<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1690-7515</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Enlace]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Enlace]]></abbrev-journal-title>
<issn>1690-7515</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Zulia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1690-75152009000200010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Para una des-comprensión filosófica del cine: el caso Inland Empire de David Lynch]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Towards a Philosophical non-understanding of Films: The Lynch's Inland Empire Case]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cabrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Julio]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Brasilia Departamento de Filosofía ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<volume>6</volume>
<numero>2</numero>
<fpage>111</fpage>
<lpage>127</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1690-75152009000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1690-75152009000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1690-75152009000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El trabajo cuestiona la capacidad hermenéutica de la filosofía en su tarea de analizar películas, sosteniendo que tal capacidad dejó de ser apropiada para hacer surgir el sentido y la verdad de obras cinematográficas. Se argumenta que una capacidad interactiva y "performativa" sería más adecuada. Obras cinematográficas como las de David Lynch ayudan a entender este paso metodológico y temático desde la noción interpretativa de la verdad hacia la noción interactiva de la misma, al construir filmes que se configuran como "imposibles hermenéuticos". El artículo contiene una auto-crítica a la propia actitud hermenéutica aún asumida en mi libro Cine: 100 años de filosofía, de 1999.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper puts in question the hermeneutic approach to the philosophical analysis of films, by showing this approach inadequate to allow the sense and truth of works of cinema arise and develop. An interactive and performative approach seems to be better. Cinematographic works as David Lynch’s help to understand this shift from the hermeneutic conception of truth to the interactive one, if we can see these films as genuine "hermeneutic impossibilities". The paper also contains a criticism against the hermeneutic approach still sustained in my book Cine: 100 años de filosofía (Cinema: 100 years of philosophy), 1999.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Interpretación]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Hermenéutica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Interacción]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Performance]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[David Lynch]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Inland Empire]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Interpretation]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Hermeneutics]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Interaction]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Performance]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[David Lynch]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Inland Empire]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[   <b><font FACE="Verdana">     <p ALIGN="center">Para una des-comprensión filosófica del cine: el caso <i> Inland Empire </i>de David Lynch</p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center">Julio Cabrera<sup>1</sup></font></p> </b><font size="2" face="Verdana">     <p ALIGN="justify">1 Doctor en Filosofía. Profesor Titular del Departamento de  Filosofía en la Universidad de Brasilia. Ha sido profesor de las universidades  de Córdoba, Rio IV, Belgrano (Buenos Aires) y Santa María (Rio Grande do Sul,  Brasil). Especialista en filosofías del lenguaje (analíticas, hemenéuticas,  fenomenológicas); filosofías e historias de la lógica, éticas negativas,  filosofía del cine y meta-filosofía. Ha publicado los libros <i>A lógica  condenada </i>(São Paulo, 1987), <i>Projeto de ética negativa </i>(São Paulo,  1990); </font><i><font size="2" face="Verdana">Crítica de la moral afirmativa </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">(Barcelona, 1996); <i>Cine: 100 años de  filosofía </i>(Barcelona, 1999), obra traducida al italiano (Mondadori, 2000) y  al portugués (Rocco, 2007); <i>Margens das filosofias da linguagem </i> (Brasilia, 2003); </font><i><font size="2" face="Verdana">De Hitchcock a  Greenaway pela história da filosofia </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">(São  Paulo, 2007) e <i>Inferências lexicais e interpretação de redes de predicados </i>(Brasilia, 2007), en colaboración con el profesor Olavo Da Silva, del Dpto  de Física de la UnB. Autor de diversos artículos en revistas de Argentina,  Brasil, México, España, Portugal, EEUU y Holanda. Correo electrónico: kabra7@gmail.com</p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Resumen</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">El trabajo cuestiona la capacidad hermenéutica de la  filosofía en su tarea de analizar películas, sosteniendo que tal capacidad dejó  de ser apropiada para hacer surgir el sentido y la verdad de obras  cinematográficas. Se argumenta que una capacidad interactiva y &quot;performativa&quot;  sería más adecuada. Obras cinematográficas como las de David Lynch ayudan a  entender este paso metodológico y temático desde la noción interpretativa de la  verdad hacia la noción interactiva de la misma, al construir filmes que se  configuran como &quot;imposibles hermenéuticos&quot;. El artículo contiene una  auto-crítica a la propia actitud hermenéutica aún asumida en mi libro Cine: 100  años de filosofía, de 1999.</p> <b>     <p ALIGN="justify">Palabras clave: </b>Interpretación, Hermenéutica,  Interacción, <i>Performance</i>, David Lynch, Inland Empire</p> </font><b> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center">Towards a Philosophical non-understanding of Films: The  Lynch's <i>Inland Empire </i>Case</p>     <p ALIGN="justify">Abstract</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">This paper puts in question the hermeneutic approach to the  philosophical analysis of films, by showing this approach inadequate to allow  the sense and truth of works of cinema arise and develop. An interactive and  performative approach seems to be better. Cinematographic works as David Lynch’s  help to understand this shift from the hermeneutic conception of truth to the  interactive one, if we can see these films as genuine &quot;hermeneutic  impossibilities&quot;. The paper also contains a criticism against the hermeneutic  approach still sustained in my book </font><i><font size="2" face="Verdana"> Cine: 100 años de filosofía </font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">(Cinema:  100 years of philosophy), 1999.</p> <b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Key words</b>: Interpretation, Hermeneutics, Interaction,  Performance, David Lynch, Inland Empire</p>     <p ALIGN="justify">Recibido: 13-12-08 Aceptado: 10-05-09</p> <b>     <p ALIGN="justify">Una introducción lyncheana al conocimiento del mundo</p> </b>     <p ALIGN="justify">Las otras áreas académicas suelen pensar que la filosofía  posee algo así como la clave para la comprensión de filmes. Esta imagen  privilegiada de la filosofía está vinculada, en una cierta tradición, con su  presunta capacidad hermenéutica o captadora de &quot;sentidos&quot; de fenómenos, como  pueden serlo el cine y sus productos, las películas. En este artículo, me  gustaría conmover la idea de que los filmes tienen un sentido que puede y debe  ser interpretado, y que la filosofía tendría, como discurso fundamental, una  hegemonía en esa empresa hermenéutica.</p>     <p ALIGN="justify">Por otro lado, creo que es la filosofía misma la que puede  descubrir que los filmes no son, como habitualmente se piensa, objetos  hermenéuticos, o sea, que ellos tienen un sentido que puede ser descifrado y  expuesto. Con esto, no quiero referirme al lugar común de que &quot;un filme tolera  muchas interpretaciones&quot;, o que &quot;un filme no tiene un único sentido, sino una  multitud de sentidos diversos&quot; dado el carácter &quot;abierto&quot; del cine, y cosas por  el estilo. No. Lo que quiero sostener aquí es que los filmes no tienen ningún  sentido dado, lo que excluye igualmente que tengan &quot;sentidos múltiples&quot;. El  problema está con las propias nociones de &quot;sentido&quot; e &quot;interpretación&quot;, no con  el hecho de que los sentidos e interpretaciones sean muchos o uno solo.</p>     <p ALIGN="justify">Después de 10 años de publicado en Barcelona mi libro <i> (Cine: 100 años de filosofía)</i>, creo que no existe algo como interpretación  filosófica&nbsp; de un filme que sea la captación de un sentido objetivo y  referencial que habría que extraer a partir de técnicas hermenéuticas. Quería,  en esta línea, sostener hoy una teoría del referencial-cero. Actualmente pienso,  en parte contra mi propio libro, que comprender un filme filosóficamente es algo  como des-interpretarlo, o re-presentarlo &quot;performáticamente&quot;<sup>2</sup>.  Querría sostener que un filme es un referencial para un tipo de experiencia  humana que no es una experiencia de interpretación, sino una <i>performance </i> re-positiva, una especie de <i>remake </i>en donde el propio original es  constituido.</p> </font>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Algunos directores de cine  tornaron más fácil la tarea de entender esta propuesta transhermenéutica de la  filosofía, precisamente construyendo filmes que, de manera más evidente, no se  dejan ver como objetos hermenéuticos. Con esa inusual manera de filmar, esos  directores acabaron por mostrar algo importante sobre el cine en general, y no  tan sólo sobre sus filmes en particular. Uno de estos directores es David Lynch  en la totalidad de su obra (que no es muy extensa). Me voy a referir aquí  específicamente al último filme de Largometraje de Lynch 2006, Inland Empire  (algo así como “Imperio de tierra-adentro”, o, más ortodoxamente, “Imperio  interior”).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Lo que David Lynch parece  querer evitar es que transportemos al cine la usual noción vaga de “real”, y  que, a la luz de la misma, veamos al cine como sueño o alucinación. Decir que el  cine es un fenómeno alucinatorio u onírico es desconocer la capacidad  instauradora del cine, que no es ni formador ni, mucho menos, deformador de nada  dado previamente. No poseemos un punto de referencia confiable para afirmar ese  presunto carácter onírico del cine, pues, en cierto sentido, no hay una realidad  perfectamente instalada que preceda a la poderosa fuerza constitutiva de la  imagen.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">El carácter instaurador de  realidad del cine es, según creo, lo que la obra de David Lynch pone claramente  de manifiesto. Pero es precisamente en ese sentido que sus películas no son, a  pesar de las apariencias, oníricas o alucinatorias; él tan sólo presenta lo real  de una manera irreconocible para quien se apega a la idea de un mundo dado, sin  atender a su propia espontaneidad creativa. Lo que hay que entender es por qué  el espectador no es capaz de reconocer lo real cuando le es presentado en forma  de filme, como si estuviera aún fascinado por la ilusión pre-kantiana de un  mundo dado sin nuestra intervención.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Esto provoca que los  periodistas y público en general se sientan decepcionados cuando Lynch se niega  a dar explicaciones sobre sus filmes, postura que no se entiende tan sólo por  gestos de marketing, sino por una cuestión profunda y crucial para entender el  potencial cognitivo del signo cinematográfico: David Lynch no explica el sentido  de sus filmes pura y simplemente porque lo ignora por completo. Más aún: no lo  explica no porque haya un sentido que él ignore, sino porque ve perfectamente  que no hay nada para entender. Así, el director de cine aún ocupa una situación  de privilegio frente a su obra, no porque sea él quien detenta la clave de su  sentido, sino porque es él quien mejor sabe que esa clave no puede existir. Se  trata de un privilegio negativo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Hay un texto en el libro de  Lynch Catching the Big Fish, que se llama “La caja y la llave”, dos elementos  retirados del filme anterior de Lynch, Mulholland drive, de 2001. Se trata de  dos elementos enigmáticos y asustadores encontrados por las dos protagonistas de  ese filme. Cuando el lector espera que el autor finalmente revele el enigma,  Lynch dice lacónicamente: “No tengo ni la menor idea de lo que sean”. Por otro  lado, en una entrevista, cuando le preguntaron si Inland Empire tenía algún  sentido, Lynch respondió: “Se supone que tenga un perfecto sentido”. Las dos  afirmaciones son irónicas, lo que no les quita un ápice de su verdad.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En verdad, es el espectador (no  algún espectador especialmente “habilitado”, como podría serlo un crítico o un  especialista, sino el espectador cualquiera) el encargado de explicarle al autor  el enigma de sus imágenes, no porque el espectador detente la clave de ese  enigma (esto no podría ocurrir bajo la hipótesis inicial de que no existe tal  clave), sino por el hecho bruto de haber sido ubicado inesperadamente en el  papel de depositario de emergencia y, hasta cierto punto, arbitrario, de un  sentido que él esperaba recibir del autor. Al reconocer su papel de descifrador  de lo indescifrable (no por difícil, sino por imposible), el espectador se da  cuenta de ser el heredero de la ignorancia del autor sobre lo que él mismo hizo;  la impotencia del autor (plenamente asumida, en el caso de Lynch) pasa al  espectador precisamente bajo la forma de aquel referencial cero al que antes me  refería, que, por su propia naturaleza, no es algo que se deje transmitir. Por  tanto, no podría haber una hermenéutica del referencial cero, en el sentido de  la hermenéutica tradicional.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">La noción vaga de “real” supone  que las acciones humanas “siguen un sentido”, tienen una coherencia y cierta  linealidad. En la misma entrevista antes aludida le preguntaron a Lynch: “¿Por  qué aparecen conejos en un escenario y uno de ellos plancha ropa?”. A esto se  puede responder perfectamente mediante el siguiente razonamiento indirecto y  meta-filosófico: supongamos una escena de nuestra vida cotidiana en la cual  pasamos por la puerta de un hotel y hay un empleado en la puerta cargando una  pesada valija. De repente, el empleado tropieza, la valija cae de sus manos  aplastando un bonito cantero de flores. ¿Podría yo preguntar, si me tocara ver  esa escena, por qué aquel empleado dejó caer la valija en el cantero en lugar de  llevarla tranquilamente hasta el auto estacionado en la puerta del hotel? No me  refiero a ningún preguntar por causas (el empleado podría responder que la  valija resbaló de sus manos porque estaban mojadas, o porque estaba sin anteojos  y no vio el cantero, etc.), sino a la propia razón de ser del hecho acaecido:  ¿por qué el empleado dejó caer la valija (sea por la causa que sea), en lugar de  que todo eso no ocurriera?</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Parece que hay algo de  intrínsecamente absurdo en preguntar sobre el por qué de un hecho.  Responderíamos, simplemente: “Ocurrió. Esas cosas ocurren”. Tienen la fuerza de  lo “real” en el sentido de lo efectivo o factual, de lo que ocurre (hoy es  jueves y no domingo, he nacido en la Córdoba española y no en la Córdoba  argentina, soy casado en lugar de ser divorciado, etc.). No sabemos lo que sea  “lo real”, pero uno de los componentes semánticos de la noción vaga parece ser  la efectividad, el hecho de ocurrir. Ahora bien, si viéramos la escena del  empleado y la valija dentro de un filme, nos preguntaríamos compulsivamente por  su sentido, lo que indica que no consideramos como auténticos hechos o  efectividades lo que vemos en la pantalla. Parece difícil a los seres humanos  dejarse atropellar por el carácter impositivo de la imagen como lo hacen con los  acontecimientos brutos de sus vidas cotidianas. Los hechos efectivos parecen  rechazar la mediación de la hermenéutica en su mero hecho de ocurrir, mientras  que las escenas de un filme parecen exigir interpretación.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Mi hipótesis acerca de los  filmes de Lynch (de todos ellos, incluso del más aparentemente ortodoxo, The  Straight Story, Lynch, 1999) es que ellos subvierten este principio, en el  sentido de que Lynch adopta para lo que muestra en sus filmes el principio de la  efectividad bruta de acontecimientos. Esto quiere decir que, en sus filmes, tal  como en la realidad, lo que es mostrado está simplemente aconteciendo, no remite  a ningún sentido ulterior. Pero como eso es precisamente lo que ocurre con los  hechos efectivos, Lynch, al contrario de querer introducir lo onírico en lo real  (así entendido) muestra lo que parece onírico con la marca impositiva de lo  efectivo.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En este sentido, no hay nada de  normativo en sus filmes (y es por eso que tampoco podrían ser vistos,  estrictamente, como objetos estéticos), en el sentido de que Lynch no pone algo  en la imagen porque deba estar allí, sino que simplemente lo coloca, de la misma  forma en que estarían puestas en la vida de alguien. La primacía del ser sobre  el deber-ser es total. No hay allí nada de normativo externo a la propia imagen:  lo que debe estar en ella es exactamente lo que hay, sin ningún distanciamiento.  No hay nada de utópico en sus filmes. Esas obras adquieren esa poderosa fuerza  de arbitrariedad y absurdo, sin que los espectadores consigan percibir que se  trata de la misma arbitrariedad y absurdo de los hechos de sus vidas cotidianas.  Por eso afirmé antes que Lynch no presenta sueños, sino la realidad de una  manera irreconocible. Toda la presunta “complejidad” de sus filmes emana de la  expectativa de quien los ve, y no de la textura, perfectamente efectiva, de lo  que es mostrado. Entendiendo realidad como efectividad de acontecimientos,  Inland Empire (Linch, 2006) no es un filme onírico en absoluto<sup>3</sup>.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Otra forma de decir lo mismo  sería notar que en los filmes de Lynch todo lo que aparece son cosas, cuya  corporalidad no es remisiva a algo que no esté presente. Es pictórico más que  narrativo (y Lynch fue, de hecho, pintor<sup>4</sup>), pero, como veremos, sin  dejar de ser narrativo también. Que todo es cosa significa que también son cosas  los conejos que planchan ropa, y que el inconveniente del espectador cualquiera  reside en su rehusarse a verlos como cosas, empeñándose en verlos como símbolos,  en ver cristales en donde Lynch pone espejos. Aquello está ocurriendo, no está  ahí para transportar un sentido a ser descifrado. Parece que cuando sentamos en  un cine o al frente de un monitor, dispara nuestro aparato hermenéutico de una  manera que no ocurre en la vida cotidiana; como si el filme nos debiera poner,  ipso facto, en la posición de hermenéuticos. Es este mecanismo lo que Lynch se  propone subvertir, y es ésa la específica manera en que su cine genera  conocimiento del mundo, tal vez una manera de conocer a la que nos  desacostumbramos totalmente.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Hablo, pues, de la opacidad de  los conejos mismos, no de cómo son vistos o previstos por Nikki Grace, la  protagonista (desempeñada por Laura Dern, la actriz-fetiche de Lynch); Nikki no  está escribiendo sobre el filme, o viendo un filme, sino que ella vive aquello,  ella también es cosa, tanto como los conejos que alucina; pero es ella la que  alucina los conejos, y no nosotros, los espectadores. Lynch quiere que veamos  todo eso como lo veríamos en la cotidianidad, y que aceptemos de manera suicida,  el carácter impositivo e instaurador de la imagen (eso que, según Lynch lo  declaró muchas veces, el cine simplemente narrativo desaprovecha).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Lynch practica meditación  trascendental y cree además en una cosa que él llama, en plena impostura  intelectual, “campo unificado”, algo que él vincula con “física moderna”, de la  cual no parece saber mucho. Él escribe que, durante las filmaciones de Inland  Empire, pasó lo siguiente: “Entré en mi casa, abrí el armario y vi un pedazo de  azulejo, una piedra y una lámpara roja bien transparente igual a las que se usan  en navidad. Tomé los ítems y le pedí [al actor polaco del filme] que eligiese  uno de ellos. ‘Tome uno de estos, Krysztof’ – y él eligió la lámpara. Retiré los  otros ítems. No quería que él pensara en utilizarlos. Después de eso, fuimos a  la casita y Krysztof apareció por detrás del árbol con una lámpara roja en la  boca, y fue así que filmamos la escena. Y una cosa llevó a la otra”. Y él  comenta: “Tuve realmente la sensación de que había un Campo Unificado, de que  había una unidad entre la lámpara navideña y aquel polaco…” Y también: “No puede  haber un fragmento que no se relacione con algo. Yo sentía que cada cosa  contenía todo”. (Lynch, 2008, p. 148/9). Todo ocurre como si, tratando de  generar una explicación de sus procedimientos, las declaraciones de Lynch se  tornasen mucho más fantásticas e ininteligibles que sus filmes.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Pero tratemos de entender, con  los recursos filosóficos de los que Lynch carece, en qué consistiría este  peculiar procedimiento cognitivo. El hecho básico parece ser que si un filme  está hecho de la más pura contingencia (precisamente, la contingencia de lo  efectivo), su análisis filosófico, la comprensión de su peculiar manera de  referirse al mundo, tiene que encaminarse también por el sendero de la más pura  contingencia para conseguir sus objetivos. El análisis debe tratar de alcanzar  lo que hay de cosa opaca en el filme, a través de la constitución de un texto  poderosamente no-referencial. Los filmes de Lynch son muy asociativos, cosas y  personajes vuelven en la imagen componiendo una música de temas que retornan tan  sólo para ser recordados, como el zombie protagonista de Eraserhead, (Linch,  1977), que termina abrazando a la rubia cantora al final del filme, o como el  viejo cow-boy de Mulholland drive pasando por el fondo de una escena que nada  tiene que ver con él. Pero, precisamente de esa forma, Lynch pretende captar la  lógica de lo que ocurre, a través de un mostrar puntual de acontecimientos  rebeldes a la conexión lineal. Al reunir todos esos elementos en una misma  imagen, Lynch sugiere que el conocimiento del mundo depende de cierta capacidad  (del espectador, inclusive del espectador que él mismo es) de lidiar con la  contingencia sin imponerle una dirección fija. A esto él llama pomposamente  “campo unificado” y “pensamiento trascendental”. Yo prefiero pensarlo como una  especie de atención distraída que deja a lo contingente libre para significar de  maneras fragmentadas y casuales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Es en este registro que Lynch  puede estar mostrando algo que no se aplica tan sólo a sus filmes, sino al cine  en general: que los filmes no son rompecabezas que precisemos descifrar, que  todo está en la más banal superficie, que lo difícil con ellos es aprender a  nadar en lo más raso y aparentemente menos peligroso, sin proyección de  profundidades. Considerar Inland Empire un filme “complejo” sería atribuirle un  significado. La complejidad intrínseca de la imagen proviene de su densidad de  cosas, no de su presunta significación simbólica. Pero si el tiro de Lynch dio  en el blanco (tal vez a pesar suyo), esto mismo debe aplicarse también a los  filmes de Frank Capra (1946) como It’s a wonderful life, cuya desventaja reside  en que parecen mostrar, en su forma tradicional de montaje y ejecución, un  sistema simbólico listo para ser “descifrado”. Todos esos filmes no significan  más que lo que nosotros queremos que signifiquen. (En este sentido, un espeso  filme de Tarkovski o de Bergman no tiene más densidad de cosa opaca que filmes  de Delmer Daves o John Ford: la imagen, en todos ellos, está auto-sustentada, no  necesita de ninguna remisión a otra cosa para ser perfectamente realizada por el  espectador cualquiera).</font></p>     <p ALIGN="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Viraje de pensamiento entre  1999 y 2009: de la interpretación a la actuación</font></b></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En esta línea, mi pensamiento  cine-filosófico sufrió un viraje desde el libro de 99 hasta mi segundo libro,  escrito en portugués (De Hitchcock a Greenaway pela historia da filosofía) y  desde ese libro hasta el presente. En aquella época, yo concebía a los  conceptos-imagen (el peculiar tipo de concepto que una película es capaz de  generar) como una estructura que tenía una fuerte función interpretativa.  Todavía pensaba que los filmes tenían un sentido que había que descubrir. Si los  filmes tenían sentido, éste podía ser captado por los conceptos-imagen y ser  registrado y transmitido a otras personas. Continúo pensando que fue feliz el  acuñar la noción de concepto-imagen, pero ahora la veo como una noción de tipo  performance, de naturaleza constitutiva.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En verdad, la bomba de tiempo  ya estaba activada en el primer libro: los conceptos-imagen tenían un componente  “pático”<sup>5</sup> y otro lógico, o representacional. El componente “pático”  (que no debe confundirse con lo meramente “afectivo” en un sentido psicológico,  ni tampoco con lo “dramático” en sentido estético o poético) arrastraba al  contenido lógico del filme hacia una u otra dirección, hasta su plena  consumación en imágenes. Lo “pático” es considerado por Heidegger (2006) como  parte de la abertura al ser, pero en mis libros (no sólo en los de cine),  también quise considerar lo “pático” como cierre al ser, como una especie de  cierre original del mundo a nuestras ansiedades existenciales<sup>6</sup>. Lo  “pático” no es tan sólo lo que un filme nos hace sentir, sino aquello que tiñe y  refracta al componente lógico-representativo; “páthos” es el des-encuadramiento  del componente lógico, su “mise-en-scène” siempre infiel y traicionera.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Mi idea inicial en el libro del  99 era que la filosofía escrita de la tradición occidental había sido apática,  regida por una fuerte actitud intelectualista, desde los griegos hasta la  filosofía analítica contemporánea. Aun en escritores clásicos como Platón y San  Agustín, que se refirieron a la belleza y las emociones, el principio  intelectualista siempre acabó predominando. Solamente en el siglo XIX aparecen  los pensadores “páticos”: Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche (tal vez, pero de  manera problemática, anticipados en el XVIII por Hume), en quienes las fuerzas  naturales indomables surgen para dominar al intelecto y someterlo a sus  dictámenes; peor aún, para mostrar que eso fue siempre así, incluso en las  épocas de Platón y San Agustín. De manera que el cine (como antes la  literatura), cuando piensan “páticamente”, ponen en movimiento una actividad que  no se diferencia estructuralmente de lo que la propia filosofía comienza a hacer  desde el siglo XIX.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">La idea primitiva era que el  entendimiento de un problema tiene una mediación “pática”; que el entendimiento  no es algo puramente intelectual, que no se puede entender algo tan sólo con el  entendimiento. La duda, por ejemplo, podía ser mejor entendida en filmes como  Blow-up (Antonioni, 1967) y La ventana indiscreta (Hitchcock, 1954) que en los  textos apáticos de Descartes, en la medida en que en las penosas sagas de los  fotógrafos de esos filmes, el tema de la duda era realizada (performed) en  imágenes incómodas que no se limitaban a referirse a la duda, sino que la hacían  sentir en toda su irritación, como algo urgente e impostergable. Satisfacer la  duda se transformaba, en esos filmes, en una cuestión de vida o muerte,  exactamente lo que Descartes quería decir en el Discurso y las Meditaciones de  Filosofía primera, que de la superación de la duda dependía todo el edificio del  conocimiento, que el escéptico tenía que ser derrotado. Los filmes de Hitchcock  y Antonioni mostraban “páticamente” esa urgencia vinculada con la duda, y de qué  manera la continuidad de la vida dependía de la perspicacia con que fuéramos  capaces de responder con éxito a las demandas de la duda.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Yo defendía, contra el statu  quo académico, que el cine podía, por eso, ser filosofía. No de manera tan sólo  expositiva, sino, precisamente, de manera argumentativa, en la medida en que se  entendiera que las imágenes cargadas de “páthos” podían ser considerados  argumentos, como fuerzas persuasivas que tendían a mostrar la verdad de una  tesis sobre el mundo (la duda, la belleza, la guerra, la condición humana). Con  lo logopático no se abandonaban las tradicionales pretensiones de verdad  universal de la filosofía. No por mostrar ficciones particulares, los filmes  renuncian a decir algo verdadero o falso con pretensiones (en general,  frustradas, igual que en la filosofía escrita) de universalidad. Lo que comenzó  a cambiar fue que la noción de verdad de un filme no estaba más vinculada con un  sentido previo; se trataba de una verdad eminentemente interactiva.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Me vi llevado a esta visión  interactiva de la verdad del cine, en parte, porque dejé de pensar que los  elementos “páticos” y lógicos podían convivir en un cierto equilibrio apolíneo.  Hoy pienso que el elemento “pático” puede avanzar sobre el elemento lógico hasta  extremos asustadores, como bien lo muestra el cine de David Lynch, entre otros.  No significa eso que el cine pierda o disminuya su potencial de reflexión  filosófica, sino que ese potencial tendrá que tornarse opaco y asignificativo,  poniéndose fuera de los límites de la interpretación. Esa concepción que antes  llamé de cosa opaca de la imagen lyncheana puede tener relación directa con este  asalto de lo “pático”, en el sentido de que éste tornó opaco el campo del  sentido y obstaculizó la interpretación tradicional. No es el contenido  representacional de los filmes lo que se tornó opaco (no es tan difícil, como  veremos en seguida, reconstruir la historia de “Inland Empire”); se trata de una  opacidad afectiva, de un obstáculo de acceso y no de alguna representación  particularmente difícil que se estaría tratando de “transmitir”. A través de lo  “pático-cosa”, los filmes dejan de referirse a lo real para ser lo real. Y lo  absurdo de los filmes de Lynch, en particular, proviene de que ellos  consiguieron apropiarse, por la vía “pática”, de todo el absurdo de lo real.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En el prefacio del primer libro  yo ya reclamaba de la concepción puramente “fotográfica” del cine (o, como  también la llamo, “icónica”), según la cual el cine tendría, sobre otros medios  de aproximación al mundo, la ventaja de figurar lo real “tal como es”, de  acompañar fielmente los contornos de lo real (en la acepción vaga usual). Contra  esto, defiendo una noción abstracta (o “conceptual”) del cine, según la cual la  imagen cinematográfica es tan articulada y selectiva como la proposición, y no  tiene ninguna fidelidad mayor a “lo real” que ella. Un signo significa más en la  medida en que más cosas excluye, y en ese sentido, tanto la fotografía como la  escritura consiguen expresar algo acerca del mundo excluyendo cosas a través de  procesos selectivos. Así, la imagen no tiene más fidelidad al mundo que la  palabra, ya que tanto una como otra están tiranizadas por el régimen de la  selección y la exclusión. En verdad, nada consigue “reproducir lo real”. Lo que  el cine puede conseguir mejor que la escritura (precisamente, mediante la  exacerbación del componente “pático”) es ese ponerse en el lugar de lo real,  después de haber renunciado a reproducirlo o referirlo.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Una resonancia social muy  interesante de este viraje fueron las críticas que me dirigieron, en la  Argentina y en España, de que yo proyectaba filosofía en los filmes de maneras  arbitrarias. Habrá quedado claro, espero, que ésa es para mí la única manera de  analizar filosóficamente un filme. Claro que el arbitrio tiene límites, pero  sobre esos límites se podría decir lo mismo que Sartre dijo sobre los límites de  la libertad: existen, pero no sabríamos encontrarlos. Cuando yo veía, por  ejemplo, Unforgiven, de Clint Eastwood (1992) como una crítica a la violencia de  estado, o Paris, Texas de Wenders (1984) como la imposibilidad de la síntesis  hegeliana, yo no pretendía estar descubriendo nada, o extrayendo algo que se  encontraría en esos filmes esperando desde siempre por mí. Sería como suponer  que Eastwood o Wenders fueran filósofos en el sentido tradicional del término.  Se trata de performances conceptuales a propósito de un filme-cosa, de una  especie de refracción, nunca de un reflejo. Nunca renuncié, sin embargo, a la  idea de una verdad del filme; tan sólo comencé a concebir a la verdad en  términos interactivos y “performáticos”, y no ya hermenéuticos. Lo que esto  significa se podrá entender mejor entrando en la cosa misma.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Imperio de Lynch</font></b></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Inland Empire es, en realidad,  un filme muy claro, casi un filme clásico. Tiene 3 partes nítidamente  distinguidas. La primera va desde el momento en que Nikki Grace gana un papel  importante en un filme del director Kingsley Steward (el siempre siniestro y  elegante Jeremy Irons) hasta la escena en que Nikki se da cuenta de que las  palabras que está pronunciando durante una escena del filme son suyas, y no del  personaje (o son de ambos). La segunda parte va desde ese momento hasta la  muerte de Susan Blue a manos de la esposa de Billy Side, en la calle de las  prostitutas y la orden de “¡Corten!” del director Kingsley. La última, parte  desde ese momento hasta el final. Obviamente, el filme trata sobre una psicosis,  la de una mujer ya perturbada que, al asumir el papel de otra mujer con  problemas, comienza a alucinar sus problemas afectivos. Este centro narrativo  mínimo sirve para que Lynch desarrolle su singular poética de imágenes, pero el  tema es claro y nunca se pierde de vista.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Así, cuando las personas  preguntan por el significado de Inland Empire, se supone que no deben estar  preguntando por algo tan banal y poco interesante como el contenido del párrafo  anterior. ¿Será que la hermenéutica es llamada para descifrar las imágenes  mediante las cuales esta banalidad es narrada? Vamos, entonces, a fingir que hay  algo para descifrar.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Al inicio de la primera parte,  entramos en un hotel con una pareja; la mujer no parece una prostituta, sino una  mujer que trata, a pedido de su acompañante, de comportarse como si lo fuese.  Sus cabezas están desdibujadas por una especie de bruma, de manera que no vemos  sus rostros. Aún no lo sabemos, pero ésta puede ser una primera recordación  onírica de Nikki Grace. Ella es una actriz norte-americana casada con Piotrek,  un marido polaco violento y celoso (o, por lo menos, es lo que ella piensa) que  festeja con gran euforia (lo que irrita al marido, que aparece en las escaleras  con rostro sombrío y amenazador) el papel que ha ganado en el filme de Kingsley  Steward, el simpático y emprendedor cineasta que la recibe con júbilo. Sin  embargo, unos días más tarde, con rostro sombrío, él le confía, a ella y al  resto del elenco, que el filme que están rodando es, en verdad, una remake,  siendo que la primera versión fue una producción polaca cuyos protagonistas  fueron brutalmente asesinados, lo que motivó la interrupción y el abandono del  proyecto. También es obvio que la nacionalidad polaca del filme maldito y la del  marido constituyen el puente principal para las alucinaciones. (Inmediatamente  después de saber por Kingsley sobre la producción polaca, Nikki recuerda  traumáticamente la exclusión que sufrió cierta vez por parte de los padres de  Piotrek por el hecho de no entender polaco).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">A partir de ese momento,  fantasmas polacos oriundos de la película interrumpida comienzan a invadir la  vida de Nikki Grace, que fusiona su personalidad conturbada con la de la  protagonista, Susan Blue, mujer casada enamorada por un hombre casado, Billy  Side, y sintiendo un fuerte sentimiento de culpa de mujer infiel y prostituta.  Desempeñando el papel de una mujer enamorada por un hombre prohibido, Nikki  Grace transfiere su propio enamoramiento al actor que hace el papel de Billy,  Devon Berk. Esto despierta los celos del marido violento, Piotrek, a quien la  atemorizada Nikki escucha, en una escena del comienzo, amenazar veladamente a  Devon diciéndole que Nikki no es una mujer libre, y que ellos respetan  religiosamente el sacramento del matrimonio. (Devon había sido presentado antes  como un lobo conquistador, y sus amigos le advierten que no trate de seducir a  Nikki porque su marido es muy influyente). Más claro, imposible.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En seguida después de su fusión  con Susan (comienzo de la segunda parte), Nikki alucina sus sentimientos de  inferioridad y miseria moral mediante el tema de la prostitución (después de  todo, una mujer casada que seduce a su colega de trabajo, es “una mujer fácil”,  al menos para sí misma). Ella se encuentra de repente en un cuarto lleno de  prostitutas, como siendo una de ellas (las otras siempre la tratan con ironía y  burla, como si ella fuera la última de todas). Después aparecerá como prostituta  haciendo una confesión (que parece una sesión de análisis) a una especie de  funcionario kafkiano (no en balde llamado “Sr K” en el reparto), en realidad un  miembro del antiguo grupo polaco.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">El grupo de actores y técnicos  polacos del filme trágicamente interrumpido, así como el propio señor K, son  alucinados por Nikki bajo la forma de conejos, situados en un escenario en cuya  puerta de entrada se lee el número “47”, que era el nombre del filme polaco  trágicamente interrumpido. Esta relación está también explicitada en un  determinado momento en que vemos al grupo polaco (parecen productores de cine,  pero también gangsters, una fusión comprensible ya que la producción del filme  polaco está ahora envuelta en asesinato) que proporciona un arma a Piotrek para  matar a su mujer (no Nikki sino Karolina, una mujer polaca – posiblemente la  actriz del filme maldito, siguiendo la lógica de la fusión). Hay un esfumado  mediante el cual se pasa del grupo polaco a los conejos, con lo cual las  preguntas tontas de los periodistas sobre los famosos conejos (sacados, por otro  lado, de Rabbits (2002), otra de las series televisivas de Lynch, y dejando de  lado las obvias conexiones con Lewis Carroll) pueden ser fácilmente respondidas.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Los principales fantasmas  polacos son Kryzstof y Karolina (los llamo así usando los nombres de los actores  reales, porque los personajes no tienen nombres en el filme), que pueden ser  vistos, por lo que hacen y dicen, como la pareja polaca correspondiente a la  pareja Nikki/Piotrek. Nikki es visitada por los fantasmas del equipo polaco, y  comienza a ver diversas escenas en donde el celoso marido polaco Krzystof asedia  a su mujer Karolina con sospechas de adulterio, y amenaza asesinarla, a ella y a  su amante, que Nikki representa con el cuerpo de Piotrek. Es evidente que fue  esto lo que ocurrió en la producción polaca: el marido de la actriz asesinó a la  mujer y al amante. A veces, Piotrek reemplaza a Kryzstof, sobre todo en las  escenas en que éste castiga brutalmente a su mujer supuestamente adúltera. El  juego de sustituciones es, a veces, difícil de acompañar, pero viendo el filme  varias veces (lo que es indispensable tratándose de Lynch) el ejercicio se torna  viable.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Ya al comienzo del filme, vemos  a Krzystof (a quien aún no conocemos) en la casa de Nikki solicitando una  “entrada”, o sea, exponiendo su intención de volver del pasado para introducirse  en la vida de Nikki (presumiblemente para matarla, o, mejor, para matar a su  mujer polaca, pero dada la fusión, se trata de la misma cosa). Con esto se da la  segunda fusión psicótica de Nikki ahora con Karolina (después de identificarse  con Susan Blue). Nikki elabora sus inseguridades existenciales en parte en  escenas con su marido real, Piotrek, visto como un hombre extraño y taciturno,  que no puede tener hijos y que la golpea cuando ella le anuncia su gravidez. El  filme es un juego constante con estos temas. A veces parece que Nikki, presa en  el mundo de la producción polaca, trata de volver a su personalidad de Susan, o  sea, al filme de Kingsley; pero es en vano: cuando grita por Billy, cae en el  cuarto de los conejos, y cuando confía en el señor. K (“Me dijeron que usted  puede ayudarme”), se da cuenta, después de un llamado telefónico, que el señor.  K también es un conejo, o sea, alguien vinculado al cuarto 47, la escena de la  producción maldita.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Todo esto ya había sido  anticipado por la vieja vecina que visita a Nikki un día antes de que ésta  reciba el papel, resumiendo punto por punto todo lo que va a ocurrir en el  filme, como en una especie de prefacio: que Nikki va a ser elegida para el  papel, que el filme tratará sobre casamiento, que envolverá al marido y  contendrá un crimen brutal, que ella va a entrar por el fondo de un escenario, a  través de un mercado, y acabará perdiéndose en el mal porque tiene “una cuenta  pendiente para pagar” (o sea, su propio problema de infidelidad, inseguridad y  miedo).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Al comienzo de la segunda  parte, en el medio de una escena con Devon en la cual le transmite sus temores  de que su marido descubra su affair, Nikki exclama: “¡Caramba! ¡Parece un  diálogo de nuestro script!”, una exclamación que indica que Nikki cree estar  viviendo su vida real cuando, en verdad, está actuando. A pesar de que el  director Kingsley grita: “¿Qué está sucediendo?”, este episodio no interrumpe la  filmación, como si el infierno de Nikki fuese rigurosamente interior (de  “tierra-adentro”): mientras ella vive esta ficticia vuelta al pasado, continúa,  en verdad, rodando el filme de Kingsley, en el cual se muestran las relaciones  conturbadas de Susan con Billy y con la mujer de éste, Julia (por Julia Ormond,  la actriz que hace el papel), que persigue a Susan por las calles hasta matarla  con un destornillador, tal como lo había anunciado. Entonces, Nikki, como Nikki,  es asediada por Piotrek (confundido a menudo con Krzystof, el marido polaco),  pero dentro del filme de Kingsley, Nikki como Susan, es perseguida y muerta por  Julia. Éste es el motivo por el cual tiene que haber una tercera parte, porque  en la segunda sólo se resuelve el conflicto Susan/ Billy/Julia, pero no el  conflicto Nikki/Piotrek/ Kryzstof. (La única conexión entre ambas líneas es la  sugestión de que Julia ha cometido el asesinato de Susan bajo estado de hipnosis  por influencia de Kryzstof).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Mientras Susan, herida de  muerte por Julia, agoniza en un viejo portón en donde conversan un grupo de  vagabundos que no le dan mucha atención, la cámara va apartándose lentamente y  vemos al director Kingsley filmando todo eso. Aquí comienza la tercera y última  parte del filme. Lynch finge que estamos finalmente saliendo de la pesadilla;  nos sentimos mejor cuando vemos que el asesinato de Nikki en la calle era parte  del filme, que es Susan quien fue realmente asesinada, y no Nikki. Respiramos  aliviados pensando que finalmente estamos saliendo de la pesadilla y volviendo a  “lo real”, como en tantos y tantos filmes del pasado. Pero se trata de una  meta-referencia amarga y cruel. Lynch se permite, incluso, una última broma  pesada: después de la palabra “¡Corten!”, los actores que hacían el papel de  vagabundos se levantan y salen de escena, pero el cuerpo de Nikki permanece  quieto en el suelo, haciendo pensar al espectador que ella ha sido realmente  asesinada. Pero es sólo un bluf: después de pocos segundos, Nikki comienza a  moverse lentamente, y va poniéndose de pié como si estuviera saliendo de un  largo sueño. Después de recibir las felicitaciones del director por su notable  actuación (lo que no es sorprendente ya que ella, en realidad, no estaba  actuando, sino viviendo todo aquello), ella sale de la escena como en estado de  transe, rechazando a los ayudantes que se empeñan en traerla de nuevo a la  realidad (tratando de sacarle el maquillaje, etc.) y va adentrándose lentamente  en los escenarios grises del filme de Kingsley, en donde, curiosamente,  encontrará los elementos y personajes del filme polaco (el señor. K, Karolina,  etc.).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Es interesante observar que, en  este punto de su filme, Lynch, de forma muy personal, se rinde, a su manera, al  esquema de Hollywood: la última parte muestra una valiente reacción de la  heroína contra el hombre que la acosó durante todo el filme; ella vuelve al  escenario de la persecución, encuentra una pistola y acaba matando al villano  fantasma (pero no de forma fácil: como suele pasar en sueños, aquél que queremos  que muera no acaba nunca de morir), fusionándose definitivamente con Karolina y  re-encontrando a su marido junto al hijo que no podían tener. El rostro de Nikki  es mostrado, finalmente, como exultando felicidad después de una noche de  espanto, como en una situación de cura. Casi un final feliz, con heroísmo, amor  y re-encuentro familiar. Pero esto es sólo una lectura. Tal vez se trate de una  resolución psicótica y Nikki no consiga salir del filme, como la Alicia de Lewis  Carroll no conseguía salir de su laberinto.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En un tour de force típicamente  lyncheano, ya desde el inicio del filme se muestra a Karolina mirando en la tela  de TV todo el drama de Nikki Grace, con lo que se sugiere que es la esposa  polonesa la verdadera protagonista del filme (de Lynch, no de Kingsley), que  proyecta su propio drama en una actriz norte-americana imaginaria. De todas  formas, en cualquiera de ambas lecturas, el filme (de Lynch) trata de una mujer  que “resuelve” su vida en la vida de otra. Pues si hay fusión total, ella debe  valer en ambas direcciones.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">El epílogo musical muestra a  Laura Dern sentada, sonriendo al lado de personas amigas (Nastassia Kinski,  Laura Elena Harring, protagonista de Mulholland drive, etc), y esta Laura Dern  no es ni Nikki Grace ni Susan Blue ni Karolina, sino Laura Dern misma, actriz de  Blue Velvet y Wild at Heart, como si Lynch quisiera recuperar durante los  títulos finales, y en beneficio de su propia salud mental<sup>7</sup>, el último  punto de referencia de todo lo que fue visto.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En esta tediosa meta-narrativa,  aun cuando ella ya pueda considerarse, en cierto modo, como interactiva (en el  sentido de que hay aún muchos elementos que no “encajan” o que fueron  equivocadamente reproducidos, lo que sugiere que habría otras sinopsis del  filme), la verdad es aún concebida de manera hermenéutica, en términos de  correspondencia y elucidación de sentido. He querido mostrarla al detalle, a  pesar de su carácter difícilmente soportable (supongo que ha sido tan pesado  para el lector leerla como para mí escribirla) para mostrar el mismo punto que  Wittgenstein destaca en el Tractatus: “…el valor de este trabajo se cifra…en  haber mostrado cuán poco se ha hecho cuando se han resuelto esos problemas”<sup>8</sup>.  También querría que esta elucidación, que tanta curiosidad despierta en el  espectador medio y en muchos críticos, muestre cuán poco se ha hecho cuando se  ha conseguido finalmente formularla. En ningún sentido filosóficamente  interesante se podría decir que, con ella, hemos captado algo como la “verdad”  del filme.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Pues ésta no está en su  sinopsis, por más trabajosa que ella sea, sino en lo que el filme es capaz de  promover en el registro de la interacción capciosa y trascendente, en su  movimiento transfenoménico, en el sentido sartreano del término<sup>9</sup>. Más  allá de realismo e idealismo, la fenomenología sartreana, siguiendo las huellas  de Husserl, reconoce al objeto no una objetividad, sino una “transfenomenalidad”:  lo que aparece no remite a una “cosa-en-sí”, sino a la serie total de las  apariciones posibles (contando a las reales entre las posibles). Me gustaría  reconocer esta misma “transfenomenalidad” en los filmes, en el sentido de no  atribuirles nunca un contenido propio que pudiese ser elucidado mediante una  interpretación (el “filme- en-si”), pero, al mismo tiempo, no lanzarlos al total  arbitrio, en la medida en que lo que sea interactuado lo será guiado por la  propuesta logopática que parte del filme. Así como la propia vida humana, los  filmes carecen de sentido y son absurdos porque son contingentes y factuales,  pero no son arbitrarios porque la libertad (sin límites que se pudieran  avizorar) los re-significa de maneras que pueden ser tiránicas en su  metaforicidad agresiva.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Transportar la violencia de la  interpretación para la interacción.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Para captar la verdad  interactiva de un filme son necesarias varias cosas: un poderoso esfuerzo de  abstracción, una inmensa cultura, una portentosa imaginación conceptual o lógica  (es decir, no tan sólo una imaginación poética) y una capacidad para “dejarse  afectar” (como lo digo irónicamente: llorar en el cine sin ninguna vergüenza).  No hace falta tener, como muchos críticos tienen, una portentosa memoria; al  contrario, ella puede ser contraproducente. Dejando polacos, conejos y mujeres  problemáticas a un lado, yo veo “Inland Empire” como una reflexión logopática  sobre el rehusarse a reproducir algo previo, sobre la busca insaciable y  posiblemente frustrada de un original irremisiblemente perdido. Esta idea está  planteada muy temprano en el filme, en la cautela y consternación con la que el  director Kingsley (que no es en absoluto un alter ego de Lynch, como podría  serlo el Guido Anselmi de Fellini) se atreve a contarle al elenco que no están  haciendo realmente un filme original, y el espanto y rechazo con el que Devon  recibe la noticia (“Una remake? ¡Yo no hago remakes!”, a lo que Kingsley  responde: “Ya sé, ya sé; pero usted no sabía”).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">El rechazo de Nikki es  diferente, y proporciona todo el contenido explícito del filme: ella se queda  perturbada al saber que existe un original del cual todo lo que harán será mera  copia (¿el problema platónico clásico?), y elabora esa información en forma de  psicosis. Pero a pesar de que el filme trata, como vimos, de esa psicosis, y no  del desagrado de Devon, tanto la reacción de Nikki como la de Devon son  reacciones a lo mismo: ambos se rebelan contra la idea de la copia, la  repetición, la remake, y manifiestan, de maneras diferentes, sus celos y su  desagrado delante del original perdido.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">El desagrado de Devon no es  elaborado en el filme, pero Lynch utiliza todas las imágenes para desarrollar el  rechazo de Nikki contra la repetición; ella no quiere repetir un original dado,  sino que trata de apropiarse, a través de la locura, del original mismo,  fusionándose con la mujer polaca aún a riesgo de ser asesinada, como ella. De  cierta forma, al principio del filme, ella quiere atraer a su asesino, como una  forma de identificación máxima con el original. Esta huída de lo repetitivo y la  busca incesante del original podría parecer extraña dado que la producción  polaca fue interrumpida, de manera que no existe, de hecho, un filme anterior  completo. Pero Nikki (y, a su manera, Devon) consideran que, precisamente, con  el asesinato de los protagonistas, el filme terminó, tuvo un fin; el filme acabó  con la muerte de sus protagonistas. Kingsley mismo insiste en que lo que ocurrió  tenía que ver con algo “dentro de la historia”. Cuando ambos (Nikki y Devon)  escuchan a Kingsley diciendo esto, no pueden evitar pensar que también ellos  serán asesinados, puesto que están haciendo una remake. Cuando Devon exclama:  “Yo no hago remakes!”, quiere decir: “No quiero ser asesinado!”, mientras que lo  que Nikki quiere es ser asesinada, pero por primera vez, sin repetición.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En la tercera parte del filme,  ella se da cuenta de que existe otra forma de reivindicar esa originalidad:  perseguir a su propio asesino, matar a su marido mítico (Kryzstoff) y  reconciliarse con el marido real, consiguiendo así la plena identificación con  Karolina. Todas esas acciones pueden verse como reacciones al anuncio  intolerable de Kingsley: nada de lo que van a hacer es original. Pero como el  original perdido está maldito (por lo que ocurrió con sus protagonistas  asesinados), cualquier recuperación radical de ese original implicará un  hundimiento profundo en su propio carácter maldito: no resignarse a simplemente  repetirlo será aceptar serlo en toda su malignidad (el “mal” del que habla la  vecina pitonisa, al principio del filme).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En este registro interactivo,  Nikki utiliza a su marido real Piotrek, aprovechándose de su nacionalidad  polaca, como medio fantástico para tratar de recuperar la experiencia original;  el original perdido es polaco: recuperar el original es recuperar al filme y a  Piotrek. Ella quiere vivir de manera original la pasión asesina del marido, no  quiere tan sólo repetir (ella tampoco hace remakes, pero para ella esto no es  una reacción de vanidad profesional, como para Devon, sino una cuestión  existencial de vida o muerte). Nikki trata de arreglar las relaciones  conturbadas con el marido, signadas por los celos, la violencia y la sospecha  (del embarazo, etc) mediante un viaje de recuperación del filme perdido. Por eso  que, en este registro, el filme no es sobre la identidad perdida de Nikki (como  el Vértigo (1958) de Hitchcock, por ejemplo, sería sobre la identidad perdida de  Madeleine), sino sobre originalidad perdida: la personalidad de Nikki se escinde  porque lo que busca está escindido. Las duplicaciones de personalidad de Nikki  son tan sólo metodológicas, no son la sustancia misma del asunto.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">La efectividad del filme, su  insoportable carácter impositivo, proviene no de vericuetos del plot narrativo,  que es fácil de desanudar, sino del portentoso “Páthos” de las imágenes.  Recuerde, por ejemplo, la escena en que Sue, corriendo lentamente hacia la  cámara, muestra un rostro espantoso delante del cual la propia Nikki, alucinando  eso, retrocede espantada. En muchos momentos del filme, parece buscarse algo  impreciso en escenarios tenebrosos y yermos, y el terror proviene no de lo que  se narra, sino del propio movimiento temeroso de la cámara. La efectividad es  construida “páticamente”, aquello está siendo vivido, no remite a nada, es  perfectamente gratuito. Consuma la opacidad afectiva, y convence al espectador  avisado de que no se trata de “interpretar” nada sino de absorber la experiencia  afectiva en un sentido cognitivo, y no tan sólo estético o de usufructo<sup>10</sup>.  La cuestión filosófica del miedo a la repetición (o miedo a la muerte), tema  central de esta lectura interactiva del filme de Lynch, tiene que hallar su  afecto peculiar. Es lo que antes llamé la opacidad afectiva del filme. Ninguna  efectividad se instala únicamente mediante el componente lógico; el  entendimiento tiene que ser afectado.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">No quiero continuar  desarrollando aquí esta línea interactiva (según la cual todo el terror de  Inland Empire no residiría en su contenido de asesinato y violencia, sino en el  hecho asustador de que somos puestos en situación de repetición impotente de un  original perdido), sino que espero haber mostrado como visualizo lo que podría  ser, en el siglo XXI, el análisis filosófico de un filme.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">David Lynch me parece un  heredero inconsciente del disolverse de la interpretación, al construir sus  filmes como genuinos “imposibles hermenéuticos”, forzando con eso a modificar  las usuales metodologías de acceso al contenido filosófico del cine. Con lo cual  ha obligado a modificar no tan sólo el “estatuto de la interpretación” sino el  propio estatuto epistemológico de la imagen.</font></p>     <p ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">2 En el presente texto, voy a  utilizar algunos neologismos relacionados con la palabra inglesa performance:  “performático” y sus derivados (como “performáticamente” y otros), que prefiero  no traducir debido a la riqueza del término original, que me parece  suficientemente conocida. Para recordar que se trata de un neologismo, mantendré  esos términos siempre entre comillas.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">3 Lo que no quiere decir que  los personajes del filme no sueñen, como veremos en la sección III de este  artículo. Afirmar que, por el hecho de que su protagonista sueñe, el filme mismo  se torna onírico sería tan absurdo como decir que El padrino, de Francis Ford  Coppola es un filme criminal.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">4 “Yo era pintor en esa época.  Pintaba e iba a la escuela de artes. No tenía el menor interés por filmes. De  vez en cuando veía un filme, pero lo que realmente me interesaba era la pintura”  (Catching the Big Fish, “El jardín a la noche”).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">5 Inventé este término en mi  libro de 99, para designar lo que se vincula con un “páthos”, tal como usado en  las filosofías de la existencia. También mantendré ese término y sus derivados  entre comillas.</font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="LEFT">6 Cfr. Mi Crítica de la moral afirmativa (Una reflexión sobre  nacimiento, muerte y valor de la vida), Parte I. “En camino hacia una moralidad  del no-ser”.</p>     <p ALIGN="justify">7 “Cierta vez fui al psicoanalista. (…) Cuando entré al  consultorio, le pregunté: <i>‘Usted cree que, de alguna manera, este proceso  puede perjudicar mi creatividad?’. Él respondió: ‘Bueno, David, tengo que ser  honesto contigo: sí, puede perjudicar’. </i>Apreté su mano y salí” (Lynch, 2008,  p. 65).</p>     <p ALIGN="justify">8 Wittgenstein, 1989, Prefacio.</p>     <p align="justify">9 Sartre Jean-Paul. 2000, Introducción, I.</p>     <p ALIGN="justify">10 Sobre funciones cognitivas, interactivas y usufructivas  del lenguaje, se puede consultar mi libro <i>Margens das filosofias da linguagem,  Introducción</i>.</p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">Bibliografía</p> </b>     <!-- ref --><p align="justify">1. Cabrera, J. (1996). <i>Crítica de la moral afirmativa (Una  reflexión sobre nacimiento, muerte y valor de la vida)</i>. Barcelona, Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874545&pid=S1690-7515200900020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Cabrera, J. (1999). <i>Cine: 100 años de filosofía. Una  introducción a la filosofía a través del análisis de películas. </i>Barcelona,  Gedisa. (Existen re-ediciones).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874546&pid=S1690-7515200900020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Cabrera, J. (2003). <i>Margens das filosofias da  linguagem.Conflitos e aproximações entre analíticas, hermenêuticas,  fenomenologias e metacríticas da linguagem. </i>Brasília, Editora da UnB.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874547&pid=S1690-7515200900020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Cabrera, J. (2007). <i>De Hitchcock a Greenaway pela  história da filosofia. Novos ensaios sobre cinema e filosofia. </i>São Paulo,  Editora Nankin.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874548&pid=S1690-7515200900020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Heidegger, M. (2006). <i>Aportes a la filosofia. Acerca  del evento</i>. Buenos Aires, Editorial Biblos (2ª edición).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874549&pid=S1690-7515200900020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Lynch, D. (2008). <i>Em águas profundas</i>. Rio de  Janeiro, Gryphus. (<i>Catching the big fish</i>. Bobkind Inc, 2006).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874550&pid=S1690-7515200900020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">7. Sartre, J. (2000). </font><i> <font size="2" face="Verdana">L’être et le neánt. Essai d’ontologie  phénomenologique</font></i><font size="2" face="Verdana">. Paris: Gallimard.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874551&pid=S1690-7515200900020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">8. Wittgenstein, L. (1989). <i>Tractatus Lógico-Philosophicus</i>.  Madrid, Alianza editorial. 1ª reimpresión.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2874552&pid=S1690-7515200900020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ALIGN="justify">Indicaciones filmográficas</p> </b>     <p ALIGN="justify">1. Antonioni, M. (Director). (1967). <i>Blow-up</i>. (Cinta  cinematográfica). Estados Unidos de América: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).</p>     <p ALIGN="justify">2. Capra F. (1946). (Director y Productor) <i>It’s a  wonderful life. </i>(Cinta cinematográfica). Estados Unidos de América: RKO a  Liberty Films Inc.</p>     <p ALIGN="justify">3. Eastwood, C. (Director y Productor) (1992). <i>Unforgiven</i>.  (Cinta cinematográfica). Estados Unidos de América: Warner Bros.</p>     <p ALIGN="justify">4. Hitchcock, A. (Director). (1984). <i>Vertigo</i>. (Cinta  cinematográfica). Estados Unidos de América: Paramount Pictures y Universal  Pictures.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">5. Hitchcock, A. (Director y Productor). (1954). <i>La  ventana indiscreta. </i>(Cinta cinematográfica). Estados Unidos de América:  Paramount Pictures.</p>     <p ALIGN="justify">6. Lynch, D. (Productor y Director). (1977). <i>Eraserhead </i>[Cinta cinematográfica]. Estados Unidos de América: American film Institute  for Advanced Studies.</p>     <p ALIGN="justify">7. Lynch, D. (Director). (1999). <i>The Straight Story</i>.  [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos de América: Walt Disney Pictures.</p>     <p ALIGN="justify">8. Lynch, D. (Director). (2001). <i>Mulholland drive</i>.  [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos de América: Universal Pictures.</p>     <p ALIGN="justify">9. Lynch, D. (Director y Productor). (2006). <i>Inland Empire</i>.  [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos de América: Studio Canal 518 Media y  Absurda (US theatrical Optimum Releasing (UK theatrical).</p>     <p ALIGN="justify">10. Wenders, W. (Director). (1984). <i>Paris, Texas. </i> [Cinta cinematográfica]. Francia y Alemania: Road Movies Filmproduktion/Berlin  Argos Films/Paris.</p> </font>       ]]></body>
<back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cabrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Crítica de la moral afirmativa (Una reflexión sobre nacimiento, muerte y valor de la vida)]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gedisa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cabrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Cine: 100 años de filosofía.: Una introducción a la filosofía a través del análisis de películas]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gedisa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cabrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Margens das filosofias da linguagem.Conflitos e aproximações entre analíticas, hermenêuticas, fenomenologias e metacríticas da linguagem]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Brasília ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editora da UnB]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cabrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De Hitchcock a Greenaway pela história da filosofia.: Novos ensaios sobre cinema e filosofia]]></source>
<year>2007</year>
<publisher-loc><![CDATA[São Paulo ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editora Nankin]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Heidegger]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aportes a la filosofia.: Acerca del evento]]></source>
<year>2006</year>
<edition>2ª</edition>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Biblos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lynch]]></surname>
<given-names><![CDATA[D.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Em águas profundas]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Rio de Janeiro ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gryphus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sartre]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L’être et le neánt.: Essai d’ontologie phénomenologique]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-name><![CDATA[Gallimard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wittgenstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[L.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Tractatus Lógico-Philosophicus]]></source>
<year>1989</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza editorial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
