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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La evaluación educativa y su desarrollo como disciplina y profesión: presencia en Venezuela]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Assessment is an essential component of the educational process at all school levels. However, in Venezuela it has been limited to the classroom and to the application of tests. This study has three aims: first, to present a summary of the evolution of po sitivism in its three most important versions, namely, classical, logical and postpositivist, and its influence in the development of assessment and research during the 20th century. Secondly, to offer a panoramic view of the development of educational assessment as a discipline at the international level as well as the main features of this process in Venezuela according to educational legislation during the period 1914-2009. Thirdly, to present a synthesis of the concept of integral, contextual, critical-emancipative and pluralist assessment developed by the author in the Universidad Central de Venezuela as an alternative to the positivist paradigm. The method consists in the critical analysis of the principles of positivism as the dominant paradigm in education and related areas until around 1970. The conclusions show that logical positivism is still present in the Venezuelan education system although it is no longer the only option given the presence during the last three decades of qualitative and interpretive concepts and methods which have provided researchers and assessors with options that make the assessment process much more interactive, one in which the vision of assessment proposed in this work may contribute to the consolidation of a multi-paradigmatic approach in con cordance with the era of information and knowledge.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <b><font FACE="Verdana">     <p ALIGN="center">La evaluación educativa y su desarrollo como disciplina y  profesión: presencia en Venezuela</p>     <p ALIGN="center">Educational assessment and its development as a discipline and  profession: presence in Venezuela</p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center">Hernando SALCEDO GALVIS<sup>1</sup></font></p> </b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">1 Profesor Titular Jubilado de Educación, miembro del  Personal de Investigadores de los Doc torados en Educación y en Humanidades de  la Universidad Central de Venezuela, donde desarrolla el programa «Una visión  integrativa, crítica y pluralista de la investigación y evaluación educativas».  Licenciado en Educación por la UCV. Postgrado equivalente a Magister en  Orientación Estudiantil, UCV. Estudios de Doctorado en Educación Comparada en la  UCV. Doctor of Education, University of California, Los Angeles (UCLA). Profesor  Visitante en el Center for the Study of Evaluation, UCLA. Se minario sobre  College Teaching for Latin Faculty, Cornell University. Co-fundador del  Doctorado en Educación, UCV. Cofundador y coordinador de las maestrías en  Tecnología Educativa y de Evaluación de la Educación, UCV. Promotor y cofundador  del Colegio de Licenciados en Educación de Venezuela. Fundador y primer  Director-Editor de la <i>Revista de Pedagogía </i>(1970-1978). Co-fundador de la <i>Revista Temas de Educación </i>de la misma Escuela. Co-fundador de la  Asociación Venezolana de Investigación Educativa (AVIED). Profesor invitado en  varias universidades nacionales y extranjeras. Miembro actual de la Junta  Directiva de la Asamblea de Educación (ACAE). Ha recibido numerosas distinciones  de la UCV y otras universidades nacionales y extranjeras. Miembro de numerosas  asociaciones y revistas académicas nacionales y extranjeras. Múltiples  publicaciones y comunicaciones dentro de su área de experticia. <i>&nbsp;Universidad  Central de Venezuela </i><a href="mailto:hersalg2007@gmail.com"> hersalg2007@gmail.com</a></p>     <p ALIGN="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p ALIGN="justify">La evaluación es un componente esencial del proceso educativo  en cualquier nivel escolar; sin embargo, en Venezuela se ha limitado al salón de  clases y a la aplicación de pruebas de conocimientos. Este estudio tiene tres  propósitos: primero, presentar un resumen de la evolución del positivismo en sus  tres versiones más importantes: clásica, lógica y post-positivista, y su  influencia en el desarrollo de la evaluación e investigación durante el siglo XX.  Segundo, proporcionar una visión panorámica del desarrollo de la evaluación  educativa como disciplina en escala internacional, así como de las  características de este proceso en Venezuela, según la legislación educativa  durante el lapso de 1914 hasta 2009; y tercero, presentar una síntesis de la  concepción de evaluación integrativa, contextual, crítico-emancipadora y  pluralista, desarrollada por el autor en la Universidad Central de Venezuela  como alternativa al paradigma positivista. El método consistió en el análisis  crítico de los principios del positivismo como paradigma dominante en educación  y áreas relacionadas hasta 1970, aproximadamente. Las conclusiones muestran que  el positivismo lógico aún está presente en el sistema educativo venezolano,  aunque ya no constituye la única opción, debido a la presencia durante las tres  últimas décadas de concepciones y métodos cualitativos e interpretativos, lo  cual proporciona a investigadores y evaluadores diversas opciones que hacen de  estos procesos un esfuerzo interactivo en el cual la visión de evaluación que he  propuesto podría contribuir a la consolidación de una orientación multi-paradigmática,  en concordancia con la era de la información y el conocimiento.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Palabras clave</b>: Evaluación educativa, paradigma  positivista, positivismo y evaluación, evaluación como profesión.</p>     <p ALIGN="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p ALIGN="justify">Assessment is an essential component of the educational  process at all school levels. However, in Venezuela it has been limited to the  classroom and to the application of tests. This study has three aims: first, to  present a summary of the evolution of po sitivism in its three most important  versions, namely, classical, logical and postpositivist, and its influence in  the development of assessment and research during the 20th century. Secondly, to  offer a panoramic view of the development of educational assessment as a  discipline at the international level as well as the main features of this  process in Venezuela according to educational legislation during the period  1914-2009. Thirdly, to present a synthesis of the concept of integral,  contextual, critical-emancipative and pluralist assessment developed by the  author in the Universidad Central de Venezuela as an alternative to the  positivist paradigm. The method consists in the critical analysis of the  principles of positivism as the dominant paradigm in education and related areas  until around 1970. The conclusions show that logical positivism is still present  in the Venezuelan education system although it is no longer the only option  given the presence during the last three decades of qualitative and interpretive  concepts and methods which have provided researchers and assessors with options  that make the assessment process much more interactive, one in which the vision  of assessment proposed in this work may contribute to the consolidation of a  multi-paradigmatic approach in con cordance with the era of information and  knowledge.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b>Keywords</b>: Educational assessment, positivist paradigm,  positivism and assessment, assessment as a profession.</p>     <p ALIGN="justify">Recibido: 01-7-2010 Aprobado: 01-10-2010</p>     <p ALIGN="justify"><b>INTRODUCCIÓN</b></p>     <p ALIGN="justify">La evaluación parece ser tan antigua como el hombre mismo,  anterior a la educación sistemática, tal como la conocemos hoy. En la historia y  desarrollo de la evaluación es frecuente encontrar referencias las cuales se  remontan a la necesidad que enfrentaba el hombre primitivo de tomar decisiones  acerca de la elección de los medios de defensa y supervivencia más adecuados a  cada situación. En la China antigua, 2000 años antes de nuestra era, se  realizaban exámenes para seleccionar a los funcionarios del Estado según sus  competencias respecto de las actividades a rea - lizar. En los Estados Unidos,  el primer intento de realizar una evaluación del desempeño de las escuelas fue  realizado en Boston en 1845, cuando por primera vez se utilizaron las  calificaciones obtenidas por los estudiantes como criterio para evaluar la  efectividad de las escuelas. Luego, entre 1887 y 1898, Joseph Rice condujo un  estudio comparativo en la enseñanza de la ortografía, lo que se conoce como la  primera evaluación formal realizada en ese país, utilizando también las  calificaciones de los alumnos para juzgar la enseñanza que se impartía (Popham,  1975; Madaus y otros, 1983). Luego de recorrer varias etapas desde los comienzos  del siglo XX, bajo la influencia del positivismo y sus variantes, a partir de la  década de los años setenta del siglo XX, se ha insistido en la necesidad de  hacer de la eva luación una práctica no sólo inseparable de la educación, sino  necesaria en cualquier actividad humana, como las ciencias de la salud, los  programas de seguridad social, los servicios públicos, la seguridad ciudadana,  la recreación, los programas relacionados con la prevención y tratamiento del  consumo de drogas y muchas otras áreas cuyo propósito básico es procurar una  mejor calidad de vida para la ciudadanía en general.</p>     <p ALIGN="justify">Este estudio consta de cuatro partes: la primera se refiere  al positivismo y sus versiones como el paradigma predominante en investigación y  evaluación educativas desde mediados del siglo XIX hasta la década de los años  setenta del siglo XX, aproximadamente; la segunda aborda los períodos que ha  abarcado el desarrollo de la evaluación como disciplina; la tercera estudia  algunos hitos de gran importancia en la legislación educativa venezolana y las  prácticas evaluativas correspondientes, en el lapso de 1914 a 2009; finalmente,  en la cuarta parte presento un esbozo de la visión integrativa, contextual,  crítico-emancipadora y pluralista de la evaluación que propongo como una  alternativa al paradigma positivista lógico aún utilizado en la educación  venezolana. Esta visión tiene como referentes los avances logrados en los  Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y otros países europeos, así como en varios  países de América (Salcedo, 1998) y toma en consideración las dificultades  derivadas del traslado o aplicación a la educación venezolana, de teorías,  modelos, métodos y técnicas generados en contextos socioculturales y políticos  diferentes, sin que previamente se realicen los estudios y adaptación  requeridos. Tal situa ción evidencia la necesidad inevitable de desarrollar la  ciencia y la tecnolo gía que requiere el país, y especialmente la filosofía y  las ciencias de la educación y las teorías, métodos y técnicas que respondan a  las características, necesidades y prioridades del contexto sociocultural,  político y económico venezolano.</p>     <p ALIGN="justify"><b>1. EL POSITIVISMO COMO PARADIGMA PREDOMINANTE EN  INVESTIGACIÓN Y EVALUACIÓN EDUCATIVAS</b></p>     <p ALIGN="justify">El término «paradigma», utilizado por Thomas Kuhn en su obra  «La estructura de las revoluciones científicas», publicada por primera vez en  1962, así como en sus obras posteriores (Kuhn, 1983, 1989) había sido utilizado  an tes por Robert Merton (2002), pero fue Kuhn quien lo difundió ampliamente,  debido al tema abordado y la polémica que generó como consecuencia de los  múltiples significados que le atribuyó al término paradigma y a la ambigüedad  con que lo usó en su célebre libro. Una de estas definiciones se en cuentra en  el prefacio de dicha obra y es la siguiente: «Considero [a los “paradigmas”]  como logros científicos universalmente reconocidos que durante cierto tiempo,  proporcionan problemas, modelos y soluciones a una comunidad científica» (Kuhn,  1978, 13). En términos simples, un paradigma es una visión del mundo, un marco  de referencia compartido por una comu - nidad científica. Dada la importancia y  vigencia de este concepto, en este estudio presento una breve síntesis de los  principios y características de cada una de las versiones o etapas más  importantes del paradigma positivista, cuyo predo minio en las ciencias abarca  un lapso de 140 años, aproximadamente.</p>     <p ALIGN="justify"><b>1.1. El Positivismo Clásico (1850-1930)</b></p>     <p ALIGN="justify">El positivismo clásico, cuyo fundador fue Auguste Comte  (1798-1857), es, según Kolakowsky (1979), «una postura filosófica relativa al  saber huma - no, [y] un conjunto de reglas y criterios de juicio sobre dicho  conocimiento» (pp. 14-15). Esta postura rechaza toda especulación metafísica, y  considera que el único saber que puede existir es el saber científico, es decir,  el de las ciencias naturales. Cualquier otro tipo de conocimiento que no se  refiera a ‘los he chos’, cosas, o acontecimientos accesibles a la observación,  carece de sentido” (Kolakowski, 1979, pp. 24-27). Para Habermas (1989a) y Von  Wright (1971), como concepción general, el positivismo se basa en los siguientes  principios: (a) la aceptación de la idea empirista según la cual todo  conocimiento ha de fundamentarse en la certeza proporcionada por la observación  sistemática; (b) la unidad del método del cual depende la fiabilidad del  conocimiento científico; (c) las ciencias naturales, y en particular la física,  constituyen un ideal metodológico o punto de referencia del grado de desarrollo  y perfección de todas las demás ciencias; (d) la explicación científica tiene un  carácter «causal», es decir, las teorías científicas se componen esencialmente  de leyes y no de hechos, aunque éstos sean imprescindibles para su  fundamentación; y (e) el conocimiento tiene un carácter utilitario, es decir, es  posible armonizar las relaciones entre la ciencia y la técnica en beneficio de  la sociedad.</p>     <p ALIGN="justify">La señalada visión o marco general de referencia y sus  variantes predomina durante el lapso de 1830 a 1970, aproximadamente, y tiene  como punto de partida la obra más importante de Comte: «Curso de filosofía  positiva», publicada por primera vez en seis volúmenes entre 1830-1842. En esta  obra, Comte (2002) afirma que «el carácter fundamental de la filosofía positiva  consiste en considerar todos los fenómenos como sujetos a leyes naturales  invariables, cuyo descubrimiento preciso y la posterior reducción al menor  número posible, constituyen la finalidad de nuestros esfuerzos» (p. 31). Esta  visión implicaba, según Comte, completar la obra intelectual de Bacon, Descartes  y Galileo, y construir el sistema de ideas generales que su filosofía «está  destinada a hacer prevalecer indefinidamente en la especie humana» (p. 47). En  esta frase puede observarse el espíritu mesiánico, la rigidez y el carácter de  la ciencia que propone Comte. En efecto, tal espíritu está presente en su  programa filosófico y sus proyectos de reforma universal, concebidos bajo la  inspiración de su «gran ley», relativa al conjunto de la evolución humana, o ley  de los tres estadios: teológico, o ficticio; metafísico, o abstracto; y  científico, o positivo. En el estadio teológico los fenómenos son vistos como  produc tos de la acción directa y continua de agentes sobrenaturales; en el  estadio metafísico, las esencias, las ideas o las fuerzas abstractas, son las  que explican los fenómenos; en el estadio «positivo», únicamente, el espíritu  humano admite la im po - sibilidad de obtener conocimientos absolutos y renuncia  así a formularse las preguntas clásicas acerca del origen y destino del  universo, las causas de los fenó menos, y sólo le interesa descubrir, mediante  el razonamiento y la ob ser - vación, sus leyes o relaciones invariables de  sucesión y semejanza. Esta ley es el concepto clave de la filosofía de Comte, y  tendrá su confirmación en la evolución vital de los individuos y en la historia  de la humanidad. En el Prólogo al Discurso sobre el espíritu positivo, Rodríguez  Huéscar (2002 ) afirma:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>El saber positivo tiene como postulado fundamental la  	exigencia de realidad, con la cual se limita el conocimiento filosófico a  	las investigaciones asequibles a nuestra inteligencia, es decir, a los  	hechos. Comte establece, «como regla fundamental, que toda proposición que  	no pueda reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho, particular o  	general, no puede ofrecer ningún sentido real o inteligible» Pero, ¿qué son  	los hechos? Los hechos son las cosas o acontecimientos accesibles a la  	observación, es decir, son fenómenos u objetos de experiencia. Esta  	exigencia va contra toda construcción especulativa, contra toda elaboración  	a priori o puramente racional –en suma, contra toda me tafísica. Con lo cual  	quedará caracterizado, en primer lugar, como un empirismo. Y, en efecto,  	esto es lo que llegó a ser el positivismo posterior a Comte (pp. 86-87).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">La anterior cita refleja claramente la continuidad en los  principios esenciales del positivismo, independientemente de los matices que  presentan cada una de las múltiples variantes que lo han conformado durante casi  siglo y medio. Entre los seguidores del positivismo clásico se destacan Herbert  Spencer (1820-1903), John Stuart Mill (1806-1873) y Emilio Durkheim (1858-  1917). A propósito de este trabajo, la obra de Durkheim merece un breve  comentario por cuanto fue el más importante seguidor de Comte respecto al  desarrollo de la sociología como una ciencia autónoma, caracterizada por la  aplicación del «método científico» en sus investigaciones acerca de la división  del trabajo, el suicidio, la religión y la educación. Aunque Durkheim fue un  producto del pensamiento del siglo XIX, modificó el pensamiento positivista de  manera trascendente, y si bien consideraba a la sociedad como una «conciencia  moral colectiva», esto no lo apartó de la idea de que debía ser estudiada por  los mismos métodos de las ciencias naturales, definitivamente superiores a otros  métodos, basados en la conjetura y la especulación. En su obra «Las reglas del  método sociológico», Durkheim (1993) afirmaba que la ciencia era el estudio de  ‘cosas’, las cuales debían ser descritas y clasificadas mi nuciosamente como su  materia de estudio, ya que los ‘hechos sociales’ adoptan propiedades de las  cosas en general, y en consecuencia son externos a nosotros, no obedecen a  nuestra voluntad, y nos restringen en nuestras pretensiones. Este es un punto  central en la obra de Durkheim, considerar los fenómenos o hechos sociales como  «cosas», o como él mismo los define:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>Un orden de hechos que presentan características muy  	especiales: consisten en formas de obrar, pensar y sentir, exteriores al  	individuo y están dotados de un poder de coacción en virtud del cual se le  	imponen (…). En consecuencia, la regla primera y más fundamental es  	considerar los hechos sociales como cosas (pp. 35-43).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify"><b>1.2. El Positivismo Lógico o Neopositivismo (1930-1960)</b></p>     <p ALIGN="justify">El positivismo lógico o neopositivismo constituye la  expresión más importante del positivismo en el siglo XX, y estuvo representada  por el grupo de científicos y filósofos que conformaron el denominado Círculo de  Viena, el cual se formó alrededor de Moritz Schlick en la Universidad de Viena,  en 1922, a cuyo alrededor participaron, entre otros Rudolf Carnap, Philipp  Frank, Otto Neurath, y Ludwig Wittgenstein. En 1929, el Círculo de Vie na  presentó su manifiesto programático «Concepción científica del mun do», y su  actividad se mantuvo hasta 1938, cuando se disolvió debido a la anexión de  Austria por Hitler y luego, en 1939, por el inicio de la Segunda Guerra Mun  dial. La mayoría de sus miembros emigraron a los Estados Unidos, Inglaterra y  otros países. Los miembros del Círculo compartían el propósito de construir una  filosofía científica, para lo cual contaban con el instrumental lógico legado  por los filósofos Gottlob Frege (1848-1925) y Bertrand Russell (1872-1970), lo  que les permitía construir una metodología científica más precisa en su  propósito de rechazar la metafísica y la separación entre ciencia y filosofía,  manteniendo sus raíces empiristas. El fi lósofo Ludwig Wittgenstein influyó de  manera decisiva en la formación del Círculo de Viena debido a su obra célebre «Tractatus  logico philoso phicus» (1922/2002). A continuación trato de comprimir, en una  cita, el lengua je complejo y a veces obscuro y difícil de comprender de las  «proposiciones» de su autor:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>Los problemas filosóficos eran sólo pseudo problemas o  	engaños producidos por una mala comprensión de nuestro lenguaje, [ya que] el  	lenguaje disfraza el pensamiento de un modo tal, que de la forma externa del  	ropaje no puede deducirse la forma del pensamiento disfrazado (pp. 49).  	Además, «las proposiciones de la lógica son tautologías, y por consiguiente,  	estas proposiciones no dicen nada» (p. 149); [de igual manera], «las  	proposiciones de la matemática son ecuaciones, es decir, pseudoproposiciones;  	[por consiguiente], éstas no expresan pensamiento alguno» (p. 163); [En  	consecuencia], la matemática y la lógica constituyen tautologías  	convencionales incapaces de explicar el mundo (p. 163). Finalmente, la  	metafísica, la ética y la religión, al no estar constituidas por  	proposiciones verificables fácticamente, son sólo cuestiones basadas en «pseudoconceptos»,  	por lo cual «el método correcto de la filosofía [y de la ciencia] sería  	entonces no decir nada más que lo que se pueda decir, o sea, pro posiciones  	de la ciencia natural, ya que sólo tienen sentido aquellas proposiciones que  	pueden verificarse empíricamente (p. 183).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">En contraste con el señalamiento de Wittgenstein contra la  lógica y la ma temática, los positivistas lógicos atribuirán a la lógica un rol  prominente (de ahí su nombre), siendo Frege y Russell quienes impulsaron el  desarrollo de la nueva ciencia llamada lógica matemática o simbólica, conocida  actualmente como una ciencia independiente, o un lenguaje artificial de gran  complejidad que representa un sistema de signos y sus reglas de aplicación. La  premisa central del positivismo lógico es el principio de verificación, según el  cual «las proposiciones individuales obtienen su significado mediante alguna  especificación de los pasos reales que damos para determinar su verdad o su  falsedad. (…) Si las proposiciones que están bajo examen no superan la prueba de  la verificabilidad, se las considera como carentes de significado» (Störig,  2004, 853). Esta afirmación lleva a Patton (2002) a concluir que:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>El positivismo lógico llegó a ser asociado con la  	especificación de los requerimientos para lo que podía ser considerado  	conocimiento científico, lo cual incluía la búsqueda de leyes universales  	mediante la verificación empírica de hipótesis deducidas lógicamente, con  	conceptos y variables claves definidas operacionalmente y cuidadosamente  	formuladas para permitir la replicación y falsificación. De esta manera, el  	conocimiento científico fue limitado a lo que podía ser lógicamente deducido  	de la teoría, medido operacionalmente y replicado empíricamente. Estos  	requerimientos tan severos, estrechos y rigu - rosos resultaron ser un  	límite difícil de superar para lo que pudiera ser el conocimiento y una  	demanda de mayor certidumbre que la que el mundo complejo de los fenómenos  	sociales podía permitir. (p. 92) (Traducción del autor de este estudio).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Paradójicamente, la manera positivista de concebir la ciencia  y la investigación científica está aún presente en la educación superior  venezolana, es pecialmente en los denominados cursos de «metodología» o de  «métodos de investigación», así como en la mayoría de los libros de texto y  manuales que se utilizan en la enseñanza de estas asignaturas En efecto, el  contenido, la orientación epistemológica predominante, los conceptos y técnicas  estadísticas, así como el vocabulario técnico usado (diseño experimental,  hipótesis, variables, muestreo probabilístico, operacionalización, manipulación  y control de variables, distribución normal de probabilidades, prueba de  hipótesis, entre otros), responden a la falsa creencia según la cual la  investigación experimental es la única «científica» porque se basa en la  «objetividad», la «neutralidad » del investigador –no existe tal cosa– y la  exclusión de la subjetividad –algo imposible– (Salcedo, en preparación).  Afortunadamente, desde el surgimiento del post-positivismo en los años setenta  del siglo pasado, aproximadamente, este cuadro ha cambiado, y tanto en América  como en Europa se ha ampliado significativamente el panorama  investigativo/evaluativo mediante la utilización de múltiples visiones  epistemológicas y metodológicas, in cluyendo la fenomenología, la hermenéutica,  el constructivismo y sus variantes, la investigación en la acción, el estudio de  caso, la teoría fundamentada, entre otras, así como la complementación de  métodos cuantitativos y cualitativos.</p>     <p ALIGN="justify"><b>1.3. El Post-positivismo (1970 al presente)</b></p>     <p ALIGN="justify">El post-positivismo, conocido también como post-empirismo,  surgió entre los años sesenta y setenta del siglo XX y se caracteriza por una  postura ontológica «realista crítica» (la realidad existe independientemente del  observador) pero difiere del «realismo ingenuo» del positivismo clásico en que  tal realidad sólo puede ser conocida imperfectamente, es decir, dentro de  ciertos niveles probabilísticos. Phillips &amp; Burbules (2002) definen el  post-positivismo en los términos siguientes:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>Es un enfoque no fundacional del conocimiento el cual  	rechaza el punto de vista según el cual el conocimiento se basa en  	fundamentos absolutamente se guros, por cuanto no existen tales fundamentos.  	En contraste, los post-positivistas aceptan el falibilismo, doctrina  	filosófica que afirma que el co no cimiento absoluto es imposible, como un  	hecho inevitable de la vida. (p. 29) (Traducción del autor de este estudio).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Por consiguiente, los post-positivistas asumen una ontología  (naturaleza de la realidad) realista-crítica y una epistemología empirista, es  decir, como en el positivismo, la realidad exterior existe independientemente  del observador para que sea descubierta, pero ésta sólo puede ser conocida de  manera imperfecta, dentro de ciertos límites, y no en términos de «certidumbres»  o fundamentos sólidos. Así, las diferencias del post-positivismo respecto de las  versiones anteriores del positivismo no son tanto de fondo como de grado y  flexibilidad. Es decir, frente a las certidumbres y axiomas del paradigma  clásico, cartesiano-newtoniano, el post-positivismo acepta que el conocimiento  no está fundado en conocimientos irrebatibles, sino de carácter conjetural.  Estos cambios se muestran al comparar la definición del método experimental de  Campbell &amp; Stanley (1966), eminentes metodólogos, afines al positivismo lógico  en las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, con los  comentarios de dos o tres décadas más tarde. Veamos su definición:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>El experimento [es] el único medio para establecer un  	acuerdo respecto de las disputas en relación con la práctica educacional, la  	única manera de verificar las mejoras educativas, y la única forma de  	establecer una tradición acumulativa en la cual las mejoras puedan ser  	introducidas sin el peligro de descartar de modo inadecuado la vieja  	sabiduría a favor de novedades de menor valor (p. 2) [Itálicas y traducción  	mías].</i></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Sin embargo, dos décadas después, Cook &amp; Campbell (1979)  criticaron el positivismo por su resistencia a aceptar las «entidades no  observables», prefiriendo las denominadas «variables intervinientes» en lugar de  los «cons - tructos hipotéticos» y su representación en el dogma de las  definiciones ope racionales de conceptos teóricos del positivismo clásico, que  condujo al uso de instrumentos de medida a los cuales se les atribuía la  capacidad de definir una teoría, postura que llevó al extremo de definir un  atributo como la inteligencia o cualquier otro rasgo humano, como lo que un test  de inteli - gencia u otra habilidad medía. Cook &amp; Campbell (1979) reconocieron  su identificación anterior con el operacionalismo y la simplificación que éste  comportaba, pero al mismo tiempo defendieron el uso [en ciencias sociales] de  métodos y experimentos de la ciencia cuantitativa y de la física. Es decir,  aunque criticaron al positivismo lógico, defendieron la búsqueda del  conocimiento objetivo, verificable inter-subjetivamente, y una ontología  relista-crítica y científica. No obstante esta ambigüedad, Campbell, en sus  estudios acerca de los métodos cualitativos rectificó su postura positivista  experimental y el poco valor científico que atribuía a los estudios de caso,  admitiendo que el conocimiento cualitativo proporciona el contexto necesario  para interpretar los datos cuantitativos.</p>     <p ALIGN="justify">Por su parte, Kerlinger (1973), otro prominente investigador  positivista lógico, definió la investigación científica como «[el proceso]  sistemático, controlado, empírico y crítico de proposiciones hipotéticas acerca  de las relaciones que se presume existen entre los fenómenos naturales» (p. 11;  itálicas mías). Como pue de observarse, estas definiciones implican el traslado  de las leyes que rigen el mundo natural al campo de las ciencias sociales o de  la conducta, lo que a su vez evidencia la presencia del paradigma dominante  entonces, el positivis - mo lógico o neopositivismo, y de ahí la insistencia de  utilizar preferentemente los diseños experimentales y cuasi-experimentales y,  concomitantemente, las técnicas estadísticas adecuadas a las exigencias de tales  diseños y de la ciencia positivista. A pesar de la flexibilización de la postura  positivista lógica anterior respecto de los estudios experimentales, reconocida  por Cook &amp; Campbell (1979), este tipo de investigaciones eran entonces y  continúan siendo ahora, prácticamente imposibles de realizar en el medio  incontrolable y sometido a reglas, horarios y otras restricciones insuperables  como es el ambiente real de las escuelas y del salón de clases. En efecto, tales  dificultades, especialmente cuando se usan diseños sofisticados, son  generalmente muy frustrantes, como han sido mis intentos en Venezuela.</p>     <p ALIGN="justify">Finalmente, la obra de Kuhn (1962, 1978), destacado  historiador y filósofo de la ciencia, es de gran trascendencia respecto del  colapso del positivismo lógico y el surgimiento del post-positivismo, no  obstante las controversias suscitadas en torno al significado de los términos  «paradigma», «revolución científica», «ciencia normal» e «inconmensurabilidad».  Sin embargo, en sus obras posteriores (Kuhn, 1983, 1989) no sólo explicó y  amplió los signifi - cados de los términos antes mencionados, sino que  flexibilizó su posición inicial y puso de relieve la trascendencia de sus ideas  no sólo para la ciencias físicas, sino también para las ciencia sociales y, por  consiguiente, para la investigación y evaluación educativas. En efecto, respecto  del proceso de elección o adopción de una nueva teoría o paradigma por la  comunidad científica, as - pecto fundamental de la obra de Kuhn (1962),  introduce el razonamiento argu mentativo, que se aleja del dualismo lógico en el  que se debatían las diferentes concepciones de la ciencia (Pérez Toribio, 2006).  Esto conducirá a un cambio muy importante en la reflexión acerca del concepto de  ‘racionalidad científica’, debido a que el ‘pluralismo lógico’ implícito en la  argumentación, se apartaba del cartesianismo mediante su afinidad con la «teoría  de la argumentación » de Perelman &amp; Olbrechts-Tyteca (1994), quienes afirman que  «el cartesianismo había hecho de la evidencia el signo de la ra zón»,  considerando racionales sólo las demostraciones que, «a partir de ideas claras y  distintas, propagaban, con ayuda de pruebas apodícticas, la evidencia de los  axio mas a todos los teoremas» (p. 31).</p>     <p ALIGN="justify">Al introducir Kuhn el razonamiento argumentativo, «daba  cabida en el campo científico al discurso comunicativo, que a través de nuevas  interpretaciones de la experiencia [y mediante la persuasión] busca el  entendimiento y la adhesión de los demás en los momentos decisivos de cambio de  teorías» (Pé - rez Toribio, 2006, p. 26; itálicas en el original). Esta  conclusión tiene im pli - caciones de gran importancia para la evaluación y la  investigación en gene ral, pues la argumentación y la persuasión constituyen  herramientas de primera im portancia en la ciencia de hoy. Los puntos de vista  de dos prominentes teóricos y practicantes de la evaluación, como House (1980) y  Cronbach (1982), refuerzan esta tesis:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>La estrategia positivista de fijar condiciones en las  	cuales alcanzar generalizaciones asume la existencia de procesos estáticos  	que pueden ser separados en sistemas independientes para ser estudiados. [En  	contraste], en evaluación el contexto social en que ésta tiene lugar es  	particularmente relevante y el conocimiento es menos ‘cierto’. Bajo estas  	condiciones, la argumentación dirigida a ganar adherencia e incrementar la  	comprensión de una audiencia particular es [una estrategia] más apropiada  	(…). En resumen, la evaluación persuade en lugar de convencer, argumenta, en  	lugar de demostrar, es creíble, en lugar de ser cierta, es aceptada dentro  	de ciertos límites, más que obligante (House, 1980, 71-73).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Por su parte, Cronbach (1982) rechaza el conflicto que surge  de posiciones extremas o polarizadas, y considera que el control experimental y  la información cualitativa junto a la interpretación subjetiva, no son  incompatibles, sino que los dos procesos pueden enriquecerse mutuamente. Así,  define a la evaluación como:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>El arte de lo posible. No hay un plan de evaluación  	que pueda ser el mejor (…). Las decisiones acerca del diseño [de una  	evaluación] dependen de juicios acerca de los hechos que probablemente  	emerjan y del peso que éstos puedan ejercer en un mundo político siempre  	cambiante. (pp. 321-322) (Traducción del autor de este estudio).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Cierro este comentario acerca del post-positivismo y sus  antecesores con la advertencia de que ningún paradigma, teoría o doctrina tiene  la última palabra, ni puede escapar a la actitud crítica del  evaluador/investigador y al pluralismo epistemológico y axiológico que deben  caracterizar su trabajo. Por consiguiente, es imposible y anti-ético aceptar la  imposición, por cualquier instancia de poder, de un pensamiento único en  cualquier ámbito social, incluido el científico, y menos aún en el de la  educación, campo de extrema complejidad cuyo estudio requiere el concurso de  múltiples disciplinas y perspectivas, lo que rechaza todo ideario o ideología  excluyente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b>2. ETAPAS DEL DESARROLLO DE LA EVALUACIÓN EDUCATIVA</b></p>     <p ALIGN="justify">La caracterización por períodos que utilizo en este estudio  tiene como referentes las secuencias y avances que han tenido lugar en los  Estados Unidos y en menor grado en el Reino Unido y otros países, y que han  influido en la educación venezolana. El paradigma o marco de referencia  filosófico predominante durante el desarrollo de la evaluación y la  investigación educativas es el positivismo, tanto en su versión clásica de la  segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, como en la versión  del Círculo de Viena, la cual colapsa durante las décadas de los años cincuenta  y sesenta. El estudio distingue cinco períodos, los cuales se analizan a  continuación, destacando su influencia en la educación venezolana.</p>     <p ALIGN="justify"><b>2.1. Período del Auge de la Revolución Industrial  (1845-1900): Positivismo del Siglo XIX</b></p>     <p ALIGN="justify">Durante el siglo XIX, en los Estados Unidos el primer intento  de realizar una evaluación del desempeño de las escuelas fue realizado en Boston  en 1845, y en esta experiencia se utilizaron por primera vez las calificaciones  ob tenidas por los alumnos como principal fuente de datos para evaluar la  efectividad de una escuela o programa. Luego, Horacio Mann introdujo las lla  madas pruebas de ensayo –muy conocidas en el medio escolar venezolano–, en las  escuelas de Boston, reemplazando así los exámenes orales debido a la  imposibilidad de ser estandarizados para todos los alumnos. En estos intentos  existía el propósito oculto de recolectar datos que permitieran realizar  comparaciones entre las escuelas y tomar decisiones respecto del nombramiento de  los directores, es decir, se trataba de un propósito político, no ético, y  además discriminatorio de la evaluación. Luego, entre 1887 y 1898, Joseph Rice  condujo un estudio comparativo del valor de la repetición en la enseñanza de la  ortografía, lo que se conoce como la primera evaluación formal realizada en los  Estados Unidos utilizando las calificaciones de los alumnos como criterio para  la evaluación de la efectividad de la enseñanza, sin que se encontraran  resultados significativos entre los dos procedimientos comparados (Popham,  1975). De es ta manera, Rice se convirtió en el precursor del uso del diseño  experimental en evaluación, método que fue luego desarrollado por Campbell &amp;  Stanley (1966) y Suchman (1967) y otros, de los años cincuenta a setenta del  siglo pasado (Madaus y otros, 1983). No podría afirmarse con certeza que este  período tuvo una influencia directa en Venezuela.</p>     <p ALIGN="justify"><b>2.2. Período de la Evaluación como Sinónimo de Medición  (1900-1930): Predominio del Positivismo Conductista</b></p>     <p ALIGN="justify">La evaluación como sinónimo de medición, o «primera  generación de la evaluación» (Guba &amp; Lincoln, 1989), tiene sus orígenes a  comienzos del si - glo XX, período de pleno desarrollo industrial capitalista y  producción en ma sa. Dentro de este marco, tuvo lugar la confluencia de tres  avances técni - co-científicos representados por Frederick Taylor (1967), Edward  Thorndike (1914) y John Watson (1961), los cuales describo brevemente a  continuación. En primer lugar, el movimiento de la «administración científica» (scientific  management) o de la «eficiencia», introducido por Taylor (1967) en 1910, influyó  en forma decisiva en el funcionamiento de las escuelas de los Estados Unidos  durante las tres primeras décadas del siglo XX. Este sistema se sustentaba en la  aplicación rigurosa de ciertos principios que, en su conjunto, constituían una  «ciencia del trabajo» cuyos elementos básicos eran los estudios del tiempo y  movimientos requeridos para la realización de una ta - rea; estudio de las  herramientas y máquinas empleadas; la noción de «ta rea», como la realización  del trabajo planeado y cumplido según especificaciones; el uso de instructores  para inspeccionar la realización de dichas tareas; y la creación del  departamento de planificación (Taylor, 1967). Estos principios fueron  trasladados a la educación por los partidarios de dicho sistema, especialmente  por Franklin Bobbitt (1918, 1924), quien defendía la fijación de es tándares y  normas cuantitativas y cualitativas y el uso de «escalas para medir la  eficiencia» en la elaboración del «producto» educacional. Bobbitt fue precursor  del curriculum basado en objetivos referidos a habilidades, hábitos y co  nocimientos necesarios para la vida y centrados en el desarrollo por los  estudiantes de actividades específicas dirigidas al logro de dichos objetivos.  Este método será utilizado treinta años más tarde por Ralph Tyler (1949),  seguidor de Bobbitt en la Universidad de Chicago.</p>     <p ALIGN="justify">En segundo lugar, Edward Thorndike, considerado como «el  padre las pruebas de rendimiento estudiantil» (educational testing), propiciaba  el desa rrollo de instrumentos para medir los cambios producto del aprendizaje y  otras habilidades humanas, y ejercería una gran influencia en el aprendizaje y  la evaluación (medición) escolar durante las décadas subsiguientes, a través de  sus obras, entre las cuales se destacan Educational psychology: The psycho -  logy of learning (1913) y The measurement of. Intelligence (1926), entre otras (Sa  hakian, 1980). La influencia de Thorndike se proyectó hasta Tyler (1942, 1949),  Glaser (1963) y Popham, (1975, 1978) quienes encabezaron el movimiento de las  pruebas basadas en criterios (se entiende por «criterios» sectores de contenidos  temáticos definidos según reglas específicas). En tercer lugar, el surgimiento  del conductismo hacia 1912, cuyo representante máximo era John Watson, quien en  contraste con la psicología «introspectiva» o «subjetivista » imperante en los  Estados Unidos durante las últimas décadas del siglo XIX, se proponía «aplicar  al estudio experimental del hombre iguales procedimientos y el mismo lenguaje  descriptivo que muchos investigadores habían empleado con éxito durante largos  años en el examen de animales inferiores al hombre» (Watson, 1961, 16). Según  Watson, profesor de la Universidad de Chicago, si para la psicología  introspectiva «es la conciencia la materia de es tudio de la psicología, el  conductismo sostiene, por el contrario, que es la conducta del ser humano el  objeto de la psicología» (p. 20, itálicas en el original). El carácter  «objetivo» y práctico del conductismo lo hacían particularmente ade cuado para  complementar y dar validez a los principios formulados por Taylor, y la  subdivisión de una tarea en las unidades que la componen se ajustaba a los  principios de la nueva psicología, que tenía como regla básica el poder  describir la conducta observable en términos de «estímulo y respuesta» (E-R).  Esta visión estará presente en la tecnología educativa y la «psicología de la  instrucción» hasta los años setenta del siglo pasado, aproximadamente. La  influencia del movimiento de la evaluación como sinónimo de medida se sintió en  algunos países de América Latina, y «los tests» para medir inte ligencia y  diversos tipos de aptitudes, incluida la «aptitud académica», comenzaron a ser  objeto de estudio. En Venezuela, a partir de creación de las de Educación y de  Psicología en la Universidad Central de Venezuela y otras universidades durante  los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, se incluyeron como asignaturas de  los planes de estudios la estadística aplicada, la psicometría, la teoría y  práctica de los tests, la evaluación escolar y otras asignaturas afines, en las  cuales estuvo presente la ideología de la medición, propia del positivismo y sus  variantes conductista y operacionalista.</p>     <p ALIGN="justify"><b>2.3. Período de Ralph Tyler y la Evaluación Basada en  Objetivos (1930-1965): Su Influencia en Venezuela</b></p>     <p ALIGN="justify">La presencia de Tyler en el campo del curriculum y la  evaluación fue de tal importancia que se prolongó hasta la década de los años  setenta del siglo pasado, aproximadamente Para entonces, en los Estados Unidos  el modelo curricular de Tyler estaba ya en decadencia y era objeto de duras  críticas, por su analogía con «el modelo de producción» de Franklin Bobbitt  (1918), su pre decesor, aunque las pruebas basadas en criterios (dominios de  contenido) eran aún objeto de estudio y aplicación en las escuelas, como el  instrumento de evaluación adecuado a dicho modelo curricular y las interrogantes  que lo fundamentan (ver al respecto Tyler, 1949). Este modelo curricular y de  evaluación tuvo su primera aplicación en el famoso «Estudio de los ocho años»  (1932-1940) y, dos décadas más tarde, en el diseño y desarrollo de la  instrucción programada (PI), la instrucción asistida por computadora (CAI), la  enseñanza personalizada o «Plan Keller» y diversas formas de instrucción in  dividualizada en las cuales la definición de objetivos en términos operacionales  constituía una condición imprescindible (Bloom y otros, 1971, 23-27). En tre las  críticas de que fue objeto la concepción de Tyler se destacan las de Stufflebeam  y otros (1971), quienes señalaban que el rol del evaluador dentro de esta  concepción se limitaba a la función de generar y comparar objetivos  operacionales con los aprendizajes de los estudiantes. Por su parte, Kliebar  (1975a, 1975b) ve en el modelo de Tyler la continuación de la idea básica de  Bobbitt (1918, 1924) respecto del curriculum, así como la transferencia a la  escuela de un modelo de producción análogo al de Francis Taylor y su «scientific  management». Igualmente, Eisner (1969, 1971) observa que la obra de Ty ler es  una continuación de la ideología presente en la obra de Francis Taylor, Edward  Thorndike y John Watson; en resumen, se trataba de poner en du da las  consecuencias de predecir los resultados del aprendizaje de los estudiantes  mediante objetivos explícitos.</p>     <p ALIGN="justify">La influencia de Tyler, dentro del marco  positivista-conductista de su época, fue enorme en educación no sólo en los  Estados Unidos durante los años treinta o de la «Gran Depresión» y del  «Movimiento de la Educación Pro gresista», representado por John Dewey, sino  también en otros países, incluida Venezuela, aunque tardíamente, con su  definición de «evaluación educacional » <i>como la determinación del grado en el  que los objetivos de un programa de enseñanza han sido logrados por los  estudiantes</i>. En cuanto a John Dewey, filósofo estadounidense de orientación  pragmatista y conductista, ejercería su influencia en Venezuela a partir de  1936, con el auge de la llamada «Escuela Nueva» y el comienzo de una era de  modernización del país, después de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez.  Durante el año 1936, tienen lugar hechos educativos de gran importancia, como la  fundación de la Federación Venezolana de Maestros, el 2 de septiembre; la  creación del Instituto Pedagógico Nacional, el 30 de septiembre, el cual  iniciará sus actividades el 16 de octubre de ese año. Este Instituto será  declarado como Institución de Educación Superior el 8 de agosto de 1940, de  acuerdo con la Ley de Educación promulgada este mismo año (Camejo Ron, 2001).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">La filosofía educativa pragmatista de Dewey, expuesta en sus  obras Democracia y educación (1916) y <i>Experiencia y educación</i> (1997),  entre otras, con sidera que el fin de la educación es su utilidad social, e  insiste en la necesidad de sustituir las prácticas de la escuela tradicional por  otras opuestas a aquéllas, como «la imposición desde arriba, por la expresión y  el cultivo de la individualidad; la disciplina externa, por la actividad libre;  el aprendizaje de los textos y maestros, por el aprendizaje mediante la  experiencia» (p. 19). (Traducción del autor de este estudio). Según Camejo Ron  (2001),</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>La influencia de la pedagogía de Dewey fue de tal  	importancia que quedó reflejada en el primer artículo de la Ley de Educación  	de 1940, (…) así como en numerosos programas de interés para la economía y  	geografía nacional, como la escuela primaria elemental rural y urbana; la  	escuela normal rural y urbana; la educación técnica industrial y comercial,  	la escuela de enfermeras; las escuelas de artes y oficios y la escuela  	primaria y secundaria nocturnas (p. 30).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Aunque el trabajo de Tyler fue conocido tardíamente en  Venezuela, a finales de la década de los años sesenta del siglo pasado, su  influencia coincide con dos acontecimientos de gran importancia. En primer  lugar, la deno - mina da «reforma educativa» de 1969-1974, realizada durante el  gobierno del Presidente Rafael Caldera; y, en segundo lugar, y casi  simultáneamente, el mo - vimiento estudiantil de «renovación universitaria», el  cual tuvo lugar en la Uni - versidad Central de Venezuela y en general en las  universidades públicas ve nezolanas entre 1968 y 1970, aproximadamente. Ambos  acontecimientos se vieron influidos, además de las diversas ideologías  «revolucionarias» a las que estuvieron expuestos, paradójicamente, también por  las ideas de Ralph Tyler.</p>     <p ALIGN="justify">La renovación universitaria. En el caso de la renovación  universitaria, los avances técnicos impulsados por Tyler tuvieron una gran  acogida por profesores y estudiantes de todas las tendencias políticas, aunque  se alternaba la introducción de estos recursos educativos provenientes de los  Estados Unidos, con encendidos discursos contra «el imperialismo yanky».  Simultáneamente, se notaba la falta de innovaciones y recursos pedagógicos y  técnicos basados en las «ciencias del materialismo histórico y el materialismo  dialéctico», así como en «las leyes de la dialéctica» marxista, procedentes del  país que para entonces constituía para la mayoría de la juventud venezolana el  modelo a imi tar: la Unión Soviética. La disposición oportuna de estos recursos  «re - volucionarios» quizás hubiera atenuado las ansias estudiantiles por  cambios radicales en las formas de enseñar y aprender, de crear conocimientos y  de evaluar la enseñanza y el aprendizaje de maneras diferentes a las utilizadas  hasta entonces. Lamentablemente, para esos años no estaba aún disponible en  castellano la obra de Lev Semenovich Vygotsky (1896-1934), y sólo disponíamos de  las aburridas clases de diversas teorías psicológicas de las pri - meras décadas  del siglo XX. Las ideas de Vygotsky acerca del aprendizaje, opuestas a las de  Piaget –entonces de moda–, expuestas en Pensamiento y lenguaje (Mysshlenie i  rech, (1986); su tesis de «la conciencia cuyo principio explicativo debía ser  buscado en la actividad socialmente significativa, es decir, en la relación con  otros» (Kozulin, 1986, xxiii-xxiv); y su concepción de la «zona de desarrollo  proximal», aún estudiadas por prominentes investigadores, nos hubieran iluminado  en aquellos días tan difíciles.</p>     <p ALIGN="justify">La Reforma educativa de 1969-1974. En cuanto a la reforma  educativa impulsada por el Ministerio de Educación (ME), no obstante la  disposición generalizada de utilizar objetivos explícitos en los programas de  las diversas asignaturas, tanto en educación primaria como media y secundaria,  ésta no po dría ser considerada propiamente como una aplicación sistemática del  enfoque curricular de Tyler, ni tampoco de su concepto de la evaluación, debido  a la forma como fue implementada, sin que mediara el estudio previo de sus  implicaciones teóricas y prácticas, ni de sus ventajas y limitaciones respecto  de las prácticas educativas desarrolladas hasta entonces. Sin embargo, se  pusieron en práctica nuevos programas, en los cuales se distinguían varios  componentes del proceso de enseñanza y aprendizaje, tales como: objetivos  enunciados según la taxonomía de Bloom y otros, (1956); contenidos  «programáticos» en correspondencia con los objetivos; «estrategias  metodológicas» orientadas al logro de los objetivos; criterios e instrumentos de  evaluación; y bibliografía básica (Salcedo, 1974a, 1974b). Al respecto, debo  señalar que en la elaboración, implementación y difusión de este esquema cuasi-tyleriano  tuve una buena parte de responsabilidad, la cual asumo sin ningún sentimiento de  culpa.</p>     <p ALIGN="justify">La preparación de los maestros y profesores para el uso  adecuado de los fundamentos, elementos y fases de la mencionada reforma se  inició conjuntamente con su puesta en marcha, como ha ocurrido con frecuencia en  Venezuela, y tuvo lugar entre 1970 y 1973, aproximadamente. Tal preparación  incluyó cursos, talleres, seminarios y presentaciones acerca de la elaboración  de objetivos según las recomendaciones de Mager (1962), así como del uso de  taxonomías de objetivos (Bloom y otros, 1956), en diversas instancias del Mi  nisterio de Educación y en varios liceos de Caracas, en los que participamos  algunos profesores de la Escuela de Educación de la Universidad Central de  Venezuela y funcionarios de dicho Ministerio. También manifestaron su interés en  esta innovación algunas instituciones como la Escuela de Aviación Militar, y  algunas instancias de la Armada. </p>     <p ALIGN="justify"><i>La Escuela de Educación de la UCV</i> y el Proceso de  «Renovación Universitaria ». En la Universidad Central de Venezuela numerosas  facultades y escuelas acudieron a la Escuela de Educación en busca de asistencia  pedagógica y técnica para hacer frente a las demandas de los estudiantes durante  el proceso de «renovación» (incluidos los de la Escuela de Educación), bajo la  consigna de «<i>¡muera la clase magistral</i>!».Tal ayuda se limitó a  seminarios, talleres y conferencias en las que lo único nuevo eran las entonces  recientes innovaciones en enseñanza y evaluación de orientación conductista ya  mencionadas. Obviamente, los temas a desarrollar eran la redacción de objetivos  en términos operacionales, el uso de las taxonomías de objetivos, especialmente  la de Bloom y otros (1956), y cómo evaluar a los estudiantes en determinadas  materias siguiendo las recomendaciones que les ofrecíamos. Los resultados de es  - tas experiencias fueron una mezcla de frustración y de reconocimiento de la  complejidad y magnitud del problema que enfrentábamos, sin contar con los medios  para resolver los problemas de carácter epistemológico y psicológico pre sentes  en campos diferentes del saber, a los que no podíamos aplicarles fór mulas  «didácticas» simples y trilladas. En aquella oportunidad la Escuela de Educación  no pudo estar a la altura de las exigencias. ¿Lo estará ahora, ba - jo las  condiciones de asedio económico y político en que se vive?</p>     <p ALIGN="justify">Sin embargo, en las cátedras de Evaluación y Didáctica  introdujimos co - mo temas de estudio la enseñanza y la evaluación basadas en  objetivos enunciados en forma explícita, las taxonomías de objetivos y una  visión diferente de la evaluación, opuesta a la visión psicométrica, y se  modificaron algunos procedimientos de evaluación utilizados hasta finales de los  años sesenta. Sin embargo, dadas las circunstancias políticas, no hubo el clima  favorable para introducir cambios de mayor magnitud, y las modificaciones sólo  impactaron temporalmente en algunas asignaturas tales como evaluación,  didáctica, estadística y algunos cursos de la cátedra de psicología, que  manifestaron su interés en este cambio, ya que se requería una transformación  sustancial en la elaboración de los instrumentos o pruebas, así como en la  interpretación de los resultados de los estudiantes. Esta tarea fue asumida por  mí de manera independiente a finales de 1971, ya que debido a las circunstancias  políticas im perantes durante ese año, la Cátedra de Evaluación quedó sin  jefatura lue - go del cambio del Director de la Escuela de Educación por parte  del nue vo Decano de la Facultad, designado por las autoridades rectorales  «provisorias» a comienzos de 1971, el traslado de la Escuela para un edificio  industrial de Bo leíta Norte, en el cual funcionó hasta julio de 1972. Varios  profesores suspendidos fueron sustituidos por personas no desconocidas en el  ámbito académico de la UCV, y el nuevo plan de estudios fue alterado mediante la  conversión de los semestres en años lectivos, «para recuperar el tiempo per - di  do» durante la «renovación». Este episodio fue consecuencia del allanamiento  militar de que fue objeto la UCV en octubre de 1970 durante el primer gobierno  de Rafael Caldera. El regreso a la sede de la Escuela de Educación en la Ciudad  Universitaria se produjo en julio de 1972, luego de casi dos años de crisis  política y universitaria. Al regresar a la sede propia, los problemas aca  démicos y las necesidades de personal calificado eran mayores que antes, por lo  cual algunos profesores tuvimos que asumir la enseñanza de nu merosas  asignaturas.</p>     <p ALIGN="justify">La situación señalada influyó en mi decisión de irme a cursar  estudios de Doctorado en Educación (Evaluación y Curriculum) en la Universidad  de California, Los Ángeles (UCLA, USA), becado por el CDCH-UCV, durante el  período de 1975-1979. Al concluir exitosamente el Doctorado, me incorporé a los  Estudios de Postgrado en Educación (Maestría en Tecnología Educativa y luego el  Doctorado en Educación), en los cuales retomé el proyecto abandonado antes  acerca de las Pruebas de Criterios Referenciales y su Aplicación en la Educación  Venezolana,. el que incluí como proyecto para la adscripción de estudiantes  tesistas, junto con otro proyecto de Desarrollo de Teoría y Tecnología en  Evaluación Educativa, del Programa Doctoral en Educación, iniciado en marzo de  1990. En cuanto al proyecto de Adaptación y Aplicación de las Pruebas Basadas en  Criterios (PBC) a la Educación Básica y Media Diversificada, idea derivada de la  renovación universitaria, se diluyó en el mar de difi cultades que quedó después  de dicho proceso, y debido al desinterés del Ministerio de Educación de  concertar un acuerdo con la Escuela de Educación y los Estudios de Postgrado en  torno a la idea de utilizar los trabajos de gra do de los estudiantes como medio  de hacer investigación acerca de los pro - blemas reales y prioritarios de la  educación venezolana. Así concluía, des de mi perspectiva, la influencia tardía  de Ralph Tyler en la educación venezolana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b>2.4. Período del Surgimiento de Nuevas Concepciones de  Evaluación (1966-1972): Nacimiento del Post-positivismo</b></p>     <p ALIGN="justify">Antecedentes. El período de la expansión curricular, la  frustración y el surgimiento de nuevas concepciones y modelos de evaluación en  los Estados Unidos abarca el lapso comprendido entre 1958 y 1970,  aproximadamente, y se inicia con el desarrollo de grandes proyectos curriculares  vinculados a la situación traumática generada por el lanzamiento del Sputnik I  por la Unión Soviética en 1957, así como a la aprobación en 1958 de la Ley de  Educación para la Defensa Nacional, mediante la cual se modificaron los  programas escolares, y especialmente en las ciencias, lo que a su vez generó la  necesidad de evaluar dichos proyectos desde perspectivas nuevas. Esta era  corresponde al surgimiento del post-positivismo, la controversia en torno a la  obra de Thomas Kuhn (1962) y la controversia acerca de los métodos cuantitativos  y cualitativos en evaluación e investigación educativas.</p>     <p ALIGN="justify">El primer modelo de evaluación utilizado durante este período  fue el propuesto por Tyler, lo que requirió de la utilización de pruebas que  permitieran evaluar los objetivos de la enseñanza de conformidad con el concepto  tyleriano de evaluación, y aquí surgió la primera dificultad, pues los nuevos  tests estandarizados que se crearon con tal propósito no eran adecuados a dicha  concepción, sino a la concepción de «evaluación como sinónimo de me di - ción» (measurement),  de las tres primeras décadas del siglo XX. En consecuencia, era necesario  generar diseños de evaluación adecuados a su propósito básico, como era  determinar si los objetivos propuestos habían sido lo grados en términos de los  aprendizajes deseados. Pero, para este momento –finales de los años cincuenta–  sólo se disponía de los diseños experimentales y cuasi-experimentales  desarrollados por Campbell &amp; Stanley (1963) y Suchman (1967), entre otros, los  cuales resultaron inadecuados para comparar la efectividad de los nuevos  programas escolares respecto del desempeño de los estudiantes y el logro de los  aprendizajes previstos.</p>     <p ALIGN="justify">Nuevas concepciones de evaluación. En las décadas de los años  sesenta y setenta se inició el desarrollo de nuevas perspectivas, modelos y  metodologías de evaluación, así como de programas de formación de evaluadores.  Entre las contribuciones más conocidas se destacan las de Cronbach (1963),  Glaser (1963), Scriven (1967, 1974), Eisner (1969, 1971), Tyler (1967), Stake  (1967, 1975), Stufflebeam y otros (1971), Worthen &amp; Sanders (1973), Popham  (1975, 1978) y House (1977). Estas concepciones fueron introducidas en los  cursos de evaluación de la Escuela de Educación de la Universidad Central de  Venezuela a finales de los años setenta, y posteriormente, en los años ochenta y  noventa, en los programas de Maestría en Tecnología Educativa y del Doctorado en  Educación. El interés en enseñar conocimientos de reciente aparición en el mundo  desarrollado era importante, pero no era ni es suficiente si paralelamente no se  privilegia la investigación como la vía más efectiva para alcanzar el estatus de  universidad de alto grado de calidad que busca la excelencia y se aleja del  modelo que tiene como finalidad predominante la formación de profesionales,  acompañada de la denominada «masi - ficación» indiscriminada, mezcla populista  engañosa e ineficiente que se pretende implantar desde hace más de una década, y  que representa el camino ya trillado del subdesarrollo y la dependencia. Debemos  dejar atrás el modelo derivado del Movimiento de Córdoba de hace casi cien años,  el cual resulta ya obsoleto, pero también rechazar «el modelo socialista del  hombre nuevo», por ser una manera perversa de decidir, según sus intereses  hegemónicos, la implantación de un sistema educativo basado en un catálogo de  antivalores como la violencia, la lucha de clases, el pensamiento único, el  culto a la personalidad y a los héroes, predominantemente militares, en nombre  de una élite transgresora de la Constitución que pretende igualarnos a todos  según estándares derivados de la mediocridad, contrariando así las leyes de la  evolución de las especies, gran logro científico del siglo XIX.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Período de la Evaluación como Profesión (1973-hasta el  presente):</b></p>     <p ALIGN="justify"><b>Era Postpositivista</b></p>     <p ALIGN="justify">El surgimiento de la evaluación como disciplina. Para el año  1973, aproximadamente, la evaluación comenzó a perfilarse como una profesión con  características propias, y distinta de la investigación convencional y de la  práctica generalizada de los tests estandarizados para «medir» el aprendizaje.  La situación de la evaluación en los Estados Unidos para entonces podría  describirse aproximadamente en los términos siguientes: Los evaluadores  enfrentaron una crisis de identidad. No estaban seguros acerca de su  calificación para un trabajo determinado, ni cuál sería ese trabajo. No había  una organización profesional dedicada a la evaluación como campo profesional ni  existían revistas especializadas que permitieran intercambiar información acerca  de su trabajo. Muchas evaluaciones eran realizadas por personas no capacitadas;  otras por metodólogos de la investigación que trataban sin éxito de adaptar sus  métodos a la evaluación de programas. Los estudios de evaluación no estaban  claramente definidos, ni en su contenido ni en sus propósitos (Madaus y otros,  1983).</p>     <p ALIGN="justify">Actualmente, puede decirse que la evaluación educativa y de  programas ya ha adquirido el estatus de profesión, especialmente en los países  anglosajones. Al respecto, Worthen, Sanders &amp; Fitzpatrick (1997), así como Alkin  &amp; Christie (2004), consideran que el progreso alcanzado por la evaluación en su  ruta hacia la profesionalización ha sido admirable, como lo evidencian la  publicación de los Estándares para la evaluación de programas por The Joint  Committee on Standards for Educational Evaluation (1994) y los diez criterios  propuestos por Worthen y otros (1997), para determinar si la evaluación ha  alcanzado dicho estatus. En Venezuela, la situación existente respecto de la  evaluación educacional dista mucho de satisfacer los criterios de una disciplina  con características propias, aunque predominantemente de carácter educativo. No  obstante las experiencias institucionales y personales realizadas desde la  década de los años sesenta, aproximadamente, en las cuales tanto las escuelas de  educación como los institutos pedagógicos han desempeñado un rol de gran  importancia mediante su programas de pregrado y postgrado, la evaluación  educacional y de programas sociales en general está aún muy lejos de constituir  una actividad profesional que desborde el ámbito educativo para proyectarse  hacia otros ámbitos, como la salud, bienestar social, recreación, medicina  preventiva, seguridad ciudadana, el campo empresarial, entre otros.</p>     <p ALIGN="justify"><b>3. LA EVALUACIÓN EDUCATIVA EN VENEZUELA Y SUS ANTECEDENTES  LEGALES</b></p>     <p ALIGN="justify">En esta sección se presenta una panorámica que incluye  algunos hechos de importancia respecto de la legislación y las prácticas y  procedimientos de evaluación del rendimiento estudiantil utilizados en Venezuela  desde 1914 has ta el año 2009, cuyo estudio es necesario para comprender las  características e implicaciones de las prácticas actuales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">El Régimen del Ministro de Instrucción Pública Felipe Guevara  Rojas. Durante la gestión de este ministro se derogó el Código de Instrucción  Pública de 1912, debido a su «colisión» con la Constitución Nacional respecto a  las restricciones a la libertad de enseñanza y las prerrogativas otorgadas a la  instrucción pública frente a los planteles privados. Esto tuvo como consecuencia  la promulgación del Decreto Orgánico de Instrucción Nacional del 19 de diciembre  de 1914, por el cual se reestableció la libertad de enseñanza. En el nuevo  régimen el Ejecutivo separaba la función docente de la función examinadora, por  lo cual se dejaba en libertad de enseñar a toda persona que quisiera hacerlo,  «pero reservando el derecho de comprobar la suficiencia de los aspirantes a  Certificados o Títulos Oficiales, a tribunales examinadores constituidos  mediante reglas precisas y ajustadas en su actuación a principios invariables de  procedimientos» (Guevara Rojas, 1915, 34). En esta forma, el Estado no  controlaba el proceso de enseñanza, sino sus resultados, mediante un celo  excesivo respecto del examen final, de manera que todo se juzgaba mediante dicho  examen, lo cual se convirtió en una práctica anómala y absurda, ya que como  dijera Gustavo Adolfo Ruiz (1989), «el examen era realizado para verificar lo  que el alumno no sabía, en lugar de lo que sabía».</p>     <p ALIGN="justify">El Decreto 321, del 30 de mayo de 1946. En este Decreto se  destaca que la práctica de los exámenes realizada hasta entonces, «no ha sido  otra que la de verificar a través de una serie de pruebas el grado de  conocimiento y la capacidad de expresión de este conocimiento en forma escrita,  oral o práctica, que tiene cada examinando. Tal práctica enfatizaba la emisión  de un juicio final, ignorando el proceso realizado por el estudiante durante el  año escolar, lo cual había contribuido a afianzar el hábito de estudiar  solamente para el examen. Como consecuencia de tal distorsión, se imponía la  necesidad de atribuir mayor importancia al desempeño estudiantil durante el año  escolar, despojando al examen de su carácter decisivo y otorgándosele un valor  relativo en la estimación global del rendimiento, al tiempo que se reducía el  examen de julio a una sola prueba. Además, se establecía que el resultado del  proceso educativo general durante el año escolar se expresara mediante cuatro  calificaciones bimestrales, las cuales reflejarían el comportamiento integral  del alumno durante cada bimestre, así como su desempeño en las pruebas rea  lizadas en dicho lapso. Sin embargo, el Decreto 321 suscitó la oposición y  rechazo de sectores defensores de la educación privada, debido a la  discriminación que establecía entre institutos oficiales y privados (Artículos  2, 24 y 44) y a la clasificación de los institutos de educación en oficiales y  privados inscritos, subdividiéndose en la Educación Secundaria y Normal, los  planteles privados en dos tipos: aquéllos en los cuales por lo menos el 75% de  las asignaturas eran enseñadas por personas que poseían el Título Oficial de  Profesor en la respectiva especialidad, y aquéllos en los que menos del 75% de  las asignaturas eran enseñadas por personas que poseían dicho Título. Además, se  establecían otras distinciones en cuanto a la ponderación de las calificaciones,  que junto a las anteriores produjeron la crisis que condujo al Estado a ceder  frente a la presión de los intereses privados, produciéndose el «paso atrás»  representado por los Decretos 344 y 360, mediante los cuales se concedía igual  tratamiento a los institutos oficiales y privados.</p>     <p ALIGN="justify">El Estatuto Provisional de Educación del 25 de Mayo de 1949.  A través de es te Estatuto se introdujo el término «Evaluación del Trabajo  Escolar», actividad que, según el Artículo 118, se haría mediante pruebas,  exámenes y observaciones que sirvieren para apreciar el desarrollo de las  personalidad, la capacidad creadora y el rendimiento de los alumnos en todos los  aspectos de la actividad educativa. Además, se establecía (Artículo 124) que en  el transcurso del año escolar se otorgarían dos calificaciones de período: una  en febre ro y la otra en junio, por lo que quedaban eliminadas las pruebas  bimestrales que establecía el Decreto 321. Finalmente, el examen final adquiría  de nuevo importancia, ya que se le asignaba una ponderación del cincuenta por  ciento. El Estatuto Provisional de Educación fue derogado por la Ley de Edu  cación del 22 de julio de 1955, durante el gobierno del General Marcos Pérez  Jiménez.</p>     <p ALIGN="justify"><i>Reforma Educativa de 1969-1974 y el Nuevo Régimen de  Evaluación</i>. La denominada «reforma educativa» realizada durante el período  1969-1974, tuvo lugar estando aún vigente la Ley de Educación del 22 de julio de  1955. La reforma se inició bajo la gestión del Ministro de Educación Héctor  Hernández Carabaño, y entre las ideas directrices expuestas ante el Congreso de  la República en la Memoria y Cuenta del año 1969, se destacaba la idea de la edu  cación como «Empresa Nacional», la cual significaba concebir la educación «como  la obra de todos y como una organización productiva en la cual no se desperdicie  esfuerzo alguno, ni humano ni económico y con urgencia de tiempo» (Hernández  Carabaño, 1970, 13). Entre los aspectos contemplados en la reforma se incluía el  relativo al «régimen de evaluación», considerando que «las normas evaluativas  tradicionales» habían sido causa de «conflictos y traumas sufridos no sólo por  los alumnos sino por sus padres y representantes, debido al clima de angustia  que los exámenes tradicionales de fin de curso producen en estudiantes,  profesores y familiares» (p. 31). En consecuencia, se modifica la estructura de  los programas de las diversas asignaturas en concordancia con el énfasis puesto  en los objetivos a lograr por los estudiantes. En efecto, se enfatiza la  importancia que dentro de tal diseño curricular tienen los objetivos «concebidos  en forma de conducta», como recursos orientadores de la actividad tanto del  maestro como del alumno, y se destaca además claramente que «en el enfoque del  programa a base de objetivos, radica el sentido de la renovación propuesta, pues  por medio de ellos se hace factible unificar y correlacionar los esfuerzos y  orientaciones de las diferentes asignaturas» (Her nández Carabaño, 1971, 25). Se  observa aquí la utilización de las ideas de Ralph Tyler respecto de la  importancia de los objetivos de la enseñanza, aunque no se menciona a dicho  autor.</p>     <p ALIGN="justify">Concebir la evaluación como un componente del curriculum  constituía un cambio muy importante de esta reforma, ya que para entonces el  concepto de evaluación que se enseñaba en Venezuela, y en la Escuela de  Educación de la UCV, fundada en 1953, era de carácter psicométrico, basado en la  teoría de «los tests mentales» de comienzos del siglo XX. Como ha sido es ta  blecido previamente, la aplicación de estos principios está asociada a la con  cepción de evaluación como sinónimo de medición y al énfasis en las diferencias  entre individuos. Esto, obviamente, era opuesto a un concepto de evaluación  basada en criterios o dominios de conductas, es decir, en el logro de ciertas  competencias consideradas básicas, lo que no requiere la comparación entre  individuos, sino verificar en qué medida éstos podían demostrar el dominio de  los co - nocimientos o destrezas previstos en los objetivos. El cambio de  perspectiva estimulado por esta reforma constituyó un avance significativo tanto  para la Escuela de Educación de la UCV como para el Ministerio de Educación. Sin  embargo, junto a los efectos positivos, se incluyeron aspectos con escasa  fundamentación teórica y técnica, como el carácter tan amplio, misceláneo y  ambiguo de la definición de evaluación: «como un proceso integral, continuo y  acumulativo, cooperativo y científico que reemplaza a aquel tradicional que  medía exclusivamente la posible acumulación de conocimientos en el alumno  mediante el azar de un examen final» (Hernández Carabaño, 1970, 31) (itálicas  mías). Esta concepción de la evaluación fue complementada con los decretos 197 y  198, del 19 de noviembre de 1969, y 250, del 18 de febrero de 1970, los cuales  se refieren, respectivamente, al Régimen Especial de Evaluación Escolar para la  Educación Preescolar y Primaria; el Primer Ciclo de Educación Secundaria,  Técnica y Normal; y el Segundo Ciclo de Educación Secundaria, Técnica y Normal.  En estos decretos se mantienen las características ya mencionadas en la  definición de evaluación adoptada en dicha reforma.</p>     <p ALIGN="justify"><i>La Ley Orgánica de Educación promulgada el 28 de julio de  1980</i>. Esta Ley, en su Artículo 63 (Capítulo III), define a la evaluación  tomando en cuenta las características y el interés en los objetivos de la  enseñanza contenidos en la reforma educativa de 1969-1974, pero sin el carácter  conductual que se les atribuye en la reforma anterior. En resumen, puede decirse  que la LOE de 1980 y su Reglamento General del 7 de marzo de 1986 (Capítulo V,  artículos 87 a 123), incluyen otros aspectos positivos no previstos en la  reforma citada, y se aleja aparentemente de su carácter restrictivo y claramente  conductista. Sin embargo, el rol atribuido al docente en la Resolución No. 12,  del 19 de enero de 1983, es demasiado ambicioso en sus alcances, al hipertrofiar  dicho rol hasta niveles muy difíciles de alcanzar debido a su multiplicidad de  exigencias, que contrastan con las condiciones laborales y salariales de los  maestros y profesores. Casi dos décadas después de la promulgación de esta LOE,  en 1997, se inicia otra reforma educativa en la cual se observan deficiencias  teóricas y conceptuales inaceptables. En efecto, según un estudio realizado por  García (2003), en los principios psicopedagógicos que subyacen en el Currículo  Básico Nacional propuesto por el Ministerio de Educación en la Re forma  Educativa iniciada en 1997 para ser implementada en la Primera Etapa de la  Educación Básica en el año 1998, se incluyen aspectos de las concepciones  cognoscitiva y constructivista del aprendizaje, como son la teoría del  aprendizaje significativo de Ausubel, y las teorías genética de Piaget y  sociohistórica de Vygotsky. Sin embargo, se observa la presencia de  incoherencias teóricas y prácticas entre estos principios y el establecimiento  de objetivos específicos (formulados utilizando la tercera persona del singular)  que establecen las competencias que el estudiante debe adquirir. Por ejemplo,  ‘los objetivos deben reflejar los resultados esperados de los aprendizajes de  los alumnos’ (p. 5). Además, se destaca que en la Reforma se incluye una gran  variedad de paradigmas y modelos de evaluación concebidos por autores  destacados, como Guba y Lincoln, Stake y Parlett, y Hamilton. Pero estos  modelos, como ya se dijo anteriormente, son de utilidad en la evaluación de pro  gramas diversos cuyo objeto no es la enseñanza, sino entidades más amplias, como  un curriculum, el plan de estudios de una carrera, un programa de postgrado, una  institución o un programa de beneficio social fuera del campo de la educación.  Sin embargo, en la mención de tales autores no se especifica en qué  circunstancias o niveles del sistema educativo serían utilizados.</p>     <p ALIGN="justify">Finalmente, en la Resolución Nº 1 del Ministerio de Educación  del año 1996, en la cual se reformulan los lineamientos contenidos en la  Resolución Nº 12, de fecha 19 de enero de 1983, acerca de la formación docente,  se observan también contradicciones respecto de los rasgos y perfil profesional  del profesor a formar, y de nuevo se insiste en los «objetivos instruccionales»  como aspecto central de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Luego, en lo  elementos de la estructura curricular para la formación de docentes se  recomienda que ‘el plan de estudio incorpore contenidos programáticos orientados  al logro de objetivos en los siguientes ámbitos: (a) formación pedagógica, (b)  formación especializada y (c) prácticas profesionales; señalándose además que el  porcentaje de unidades-crédito (al menos 30%) que integren el plan de estudio  debe corresponder a asignaturas con objetivos explícitos en los ámbitos de la  formación pedagógica y las prácticas profesionales (García, 2003). Al observar  las incoherencias señaladas, se puede concluir que esta nueva Reforma Educativa  no sólo no mejoró la Ley Orgánica de 1980, sino que la superó en contradicciones  y errores de fondo en cuanto a la falta de solidez de su contenido y la  incoherencia y ambigüedad de su discurso.</p>     <p ALIGN="justify">L<i>a Ley Orgánica de Educación, promulgada el 15 de agosto  de 2009 (Gaceta Oficial </i>Nº 5.929, Extraordinario). Resulta pertinente  destacar que las personas comprometidas profesionalmente con la educación de  este país no esperábamos una ley que violara la Constitución de la República, al  desconocer los principios y valores consagrados en su texto e implantar, de  manera inconsulta e inconstitucional, un sistema de educación no previsto en la  Carta Magna y, además contrario al sistema político, económico y social del  país. Sin embargo, tal expectativa no podía ser satisfecha, dadas las  características del gobierno que surgió de las elecciones presidenciales de  1998, el cual evidenció desde su instalación, de forma arrolladora y  avasallante, su vocación transgresora tanto de la Constitución Nacional de 1961,  vigente para ese tiem po, como de la nueva «Constitución Bolivariana», aprobada  en diciembre de 1999. Por razones de espacio no incluyo aquí un análisis  detallado de sus violaciones, contradicciones y errores teóricos y conceptuales  presentes en esta Ley-Manifiesto Político.</p>     <p ALIGN="justify"><b>4. UNA VISIÓN INTEGRATIVA, CONTEXTUAL, CRÍTICA Y  PLURALISTA DE LA EVALUACIÓN</b></p>     <p ALIGN="justify">A continuación incluyo un esbozo de la visión de evaluación  que he desarrollado durante las tres últimas décadas, cuyas características y  principios describiré brevemente. Esta concepción no es ecléctica, en el sentido  de «seleccionar lo mejor» de cada concepción, o las ideas que son más apropiadas  o afines a las nuestras (Ferrater Mora, 2004), sino el resultado del análisis  crítico de una gran cantidad de visiones o concepciones de la evaluación durante  el siglo XX, así como de la filosofía de la ciencia y su influencia en esta  disciplina. A partir de esta indagación analítico-sintética y crítica,  conjuntamente con mi práctica académica y la participación de mis estudiantes de  postgrado, he podido derivar, durante muchos años, los principios o premisas que  conforman la visión integrativa, crítica y pluralista.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><i>¿En qué difieren investigación y evaluación?</i> Según mi  visión, investigación y evaluación educativas no son dos procesos distintos sino  dos formas complementarias de generar conocimientos tanto teóricos como  metodológicos, que pueden contribuir en la solución de problemas a corto y  mediano plazo y a evitar o atenuar esa suerte de división o dicotomía artificial  entre ciencia básica y ciencia aplicada. Puedo decir, sin mayores riesgos, que  lo que diferencia a la evaluación de la investigación convencional son dos  características específicas de la evaluación, estrechamente relacionadas con su  propósito central, como son: (a) contribuir a la solución de problemas  relacionados con la ejecución de programas diversos, generalmente a corto o  mediano plazo, que requieren mejorar su eficiencia y calidad o ser  descontinuados; y (b) su carácter axiológico (de teoría de los valores), que  implica la necesidad de la emisión de juicios sistemáticamente fundamentados  acerca del mérito y valor del programa o entidad objeto de evaluación, es decir,  de su eficiencia o atributos internos, y su pertinencia social o impacto en su  entorno institucional, local o regional, respectivamente, inherentes al proceso  de evaluación. Este carácter axiológico de la evaluación no la diferencia de la  investigación, ya que en ésta los valores siempre están implícitos, como tampoco  le impide a la enseñanza que se realiza en el aula constituirse en ámbito  propicio para la investigación.</p>     <p ALIGN="justify"><i>Una definición alternativa. </i>La postura que asumo en el  presente estudio difiere en gran parte de la adoptada hasta ahora por la mayoría  de la comunidad de investigadores y evaluadores educacionales, aunque incorpora  ciertas dimensiones de esas posturas. En síntesis, presupone una visión  integrativa, contextual, crítica-emancipadora y pluralista en sus principios  ontológicos, epistemológicos, metodológicos y axiológicos, alejada tanto del  positivismo clásico como del positivismo lógico, aunque no excluye la  complementación respecto de otras concepciones dentro del marco del  post-positivismo. La visión de la evaluación que propongo pretende ser una  alternativa viable que responde a las características y necesidades de la  educación y la cultura venezolanas en los momentos actuales, aunque contiene  previsiones que la harían aplicable en las próximas décadas. Esta visión se  caracteriza por su compatibilidad con perspectivas teóricas y metodológicas  diversas, y muy especialmente con aquellas concepciones que se agrupan bajo el  término paraguas de «paradigma cualitativo», sin excluir cualquier acomodo que  pueda ser necesario con enfoques epistemológicos metodológicos como la  fenomenología, la hermenéutica, la teoría crítica en su versión más reciente, la  investigación en la acción en sus diversas vertientes, el constructivismo y sus  variantes, la teo ría fundamentada en su versión actual, el estudio de caso, la  etnografía crítica y la evaluación como «empoderamiento» y participación, entre  otras. Esta visión de evaluación concibe a la evaluación y la investigación como  dos vías para generar conocimientos, tanto teóricos como metodológicos,  independientemente de que sus propósitos difieran en cuanto a la inmediatez o ur  gencia que exige la solución de los problemas que enfrenta la evaluación de un  determinado programa o proceso educativo de interés social, lo que lleva al  evaluador a asumir con frecuencia decisiones de carácter pragmático.</p>     <p ALIGN="justify"><b>4.1. Características de la visión integrativa, contextual,  crítica y pluralista de la evaluación</b></p>     <p ALIGN="justify">En la fundamentación de esta perspectiva de la evaluación e  investigación educativas atribuyo una importancia especial a los aspectos  siguientes: (a) su carácter integrativo (b) su énfasis contextual, (c) su  interés crítico-emancipador y (d) su pluralismo epistemológico y axiológico. En  estos principios están presentes aspectos relevantes derivados del «debate» que  tuvo lugar durante los años setenta a noventa del siglo pasado, los cuales ya  han sido estudiados en detalle en trabajos anteriores (Salcedo, 1993, 1995,  2004). En esta oportunidad me limito a esbozar y actualizar las premisas  fundamentales de la investigación que continúo desarrollando. En este empeño de  romper con ciertos dogmas, axiomas o dicotomías heredados del paradigma clásico  cartesiano- newtoniano de la ciencia, el cual fue continuado por el positivismo  de los siglos XIX y XX, el investigador/evaluador en educación que asuma la  visión que aquí esbozo, ha de enfrentar con frecuencia situaciones ante las  cuales tiene que tomar decisiones que implican superar los obstáculos teórico  filosóficos que puedan surgir, y asumir con sentido de autonomía intelectual la  decisión de culminar sus esfuerzos, pues los resultados siempre trascenderán los  errores cometidos.</p>     <p ALIGN="justify">4.1.1. Carácter integrativo. Este aspecto se refiere a la  conveniencia de utilizar, cuando el programa, proceso o producto a evaluar lo  requiera, la integración o complementación no sólo de varios métodos, sino  también de concepciones que difieren en sus principios. Actualmente se usa con  mucha frecuencia la práctica o enfoque pragmático llamado «mixed methods», que  combina métodos cuantitativos y cualitativos con el fin de proporcionar una  visión más completa de la entidad a evaluar. Sin embargo, no comparto el uso de  esta expresión –al menos como se entiende en el idioma castellano–, de bido a  que no se trata de «mezclar» métodos de la manera como se mezclan varios  ingredientes en una licuadora, sino de usarlos en forma complementaria con el  propósito de obtener una visión más integral del objeto evaluado. La integración  a la que me refiero desborda el marco de los métodos e intenta incursionar en  los principios filosóficos de la evaluación y la investigación, en el contexto  de perspectivas diversas y aún opuestas. En este caso, se trata de ir más allá  de las concesiones otorgadas al post-positivismo por su predece - sor, el  positivismo lógico. En otros términos, si queremos superar la dicotomía –falsa–  entre hechos y valores, o el dogma de la supuesta «neutralidad» de la ciencia,  por ejemplo, hemos de sustituir la teoría de la «correspondencia» como «criterio  de verdad», por otras teorías, por cuanto el mundo, los objetos de la realidad  exterior e «independiente del sujeto» y sus representaciones no son iso mórficos  (Fischer, 1998). A este respecto, Fischer (1998) resume lo dicho por Brown y  Stockman de la manera siguiente:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>Visto a la luz de la sociología de la práctica  	científica, el post-positivismo se centra en una descripción de la realidad,  	más que en la realidad misma, lo cual no significa que no hay objetos reales  	y separados de investigación independientes del investigador. [Pero] no son  	los objetos o sus propiedades, sino los vocabularios y conceptos usados para  	conocerlos y representarlos los que son construidos socialmente por los  	seres humanos. Las descripciones científicas son reproducidas por los  	observadores con diferentes marcos de referencia idea - cionales, tipos de  	entrenamiento educativo, experiencia investigativa y capacidades  	perceptuales. Con este propósito, la reconstrucción post-positivista del  	proceso científico está basada en una teoría de la «coherencia» acerca de la  	rea lidad que enfatiza el carácter finito y limitado temporalmente del  	conocimiento (Fischer, 1998, 8) (Traduccción del autor de este estudio).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Así, en contraste con la teoría de la correspondencia del  positivismo lógico, la cual ve los conceptos científicos como referentes  directos de la realidad, la teoría de la coherencia se refiere al carácter  indeterminado de las proposiciones empíricas, es decir, «al tratar de describir  una realidad que es más rica y compleja que las teorías neopositivistas  construidas para explicarla, la teoría de la coherencia busca captar e  incorporar la multiplicidad de perspectivas y explicaciones que se relacionan  con un evento o fenómeno particular» (Fischer, 1998, 8). [Traducción del autor  de este estudio]. Una característica fundamental del post-positivismo es la  sustitución de la lógica formal del positivismo lógico por el marco de  referencia deliberativo informal de la razón práctica. Concebido en esta forma,  puede concluirse, entonces, que el post-positivismo no es una versión maquillada  del positivismo lógico, sino una visión mucho más amplia y flexible que aquél.</p>     <p ALIGN="justify">4.1.2. Carácter contextual. En cuanto al carácter contextual,  éste significa que la evaluación debe responder a las características,  necesidades y expectativas del entorno en que se sitúan las personas, grupos e  institución involucradas en la evaluación: profesores, estudiantes, directores o  gerentes, decanos, rectores o presidentes, personal administrativo y de gestión  académica y en general, toda persona o grupo que se sienta real y genuinamente  involucrado en la evaluación y comparta experiencias y maneras diferentes de ver  el entorno del cual es parte activa.</p>     <p ALIGN="justify">4.1.3 Carácter crítico-emancipador. Esta dimensión  emancipadora o «liberadora » se fundamenta en La teoría crítica de Jürgen  Habermas (1989a, 1989b) en su versión más reciente; en los diversos análisis de  la obra de Paulo Freire, y en las contribuciones de autores vinculados con la  práctica educativa, como Carr &amp; Kemmis (1988), Forester (1984) y Popkewitz  (1991), en tre otros, quienes comparten la idea de que la teoría crítica en su  versión más reciente tiene como preocupación central los modos en los cuales las  condiciones sociales, económicas y culturales influyen en los procesos de  enseñanza y de organización del curriculum, lo que presupone que al asumir una  postura crítica, los conceptos y valores no son independientes de los problemas  sociales sino formados y reformados en un mundo dinámico de arreglos  institucionales, convenciones lingüísticas y prioridades en conflicto. «No hay  cono cimiento personal en ningún sentido absoluto o prácticas que no estén  vinculadas a las condiciones culturales y las circunstancias sociales» (Popkewitz,  1991, 50). Se trata así de una reconstrucción de la ciencia atendiendo a las con  diciones contextuales e históricas en las cuales sus prácticas tienen lugar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">4.1.4 Carácter epistemológico y pluralista. El pluralismo  epistemológico se refiere a la conveniencia de que en los procesos de  investigación y evaluación se consideren diversas opciones respecto de la  naturaleza del conocimiento. Epistemología es el estudio de los fundamentos y  métodos del conocimiento, e implica el derecho que tenemos a defender nuestras  posiciones cognitivas. En este campo, aunque controversial, considero de gran  pertinencia la obra de Richard Rorty (1980, 2000), y su neopragmatismo, que  invita a la discusión de cuestiones fundamentales en el campo de la  epistemología. En concordancia con las características enunciadas, la definición  que propongo es la siguiente:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>Evaluación es el proceso mediante el cual se determina  	el mérito y valor de un programa, proceso, producto o institución, con una  	visión integradora, crítica y pluralista, dentro de su contexto  	sociocultural, político y económico, en función de las necesidades,  	prioridades y valores de los miembros de la organización involucrados en la  	evaluación, con el propósito de mejorar su eficiencia o valor intrínseco y  	su pertinencia social o valor extrínseco.</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Según Mertens (2005), el mérito se refiere a la eficiencia de  un programa, proceso, producto u objeto en general, según sus cualidades  intrínsecas, mien tras que valor se refiere a la importancia o pertinencia  social de dichas entidades en relación con un propósito. Así, la definición  propuesta abarca diversos ámbitos y niveles de la educación, concebida como  sistema abierto y de gran complejidad.</p>     <p ALIGN="justify"><b>4.2. Principios Filosóficos de la Alternativa Propuesta</b></p>     <p ALIGN="justify">Ontología o naturaleza de la realidad. En filosofía, realismo  y antirrealismo son términos antagónicos, y los filósofos –como suele ocurrir en  su oficio de filosofar– probablemente nunca se pongan de acuerdo al respecto  (¡Dejarían de ser filósofos!). En consecuencia, en este estudio parto de una  premisa derivada del denominado «realismo interno» (Putnam, 1994), una versión  actualizada del idealismo de Kant (2006) opuesta al «realismo exter - no», que  describe ‘cómo es el mundo’ y en el que «la verdad supone una especie de  relación de correspondencia entre palabras y signos mentales, y co sas y  conjuntos de cosas externas» (Putnam, 1994, 13). En contraste,</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>Desde la perspectiva internalista la ‘verdad’ es una  	especie de aceptabilidad (idealizada) –una especie de coherencia ideal de  	nuestras creencias entre sí y con nuestras experiencias, considerándolas  	como experiencias representadas en nuestro sistema de creencias– y no una  	correspondencia con ‘estados de cosas’ independientes de la mente o del  	discurso (Putnam, 1994, 14).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">En efecto, Putnam (1994) afirma que los objetos son, más que  descubiertos, construidos, y que son productos de nuestra invención conceptual  más que datos objetivos de la experiencia. La mente y el mundo construyen  conjuntamente la mente y el mundo (p. 13). Según Kant,</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><i>Aunque todo nuestro conocimiento empiece con la  	experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia. En efecto, podría  	ocurrir que nuestro mismo conocimiento empírico fuera una composición de lo  	que recibimos mediante las impresiones y de lo que nuestra propia facultad  	de conocer produce (simplemente motivada por las impresiones) a partir de sí  	misma (2006, 42).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Estas citas no difieren sustancialmente del pensamiento de  Polanyi (1962), quien afirma que:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify"><i>El acto de conocer incluye una evaluación; y esta  	estimación personal, la cual está presente en todo conocimiento fáctico,  	supera la separación [o dile ma] entre subjetividad y objetividad. Esto  	implica la afirmación de que el hombre puede trascender su propia  	subjetividad esforzándose apasionadamente por realizar sus obligaciones  	personales hasta estándares universales (p. 17). (Traducción del autor de  	este estudio).</i></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">La perspectiva ontológica kantiana adoptada por Putnam y  complementada con ciertas premisas del constructivismo radical de Glasersfeld  (2002), así como con las ideas centrales de Lev Vygotsky (1978, 1986), fundador,  junto con Alexander Luria (1976), de la psicología histórico-cultural y  especialmente su concepto de «zona de desarrollo proximal», ubicadas en su  contexto cultural (Kozulin y otros, 2003), conforman el núcleo central de la  concepción de evaluación e investigación educativas que esbozo en este trabajo.</p>     <p ALIGN="justify">4.2.1. Epistemología o concepción del conocimiento utilizada.  Aunque este es un tema filosófico muy complejo, en él adopto la noción de  pluralismo epis temológico como la posibilidad de utilizar nuestras posturas  cognitivas o creencias de manera complementaria con otras posturas diferentes de  la aquí esbozada, en la búsqueda del conocimiento desde una perspectiva  normativa guiada por la de honestidad intelectual. El pluralismo epistemológico  implica, en términos científicos, la aceptación de la pluralidad de  interpretaciones del objeto, aunque no sean compatibles ni afines con las  nuestras. La objetividad y la subjetividad, separadas por el positivismo, son  inseparables en los procesos de generación del conocimiento, ya sea en  investigación o en evaluación, así co - mo en campos como la creación artística.  En consecuencia, el rol del investigador o evaluador no puede ser neutral, y  tanto el investigador como el evaluador, al influir en el objeto que estudian,  son al mismo tiempo influidos por éste. Por consiguiente, objetividad y  subjetividad no constituyen una dicotomía o dilema insoluble, como ya fue  demostrado durante el siglo XX.</p>     <p ALIGN="justify">4.2.2. Metodología. La acepción de «metodología» utilizada en  este trabajo la define como el conjunto de métodos, técnicas e instrumentos  tanto «cualitativos» como «cuantitativos» mediante los cuales se investiga o  evalúa el problema u objeto de interés, situado en su contexto sociocultural,  económico y político en el cual se realiza la evaluación. Por ejemplo, la  fenomenología, la hermenéutica, el estudio de caso, la investigación en la  acción, la teoría fundamentada, la etnografía, entre otros métodos, incluidos  los cuantitativos que puedan contribuir a obtener una visión más completa del  objeto en estudio y respondan a las necesidades y expectativas del programa u  objeto de interés.</p>     <p ALIGN="justify"><b>5. CONCLUSIONES</b></p>     <p ALIGN="justify">1. La primera conclusión de este estudio se refiere a la  presencia del paradigma positivista en los ámbitos de la educación y las  ciencias sociales, en las tres versiones analizadas. En cuanto al positivismo  clásico, la figura más destacada es Augusto Comte, su fundador, quien en su obra  fundamental, Curso de filosofía positiva, expone las ideas fundamentales de su  concepción universal, especialmente su ley de los tres estadios, que representa  la columna central de su filosofía. Respecto del positivismo lógico, en éste se  destaca el prin cipio de verificación como el criterio que delimita las  proposiciones que pueden verificarse empíricamente de aquellas que «carecen de  sentido»; la ma temática y la lógica son sólo tautologías que no dicen nada  acerca del mundo; la metafísica, la ética y la religión, cuyas proposiciones no  son verificables fácticamente, son sólo pseudos-conceptos. Por su parte, el  post-positivismo se caracteriza por man tener algunos principios del positivismo  lógico, aunque reconoce que la realidad externa sólo puede ser conocida en forma  probabilística, admitiendo la presencia de otras visiones alternativas flexibles  de la ciencia.</p>     <p ALIGN="justify">2. Respecto de las etapas del desarrollo de la evaluación  educativa, ha estado presente el positivismo como paradigma predominante durante  más de un siglo, aunque actualmente, debido al colapso del positivismo lógi co y  el surgimiento del post-positivismo, los dogmas, axiomas y reduccionismos que lo  caracterizaron durante la etapas anteriores, se han flexibilizado hasta admitir  que no existe la neutralidad en la ciencia y la objetividad es sólo la sub  jetividad consensuada de muchos observadores. Por consiguiente, no exis te la  separación entre observador y objeto observado, sino la integración mu tua de  influencias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">3. En cuanto a la evaluación en Venezuela durante el período  estudiado (1914-2009), sólo ha consistido, predominantemente, en la elaboración  y apli cación de «exámenes» generalmente a juicio del maestro o profesor, y  según normativas oficiales las cuales no han sido objeto de estudio y evaluación  rigurosos, por lo que es mucho lo que falta por hacer para llegar a considerar  esta disciplina como una profesión con sus criterios normativos, estándares y  regulaciones éticas. Tampoco hemos tratado de expandir la evaluación a otras  áreas y disciplinas en las cuales existe la necesidad de evaluar programas  diversos relacionados con la salud, la seguridad ciudadana, la recreación, el  uso del tiempo libre, el ambiente natural, los recursos no renovables, y muchos  más.</p>     <p ALIGN="justify">4. Finalmente, la visión o concepción de evaluación que he  desarrollado durante largos años de trabajo tiene como propósito fundamental  ofrecer una alternativa más al paradigma positivista y su énfasis cuantitativo,  reduccionista y prescriptivo en sus prácticas. Las características que le  atribuyo a la concepción que propongo, junto a los principios que la orientan,  han sido con cebidas con un propósito diferente, cuya razón de ser es contribuir  a llenar un vacío que obliga a investigadores, estudiantes y profesores a  generar paradigmas, teorías, modelos y métodos que respondan a las necesidades  prioritarias del medio educativo venezolano, sin descartar las contribuciones  tecno-científicas producidas en otros países, previo estudio y adaptación al  contexto educativo venezolano.</p>     <p ALIGN="justify"><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p ALIGN="justify">1. Alkin, M.C. &amp; Christie, C.A. (2004). Evaluation theory  three. In M. C. Alkin (Ed.), Evaluation roots: Tracing theorists’ views and  influences (12-65). Thousand Oaks, CA: Sage.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2187167&pid=S0798-9792201000020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ALIGN="justify">2. Bloom, B.S.; Engelhart, M.D.; Furst, E.J.; Hill, W.H. &amp;  Krathwohl, D. (1956). Taxonomy of educational objectives: Handbook I. The  cognitive domain. New York, David McKay.</p>     <p ALIGN="justify">3. Bloom, B.S.; Hastings, J.T. &amp; Madaus, G.F. (1971).  Handbook on formative and summative evaluation of student learning. New York,  McGraw-Hill.</p>     <p ALIGN="justify">4. Bobbitt, F. (1918). The curriculum. Boston, Houghton  Mifflin.</p>     <p ALIGN="justify">5. Bobbitt, F. (1924). How to make a curriculum. Boston,  Houghton Mifflin.</p>     <p ALIGN="justify">6. Camejo Ron, Y.J. (2001). El decreto 321: sectarismo  gubernamental vs. Proyecto democrático (1946-1947). Caracas, Publicaciones UCAB. </p>     <p ALIGN="justify">7. Campbell, D.T. &amp; Stanley, J.C. (1966). Experimental and  quasi-experimental designs for research. Chicago, Rand McNally.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">8. Carr, W. &amp; Kemmis, S. (1988). Teoría crítica de la  enseñanza. Barcelona, Martínez Roca.</p>     <p ALIGN="justify">9. Comte, A. (2002). Curso de filosofía positiva (Traducción  del francés de J.M. Revueltas y C. Borges). Barcelona, Folio.</p>     <p ALIGN="justify">10. Cook, T.D. &amp; Campbell, D.T. (1979). Quasi-experimentation:  Designs &amp; analysis issues for field settings. Boston, Houghton Mifflin.</p>     <p ALIGN="justify">11. Cronbach, L.J. (1963). Course improvement through  evaluation. Teachers College Record, 64, 672-683.</p>     <p ALIGN="justify">12. Cronbach, L.J. (1982). Designing evaluations of  educational and social programs. San Francisco, Jossey-Bass.</p>     <p ALIGN="justify">13. Dewey, J. (1916). Democracy and education: An  introduction to the philosophy of education. New York, The Free Press.</p>     <p ALIGN="justify">14. Dewey, J. (1997). Experience and education. New York,  First Touchstone Edition.</p>     <p ALIGN="justify">15. Durkheim, E. (1993). Las reglas del método sociológico  (Versión castellana de L.E. Echevarría Rivera). Madrid, Morata.</p>     <p ALIGN="justify">16. Eisner, E.W. (1969). Instructional and expressive  educational objectives: Their formulation and use in curriculum. In W.J. Popham  et al. (Eds.), Instructional objectives (1-31). Englewood Cliffs, NJ:  Educational Technology Publications.</p>     <p ALIGN="justify">17. Eisner, E.W. (1971). Educational objectives: Help or  hindrance? In M.B. Kapker (Ed.) (358-367). Englewood Cliffs, NJ: Educational  Technology Publications.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">18. Estados Unidos de Venezuela (1914). Decreto Orgánico de  Instrucción Nacional, 19 de diciembre, 1914.</p>     <p ALIGN="justify">19. Estados Unidos de Venezuela (1946). Decreto 321, del 30  de mayo de 1946.</p>     <p ALIGN="justify">20. Estados Unidos de Venezuela (1949). Estatuto Provisional  de Educación, del 25 de mayo de 1949.</p>     <p ALIGN="justify">21. Ferrater Mora, J. (2004). Diccionario de filosofía (Tomo  II). Barcelona, Editorial Ariel.</p>     <p ALIGN="justify">22. Fischer, F. (1998). Beyond empiricism: Policy inquiry in  postpositivist perspective. Policy Studies Journal 26, 1, 129-146.</p>     <p ALIGN="justify">23. Forester, J. (1984). Critical theory and organizational  analysis. In G. Morgan (Ed.), Beyond method. (234-246). Beverly Hills, CA: Sage.</p>     <p ALIGN="justify">24. García, S. (2003). La evaluación del aprendizaje  matemático desde una perspectiva constructivista. Tesis Doctoral. Facultad de  Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela. Caracas.</p>     <p ALIGN="justify">25. Glaser, R. (1963). Instructional technology and the  measurement of. learning outcomes: Some questions. American Psychologist, 18,  519-521. </p>     <p ALIGN="justify">26. Glasersfeld, E. Von (2002). Radical constructivism: A way  of. knowing and learning. London: Routledge Falmer.</p>     <p ALIGN="justify">27. Guba, E.G. &amp; Lincoln, Y.S. (1989). Fourth generation  evaluation. Thousands Oaks, CA: Sage.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">28. Guevara Rojas, F. (1915). Nuevo régimen de instrucción  pública. Caracas, Ministerio de Instrucción Pública.</p>     <p ALIGN="justify">29. Habermas, J. (1989a).Conocimiento e interés (Versión  castellana de M. Jiménez, J. F. Ivars y L. M. Santos). Madrid, Taurus.</p>     <p ALIGN="justify">30. Habermas, J. (1989b). Teoría de la acción comunicativa  (Tomos I y II). (Versión castellana de M. Jiménez Redondo). Buenos Aires,  Taurus. </p>     <p ALIGN="justify">31. Hernández Carabaño, H. (1970). Aportes a la reforma  educativa. Caracas, Ministerio de Educación, Dirección de Planeamiento.</p>     <p ALIGN="justify">32. Hernández Carabaño, H. (1971). Nuevos aportes a la  reforma educativa. Caracas, Ministerio de Educación, Dirección de Planeamiento.</p>     <p ALIGN="justify">33. House, E.R. (1977). The logic of. evaluative argument.  Los Angeles: Center for the Study of Evaluation. UCLA Graduate School of  Education. University of California.</p>     <p ALIGN="justify">34. House, E.R. (1980). Evaluating with validity. Beverly  Hills, CA: Sage.</p>     <p ALIGN="justify">35. Kant, I. (2006). Crítica de la razón pura (Traducción de  P. Ribas). México, D.F: Taurus.</p>     <p ALIGN="justify">36. Kerlinger, F.N. (1973). Foundations of. behavioral  research (2nd ed.). New York, Holt, Rinehart and Winston.</p>     <p ALIGN="justify">37. Kliebar, H.M. (1975a). Persistent curriculum issues in  historical perspective. In W. Pinar (Ed.), Curriculum theorizing. (39-50).  Berkeley, CA: McCutchan.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">38. Kliebar, H.M. (1975b). Reappraisal: The Tyler rationale.  In W. Pinar (Ed.). Curriculum theorizing. (70-83). Berkeley, CA: McCutchan.</p>     <p ALIGN="justify">39. Kolakowski, L. (1979). La filosofía positivista. Madrid,  Ediciones Cátedra.</p>     <p ALIGN="justify">40. Kozulin, A.; Gindis, B.; Ageyev, V. &amp; Miller, S. (2003).  In A. Kozulin et al. (Eds.). Vigotsky’s Educational theory in cultural context (Introduction).  Cambridge: Cam bridge University Press.</p>     <p ALIGN="justify">41. Kuhn, T.S. (1962). The structure of scientific  revolutions. Chicago, The University of Chicago Press.</p>     <p ALIGN="justify">42. Kuhn, T.S. (1978). La estructura de las revoluciones  científicas (Traducción de A. Contin). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.</p>     <p ALIGN="justify">43. Kuhn, T.S. (1983). La tensión esencial (Traducción de R.  Helier). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.</p>     <p ALIGN="justify">44. Kuhn, T.S. (1989) ¿Qué son las revoluciones científicas?  (Traducción de J. Romo Feito). Barcelona, Paidós.</p>     <p ALIGN="justify">45. Luria, A.R. (1976). Cognitive development: Its cultural  and social foundations (Translated by M. Lopez-Morillas and L. Solotaroff ).  Cambridge, Massachusetts: Har vard University Press.</p>     <p ALIGN="justify">46. Madaus, G.F.; Scriven, M. &amp; Stufflebeam, D.L. (Eds.).  (1983). Evaluation models: Viewpoints on educational and human services  evaluation. Boston: Kluwer- Nijhoff.</p>     <p ALIGN="justify">47. Mager, R.E. (1962). Preparing instructional objectives.  Palo Alto, CA: Fearon Press.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">48. Mertens, D.M. (2005). Research and evaluation in  education and psychology (2nd ed.).Thousand Oaks, CA: Sage.</p>     <p ALIGN="justify">49. Merton, R.K. (2002). Teoría y estructura sociales  (Traducción del inglés de F. M. Torner y R. Borques). México, D.F.: Fondo de  Cultura Económica.</p>     <p ALIGN="justify">50. Patton, M.Q. (2002). Qualitative research &amp; evaluation  methods. Thousand Oaks, CA: Sage.</p>     <p ALIGN="justify">51. Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca, L. (1994). Tratado de  Argumentación. La nueva retórica. Madrid, Gredos.</p>     <p ALIGN="justify">52. Pérez Toribio, J.C. (2006). Retórica, argumentación y  elección de teorías en T.S. Kuhn. Caracas, Editorial Equinoccio, Universidad  Simón Bolívar.</p>     <p ALIGN="justify">53. Phillips, D.C. &amp; Burbules, N.C. (2002). Postpositivism  and educational research. Lanham, MA: Rowman &amp; Littlefield.</p>     <p ALIGN="justify">54. Polanyi, M. (1962). Personal knowledge: Towards a post-critical  philosophy. Chicago: The University of Chicago Press.</p>     <p ALIGN="justify">55. Popham, W.J. (1975). Criterion-referenced measurement: An  introduction. Englewood Cliffs, NJ: Educational Technology Publications. </p>     <p ALIGN="justify">56. Popham, W.J. (1978). Criterion-referenced measurement.  Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.</p>     <p ALIGN="justify">57. Popkewitz, T.S. (1991). Whose future? Whose past? Notes  on critical theory and methodology. In E.G. Guba (Ed.), The paradigm dialog  (46-66). Newbury Park, CA: Sage.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">58. Putnam, H. (1994). Cómo renovar la filosofía (Traducción  del inglés de C. Laguna). Madrid, Cátedra.</p>     <p ALIGN="justify">59. REPÚBLICA DE VENEZUELA, Presidencia de la República  (1969) Decretos 197, 198, sobre Régimen Especial de Evaluación Escolar para las  Ramas de Educación Pre-escolar y Primaria y el Primer Ciclo de las Ramas de  Educción Secundaria, Técnica y Normal, respectivamente.</p>     <p ALIGN="justify">60. REPÚBLICA DE VENEZUELA, Presidencia de la República  (1970) Decreto 250, sobre Régimen Especial de Evaluación Escolar para el Segundo  Ciclo de las Ramas de Educción Secundaria, Técnica y Normal.</p>     <p ALIGN="justify">61. REPÚBLICA DE VENEZUELA, Congreso Nacional. Ley Orgánica  de Educación (1980). Publicada en la Gaceta Oficial Nº 2.635 (Extraordinario),  del 28 de julio de 1980.</p>     <p ALIGN="justify">62. REPÚBLICA DE VENEZUELA, Presidencia de la República  (1986). Reglamento General de la Ley Orgánica de Educación, Decreto Nº 975, del  22-01-86, Gaceta Oficial Nº 3.173, (Extraordinario), del 7 de marzo de 1986.</p>     <p ALIGN="justify">63. REPÚBLICA DE VENEZUELA, Congreso Nacional. (1970). Ley de  Universidades. Aprobada el 2 de septiembre de 1970. Caracas, Eduven.</p>     <p ALIGN="justify">64. REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA. Asamblea Nacional.  Ley Orgánica de Educación. Publicada en la Gaceta Oficial Nº 5.929  (Extraordinario), del 15 de agosto de 2009.</p>     <p ALIGN="justify">65. Rodríguez Huescar, A. (2002). Prólogo al discurso sobre  el espíritu positivo. En: A. Comte (2002). Curso de filosofía positiva (83-97).  Barcelona, Folio.</p>     <p ALIGN="justify">66. Rorty, R. (1980). Philosophy and the mirror of nature.  Princeton, NJ: Princeton University Press.</p>     <p ALIGN="justify">67. Rorty, R. (2000). El pragmatismo, una versión:  autoritarismo en epistemología y ética. (Traducción del inglés de J.V. Gifra).  Barcelona: Editorial Ariel.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">68. Ruiz, G.A. (1989). Entrevista personal, realizada el 30  de octubre de 1989.</p>     <p ALIGN="justify">69. Sahakian, W.S. (1980). Aprendizaje: sistemas, modelos y  teorías (Traducción del inglés de A. M. Meneses Rocha y J. L. Olivera Carrión):  Madrid: Ediciones Anaya.</p>     <p ALIGN="justify">70. Salcedo, G.H. (1974a). Modelo didáctico para el  planeamiento de la enseñanza a nivel superior. Revista de Pedagogía, 3, 5,  separata.</p>     <p ALIGN="justify">71. Salcedo, G.H. (1974b). Análisis y evaluación de los  programas de las asignaturas de las instituciones de educación superior del área  metropolitana de Caracas. Re vista de Pedagogía, 4, 6, 75-92.</p>     <p ALIGN="justify">72. Salcedo, G.H. (1985). Validez de contenido y validez de  constructo en pruebas basadas en criterios: Un problema complejo que requiere  soluciones prácticas. Trabajo presentado en la XXXV Convención Anual de (ASOVAC),  ULA, Mérida, 17-22 de noviembre de 1985.</p>     <p ALIGN="justify">73. Salcedo, G.H. (1993). La evaluación integrativo  adaptativa: antecedentes, fundamentos y método. Trabajo de Ascenso a la  categoría de Profesor Titular. Facultad de Humanidades y Educación, Universidad  Central de Venezuela, Caracas.</p>     <p ALIGN="justify">74. Salcedo, G.H. (1995). La evaluación integrativo  adaptativa: Fundamentos y método.Caracas,&nbsp; Comisión de Estudios de  Postgrado de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de  Venezuela. Cuadernos de Postgrado Nº 10.</p>     <p ALIGN="justify">75. Salcedo, G. (1998). La evaluación de la educación  superior en perspectiva internacional. En C. Villarroel (Comp.) Universidad,  estado y evaluación: nuevas relaciones y compromisos (13-74). FUNDAYACUCHO  (Colección Ideas).</p>     <p ALIGN="justify">76. Salcedo, G. (2004). La evaluación educacional: Evolución,  ámbitos e implicaciones transdisciplinarias. Conferencia Inaugural de los  Estudios de Postgrado, Comisión de Estudios de Postgrado de la Facultad de  Humanidades y Educación, UCV. Caracas, 29 de septiembre de 2004.</p>     <p ALIGN="justify">77. Scriven, M. (1967). The methodology of evaluation. In R.  E. Stake (Ed.), Curriculum evaluation. American Educational Research Association  Monograph Series on Evaluation, Nº 1, pp. 39-83. Chicago: Rand McNally.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">78. Scriven, M. (1974). Pros and Con. About Goal-Free  evaluation. En: R.E. Stake (Ed.) Curriculum evaluation. Areas on evaluation  (39-83). Chicago: Rand McNally.</p>     <p ALIGN="justify">79. Skrtic, T.M. (1991). Social accommodation: Toward a  dialogical discourse in educational inquiry. Newbury Park, CA: Sage.</p>     <p ALIGN="justify">80. Stake, R.E. (1967). The countenance of educational  evaluation. Teachers College Record, 68, 523-540.</p>     <p ALIGN="justify">81. Stake, R.E. (1975). Program evaluation, particularly  responsive evaluation (Occasional Paper, No. 5). Kalamazoo: Western Michigan  University Evaluation Center.</p>     <p ALIGN="justify">82. Suchman, E. (1967). Evaluative research: Principles and  practice in public service and social action programs. New York, Russell Sage.</p>     <p ALIGN="justify">83. Störig, H.J. (2004). Historia universal de la filosofía.  (Traducción del alemán de A. G. Ramos). Madrid, Tecnos.</p>     <p ALIGN="justify">84. Stufflebeam, D.L.; Foley, W.J.; Gephart, W.J.; Guba, E.G.;  Hammond, R.L.; Merriman, H.O. &amp; Provus, M.M. (1971). Educational evaluation and  decisionmaking. Itasca, Ill.: Peacock.</p>     <p ALIGN="justify">85. Taylor, F.W. (1967). The principles of scientific  management. New York, The Norton Library.</p>     <p ALIGN="justify">86. The Joint Committee on Standards for Educational  Evaluation (1994). The program evaluation standards: How to assess evaluations  of educational programs (2nd ed.). Thousands Oaks, CA: Sage.</p>     <p ALIGN="justify">87. Thorndike, E. (1914) &amp; Tyler, R.W. (1942). General  statement on evaluation. Journal of Educational Research, 35, 492-501.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">88. Thorndike, E. (1914) &amp; Tyler, R.W. (1942). Educational  phychology. The nature of learming. Vol. II. New York, Teachers college.  Columbia University.</p>     <p ALIGN="justify">89. Tyler, R.W. (1949). Basic principles of curriculum and  instruction. Chicago, University of Chicago Press.</p>     <p ALIGN="justify">90. Tyler, R.W. (1942). General statement on evaluation.  Journal of educational research. 35, 492-501.</p>     <p ALIGN="justify">91. Tyler, R.W. (1967). Changing concepts of educational  evaluation. In R. E. Stake (Ed.), Perspectives of curriculum evaluation, vol. 1,  New York: Rand McNally.</p>     <p ALIGN="justify">92. Von Wright, G.H. (1971). Explanation and understanding.  Ithaca, N.Y: Cornell University Press.</p>     <p ALIGN="justify">93. Vygotsky, L.S. (1978). Mind in society: The development  of higher psychological processes (Edited by M. Cole, V.J. Steiner, S. Scribner  &amp; E. Souberman). Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press.</p>     <p ALIGN="justify">94. Vygotsky, L.S. (1986). Thought and language (Newly  revised and edited by Alex Ko zulin). Cambridge, Masachusetts: The MIT Press.</p>     <p ALIGN="justify">95. Watson, J.B. (1961). El conductismo. Buenos Aires,  Editorial Paidós.</p>     <p ALIGN="justify">96. Wittgenstein, L. (2002) The tractatus logico  philosophicus (Versión bilingüe e introducción de Jacobo Muñoz e Isidoro  Reguera). Madrid, Alianza Editorial.</p>     <p ALIGN="justify">97. Worthen, B.R. &amp; Sanders, J.R. (1973). Educational  evaluation: Theory and practice. Worthington, Ohio: Charles A. Jones Publishing.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">98. Worthen, B.R.; Sanders, J.R. &amp; Fitzpatrick, J.L. (1997).  Program evaluation: Alternative approaches and practical guidelines (2nd ed.).  New York, Longman.</p></font>       ]]></body>
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