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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><span style="font-family:Verdana">Complicaciones  macrovasculares de la diabetes mellitus: cardíacas, vásculocerebrales y  enfermedad arterial periférica.</span></b></p><b><font SIZE="2" face="Verdana">     <p align="center">Dr. Jesús Isea, Dr. José L. Viloria, Dr. Carlos I. Ponte N.,  Dr. José R. Gómez M.</p> </font></b>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>INTRODUCCIÓN</p> </b>     <p align="justify">Como es ampliamente conocido las complicaciones vasculares de  la diabetes mellitus (DM) se clasifican en macrovasculares y microvasculares,  incluyéndose dentro de las primeras la enfermedad arterial coronaria, la  enfermedad cerebrovascular y la enfermedad arterial obstructiva periférica.</p>     <p align="justify">Las complicaciones macrovasculares constituyen la causa  principal de morbilidad y mortalidad en los pacientes con DM en todo el mundo:  Al menos 65% de los diabéticos muere con alguna forma de enfermedad cardíaca o  cerebrovascular, y la frecuencia de muerte cardiovascular en adultos diabéticos  es 2 a 4 veces mayor que en sus contrapartes no diabéticos1. Los pacientes con  DM, en comparación a los normales, también experimentan una reducción en la  expectativa de vida y en el número de años vividos libres de enfermedad  cardiovascular: Los hombres y las mujeres diabéticas de 50 años de edad viven un  promedio de 7,5 y 8,2 años menos; mientras que las diferencias en expectativa de  vida libre de enfermedad cardíaca se reducen en 7,8 y 8,4 años,  respectivamente2.La duración de la DM parece afectar el riesgo de enfermedad  cardiovascular: datos longitudinales de Framingham sugieren que por cada 10 años  de duración de la DM, el riesgo relativo de enfermedad coronaria es 1,38 veces  mayor (IC 95% 0,99- 1,92) y el riesgo de mortalidad por esta misma causa es 1,86  veces más alto (IC 95% 1,17-2,93)<sup>3</sup>. A pesar de la tendencia a la  reducción en las cifras de morbimortalidad cardiovascular en las últimas  décadas, los pacientes diabéticos continúan experimentando un riesgo mayor de  hospitalizaciones y de complicaciones<sup>4</sup>. </p> <b>     <p align="justify">FISIOPATOLOGÍA DE LAS COMPLICACIONES MACROVASCULARES DE LA DM</p> </b>     <p align="justify">Múltiples anormalidades vasculares, metabólicas y de  coagulación explican la alta prevalencia de la enfermedad aterosclerótica y sus  complicaciones en los pacientes diabéticos: La DM produce disfunción del  endotelio vascular con aumento de la liberación de agentes vasoconstrictores  como la angiotensina-II y la endotelina-1, y reduce la actividad de la enzima  óxido nítrico sintetasa endotelial, la disponibilidad de óxido nítrico (ON) y la  vasodilatación mediada por el endotelio. La disfunción endotelial, favorece  también la expresión de moléculas que incrementan la infiltración leucocitaria a  la íntima arterial. De la misma manera, en la DM hay una mayor producción de  radicales libres de oxígeno e incremento de la liberación de citoquinas que  reducen la síntesis de colágeno por las células de músculo liso vascular y  aumentan la producción de metaloproteinasas de matriz que favorecen la  degradación del ya existente; estas dos acciones combinadas comprometen la  estabilidad de la cápsula fibrosa de la placa aterosclerótica y favorecen su  ruptura5.Varias alteraciones de la función plaquetaria y de la coagulación se  encuentran presentes en los pacientes con DM y favorecen la trombosis sobre las  placas ateroscleróticas: aumento del fibrinógeno, del factor inhibidor del  activador de plasminógeno (PAI-1), de los factores de coagulación VII y VIII, de  la molécula de adhesión de células vasculares (VCAM-1), de las glicoproteínas  adhesivas IIb/IIIa de la superficie plaquetaria, de la producción de tromboxano  A-2; además incrementos de la agregabilidad y adhesión plaquetaria, y de la  glicosilación de proteínas de las plaquetas; y, simultáneamente, disminución de  los niveles de antitrombina III, de las proteínas C y S, de la prostaciclina y  de la disponibilidad de ON plaquetario6</font><font SIZE="2"><font face="Verdana">.  Todas estas acciones proaterogénicas y protrombóticas explican la alta  prevalencia de la aterosclerosis y sus consecuencias en la DM.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">ENFERMEDAD ARTERIAL CORONARIA (EAC)</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">La DM es un factor principal de riesgo  para el desarrollo de EAC; adicionalmente, la presencia de otros factores de  riesgo – hipertensión arterial, dislipidemia, obesidad - frecuentemente  coexisten con la DM, lo que condiciona un riesgo 2 a 4 veces mayor de  desarrollar EAC. Además, en el grupo de pacientes que desarrollan un síndrome  coronario agudo (SCA) más del 17% son portadores de DM, y tienen cifras de  mortalidad temprana y tardía significativamente mayores en comparación a los no  diabéticos</font></font><font SIZE="2" face="Verdana"><sup>7</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se ha sugerido, en base a un  estudio observacional<sup>8</sup>, que los pacientes con DM sin infarto del  miocardio (IM) previo tienen un riesgo de nuevos eventos coronarios similar a  los no diabéticos que han tenido un IM, por lo que los portadores de DM deberían  ser tratados como si fuesen cardiópatas isquémicos conocidos. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta visión de la DM como un  equivalente de EAC ha sido recientemente puesta en duda como resultado de un  meta-análisis hecho con 45108 pacientes provenientes de 13 estudios diferentes,  que mostró que los diabéticos sin IM previo tienen un 43% menos de riesgo (IC  95%: 0,53-0,60) de desarrollar eventos coronarios totales en comparación a los  pacientes con IM previo sin DM<sup>9</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La morfología de la placa  aterosclerótica aislada en las arterias coronarias del paciente diabético es  similar a la del paciente sin diabetes; y, la prevalencia de placas vulnerables  en las arterias responsables de un SCA es similar en ambos grupos de pacientes,  pero los pacientes diabéticos tienen una mayor cantidad de placas vulnerables en  otras arterias coronarias<sup>10,11</sup> y más enfermedad en vasos de pequeño  calibre, lo que hace una morfología global más compleja tal y como ha sido  demostrado en estudios angioscópicos<sup>12</sup>.</font></p> <font size="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">Los pacientes diabéticos pueden  presentar síntomas atípicos o, incluso, ser asintomáticos y mostrar sólo  isquemia silente en registros electrocardiográficos continuos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Esta situación, que se ha considerado  como debida a la presencia de neuropatía diabética subyacente que deteriora la  percepción nociceptiva, puede incrementar el riesgo de estos pacientes, los  cuales tienden a consultar mas tardíamente al momento de un SCA y perder el  beneficio de la ventana del tiempo de las terapias de reperfusión miocárdica</font></font><sup><font SIZE="2" face="Verdana">13</font></sup><font SIZE="2"><font face="Verdana">.</font></p> </font><font SIZE="2" face="Verdana"><b>     <p align="justify">ESTIMACIÓN DEL RIESGO Y DETECCIÓN DE LA ENFERMEDAD CORONARIA</p> </b>     <p align="justify">Las lesiones ateroscleróticas ocurren de manera ubicua, con  una muy alta prevalencia, se desarrollan lentamente a lo largo de varias décadas  y sólo cuando han alcanzado un grado avanzado es cuando presentan  manifestaciones clínicas, lo cual implica que un sujeto dado puede tener una o  varias lesiones en pleno desarrollo sin saberlo. Esta circunstancia particular  hace que la detección de la aterosclerosis subclínica sea de capital importancia  para iniciar un tratamiento precoz y detener su progresión. Sin embargo, a pesar  que en la actualidad se dispone de métodos para detectar estos cambios precoces,  no hay un acuerdo unánime sobre su uso y la mejor aproximación a la detección  temprana de la aterosclerosis se fundamenta en el nivel de riesgo que una  persona tenga para presentar la enfermedad, según sea determinado por los  esquemas tradicionales de cálculo de riesgo<sup>14,15</sup>.</p>     <p align="justify">Por otro lado, en los casos con evidencia clínica de  aterosclerosis, su presencia y extensión debe ser evaluada por el médico  especialista, pero los métodos a emplear varían según los distintos escenarios  clínicos:</p> <b>     <p align="justify">1. En el paciente asintomático: </b>Constituye un grupo muy  heterogéneo por cuanto incluye aquellos con categorías diferentes de riesgo para  EAC que, en base a las características individuales, podrían dividirse en bajo,  intermedio y alto; y, según el nivel en que se encuentre cada paciente se  seleccionarían las pruebas. </p>     <p align="justify">En este grupo debe estar en la detección de los factores  clínicos y paraclínicos de riesgo para enfermedad coronaria, y en la búsqueda de  aterosclerosis subclínica para lo cual los métodos más ampliamente utilizados  son la medición del grosor de la íntima-media carotídea y del calcio coronario. </p>     <p align="justify">Podría también hacerse una valoración no invasiva del estado  de la vasculatura mediante la prueba de hiperemia reactiva en la arteria  braquial, la cual detecta la capacidad de vasodilatación arterial como indicador  de disfunción endotelial; o, evaluarse la velocidad de onda de pulso y el índice  de aumentación que son indicadores de la rigidez arterial que pudiera estar  alterada por la DM y por otros factores de riesgo que frecuentemente coexisten.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el subgrupo de riesgo alto,  o cuando se hayan detectado anormalidades que pudieran sugerir la presencia de  EAC, la exploración debe ser exhaustiva a fin de encontrar evidencias objetivas  de la enfermedad (<a href="#fig1">Figura 1</a>).</font></p> <font SIZE="3">     <p align="center"><a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvdem/v10s1/art13fig1.gif" width="566" height="472"></a></p> </font><font face="Verdana" size="2"><b>     
<p align="justify">2. El paciente sintomático: </b>En el paciente con síntomas o  signos sugestivos de isquemia, o donde se ha demostrado isquemia miocárdica en  los estudios paraclínicos, debe comprobarse objetivamente su presencia y  significado, evaluando la extensión de la aterosclerosis coronaria y sus  consecuencias funcionales (isquemia, contractilidad y arritmias) (<a href="#fig2">Figura  2</a>) para lo cual se emplean métodos no invasivos que pueden clasificarse en:</p>     <p align="center"><a name="fig2"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvdem/v10s1/art13fig2.gif" width="553" height="304"></a></p> <b>     
<p align="justify">a.&nbsp; Funcionales: </b>Muestran la presencia y severidad  de la isquemia miocárdica; dentro de estas, la prueba de esfuerzo (PE) es la más  frecuentemente realizada, aunque con diversas limitaciones basadas en las  características del electrocardiograma de base, la habilidad del paciente para  ejercitarse y la baja sensibilidad y especificidad de esta exploración; sin  embargo, su facilidad de realización, reproducibilidad y bajo costo garantizan  su uso como prueba diagnóstica inicial en la mayoría de los pacientes. La  aparición de signos electrocardiográficos de isquemia en la PE debe ser  corroborada mediante gammagrafía cardíaca o ecocardiografía de esfuerzo, las  cuales, aparte de agregar especificidad al hallazgo, permiten inferir cuáles y  cuántos son los lechos arteriales comprometidos. La gammagrafía cardíaca  contribuye a detectar la presencia de áreas de necrosis o de isquemia, su  relación con los diferentes lechos arteriales y cuantificar las alteraciones de  la contractilidad miocárdica inducidas por la isquemia. Es altamente sensible y  específica, pero su alto costo y las dificultades logísticas para su realización  en nuestro país (disponibilidad de recursos materiales y humanos) limitan su  uso.</p> <font SIZE="3">     <p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">La ecocardiografía dinámica </font></font>ambulatoria (Holter) se ha recomendado como evaluación inicial en  algunos pacientes que no pueden ejercitarse, pero su sensibilidad es menor a la  de la PE; sin embargo, la detección del número y duración del total de episodios  de isquemia (silenciosa o no) determina la carga total, lo cual tiene  implicaciones pronósticas.</p>     <p ALIGN="justify"><b>b. Imagenológicos</b>: Evalúan la precencia y </font> <font size="2"><font face="Verdana">extensión de las lesiones obstructivas en el  lecho arterial coronario. La angiotomografía es la única prueba no invasiva,  actualmente disponible, que permite la visualización directa de las arterias  coronarias. Los equipos multicortes modernos lo hacen altamente sensible y  específico; sin embargo, su alto costo, limitada disponibilidad y la  preocupación inherente al alto nivel de radiación que recibe el paciente,  especialmente si hay estudios repetidos, limitan su uso.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La ecocardiografía transtorácica y  transesofágica, ésta última empleada en casos especiales con mala ventana  acústica, permiten observar las consecuencias funcionales de la isquemia  miocárdica, toda vez que muestran alteraciones cuantificables en la  contractilidad ventricular, regional o total. Son altamente sensibles y  específicas, muy reproducibles y de relativo bajo costo.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">c. Mixtos: </b>La utilización progresiva de cargas crecientes  de esfuerzo físico progresivo o de infusión de dobutamina puede inducir, en los  pacientes con EAC obstructiva, alteraciones reversibles en la motilidad regional  o total que evidencian la presencia de isquemia. </font></p> <font SIZE="3">     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estas pruebas también son  altamente sensibles, específicas y seguras, muy reproducibles y de relativo bajo  costo.</font></p> <b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Pacientes con EAC. </font> </b><font FACE="Verdana" SIZE="2">demostrada y considerada de alto riesgo, que  sean susceptibles de terapia de revascularización, deben emplearse métodos  diagnósticos invasivos que permitan la visualización directa de la obstrucción  de la luz y/o de las características de la pared arterial coronaria. Existen  actualmente dentro de esta categoría dos métodos ampliamente utilizados: la  angiografía coronaria de contraste y el ultrasonido intravascular.</p> </font><b>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">a. Angiografía coronaria: </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">Considerada el estándar de oro para la  evaluación de la anatomía coronaria. Muestra en dos dimensiones el calibre y  características de los bordes de la luz de las arterias, pero no el estado de la  pared. Inclusive, puede crear la falsa impresión de ausencia de una enfermedad  coronaria significativa cuando existe remodelado vascular excéntrico  significativo (fenómeno de Glagov). Es de alto costo y su realización conlleva  un bajo nivel de morbimortalidad.</font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">b. Ultrasonido intravascular: </b>Permite evaluar en dos y  tres dimensiones el estado de la pared arterial coronaria, determinando la  presencia, extensión y características de las placas coronarias y el calibre de  la luz arterial. El ultrasonido intravascular constituye el complemento ideal de  la angiografía coronaria. Su uso está actualmente limitado por su alto costo y  baja disponibilidad.</p> <b>     <p align="justify">c. Tomografía óptica de coherencia y caracterización tisular  con ecos dispersos. </b>Ambas son técnicas que aplican procesamiento avanzado de  los ecos producidos con ultrasonido intravascular. Constituyen la realización de  una auténtica histología virtual, toda vez que permiten caracterizar, con una  gran capacidad de resolución, el estado de la pared vascular, el grosor de la  cápsula fibrosa, el contenido lipídico, la celularidad y la calcificación  existentes en la placa </font></font><font face="Verdana" size="2"> aterosclerótica. Actualmente ambas técnicas son experimentales pero quizás  lleguen a ser clínicamente exitosas en un futuro</font><font SIZE="3"><font SIZE="2"><font face="Verdana"><sup>16,17</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">ENFERMEDAD ARTERIAL PERIFÉRICA</p> </b></font><font size="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">El espectro de las enfermedades  vasculares incluye la enfermedad arterial obstructiva periférica en miembros  superiores e inferiores (EAP), la estenosis carotídea y la enfermedad  aneurismática de la aorta y de las arterias periféricas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La EAP es una de las manifestaciones de  la ateroesclerosis, que afecta a diferentes lechos vasculares. Es un marcador de  riesgo aterotrombótico en otros territorios, especialmente el coronario y el  cerebral. Es conocido que la prevalencia de la EAP aumenta con la edad y llega  al 20% en los mayores de 65 años</font></font><font SIZE="3"><font SIZE="2"><font face="Verdana"><sup>18</sup>. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Se estima que el número de portadores de  EAP en Europa y en América del Norte puede estar subestimado, ya que la mayoría  de los pacientes son asintomáticos o no presentan el síntoma clásico de la  enfermedad, la claudicación intermitente</font></font><font SIZE="3"><font SIZE="2"><font face="Verdana"><sup>19</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los pacientes con EAP tienen un riesgo  3,1 veces superior de fallecer por cualquier causa, y de 6,6 veces mayor a  consecuencia de la EAC que los pacientes sin EAP</font></font><font SIZE="3"><font SIZE="2"><font face="Verdana"><sup>20</sup>. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En el caso de los hombres, se ha  observado en estudios de seguimiento que la mortalidad a los 10 años es del  61,8% en comparación al 16,9% en sus pares sin EAP</font></font><font SIZE="3"><font SIZE="2"><font face="Verdana">20.  El correspondiente porcentaje de mortalidad para las mujeres es de 33,3% y 11,6%  respectivamente. El riesgo de ictus está incrementado en un 40%. En el estudio  ARIC los hombres con EAP de miembros inferiores tenían de 4 a 5 veces más  posibilidad de sufrir un ictus<sup>21</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">Los factores de riesgo para EAP son  similares a los de la enfermedad ateroesclerótica, sin embargo el tabaquismo y  la DM son los de mayor importancia. La DM incrementa el riesgo de EAP entre 2 y  4 veces, y está presente entre el 12 y el 20% de los pacientes con EAP</font></font><font SIZE="3"><font face="Verdana" SIZE="2"><sup>22</sup>.  En el estudio de Framingham, la DM incrementó el riesgo de claudicación  intermitente entre 3,5 y 8,6 veces en hombres y mujeres, respectivamente; siendo  dicho riesgo proporcional a la severidad y duración de la DM</font><font SIZE="2"><font face="Verdana"><sup>23</sup>;  además, los pacientes diabéticos con EAP tienen de 7 a 15 veces más riesgo de  amputación que los no diabéticos con EAP24, de allí la importancia en detectarla  tempranamente en todo paciente, sea sintomático o no.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El síntoma cardinal de la EAP es la  claudiccación intermitente, entendiéndose por tal una sensación de peso,  debilidad, ardor, dolor o calambre en un músculo o grupo de músculos de las  extremidades inferiores asociado a una carga de trabajo. Este síntoma tiende a  ocurrir de manera estereotipada con similares cargas de trabajo y se alivia  dentro de 5-10 minutos de reposo. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La claudicación intermitente se asocia a  disminución del pulso arterial en la arteria índice que riega el grupo muscular  comprometido lo que permite hacer el diagnóstico diferencial con miopatías o  neuropatías que podrían emular estas manifestaciones clínicas. Los pacientes con  severos déficits de perfusión pueden experimentar dolor nocturno en reposo que  mejora con la colocación del miembro inferior hacia abajo o, paradójicamente,  con el caminar. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El examen físico muestra disminución  regional de pulsos periféricos y disminución de la temperatura cutánea; la  coloración de la piel puede también alterarse: rojiza o violácea por isquemia  persistente y vasodilatación, o pálida cuando la isquemia es muy severa. Puede  haber trastornos tróficos de adelgazamiento cutáneo, caída del vello y  engrosamiento de las uñas</font></font><font SIZE="3"><font SIZE="2"><font face="Verdana"><sup>25</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">DETECCIÓN DE LA EAP</p>     <p align="justify">a. Índice tobillo/brazo (ITB): </b>Es una prueba sencilla,  fácil de realizar y de bajo costo. El ITB correlaciona la presión sistólica  medida en el tobillo con la medida en el brazo, a partir del cociente obtenido  de dividir la mayor presión sistólica de la arteria tibial posterior o pedia,  entre la mayor presión sistólica obtenida de ambas arterias humerales. Valores  de ITB menores a 1, reflejan grados diversos de obstrucción arterial en miembros  inferiores, mientras que los superiores a 1 indican no compresibilidad por  enfermedad aterosclerótica extensa, no obstructiva, de las arterias de las  extremidades inferiores. (<a href="#tab1">Tabla No. 1</a>)</p> </font>     <p align="center"><a name="tab1"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvdem/v10s1/art13tab1.gif" width="513" height="152"></a></p> <font size="2">     
<p align="justify"><font face="Verdana">Comparado con la angiografía, un ITB en  reposo de 0,9 tiene una sensibilidad para detectar EAP del 95%, con una  especificidad del 100% en sujetos con lesiones estenóticas de más de 50%</font></font></font></font></font></font></font></font></font><font SIZE="2"><font face="Verdana">26.  Las guías conjuntas de la Asociación Americana del Corazón y el Colegio  Americano de Cardiología recomiendan la realización del ITB (clase I, nivel de  evidencia C) en todo paciente con sospecha de EAP, en mayores de 70 años, o  mayores de 50 años si son fumadores o diabéticos<sup>27</sup>. En estos últimos,  la Asociación Americana de Diabetes recomienda la realización del ITB en todo  diabético mayor de 35 años, o en aquellos pacientes que tengan más de 20 años de  ser diabéticos<sup>28</sup>.</font></p> <b>     <p align="justify"><font face="Verdana">b. Presiones segmentarias: </font></b> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">Consiste en el registro de la presión  arterial a diferentes niveles de la extremidad. Se fundamenta en los mismos  principios del ITB30. Permite valorar por sectores la gravedad de la enfermedad  arterial. Ayuda a conocer la necesidad de realizar estudios morfológicos de  diagnóstico (eco-doppler arterial, arteriografía, angiorresonancia y  angiotomografía). Sus limitaciones pueden ser técnicas o provocadas por la  propia enfermedad. La obesidad mórbida, la delgadez extrema, así como la anchura  inadecuada del manguito utilizado pueden condicionar errores en la medición.</p> <b>     <p align="justify">c. Prueba de esfuerzo (PE): </b>Es útil para establecer el  diagnóstico del proceso oclusivo cuando la lesión es moderada y el ITB en reposo  es normal. En condiciones normales, la respuesta fisiológica al ejercicio es  taquicardia y aumento de la presión de perfusión; sin embargo, en presencia de  estenosis/oclusión fija al flujo arterial se produce una caída de la presión  distal como consecuencia de la disminución de la resistencia periférica con la  finalidad de mantener el flujo31. Su limitación se basa en contraindicaciones  que impidan completar el test (estenosis aórtica severa, </font><font size="2"> <font face="Verdana">angina inestable, hipertensión arterial no controlada). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana"><b>d. Ultrasonido Doppler:</b> Esta  técnica permite estimar inicialmente la localización, la severidad y la  progresión de la EAP; además de cuantificar los efectos de la  revascularización32. La sensibilidad y la especificidad para detectar lesiones  mayores al 50% es de 90 y 95% respectivamente. Su uso está catalogado como clase  I nivel evidencia A<sup>27</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">e. Angiotomografía computarizada: </b>Permite el diagnóstico  anatómico y de la severidad de las lesiones. Requiere del uso de contraste  endovenoso. Tiene una sensibilidad y especificidad de 94% y 100%,  respectivamente. Su uso en el diagnóstico de la EAP está recomendado con  indicación clase I, nivel de evidencia B, y como sustituto de la resonancia  magnética nuclear en aquellos pacientes con contraindicaciones<sup>27</sup> con  el mismo grado de evidencia. La tomografía tiene una ventaja respecto a la  angiografía por contraste porque permite la posibilidad de ver imágenes en 3  dimensiones.</p> <b>     <p align="justify">f. Angiorresonancia: </b>Es comparable a la angiografía, con  una sensibilidad y especificidad de 90% y 100%, respectivamente. No requiere del  uso de contraste y no conlleva el riesgo de sometimiento a radiaciones.</p> <b>     <p align="justify">g. Angiografía por contraste (arteriografía): </b></font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">Permite la visualización de las arterias en  dos dimensiones. Requiere el uso de contraste intravascular con las  consecuencias y limitaciones inherentes a su uso (alergia, empeoramiento de  función renal). Debe ser utilizada para realizar el diagnóstico y caracterizar  la extensión de la EAP en aquellos pacientes en quienes se considere una alta  posibilidad de intervención mecánica terapéutica (Recomendación clase I, nivel  de evidencia B)<sup>27</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Existen otros métodos de evaluación  vascular menos utilizados como la pletismografía de volumen de pulso, el cual es  útil en los pacientes con arterias rígidas, poco compresibles.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">ENFERMEDAD VÁSCULO CEREBRAL (EVC)</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">El riesgo de EVC está marcadamente  aumentado entre los individuos con diabetes, siendo el ictus un evento común de  morbilidad y mortalidad. El riesgo de ictus y de ataques de isquemia transitoria  (AIT) es significativamente mayor en los pacientes diabéticos33-36. Si bien, la  diabetes se asocia íntimamente con la hipertensión y la dislipidemia, también es  un factor de riesgo independiente para ictus, duplicando el riesgo de  presentarlo en comparación con los no diabéticos. La combinación de diabetes e  hipertensión arterial aumenta el riesgo de ictus seis veces más que en los  pacientes no diabéticos y dos veces más que en los diabéticos normotensos<sup>37</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La EVC es la causa de morbilidad más  común, a largo plazo, en pacientes con diabetes tanto tipo 1 como tipo 2. Desde  las observaciones iniciales del estudio de Framingham, varios otros ensayos  poblacionales, con gran número de pacientes, han confirmado la estrecha relación  entre el ictus y la DM<sup>38</sup>, tal y como se resume a continuación:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La diabetes fue el factor de riesgo  más importante para ictus (riesgo relativo para hombres 3,4 y para mujeres 4,9)  en un estudio prospectivo de Finlandia con un seguimiento de 15 años<sup>39</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Entre los subtipos de ictus, la  diabetes fue un factor de riesgo prominente para el tipo isquémico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">• En el Estudio Baltimore-Washington  Cooperative Young Stroke, el riesgo de ictus se incrementó más de diez veces en  los pacientes diabéticos menores de 44 años, y hasta 23 veces en los hombres  jóvenes de raza blanca<sup>40</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La diabetes incrementa la mortalidad  relacionada con los ictus, dobla la incidencia de ictus recurrente, y triplica  la frecuencia de demencia relacionada con ictus<sup>41</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La diabetes puede causar microateromas  en vasos pequeños, tales como las arterias lenticuloestriadas, lo cual lleva a  ictus de tipo lacunar42. Este tipo de ictus es muy particular y requiere de  hallazgos clínicos e imagenológicos específicos para el diagnóstico.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Los pacientes con ictus y diabetes y  los pacientes con hiperglucemia en el período agudo del ictus tienen la mayor  mortalidad, los resultados neurológicos peores, y más incapacidades de tipo  severo que aquellos sin estas características<sup>43</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Hay menos información disponible en  relación al riesgo de ictus en la DM1. El estudio de la enfermedad vascular en  diabetes de la Organización Mundial de la Salud, reportó un aumento de la  mortalidad vásculo cerebral en los pacientes con DM1, aunque con variaciones  considerables en diferentes países<sup>43</sup>. Los datos del estudio nacional  finlandés, con más de 5000 pacientes con DM1, desde su infancia, mostraron que a  los 50 años de edad el riesgo de ictus agudo era igual al de un evento coronario  agudo, sin ninguna diferencia de género<sup>44</sup>. La presencia de nefropatía  diabética fue el predictor más importante de ictus, aumentando el riesgo en más  de diez veces<sup>44</sup>. Después de la corrección de otros factores de riesgo  para ictus, que también son comunes en los diabéticos, el riesgo aún se mantiene  incrementado más de dos veces, enfatizando que la diabetes, per se, es un factor  de riesgo independiente para ictus<sup>45</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">CLÍNICA Y VALORACIÓN DE LA EVC:</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">Una completa discusión sobre las  características clínicas y formas de presentación de la EVC está fuera de los  límites de esta revisión; sin embargo debe mencionarse que la EVC que complica a  la DM se manifiesta como ataques de isquemia transitoria (AIT) o como ictus  completado, siendo más frecuente la etiología isquémica por aterosclerosis de  las arterias cerebrales; aunque también aparece EVC isquémica por lipohialinosis  y EVC hemorrágica en los pacientes diabéticos hipertensos. Los eventos embólicos  aparecen en los pacientes diabéticos complicados con enfermedad aterosclerótica  carotídea, del arco aórtico, con crecimiento ventricular izquierdo o con  fibrilación auricular.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Las manifestaciones clínicas suelen ser  típicamente súbitas, aunque variables, dependiendo del territorio comprometido;  y pueden ser transitorias, caso de los AIT que sugieren enfermedad  aterosclerótica en un territorio vascular determinado, o permanentes, con grados  variables de déficit en el caso de los ictus completados. En general, el examen  físico cuidadoso con especial atención a la valoración clínica y  electrocardiográfica cardíaca, es esencial. No olvidando, por supuesto,  descartar la posibilidad de hipoglucemia, que complique a un paciente diabético  tratado, ya que podría simular las manifestaciones de la EVC.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La evaluación paraclínica es  fundamentalmente imagenológica, siendo la tomografía computarizada y la  resonancia magnética las técnicas usuales para la localización y cuantificación  de las lesiones, la determinación de su etiología, la evaluación de los vasos  comprometidos y del territorio que irrigan, y la exclusión de otras lesiones  como los tumores y abscesos cerebrales. La ecocardiografía, transtorácica y  transesofágica, permite la detección de fuentes embolígenas en los vasos  extracerebrales: carótidas y arco aórtico; y en las cavidades cardíacas:  orejuela y ventrículo izquierdo. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Adicionalmente, el uso de ecografía  Doppler transcraneal permite la detección de estenosis de arterias  intracraneales y provee información sobre los efectos intracraneales de lesiones  oclusivas extracraneales<sup>46</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LAS COMPLICACIONES  MACROVASCULARES DE LA DM</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">Enfermedad arterial coronaria: El  control de la EAC en un paciente con DM se fundamenta en los mismos principios  que guian el tratamiento del paciente no diabético: preservar y optimizar la  función miocárdica, prevenir el desarrollo de complicaciones, estabilizar las  placas vulnerables, evitar la recurrencia de eventos y limitar la progresión, o  inducir regresión de las lesiones ateroscleróticas. Es necesario considerar 2  escenarios terapéuticos fundamentales en la EAC: el SCA y la prevención  secundaria.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Síndrome coronario agudo: Los pacientes  con SCA y DM tienen un mayor riesgo de complicaciones: su mortalidad absoluta es  alta, 7-18% a los 30 días y 15-34% después del año; y el riesgo relativo de  mortalidad, situado entre 1,3 a 5,4, es algo mayor para las mujeres que para los  hombres; además, los pacientes con DM tienen más alta morbimortalidad después de  los procedimientos de revascularización, quirúrgicos o percutáneos, que los no  diabéticos<sup>47</sup>. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los estudios de registro han mostrado  que los diabéticos no están tan bien tratados como sus contrapartes no  diabéticos, quizás por la más alta exigencia de metas terape&#769;uticas para los  primeros, el oscurecimiento de los síntomas por la neuropatía diabética y la  percepción de contraindicación que la presencia de DM implica en el uso de  algunos fármacos<sup>47</sup>; sin embargo, los métodos terapéuticos  farmacológicos y de intervención mecánica son, como mínimo, tan efectivos en los  pacientes con y sin DM. Una descripción extensa de las diferentes aproximaciones  terapéuticas en el paciente con EAC<sup>48,49</sup> está fuera del contexto de  este artículo pero algunas particularidades merecen ser mencionadas:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• El uso de trombolíticos y la  realización de intervenciones mecánicas son igual de eficientes en pacientes con  y sin DM pero como en los primeros hay un riesgo absoluto mayor, los beneficios  relativos son sustancialmente mejores.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• El uso de betabloqueantes no debe ser  restringido en pacientes con DM y SCA, en ausencia de contraindicaciones firmes,  ya que estas drogas reducen la morbimortalidad (Recomendación Clase IIa, Nivel  B).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Los inhibidores del sistema renina  angiotensina (SRA) son especialmente protectores en pacientes con DM y deben ser  parte integral del tratamiento, especialmente en los hipertensos o con  disfunción renal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La revascularización en pacientes con  DM ha favorecido tradicionalmente a la cirugía sobre las intervenciones  terapéuticas (Recomendación Clase IIa, nivel A); sin embargo, esto aún se  encuentra en discusión ya que hay resultados conflictivos entre diversos  estudios clínicos47. En pacientes diabéticos con IM agudo, el modo preferido de  revascularizacion es la intervención percutánea intracoronaria (Recomendación  Clase I, Nivel A).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Los inhibidores de glicoproteínas IIb/IIIa  están indicados en la revascularización percutánea electiva en pacientes con DM  (Recomendación Clase I, Nivel B).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• En base a un meta-análisis que reveló  un 80% de reducción de riesgo relativo de reestenosis durante el primer año de  seguimiento, se prefiere la utilización de stents medicados a los de metal en  los pacientes con DM (Recomendación Clase IIa, Nivel B).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Prevención secundaria de la EAC: </b>Las recomendaciones de  modificación del estilo de vida y de control farmacológico en la prevención  secundaria son las mismas para los pacientes con y sin DM; sin embargo, debido  al mayor riesgo absoluto de los primeros, las metas de tratamiento son más  ambiciosas y el número de pacientes necesario de tratar para obtener el  beneficio con una intervención dada, es menor; además, en los pacientes  diabéticos la actividad física juega un papel más significativo para garantizar  un mejor control de las metas y una mejor calidad de vida.</p> <b>     <p align="justify">a. Cambios de estilo de vida: </b></font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">Incluyen la cesación completa del tabaquismo, el alcance y  mantenimiento de un índice de masa corporal menor a 25 Kg/m<sup>2</sup>, y en  casos de sobrepeso reducción de, al menos, el 10% del peso corporal. Los hábitos  alimentarios deben ser modificados, aparte de los ajustes propios de la DM, para  proporcionar un ingreso de sal menor a 6 g/día; un ingreso de fibra mayor a 30  g/día; una ingesta de grasa igual o menor a 30-35% del porcentaje de calorías  diarias requeridas, de las cuales menos del 10% deben ser saturadas, menos del  2% grasas trans, 4 a 8 gr/ día de ácidos grasos omega-3, 2 gr/día de ácido  linoleico y 200 mg/día de ácidos grasos de cadena larga<sup>47</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En relación a la actividad física, debe  realizarse por 30-45 minutos/día; vale destacar algunos aspectos relevantes: </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La actividad física regular durante el  tiempo libre (no la que corresponde al trabajo diario), se asocia con la  reducción de enfermedades cardiovasculares y de la mortalidad total entre los  diabéticos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Caminar tiene una asociación inversa  con el riesgo cardiovascular y la mortalidad total50. En el estudio Aerobic  Center Longitudinal, el grupo de entrenamiento bajo tuvo un riesgo relativo alto  para mortalidad total comparado con el grupo entrenado<sup>51</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Otros tipos de actividad física, tales  como la ocupacional, el caminar o ir en bicicleta, tienen también una reducción  de la mortalidad cardiovascular entre los diabéticos<sup>52</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• En las personas activas físicamente en  su trabajo se ha descrito un 40% menos de mortalidad cardiovascular comparadas  con aquellas de baja actividad física.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En resumen, los estudios de observación  sugieren que la reducción del riesgo cardiovascular asociado a la actividad  física puede ser comparable al obtenido con el tratamiento farmacológico en los  pacientes con DM tipo 2. La Asociación Americana de Diabetes (ADA por sus siglas  en inglés)<sup>53</sup>, el National Cholesterol Education Programme Expert  Panel<sup>54</sup>, y la Federación Internacional de Diabetes<sup>55</sup>  (Región Europea) han recomendado la actividad física para la prevención primaria  y secundaria de las complicaciones cardiovasculares entre los pacientes  diabéticos54. La evaluación del nivel de actividad física no es difícil mediante  cuestionarios simples o utilizando contadores de pasos u otros equipos más  sofisticados. Lo más importante es que el ejercicio funciona y hay que hacerlo.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">Intervenciones farmacológicas: </b></font><font size="2"> <font face="Verdana">Se fundamenta en la aplicación simultánea de diferentes  fármacos para alcanzar niveles meta de control en las diversas variables que  inciden en la evolución clínica del paciente con DM y EAC:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">a. Disminución de los lípidos y drogas  hipolipemiantes: El uso de estatinas (Recomendación Clase I, nivel A)47  constituye la terapia de primera línea en pacientes diabéticos con cualquiera de  las complicaciones macrovasculares con el objetivo de alcanzar niveles meta de  LDL-Colesterol por debajo de los 70-77 mg/dL (Recomendación clase I, Nivel de  evidencia B). Por otro lado, la meta de HDL-colesterol debe ser mayor a 40 mg/dL  en hombres y 46 mg/dL en mujeres. La meta de triglicéridos es menor a 150 mg/dL.  Los fibratos están indicados solamente cuando existen niveles normales de LDL-C,  HDL-C bajo e hipertrigliceridemia (Recomendación clase II a, Nivel de evidencia  C)<sup>56</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">b. Control de la presión arterial y uso  de antihipertensivos: Todo paciente diabético e hipertenso debe recibir terapia  antihipertensiva con la finalidad de lograr valores por debajo de 130/80 mmHg  (Recomendación Clase I, Nivel B)<sup>47</sup> ya que el riesgo cardiovasciular  en pacientes con DM e HTA sistólica (HTAS) está significativamente aumentado  pero puede ser efectivamente reducido con el tratamiento antihipertensivo;  usualmente este control requiere una combinación de diferentes agentes, de los  cuales un inhibidor del SRA debe ser parte fundamental (Recomendación Clase I,  Nivel A)<sup>47</sup>. En el caso de los pacientes con DM y disfunción renal o  proteinuria mayor a 1 g/24 horas, la meta debería ser menor a 125/75 mmHg; sin  embargo, estos niveles han sido criticados recientemente en pacientes con EAC  además de DM, HTAS y disfunción renal por cuanto reducciones muy marcadas de la  presión arterial podrían comprometer el flujo coronario e incrementar el riesgo  de eventos cardiovasculares, toda vez que la HTAS muestra un comportamiento de  curva en J.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">c. Control de la hiperglucemia: Indicado  con la finalidad de lograr una HbA1c menor a 6,5 % y un nivel de glucemia en  ayunas menor a 100 mg/dL.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">d. Reducción de la agregabilidad  plaquetaria: Todoslospacientes con EAC, con o sin DM, deben recibir  permanentemente tratamiento antiagregante plaquetario. La aspirina es la droga  de elección (Recomendación Clase IIa, Nivel B) pero el clopidogrel puede  considerarse en adición a la primera (Recomendación Clase IIa, Nivel C)<sup>47</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">Enfermedad arterial periférica: </b></font><font size="2"> <font face="Verdana">En general los principios fundamentales, las metas, y las  drogas a emplear para el control y prevención de la EAP, son los mismos que para  la EAC; sin embargo, deben destacarse los siguientes aspectos:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La cesación tabáquica completa es  fundamental ya que el tabaquismo representa, junto con la DM, el más importante  factor de riesgo para EAP. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• El tratamiento con betabloqueantes no  está contraindicado en pacientes con EAP. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La terapia antiagregante plaquetaria  está indicada para reducir el riesgo de IAM, ictus y muerte vascular en  individuos con EAP<sup>57</sup>. La aspirina es segura y efectiva para lograr  este objetivo. El clopidogrel es una alternativa segura y efectiva para aquellos  pacientes con contraindicación a la aspirina e, incluso, tiene beneficios  adicionales comparado a la aspirina<sup>53</sup>. La terapia antiagregante dual  está justificada en los pacientes con EAP, especialmente si han sido  revascularizados por vía endovascular. La terapia con anticoagulantes orales no  es recomendada en los pacientes con EAP a menos que tenga una indicación  adicional como la fibrilación auricular crónica, la presencia de trombos  intracavitarios o de trombosis venosa profunda.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La terapia de rehabilitación con  ejercicio y/o el uso de cilostazol en dosis de 100 mg bid podrían beneficiar a  los pacientes con claudicción intermitente. </font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">Enfermedad vascular cerebral (EVC): </b></font> <font size="2"><font face="Verdana">Al igual que con la EAP, las medidas de  prevención y tratamiento en la EVC son similares a las de la EAC; sin embargo,  el sistema nervioso central posee características estructurales y funcionales  únicas que obligan a consideraciones especiales en tres escenarios clínicos: </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">a) la prevención del ictus, b) el  tratamiento de los AIT y c) el tratamiento del ictus.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">a. Prevención del ictus: </b></font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">Aunque el control glucémico estricto es inequívocamente  útil para la profilaxis de las complicaciones microvasculares (nefropatía,  neuropatía, retinopatía)<sup>58</sup>, el beneficio para la reducción de ictus  es menos cierto. La mayoría de las medidas preventivas de la EVC son similares  en diabéticos y no diabéticos, aunque con ciertas características distintivas:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• En el caso de ictus en diabéticos  deben incluir una estrategia múltiple (<a href="#tab2">tabla 2</a>) con el  objetivo de tratar la HTA (preferentemente con inhibidores del SRA en  combinación con cualquier otro antihipertensivo, si es necesario), la  dislipidemia, la microalbuminuria, la hiperglucemia y el uso de agentes  antiplaquetarios.</font></p>     <p align="center"><a name="tab2"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvdem/v10s1/art13tab2.gif" width="536" height="497"></a></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana">• Los datos actuales sugieren que la  disminución de presión arterial a un nivel óptimo puede ser más importante que  un agente particular y no debe olvidarse que su control es un punto crucial para  la reducción del riesgo futuro de ictus en estos pacientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Las estatinas han mostrado ser capaces  de reducir la incidencia de ictus fatal y no fatal en pacientes de alto riesgo,  pero las subpoblaciones de diabéticos en los ensayos han sido pequeñas y no  permiten un análisis adecuado<sup>59-61</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La terapia antiplaquetaria ha  demostrado una reducción de la incidencia de ictus en pacientes diabéticos y  está indicada en la prevención primaria y secundaria del ictus<sup>62</sup>. La  aspirina a baja dosis (75-325 mg diariamente) es la droga de elección inicial.  En los pacientes con ictus recurrente, puede considerarse la asociación de  aspirina y dipiridamol<sup>63</sup>. La combinación alternativa de aspirina y  clopidogrel parece ser menos segura, ya que se asocia con un riesgo aumentado de  sangrado sin ningún beneficio en términos de resultados cardiovasculares, según  el estudio MATCH, realizado en 7599 pacientes de los cuales 68% eran diabéticos<sup>64</sup>.  En los pacientes con fibrilación auricular, la terapia anticoagulante debe ser  administrada para la prevención de ictus. Tradicionalmente esta ha sido cumplida  con el uso de warfarina, de comprobada efectividad aún cuando las dificultades  técnicas a su uso limitan su efectividad<sup>65</sup>. Nuevas moléculas (dabigatrán  y rivaroxabán) han demostrado efectividad igual o mayor a la warfarina, mayor  facilidad de uso y mejor perfil riesgo-beneficio<sup>66,67</sup>.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">b. Ataques de isquemia transitoria (AIT). </b></font> <font size="2"><font face="Verdana">La alta frecuencia de ictus posterior a un  AIT obliga a instaurar el tratamiento en los primeros días después del evento:  aproximadamente de 10% dentro de la primera semana y 18% dentro de los primeros  3 meses; por esto, la revascularización, si está indicada, ha de realizarse  dentro de las primeras semanas después de un AIT.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La evaluación inicial con  ecocardiograma y con Doppler carotídeo está indicada. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">•Después de un AIT o ictus causado por  enfermedad de las arterias carótidas, el tratamiento médico puede optimizarse en  los pacientes de alto riesgo, evitando la necesidad de cirugía carotídea de  emergencia, de manera que se permita a los pacientes llegar a una cirugía  electiva más segura<sup>68</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• La endarterectomía carotidea para la  prevención de ictus en pacientes con alto grado de estenosis ha demostrado ser  efectiva, aunque no se ha investigado específicamente en pacientes diabéticos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">• Las complicaciones durante y después  del procedimiento son más frecuentes en los diabéticos comparándolos con los no  diabéticos. Una consideración especial merece el riesgo total de morbilidad y  mortalidad peri y postoperatoria cuando se deciden las intervenciones  quirúrgicas en el paciente con diabetes69; sin embargo, la presencia de  diabetes, no parece incrementar el riesgo perioperatorio de ictus<sup>70,71</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">• Una alternativa a la endarterectomía,  es la angioplastia con colocación de prótesis endovascular (stent), que ha  demostrado, al menos, ser no inferior a la endarterectomía y puede ser un método  preferido en los pacientes de alto riesgo<sup>72</sup> pero los efectos de la  diabetes sobre estos métodos no quirúrgicos no se han estudiado adecuadamente.</font></p> <font FACE="Verdana"><b>     <p align="justify">c. Tratamiento del ictus agudo: </b>Debe seguir los mismos  principios del tratamiento por ictus de la población general (tabla 2). La  trombolisis es un tratamiento efectivo para el ictus isquémico, si se inicia en  las tres primeras horas de los síntomas ya que reduce la mortalidad y la  incapacidad por ictus, pero se asocia a un riesgo aumentado de hemorragia. Su  utilización y efectos en los diabéticos requiere de más evaluación en los  estudios clínicos. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El tratamiento conservador del ictus  comprende la vigilancia estrecha de los signos vitales, optimización de las  condiciones de circulación y metabólicas, incluyendo el control glucémico, en  una unidad de ictus. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los pacientes deberían recibir  rehabilitación neurológica temprana con terapia física y ocupacional para  mejorar la calidad de vida. Estudios recientes sugieren que la intervención  precoz por HTA durante la fase aguda de un ictus puede ser benéfico, pero se  recomienda en agudos solo la reducción de cifras muy altas de presión arterial  (&gt;220 mmHg de presión sistólica y/o 120 mmHg de diastólica), y no bajar la  presión arterial hasta niveles que pudieran empeorar la isquemia. La presión  arterial también debe bajarse por no más del 25% durante el primer día de  tratamiento<sup>73</sup>.</font></p> <b>     <p align="justify"><font face="Verdana">CONCLUSIONES</font></p> </b></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify">El riesgo de las complicaciones macrovasculares en el  paciente diabético es permanente; más aún si se tiene en cuenta que transcurren  varios años desde el inicio de la enfermedad hasta su descubrimiento y que la  frecuente falla en un control metabólico estricto y la corrección de las  comorbilidades constituyen el común denominador de estos casos. Las razones  subyacentes a la aparición de las complicaciones macrovasculares radican en la  aceleración del proceso aterosclerótico. La aparición de las complicaciones  macrovasculares conlleva a un claro aumento de la morbimortalidad en estos  pacientes pero existe la clara ventaja de que una efectiva, oportuna y sostenida  acción terapéutica pueda detener la progresión y/o agravamiento de las  complicaciones.</p> </font><font SIZE="2" face="Verdana"><b>     <p align="justify">REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</p> </b>     <!-- ref --><p align="justify">1. National Diabetes Information Clearinghouse (a service of  the National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, National  Institutes of Health). Diabetes across the United States. Available at <a href="http://www.diabetes.niddk.nih.gov/populations/index.htm"> http://www.diabetes.niddk.nih.gov/populations/index.htm</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077270&pid=S1690-3110201200040001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">2. Franco OH, Steyerberg EW, Hu FB,  Mackenbach J, Nusselder W. Associations of diabetes mellitus with total life  expectancy and life expectancy with and without cardiovascular disease. Arch  Intern Med 2007;167:1145–1151.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077271&pid=S1690-3110201200040001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">3. Fox CS, Sullivan L, D’Agostino RB Sr,  Wilson PW; for the Framingham Heart Study. The significant effect of diabetes  duration on coronary heart disease mortality: the Framingham Heart Study.  Diabetes Care 2004;27:704–708.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077272&pid=S1690-3110201200040001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">4. Fang J, Alderman MH. Impact of the  increasing burden of diabetes on acute myocardial infarction in New York City:  1990–2000. Diabetes 2006;55:768 –773.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077273&pid=S1690-3110201200040001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">5. Beckman JA, Creager MA, Libby P.  Diabetes and atherosclerosis: epidemiology, pathophysiology, and management.  JAMA 2002; 287: 2570-2581.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077274&pid=S1690-3110201200040001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">6. Kirpichnikov D, Sowers JR. Diabetes  mellitus and diabetes-associated vascular disease. Trends Endocrinol Metab  2001;12:225-230.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077275&pid=S1690-3110201200040001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">7. Donahoe SM, Stewart GC, McCabe CH,  Monahavelu S, Murphy SA, Cannon CP, Antman EM. Diabetes and mortality following  acute coronary syndromes. JAMA 2007;298:765-775.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077276&pid=S1690-3110201200040001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">8. Haffner SM, Lehto S, Ronnemaa T,  Pyorala K, Laakso M. Mortality from coronary heart disease in subjects with Type  2 diabetes and in non-diabetic subjects with and without prior myocardial  infarction. N Engl J Med 1998;339:229–234.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077277&pid=S1690-3110201200040001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">9. Bulugahapitiya U, Siyambalapitiya S,  Sithole J and Idris I. Is diabetes a coronary risk equivalent? Systematic review  and meta-analysis. Diabet. Med 2009;26:142–148.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077278&pid=S1690-3110201200040001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">10. Raffel OC, Bouma BE, Tearney GJ,  Jang I-K. Comparison of coronary plaque characteristics between diabetic and  non-diabetic subjects: An in-vivo optical coherence tomography study.  Circulation 2006;114: II-730-II¬-731.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077279&pid=S1690-3110201200040001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">11. Fujii K, Masutani M, Okumura T,  Kawasaki D, Akagami T, Sakoda T, et al. Multiple complex coronary atherosclerosis  in diabetic patients with acute myocardial infarction: A three-vessel optical  coherence tomography study. Circulation 2007;116: II-749.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077280&pid=S1690-3110201200040001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">12. Silva JA, Escobar A, Collins TJ, et  al. Unstable angina: a comparison of angioscopic findings between diabetic and  non diabetic patients. Circulation 1995;92:1731- 1736.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077281&pid=S1690-3110201200040001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">13. Trichon BH, Roe MT. Diabetes  mellitus and ischemic heart disease. En, Diabetes and cardiovascular disease.  Steven P Marson and David M stern. Edts. Lippincott Williams and Wilkins.  Philadelphia, 2004.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077282&pid=S1690-3110201200040001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">14. Greenland P, Alpert JS, Beller GA, et  al. 2010 ACCF/AHA Guideline for Assessment of Cardiovascular Risk in  Asymptomatic Adults: A Report of the American College of Cardiology Foundation/American  Heart Association Task Force on Practice Guidelines. J Am Coll Cardiol 2010; 56:  e50 - e103. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077283&pid=S1690-3110201200040001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">15. Naghavi M, Falk E, Hecht HS, et al.  From vulnerable plaque to vulnerable patient- -Part III: Executive summary of  the Screening for Heart Attack Prevention and Education (SHAPE) Task Force  report. Am J Cardiol 2006;98 (2A):2H-15H.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077284&pid=S1690-3110201200040001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">16. Kawasaki M, Sano K, Okubo M,  Yokoyama H, Ito Y, Murata I, et al. Volumetric quantitative analysis of tissue  characteristics of coronary plaques after statin therapy using three-dimensional  integrated backscatter intravascular ultrasound. J Am Coll Cardiol 2005; 45:  1946-1953.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077285&pid=S1690-3110201200040001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">17. Prati F, Regar E, Mintz GS,  Arbustini E, Di Mario C, Jang I-K, et al. Expert review document on methodology,  terminology, and clinical applications of optical coherence tomography: physical  principles, methodology of image acquisition, and clinical application for  assessment of coronary arteries and atherosclerosis. Eur Heart J  2010;31:401-415.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077286&pid=S1690-3110201200040001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">18. Diehm C, Schuster A, Allenberg JR,  Darius H, Haberl R, Lange S, et al. High prevalence of peripheral arterial  disease and co-morbility in 6880 primary care patients: cross-sectional study.  Atherosclerosis 2004; 172: 95-105.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077287&pid=S1690-3110201200040001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">19. Belch JJ, Topol EJ, Agnelli G,  Bertrand M, Califf RM, Clement DL, et al. Critical issues in peripheral arterial  disease detection and management: a call to action. Arch Intern Med. 2003; 163:  884-92.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077288&pid=S1690-3110201200040001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">20. Criqui MH, Langer RD, Fronek A,  Feilgelson HS, Klauber MR, Mc Cann TJ, et al. Mortality over a period of 10  years in patients with peripheral arterial disease. N Engl J Med 1999; 326:  381-86.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077289&pid=S1690-3110201200040001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">21. Zheng ZJ, Sharrett AR, Chambless LE,  et al. Associations of ankle-brachial index with clinical coronary heart  disease, stroke and preclinical carotid and popliteal atherosclerosis: the  Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC) Study. Atherosclerosis 1997;  131:115-25.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077290&pid=S1690-3110201200040001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">22. Beks PJ, Mackaay AJ, de Neeling JN,  et al. Peripheral arterial disease in relation to glycaemic level in an elderly  Caucasian population: the Hoorn study. Diabetologia 1995;38: 86-96.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077291&pid=S1690-3110201200040001300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">23. Katsilambros NL, Tsapogas PC,  Arvanitis MP, et al. Risk factors for lower extremity arterial disease in non–insulin-dependent  diabetic persons. Diabet Med 1996; 13: 243-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077292&pid=S1690-3110201200040001300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">24. Most RS, Sinnock P. The epidemiology  of lower extremity amputations in diabetic individuals. Diabetes Care 1983; 6:  87-91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077293&pid=S1690-3110201200040001300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">25. Wennberg PW y Rooke TW. Diagnosis  and management of diseases of the peripheral arteries and veins. En, Hurst &#769;s  The Heart. 10th Edition. Fuster V, Wayne Alexander R, O &#769;Rourke RA Edts. Mc Graw-Hill.  New York, 2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077294&pid=S1690-3110201200040001300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">26. Fowkes FG. The measurement of  atherosclerotic peripheral arterial disease in epidemiological surveys. Int J  Epidemiol 1988;17: 248-54.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077295&pid=S1690-3110201200040001300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">27. Hirsch AT, Haskal ZJ, Hertzer NR, et  al. ACC/AHA 2005 Guidelines for the management of patients with peripheral  artery disease (lower extremity, renal, mesenteric, and abdominal aortic):  Executive Summary. J Am Coll Cardiol 2006; 47:1239-1312.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077296&pid=S1690-3110201200040001300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">28. Orchard TJ, Strandness DE Jr.  Assessment of peripheral vascular disease in diabetes: report and  recommendations of an international workshop sponsored by the American Diabetes  Association and the American Heart Association. Circulation 1993; 88:819-28.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077297&pid=S1690-3110201200040001300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">29. Hiatt WR. Medical treatment of  peripheral arterial disease and claudication. N Engl J Med 2001;344:1608-21.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077298&pid=S1690-3110201200040001300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">30. Heintz SE, Bone GE, Slaymaker EE,  Hayes AC, Barnes RW. Value of arterial pressure measurements in the proximal and  distal part of the thigh in arterial occlusive disease. Surg Gynecol Obstet  1978; 146: 337-43.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077299&pid=S1690-3110201200040001300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">31. Strandness DE Jr, Zierler RE.  Exercise ankle pressure measurements in arterial disease. In Bernstein EF, ed.  Vascular diagnosis. 4 ed. St Louis: Mosby; 1993. p. 547-53.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077300&pid=S1690-3110201200040001300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">32. Gale SS, Scissons RP, Salles-Cunha  SX, et al. Lower extremity arterial evaluation: are segmental arterial blood  pressures worth while. J Vasc Surg 1998;27:831-8. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077301&pid=S1690-3110201200040001300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">33. Barrett-Connor E, Khaw KT. Diabetes  mellitus: an independent risk factor for stroke? Am J Epidem 1988;128:116–123.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077302&pid=S1690-3110201200040001300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">34. Rodriguez BL, D’Agostino R, Abbott  RD, et al. Risk of hospitalized stroke in men enrolled in the Honolulu Heart  Program and the Framingham Study: A comparison of incidence and risk factor  effects. Stroke 2002;33:230–236.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077303&pid=S1690-3110201200040001300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">35. Tuomilehto J, Rastenyte D,  Jousilahti P, et al. Diabetes mellitus as a risk factor for death from stroke.  Prospective study of the middle-aged Finnish population. Stroke 1996;27:210–215.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077304&pid=S1690-3110201200040001300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">36. Wolf PA, D’Agostino RB, Belanger AJ,  et al. Probability of stroke: a risk profile from the Framingham Study. Stroke  1991; 22:312–318.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077305&pid=S1690-3110201200040001300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">37. Kuller LH, Dorman JS, Wolf PA.  Cerebrovascular disease and diabetes. Bethesda. MD: NIH publications. 85-1468,1985.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077306&pid=S1690-3110201200040001300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">38. Lehto S, Ronnemaa T, Pyorala K, et  al. Predictors of stroke in middle-aged patients with non-insulin-dependent  diabetes. Stroke 1996; 27:63–68.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077307&pid=S1690-3110201200040001300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">39. Adams Jr. HP, Putman SF, Kassell NF,  et al. Prevalence of diabetes mellitus among patients with subarachnoid  hemorrhage. Arch Neurol 1984; 41:1033–1035.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077308&pid=S1690-3110201200040001300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">40. Rohr J, Kittner S, Feeser B, et al. Traditional risk factors and ischemic stroke in young adults: the  Baltimore-Washington Cooperative Young Stroke Study. Arch Neurol  1996;53:603–607.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077309&pid=S1690-3110201200040001300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">41. Hankey GJ, Jamrozik K, Broadhurst RJ,  et al. Long-term risk of first recurrent stroke in the Perth Community Stroke  Study. Stroke 1998;29:2491–2500.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077310&pid=S1690-3110201200040001300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">42. Luchsinger JA, Tang MX, Stern Y y  col. Diabetes mellitus and risk of Alzheimer’s disease and dementia with stroke  in a multiethnic cohort. Am J Epidem 2001;154: 635–641.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077311&pid=S1690-3110201200040001300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">43. Fuller JH, Stevens LK, Wang SL.  International variations in cardiovascular mortality associated with diabetes  mellitus: the WHO Multinational Study of Vascular Disease in Diabetes. Ann Med  1996;28:319–322.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077312&pid=S1690-3110201200040001300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">44. Tuomilehto J, Borch-Johnsen K,  Molarius A, et al. Incidence of cardiovascular disease in Type 1 (insulin-dependent)  diabetic subjects with and without diabetic nephropathy in Finland. Diabetologia  1998; 41:784–790.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077313&pid=S1690-3110201200040001300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">45. Brindle P, Emberson J, Lampe F, et  al. Predictive accuracy of the Framingham coronary risk score in British men:  prospective cohort study. BMJ 2003; 327: 1267.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077314&pid=S1690-3110201200040001300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">46. Caplan LR. Cerebrovascular disease  and neurologic manifestations of heart disease. En, Hurst &#769;s The Heart. 10th  Edition. Fuster V, Wayne Alexander R, O &#769;Rourke RA Edts. Mc Graw-Hill. New York,  2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077315&pid=S1690-3110201200040001300046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">47. The Task Force on Diabetes and  Cardiovascular Diseases of the European Society of Cardiology (ESC) and the  European Association for the Study of Diabetes (EASD). ESC Guidelines on  Diabetes, pre-diabetes and cardiovascular diseases: executive Summary. Eur Heart  J 2007;28:88-136.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077316&pid=S1690-3110201200040001300047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">48. 2007 Focus Update of the ACC/AHA  2004 Guidelines on the Management of Patients With ST-Elevation Myocardial  Infarction. A report of the American College of Cardiology/American Heart  Association Task Force on Practice Guidelines. Circulation 2008;117:296-329.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077317&pid=S1690-3110201200040001300048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">49. ACC/AHA 2007 Guidelines for the  Management of Patients with Unstable angina/Non ST-Elevation Myocardial  Infarction: Executive Summary. A report of the American College of Cardiology/American  Heart Association Task Force on Practice Guidelines. Circulation  2007;116:803-877.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077318&pid=S1690-3110201200040001300049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">50. Tanasescu M, Leitzmann MF, Rimm EB,  Hu FB. Physical activity in relation to cardiovascular disease and total  mortality among men with type 2 diabetes. Circulation 2003;107:2435-2439.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077319&pid=S1690-3110201200040001300050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">51. Spijkerman AM, Yuyun MF, Griffin SJ,  Dekker JM, et al. The performance of a risk score as a screening test for  undiagnosed hyperglycaemia in ethnic minority groups: data from the 1999 health  survey for England. Diabetes Care 2004; 27:116–122.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077320&pid=S1690-3110201200040001300051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">52. Hu G, Eriksson J, Barengo NC, Lakka  TA, Valle TT, et al. Occupational, commuting, and leisure-time physical activity  in relation to total and cardiovascular mortality among Finnish subjects with  type 2 diabetes. Circulation 2004; 110: 666-673.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077321&pid=S1690-3110201200040001300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">53. American Diabetes Association.  Physical activity/exercise and diabetes mellitus. Diabetes Care 2003; 26 (Suppl.  1):S73–S77.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077322&pid=S1690-3110201200040001300053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">54. Expert Panel on Detection,  Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol in Adults. Executive Summary  of the Third Report of the National Cholesterol Education Programme (NCEP)  Expert Panel on Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol  in Adults (Adult Treatment Panel III). JAMA 2001; 285: 2486–2497.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077323&pid=S1690-3110201200040001300054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">55. Working Party of the international  Diabetes Federation (European Region). Hypertension in people with Type 2  diabetes: knowledge-based diabetes-specific guidelines. Diabet Med 2003; 20:  972–987.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077324&pid=S1690-3110201200040001300055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">56. ACC/AHA 2005 practice guidelines for  the management of patients with peripheral arterial disease (lower extremity,  renal, mesenteric, and abdominal aortic): a collaborative report from the  American Association for Vascular Surgery/Society for Vascular Medicine and  Biology, Society of Interventional Radiology, and the ACC/AHA Task Force on  Practice Guidelines (Writing Committee to Develop Guidelines for the Management  of Patients With Peripheral Arterial Disease). Circulation 2006;113:e463– e654.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077325&pid=S1690-3110201200040001300056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">57. Antithrombotic Trialists’  Collaboration. Collaborative meta-analysis of randomised trials of antiplatelet  therapy for prevention of death, myocardial infarction, and stroke in high risk  patients. BMJ 2001;324: 71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077326&pid=S1690-3110201200040001300057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">58. American Diabetes Association.  Standards of medical care in diabetes. Diabetes Care 2004; 27 (Suppl 1):  S15-S35.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077327&pid=S1690-3110201200040001300058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">59. James Shepherd J, Barter P, Carmena  R, y col. Effect of Lowering LDL Cholesterol Substantially Below Currently  Recommended Levels in Patients With Coronary Heart Disease and Diabetes: The  Treating to New Targets (TNT) study. Diabetes Care, 2006;29:1220-1226.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077328&pid=S1690-3110201200040001300059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">60. João Costa J, Borges M, David C,  Carneiro AV. Efficacy of lipid lowering drug treatment for diabetic and non-diabetic  patients: metanalysis of randomised controlled trials. BMJ 2006; 332: 1115.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077329&pid=S1690-3110201200040001300060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">61. Cholesterol Treatment Trialists’ (CTT)  Collaborators. Efficacy of cholesterol- lowering therapy in 18 686 people with  diabetes in 14 randomised trials of statins: a meta-analysis. Lancet  2008;371:117-125.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077330&pid=S1690-3110201200040001300061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">62. Colwell JA. Aspirin therapy in  diabetes. Diabetes Care 1997;20:1767-1771.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077331&pid=S1690-3110201200040001300062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">63. Diener HC, Cunha L, Forbes C, et al.  European Stroke Prevention Study. 2. Dipyridamole and acetylsalicylic acid in  the secondary prevention of stroke. J Neuro Sci 1996;143:1–13.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077332&pid=S1690-3110201200040001300063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">64. Diener HC, Bogousslavsky J, Brass LM,  et al. Aspirin and clopidogrel compared with clopidogrel alone after recent  ischaemic stroke or transient ischaemic attack in high-risk patients (MATCH):  randomised, double-blind, placebo controlled trial. Lancet 2004;364: 331–337.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077333&pid=S1690-3110201200040001300064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">65. The European Atrial Fibrillation  Trial Study Group. Optimal Oral Anticoagulant Therapy in Patients with  Nonrheumatic Atrial Fibrillation and Recent Cerebral Ischemia. 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Rivaroxaban-once daily, oral, direct factor Xa inhibition compared with vitamin  K antagonism for prevention of stroke and Embolism Trial in Atrial Fibrillation:  rationale and design of the ROCKET AF study. Am Heart J 2010;159:340-347.e1.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077336&pid=S1690-3110201200040001300067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">68. Goldstein LB, Adams R, Becker K, et  al. Primary prevention of ischemic stroke: A statement for healthcare  professionals from the Stroke Council of the American Heart Association. 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Is  diabetes mellitus a risk factor for carotid endarterectomy? A prospective study.  Surgery 2001;129:146–152.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077339&pid=S1690-3110201200040001300070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">71. Pistolese GR, Appolloni A, Ronchey S,  et al. Carotid endarterectomy in diabetic patients. J Vasc Surg 2001;33:148–154.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077340&pid=S1690-3110201200040001300071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">72. Gurm HS, Yadav JS, Fayad P, et al.  Long-term results of carotid stenting versus endarterectomy in high-risk  patients. N Engl J Med 2008;358:1572–1579.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077341&pid=S1690-3110201200040001300072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">73. Hack W, Kaste M, Bogousslavsky J, et  al. European stroke initiative recommendations for Stroke Management-update  2003. Cerebrovasc Dis (Basel, Switzerland) 2003;16:311–337.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3077342&pid=S1690-3110201200040001300073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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