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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">La salud por encima de todo</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El filosofo madrileño Ignacio Sánchez Cámara el siglo pasado dijo: “lamentaba  con ironía que el culto a la salud haya desplazado a otros valores personales  más elevados y se haya convertido en un nuevo ídolo de la sociedad  contemporánea”. Hoy el tema que nos ocupa es preocupante y alarmante: la crisis  de la salud, nos afecta a todos los mortales y seres humanos, porque se trata de  nuestra vida y perpetuidad, aunque para algunos seguramente estos problemas no  les duelen ni les tocan en modo alguno.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Caminamos hacia una cultura clínica o, tal vez, clínicamente muerta. Como  hemos negado la objetividad de los valores espirituales, solo permanece la  tangible objetividad corporal. Todo es problemático; solo la salud es deseable.  Y no niego que lo sea. Apreciamos su valor sobre todo cuando nos falta. Pero el  problema no es el noble combate contra la enfermedad, sino la obsesión  profiláctica por la salud física, su primacía y aun su exclusividad. Se puede  atentar contra todo: contra la virtud, contra la inteligencia, contra el buen  gusto, pero nunca contra la salud. Ella es el último tabú cuando parecía que  todo estaba permitido.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Pero la obsesión por la salud puede perjudicar gravemente la salud, al menos  del espíritu. Lo único que deploro es la exaltación del cuerpo a la condición de  becerro de oro. La vida existe para ser gastada y entregada. No para ser  conservada. Nada muy grande ha sido hecho por el hombre sin arriesgar la vida,  la salud o el bienestar. El filósofo Max Sheller situaba el valor de la salud  solo por encima del placer. Más elevados que ambos se encuentran los valores  espirituales: la belleza, la justicia y la verdad. Y aun por encima, los valores  religiosos, los sagrados. Allí es donde se niega la realidad personal del  hombre, sabemos que se ha instalado la inmoralidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Nos preocupamos por la analítica de nuestro organismo, pero, a la vez, nos  desentendemos por las transaminasas del alma, la glucosa del espíritu y las  adiposidades de nuestra inteligencia. La profilaxis es el último tabú. Pero la  vida es riesgo, peligro. Bajo el tabú de la salud, tal vez se agazape el temor a  vivir, el resentimiento contra la vida. Juan de la Cruz escribió que en el  atardecer de la vida nos examinaran del amor. Se diría, viendo lo que vemos, que  lo que nos espera es más bien un simple análisis de sangre.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En la interpretación de las ciencias, los neurobiólogos ponen de manifiesto  la actividad de ciertas zonas del cerebro durante las operaciones mentales, por  ejemplo, cuando leemos un texto. Este hecho experimentar, irrecusable, puede ser  interpretado de dos maneras diferentes al menos. Se puede decir que nuestra alma  utiliza el cerebro para sus acciones: el hecho de pensar provoca en él una  actividad fisicoquímica. También se puede decir, por el contrario, que esta  actividad cerebral es la ultima realidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por otra parte, una de las grandes contradicciones en materia de salud está  en la industria farmacéutica. Los gobiernos de los países desarrollados deberían  incentivar la investigación en tratamientos contra las enfermedades tropicales.  Por ejemplo podríamos plantearnos ¿Qué problema es más grave en el mundo: la  impotencia o la neumonía? En el siglo pasado murieron de neumonía cerca de 4  millones de personas, la mayoría niños. En cambio, todavía está por verse que  alguien haya muerto a causa de la impotencia. Sin embargo, se emplea mucho más  dinero y energía en estimular la vida sexual de hombres envejecidos que en  salvar la vida a los niños del tercer mundo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La industria farmacéutica ha tenido siempre que hacer equilibrio sobre el  resbaladizo límite entre sus intereses comerciales y sus responsabilidades  éticas. Los laboratorios farmacéuticos han perdido interés por descubrir o  mejorar tratamientos contra las enfermedades del mundo en desarrollo. La  magnitud del problema para gran parte de la población mundial, es que las  condiciones sanitarias están empeorando, mientras que el mercado farmacéutico no  cambia. Medicamentos y vacunas son la base para reducir las muertes y  enfermedades en el tercer mundo. Son las armas para luchar contra la neumonía,  la tuberculosis y la diarrea, el sida y la malaria. No hay escasez de clientes  potenciales. ¿Porque el cambio? Una razón es el enorme coste en investigación y  desarrollo de un producto en contraste con el bajo poder adquisitivo de los  potenciales consumidores. Otra razón es que las empresas están concentrando sus  esfuerzos en los sectores del mercado más rentables, como las cardiopatías y el  cáncer.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A pesar de que nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela  (1999) en su artículo 83 establece: la salud como derecho social fundamental y  parte del derecho a la vida. Y en su artículo 84: la creación por parte del  Estado de un Sistema Público Nacional de Salud, regido por los principios de  gratuidad, universalidad, equidad, integralidad, integración social y  solidaridad, incorporando la participación social protagónica de la comunidad en  todos los aspectos de la planificación de las políticas específicas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Desde el año 2015 existe una grave crisis hospitalaria que afecta al sector  salud en Venezuela. Hemos llegado a una situación insostenible pues el servicio  de salud se encuentra en una de las peores crisis de su historia. A la crítica  situación existente se le suma la escasez de medicamentos y reactivos, rubros  importantes para los tratamientos de los pacientes, falla en las  infraestructuras de los hospitales, la inseguridad hospitalaria, afectando a  todos los tratamientos de distintas enfermedades como cáncer, cardiovasculares,  oncológicas, entre otras principales causas de muerte en nuestro país.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La Academia Nacional de Medicina de Venezuela expresa su profunda  preocupación por la aguda crisis humanitaria en salud que vive el pueblo  venezolano. Es inadmisible desde el punto de vista ético y moral que la red  hospitalaria y la red primaria de salud se encuentren en precarias condiciones  de funcionamiento sin que se haya hecho nada en concreto para remediarla; como  consecuencia del proceso de abandono, se ha profundizado la crisis que ha  alcanzado también a la red asistencial privada. En razón de la falta de  medicamentos e insumos para la salud, del deterioro de las condiciones laborales  y de seguridad en los ambientes de trabajo, de la carencia de personal médico  calificado y de otros profesionales de la salud que han emigrado, buscando mayor  seguridad personal y trabajo digno. Ni en los peores momentos de la historia  republicana se había presenciado el efecto de la indiferencia e incompetencia  gubernamental sobre la población toda, sin distingos de capacidad económica.</font></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Marisol García de Yegüez</font></b></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana">Editora Revista Salus</font></p>     <p align="center"><a href="mailto:mgarcia2@uc.edu.ve"> <font size="2" face="Verdana">mgarcia2@uc.edu.ve</font></a></p>       ]]></body>

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