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</front><body><![CDATA[ <p ALIGN="center"><b><font face="Verdana">Reseñas</font></p>     <p ALIGN="center"><font face="Verdana">El acceso a la educación superior en  Venezuela: ¿equidad o inequidad? </font></p> </b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">Pérez, A. y Díaz, M. (2008). Caracas: Instituto Venezolano de  Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello. Instituto Pedagógico de  Caracas. Universidad Pedagógica Experimental Libertador; 169 páginas </p> <b>     <p ALIGN="center">Thays Adrián Segovia </p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">En dos ocasiones hemos tenido la oportunidad de leer este  trabajo de las profesoras Anneris de Pérez y María Elena Díaz. En cada una de  ellas el interés por su contenido se relacionó con aspectos diferentes. La  primera vez se discutía, con mucha vehemencia por parte de los involucrados en  el tema y en las decisiones, acerca de la conveniencia o no de la supresión de  la Prueba de Aptitud Académica (PAA) como principal requisito de ingreso a las  universidades públicas del país. En la segunda ocasión, ya eliminada la prueba,  nuestras reflexiones apuntan a la responsabilidad del estado venezolano a la  hora de ofrecer una educación de calidad, que garantice a los bachilleres la  prosecución de sus estudios a nivel superior. Entremos en materia. </p>     <p align="justify">La PAA –según se desprende de la lectura del libro- surge  como una vía para resolver el problema del cupo en las instituciones de  educación superior en Venezuela. Cuando la oferta resultó menor que la demanda  fue necesario crear un mecanismo para restringir el ingreso a las universidades  públicas y ese parecía un sistema viable. Visto así, desde su origen, el  propósito de esta no se hallaba directamente vinculado a la vocación ni a las  aptitudes de los aspirantes para alcanzar el éxito académico. Por tal razón  Pérez y </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Díaz afirman: &quot;La Prueba que hasta 2007 venía administrando  la Oficina de Planificación del Sector Universitario (…) no determina aptitudes  hacia un área específica, sino que (…) sus resultados son utilizados para la  selección de los estudiantes que podrán ingresar a las Instituciones de  Educación Superior.&quot; (p.91). En tal sentido la califican como &quot;un mecanismo de  exclusión&quot;. La aplicación de la prueba encubría el hecho de que no existen cupos  suficientes para quienes obtienen anualmente el título de bachilleres y para la  población flotante que año tras año va quedando sin posibilidades de continuar  sus estudios en las universidades públicas. </p>     <p align="justify">Otro aspecto de interés, entre muchos que contempla el libro  comentado, tiene que ver con la Subprueba de Comprensión de Lectura que forma  parte de la Prueba de Aptitud Académica. A juicio de las autoras, dicha prueba  &quot;se fundamenta (…) en lo que idealmente debe ser el estatus de un individuo que  pretende ingresar a una universidad, y no (…) en lo que realmente el bachiller  venezolano ha adquirido.&quot; (p. 92). Aunque ellas opinan que este instrumento se  apoya en las concepciones más recientes sobre la lectura señalan que deben  revisarse y analizarse las competencias que se evalúan a fin de determinar si  &quot;se ajustan a un adecuado proceso técnico de selección de los textos y de  elaboración de los ítemes&quot; (p.93). Todo esto, más allá de los acuerdos o  desacuerdos sobre la eliminación de la prueba, es prioritario cuando se habla de  la formación académica del venezolano y ha de constituirse en reflexión obligada  para quienes nos desempeñamos como docentes de lengua. Asimismo resulta  interesante para la reflexión sugerida, revisar los anexos 6, 7 y 8 del trabajo  de Pérez y Díaz, que contienen entrevistas realizadas a tres estudiantes de  bachillerato que presentaron la PAA, porque se complementarían nuestras  apreciaciones acerca del tema. Estos jóvenes expresan sus puntos </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">de vista acerca de la PAA en general y sobre la subprueba de  lectura en particular, además de aportar sus pareceres en cuanto a la formación  recibida en sus liceos, su desempeño en las pruebas y el modo en que debía  realizarse el ingreso a las universidades. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Lo anteriormente expuesto nos conduce a la reflexión que  suscitó la mayor cantidad de inquietudes en nuestra segunda lectura: ¿acaso no  es responsabilidad del estado venezolano la formación de bachilleres aptos para  desempeñarse exitosamente en sus estudios de educación superior? ¿por qué luego  de once años de escolaridad en las áreas de lengua y matemática no se tienen las  competencias mínimas requeridas para proseguir los estudios universitarios?  Anneris de Pérez y María Elena Díaz insistentemente hablan de equidad y justicia  para exigir un sistema de ingreso a las universidades. Citan la Declaración  Mundial de la UNESCO sobre la Educación Superior en el siglo XXI, y esta reza  que el acceso a la educación superior debería estar abierto &quot;a toda persona que  haya finalizado <b>satisfactoriamente </b>la enseñanza secundaria u otros  estudios equivalentes o que reúna las condiciones necesarias…sin ninguna  discriminación&quot; (UNESCO, 1998. Citado por Pérez y Díaz, 2008. p.891).27 La  lectura de esta cita nos devuelve a las preguntas que encabezan este párrafo: y  nos lleva a plantearnos otra que las complementa: ¿acaso la educación recibida  por nuestros bachilleres les permite culminar <b>satisfactoriamente </b>sus  estudios secundarios? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pérez y Díaz destacan que un adecuado programa de orientación  vocacional acorde con los intereses de los bachilleres y una estrategia que le  permita al estudiante en desventaja mejorar sus competencias podrían formar  parte de la solución del problema. No obstante opinamos –y ellas lo mencionan en  las líneas finales </p>     <p align="justify">del libro- que el énfasis debe estar en exigir una educación  de calidad en todos los niveles. De ese modo se garantizaría eso que la  Declaración de la UNESCO expresa: finalizar satisfactoriamente la enseñanza  secundaria. No se puede continuar con una política de paños calientes que busque  resolver el problema al momento de tener a los bachilleres a las puertas de la  universidad. Se ha hablado de cursos remediales, propedéuticos de un año de  duración que les aporten los conocimientos requeridos para cada una de las  carreras a las cuales aspiren, pero estos también podrían convertirse en un  mecanismo encubridor de la ausencia de cupos. Lo primero, creemos, debe ser  exigirle al estado una educación de calidad, pues la ausencia de esta es la  causa principal del problema. Requerimos docentes capacitados y con salarios  dignos, instituciones bien dotadas, planes de estudio actualizados y congruentes  con la realidad nacional. De no ser así, se continuará dejando para después la  solución del problema.</p>     <p align="justify">1 Las negritas son nuestras.</p> </font>       ]]></body>

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