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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cuerpo de Mujer: Territorio Delimitado por el Discurso Médico....]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: 100%" align="center"><b><font face="Verdana" size="3">Cuerpo de Mujer: Territorio Delimitado por el Discurso M&eacute;dico....</font></b>     <P style="line-height: 100%" align="center"><b><font face="Verdana" size="3">Woman body: a territory delimited by medical reasonig</font></b>     <p style="line-height: 100%" align="center"> <font face="Verdana" size="2">Daisy J. Camacaro G&oacute;mez<sup>1</sup></font> </p>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><SUP>1</SUP>Docente - Investigadora. Instituto de Altos Estudios &quot;Dr. Arnoldo Gabaldon&quot;. Ministerio de Salud. Maracay,  Venezuela. Correspondencia: daisycve@yahoo.com</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Recibido: Abril 2007</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aprobado: Mayo 2007</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><B><font face="Verdana" size="2">Introducci&oacute;n</font></B>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     En el proceso de construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n del saber y en los mecanismos de  control entre los seres que componen una sociedad, comienza  a operar la ideolog&iacute;a,  como &quot;...<I>todo el cuerpo de  ideas justificatorias o condenatorias del sistema  social vigente, con pretensi&oacute;n de explicar y regular toda  la realidad social.&quot; </I>(1). Entonces es obvio que en  ese proceso, el discurso se apropie de todos los  medios que est&eacute;n a su alcance para lograr en los individuos,  un comportamiento que responda a los valores que  la sociedad pretende conservar y transmitir.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Si nos remontamos en la historia, vemos  como en la cultura de la sociedad greco-romana, los  grandes pensadores de la antig&uuml;edad, crearon teor&iacute;as  que marcaron grandes huellas en las corrientes m&eacute;dicas  hasta finales del siglo XVIII; fueron esas teor&iacute;as las  que mostraron al mundo una visi&oacute;n de inferioridad de  la mujer, justificada por su condici&oacute;n biol&oacute;gica,  diferente a la del hombre. Es as&iacute; como el sistema de  organizaci&oacute;n del discurso m&eacute;dico comienza a tejer un  universo simb&oacute;lico que  servir&aacute; de base para la medicina  moderna, la cual comienza a nacer, precisamente a finales del   siglo XVIII.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Como s&oacute;lo los hombres han tenido el poder  de construir el saber m&eacute;dico, lo han hecho desde  su perspectiva y cultura masculina. Por lo tanto,  reproducen el patriarcado al establecer y mantener  la subordinaci&oacute;n de la mujer y la supremac&iacute;a del  hombre; al determinar esas construcciones ideol&oacute;gicas  como leg&iacute;timas y naturales; al penetrar profundamente en  la conciencia colectiva a trav&eacute;s de generaciones.</font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     En este ensayo, intento hacer un recorrido  por la historia del conocimiento del cuerpo de la mujer  desde el discurso m&eacute;dico. C&oacute;mo, sus constructores  fueron tejiendo una red cultural que nos atrap&oacute; desde  la antig&uuml;edad hasta nuestros d&iacute;as. C&oacute;mo, la ciencia  m&eacute;dica a trav&eacute;s del tiempo se ha encargado de legitimar  los valores patriarcales de la sociedad y c&oacute;mo su  visi&oacute;n androc&eacute;ntrica lleg&oacute; a cambiar la manera de  entender nuestro cuerpo.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><B><I><font face="Verdana" size="2">La palabra de los antiguos sobre el cuerpo de  la mujer&#133;</font></I></B>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Durante la Antig&uuml;edad, Hip&oacute;crates lleg&oacute; a  ser el m&eacute;dico m&aacute;s famoso de Grecia,  fue contempor&aacute;neo  de S&oacute;crates y  fundador del corpus hipocr&aacute;tico,  dej&oacute; a  su paso un legado de sesenta y dos tratados de  medicina, de los cuales diez fueron centrados en  estudios ginecol&oacute;gicos. Los hipocr&aacute;ticos para explicar  las funciones corporales desterraron las  explicaciones sobrenaturales y se apropiaron de aquellas que en  la &eacute;poca, eran consideradas cient&iacute;ficas. Tiempos  despu&eacute;s aparece Arist&oacute;teles, dando a conocer sus tres  grandes obras: <U>Historia de los animales</U>,  <U>Partes de los animales </U> y <U>Generaci&oacute;n de los  animales</U>. Arist&oacute;teles, fue  disc&iacute;pulo de Plat&oacute;n, y gracias a sus aportes filos&oacute;ficos y  cient&iacute;ficos disfrut&oacute; de un enorme prestigio en la Antig&uuml;edad.  Fue precursor de la anatom&iacute;a y de la biolog&iacute;a y, en su  tratado sobre los animales se refiere ampliamente al  cuerpo femenino, describi&eacute;ndolo de  la siguiente manera:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">&#133;est&aacute; inacabado como el de un ni&ntilde;o y carece de  semen como el de un hombre est&eacute;ril. Enfermo por  naturaleza, se constituye m&aacute;s lentamente en la matriz, a causa de  su debilidad t&eacute;rmica, pero envejece m&aacute;s  r&aacute;pidamente porque &quot;todo lo que es peque&ntilde;o llega m&aacute;s r&aacute;pido a  su fin, tanto en las obras artificiales como en los  organismos naturales&quot;. Todo esto, &quot;porque las hembras son  por naturaleza m&aacute;s d&eacute;biles y m&aacute;s fr&iacute;as, y hay que  considerar su naturaleza como un defecto natural. (2)</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Indudablemente, estas teor&iacute;as contribu&iacute;an a  la construcci&oacute;n social del cuerpo de la mujer, de sus  males, locuras y de sus fragilidades como ser. En esa  &eacute;poca, esos argumentos sirvieron para  sustentar cient&iacute;ficamente los prejuicios y estereotipos  ya fundados culturalmente por un mundo  dominantemente masculino. Por ejemplo, Galeno, m&eacute;dico romano  del siglo II d C - y quien m&aacute;s  influy&oacute; en la ciencia de  la edad media, dej&oacute; plasmado sus conocimientos en  un centenar de tratados-  impregnado de las  teor&iacute;as Aristot&eacute;licas, concibe a la mujer como un ser  imperfecto y afirma que la imperfecci&oacute;n deviene por su  naturaleza femenina. Este m&eacute;dico despu&eacute;s de avanzar en  la estructuraci&oacute;n de esa hip&oacute;tesis y aplicar la teor&iacute;a de  los cuatro humores y de los cuatro elementos, llega a  la conclusi&oacute;n que la mujer es m&aacute;s fr&iacute;a que el hombre  a causa de su propia imperfecci&oacute;n y no por ser un  var&oacute;n deformado como afirmaba Arist&oacute;teles.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     En esos textos, del mundo cl&aacute;sico, tanto  los hipocr&aacute;ticos, Arist&oacute;teles y m&aacute;s tarde Galeno  otorgaron una gran importancia a los estudios del cuerpo de  la mujer y en ellos, a la sangre menstrual. Una de  las explicaciones hipocr&aacute;ticas es que atribu&iacute;a  la menstruaci&oacute;n a la constituci&oacute;n esponjosa y blanda  de la carne de la mujer, lo que provocaba mayor  absorci&oacute;n de sangre procedente del est&oacute;mago. (3). Para  Arist&oacute;teles, la  sangre menstrual en la mujer era un residuo final  del alimento elaborado, expulsado como sangre porque  la mujer en su constituci&oacute;n f&iacute;sica pose&iacute;a menor calor  que el hombre y su expulsi&oacute;n por ser abundante y  mensual las hac&iacute;a m&aacute;s d&eacute;biles y les imped&iacute;a un mayor crecimiento.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     La escasez o ausencia de calor ya nos  hac&iacute;a imperfecta. Sin embargo, tambi&eacute;n concibi&oacute; el  esperma como un residuo de los alimentos que se  acumulaban en las partes genitales, pero su expulsi&oacute;n era vista  como necesaria para el alivio del var&oacute;n. Canet en su  an&aacute;lisis de estos tratados refiere al respecto:</font>           <P style="line-height: 100%" align="justify"><I><font face="Verdana" size="2">...Cuando dichas secreciones de los residuos se  hacen moderadamente, tienen sobre el cuerpo un  efecto saludable, porque se produce as&iacute; una evacuaci&oacute;n  de residuos que son para el cuerpo una causa de  malestar. Por el contrario, cuando ellas no tienen lugar o  son muy abundantes, el efecto es pernicioso: da  como resultado la enfermedad, o un desvanecimiento  del organismo (3)</font></I>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Como si no fuera suficiente, a estas teor&iacute;as se  le fueron sumando otras que no s&oacute;lo conceb&iacute;an  la menstruaci&oacute;n como un residuo peligroso y que  su retenci&oacute;n pod&iacute;a provocar enfermedades, como  lo se&ntilde;alaban los m&eacute;dicos de la &eacute;poca, sino que  le adjudicaban efectos asombrosos y malignos. En definitiva, era un l&iacute;quido venenoso y de alta  peligrosidad. Plinio el viejo, autor de la <U>Historia  natural</U> compuesta de 37 libros, donde recogi&oacute; los conocimientos  m&aacute;s importantes del mundo antiguo dej&oacute; escrito su  visi&oacute;n sobre la menstruaci&oacute;n:</font>       <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">Pero no encontraremos dif&iacute;cilmente nada  m&aacute;s prodigioso que el flujo menstrual. La proximidad  de una mujer en este estado hace agriar el mosto;  a  su contacto, los cereales se convierten en est&eacute;riles,  los injertos mueren, las plantas de los jardines se  secan, los frutos de los &aacute;rboles donde ella est&aacute; sentada  caen; el resplandor de los espejos se enturbia nada m&aacute;s  que por su mirada; el filo del acero se debilita, el brillo  del marfil desaparece, los enjambres de las abejas  mueren; incluso el bronce y el hierro se oxidan inmediatamente  y el bronce toma un olor espantoso; en fin, la rabia le entra   a los perros que prueban de dicho l&iacute;quido y su  mordedura inocula un veneno sin remedio. Hay m&aacute;s: el asfalto,  esa sustancia tenaz y viscosa que, a una &eacute;poca precisa  del a&ntilde;o sobrenada un lago de Judea, que se  llama Asphaltites, no se deja dividir por nada, pues se  adhiere a todo lo que toca, excepto por un hilo infectado  por este veneno. Se dice incluso que las hormigas,   esos animalejos min&uacute;sculos, le son sensibles; ellas  echan los granos que transportan y no los vuelven a  recoger. Este flujo tan curioso y pernicioso aparece todos  los treinta d&iacute;as en la mujer y con m&aacute;s intensidad todos  los tres meses (3)</font></I>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Parece que Plinio el Viejo no desperdici&oacute;  tiempo para darle un ordenamiento y  explicaci&oacute;n  cient&iacute;fica-natural a sus ideas; percibi&oacute; a la mujer como  portadora de efectos negativos para los otros y para el medio  que la rodeaba. Bajo la forma de un corpus de saber,  dej&oacute; plasmada su misoginia; ser&iacute;a un discurso que  muy pronto se aprender&iacute;a.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Antiguamente se pensaba que si el hombre ten&iacute;a relaciones sexuales con una mujer que  estuviera en el periodo menstrual, &eacute;ste se enfermar&iacute;a y lo que  es m&aacute;s grave a&uacute;n, si se conceb&iacute;an hijos/as en ese  per&iacute;odo padecer&iacute;an de males como la lepra, la varicela y  el sarampi&oacute;n, entre otros. As&iacute; est&aacute; descrito en  el compendio de la humana salud, texto que tuvo  mucho prestigio en pleno siglo XV en toda Europa:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">&#191; Por que las mujeres que se fazen pre&ntilde;adas  en el tiempo que se purgan el menstruo, conciben o  paren criaturas lebrosas o monstruosas o que tienen  alg&uacute;n defecto? Responde porque como ya es dicho,  aquella materia es superflua, venenosa, defectuosa en  sus operaciones, polluta... (3)</font></I>     <p style="line-height: 100%" align="justify">      <font face="Verdana" size="2">      Tambi&eacute;n en la menopausia, la mujer  pod&iacute;a producir males. Canet (1996), se&ntilde;ala que en uno de  los libros de mayor difusi&oacute;n hasta el siglo XIX,  Los Admirables Secretos de San Alberto el Grande,   se describe que las mujeres de avanzada edad, s&oacute;lo  con su mirada pod&iacute;an inocular veneno a los ni&ntilde;os  reci&eacute;n nacidos, debido a los malos humores que causaba  la retenci&oacute;n de su flujo menstrual. Como la mujer  era considerada fundamentalmente como un ser para  la procreaci&oacute;n, se le conced&iacute;a poca importancia en  el momento en que dejaba de servir para tal  funci&oacute;n. Quiz&aacute;s eso explica que los textos cient&iacute;ficos de  esos tiempos,  no le asignaron tanto valor a la menopausia.</font> </p>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Otras de las anomal&iacute;as observadas por  estos cient&iacute;ficos sobre el cuerpo de la mujer, fue  la concentraci&oacute;n de la sangre en sus pechos y su  relaci&oacute;n con la locura. Iglesias, quien ha estudiado sobre  la  visi&oacute;n del cuerpo de la mujer en el mundo cl&aacute;sico, describe:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">En un tratado hipocr&aacute;tico se afirma que  existe una vena en cada pecho que mantiene la mayor  parte de conciencia. De ah&iacute; deduce el autor que si  una persona est&aacute; a punto de volverse loca, la sangre  se almacena en los pechos. Las mujeres siempre  ten&iacute;an m&aacute;s sangre en sus pechos que los hombres, lo que  pod&iacute;a proporcionar una base cient&iacute;fica a  la creencia de  que las mujeres siempre estaban m&aacute;s cercanas a  lo irracional que los hombres (2)</font></I>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     As&iacute; mismo, Avicena, m&eacute;dico isl&aacute;mico persa  dej&oacute; como legado el Canon de la Medicina, donde  recoge todo el saber de los grandes cient&iacute;ficos  grecorromanos: Hip&oacute;crates, Galeno, Diosc&oacute;rides, y Arist&oacute;teles.  Fue considerada como la m&aacute;s completa enciclopedia  m&eacute;dica que se mantuviera en vigor durante m&aacute;s de cinco  siglos; constituye la gran enciclopedia de la ciencia m&eacute;dica  y de las ciencias naturales del medioevo. Avicena, desarroll&oacute; aqu&iacute;, los aportes de car&aacute;cter pr&aacute;ctico de  la antigua Persia y de la India. Este  cient&iacute;fico, en esta obra   advierte que la sangre menstrual posee los cuatro humores, pero si se encuentra el humor melanc&oacute;lico  en una mayor proporci&oacute;n, puede generar en locura,  reitera as&iacute; la idea de que es la mujer la m&aacute;s propensa a  la demencia.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Los hipocr&aacute;ticos tambi&eacute;n dedicaron su tiempo  al estudio del &uacute;tero de la mujer, llam&aacute;ndoles la atenci&oacute;n  su movilidad; pensaban  que &eacute;ste pod&iacute;a desplazarse  por otras partes del cuerpo y unirse a otros &oacute;rganos  como el coraz&oacute;n, el h&iacute;gado, el cerebro, entre otros. Dec&iacute;an  que este movimiento del &uacute;tero era causado por la  sequedad que produc&iacute;a la falta de relaciones sexuales y por  ello era atra&iacute;do -como por un im&aacute;n- a otros &oacute;rganos  m&aacute;s h&uacute;medos. Estas afirmaciones sobre el &uacute;tero,  evidencian que esta explicaci&oacute;n cient&iacute;fica no conforme  con medicalizar el cuerpo de la mujer, medicaliz&oacute; tambi&eacute;n  su sexualidad y su deseo y en consecuencia, deber&iacute;a  ser intervenido por los m&eacute;dicos.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Iglesias (1996) hace un aporte con respecto a  las observaciones que hac&iacute;an los cient&iacute;ficos  hipocr&aacute;ticos sobre el &uacute;tero de la mujer:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Quiz&aacute;s la observaci&oacute;n de casos de prolapso  de &uacute;tero llev&oacute; a los m&eacute;dicos hipocr&aacute;ticos a la creencia  en un &uacute;tero vagabundo. Cabe la suposici&oacute;n de que al  no existir el &uacute;tero en el cuerpo masculino, los  hipocr&aacute;ticos creyeran que no hab&iacute;a lugar&#160; espec&iacute;fico para este  &oacute;rgano en el cuerpo humano. Aunque ten&iacute;an que conocer  que los &uacute;teros de las hembras de otras especies  estaban sujetos por tendones, no extendieron este  conocimiento al cuerpo humano. Una y otra vez el  conocimiento emp&iacute;rico es rechazado si puede suponer  una modificaci&oacute;n de la visi&oacute;n del cuerpo de la mujer. (2)</font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     La filosof&iacute;a griega Aristot&eacute;lica y sus  estudios sobre el cuerpo de las mujeres, comienza a  realizar diferenciaciones sexuales en la ciencia, pero haciendo siempre comparaciones con un &uacute;nico modelo:  el masculino; lo que les hizo llegar muy pronto a  la conclusi&oacute;n de imperfecci&oacute;n de la mujer, es decir, si  no &eacute;ramos iguales a los hombres en nuestra  constituci&oacute;n, &eacute;ramos irremediablemente an&oacute;malas. Los cient&iacute;ficos  de la &eacute;poca conceb&iacute;an tambi&eacute;n que el &uacute;tero  pudiera descender por la vag&iacute;na como resultado de  relaciones sexuales durante el post parto. En fin, todas  las particularidades del cuerpo de la mujer, se&ntilde;aladas  por estos hombres del saber eran como un  laberinto: cualquier camino a elegir ten&iacute;a  como una &uacute;nica salida  lo patol&oacute;gico. Prescindir de otras explicaciones  era fortalecer su sistema de valores patriarcales como  lo refiere Iglesias en el pasado texto.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Camacaro (2000), desatando los nudos hist&oacute;ricos del saber m&eacute;dico y de c&oacute;mo &eacute;ste se  apoder&oacute; del cuerpo de la mujer, narra:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">&#133;Una vez que se enteran de que el &uacute;tero era  un &oacute;rgano factible de ser controlado, pas&oacute; a ser de  inter&eacute;s de la ciencia m&eacute;dica, pero s&oacute;lo cambi&oacute; de  concepto, no as&iacute; de significante, el &uacute;tero como &oacute;rgano  sigui&oacute; siendo la raz&oacute;n de la patolog&iacute;a femenina.  El uterocentrismo, conlleva a estimar como  enfermedad femenina por excelencia a la histeria. As&iacute;, los  sucesos femeninos como el embarazo dejaron de ser  &quot;asuntos de comadronas&quot;, por que era una enfermedad  que requer&iacute;a de la intervenci&oacute;n m&eacute;dica. (4)</font></I>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     El uterocentrismo del cual habla la autora,  les permiti&oacute; centralizar sus pr&aacute;cticas y estudios en  la reproducci&oacute;n y echarle manos al parto, proceso  natural que hoy en d&iacute;a es dominio del exceso y del abuso  de intervenciones m&eacute;dicas-quir&uacute;rgicas. Tener pleno  control sobre los &oacute;rganos de las mujeres les fue otorgando  poder, hasta convertirse en hegem&oacute;nico.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Del mismo modo la histeria queda instalada  como una enfermedad predominantemente femenina.  Histeria proviene del  t&eacute;rmino griego hystera, &uacute;tero; est&aacute;  basado en la antigua medicina griega y desde  all&iacute; tradicionalmente se consideraba a la histeria  como enfermedad del &uacute;tero, por lo tanto femenina. El  estudio de la histeria les ocup&oacute; mucho tiempo tanto a  Hip&oacute;crates como a Galeno, quien m&aacute;s tarde concluir&iacute;a que la  histeria era una enfermedad relacionada con la falta de  placer sexual en la mujer y que por lo tanto su  soluci&oacute;n  estaba en su satisfacci&oacute;n sexual.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Quiz&aacute;s esto explica una de las   retorcidas pr&aacute;cticas que los m&eacute;dicos de la edad media  empleaban para tratar a sus enfermas: masajear el cl&iacute;toris   hasta llevarlas al orgasmo y as&iacute; aliviar su mal. Sin  embargo algunas investigaciones afirman que esta medida,  no s&oacute;lo qued&oacute; circunscrita a las pr&aacute;cticas m&eacute;dicas de  ese per&iacute;odo sino que se extendi&oacute; hasta finales del siglo XIX.</font>      <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     En la edad media predominaban otras  pr&aacute;cticas siniestras y hasta mortales: las mujeres que  pose&iacute;an s&iacute;ntomas de histeria eran acusadas de brujer&iacute;a y  llevadas a la hoguera. Se sustentaba que el diablo hab&iacute;a  penetrado en la naturaleza de la mujer y por esa causa  fueron perseguidas y hostigadas como hechiceras. Pero  hubo estudiosos que rebatieron estas conjeturas:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">...En el siglo XVI, Reginald Scott  (1538-1599)&#160; rebat&iacute;a la atribuci&oacute;n de trastornos a la  posesi&oacute;n demon&iacute;aca, afirmando que las mujeres eran  proclives a la melancol&iacute;a, especialmente despu&eacute;s de  la menopausia. La sangre no expulsada al exterior produc&iacute;a vapores que afectaban el cerebro  privando a las mujeres de su sentido y juicio y haci&eacute;ndoles  tener alucinaciones y creerse capaces de ejercer  la brujer&iacute;a.... (5)</font> </I>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Nuevamente, la comunidad cient&iacute;fica  legitima su palabra con el sello del saber y del poder. Es  decir, que en cada contexto socio hist&oacute;rico, el discurso  m&eacute;dico hegem&oacute;nico hace ver como naturales  las representaciones absurdas que socialmente  va construyendo sobre el cuerpo de la mujer. Con  respecto a la histeria, como enfermedad femenina y para  visualizar el arraigo de esas teor&iacute;as en nuestra &eacute;poca, referir&eacute;  un debate de las cortes espa&ntilde;olas sobre los  derechos pol&iacute;ticos de la mujer en 1931 y que fue citado por Ortiz:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><I>     <font face="Verdana" size="2">     Por qu&eacute; hemos de conceder a la mujer  los mismos t&iacute;tulos y derechos pol&iacute;ticos que al  hombre? (...) &#191;Son acaso organismos igualmente  capacitados? (...)En mi est&aacute; la expresi&oacute;n de una convicci&oacute;n  biol&oacute;gica de que los sexos no son desiguales sino  diversos simplemente (...). EI histerismo no es una  enfermedad, es la propia estructura de la mujer, la mujer es  eso: histerismo(6)</font> </I>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P style="line-height: 100%" align="justify"><B><font face="Verdana" size="2">Esas palabras  hicieron eco&#133;</font></B>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Al pasar de los siglos y hasta mediados  del siglo XX, pese a los avances cient&iacute;ficos, las  teor&iacute;as reguladoras del saber y de la pr&aacute;ctica  m&eacute;dica continuaron con la certeza de que la condici&oacute;n  normal de la mujer era la enfermedad y, no repararon en  utilizar medidas tan dr&aacute;sticas y crueles como la  &quot;ovarioctom&iacute;a&quot;, la &quot;clitoridectom&iacute;a&quot; en fin, las intervenciones  quir&uacute;rgicas se hicieron norma, sin importar las consecuencias.  Isaac Baker Brown, presidente de la sociedad m&eacute;dica  de Londres, puso de moda en Europa y tambi&eacute;n en  Estados Unidos: la &quot;clitoridectom&iacute;a&quot; como v&iacute;a para evitar  la masturbaci&oacute;n. (7) Al respecto de estas  mutilaciones genitales femeninas Dolores Juliano, refiere:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">...Esa pr&aacute;ctica, por razones diferentes, pero  con los mismos resultados de imposibilitar el goce femenino, hab&iacute;a sido frecuente en nuestra  propia sociedad hasta mediados del siglo XX. Era una  pr&aacute;ctica quir&uacute;rgica aceptada y depend&iacute;a del criterio  m&eacute;dico determinar qu&eacute; tama&ntilde;o de cl&iacute;toris era &quot;normal&quot;  y extirpar lo excesivo. Tambi&eacute;n se  practicaban histerectom&iacute;as y extirpaciones de &uacute;teros como  terapias aconsejables para combatir afecciones tales como  las crisis nerviosas, la masturbaci&oacute;n o la bulimia. (8)</font></I>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es decir, que el discurso m&eacute;dico, desde  la antig&uuml;edad hasta nuestros d&iacute;as, ha hecho de la  vida reproductiva de la mujer su campo de batalla; manteniendo el control de la sexualidad femenina.  La clitoridectom&iacute;a en la actualidad, ha sido erradicada  en nuestra sociedad occidental, pero -aunque me  desv&iacute;e un poco del punto central de este ensayo- debo  se&ntilde;alar que hemos sido testigos/as de las actuales  e interminables luchas de las compa&ntilde;eras  africanas, contra la privaci&oacute;n del goce de su sexualidad, de  lo perjudicial y riesgoso de esa pr&aacute;ctica; en definitiva,  de la atrocidad que cometen contra su cuerpo. En  relaci&oacute;n a ese asunto, Iglesias denuncia:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><I>     <font face="Verdana" size="2">     Las escalofriantes cifras hablan de dos  millones de ni&ntilde;as que son sometidas a esta brutal  operaci&oacute;n cada a&ntilde;o, lo cual se traduce en 6.000 nuevos  casos por d&iacute;a, cinco ni&ntilde;as por minuto. 130 millones  de mujeres y ni&ntilde;as en el mundo que jam&aacute;s disfrutar&aacute;n  de un derecho concedido al hombre: el sexo. (9)</font></I>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el continente africano, el odio  a lo  femenino llega a su m&aacute;xima expresi&oacute;n: la medicina acu&ntilde;a y  aplaude ese perverso rito; cambia las latas, piedras afiladas  y cuchillos por el bistur&iacute;; bajo pretexto de prevenir  con los controles de asepsia los  efectos perniciosos  de clitoridectom&iacute;a, convierte ese monstruoso acto en  una pr&aacute;ctica m&eacute;dica habitual. Al respecto, la UNICEF  ofrece algunos datos:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <I><font face="Verdana" size="2">Por ejemplo en Egipto, uno de los  pa&iacute;ses africanos con una mayor prevalencia de las  distintas formas de ablaci&oacute;n, un 94% de las j&oacute;venes han  sufrido mutilaciones genitales de manos de personal  m&eacute;dico cualificado... (10)</font> </I>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este es un vivo ejemplo de c&oacute;mo el  discurso m&eacute;dico se interpone y ejerce con vehemencia su  poder patriarcal. Las pr&aacute;cticas se han tecnificado, pero  a&uacute;n dejan cicatrices: &#191;Acaso la ces&aacute;rea y histerectom&iacute;a  no son pr&aacute;cticas cotidianas en las mujeres? No  somos testigos/as de la aberraci&oacute;n que nuestra sociedad  ha llevado a la mujer a m&uacute;ltiples cirug&iacute;as pl&aacute;sticas,  para cumplir con los estereotipos de moda? En fin el  discurso m&eacute;dico, como dice Tubert (1991): &quot;...borra la  diferencia entre el cuerpo del sujeto, que como tal est&aacute; abierto  al infinito juego de la significancia....&quot; (11)</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><B><I><font face="Verdana" size="2">A manera de conclusi&oacute;n...</font></I></B>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     El discurso m&eacute;dico demarc&oacute; nuestro  cuerpo; todas las teor&iacute;as hasta ahora se&ntilde;aladas conducen a  un solo camino: la justificaci&oacute;n de la debilidad e  inferioridad de la mujer, por haber sido ella considerada como  un hombre imperfecto, defectuoso; por ser la mujer  m&aacute;s   fr&iacute;a que el hombre, de menor tama&ntilde;o que &eacute;ste, por  tener menstruaci&oacute;n y no semen; por tener un animal  que vagaba dentro de su cuerpo; por poseer un cerebro  m&aacute;s peque&ntilde;o que el del hombre: por ser m&aacute;s vulnerable a  la locura. La mujer qued&oacute; encerrada entre barrotes por  su menstruaci&oacute;n, por el aborto, el parto, el post parto,  la menopausia,  por su sexualidad y por su goce.</font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Las enfermedades de la mujer, desde  Arist&oacute;teles hasta el siglo XVII quedaron centradas en el  flujo menstrual y luego en el &uacute;tero. Alrededor de  la menstruaci&oacute;n, se fue tejiendo una trama  patol&oacute;gica: tanto su exceso como su desaparici&oacute;n eran un  mal causante de  muchos padecimientos, como por  ejemplo: letargo, fiebre, inapetencia, ansiedad,  cefalea, esterilidad, pus y tumores, entre otros.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     La menstruaci&oacute;n se consider&oacute; una  enfermedad, y esta representaci&oacute;n fue sostenida hasta  nuestros siglos y  a&uacute;n en nuestros d&iacute;as refuerza la idea de  la debilidad de la mujer, de tal manera, que por  nuestra condici&oacute;n biol&oacute;gica, fuimos concebidas en  riesgo permanente de innumerables patolog&iacute;as y por  ende, v&iacute;ctimas de diversos tratamientos, experimentos  e intervenciones m&eacute;dicas. La construcci&oacute;n de  ese imaginario alrededor de la menstruaci&oacute;n y del  &uacute;tero facilit&oacute; una pr&aacute;ctica ginecol&oacute;gica de poder y de  control sobre nuestro cuerpo.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">             <font face="Verdana" size="2">             En el andamiaje del discurso m&eacute;dico, toda  la armaz&oacute;n fue y ser&aacute; el sometimiento de la mujer;  nuestro destino qued&oacute;  marcado por nuestras caracter&iacute;sticas  bio-fisicas. Hist&oacute;ricamente, el discurso m&eacute;dico se  convirti&oacute; en el arma m&aacute;s poderosa para legitimar los  prejuicios sociales y observaciones hechas de la naturaleza  en una verdad cient&iacute;fica. Este paradigma, construido  por hombres y atendiendo a los intereses del  sistema patriarcal, fue ejerciendo su poder hegem&oacute;nico,   impuso su visi&oacute;n androc&eacute;ntrica y se convirti&oacute; en un  discurso victorioso hasta hoy.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     El discurso cient&iacute;fico m&eacute;dico ha logrado  obtener la autoridad y ha desarrollado el conocimiento, que  ha ejercido el poder de clasificar a los individuos para  luego excluir a los que se salgan de los principios  normales. La medicina se ha constituido en el discurso  que diferencia lo normal de lo anormal, lo sano de  lo patol&oacute;gico, lo verdadero de lo falso, lo moral de  lo inmoral. (12)</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     El paradigma de la medicina moderna, ha  seguido el modelo de las ciencias f&iacute;sicas basado en  el conocimiento experimental de la naturaleza, naci&oacute; y  se aliment&oacute; de los fil&oacute;sofos y m&eacute;dicos greco-romanos.  Este conocimiento herr&oacute; el discurso m&eacute;dico y  en consecuencia, todas sus pr&aacute;cticas.</font>      <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     El saber cient&iacute;fico  interfiere como tent&aacute;culos  de poder y las representaciones que vamos  entretejiendo sobre nuestro cuerpo, la salud, nuestra  sexualidad, nuestros deseos quedan atrapados en el sentido  dado por la racionalidad m&eacute;dica imperante. Como lo  afirma Foucault:</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><I>&quot;&#133;La medicina deb&iacute;a proponer, bajo la forma  de r&eacute;gimen, una estructura voluntaria y racional  de conducta&#133;&quot;</I> (13)</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Las huellas que dej&oacute; marcadas este  discurso, demuestran una vez m&aacute;s el car&aacute;cter  ideol&oacute;gico desplegado al interior de las relaciones de  poder establecidas en el sistema patriarcal.</font>     <P style="line-height: 100%" align="justify">     <font face="Verdana" size="2">     Remontarme a la historia me permiti&oacute; ver  los caminos que traz&oacute; el discurso m&eacute;dico en el pasado  y c&oacute;mo sus marcas se perciben en el presente.  Podemos decir que el discurso m&eacute;dico patriarcal delimit&oacute;  el territorio, ancl&oacute;  su bandera y coloniz&oacute; el cuerpo de  la mujer; construyendo  nuestro g&eacute;nero desde  su perspectiva.</font>      <P style="line-height: 100%" align="justify"><B><font face="Verdana" size="2">Referencias Bibliogr&aacute;ficas</font> </B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">1) Del Percio E. Tiempos Modernos una Teor&iacute;a de  la Dominaci&oacute;n. Or&iacute;genes, pensadores y alternativas de la  sociedad contempor&aacute;nea. 1&#170; ed. Buenos Aires: Grupo Editor  Altamira; 2000.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135191&pid=S1690-3293200700010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">2) Iglesias, P. La Visi&oacute;n del Cuerpo de la Mujer en el  Mundo Cl&aacute;sico  En: Iglesias, P. Las pioneras de la medicina en  Gran Breta&ntilde;a. (Tesis doctoral)  Universidad de M&aacute;laga;   p.7-47. 1996.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135192&pid=S1690-3293200700010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">3) Canet, J. La Mujer Venenosa en la &Eacute;poca Medieval.  Revista de Literatura Espa&ntilde;ola Medieval y del Renacimiento.  LEMIR; 1996 p. 1-22.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135193&pid=S1690-3293200700010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">4) Camacaro, M. La Experiencia del Parto Proceso de  la Mujer o Acto M&eacute;dico. 1&#170; ed. Valencia: Universidad  de Carabobo. 2000.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135194&pid=S1690-3293200700010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">5) Iglesias, P. La Mujer Seg&uacute;n la Ginecolog&iacute;a del Siglo  XIX En: Iglesias,P. Las Pioneras de la Medicina en  Gran Breta&ntilde;a.(Tesis Doctoral) Universidad de M&aacute;laga;  1996  p.101-127.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135195&pid=S1690-3293200700010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">6) Ort&iacute;z , T. El Papel del G&eacute;nero en la Construcci&oacute;n  Hist&oacute;rica del Conocimiento Cient&iacute;fico sobre la Mujer. En: Elvira  Ramos, La salud de las mujeres: hacia la igualdad de g&eacute;nero en  salud. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos  Sociales-Instituto de la Mujer.  2002 p. 29-42.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135196&pid=S1690-3293200700010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">7) Litvinoff, N. Masturbaci&oacute;n en el Pasado: la mano  que &quot;peca&quot; y los antiguos (y absurdos) artilugios de tortura  contra esa actividad. Disponible en: http//www.  sexologicamente. com. 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135197&pid=S1690-3293200700010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">8) Dolores J. Rese&ntilde;a Sobre la Mutilaci&oacute;n Genital  Femenina y otros Demonos de Mar&iacute;a Cristina &Aacute;lvarez. Athenas  Digital, revista de pensamiento e investigaci&oacute;n social. N&#186;  005 Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona,  Espa&ntilde;a. 2004.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135198&pid=S1690-3293200700010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">9) Iglesias, M. Cicatriz de Mujer. Revista Fusi&oacute;n. Vol.1,  1998 p. 62-2.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135199&pid=S1690-3293200700010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">10) Ruiz, C. Salud Reproductiva y Cooperaci&oacute;n al  Desarrollo. La Sexualidad Tambi&eacute;n Tiene Derechos Humanos.  Revista Humanizar.  2006. Disponible en:  http://www.humanizar.es/ formaci&oacute;n/revista/2006/may-_jun_/reportaje.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135200&pid=S1690-3293200700010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">11)Tubert, S. Mujeres sin Sombras Maternidad y  Tecnolog&iacute;a. Siglo XXI . 1991 Madrid.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135201&pid=S1690-3293200700010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">12) L&oacute;pez, O. La Mirada M&eacute;dica y la Mujer Ind&iacute;gena en  el Siglo XIX. Revista Ciencias. N&#176; 60. 2001 p. 44-49.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135202&pid=S1690-3293200700010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">13) Foucault, M. Historia de la Sexualidad. XXIII ed.  M&eacute;xico DF Siglo XXI. 1999.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3135203&pid=S1690-3293200700010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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