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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Factores dietéticos y su relación con el apetito en niños menores de dos años con desnutrición leve]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Centro de Atención Nutricional Infantil de Antímano. CANIA  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Dietary factors and their relation to appetite in children under two years with mild malnutrition. Malnutrition is conditioned by a series of factors, among them the dietary factors, which include appetite, eating behaviors and habits. In order to assess these factors, the following objective was pursued: describe the dietary factors and their relation to appetite in children under two years of age with mild malnutrition. A correlational study was conducted. The sample consisted of all children under two years of age (n=168) diagnosed with primary (mild) malnutrition, who attended consultation at the Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano, CANIA, during the period 2000 - 2008. The results showed: intake of energy and macronutrients was lower than the individual requirement; iron intake <85% of the requirement, in accordance with the Recommended Dietary Allowances (RDA) in over 50% of the sample; weekly consumption of vegetables (57%) and miscellaneous (66%) was inadequate; inadequate intake of formula and whole milk in more than 60%; 9% were exclusively breastfed during the first six months; 64% lacked a regular eating place; in child-caregiver interaction during mealtimes, more than half of the children showed rebellious behavior and caregivers were permissive. Protein adequacy, vegetable and whole milk consumption frequency, preparation type, identification of refusals and preferences, place and duration of meals, and child-caregiver interaction at mealtimes were significantly associated with appetite; if we consider this last one as a guide and we try to modify inadequate eating behaviors and habits, we will generate an impact over the child appetite that could improve the food consumption and prevent malnutrition.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Hábitos alimenticios]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"> <SPAN style="color:#221E1F; font-family:Verdana; font-weight:bold" >Factores dietéticos y su relación con el apetito en niños menores de dos años con desnutrición leve </SPAN ></p>     <p align="center"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-weight:700; color:#221E1F" ><font size="2">Mariana Martínez Quijada, María Luisa Álvarez Gutiérrez</font></SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-weight:normal; color:#221E1F; font-style:normal" ><font size="2">Centro de Atención Nutricional Infantil de Antímano. CANIA. Caracas, Venezuela</font></SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; color:#221E1F; font-weight:700" >RESUMEN</SPAN ><SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; font-weight:normal; color:#221E1F" >.</SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; font-weight:normal; color:#221E1F" >La desnutrición está condicionada por una serie de factores, entre ellos los dietéticos que comprenden apetito, conductas y hábitos alimentarios, lo que planteó el siguiente objetivo: describir los factores dietéticos y su relación con el apetito en niños menores de dos años con desnutrición leve. El estudio fue correlacional, la muestra quedo constituida por todos los niños menores de dos años (n=168) con diagnóstico de desnutrición leve primaria que asistieron a la consulta del Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano, CANIA, durante el período 2000-2008. Los resultados señalaron: consumo de energía y macronutrientes inferior al requerimiento individual, consumo de hierro &lt;85% del requerimiento según Recommended Dietary Allowances (RDA) en más del 50% de la niños; la frecuencia de consumo semanal para vegetales (57%) y misceláneos (66%) fue inadecuada; más del 60% tuvo un consumo inadecuado de fórmulas lácteas y leche completa, 9% recibió lactancia materna exclusiva durante los 6 primeros meses de vida; 64% no tuvo lugar fijo para alimentarse; en la interacción del niño con el cuidador durante las comidas más de la mitad de los niños se mostraron rebeldes y los cuidadores permisivos. La adecuación de proteínas, frecuencia de consumo de vegetales y leche completa, tipo de preparación, identificación de rechazos y preferencias, lugar y duración de las comidas, interacción del niño y del cuidador durante la alimentación tuvieron asociación significativa con el apetito; si se considera este ultimo como una guía y se actúa para modificar los hábitos y conductas inadecuadas se generaría un impacto sobre el apetito del niño que pudiera mejorar su ingesta de alimentos y prevenir la desnutrición.</SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; color:#221E1F" ><b>Palabras clave</b>: </SPAN > <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; font-weight:normal; color:#221E1F" >Hábitos alimenticios, conducta alimentaria, apetito, desnutrición, niño.</SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; color:#221E1F; font-style:normal; font-weight:bold" >SUMMARY.</SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; color:#221E1F; font-style:normal; font-weight:bold" >Dietary factors and their relation to appetite in children under two years with  mild malnutrition</SPAN ><SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; font-weight:normal; color:#221E1F; font-style:normal" >. Malnutrition is conditioned by a series of factors, among them the dietary  factors, which include appetite, eating behaviors and habits. In order to assess  these factors, the following objective was pursued: describe the dietary factors  and their relation to appetite in children under two years of age with mild  malnutrition. A correlational study was conducted. The sample consisted of all  children under two years of age (n=168) diagnosed with primary (mild)  malnutrition, who attended consultation at the Centro de Atención Nutricional  Infantil Antímano, CANIA, during the period 2000 – 2008. The results showed:  intake of energy and macronutrients was lower than the individual requirement;  iron intake &lt;85% of the requirement, in accordance with the Recommended Dietary  Allowances (RDA) in over 50% of the sample; weekly consumption of vegetables  (57%) and miscellaneous (66%) was inadequate; inadequate intake of formula and  whole milk in more than 60%; 9% were exclusively breastfed during the first six  months; 64% lacked a regular eating place; in child-caregiver interaction during  mealtimes, more than half of the children showed rebellious behavior and  caregivers were permissive. Protein adequacy, vegetable and whole milk  consumption frequency, preparation type, identification of refusals and  preferences, place and duration of meals, and child-caregiver interaction at  mealtimes were significantly associated with appetite; if we consider this last  one as a guide and we try to modify inadequate eating behaviors and habits, we  will generate an impact over the child appetite that could improve the food  consumption and prevent malnutrition.</SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; color:#221E1F; font-style:normal; font-weight:bold" >Key words: </SPAN > <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; font-weight:normal; color:#221E1F; font-style:normal" >Eating habits, eating behavior, appetite, malnutrition, child.</SPAN ></p>     <p align="justify"> <SPAN style="font-family:'Verdana'; font-size:10pt; font-weight:normal; color:#221E1F; font-style:normal" >Recibido: 08-09-2011 Aceptado: 07-06-2012</SPAN ></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F"><b>INTRODUCCIÓN</b> </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Los hábitos de  alimentación están fuertemente influenciados por el aprendizaje y las  experiencias vividas, sobre todo en los primeros 5 años de vida (1); ellos  surgen como un resultado de la interacción entre la predisposición genética y  los factores ambientales. Los padres proveen los genes, los cuales son los  responsables de la neofobia propia de la especie que determina el rechazo por  alimentos nuevos, y los factores ambientales, como la selección por parte de los  padres del método utilizado para la alimentación, lo que puede afectar las  prácticas alimentarias futuras del niño (2).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Los padres y el  niño durante la alimentación realizan una interacción que influye sobre la  cantidad de alimentos consumidos y la frecuencia de las comidas; esta  interacción viene determinada en gran parte por las actitudes de la persona  cuidadora y los deseos de comer del niño (3). La interacción puede tener efectos  positivos o negativos en la alimentación; por ejemplo, las prácticas de  alimentación de padres que buscan controlar qué y cuánto come el niño pueden  afectar la interpretación de las señales internas de hambre y saciedad de éstos  (4), surgiendo así las conductas alimentarias.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">De esta manera,  la infancia constituye una etapa de indudable interés para la nutrición, pues  supone un período de instauración y consolidación de conductas y hábitos  alimentarios, además de ser una etapa de riesgo dado el incremento de las  necesidades nutricionales debido al crecimiento (5). Por otro lado, el apetito  se define como el conjunto de señales internas (hambre, saciedad) y externas  (hábitos, conductas) que guían al individuo en la selección e ingestión de  alimentos (6); es así como los hábitos, conductas alimentarias y el apetito son  factores dietéticos condicionantes del estado nutricional de los niños, y  tomando en cuenta que los dos primeros guían al último, el presente trabajo se  planteó como objetivo describir estos factores dietéticos y su relación con el  apetito en niños menores de dos años con desnutrición leve primaria.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">MATERIALES Y  MÉTODOS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La  investigación fue de tipo no experimental, transversal y correlacional. La  muestra quedó constituida por todos los niños menores de dos años (n=168) con  diagnóstico de desnutrición leve primaria que asistieron a la consulta del  Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano, CANIA, durante el período  2000-2008.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">El diagnóstico  de desnutrición leve se estableció por combinación de indicadores de dimensión  global según los valores de referencia de la OMS (7) y por composición corporal  según los valores de la referencia del Estudio Transversal de Caracas para los  menores de 12 meses (8) y los de Frisancho para los de edad mayor o igual a 12  meses (9). Las variables estudiadas fueron el apetito, los hábitos alimentarios  y las conductas alimentarias.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">El apetito se  consideró bueno, cuando el niño consumió todas las comidas ofrecidas y solicitó  merienda por lo menos 5 días de la semana; regular, cuando el consumo de comidas  fue variable y el niño necesitó estímulo para comer todas las comidas que le  ofrecieron; malo, cuando el niño prefirió no comer, no respondió a estímulos y  además no le gustaron, en general, las preparaciones ofrecidas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a los  hábitos alimentarios se investigaron las siguientes variables:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">a) La  	adecuación nutricional fue adecuada cuando el porcentaje de calorías o  	macronutrientes se encontró entre 95%-105% del requerimiento individual y  	para micronutrientes (hierro, calcio, retinol y ácido fólico) entre 85%-115%  	(10), según las Recommended Dietary Allowances (11).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">b) La  	frecuencia de consumo semanal se consideró adecuada cuando el consumo de  	alimentos de un mismo grupo (leche, vegetales, frutas, cereales, carnes y  	grasas) ocurrió en 5 o más días a la semana, y en el caso de los misceláneos  	(bebidas gaseosas azucaradas, malta, jugos pasteurizados y chucherías) (12),  	fue menor o igual a 3 días (13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">c) El tipo  	de preparación de los alimentos se definió como preparaciones adecuadas  	cuando la variedad de éstas garantizan que en un día no se repitan más de  	dos veces un(os) alimento(s) con el mismo tipo de preparación.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">d) La  	identificación de rechazos de alimentos se consideró adecuada cuando el tipo  	de alimento rechazado no afectó la calidad de la dieta diaria del paciente  	(13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">e) La  	identificación de preferencias de alimentos fue adecuada cuando las  	preferencias no estaban relacionadas a algún misceláneo, o cuando el  	alimento preferido no disminuyó la ingesta de otros (13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">f) La  	práctica de la lactancia materna se consideró adecuada cuando el niño  	recibió lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y la mantuvo, aunque  	acompañada de la alimentación complementaria, hasta los 24 meses (13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">g) El uso  	de fórmulas como sucedáneo de la leche materna (14) fue adecuado cuando el  	tipo de fórmula infantil seleccionada fue adecuada a la&nbsp; edad y se  	utilizó porque el proceso de lactancia materna fue interrumpido por causas  	justificadas (13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">h) El uso  	de leche completa se consideró adecuado cuando su introducción se realizó a  	partir de los 12 meses de edad del niño.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Con respecto a  las conductas alimentarias se investigó:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">a) El lugar  	fue adecuado cuando la alimentación se realizó en un lugar fijo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">b) La  	duración de las comidas principales se consideró adecuada cuando el niño  	realizó sus comidas en un período entre 30 y 40 minutos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">c) La  	interacción del cuidador con el niño durante las comidas evalúo cómo fue la  	respuesta del cuidador, siendo clasificado como responsable cuando respondió  	adecuadamente a las señales de hambre y saciedad del niño, permisivo cuando  	el niño decidió la calidad y cantidad de alimentos que consumió y la forma  	en que lo hizo, y controlador cuando el cuidador decidió y ejerció el  	control sobre las cantidades y la calidad de los alimentos consumidos (13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">d) La  	respuesta del niño a la alimentación evalúo cómo fue la respuesta del niño a  	las indicaciones del cuidador durante las comidas, considerándolo que  	respondió adecuadamente cuando el niño respondió a la alimentación por  	necesidades fisiológicas y a las indicaciones externas, apático cuando el  	niño no respondió ni a las indicaciones externas ni a las suyas propias,  	pasivo cuando el niño asumió sin oposición las indicaciones del cuidador y  	rebelde cuando el niño reaccionó en forma opositora a las indicaciones del  	cuidador (13).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La recolección  de la información se hizo a través de la revisión de las historias dietéticas de  consultas de primera, obtenidas a través de una entrevista directa al cuidador,  realizada por nutricionistas clínicos estandarizados de acuerdo con un protocolo  establecido en el Centro. Los datos recolectados fueron transcritos en una  matriz de datos creada en el programa Microsoft Excel. Las adecuaciones de  consumo se calcularon a partir de los valores de las tablas de composición de  alimentos ampliadas y modificadas por expertos para el Centro de Atención  Nutricional Infantil Antímano y según los requerimientos individuales de cada  niño para energía y macronutrientes y las Recommended Dietary Allowances para  micronutrientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Para el  tratamiento estadístico de los datos se utilizó el programa SPSS versión 9.0  (15), con el cual se determinaron las distribuciones de frecuencias y  porcentuales a todas las variables. Para verificar si alguna de las variables de  las conductas y los hábitos alimentarios tenía relación con el apetito se aplicó  la prueba estadística no paramétrica chi cuadrado (X<sup>2</sup>).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">RESULTADOS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La muestra  estudiada se caracterizó de la siguiente manera: 2% estuvo constituida por  menores de 6 meses, 81% por niños entre 6 y 18 meses de edad y 17% por mayores  de 18 a 24 meses. En cuanto al sexo se observó que 72% eran niñas y 28% eran  varones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Con respecto a  la percepción del apetito de los niños por parte de los cuidadores, 75% lo  percibieron como regular (43%) o malo (32%). La adecuación de consumo de  energía, proteínas, grasas y carbohidratos fue menor del 95% de los  requerimientos según edad, sexo, actividad física y diagnóstico antropométrico,  con valores de 71%, 73%, 65% y 82%, respectivamente (<a href="#tab1">Tabla 1</a>).  En cuanto a la adecuación de micronutrientes, se evaluaron las adecuaciones de  calcio, hierro, retinol y ácido fólico; de estos resultados resaltó que 51% de  los niños consumieron menos del 85% del requerimiento de hierro (<a href="#tab2">Tabla  2</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="tab1"> <img border="0" src="/img/fbpe/alan/v62n2/art06tab1.gif" width="531" height="219"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="tab2"> <img border="0" src="/img/fbpe/alan/v62n2/art06tab2.gif" width="561" height="226"></a></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La evaluación  de la frecuencia de consumo semanal de los diferentes grupos de alimentos  reflejó un vegeconsumo inadecuado de vegetales en 57% de la muestra, de 40% para  frutas y de 66% para misceláneos. El 45% de los niños consumió preparaciones  monótonas, 61% presentó rechazos alimentarios adecuados y 51% tuvo preferencias  alimentarias adecuadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a los  antecedentes dietéticos 96% de los niños recibieron leche humana, de los cuales  sólo 9% la recibió de manera exclusiva hasta los 6 meses de edad, 76% en forma  mixta y 15% no reportó información. Por otro lado, en los niños con 18 meses de  edad se encontró que el 97% ya habían realizado el cese de la lactancia materna.  El uso inadecuado de fórmulas infantiles y leche completa de vaca fue de 69% y  79%, respectivamente, esto significa que la fórmula infantil utilizada no estuvo  acorde a la edad del niño o se ofreció junto con la lactancia materna, y en  cuanto a la leche completa la misma se introdujo antes de los 12 meses de edad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Respecto al  ambiente durante las comidas: resultó adecuada la duración de las mismas con 55%  de los niños que consumieron sus alimentos en un tiempo adecuado. Por otro lado,  resultó inadecuado el lugar dónde realizan las comidas con 64% de los niños que  no tuvo lugar fijo para comer. La interacción del niño con el cuidador durante  las comidas reflejó que 56% de los niños se mostraban rebeldes al momento de  alimentarse y 57% de los cuidadores fueron permisivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a las  relaciones entre las variables estudiadas y el apetito, el consumo de proteínas  se asoció con este (p=0,040), de forma tal que en niños que tuvieron consumo de  proteínas &lt;95% del requerimiento el apetito regular se presentó en 41% y el  apetito malo en 36%. Por otro lado, cuando el consumo de proteínas fue &gt;95% del  requerimiento el apetito bueno se presentó en 35% y el apetito regular fue del  60%.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La frecuencia  de consumo semanal para el grupo de vegetales también tuvo asociación con el  apetito (p=0,026), de modo que en niños con un consumo inadecuado de vegetales  (&lt; 5 días a la semana), el apetito regular fue 45% y el el apetito malo, 37%;  mientras que en niños con un consumo adecuado de vegetales, el apetito bueno se  presentó en 36% y con apetito regular, 40%. El tipo de preparación de alimentos  se asoció con el apetito (p=0,000), de tal forma que en los niños que  consumieron preparaciones monótonas la presencia del apetito malo y regular fue  de 46% en ambos casos, mientras que en los niños que consumieron preparaciones  variadas el apetito bueno se presentó en 40%.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a la  identificación de rechazos alimentarios se evidenció una asociación con el  apetito (p=0,002), pudiéndose observar en los niños con rechazos inadecuados la  presencia del apetito malo en 44% y con apetito regular en 47%. Por otro lado,  en niños con rechazos alimentarios adecuados, la presencia de apetito bueno es  36% y con apetito regular es 40%.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La  identificación de preferencias también demostró estar asociada  significativamente con el apetito (p=0,007), de esta manera 33% de los niños con  preferencias alimentarias adecuadas tienen apetito bueno y 42% tienen apetito  regular, también se observó que 43% de los niños con preferencias alimentarias  inadecuadas tienen apetito regular y 47% apetito malo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La introducción  de leche completa de vaca resulto asociada con el apetito (p=0,030), así en los  niños que recibieron leche completa antes de los 12 meses de edad el apetito  regular se presentó en 49% y el apetito malo en 30%. Por otro lado, cuando la  introducción de leche completa se dio a los 12 meses de edad el apetito bueno  fue 40%.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">El lugar donde  se realiza la alimentación tuvo asociación con el apetito (p=0,002),  obteniéndose que en los niños sin lugar fijo para alimentarse, la presencia de  apetito regular fue 50% y con apetito malo 34%; en los niños con lugar fijo el  apetito bueno fue 41%.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Del mismo modo  la duración de las comidas tuvo relación con el apetito (p=0,000), señalando que  en los niños que consumieron alimentos en un tiempo inadecuado la presencia de  un apetito malo fue 51% y apetito regular 42%. Por otra parte, en los niños con  una duración de las comidas adecuada la presencia de un buen apetito fue 41%.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La interacción  del cuidador con el niño durante la alimentación estuvo asociada con el apetito  (p=0,000), pudiéndose observar que en situaciones donde los cuidadores se  mostraron permisivos durante las comidas, la presencia de un apetito regular en  el niño fue 49%; y en situaciones donde los cuidadores fueron controladores, el  apetito malo fue 54%. Cabe destacar que con cuidadores responsables el buen  apetito en el niño fue lo común, registrándose un porcentaje de 72%.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Por otro lado,  la respuesta del niño durante la alimentación también reflejó resultados  significativos con el apetito (p=0,000). Se observó que en los niños rebeldes al  momento de la alimentación el apetito malo fue 51%, en niños pasivos el apetito  regular fue 59%, en niños apáticos el apetito regular fue 50%, y en aquellos  niños que respondieron de manera adecuada durante la alimentación el apetito  bueno fue 67%.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">DISCUSIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En el grupo de  niños estudiados el apetito de ellos se presenta como regular o malo en más de  la mitad de la muestra estudiada, lo que señala que los niños necesitan  estímulos para lograr el consumo de la cantidad de comida servida y en algunos  casos hasta prefieren no comer. Castillo et ál. (16) refieren que el consumo de  alimentos constituye un conjunto muy interrelacionado de estímulos externos e  internos, y que la alteración de este complejo conjunto conduce a anomalías del  apetito. Esto nos sugiere que en los casos estudiados existe alguna alteración  de este conjunto de estímulos, pues el apetito en general no fue bueno.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La evaluación  de la dieta consumida arroja que más del 60% de los niños presentó una  adecuación inferior al 95%, tanto para energía como para macronutrientes, lo que  significa que no cubrieron los requerimientos individuales diarios para un  crecimiento adecuado y es la causa de su deterioro nutricional, ya que para el  momento de la apertura de historia ingresaron con un diagnóstico nutricional de  desnutrición leve.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a la  adecuación nutricional de micronutrientes, 51% de la muestra refleja una  adecuación nutricional inferior al 85% para el consumo de hierro.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Quizás este  consumo inferior al requerimiento se deba a que 94% de los niños consumió leche  de vaca o fórmula infantil 5 o más días de la semana y 37% tenía un consumo por  día superior al requerimiento de estos dos alimentos que no aportan cantidades  suficientes de hierro biodisponible (17). Además, el estado nutricional de  hierro puede ser agravado por el consumo de leche de vaca en la etapa de  lactante, pues esta produce lesión directa de la mucosa intestinal, y el exceso  de proteínas y minerales que contiene la misma, especialmente de calcio,  interfieren con la absorción del hierro presente en otros alimentos (18).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">El consumo de  calcio, retinol y ácido fólico supera el rango de 115% de adecuación en más del  45% de la muestra. El consumo de calcio superior al requerimiento quizás se  explica porque más del 40% de la muestra consumía 2 o más meriendas al día que  consistían en toma láctea, y 37% tenía un consumo por día de leche de vaca o  fórmula infantil superior al requerimiento. Estos niños también presentan un  elevado consumo de los derivados de la leche (queso). En cuanto al ácido fólico  y al retinol, el resultado de la frecuencia de consumo semanal por grupo de  alimentos señala que: 98% de la muestra estudiada consumió cereales 5 o más días  de la semana, incluyendo el agregado de cereal precocido o no precocido a la  toma láctea, y 94% leche y carnes con la misma frecuencia que los cereales.  Estos grupos de alimentos son fuentes ricas de ácido fólico y vitamina A (tanto  por su composición natural como por la fortificación del cereal precocido), lo  que explica la adecuación nutricional superior a 115% para ambos micronutrientes  (19).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En la  frecuencia de consumo semanal por grupos de alimentos, se observa que menos de  la mitad de los niños de la muestra (44%) consumió vegetales 5 o más días de la  semana, lo que señala que el consumo de este grupo de alimentos es limitado,  resultado que coincide con otros estudios realizados donde el consumo de  hortalizas no se considera importante (20), pues las hortalizas son utilizadas  en pequeñas proporciones en las preparaciones de las comidas y por ende las  cantidades consumidas son pequeñas (21).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Respecto al  tipo de preparación de alimentos se encuentra que 45% de la muestra presenta  preparaciones monótonas. Incluso esta monotonía está reflejada por el hecho de  que 37% de los niños mayores de 6 meses tuvieron un consumo superior al  requerimiento en el número de onzas de leche de vaca y de fórmulas infantiles.  Este hallazgo sugiere que las preparaciones de alimentos tienen como principal  componente la leche de vaca y las fórmulas infantiles, lo que resultó inadecuado  en el 81% de los niños estudiados pues se encuentran en edades comprendidas  entre 6 y 18 meses. En esta etapa de vida más bien se debe iniciar y fomentar la  alimentación complementaria (13), manteniendo la lactancia materna hasta los dos  años de edad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La lactancia  materna está presente en casi la totalidad de la muestra, pero sólo 9% la  realizó de manera exclusiva en los primeros 6 meses de vida. El estudio  “Situación de Vida y Movilidad Social” realizado en el Área Metropolitana de  Caracas (n= 823 familias) por la Fundación “Centro de Estudios sobre Crecimiento  y Desarrollo de la Población Venezolana” (Fundacredesa) desde octubre del 2000  hasta mayo del 2001, reporta que la lactancia materna exclusiva hasta los 6  meses de edad fue de 4% (22). En el año 2006 otro estudio realizado en la  Parroquia Miguel Peña de Valencia, estado Carabobo, señala 27% de amamantamiento  exclusivo (23). Si observamos los estudios referidos y los resultados de esta  investigación, aún ni el 30% de los lactantes reciben lactancia materna  exclusiva, lo que hace inadecuada su alimentación y nos lleva a concluir que se  requiere de más programas dirigidos a la promoción y protección de la lactancia  materna, aunado a que de la muestra estudiada la mayoría de los que recibieron  lactancia materna habían cesado la práctica de la misma antes de los 18 meses de  vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a las  conductas alimentarias, el lugar donde se realizaron las comidas es una de las  variables que presenta mayor afectación, con más de la mitad de los lactantes  que no tienen lugar fijo para comer, lo que incide en una ingesta de menor  cantidad de calorías y nutrientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Respecto a la  interacción del niño y del cuidador con la alimentación, un poco más de la mitad  de los niños (56%) se mostraron rebeldes al momento de la comida, quizás esta  actitud oposicionista para alimentarse se deba a que el elevado consumo de tomas  lácteas con agregado de cereal los mantenía saciados y por lo tanto no aceptaban  otros alimentos. Por comodidad o desconocimiento, los padres ofrecen esta toma  láctea a cualquier hora y en cualquier lugar, lo que puede explicar que 57% de  los cuidadores fueran permisivos. En un estudio realizado por Sánchez y Castillo  (24) se encontró que la mayor parte de los niños mostraban alteraciones de la  conducta alimentaria tales como “no se come todo”, “cierra la boca cuando se le  alimenta” y “escupe la comida”, actitudes comunes de un niño rebelde que también  se vieron reflejadas en la presente investigación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En cuanto a las  relaciones del apetito con los factores dietéticos hay resultados  significativos, entre ellos se encuentra el consumo de proteínas, que cuando es  &lt;95% del requerimiento, el apetito regular y malo se presentó en 77% de los  niños. Esta relación señala que cuando los cuidadores perciben el apetito del  niño como regular o malo es posible que el consumo de proteínas del niño sea  menor al requerimiento diario de este macronutriente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En aquellos  niños que presentan un consumo de vegetales inadecuado, el apetito regular y  malo fue de 82%, lo que sugiere un posible rechazo a este grupo de alimentos.  Cuando las preparaciones fueron monótonas el apetito regular y malo se presentó  en 92% de los niños, esto se explica por el hecho de que el consumo de alimentos  depende de las características sensoriales que éstos generan; así, cuando el  alimento que se consume presenta un mismo sabor puede producir saciedad en el  comensal. Por el contrario, si se le ofrece un sabor diferente es capaz de  aceptarlo, así ya esté satisfecho (25). Esta señalización de la saciedad por un  mismo sabor también puede explicar la relación del apetito regular y malo con la  introducción de leche de vaca antes de los 12 meses de edad, que estuvo presente    <br> en 79% de los niños estudiados.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">También se  observó una relación de asociación entre el apetito con los rechazos y  preferencias alimentarias, identificándose que los niños sin rechazos ni  preferencias a un alimento específico, los cuidadores lo percibían como un  consumo espontáneo de todas las comidas servidas (13), y por lo tanto, un  apetito bueno.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">La relación del  apetito con las variables de la conducta alimentaria resultó significativa,  específicamente con el lugar para comer, la actitud del niño y la actitud del  cuidador durante la alimentación. Esto puede significar que cuando el niño no  consume las comidas en un lugar fijo, el apetito podría verse afectado a tal  punto de que no quiera comer, pudiéndose observar oposición o apatía al momento  de la comida. Ante esta situación el cuidador no presenta objeciones frente a  las peticiones del niño debido a que este no come.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">En conclusión,  la descripción de los hábitos y las conductas alimentarias permite determinar  cuáles se practicaron de manera adecuada o inadecuada, y por otro lado,  identificar las asociaciones de algunas de las variables que las componen con la  percepción por parte del cuidador sobre el apetito del niño. El método  estadístico utilizado señaló la existencia de asociación entre el apetito y las  variables descritas anteriormente lo que permite esperar que, si consideramos el  apetito como una guía, se pudiera concluir que identificando estas variables  asociadas y actuando para modificarlas se generaría un impacto sobre el apetito  del niño que pudiera mejorar su ingesta de alimentos y por ende prevenir la  desnutrición.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">Las  recomendaciones para futuras investigaciones deberían identificar las posibles  causas que conducen al desarrollo de conductas y hábitos alimentarios  inadecuados, y, luego de una intervención nutricional, verificar en el grupo  intervenido estas mismas variables, su asociación con el apetito y su impacto en  la mejoría del estado nutricional</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">REFERENCIAS</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">1. Osorio J,  Weisstaub G, Castillo D. Desarrollo de la conducta alimentaria en la infancia y  sus alteraciones. Rev Chil Nutr. 2002; 29(3):280-85.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=516728&pid=S0004-0622201200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">2. Birch L.  Development of food preferences. Ann Rev Nutr. 1999; 19:41-62.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=516729&pid=S0004-0622201200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">3. Fomon S.  Nutrición infantil. 2da ed. México D.F.: Nueva Editorial Interamericana; 1976.  p. 19-31.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">4. Birch LL.  Psychological influences on the childhood diet. Am Soc Nutr Sci. 1998;  128(2):407S-10S.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">5. Serra L,  Ribas L, García R, Pérez C, Peña Q, Aranceta J. Hábitos alimentarios y consumo  de alimentos en la población infantil y juvenil española (1998-2000): variables  socioeconómicas y geográficas. En: Serra L, Aranceta J. Alimentación infantil y  juvenil. Barcelona: Masson; 2002. p. 13-28.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">6. Zarzalejo Z,  García M, Alvarez M, Millán A. Hábitos de alimentación en niños desnutridos  menores de dos años en una comunidad urbano marginal. An Venez Nutr. 2001;  14(2):60-9.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">7. Organización  Mundial de la Salud. Medición del cambio del estado nutricional: directrices  para evaluar el efecto nutricional de programas de alimentación suplementaria  destinados a grupos vulnerables. Ginebra: Organización Mundial de la Salud;  1983. 104 p.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">8. López de  Blanco M, Landaeta-Jiménez M, Méndez Castellano H, Colmenares R. Estudio  Transversal de Caracas. Arch Venez Pueric Pediatr. 1986; 49(34): 111-55.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">9. Frisancho  AR. Anthropometric standards for the assessment of growth and nutritional  status. Ann Arbor: University of Michigan Press; 1993 189 p.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">10. Evaluation  of nutrient intake data. In: Gibson R. Principles of nutritional assessment. New  York: Oxford University Press; 1990. p. 137-54.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">11.  Subcommittee on the tenth edition of the RDAs. Food and Nutrition Board,  Commission on Life Sciences. National Research Council. Recommended Dietary  Allowances. 10th rev. ed. Washington DC: National Academy of Science, Food and  Nutrition Board; 1989. 302 p.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">12. Zarzalejo  Z, García M, Alvarez M, Millán A. La evaluación dietética como instrumento  diagnóstico en la población pediátrica. An Venez Nutr. 1999; 12:33-44.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">13. Rojas  Martínez YM. Evaluación dietética. En: Henríquez Pérez G, Dini Golding E.  Nutrición en pediatría. 2 ed (ampl). Caracas: Centro de Atención Nutricional  Infantil de Antímano (CANIA); 2009. p. 1267-286.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">14. García  Narváez ME, Dini Golding E. Alimentación en el lactante. En: Henríquez Pérez G,  Dini Golding E. Nutrición en pediatría. 2 ed (ampl). Caracas: Centro de Atención  Nutricional Infantil de Antímano (CANIA); 2009. p. 265-93.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">15. SPSS. SPSS  9.0. Manual del usuario. Chicago: SPSS; 1999.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">16. Castillo C,  Acharán X, Alvarez P, Bustos P. Apetito y nutrición. Rev Chil Pediatr. 1990;  61(6):346-53.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">17. Boccio J,  Páez M, Zubillaga M, Salgueiro J, Goldman C, Barrado D, et. ál. Causas y  consecuencias de la deficiencia de hierro. Arch Latinoam Nutr. 2004;  54(2):165-73.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">18. Borno  Gamboa S, Álvarez Gutiérrez ML. Anemias nutricionales. En: Henríquez Pérez G,  Dini Golding E. Nutrición en pediatría. 2 ed (ampl). Caracas: Centro de Atención  Nutricional Infantil de Antímano (CANIA); 2009. p. 533-61.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">19. Instituto  Nacional de Nutrición. Valores de referencia de energía y nutrientes para la  población venezolana. Caracas: Instituto Nacional de Nutrición; 2000. Serie de  Cuadernos Azules; 53. 76 p.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">20. Hurtado M,  Hagel I, Araujo M, Rodríguez O, Palenque M. Creencias y prácticas alimentarias e  higiénicas en madres, según el estado nutricional de sus hijos. An Venez Nutr.  2004; 17(2):42-56.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">21. Del Rea S,  Fajardo Z, Solano L, Páez M, Sánchez A. Patrón de consumo de alimentos en niños  de una comunidad urbana al norte de Valencia, Venezuela. Arch Latinoam Nutr.  2005; 55(3):279-86.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">22. Hernán  Méndez C. Indicadores de situación de vida 1995-2001: Movilidad social  1995-2001: Estudio Nacional. Caracas: Fundacredesa; 1995. p. 373-407.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">23.  Sánchez-Jaeger A, Barón MA, Solano L, Guerrero A, Díaz N. Prácticas inadecuadas  de alimentación entre el 4º y 6º mes de vida y su asociación con el déficit  nutricional en un grupo de lactantes venezolanos. Arch Latinoam Nutr. 2008;  58(3):228-33.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">24. Sánchez S,  Castillo C. Alteraciones de la conducta alimentaria en lactantes chilenos de  acuerdo a estrato socieconómico. Arch Latinoam Nutr. 2008; 58(4):357-62.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#221E1F">25. Bellisle F.  Le comportement alimentaire et ses déterminants. En: Le comportement alimentaire  humain. Bruxelles: Institut Danone; 1999. p. 3-37.</font></p>       ]]></body>
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