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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Iuri Mijailovich Lotman (1922-1993) was an investigator of Tartu University (Estonia) with a recognized international trajectory, whose contributions in the field of the Semiotics of Culture extended the borders of the then so called Soviet Union, in spite of the difficulties and censorships imposed by the communist government to the diffusion of their work. According to Caceres Sanchez (in Lotman, 1996), this work included a whole diversity of problems beyond the Semiotics theory, to enter itself in mythology, cinema, history of culture, aesthetic one, theater, Literature, among others. The present theoretical reflection tries to add a value more to the Lotman contributions, when examining his text La semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio (1998) and showing them as the bases to construct a knowledge theory.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">La semiótica de Lotman como teoría del  conocimiento</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana">Alexander Mosquera<sup>1</sup></font></b></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">1 Licenciado en Comunicación Social. Magíster en Informática Educativa y  cursante del Doctorado en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia  (Maracaibo, Venezuela). Miembro del Programa de Promoción al Investigador en  Venezuela PPI (Nivel I). Profesor de Lenguaje investigador del Laboratorio de  Investigaciones Semióticas y Antropológicas (LISA) de la Facultad de Ciencias.  Universidad del Zulia. Correo electrónico: <a href="mailto:aledjosmos@gmail.com">aledjosmos@gmail.com</a> </p> </font>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">“Todos vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno  tiene el mismo horizonte”. Konrad Adenauer, primer canciller de la República  Federal de Alemania (1949-1963)</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Resumen</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Iuri Mijáilovich Lotman (1922-1993) fue un  investigador de la Universidad de Tartu (Estonia) de reconocida&nbsp;  trayectoria internacional, cuyos aportes en el ámbito de la Semiótica de la  Cultura trascendieron las fronteras de la entonces Unión Soviética, aún a pesar  de las dificultades y censuras impuestas por el gobierno comunista a la difusión  de su obra. Según Cáceres (en Lotman, 1996), dicha obra abarcó toda una  diversidad de problemas más allá de la teoría semiótica, para adentrarse en la  mitología, el cine, la historia de la cultura, la estética, el teatro, la  literatura, entre otros. La presente reflexión teórica, a partir del análisis de  La semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del  espacio (1998), pretende agregar valor a los aportes de Lotman, al escudriñar  sus planteamientos y asomarlos como base para construir una teoría del  conocimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Semiótica de la cultura,  teoría del conocimiento, Universidad de Tartu, Semiótica del texto.</font></p> <b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center">Lotman Semiotics Like a Knowledge Theory</p>     <p ALIGN="justify">Abstract</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Iuri Mijailovich Lotman (1922-1993) was an investigator of Tartu  University (Estonia) with a recognized international trajectory, whose  contributions in the field of the Semiotics of Culture extended the borders of  the then so called Soviet Union, in spite of the difficulties and censorships  imposed by the communist government to the diffusion of their work. According to  Caceres Sanchez (in Lotman, 1996), this work included a whole diversity of  problems beyond the Semiotics theory, to enter itself in mythology, cinema,  history of culture, aesthetic one, theater, Literature, among others. The  present theoretical reflection tries to add a value more to the Lotman  contributions, when examining his text <i>La semiosfera II. Semiótica de la  cultura, del texto, de la conducta y del espacio </i>(1998) and showing them as  the bases to construct a knowledge theory.</p> <b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Key words: </b>Semiotics of Culture, Knowledge Theory, Tartu University,  Semiotics of Text</p>     <p align="justify">Recibido: 13-12-08 Aceptado: 10-05-09</p> <font SIZE="2"><b>     <p ALIGN="justify">Introducción</p> </b>     <p ALIGN="justify">La presente reflexión teórica es la primera parte de una  revisión documental que se hizo del libro </font><i><font SIZE="2">La semiosfera  II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio</font></i><font SIZE="2">,  del investigador ruso Iuri Mijáilovich Lotman (1998), considerado por Cáceres  (en Lotman, 1996) la figura más resaltante de la semiótica mundial de la segunda  mitad del siglo XX.</p>     <p ALIGN="justify">Dicha revisión permitió descubrir a un Lotman que va sentando  las bases para construir una teoría del conocimiento, sustentada en sus  planteamientos sobre la producción y organización de la cultura humana,  entendida ésta como un texto o, más bien, como un macro-texto integrado por una  diversidad de textos.</p>     <p ALIGN="justify">Tal apreciación surgió al abordarse temas como la relación  cerebro-texto-cultura-inteligencia artificial, algunos señalamientos sobre el  fenómeno de la cultura y acerca de los dos modelos de la comunicación que  predominan en el sistema de la cultura, así como del modelo dinámico del sistema  semiótico.</p>     <p ALIGN="justify">El mismo planteamiento se mantiene en puntos como el de ciertas  ideas en torno a la tipología de las culturas, el metalenguaje de las  descripciones tipológicas de la cultura, el problema de la enseñanza de la  cultura como caracterización tipológica de ésta y en el de la semántica del  número y el tipo de cultura.</p> <b>     <p ALIGN="justify">En torno al dispositivo pensante</p> </b>     <p ALIGN="justify">Lotman (1998) inicia el tema sobre la relación  cerebro-texto-cultura-inteligencia artificial asomando las posibilidades del  loco y del fantaseador para crear, porque la imaginación de éstos no tiene  ningún tipo de ataduras: es libre. De hecho, tal libertad le da al hombre la  capacidad de crear hasta máquinas que simulen el pensamiento humano.Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es dicha simulación un verdadero  y autónomo dispositivo pensante?</p>     <p ALIGN="justify">Sobre la modelización de esa inteligencia artificial, aclara que  la misma indefinición de lo que es “inteligencia” dificulta lo relacionado con  ese punto, pues en principio se suponía que el mecanismo de la conciencia  individual era el único objeto inteligente que posee el hombre. De allí surgió  la discusión respecto a qué pertenece a la conciencia como tal y qué a la  conciencia colectiva.Es decir, ¿ese dispositivo pensante se podrá obtener mediante la  mera acumulación y combinación de conocimiento aislado o individual, o si de  ello sólo se obtendrá un apéndice perfeccionado de la inteligencia humana?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Responder esto amerita considerar los tipos de comunicación y de  textos presentes en la cultura humana. Al respecto, Lotman plantea dos posibles  situaciones: cuando el objetivo es transmitir una información constante  (reproducción) y cuando se busca producir una nueva información (creación).</p>     <p ALIGN="justify">De ahí se deducen dos modelos de comunicación que se identifican  con cada situación. En el primer caso se tiene a un destinador valiéndose del  sistema lingüístico para obtener un sentido codificado, el cual aparece en un  texto pasivo que llega a un destinatario. Éste lo decodifica mediante el mismo  sistema lingüístico y recibe el sentido inicial del texto (la entrada es igual a  la salida). En este sentido, el lenguaje genera y determina el texto. Es lo que Lotman llama un modelo de comunicación “YO-ÉL”.En la segunda situación, se parte de un primer texto (T1) que  precede al lenguaje y estimula la aparición del mismo. Así, el emisor lleva a  cabo lo que Lotman llama un bloque de traducción no trivial (BTN) para generar  una representación de ese texto (T1’) que hace llegar al receptor, quien a su  vez lo decodifica (lee ese BTN) y crea un segundo texto (T2). A la par, este  último servirá como generador de nuevos mensajes y lenguajes (poliglotismo), de  nuevo sentido, pues a través de él circulan mensajes externos y establece una  relación entre lo sistémico y lo extrasistémico. Es lo que el investigador ruso  llama un modelo de comunicación “YO-YO”.</p>     <p ALIGN="justify">Precisamente, ese nuevo texto (T2) es concebido como un  dispositivo inteligente (pensante), siempre y cuando interactúe con un lector.  Dicho texto presenta como características:</p> </font> <font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> <ul> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">Posee memoria (significados  	precedentes). </font></li> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font LANG="ZH-TW" SIZE="2">&nbsp;</font><font SIZE="2">Es  	capaz de crear nuevos mensajes al incorporarse </font> 	<font SIZE="2" FACE="Verdana">a la cadena comunicacional.</font></li> 	<font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">Tiene la propiedad de crecer por  	sí mismo.</li> 	</font><font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> 	    <li> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">El mecanismo de arranque de ese  	dispositivo <font SIZE="2" FACE="Verdana">pensante es el texto proveniente  	del exterior, que pone en movimiento la conciencia individual.</font></li> 	</font><font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">La inclusión de un texto externo  	en un sistema implica que ese texto debe existir y que el sistema es capaz  	de reconocer qué clase de texto es (se crea una situación semiótica que  	envuelve una explosiva transición del estado de naturaleza al estado  	cultura).</li> 	</font> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2">Al modelo “estado estático-puesta en  	marchaacción” se contrapone el modelo del intercambio circular, mutuamente  	estimulante (texto y contexto se estimulan).</font></li> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2">Implica que el texto externo tiene en su  	memoria una experiencia semiótica, por lo cual estimula, conecta la  	conciencia. Esto significa que hay intercambio (una actividad bilateral del  	pensamiento). </li> 	</font><font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">Un texto precede al texto  	(isomorfismo con el principio de la biogénesis: un organismo procede de un  	organismo, no surge por generación espontánea).</li>     </ul> <b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Conciencia individual-textointeligencia colectiva</p> </b>     <p ALIGN="justify">Para Lotman (1998), existen tres clases de objetos  inteligentes representados por <i>la conciencia natural del hombre </i> (individualidad), <i>el texto </i>(en la segunda de las situaciones mencionadas  en el otro punto; es decir, el que posee en su memoria una experiencia semiótica  y que genera nuevos textos) <i>y la cultura </i>(inteligencia colectiva). En todo caso, esa clasificación lotmaniana podría reducirse a  sólo dos objetos inteligentes, por su mismo planteamiento acerca de que la  cultura es un texto; por tanto, quedarían la conciencia individual y la  conciencia colectiva (la cultura).</p>     <p ALIGN="justify">De todas maneras, vale resaltar que esos objetos poseen en  común una heterogeneidad semiótica que modeliza la realidad exterior: los  hemisferios izquierdo y derecho del cerebro humano, los subtextos heterolingües  del texto, más el poliglotismo esencial de la cultura.</p>     <p ALIGN="justify">Lo anterior indica que el dispositivo inteligente consta de  dos o más estructuras integradas que modelizan esa realidad exterior (de formas  distintas). Esto habla del surgimiento de pares contrastantes, cuya integración  (o traducibilidad) requiere una tensión que lleve a la transformación de las  irritaciones externas. Es decir, se da origen a una asimetría en los sistemas de  formación de sentido, donde la invariante es una estructura bipolar: en un polo  está el generador de textos no discretos (continuos) y en el otro, el generador  de textos discretos (finitos).</p>     <p ALIGN="justify">En el primer caso, se aumenta el texto mediante la agregación  lineal de segmentos (acumulación) y en el segundo, a través de la ampliación  analógica (construcción circular relacionada con la semejanza). Precisamente, en  la intercepción de ambas concepciones nace la conciencia creadora (la que da  origen a nuevos textos).</p> <b>     <p ALIGN="justify">La doble contradicción del dispositivo pensante</p> </b>     <p ALIGN="justify">Lotman habla también de la doble contradicción estructural  que posee en su base el dispositivo pensante: el dispositivo generador de nueva  información debe ser único y doble al mismo tiempo. En otras palabras, cada una  de sus dos subestructuras binarias ha de ser a la vez un todo y una parte de un  todo (estructuras/subestructuras, macro-estructuras/micro-estructuras,  esferas/micro-esferas).</p>     <p ALIGN="justify">Dicho mecanismo crece al ser insertado en la unidad de los  niveles superiores como una de sus partes, o convirtiendo sus partes en  estructuras inmanentes que funcionan con independencia&nbsp;  </font>en su propio nivel y que, a su vez, se descomponen en  subestructuras organizadas inmanentemente y que funcionan con independencia.  Así, se transforman en reservas inagotables para una nueva formación de sentido.</p>     <p ALIGN="justify">Por otro lado, en cualquier nivel de la formación del sentido  están presentes, como mínimo, dos diferentes sistemas de codificación  (poliglotismo) intraducibles entre sí. De allí surge la impredecibilidad de la  transformación del texto trasladado de un sistema a otro, pues en el proceso de  recodificación de ese texto se forma un repertorio de traducciones correctas o  posibles y esto lo convierte en un dispositivo libre (de generar nuevos textos y  de elegir entre dos o más alternativas; el hecho de escoger lo vuelve racional).  Algo muy distinto a lo que ocurre con un dispositivo automático, que es incapaz  de desviarse del algoritmo de conducta que le fue asignado.</p>     <p ALIGN="justify">Ése es un aspecto clave que señala Lotman con respecto al  proceso de la conciencia: la desautomatización (no obedece a algoritmos), lo que  le imprime un carácter de imprevisibilidad. Tal impredecibilidad del texto final  va a depender del alejamiento entre los códigos de las dos subestructuras  alternativas, lo cual involucra un acto desautomatizado de traducción que  desemboca en la especialización de códigos, la ampliación y el alejamiento mutuo  de los lenguajes (de las artes y de otras subestructuras semióticas de la  cultura), así como en la creación (de nuevos textos).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Ya se ha dicho que el dispositivo pensante es bipolar, de manera  que en un polo se forman los códigos del lenguaje natural y en el otro, los de  los sistemas codificadores no discretos (continuos). Sobre estos últimos sistemas semióticos, Lotman señala que no  hay una descripción satisfactoria, pues aún es muy oscura la actividad del  hemisferio derecho del cerebro. Todo porque se ha pretendido llevar a cabo tal  tarea mediante un metalenguaje discreto (finito), que produce una transformación  radical del propio objeto y le da un carácter cuasi-irracional.</p>     <p ALIGN="justify">Lo anterior por la creencia de que los textos discreto-verbales  (hemisferio izquierdo del cerebro) son racionales e inteligibles, mientras que  los textos no discretos (hemisferio derecho) son irracionales y requieren una  corrección (cuando en verdad cada uno posee su propia gramática y lógica).En realidad, la irracionalidad surge al traducir los textos de  un tipo al lenguaje de otro, a pesar de que desde un principio son intraducibles  (son inmanentemente racionales para sí e irracionales para el otro). Éste es el  resultado de mirar esos textos desde la otra orilla (desde la otra frontera).</p>     <p ALIGN="justify">No obstante, Lotman está consciente de que los metalenguajes  pertenecen a la ciencia y de que éstos surgen como condición indispensable del  funcionamiento semiótico de un sistema (lo ayudan a cobrar conciencia de sí y a  percibirse como totalidad), que permite la organización del mundo semiótico  heterogéneo al traducirlo a su propio lenguaje y al excluirlo de sus límites  (principios de inclusión/exclusión). Un ejemplo de ello podrían ser los diablos  danzantes de Yare (Venezuela), una manifestación cultural pagana que la cultura  occidental tradujo a su propio lenguaje y la excluyó de sus fronteras originales  por intermedio de la religión, creando un nuevo texto donde triunfa el bien  sobre el mal (no sin antes confrontar la cultura racional y la anticultura  irracional).</p>     <p ALIGN="justify">Todo ello forma parte de ese proceso en el cual es imposible una  conciencia sin “partenaire” (sin un socio, sin el <i>otro</i>), quien puede  ocupar un nivel jerárquico distinto al del sujeto de la conciencia y que no es  más que un constructo semiótico-cultural (<i>partenaire</i>-yo/yo-<i>partenaire</i>)  que da cuenta de una relación asimétrica (aunque tiende a la homogeneidad). Si  ese <i>partenaire </i>ocupa un nivel jerárquico igual al del sujeto de la  conciencia, entonces la relación será simétrica.Lo cierto es que hay siempre la necesidad de un “<i>otro</i>”  como validación de un “<i>yo</i>”, de modo que surge la diversidad interna en el  sistema. Esta última es indispensable para que el dispositivo sea pensante.</p> <b>     <p ALIGN="justify">Tres funciones de un objeto pensante</p> </b>     <p ALIGN="justify">Lotman (1998) plantea que la creación de un raciocinio  artificial debe ir más allá del antropocentrismo, de concebir ese raciocinio  como copia exacta del humano. De allí surge la necesidad de centrarse en una  modelización comparativa de las diversas formas de la actividad intelectual y  semejantes a la misma (la zoosemiótica, la culturología semiótica y la teoría  del texto artístico deben jugar un rol protagónico en ello), en el entendido de  que los conceptos de “inteligencia” y de “conducta inteligente” traspasan las  fronteras de lo humano y de lo lógico (de lo racional).</p>     <p ALIGN="justify">Desde esa perspectiva,  propone que un objeto pensante puede cumplir tres funciones:</p> </font> <ul> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" face="Verdana">Conserva y transmite  	información (tiene mecanismos de comunicación y memoria, y un lenguaje para  	formar mensajes correctos). Los cambios en el texto obedecen a la expresión,  	mientras que la codificación y la decodificación son simétricas. de  	comunicación y memoria, y un lenguaje para formar mensajes correctos). Los  	cambios en el texto obedecen a la expresión, mientras que la codificación y  	la decodificación son simétricas.</li> 	</font> 	    <li> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font SIZE="2" face="Verdana">Realiza operaciones  	algoritmizadas de transformación correcta de los mensajes (transformaciones  	regulares que no son nuevos mensajes; es el mismo texto). Obedece a reglas.  	Las transformaciones son reversibles (se puede llegar al texto inicial).</font></li> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" face="Verdana">Forma nuevos mensajes (son  	textos no regulares, no obedecen a reglas, son imprevisibles o  	impredecibles, pero útiles y necesarios). Originan reglas y nuevos sentidos  	(nuevo texto). Son irreversibles.</li>     </ul>     <p ALIGN="justify">Las dos primeras funciones se concretan en un modelo de  transformación unívoca, simétrica y automática, donde un objeto exterior (texto  de la realidad) es atrapado por un dispositivo que fotografía automáticamente y  da origen a un texto idéntico al texto inicial (es una fotografía, una copia del  mismo).</p>     <p ALIGN="justify">La tercera función se cumple mediante un modelo de  transformación dialógica, asimétrica e imprevisible, donde se emplea un primer  lenguaje (L1) para un texto de partida que se somete a una traducción,  utilizando para ello los medios de un segundo lenguaje (L2). Éste conducirá a  una traducción no exacta del texto de partida, dando así origen a un texto nuevo  convencionalmente conforme (con respecto al primero) a un contexto cultural y  que no se puede revertir (mediante una traducción inversa) para llegar al texto  inicial.</p>     <p ALIGN="justify">En esto último se aprecia que un dispositivo pensante no puede  ser uniestructural ni monolingüe, sino que incluye formaciones semióticas  heterolingües y mutuamente intraducibles. Además, producto de ello aparecen la  incorrección regular y adecuada (la no identidad) como esencia del mensaje  nuevo, gracias al antagonismo y a la tensión que se producen entre los dos  lenguajes de ese dispositivo.</p>     <p ALIGN="justify">De todas maneras, no se puede dejar de mencionar que en las  culturas humanas coexisten los lenguajes discretos verbales con los icónicos (un  rasgo universal del dualismo de las mismas). A lo largo de la historia, uno puede dominar sobre el otro, pero  sin que desaparezca la organización bipolar de la cultura, pues ésta es la  estructura mínima de la organización semiótica. Es decir, puede asumir formas  más complejas y secundarias (caso de la Internet, donde lo icónico, lo visual y  hasta lo auditivo, dominan sobre lo verbal. Sin embargo, este último no ha  desaparecido, sino que se ha complejizado como vínculos, hipervínculos,  animaciones e hipertextos que coexisten con esa tecnología básicamente visual /  icónica).</p> <b>     <p ALIGN="justify">Integración de las estructuras semióticas</p> </b>     <p ALIGN="justify">Una característica básica que Lotman señala a una organización  bipolar es su conjunto de pares de opuestos. Por eso, propone que la estructura  pensante debe formar una persona cultural, integrar esas estructuras semióticas  opuestas en un todo único. Lo contrario significaría la desintegración de esa  persona (semiótica y hasta físicamente deja de existir).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Esa integración se da mediante mecanismos que suelen ser de dos  géneros: un metalenguaje o una creolización de los lenguajes.</p> </font><font FACE="Verdana" LANG="ZH-TW" SIZE="2"> <ul> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2" face="Verdana">Metalenguaje:  	constituye un elemento imprescindible del “todo inteligente”, porque  	describe como uno solo dos diferentes lenguajes (el sistema es percibido  	como una unidad). Envuelve la predicción (futuro y deseo se vuelven realidad  	y norma). Implica la conciencia de pertenencia&nbsp; a un contexto cultural  	más amplio como un todo.</li> 	</font> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" face="Verdana">Creolización: puede producirse  	una avanzada creolización de los lenguajes que interactúan. Así, un lenguaje  	ejerce una profunda influencia sobre el otro o puede presentarse una mezcla  	de lenguajes que es imperceptible para el sujeto hablante. Este último  	percibe su propio lenguaje mediante unas metadescripciones basadas en alguno  	de los lenguajes-componentes de esa mezcla (ignorando al otro o a los otros  	lenguajes).</li>     </ul>     <p ALIGN="justify">Lotman (1998) habla también de que en el seno de la cultura hay  dos procesos de orientaciones opuestas. En uno, el mecanismo de la dualidad  conduce a una constante división en dos de cada lenguaje culturalmente activo  (cada uno es un todo inmanentemente encerrado en sí mismo).Paralelamente, hay un  proceso de orientación opuesta: las parejas de lenguajes se integran en  formaciones semióticas que constituyen totalidades (son todo y parte de un  todo).</p>     <p ALIGN="justify">Por otro lado, Lotman plantea que la naturaleza de la cultura  sólo es comprensible teniendo presente la diferencia psicofísica entre las  diferentes personas. Sin embargo, los modelos socioculturales normalmente  tienden a basarse es en las regularidades, en las invariantes del hombre, y  dejan de lado esas diferencias por considerarlas extrasistémicas e inesenciales,  cuando en verdad pertenecen al fundamento mismo de la existencia del hombre como  objeto semiótico-cultural (por tanto, son la base de sus acciones comunicativas  y culturales).</p> <b>     <p ALIGN="justify">Dispositivo algorítmico/dispositivo pensante (conciencia)</p> </b>     <p ALIGN="justify">Las siguientes son las características de un organismo que sólo  es capaz de emitir dos respuestas ante los estímulos externos: omnisciencia,  ausencia de dudas y vacilaciones, y comprensión plena entre el remitente y el  receptor de la señal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">La omnisciencia se refiere a que el organismo desecha cualquier  otro parámetro que esté fuera de los dos que utiliza el dispositivo en su  reacción, por considerarlo no esencial (caso de las computadoras). El otro punto  significa que no hay dudas respecto a la elección del comportamiento del  dispositivo, pues esa elección se basa en la determinación unívoca de un estado  para originar una acción unívoca (un algoritmo).</p>     <p ALIGN="justify">Por su parte, la comprensión plena entre remitente/receptor  implica que hay un idéntico sistema codificador-decodificador entre ambos, de  manera que el texto transmitido será igual al recibido (salvo que ocurran los “extrasistémicos”  ruidos).Algo muy diferente a las características de un dispositivo  pensante (conciencia), donde se observa que aumenta la cantidad de parámetros  para reaccionar (ya no son las dos únicas respuestas anteriores) ante los  estímulos externos. Ello ocurre porque el dispositivo está abierto a la&nbsp;  posibilidad de distinguir y nombrar nuevos o futuros estados del medio externo  (con la ayuda de su código interno).</p>     <p ALIGN="justify">Ese último aspecto le da al dispositivo rasgos de conciencia:  flexibilidad, capacidad de autodesarrollo, efectividad, posibilidad de crear  modelos o representaciones más eficaces del mundo exterior.Ante este comportamiento, por supuesto, se pierde la  omnisciencia y la ausencia de vacilaciones, lo cual hace surgir la necesidad de  un mecanismo de evaluación y elección (no es una reacción automática), que  desemboca en un acto como manifestación de un comportamiento propio.</p>     <p ALIGN="justify">Allí se involucra, igualmente, la vacilación, el  desconocimiento, la incertidumbre, como resultado de una existencia consciente  que busca aminorar esas dificultades mediante seres protectores omniscientes al  estilo de la religión o la cultura, en tanto que raciocinio colectivo o  inteligencia supraindividual que hace las veces de complemento.</p>     <p ALIGN="justify">Tomando en cuenta lo antes expuesto, se puede decir que el  mecanismo de la cultura se describe según sigue: la insuficiencia de información  hace que la individualidad pensante tenga que apelar a otra unidad semejante  (completitud), que le permita cumplir con eficiencia la evaluación, la elección  y la toma de decisiones.</p>     <p ALIGN="justify">No está de más resaltar que lo normal en el hombre es esa  insuficiencia de información, toda vez que el conocimiento nunca llega a ser  absoluto. De esta manera, esa insuficiencia se convierte en el punto de partida  para la creación del conocimiento (nuevos textos), pues siempre estará presente  esa necesidad de completar la información de que se dispone en un momento dado.  Un poco lo que Merrell (1998) reseña sobre el carácter infinito de un signo, que  no tiene ni principio ni final (por lo menos no se conocen).</p> <b>     <p ALIGN="justify">El predominio del lenguaje escrito</p> </b>     <p ALIGN="justify">Lotman (1998) afirma que los procesos históricos y culturales  tienden a fragmentarse en períodos aislados de la historia y cultura humanas en  general (escritas y no escritas), en los cuales se nota un excesivo predominio  del lenguaje escrito.</p>     <p ALIGN="justify">De hecho, se tiene la idea de que el desarrollo global de la  escritura fue posible con la invención del papel, por lo que la historia de la  cultura “pre-papel” es considerada erróneamente como una falsificación. Ello en  vista de que se impone el criterio de que lo único posible es lo acostumbrado,  mientras que se deja de lado lo inexplorado.Incluso se ha establecido un falso nexo existencia  humana-existencia de la escritura como ley universal de la cultura, a pesar de  que ya son conocidas las civilizaciones que existieron y desaparecieron sin  dejar huellas de algún tipo de escritura.</p>     <p ALIGN="justify">Ahora bien, si “la escritura es una forma de memoria” (Lotman,  1998:82) y si el texto -a su vez- es memoria, entonces puede decirse que todo  texto es una escritura mediante un sistema de signos complejos que hablan de la  cultura. Además, toda civilización determina lo que se ha de recordar y lo  registra a través de los mecanismos de la memoria colectiva (la cultura), para  conservar los excesos y los acontecimientos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Pero al lado de esa conservación está otro tipo de memoria, que  tiende hacia la conservación de la información sobre el orden, las leyes (no  sobre violaciones y excesos). También está la costumbre que fija ese orden y el  ritual que permite conservar todo eso en la memoria colectiva.</p>     <p ALIGN="justify">Esa memoria colectiva (la cultura) puede ser de dos tipos: una  orientada a la multiplicación del número de textos y la otra, a la reiterada  reproducción de textos dados de una vez para siempre. Esta última requiere otra  forma de organización de la memoria cultural distinta de la escritura (cultura  ágrafa), la cual es sustituida por los símbolos mnemotécnicos y los creados por  el hombre (además de los rituales que ellos envuelven y los lugares sagrados). A  ello se debe agregar que la cultura escrita está orientada al pasado, mientras  que la oral lo está al futuro (predicciones, adivinaciones y profecías).</p>     <p ALIGN="justify">Por eso se puede afirmar que la cultura oral es prospectiva y la  cultura escrita es retrospectiva. </p>     <p ALIGN="justify">Según Lotman, “el mundo de la memoria oral  está saturado de símbolos” (1998:87), por lo cual la aparición de la escritura  lo que hizo fue simplificar la estructura semiótica de la cultura y la puso a  depender de lo escrito. Y todo eso a pesar de la riqueza que en la cultura oral  implica el desarrollo de los signos mágicos utilizados en los rituales, que  poseen un amplio carácter polisémico derivado de esos rituales y textos orales  de los que son signos mnemotécnicos.</p>     <p ALIGN="justify">En la cultura escrita, los signos significan un sentido; en la  cultura ágrafa, los signos hacen acordarse de un sentido. En el primer caso,  representan un texto o parte de él, con una naturaleza semiótica homogénea; en  el segundo caso, están insertos en el texto sincrético del ritual o ligados  mnemotécnicamente a textos orales en un lugar y momento dados.</p>     <p ALIGN="justify">Esa crítica a lo escrito se remonta incluso a los tiempos de  Sócrates, quien asociaba la escritura no al progreso de la cultura, sino a que  ésta haya perdido el alto nivel alcanzado por la sociedad ágrafa. De hecho, se  plantea que la escritura posee una disposición olvidadiza, pues priva de  ejercicios a la memoria (es un recurso para traer a la memoria y no para la  memoria, para mejorarla).</p> <b>     <p ALIGN="justify">Una concepción particular de la cultura</p> </b>     <p ALIGN="justify">Se dice que cada cultura crea su propia concepción del  desarrollo cultural. Es decir, crea una tipología de la cultura, de la que  surgen dos enfoques generales:</p> </font><font FACE="Verdana" LANG="ZH-TW" SIZE="2"> <ul> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2" face="Verdana">La “cultura  	propia”, considerada como la única (la que establece la norma).</li> 	</font><font FACE="Verdana" LANG="ZH-TW" SIZE="2"> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2" face="Verdana">La “no-cultura”  	de las otras colectividades (la cultura ajena).</li>     </ul>     <p ALIGN="justify">Allí se aprecia el mismo sistema binario contradictorio pero  complementario que plantea Lotman en su obra, con lo cual hace referencia a los  conceptos de centro/periferia, lo organizado/lo no-organizado, lo semiótico/lo  alosemiótico (o extrasemiótico) (1996).De la primera concepción surge el metalenguaje de una tipología  dada de la cultura, que servirá de base para la autodescripción y para la  descripción de esas otras culturas asumidas como “no-cultura”. De esta última,  Lotman (1998) aclara que no es que posee otros rasgos, sino que están ausentes  los rasgos (regularidades) de la cultura propia (la tomada como norma), que son  los que se utilizan como punto de referencia para la descripción.</p>     <p ALIGN="justify">Hay también otro enfoque del desarrollo cultural, según el cual  existen varios tipos internamente independientes de culturas en la historia de  la humanidad. En función de ello se determina el metalenguaje de la descripción  tipológica, que abarcará una visión desde adentro o desde afuera de la cultura a  la que se pertenece. Es decir, será cuestión de ver dónde situarse al momento de  hacer la descripción en cuestión (de qué lado de la frontera), para que así el  metalenguaje pueda cumplir con su función científica de explicar la esencia de  la cultura descrita.</p>     <p ALIGN="justify">Para Lotman (1998), dicho metalenguaje se basa en oposiciones de  tipo psicológico, religioso, nacional, histórico o social. De esta forma, se  supera la tendencia a no tomar en cuenta que un fenómeno único no puede tener  peculiaridad (sin tener con qué comparar), pues tal peculiaridad requiere –por  lo menos– dos sistemas comparables. Igualmente, se contrarresta esa tendencia de los dos mencionados  modos de descripción de la cultura a absolutizar las diferencias en el material  que se estudia y a no distinguir los universales comunes de la cultura de la  humanidad. </p>     <p ALIGN="justify">El autor también propone que la construcción de tal metalenguaje  de descripción de la cultura se sustente en los modelos espaciales, lo cual  permitirá examinar textos que puedan pertenecer al mismo tipo de cultura, para  escoger los que más se distingan por la estructura de su organización interna  (ver los textos diferentes como complementarios).</p>     <p ALIGN="justify">Precisamente, ese texto invariante o textoconstructo (integrado  por textos de diverso tipo) es a lo que Lotman se refiere como el texto de la  cultura (el todo que encierra las particularidades, las diversidades), también  llamado el </font><i><font SIZE="2" face="Verdana">cuadro del mundo de una  cultura </font></i><font SIZE="2" face="Verdana">dada. Éste debe tener la  universalidad como propiedad (incluye todo: lo igual y lo diferente).</p> <b>     <p ALIGN="justify">Textos, subtextos y delimitaciones espaciales</p> </b>     <p ALIGN="justify">Según Lotman (1998), los textos de la cultura se dividen en dos  subtextos: los que caracterizan la estructura del mundo y los que caracterizan  el lugar, la posición y la actividad del hombre en el mundo. Sus características  se pueden apreciar en la </font><b><font SIZE="2" face="Verdana"> <a href="#Tabla_1">Tabla 1</a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="center"><a name="Tabla_1">Tabla 1</a></p>     <p align="center">Los subtextos de los textos de la cultura</p>     <p align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/enl/v6n3/art05fig1.jpg"></p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     
<p ALIGN="justify">Allí se puede apreciar cierto isomorfismo con respecto a la  caracterización planteada por González (2002), al hablar de semiótica aislante  (los subtextos del primer grupo) y de semiótica vinculante (los subtextos del  segundo grupo). En este último caso, Lotman logra esa vinculación al plantear:  “El espacio del texto de la cultura es el conjunto universal de los elementos de  una cultura dada, es decir, es un modelo de todo” (1998:101). En otras palabras, ese conjunto universal incluye las  diferencias y las regularidades, como ya se dijo.</p>     <p ALIGN="justify">Tal afirmación arropa el concepto de frontera como un rasgo  básico de la estructura interna de un texto (los tipos de divisiones de ese  espacio universal), el cual va de la mano de la dimensionalidad del espacio  universal y la orientación espacial. sí, esa frontera divide el espacio de la cultura en dos partes  diferentes: uno ininterrumpido dentro de esas partes (lo continuo) y otro roto  en la frontera (lo discreto). En correspondencia con dicho rasgo, Lotman (1998)  menciona dos tipos de delimitaciones del espacio de la cultura:</p> </font> <ul> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" face="Verdana">En un espacio bidimensional,  	la frontera divide el plano (el conjunto universal) en un dominio externo  	(ilimitado) y otro interno (limitado) que son complementarios. Aquí se  	plantea la oposición “nosotros/ellos” (lo interno/lo externo).</li> 	</font> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify"><font SIZE="2" face="Verdana">El otro tipo es el espacio  	según la coincidencia del punto de vista del portador de un texto con  	determinado espacio (externo o interno). Esto&nbsp; envuelve dos  	situaciones: a) será una orientación espacial recta, si coinciden el punto  	de vista del texto y el espacio interior del modelo de la cultura, y b) será  	una orientación espacial invertida, si coincide el punto de vista del texto  	con el espacio exterior.</li>     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Ello envuelve la tendencia hacia la integración o desintegración  que menciona Lotman (1996), donde la tensión juega un rol clave para que se  concrete una u otra situación. Además, de esa orientación espacial dependerá la  interpretación de la oposición “nosotros/ellos”. Así, en el primer caso  (orientación recta), el “nosotros” es lo interior y el “ellos” es lo exterior  (que siempre es incomprensible por estar construido sobre una lógica que es  ajena); mientras que en el segundo caso (orientación invertida), el “nosotros”  es lo exterior y el “ellos” es lo interior. Todo está supeditado al lado de la  frontera desde el cual se haga la observación.</p>     <p ALIGN="justify">En esa interrelación se aprecia también el planteamiento de lo  aislante/lo vinculante de González (2002), cuando Lotman deja ver que el espacio  interior es cerrado (está lleno de un grupo finito de puntos) y que el espacio  exterior es abierto.</p>     <p ALIGN="justify">De todo lo planteado se puede observar cómo la frontera se  convierte en un elemento esencial del metalenguaje espacial de descripción de la  cultura, pues la interpretación dependerá de las interrelaciones que se  establezcan en concordancia con la ubicación espacial de quien describe. Por  supuesto, esa frontera siempre pertenecerá exclusivamente a un espacio (sea el  interior o el exterior) y nunca a ambos a la vez. Además, ella puede intervenir  en el texto de la cultura en calidad&nbsp; de invariante de elementos de textos  reales.</p> <font SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Otras fronteras de las que igualmente habla el autor están  representadas por las relaciones no espaciales; es decir, aquéllas donde una  línea separa dos conceptos opuestos al estilo de frío/calor,vida/muerte, etc.  Incluso, hubo un modelo de la cultura (correspondiente a la Ilustración) en el  cual el cuadro del mundo se percibía a partir de la oposición  natural/artificial, donde lo interior (lo antropológico) era lo natural, moral y  elevado; y lo exterior (lo social) era lo antinatural, inmoral y bajo.</p>     <p ALIGN="justify">En resumidas cuentas, la existencia de una frontera implica a su  vez la presencia de una constante tensión entre ambos espacios, lo cual conduce  a las colisiones que menciona Lotman (1998) y que producen explosiones (nuevos  textos). Dichas colisiones pueden dar origen a dos tendencias: la del espacio  interior a defenderse (tras reforzar la frontera) y la del espacio exterior a  destruir el espacio interior (tras romper la frontera), dos eventos que asoman  la posibilidad de una transculturación (mezcla de culturas) o de una  aculturación (desplazamiento de una cultura por otra dominante).</p> <b>     <p ALIGN="justify">La cultura como lenguaje que se enseña</p> </b>     <p ALIGN="justify">Lotman (1998) considera la cultura como un lenguaje y como la  suma de lo que denomina la información no hereditaria, cuya enseñanza o  introducción en el hombre y en las colectividades puede ser de dos modos:</p>     <p ALIGN="justify">a) Introduciendo sólo textos y no reglas en la conciencia del  enseñado (aunque esos textos suben de rango en el acto y actúan luego en calidad  de metatextos, de reglas-modelos).</p>     <p ALIGN="justify">b) Introduciendo determinadas reglas en la conciencia del  enseñado, para que él pueda generar textos de manera independiente. Ambos  métodos, en la tipología de la cultura, se hallan ligados a diversos sistemas de  organización interna. De ahí que unas culturas son una determinada suma de  precedentes, usos, textos; y otras, un conjunto de normas y reglas.</p>     <p ALIGN="justify">Vale resaltar que el momento inicial de la enseñanza de la  cultura se vuelve clave en este proceso, ya que para cada cultura es decisivo el  hecho de su introducción y la figura del iniciador. Éste puede ser de dos tipos,  de acuerdo con la cultura que funda: 1) puede enseñar conductas, mostrar, dar  modelos, ó 2) puede traer reglas. De esos dos casos, el correspondiente a la  cultura de textos no segrega un metanivel aparte (el de las reglas de supropia  formación) ni tiende a las autodescripciones. Si se introducen reglas en esa cultura, son tenidas en menor  estima que los textos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Ahora bien, el modo de enseñanza de la cultura no es  determinado por la estructura de la lengua –dice Lotman (1998)–, sino por la  estructura de la conciencia que reciben los textos y el repertorio de los  empleos funcionales de éstos, los cuales no son externos a la cultura (como sí  lo son para la lengua natural). Al contrario, constituyen aspectos de su  organización interna.</p>     <p ALIGN="justify">De ahí que el mecanismo de la enseñanza de la cultura (el  mecanismo de introducción del sistema en la conciencia de la colectividad) no es  algo externo para la cultura, mientras que la estructura de la conciencia es  mucho más activa en este caso.</p>     <p ALIGN="justify">En ese proceso, la correlación conciencia receptora/sistema  introducido en ella representa un choque (una colisión producto de la constante  tensión) de dos textos en lenguas diferentes, que tratan de transformarse entre  sí a su imagen y semejanza (de transformar al otro en una traducción a sí  mismo). En ese sentido, la culturología estudia esa lucha, esa tensión mutua, la  cultura como un único sistema constituido por todas las interrelaciones entre  ambas lenguas (no así la lingüística, que estudiaría esas lenguas como un  sistema aislado).</p> <b>     <p ALIGN="justify">En torno a la unidad de la cultura</p> </b>     <p ALIGN="justify">En relación con la unidad de la cultura, Lotman (1998) afirma  que ésta surge cuando esa cultura segrega de sí textos automodelizantes e  introduce en su memoria una concepción de sí misma (que, sin duda, estará  presente en todo nuevo texto que produzca).</p>     <p ALIGN="justify">Tal unidad no niega el hecho de que “toda cultura es un conjunto  complejo y contradictorio” (Lotman, 1998:127), concepción ésta que sirve de  código para el autoconocimiento y el autodesciframiento de los textos de esa  cultura, lo cual amerita que la misma se halle organizada como una estructura  sincrónicamente balanceada. A la par, ese aludido automodelo representa un  poderoso medio de regulación adicional de la cultura, que además le confiere  unidad sistémica y que determina sus cualidades como depósito informacional.</p>     <p ALIGN="justify">Según el autor, tanto el texto de la cultura como el automodelo  de ésta pueden construirse con arreglo a un solo tipo (textos-usos o&nbsp;  textosgramáticas) o con arreglo a diferentes tipos. En ese sentido, los dos  principios de construcción del código de la cultura se correlacionan de dos  maneras:</p> </font><font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> <ul> 	    <li> 	    <p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">Ambos tipos de cultura pueden  	considerarse&nbsp; <font SIZE="2" face="Verdana">como caracterizaciones  	nacionales o zonales estables.</font></li> 	</font><font LANG="ZH-TW" SIZE="2"> 	    <li> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">&nbsp;</font><font SIZE="2">Ambos tipos de cultura se  	consideran como etapas que se relevan regularmente en el desarrollo interno  	de la cultura, pues los dos métodos </font><font SIZE="2" face="Verdana">de construcción de la cultura se asumen como etapas de una única  evolución que se realiza como un relevo pendular de los principios de  construcción.</font><font SIZE="2"></li>     </ul>     <p ALIGN="justify">Dicho relevo se observa cuando surge la gramaticalidad como  necesidad de una autorrecodificación de la civilización formada como sistema de  costumbres, para sacarla del anquilosamiento al intervenir como principio  revolucionador que conduce a la brusca complejización de la estructura interna  del código de la cultura. A la vez, esas reglas gramaticales se anquilosan y  devienen en costumbre, de manera que entonces irrumpe el principio textual en la  construcción de la cultura.</p>     <p ALIGN="justify">En ese proceso, Lotman resalta que la introducción de reglas  gramaticales en la memoria del individuo supone ya cierto dominio del lenguaje  (caso del aprendizaje de una segunda lengua), mientras que la enseñanza de la  cultura mediante textos puede ser primaria (caso del aprendizaje de la lengua  materna).</p> <b>     <p ALIGN="justify">Conclusión: hacia una teoría lotmaniana del conocimiento</p> </b>     <p ALIGN="justify">Aunque los planteamientos de Lotman giran específicamente en  torno a la cultura, es posible deducir de ellos ciertos aspectos que apuntan  hacia la construcción de una teoría del conocimiento que, por supuesto,  abarcaría también a la cultura como conocimiento al fin.</p>     <p ALIGN="justify">En principio, hay que tomar en cuenta que Lotman –a lo largo de  su producción intelectual en el campo de la semiótica– habla de la cultura como  un texto complejo que representa un universo único (un todo constituido por  partes), que además es precedido por un texto y da lugar a la aparición de  nuevos textos. Esto último se halla muy a tono con el concepto de biogénesis que  él mismo menciona (1998), según el cual un organismo proviene de un organismo  (no por generación espontánea) y es capaz de dar origen a otro organismo. Es decir, la idea de que todo tiene un principio (aunque sea  desconocido) y una continuidad (aunque se establezcan fronteras,  delimitaciones), aspecto que él ilustra muy bien con el ejemplo del sastre que  enseña a otro sastre, pero sin preguntarse quién fue el que enseñó al primer  sastre. Algo similar también a lo que se refiere Merrell (1998) al hablar del  signo como algo con un principio y un fin desconocidos, y del interpretante que  se vuelve signo para dar paso a un nuevo interpretante. En otras palabras, la  semiosis infinita.</p>     <p ALIGN="justify">Tales consideraciones guardan cierto isomorfismo con la  afirmación popperiana de que toda observación está cargada de teoría, toda vez  que ello equivaldría a decir luego que toda teoría es precedida por una teoría  que, sin duda, dará origen a una nueva teoría. O sea, una teoría de entrada  (Padrón, 1998) sirve como punto de partida para construir una teoría de salida  (una nueva teoría), que a la vez servirá de punto de partida (teoría de entrada)  para otras investigaciones; en fin, la construcción del conocimiento también es  un <i>continuum</i>.</p>     <p ALIGN="justify">Ambos casos sugieren que nunca se llega a construcciones  absolutas de la realidad, porque se está en presencia de sistemas que son  dinámicos y que están en una constante tensión que conduce a explosiones, de  donde se originan cosas nuevas. Así, de la cultura como un todo y de la realidad material en los  mismos términos sólo se tienen algunas aproximaciones, pues siempre hará falta  más información para darles respuesta a las nuevas interrogantes que, sin duda,  surgirán en cada una de esas aproximaciones.</p>     <p ALIGN="justify">De hecho, la misma ciencia puede ser considerada un texto al que  sólo hay ciertos acercamientos, puesto que jamás podrá ser abarcado en un  sentido absoluto. De ahí que Lotman plantea que “(…) por una parte, en principio  todo es considerado como un texto que ha de ser descifrado, y, por otra, un  mismo texto puede ser descifrado en diversos niveles” (1998:137). Es decir, el  todo está formado por diversos niveles de significados que son isomorfos entre  sí (son capas semejantes de un único universo).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Tales capas no son más que variedades de ese universo, diversos  grados del mismo, que aparecen en una correlación similar a la que se establece  entre un hiperónimo con sus diversos hipónimos…</p>     <p align="justify">Son los aludidos alfabetos a los que se refiere Lotman como casos  particulares de la idea más general (ese universo único, el mundo material),  “propia del tipo paradigmático de la cultura, del mundo como libro” (1998:136).  Dicho planteamiento se complementa con su afirmación de que “todo se presenta  como poseedor de significado.</p>     <p ALIGN="justify">Cada nivel (…) es un texto, y el conocimiento es el saber leer”  ese texto (1998:136).</p>     <p ALIGN="justify">Para Lotman, ese saber leer puede darse de dos maneras  diferentes que no son antagónicas, pues ambas persiguen el mismo fin: el  conocimiento.</p>     <p ALIGN="justify">Así lo sugiere al citar la idea de Lomonósov de que el creador  dio a los humanos dos libros:</p>     <p ALIGN="justify">el del mundo visible (material) y el de la Sagrada Escritura,  los cuales tienen sus intérpretes entre los científicos (en el primer caso) y  los maestros de las iglesias (en el segundo).</p>     <p ALIGN="justify">Sin duda, lo anterior hace referencia a la estructura bipolar  complementaria propia de todo sistema, de cuyo conocimiento da cuenta el hombre  poco a poco, pero de manera continua (infinita) y no absoluta, proceso durante  el cual va abordando desde su esfera particular organizada (cósmica), la esfera  no organizada (caótica, el mundo extrasemiótico).</p>     <p ALIGN="justify">Cabría preguntar entonces, ¿cómo se da ese proceso de conocimiento? A ello, Lotman (1998) plantea una respuesta en el ámbito de la cultura, pero que puede extrapolarse y verse como parte de esa teoría del conocimiento que se ha mencionado. En ese sentido, podría decirse que el conocimiento del mundo en general (el universo único, la realidad absoluta, el todo) se centra en un proceso de descripción en tres niveles independientes, mas no excluyentes: el de los mensajes textuales, el de la cultura como sistema de textos y el de la cultura como repertorio de funciones a las que los textos dan servicio. Si se hace la correspondiente traducción al ámbito de la lingüística, se aprecia que esos niveles se relacionan –respectivamente– con lo sintáctico, lo semántico y lo pragmático, cuya correlación conduce a lo discursivo.</p> <b>     <p ALIGN="justify">Bibliografía</p> </b></font>     <!-- ref --><p ALIGN="justify">1.Cáceres, M. (1996). Iuri Mijáilovich Lotman (1922-1993): una biografía intelectual. En Lotman, Iuri Mijáilovich. 1996. <i>La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto</i>. Ediciones Cátedra. Universitat de Valencia. España, 249-267.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2873461&pid=S1690-7515200900030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">2.González, M. (2002). <i>Semiótica crítica y crítica de la cultura</i>. Anthropos Editorial. Barcelona, España.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2873462&pid=S1690-7515200900030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">3.Lotman, I. (1996). <i>La semiosfera I. Semiótica de la culturay del texto</i>. Ediciones Cátedra. Universitat de Valencia. España.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2873463&pid=S1690-7515200900030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">4.Lotman, I. (1998). <i>La semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio</i>.Ediciones Cátedra. Universitat de Valencia. España.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2873464&pid=S1690-7515200900030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">5.Merrell, F. (1998). <i>Introducción a la Semiótica de C.S. Peirce. Colección de Semiótica Latinoamericana</i>. Nº 1. Universidad del Zulia - Asociación Venezolana de Semiótica. Maracaibo, Venezuela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2873465&pid=S1690-7515200900030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">6.Padrón, J. (1998). La estructura de los procesos de  investigación.En <i>Epistemología</i>. CD de la Línea de Investigaciones en Enseñanza/Aprendizaje de la Investigación (LIN-EA-I). Universidad Simón Rodríguez. Caracas, Venezuela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2873466&pid=S1690-7515200900030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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