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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article assumes a critical posture towards the Venezuelan oil nationalization, regarding it as a mere stage within the general context of an industry that, during the course of the twentieth century, developed on the basis of a dependency on international oil capital. During this period, there was a constant struggle to increase Venezuela’s participation in the rent, in which the nationalist sectors were consistently defeated by an oil power comprised of the international oil companies and their local agents, employers, judges, lawyers, technocrats and corporate managers. The nationalization was another chapter in this history of frustrations, maybe the most damaging one, because of the false expectations it generated in the population at large. The economic consequences were terrible, the institutions designed to control the industry were dismantled, the normative legal framework painfully built up since the 1920s was perverted. But, worst of all, the main result has been a demobilization and a weakening of the capacity for struggle built up during generations. The author concludes arguing that, far from being an worthless relic, oil nationalism needs to be strengthened on the basis of a recovery of this willingness to struggle.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Vigencia del nacionalismo petrolero</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">Carlos Mendoza Pottellá</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Economista, MS en Economía y  Administración de los Hidrocarburos. Profesor Asociado de la Universidad Central  de Venezuela (jubilado). Embajador de Venezuela ante la Federación de Rusia  (marzo 2003- marzo 2005) y ante el Reino de Arabia Saudita. (octubre 2000- marzo  2002). Director de Petróleos de Venezuela (febrero-abril 2002). Director del  Postgrado en Economía y Administración de Hidrocarburos Faces-UCV (marzo  1986-junio 2000). Profesor de la Escuela de Economía, Faces-UCV (marzo  1977-octubre 2000). Profesor del Postgrado en Economía y Administración de  Hidrocarburos, Faces-UCV (1980 hasta el presente). Coordinador del Área de  Postgrados en Ciencias Económicas, Faces (1993-1996). Jefe de la Cátedra de  Políticas Económicas de la Escuela de Economía de la UCV (1996-1998).  Caracas-Venezuela cmendoza@bcv.org.ve</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Resumen</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El artículo desarrolla una  visión crítica de la nacionalización petrolera venezolana, como un evento más  dentro del contexto secular en el cual se desenvolvió la industria petrolera  durante todo el siglo XX y parte del presente: la relación dependiente con el  capital petrolero internacional. En ese lapso, la historia de los esfuerzos  venezolanos por aumentar la participación nacional en la renta generada por la  liquidación de su mayor patrimonio físico es una historia de luchas, ilusiones y  frustraciones, en donde los sectores nacionalistas fueron siempre derrotados por  las fuerzas del poder petrolero: las compañías petroleras internacionales y sus  socios nativos, empresarios, jueces, abogados, tecnócratas y gerentes  corporativos, convertidos en cónsules de una asociación dependiente y  complaciente. Al no ser una excepción de esa regla, la “nacionalización” resultó  ser un capítulo más de esas frustraciones, quizás el más nocivo de ellos, dadas  las falsas expectativas que se sembraron en el seno de la población venezolana.  Además de los terribles resultados económicos, del desmontaje de las  instituciones de control y fiscalización, y de la perversión de su marco legal  normativo y reglamentario, los cuales se habían construido trabajosamente desde  los años 20, el principal resultado de esta peculiar “nacionalización” ha sido  la completa desmovilización de la voluntad de lucha que durante décadas alimentó  a varias generaciones de venezolanos. Por eso, y en contra de quienes piensan  que el nacionalismo petrolero es una antigualla inservible, se plantea el  rescate de ese estado de conciencia y de esa voluntad de&nbsp; lucha.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave</b>:  Petróleo, industria petrolera, nacionalización, empresas mixtas, dependencia,  capital foráneo, nacionalismo, Venezuela.</font></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">The Validity of the Oil  Nationalization</font></b></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Abstract</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">This article assumes a critical  posture towards the Venezuelan oil nationalization, regarding it as a mere stage  within the general context of an industry that, during the course of the  twentieth century, developed on the basis of a dependency on international oil  capital. During this period, there was a constant struggle to increase  Venezuela’s participation in the rent, in which the nationalist sectors were  consistently defeated by an oil power comprised of the international oil  companies and their local agents, employers, judges, lawyers, technocrats and  corporate managers. The nationalization was another chapter in this history of  frustrations, maybe the most damaging one, because of the false expectations it  generated in the population at large. The economic consequences were terrible,  the institutions designed to control the industry were dismantled, the normative  legal framework painfully built up since the 1920s was perverted. But, worst of  all, the main result has been a demobilization and a weakening of the capacity  for struggle built up during generations. The author concludes arguing that, far  from being an worthless relic, oil nationalism needs to be strengthened on the  basis of a recovery of this willingness to struggle.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Key Words</b>: Oil, Oil  Industry, Nationalization, Nationalism, Dependence, Foreign Capital, Venezuela.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la explotación de los  hidrocarburos en Venezuela, determinada históricamente por los vínculos  indisolubles entre el Estado venezolano y el capital petrolero internacional,  perviven hasta nuestros días todas las contradicciones de su propio origen y de  su condición de enclave. Aún hoy, los hidrocarburos continúan siendo el  componente absolutamente mayoritario del “sector externo” de la economía  nacional, vector fundamental de los ingresos de exportación del país,  desarrollados en función de la demanda de los mercados internacionales y a  partir de una industria capitalintensiva, con una acentuada dependencia  tecnológica y de insumos del exterior y, por ende, con relativamente escasos  encadenamientos internos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En nuestros días, cuando se  ejecuta un cambio en el rumbo aceleradamente desnacionalizador impuesto por la  administración Caldera-Giusti, cuando se hacen esfuerzos por diversificar las  fuentes de la inversión extranjera, con la incorporación de capitales rusos,  chinos, brasileños, noruegos, franceses, españoles, etc., esa participación  extranjera sigue siendo uno de los elementos más dinámicos en el desarrollo de  esta industria, con un papel estelar en la mayoría de los nuevos proyectos de  Pdvsa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esas condiciones reales  penetran y determinan el sentido y contenido del conjunto de relaciones  socioeconómicas y políticas que se establecen en torno de los hidrocarburos en  nuestro país y, de manera particular, de las políticas que sobre la materia  establece el Estado venezolano. Pero una firme y clara voluntad política  nacionalista, como la demostrada hasta ahora por el gobierno bolivariano, puede  impedir que regresemos a los nefastos días de la “apertura” petrolera, a la  importación de costos y la exportación de beneficios vía “internacionalización”,  por ejemplo. Es en este contexto contradictorio dentro del cual podemos tener la  perspectiva necesaria para analizar los treinta años de uno de los eventos que  constituyen hito histórico dentro de esas políticas: La “nacionalización  petrolera”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Hacer una referencia  entrecomillada a ese evento podría parecer una caprichosa irreverencia. Sin  embargo, con ese añadido ortográfico sólo queremos destacar nuestra particular  percepción, sostenida y verificada durante todos estos años, sobre ese  acontecimiento y sus posteriores consecuencias. Percepción de una realidad que  muchos compatriotas han venido a descubrir y comprender sólo a partir de los  golpes petroleros de 2002 y 2003, pero que continúa siendo velada para la  mayoría por la poderosa matriz de opinión impuesta por el poder petrolero.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se trata de que el 1 de enero  de 1976 se inició un proceso de desmovilización de aquel sentimiento y  movimiento nacionalista que inspiró las luchas de insignes pensadores  venezolanos, y que dio pie a los sueños de una plena independencia económica del  país que abrigaron varias generaciones a partir de los años 20 del siglo pasado.  Pero se trata también de que, más allá de la mera frustración intelectual del  ideario nacionalista, en esa misma fecha se comienza a poner en ejecución una de  las mayores y más efectivas estrategias de que tengamos noticia, enfilada hacia  la merma paulatina, constante y creciente, de la participación nacional en los  beneficios de la liquidación de nuestro principal patrimonio colectivo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>·</b> Con las galas de la  “nacionalización” se inició el desmontaje de todos los logros laboriosamente  obtenidos, entre avances y retrocesos, por la política petrolera de inspiración  nacionalista entre 1920 y 1973: Comenzando por la liquidación del control y  fiscalización total de la industria por parte del Ministerio de Minas e  Hidrocarburos y llegando al desmoronamiento de la regalía y de las tasas del  impuesto sobre la renta<sup>1</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>·</b> El “adelanto de la  reversión” de 1976 resultó en la completa frustración del camino iniciado por  Pérez Alfonzo con la CVP y el principio de “no más concesiones”, camino que,  sustentado definitivamente en la Ley Sobre Bienes a Reversión, debía concluir en  una auténtica nacionalización en 1983. Ese “adelanto” permitió, entre otras  cosas, extender la presencia transnacional en la industria petrolera venezolana  fuera del área concesionaria, a toda el área sedimentaria del país que hasta  entonces constituía la “reserva nacional” venezolana, destinada a ser operada  exclusivamente por la empresa petrolera estatal. Permitió, además, la  instauración en las cúpulas dirigentes de la industria “nacionalizada” de los  Creole-men y Shell-men nativos, auténticos y demoníacos “bebés de Rosemary”, al  mejor estilo de Román Polansky: Aquellos que hasta el 31 de diciembre de 1975  defendieron rabiosamente los intereses de “sus” transnacionales petroleras y el  1 de enero de 1976 simplemente cambiaron de franela, pero mantuvieron la misma  ideología empresarial y los mismos vínculos con sus antiguas casas matrices,  constituyéndose en cónsules y veladores de los intereses de estas corporaciones,  primero, dentro de las novísimas operadoras, y, luego, dentro de la propia Pdvsa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La evaluación del lapso  transcurrido desde entonces, pródigo, como acabamos de referir, en eventos donde  resalta el sucesivo retroceso de las posiciones oficiales de defensa del interés  nacional, aunada a las crecientes exigencias del mercado petrolero sobre  Venezuela y la consecuente multiplicación durante ese lapso de proyectos de  inversión de escasa o nula rentabilidad para la nación, cuyas nefastas  consecuencias todavía estamos padeciendo, nos llevan a constatar que también en  nuestros días, como en cualquier época anterior, el gran capital internacional  sigue moviendo sus piezas, dentro y fuera del país, para contrarrestar la  manifiesta voluntad política nacionalista expresada reiteradamente por el actual  gobierno desde 1999 y, por el contrario, tratar de imponer, en la industria  petrolera venezolana, relaciones y condiciones contractuales y políticas lesivas  del interés nacional como las que se promovieron desde 1976 y se hicieron  realidad acentuada en las décadas 80 y 90 del siglo XX. Por este motivo, hoy,  como siempre, tienen vigencia las exigencias de transparencia en las  negociaciones que inevitablemente habrán de realizarse con los centros del poder  mundial en esta materia. Y hoy más que nunca, cuando el recurso petrolero se ha  revalorizado, alcanzando en términos reales niveles de precios equivalentes o  cercanos a los máximos históricos de principios de los años 80, habiéndose  producido un salto histórico que coloca a los precios en un piso mínimo de 50  dólares el barril, los venezolanos debemos mantenernos alerta frente a los  cantos de sirena, para poder distinguir con claridad el ámbito y los límites de  la verdadera conveniencia nacional en esta materia. Sobre todo, no debemos  olvidar que, a pesar de que ahora contamos con una mayor diversidad de etiquetas  nacionales en cuanto a la procedencia de la nueva inversión extranjera, el  capital petrolero, como cualquier otro capital, no tiene patria, y los  estándares con los cuales mide su eficiencia y rentabilidad, en su inexorable  búsqueda de la maximización de las ganancias, son siempre los mismos, sean esos  capitales rusos, chinos o norteamericanos. Y precisamente, teniendo en cuenta  que, debido a la proliferación de nuevos proyectos y programas de inversión,  seguimos obligados a establecer vínculos con esos capitales, debemos aguzar  nuestras capacidades negociadoras.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por lo demás, la situación que  nos dejan los pasados treinta años es tal que el país y su actual liderazgo  político y petrolero se encuentran compelidos a revertir las negativas  consecuencias, presentes y futuras, de los programas y proyectos implantados por  la elite gerencial de mentalidad privatista que rigió a la empresa petrolera  estatal entre 1976 y 2002. Esas camarillas impusieron, en los hechos, el rumbo  de la política petrolera venezolana, pasando por encima de decretos, leyes y  disposiciones de los poderes Ejecutivo y Legislativo, contradiciendo  abiertamente los principios que informaron la política petrolera en los  cincuenta y cinco años anteriores a 1976 y constituyendo un poder paralelo sin  control, un Estado dentro del Estado, como se le dio en llamar, “el poder  petrolero”, definido por nosotros de la siguiente manera:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La consideración fundamental  que debe tenerse en cuenta para el análisis de estas circunstancias es la de que  se trata de un problema político, de un problema de relaciones de poder, en el  cual una peculiar agrupación, integrada por factores privados nacionales y  extranjeros vinculados al negocio petrolero y cúpulas gerenciales de la empresa  pública, ha logrado imponer como verdades indiscutidas un conjunto de postulados  que mezclan circunstancias objetivas con una carga considerable de falacia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dichos postulados forman parte  de un programa definido, que tiene como norte la expansión constante del negocio  petrolero – independientemente de la pertinencia macroeconómica y rendimiento  fiscal de esa expansión– y la creciente privatización de las actividades  primarias y fundamentales de esa industria.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ese conjunto de verdades  establecidas, que parte de concepciones hoy de moda, en cuanto a la incapacidad  del Estado para gerenciar actividades productivas, tiene un expresión  particular, a saber:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">– La carga fiscal sobre Pdvsa  es excesiva. Pdvsa es la empresa petrolera que paga más impuestos en el mundo.  Mantener esa carga fiscal equivale a perpetuar el ya fracasado modelo de  rentismo parasitario y continuar alimentando a un Estado paternalista e  ineficiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">– El control “político” sobre  la industria obstaculiza el desarrollo eficiente de sus programas. Las trabas  burocráticas que imponen los distintos organismos contralores, ejecutivos y  legislativos, deben ser eliminadas en beneficio de la autonomía gerencial para  ejecutar eficientemente sus planes y programas. Éste es el camino hacia la  Venezuela productiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">– El mejor destino del ingreso  petrolero es su reinversión en el mismo sector. No existe otra actividad  económica en Venezuela que le permita obtener ventajas comparativas y  competitivas similares. Cada dólar adicional invertido en la industria petrolera  genera, directa e indirectamente, efectos multiplicadores en el Producto Interno  Bruto superiores a los de cualquier otra aplicación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">– Venezuela debe ir hacia una  más estrecha asociación con sus clientes desarrollados y abandonar asociaciones  tercermundistas, de subdesarrollados y de perdedores, como la OPEP. La OPEP no  ha beneficiado mucho a Venezuela y le impone trabas a un desarrollo que la  llevaría a convertirse en una de las primeras potencias petroleras del mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">– Para desarrollar la inmensa  base de recursos petroleros de Venezuela, hay que desmontar todo el aparato de  regulación y fiscalización que pesa sobre esa actividad industrial, porque ese  desarrollo no es posible hacerlo con los recursos internos y es necesario atraer  al capital petrolero internacional con proposiciones de una rentabilidad mayor a  la ofrecida en otros destinos (Mendoza Potellá, 1996).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estos postulados del poder  petrolero constituyeron el corazón ideológico de las políticas antinacionales  que se impusieron en el país bajo el manto de la apertura. Ese poder, aunque hoy  ya no controla el Estado, todavía está vivo y en constante actividad, todavía  tiene fuerzas para colarse por los intersticios de contratos, asociaciones y  licitaciones, para proponer cursos de política en materia petrolera  inconvenientes para la nación venezolana y, sobre todo, con el concurso de los  medios de comunicación de masas que todavía controlan, para seguir imponiendo  matrices de opinión favorables a sus muy particulares intereses “económicos y  políticos”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por todas esas razones, y por  la creciente evidencia de que bajo el subsuelo de Venezuela se concentra la que  probablemente sea la mayor acumulación de hidrocarburos del globo, lo cual la  convierte, como es obvio, en presa estratégicamente codiciable para todos los  poderes mundiales, hoy en día es imperativo restituir la vigencia de las luchas  libradas en defensa de la justa y digna participación de la nación venezolana en  los resultados de la liquidación de su mayor patrimonio colectivo. Hoy más que  nunca es ineludible ese rescate, restituir la verdad histórica, largamente  distorsionada por los manejos mediáticos impuestos por ese poder petrolero que  imperó durante el lapso mencionado, como única manera de tener una visión  certera de la realidad contemporánea y de las más probables perspectivas  futuras.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aún hoy en día, y a pesar del  evidente fracaso y terribles consecuencias de las políticas de apertura y  desnacionalización, para muchos venezolanos, adoctrinados en las prédicas del  poder petrolero, el nacionalismo es una mala palabra, una peligrosa expresión de  atraso y de resistencia a la modernidad, que pone en riesgo mortal la  conveniente asociación con nuestros clientes, tradicionales o no. Semejante  lavado cerebral, exitoso por demás, ha penetrado hasta los tuétanos en algunas  capas de la población y siembra la duda aun dentro de las propias filas  nacionalistas, propiciando, en algunos, actitudes que pretenden “matizar” el  impacto negativo de las tropelías cometidas durante los pasados treinta años por  ese poder. Sostenemos que las actitudes contemporizadoras, que tienden a  reblandecer y relajar la capacidad de defensa del interés nacional deben ser  combatidas, denunciadas, desmenuzadas, para entender el peligro que representan  para nuestro país.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y es por todo ello que  presentamos una visión retrospectiva, a la manera de flashback cinematográfico,  del proceso que nos ocupa, tratando de evaluarlo en su verdadera dimensión,  libre del embellecimiento con el que se ha querido cubrir todas sus lacras.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">El adelanto de la reversión</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La mayoría de los políticos,  periodistas y estudiosos venezolanos de la política petrolera doméstica  contemporánea consideran que la “nacionalización” de la industria petrolera en  1976 fue un evento que cambió el rumbo tradicional de la industria petrolera  venezolana, en el cual se impuso claramente una de las dos vertientes  antagónicas que pugnaban por imponer los términos de la política petrolera  venezolana. En este caso se trataría de la cumbre alcanzada por la vertiente  nacionalista, aquella que trata de hundir sus raíces en el decreto de Bolívar de  1829 sobre los derechos mineros del joven Estado colombiano y en la primera Ley  de Hidrocarburos, la de 1920 y de Gumersindo Torres.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De tal manera, es factible  hacer –y con frecuencia se ha hecho– un encadenamiento histórico de esta  nacionalización para colocarla como punto culminante de las luchas de un sector  de la sociedad venezolana por los derechos de la nación sobre sus recursos de  hidrocarburos. Vista de esa manera, la nacionalización de 1976 es contabilizada  como una victoria en el combate contra el entreguismo rampante de los socios,  abogados y gerentes criollos de las corporaciones petroleras internacionales<sup>2</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En contraposición, relataremos  esa historia desde el punto de vista que hemos sostenido durante todos estos  años (Mendoza Pottellá, 1985, passim).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En 1943, después de un largo  debate nacional y minuciosas negociaciones con las corporaciones norteamericanas  e inglesas, con la “mediación” del Departamento de Estado norteamericano, fue  suscrito un convenio entre el gobierno del general Isaías Medina Angarita y esas  compañías. En cumplimiento de ese convenio se promulgó la Ley de Hidrocarburos  vigente hasta el año 2000<sup>3</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En ese entonces, las compañías  extranjeras concesionarias se acogieron a los términos de dicha ley, obteniendo,  a cambio de ello, una extensión por cuarenta años de sus derechos de  exploración, explotación y manufactura de los hidrocarburos en las áreas  mantenidas bajo su control desde principios del siglo XX. Pero también quedaba  establecida entonces, aunque nadie pensara en ello, lo que llegaría a  convertirse en una fecha muy importante para el futuro de entonces: 1983 como  año final de esas cuantiosas concesiones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Posteriormente, el gobierno de  Marcos Pérez Jiménez otorgó, entre 1956 y 1957, también por cuarenta años, de  acuerdo con los términos de la citada ley, lo que a la postre serían las últimas  concesiones que recibieran las corporaciones extranjeras en Venezuela, que  alcanzaron a representar la quinta parte del total otorgado.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En 1961 y por inspiración del  doctor Juan Pablo Pérez Alfonzo –en el marco de la política petrolera promovida  en su “Pentágono de Acción”, que incluyó, entre otras cosas la creación de la  CVP y de la OPEP– el Congreso Nacional, al promulgar la nueva Constitución, dejó  establecida la norma de que no se otorgarían nuevas concesiones de hidrocarburos  sin la aprobación por mayoría calificada –dos terceras partes– del Congreso en  sesión conjunta (art. 126). El imperio de este artículo se constituyó en la  materialización de la “política de no más concesiones” impulsada por    <br> Pérez Alfonzo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A mediados de 1971 el Congreso  Nacional aprueba –también alentado por Pérez Alfonzo y enfrentando las amenazas  de las corporaciones petroleras– la Ley Sobre Bienes Afectos a Reversión a tenor  de la cual quedaron totalmente identificados y cuantificados los activos de la  industria petrolera que revertirían a la nación al término de las concesiones,  así como la obligación de las concesionarias de mantenerlos en plena capacidad  operativa hasta el momento de su reversión en 1983 y de establecer un fondo para  garantizar ese mantenimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por virtud de todo lo anterior,  1983 se revela, de nuevo, como un año trascendente, cuya importancia comienza a  ser asumida con creciente conciencia por los venezolanos de las décadas 60 y 70:  En ese mítico año revertiría a la nación, sin posibilidad de renovación y sin  ninguna indemnización, 80% de las concesiones otorgadas hasta entonces. En otras  palabras, en 1983, Venezuela pasaba a ser dueña directa, en 80%, de la industria  petrolera establecida en su territorio. En 1996-1997 revertiría el otro 20%  otorgado por Pérez Jiménez.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El año de 1983 era, pues, según  los sueños de entonces, el año en que se iniciaría, con todos los hierros, el  despegue definitivo de Venezuela hacia la liberación económica y el desarrollo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, la dinámica  tradicional de la política petrolera internacional, signada por la voluntad de  las corporaciones de imponer una transición a su imagen y semejanza,  determinaron que esa “reversión”, dispuesta en la Ley de Hidrocarburos de 1943 y  completamente reglamentada por la Ley sobre Bienes Afectos de 1971, se  adelantara hasta 1976.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En consecuencia de ello, la  nacionalización de la industria petrolera que ilustres venezolanos intentaron  impulsar en 1975, con el proyecto de ley presentado por la Comisión de Reversión<sup>4</sup>  designada por el entonces presidente de la República Carlos Andrés Pérez, fue  frustrada con la posterior promulgación, con sensibles modificaciones al  proyecto original, de la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el  Comercio de los Hidrocarburos, convertida en su opuesto como resultado de un  proceso de concertación y avenimiento subterráneo, mediante el cual, detrás del  público logro jurídico-político de expropiación de las antiguas concesionarias,  se propició el mantenimiento, modernización, extensión e intensificación de los  mecanismos de control del capital transnacional sobre los recursos petroleros  venezolanos y se garantizó su retorno pleno –triunfalmente ejecutado a  principios de los años 90 durante la euforia de “la apertura”– mediante la  modificación del artículo 5° de la referida ley.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Gastón Parra Luzardo (1998,  39-65) realiza una detallada descripción de los debates en el seno de la  Comisión de Reversión, poniendo en evidencia las presiones de Fedecamaras y  Agropet para modificar el proyecto presentado e insertar la referida  modificación. Sus conclusiones son claras y sustentan la opinión que aquí  defendemos:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">… se daba inicio por parte  	del Ejecutivo Nacional, al camino de concretar una “aparente  	nacionalización”, desnaturalizando la esencia de una nacionalización  	integral, genuina, propia, tal cual había sido propuesta por la Comisión de  	Reversión. En consecuencia, la propuesta del Ejecutivo Nacional distorsiona  	la finalidad propia de la nacionalización petrolera y, por tanto, no  	corresponde, en esencia, a un legítimo acto de soberanía nacional (loc. cit.,  	p. 42).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde los tiempos de la New  York &amp; Bermúdez: El destino de los hidrocarburos venezolanos había sido la  resultante de una relación dialéctica, con un constante pendular entre la  armonía y el conflicto, cuyos protagonistas, el capital petrolero internacional  y el Estado venezolano, a la hora de discutir las condiciones de la asociación  tensaban las cuerdas, pero nunca llegaban a romperlas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La “nacionalización” de 1976 no  modificó las características tradicionales de esas relaciones, y, en  consecuencia, la permanente reivindicación nacional de una justa participación  en el usufructo de la liquidación del petróleo fue, una vez más, burlada. Las  grandes corporaciones petroleras continuaron percibiendo inmoderados y  crecientes beneficios provenientes del petróleo venezolano.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por el imperio de los intereses  de esas corporaciones y con la complicidad de políticos y gerentes venezolanos,  dominados unos por el fatalismo geopolítico y otros por su formación e intereses  transnacionales, grandes contratos de asistencia técnica y comercialización,  suscritos bajo presiones chantajistas ejercidas sobre un gobierno que ya había  aceptado términos de negociación inconfesables, pocos días antes del tránsito  formal de la industria petrolera a manos del Estado, mantuvieron e  intensificaron el vínculo casa matriz-filial entre las ex concesionarias y las  nacientes “operadoras” nacionales. Esos contratos abarcaban a toda la </font> </p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">producción, refinación y  mercadeo de crudo y productos venezolanos, constituyeron el modelo inicial de lo  que sería la base de un nuevo, deletéreo, inasible, ubicuo y eficaz sistema de  mantenimiento de las relaciones dependientes del Estado venezolano con el  capital transnacional. De tal suerte que, en la medida en que esos gigantescos  contratos iniciales cumplieron su cometido, pactado en el inconfesable  compromiso de multiplicar la “indemnización debida” a las antiguas  concesionarias, trasegando hacia ellas más de 7.000 millones de dólares entre  1976 y 1979, otros contratos y figuras asociativas proliferaron posteriormente  cual vasos capilares y se extendieron a todas las actividades de la industria  petrolera venezolana para continuar drenando, por los caminos verdes de la  asistencia técnica, los servicios tecnológicos, la “procura”, el “outsourcing”<sup>5</sup>  y los convenios de suministro a largo plazo, porciones considerables de lo que  debió ser el ingreso petrolero nacional, hacia las manos extranjeras y de sus  aprovechados y complacientes socios nativos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Resumiendo entonces, fue así  como, en 1976, después de ser ventajosamente indemnizadas por la entrega de  equipos, instalaciones e inmuebles largamente depreciados, habiendo obtenido  unos contratos de asistencia técnica que simplemente disimulaban injustificados  pagos adicionales, unos contratos de comercialización en donde se les otorgaban  jugosos descuentos y, previo también, un avenimiento secreto en el cual  recibieron garantías no escritas –pero fielmente cumplidas– de participación en  todos los futuros emprendimientos petroleros del país, las grandes corporaciones  internacionales renunciaron a sus concesiones. Gastón Parra Luzardo (1979,  120-129) hace un minucioso análisis de los infames contratos de comercialización  impuestos por las transnacionales para dejarse “nacionalizar” y su conexión con  la suscripción de los también leoninos contratos de asistencia técnica<sup>6</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para completar la faena  dejaron, como garantes de sus intereses en las que ahora serían operadoras  nacionales, a los “nativos” de su confianza, grupo que constituyó un auténtico  caballo de Troya que a partir de los años 80 promovió desembozadamente la  privatización a marchas forzadas, a través de las “aperturas”, la  internacionalización, los convenios de asociación, las asociaciones  estratégicas, el “outsourcing” y la afortunadamente frustrada propuesta de  vender parte del capital accionario de Pdvsa; pero cuyas actividades de evasión  fiscal, de sabotaje del control que debía ejercer el Ministerio de Energía y  Minas, al cual colonizaron primero y desmantelaron luego, de rechazo al control  posterior la Contraloría General de la República, junto a la formulación de  presupuestos anuales artificialmente inflados y la violación de los compromisos  internacionales suscritos por el país en el seno de la OPEP, comenzaron desde el  propio 1º de enero de 1976, al calor de la ejecución de proyectos conjuntos con  sus antiguas casas matrices transnacionales, todos sobredimensionados en sus  costos, como el cambio de patrón de refinación en tres de las cuatros grandes  instalaciones del país<sup>7</sup>, los tendidos de poliductos y gasoductos tipo  Sisor, Sumandes I y II, Nurgas y algunos, como los megaproyectos de la Faja del  Orinoco o el proyecto gasífero Cristóbal Colón, simplemente inviables, pero con  grandes logros para el poder petrolero, al propiciar importantes retrocesos  legales y reglamentarios en materia de soberanía, control y fiscalización del  Estado venezolano en esta materia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En 1976 se materializó el  adelanto de la “reversión”, siete años antes del término establecido en la ley  de 1943. Ese evento fue denominado impropiamente, “nacionalización petrolera”.  Hasta sus críticos, Pérez Alfonzo, por ejemplo, aceptaron ese término,  agregándole el calificativo de “chucuta”<sup>8</sup>, para hacer referencia a la  posibilidad “futura” de “regreso” de las transnacionales al control de la  industria petrolera venezolana que quedaba plasmada, como ya dijimos, en la  disposición del artículo 5º de la ley respectiva que estableció la figura de las  empresas mixtas como una posibilidad más para el manejo de las actividades  reservadas al Estado<sup>9</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Vistas desde la perspectiva  contemporánea, nos podríamos explicar las circunstancias, al reconocer, como ya  señaláramos, que la nacionalización no fue otra cosa que la conclusión de un  largo y conflictivo proceso de agotamiento del patrón normativo de las  relaciones entre el Estado venezolano y las compañías extranjeras  concesionarias; es decir, del conjunto de estructuras legales y reglamentarias  en el marco del cual se desarrollaban esas relaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ese conjunto legal y  reglamentario se constituyó en un modus vivendi alcanzado a través de décadas de  una asociación conflictiva cuyo sustento fue el reparto de la extraordinaria  renta del petróleo, cristalizaba, en cada momento, en los instrumentos de  participación del Estado venezolano en ese reparto. Tal como hemos señalado con  insistencia, desde la primera Ley de Hidrocarburos de 1920 hasta la Ley sobre  Bienes Afectos a Reversión en 1971, el Estado venezolano fue incrementando,  lenta y paulatinamente, a veces con retrocesos, su capacidad de control y  fiscalización sobre las actividades de las concesionarias y, con ello,  aumentando, teóricamente al menos, su participación en el mencionado reparto.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero ese proceso, por su propia  naturaleza, signada por la avasallante capacidad negociadora y tramposa de las  corporaciones internacionales, caminaba hacia su agotamiento, al hacerse  insostenible la abismal diferencia entre los términos teóricos, legales, según  los cuales se hacía el reparto de la renta y la realidad: En 1974, por ejemplo,  cuando eran notorias las inmensas ganancias globales de los consorcios  petroleros y Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Exxon  reportaba casi la mitad de los ingresos internacionales de su casa matriz (Rose,  1977) el reparto teórico de los beneficios netos de la actividad petrolera en  Venezuela resultaba en unas increíbles proporciones, oficialmente publicadas, de  95% para el Estado venezolano y sólo 5% para las filiales transnacionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estas proporciones eran  irreales porque se basaban en una comparación no discriminada entre cifras netas  y brutas, donde la “participación fiscal total” de Venezuela se relacionaba con  el beneficio neto de las corporaciones, siendo que este último era un producto  de la “ingeniería financiera” diseñada precisamente para eludir el pago de  impuestos, del cual deducían costos que encubrían grandes “ingresos”, derivados  hacia filiales operativas de cada corporación, encargadas del transporte,  almacenamiento, comercialización y refinación del crudo. Cabe recordar, además,  la incorporación como un costo, a los fines de la declaración del Impuesto Sobre  la Renta, de los pagos realizados por concepto de regalía. Salvador de la Plaza<sup>10</sup>  dedicó en su momento un gran esfuerzo intelectual y político a demostrar que la  regalía petrolera era un derecho soberano de la nación y que, como tal, no debía  ser incluida en las cuentas de las compañías para minimizar sus pagos de  impuestos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero, como decíamos, las  circunstancias se hacían críticas para el mantenimiento del statu quo petrolero  en Venezuela, en la medida en que se acercaba 1983, año en el cual se iniciaría  el vencimiento y por ende la reversión de las concesiones de hidrocarburos, sin  que para esa fecha, 1973-1974, estuviera prevista una alternativa clara para la  participación del capital petrolero internacional en las actividades,  posteriores a esa reversión, de la industria petrolera venezolana. Dicha  industria se encontraba cercada por la norma constitucional que impedía el  otorgamiento de nuevas concesiones,por un lado, y, por el otro, la voluntad  entreguista y paralizante de los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera I,  quienes, temerosos de provocar las iras imperiales, se convirtieron en presa  fácil de las presiones del poder petrolero de entonces e impidieron el  desarrollo de la Corporación Venezolana del Petróleo, manteniéndola en  condiciones de enanismo durante sus quince años de existencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El dilema tenía soluciones  divergentes, pero perfectamente identificables: Una, era la preparación del país  para asumir plenamente el control de su industria. Esta opción, defendida por  los sectores de avanzada del país, fue delineada en términos de posibilidad  realizable por Juan Pablo Pérez Alfonzo, al postular, dentro de su “Pentágono de  Acción”, junto al principio de “no más concesiones”, la creación y desarrollo de  la CVP. Pero esa posibilidad fue eludida, ignorada e incluso desnaturalizada con  la negociación, en 1970, de unos contratos de servicios que, como lo demostraran  en su oportunidad diversos analistas (vg., Sader Pérez, 1972, 1974) no eran otra  cosa que concesiones disfrazadas para burlar el principio constitucional que  prohibía nuevos otorgamientos de las mismas. Así lo confesaba, paladinamente,  Rómulo Betancourt:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta empresa [la CVP] no viene  a competir con las empresas privadas. La misma modestia del capital de trabajo  que le hemos asignado indica cómo son de limitados sus fines y objetivos; pero  la Corporación Venezolana del Petróleo debe ser y será el vehículo de que se  valga el Estado para otorgar, ya no concesiones sino contratos de servicio y  otras fórmulas de arreglo, que hay muchas y muchas se están utilizando en varios  países petroleros, para desarrollar la explotación y producción de aceite negro  en el país (29-5-1961).</font></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">Cuadro 1</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">Participacion fiscal total y  utilidades netas de las concesionarias (Millones de bolívares y porcentajes)<sup>11</sup></font></b></p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvecs/v12n1/art11cua1.gif" width="523" height="517"></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">No hemos otorgado concesiones  porque las muy ricas que quedan, bien ubicadas, en el centro y en las riberas  del Lago de Maracaibo, estamos seguros que van a ser exploradas y explotadas  mediante contratos de servicio (29-6-1963) (Sader Pérez, 1974, 12 y 13).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La segunda de las opciones a  que nos referíamos antes era, desde luego, la propiciada por las propias  compañías, sus voceros dentro de Fedecamaras, sus gerentes nativos y los  sectores políticos y empresariales tradicionalmente aliados y beneficiarios de  la asociación dependiente sin cortapisas. Los esfuerzos de este conglomerado se  van a encaminar a la búsqueda de una alternativa cónsona con la preservación de  su participación privilegiada en el negocio. Una nueva fórmula de asociación  dependiente con el capital transnacional que incorporara algún maquillaje  renovador era la solución más “saludable”, si se miraba con los ojos  geopolíticos de sus proponentes criollos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Así, pues, la  “nacionalización”, evento culminante de la política petrolera venezolana, con  todas sus contradicciones y debilidades, plasmó, en realidad, el estado de las  fuerzas de estas dos posiciones y, al no ser una excepción de la tendencia  secular, también en esa ocasión terminó por triunfar el partido de la asociación  transnacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El instrumento fundamental para  la obtención de tan paradójico resultado de una nacionalización fue, en un  principio, el bloque de acuerdos firmados tras bastidores, en una secreta  Comisión de Avenimiento, mientras se discutían públicamente, en la Comisión de  Reversión, los términos de la Ley que Reserva al Estado la Industria y el  Comercio de los Hidrocarburos. Con lo que, en suma, la nacionalización resultó  ser fruto de un nuevo paquete ley-convenios, al estilo del pacto entre el  gobierno de Medina y las compañías que institucionalizó definitivamente, en  1943, el régimen concesionario.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En otras palabras, con el fin  de la era concesionaria no se pasa a la era del control pleno por parte del  Estado sobre su industria petrolera, sino a una nueva modalidad de relación  subordinada Estado-transnacionales. Más elástica y sutil, más adaptable a la  evolución de las realidades económicas y políticas contemporáneas, que  manteniendo y profundizando las características esenciales de la situación  anterior, fuera a la vez una puesta a tono con el signo de los tiempos que  desmovilizara los sentimientos negativos que despertaba el viejo sistema  concesionario.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En lugar de la presencia  	directa, prepotente e irritante de los dueños extranjeros, de sus  	campamentos cercados, de sus sistemas exclusivos de seguridad y de  	comunicaciones y de sus inmensos beneficios, la “asistencia tecnológica” se  	negocia en minúsculos grupos de expertos, a espaldas del público, del grueso  	del personal y hasta del Congreso y de los organismos contralores. Por otra  	parte, los “asesores” foráneos residentes en el país se vuelven casi  	imperceptibles y muchos “consejos” y “soluciones” llegan por ondas  	invisibles a terminales de computador (Mieres, 1981, 235).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Volviendo atrás, es posible  constatar que una salida como ésta venía siendo discutida y propuesta desde  finales de los años 60 por investigadores vinculados al gobierno norteamericano  y a las transnacionales. En particular, James Akins, zar energético de Nixon,  posteriormente embajador en Arabia Saudita y asesor petrolero en ese mismo país,  expuso las ventajas, para los intereses de las compañías y del sistema en  general, de darle una vía de escape al peligroso vapor del nacionalismo, en un  ensayo titulado “The Oil Crisis, This Time the Wolf is Here” (Akins, 1973).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Según este autor, un gran  número de funcionarios de las empresas petroleras examinaba las posibilidades de  establecer un nuevo sistema de relaciones con los países productores, pues se  hacía evidente cada día que la era de las concesiones estaba agotándose, “una  nueva y dramática oferta a los productores podría garantizar la tranquilidad  durante otra generación”; y en particular, al hacer referencia a la situación  que se vivía en el Medio Oriente ante las exigencias de árabes y persas,  concluye que no sería fácil, ni aun deseable resistir un cambio en esos  momentos, porque... “Sin importar lo que resulte de los acuerdos existentes, las  compañías continuarán desempeñando un papel importante en el transporte,  refinación y distribución del petróleo, y es muy probable que también lo harán  en la producción del petróleo durante los próximos diez años”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las reflexiones de Akins  pasaron a formar parte del sustento de la estrategia principal de las grandes  corporaciones petroleras en sus relaciones con los países productores, como lo  demostraron los acuerdos de participación y nacionalizaciones parciales a que se  avinieron esas empresas en los países del Medio Oriente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La Fundación Ford publicó, en  1974, las propuestas de políticas respecto a la OPEP de otro de los  investigadores a los que nos referíamos, Gerard M. Brannon, como parte de un  informe para el proyecto de políticas energéticas de esa fundación, en el cual  aporta argumentos similares a los expuestos y popularizados por Akins.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las leyes tributarias, hasta de  esos países, son más difíciles de cambiar que los precios. Si los países  productores se adueñaran efectivamente de la producción petrolera, su interés  estaría en seguir empleando la burocracia existente de las compañías petroleras  para utilizarla como administradores y técnicos de la producción. La gran  diferencia estaría en que los países productores podrían fijar los precios y no  tendrían el recurso de los impuestos para asegurar la disciplina de precios  contra los países particulares atraídos por la perspectiva de una venta mayor a  un precio más bajo (Brannon, 1974, 168-169).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En concordancia con estas  propuestas estratégicas, discutidas en sus cenáculos en fechas muy anteriores a  las de las publicaciones que estamos citando, las grandes corporaciones que  operaban las industrias petroleras de los países ribereños del golfo Pérsico  consideraron como una salida viable al peligroso y creciente nacionalismo árabe,  que ya había tenido manifestaciones radicales en Argelia, Libia e Irak, el  ofrecer la suscripción de “acuerdos de participación”, suerte de  nacionalizaciones parciales, escalonadas y sobre todo, negociadas, que le  permitieran a esas corporaciones continuar jugando un papel determinante en el  negocio petrolero de esa región<sup>12</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con este propósito, por  ejemplo, enviaron a emisarios a Teherán, a mediados de 1972 con una oferta única  para esos países: Hacerlos propietarios, previa indemnización a las compañías,  de porciones minoritarias del capital accionario de las industrias establecidas  en cada uno de ellos. Como producto de esas conversaciones con los  plenipotenciarios de Arabia Saudita, Abu Dhabi, Irak, Irán, Kuwait y Qatar, se  suscribe, en octubre de 1972, el “Acuerdo General Participación” entre los  países productores del golfo Pérsico y las compañías. Arabia Saudita y Abu Dhabi  aplicaron el acuerdo en diciembre de ese mismo año:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se fijó una participación  	inicial de 25 por ciento la cual entraría en vigencia el 1o. de enero de  	1973 y permanecería constante hasta el 31 de diciembre de 1977. A partir de  	esta fecha el porcentaje de participación se iría incrementando hasta llegar  	a un 51% para el 1º de enero de 1982 (Anzola, 1975, 7).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El Acuerdo General de  Participación, limitado a las operaciones de exploración y producción,  constituyó el primer gran ensayo de una fórmula sustitutiva del régimen  concesionario. En él están prefiguradas todas las características que van a ser  plasmadas con virtuosismo en la nacionalización petrolera venezolana y que  garantizan el mantenimiento de la relación dependiente que estamos analizando:  Además de ser resarcidas con el valor en libros de los activos cedidos, las  compañías obtuvieron prioridad para comprar la proporción de la producción que  correspondería desde entonces a los mencionados países, a los precios que fueran  convenidos en cada oportunidad. En la mayoría de los acuerdos y  nacionalizaciones parciales que se realizaron en el Medio Oriente a partir de  entonces los consorcios mantuvieron intacto su control sobre la comercialización  internacional y suscribieron convenios de asesoría y asistencia técnica.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Entonces, la “apertura”  comienza... en 1976</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esa estrategia, ensayada con  éxito en el Medio Oriente, se hizo política concreta y se ejecutó, con  igualmente óptimos resultados para las compañías, en las negociaciones que  dieron paso a la nacionalización de la industria petrolera en Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A finales de 1973, en un  ambiente caldeado por el enfrentamiento que se produjo a raíz de la aprobación  de la Ley de Bienes Afectos a Reversión, con miembros de la Cámara de  Representantes del Congreso estadounidense clamando por el envío de una “task  force” para detener los pujos nacionalistas desatados y perfilándose claramente,  además, la conflictiva posibilidad venezolana de acortar unilateralmente el  plazo que comenzaba a vencerse en 1983, aparecen las “inesperadas” declaraciones  de Kenneth Wetherell, presidente de la compañía Shell de Venezuela y Robert N.  Dolph, su par de la Creole:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A la luz de lo que ocurre  	en el mundo es de suponer que las relaciones entre las concesionarias y el  	gobierno puedan cambiar quizás mucho antes de 1983 (Dolph).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La empresa está dispuesta y  	preparada a examinar cualquier nuevo esquema de relaciones para las  	actividades petroleras, a fin de cumplir con las aspiraciones y objetivos de  	la nación venezolana (Wetherell) (Rodríguez Galas y Yánez, 1977, pp.  	137-138, 144,145)<sup>13</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cada una de esas  declaraciones, in extenso, se hace explícita la voluntad de sus respectivas  compañías de seguir cooperando con Venezuela... aun después de las  “trascendentes decisiones que soberanamente tomen su pueblo y Gobierno en  materia petrolera”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se inician entonces las  negociaciones trascorrales que, con el nombre de “avenimiento”, dieron luz verde  al “adelanto de la reversión”, otorgando a las concesionarias, en contrapartida,  jugosas indemnizaciones sobre activos largamente depreciados, conviniendo la  firma de los ya descritos contratos de asistencia técnica y comercialización  mediante los cuales se les remuneró con creces su tan reclamado, cuan  inmerecido, lucro cesante y garantizando la permanencia de esas corporaciones en  todos los emprendimientos de sus antiguas filiales, ahora “operadoras”  nacionalizadas<sup>14</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El 1° de enero de 1976 comenzó  a funcionar el esquema umbilical Shell-Maraven, Exxon-Lagoven, Mobil-Llanoven,  Gulf-Meneven y así sucesivamente, que se manifestó de manera expresa, además de  los referidos contratos, en los programas de cambio de patrón de refinación y en  los “megaproyectos” de la Faja del Orinoco. Las corporaciones habían accedido,  por estas nuevas vías, a zonas que antes les estaban vedadas por encontrarse  limitadas a las fronteras de sus parcelas concesionarias. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De tal suerte que, insistimos,  la apertura se inicia en Venezuela con la Ley que Reserva al Estado la Industria  y el Comercio de los Hidrocarburos. Y justamente, con los contratos de  Asistencia Técnica y Comercialización, los cuales constituyen el primer eslabón  de esa apertura, que continúa y profundiza la participación transnacional en el  negocio petrolero venezolano.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Atrincheradas en el  privilegiado papel de asesores tecnológicos – convidadas permanentes en todas  las actividades de sus antiguas filiales– y comercializadores de la producción  exportable de crudos y derivados, las más poderosas de las antiguas  concesionarias se mantuvieron activas y a la espera de su reinserción como  protagonistas directas en las operaciones petroleras venezolanas. El atajo lo  constituyeron los contratos de servicios y empresas mixtas que permitió el  artículo 5º de la mencionada ley, y las primeras excusas se buscan en la  complejidad tecnológica implícita en el desarrollo de los crudos de la Faja, en  la posibilidad de reactivar difíciles campos marginales y la explotación del gas  no asociado costa afuera de Paria.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De tal manera, concluido el  ciclo concesionario venezolano, las relaciones entre el Estado propietario del  recurso y las transnacionales que lo explotaban cambiaron de forma con la  “nacionalización” de la industria, pero no sólo se mantuvieron sino que se  intensificaron y extendieron a campos inusitados.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los primeros contratos de  Asistencia Técnica y Comercialización fueron eventos paradigmáticos en cuanto a  una nueva configuración de los vínculos Estado-corporaciones en los veinticuatro  años que siguieron hasta 1999, durante los cuales esa configuración se  desarrolló y consolidó. En esos contratos se plasmaron los pasos iniciales de la  apertura petrolera, porque fue a través de ellos que Exxon, Shell, Mobil, y Gulf,  principalmente, pasaron a tener injerencia en espacios distintos a los de sus  antiguas concesiones, abriéndose simultáneamente nuevas oportunidades para otras  grandes corporaciones.</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">... La Exxon recibió unos  	510 millones de dólares de compensación directa por la nacionalización de la  	Creole Petroleum. También obtuvo el derecho de comprar petróleo a un precio  	que se vuelve a negociar cada trimestre. Y, lo que es más importante, la  	compañía recibe ahora pagos por cada barril de petróleo embarcado y  	refinado.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A pesar de que el gobierno  venezolano no accede a publicar el monto de los pagos, se sabe que es muy  generoso –tan generoso de hecho que las facciones liberales y de izquierda  venezolanas lo consideran una verdadera entrega. Exxon también rehúsa  especificar la importancia de los pagos, pero R.H. Herman, el vicepresidente de  mercadeo de la compañía, dice con una verdadera sonrisa: “Logramos un acuerdo  razonable con Venezuela y esperamos poder lograr lo mismo con los sauditas”  (Rose, 1977).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Fue así como se inició el ya  mencionado proceso de deterioro de la participación nacional en el negocio  petrolero, constituyendo la llamada “apertura petrolera” sólo el capítulo  contemporáneo y más agudo de una política que ha tenido siempre el mismo signo:  La expropiación del patrimonio colectivo en beneficio del gran capital  transnacional y de las elites aprovechadoras criollas, cuya punta de lanza la  constituyeron, hasta enero de 2003, las cúpulas gerenciales de mentalidad  privatista enquistadas en los puestos de comando de la empresa estatal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con esos contratos se inició el  desmontaje del aparato de control y fiscalización estructurado por el Estado  venezolano a lo largo de seis décadas. En ellos se consagró, por primera vez, la  renuncia a la soberanía impositiva, al establecer una fórmula automática para  compensar todo intento de incremento de las tasas del Impuesto Sobre la Renta  vigentes a la firma del contrato. Igualmente, allí, por primera vez, se renunció  a la “inmunidad de jurisdicción”, es decir, la competencia exclusiva de los  tribunales nacionales para dirimir cualquier litigio entre las partes, al  establecer, en contravención del artículo 127 de la Constitución Nacional de  1961, el arbitraje internacional como medio para dirimir los desacuerdos entre  las partes contratantes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Posteriormente se incorporaron  nuevas áreas a este proceso de expansión de la participación extranjera en el  negocio petrolero venezolano: Los programas para el cambio de patrón de  refinación y los “megaproyectos” de la Faja del Orinoco fueron los siguientes  escenarios en los cuales se continuaron los retrocesos de la soberanía estatal.  Luego apareció el programa de adquisición de refinerías en el exterior conocido  como “internacionalización”, destacado componente de una estrategia enfrentada a  la política oficial, generalmente aceptada sólo en apariencia, de control de la  producción como garantía para la defensa de los precios. Esa estrategia  gerencial incorpora, en consecuencia, un decidido sesgo anti-OPEP, al promover  la expansión de la producción, debido a la adquisición de nuevas capacidades de  refinación para cuyo abastecimiento las cuales no se contaba con crudos  suficientes. Todo ello sin mencionar el inmenso fraude a la nación que  significaron estas adquisiciones y su subsiguiente operación, convertidas en un  drenaje de ingresos nacionales hacia el exterior (Mendoza Pottellá, 1995; Boué,  1997; Ramírez Coronado, 2000).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El proyecto Cristóbal Colón,  diseñado supuestamente para la explotación de los yacimientos gasíferos del  norte de Paria por un consorcio formado por Shell, Exxon, Mitshubishi y Lagoven,  “diferido por 5 años” primero y definitivamente abandonado por inviable luego,  fue sin embargo, el emprendimiento más exitoso de la gerencia petrolera desde el  punto de vista de su rumbo hacia la desnacionalización total de la industria.  Escudados en la importancia estratégica de ese proyecto lograron imponer en el  Congreso Nacional la eliminación de la figura de los Valores Fiscales de  Exportación, la cual garantizaba adecuados niveles de participación fiscal.  Igualmente, y de manera subrepticia, forzaron un dictamen de la Corte Suprema de  Justicia mediante el cual fueron derogados los artículos 1°, 2° y 5° de la Ley  que Reserva al Estado la Industria del Gas Natural y modificado el Artículo 3°  de la Ley de Hidrocarburos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En sí mismo, el proyecto  Cristóbal Colón incorporaba mermas del ISLR en 33 puntos porcentuales y una  expresa renuncia a la soberanía impositiva, al disponer el compromiso de Lagoven  de compensar a sus socios extranjeros en la eventualidad de incrementos  tributarios dispuestos por las autoridades nacionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con este ensayo general quedó  servida la mesa para los nuevos hitos en el camino desnacionalizador: Las  “asociaciones estratégicas” para la operación de campos inactivos, supuestamente  “marginales” y los “convenios de asociación bajo el esquema de ganancias  compartidas” vendidos bajo el eslogan de la “apertura”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero la realidad, reiteramos,  fue que desde un principio, es decir, desde 1976, en cada escaramuza  meritocrática por defender su autonomía operativa frente a la Contraloría  General de la República, el Banco Central y el crecientemente desvalido y  colonizado Ministerio de Energía y Minas, por imponer su visión de “negocios” y  de producción incremental a cualquier precio, frente al “rentismo estatista”, en  eventos tales como el cambio de patrón de refinación, la internacionalización,  los proyectos de mejoramiento de crudos extrapesados y la entrega de los “campos  marginales”, se quedaron pedazos de soberanía, de capacidad de control y  fiscalización, jurisdicción de las leyes y tribunales nacionales, y, como se  constata en las cifras aportadas por la propia industria, de integridad de la  participación nacional en un negocio que hasta 1999, fue controlado en todos sus  intersticios, capilarmente, por el poder económico privado nacional y  transnacional que rebanaba para sí las mayores tajadas (El poder petrolero,  Mendoza Pottellá, 1995).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El intento gubernamental de  cambiar este rumbo iniciado en 1976, puesto de manifiesto en la designación, en  febrero de 2002, de un directorio de Pdvsa dispuesto a hurgar en los más  recónditos recovecos del secreto petrolero que se escondía tras las hermosas  “presentaciones” de sus ejecutivos y las “consolidaciones” de sus artífices  contables, fue uno de los factores desencadenantes del golpe petrolero de abril  de 2002. Esos mismos temores los llevaron, entre diciembre de ese mismo año y  enero de 2003, a utilizar todos sus recursos, incluido el chantaje terrorista,  para imponer su particular visión de la democracia; una que fuera complaciente  con sus negocios y no invocara viejas, desteñidas, desfasadas, “rentistas” y  amenazantes posturas nacionalistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En los casi tres años que han  pasado desde entonces, el país está tratando de recuperarse del gigantesco daño  patrimonial causado por el sabotaje petrolero, cuyas consecuencias impactarán a  nuestra industria petrolera por varios años más.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero hoy, lo que nos lleva a  revindicar la necesidad de levantar nuevamente las banderas del nacionalismo  petrolero es la circunstancia concreta de que actualmente se siguen formulando  proyectos, concretando, manejando y formalizando negocios –inevitables, por lo  demás– con el capital petrolero internacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ya mencionamos como rasgo  positivo el propósito y la evidencia concreta de diversificar las fuentes de esa  inversión extranjera. También podemos destacar como sumamente positiva la  política de vincular la producción petrolera venezolana al fortalecimiento de la  integración latinoamericana y caribeña.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero, en cuanto al diseño,  magnitud y sentido de sus planes de asociación con ese capital petrolero  internacional, todavía el sector público petrolero está en mora con la necesaria  contraloría social de sus actividades. La propuesta, sostenida por sectores  políticos y sociales que apoyan al gobierno bolivariano, de constituir un  Consejo de Estado para supervisar todos los negocios energéticos y petroleros  del país, ha quedado en un limbo. En el Ministerio de Energía y Petróleo y en  Pdvsa se mantiene la misma estructura de secreto imperante en las pasadas  administraciones. La caja negra de Pdvsa sigue siendo oscura. La magnitud e  impacto de las inversiones en algunas zonas de alto riesgo ecológico, como los  humedales de Monagas y el delta del Orinoco, o el golfo de Venezuela, los  términos de las licitaciones o asignaciones directas, decisiones trascendentales  tales como la liquidación de la Orimulsión y la migración de los convenios  operativos a empresas mixtas, han despertado la aprensión y las críticas de  diversos analistas ubicados precisamente en el campo de nacionalismo petrolero y  en el de la defensa de nuestro hábitat. No se conoce otra respuesta oficial a  estas críticas que no sea el silencio y el hecho cumplido. El debate se elude,  con la tradicional excusa del carácter estratégico, de las decisiones  involucradas y de no darle armas al enemigo. Pero de esa cuerda ya tenemos los  venezolanos no uno sino varios rollos, sometidos como hemos sido durante más de  cien años por las camarillas económicas y políticas gobernantes en ese lapso a  la condición de minusválidos, incapaces de tomar decisiones como pueblo, por  nuestra propia cuenta, sobre cuestiones de interés estratégico y nacional, más  aún cuando esas decisiones afectaban, positiva o negativamente, a los  particulares intereses de esos grupos poderosos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por esa política comunicacional  restrictiva, todavía el público venezolano no conoce a cabalidad las cuentas de  los negocios de la llamada apertura petrolera durante la última década del siglo  pasado, y no existe una información adecuada, detallada y actualizada sobre la  materia. Por ejemplo, la “internacionalización”, uno de los mayores saqueos al  patrimonio publico de que tengamos noticia, todavía es defendida por sus  mentores y por los eternos creyentes en las leyendas doradas de la meritocracia,  a pesar de que el carácter fraudulento de esa política ha sido denunciado y  demostrado desde hace más de diez años y a pesar de que en la actualidad la  industria es dirigida por quienes se opusieron a esa “importación de costos y  exportación de beneficios” (Ramírez Coronado, 2000, 28).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Nuevamente es necesario  recordar que las magnitudes del negocio petrolero son tales, de tan grandes  implicaciones políticas y económicas, que no es posible dejar las decisiones  trascendentes que deben tomarse en esta materia en manos de grupos cerrados de  tecnócratas, negociantes y políticos, independientemente de su trayectoria y  ejecutorias nacionalistas. Porque no se trata sólo de eso, ya que con mucha  frecuencia el nacionalismo suele ser encandilado y desnaturalizado por las  ilusiones desarrollistas, tales como las que despierta el actual panorama del  mercado petrolero, marcado desde hace dos años por un nuevo boom de precios,  generado por los cambios estructurales ocurridos en los fundamentos del mercado  internacional, con un dramático incremento de la demanda, alimentada de manera  decisiva por los nuevos mercados como China y la India, que se enfrenta a un  relativo estancamiento de la oferta.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En efecto, los precios del  crudo, independientemente de bajas estacionales, especulativas o determinadas  por movimientos de inventarios, han alcanzado un nuevo piso estructural, el  cual, para los crudos marcadores internacionales Brent y WTI parece ubicarse en  un nivel cercano los 50 dólares el barril y, de acuerdo a la relación  tradicional, para la cesta venezolana de crudo y productos se encontrará por  encima de los 40 $/b. Este piso le da a Venezuela un margen bastante confortable  para cumplir con las metas del presupuesto público para 2006, calculado con  bastante moderación sobre la base de los ingresos resultantes de un nivel de  producción apenas superior al vigente hoy y un precio promedio de 26 $/b para la  referida cesta. Todo parece indicar que esas condiciones del mercado no  cambiarán en el mediano plazo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pues, bien, con el ritmo actual  y previsible de crecimiento de la economía nacional, esa disponibilidad de  recursos comporta un conjunto de ventajas y de riesgos para el diseño de la  política económica.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las ventajas se encuentran,  desde luego, del lado de la soberanía nacional, de la autonomía para tomar las  decisiones de gasto e inversión presupuestadas y en la posibilidad de disminuir  sustancialmente los niveles de deuda pública interna y externa. Y también del  lado de la soberanía nacional se ubica la posibilidad de alimentar la política  de integración económica y energética latinoamericana y caribeña. Se trata, nada  más y nada menos, que de colocar a Venezuela como eje energético de uno de los  puntos focales del mundo multipolar: La América Latina y el Caribe.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los riesgos, a su vez, se  ubican, como siempre, en el lado de las tentaciones a que hacíamos referencia,  descritas desde 1930 por nuestro primer economista, Alberto Adriani, y  detalladas por sus colegas noruegos en los años 70 del siglo pasado, quienes las  caracterizaron como el “efecto Venezuela”: La propensión al gasto de los  ingresos extraordinarios procedentes de una renta minera, por encima de la  capacidad de absorción de la economía nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De hecho, la “imposible  siembra”, a la que hacía referencia Juan Pablo Pérez Alfonzo, sigue siendo uno  de los sueños nacionales y en momentos de plétora petrolera, cuando mas reluce  el brillo de la riqueza fácil, es cuando más despiertas deben estar las mentes y  las capacidades analíticas de los venezolanos para resistir tentaciones ruinosas  como las que sufrimos durante el período de “la Gran Venezuela” y el V Plan de  la Nación, justamente estigmatizado por Pérez Alfonzo como Plan de Destrucción  Nacional. Treinta años después nos encontramos con planificadores engolosinados  con la posibilidad de invertir a marchas forzadas los ingresos extraordinarios  que está recibiendo el país. Las cifras que se anuncian, 20.000 millones de  dólares anuales hasta el 2010<sup>15</sup>, son realmente funambulescas,  insólitas y peligrosas: La única posibilidad de hacer inversiones de esa  magnitud es importando, llave en mano, los proyectos, los insumos, la  tecnología, la gerencia y la mano de obra calificada necesaria. La incapacidad  estructural del país para soportar semejante aflujo forzado de tal nivel de  inversiones –si en verdad ello fuera factible– puede medirse con los datos que  aporta la prensa en un solo día, el 12 de diciembre de 2005, sobre el no  cumplimiento de las metas de construcción de viviendas en el año<sup>16</sup> o  la necesidad de 5.000 nuevos ingenieros para poder ejecutar los planes ya en  marcha de explotación de la Faja del Orinoco<sup>17</sup> o los problemas de  gestión e incumplimiento de los compromisos adquiridos, detectados en el plan  ferroviario por la Unidad de Evaluación de la Presidencia de la República<sup>18</sup>.  Todo ello sin considerar el carácter aleatorio y extraordinario de los ingresos  que financiarían tales inversiones y las conocidas consecuencias del “efecto  Venezuela” que padecemos desde los años 30 y han anulado desde entonces las  posibilidades de desarrollo de una economía autónoma y autosostenida,  independiente del ingreso petrolero.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por todo lo anterior, debemos  concluir con la constatación de que la reivindicación del nacionalismo petrolero  debe venir acompañada de una democratización real y efectiva del proceso de toma  de decisiones en todo lo atinente a la energía y el petróleo, con absoluta  transparencia en cuanto al resguardo y justa distribución de la inmensa renta  que ese sector genera, para las generaciones de venezolanos de hoy y del futuro.  El escrutinio público es, también, la única manera de combatir efectivamente a  la corrupción que se sabe que existe, que tanto se condena y se promete  erradicar, pero de cuyos culpables y de sus castigos no se sabe nada.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La contraloría social no puede  quedar convertida en palabra hueca, debe dársele un cuerpo físico, con  autoridad, representatividad e institucionalidad. En otras palabras, debe ser  ejercida por un órgano público dotado de los instrumentos y el poder  profesional, moral y político suficientes para garantizar la defensa del interés  nacional en todos sus aspectos y a todos los niveles.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Bibliografía</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Akins, James (1973): “The  Oil Crisis, This Time the Wolf is Here”. Foreign Affairs.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409153&pid=S1315-6411200600010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Anzola Jiménez, Hernán  (1975): La crisis energética, sus orígenes y su desarrollo. Caracas, Colección  La Alquitrana, n° 1, Oficina Central de Información / OCI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409154&pid=S1315-6411200600010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Boué, Juan Carlos (1977):  The Political Control of State Oil Companies: A Case Study of the International  Vertical Integration Programme of Petróleos de Venezuela. Oxford, Oxford University Press.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409155&pid=S1315-6411200600010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Brannon, Gerard (1974):  “Energy Taxes and Subsidies: A Report to the Energy Policy Project of the Ford  Foundation, Ford Foundation”. versión parcial en español, mimeo, CEAP-Faces-UCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409156&pid=S1315-6411200600010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. De la Plaza, Salvador  (1973): Economía minera y petrolera de Venezuela. Caracas, publicaciones Faces-UCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409157&pid=S1315-6411200600010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. De la Plaza, Salvador  (1974): El Petróleo en la vida venezolana. Caracas, publicaciones Faces-UCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409158&pid=S1315-6411200600010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">7. Maza  Zavala, D.F.; Gastón Parra, Luzardo; Francisco, Mieres; Carlos, Mendoza P.  (1977):</span><font face="Verdana" size="2"> Incidencia de los contratos de  tecnología y comercialización en el rumbo de la industria petrolera  nacionalizada. Caracas, mimeografiado, CEAP-Faces-UCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409159&pid=S1315-6411200600010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Mendoza Pottellá, Carlos  (1985): “De las concesiones a los contratos, visión retrospectiva de la política  petrolera venezolana”, tesis de maestría, Caracas, Inédita.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409160&pid=S1315-6411200600010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Mendoza Pottellá, Carlos  (1995): El poder petrolero y la economía venezolana, Caracas, CDCH-UCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409161&pid=S1315-6411200600010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Mendoza Pottellá, Carlos  (1996): “Apertura petrolera: Nombre de estreno para un viejo proyecto  antinacional”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, vol. 2, n°  2-3, Caracas, abril-septiembre, pp. 225-254.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409162&pid=S1315-6411200600010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Mieres, Francisco (1981):  “El papel del petróleo venezolano en la perspectiva de la crisis energética”:  Petróleo y desarrollo en México y Venezuela, México, Ed. Nueva Imagen, UNAM.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409163&pid=S1315-6411200600010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. Ministerio de Minas e  Hidrocarburos (1969-1975): Petróleo y otros datos estadísticos. PODE, Caracas, MMH-MEM.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409164&pid=S1315-6411200600010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Parra Luzardo, Gastón  (1979): El despojo de Venezuela: Los precios del petróleo. Maracaibo, Rectorado  LUZ.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409165&pid=S1315-6411200600010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. Parra Luzardo, Gastón  (1998): De la nacionalización a la apertura petrolera, derrumbe de una  esperanza. Maracaibo, Centro Experimental de Estudios Latinoamericanos,  Universidad del Zulia, 3ra edición.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409166&pid=S1315-6411200600010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. Ramírez Coronado, Rafael  Darío (2000): Informe del comisario de Pdvsa 1999. Caracas, Pdvsa, p. 28.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409167&pid=S1315-6411200600010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. Rodríguez Gallad, Irene; Yánez,  Francisco (1977): Cronología ideológica de la nacionalización petrolera en  Venezuela. Caracas, UCV-Faces, Instituto de Investigaciones Económicas y  Sociales.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409168&pid=S1315-6411200600010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Rose, Sanford (1977): “¿Por  qué está en mengua la marea de las transnacionales?”. Fortune, agosto,  traducción, Caracas, CEAPFaces, UCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409169&pid=S1315-6411200600010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. Sáder Pérez, Rubén (1972):  Hacia la nacionalización petrolera. Caracas, Síntesis Dosmil.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409170&pid=S1315-6411200600010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Sáder Pérez, Rubén (1974):  Petróleo polémico y otros temas. Caracas, Síntesis Dosmil.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409171&pid=S1315-6411200600010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Terzian, Pierre (1988): La  increíble historia de la OPEP. Miami, USA, Macrobit Corporation.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2409172&pid=S1315-6411200600010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1 En particular, la tasa del  ISLR había remontado desde 9% inicial en 1943, hasta 71% de 1970 y alcanzado una  cumbre adicional con la implantación, en 1971, del Valor Fiscal de Exportación (VFE),  carga adicional que se obtenía al calcular los impuestos debidos por los  concesionarios a partir de un valor que era 30% superior a los ínfimos precios  “de realización” declarados para tales fines, los cuales no eran otra cosa más  que el producto de la “ingeniería financiera” de esas compañías para minimizar  sus pagos. Ese VFE también fue liquidado en el fragor aperturista de la  “nacionalización”.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2 En editoriales y artículos  recientes de la prensa diaria venezolana, al cumplirse en el mes de agosto  pasado los treinta años de la constitución de Petroven, la futura Pdvsa, se  presenta esta visión sonrosada de la historia y se ensalza a sus héroes, el  ministro de Minas e Hidrocarburos de la época y el primer presidente de Pdvsa,  precisamente aquellos quienes negociaron en la “comisión de avenimiento” las  indignantes dejaciones de soberanía que aquí denunciamos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3 Juan Pablo Pérez Alfonzo hizo  su primera aparición pública en esta materia al emitir su voto salvado en el  Congreso de la época. Rómulo Betancourt satirizó la Ley resultante,  denominándola ley-convenio, aludiendo al hecho de que fue pactada previamente a  su presentación al Congreso y no admitía modificaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4 Los miembros de esa comisión,  quienes representaron a casi todo el espectro político y social venezolano de la  época. Discutieron varios proyectos, en particular los de los partidos MEP y  Copei, centrando sus debates en temas como los del monto de la indemnización, el  lucro cesante y la posibilidad de la constitución de empresas mixtas para la  gestión de las actividades reservadas al Estado. Entre sus miembros se pueden  destacar a individualidades como D.F. Maza Zavala, Gastón Parra Luzardo, Aníbal  Martínez, Álvaro Silva Calderón, Radamés Larrazábal, Freddy Muñoz, Hugo Pérez La  Salvia, Reinaldo Cervini, Celestino Armas, Luis Enrique Oberto, Rafael Tudela,  Alfredo Paúl Delfino, Julio César Arreaza, Humberto Peñaloza.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5 Procura es la tercera persona  del presente del verbo procurar, pero en este caso, “la procura”, se trata de un  anglicismo, proveniente de procurement, actividad de búsqueda, compra,  contratación y suministro de insumos materiales, maquinarias y procesos  tecnológicos en el exterior. El “outsourcing”, la contratación de supuestos  “servicios no medulares” con empresas externas, constituyó hasta 2003 una de las  principales rutas de Pdvsa hacia la privatización de todas sus actividades,  desde la exploración hasta la informática.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6 “... la baja en la producción  y exportación petrolera es un mecanismo de presión ejercido por las  transnacionales para obligar al Estado a aceptar las condiciones impuestas por  éstas a través de los contratos de asistencia técnica y de comercialización”  (loc. cit., p. 120). “Lo cierto es que el Presidente de la Exxon solicitó un  descuento adicional de 1,25 dólares por barril que sumado al ya acordado en el  primer contrato de comercialización (60 c/dólar) arroja un descuento de 1,85  dólares. Pero exigió algo más, que Pdvsa acepte definitivamente la instalación  del proceso Flexicoking, en la refinería de Amuay, con los cual los técnicos  venezolanos no están de acuerdo” (loc. cit., p. 121).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7 Al hacer mención negativa a  algunos de estos proyectos, como el cambio de patrón de refinación o los  mejoradores de crudos pesados, no estamos evaluando su pertinencia o necesidad  para el desarrollo y modernización de la industria, sino a los términos,  ruinosos para la nación, acordados para su realización.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8 “Chucuto” designa, en el  oriente de Venezuela, al perro al que se le ha cortado la cola. Y allí está  precisamente el quid del problema: nadie duda de que un dóberman, perro al que  se estila cortar la cola, sea un perro, no solamente completo, sino también  feroz. El público venezolano también asumió así a la “nacionalización chucuta”,  con un apéndice cortado y un riesgo desnaturalizador a futuro, pero  nacionalización al fin y al cabo, un cambio estructural en el orden jurídico y  político. Éste fue uno de los mayores logros que obtuvieron los diseñadores del  plan: desmovilizaron el sentimiento nacionalista que, ante la cercanía de 1983,  bullía en la población venezolana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9 En casos especiales y cuando  así convenga al interés público, el Ejecutivo nacional o los referidos entes  podrán, en el ejercicio de cualquiera de las señaladas actividades, celebrar  convenios de asociación con entes privados, con una participación tal que  garantice el control por parte del Estado y con una duración determinada. Para  la celebración de tales convenios se requerirá la previa autorización de las  Cámaras en sesión conjunta, dentro de las condiciones que fijen, una vez que  hayan sido debidamente informadas por el Ejecutivo nacional de todas las  circunstancias pertinentes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10 “El royalty es de la  nación”, utilizando el anglicismo entonces en boga, fue la consigna central de  la ímproba y solitaria lucha de Salvador de la Plaza, expuesta en varios de sus  trabajos, dos de los cuales referimos en la bibliografía.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11 Cuadro 1, “Petróleo y otros  datos estadísticos” (1969-1976), Caracas, Ministerio de Minas e Hidrocarburos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12 Pierre Terzian (1988,  129-190) hace una detallada descripción del conjunto de factores y fuerzas en  pugna en torno al petróleo del Medio Oriente en los años 60 y 70, con la  emergencia de un nacionalismo radical, en un ambiente de alta sensibilidad  dentro del conflicto global este-oeste, agravado con la presencia directa de la  Unión Soviética en la región, y de cómo ello fue enfrentado con la afanosa  búsqueda de las grandes corporaciones y sus aliados de una fórmula intermedia  que garantizara, a la manera de Il Gatopardo, el statu quo de los grandes  beneficios y el control del mercado por esas compañías y los gobiernos de sus  países de origen.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13 Según la misma fuente (115),  un año antes, en octubre de 1972, J.J. de Liefde –presidente para entonces de la  compañía Shell de Venezuela–, relativizaba la importancia del vencimiento de  casi todas las concesiones de su compañía para 1983, aludiendo a lo mucho que  ésta tenía que ofrecer al país en los campos tecnológico y gerencial. ¿Acertada  predicción o primeros indicios de una estrategia largamente madurada?</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14 Maza Zavala, Parra Luzardo,  Mieres, Mendoza Pottellá (1977).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15 El Nacional, 25-11- 2005,  A22.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16 El Nacional, 12-12-2005,  A22.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17 El Nacional, 11-12- 2005,  A22.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18 El Universal, 12-12- 2005,  1-14.</font></p>       ]]></body>
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