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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Obesidad y sindrome metabólico en niños. Prevalencia y Fisiopatología]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p style="text-align: center; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px" align="center"> <b><span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana">Obesidad y  sindrome metabólico en niños. Prevalencia y Fisiopatología.</span></b></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: center; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px" align="center"> <b><span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2"> Dra. Angela M. Farías Yáñez.</font></span></b></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  obesidad es el aumento de tejido graso corporal como resultado de un balance  energético positivo, originado a su vez por un desequilibrio permanente entre la  ingesta de alimentos y el gasto energético que se relaciona con un índice de  masa corporal mayor al percentil 97 (Fundacredesa). La obesidad es un trastorno  nutricional que ha aumentado su prevalencia en países industrializados y no  industrializados. En Venezuela las cifras de malnutrición por exceso aumentaron  para el 2004 a 13,7% en niños y adolescentes (7-14 años) (SISVAN 2004). Entre  los factores involucrados en el aumento de la prevalencia de la obesidad a nivel  mundial se encuentran los cambios desfavorables en el estilo de vida: aumento de  la ingesta de calórica y disminución de la actividad física. Dado el aumento del  sobrepeso en los adolescentes americanos en la última década no es sorpresivo la  presencia y aumento de síndrome metabólico en estos niños y adolescentes. Sin  embargo, a pesar que el síndrome metabólico ha sido extensamente estudiado en  adultos es mucho menos conocido en niños. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">El  síndrome metabólico (SM) es un grupo de alteraciones metabólicas y clínicas  consideradas cada una de ellas como de riesgo cardiovascular, y que tienen una  tendencia a agregarse confiriendo mayor riesgo de diabetes y enfermedad  cardiovascular tanto en pacientes con o sin diabetes; así se presentan en un  individuo, con una base fisiopatológica central que es la resistencia a la  insulina, y producen como consecuencia un aumento en el riesgo de enfermedad  cardiovascular y de diabetes mellitus tipo2. Se ha definido según el panel de  tratamiento de adultos (ATP III ) como la presencia de tres de las siguientes  anormalidades: Hipertrigliceridemia (adolescentes&gt;110 mg/dl-P90), bajas  concentraciones del colesterol de la lipoproteína alta densidad (C-HDL: &lt;  40mg/d-P10l) hiperglicemia en ayunas ( &gt;110 mg/dl), aumento de la circunferencia  abdominal(&gt;P90), hipertensión arterial (&gt;P90). Sin embargo, no hay un acuerdo en  los criterios para su definición en niños y los cambios en el crecimiento y  desarrollo, así como las diferencias sexuales complican los puntos de cortes  para estos factores de riesgo. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  prevalencia del síndrome metabólico es muy dispar y depende de los criterios de  definición utilizados, los puntos de cortes y del tipo de población estudiada. A  pesar de ello, se estima que se sitúa entre el 3 y el 4 % muy por debajo de la  población adulta. En adolescentes Americanos obesos (IMC: &gt;P P85) entre los 12 y  los 19 años se encontró una prevalencia del 35,5%, en poblaciones europeas entre  8 y 18 anos las cifras son del 8.9%. Es más frecuentes en los niños y  adolescentes obesos que en los que tienen peso normal. Por tanto, se pude  afirmar que la prevalencia de síndrome metabólico ha aumentado con el aumento de  la obesidad. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  hiperglicemia forma parte del síndrome metabólico y esta relacionada con mayor  riesgo cardiovascular. El síndrome metabólico es multifactorial y entre ellos se</font></span><span style="color: black; font-family: Verdana"><font size="2"> </font></span><span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"> <font size="2">encuentra la obesidad la cual es la principal causa de la  resistencia a la insulina, sobre todo en la infancia. El tejido adiposo  abdominal refleja la grasa visceral y se considera metabolitamente muy activo,  mostrando gran sensibilidad para la liberación de ácidos grasos libre con efecto  citotóxico y con capacidad de almacenarse a nivel hepático alterando el  metabolismo de dicho órgano, lo que contribuye aun más a la resistencia a la  insulina. La asociación entre obesidad, resistencia a la insulina y enfermedad  cardiovascular esta relacionada con el grado de obesidad y con la distribución  de la grasa corporal. La adiposidad y la resistencia a la insulina ha sido  reportada en adultos y niños la perdida de peso lleva un aumento en la  sensibilidad en adultos y adolescentes. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">El  tejido abdominal está involucrado además en la secreción de citocinas pro  inflamatoria como la interleucina 6 (IL-6), factor de necrosis tumoral alfa  (TNF-2), que pueden alterar la tolerancia a la glucosa y dado el estado pro  inflamatorio crónico de la obesidad pueden detectarse niveles elevados de  proteína C reactiva de alta sensibilidad (&gt; 3mg/L). La adiponectina esta  disminuida y contribuye aún más a la resistencia a la insulina. </font></span> </p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  fisiopatología del desarrollo de la diabetes tipo 2 es compleja y  multifactorial. La obesidad lleva a la resistencia la insulina e incrementa los  niveles circulantes de la insulina. En algún punto se pierde el control de la  glicemia y se produce la intolerancia a la glucosa; y finalmente se produce la  diabetes tipo 2. Sin embargo, no todos los individuos obesos desarrollan  intolerancia a los carbohidratos. Los factores que permiten que algunos  individuos desarrollen diabetes tipo 2 no son bien conocidos, y es que hay  factores genéticos involucrados y estos marcadores genéticos pueden ayudar a  identificar pacientes con mayor riesgo a tener diabetes. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">En la  resistencia a la insulina se produce un aumento de la gluconegénesis y  glucogenólisis, y una disminución de la captación periférica de glucosa, lo que  trae como consecuencia la hiperglicemia en ayuno o la intolerancia a la glucosa,  y cuando falla la célula beta se manifiesta la diabetes mellitus. </font></span> </p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  alteración en el metabolismo de los lípidos que caracteriza a los pacientes con  SM es la elevación de los triglicéridos, disminución de C-HDL. El valor de C-LDL  puede ser normal pero son más aterogénicas porque son más pequeñas y densas. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  dislipidemia asociada a la resistencia a la insulina se puede originar por la  incapacidad de la insulina para inhibir la lipólisis a nivel del tejido adiposo,  la cual produce un aumento en la liberación de los ácidos graos libres (AGL), un  mayor aporte de éstos al hígado y un aumento e la producción de las  lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), ricas en triglicéridos, las cuales,  intercambian triglicéridos por esteres de colesterol con las moléculas HDL y LDL  dando lugar a la aparición de partículas de HDC ricas en triglicéridos que son  degradada, disminuyendo así sus niveles plasmáticos, por otra parte, las  partículas de LDL ricas en triglicéridos son hidrolizadas por la lipasa adherida  al endotelio (LPL), generando partículas de LDL pequeñas y densas. Este perfil  alterado aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">La  hipertensión arterial (HTA) forma parte del síndrome metabólico y presenta gran  asociación con la obesidad y la resistencia a la insulina. Múltiples mecanismos  contribuyen al desarrollo de la hipertensión y es difícil aislar la contribución  de la obesidad y/o hiperinsulinemia. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2"> Múltiples mecanismos contribuyen al desarrollo de la hipertensión y es difícil  aislar la contribución de la obesidad y/o hiperinsulinemia. </font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2"> Hiperinsulinemia aumenta la retención renal de sodio e incrementa el “clearence”  de agua libre. La resistencia insulina está también asociada con un aumento de  la actividad del sistema nervioso simpático y estimula el crecimiento del  músculo liso vascular; efectos que conllevan a la vasoconstricción e  hipertensión arterial. Adolescentes obesos pueden tener un aumento de la  resistencia vascular que puede disminuir con la pérdida de peso, por otro lado  hay una fuerte influencia de la genética en la presión sanguínea en la infancia  que se puede intensificar con la presencia de otros factores de riesgo. </font> </span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana"><font size="2">Los  niveles de insulina son más altos en pacientes con hipertensión arterial  esencial que en pacientes con tensión arterial normal. Más del 50% de los  pacientes con hipertensión arterial esencial tienen resistencia a la insulina  siento este el grupo de mayor riesgo para enfermedad cardiovascular.</font></span></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <b><span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">Referencias bibliográficas</font></span></b></p>     <p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">1. Steinber J, Stephen R, Daniela. Obesity, Isulin Resistente,  Diabetes and Cardiovascular Risk in Children. Circulation 2003;107:1448-1453.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060492&pid=S1690-3110200700020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">2. Srinivasan S, Myers L, Berenson Gerald. Predictibilidad of  childhood adiposity and insuliun for developing insulin resistance síndrome  (síndrome X) in young adulthood.Diabtes 2002;51:204-209.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060494&pid=S1690-3110200700020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">3. Jessup A, Harrell J. The Metobolic Síndrome: Look for it in  Children and Adolescents, Too¡ Clinical Diabetes 2005;23(1):26-32.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060496&pid=S1690-3110200700020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">4. Duncan G, Li S, Zhou X. Prevalence and Trenes of a Metabolic  Syndrome Phenotype Among U.S. Adolescents, 1999-2000. Diabetes Care 2004;  27(10):2438-2443.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060498&pid=S1690-3110200700020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">5. Cook S, Wetzman M, auinger P, Nguyen M, Dietz W. Prevalence of  a Metabolic Síndrome phenotype in Adolescents. Arch Pediatr Adolesc  2003;157:821-827. </font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060500&pid=S1690-3110200700020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">6. Steinber J. Diagnosis of the Metobolic Syndrome in children.  Curr Opin Lipidol 2003;14:555-559.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060502&pid=S1690-3110200700020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <font size="2" face="Verdana">7. Lozano B. Síndrome Metabólico en la Infancia. </font><span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">Bol Peditr 2006;46(198):292-299.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060504&pid=S1690-3110200700020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">8. Fernandez JR,Redden DT, Pitrobelli A, Allison DB. J Pediatr  2004;245:439-44.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060506&pid=S1690-3110200700020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">9. Saland J Update on the metabolic síndrome in children. Curr  Opin Pediatr 2007;19:183-191.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060508&pid=S1690-3110200700020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">10. Cruz M, Weigenserrg M, Huang T, Ball G, Shaibi G, Goran M.  the Metabolic yndrome in Overweight Hispanic Youth and the Role of Insulin  Sensitivity. J Clin Endocrinol Metab 2004; 89(1):108-113.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060510&pid=S1690-3110200700020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">11. Cruz M, Shabi G, Weigenserrg M, Spuijy-Metz D, Ball G, Goran  M. Pediatric Obesity and Insulin resistance: Chronic disease risk and  implications for treatment and prevention beyond body weight modification. Annu  Rev Nutr 2005;25:435.68.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060512&pid=S1690-3110200700020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">12. Weiss R Caprio S. The metabolic consequence of childhood.  Best Practice &amp; Research Clinical Endocrinol Metabolism 2005;19(3):405-419.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060514&pid=S1690-3110200700020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px">&nbsp;</p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify; text-autospace; margin-top: 0px; margin-bottom: 0px"> <span style="color: rgb(35, 31, 32); font-family: Verdana" lang="EN-GB"> <font size="2">13. Artz E, Haqq a, Freemark M. Hormonal and Metabolic  Consequences of Childhood Obesity. Endocrino Metab Clin N Am 2005;34:643.658.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3060516&pid=S1690-3110200700020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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