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</front><body><![CDATA[ <p class="tituloneg" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="center"><font face="Verdana" size="3"><b>La pedagog&iacute;a de la pregunta. Una contribuci&oacute;n    para el aprendizaje</b></font></p>     <p class="afil" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>Orlando Zuleta Ara&uacute;jo</b></font></p>     <p class="afil" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este art&iacute;culo se transcribi&oacute; de la revista colombiana &quot;Educaci&oacute;n    y Cultura&quot;, enero 2005   <span class="email">ozuleta@latinmail.com</span></font></p> <i>     <blockquote>       <p ALIGN="LEFT"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">Conservo seis   honestos servidores que me enseñaron todo lo que sé. Sus nombres son:&nbsp;</font></p>       <p ALIGN="LEFT"><font SIZE="2" COLOR="#231f20" face="Verdana">qué, cuándo,   por qué, cómo, dónde y quién.</font></p> </i>     <p ALIGN="center"><font face="Verdana" size="2" color="#231f20">RUDYARD KIPLING</font></p> </blockquote>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El tema de la <i>pregunta pedag&oacute;gica</i> como herramienta    de aprendizaje, ha sido quiz&aacute;s, uno de los temas que menos debate ha    suscitado en la instituci&oacute;n educativa, y sobre el que menos se investiga    y publica en nuestro medio, a pesar de ser un tema tan importante y necesario    en la din&aacute;mica de los procesos formales de adquisici&oacute;n de conocimientos.    Entre tantos otros, &eacute;ste parece ser uno de los problemas que m&aacute;s    afecta la calidad de la educaci&oacute;n. El problema es tal, que los docentes    y alumnos nos vemos a menudo enfrentados a un sistema educativo anquilosado,    que no cuestiona el objeto del conocimiento y mucho menos los procesos de aprendizaje    aut&oacute;nomo.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Lo cierto es que el sistema educativo que nos rige, a pesar    de que ha sufrido unos ligeros cambios en la &uacute;ltima d&eacute;cada, todav&iacute;a    persisten en &eacute;l algunas tendencias pedag&oacute;gicas reaccionarias y    restrictivas que acent&uacute;an la sumisi&oacute;n y la cultura del silencio    en los educandos. Por lo que es inaplazable rebatir en la instituci&oacute;n    escolar los rezagos de la <i>educaci&oacute;n bancaria o tradicionalista</i>    para oponerle una educaci&oacute;n en la cual el alumno fundamente su aprendizaje    mediante el uso reflexivo de la pregunta, y sea un constructor, un gestor de    sus propios conocimientos, y ojal&aacute;, mediado por las interacciones de    sus propios compa&ntilde;eros de grupo y amigos, que soportan las mismas necesidades    de conocer y de saber, y que de alguna manera son afectados por problemas de    la vida diaria que exigen soluciones.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> As&iacute; pues, con las limitaciones que pueda tener este    art&iacute;culo s&oacute;lo se pretende hacer una peque&ntilde;a contribuci&oacute;n    acerca de un tema tan extenso y de tanta trascendencia para la tarea educativa    como es el referido al aprendizaje teniendo <i>a la pregunta como recurso pedag&oacute;gico</i>.    De otra parte, se vislumbra que lo m&aacute;s importante y necesario en todo    ello, ser&iacute;a que en la pr&aacute;ctica cotidiana maestros y educandos    aprendi&eacute;ramos a valorar el uso de la pregunta en nuestras relaciones    interpersonales, y que lleg&aacute;ramos a considerarla como fuente de conocimiento    tanto en la vida corriente como en el aula escolar. &Eacute;sta es, sin duda,    una de las funciones m&aacute;s importante que debe y tiene que abordar la pedagog&iacute;a    liberadora y humanista del siglo XXI.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Dial&eacute;ctica: el arte de hacer pregunta</b></font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El fil&oacute;sofo Hans-Georg Gadamer, en su libro <i>Verdad    y m&eacute;todo</i>, nos ilustra ex profeso lo pertinente a la pregunta. Para    el profesor Gadamer, preguntar quiere decir abrir; abrir la posibilidad al conocimiento.    <i>El sentido de preguntar consiste precisamente en dejar al descubierto la    posibilidad de discutir sobre el sentido de lo que se pregunta. Una pregunta    sin horizonte o sin sentido</i> &#8211;escribe el autor&#8211;, <i>es una    pregunta en vac&iacute;o que no lleva a ninguna parte</i>. De acuerdo con Gadamer,    el preguntar es tambi&eacute;n el arte de pensar. Podemos decir, interpretando    el sentido de sus palabras, que preguntar y pensar son dos procesos intelectuales    inseparables; primero, porque quien pregunta formaliza la b&uacute;squeda reflexiva    del conocimiento; y segundo, porque si el hombre piensa y tiene conciencia de    ello, puede as&iacute; mismo plantearse preguntas y posibles respuestas; a partir    de este necesario enlace se producen nuevos conocimientos.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Desde los tiempos de Grecia cl&aacute;sica, el arte de preguntar    se ha llamado dial&eacute;ctica, porque es el arte de llevar una aut&eacute;ntica    conversaci&oacute;n. Para llevar una conversaci&oacute;n es necesario en primer    lugar que los interlocutores no argumenten al mismo tiempo. La primera condici&oacute;n    del arte de conversar es asegurarse de que el interlocutor sigue el paso de    uno. Llevar una conversaci&oacute;n quiere decir ponerse bajo la direcci&oacute;n    del tema sobre el que se orientan los interlocutores. Requiere no aplastar al    otro con argumentos sino balancear realmente el peso objetivo de la opini&oacute;n    antag&oacute;nica. La conversaci&oacute;n como comunicaci&oacute;n interpersonal    tiene necesariamente una estructura de intercambio de pregunta y respuesta.    Por ello, en toda conversaci&oacute;n, sin que esto sea mirado como un ritual    acad&eacute;mico, el arte de preguntar est&aacute; siempre presente como recurso    pedag&oacute;gico, como una posibilidad din&aacute;mica de apertura al conocimiento.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> En nuestra pr&aacute;ctica pedag&oacute;gica hemos observado    que los diferentes espacios socializados y de convivencia que nos brinda la    escuela pueden ser el mejor escenario para recuperar y perfeccionar el arte    de la conversaci&oacute;n entre alumnos y maestros. Tambi&eacute;n hemos visto    que el arte de conversar es considerado como un don natural y como cualidad    adquirida por el ser humano, que implica sobre todo corroborar y negociar ideas    y puntos de vistas diferentes; coincidir y llegar a acuerdos de beneficio mutuo    mediante el discernimiento de las ideas. Asimismo, advertimos que quien sabe    conversar sabe dialogar y posee tambi&eacute;n el poder de la persuasi&oacute;n.    Adem&aacute;s debemos tener presente que para llevar a cabo una agradable conversaci&oacute;n    en la escuela (o fuera de ella) siempre se encuentra el momento oportuno y el    lugar adecuado, y lo m&aacute;s importante, el motivo de un buen tema. La conversaci&oacute;n    es una necesidad vital que restituye y alegra el esp&iacute;ritu de todo ser    humano.</font></p>     <p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> Fundamento pedag&oacute;gico de la pregunta</b></font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde la perspectiva del estudio pedag&oacute;gico, se dice    que la pregunta tiene una importancia enorme en el aula, y es susceptible de    ser aprendida y/o ense&ntilde;ada. En sinton&iacute;a con este requerimiento,    los docentes en el aula podemos orientar a los alumnos por medio de talleres    en el necesario pero dif&iacute;cil arte de preguntar. Es significativo que    el alumnado aprenda a formular sus propias preguntas. El educando puede elaborar    preguntas a partir de la lectura de un texto, de la informaci&oacute;n de la    clase, de la observaci&oacute;n de una l&aacute;mina o de los resultados de    una experiencia, de una excursi&oacute;n a la naturaleza, de una visita a un    centro de inter&eacute;s cient&iacute;fico, entre otros. El uso de la pregunta    es sustancial porque propicia la reflexi&oacute;n, el planteamiento de problemas    o hip&oacute;tesis. Favorece, adem&aacute;s, la expresi&oacute;n oral y/o escrita,    la comunicaci&oacute;n entre estudiantes, su atenci&oacute;n y la creaci&oacute;n    de un ambiente favorable de aprendizaje. En este mismo sentido, el profesor,    refiri&eacute;ndose a un cap&iacute;tulo o a una unidad del libro, puede ense&ntilde;ar    a l@s alumn@s a proponer un cuestionario sobre el texto, haci&eacute;ndose preguntas    que exijan no solamente reflexi&oacute;n sino tambi&eacute;n deducciones y conjeturas.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> La reflexi&oacute;n y la aplicaci&oacute;n de la pedagog&iacute;a    de la pregunta concuerdan muy bien en el modelo educativo de la Escuela Nueva,    que implica, desde luego, no s&oacute;lo innovar e implementar m&eacute;todos    y estrategias, de los materiales, de los ambientes y espacios educativos, sino    tambi&eacute;n rescatar el papel cr&iacute;tico-constructivo de los educadores    y de los alumnos. En este tipo de escuelas, el maestro y los alumnos establecen    sinceros y fuertes lazos de amistad. All&iacute; se reconocen y se valoran mutuamente.    En la Escuela Nueva, se fomenta una educaci&oacute;n humanista, personalizada    y liberadora, que respeta al hombre como tal, y los resultados, por supuesto,    son m&aacute;s alentadores que en la escuela tradicional.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> En este contexto, Paulo Freire en su libro <i>La pedagog&iacute;a    de la pregunta</i>, plantea que &#8220;los maestros y alumnos, se re&uacute;nen    en el aula de clase para plantearse preguntas acerca de los problemas pr&aacute;cticos    de sus vidas, de sus comunidades y del conocimiento que esperan construir&#8221;.    Esa aula de clases que tanto interesaba al pedagogo brasile&ntilde;o tiene su    epicentro en la Nueva Escuela, la misma que se origina con la corriente de la    pedagog&iacute;a activa. Para el maestro Freire, la pregunta es el eje medular,    es el activador del pensamiento y del discurrir sobre los diferentes asuntos    que se plantea el grupo como tarea.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Dec&iacute;a Freire que <i>&#8220;las preguntas ayudan a iniciar    procesos interactivos de aprendizajes y soluci&oacute;n de problemas, lo mismo    que mantenerlos hasta cuando se logran los objetivos y se planteen nuevos problemas    y nuevas situaciones de aprendizaje en este continuo trasegar que es la vida.&#8221;</i>    La pregunta es, adem&aacute;s, un elemento pedag&oacute;gico que estimula y    da solidez al proceso de autoaprendizaje. Es una herramienta de primer orden    en el proceso de aprender a aprender.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> La pregunta debe acompa&ntilde;ar y, de hecho, acompa&ntilde;a    al ser humano durante todo el desarrollo de su vida. Vivir, podr&iacute;amos    decir, es preguntar, es estar preguntando constantemente. Para Gadamer, por    ejemplo, quien no se hace preguntas no es porque se haya vuelto tonto sino porque    no necesita saber. Para poder preguntar hay que querer saber, esto es, saber    que no se sabe. Esto significa tener una postura humilde frente al saber. Esto    es equivalente a la ignorancia docta de S&oacute;crates, que consist&iacute;a    precisamente en decir &#8220;s&oacute;lo s&eacute; que nada s&eacute;&#8221;,    cuando en realidad &eacute;l era el sabio m&aacute;s grande de toda Grecia.    En cambio, una persona que se cree que lo sabe todo, que se jacta de ser sabio,    bloquea toda posibilidad de aprendizaje. Y, por el contrario, lo que puede ocurrir    en los interminables procesos de aprendizaje, es que quien no sepa la respuesta    &#8211;en un momento determinado-, debe reflexionar sobre la pregunta planteada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> En t&eacute;rminos generales, la ciencia, el conocimiento    y la soluci&oacute;n de problemas se inician y se nutren continuamente a partir    de las preguntas. Freire nos dice que &#8220;el origen del conocimiento est&aacute;    en la pregunta, o en las preguntas, o en el mismo acto de preguntar; me atrever&iacute;a    a decir que el primer lenguaje fue una pregunta, la primera palabra fue, a la    vez, pregunta y respuesta, en un acto simult&aacute;neo&#8221;. Con ello, Freire    nos quiere significar que la pregunta es de naturaleza humana, y por tanto,    el hombre como ser hist&oacute;rico-social se debe a que ha logrado constituir    un lenguaje articulado y pensado a partir de la formulaci&oacute;n de sucesivas    preguntas. En la medida en que el hombre que posea suficientes elementos ling&uuml;&iacute;sticos    tenga la posibilidad de pensar mejor, y poseer una mayor capacidad y calidad    en su pensamiento, desde luego, podr&aacute; formularse preguntas con mayor    sentido.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Sin embargo, la educaci&oacute;n y los maestros tradicionales    se olvidaron de las preguntas y que con ellas empieza el conocimiento. Con la    pregunta, en t&eacute;rminos de Freire, nace tambi&eacute;n la curiosidad, y    con la curiosidad se incentiva la creatividad. Con la educaci&oacute;n tradicional,    dice Freire, se castra la curiosidad, se estrecha la imaginaci&oacute;n, y se    hipertrofian los sentidos. Hist&oacute;ricamente en educaci&oacute;n hemos tenido    el predominio de una pedagog&iacute;a de la respuesta sobre una pedagog&iacute;a    de la pregunta, en la que los modelos de aprendizaje se apoyan en meros contenidos    ya elaborados que deben ser transmitidos por el profesor. De ah&iacute;, que    sea indispensable en la escuela contempor&aacute;nea implementar el m&eacute;todo    de la may&eacute;utica socr&aacute;tica como recurso pedag&oacute;gico. A veces    los maestros olvidamos que &#8220;el ser humano es fil&oacute;sofo por naturaleza    que, si se le ofrece la oportunidad, se hace preguntas a todas las edades y,    a partir de ellas, descubre el mundo y que poco a poco va apropi&aacute;ndose    de &eacute;l&#8221;. Por lo que vemos, los recursos que requiere el maestro    para desarrollar la pedagog&iacute;a de la pregunta son m&aacute;s bien sencillos,    nada del otro mundo. Para estos fines un maestro real, un maestro aut&eacute;ntico,    s&oacute;lo requiere de un poco de ingenio y de destreza intelectual, y de una    dosis de buena voluntad. Eso es todo lo que se necesita.</font></p>     <p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>S&oacute;crates: la pregunta como arma ideol&oacute;gica</b></font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debemos tener muy presente que en el &aacute;mbito de nuestras    culturas latinoamericanas, al estudiante se le ha negado la posibilidad de preguntar    y no s&oacute;lo en el proceso educativo, sino en toda la vida cotidiana, en    toda la vida cultural, porque en las estructuras de poder tradicional y vigentes,    la pregunta se convierte en subversiva. A trav&eacute;s de la historia se conocen    abundantes ejemplos. Es el caso de S&oacute;crates, como se ve en la novela    <i>El mundo de Sof&iacute;a</i>. En ella, el autor, adem&aacute;s de apuntar    en el proyecto filos&oacute;fico socr&aacute;tico, tambi&eacute;n destaca la    importancia de la pregunta como arma ideol&oacute;gica. En este sentido, se    escucha la voz del narrador que dice:</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> &#8220;Los que preguntan, son siempre los m&aacute;s peligrosos.    No resulta igual de peligroso contestar&#8221;. El narrador en la novela, en    una frase muy contundente, dice: &#8220;Una sola pregunta puede contener m&aacute;s    p&oacute;lvora que mil respuestas&#8221;. La voz omnisciente del narrador, para    cerrar el tema, dice: &#8220;La humanidad se encuentra ante una serie de preguntas    importantes a las que no encontramos f&aacute;cilmente buenas respuestas&#8221;.    Aqu&iacute;, en el final, percibimos una idea plena de sabidur&iacute;a acerca    del sentido de la pregunta, que queda flotando en el ambiente tal vez con la    intenci&oacute;n de dejar en los lectores una sensaci&oacute;n de tranquilidad    y desconcierto, muy parecida a la que produce la duda met&oacute;dica.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Ser&iacute;a de gran importancia que los docentes y los alumnos    pusi&eacute;ramos en pr&aacute;ctica algunas de las ideas expuestas por Jostein    Gaadner, en la seguridad de que lograr&iacute;amos ser m&aacute;s consecuentes    con el sentido pedag&oacute;gico y educativo de la pregunta, que por lo dem&aacute;s,    es un derecho que se merece todo ser humano, y del cual no podemos ni debemos    renunciar. Por el contrario, la pregunta es una manera de enfrentar corajudamente    el mundo. Aunque con el uso de la pregunta s&oacute;lo encontraremos en el mundo    respuestas explicando verdades relativas.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">No obstante, al ciudadano, al hombre latinoamericano se le    ha educado para que aprenda y calle, para que no pregunte, para que haga del    silencio tambi&eacute;n una forma cultural, y el preguntar es tan vital en el    crecimiento y desarrollo personal y social, y en el cambio, que por preguntar    han sido sacrificadas muchas vidas en todos los pa&iacute;ses de nuestro horizonte    latinoamericano y mundial (Amaya, 1996, p. 35).</font></p>     <p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Un aula que no pregunta</b></font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El investigador y cronista Arturo Alape, en un reciente estudio    realizado en algunos colegios oficiales de Bogot&aacute;, en el que examinaba    el mecanismo de la participaci&oacute;n de los alumnos en el aula de clase por    medio de la pregunta, lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que tenemos una    aula que no pregunta porque nuestro sistema educativo se caracteriza por ser    autoritario y antidemocr&aacute;tico. Nuestro sistema educativo es autocr&aacute;tico    y dogm&aacute;tico. Este sistema no permite que el ni&ntilde;o ni el joven piensen,    ni hagan preguntas, ni sean cr&iacute;ticos. Las apreciaciones que tiene Alape    del sistema educativo reflejan un realismo extraordinario que quiz&aacute; ning&uacute;n    docente sensato se aventurar&iacute;a a contradecir. Pues lo dicho corresponde    a la tendencia de la escuela tradicionalista, que formatea la frialdad de la    educaci&oacute;n bancaria, que se caracteriza por estimular una educaci&oacute;n    pasiva y carente de humanismo.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Para el maestro Alape, en las aulas de clase, &#8220;la relaci&oacute;n    maestro-alumno es muy conflictiva y enojosa &#8211;pero inevitable&#8211;. Aqu&iacute;    el maestro que est&aacute; al frente de la clase aparece como un&#8211;&#8220;enemigo&#8221;    para el alumno. Es un proceso de confrontaci&oacute;n de quien ense&ntilde;a    y de quien recibe, es un proceso de resistencia y aceptaci&oacute;n, de interacci&oacute;n    conflictiva generacional. En consecuencia, tenemos una aula que no pregunta.    En ella se crea una atm&oacute;sfera de tensi&oacute;n en la que lo mejor es    quedarse callado&#8221;. Precisamente &eacute;sta es la educaci&oacute;n de    escuela que tanto preocupaba a Freire, al punto que se propuso cambiarla por    otra en la que sobresalieran la democracia, la confianza, el respeto mutuo.    Una escuela donde se fomenta el deseo de aprender, y el propio alumno encuentra    la respuesta adecuada a su necesidad de saber.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Seg&uacute;n el mencionado autor, nuestros estudiantes casi    nunca se formulan preguntas para aprender ni para profundizar el conocimiento.    Y un estudiante consecuente con el conocimiento y con el saber tiene que abrirse    al mundo de la pregunta, y estar articulado y en sinton&iacute;a con su propio    contexto. Preguntar el qu&eacute;, por qu&eacute;, para qu&eacute;, c&oacute;mo,    trasciende toda forma de conocimiento, es inherente al hombre o mujer racional.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Por lo general, el estudiante pregunta para aclarar lo que    dijo el maestro en el aula y no para investigar despu&eacute;s. En sus preguntas    no existe el derecho de la duda. Las preguntas suelen ser del mundo cotidiano,    del tema que se trata en el instante de la clase... y nada m&aacute;s. De ah&iacute;    que nuestros estudiantes&#8221; &#8211;en su gran mayor&iacute;a&#8211; casi    nunca se formulen preguntas sobre la vida, el trabajo, la familia, los problemas    que estremecen al pa&iacute;s. Da la impresi&oacute;n de que nuestros alumnos    fueran invulnerables a las durezas de la vida real, y no les interesara saber    nada de lo que ocurre en este pa&iacute;s y en este planeta. &iexcl;&iexcl;&iexcl;Y    lo m&aacute;s grave en todo esto es, que si el maestro insiste en preguntar,    entonces el estudiante se molesta!!!</font></p>     <p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Las preguntas...</b></font></p>     <p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Una cuesti&oacute;n de m&eacute;todo</b></font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Muy a nuestro pesar, tenemos que aceptar que se tiene una aula    que no pregunta. Que no cuestiona... mucho menos refuta y controvierte el conocimiento.    De este modo ya sabemos que el conocimiento no trasciende ni se enriquece. Pero    los docentes frente a este problema pocas veces hemos indagado cu&aacute;les    son las causas por las que los ni&ntilde;os y adolescentes no formulan preguntas    ni cuestionan el conocimiento. Es posible que la soluci&oacute;n del problema    est&eacute; en nuestras manos, en los procedimientos de ense&ntilde;anza, o    en que estemos lejos de los centros de inter&eacute;s y de las preocupaciones    actuales de los educandos, o que simplemente por falta de motivaci&oacute;n,    nuestras clases resultan muy pesadas y aburridas. &iquest;Merece la pena entonces    que revisemos o cambiemos nuestra arrogancia frente al conocimiento, haciendo    que la participaci&oacute;n de los alumnos en la clase sea m&aacute;s fruct&iacute;fera?    &iquest;Valdr&aacute; la pena rescatar la importancia fundamental del m&eacute;todo    socr&aacute;tico, sobre todo, el di&aacute;logo, la discusi&oacute;n para buscar    la verdad? &iquest;O ser&aacute; necesario que ensayemos en el aula la hermen&eacute;utica    gadameriana que nos permite hacer en primer lugar, un an&aacute;lisis de los    textos escolares para poder comprender despu&eacute;s nuestra realidad? &iquest;O    ser&aacute; que para disminuir ese divorcio entre educaci&oacute;n y realidad    hace falta tender un puente que ligue los acontecimientos que se dan en la escuela    con lo que se dan en la vida? De acuerdo a las peculiaridades de nuestra cotidianidad    en el quehacer pedag&oacute;gico, &iexcl;&iexcl;&iexcl;todas las supuestas causas    anotadas son m&aacute;s que posibles!!!</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> Sin llegar al punto extremo del racionalismo filos&oacute;fico,    y sin tratar de idealizar las bondades de tales m&eacute;todos, me atrevo a    creer que s&iacute; hace falta un poco de todo esto. S&oacute;lo que para tener    &eacute;xito en este empe&ntilde;o, primero tendr&iacute;amos que cambiar medularmente    nuestra manera de pensar. Es aqu&iacute; donde m&aacute;s se necesita de la    filosof&iacute;a como la disciplina.</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sobra decir que la filosof&iacute;a es la disciplina que mejor    nos prepara para pensar y para plantearnos preguntas sobre la vida, la naturaleza,    el mundo, la sociedad, el conocimiento y los universos: el concreto y el imaginado,    inclusive, nos ayuda a pensar y a descubrir y a relacionar muchas inc&oacute;gnitas    o preguntas aplicables a todas las asignaturas escolares. Podemos decir, de    manera sint&eacute;tica, que toda pregunta por simple que nos parezca tiene    impl&iacute;citamente un sentido filos&oacute;fico, el cual es descifrable en    la medida que utilicemos adecuadamente la raz&oacute;n de la inteligencia y    la raz&oacute;n del coraz&oacute;n. Pero tambi&eacute;n curiosamente encontramos    personas que jam&aacute;s se han hecho preguntas significativas en relaci&oacute;n    con el mundo, la sociedad y con su propia existencia. Esto &uacute;ltimo, es    inevitable que ocurra, lo que no quiere decir, que no sea preocupante y lamentable    que suceda.</font></p>     <p class="subtitulo" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>A manera de conclusi&oacute;n</b></font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El prop&oacute;sito de esta reflexi&oacute;n es para que los    maestros y los alumnos adoptemos mutuamente una actitud cr&iacute;tica y creativa    frente a la pedagog&iacute;a de la pregunta. No es pertinente que los maestros    y maestras colombianos sigamos ejerciendo nuestra labor con m&eacute;todos pedag&oacute;gicos    tradicionales y anticuados. Tenemos que cambiar aquellos procesos de ense&ntilde;anza    dogm&aacute;tica, represivos y verticales, por nuevos estilos que sean democr&aacute;ticos,    humanistas, participativos, pol&eacute;micos y cr&iacute;ticos, a fin de que    nuestros alumnos y nosotros mismos como docentes nos sintamos no s&oacute;lo    a gusto en el ejercicio de nuestro trabajo, sino tambi&eacute;n, para que las    actuales y las futuras generaciones de colombianos lleguen a ser hombres y mujeres    deliberantes, con libertad de decisi&oacute;n y elecci&oacute;n, y comprometidos    con los nuevos valores y con los cambios sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos    que exige el mundo en que viven... &iexcl;Ese cambio individual y social con    el que so&ntilde;amos y que tanto urgimos -afortunadamente-, se gesta en la    escuela!</font></p>     <p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> No cabe duda, de que este alegre e inquietante desaf&iacute;o    es y seguir&aacute; siendo una responsabilidad muy grande para cualquier maestro    o maestra. Pero nuestro compromiso, mientras permanezcamos en contacto directo    con los alumnos, y con la realidad, deber&aacute; ser el de tener una aula que    haga muchas preguntas. Y, ojal&aacute;, que las preguntas resultantes sean l&uacute;cidas    y penetrantes; que hagan destellar por doquier la perplejidad y el asombro,    y que cada pregunta en el aula, sea capaz de avivar la imaginaci&oacute;n, la    fantas&iacute;a y la curiosidad en todos los compa&ntilde;eros de clase. Sin    perder de vista que con la pedagog&iacute;a de la pregunta podr&iacute;amos    democr&aacute;ticamente desmitificar todo el sistema educativo y cambiar en    &eacute;l todo lo que no funcione.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p class="parraf" style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Alape, Arturo. El aula que no pregunta, cr&oacute;nica de      <i>El Espectador</i>, 23 de mayo 1998.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842482&pid=S1316-4910200500010002200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Amaya, Arnobio. (1966).<i> El taller educativo</i>, Bogot&aacute;:      Editorial Magisterio.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842483&pid=S1316-4910200500010002200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Ander-Egg, Ezequiel. (1995). <i>Un puente entre la escuela      y la vida</i>. Magisterio del R&iacute;o de la Plata.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842484&pid=S1316-4910200500010002200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">4.Calvo, Jos&eacute; M. (1994). <i>Educaci&oacute;n y filosof&iacute;a      en el aula</i>. Barcelona: Editorial Paid&oacute;s.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842485&pid=S1316-4910200500010002200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Gaadner, Jostein. (1997). <i>El mundo de Sof&iacute;a</i>.      Bogot&aacute;: Editorial Siruela/Norma.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842486&pid=S1316-4910200500010002200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Gadamer, Hans-Georg. (1994). <i>Verdad y m&eacute;todo</i>.      Salamanca: Editorial S&iacute;gueme.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842487&pid=S1316-4910200500010002200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Mill&aacute;n Bayona, Fluvia. (1997). <i>Filosof&iacute;a      y desarrollo del pensamiento</i>, en Magaz&iacute;n Aula Urbana, No. 12.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842488&pid=S1316-4910200500010002200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Silvestre Oramas, Margarita. (1998). <i>Aprendizaje, educaci&oacute;n      y desarrollo</i>. La Habana: Editorial Pueblo y Educaci&oacute;n.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842489&pid=S1316-4910200500010002200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Zuleta Ara&uacute;jo, Orlando. El conocer y el saber humano:      dos procesos mentales indisolubles, en <i>Revista Educaci&oacute;n y Cultura</i>,      No. 56, marzo, 2001.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=842490&pid=S1316-4910200500010002200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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