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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana">     <p align="center"><b>VARIOS</b></p>     <p align="center"><b>El amor en el ejercicio de la medicina</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="center"><b>Dr. Miguel A. Römer*</b></p>     <p align="justify">* Profesor Asociado (Em) de la Cátedra de Medicina Tropical  de la Universidad Central de Venezuela. Caracas-Venezuela.</p>     <p align="justify">Correspondencia: La Castellana, 4ª Transversal, Qta. “Román”,  Caracas 1060. Tel/Fax: 262.0697 e-mail: <a href="mailto:maromer@cantv.net"> maromer@cantv.net</a></p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">“Ningún bebedizo, infusión o  tratamiento alguno administrado al enfermo, surtirá más efecto que el amor y la  constancia del médico por su paciente”.</font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Sir. Francis Thomas</p>     <p align="justify">Muy elástica es la palabra Amor: se la estira y se la encoge,  como a un chicle. ¿No es acaso el amor, el lenguaje universal, de la creación la  sustancia? En todas las religiones y creencias, y hasta en el tantra hindú, el  amor juega un papel de primer orden.</p>     <p align="justify">*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otra cosa es la atracción entre los sexos, indispensable para  la conservación de la especie. Nos referiremos a continuación al amor superior,  al amor universal: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Es cierto, y así lo he entendido, que en innumerables  ocasiones, amor hemos brindado, sin plena conciencia tener de lo que es. Cuando  a un paciente largas horas se le dedica, para su problema entender y ayudarlo a  resolver, es amor lo que se le está brindando, siempre y cuando, de todo corazón  haya sido realizado. Sin el amor, cuando se actúa sólo cumpliendo un deber, un  deber, que la profesión, la moral, la ética o la religión imponen, el ejercicio  profesional es diferente: el corazón está ausente.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">De amor hablar sólo se puede, cuando este ejercicio, del  corazón proviene, cuando el tener conciencia de haber ayudado a alguien, es la  recompensa. Es cuando se habla de vocación. Y cuando no se la tiene, sí, la  medicina se la puede ejercer, pero sin amor, su ingrediente más sublime, a la  enfermedad, más de una vez, no se la podrá vencer.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Amor con cortesía no confundamos. El amor más allá de la  cortesía va, y sólo es posible, cuando al enfermo, como una persona íntegra, con  nombre y apellido es tratado, cuando… tanto en su parte corporal como en la  espiritual, en su psique nos adentramos. No es esto, lo que estamos viendo en  los tiempos que corren. Estamos viendo una medicina cada vez más tecnificada, en  la cual el enfermo, como ser humano único e irrepetible, en secciones y  subsecciones fracturado, una entelequia a ser ha pasado.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">El médico internista, es el que ha quedado más cerca del  médico hipocrático; para quien era indispensable, ocuparse del enfermo como un  todo indisoluble, de un ser maravilloso, con un cuerpo, una mente y un corazón.</p>     <p align="justify">*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El enfermo con una dolencia grave, o que él la considera así,  temiendo morir, o asediado por dolores, busca desesperadamente al médico, para  que lo salve, para que lo alivie. Representa esto para el médico, una inmensa  responsabilidad. Que no es posible cumplir, sin un vínculo de amor de afecto. El  único puente, para al paciente llevarle, la confianza y la esperanza que tanto  necesita. Exceptuadas de lo expresado quedan, las emergencias, especialmente las  quirúrgicas.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Basta con observar, la cara del enfermo, cuando su médico  entra al cuarto donde yace, dominado por su enfermedad. Con los ojos fijos en  él, tratando de adivinar lo que piensa; atento a cada gesto, a la expresión de  su cara. Y cuan bien se siente, cuando este, parece sólo tener tiempo para él (o  ella), y mirándolo (a) directamente a sus ojos, se sienta a su lado;  atentamente, sin prisa, la historia clínica revisa, indagando si las  indicaciones fueron cumplidas, si los síntomas y signos de la enfermedad  persisten, si han mejorado o han empeorado, realizando las anotaciones  correspondientes, allí, a la cabecera del enfermo. Y luego cariñosamente le pone  la mano sobre su brazo y con afecto, la situación le explica, transmitiéndole  optimismo, confianza, esperanza. Este trato afectuoso obra milagros. Es lo que  el enfermo realmente necesita, tanto más, si su enfermedad con grandes  sufrimientos cursa, y sobre todo, si realmente grave es su situación, y su vida  peligra.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Crítica la relación médico-paciente se torna, cuando se trata  de casos terminales, cuando engañar al enfermo sólo trae como consecuencia, que  este pierda la confianza y el médico, por haber mentido mal se siente. Es en  estos casos, cuando sólo el amor es capaz de tender un puente. Indispensable es  sentarse a su lado, preguntarle detalladamente, que es lo que siente, oír con  atención sus quejas, ofrecerle y explicarle, las medidas que se van a tomar para  aliviarlo, y con una actitud enérgica y positiva, contarle, según el caso un  chiste, o algo que hacia otro lado, pueda desviar sus pensamientos. Asegurándole  estar pendiente de él, y la posibilidad contactarlo, cuando lo considere  necesario, es reconfortante. Dentro de lo posible, lograr que al despedirse, en  la cara del enfermo una sonrisa, quede dibujada. No hay regla alguna para esta  actuación: basada en el amor, ella surgirá espontáneamente, de acuerdo al  desarrollo de la entrevista.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Para el médico mantener esta actitud de amor por su  profesión, se requieren condiciones muy especiales, condiciones con las cuales  se nace. En el más amplio sentido de la palabra, un apostolado es, de la  medicina el ejercicio. Cuando otros intereses a los del enfermo, en el ejercicio  profesional afloran, ya de médico es difícil hablar.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">En la antigüedad, la medicina se aprendía al lado del  maestro. Él escogía sus discípulos, y se cuidaba de seleccionarlos muy  rigurosamente. Hoy en día los criterios de selección, eventualmente dejan mucho  que desear. No siempre se investiga, si una verdadera vocación existe.</p>     <p align="justify">*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la masificación de la medicina, el amor no tiene cabida, y  con harta frecuencia, al enfermo en una cosa, en un objeto lo convierte; hasta  su nombre y apellido pierde. Y del tiempo no se dispone, para las mínimas  expectativas espirituales del enfermo, cubrir; no quedándole a este otra  alternativa, que en una trágica e inhumana soledad hundirse.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Cada vez más la medicina, que originariamente era  fundamentalmente un arte, se ha convertido en una actividad altamente técnica,  en una actividad empresarial. Y es cuando el amor del médico se desvía, para  centrarse preferiblemente, sobre le técnica que domina. Cada vez más precarias,  han de ser, las condiciones humanísticas de la medicina moderna.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">Enormes han sido los avances de la profesión, extraordinarios  los éxitos, que hoy en día alcanzar son posibles, pero, proporcional ha sido, el  descenso en su nivel humanístico. La posibilidad de entablar un lazo afectivo,  con cada uno de los pacientes, especialmente con los que más lo necesitan,  imposible es hoy en día: no hay tiempo para ello. Y de allí nacen en gran parte,  errores en el diagnóstico y en el consiguiente tratamiento; a veces con  resultados fatales.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">La falta de una relación médico-paciente satisfactoria, es la  que ha impulsado el auge de los psiquiatras; que cuando no dominan la medicina  interna, también fallan, catalogando de psicosomáticas, a enfermedades orgánicas  importantes. Ya el médico de cabecera no existe. De un especialista a otro el  paciente es referido, sin encontrar quien sin escatimar esfuerzos, con afecto se  interese por él, hasta que su problema haya sido resuelto.</p>     <p align="justify">*</p>     <p align="justify">De tiempo no se dispone, para a la enfermedad quitarle la  máscara, para reconocerla, para llegar a un diagnóstico. Impersonalmente, sólo a  través de exámenes complementarios, hasta los más complejos y costosos, se trata  a la dolencia diagnosticar. Fatal error, que hasta la vida, al enfermo le puede  costar. Poniendo a la medicina a un nivel de costos, que sólo muy pocos pueden  sufragar.</p>     <p align="justify">El 4 de marzo de 1965, acudió a consulta, referida por una  colega, una joven paciente, de 34 años, a causa de dolores precordiales muy  intensos, que se irradiaban, hacia el cuello y el brazo izquierdo,  dificultándole la respiración; persistían hasta por media hora, y se repetían  varias veces al día. Habían comenzado unos 8 meses antes, el 19 de julio de  1964. Los electrocardiogramas no mostraban alteraciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ante la persistencia de estas manifestaciones, 3 meses  después de haber comenzado su enfermedad, en octubre, viajó a Estados Unidos,  donde fue examinada en un hospital de renombre internacional</p>     <p align="justify">Comenzando por una coronariografía, le realizaron  adicionalmente, toda una serie de exámenes, llegando a la conclusión, de que su  sangre tenía tendencia a la coagulación, y de que se trataba de dolores  anginosos típicos, de mal pronóstico. Para anular la tendencia arriba  mencionada, le indicaron inyecciones de heparina cada 12 horas, con la  esperanza, de que eventualmente su dolencia mejorara; lo cual no ocurrió.</p>     <p align="justify">Un examen integral, realizado con motivo de la consulta, sólo  reveló múltiples equimosis en abdomen y muslos a causa de las inyecciones de  heparina, la ausencia del pulso radial derecho, con disminución de la fuerza del  brazo correspondiente, a consecuencia del cateterismo cardíaco.</p>     <p align="justify">Pero llamaba la atención la exactitud, cada vez que se  refería a la fecha, cuando comenzó su enfermedad.</p>     <p align="justify">Ante la pregunta directa: ¿qué sucedió el 19 de julio?  contestó: “Ese día cumplía años y con nosotros vive un hermano de mi esposo, de  13 años de edad, ¡que no lo aguanto!”.</p>     <p align="justify">La recomendación fue la de suspender las inyecciones de  heparina, y de verse con un psiquiatra. Mediante la psicoterapia, anotando  además el día y la hora en que aparecían los dolores, y su eventual coincidencia  con alteraciones en el campo emocional, dieron excelentes resultados: los  dolores fueron disminuyendo en frecuencia y duración, a medida que se iba  convenciendo, de que guardaban relación con sus estados de ánimo. Terminaron  desapareciendo. Esa paciente, hoy, 40 años más tarde, vive en buenas condiciones  de salud, de acuerdo a su edad —76 años—.</p>     <p align="justify">Arte y ciencia es la medicina. Un equilibrio, una armonía  entre las dos es indispensable que exista. El arte no es cuantificable, se  aprende ejerciéndolo, y para llegar a dominarlo algún día, si es que esto fuese  posible, el amor es imprescindible. Sin amor, una relación médico-paciente  efectiva es imposible.</p> </font>       ]]></body>

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