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</front><body><![CDATA[ <P ALIGN="center"><b><font color="000000" face="Verdana" size="3"> CROSSAN, John Dominic. <I>Jesús: biografía revolucionaria.</I> Grijalbo, Barcelona,  2004, 226 pp.</font></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Durante los últimos tres siglos, la figura histórica de Jesús de Nazaret  ha sido sometido a múltiples exámenes biográficos a la luz de descubrimientos  y avances en las disciplinas de la sociología, la crítica textual y la  arqueología, entre otros. El mundo occidental tardó cerca de dieciocho  siglos en descubrir que las narraciones contenidas en los evangelios no  son enteramente plausibles, pero que tampoco son mera ficción. Los evangelios  son textos harto difíciles de leer, pues en ellos se entremezcla los verosímil  y lo inverosímil, la historia y la leyenda.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los resultados de estas reconstrucciones biográficas han sido muy variados.  Algunos han presentado a un Jesús histórico muy próximo a la imagen que  de él se ha formado la teología cristiana, otros lo han presentado precisamente  como la antítesis del ‘cristiano’ contemporáneo. En todo caso, no deja  de ser cierta aquella situación que Albert Schweitzer señalaba respecto  a las ‘búsquedas del Jesús histórico’: los sucesivos Jesuses han sido,  a grandes rasgos, proyecciones de lo que sus biógrafos desearían ser. No  ha de extrañar, entonces, que Hugo Chávez haga de Jesús ‘el primer socialista’,  que los nazis hiciesen de Jesús un ario, y que muchas iglesias protestantes  norteamericanas hagan de Jesús un hábil empresario.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sea como sea, en la actualidad, un grupo de académicos norteamericanos  se ha reunido para conformar el <I>Jesus Seminar</I>, organización dedicada a  analizar, a través de métodos sociológicos, arqueológicos, críticos y lingüísticos,  la vida de Jesús. Este seminario aspira a una historiografía objetiva,  y prescinde de la teología; de forma tal que, de antemano, los milagros  no son considerados experiencias objetivamente históricas. El <I>Jesus Seminar  </I>estima que no más de un 20% de los dichos de Jesús contenidos en los evangelios  canónicos son auténticos, y no más de un 25% de sus actos ahí registrados  realmente ocurrieron. John Dominic Crossan es uno de los fundadores del  <I>Jesus Seminar</I>, y en esta obra, <I>Jesús: biografía revolucionaria</I>, se propone  reunir y divulgar ante el público no especializado, las conclusiones de  sus estudios de más de treinta años.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El lector que, siguiendo el retrato que Hugo Chávez reiteradamente hace  de Jesús en sus discursos, pretenda encontrar a un Jesús ‘revolucionario’  en la obra de Crossan, posiblemente se decepcionará. El título de la obra  de Crossan alude a lo revolucionario de la biografía, <I>no del personaje</I>,  y si bien Crossan sí llega a considerar a Jesús un revolucionario, de ninguna  manera lo presenta como el tipo de revolucionario que se inscribe en la  línea de Marx, Lenin o Fidel Castro.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Crossan es un ex sacerdote católico, y a pesar de que se sigue considerando  cristiano, de antemano rechaza la historicidad de cualquier evento que  viole las leyes de la naturaleza en la vida de Jesús. Pero, los ‘milagros’  no son la única fuente de inverosimilitudes en los evangelios. Existen  muchas otras narraciones que, aún sin incorporar fenómenos que violen las  leyes naturales, tienen poquísimas probabilidades de haber ocurrido. Así,  Crossan desestima la historicidad de las narrativas respecto a la infancia  de Jesús. Su nacimiento virginal, su nacimiento en Belén, la visita de  los Reyes Magos, la matanza de Herodes, la huída a Egipto y su disertación  en el templo de Jerusalén vendrían a ser historias que ‘hacen cumplir’  las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento, y que por ende, no son  dignas de credibilidad histórica para el biógrafo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> ¿Cómo entonces, Jesús llegó a la vida pública? Crossan estima que Jesús  debió haber sido un discípulo de Juan. A juicio de Crossan, Juan debió  haber sido un profeta apocalíptico que, conmemorando el paso del Jordán  bajo el mandato de José (el bautismo en el río), aspiraba a una liberación  repentina del pueblo de Israel, sometido al poder imperial romano desde  hacía décadas. Juan predicaba una expectativa respecto al final de los  tiempos, un advenimiento de Dios en el cual todos serían juzgados, y en  sus primeros años Jesús habría formado parte de este movimiento.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Crossan rechaza la historicidad de la ejecución de Juan a manos de Antipas  según la narrativa evangélica (su dramatismo no es más que una analogía  de la Pasión de Cristo). Pero, posiblemente, Juan sí fuese hecho prisionero  y su movimiento se disolvió. Jesús, sin embargo, debió haber continuado  en sus actividades públicas, y en vez de predicar exclusivamente un apocalipsis  liberador por venir, predicó algo más sencillo: un Reino de Dios que ya  ha llegado.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este Reino de Dios, a juicio de Crossan, es una concepción de la sociedad  sin distinciones de clase; a saber, un igualitarismo radical. Crossan hace  especial énfasis en la gran comensalía predicada por Jesús, en la que todos  son invitados a comer. Crossan aprecia los ‘milagros’ de Jesús a la luz  de este mensaje: sus aparentes desafíos a las leyes naturales son muchas  veces curaciones de enfermedades psicosomáticas, pero mucho más que eso,  sus ‘milagros’ son una manera de representar a un hombre que, mucho más  que curar a individuos, pretende curar a una sociedad. Crossan enfatiza  el hecho de que Jesús escoge a los <I>marginales</I> para llevar a cabo sus curaciones  y maravillas, y el aspecto milagroso es apenas un ornamento secundario  de lo que constituye el núcleo del mensaje: la reivindicación de la inmensa  mayoría marginada en la jerarquía de la antigua sociedad mediterránea.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Jesús no sólo predica un Reino, sino que lleva a cabo acciones para manifestar  su mensaje. Crossan insiste en que estos dichos y acciones son especialmente  chocantes a las convenciones sociales de la época. Y, en función de esto,  Crossan representa a Jesús como un cínico judío. Lo mismo que Jesús, los  cínicos tuvieron pocas contemplaciones por las convenciones sociales, muchas  veces promovían un extremo igualitarismo, y por encima de todo, no se conformaban  con la prédica, sino que incorporaban <I>acciones</I> a sus discursos como forma  de articular su mensaje. Crossan, sin embargo, advierte una diferencia:  mientras que los cínicos griegos operaban en escenarios urbanos, Jesús  era un cínico <I>campesino</I> que recorría aldeas galileas.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Crossan presenta a Jesús como un personaje bastante solitario, si bien  contó con seguidores ocasionales. A juicio de Crossan, nunca hubo doce  apóstoles claramente definidos; este número es altamente sospechoso, pues  recapitula a las doce tribus de Israel. En todo caso, el hecho es que este  cínico campesino judío acudió a Jerusalén en épocas de Pascua, y por circunstancias  que Crossan admite no comprender bien, fue ejecutado y abandonado por sus  posibles seguidores.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lo más aproximado para explicar la muerte de Jesús, postula Crossan, es  que el galileo, siguiendo su programa de predicar y actuar, se hubiese  enfrentado físicamente a los sacerdotes del Templo en Jerusalén, a quienes  consideraba fuente de la marginación y exclusión que se proponía combatir.  Este enfrentamiento debió haber generado cierto alboroto, y dado el congestionamiento  debido a la concurrencia de peregrinos en la Pascua, debió haber preocupado  a las autoridades romanas, quienes quizás vieron en él a un peligroso rebelde.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los detalles de la muerte de Jesús son considerados a-históricos por Crossan,  excepto la existencia de Pilatos y la muerte por crucifixión. Barrabás  es un personaje inventado (sería un recurso por medio del cual los evangelistas  advierten en contra de los peligros terroristas), y el Sanedrín no tienen  nada que ver con la muerte de Jesús. De esto se desprendería cierto anti-semitismo  en los evangelios, pero Crossan no dedica atención a este asunto.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Crossan expresa su certeza de que Jesús murió en la cruz. Pero, haciendo  un estudio respecto a la institución de la crucifixión en el mundo romano,  Crossan encuentra inverosímil que un reo víctima de crucifixión hubiese  recibido una sepultura honorable. Crossan se aventura a postular que el  cadáver de Jesús fue devorado por los perros (como era costumbre entre  las víctimas crucifixión), y que no hubo tumba, ni llena, ni vacía. Crossan  detecta otra ‘artimaña’ en los evangelios para crear la ilusión de que  Jesús hubiese recibido una sepultura digna del Mesías: Nicodemo y José  de Arimatea son personajes influyentes cuyas simpatías por Jesús sí permitirían  una sepultura digna. A juicio de Crossan, José y Nicodemo son personajes  ficticios.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> ¿Cómo se explica la resurrección? Crossan estima que el trance puede propiciar  alucinaciones, de forma tal que es perfectamente concebible que alguien  ‘vea’ a un resucitado, sin que realmente éste esté presente. Pero, además  de eso, Crossan explica la resurrección de Jesús como un instrumento <I>político</I>  en el seno de las primeras comunidades cristianas. A juicio de Crossan,  el gran artífice de la idea de la resurrección es Pablo, un hombre que  nunca conoció directamente a Jesús. Asegurar haber visto a Jesús resucitado  es una manera, consciente o no, de afirmar su liderazgo en la temprana  comunidad cristiana, liderazgo éste que, por lo demás, fue disputado por  los seguidores cercanos y parientes de Jesús.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Algo similar sucede con las otras apariciones y con los hechos milagrosos  de forma general: con muy pocas excepciones, suelen ocurrir cuando un reducido  grupo de seguidores están presentes; y estos seguidores más adelante se  convertirán en líderes legítimos de la temprana comunidad cristiana. Así,  haber visto a Jesús realizar algún milagro o haberlo contemplado una vez  resucitado se vino a convertir en una señal de prestigio y honor que permitía  detentar liderazgo en una comunidad cuyo fundador, ironía de ironías, precisamente  predicó y actuó en detrimento del honor y a favor de una sociedad sin distinciones.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Mi reacción frente a los argumentos de Crossan es mixta. En general, Crossan  demuestra una gran documentación extra-canónica para confirmar o desechar  la verosimilitud de los acontecimientos en la vida de Jesús, pero en ocasiones  me resulta demasiado radical. Como Crossan, yo no estoy dispuesto a admitir  que las leyes naturales puedan ser violadas. Igualmente, me inclino a pensar  que los milagros son alegorías de curaciones <I>sociales</I> cuyo objetivo es  impactar y chocar contra las convenciones de la sociedad judía del siglo  I. También acepto la inverosimilitud de las narrativas de la infancia,  y no tengo mayor dificultad en pensar que Jesús pudo iniciar siendo un  discípulo de Juan.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No obstante, Crossan presenta a un Juan apocalíptico y a un Jesús cínico,  cuestión que no acepto del todo. Me resulta bastante verosímil que Jesús  continuase con el programa apocalíptico de Juan, y no creo que los múltiples  dichos apocalípticos contenidos en los evangelios sean meras adiciones  posteriores. En todo caso, la prédica de Jesús habría sido mixta: el Reino  ya está acá, pero también estará por venir y habrá convulsiones. Por otra  parte, me resulta inverosímil que un campesino posiblemente analfabeta  (hecho reconocido por el mismo Crossan) de una remota aldea galilea pueda  ser considerado continuador de una escuela filosófica que se desarrolló  en ciudades griegas. En ocasiones, Crossan admite que quizás Jesús fue  un ‘cínico’ sin saber formalmente en qué consistía el cinismo, pero luego  Crossan se contradice cuando enfatiza que el hecho de que Nazaret estuviese  relativamente cerca de Séforis pudiera permitir la posibilidad de que Jesús  fuese un cínico a toda luz. Ciertamente yo aprecio en Jesús muchos rasgos  ‘cínicos’, pero debemos estar atentos al hecho de que empleo la palabra  ‘cínico’ como una sinécdoque: a saber, ‘cínico’ no como una escuela filosófica  particular, sino como alguien que presenta un conjunto de actitudes determinadas  frente a la vida, independientemente de su ubicación geográfica o histórica.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Respecto a si el cadáver de Jesús fue o no devorado por los perros, tampoco  encuentro inverosímil la existencia de José de Arimatea o Nicodemo. Así  como algunos cínicos atrajeron a nobles griegos (incluso al mismo Alejandro  Magno), es perfectamente plausible que José y Nicodemo se interesasen por  las palabras y acciones revolucionarias de este galileo y se compadeciesen  de él, concediéndole digna sepultura. Pero, he de confesar que sí me parece  verosímil que, si José y Nicodemo no existieron, entonces el cadáver de  Jesús debió haber sido devorado por los perros.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por último, si bien Pablo puedo haber sido un ‘intruso’ que quería legitimarse  a toda costa entre los primeros seguidores de Jesús, no creo que conscientemente  hubiese inventado la historia de la resurrección para afianzar su estatuto  y distinción como apóstol. Me inclino más a pensar la resurrección en los  términos en que los ha concebido Gerg Ludemann: habría sido una alucinación  producto del gran trauma emocional surgido en Pablo tras la culpa sentida  por haber perseguido a los primeros cristianos.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Gabriel Andrade</B></FONT></P>     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Universidad del Zulia gabrielernesto2000@yahoo.com</B></FONT></P>       ]]></body>

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