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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Wittgenstein y la autonomía de la voluntad: la presencia del pragmatismo]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Pontificia Universidad Católica de Lima  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper aims to discuss the Wittgensteinian analysis of free will in order to show its roots in classical pragmatism. These roots can be found fundamentally in the conception of the will that William James elaborates in his Principles of Psychology. It also intends to show that the Wittgensteinian intuitions, which are based on pragmatist conceptions, lead to what is usually called the double aspect theory. Finally, the paper attempts to formulate the double aspect theory in a way that might help to clarify the problem of free will.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Wittgenstein y la autonomía de la voluntad: la presencia del pragmatismo</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> Wittgenstein and the Autonomy of Will: The Presence of Pragmatism</FONT></b></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>Pablo Quintanilla</I></FONT></b></P>     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>Pontificia Universidad Católica de Lima Lima - Perú</I></FONT></P>  <font face="Verdana" size="2"></font>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El texto se propone discutir el análisis wittgensteiniano de la autonomía  de la voluntad, con el objetivo de mostrar sus raíces en el pragmatismo  clásico. Estas raíces se pueden encontrar fundamentalmente en la concepción  de la voluntad que William James desarrolla en sus <I>Principles of Psychology</I>.  También se desea mostrar que las intuiciones wittgensteinianas elaboradas  sobre concepciones pragmatistas, irían en la dirección de lo que se suele  llamar la teoría del doble aspecto. Finalmente, el texto se propone formular  la teoría del doble aspecto de una manera que colabore en aclarar el problema  de la autonomía de la voluntad.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Wittgenstein, voluntad, autonomía, pragmatismo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B></FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> This paper aims to discuss the Wittgensteinian analysis of free will in  order to show its roots in classical pragmatism. These roots can be found  fundamentally in the conception of the will that William James elaborates  in his <I>Principles of Psychology. </I>It also intends to show that the Wittgensteinian  intuitions, which are based on pragmatist conceptions, lead to what is  usually called the double aspect theory. Finally, the paper attempts to  formulate the double aspect theory in a way that might help to clarify  the problem of free will.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Wittgenstein, will, autonomy, pragmatism.</FONT></P>     <p ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 19-07-07 Aceptado: 09-08-07</FONT></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>I</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Acierta Wittgenstein cuando afirma que es nuestra “ansia de generalidad”  la que nos conduce a “buscar algo común a todas las entidades que usualmente  incluimos bajo un término general”, pero con frecuencia ese elemento común  no existe<SUP>1</SUP>. Un ejemplo de ello es que no hay un concepto de libre albedrío  sino varios. Para algunos de estos conceptos, la pregunta sobre su relación  con el determinismo causal está, como señaló correctamente Wittgenstein,  mal formulada, pero no para todos. Así como es un error suponer que todos  los usos de un término deben tener algo en común, también podría ser un  rezago de nuestra ansia de generalidad, aunque a nivel metateórico, el  asumir que todas las preguntas sobre la libre voluntad (o simplemente todas  las preguntas filosóficas) están mal planteadas y son el producto de un  uso inapropiado del lenguaje.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Uno de los objetivos de este texto es mostrar que, aunque la pregunta metafísica  sobre la relación entre determinismo y libertad suele estar planteada de  manera confusa, dando con ello razón a Wittgenstein, hay algunas formas  de plantear el problema que pueden ser válidas. Así, es posible que la  manera más apropiada de plantearlo sea en términos de libre albedrío versus  manipulación causal, con lo cual el problema adquiere un carácter más moral  que metafísico, pero volveré sobre ese tema solo al final de esta contribución.  En lo que sigue partiré de intuiciones wittgensteinianas para intentar  echar algo de luz al problema de la autonomía de la voluntad, sugiriendo  también que ciertos elementos de esas intuiciones estaban previstas en  algunas posiciones de los pragmatistas clásicos, especialmente en la concepción  jamesiana de la voluntad. Discutiré en qué sentido puede decirse que hay  en Wittgenstein tesis filosóficas para luego, en la segunda sección, describir  panorámicamente la influencia del pragmatismo en Wittgenstein. En la tercera  sección analizaré la manera como se suele plantear el problema de la autonomía  de la voluntad para discutir, en la cuarta sección, la desconstrucción  que hace Wittgenstein de esas formulaciones. Finalmente, en la quinta sección  abordaré de una manera algo menos exegética el problema de la voluntad,  intentando mostrar cómo la llamada “teoría del doble aspecto” puede ayudarnos  a verlo de una manera más apropiada. Tengo la sospecha de que esa posición  está seminalmente presente en el Wittgenstein tardío, así como en los pragmatistas  clásicos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es frecuente sostener que la filosofía de Wittgenstein es básicamente desconstructiva,  en el sentido de que no propone tesis positivas sino se limita a mostrar  las paradojas y confusiones en que suelen caer las teorías filosóficas;  creo que en ello puede haber una confusión con el uso de la palabra <I>teoría</I>.  Ciertamente Wittgenstein rechazó explícitamente la actividad de proponer  teorías filosóficas explicativas<SUP>2</SUP>, pero sólo si se las entiende como construcciones  de tesis destinadas a <I>representar</I> la manera como son las cosas con pretensiones  sistemáticas, definitivas y eventualmente nomológicas, es decir, como eran  las pretensiones cientificistas que Wittgenstein objetó desde su juventud.  Pero en un sentido más austero, en que se entiende las teorías como posibles  descripciones que iluminan relaciones entre fenómenos, permitiéndonos ver  algunas cosas a la luz de otras, es decir, mostrándonos aspectos previamente  no reconocidos, sin duda el propio Wittgenstein las utilizó. Uno podría  preguntarse por qué debiéramos llamar <I>teoría</I> a esa actividad más austera.  La respuesta es que no se puede iluminar las distintas relaciones que puede  haber entre los conceptos o las cosas, si no se proponen tesis que conduzcan  la mirada en una dirección o en otra. El punto, sin embargo, es que esas  tesis no debieran verse como afirmaciones que pretenden <I>representar</I> la  constitución misma de la realidad independientemente de nuestras descripciones  de ella, sino como <I>instrumentos </I>que empleamos para interactuar de manera  práctica con la realidad, obteniendo así resultados específicos. Como resultará  claro, ahí ya tenemos una evidente cercanía entre Wittgenstein y el pragmatismo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Wittgenstein solía pensar que es nuestra herencia cientificista la que  nos conduce a suponer que explicar algo es reducirlo a algo más básico:  explicar la naturaleza sería reducirla a un conjunto de leyes simples y  dar una explicación filosófica sería encontrar un conjunto de principios  fundamentales<SUP>3</SUP>. Él creía que la filosofía no debe ser explicativa sino  puramente descriptiva, pues la explicación tiende a ser reductivista mientras  que la descripción no, preservando así el valor del caso particular<SUP>4</SUP>. Hay,  sin embargo, algunas preguntas que surgen inmediatamente: ¿No está Wittgenstein  haciendo uso de un concepto cientificista de <I>explicación</I> para objetarlo,  y no está siendo presa del ansia de generalidad al sostener que toda explicación  está condenada a ser reductivista? En otras palabras, su argumento es válido  sólo contra alguien que asuma el concepto de explicación que él rechaza,  cientificista y reductivista, aunque evidentemente no es el único concepto  de explicación que hay. Pero además, ¿no es toda descripción también una  reducción de algo a algo? Es decir, ¿puede uno describir un fenómeno sin  reducir su complejidad, diversidad y flujo a un conjunto reducido de categorías  conceptuales, palabras o expresiones? ¿No opera así inevitablemente la  mente humana? Si no hubiera una dosis de simplificación en toda explicación  y descripción, padeceríamos lo que el borgiano Funes el memorioso. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El problema no está en que toda descripción o explicación reduzca algo  a algo, pues eso es inevitable, sino en suponer que nuestra explicación  o descripción es la única correcta, o la que representa la realidad de  la única manera como ésta es o se nos muestra. Por momentos da la impresión  que, en vez de reformular el concepto de explicación, Wittgenstein quiere  lanzar el agua de la bañera con niño y todo. Pero más allá de eso, Wittgenstein  abrazó un pluralismo metodológico según el cual varias descripciones de  un mismo objeto pueden ser igualmente correctas aunque, naturalmente, no  todas las descripciones están en pie de igualdad, pues algunas son mejores  que otras para alcanzar ciertos objetivos. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Wittgenstein tuvo que bregar mucho para alejarse de la educación filosófica  cientificista y representacionalista que recibió. El <I>Tractatus</I> es una muestra  de sus esfuerzos por alejarse del cientificismo, aunque es obvio que en  esa época seguía atado al representacionalismo; mientras que las <I>Investigaciones  </I>ilustran no solo un alejamiento mayor del cientificismo sino también una  ruptura con el representacionalismo. Sin embargo, con frecuencia él sigue  usando algunos conceptos en un sentido cientificista, con lo que no resulta  sorprendente que se quiera librar de ellos en vez de resignificarlos. Eso  ocurre con las palabras ‘teoría’, ‘explicación’ o ‘causalidad’, entre otras.  Wittgenstein no quiere hacer teoría en el sentido de dar una representación  definitiva de cómo son las cosas. Él se propone desconstruir ciertos problemas  filosóficos con el propósito de mostrar por qué estaban mal planteados.  Pero para hacer eso se necesita una teoría, es decir, una concepción metodológica  acerca de cómo deberían desarticularse esos problemas, lo que conduce a  una práctica terapéutica también en el sentido etimológico, es decir, en  tanto cultivo de uno mismo.<SUP>5</SUP> Sin embargo, así como Wittgenstein no cree  que haya un solo método filosófico pero cree que sí hay métodos filosóficos,  tampoco cree que haya solo una forma de hacer terapia sino varias<SUP>6</SUP>. Además,  como sabe todo terapeuta, toda terapia presupone una teoría.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, pienso que es perfectamente lícito decir que Wittgenstein tiene, entre  otras, teorías acerca del significado y del lenguaje, de la mente y el  cuerpo, de la causalidad, de la justificación, del conocimiento, de la  certeza y de la creencia. En este austero sentido, las teorías son instrumentos  de esclarecimiento que nos permiten girar el orden y disposición en que  estábamos acostumbrados a ver algo, para sugerirnos verlo en un orden diferente.  La idea no es proponer el único orden correcto, sino uno que pueda resultar  iluminador para ciertos fines. Aquí, como en otros lugares, está presente  la influencia pragmatista en Wittgenstein: las teorías no son representaciones  de la realidad sino instrumentos para describirla y verla en la diversidad  de sus aspectos. Me parece que Wittgenstein tuvo en lo fundamental una  concepción instrumentalista de la ciencia y del conocimiento, así como  una concepción pluralista del método. Estas dos ideas, instrumentalismo  y pluralismo, son intuiciones centrales del pragmatismo clásico.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La pregunta que tendremos que hacernos ahora es si hay en Wittgenstein  una concepción elaborada acerca de la voluntad y el libre albedrío, o solo  un conjunto de intuiciones. Sospecho que lo segundo. En este tema en particular,  Wittgenstein se concentra en desconstruir las concepciones clásicas ofreciendo  a cambio solo algunas sugerencias, las cuales están fuertemente influidas  por el pragmatismo, como intentaré mostrar más adelante.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>II</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En relación a la influencia general del pragmatismo en Wittgenstein, será  necesario recordar que él explícitamente rechazó ser pragmatista, pero  lo hizo porque tendía a circunscribir el pragmatismo a la concepción de  la verdad que se le atribuía a James y con la que Wittgenstein discrepaba.  Sin embargo, el pragmatismo no se reduce a ser una concepción de la verdad  y menos aún la de James, de manera que es posible encontrar rasgos pragmatistas  en Wittgenstein en otros aspectos de su epistemología, cosa que él mismo  admitió<SUP>7</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es importante aclarar que no tiene sentido preguntarse si Wittgenstein  fue o no un pragmatista, como si esa pregunta requiriese de un monosílabo  como respuesta. Lo relevante es discutir en qué aspectos recibió él esa  influencia, incorporándola a su pensamiento, y en qué aspectos no lo hizo.  Se suele creer que esta influencia está presente solo en su segunda época,  pero Vicente Sanfélix ha mostrado<SUP>8</SUP> que ella se encuentra ya desde el <I>Tractatus</I>.  El pragmatismo llegó a Wittgenstein a través de William James, específicamente  con <I>Las variedades de la experiencia religiosa</I>,<SUP>9</SUP> que durante un tiempo  fue libro de cabecera de Wittgenstein al punto que se lo recomendó vivamente  a su amigo Drury<SUP>10</SUP>, así como también de <I>Los principios de psicología</I>,<SUP>11</SUP>  que Wittgenstein también reporta haber leído y cuya influencia es determinante  en el tema de la voluntad.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El objetivo de esta sección no es hacer un inventario de la presencia pragmatista  en Wittgenstein, pero será necesario hacer una contextualización de las  características pragmatistas más marcadas en él, antes de poder detenernos  en el tema que nos interesa. Se podría decir que esos rasgos son, más o  menos, los siguientes:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. Una actitud anti-representacionalista acerca del conocimiento. La crítica  al representacionalismo se da tanto en relación a la mente (ésta no es  una instancia de representación interna de objetos externos), como en relación  al lenguaje (éste no tiene como objetivo representar la realidad), así  como en relación al significado (las oraciones significativas ya no son  entendidas como aquellas que representan estados de cosas). Wittgenstein  defenderá la idea de que las concepciones filosóficas son instrumentos  terapéuticos antes que imágenes de la realidad.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">2. La concepción de que las creencias son disposiciones para actuar y no  representaciones mentales de la realidad<SUP>12</SUP>. Sin duda esto llega hasta Wittgenstein  a través de James, y a James a través de Peirce y Alexander Bain<SUP>13</SUP>. Esta  idea se encuentra resumida en su versión más temprana por el famoso principio  de Peirce:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">“La esencia de la creencia es el asentamiento de un hábito; y las diferentes  creencias se distinguen por los diferentes modos de acción a que dan lugar.  Si las creencias no difieren a este respecto, si apaciguan la misma duda  produciendo la misma regla de acción, entonces las meras diferencias en  el modo de las consciencias de ellas no pueden constituirlas en diferentes  creencias”<SUP>14</SUP>.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">3. La idea de que los significados y conceptos no son representaciones  mentales internas, conocidas por introspección, sino objetos sociales y  públicos, que se pueden caracterizar en términos de prácticas sociales  compartidas. Para entender un concepto (por ejemplo, ‘causalidad’, ‘libertad’,  ‘voluntad’, etc.), no es necesario recurrir a experiencias puras, como  en la tradición empirista, ni tampoco a intuiciones inmediatas, como en  la tradición racionalista, sino a formas de comportamiento social asociadas  con él.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. La idea de que los problemas filosóficos son confusiones conceptuales  y verbales que, con frecuencia, requieren disolución y reformulación antes  que solución y donde, en todo caso, el éxito de la resolución se mide por  el valor que tenga para la vida. Eso está claramente en James, tanto en  <I>Pragmatismo</I><SUP>15</SUP><I>, </I>como en <I>Problemas de la filosofía</I><SUP>16</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5. La crítica a la subjetividad moderna, es decir, a la idea de que la  mente es una instancia privada conocible por introspección y cuya información  resulta incorregible para uno mismo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. La crítica al dualismo ontológico entre lo mental y lo corporal, lo  que conduce a Wittgenstein a sostener una posición cercana a la doctrina  del doble aspecto, donde las descripciones mental y física son dos lenguajes  alternativos, no reducibles entre ellos, acerca de una realidad que es  simultáneamente mental y física. Esta posición está influida por el monismo  neutral de Russell que, a su vez, estaba presente ya en James. Russell  creía que la realidad es ontológicamente neutra y nuestras descripciones  nos permiten verla como física o como mental, lo que tiene un fuerte aroma  kantiano a cosa en sí, con lo cual pareciera estar comprometido con el  tercer dogma del empirismo: la distinción entre esquema y contenido. Pero  Wittgenstein va en otra dirección: no dice que la realidad sea ontológicamente  neutra sino, en todo caso, que es <I>al mismo tiempo</I> física o mental, dependiendo  de qué aspecto decida uno subrayar. Esta idea está presente tanto en su  análisis de la mente como en la célebre imagen del pato/conejo, donde ambas  descripciones del dibujo son correctas (la del pato y la del conejo) en  tanto ambas describen lo que el objeto realmente es, solo que el objeto  puede realmente ser varias cosas al mismo tiempo, con lo cual puede ser  descrito iluminándose uno o varios de sus aspectos. Esta intuición es el  tipo de realismo directo que está presente en Peirce y James, y que tiene  actualmente en Davidson a un notable, aunque algo implícito, defensor.  Ésta es una idea también presente en el físico Ernst Mach, quien influyó  directamente tanto en James como en Wittgenstein. Mach desarrolló una concepción  llamada “psicofísica” cuyo objetivo era explicar las relaciones entre las  sensaciones y las presentaciones (entendidas como representaciones mentales)  de la realidad. La psicofísica es una concepción monista que considera  que lo físico y lo psicológico son dos aspectos de la misma realidad<SUP>17</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. El reemplazar la concepción del espectador por la del agente.<SUP>18</SUP> El abandono  del solipsismo metodológico y su sustitución por una concepción intersubjetivista,  donde el sujeto se constituye en sus relaciones con los otros y con el  mundo que comparten. Con los pragmatistas se empezaría a gestar el tránsito  del paradigma de la consciencia al paradigma del lenguaje. Esto, por otra  parte, tiene una fuerte influencia de Hegel, la que llega hasta los pragmatistas  por la influencia de los neo-hegelianos y neo-realistas británicos y americanos  de fines del siglo XIX y comienzos del XX.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. Una posición anti-esencialista y anti-trascendentalista mas no fisicalista  ni reductivista y, probablemente, tampoco naturalista.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. La crítica al escepticismo, siendo éste considerado conceptualmente  inviable. Ni James ni Wittgenstein pretenden ofrecer argumentos contra  esta posición sino más bien mostrar que carece de significado<SUP>19</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. El rechazo del fundacionalismo como la tesis según la cual, en principio,  es posible dar una justificación última a nuestras creencias, ya sea a  partir de creencias básicas o de impresiones sensoriales. Los pragmatistas  eran falibilistas en tanto creían que cualquiera de nuestras creencias  podría ser falsa y revisable, aunque no todas al mismo tiempo. Por otra  parte, también pensaban que la base última sobre la que construimos nuestras  creencias son prácticas sociales preconceptuales, antes que representaciones  conceptuales del mundo. Esta idea está presente en Wittgenstein, especialmente  en <I>Sobre la certeza</I>, con sus diversas metáforas del lecho del río y de  la práctica animal que es el suelo último sobre el que reposan nuestras  certezas.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11. En los pragmatistas clásicos, tanto como en Wittgenstein, hay una defensa  del pluralismo conceptual. Según esta tesis el mundo puede ser descrito  de múltiples formas, según diversos objetivos o intereses, sin que haya  ni deba haber un criterio para determinar una jerarquía entre estas descripciones,  y sin que se puedan reducir ellas a una sola. Así, pueden coexistir diversas  descripciones de un mismo fenómeno donde sería un “error categorial” aplicar  los criterios de una de las descripciones a aspectos internos de una descripción  diferente o a toda una descripción diferente. Esto, a su vez, implica una  crítica a todo punto de vista que pretenda ser privilegiado o que se constituya  como una crítica desde ningún sitio.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12. Finalmente, en relación con el tema que nos concierne aquí, la tesis  principal de Wittgenstein, compartida por James y Peirce, es que el problema  del libre albedrío versus el determinismo está mal planteado y debe ser  reformulado, pues procede de una errónea teoría mecanicista de la causalidad  y del cosmos. Peirce también creía que éste puede ser un pseudo problema:</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Si con respecto a alguna cuestión –digamos, la libertad de la voluntad-  no importa lo lejos que vaya la discusión o lo científicos que puedan llegar  a ser nuestros métodos, nunca hay un momento en que podamos sentirnos completamente  satisfechos respecto a si la pregunta no tiene significado o si una respuesta  u otra explica los hechos, entonces en relación a esa cuestión ciertamente  no hay <I>verdad</I>” <SUP>20</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>III</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El problema de la autonomía de la voluntad, tal como se plantea en la modernidad  y en gran parte de las discusiones actuales, procede directamente de una  concepción teleológica y mecanicista del cosmos. Bajo este modelo, el problema  se plantea de dos maneras:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>En primer lugar</I>, aparece como consecuencia de asumir un presupuesto altamente  controversial: uno es libre cuando sus acciones son voluntarias, es decir,  cuando es uno mismo y no un agente o fuerza externa lo que causa sus acciones.  A partir de este supuesto algunos filósofos se han preguntado si la voluntad  es ella misma libre o está determinada. Es decir, si nosotros elegimos  libremente nuestras creencias y deseos, que a su vez serían las causas  de nuestras acciones, o si éstos nos resultan impuestos. Esta imposición  podría proceder de fenómenos sobre los que no tenemos control, como nuestra  carga genética, contexto social, educación o, incluso, la posibilidad de  que seamos manipulados neurológica o psicológicamente, obviamente sin nuestro  conocimiento.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>En segundo lugar</I>, el problema aparece como producto de una tensión entre  dos premisas usualmente aceptadas:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> (i) Algunos aspectos de nuestro comportamiento son voluntarios, en tanto  han sido causados por nosotros mismos o por nuestros estados mentales,  por lo que podríamos haber obrado de otra manera.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> (ii) Todo evento de la naturaleza tiene una causa física que está determinada  por otros eventos físicos, incluyendo nuestro comportamiento y nuestros  estados mentales. Aquí el problema emerge porque, al parecer, hay una relación de exclusión  entre el determinismo causal de la naturaleza, donde todo efecto tiene  necesariamente causas, y la idea de que la voluntad es una suerte de causa  incausada, un motor inmóvil que causa pero no es causado por eventos externos  a ella. Como, según se cree, nuestros estados mentales han sido causados  por eventos que no hemos elegido, la consecuencia inevitable es que el  libre albedrío es una ilusión. Éste es el problema de la compatibilidad.  Si creemos que ambas premisas son excluyentes y no pueden ser integradas  entre sí, seremos incompatibilistas; en cambio, si creemos que no necesariamente  son incompatibles y que pueden ser formuladas de manera integrada, seremos  compatibilistas. Como es conocido, uno de los proyectos más formidables  de compatibilización de esas premisas pertenece a Kant.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Acerca de las relaciones entre estas dos premisas hay varias cuestiones.  Primero tendríamos que ver si ambas premisas son aceptables tal como están  formuladas. Segundo, habría que ver si vale la pena embarcarnos en un proyecto  de compatibilización. La idea de Wittgenstein es que tanto compatibilistas  como incompatibilistas intentan resolver un falso problema, dado lo cual  bastará con mostrar por qué el problema no es tal, es decir, bastará con  desconstruirlo. Mostrar cómo debiera hacerse esa desconstrucción es parte  del objetivo de Wittgenstein. Creo que Wittgenstein tiene razón en lo relativo  a la segunda formulación del problema, pero sospecho que la primera formulación  sí apunta a un problema real que debe ser tratado, no solo por la filosofía  sino también por las ciencias cognitivas y sociales.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La segunda formulación del problema de la libertad involucra varias confusiones.  De un lado, se mezclan distintos tipos de lenguaje cuando se dice que los  estados mentales están causalmente determinados, porque no se aclara si  lo que está determinado son los eventos físicos que ocurren en nuestros  cerebros o la descripción intencional de ellos que llamamos ‘creencias’,  ‘deseos’, ‘emociones’, etc. Sospecho que la solución a varios de nuestros  problemas radica en distinguir convenientemente esos dos tipos de descripciones.  De otro lado, hay un problema en la formulación misma de “pude haber obrado  de otra manera”. Esta formulación es un condicional contrafáctico, y lo  que quiere decir es que hubiera obrado de otra manera si hubiese deseado  hacerlo, es decir, si hubiera tenido deseos y creencias diferentes de las  que tuve. Pero esto es una obviedad, porque si hubiera tenido deseos y  creencias diferentes ciertamente habría actuado de manera diferente, con  lo cual podría haber estado determinado para actuar de esa manera.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Schopenhauer, en “Sobre la libertad humana”<SUP>21</SUP>, es uno de los primeros en  mostrar que acudir al concepto de voluntad para explicar la libertad no  solo es explicar lo oscuro con lo más oscuro sino también inventar una  facultad para explicar una dificultad. En realidad, Locke ya había señalado  en el <I>Ensayo sobre el entendimiento humano</I><SUP>22</SUP> las limitaciones del concepto  de voluntad para explicar el libre albedrío, pero Schopenhauer discute  más ampliamente el problema. Schopenhauer identifica autoconsciencia con  consciencia de ser agente, es decir, de desear. Pero, a su juicio, es innecesario  el postular una facultad o un sentido interno de la consciencia o la voluntad.<SUP>23</SUP>  Para Schopenhauer la autoconsciencia es consciencia de la voluntad, es  decir del deseo, hacia algo exterior a uno mismo. Su tesis central es que  uno es responsable de sus actos por haberlos causado. Uno no ha elegido  ser quien es, pero dado que uno es quien es, uno es responsable de sus  actos<SUP>24</SUP>. Para Schopenhauer es la totalidad de lo que uno es, es decir,  su carácter más sus motivaciones<SUP>25</SUP>, lo que origina las acciones libres.  Cree que el carácter de una persona es “innato e inmutable”<SUP>26</SUP>, pero considera  también que esto no limita la voluntad porque lo que uno es incluye su  carácter y, por tanto, decir que nuestro carácter determina nuestro comportamiento  es simplemente decir que nosotros mismos lo hacemos. Cita un diálogo de  <I>Measure for measure </I>de<I> </I>Shakespeare, en que Isabella ruega al tirano Angelo  que salve la vida de su hermano condenado a muerte.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Angelo: <I>I will not do it. </I>Isabella: <I>But can you if you would? </I>Angelo: <I>Look,  what I will not, that I cannot do </I><SUP> 27</SUP><I>.</I></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Con esta cita Schopenhauer ilustra lo que quiere decir: uno no puede evitar  hacer lo que su carácter o sus deseos le mandan, pero eso no significa  que uno esté determinado por su carácter o sus deseos, precisamente porque  eso es lo que uno es. Dice Schopenhauer:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “El hombre hace siempre lo que quiere y lo hace, sin embargo, necesariamente.  Eso se debe a que él es ya lo que quiere: pues de aquello que él es se  sigue necesariamente todo lo que él hace cada vez” <SUP> 28</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero Schopenhauer cree inevitable reconocer que aquí hay una aporía, la  cual a su juicio solo puede ser resuelta con un giro kantiano, es decir,  trasladando la libertad a un ámbito trascendental.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Así pues, la <I>libertad</I> no queda suprimida por mi exposición sino solamente  desplazada desde el dominio de las acciones individuales, en donde se ha  demostrado que no se puede encontrar, hasta una región superior pero no  tan fácilmente accesible para nuestro conocimiento: es decir que es trascendental”  <SUP>29</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este recurso a lo trascendental, en lo concerniente a la naturaleza de  la voluntad, está también presente en el primer Wittgenstein a sus lecturas  de Schopenhauer. En el segundo Wittgenstein aparecerá la idea de que el  lenguaje con el que hablamos de nuestros estados mentales y acciones no  es el mismo que aquel con el que hablamos de las relaciones causales entre  eventos físicos pero, como veremos en la próxima sección, ya no está el  recurso a lo trascendental.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Henri Bergson también tuvo ideas que iban en la misma dirección. Aunque  Wittgenstein no leyó a Bergson, este autor francés sí tuvo un intenso intercambio  filosófico con William James, quien está presente en Wittgenstein. En el  <I>Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia</I>, Bergson aborda, entre  otros temas, el problema de la autonomía y el determinismo. Sostiene que  no debemos ver los estados mentales como encadenados causalmente con otros  estados mentales o acciones, es decir a la manera mecanicista, porque esto  conduce irremediablemente al determinismo. Wittgenstein también considera  que es el presupuesto mecanicista subyacente a la explicación de las acciones  en términos causales el que está en el fondo de la aporía sobre la autonomía.  Según Bergson, tanto los estados mentales como las acciones son resultados  de la totalidad de la persona, con lo que es toda la persona y no ciertos  estados mentales o acciones tomados individualmente lo que causa la acción  intencional. Por ello no tiene sentido decir que el comportamiento de uno  esté determinado, porque éste ha sido causado por la totalidad de lo que  uno es. Es más, afirmar que un acto es libre es simplemente decir que es  un resultado de la totalidad de lo que una persona es. Dice Bergson:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “En suma, somos libres cuando nuestros actos emanan de nuestra personalidad  entera, cuando la expresan, cuando tienen con ella ese indefinible parecido  que a veces se encuentra entre la obra y el artista. En vano se alegará  que entonces cedemos a la todopoderosa influencia de nuestro carácter.  Nuestro carácter es también nosotros”<SUP>30</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Tanto Schopenhauer como Bergson notaron que no tiene sentido formular la  pregunta por el libre albedrío como lo venía haciendo la tradición filosófica,  pues contiene usos confusos del lenguaje y errores categoriales. No tiene  sentido preguntar si uno eligió sus acciones, deseos y creencias, precisamente  porque en un importante sentido uno es sus acciones, deseos y creencias.  Tampoco tiene sentido preguntar si uno eligió ser quien es porque no hay  un <I>uno </I>anterior a esa suma de integración de acciones y estados mentales  al que denominamos con un nombre propio. Preguntar cómo me habría comportado  yo si hubiese nacido de ancestros ingleses en Sudáfrica de comienzos de  siglo es una cuestión sin sentido, porque sencillamente no hubiera sido  yo sino otra persona. En el contexto de esa pregunta, la palabra <I>yo </I>carece  de todo significado reconocible. Tiene sentido preguntar qué haría yo<I> </I>si  en este momento hubiera un terremoto, pero no tiene sentido preguntar qué  hubiera hecho yo<I> </I>si hubiese vivido el célebre terremoto de Lisboa que relata  Voltaire. En el primer caso, la palabra <I>yo</I> tiene un significado que procede  de ciertos juegos de lenguaje reconocibles y válidos, en el segundo caso  no ocurre lo mismo. Sin embargo, solemos creer que la pregunta planteada  de manera contrafáctica sí tiene sentido, y eso es porque trasladamos al  pasado una pregunta que solo es significativa respecto del futuro. Tiene  perfecto sentido preguntar cómo me comportaría yo<I> </I>si me ocurrieran tales  o cuales situaciones. También tiene sentido preguntar cómo sería mi futuro  si hiciera algo en vez de su opuesto. Como esas preguntas son perfectamente  legítimas, porque es concebible que yo llegara a convertirme en el futuro  en una persona diferente si hiciera algo y no su opuesto, solemos creer  que la misma pregunta utilizada respecto del pasado, es decir retrospectivamente  y no prospectivamente, es también legítima, pero no lo es. Éste es un claro  caso en que usos de lenguaje que son inteligibles para ciertas circunstancias  generan falsas preguntas cuando son aplicados a casos parecidos. Hay una  larga tradición de análisis filosófico del lenguaje concentrado en mostrar  cómo con frecuencia, aunque no siempre, los problemas filosóficos son producto  de usos aparentemente legítimos pero que en realidad no lo son y conducen  a innecesarias confusiones. Entre los autores de esa tradición que influyeron  en Wittgenstein en lo concerniente a la voluntad están Schopenhauer y James.  Es probable que Bergson también lo haya hecho a través de los textos tardíos  de James<SUP>31</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Peirce fue el primer autor en cuestionar el concepto de determinismo y,  al hacerlo, en cuestionar el mecanicismo. Esto permitirá a Wittgenstein,  en intercambio con Ramsey y Ryle, entender cómo la formulación usual de  la autonomía de la voluntad está viciada al estar comprometida con una  concepción mecanicista no solo del cosmos sino también de la acción intencional.  Detengámonos ahora en los detalles.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Peirce fue el primero en apartarse de un modelo mecanicista del cosmos  al postular que las leyes naturales son descripciones de regularidades  probabilísticas, y que no reflejan necesidades de la naturaleza<SUP>32</SUP>. Al hacerlo,  dicho sea de paso, terminó de alejarse de la concepción milesia, eleática  y platónica según la cual la naturaleza solo puede entenderse en relación  a algo estático y permanente. Hay que recordar que Francis Bacon, en el  <I>Novum Organum</I>,<I> </I>denominaba a las leyes naturales “formas de la naturaleza”  en clara alusión a Platón. Para la modernidad, en general, las leyes naturales  eran el último residuo de las formas inmutables platónicas.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De la tesis probabilista de Peirce se infiere que el determinismo no es  una tesis necesaria sino probable o, incluso, a la manera kantiana, un  postulado para explicar la naturaleza. Pero, a diferencia de Kant, no es  un postulado necesario sino perfectamente prescindible. También se infiere  que la cláusula “todo efecto tiene una causa” es solo probable, con lo  cual podría haber eventos sin causa. Esto también está en Wittgenstein<SUP>33</SUP>.  Para el mecanicismo explicar un evento físico es encontrar las regularidades  que gobiernan su comportamiento. Si estas regularidades no son necesarias  sino probables y, eventualmente producto del azar, como sugiere Peirce,  entonces podría haber fenómenos inexplicables. Para Wittgenstein la explicación  no tiene que pasar por la búsqueda de regularidades; una explicación es  un tipo de descripción en que postulamos un orden más simple y familiar  para dar cuenta de uno más complejo y ajeno.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la línea de mostrar que el mecanicismo es en parte responsable de las  aporías del libre albedrío, Gilbert Ryle sostiene en <I>El concepto de lo  mental</I> que la voluntad se ha postulado para explicar de manera causal pero  no física el comportamiento humano, lo que es considerado absurdo por Ryle<SUP>34</SUP>.  Así, para este autor el falso problema del libre albedrío emerge cuando  aparece el mito de la voluntad, que es un objeto interno, postulado pero  innecesario, pues es una extensión del mito del fantasma en la máquina.  Según Ryle el dualismo cartesiano es una hipótesis paramecánica, es una  absurda manera de resolver de manera mecanicista un problema que solo surge  cuando se presupone el mecanicismo. La propuesta de Ryle es mostrar que  las oraciones “hay procesos mentales” y “hay procesos físicos” pertenecen  a juegos de lenguaje diferentes, siendo un error categorial usar conceptos  que pertenecen a un juego dentro de las características del otro. Para  Ryle las formas de hablar sobre ciertos temas aclaran y enturbian al mismo  tiempo, pues presuponen posiciones teóricas que deben ser reconstruidas  y cuestionadas. El problema con la concepción tradicional de la autonomía,  cree Ryle, es que asume que la voluntad es la causa del acto, así como  una palanca es la causa del movimiento de un engranaje. Como se sabe, ésa  es en gran medida también la propuesta de Wittgenstein.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Lo que quería decir era: no podría querer el querer, es decir, no tiene  sentido hablar de querer-querer. ‘Querer’ no es el nombre de una acción  y por lo tanto no lo es en particular de una acción voluntaria. Y mi incorrecto  modo de expresión provino de que uno quisiera imaginarse el querer como  un producir inmediato, no- causal. Esta idea se basa, sin embargo, en una  analogía desorientadora; el nexo causal parece creado por un mecanismo  que une dos partes de una máquina” <SUP> 35</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para Wittgenstein ‘querer’ no es una acción sino una expresión que significa  distintas cosas en distintos contextos, los que podrían tener poco o nada  en común. No se puede preguntar “¿Qué es el querer?” sin incluir qué es  lo que uno quiere. Pero, además, comúnmente se usa el querer (la voluntad,  los estados mentales) de manera causal, como si fueran acciones o eventos  diferentes que causan otras acciones o eventos. Pero eso es un error, producido  por el mecanicismo, que se ha enquistado en el lenguaje generando estos  falsos problemas. Para Wittgenstein no hay una relación causal entre el  querer y el actuar, pues el querer no es un evento ni una acción y, por  tanto, no puede ser causa de nada. Pero, además, es un error categorial  emplear terminología causal que pertenece a una descripción física para  una descripción que es psicológica. Hay en Wittgenstein de manera implícita  una versión rudimentaria de lo que ahora se suele llamar la teoría del  doble aspecto, según la cual la descripción física y la psicológica iluminan  dos aspectos diferentes de la realidad descrita: la persona, en este caso<SUP>36</SUP>.  La persona tiene en sí misma esos dos rasgos, el físico y el psicológico,  y ambas descripciones muestran la naturaleza de la realidad. No es que  lo psicológico emerja de lo físico ni tampoco que sea una realidad superpuesta  a ello. Así, podemos describir la realidad, desde el lenguaje físico, como  un conjunto de eventos espacio-temporales causalmente conectados entre  sí, donde todo evento físico es efecto y causa de otros eventos físicos.  En principio sería posible describir el comportamiento humano en términos  estrictamente causales y físicos, solo que en esta descripción no habrá  lugar para los conceptos de intención, libre albedrío o responsabilidad  moral, con lo cual todo evento físico relacionado con el cuerpo de un ser  humano, interna o externamente, y esto incluye a los procesos neurofisiológicos,  estará causalmente vinculado a todos los otros eventos físicos del cosmos.  Sin embargo, también podemos describir el comportamiento de la persona  usando un vocabulario intencional, con lo cual hablaremos de eventos dotados  de propósitos y objetivos que son inseparables de las creencias, deseos  y significados que los hacen inteligibles; así es como podemos hablar de  acciones intencionales. Las acciones son, entonces, una clase de eventos  naturales que pueden ser descritos como dotados de significado y propósito,  y como motivados por las creencias, deseos y otros estados mentales de  un agente libre. También podría decirse que los estados mentales <I>causan</I>  las acciones intencionales, pero siempre que se emplee un sentido de causalidad  diferente del de la física, en tanto no deberá implicar que una relación  causal está necesariamente gobernada por regularidades nomológicas ni que  debe haber independencia lógica o conceptual entre la causa y el efecto.  Es decir, se deberá hacer uso de un sentido no-clásico de causalidad. Si  todas esas salvedades sugerirían que es mejor simplemente no hacer uso  del concepto de causalidad, habrá que aceptar que ésa es una opción válida,  siempre que se tenga en cuenta que se trata de una estipulación semántica.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aunque en principio toda acción puede ser descrita como un evento físico,  no todo evento físico podría ser descrito como un acción. Al describir  a un evento físico como una acción lo asociamos a un agente a quien interpretamos  como siguiendo objetivos y a quien le atribuiremos estados mentales que  motivaron o causaron la acción, los que permitirían explicarla. Al hacer  todas esas atribuciones al interior de una interpretación más completa  del agente, le podremos también atribuir libre albedrío y responsabilidad  moral. De esa manera, la descripción intencional es teleológica y moral,  por tanto también valorativa y normativa.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No hay compatibilidad ni incompatibilidad entre libertad y determinismo,  se trata de dos juegos de lenguaje que se encuentran en niveles distintos  y, por tanto, no se excluyen entre sí pero tampoco requieren de ser compatibilizados.  Por ello, el problema del determinismo versus el libre albedrío está mal  planteado cuando se lo quiere abordar intentando buscar respuestas compatibilistas  o incompatibilistas, que eran las que estaban en circulación cuando Wittgenstein  escribió sobre el tema. Pero esto muestra que lo que está viciado es un  tipo de formulación del problema, no necesariamente todas las formulaciones  de él. Vamos a analizar ahora algunos detalles de las posiciones explícitas  de Wittgenstein.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>IV</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La primera época de Wittgenstein recuerda en muchos aspectos a Spinoza.  Entre otras semejanzas entre ellos, podemos mencionar los títulos de ambos  tratados, la idea presente tanto en el <I>Tractatus</I> de Wittgenstein como en  toda la obra de Spinoza de un punto de vista <I>sub specie aeternitatis</I>, así  como cierta noción de isomorfismo que está presente en ambos autores<SUP>37</SUP>.  Por otra parte, Spinoza es el autor de la versión más antigua del monismo  neutral y de la teoría del doble aspecto<SUP>38</SUP>. En lo concerniente al libre  albedrío, la concepción wittgensteiniana también guarda muchas semejanzas.  Así como para Spinoza la libertad es el producto de nuestra ignorancia  acerca del determinismo en que estamos sumidos<SUP>39</SUP>, para el primer Wittgenstein  “la libertad de la voluntad consiste en que no podemos conocer ahora las  acciones futuras”<SUP>40</SUP>. Sin embargo, él también cree que “no podemos inferir  los acontecimientos futuros de los presentes [pues] la fe en el nexo causal  es la superstición”<SUP>41</SUP>, y cree también que las relaciones causales no son  necesarias. La diferencia entre Spinoza y Wittgenstein es que para el primero  desconocemos las relaciones causales y por eso nos creemos libres, mientras  que para el segundo no hay relaciones causales entre esos eventos. En ambos  casos, sin embargo, es nuestra ignorancia acerca del futuro lo que nos  hace suponernos libres.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En lo concerniente a la voluntad, el <I>Tractatus </I>considera dos nociones de  ella. En un primer sentido, somos conscientes de nuestra voluntad empírica  al notar que tenemos control sobre nuestro propio cuerpo<SUP>42</SUP>. Esta voluntad  es libre porque no hay un encadenamiento causal necesario y subyacente  que gobierne nuestras acciones. En otro sentido Wittgenstein considera,  a la manera kantiana, la existencia de una voluntad trascendental que correspondería  al ámbito ético. Ésta es trascendental tanto porque está más allá de los  estados de cosas que conforman la realidad, como porque pertenece al ámbito  de lo que no puede decirse sino mostrarse, al ser irrepresentable. Dice:  “De la voluntad como sujeto de la ética no se puede hablar. Y la voluntad  como fenómeno solo interesa a la psicología” <SUP> 43</SUP>.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La voluntad empírica nos permite modificar nuestro comportamiento en el  mundo, mientras que la voluntad trascendental es independiente de cómo  el mundo sea, es decir, incluso si no pudiéramos modificar nada en él,  podríamos todavía desear que el mundo sea diferente. Es decir, somos trascendentalmente  libres porque somos capaces de desear o querer independientemente de que  estos deseos sean empíricamente realizables. Un supuesto determinismo físico  no modificaría esta libertad trascendental. Pero aquí Wittgenstein está  asumiendo gratuitamente algo que es problemático, pues bien podría ocurrir  que nuestros deseos y creencias estén causadas o manipuladas por circunstancias  externas a nosotros. En ese sentido podríamos no ser libres, incluso en  el plano trascendental. Esta dualidad entre voluntad empírica y trascendental  recuerda la distinción kantiana entre determinismo fenoménico y libertad  trascendental que sobrevive en Schopenhauer, así como la distinción entre  yo empírico y yo trascendental que está presente en Bergson y que llega  hasta Husserl. Pero la idea de una voluntad o libertad que esté fuera del  mundo será eliminada por Wittgenstein en su segunda época, produciéndose  de esa manera un giro pragmatista. Esto nos conduce, entonces, a volver  nuestros ojos al segundo Wittgenstein.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una tesis que aparece en el Wittgenstein tardío es que la palabra ‘voluntad’  no se refiere a una facultad interna ni es una propiedad que tengan ciertas  acciones a diferencia de otras. ¿Cómo podemos llegar a aclarar qué es la  voluntad, entonces? Para Wittgenstein entender un concepto es saber cómo  emplearlo, y esto requiere de conocer sus distintos contextos de uso. Ésta  es sin duda una intuición de procedencia pragmatista que aparece ya en  la célebre máxima de Peirce:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Consideremos qué efectos, que puedan tener concebiblemente repercusiones  prácticas, concebimos que tiene el objeto de nuestra concepción. Entonces  de esos efectos es el todo de nuestra concepción del objeto”<SUP>44</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La idea es que un concepto no es una representación mental, sino que está  determinado por el uso que le damos en nuestro comportamiento social. En  el caso del concepto de voluntad, lo usual es que lo empleemos para subrayar  o recalcar que hemos hecho algo de manera meditada y deliberada o, por  el contrario, que lo hemos hecho casi inadvertidamente o, incluso, sin  desearlo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como ya se ha mencionado, según Wittgenstein´ es un error suponer que hay  una relación causal entre la voluntad (o los estados mentales) y una acción.  Este error procedería de una concepción mecanicista que ve a la acción,  los estados mentales y la voluntad como engranajes en un mecanismo. Así  como suponemos que un movimiento mecánico se da cuando el músculo causa  un movimiento en la mano y, posteriormente en el objeto que tenemos en  ella, solemos suponer que al decidir mover un músculo nuestra decisión  <I>causa </I>su movimiento como si también hubiera aquí una relación causal. Pero  la idea de Wittgenstein es que toda esta analogía está viciada, pues extrapolamos  al terreno de las descripciones psicológicas nuestra concepción mecanicista  del universo, según la cual todos los eventos físicos están causalmente  determinados por eventos físicos anteriores. Acuñamos, así, el concepto  de voluntad para seguir explicando causalmente nuestros actos intencionales,  con lo cual decimos que un acto de voluntad <I>causó</I> tal acción o, peor aún,  que un acto de voluntad <I>causó</I> cierta creencia o deseo. Pero, piensa Wittgenstein´  que el querer o desear es inseparable de una acción, no la causa de la  misma<SUP>45</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “El querer, si no es una especie de desear, debe ser el actuar mismo. No  puede detenerse antes del actuar. Si es el actuar, entonces lo es en el  sentido usual de la palabra; o sea: hablar, escribir, andar, levantar algo,  imaginarse algo. Pero también: tratar de, intentar, esforzarse por hablar,  escribir, levantar algo, imaginarse algo, etc”<SUP>46</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Cuando levanto mi brazo, <I>no </I>he deseado previamente que se levante. La  acción voluntaria excluye este deseo. Si bien puede decirse: “Espero que  podré dibujar el círculo sin errores”. Y con ello se expresa el deseo de  que la mano se mueva de tal y cual manera”<SUP>47</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Por tanto, podríamos decir: el movimiento voluntario se caracteriza por  la ausencia de asombro”<SUP>48</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La idea de Wittgenstein es que la voluntad no es una facultad y que ‘querer’,  ‘desear’ o ‘intentar’ no aluden a propiedades que estén presentes en ciertos  actos o circunstancias mientras que no lo están en otros. ‘Querer’ o ‘desear’  tienen significados diferentes en distintos contextos y juegos de lenguaje.  El hacernos suponer que la voluntad es una facultad y que el querer aluda  a algún tipo de propiedad es una confusión producida por el lenguaje. Tiene  sentido decir que una acción en particular es voluntaria o involuntaria,  según si interpretamos esa acción como deliberada o no, pero no tiene sentido  preguntarse si nuestro comportamiento es, en general, voluntario o si eso  es una ilusión.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El análisis que hace Wittgenstein de las acciones voluntarias e involuntarias  en sus <I>Observaciones sobre la filosofía de la psicología</I><SUP>49</SUP> muestra que  solemos usar los adverbios ‘voluntario’ e ‘involuntario’ para predicar  de acciones en condiciones particulares de uso, en que deseamos subrayar  ciertas características de ellas: por ejemplo que no nos dimos cuenta de  lo que hicimos y por tanto lo lamentamos, aunque sin duda reconocemos que  fue un acto intencional, o que lo hicimos adrede para llamar la atención  en cierta dirección, etc. Por eso, no tendría sentido decir que las acciones  son ellas mismas, y en general o siempre, voluntarias o involuntarias.  Un acto en particular es voluntario si hubiera podido ser involuntario,  y viceversa. Dice Wittgenstein:</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Lo que es voluntario son ciertos movimientos con sus entornos normales  de intención, aprendizaje, esfuerzo, acción. Movimiento de los que tiene  sentido decir que son en ocasiones voluntarios y en ocasiones involuntarios  son movimientos de un entorno especial”<SUP>50</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así pues, según Wittgenstein el problema del determinismo con relación  a la acción autónoma aparece solo cuando extrapolamos nuestras concepciones  causales y mecanicistas habituales acerca de la naturaleza, a un terreno  donde esas categorías son inaplicables. Luego, no necesitamos dar una teoría  sistemática para intentar compatibilizar determinismo natural y libre albedrío,  basta con desconstruir el problema y mostrar por qué está mal planteado.  En otras palabras, el problema filosófico de las relaciones entre libre  albedrío y determinismo, que ha suscitado todas aquellas empresas compatibilistas  o incompatibilistas, aparece cuando lo que queremos es compatibilizar dos  tipos diferentes de descripciones: de un lado la mecanicista, causal y  nomológica propia de la descripción física de la naturaleza y, de otro  lado, la intencional e interpretativa que es propia del discurso psicológico.  Sin embargo, como he intentado sugerir, la propuesta de Wittgenstein es  que es innecesario hacer semejante compatibilización, con lo que todo el  problema debiera ser disuelto.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> William James también realiza un análisis del concepto de voluntad en el  capítulo XXVI de los <I>Principios de psicología</I>. Allí afirma que la voluntad  no debe ser entendida como una propiedad adicional que tengan las acciones  o los estados mentales, con lo que hablar acerca de acciones o estados  mentales voluntarios como si tuvieran éstos una cualidad distinta de los  involuntarios es solo una manera confusa de expresarse. Dice:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Ahora bien, <I>¿hay alguna otra cosa en la mente cuando queremos realizar  un acto?</I> (…) Mi primera tesis es que no necesita haber nada más, y que  en actos voluntarios perfectamente simples no hay nada más en la mente,  excepto la idea cinestésica, así definida, de lo que va a ser el acto”<SUP>51</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Resulta inevitable comparar ese texto de James con los siguientes fragmentos  de las <I>Investigaciones filosóficas</I> de Wittgenstein:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Cuando ‘levanto el brazo’, se levanta mi brazo. Y surge el problema: ¿qué  es lo que resta, cuando del hecho de que levanto el brazo sustraigo el  que mi brazo se levante? (¿Son las sensaciones cinestésicas mi querer?)”<SUP>52</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Cuando levanto el brazo casi nunca <I>intento</I> levantarlo”<SUP>53</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dado que la voluntad no es una acción y no hay tal cosa como actos de voluntad  o propiedades que tengan los actos voluntarios que no tienen los involuntarios,  no hay un acto de voluntad adicional al acto de sonreír o pasear. Si privamos  al acto de pasear el pasear mismo, no queda nada adicional; ni una volición,  ni una sensación pura. No se puede privar al acto de pasear del pasear  mismo: la acción misma viene acompañada de la sensación cinestésica que  le corresponde.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El propio James formula la pregunta acerca de la voluntad en términos muy  semejantes a los que empleará Wittgenstein.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “He aquí la cuestión: <I>¿Es la idea desnuda de los efectos sensibles de un  movimiento su señal mental suficiente </I>(pp. 951-952) <I>o debe haber un antecedente  mental adicional, en forma de un </I>fiat<I>, decisión, consenso, mandato volitivo,  u otro fenómeno sinónimo de conciencia, para que el movimiento pueda producirse?</I>”<SUP>54</SUP><I>.</I></FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> James piensa que el “proceso de la volición” es una acción ideomotora que  se produce con la acción, pero no cree que haya algún tipo de relación  causal entre el proceso volitivo y la acción, pues la voluntad no es una  acción ni un evento que pudiera vincularse causalmente a otra acción. Tampoco  cree que se necesite un elemento adicional a la acción misma como si fuera  un <I>fiat</I> para ella. Como hemos visto, ésa es una tesis que aparece prácticamente  idéntica en las <I>Investigaciones filosóficas</I>:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Pregúntate cómo trazas <I>con deliberación </I>una línea paralela a una línea  dada –y otra vez, con deliberación, una oblicua a ella. ¿Cuál es la vivencia  de deliberación? Aquí se te ocurre al instante una mirada, un gesto particulares  –y entonces quisieras decir: “y es justamente una <I>particular </I>vivencia interior”.  (Con lo que, naturalmente, no has dicho nada más.) (Hay aquí una conexión  con la pregunta por la esencia de la intención, de la voluntad)”<SUP>55</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La idea de James, que se encuentra también en Wittgenstein, es que no hay  una facultad o entidad en la mente que pueda ser llamada “voluntad”, y  que el querer no es un evento ni una acción, con lo que tampoco puede ser  causa de acciones. Para James las acciones fluyen inmediatamente si no  hay un obstáculo externo para ellas o un estado mental del sujeto que las  detenga. En condiciones simples y normales no se necesita una orden del  sujeto para realizar una acción, sino simplemente el deseo de realizarla.  Dice Wittgenstein:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “‘El querer también es solo una experiencia’, quisiéramos decir (la ‘voluntad’  también solo una ‘representación’). Viene cuando viene, y no lo puedo producir.  ¿No lo puedo producir? ¿Con qué comparo el querer cuando digo esto?”<SUP>56</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “El querer, si no es una especie de desear, debe ser el actuar mismo. No  puede detenerse antes del actuar”<SUP>57</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ocurre, sin embargo, que en casos más complicados en que tenemos la experiencia  de la deliberación y nos encontramos ante la duda de actuar en una dirección  o en otra, tendemos a creer que en cierto momento hay un agente interno,  un agente dentro de otro, o una facultad que es la que finalmente arbitra  entre los deseos y creencias opuestas, tomando las riendas del comportamiento  del sujeto. A esa facultad, a ese agente dentro del agente, llamamos voluntad.  Pero cree James que no existe semejante agente interno o facultad, de manera  que en los largos y eventualmente dolorosos fenómenos de deliberación,  lo que tenemos es la superposición de creencias y deseos contrarios, donde  terminan primando los más fuertes. Lo que llamamos deliberación es simplemente  el proceso en que distintos deseos y creencias entran en competencia para  gobernar el comportamiento del individuo, pero no hay ninguna instancia  arbitral adicional. Hay en James una concepción topológica de lo mental,  semejante a la que aparece en Schopenhauer, Nietzsche y, por supuesto,  Freud. Dice James:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Ahora nos hallamos ya en posición de describir <I>lo que ocurre en la acción  deliberada, </I>o cuando la mente es el asiento de muchas ideas relacionadas  entre sí en forma antagónica o favorable. Una de tales ideas es un acto.  Por sí misma, esta idea debe inducir un movimiento; sin embargo, algunas  de las consideraciones adicionales que están presentes en la conciencia  bloquean la descarga motora, en tanto que otras solicitan que ocurra. El  resultado es esa sensación peculiar de inquietud que se conoce con el nombre  de <I>indecisión. </I>(…) Entretanto, las ideas reforzadoras e inhibidoras son  consideradas como las <I>razones</I> o <I>motivos</I> por virtud de los cuales se tomó  la decisión”<SUP>58</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> James hace una importante aclaración en la nota al pie número 39, de la  página 976:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Aquí estoy usando la fraseología común por razones de simple conveniencia.  El lector que se haya empapado de lo dicho en el capítulo IX entenderá  siempre, cuando oiga que muchas ideas están presentes simultáneamente en  la mente y que actúan unas sobre otras, que lo que en realidad se quiere  significar es una mente que tiene ante sí una idea de muchos objetos, metas,  razones, motivos, relacionados entre sí, algunos de modo armonioso y otros  de un modo antagónico. Hecha esta advertencia, no vacilaré ya en usar de  vez en cuando el lenguaje lockeano, por muy erróneo que lo considere”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> James se opone a la concepción lockeana de la mente como asiento de ideas  o representaciones, y a cualquier discurso que entifique los estados mentales,  pero cree que a veces en posible usar ese lenguaje de manera inofensiva  para dejarnos entender. Pero es obvio que no siempre es inofensivo.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En todo caso, las tesis de James parecen tener algún apoyo en investigaciones  empíricas actuales. En su libro <I>Breakdown of Will,</I> George Ainslie<SUP>59</SUP> se  propone explicar los procesos volitivos como contraposiciones competitivas  entre una diversidad de deseos, tendencias, intereses y creencias que conforman  una “negociación intertemporal”, como él lo llama, entre deseos y tendencias  diferentes que “intentan” tener el control del individuo. Dice Ainslie:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “El Ulises que planea el encuentro con las sirenas debe tratar al Ulises  que las oye como una persona separada, sobre la que debe influir en lo  posible y, en caso contrario, inutilizarla”<SUP>60</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, nuestras decisiones serían el producto de complejas negociaciones  entre intereses diversos, guiados por procesos de búsqueda de recompensa  entre diversos “agentes” que habitan en uno mismo, distintas inclinaciones,  deseos y tendencias, los cuales no son sino distintos aspectos de lo que  uno es. Estos procesos decisorios no pueden ser predichos, no solo por  su extrema complejidad, sino principalmente porque incluyen complejos mecanismos  de recursividad. Daniel Dennett comenta la posición de Ainslie de esta  manera:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “[C]uando decidimos, <I>usamos reflexivamente nuestra decisión como predicción  de cuáles serán nuestras decisiones en el futuro; </I>nuestra propia autoconsciencia  respecto a nuestras decisiones genera un círculo recurrente que hace que  nuestras decisiones sean infinitamente sensibles a consideraciones ulteriores”<SUP>61</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aquí está presente una concepción topológica que entiende a la mente como  algo modular y complejo, no unitario, la cual surge a fines del siglo XIX  en una generación de autores que incluye a Schopenhauer, Nietzsche, James,  y Freud. También está presente la concepción pluralista de James contenida  en su famosa metáfora según la cual la mente no es una monarquía o un imperio  sino una república federativa. Una metáfora parecida es empleada por Ainslie  cuando dice que no es necesario un “ego, juez u otro rey filósofo, ningún  órgano de la unidad o la continuidad”<SUP>62</SUP> para explicar el complejo y misterioso  fenómeno de la voluntad.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>V</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Vamos a discutir ahora con más detalle la pregunta sobre si tiene sentido  decir que la voluntad (o el querer) puede ser causa de una acción. Si definimos  la causalidad en el sentido clásico, según el cual A es causa de B si B  se sigue necesariamente de A (es decir, si cada vez que ocurre A, debe  ocurrir B), donde A y B son lógicamente independientes, no parece correcto  decir que la voluntad o los estados mentales son causa de acciones. El  punto es que los estados mentales no son totalmente independientes, desde  un punto de vista conceptual, de las acciones que explican. Es decir, determinamos  el contenido de un estado mental y lo atribuimos a alguien para explicar  sus acciones y, a su vez, esas acciones son vistas a la luz de los estados  mentales atribuidos. Desde el punto de vista de la descripción intencional  los estados mentales no son entidades internas a la mente, sino que se  hacen inteligibles para el intérprete en una situación interpretativa y  con un lenguaje de interpretación específicos. Por eso no hay independencia  conceptual entre ellos: los estados mentales se definen y entienden a la  luz de las acciones que explican, y esas acciones se definen y entienden  a la luz de los estados mentales que las explican. Además, todo esto se  hace desde el punto de vista de un intérprete, es decir, a la luz de los  estados mentales del intérprete.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La idea es que explicamos de maneras diferentes cuando lo hacemos desde  las ciencias naturales o las ciencias humanas. Es verdad que ésta es una  frontera poco nítida y además móvil, y que hay disciplinas que están superpuestas  sobre ambas, pero ése es un tema que no discutiré aquí. El punto que deseo  subrayar es que el problema del libre albedrío respecto del determinismo  emerge, y también se entrampa, cuando usamos el concepto de causalidad  de las ciencias naturales para explicar fenómenos psicológicos. Eso es  algo que está presente en los planteamientos de James y Wittgenstein.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En unos apuntes de Yorick Smythies sobre clases de Wittgenstein, titulados  “Clases sobre el libre albedrío”, posteriormente publicados en <I>Ocasiones  Filosóficas</I>,<SUP>63</SUP> Wittgenstein hace afirmaciones que parecen estar en la  línea de esta interpretación, es decir, como sugiriendo que la descripción  física y la intencional se superponen sin excluirse ni tampoco reducirse  una a la otra, pero siendo ambas descripciones reales del objeto descrito. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “No hay razón por la que, incluso si hubiera regularidad en las decisiones  humanas, yo no habría de ser libre. No hay nada en la regularidad que haga  a ninguna cosa libre o no libre”<SUP>64</SUP>.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “No entiendo por qué no podrían haber mantenido que un ser humano es responsable,  y que al mismo tiempo sus decisiones están […] determinadas –queriendo  decir que la gente podría encontrar leyes naturales (y nada más)”<SUP>65</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “¿Sería irrazonable pensar que las acciones de un ser humano se ajustan  a las leyes naturales, y no obstante considerar que es responsable de lo  que hace?”<SUP>66</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero, como se sabe, el objetivo de Wittgenstein no es argumentar a favor  del libre albedrío ni en contra de él, sino mostrar por qué la manera <I>habitual  </I>de plantear el problema está descaminada al mezclarse dos tipos de lenguaje  que deben verse como separados.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Todos estos argumentos podrían dar la impresión de que quiero argumentar  a favor del libre albedrío o en su contra. Pero no quiero hacerlo”<SUP>67</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Lo que he estado tratando de decir es que estos enunciados no son enunciados  científicos, que no son corregidos por la experiencia”<SUP>68</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Alejandro Tomasini también considera que se trata de lenguajes diferentes,  aunque insiste mucho más que yo en la necesidad de disolver el problema  del libre albedrío<SUP>69</SUP>. Georg Henrik von Wright expresa la independencia  de lenguajes de esta manera:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “No es por estar exento de la esclavitud de la ley natural que el ser humano  es un agente libre. Lo es porque podemos comprenderle de una manera, en  tanto que persona, en la que nosotros –o muchos de nosotros al menos- no  podemos comprender al resto de la creación”<SUP>70</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estas ideas conducen a la teoría del doble aspecto que, desde mi punto  de vista se encuentra en el segundo Wittgenstein y también en la tradición  pragmatista. Según esa concepción, que ya he esbozado brevemente, el lenguaje  físico y el psicológico son dos descripciones diferentes del ser humano,  ambas legítimas e irreducibles entre sí, donde el concepto de determinismo  pertenece al lenguaje físico y el concepto de libre albedrío pertenece  al lenguaje intencional. Esta intuición que aparece por primera vez con  Spinoza, aunque quizá podría uno encontrar atisbos de ella en Aristóteles<SUP>71</SUP>,  está también presente en Kant. En este punto la influencia kantiana es  marcada en Schopenhauer y Peirce. Por Schopenhauer debe haber llegado hasta  Wittgenstein y, a través de James, también la influencia de Peirce. Pero,  entonces, ¿por qué hablar de una influencia pragmatista en Wittgenstein  y no más bien kantiana? La razón es que el segundo Wittgenstein se aleja  de la dualidad kantiana entre voluntad empírica y trascendental, así como  de la distinción entre realidad fenoménica y noumenal, y ésa es una importante  tesis pragmatista.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El punto central, entonces, es que determinismo y libertad no son rasgos  de la realidad (fenoménica y nouménica, respectivamente) sino de las descripciones  que hacemos de la única realidad en cuyo contacto estamos siempre. A esta  forma de realismo peirceano se suele denominar <I>realismo directo</I>, y sospecho  que es el tipo de realismo de Wittgenstein. La realidad existe independientemente  de nosotros y es causa de nuestros estados mentales y de otros efectos  en nuestros cuerpos, pero no podemos conocerla si no es bajo alguna descripción  de ella. Eso no significa que no podamos llegar a conocer la realidad.  La conocemos siempre y estamos en contacto directo con ella, lo que pasa  es que podemos conocerla y describirla de muchas maneras diferentes. Creo  que ésta es la intuición que se encuentra en la célebre imagen wittgensteiniana  del pato/conejo. Cuando vemos esa imagen <I>vemos</I> un pato, un conejo, una  línea negra sobre un fondo blanco, una mancha de tinta, etc. No es que  veamos una apariencia cuya realidad se nos escapa. La realidad es que es  un pato <I>y </I>es un conejo, pero también es una línea negra, una mancha de  tinta, etc.; es todas esas cosas al mismo tiempo. También podríamos decir  que es una nube de electrones o un conjunto de impresiones sensoriales.  Todas esas descripciones son correctas y todas ellas describen apropiadamente  lo que el objeto realmente es, es decir, la realidad. Sin embargo, alguna  de esas descripciones podría ser más útil que las otras para ciertos propósitos,  lo que no la convertiría en la única descripción correcta, sino en la correcta  (o la más correcta) para realizar cierto objetivo. No tiene mucho sentido  preguntar cómo es la realidad independientemente de una descripción que  hagamos de ella, porque sería como preguntar cómo es la realidad desde  ningún punto de vista, o sería como pedir una descripción que finja no  serlo. Eso supondría añadir una descripción más sin darse cuenta de ello:  la descripción “la realidad en sí misma libre de toda descripción”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero volvamos al tema de la voluntad. Habrá que decir, en primer lugar,  que una relación causal se da entre dos eventos y la voluntad no es un  evento sino una misteriosa facultad postulada para explicar el problema  del libre albedrío. Pero incluso si no asumimos a la voluntad como una  facultad sino como el querer o el desear, es decir, como la presencia de  ciertos estados mentales en el individuo, habrá que preguntarse en qué  sentido pueden los estados mentales ser considerados causas de acciones.  Por otra parte, la voluntad o el querer no son conceptualmente independientes  de la acción, pues normalmente se definen una en términos de la otra, con  lo que queda claro que la conexión entre voluntad y acción es lógica y  no causal.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La voluntad, la intención, el querer o el deseo de hacer algo se definen  en términos del objeto a ser deseado o de la acción a ser realizada; esto  muestra que no hay independencia conceptual entre la voluntad (o el querer  algo) y la acción realizada, como para que se pueda decir que lo primero  causó lo segundo, pues la independencia conceptual entre la causa y el  efecto es necesaria para una relación causal. Por ejemplo, el movimiento  de la bola de billar que golpea la vasija de vidrio rompiéndola es, en  principio, conceptualmente independiente de la vasija de vidrio y su ruptura,  es decir, uno puede entender lo primero sin lo segundo o viceversa. Pero  no se puede entender el contenido de una creencia o de un deseo sin conocer  la acción que pretenden explicar. Tampoco se puede entender el contenido  de una acción si no es como resultado de ciertas creencias y deseos que  se asume la explican. Pero aunque la voluntad (o el querer) se defina en  términos de la acción realizada, en principio la existencia del acto de  voluntad, como también de cualquier estado mental, es lógicamente independiente  de la acción realizada. Es decir, uno puede desear algo y no hacerlo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otra parte, quienes se oponen a que la voluntad o los estados mentales  pueden ser considerados causas, con frecuencia lo hacen porque asumen que  ahí donde hay una relación causal, ésta está subordinada a una regularidad  nomológica, lo que pondría en cuestión el concepto mismo de voluntad libre.  Pero ése es un presupuesto que no es necesario aceptar. Hay que volver  a preguntar, entonces, si los estados mentales causan las acciones. Para  Wittgenstein no las causan sino las explican. Pero si asumimos, como sugiere  la doctrina del doble aspecto, que las expresiones ‘estados mentales’ y  ‘procesos fisiológicos’ son nombres distintos para la misma cadena causal  cuya descripción conocemos de manera probabilística, según lo que llamamos  leyes naturales, entonces sería perfectamente posible decir que los estados  mentales causan las acciones. Sin embargo, la explicación causal de los  estados mentales es teleológica y no eficiente, y no está subordinada a  regularidades nomológicas. El punto, en todo caso, es que este es solo  un problema estipulativo. Si uno prefiere reservar el concepto de causalidad  para las relaciones entre eventos físicos, lógica y conceptualmente independientes,  que se dan en la naturaleza y que están subordinados a regularidades estrictas,  ciertamente los estados mentales no causan las acciones. Si, por otro lado,  uno no tiene inconvenientes en usar el concepto de causalidad para explicar  relaciones en que la presencia de un fenómeno o evento A genera y colabora  en la explicación de uno del tipo B, entonces no hay problema en decir  que las creencias o los deseos del agente causaron una determinada acción.  En este caso, sin embargo, lo que estaríamos diciendo es que al afirmar  que sus creencias y deseos (o su voluntad) causaron su comportamiento,  estamos simplemente expresando en el lenguaje coloquial de la descripción  intencional una relación causal que se da a nivel de procesos físicos y  cuya descripción precisa requeriría de un lenguaje diferente y altamente  técnico.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una idea que deseo sostener es que describir un comportamiento como intencional  es describirlo en términos de una interpretación mayor de la <I>historia</I> del  agente. Solo puedo determinar una acción, a diferencia de un evento físico,  si puedo describirla como <I>causada</I> por creencias y deseos atribuidos al  agente. Asimismo, solo puedo reconocer una creencia a partir de los deseos  y acciones también atribuidos, y, naturalmente, solo reconozco un deseo  en el marco de las creencias y acciones atribuidas. En otras palabras,  el contenido de un estado mental se determina por su relación con otros  estados mentales en un sistema de ellos, al interior de una narración del  comportamiento de la persona. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con el caso  específico de una creencia donde sólo es posible conocer su contenido si  se sabe cuáles serían las creencias que la justifican, es decir, sobre  la base de qué razones se sentiría uno justificado para creer en ella.  El punto es, entonces, que para poder atribuir un estado mental cualquiera  en una interpretación, debo atribuir un enorme número de otros estados  mentales relacionados con el anterior. Pero los estados mentales (creencias  y deseos) que permiten identificar una acción también la explican motivacionalmente.  La pregunta es si esta explicación motivacional es también causal o solo  teleológica.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como he venido desarrollando, me inclino por sostener que se trata de dos  tipos de explicación, que se hacen en paralelo, de los mismos eventos:  la explicación en términos de motivos y razones que es teleológica, y la  explicación causal que aspira a ser nomológica. Si suponemos que toda relación  causal está gobernada por una ley y nos parece importante no poner en riesgo  el libre albedrío, entonces los estados mentales no podrían ser causas,  ya que esto implicaría la existencia de leyes psicológicas y psicofísicas.<I>  </I>Sin embargo los mismos estados mentales podrían ser descritos de manera  física mediante un vocabulario no intencional, con lo que tendríamos que  esos procesos fisiológicos pueden ser considerados causa de las acciones.  Cuando hacemos la descripción física hablamos de una explicación causal  eficiente, cuando realizamos la descripción intencional hablamos de una  interpretación o comprensión del agente en términos motivacionales o en  el lenguaje de estados mentales. Pero eso último también podría llamarse  una relación causal teleológica.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien, habrá que preguntarse qué es comprender el comportamiento de  un agente en términos teleológicos. Una posible respuesta es que hacer  eso es ser capaz de contar una historia (hacer una descripción) que exhiba  las razones y motivos (creencias y deseos, conscientes o no) que el agente  tuvo para actuar como actuó. Esto implica, naturalmente, partir del supuesto  que <I>no </I>hay comportamiento que no responda a creencias y deseos, sean estos  conscientes o inconscientes. Pero en este relato hay dos narradores: el  agente y el intérprete. ¿Cuáles atribuciones son las válidas, las que emplea  el agente o las que le atribuye el intérprete? Puede ocurrir que ambas  interpretaciones coincidan, lo que no genera problemas, pero también podría  pasar que discrepen entre sí. No habrá una interpretación definitiva y  acabada, en el sentido que represente de la <I>única </I>manera correcta la <I>única</I>  relación correcta entre los estados mentales y las acciones; pero esto  no significa que no pueda haber una mejor y una peor interpretación. Una  interpretación es mejor que otra si es más consistente con la mayor cantidad  de evidencia posible y si puede explicar más acciones o formas de comportamiento  inusual que para otra interpretación resultarían inexplicables. Una interpretación  apropiada permitiría al agente ver su comportamiento bajo una nueva luz,  frente al trasfondo de una narración más completa de su vida que ahora  adquiere <I>más </I>sentido.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, la descripción fisicalista del comportamiento de un individuo puede  conducir al determinismo si uno asume como presupuesto explicativo el principio  de la uniformidad de la naturaleza, aunque esto no es necesario si uno  prefiere presuponer, a la manera de Peirce, que las regularidades naturales  son meramente probabilísticas. La descripción intencional, de otro lado,  presupone el libre albedrío y atribuye responsabilidad moral. Ambas descripciones  son aspectos de la misma realidad, pero ninguna de ellas tiene prioridad  respecto de la otra. El comportamiento físico y las acciones (según la  descripción que se elija) han sido <I>causadas </I>por eventos físicos y <I>motivadas  </I>por razones y otros estados mentales, es decir, por aquello que de manera  genérica llamamos <I>voluntad</I>. Bajo la primera descripción podríamos tener  determinismo, bajo la segunda obtenemos libre albedrío. El punto es que  tanto los conceptos de determinismo como de autonomía son propiedades del  individuo bajo una cierta descripción, y no del individuo independientemente  de una descripción.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero el problema real del libre albedrío, aquel que describí bajo una primera  formulación al comienzo de este artículo, no sólo se plantea cuando nos  preguntamos si somos libres de actuar de cierta forma, sino además si somos  libres de creer lo que creemos o de desear lo que deseamos. ¿Elige uno  lo que quiere creer o desear, o las creencias y deseos se le presentan  a uno sin posibilidad de evitarlas? ¿Podría yo decidir creer en algo o  decidir desear algo? La respuesta es que no, si es que se asume que <I>uno</I>  es una entidad motivacional independiente de sus deseos y creencias, una  suerte de homúnculo cartesiano o de voluntad pura kantiana. Sin embargo,  si entendemos a la persona en su totalidad, como sugirieron Schopenhauer,  Bergson y James, es perfectamente válido afirmar que elegimos nuestras  creencias y deseos. Uno cree algo cuando esto le resulta convincente, es  decir, cuando es coherente con sus creencias previas, independientemente  de si hay un aspecto de uno que <I>quería</I> creer en eso o no. Asimismo, uno  desea algo cuando el deseo se presenta según la totalidad de lo que uno  es, independientemente de si hay un lado de uno que quiere tener ese deseo  o no. Según esa línea de pensamiento, mientras más consciencia tengamos  de las motivaciones de nuestras acciones, más libres seremos; y mientras  menos consciencia tengamos de ellas, seremos menos libres.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como he intentado mostrar, la autonomía de la voluntad no se ve amenazada  por el determinismo. Pero creo que sí se ve amenazada por la manipulación  de nuestras creencias y deseos, que es lo que ocurre cuando algunas interpretaciones  se convierten en formas de dominación del interpretado. Esto muestra que  el problema del libre albedrío sí es real e importante, no es un pseudo-problema,  siempre que uno lo formule de una manera diferente a como se suele hacerlo.  Wittgenstein tiene razón en que la formulación usual del libre albedrío  conduce a falsos problemas y a entrampamientos conceptuales, pero eso no  ocurre con todas sus formulaciones. La formulación del problema en términos  morales y no metafísicos, como la manipulación de nuestros estados mentales  por un tipo de discurso encubridor, es perfectamente legítima. Así no solo  es factible preguntar acerca de la autonomía de la voluntad sino además  del grado en que ella está presente en un individuo en particular, porque  el libre albedrío es algo que se va adquiriendo con la autoconsciencia,  o que se va perdiendo con la manipulación.</FONT></P>  <font face="Verdana" size="2">  </font>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El libre albedrío o la autonomía de la voluntad no es algo que uno posea  o no, sino un asunto de grados. Uno es más libre o menos libre y, por supuesto,  no hay ningún agente intencional que lo sea plenamente o que no lo sea  en ningún sentido. Podría decirse que un individuo es más libre en la medida  que tenga mayor consciencia de los estados mentales que motivan su comportamiento,  es decir, que esté en condiciones de explicarlos y justificarlos racionalmente,  independientemente de que inicialmente esos estados mentales hayan sido  implantados en el agente por una causa externa (los padres, la cultura  de su comunidad, etc.). Que los estados mentales hayan sido originalmente  implantados en el individuo por una causa exterior a él, no le quita a  este libertad; siempre que él pueda entenderlas y dar razón de ellas, porque  es el individuo en su totalidad quien realiza las acciones, y la totalidad  del individuo incluye esos estados mentales originalmente implantados por  causas externas. De otro lado, una persona es menos libre en tanto tenga  menos capacidad para reconocer los estados mentales que motivan su comportamiento,  ya sea por sus propias limitaciones, por las limitaciones impuestas por  el medio en que él vive, o por efecto de la manipulación externa. Así,  la ideología de un grupo social podría convertirse en fuente de manipulación  de los estados mentales de una persona, al punto que ésta llegue a ser  una marioneta de esas causas externas, estando sus nuevos estados mentales  y su comportamiento causados en gran medida por esa ideología. Esa persona  ciertamente no será tan libre como aquel que puede entender por qué desea  lo que desea, cree lo que cree y hace lo que hace.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"> <b><font face="Verdana" size="2">Bibliografias</font></b></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1.BERGSON, H.: <I>Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia</I>, Salamanca:  Ediciones Sígueme, 1999, p. 123. <I>Essai sur les donnees immediates de la  consciente</I>, Lib. Félix Alcan, París, 1921 [1889].</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1714410&pid=S0798-1171200700020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. JAMES, W.: <I>Pragmatismo. Un nombre nuevo para viejos modos de pensar</I>, Editorial  Aguilar, Buenos Aires, 1975. <I>Pragmatism. A new name for some</I> <I>old ways of  thinking</I>, 1907.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1714411&pid=S0798-1171200700020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3.&nbsp; JAMES W.: <I>Problemas de la filosofía, </I>Editorial Yerba Buena, Buenos Aires,  1944. <I>Some Problems of Philosophy, </I>1911.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1714412&pid=S0798-1171200700020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">4.</font><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> WITTGENSTEIN, L.: <I>Los cuadernos azul y marrón,</I> Tecnos, Madrid, 1968,<I> </I>“Cuaderno  azul”, p. 45.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1714413&pid=S0798-1171200700020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5. WITTGENSTEIN, L.: “No hay un <I>único</I> método en filosofía si bien hay  realmente métodos, como diferentes terapias.” <I>Investigaciones</I>, p. 133</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1714414&pid=S0798-1171200700020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="justify"> <b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1 WITTGENSTEIN, L.: <I>Los cuadernos azul y marrón,</I> Tecnos, Madrid, 1968,<I> </I>“Cuaderno  azul”, p. 45.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2 Cfr. WITTGENSTEIN, L.: “Era cierto que nuestras consideraciones no podían  ser consideraciones científicas. (…) Y no podemos proponer teoría ninguna.  (…) <I>Toda explicación</I> tiene que desaparecer y sólo la descripción ha de  ocupar su lugar.” <I>Investigaciones filosóficas,</I> Editorial Crítica, Barcelona-México:  Instituto de Investigaciones filosóficas de la UNAM, 1988 [1958], p. 109.  En adelante, de citará este texto como <I>Investigaciones</I>.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3 Cfr. WITTGENSTEIN, L.: “Nuestra ansia de generalidad tiene otra fuente  principal: nuestra preocupación por el método de la ciencia. Me refiero  al método de reducir la explicación de los fenómenos naturales al menor  número posible de leyes naturales primitivas (…) Los filósofos tienen constantemente  ante los ojos el método de la ciencia y sienten una tentación irresistible  a plantear y a contestar las preguntas del mismo modo que lo hace la ciencia.  Esta tendencia es la verdadera fuente de la metafísica y lleva al filósofo  a la oscuridad completa. Quiero afirmar en este momento que nuestra tarea  no puede ser nunca reducir algo a algo, o explicar algo. En realidad, la  filosofía es ‘puramente descriptiva’.” <I>Los cuadernos azul y marrón</I>, p.  46.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4 Cfr. WITTGENSTEIN, L.: “En vez de ‘el ansia de generalidad’ podría haber  dicho también ‘la actitud despectiva hacia el caso particular’.” <I>Los cuadernos  azul y marrón, </I>p. 46.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5 Para un análisis algo más detenido de la relación entre terapia y teoría,  sobre todo en lo concerniente a la filosofía de la mente de Wittgenstein,  puede verse mi artículo “El lenguaje de la intimidad. Sobre la constitución  intersubjetiva de las emociones”, en: FLORES, A, MELÉNDEZ, R, HOLGUÍN,  M. (eds.): <I>Del espejo a las herramientas. Ensayos sobre el pensamiento  de</I> <I>Wittgenstein</I>, Editorial Siglo del Hombre, Universidad Nacional de Colombia  y Pontificia Universidad Javeriana, Bogota, 2003.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6 Cfr. WITTGENSTEIN, L.: “No hay un <I>único</I> método en filosofía si bien hay  realmente métodos, como diferentes terapias.” <I>Investigaciones</I>, p. 133</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7 Cfr. <I>Sobre la certeza</I>, Editorial Tiempo Nuevo, Caracas, 1972, 422: “Así,  estoy intentando decir algo que suena como pragmatismo”.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8 Cfr. SANFÉLIX, Vicente: “La mirada distante: Wittgenstein y el pragmatismo”,  en: ARENAS, L., MUÑOZ, J., PERONA, A. (eds.): <I>El retorno del pragmatismo</I>,  Editorial Trotta, Madrid, 2001, pp. 123-140. La tesis de Sanfélix es que  ya hay en el <I>Tractatus</I> un pluralismo conceptual con frecuencia desatendido  por los neo-pragmatistas, lo que acerca al <I>Tractatus</I> al pragmatismo más  de lo que suele pensarse: “Creo que ahora podemos confirmar una doble conclusión.  Primera, que los hechos que componen el mundo del <I>Tractatus </I>no son independientes  de nuestros modos de pensarlos o, dicho más técnicamente, del método de  representación que escojamos para describirlos. Segunda, que en principio  no es posible utilizar sólo un único sino varios métodos de representación”  (p. 125).</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9 Cfr. JAMES, W.: <I>Las variedades de la experiencia religiosa</I>.<I> Estudio de  la naturaleza humana, </I>Ediciones Península, Barcelona, 1994 [1902]. Cfr.  MONK, R.: <I>Ludwig Wittgenstein. El deber de un genio, </I>Anagrama, Barcelona,  2002. Según Monk en 1912 Wittgenstein le dijo a Russell que el libro de  James “lo perfeccionaba de una manera enormemente deseable para él” (p.  118). Véase también la interesante relación que Monk muestra entre las  concepciones de Nietzsche, James y Wittgenstein acerca de la visión terapéutica  de la religión y la filosofía. Dice Monk: “En términos de James, la cuestión  es si [la religión] ayuda a curar ‘el alma enferma’. Y lo que cura aquí  no es una creencia, sino una práctica, una manera de vivir” (p. 127).</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10 Cfr. MONK, R.: op. cit., p. 436.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11 JAMES, W.: <I>Principios de psicología</I>, Fondo de Cultura Económica, México,  1989 [1890]. En adelante se citará esta obra como <I>Principio</I>. Wittgenstein  usaba ese libro de James para extraer ejemplos de las confusiones filosóficas  que había que desarticular (cfr. MONK, R.: pp. 435-6) pero sin duda le  tenía mucha estima.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12 Cfr. WITTGENSTEIN, L.: <I>Sobre la certeza </I>Esta obra está plena de referencias  a esta concepción de la creencia. Véase por ejemplo: 144, 204, 229, 254,  284, 360, 395, 414, 427, 431.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13 El psicólogo escocés Alexander Bain fue el primero en sostener que la creencia  es una disposición para actuar, lo que fue asimilado por Peirce vía Nicholas  Saint John Green. Cfr. MENAND, L.: <I>El club de los metafísicos. Historia  de las ideas en América</I>, Editorial Destino, Madrid, 2002, p. 233. <I>The Metaphysical  Club. A Store of Ideas in America, </I>Farrar, Straus and Giroux, Nueva York,  2001. Las primeras tesis anti-representacionalistas pueden ser encontradas  en los artículos de Peirce de fines del siglo XIX, como “Cómo esclarecer  nuestras ideas” y “La fijación de la creencia”, entre otros</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14 PEIRCE, Ch.: <I>Collected Papers</I>, Harvard University Press, Cambridge Massachusetts,  1931-1960, 5.398. La traducción castellana es de VERICAT, J.: <I>El hombre,  un signo</I>, Editorial Crítica, Barcelona, 1988, p. 207.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15 JAMES, W.: <I>Pragmatismo. Un nombre nuevo para viejos modos de pensar</I>, Editorial  Aguilar, Buenos Aires, 1975. <I>Pragmatism. A new name for some</I> <I>old ways of  thinking</I>, 1907.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16 JAMES W.: <I>Problemas de la filosofía, </I>Editorial Yerba Buena, Buenos Aires,  1944. <I>Some Problems of Philosophy, </I>1911.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17 Cfr. MACH, E.: <I>The History and Root of the Principle of Conservation of  Energy</I>, 1911, citado en: JANIK, A. y TOULMIN, S.: <I>La Viena de Wittgenstein,  </I>Editorial Taurus, Madrid, 1998. <I>Wittgenstein´s Vienna</I>, Simon and Shuster,  New York, 1973.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18 John Dewey veía al pragmatismo como una superación de la epistemología  representacionalista cartesiana, a la que él llamaba “la epistemología  del espectador”. Cfr. DEWEY J.: <I>The Quest for certainty,</I> Capricorn Books,  New York, 1929, p. 23.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19 El lugar clásico wittgensteiniano de esta posición es <I>Sobre la certeza.</I></FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20 PEIRCE, Ch.:  “Truth”, en: <I>Collected Papers</I>, 5.553, op. cit</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 21 SCHOPENHAUER, A.: “Sobre la libertad humana” en: <I>Los dos problemas fundamentales  de la ética</I>, Editorial Siglo XX, Barcelona, 2003. <I>Die beiden Grundprobleme  der Ethik</I>, 1840</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 22 Cfr. LOCKE, J.: <I>Ensayo sobre el entendimiento humano, </I>Fondo de Cultura  Económica, Bogotá, 2000 [1690]. <I>An Essay Concerning Human Understanding,  </I>Press. Universitaires de France, París, 1957. En el libro II capítulo XXI,  “De la potencia”, sostiene Locke que la voluntad es una potencia o facultad.  A su vez, define una potencia como la capacidad que algo tiene de generar  un cambio. Así, considera él que no tiene sentido preguntar si la voluntad  es libre porque sería como preguntar si la libertad es libre. Por eso,  en la sección 21 sostiene que “la verdadera cuestión no es si la voluntad  es libre, sino si el hombre es libre” (p. 226). Locke se anticipa a muchos  filósofos en mostrar cómo con frecuencia los problemas filosóficos se originan  como usos imprecisos y confusos del lenguaje, pero él mismo es víctima  de ellos porque en la sección 30, al distinguir entre voluntad y deseo,  sostiene que ambos son “actos” de la mente (p. 231). Al considerar que  la voluntad y el deseo son actos, corre el riesgo de entificarlos y abre  la posibilidad de preguntar por relaciones causales entre ellos y otros  actos o eventos. Sin embargo, Locke afirma que no debemos concebir a las  facultades como entidades, como agentes dentro de otros agentes, sino como  relaciones. Dice Locke: “Porque las potencias son relaciones, no son agentes;  y solamente aquello que tiene o que no tiene la potencia para operar, solo  eso es o no es libre, y nunca la potencia misma. (…) Pero el error ha sido  en que se ha hablado de las facultades y han sido representadas como si  fuesen otros tantos agentes distintos” (p. 225). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 23 SCHOPENHAUER, A.: pp. 46-7: “Como órgano de la autoconsciencia se ha establecido  un <I>sentido interno</I> que, sin embargo, ha de entenderse más en sentido figurativo  que en sentido propio: pues la autoconsciencia es inmediata. Sea como fuere,  nuestra próxima pregunta es: ¿qué contiene la autoconsciencia? O: ¿cómo  se hace el hombre inmediatamente consciente de su propio yo? Respuesta:  en todo caso como <I>volente. </I>Al observar la propia autoconsciencia, cada  uno se percata enseguida de que su objeto es, en todo momento, su propio  querer”.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 24 SCHOPENHAUER, A.: ibid., p. 123.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 25 SCHOPENHAUER, A.: ibid., p.125. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 26 SCHOPENHAUER, A.: ibid., p. 124.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 27 SHAKESPEARE, W.: <I>Measure for measure, </I>en: <I>The Complete Works</I>, Magpie Books,  Londres, 1993,<I> </I>A. 2, Sc. 2.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 28 SCHOPENHAUER, A.: op. cit., p. 128.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 29 SCHOPENHAUER, A.: ibid., p. 128.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 30 BERGSON, H.: <I>Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia</I>, Salamanca:  Ediciones Sígueme, 1999, p. 123. <I>Essai sur les donnees immediates de la  consciente</I>, Lib. Félix Alcan, París, 1921 [1889].</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 31 <I>El Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia</I> de Bergson es de  1889 y los <I>Principios de psicología </I>de James de 1890. Según los testimonios  de ambos filósofos, esos dos libros no tuvieron influencia mutua, aunque  a partir de la publicación de los <I>Principios</I> <I>de Psicología </I>ellos comenzaron  un intercambio intelectual fluido. Por tanto, si Bergson influyó en Wittgenstein  a través de James esto tuvo que haber ocurrido con los textos más tardíos.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 32 Estas ideas están contenidas en su <I>tychismo</I>. Cf. PEIRCE, Ch.: “El orden  de la naturaleza” y “Designio y azar”, en: <I>Grupo de Estudios Peircianos</I>  http://www.unav.es/gep/ </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 33 Cfr. WITTGENSTEIN, L.: <I>Zettel</I>,<I> </I>UNAM, México, 1979 (608-10): “… es perfectamente  posible que ciertos fenómenos psicológicos no se puedan investigar fisiológicamente  (…) si esto subvierte nuestro concepto de causalidad, entonces ya es hora  de que fuera subvertido”.  </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 34 RYLE, G.: “En síntesis, la teoría de las voliciones es una hipótesis causal  adoptada por haberse supuesto, equivocadamente, que la pregunta ‘¿Qué es  lo que hace que un movimiento corporal sea voluntario?’ plantea un problema  causal. De hecho, este supuesto no es nada más que una consecuencia particular  del supuesto más general de que la pregunta ‘¿Cómo es que se aplican a  los actos humanos los conceptos referentes a lo mental y al comportamiento?’  trata sobre la causación de tal comportamiento.” <I>El concepto de lo mental</I>,  Editorial Paidós, Barcelona, 2005 [1949], p. 82: </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 35 <I>Investigaciones, </I>p. 613.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 36 Un representante clásico de esta posición es: STRAWSON, P.: “Freedom and  Resentment”, en: Fischer y Ravizza (eds.), <I>Perspectives on Moral Responsibility</I>,  Cornell University Press, 1993; <I>Skepticism and Naturalism</I>.<I> Some Varieties</I>,  Columbia University Press, New York, 1985.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 37 “El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de  las cosas”, en: SPINOZA, B.: <I>Ética demostrada según el orden geométrico</I>,  México, FCE, 1996 [1677], II, 7.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 38 “El alma y el cuerpo son una sola y misma cosa, concebida ya bajo el atributo  del Pensamiento, ya bajo el de la Extensión. De donde resulta que el orden  o encadenamiento de las cosas es uno solo, ya se conciba la Naturaleza  bajo este atributo, ya bajo aquel; y, por consiguiente, que el orden de  las acciones y pasiones de nuestro cuerpo es por naturaleza simultáneo  con el orden de las acciones y pasiones del alma”. SPINOZA, B.: <I>Ética</I>,  III, 2, escolio.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 39 “[L]os hombres se creen libres por esta sola causa: porque son conscientes  de sus acciones e ignoran las causas que los determinan”. SPINOZA, B.:  <I>Ética, </I>III, 2, escolio.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 40 WITTGENSTEIN, L.: <I>Tractatus Logico-Philosophicus</I>, Madrid: Alianza Editorial,  1975 [1922], 5.1362.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 41 <I>Tractatus</I>, 5.1361. Cfr. Citado en adelante como <I>Tractatus</I>. “¿Qué es, por  ejemplo, el principio de causalidad, sino un postulado, un principio en  el cual ocultase el deseo de descubrir algún día entre la sucesión de los  fenómenos, lazos de dependencia más hondos que esa simple yuxtaposición  arbitraria en que se nos da actualmente?” JAMES, W.: “El dilema del determinismo”,  en: <I>La voluntad de creer y otros ensayos de filosofía popular,</I> Daniel Jorro  Editor, Madrid, 1922 [1897], p. 143.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 42 Cfr. <I>Tractatus</I>, 5.631</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 43 <I>Tractatus</I>, 6.423</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 44 PEIRCE, Ch.: “How to make our ideas clear”, en: <I>Popular Science Monthly,  </I>12, pp.&nbsp;286-302. La máxima está contenida nuevamente, corregida por Peirce,  en: <I>Collected Papers</I>, 5.388-410, parágrafo 402.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 45 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I>p. 613.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 46 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I>p. 615.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 47 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I>p. 616.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 48 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones,</I> p. 628.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 49 <I>Observaciones sobre la filosofía de la psicología</I>, vol. 1, UNAM, México,  2006, desde la sección 843 hasta la 850.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 50 WITTGENSTEIN, L.: <I>Zettel</I>, sec. 577.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 51 JAMES, W.: <I>Principios, </I>p. 949.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 52 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I>p. 621.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 53 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones,</I> p. 622.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 54 JAMES, W.: <I>Principios,</I> p. 971</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 55 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I>p. 174. Paréntesis y cursivas del autor.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 56 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I>p. 611.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 57 WITTGENSTEIN, L.: <I>Investigaciones, </I> p. 615.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 58 JAMES, W.: pp. 976-977.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 59 Cfr. AINSLIE, G.: <I>Breakdown of Will</I>, Cambridge University Press, Cambridge,  2001.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 60 AINSLIE, G.: ibid, p. 40.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 61 DENNETT, D.: <I>La evolución de la libertad</I>, Barcelona: Paidós, 2004, p. 240.  Cursiva del autor. <I>Freedom Evolves, </I>Viking Penguin, 2003.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 62 AINSLIE, G, op. cit., p. 240.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 63 WITTGENSTEIN, L.: <I>Ocasiones Filosóficas</I>, <I>1912-1951</I>, Cátedra Teorema, Madrid,  1997 [1993]. No se ha llegado a determinar con exactitud la fecha de esas  clases, pero probablemente fue entre 1945 y 1947.  Citado en adelante como  Ocasiones. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 64 WITTGENSTEIN, L.: <I>Ocasiones,</I> p. 411.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 65 WITTGENSTEIN, L.: <I>Ocasiones</I>, p. 413.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 66 WITTGENSTEIN, L.: <I>Ocasiones, </I>p. 415.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 67 WITTGENSTEIN, L.: <I>Ocasiones,  </I>p. 416.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 68 WITTGENSTEIN, L, <I>Ocasiones Filosóficas</I>, <I>1912-1951</I>, Ibid., p. 420.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 69 Cfr. Alejandro Tomasini Bassols, “Causalidad, determinismo y libertad”,  en: <I>Estudios sobre las filosofías de Wittgenstein,</I> Plaza y Valdés, México,  2003; “El enigma metafísico de la libertad y el determinismo”, en: <I>Lenguaje  y anti-metafísica. Cavilaciones wittgensteinianas</I>, Plaza y Valdés, México,  2005 [1994].</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 70 WRIGHT, G H, <I>Sobre la libertad humana, </I>Paidós, Barcelona, 2002, p. 125.  “Of Human Freedom”, originalmente publicado en inglés en: <I>The Tanner Lectures  on Human Values, </I>VI, University of Utah Press, Salt Lake City, 1985.</FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 71 Uno podría ver la teoría hilemórfica aristotélica según la cual forma y  materia son inseparables, como postulando una distinción que es lógica  y no ontológica (es decir nominal pero no real), de manera que la distinción  entre psyché y soma sería también puramente lógica. Cfr. QUINTANILLA, Pablo:  “Lenguaje y pensamiento: Aristóteles y el modelo de la melodía”, en: <I>Areté</I>,  Vol. III, #1, Lima, 1990.</FONT></P>       ]]></body>
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