciones de acuerdo a la  	Constitución de 1936 para el Congreso Nacional el 28 de abril de 1941. Es  	electo el General Isaías Medina Angarita, Ministro de Defensa del presidente  	saliente. Este no fue capaz de abrirse a una verdadera democracia con  	participación política de las mayorías. Aprobó el derecho al voto a las  	mujeres para Concejos Municipales, lo cual si bien fue un avance que  	reconocía sus luchas, también fue una victoria pírrica que no satisfizo al  	movimiento sufragista venezolano.<sup>21</sup> Al respecto, 40 años después  	Arturo Uslar Pietri quien fuera Ministro de Medina, afirma que el presidente  	asumió que esta reforma para las elecciones populares «sería su sucesor  	quien lo haría»<sup>22</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">A partir de este momento en Venezuela son los partidos  políticos el otro actor fundamental de la escena política venezolana, partidos  modernos que ya no siguen la línea personal exclusiva de un caudillo y que  atraen a la población alrededor de programas y propuestas organizativas. En 1936  había sido creado el Partido Comunista que había permanecido ilegalizado y  actuando clandestinamente la mayor parte del tiempo. Luego se fundan Acción  Democrática, Unión Republicana Democrática y Copei.</p>     <p align="justify">En relación con el reclamo de mayor participación en la  renta, según los adecos y otros políticos, ésta no se alcanzó con la reforma  petrolera de 1943. «Esta suma de factores negativos-salarios bajos, presupuestos  mezquinos para educación y salubridad, ausencia de una política social de  envergadurale enajenaron al régimen todo respaldo popular»<sup>23</sup>.  Frustraciones vividas por civiles y militares que al unirse el 18 de octubre de  1945 dan un golpe de Estado, cívico (AD) militar (UPM), que destituye a Medina y  asume el poder la Junta Revolucionaria de Gobierno, integrada por 5 civiles y 2  militares, y presidida por Rómulo Betancourt. El golpe fue oportunamente apoyado  por Copei y el Partido Comunista.</p>     <p align="justify">En el Acta Constitutiva, se afirma:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«2º Que esa Junta dure en el ejercicio del Poder  	Ejecutivo el tiempo necesario para convocar a elecciones generales, elección  	del Presidente de la República por sufragio universal, directo y secreto,  	realizar esas elecciones y llevar a cabo cuanto sea necesario para reformar  	la Constitución Nacional, de acuerdo con la voluntad del Pueblo»<sup>24</sup>. 	</p> </blockquote>     <p align="justify">El 15 de marzo de 1946, en su Decreto Nº 1 la Junta  Revolucionaria dicta el Estatuto Electoral y el Decreto Nº 217. En el primero se  establecen las pautas para elegir a las y los integrantes de la Asamblea  Constituyente y en el segundo en el artículo 1 - ordinal 1: se establece «el  derecho al sufragio para todos los venezolanos mayores de 18 años y en  consecuencia pueden formar parte de los partidos o asociaciones políticas» y  «tienen derecho, sin distinción de sexo, al ejercicio de cargos públicos<sup>25</sup>».  Estos derechos políticos fueron posteriormente ratificados por la Asamblea  Constituyente en la nueva Constitución. Las elecciones fueron el 27 de octubre.  La Asamblea Constituyente se instaló el 17 de diciembre de 1946 y fue presidida  por Andrés Eloy Blanco. Por vez primera en Venezuela hay representación de las  mujeres y de las minorías políticas: COPEI, URD y el PCV. Además, «Los debates  de este cuerpo fueron transmitidos por radio, lo cual ejerció un notable impacto  sobre la opinión pública»<sup>26</sup>.</p>     <p align="justify">A pesar de la condición policlasista de AD, la Iglesia  católica y los más cercanos políticamente a ella (COPEI) temían al fantasma del  pensamiento comunista originario de Rómulo Betancourt y otros miembros de la  generación del 28 que militaban en AD y al marcado populismo de ese partido, el  cual prescindía de las minorías en el reconocimiento de los logros políticos,  económicos y sociales que convertía en exclusivos de la Revolución e imponía su  mayoría en el Congreso y los Concejos Municipales. Quizás una de las decisiones  que más le alienó el apoyo de los otros partidos que eran minoría en el Congreso  fue la de centralizar en el Presidente de la República la designación de los  gobernadores de los estados, lo cual no sólo era contradictorio con su discurso  inicial, sino que aunado a su aplastante mayoría en los centros de gobierno,  mantenía el control absoluto del poder a lo largo y ancho de la nación. A esta  decisión se opuso de manera sistemática Lucila Palacios quien fue electa en la  plancha de AD. Esto evidencia su compromiso con la federación entonces  –descentralización ahora– y su autonomía política.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los militares, el otro <i>actor central</i> del 18 de octubre  y que de alguna manera fueron desplazados por los adecos de la Junta  Revolucionaria de Gobierno, no dejaron de conspirar nunca y el 24 de noviembre  de 1948 nuevamente aparecen en la escena política. La resistencia al golpe de  Estado contra el recién electo Presidente Rómulo Gallegos (9 meses duró en el  cargo) fue casi nula.</p>     <p align="justify">Aunque los historiadores tradicionales no recogen la  participación de las mujeres en los eventos políticos más importantes de la  época, queremos resaltar algunos de los más importantes de los años del post-gomecismo. </p>     <p align="justify"><b>a. El 14 de febrero</b>. En 1936, después de la muerte de  Juan Vicente Gómez y con la gran movilización del país, nuevamente aparecen en  las calles las mujeres. Uno de los episodios más resaltante de la nueva vida  política es la gran concentración popular del 14 de Febrero de 1936, en la cual  el pueblo exige al Presidente López Contreras «el restablecimiento de las  garantías, el castigo de los culpables de la masacre (de principios del año), la  erradicación del gomecismo del aparato del Estado y la democratización efectiva  de la vida pública»<sup>27</sup>.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Y después llegó con 1936, una nueva jornada. El dictador  	había muerto, pero la situación era incierta. La capital y las provincias  	estaban sacudidas. Las mujeres hicieron su aparición de nuevo en la ciudad,  	en el caserío, hasta en el más humilde y apartado rincón de la República. Se  	fundaron Juntas Patrióticas, de origen mixto, y en Caracas con motivo del 14  	de Febrero surgió la J<i>unta Patriótica Femenina</i>. Ahora había un nuevo  	y fundamental motivo de lucha: el mantenimiento de la libertad y los  	derechos civiles y políticos»<sup>28</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Después de la muerte de Gómez los grupos y organizaciones de  mujeres se mantuvieron actuando en el espectro político del país. Pero, si bien  esto es cierto y debe ser rescatado para la historia, su efecto sobre las  condiciones de vida de la mujer venezolana fue poco y, con el surgimiento de <i> los partidos políticos</i>, sus organizaciones fueron desapareciendo al  incorporarse algunas, y marginarse otras, de la principal y casi única vía de  participación política en el país: los partidos políticos. Esto progresivamente  fue debilitando la organización y desarrollo de la sociedad civil<sup>29</sup>.  Sin embargo durante los gobiernos post-gomecistas, las acciones políticas en su  propio nombre, es decir, como mujeres, se profundizan en todos los espacios,  incluyendo el político, al cual nos referimos en este trabajo.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Para finales de 1935<sup>30</sup>, está en la calle, con  	una pre-sencia activa, la primera organización popular de militancia  	femenina que nace en el país y a la que se le asignó el nombre Agrupación  	Cultural Femenina - (ACF). Al constituirse reivindica, no sólo el derecho al  	voto para las mujeres en igualdad de condiciones que el hombre, sino que se  	plantea como prioridad la formación y capacitación de las mujeres para poder  	asegurar su desarrollo personal, como lo proclama la ACF en su acta de  	nacimiento (Ibid: 147). La ACF se define como una organización política».<sup>31</sup></p> </blockquote>     <p align="justify">Y este trabajo es innovador porque, como señala Ana Senior,  partícipe de dicha organización:</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">«No habían ejemplos…y así comenzó nuestra toma de  	conciencia. Sin background organizativo o cultural, no obstante este grupo  	de mujeres produjo un movimiento increíble, el cual no se ha repetido en  	Venezuela. Estas mujeres fueron exitosas no sólo en reunir a las mujeres de  	la capital sino también en comenzar un movimiento en el interior de la  	República».<sup>32</sup></p> </blockquote>     <p align="justify">Isabel Carmona, integrante de una generación posterior, nos  ratifica la creatividad de estas mujeres cuando afirma refiriéndose a las  sufragistas que ellas</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«están luchando por construir un nuevo modelo de sociedad  	y de allí, el carácter tan avanzado de su imaginación, sin formación  	política y sin escuela (…) Estas mujeres no tenían un modelo de referencia  	de lo que era una sociedad en donde las mujeres tuvieran una intervención»<sup>33</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">La Agrupación Cultural Femenina, la Asociación Venezolana de  Mujeres y el capítulo venezolano de la Unión de Mujeres Americanas, establecen  vínculos con organizaciones internacionales y de otros países y, «desde el  interior llegan noticias que fortalecen esperanzas y aspiraciones en torno a la  mujer»<sup>34</sup>.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«En 1936 se funda la Asociación Venezolana de Mujeres,  	por iniciativa de Luisa del Valle Silva y Ada Pérez Guevara de Bocalandro...  	para luchar por «el mejoramiento de la mujer y el niño y todo lo que  	concierne a la higiene física y moral de nuestra colectividad; promover el  	acercamiento con otras asociaciones femeninas y colaborar con otros grupos 	<i>que no sean políticos</i>. (...) La Asociación Venezolana de Mujeres no  	quiso identificarse con el feminismo sufragista de esa primera etapa ni nada  	parecido que reclamara los derechos civiles y políticos de la mujer. Aunque  	la posición sufragista de la ACF introduce contradicciones con la AVM, esta  	discrepancia no es obstáculo para constituir las <b>Asociaciones Unidas pro  	- Reformas del Código Civil</b> (...) que convocan a la Primera Conferencia  	Preparatoria del Congreso Nacional de Mujeres (que se realiza en 1941)».<sup>35</sup></p> </blockquote>     <p align="justify"><b>b. La huelga petrolera</b>. El otro hecho político  trascendente después de la muerte de Gómez durante el gobierno de López  Contreras fue la primera huelga petrolera venezolana, la cual constata la  formación en los núcleos de explotación petrolera de un proletariado que ya  presenta una incipiente organización sindical. Maza Zavala<sup>36</sup> señala  que entre los organizadores del PCV que tuvieron relevante actuación en el  Estado Zulia, en el trabajo de organización y movilización política de los  trabajadores petroleros, se encontraba Olga Luzardo, fundadora de dicho partido.</p>     <p align="justify">La participación de las mujeres y sus organizaciones en esta  huelga es una evidencia clara de cómo se invisibiliza la participación de las  mujeres en las acciones de los procesos políticos del país. Veamos primero como  reseña Rómulo Betancourt este episodio en su obra <i>Venezuela, política y</i> <i>petróleo</i>.</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">«La huelga fue declarada el 11 de noviembre (…) El  	respaldo a los huelguistas adquirió caracteres de cruzada, encendida de  	patriótico fervor (…) Sobre sábanas de lino de casas ricas durmieron los  	hijos de los galeotes del petróleo, cuando centenares de ellos fueron  	trasladados a la capital de la República, a fin de protegerlos de las  	dificultades económicas presentes en sus hogares».<sup>37</sup></p> </blockquote>     <p align="justify">Un conflicto de clases claramente expresado entre  trabajadores y empresarios extranjeros dueños de las compañías petroleras, que  galvaniza la solidaridad de los ricos caraqueños, haciéndolos ayudar a los hijos  de los trabajadores. Pero los hechos no fueron tan sencillos, ya que hubo un  grupo humano que se dedicó a esta jornada digna de ser referida por Betancourt,  y la garantizó de principio a fin. Las acefistas, las mujeres de la Asociación  Cultural Femenina- ACF. Elisabeth Friedman nos dice, refiriéndose a la cita  anterior de Betancourt:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«El fundador de acción democrática también menciona este  	importante evento de solidaridad en su historia de la Venezuela democrática  	pero ignorando la identidad de los brillantes tácticas que elaboraron este  	plan y lo realizaron; su descripción forma parte de la larga tradición de  	hacer invisibles la acción de las mujeres venezolanas. Las no específicas  	«aliadas» de los trabajadores petroleros no fueron los «hombres ricos» en  	cuyas sábanas de lino durmieron los niños sino las acefistas, las mujeres de  	clase media que organizaron el cuidado de los niños de los trabajadores en  	huelga. Ellas se organizaron en un comité de mujeres, el Comité Pro-familias  	de los Obreros Petroleros de Occidente, buscaron voluntarias para tener a  	los niños en sus casas a través de los artículos publicados en <i>Ahora</i>  	a principios de enero, y notificaron a las familias cuando los niños  	arribaron a Caracas a finales del mes. Ellas fueron las que organizaron la  	publicidad alrededor del evento. Ellas hacían los chequeos regulares de la  	salud de los niños y de su bienestar durante el tiempo que estuvieron en  	Caracas, y se ocuparon de monitorear su viaje vuelta al hogar en febrero»<sup>38</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Larga pero certera cita de cómo pasan desapercibidas las  acciones de las mujeres, aun cuando actúan desde su rol tradicional de madres  cuidadoras, en los eventos políticos del país. Es lo mismo que luego, al pasar  de los años y en todos los partidos políticos venezolanos, se tradujo en las  mujeres que hacían pancartas, recogían fondos, repartían propaganda y seguían  cuidando presos políticos, tareas estas que siempre son anónimas y desconocidas.  Palabra clave anónimas, como afirmación de que ellas están en donde no deben  aunque se las acepte, pues alguien debe hacer lo que ellas hacen: cuidarlos a  ellos.</p>     <p align="justify">Por otro lado, es de resaltar que ya aquí se observa lo que  será una constante del movimiento de mujeres: el trabajo unitario de las  diferentes organizaciones con tendencias políticas u orientaciones ideológicas  distintas y hasta contradictorias. Las mujeres de las organizaciones, las  mujeres de los partidos (que no pocas veces eran las mismas) y las  independientes se unieron y molestas por los resultados de las presiones sobre  López Contreras para obtener los derechos políticos, encaminan sus acciones a  lograrlo.</p>     <p align="justify">El mismo año de 1936 durante el gobierno de López Contreras  se aprueba la nueva Constitución que explícitamente niega el derecho al voto a  las mujeres. Según Juan Carlos Rey:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«en lo que se refiere a la participación del pueblo en  	las elecciones, la Constitución representa una seria involución, si la  	comparamos incluso con la totalidad de las constituciones de Castro y Gómez.  	Consagra al igual que estas, la elección indirecta del Presidente y del  	Senado, y la prohibición (que por primera vez es ahora expresa) del voto  	femenino»<sup>39</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>LAS SUFRAGISTAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Hablemos ahora de un papel de las mujeres de la generación  del 28 que no se les ha reconocido en su justa dimensión: la lucha por los  derechos políticos de las mujeres. Ellas y sus organizaciones desde 1935 venían  luchando por sus derechos políticos, conjuntamente con mejoras en las  condiciones de vida de las mujeres y los niños venezolanos. Convocan dos  Conferencias Preparatorias para el I Congreso Nacional Femenino Venezolano, la  primera de ellas en 1940. Sus temas centrales giran alrededor de las leyes como  el Código Civil y otras resoluciones que discriminan abiertamente a la mujer en  relación con los hombres y en torno a la lucha por los derechos políticos. El  principal argumento es: «El reconocimiento del sufragio femenino permitiría que  la mujer cumpliese cabalmente su función de madre y ciudadana»<sup>40</sup>.  Entre 1944 y 1946, «Editaban el Correo Cívico Femenino, revista que circulaba  gratuitamente entre las maestras de escuela, quienes la repartían a las madres  de los alumnos<sup>41</sup>». De esta manera buscaban preparar a las mujeres  para cuando llegara el momento de ejercer su derecho a votar y elegir. </p>     <p align="justify">Ada Pérez Guevara, fundadora de la AVM y directora del Correo  Cívico Femenino, en 1944 opinaba:</p>     <p align="justify">«No podrá en ningún caso alcanzarse la democracia verdadera e  integral mientras no se decidiera la igualdad política entre hombres y mujeres  venezolanos, diferentes por sexo, pero semejantes, porque todos somos humanos.  Si ello no ocurre, la democracia será inestable, huidiza, intangible»<sup>42</sup>.</p>     <p align="justify">Paralelamente y a nivel nacional el movimiento sufragista se  sigue organizando. Mujeres de Caracas ayudan a las del interior, cuando realizan  tareas partidistas. Para ello cuentan con el apoyo de algunos –no todos– los  hombres que trabajan en la organización de los partidos políticos. Algunos altos  dirigentes no acuerdan que las mujeres se organicen aparte, pero aceptan que el  problema del sufragio universal exige la movilización de todas las fuerzas  posibles, aún de las mujeres. Ellas, organizadas deciden realizar una presión  mayor por su derecho al voto por la indiferencia del Congreso ante las dos  solicitudes anteriores para reformar la constitución de 1936. Fundan el Comité  Pro Sufragio Femenino y comienzan una campaña nacional para recoger firmas y  llevarlas al Congreso de la República. En algunos estados las sufragistas van  presas por su atrevimiento, como nos declara Isabel Carmona sobre el caso del  estado Apure que era –y sigue siendo– uno de los más atrasados del país.</p>     <p align="justify">«Lucila Palacios y Andrés Eloy Blanco, fueron al estado para  apoyar a las mujeres que luchaban por el derecho al voto. Estas, que editaban un  periodiquito llamado La Cartilla, a pesar de su aislamiento de la ciudad eran  bastante radicales y fueron perseguidas por el gobierno de Medina en el Estado.  Ana Rosa Borjas<sup>43</sup>, fue hecha presa por la lucha a favor del voto de  la mujer y la llevan a la Cárcel de San Fernando de donde es sacada con la «casa  de su madrina por cárcel», por Doña Carmen Bezara una matrona apureña y madrina  de Ana Rosa y su marido Don Concho Vivas<sup>44</sup>». </p>     <p align="justify">Ese año celebran por vez primera en el país el Día  Internacional de la Mujer y en julio «la labor del Comité se expresa en la  recolección de 11.436 firmas de todo el país introducidas ante la Cámara baja,  presionando a favor del tema del voto femenino en la discusión de la reforma  constitucional»<sup>45</sup>.</p>     <p align="justify">«El Comité Coordinador Pro-Sufragio Femenino, con ocasión de  iniciarse en las Cámaras la discusión del proyecto de reforma constitucional, se  permite una vez más ratificar ante el ilustre Poder Legislativo, que de acuerdo:  1º) Con la petición femenina pro-sufragio de 1943, 2º) Con la petición femenina  presentada el 4 de mayo en curso (1944), suscrita originalmente por 11.436  firmas, y por numerosas adhesiones, 3º) Que de acuerdo con la carta enviada el  10 de mayo en curso por el Comité Pro-sufragio a la Comisión parlamentaria  encargada de elaborar el proyecto de reforma constitucional y 4°) De acuerdo  además con los postulados de la Declaración de Lima (1938) de que la mujer en  las Américas tiene derecho a igual tratamiento político que el hombre:  Declaramos que la aspiración concreta de la mujer venezolana es el  reconocimiento legal de su derecho al sufragio en idénticas condiciones a como  la ejerza el hombre. (Carta dirigida al Dr. Pastor Oropeza en su calidad de  Presidente de la Cámara de Diputados. 1944)»<sup>46</sup>.</p>     <p align="justify">Después de mucho batallar con el Congreso de Medina logran  que se apruebe la reforma del Artículo 32 numeral 14:</p>     <p align="justify">«…le confiere como etapa inicial en sus aspiraciones el  derecho de sufragio activo y pasivo concretado a la esfera municipal. La reforma  propuesta debidamente ponderada en sus límites entraña por su contenido un  indiscutible avance en el progreso político del país, pues con ella se dará a  nuestras mujeres la deseada oportunidad para que demuestren ante la Nación, con  hechos prácticos y positivos, que tienen capacidad y condiciones necesarias para  asumir la grave responsabilidad que envuelve el ejercicio pleno de los derechos  políticos. (Diario de debates de la Cámara de Diputados de los Estados Unidos de  Venezuela. 1944)».<sup>47</sup> (Itálicas nuestras)</p>     <p align="justify">Dos comentarios a lo anterior.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Primero</b>: Las mujeres deben demostrar a la Nación que  son adultas, pensantes; los hombres no. Esto es común a casi todos los  legisladores del continente y más allá: asociar a las mujeres con la  irracionalidad y la minoría de edad, lo cual las hace dependientes y por ello,  deben demostrar que sus padres, hermanos, esposos y los curas de la Iglesia, no  decidirán por ellas. Esta posición fue la que debieron enfrentar las sufragistas  del mundo, porque como diría Cristina Molina Petit, las luces de la ilustración  no iluminaron a las mujeres. Por esta razón requerían de la orientación del ser  racional por excelencia, lo cual hacía su decisión una réplica de la de sus  hombres: padres, esposos, hermanos o su confesor. No podían concebir de ellas la  libertad de pensamiento.</p>     <p align="justify"><b>Segundo</b>: Políticamente, así se resolvió el problema  del otro grupo humano excluido, los y las analfabetas, hombres y mujeres, la  mayoría del país. Es así como detrás de la negación a las mujeres del derecho al  voto se encubre el miedo a que las masas exigieran el derecho universal al voto.  Si vemos al país de entonces, la mayoría de la población era analfabeta, pero  dentro de ellos la masa analfabeta eran las mujeres, pues no se creía que la  educación fuera necesaria para ellas. A criar hijos y cuidar maridos y padres se  aprendía en casa.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la reforma de 1944 no llega a aplicarse porque  el 18 de octubre el golpe de estado derroca al gobierno de Medina y se instala  la Junta Revolucionaria de Gobierno que en su primer decreto, como dijimos  antes, establece el sufragio universal y los derechos políticos para hombres y  mujeres mayores de 18 años.</p>     <p align="justify"><b>ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE 1946-1947</b></p>     <p align="justify">Con la convocatoria a la Asamblea Constituyente, por vez  primera las mujeres votan y disfrutan de los demás derechos políticos que les  permiten postularse y ser elegidas a los cargos públicos de elección popular.  Todos los partidos participantes presentan en sus listas mujeres militantes del  partido respectivo. Acción Democrática, partido en el gobierno, obtiene el mayor  respaldo popular en las elecciones de Diputados y senadores y mayor cantidad de  mujeres congresantes. Rómulo Betancourt, si bien no fue abanderado de las luchas  de las mujeres por el voto, si reconocía su derecho a lograrlo:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«De los diputados de AD a la Asamblea Constituyente, de  	los diputados y senadores al Congreso electos posteriormente, un número  	apreciable eran dirigentes obreros y mujeres. El parlamento dejó de ser  	reducto exclusivo de profesionales con título universitario y de políticos,  	varones siempre. Trabajadores venidos del taller, de la fábrica y de las  	zonas petroleras; campesinos y mujeres salidas del magisterio, el bufete  	jurídico, el ejercicio de las letras y aun de los modestos quehaceres de la  	vida doméstica, formaron parte de los cuerpos deliberantes. Dos sectores  	fundamentales de la sociedad, segregados hasta entonces de la vida pública  	por la dictadura y las autocracias, devinieron factores activos y  	entusiastas en la faena democrática del país»<sup>48</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">De los 160 diputados electos para la Asamblea Nacional  Constituyente, 21 ó 13% fueron mujeres: 13 principales y 8 suplentes. Sin  embargo, para el primer Congreso de la República en las elecciones de finales de  1947 y que se instala el 19 de abril de 1948, sólo 4 mujeres fueron electas; 2  diputadas y 2 senadoras.</p>     <p align="justify">Finalmente, es evidente el impacto que el movimiento de  mujeres sufragistas europeo y norteamericano ha tenido sobre las mujeres  venezolanas, al menos sobre las de clase media y alta, el cual por primera vez  plantea a la mujer como sujeto de derechos ciudadanos. Las venezolanas se  incorporaron a esta lucha al igual que sus compañeras de América Latina,  haciendo suya la consigna que enarbolaban las mujeres del mundo. De allí la toma  el populismo que ve la oportunidad de sumar votos y apoyo a sus políticas.</p>     <p align="justify"><b>POPULISMO Y EL VOTO DE LAS MUJERES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En nuestro continente, los gobiernos que otorgaron a las  mujeres el derecho a votar y a ser elegidas fueron muy variados: ocho de ellos  eran dictaduras, dos juntas de gobierno en tránsito a la democracia (Venezuela y  Costa Rica) o gobiernos populistas (Argentina). Sin embargo, María E. Wills nos  recuerda que «Las mujeres en muchos países latinoamericanos obtuvieron el  sufragio como parte de la estrategia de regímenes populistas para expandir su  base»<sup>49</sup>. Esto no es casual, ya que, el término populismo posee una  amplitud de características que de una u otra manera, casi todos los gobiernos  latinoamericanos –para referirnos sólo a nuestro espacio geopolítico inmediato–  caen en su caracterización. Este es el contexto en el cual el movimiento  sufragista venezolano obtiene sus derechos políticos. </p>     <p align="justify">De acuerdo con Mackinnon y Petrone, hemos tratado de repensar  el populismo de «manera afirmativa», partiendo del hecho de que políticamente  las mujeres y los hombres lograron avances importantes que, en dictaduras no  populistas como la del General Gómez o en gobiernos no populistas pero militares  como los que le sucedieron, sus derechos políticos no tuvieron cabida.</p>     <p align="justify">Del populismo destacamos su dimensión participativa, la  ambigüedad histórica que deriva de su «componente de cambio, (…) que supera a  los procesos que los líderes populistas han contribuido a poner en marcha»<sup>50</sup>,  llevándolos en unos casos a una marcada polarización y al fracaso, ya sea por el  temor a las masas que moviliza por manipulación o cooptación, o por la exclusión  de sectores importantes anteriormente incorporados (los militares, otros  partidos y la Iglesia católica en el caso venezolano).</p>     <p align="justify">Sin embargo, el elemento a resaltar está constituido por un  lado, por la díada exclusión-inclusión y, por el otro, por el carácter del  líder. En el caso venezolano éste es un líder que se incluye en un nosotros que  es el partido político, el cual organiza desde la resistencia a los gobiernos  sucesores de Gómez y que, si bien le sirve de contexto particular a su figura de  líder fundamental, Betancourt no es lo que podríamos llamar un líder carismático  y personalista. Acción Democrática, partido policlasista, constituye el eje  populista por excelencia que le da continente al liderazgo de Betancourt. Él,  junto con su partido se habían apropiado de las dos consigna fundamentales de la  época: justicia social a través de la distribución de la renta producto de la  venta del petróleo, para lo cual debía regularse la relación fiscal con las  petroleras extranjeras<sup>51</sup> y los derechos políticos de los venezolanos  y venezolanas. Ambas consideradas por Kenneth Roberts básicas en los cinco  rasgos que hacen el núcleo del concepto de populismo<sup>52</sup>.</p>     <p align="justify">También resaltamos el carácter de las masas. Estas no eran  masas irracionales o lumpen<sup>53</sup>. En Venezuela la población a través de  sus organizaciones civiles –las mujeres– y de los partidos políticos legales o  clandestinos (PCV, PDN luego AD, COPEI y URD) –mujeres y hombres–, para el  momento en que se establece el gobierno populista han acumulado una experiencia  organizativa y de movilización política importante.</p>     <p align="justify">Los populismos no han sido en América Latina particularmente  abiertos a las luchas de las mujeres por sus derechos políticos y civiles,  cuando más apoyan sus luchas por los derechos sociales es porque ellos forman  parte del discurso populista. Alan Knight, afirma (particularmente en el caso de  México) que «…el populismo -proclama el valor del hombre común (rara vez son  paladines de la mujer común)»<sup>54</sup>. En el caso de Venezuela, algunas  mujeres militantes de AD reconocen que «Andrés Eloy Blanco fue un gran aliado de  esa causa» y las acompañó en ellas. Otros dirigentes fundadores regionales de  AD, como Juan Salerno en Apure, apoyaron y colaboraron directamente con las  mujeres sufragistas del estado<sup>55</sup>.</p>     <p align="justify">Inés Quintero, historiadora venezolana y miembro de la Real  Academia de la Historia refiere que Rómulo Betancourt «No comparte la idea de  que las mujeres se organicen en tienda aparte para luchar por las  reivindicaciones políticas específicamente femeninas (…) la revolución debe  estar primero que las reivindicaciones de la mujer»<sup>56</sup> y, además,  considera que estas organizaciones por ser de mujeres de clase media y alta,  tienden a ser básicamente de derecha. Realmente Betancourt en este aspecto no  pudo superar su aprendizaje marxista-leninista: primero la revolución  subsumiendo género en clase, y segundo el profundo rechazo al feminismo como una  ideología burguesa y divisionista. En entrevista con Elisabeth Friedman,</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">«Mercedes Fermín miembro de la ACF refiere que Rómulo  	Betancourt, fundador del PDN [y luego de AD], le pide ayuda para formar el  	buró de mujeres a fin de negociar con el «club político de damas bien  	vestidas por una ‘organización de trabajadoras» (de Leonardi 1983, 397), una  	clara desvalorización del trabajo de las organizaciones de mujeres como un  	mero hobby de mujeres de elite»<sup>57</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Steve Ellner confirma la información anterior y agrega: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify">«El tema del separatismo fue debatido en la década  	siguiente también. Durante la administración de Medina, los militantes de AD  	se opusieron a la tesis de que hasta tanto se le garantizara a la mujer  	iguales derechos electorales, deberían evitar toda asociación a partido  	alguno. No obstante la retórica, las mujeres de AD no lograron alcanzar  	posiciones importantes, y el liderazgo del partido continuó siendo casi en  	su totalidad masculino»<sup>58</sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">Sin embargo, los planteamientos de los dirigentes populistas  citados, nos llevan a reconocer el impacto que estaba teniendo en los años 1920-  1950 el movimiento feminista internacional, que llegaba ya sea porque las  mujeres de los sectores medios y altos viajaban a los países europeos y  norteamericanos, en donde este movimiento se desarrollaba ampliamente; o porque  los exilados y las exiladas se encontraban con él en sus viajes no voluntarios.  Su impacto, no sólo producía rechazo en los hombres dirigentes políticos que  temían que las mujeres sentaran tienda aparte de los partidos, o comenzaran a  transformar su propio imaginario, de su lugar en la política y la historia, sino  que muchas mujeres conservadoras en el continente lo rechazaron profundamente<sup>59</sup>.</p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">LOS DERECHOS POLÍTICOS</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Volviendo al tema de las  mujeres y sus derechos políticos, éstos, además del derecho al sufragio,  engloban una amplia gama de reconocimientos de ciudadanía, de los cuales  carecían las mujeres al ser excluidas del espacio público. Votar, organizarse en  asociaciones políticas y reunirse libremente, ejercer cargos públicos,  expresarse públicamente por los medios convenientes y desplazarse por el  territorio nacional sin impedimentos más allá de los personales, estaba negado a  las mujeres venezolanas, antes del Decreto 217 de la Junta Revolucionaria de  Gobierno del Trienio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las militantes feministas de  izquierda cuestionaron y cuestionan, que los movimientos de mujeres de la  primera mitad del siglo XX eran básicamente elitescos. Esto es cierto, pero un  elemento importante en estas luchas era el acceso a la educación que en países  básicamente rurales mantenían a las mujeres al margen de las escuelas y otros  beneficios de la cultura. A medida que ellas fueron incursionando en éstos,  especialmente en la educación pública o privada, fueron organizando movimientos  de mayor cuantía o accediendo a los partidos y otras organizaciones sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las luchas sufragistas son  producto de las organizaciones de mujeres que además se vinculan a las artes,  que también luchan por los derechos civiles y sociales de las mujeres, y muy  especialmente, la participación en ellas de aquellas que comenzaban a ingresar y  egresar de las universidades nacionales. Obviamente, todas ellas provenientes de  las clases medias y altas, como la mayoría de las feministas de izquierda de los  años posteriores hasta hoy. Una cosa es luchar por los derechos de las mujeres y  otra tener conciencia feminista. Muy pocas mujeres podían siquiera vislumbrarlo  en la primera mitad del siglo XX.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">A MANERA DE CONCLUSIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">No hemos hablado del lugar que  las mujeres ocupan en el imaginario político y si las luchas sufragistas durante  los gobiernos previos al populismo y después de obtenido los derechos políticos,  produjeron algún cambio en esa posición. Intencionalmente lo hicimos, porque  queremos que éste punto sea la conclusión de este trabajo.</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">«En el imaginario político  	de la sociedad venezolana era un hecho aceptado que el espacio adecuado para  	la mujer era el hogar. En virtud de ello la presencia femenina en el ámbito  	de la política era sencillamente una premisa que no merecía mayor discusión»<sup>60</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Podemos a partir de aquí  interrogarnos, ¿hubo cambios en este imaginario? En el mismo texto Inés Quintero  nos revela que:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">«…de todas nuestras  	constituciones solamente la de 1901 y la de 1936 sancionaron que para votar  	había que ser varón (…) incluso, las constituciones de 1859, 1864 y 1893  	declararon el voto universal y directo; sin embargo, aun cuando en la  	mayoría de nuestras cartas fundamentales no quedaba establecido que las  	mujeres no tenían derecho al sufragio a nadie se le ocurrió que las mujeres  	debían concurrir a las urnas electorales y en ninguno de los numerosos  	procesos electorales del siglo XIX y de las primeras cuatro décadas del  	siglo XX las mujeres se animaron a estar presentes como electoras o como  	aspirantes a algún cargo público»<sup>61</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">He aquí al imaginario colectivo  funcionando en su pleno esplendor. En otros países a muchas mujeres tampoco se  les ocurrió en ese momento, solamente sabemos del caso chileno<sup>62</sup>. Las  mujeres no se asumían, ni eran asumidas por el resto del colectivo nacional como  parte del sujeto universal, y de hecho era así: en general ni para los  políticos, ni para los científicos, ni mucho menos para los filósofos de  entonces, las mujeres eran sujetos o individuos. Su exclusión y confinamiento al  espacio privado era casi universalmente aceptado. Eso se debía a que predominaba  una visión patriarcal y doméstica de la mujer. Su espacio comenzaba y terminaba  dentro de las cuatro paredes de la casa y hasta allí llegaban sus derechos<sup>63</sup>  y deberes. Cuando más, la Iglesia, la escuela infantil o el parvulario y la  caridad, como extensión de los deberes marianos.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">« El mito del Marianismo se  	convirtió en el imaginario que reconoció en las mujeres madres una categoría  	moral superior a los hombres. A través de este mito, pero no sólo a través  	de él, ha actuado un imaginario colectivo orientando las actuaciones de las  	mujeres en el ámbito familiar y con proyecciones sociales en la misma línea.  	De esta manera el estatus femenino, confinado a la reproducción biológica y  	social, no sólo se mantuvo sino que se reelaboró articulado a la  	modernización que llevaron a cabo los gobiernos populistas desde los años  	treinta en adelante»<sup>64</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es decir, el mito fundante de  lo femenino desde la conquista y colonia española es la mujer madre,  constituyente eficaz del patriarcado. La otra parte del mito es la pureza y el  resguardo. Las mujeres dedicadas a los hijos en la casa como María a Jesús, y  puras, como María, quien concibió por obra y gracia del Espíritu Santo:  asexuada, encerrada, sacrificada. Todo ello se reflejó en la negación de su  participación en la vida pública, encubierto detrás del amor: a los hijos, al  marido, a los padres y a Dios. Su contrapartida, el machismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Este mito fundante de lo  femenino en el imaginario colectivo latinoamericano, se ha transformado, pero no  ha desaparecido. Tanto en lo individual, en el espacio doméstico y en el espacio  público por excelencia, el espacio de la política, se ha incorporado el mito.  Esto hace que la mujer sólo sea visible cuando sea heroína que se sacrifique por  la patria. Pero en la vida política cotidiana permanece invisible o, mejor dicho  invisibilizada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Durante las luchas de las  sufragistas en Venezuela, José Gil Fortoul, desde la filosofía constitucional y  el derecho, pasaba por encima del mito mariano al opinar que «las damas tenían  el mismo interés que los varones en ser bien gobernadas y en contribuir a la  constitución de la sociedad con su actividad y sus bienes». Con este discurso  establecía una cadena de equivalencias nueva entre lo público y las mujeres. Por  el contrario, Doña Lucila de Pérez Díaz en su discurso de incorporación a la  Academia Nacional de la Historia en 1940, mantiene la articulación originaria,  pero apoya la participación de la mujer en política. Eso sí, de manera  «…discreta, sensata y práctica, sin vocinglerías ni efervescencias, sin vanos  alardes ni pretensiones equívocas, sin pedanterías y sin escándalos»<sup>65</sup>.  Es decir, nunca papeles protagónicos de liderazgos, nunca asumir los primeros  lugares en la negociación política, lo cual se traduce en la <i>no</i>  constitución de modelos que puedan ayudar a construir los nuevos símbolos que  articulen a la mujer con la política como lugar propio, es decir una superficie  de inscripción que incluya la díada mujer/política.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Si bien, como afirma Luis R .  Dávila, «en el trienio se produce tanto un discurso cargado de nuevos símbolos y  valores, como un tipo de práctica cargada de nuevas formas de acción que  modificarán indeteniblemente la cultura política nacional»<sup>66</sup>, esta  modificación no cambió la relación de la mujer con la política en el imaginario  colectivo de los y las venezolanas. Tanto es así que al incorporarse las mujeres  a los partidos políticos después de obtenido el voto, todos sus esfuerzos por  ascender en la escalera de liderazgo político fueron mediatizados, quedando  encasilladas en los poco influyentes buró femeninos<sup>67</sup>; y, afuera de  los partidos las fuerzas del movimiento decayeron, quedando aquellas  organizaciones que lograron sobrevivir en el tiempo, encasilladas en las tareas  asistenciales y de servicio social. Las primeras organizaciones feministas  venezolanas son posteriores a la época que estamos relatando.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Claramente, las mujeres  nuevamente volvieron a su lugar simbólico afuera del imaginario octubrista,  nuevo imaginario político venezolano desde entonces, a pesar de su participación  activa en los procesos vitales del trienio, tanto como activistas, militantes e  integrantes de las masas populares. Además, después de las acciones políticas  que desarrollaron para lograr sus derechos políticos, sus luchas quedaron  ocultas detrás del voto universal. Estrategia exitosa que las devolvió a las  casas, a su lugar de origen. Los valores de la concepción hegemónica de género  de entonces –y de ahora, con pequeños cambios– se mantuvieron, pues el liderazgo  del trienio los compartía, y nunca incluyeron en sus discursos a las mujeres  como sujetos fundamentales de la política. La significación de lo femenino no  logró, entonces, una articulación clara y aceptada en la vida pública, con la  política, y por ello, no adquirió un nuevo significado que legitimara como  apropiado su papel en este espacio. Ninguna de ellas pasó a la historia con un  liderazgo propio que fuera modelo a seguir para redefinir el valor de las  mujeres en la política, ni siquiera dentro de AD que incluía entre sus filas a  la mayoría de las mujeres más avanzadas del país.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Dentro del pueblo del  populismo, desaparecen las mujeres como lo hicieron detrás del sufragio  universal, a pesar de haber sido activas en las calles. No se incluyen en la  nueva identidad popular del soberano, se mantiene una lógica de continuidad con  la exclusión tradicional de la mujer en la política. Todo lo cual es coherente  con la forma como los miembros de la generación del 28 y posteriormente  dirigentes y actores centrales del trienio, se refieren a las mujeres –cuando la  hacen– en sus descripciones historiográficas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Asumimos como nuestra una de  las conclusiones de Lola Luna en su estudio <i>La feminidad y el sufragismo  colombiano durante el período 1944- 48</i>, ya que la situación post-sufragismo  en Venezuela puede considerarse similar, o bastante parecida, a la de Colombia.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">«la construcción de la  	mujer de la modernidad se revela anudada a la maternidad y el hogar, pero  	con un cierto desplazamiento de su acción hacia la política, justificado en  	valores específicos deferenciales, asumidos por las propias sufragistas»<sup>68</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Reaparecemos nuevamente cuando  la lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez lo exige. Nuevamente las  madres al sacrificio por la patria, sólo que esta vez son más y más aguerridas,  pero tampoco trascienden. Tampoco las que militando en los partidos de izquierda  participan en las guerrillas de los años sesenta. Una más que otra lo logra por  sus prácticas políticas posteriores como el Caso de Argelia Laya o por la  escritura como Ángela Sago. Aún hoy, a pesar del impacto de la segunda ola del  feminismo y de la importancia que las organizaciones multilaterales le han dado  a los movimientos feministas y a sus logros en el mundo, seguimos siendo  ciudadanas de segunda. Esperamos que, la entrada de las mujeres latinoamericanas  en el liderazgo político ayude a construir los modelos que trastoquen el  imaginario político latinoamericano. Que sus reivindicaciones y sus acciones  políticas como movimiento político –dentro y fuera de los partidos– puedan  convertirse en una superficie de inscripción que articule lo femenino con la  política, como algo propio, apropiado y no sólo como masa o como algo  excepcional, lugar en el que estamos ahora.</font></p>     <p align="justify"><b>Notas</b></p>     <p align="justify">1 Algunas autoras españolas consideran que las luchas de  finales del siglo XVIII constituyen la verdadera Primera Ola del Feminismo, con  las francesas de la época de la revolución y con la inglesa Mary Wollstonecraft,  quien «levantó la primera vindicación feminista autoconsciente». Valcárcel,  2008,78.</p>     <p align="justify">2 Caballero, M. 2003, 62-63.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">3 CIS-FEM 1991, 147. </p>     <p align="justify">4 Había nacido en 1902 y su verdadero nombre era Mercedes  Carvajal de Arocha. </p>     <p align="justify">5 Palacios, L. 1958, 223. </p>     <p align="justify">6 Estas mujeres se organizaron como las madrinas que  adoptaban a los presos que no tenían familia en Caracas que los cuidara y, ellas  eran las responsables de su bienestar y comunicación con el exterior. Pompeyo  Márquez fue uno de estos jóvenes cuando tenía sólo 14 años. (Conversación  informal de la autora con Pompeyo).</p>     <p align="justify">7 CISFEM, ob.cit:146-147. </p>     <p align="justify">8 Friedman, E., 2000, 56. </p>     <p align="justify">9 Gabaldón, J., ob.cit. 49.</p>     <p align="justify">10 Ibid. 181.</p>     <p align="justify">11 Ibid. 179.</p>     <p align="justify">12 Conversación de la autora con Fernán Frías, hijo de  Antonia Palacios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">13 Gabaldón, J., ob.cit. 10.</p>     <p align="justify">14 Pantín y Torres, 2003, 60.</p>     <p align="justify">15 Gabaldón, J., ob.cit. 183.</p>     <p align="justify">16 Palacios, L., ob.cit. 223.</p>     <p align="justify">17. Pantín y Torres, ob.cit. 48.</p>     <p align="justify">18 Quintero, I. 2000, 255.</p>     <p align="justify">19 García P. E. 2004, 6.</p>     <p align="justify">20 Caballero, M., ob.cit. 62-63.</p>     <p align="justify">21 Isabel Carmona. Entrevista con la investigadora.</p>     <p align="justify">22 Pérez, M. 1985. 61.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">23 Betancourt, 1969, 207.</p>     <p align="justify">24 Acta Constitutiva. Junta Revolucionaria de Gobierno. 1945.</p>     <p align="justify">25 Decreto 217 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, 1946.</p>     <p align="justify">26 Actas de la Asamblea Nacional Constituyente. 1946-47.</p>     <p align="justify">27 Maza, Z.1979, 504.</p>     <p align="justify">28 Palacios, L. 1958, 224.</p>     <p align="justify">29 Ver Friedman, ob. Cit.</p>     <p align="justify">30 15 de octubre de 1935.</p>     <p align="justify">31 CISFEM, ob. cit. 145.</p>     <p align="justify">32 Entrevista con Ana Senior fundadora de la Agrupación  Cultural Femenina. En Friedman, ob.cit. 60.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">33 Entrevista con la investigadora citada anteriormente.</p>     <p align="justify">34 Palacios, L. ob.cit. 224.</p>     <p align="justify">35 CISFEM, ob.cit.148.</p>     <p align="justify">36 Maza Z, D., ob.cit. 505.</p>     <p align="justify">37 Betancourt, R., ob.cit. 111</p>     <p align="justify">38 Friedman, E., ob. cit. 66.</p>     <p align="justify">39 Rey, J.C., 2003, 2.</p>     <p align="justify">40 Quintero, I., 2000, 259. </p>     <p align="justify">41 Rivas, L.M. 2003, 22.</p>     <p align="justify">42 Nos-otras, 1944. Citadadopor Quintero,I.Ibid.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">43 Tía de Isabel Carmona.</p>     <p align="justify">44 Esta información fue aportada por Isabel Carmona,  militante de AD y profesora de la UCV en entrevista con la investigadora el  28-2-2006.</p>     <p align="justify">45 Quintero, I., ob.cit. 260.</p>     <p align="justify">46 Crmona, I. 1996 .7.</p>     <p align="justify">47 Ibid. 8</p>     <p align="justify">48 Betancourt, R., ob.cit. 254.</p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">49 Wills, E. 2000, 7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">50 Mackinnon y Perrone. 1999,  45.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">51 Lo cual según los adecos, no  se había obtenido con la reforma de 1943.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">52 Roberts, K., 1999, 381.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">53 Knight, A. 1998, 227.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">54 Ibid, 227-228.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">55 Entrevista citada con Isabel  Carmona.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">56 Quintero, I. 2001, 59.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">57 Friedman, E., ob.cit. 73.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">58 Ellner, S. 1997, 86.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">59 Un ejemplo significativo es  el de Eva Perón en Argentina, que si bien fundó el Partido Femenino Peronista,  «…su pensamiento, expuesto sin eufemismos ni concesiones, endilga al feminismo  ser un enemigo de las mujeres y un error que impide su verdadera liberación».  Peredni, 6.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">60 Quintero, I., 2001, 54.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">61 Ibid. 54-55.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">62 «…en 1876, un grupo de damas  logró participar en las elecciones, argumentando que la Constitución de 1833 no  les prohibía ejercer el voto. Sin embargo, la dulce victoria más tarde se  convirtió en un sabor amargo, puesto que en 1884 el gobierno dictó una ley que  impedía expresamente dicho derecho». Millones, 2005.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">63 Los derechos humanos de la  Carta de las Naciones Unidas se limitaban al espacio público del trabajador, del  sindicato, y llegabann hasta las puertas de las casas. Quien esté confinado a  ellas carece de derechos humanos. Por ello, la violencia intrafamiliar estuvo  legitimada hasta los años 90, cuando en Ginebra, se declaró que ésta era una  violación de los derechos humanos de las mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">64 Luna, L., s.f. 4.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">65 Quintero, I. 2001.55.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">66 Dávila, L.R., 1992. 15.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">67 Argelia Laya en los años  ochenta y ahora en los últimos años Isabel Carmona, han sido las únicas mujeres  presidentas de dos partidos políticos en donde han militado muchos años, o casi  una vida entera. Las razones no son necesariamente un reconocimiento a su  dilatado accionar político, sino respuestas a situaciones coyunturales del poder  dentro de sus partidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">68 Luna, L. 2001ª, 1.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Acedo de Sucre, María y&nbsp; Nones M,  Carmen. (1967) «La generación venezolana de 1928». Estudio de una elite  política. Caracas, Ariel.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815931&pid=S1316-3701201000010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Acta Constitutiva. Junta Revolucionaria de Gobierno.  18 de octubre 1945.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815932&pid=S1316-3701201000010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Actas de la Asamblea Nacional Constituyente. 1946-1947. Archivo Histórico de la Nación.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815933&pid=S1316-3701201000010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Betancourt, Rómulo (1969) Venezuela política y  petróleo. Bogotá, Edt. Senderos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815934&pid=S1316-3701201000010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Caballero, Manuel (2003) Las crisis de la  Venezuela contemporánea (1903-1992). Caracas, Alfadil Edts. 1º edc. 1998.  </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815935&pid=S1316-3701201000010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Carmona de Serra, Isabel (1996) «La reforma constitucional de 1945:  Contradicciones en el camino hacia la democracia». Seminario: El voto popular en  perspectiva histórica y la reforma electoral. Caracas 14-15 de marzo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815936&pid=S1316-3701201000010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Centro de  Investigación Social, Formación y Estudios de la Mujer – CISFEM (1992) Situación  de la Mujer en Venezuela. Caracas, CISFEM/UNICEF. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815937&pid=S1316-3701201000010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Coronil, Fernando (2002) El  Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Caracas, Nueva Sociedad y CDCH-UCV.  </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815938&pid=S1316-3701201000010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">9.  Ellner, Steve (1997). «El apogeo del populismo en Venezuela y sus  consecuencias». Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, 3 (1),  77-100.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815939&pid=S1316-3701201000010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Friedman, Elsabeth (2000) Unfinished Transitions. Women and  the gendered development of democracy in Venezuela. 1936-1996. Pennsylvania, Penn State Press.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815940&pid=S1316-3701201000010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Gabaldón M, Joaquín (1958) Memoria y cuento de la Generación del  28. Caracas.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815941&pid=S1316-3701201000010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. García Prince, Evangelina (2004) Venezuela: Estado actual de la  participación política de la mujer y retos a enfrentar. Ponencia. Foro Regional  Mujer y Participación Política en la Región Andina. Lima.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815942&pid=S1316-3701201000010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Junta Revolucionaria  de Gobierno. Decreto N° 217. 15 de marzo de 1946.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815943&pid=S1316-3701201000010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. Knight, Alan (1998). «Populism  and neo-populism in Latin America, especially Mexico». 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Luna, Lola (2001) «El logro  del voto femenino en Colombia: La violencia y el maternalismo populista,  1949-1957». Nuestras Informaciones (2000-  2003).<a href="http://www.laneta.apc.org/cgi-bin/WebX?230@177.0fcka2acxiq&#094;0@.ee73402">http://www.laneta.apc.org/cgi-bin/WebX?230@177.0fcka2acxiq%5E0@.ee73402</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815946&pid=S1316-3701201000010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Mackinnon María M., y Mario A.  Petrone (1999) «Los complejos de la cenicienta». En María M. Mackinnon y Mario  A. Petrone (Comps.). Populismo y neopopulismo en América Latina. El Problema de  la Cenicienta. Eudeba. Buenos Aires. Introducción.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815947&pid=S1316-3701201000010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. Maza Zavala, Domingo F. (1979)  «Historia de medio siglo en Venezue-la: 1926-1975». En América Latina: Historia  de Medio Siglo. Vol 1: América del Sur. 2a. Edc. México, Siglo XXI. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815948&pid=S1316-3701201000010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Millones, Sonia (2005) El parto  de un derecho. En: <a href="http://www.andina.com.pe/especiales/2005/setiembre/mujer_voto/home.htm"> www.andina.com.pe/especiales/2005/setiembre/mujer_voto/home.htm</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815949&pid=S1316-3701201000010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Molina Petit, Cristina (1994)  Dialéctica feminista de la Ilustración. Madrid, Anthropos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815950&pid=S1316-3701201000010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. Palacios, Lucila (1958). «La  mujer y la lucha política». En VV.AA. Testimonio de la Revolución en Venezuela.  1º de enero – 23 de enero 1958. Tipografía Vargas, Caracas, 223-225.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815951&pid=S1316-3701201000010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. Pantin, Yolanda y Torres,  Ana T. (2003) El hilo de la voz. Antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX. Caracas, Fundación Polar.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815952&pid=S1316-3701201000010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. Perednik, Jorge S (2003)  «Evita: el feminismo y otras cuestiones». En Ciberletras. Vol. 3. Nº 9. <a href="http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/index_files/v09.html"> http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/index_files/v09.html</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815953&pid=S1316-3701201000010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. Pérez, Marta (1985) «18 de  octubre, 40 años después». Revista Momento. Octubre. Año XXX, Nº 1513, pp.  60-61.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815954&pid=S1316-3701201000010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. Quintero, Inés (2001) «Madres y ciudadanas (La lucha por el sufragio  femenino en Venezuela)». En Cuadernos del Cendes. Año 18 Nº 46. Segunda época.  Caracas. Pp. 53-71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815955&pid=S1316-3701201000010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. Quintero, Inés (2000) «Itinerarios de la mujer o el 50 por  ciento que se hace mitad». En Asdrúbal Baptista, Coor. Venezuela: Siglo XX. Vol  1. Visiones y testimonios. Fundación Polar. Caracas. Pp.246-271.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815956&pid=S1316-3701201000010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. Rey, Juan  Carlos (2003) «Esplendores y miserias de los partidos políticos en la historia  del pensamiento venezolano». En Boletines de la Academia Nacional de la  Historia, Tomo LXXXVI, No. 343. Págs. 9-43.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815957&pid=S1316-3701201000010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. Rivas, Luz Marina (2003) «Ellas  tomaron la palabra: un siglo y algo más de las narradoras venezolanas». En  Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Vol. 8. Nº 21 pp.17- 30.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815958&pid=S1316-3701201000010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. Roberts,  Kenneth (1999) «El neoliberalismo y la transformación del populismo en América  Latina. El caso peruano». En María M. Mackinnon y Mario A. Petrone (Comps.).  Populismo y neopopulismo en América Latina. El Problema de la Cenicienta. Eudeba.  Buenos Aires.pp. 375-407.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815959&pid=S1316-3701201000010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. Ultimas Noticias. Página retro.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815960&pid=S1316-3701201000010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. Valcárcel, Amelia  (2008). La política de las mujeres. Madrid, Eds. Cátedra. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815961&pid=S1316-3701201000010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">32.  Valdés, Teresa y Gomaris, Enrique (1995) Mujeres Latinoamericanas en Cifras  (Tomo comparativo). Santiago, FLACSO-Chile e Instituto de la Mujer-España.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815962&pid=S1316-3701201000010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">33. Wills Obregón, María Emma  2000. «Las luchas por la plena ciudadanía de las mujeres en Colombia: contrastes  y aprendizajes de tres oleadas feministas en el siglo XX». En Responsabilidad  Democrática de las Mujeres. En Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, Vol.  5, N° 15.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2815963&pid=S1316-3701201000010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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