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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La profesión académica en venezuela: de los «catedráticos» a los profesores universitarios]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[A very outstanding feature of the modernization of Venezuelan universities was the change of their teaching personnel from «professors» to academics. The article presents the analysis of some interviews done to 14 university professors during 1963 and 1964. They were chosen because of their prestige, academic recognition and participation in decision taking in their institutions. The results allow us to know how those professors conceived the university, their role in the construction of the country, their relation to a modern democratic State, their vision of the academic career and of the future of Venezuela; in addition, results also show how to establish some lineaments, about the academic paths and socio cultural antecedents of this profession which began to show its profile.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Times New Roman" size="4"><span style="text-transform: uppercase">La profesión académica en Venezuela: de los «catedráticos» a los  profesores universitarios</span></font></b></p>      <p align="center">    <br> <b> MARÍA CRISTINA PARRA SANDOVAL</b></p>      <p align="justify">    <br>     <br> <span style="text-transform: uppercase"> <b>Resumen </b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; </span> Un rasgo sobresaliente de la modernización de la universidad venezolana estuvo  en el cambio que significó para los «catedráticos» pasar a ser «profesores  universitarios». El artículo da cuenta del análisis de entrevistas a catorce  profesores universitarios realizadas entre 1963 y 1964, seleccionados por su  prestigio, reconocimiento y participación en la toma de decisiones de su  institución. Los resultados permiten conocer cómo los profesores concebían la  universidad, su papel en el proceso de construcción del país, su relación con el  moderno Estado democrático, su visión de la carrera académica y del futuro de  Venezuela, así como establecer algunos lineamientos en torno a las trayectorias  académicas y los antecedentes socioculturales de esta profesión que comenzaba a  perfilarse.    <br>     <br> <b>Palabras clave: </b>Universidad / Profesores universitarios / Venezuela    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <span style="text-transform: uppercase"> <b>Abstract</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>A very outstanding feature of the modernization of Venezuelan universities was  the change of their teaching personnel from «professors» to academics. The  article presents the analysis of some interviews done to 14 university  professors during 1963 and 1964. They were chosen because of their prestige,  academic recognition and participation in decision taking in their institutions.  The results allow us to know how those professors conceived the university,  their role in the construction of the country, their relation to a modern  democratic State, their vision of the academic career and of the future of  Venezuela; in addition, results also show how to establish some lineaments,  about the academic paths and socio cultural antecedents of this profession which  began to show its profile.    <br>     <br> <b>Key words: </b>University / University professors / Venezuela    <br>     <br> <span style="text-transform: uppercase"> <b>Introducción</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>En las sociedades hay procesos que marcan un punto de inflexión en su historia,  constituyéndose en referencia ineludible para entender su pasado, presente y  futuro. En la historia venezolana, uno de esos puntos de referencia comenzó a  gestarse en las primeras décadas del siglo XX, para irrumpir con fuerza en el  año 1936 «…comienzo de ese nuevo tiempo venezolano que va a marcar por su  importancia histórica a toda la segunda mitad del siglo XX» (Velásquez,  2000:346), aunque su impacto mayor se produjo a raíz de la caída de la dictadura  de Pérez Jiménez. Esto es, prácticamente desde la llegada de Gómez al poder  comienza a darse la inserción del país en la modernidad expresada, entre otras  cosas, en el fortalecimiento del Estado y el desarrollo de políticas apuntaladas  por la explotación petrolera (Coronil, 2002).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Parte importante de ese proceso lo constituyó el papel de la universidad y de  ella el de los profesores universitarios, como actores cuya presencia y acción  fue expresión de los cambios que se estaban produciendo en la sociedad  venezolana. Esta presencia de los actores universitarios fue visible no sólo en  la conducción del Estado, sino en la participación que la universidad tuvo en la  formación de la clase profesional y en la «…educación política de los líderes  que ocuparían las posiciones claves en la modernización de la sociedad» (López,  1998:26).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En consecuencia, entender el proceso de transformación que llevó a los  «catedráticos» que ejercían en la universidad venezolana la docencia y la muy  incipiente investigación, a convertirse en «profesores universitarios» debe  abordarse sin perder de vista esta perspectiva histórica.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>El testimonio de testigos de excepción</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1963, apenas a cinco años del derrocamiento de Pérez Jiménez, un equipo de  investigadores perteneciente al Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) y al  Centro de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico de Massachusetts (Cenis),  emprendió una investigación con el objetivo de obtener «...un profundo  conocimiento de cómo las transformaciones económicas habían afectado a la  sociedad, y de cómo, a su vez, las fuerzas sociales estaban actuando sobre los  esfuerzos orientados hacia el desarrollo económico» (Bonilla y Silva Michelena,  1967:9). En virtud de ello, se propuso tres áreas clave a investigar; en primer  lugar, los efectos de las estrategias de desarrollo en el ingreso, el empleo,  los precios y en la producción; en segundo lugar, las características de grupos  fundamentales, para establecer la viabilidad social y política de las  estrategias de desarrollo económico; tercero, establecer el significado del  proceso de urbanización, para el cambio que se vivía en el momento (Bonilla y  Silva Michelena, 1967).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Para el desarrollo de la segunda área se seleccionó una muestra representativa  de distintos grupos de la población del país, de lo cual se derivaron, a su vez,  dos estudios diferentes: el estudio de conflicto y consenso (Conven) y el de los  hombres de poder (Venelite). Este último significó la escogencia de hombres (y  de muy pocas mujeres, lo que es perfectamente comprensible, dado el contexto  social) que estaban ocupando categorías relevantes en ese momento y que  componían la élite del país, por su posición y reputación y por su participación  en la toma de decisiones importantes por su repercusión social. En este grupo se  encontraban rectores y decanos de las universidades venezolanas, además de otros  que habían ocupado esos cargos en el pasado. Todos constituían un sector  representativo de la esfera cultural, establecidos como testigos de excepción  del proceso de modernización de la sociedad venezolana y especialmente de la  universidad venezolana.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Teniendo como marco el contexto histórico y social en el cual se produce en  Venezuela el proceso modernizador, las transcripciones de las entrevistas de  estos representantes de la élite venezolana, hechas a raíz del desarrollo del  mencionado proyecto (Venelite), permitieron el análisis del modelo de  universidad moderna venezolana, instaurado a partir de 1958, desde su  perspectiva en tanto élite intelectual del momento y no sólo como impulsores del  modelo, sino como protagonistas de primera línea, por lo cual y, habida cuenta  de la importancia de sus testimonios, los tomamos como un referente empírico que  dibuja con claridad los antecedentes más firmes del modelo de universidad que  tenemos y el que se trató de construir.    <br>     <br> <b>El siglo XX y el proyecto modernizador</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En Venezuela, gran parte de las últimas décadas del siglo XIX representó una  pérdida social, que le ha costado mucho recuperarse, pérdida que encuentra su  expresión gráfica en la afirmación según la cual Venezuela entró a la edad de la  rueda en 1870 (Carrera Damas, 1988:128), gracias al proyecto modernizador  –inconcluso– de Guzmán Blanco, con el cual se intentó alcanzar objetivos de  distinto orden –sociales, políticos, económicos, tecnológicos– que ya habían  sido alcanzados en Europa (Cilento Sarli, López Villa, Marcano González y Martín  Frechilla, 1999).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, es historia conocida que de aquel proyecto modernizador quedaron  los bosquejos de lo que posteriormente se constituiría en los elementos  propulsores de la visión de desarrollo ligada a la idea del progreso, la  modernización y la civilización que orientó en buena medida las políticas de los  gobiernos posteriores (Cilento Sarli, López Villa, Marcano González 1999): la  creación del Ministerio de Obras Públicas, la realización de los primeros censos  nacionales, la declaración de la educación como pública, obligatoria y gratuita,  la reorganización de la hacienda nacional son, entre otros, algunos de esos  elementos que permanecieron convocando el proceso de articulación definitiva del  país al sistema capitalista mundial, en consecuencia, a la modernización.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta articulación comienza a darse definitivamente en la segunda década del  siglo XX cuando, como consecuencia de la explotación petrolera y en un período  de franca expansión del capitalismo mundial, Venezuela se coloca en una  situación privilegiada, en un mercado de alta demanda de esta fuente de energía.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En el plano político, este proceso de articulación coincide con la dictadura  gomecista, que logra consolidar la base social sobre la cual se hace posible la  inserción de Venezuela al sistema capitalista: la paz social, quizás único  prerrequisito presente, como indicador de cierta organización, en una sociedad  que había sobrevivido a luchas internas, desarticulada, tradicional, rural y  agrícola, testigo de «... la explotación del petróleo, una actividad desconocida  para los nativos del país, cuya expansión no lesionaba directamente los  intereses de nadie; al contrario, favorecía a todos» (Ahumada, 1967:39).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Para muchos historiadores, es a raíz de la muerte de Gómez cuando los que habían  sido hasta entonces rasgos potenciales en la sociedad venezolana, se  transformaron en las líneas que trazaron su desarrollo social, económico y  político en el siglo XX. Así, muchos autores coinciden en señalar que el año 36  marca el inicio del siglo XX en Venezuela, por lo cual puede considerarse como  «el año del diseño del país» (Herrera y Alva, 1998:7), momento clave en el cual  el proyecto modernizador encuentra arraigo y genera consenso entre los distintos  sectores de la vida nacional, representados por el gobierno, los incipientes  partidos políticos y organizaciones civiles: «...consenso de toda la  intelectualidad venezolana para decretar que ese viejo país debía morir junto  con Gómez, para dar paso a otro muy diferente» (p. 14).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Ése fue el país al que, en efecto, se dio paso y que tuvo como norte un proyecto  nacional modernizador que, con algunas diferencias de matices e instrumentación,  logró consenso mayoritario con relación a grandes directrices, tanto en el orden  político como social y económico:     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El país que deja Gómez se ha distanciado del país campestre y atrasado del siglo  XIX:... hay ciudades... cuentas bancarias que no se conocían...&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;  una clase acomodada y cosmopolita que se dedica al consumismo... eficaces  carreteras... Se cambia el rostro de la comarca...Y hay más: el país se  incorpora al club de los poseedores de capital (Pino Iturrieta, 2000:358).     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En otras palabras, nos encontramos con una sociedad que definitivamente rompe  con los esquemas del siglo XIX y asume en su proyecto modernizador las tareas,  las formas organizativas y los objetivos que harán posible instrumentar dicho  proyecto, aunque en su trayectoria encontremos altibajos y aristas, producto más  de quienes en un momento dado lideran el proceso, que de diferencias que  comprometan de manera sustantiva el plan.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre las tareas emprendidas hay algunas que deben ser destacadas, en tanto sus  resultados constituyen antecedentes importantes de lo que posteriormente se  consolidó como la modernización del país, a partir del golpe de Estado de 1958:  la relativamente pacífica evolución social de Venezuela, la afirmación  democrática de la sociedad, la mejoría de las condiciones de vida de grandes  sectores de la población (Polanco Alcántara, 1985), son reconocidos como  «...considerables avances efectuados en todos los frentes... que distinguen las  tres décadas posteriores a 1936...» (Bonilla, 1972:77).     <br>     <br> <b>Papel modernizador de la educación </b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los gobernantes que se sucedieron en el poder, desde el triunfo de la  independencia y la disolución de la Gran Colombia, mantuvieron la educación en  una condición de precariedad, contrastante con la abundante legislación  educativa que caracteriza al período hasta finales del siglo XIX.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta elaboración legislativa, que significó en muchos casos modestos avances de  carácter formal, en tanto se le daba a la educación el rango de asunto público  prioritario, no coincidió en la práctica con suficiente respaldo político, ni  con la infraestructura necesaria para llevarla adelante, con lo cual las ideas  positivistas, en gran medida inspiradoras de una intelectualidad incipiente, no  pasaron de ser inquietudes de algunos catedráticos universitarios,  contrarrestadas por un ambiente donde todavía predominaban valores religiosos,  altamente conservadores y que no se traducían en cambios de carácter  institucional. En el plano universitario, lo anterior se pone de manifiesto en  un modelo que benefició a las minorías, en tanto la universidad siguió siendo  una «institución de élites» (Carvajal, 1998:147).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La muerte de Gómez y el auge de la explotación petrolera marcan el inicio de una  nueva etapa en la vida nacional, en la cual el surgimiento de grupos cuya  expresión había sido reprimida, pone sobre el tapete de la discusión pública el  tema de la educación, a la cual comienza a atribuírsele importancia en tanto  formadora de recursos humanos –aunque siguió siendo entendida como mecanismo  ideologizador– en correspondencia con el “clima” educativo mundial y,  particularmente, latinoamericano.<sup>1</sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En términos del proyecto modernizador, el reconocimiento unánime de la educación  como la principal palanca para la movilización social exigía la puesta en  práctica de medidas que, si bien no tuvieron la repercusión inmediata que se  esperaba de ellas, echaron las bases para la construcción de un sistema  educativo moderno: la creación de escuelas, fundamentalmente en el nivel de  primaria, destinadas «...a la capacitación social y económica de niños y  adultos... que reemplazara el ‹verbalismo académico› por la ‹capacitación  tecnológica›» (Luque, 1998:177); la fundación del Instituto Pedagógico Nacional<sup>2</sup>  en 1936, como una manera de solventar la falta de personal docente capacitado,  en todos los niveles de la educación; la propuesta de reforma universitaria, en  virtud del inmovilismo de la institución, ante los adelantos que se estaban  dando, tanto al interior de la sociedad como en el mundo exterior; reforma en la  cual es necesario destacar que el Estado no asumió un papel protagónico, en  virtud de la influencia que ejercía una concepción –un tanto vaga– de autonomía  universitaria (Texera Arnal, 1999) que, aunque no había sido puesta en práctica  en el país, por las condiciones políticas imperantes,<sup>3</sup> sin embargo,  contaba con gran aceptación.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Todas estas medidas generaron una discusión que enfrentó posiciones ideológicas  opuestas, en las cuales encontramos algunas de las tesis consideradas como los  antecedentes de las políticas educativas, puestas en práctica dos décadas  después. Entre esos temas, el del control de la educación por parte del Estado  –que en el ámbito universitario se vincula con el problema de la autonomía–, la  educación laica versus la confesional y la libertad de enseñanza, generaron  fuertes polémicas entre las organizaciones políticas que fueron el embrión de lo  que hoy son Acción Democrática (AD) y Copei, polémica en la cual las ideas  modernizantes de los grupos identificados con Acción Democrática, contaron con  el respaldo mayoritario de la sociedad y se convirtieron en los postulados  emblemáticos que, en materia educativa, formaban parte del proyecto modernizador  de Venezuela.    <br>     <br> <b>La universidad en el proceso modernizador: una aproximación histórica</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La existencia de la universidad moderna, entendida como la que se desarrolló en  el proceso de ruptura con la Iglesia como su eje ético, y la teología como su  fuente de saber, se remonta en Europa y Estados Unidos al siglo XIX; en América  Latina, su presencia comienza a sentirse a raíz de los movimientos  independentistas, su éxito en la constitución de las repúblicas y sus intentos  por construir una universidad que rompiera el nexo colonial confesional.<sup>4</sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La especificidad del proceso histórico venezolano remite a la constatación de  indicios modernizantes en la universidad venezolana de finales del siglo XIX,  que se expresan en la introducción de «...palabras claves –bienestar y  progreso–... temas como unidad nacional, poblamiento, vías de comunicación,  instrucción popular y desarrollo de una educación científica... [cuyo objetivo  era]... reforzar el ideario político del liberalismo y la fuerza intelectual de  los proyectos modernizadores en el ámbito administrativo» (Bigott,  1998:105-106).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos de estos temas encontraron en el positivismo una fuente importante de  inspiración, lo cual dio a la universidad venezolana ciertos aires de  cientificismo que, durante las primeras décadas del siglo XX, se acentuaron en  la medida en que se generó un clima intelectual, en el cual la ciencia tuvo un  mayor reconocimiento, sobre todo en lo que estaba relacionado con los adelantos  en el campo de la medicina, lo que colocó a esta disciplina a la vanguardia de  la ciencia y de la formación científica en Venezuela (Freites, 1996).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, no puede pasarse por alto dos medidas que tuvieron repercusión en  cuanto al papel que jugó la universidad en el proceso modernizador: 1º el  mantenimiento de la clausura –ordenada por Castro– de dos universidades de  provincia (La Universidad del Zulia y Universidad de Carabobo) con lo cual se  cerraba el paso –por lo menos por esa vía– a la posibilidad de que otras  regiones del país se incorporaran a los movimientos modernizadores y 2º la  creación de escuelas superiores orientadas a formar especialistas en diversas  ramas científicas y en el derecho –esta última la única permitida en Maracaibo y  Valencia–, lo cual, a juicio de algunos historiadores, repercutió en una  formación más profesional de los egresados de estas escuelas, así como en un  mayor control político por parte del gobierno (Freites, 1996; Leal, 1981).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <b>La consolidación del proyecto modernizador en la educación venezolana</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con la caída de la dictadura perezjimenista se inicia en Venezuela una nueva  etapa en todos los planos de la vida nacional. Sobre la base de la identidad de  las distintas fuerzas sociales con la democracia, como forma de participación  ampliada, de la solidaridad entre las fuerzas, en contra del militarismo y de la  comunión de intereses (Ramos Jiménez, 1987), se impone el proyecto que había  comenzado a plantearse desde las primeras décadas del siglo como la alternativa  ante el Estado desmembrado y casi incipiente prevaleciente desde el siglo XIX,  ya que durante el “trienio adeco” (1945-1948) y en la década que le antecedió,  aunque este proyecto existió como discurso, no tuvo el consenso necesario de las  distintas fuerzas sociales para hacerlo viable y prevaleció en estado latente  durante la década 48-58.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este marco, los objetivos de la política educativa del Estado venezolano  pueden ser definidos como: 1º democratización, 2º modernización y 3º  legitimación de la democracia.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dadas las premisas sobre las cuales se construyó el proyecto, la democratización  de la educación suponía la garantía de acceso de toda la población al sistema  educativo y, en consecuencia, a la universidad. A la par de ello, se buscaba  promover la movilidad social ascendente y la conformación de las capas medias,  tan necesarias para la consolidación del proceso, al tiempo que se desarrollaba  la conciencia política entre los ciudadanos acerca de sus derechos civiles.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, se entendió que a través de la educación de masas se lograría la  capacitación de los recursos humanos necesarios para llevar adelante el  desarrollo económico y social, a semejanza de lo que había sido y era para el  momento el mundo industrializado. No por coincidencia estos planteamientos  modernizadores estaban fuertemente respaldados por los organismos  internacionales, como Cepal y los propios países desarrollados, los cuales, al  privilegiar lo económico entienden que la función prioritaria de la educación se  inscribía en la formación del capital humano.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por último, aunque no menos importante, hay que destacar el objetivo subyacente  de la política educativa a partir de 1958: legitimar la democracia como la mejor  forma de gobierno posible, de tal suerte que la educación al permear todos los  estratos sociales logrará el consenso necesario para garantizar la integración  cultural de la sociedad venezolana.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Es en este contexto, delimitado temporalmente desde el año 1958 hasta  aproximadamente finales de los ochenta, cuando puede identificarse la  consolidación y vigencia de la universidad moderna en Venezuela, que responde al  modelo «... profesionalizante puesta al servicio de estrategias de desarrollo  que la mayoría de las veces busca superar el estado semi-industrial en el que se  encuentran sus poblaciones» (Torres y Rivas, 1998:71). Este modelo tuvo como  características fundamentales la autonomía, la gratuidad y el cogobierno,  consagradas en la Ley de Universidades promulgada el 5 de diciembre de 1958, así  como la sustitución definitiva de la Iglesia como eje ético y la teología como  principio orientador del conocimiento, por el Estado y el saber científico.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, aunque no estaba expresamente referido como tal en el proyecto,  la universidad se caracterizó durante los primeros años de la democracia por ser  un espacio para la lucha ideológica y política, por una parte entre quienes  adhirieron el proceso democrático, tal como fue diseñado a partir de los  acuerdos entre los grupos políticos más importantes del momento y, por la otra,  por quienes asumieron el desarrollo político posterior al 58 como una traición a  los ideales con los cuales se habían identificado las distintas fuerzas para  derrocar al dictador (López, 1998).    <br> La presencia de los intelectuales en el proceso modernizador     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En el proceso que llevó al derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez, los  intelectuales, muchos de ellos pertenecientes al pequeño cuerpo académico de las  universidades, actuaron como protagonistas de primera línea al tener una  participación activa en el debate político y en la definición de los parámetros  que orientarían el modelo de país; así «... estudiantes, profesores y empleados  estuvieron entre quienes proclamaron el retorno a las libertades civiles»  (López, 1998:96), lo cual se tradujo en el reconocimiento de la importancia de  la institución, en la vida del país por parte del Gobierno provisional,  concediéndole prioridad a la promulgación de la ley respectiva.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta presencia de los intelectuales en la vida política, se extendió al interior  de la universidad, en la medida en que su nueva condición de autónoma y  democrática establecía el escenario necesario y propicio para que se  desarrollaran «...individuos y facciones que representaban las más diversas  concepciones de lo que debería ser el país» (Bonilla y Silva Michelena, 1967:20)  y de lo que para ellos era la universidad y el papel que le tocaba desempeñar en  esta etapa modernizadora.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos tendencias antagónicas se enfrentaban, aunque el objetivo final y el  resultado de su polémica terminara en la construcción de una institución que,  independientemente de la evaluación que hoy de ella se haga, rompió con los  esquemas de lo que había sido la universidad, y se incorporó a su propio ritmo y  de acuerdo con su naturaleza, al proceso modernizador, relanzado con el proyecto  democrático.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Tales tendencias podrían caracterizarse como una revolucionaria, según la cual  la universidad es un instrumento político para alcanzar el triunfo de la  revolución socialista y, la otra, desarrollista o modernizante, para la cual  este proceso sólo podría darse en la universidad, en la medida en que  sustituyera las viejas estructuras por las modernas establecidas en los países  desarrollados, especialmente Estados Unidos (Albornoz, 1972).    <br>     <br> <b>La metodología empleada</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La investigación realizada, la naturaleza de la fuente de información y de la  temática, impusieron el uso de la metodología cualitativa, lo cual supuso tres  aspectos que debían ser cubiertos: los sujetos, su selección y el análisis de  las entrevistas realizadas. Sobre los dos primeros aspectos teníamos que  ajustarnos a lo que fue decidido en el marco de Venelite; con relación al  tercero, se establecieron tres momentos del análisis del contenido de las  entrevistas. En cuanto a los sujetos, ya fue dicho que se escogió a un grupo de  individuos que en Venelite fueron seleccionados por ser representativos de un  sector importante de la sociedad venezolana en ese momento.<sup>5</sup> La  condición adicional que se estableció para seleccionarlos para esta  investigación, fue que se identificaran en la entrevista como profesores  universitarios, independientemente de que desempeñaran alguna otra actividad,  por la cual pudieran también haber sido escogidos. Es decir, algunos de los  entrevistados ocupaban posiciones importantes en organizaciones políticas e,  inclusive, como miembros del Congreso Nacional, sin embargo, ello no privó a la  hora de identificar su profesión. Esto era importante en virtud de los objetivos  de la investigación. En definitiva, de las 193 entrevistas se tomaron 15,<sup>6</sup>  una de las cuales tuvo que ser desechada en virtud de que su transcripción en  microfichas era absolutamente deficiente. Todas las entrevistas fueron  realizadas del 30 de septiembre de 1963 al 23 de marzo de 1964, y aunque la  mayoría de los profesores pertenecían a la Universidad Central de Venezuela,  también formaron parte de la muestra profesores de La Universidad del Zulia, la  Universidad de Oriente y la Universidad Católica Andrés Bello.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Una vez obtenidas las microfichas de las transcripciones de las entrevistas, se  dio inicio al trabajo de análisis de las mismas, el cual implicó tres momentos  que, a su vez, requirieron tres lecturas diferentes del material:    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. Cada entrevista fue leída en su totalidad para determinar los aspectos  desarrollados por el entrevistado, en todo lo relacionado con el tema  universitario y otros aportes que fueran relevantes para el trabajo, en función  de los objetivos perseguidos. Al final de esta lectura teníamos un resumen de la  entrevista.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 2. Un segundo momento supuso otra lectura de cada entrevista, pero ya con una  batería de categorías que permitieron organizar el discurso del entrevistado, de  acuerdo con ideas centrales, surgidas de la primera lectura: condiciones de  ingreso como profesor universitario; la carrera académica; concepción de la  docencia; la universidad; el Estado; la autonomía universitaria; la reforma  universitaria; las relaciones de poder en la universidad; los estudiantes  universitarios; las lealtades; el futuro del país.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 3. Finalmente, la última lectura del material fue a lo largo de todas las  entrevistas y, de acuerdo con el análisis temático (Boyatzis, 1998), se  establecieron seis temas, su clasificación e interpretación: 1. Universidad; 2.  Docencia; 3. Investigación; 4. Carrera académica; 5. Relaciones de poder; 6. El  Estado y la universidad.    <br> Por otra parte, las entrevistas incluían una ficha biográfica de identificación,  que aportó información con relación a los antecedentes familiares y la formación  académica de los entrevistados.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La confiabilidad del análisis es producto del cotejo de la información obtenida  a través de las entrevistas con documentos oficiales,<sup>7</sup> producidos en  el momento en el cual éstas se realizaron, así como con análisis históricos y  sociológicos, entre los cuales fue necesaria la contrastación con los resultados  obtenidos en el estudio de Venelite. Esto permitió tener una mayor comprensión  del contexto histórico, tanto como de las condiciones institucionales que le  dieron marco al testimonio de los entrevistados, así como controlar la  consistencia y veracidad de la información aportada.    <br>     <br> <b>Los antecedentes familiares y la trayectoria de ascenso social</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de los rasgos más sobresalientes del proceso de modernización del país tiene  que ver con la consolidación de una clase media cuyos orígenes los encontramos  muy indefinidos a lo largo de la historia venezolana del siglo XIX y comienzos  del XX. Es la inserción de Venezuela en el capitalismo mundial la que abre las  puertas a sectores emergentes, algunos de ellos producto de un doble movimiento  migratorio que impulsó definitivamente el crecimiento urbano: la migración  europea, fomentada con distinto énfasis por los gobiernos desde Guzmán Blanco,  quien la definió como objetivo de su programa modernizador, y la migración del  campo a la ciudad –como consecuencia de la aparición de actividades económicas  diferentes a la tradicional agricultura–, donde poco a poco desarrollan un  conjunto de actividades y de símbolos, todo muy vinculado a un consumismo casi  compulsivo, que les diferencian del resto de la población, y que son expresión  de un ascenso social nunca antes visto en la Venezuela igualitaria.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En el caso de los intelectuales, varias son las razones que conducen a reafirmar  lo anterior. Por una parte, al estudiar el origen geográfico de las familias de  los entrevistados y de sus cónyuges, encontramos que siete de los trece que  aportaron información, con relación al lugar de procedencia de sus padres y/o  abuelos, maternos y paternos, señalan que éstos –todos o algunos de ellos–  provinieron de Europa, específicamente de Italia, Francia y España, aunque los  entrevistados eran venezolanos, nacidos en la provincia; cinco informaron que  ellos, sus padres y/o abuelos eran nacidos en pueblos del interior del país y  sólo uno de los entrevistados era nativo de la ciudad de Caracas, «...esa  Caracas del año 20 que más que capital de la República parecía del desengaño  venezolano» (Mariano Picón-Salas, citado por Campos, 2001), cuyo crecimiento y  consiguiente urbanización posterior fue una de las expresiones del proceso de  modernización del país.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, si a esta descripción del origen geográfico de los entrevistados  y su familia, agregamos la información con relación a la ocupación de los padres  y abuelos, nos encontramos con unos antecedentes socioeconómicos relativamente  modestos (Bonilla, 1972), en tanto siete de los entrevistados dan cuenta de la  ocupación de sus padres como comerciantes, docentes y músicos y los seis  restantes informan que la ocupación de sus padres era de abogados y médicos. Sin  embargo, en este caso, es de destacar que dos de los entrevistados son hijos  nacidos fuera del matrimonio de su padre, con toda la carga valorativa con la  cual la sociedad juzgaba este hecho, que incide más en la condición del hijo, en  cuanto a su clase social, que en la del padre que lo engendró, por lo cual su  identificación es con la clase social de la madre, cuya ocupación es la que  tradicionalmente se le atribuye a la mujer, oficios del hogar. Sólo cuatro de  los padres de los entrevistados poseen educación superior.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de lo anterior, es interesante observar los títulos obtenidos por los  entrevistados –únicamente cuatro profesores informaron poseer sólo título de  pregrado, aunque dos de éstos dan cuenta tener dos pregrados– y las  posibilidades reales que tuvieron algunos de ellos de obtenerlos en  universidades del exterior, para percibir cómo lo que fue la situación modesta  de su grupo familiar contrasta con las posiciones de poder que ellos alcanzaron  y de la cual da crédito también su inclusión en la élite, así como la  descripción, que al efecto realizó el equipo de Conven, de dónde estaba situado  cada grupo muestral con respecto a las líneas de diferenciación social que  orientaron el estudio (Bonilla y Silva Michelena, 1967).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo anterior se complementa con la información con relación a su pareja, toda vez  que todos los entrevistados varones (13) son casados y también todos –excepto  uno– identifican a sus esposas como de oficios del hogar, aunque ellas hayan  alcanzado cierto nivel de formación, incluso más allá de la primaria completa;  este rasgo puede decirse que fue típico de la clase media en ascenso, en la cual  el lugar de la mujer estaba en el hogar; atendiendo a la familia, los hijos y el  marido, no necesitaba trabajar como las mujeres «pobres», pero tampoco le estaba  permitido el ocio propio de las clases altas. Su sustento y el de su grupo  familiar era obtenido por el hombre y su posición poco incide en el ascenso  social de su familia, de allí que «...tanto en función de origen como de  matrimonio, los miembros de la élite... están atados a un mundo social formado  en su mayor parte por individuos con cultura y logros modestos de clase media»  (Bonilla, 1972:104).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de los elementos que generalmente se asocian al proceso modernizador es la  feminización, sin embargo, aunque estadísticas posteriores dan cuenta de la  creciente participación femenina en todos los ámbitos de la vida social,  política, económica y cultural de Venezuela, en el momento histórico en el cual  se hizo la selección de la muestra representativa de la élite cultural y en ella  el sector de los académicos, y la realización de las entrevistas respectivas,  sólo una mujer forma parte de esa élite. Al respecto, por lo que esto significa  para entender el proceso que se estaba viviendo, es conveniente acotar que es la  única soltera del grupo y además declara con franqueza que su participación en  la vida académica y política (es miembro del Congreso Nacional y de la dirección  nacional de su partido) le ha impedido pensar en formar una familia, ya que ello  sería un obstáculo para atender sus obligaciones en esos ámbitos, donde su  vocación y pasión le convocan a participar. Esta ausencia evidente de la mujer  venezolana en los escenarios de la vida política y social, muy marcada en el  caso de las mujeres casadas, nos está hablando de cuál era «...el rol de la  mujer en Venezuela, el cual enfatiza su dependencia conyugal, su nivel más bajo  de educación, su menor exposición a las fuerzas del cambio y su sitio en el  hogar» (Bonilla y Silva Michelena, 1967:223).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En síntesis, puede decirse que el grupo de profesores universitarios que se  seleccionó como sector representativo de la élite intelectual es expresión del  proceso de movilización social que formó parte de la modernización del país;  consigo mantienen muy internalizada «...su preocupación por cuestiones de  posición social, corrección en la conducta y reglas de decoro provincianas»  (Bonilla, 1972:177); su identificación con valores morales y religiosos, a pesar  de su reconocimiento de la ciencia y de la razón, como legitimación de sus  normas de comportamiento social, no les permite desprenderse de una concepción  tradicional de las relaciones sociales, en la cual, por ejemplo, la lealtad a la  familia, reconocida por todos los entrevistados como la más importante de las  lealtades, sigue identificándolos con una sociedad rural que no ha despegado  totalmente hacia la modernidad o, por lo menos, hacia lo que es su concepción  convencional.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, ello no es óbice para que este sector de la sociedad venezolana, en  el cual suponemos se dio una lucha entre lo tradicional de sus orígenes y lo  moderno de su formación intelectual y académica, sea realmente impulsor  ideológico de la modernización de las instituciones sociales, entre las cuales,  como veremos más adelante, encontramos la universidad.    <br>     <br> <b>La universidad</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos autores coinciden en señalar que el proceso modernizador del país  encontró en la educación formal su «punta de lanza» (De Viana, 1998:151). La  educación permitió consolidar en el contexto ideológico una serie de «verdades»  que hicieron posible el ascenso social, la conformación de la clase media, la  aceptación de la democracia como la mejor forma de gobierno, todo ello expresión  del proceso de modernización con la impronta venezolana.<sup>8</sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Para entender en este contexto la visión de universidad que priva en quienes  tuvieron en sus manos la conducción de la institución, en un momento clave de la  historia venezolana, es necesario reconocer la existencia de un conjunto de  relaciones y de procesos que tienen que ver con la concepción dominante de  universidad, pero también con la manera como se percibe su funcionamiento, su  razón de ser, su relación con el Estado y su papel en todo este proceso de  modernización. De allí que el análisis de las entrevistas permitió identificar  conceptos cuyo eje es la concepción de universidad, en un conjunto de  apreciaciones en torno a autonomía, funciones básicas, funcionamiento, problemas  de acceso y relaciones de poder.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese ambiente marcado por el rentismo, prevalecía la idea de la necesidad de  formar técnicos que respondieran al crecimiento económico que se estaba dando a  la sombra del petróleo, lo cual llevó a Picón-Salas a decir que «la dolencia de  la época... es haber hecho de la vida un maratón hacia el dinero, un pragmatismo  esterilizante de otras formas más altas de existencia...» (citado por Leal,  1981:268), maratón del cual la universidad no escapó –pero que gracias a la  insistencia de intelectuales como Picón-Salas permitió la creación de facultades  y escuelas más orientadas hacia lo humanístico y social, mientras las carreras  técnicas obtenían un respaldo definitivo, con la creación de nuevas escuelas,  departamentos e institutos; así, «...pasaron a formar parte de la universidad  las escuelas de Agronomía, que funcionaba como dependencia del MAC y la de  Veterinaria...» (E13),<sup>9</sup> en un afán por ganar el tiempo perdido, en  términos del desarrollo que como meta debía alcanzar el país, con el apoyo de la  universidad y en consonancia con los lineamientos del desarrollo social y  económico perseguido.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo anterior es expresado descarnadamente por uno de los entrevistados en los  siguientes términos:    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> ...considero un absurdo que haya cuatrocientos estudiantes en la Escuela de  Sociología... una inscripción en primer año de 280 alumnos... ¿qué vamos a  hacer... con mil o con dos mil sociólogos y antropólogos?... en cambio, busque  usted un ebanista calificado, no lo hay, un carpintero de primera,  difícilmente... (E2).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A la universidad, concebida como «...el pivote y el termómetro de la vida  nacional... [que es] una cosa extraordinaria... es como los sindicatos, como el  Ejército, los tres poderes políticos más fuertes en este país» (E2), se le  atribuye una alta responsabilidad en el logro de las metas de modernización, en  la medida en que le corresponde ser “...afianzadora de la cultura nacional...  defensora del legado intelectual, científico y moral de la generación pasada,  estimuladora de las del presente e iluminadora de la del porvenir...” (E10).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Tarea en la cual le corresponde «...ser la forjadora de la clase dirigente del  país...» (E14), cuestión que no puede delegar en ninguna otra institución, en  tanto «el problema de la educación de la juventud de un país [es] lo  suficientemente grave para que sea tratado a nivel universitario... »(E14), ya  que es de aquí de donde «...van a salir los dirigentes de la vida nacional...  los técnicos, los científicos y los profesionales que el país, la nación,  requiere para su proceso y su desarrollo en todos los órdenes...» (E8).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta idea de la universidad como motor del desarrollo corresponde a la visión  del desarrollismo latinoamericano, que deposita en la educación y, de manera  particular en la educación profesional, la responsabilidad de llevar adelante la  tarea modernizadora, en el entendido de que ésta supone emular los países  desarrollados, que han alcanzado altos niveles de industrialización. Aunque  desde comienzos de la década de los cincuenta, venía siendo propuesta la idea de  la necesidad de una educación pragmática, «...un tipo de educación  miserablemente práctica...» (E11), no es sino hasta la instalación de la  democracia cuando tal necesidad se percibe como perentoria. Esto hace que se  promueva la creación de universidades experimentales, cuyo objetivo académico  era consolidar un modelo que respondiera a las necesidades de las regiones,  «...pensada en función de la producción minera...agrícola... de la riqueza  marítima...» (E13).    <br>     <br> ... de predominio tecnológico [debido] a la convicción que tenemos de la falta  de capacitación de nuestros grupos profesionales, en las modernas ramas en las  cuales se basa hoy en día la industria moderna, así como la explotación adecuada  y racional de nuestros recursos... [donde se] formen realmente el tipo y la  calidad de técnicos, de altos técnicos, de tecnólogos y profesionales que  necesita el país para su progreso... (E9).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Imbuidos de esta noción del progreso y, convencidos de que la riqueza del  subsuelo nos hace un país de abundantes recursos materiales, que sólo requieren  ser explotados adecuadamente, la discusión se desplaza hacia el campo  político-ideológico. Así, se piensa que «... la universidad en Venezuela debe  dar cabida... por la misma formación del país, a todas las tendencias  ideológicas, que deben encontrar en la universidad el centro que garantice la  libertad de discusión y del tratamiento científico de estos problemas [del  país]» (E13).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La polémica ideológico-política se profundiza y se hace más violenta, en la  medida en que el consenso logrado alrededor del proyecto democrático del país se  debilita y da origen a profundas diferencias, que también se hicieron sentir en  la universidad. Esta disolución del consenso hace que uno de los profesores  entrevistados diga, casi con nostalgia, que...     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> ... había un espíritu... de comprensión colectiva que hoy se ha perdido...  todavía no se había despertado esta tendencia de la posición partidista o de  grupo y se veía el problema... como problema nacional... (E13).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal trascendencia de los problemas universitarios al plano nacional se derivaba,  entre otras cosas, de la importancia que se le atribuía a la universidad como  agente en el proceso modernizador; con el tiempo esta preocupación nacional por  los problemas de la universidad, si bien siguió siendo consecuencia del  reconocimiento de su importancia, también comenzó a tener que ver con la  agitación, expresada en acciones de calle, por los estudiantes, y la intromisión  de los partidos políticos, que permearon el espacio universitario de tal manera  que, según uno de los entrevistados «...el 90% de las crisis que han ocurrido en  la universidad no se han creado internamente [sino] por influencias exteriores  de los partidos políticos... esto es, prácticamente incontrolable...» (E7).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta discusión ideológica supone a su vez el enfrentamiento de grupos bastante  definidos con relación a temas cruciales de la educación superior, en tanto  comprometen la filosofía de la gestión universitaria, tales como el acceso, la  gratuidad, la autonomía, temas que derivan su carácter polémico, de su  vinculación con valores muy internalizados por la sociedad venezolana: la  igualdad social y la garantía del ascenso que la renta petrolera «pagaba», el  proceso modernizador requería y la democracia garantizaba.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En un proceso con esas características se abrieron las puertas de la educación a  todos los venezolanos. En el caso de la educación superior, la matrícula  estudiantil creció vertiginosamente, pues de 16.795 inscritos para el año 58,  pasó a 36.999 en el 64 (OPSU, 1990:317), realidad para la cual no estaban  preparadas las instituciones desde ningún punto de vista. Al respecto, uno de  los entrevistados señala que «...la extensión de inscripción en la universidad  ha sido tan violenta, que prácticamente es imposible que funcione eficientemente  por el número de alumnos que tiene en sus diversas facultades y escuelas...»  (E7).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta situación, que conlleva a la formulación de medidas de restricción del  acceso, implica para la universidad venezolana una decisión que compromete a los  distintos grupos que forman parte de la universidad. Por una parte, quienes  perciben que con ello se está cercenando uno de los derechos más privilegiados  de la democracia, como lo es el derecho al estudio y, por la otra, quienes  consideran que el aumento indiscriminado de la matrícula representa una amenaza  contra la calidad de la enseñanza. Los primeros estaban identificados con los  sectores mayoritarios de la población, cuyas expectativas de ascenso estaban  basadas en la posibilidad real de continuar sus estudios superiores (López,  1998); eran los estudiantes que, habiendo egresado de la educación media, sólo  tenían la salida que ofrecía la universidad.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, las instituciones, representadas por sus profesores y sus  autoridades, tenían conciencia de que si bien el modelo de universidad que  estaban prácticamente estrenando estaba inspirado en ideales democráticos, esto  no podía atentar contra la calidad de la enseñanza. De allí que la mayoría de  los entrevistados se mostrara a favor del establecimiento de restricciones al  acceso a la universidad. Para fundamentar esta opinión recurren a varios  argumentos. Uno tiene que ver con la necesidad de «...lograr una buena selección  de los estudiantes...» (E9), ya que «...la universidad... es y seguirá siendo  una institución en donde acude la selección de lo mejor del país...» (E12); otro  argumento, tiene que ver con el desfase que percibían entre el crecimiento de la  matrícula y el presupuesto asignado, lo cual no permite que las instituciones  brinden la atención requerida a los estudiantes, «...es absolutamente imposible  que la universidad en general y las escuelas particulares, puedan seguir el  ritmo de crecimiento... indiscriminado, porque nos vamos a convertir... en una  fábrica de graduados...» (E2). En virtud de ello se plantea que tal presión  estudiantil debe ser atendida y que «...el problema no es de la universidad, ni  de las facultades, es un problema de orden nacional, el cual le toca al gobierno  resolverlo, o sea, la creación de más universidades... de más institutos de  educación superior...» (E7).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este sentido, el rector De Venanzi (1997), en una actitud que toma distancia  de los dos puntos de vista antagónicos, propone tres premisas, con las cuales  fija posición con relación al problema del aumento de la demanda: primero, el  reconocimiento de la necesidad de que la educación superior crezca en función  del desarrollo del país; segundo, al tiempo que se atiende el crecimiento, debe  darse prioridad al fortalecimiento de la calidad y, tercero, darle un  tratamiento diferencial a la Universidad Central de Venezuela para que los  estudiantes acudan a otras instituciones de educación superior y no se  concentren en la UCV.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En consecuencia, puede decirse que desde la propia universidad se ofrecen los  argumentos por los cuales se plantea la diversificación de las instituciones  como una salida al problema de la expansión universitaria, cuestión aprovechada  por el Gobierno para la creación de instituciones de educación superior, quizás  con la intención no declarada de garantizar un mayor control político de las  universidades en un momento en el que las condiciones de peligro para la  estabilidad del sistema se enriquecían con la presencia de los sectores  estudiantiles de izquierda «... prácticamente confinados al ámbito  universitario, para poder encontrar canales de expresión política...» (E5).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los problemas del cupo y de la selección de estudiantes se convirtieron en  algunas de las formas de expresión del desfase entre las expectativas creadas y  su satisfacción, lo cual originó un enfrentamiento con el Gobierno, responsable  de no proveer a las instituciones de los recursos suficientes para solventar esa  situación. Así, una relación que comenzó siendo de entendimiento entre el  Gobierno y la universidad, se fue deteriorando en la medida en que «... se fue  creando un contraste entre la vida universitaria y la situación en que el  gobierno mantenía al país... los problemas se presentaron de forma indirecta...  a través de menor apoyo hacia la universidad para la realización de sus planes,  restricciones presupuestarias...» (E5).     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, esta relación que pareciera mediada por el financiamiento, tuvo sus  mejores momentos cuando se basó en la concepción autonómica y el reconocimiento  que de ella tuvo el Gobierno, aun dentro del esquema del Estado docente y, a  pesar de que «...AD, el partido más poderoso del país, estaba en desacuerdo con  la autonomía universitaria... [porque consideraba que] es un sistema [que]  desarticula a la universidad del sistema educacional del país...» (E5), por lo  tanto «... la universidad [se mantiene como] el único reducto donde aún se  conservan las libertades...» (E6).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La autonomía plena fue una conquista de la universidad venezolana, largamente  pospuesta por los gobiernos hasta la caída de la dictadura, cuando se decreta  por ley. Tal autonomía es considerada como garantía «para el progreso de la  universidad... [y] factor muy positivo para que se perfeccione el sistema  democrático» (E5). Esta concepción de la autonomía es también fuente de polémica  ideológica en el seno de una institución que, como ya se dijo, estaba  profundamente politizada; ello hace que uno de los entrevistados señale que la  solución a los problemas de la universidad es una «...genuina autonomía, que no  sea una autonomía cojitranca... para que no haya imposición de cátedra, no tenga  nadie que intervenir en la designación del profesorado... en los planes, en los  programas, en las elecciones de autoridades universitarias, en los centros  universitarios...» (E10), cuestiones en las cuales el peso de la intromisión  política comenzaba a sentirse, a pesar de que hubo un tiempo en el cual el  predominio del consenso en el interior de la universidad impedía que intereses  no universitarios intervinieran en la toma de decisiones.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este sentido, uno de los entrevistados señala que, en el Consejo  Universitario «...el punto de vista principal siempre fue... el universitario,  apartando puntos de vista personales... [así, la] creación de diferentes  escuelas... de la Facultad de Ciencias, creación de una serie de actividades  nuevas... en momentos de crisis... muy intensas que vivió la universidad...  [fueron posibles gracias a] la autonomía universitaria...» (E7).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El período que estamos analizando fue un tiempo de crisis, de acomodos y  reacomodos que, más pronto que tarde, vio cómo desaparecía ese espíritu unitario  en el cual aparentemente reinaba la unidad de criterios, alrededor de un solo  interés: la universidad. Sin embargo, es evidente que el clima de confrontación  existente en el país no podía ser ajeno a una institución como la universidad y,  mucho menos, a la universidad venezolana de ese momento, tan profundamente  implicada en los movimientos políticos y sociales que hicieron posible el fin de  la dictadura y el inicio, con bases firmes, del proceso democrático.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este escenario se estableció una lucha por la distribución del poder entre  distintos grupos, identificados académica, ideológica, política y hasta  generacionalmente. Por una parte, los conservadores, generalmente los  profesores, «...para éstos hay que cumplir muy rígidamente los reglamentos...  hay que aplicar... la porción coactiva más propiamente que la persuasiva...»  (E11), por la otra, los estudiantes y algunos profesores progresistas o  «liberales», «... la tendencia de la disciplina persuasiva, la disciplina basada  en la creación de hábitos adecuados... prácticamente lo que significa una  verdadera concepción pedagógica...» (E5). Enfrentamiento que trasciende lo  pedagógico, en tanto implica, incluso, un cuestionamiento a la autoridad y a su  ejercicio, se plantea «... la crisis de autoridad, de ¿quiénes gobiernan? ¿La  Federación de Centros o es la autoridad universitaria de los decanos?...  disolución de autoridades de la universidad, que caen en las manos de una  mayoría irresponsable...» (E14). Argumento fuerte y polémico que habla de un  «...antagonismo entre el profesorado y el estudiantado, que probablemente se  agravará...» (E2).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Finalmente, aunque son muchas las consideraciones que pueden hacerse con  relación a la concepción de universidad, a partir del material que aportan las  entrevistas –dada la riqueza del discurso de estas personas, testigos clave de  un hito de la historia venezolana–, la idea central sobre la cual gira la  posición que asumieron frente a la realidad de la universidad, sus problemas y  cómo superarlos, apunta hacia una visión modernizadora de la institución, su  papel en la modernización de la sociedad y los cambios que debe sufrir para  adecuarse a estas exigencias. Como antecedentes de este proceso el testimonio de  uno de los entrevistados da cuenta cómo en la década de los cuarenta,     <br>     <br> ...la universidad estaba muy centralizada, todo dependía del Rector; nos  propusimos descentralizar... dándoles más atribuciones a los decanos... los  consejos de Facultad los llevamos a ser organismos deliberantes efectivos... y  así la universidad llegó a adquirir la significación de...propiamente alma mater...  (E13).     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto en el plano del gobierno universitario cristalizó en la Ley de  Universidades del 58; en el orden académico, entre los cambios propuestos y  llevados a cabo, muchos de ellos tenían que ver con la necesidad sentida de  adecuar las estructuras, el currículo, todo el ejercicio de las funciones  docentes, de investigación y extensión; al efecto «...la creación del Consejo de  Desarrollo Científico...el Programa de Formación Docente...» (E5), «... la  organización por departamentos y por cátedras...» (E2), «... la organización de  una escuela de cursos básicos, previa a las escuelas profesionales, la creación  de escuelas predominantemente de carácter tecnológico... profesores a tiempo  completo y estudiantes a tiempo completo...» (E9), son algunas de las medidas  que se planifican y –en buena medida se ejecutan– para responder a lo que se  consideraba era la exigencia de la modernización, respaldada, además, por la  presión ejercida por organismos y asesores internacionales, para la adopción de  modelos universitarios exitosos en Europa y en Estados Unidos, cuya influencia  se deja sentir en la medida en que los profesores e investigadores son enviados  a universidades de esos países a realizar estudios de posgrado:     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> ... este año hemos empezado a publicar obras de alumnos que... fueron a  Europa... otros se han ido a América... (E4), ...nuestra Escuela es pionera de  la enseñanza del periodismo... al respecto es sumamente importante la  contribución que han aportado algunos graduados de la Escuela que hemos enviado  a través del CDCH a París y a Estados Unidos, hemos aprovechado la experiencia  norteamericana por una parte y la experiencia europea por otra... (E6).    <br>     <br> <b>Una profesión que comienza a crecer</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Este proceso de modernización de la universidad que se sentía como imperativo,  pasaba por cambios que modificaron la concepción del profesor universitario, en  su condición como docente y –lo que era hasta cierto punto novedoso, en nuestro  medio– como investigador.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Un elemento a considerar en la información obtenida al respecto entre los  entrevistados es que la mayor parte de ellos realizaron estudios de alguna  naturaleza en el exterior, por lo cual su concepción en relación con la carrera  profesional del profesor universitario está fuertemente influida por su  experiencia en universidades de Estados Unidos, Europa, México y Chile.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por supuesto, en gran medida, esta construcción hecha por los entrevistados de  su concepción de la profesión también responde a su experiencia en la carrera  académica, desde su inicio. Todos los entrevistados ingresaron a la universidad  como profesores, por invitación o sugerencia de alguno de los que habían sido a  su vez sus profesores. El carácter polémico de alguno de ellos encontró que su  ingreso generaba resistencias en la comunidad de profesores y estudiantes de la  Facultad o de la Escuela respectiva pero, sin embargo, tales dificultades fueron  superadas en la medida en que su reconocida compenetración con la universidad  fue, entre otras razones, lo que les condujo a destacarse y formar parte de esta  élite.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En una universidad profesionalizante, como lo era la venezolana de mediados del  siglo XX y, con especial énfasis en las profesiones tradicionales, es evidente  el predominio de estas profesiones entre los entrevistados; así, siete de ellos  son médicos o abogados,<sup>10</sup> los siete restantes son egresados de  carreras, hasta cierto punto novedosas en el país, como arquitectura, economía,  geografía, historia, periodismo, antropología y filosofía.<sup>11</sup> Sin  embargo, ello no fue óbice para que pueda hablarse de un denominador común, como  lo fue su convencimiento de que la institución en la cual se formaron, ya fuera  porque eran sus egresados o por su experiencia laboral en la universidad, debía  ser reformada en función de los nuevos tiempos que vivía el país.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con relación a esto, hemos organizado el análisis de las entrevistas, de acuerdo  con su referencia a cuatro puntos que consideramos clave, sin que ello  signifique desconocer que no se agota el tema: la profesión académica, la  docencia, la investigación, la participación política.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los aires renovadores de la institución universitaria comenzaron a percibirse en  la década posterior a la muerte de Gómez, sin embargo, como se ha repetido, este  proceso aunque no fue truncado por la dictadura perezjimenista, sin embargo sí  fue retrasado hasta el 58, cuando realmente comienza a sentirse en la  universidad venezolana la consolidación de esas ideas modernizantes no  cristalizadas. Parte importantísima de este retraso lo constituía el hecho de la  carencia de una tradición que permitiera hablar de la profesión académica. Así,  simplemente la cifra según la cual en 1958 hay 1.700 profesores universitarios,  no indica que estemos en presencia de una profesión definida, como tampoco puede  argumentarse que por el hecho de haber pasado a ser 3.844 en 1964 (OPSU,  1990:321) sí lo sea. En todo caso, lo que permite suponer la conformación de  esta profesión es que, entre estos profesores, ya se está creando la conciencia  de la identificación que surge de trabajar con el conocimiento, establecer lazos  comunes cuya referencia es la institución, e identificarse como miembros de un  grupo, con límites bastante bien definidos con relación a cualquier otro dentro  de la propia universidad.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos testimonios corroboran lo dicho. Por una parte, es evidente que ante la  novedad de las disciplinas nos encontremos con que «... realmente, no hemos  tenido tiempo de desarrollar un profesorado con una experiencia, hemos tenido  que recurrir a individuos recién graduados...» (E2); por la otra, comienza a  tener expresión el reconocimiento de que     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> ... en nuestro país, como en cualquier otro país, la categoría de profesores  universitarios es... una categoría relevante, que da prestigio en una comunidad,  que permite ciertas vinculaciones muy valiosas:...la oportunidad de superarse en  la ciencia, en las profesiones, tiene uno que estar en contacto con la  literatura y de practicar... los conocimientos, organizarlos... (E3).     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta conciencia de formar parte de un grupo específico tuvo como punto de  partida el ejercicio de la docencia; no podía ser de otra manera, en una  universidad donde el privilegio de la formación profesional y de la  especialización se imponía como motor del desarrollo. Ello marcó la definición  de la profesión en Venezuela, en tanto, como lo señala uno de los entrevistados,  «... no tenemos los especialistas suficientes en diversas ramas y eso conduce a  que un especialista... tenga que estirar hasta el máximo sus posibilidades de  clase con gran perjuicio suyo y del alumnado... el profesorado se tiene que  recargar...» (E11).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta dedicación a la docencia no respondía a una preparación pedagógica, por lo  que entre las exigencias que se le hacían al profesor estaba «...en primer  lugar, su competencia desde el punto de vista profesional... después su actitud  frente a...lo que es la docencia... que sea capaz de ser docente... que tenga la  suficiente comprensión de los alumnos...» (E12), ya que al decir de otro de los  entrevistados, «...una inmensa cantidad de profesores ni siquiera se plantean  problemas pedagógicos...» (E11). Quizás es este cuestionamiento a la carencia de  formación pedagógica lo que hace que una de las críticas más frecuentes al  ejercicio docente, por parte de la mayoría de los entrevistados, esté referida a  la necesidad de desterrar las memorizaciones, sin comprensión de lo estudiado y  el verbalismo vacío de la docencia tradicional; así,     <br>     <br> … con relación a los profesores, aparte de su vocación de pedagogo... hay que  pedirles...primero, información... que sean personas realmente informadas de lo  que ocurre en Venezuela y en el mundo, segundo, formación... que estudien  constantemente su materia, de manera que no se conviertan en gramófonos...  tediosos... fastidiosos y francamente improductivos... (E6).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta manera de concebir la docencia como instrumento novedoso, en un medio que  se había caracterizado –en general, con las excepciones que confirman la regla–  por la repetición memorística, acrítica y dogmatizada del conocimiento, estuvo  acompañada de la insistencia en una actividad que había estado casi reservada  sólo para los profesionales de la medicina, por lo menos como actividad  institucional. Se trata de la investigación, como una de las funciones que debe  cumplir el profesor universitario. En tal sentido, una de las prioridades  establecidas en el proceso de modernización de la institución tuvo que ver con  «...organizar el sistema que permitiera imponer los recursos a los profesores  que se interesaran realmente en la investigación...» (E5), en virtud de que  «...nuestro deseo es que en todas las escuelas y niveles se haga  investigación... esto es imprescindible para el alto nivel que deben tener los  estudios universitarios...» (E9), así, además de ser la expresión de un deseo,  si se quiere institucional, también en el plano personal se evidencia que «...en  la universidad aspiramos todos a ser investigadores y crear investigadores es  privativo de la universidad...» (E11).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Justamente, la novedad de la exigencia que se le estaba haciendo al profesor  universitario, en esta etapa en la que se aspiraba definir su perfil, de acuerdo  con lo que la Ley de Universidades prescribe, plantea ciertas condiciones, como  lo señala uno de los entrevistados,     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> ... la investigación requiere de mucha constancia, de mucho sistema, de mucho  sacrificio... requiere también modestia... generalmente los resultados de  investigación solamente se manifiestan a través de un grupo y no de  individualidades... se requiere... conocimientos sólidos y habilidad en el  manejo de los instrumentos de investigación... facilidad para comunicarse...  disposición para aceptar críticas... (E3).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La conjunción de actividades de docencia e investigación no sólo planteaba una  serie de características profesionales y personales al profesor, sino que fue  necesario modificar las condiciones de trabajo en la institución. De allí que se  considerara como un logro, que acercaba más a la universidad a lo que era su  concepción más moderna, la disposición de mayor tiempo de dedicación por parte  del profesor a su trabajo. En tal sentido, uno de los entrevistados señala que     <br>     <br> ... uno de los factores más importantes para subsanar la mayor parte de los  problemas universitarios es el problema de la dedicación exclusiva, es la clave  de la reforma de la universidad moderna, si no se consigue tener un núcleo  suficientemente grande de profesores a dedicación exclusiva, que consideren que  ésa es su profesión, es muy difícil que la universidad mejore su  funcionamiento... (E5).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto, al tiempo que es una exigencia de la universidad moderna, también tiene  sus recompensas, de tal manera que «...la labor universitaria de tiempo completo  es una actividad que tiene sus compensaciones, aparte de la simple cuestión  económica, se tiene la compensación del trabajo enormemente interesante, que no  tiene nada de rutina...» (E14).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Otro de los elementos concomitantes en el proceso modernizador de la profesión  académica tiene que ver con la forma de contratación, en tanto ello supone la  superación de la discrecionalidad política o personal del funcionario, a la hora  de contratar al personal: «...en todo el tiempo anterior, la provisión de cargos  era por simple propuesta que hacía el Decano... se procedía a base de relaciones  personales...» (E3).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los inicios de la carrera académica de los entrevistados son testimonio de la  forma como se producía la selección del personal y, aunque en el caso de estos  profesores su trayectoria universitaria desvirtúa cualquier posibilidad de  sospecha sobre la transparencia de su nombramiento, ellos proponen e impulsan el  establecimiento de los concursos como garantía de imparcialidad, en tanto  permiten «...un examen a fondo de las cualidades académicas, personales y  profesionales...» (E3). La puesta en práctica de este mecanismo tuvo, sin  embargo, oposición de quienes consideraban que los concursos «...se basan en la  apreciación de la persona en un hecho más o menos circunstancial...» (E5). Al  final, el concurso se convirtió en la forma de acceso para el personal académico  en Venezuela, tal como lo indica la Ley de Universidades, pero dadas las  condiciones en que se crearon muchas de las escuelas universitarias y las  instituciones experimentales, por ejemplo, es de esperar que este mecanismo se  convirtiera en una figura que, por su laxitud, dio cabida a contrataciones  improvisadas, que no siempre satisfacían los criterios de calidad esperados, con  el argumento de la escasez de recursos o, de la necesidad perentoria de  personal, ante el crecimiento de la matrícula; de tal manera que uno de los  entrevistados señala:</p>     <p align="justify">... nuestra Facultad... siempre ha confrontado limitaciones en cuanto a la  escogencia de su personal... por razones de lo limitado de su presupuesto... o  porque la propia juventud de esta disciplina universitaria ha obligado a ir  sobre la marcha... utilizar los propios egresados... inmaduros... (E3).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con relación a este punto es interesante destacar la forma como se veía la  contratación en dos instituciones no autónomas, una privada y una experimental.  En la primera, el testimonio de uno de los entrevistados, profesor de esa  institución, señala que la selección de los profesores en su universidad se hace     <br>     <br> ... con base de conocimientos personales... investigamos su curriculum vitae y  referencias y entrevista personal... no hemos hecho sistema de concursos, porque  nos parece que son más bien contraproducentes... [por lo tanto] la persona que  entra a la universidad... entra en una situación un poco precaria, encargado de  un curso durante un semestre, a ver si resulta o no... y la universidad no tiene  compromiso con él sino durante ese semestre... si después no resulta... nos  vamos como amigos... (E14).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En el caso de la universidad experimental, el profesor entrevistado señala que  en su institución:     <br>     <br> ... buscamos en los sectores correspondientes los candidatos para el  profesorado... se realiza... un examen de antecedentes... luego se efectúa un  sistema de entrevistas... luego... una serie de pruebas... de inteligencia... de  vocación... de personalidad... hacemos contratos preliminares de un año o dos...  ingresan definitivamente... una vez pasado este período de prueba... (E9).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este sentido, en la universidad autónoma se observa la previsión frente a la  posibilidad de enfrentamiento, toda vez que los grupos gremiales (entre los  cuales se encuentra los docentes) «...pueden crear dificultades importantes al  funcionamiento universitario... en lo que respecta a sus aspiraciones  gremialistas...» (E5).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Un elemento destacado en el desarrollo de la identificación de los profesores  como grupo diferenciado, se refiere a su participación política no sólo deseada,  sino incentivada por las condiciones de la institución, en ese momento en  particular. La efervescencia política que envuelve al país no es ajena a la  universidad y aunque el sector de los profesores universitarios es considerado  más como conservador, ello no es óbice para su participación política, por lo  cual, de acuerdo con uno de los entrevistados, «... en Venezuela la profesión de  profesor, si uno es profesor de verdad, lo acerca necesariamente a problemas  políticos...» (E11), en los que tienen gran injerencia los partidos,  acercamiento que implica también asumir una posición ideológica que poco a poco  fue degenerando en un pragmatismo generalizado.</p>     <p align="justify"><b>Presente y futuro del país</b>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Visto desde la perspectiva de hoy, varias décadas después, casi podría decirse  que en su visión de lo que era el presente y el futuro de Venezuela no había la  menor señal de pesimismo, ni tampoco parecía asomarse «el rostro del fracaso»  (Baptista, 2001), a pesar de la existencia de posiciones ideológicas opuestas.  Al contrario, todo indicaba que los problemas podían ser superados, con la  voluntad política a favor de los cambios y un consenso que comenzaba a  desmoronarse, pero que todavía permitía cierta dosis de optimismo. Parte de ese  optimismo era la confianza depositada en la universidad, como institución  modernizadora, paladín de la democracia, donde el tiempo tendría que demostrar  el triunfo final de la verdad. Todo no pasó de ser, como para el país, una  ilusión.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta visión prospectiva de quienes fueron seleccionados como integrantes de la  élite intelectual venezolana, se corresponde con la presencia de la corriente  modernizadora, apoyada en la presunción de que construir este proceso permitiría  al país colocarse a la altura de los países más avanzados del mundo,  garantizaría salir del atraso, superar la superstición y la dependencia  económica y cultural, al tiempo que sentaría las bases para transformar la  economía basada en el petróleo.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de este contexto, predomina la tendencia a analizar los problemas del  país en una trama de orden estructural que permite establecer relaciones  causales, encontradas tanto al interior como al exterior de Venezuela; así,  mientras que por una parte, el problema más importante es la «...dependencia  cada día mayor de una potencia extranjera...» (E6), también se plantea que  «...el factor fundamental en última instancia, estriba en un desajuste de la  vida económica... [la] disparidad entre estructura y desarrollo económico...»  (E3). Por otra parte, también se argumenta que los problemas más importantes son  «...la necesidad de estabilidad política, el desarrollo industrial, el  desarrollo agropecuario y una reforma educativa de acuerdo con las tendencias y  posibilidades de desarrollo del país...» (E9).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Es interesante observar cómo en este panorama, los entrevistados, probablemente  por un sesgo profesional,<sup>12</sup> indican que la educación es tema de  primer orden, tanto en el presente como en el futuro, en tanto es «...el más  importante por su generalización, su profundidad, por lo que existe como una  especie de telón de fondo, sobre el cual se dibujan todos los demás...» (E12).  Si es ésta la prioridad como tema, también debe ser lo prioritario en la agenda  de soluciones del país; así, entre las cosas importantes de hacer en Venezuela,  llama la atención la preocupación ante la necesidad de construir ciudadanía, </p>     <p align="justify">... en el número uno [está] mejorar la calidad de la educación... puesto que  la cantidad ha sido mejorada... que la escuela atienda... a la formación de  hábitos de convivencia, de respeto al derecho ajeno y de armonía en la  sociedad... (E12), es decir, esta educación... [tiene que] formar hábitos y...  conciencia de individuos que pertenecen a una comunidad... (E12).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este orden de ideas y apuntando hacia cuestiones más concretas, en tanto  «...el subdesarrollo es una consecuencia del bajo nivel educativo... primero...  [se debe] solucionar el problema de la escuela primaria... en segundo lugar, la  educación media...» (E13). Para ello hay que tener en cuenta que «...esta  tradición está fundada en la enseñanza gratuita y obligatoria... fundada en la  circunstancia de que el Estado venezolano administra una de las riquezas más  considerables...» (E13); así, aun cuando se percibe la necesidad de diversificar  la economía, se piensa, quizás en sintonía con la propuesta –muchas veces  repetida– de que la solución está en «sembrar el petróleo». Además, señala este  entrevistado, «...la educación laica, gratuita y obligatoria es una de las  líneas que, como grandes normas... debe conservar el Estado democrático  venezolano...» (E13).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Desempleo, violencia, creación de industrias, reforma agraria, viviendas  populares, estabilidad electoral, son algunas de las áreas que los entrevistados  señalan como prioritarias; todas ellas comprensibles, como problemas heredados  de casi medio siglo de inestabilidad política, y que hablan de una sociedad en  un estado crítico, desde el punto de vista social, económico y político, pero  frente al cual se conserva una visión positiva:     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> ... soy optimista... tengo fe en el pueblo de Venezuela, porque la experiencia  de estos últimos años, de cómo el pueblo ha sido fustigado... y sin embargo...  ha sabido mantener un equilibrio, revela que es un pueblo que tiene más  conciencia de sí... y... [también revela] tener una magnífica pasta humana... es  un pueblo valiente... [al cual le] ha sido posible realizar dos cosas muy  positivas …una que es la igualdad social... ese sentido igualitario... se ha  acentuado en nuestro tiempo... otra cosa es... la tolerancia religiosa... (E10).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El análisis de las entrevistas que concluye con la visión del país que tienen  las élites, conduce a retomar los planteamientos a que dio lugar el estudio de  Venelite, en el sentido de encontrarnos ante un grupo que, a pesar de poder ser  identificados como portadores de ideas modernizantes, sin embargo sus palabras  «...ponen de manifiesto el rápido agotamiento y pérdida de dirección del impulso  reformista que trajo a esta vanguardia de individuos del sector medio al poder»  (Bonilla, 1972:386).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Si lo anterior tuvo sentido, en un análisis muy cercano en el tiempo al  testimonio de la élite, hoy, con la objetividad que pudiera dar la distancia  temporal, podemos concluir que en lo que respecta a la educación superior, fue  una etapa que había que cumplir, sus logros como sus fracasos son evidentes, de  ambos habría que aprender, en un proyecto que necesariamente cambie el paradigma  de esa «universidad moderna», para que responda a una sociedad que también  cambió.    <br>     <br> <span style="text-transform: uppercase"> <b>Referencias bibliográficas</b>    <!-- ref --><br> <b>1.</b> </span><b>Ahumada, Jorge </b>(1967). «Hipótesis para el diagnóstico de una situación de  cambio social», en Bonilla, Frank y Silva Michelena, J.A., eds. Exploraciones  en análisis y síntesis, Caracas, Cendes, Universidad Central de Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772953&pid=S1012-2508200300020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>2. Albornoz, Orlando </b>(1972). Ideología y política en la universidad  latinoamericana, Caracas, Instituto Societas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772954&pid=S1012-2508200300020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>3. Baptista, Asdrúbal</b> (2001). «El siglo cierra melancólicamente. Una  conversación con Asdrúbal Baptista», El Nacional, 13/01, Papel Literario.  Entrevista por Nelson Rivera. Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772955&pid=S1012-2508200300020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>4. Bigott, Luis </b>(1998). «Ciencia positiva y educación popular en la segunda  mitad del siglo XIX», en Rodríguez, Nacarid, comp. Historia de la educación  venezolana. Seis ensayos, 2ª edición, Caracas, Universidad Central de  Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772956&pid=S1012-2508200300020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>5. Bonilla, Frank</b> (1972). El fracaso de las élites, Caracas, Cendes,  UCV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772957&pid=S1012-2508200300020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>6. Bonilla, Frank</b> y <b>José Agustín Silva Michelena</b>, eds. (1967). Exploraciones en análisis y síntesis, Caracas, Cendes, Universidad Central  de Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772958&pid=S1012-2508200300020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>7. Boyatzis, Richard</b> (1998). Transforming Qualitative Information:  Thematic Analysis and Code Development, California, Sage Publications, Inc.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772959&pid=S1012-2508200300020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>8.</b> <b>Campos, Miguel Ángel</b> (2001). «Picón-Salas, la pasión final», conferencia  inaugural del Centenario de Mariano Picón-Salas, Fundación Casa de las Letras  «Mariano Picón-Salas», Mérida.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772960&pid=S1012-2508200300020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>9. Carrera Damas, Germán</b> (1988). Una nación llamada Venezuela,  Caracas, Monte Ávila Editores (1ª edición en «Letra Viva”).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772961&pid=S1012-2508200300020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>10. Carvajal, Leonardo</b> (1998). “Educación y política en la Venezuela  gomecista», en Rodríguez, Nacarid. Historia de la educación venezolana. Seis  ensayos, 2ª edición, Caracas, Universidad Central de Venezuela,  Rectorado-Facultad de Humanidades y Educación, Comisión de Estudios de  Postgrado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772962&pid=S1012-2508200300020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>11. Cilento Sarli, A.; M.A. López Villa; L. Marcano González</b> y <b>J.J. Martín  Frechilla</b> (1999). «El dispositivo de obras públicas en Venezuela», en Martín  Frechilla, J.J. y Y. Texera Arnal, comps. Modelos para desarmar:  instituciones y disciplinas para una historia de la ciencia y la tecnología en  Venezuela, Caracas, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, UCV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772963&pid=S1012-2508200300020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>12. Coronil, Fernando</b> (2002). El Estado mágico. Naturaleza, dinero y  modernidad en Venezuela, Caracas, Nueva Sociedad-Consejo de Desarrollo  Científico y Humanístico, Universidad Central de Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772964&pid=S1012-2508200300020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>13. De Venanzi, Francisco</b> (1997). Mensaje al Claustro, segunda  edición, Caracas, Rectorado-Ediciones de la Biblioteca, Universidad Central de  Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772965&pid=S1012-2508200300020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>14. De Viana, Mikel </b>(1998). «Medio siglo de cambios culturales», en AA.VV. Las humanidades y los desafíos de la cultura, Caracas, Fondo Editorial de la  Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela-Fundación  Francisco Herrera Luque.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772966&pid=S1012-2508200300020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>15. Freites, Yajaira</b> (1996). «Auge y caída de la ciencia nacional: la época  del gomecismo (1908-1035)», en Roche, Marcel, comp. Perfil de la ciencia en  Venezuela, tomo 2, Caracas, Fundación Polar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772967&pid=S1012-2508200300020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>16. Herrera, Bernardino</b> y <b>Rosa María Alva</b> (1998). ORVE, el diseño  del país. El discurso político en la Venezuela de 1936, Caracas, Fondo  Editorial de la Facultad de Humanidades y Educación, UCV-Tierra Firme, Revista  de Historia y Ciencias Sociales/Historiadores, S.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772968&pid=S1012-2508200300020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>17. Leal, Ildefonso</b> (1981) Historia de la UCV: 1721-1981, Caracas,  Ediciones del Rectorado, Universidad Central de Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772969&pid=S1012-2508200300020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>18. López, Alexander </b>(1998). La Universidad Central de Venezuela y el  debate político nacional 1958-1970, Caracas, Universidad Central de  Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772970&pid=S1012-2508200300020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>19. Luque, Guillermo</b> (1998). «Educación y democratización, 1936-1958», en  Rodríguez, Nacarid, comp. Historia de la educación venezolana. Seis ensayos,  2ª edición, Caracas, Universidad Central de Venezuela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772971&pid=S1012-2508200300020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>20.Oficina de Planificación del Sector Universitario –OPSU</b> (1990). Boletín  Estadístico de Educación Superior, nº 13, tomo IV, Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772972&pid=S1012-2508200300020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>21. Pino Iturrieta, Elías</b> (2000). «El siglo XX venezolano conversado con  Elías Pino Iturrieta», en Baptista, Asdrubal, coord. y ed., Venezuela siglo  XX. Visiones y testimonios. Caracas, Fundación Polar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772973&pid=S1012-2508200300020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>22. Polanco Alcántara, Tomás</b> (1985). El general de tres soles. Biografía  del general Eleazar López Contreras, Caracas, Editorial Arte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772974&pid=S1012-2508200300020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>23. Ramos Jiménez, Alfredo</b> (1987). «Crisis de hegemonía y proyecto  tecnocrático en Venezuela», en Ramos Jiménez, Alfredo, comp. Venezuela un  sistema político en crisis, Mérida, Kappa Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772975&pid=S1012-2508200300020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>24. Texera Arnal, Yolanda </b>(1999). «Investigación implantada. El Instituto  Anatomopatológico de la UCV», en Martín Frechilla, J.J. y Y. Texera Arnal, comps. Modelos para desarmar: instituciones y disciplinas para una historia de la  ciencia y la tecnología en Venezuela, Caracas, Consejo de Desarrollo  Científico y Humanístico, UCV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772976&pid=S1012-2508200300020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>25. Torres, Luis </b> y <b>Patricio Rivas</b> (1998). Los suicidios de Platón.  Visión crítica de la universidad contemporánea, Colección Sin Norte,  Santiago de Chile, Universidad-Arcis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772977&pid=S1012-2508200300020000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <b>26. Velásquez, Ramón J.</b> (2000). «El siglo XX venezolano conversado con Ramón  J. Velásquez», en Baptista, Asdrúbal, coord. y ed. Venezuela siglo XX.  Visiones y testimonios, tomo 1, Caracas, Fundación Polar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=772978&pid=S1012-2508200300020000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <br> <b>NOTAS</b>    <br> * El artículo es parte de la tesis presentada para obtener el título de doctora  en Estudios del Desarrollo del Cendes «La profesión académica: perspectivas  comparadas».    <br> 1. En América Latina el origen y la promoción más importante de estas ideas lo  constituyeron las propuestas de la Cepal.    <br> 2. En ello tuvo papel de primer orden Mariano Picón-Salas, un intelectual  venezolano que ha sido poco reconocido, probablemente por sus firmes  convicciones, que lo diferenciaban, tanto de un populismo demagógico que también  se estaba gestando en ese momento, como de quienes pretendían volver al pasado o  romper con todas las tradiciones adoptando modelos políticos inspirados en el  marxismo (Campos, 2001).    <br> 3. Después de la muerte de Gómez las condiciones políticas se caracterizaron por  la movilización popular y un profundo debate político e ideológico con relación  al Estado.    <br> 4. Esta afirmación con relación a los <i>intentos</i> –realizados principalmente  por Bolívar y Vargas– por construir una universidad que rompiera con la Iglesia,  la teología y cualquier otro nexo colonial son reseñados por Ildefonso Leal  (1981:124): «Al lado de de estas reglas tradicionales, se consagró el principio  de <i>autonomía universitaria</i>…para robustecer la autonomía se asignaron a la  Universidad varias haciendas…Se aumentó también el sueldo de los catedráticos…y  el número de cátedras, especialmente de la Facultad de Medicina y las tocantes a  los estudios de matemáticas. Y para rematar este notable conjunto de  innovaciones, se puso fin a la odiosa barrera étnica…».    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 5. Para una descripción detallada del proceso de selección de los grupos de la  élite y de los criterios utilizados por los investigadores, ver Bonilla y Silva  Michelena (1967), especialmente las páginas 19-24.    <br> 6. Las transcripciones originales de las entrevistas fueron sometidas a  microfilmación para su conservación óptima y fue con esto con lo cual se trabajó  en esta investigación, gracias a la comprensión de las autoridades del Cendes,  quienes entienden que lo valioso de ese material se potencia en la medida en que  sea usado. Al respecto, una consideración importante: la preservación de las  identidades de los entrevistados se mantiene a lo largo de este trabajo, por lo  cual las entrevistas sólo se identifican con un código.    <br> 7. Entre éstos hay que destacar las ediciones que la Secretaría de la Universidad  Central de Venezuela ha realizado, de los documentos emanados de distintas  instancias universitarias, durante diferentes períodos de gobierno, entre ellos  se utilizó el Boletín del Archivo Histórico, nº 6, tomo II, editado en homenaje  al doctor Jesús María Bianco (1987) y la UCV en el tiempo de Julio De Armas  1948-1951 (1995), así como el Mensaje al Claustro de Francisco De Venanzi  (1997).    <br> 8. Impronta marcada por el peso del rentismo petrolero que caracteriza a la  sociedad venezolana del siglo XX y sobre el cual se han escrito innumerable  cantidad de análisis.    <br> 9. En adelante se identifica a los entrevistados con la letra E y un número que  corresponde a su ubicación por orden alfabético.    <br> 10. Éstos eran todos egresados de la Facultad de Ciencias Políticas de la UCV, la  cual mantuvo ese nombre hasta 1946, cuando comienza a llamarse Facultad de  Derecho (Leal, 1981).     <br> 11. Disciplina que sufrió importantes retrasos para su consolidación en la  Universidad (Leal, 1981).     <br> 12. Hay que recordare que todos los entrevistados eran educadores de vocación, a  lo cual dedicaron muchos años de su vida. Incluso algunos de ellos se iniciaron  como docentes en otros niveles educativos.</p>       ]]></body>
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