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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El oficio de ser mujer. Vivencias del género femenino en la Caracas del siglo XVIII]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Antropóloga Asistente de Investigación en el Laboratorio de Antropología Histórica del Departamento de Arqueología, Etnohistoria y Ecología Cultural de la Escuela de Antropología. ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract The author considers sexual difference a social construct that generates different social representations related to an individual’s status in society and his/her appropriate social roles. In late 18th century Venezuela, the highly-stratified nature of society facilitates the identification of mechanisms of male domination (main labor force, public life) and the subordinate status of women (in the intimity of family life dedicated to the role of mother, wife, daughter, sister, etc.). This article examines the social mechanisms prevalent in colonial Caracas to legitimate the predominance of one gender over the other]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana">     <p ALIGN="CENTER"><b><font size="3">El oficio de ser mujer. Vivencias del género femenino en la  Caracas del siglo XVIII</font></b></p>     <p ALIGN="CENTER"></font><font face="Verdana" size="2">Yelitza C. Rivas C.<sup>1</sup></font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">  <b></b> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font>      <p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> <sup>1</sup>Antropóloga. Asistente de Investigación en el Laboratorio de  Antropología Histórica del Departamento de Arqueología, Etnohistoria y Ecología  Cultural de la Escuela de Antropología. Líneas de investigación que desarrolla:  Antropología Histórica. Temática desarrollada: &quot;Discursos y Practicas Sexuales  durante la segunda mitad del siglo <span style="font-variant: small-caps; text-transform: capitalize">xviii&quot;</span>.  &quot;Estudios Histórico Antropológico de los resguardos indígenas de Oriente&quot;. &quot;Usos  y abusos del Agua en la Caracas del siglo <span style="font-variant: small-caps; text-transform: capitalize">xviii</span>&quot;  &quot;Vida Cotidiana en la Caracas del siglo <span style="font-variant: small-caps; text-transform: capitalize">xviii&quot;</span>.  &quot;Naufragios Coloniales&quot;. &quot;La medicina en Caracas durante la segunda mitad del  siglo <span style="font-variant: small-caps; text-transform: capitalize">xviii</span>&quot;.  &quot;Historia y Antropología de Ciudad Bolívar&quot;. Otras Investigaciones: &quot;Pautas de  Crianza en los Pueblos Indígenas de Venezuela&quot;. Desde julio de 2003 hasta  diciembre de 2003 y enero de 2005 hasta el momento. yelirivas@yahoo.com</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> <b>Resumen</b> </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Abordar el tema de género implica una mirada a la diferencia  sexual como construcción social generadora de diferentes representaciones  sociales de los individuos en torno a su estatus dentro de la sociedad y a los  roles a desempeñar. Tal es el caso de la sociedad de la provincia de Venezuela  de la segunda mitad del siglo xviii, que por ser una sociedad altamente  estratificada permite identificar un ejercicio del poder masculino (fuerza de  trabajo principal, vida pública) y la subalternidad de las mujeres (en lo que  refiere a la vida íntima dedicada a la familia, como madres y esposas, hijas,  hermanas, etc). En tal sentido en este artículo se da cuenta de los mecanismos  sociales de la Caracas colonial para legitimar la preponderancia de un género  sobre otro.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> <b>Palabras clave:</b> Género, mujer, familia, siglo xviii,  Caracas-Venezuela.</font></p>     <p ALIGN="center"><font face="Verdana" size="2"> <b>The Office of Being a Woman. Experiences in 18th Century  Caracas</b></font></p>     <p ALIGN="left"><font face="Verdana" size="2"> <b>Abstract</b></font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> The author considers sexual difference a social construct  that generates different social representations related to an individual’s  status in society and his/her appropriate social roles. In late 18<sup>th</sup>  century Venezuela, the highly-stratified nature of society facilitates the  identification of mechanisms of male domination (main labor force, public life)  and the subordinate status of women (in the intimity of family life dedicated to  the role of mother, wife, daughter, sister, etc.). This article examines the  social mechanisms prevalent in colonial Caracas to legitimate the predominance  of one gender over the other.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> <b>Key Words: </b> Gender, Women, Family, 18th Century,  Caracas-Venezuela.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> <b>Introducción</b></font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> El estudio de las prácticas sexuales y de género se ha  impuesto con fuerza durante la segunda mitad del siglo xx. Desde múltiples  perspectivas, la corporalidad ha adquirido un valor especial en el estudio de  las relaciones sociales y la construcción de las identidades de género, entre  otros aspectos de la realidad social y cultural.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Nuestra intención es la de analizar estos procesos en una  sociedad del pasado venezolano, la provincia de Caracas durante la segunda mitad  del siglo xviii, cuya sociedad estaba fuertemente marcada por jerarquías  sociales definidas por la pertenencia estamental, el color y la riqueza. De esta  manera, queremos resaltar particularmente, desde una perspectiva de género, el  lugar ocupado por las mujeres y los conflictos generados por la resistencia que  opusieron, de manera explícita o implícita, a la realización del rol impuesto  por la sociedad, fuertemente caracterizada por el poder de los varones.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> El abordaje del tema del género implica hablar del proceso de  simbolización basado en el dimorfismo sexual, que ha servido para que las  culturas produzcan diversos modelos que buscan definir la orientación sexual de  los individuos dentro de la sociedad. Estos modelos y prácticas giran en torno a  las representaciones con respecto a los sexos y se encargan de reforzar  continuamente la significación del ser hombre o mujer.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En este orden de ideas, cada sociedad produce sus propios  ideales de la masculinidad y feminidad, generando mecanismo para reforzar la  diferencia como desigualdad a través de la redundancia de los papeles que los  sujetos, tanto masculino como femenino, deben ejecutar dentro de la sociedad.  Los dos sexos sirven como modelo referencial para la elaboración y  diferenciación de las unidades sociales (Amodio, 1995).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> El género resulta así determinante por las culturas, tanto en  el ejercicio de la sexualidad de sus individuos como en todas sus relaciones  sociales. Al respecto, Pierre Bourdieu señala que la construcción de los cuerpos  está inmersa en una cosmología sexualizada, la cual consiste en la oposición de  lo masculino a lo femenino, a través de la delimitación de su campo de acción,  en el que un sexo prevalece sobre otro. Indica también que esta contraposición  se hace frecuente en la mayoría de las sociedades, las cuales la asumen como  diferencias naturales y no sociales ni culturales (Bourdieu, 2000, 13).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Teniendo en cuenta que las culturas utilizan el género para  delimitar también diferentes tipos de relaciones extrasexuales, es conveniente  considerar los elementos que las estructuran, los cuales varían según la  economía, el entorno y el nivel de complejidad social en las cuales se realizan.  Siguiendo a Conrad Philipe Kollad, podemos delimitar estas funciones de la  siguiente manera:</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> a) Funciones de género: Son las tareas y actividades que una  cultura asigna a los sexos.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> b) Estereotipos de género: Ideas simples sobre las  características de los varones y de las mujeres que son fuertemente asumidas por  los individuos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> c) Estratificación de género: La distribución desigual de  recompensas socialmente valoradas, poder, prestigio y libertad personal. El  autor citado señala que, en las sociedades sin Estado, la estratificación de los  sexos suele ser más evidente con respecto al prestigio y a la riqueza, mientras  que en las sociedades estratificadas occidentales modernas ésta decrece cuando  hombres y mujeres aportan equitativamente a la subsistencia del grupo (cf.  Kollad, 1994, 134).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Con respecto a estos fenómenos, Mary Douglas (1973, 73)  indica que las culturas establecen tales distinciones para determinar las  fronteras sociales. Un ejemplo de ello lo constituye la idea de contaminación  que algunas sociedades atribuyen a un sexo con respecto a otro:</font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font>  <dir>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Creo que algunas contaminaciones se emplean como analogías    para expresar una visión general del orden social. Por ejemplo existen    creencias de que cada sexo constituye un peligro para el otro, mediante el    contacto con los fluidos sexuales. Según otras creencias, sólo uno de los dos    sexos corre peligro por el contacto con el otro, habitualmente el masculino    con el femenino, pero a veces ocurre lo contrario. Semejantes configuraciones    del peligro sexual pueden considerarse como expresiones de simetría o de    jerarquía. Poco plausible sería interpretarlo como la expresión de algo que    atañe a la relación auténtica entre los sexos. Creo que muchas ideas acerca de    los peligros sexuales se comprenden mejor si se interpretan como símbolos de    la relación entre las partes de la sociedad como configuraciones que reflejan    la jerarquía o simetría que se aplican en un sistema más amplio (...) Los dos    sexos pueden servir como modelo para la colaboración y diferenciación de las    unidades sociales (Douglas, 1973, 16). </font>    </p>   <font FACE="Verdana" SIZE="2"> </dir> </font>      <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Por lo general, los estudios en torno al género plantean ver  los diferentes modelos de dominio que las culturas atribuyen a un sexo sobre  otro. Para ello, se basan en los distintos modelos que marcan los límites de  comportamiento (cf. Receves Sanday, 1981, 35). En este sentido, la idea de  contaminación sexual permite acercarse un poco más a la constitución de las  jerarquías sociales.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Cristina Molina Petit (1994) considera que uno de los  principales factores que deben ser tomados en consideración para definir la  posición de los sexos dentro de la sociedad es el espacio social, es decir, el  lugar donde cada sexo tiene su campo de acción. Por ejemplo, en el caso de la  sociedad occidental, el modelo estructural de la organización social asigna  tradicionalmente el espacio publico (el espacio del reconocimiento social) a los  varones, mientras que el ámbito privado (espacio del no reconocimiento social)  es asignado a las mujeres. En este segundo espacio se desarrollan las  actividades femeninas, siendo por lo general vedado a la mujer el acceso al otro  ámbito con justificaciones de tipo religiosas y económicas, entre otras. La  misma autora señala que éstas son las bases que sustentarán el poder que se  ejerce sobre las mujeres por parte de la sociedad y la familia: &quot;La esfera de lo  privado-familiar y la mujer que por ella se define, permanece regida por una  suerte de ley divina o ley natural y atada al antiguo derecho sacro&quot; (Molina  Petit, 1994, 37).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> La representación y lugar social de la mujer en la Caracas  del siglo <span style="text-transform: capitalize"> xviii</span></font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Al emprender el estudio de las practicas sexuales, en la  provincia de Caracas durante la segunda mitad del siglo, necesariamente se tiene  que abordar la manera en que las divisiones y jerarquizaciones sociales hacen  del cuerpo una construcción social, con el objetivo de hacerlo funcional dentro  de la vida social. Estas representaciones sirven de base para establecer la  diferencia sexual en las sociedades y es a partir de éstas que se conforma el  poder social como parte del orden las construcciones sociales en torno al ámbito  sexual. El poder social que ejerce el control de cuerpo es llevado a cabo por  las sociedades a través de instituciones que emplean diferente mecanismos para  la reproducción de ese orden a través de las atribuciones de roles de género y  de los espacios, que los individuos deben ocupar en el seno de las sociedades.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Cabe destacar que la interpretación y valoración de la  masculinidad y la feminidad dentro de una sociedad no son una categorización  estática ya que se articula con las distintas categorizaciones sociales que cada  sociedad particularmente emplea para clasificar a sus individuos.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En el caso de la sociedad colonial caraqueña de la segunda  mitad del siglo xviii. Las marcadas jerarquías sociales existentes en dicha  sociedad estaban definidas por cuatro referentes principales: El étnico, el  color, el económico y el género. Con respecto a este último, tomando en  consideración que el control de las instituciones era ejercido por los  individuos de los estamentos dominantes, el modelo de sociedad impuesto le daba  preeminencia a los hombres blancos (mantuanos), los que eran depositarios de  todo el poder moral de la sociedad, imponiendo la observancia de la  honorabilidad, en contraposición con el resto de la sociedad, mujeres e  individuos de los sectores subalternos, con su enseñanza y con su ejemplo,  aunque en la mayoría de los casos el modelo no se realizaba completamente.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Un ejemplo de ello lo constituye lo estipulado en el Sínodo  Diocesano de Caracas, conjunto de reglas producidas en Caracas a finales del  siglo xvii, pero con una gran vigencia en el contexto temporal que nos ocupa,  debido a que sus leyes no sólo abarcaban el ámbito religioso, sino también  secular. En dicho corpus de leyes se propone la definición de una figura modelo,  el Padre de Familia, distinguido de los otros individuos de su mismo género por  su posición económica y social, que le permitía contar con servidumbre y  esclavos, por lo que su labor abarcaba no sólo cuidar de su familia, en lo que  respecta a la moral, sino también velar por la moral de su servidumbre. Esta  posición fue reiterada durante la segunda mitad del siglo xviii, con la  promulgación de la Real Pragmática Matrimonial donde se les daba la potestad a  dichos individuos para decidir en cuanto a las futuras uniones de sus hijos.  Cabe destacar que en dicha Pragmática se señala que tal potestad sólo era el  privilegio de los grupos de alto rango social, mientras que los otros individuos  no tenían dicho privilegio y, en todo caso, sólo podían aconsejar y era decisión  de los hijos obedecerles o no.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En el caso de la mujer, le era atribuida una fragilidad de  cuerpo y espíritu, lo que justificaba su espacio de acción, circunscrito al  espacio doméstico. Los roles sociales atribuidos a la mujer eran:</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> a) Madre: Atendiendo a la definición del matrimonio emitida  por el Concilio de Trento, quedaban claramente definidas cuáles eran sus  funciones: &quot;La muger principalmente se debe casar para ser madre o porque es  oficio de la madre concebir, parir y criar los hijos&quot; (Catecismo del Santo  Concilio de Trento, 1777, 196). La tarea más importante de la mujer era la de  generar los hijos y cuidarlos hasta que pudieran integrarse a la sociedad cuando  llegasen a la edad adulta.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> b) Esposa: Implicaba fidelidad, respeto y cuidado de los  maridos. Ildefonso Leal señala que desde muy corta edad se le inculcaba a la  mujer que debía ser pasiva y mansa frente a su marido (Leal, 1994, 190). Ella  era la encargada de expresar el honor de la familia: Como hija, evitando infamar  con su conducta el honor de la familia, garantizando su virginidad; como esposa,  garantizando que la descendencia fuese legítima.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> c) Devota: Debía participar de los ritos y conocer algunos  conceptos básicos de la doctrina cristiana. Para esto, era necesario que supiera  por lo menos leer los misarios, novenas etc., sobre todo en el caso de mujeres  mantuanas, para participar en los actos religiosos tanto públicos como privados.  Además, muchas de ellas eran benefactoras del culto católico, a través de  donaciones de limosnas para fundación y manutención de conventos, hospicios y  obras pías. En el caso de las mujeres que no se casaban, una de las opciones de  vida era la religiosa (cf. González Antías, 1995, 128).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En cuanto a la fragilidad de espíritu, era considerada una  potencial transgresora y, lo más peligroso, como potencial incitadora de la  desviación de las normas establecidas. De tal manera que se les encomendaba a  los hombres de la familia, especialmente al padre de familia, que tuviese mucha  precaución con las hijas, como lo expresa en sus &quot;Normas del buen vivir&quot; el  obispo Madroñero, en 1763:</font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font>  <dir>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> 214- No se sufra en la mugeres que se esten a la puerta o    bentana ni acostadas o echadas ni en amacas a vista de hombres ni se ermoseen    con afeitacion y artificio ni las permitas otras semejantes vanidades o    composturas peligrosas y quando permita o deje que las visiten los hombres    nunca sean a solos ni en ropa menores ni livianas aunque sean parientes muy    cercanos y esten enfermas o pacientes mayormente estando en su cama o hamaca. </font>    </p>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> 215- Cuide que no anden vagueando por todas partes, sino    que se esten en sus casas que cada una cuide su oficio que tiene que se ocupe    en acciones santas y piadosas y que todas vayan santamientas a hacer sus    debociones. </font>    </p>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> 216- Que no salga fuera de casa o lugar alguno que sea el    que fuere sin que el primero atendiendo la honestidad y modestia, tengan    cubierta la cabeza con una toca o lienzo o con un belo que no sea transparente    de tal manera que no se bean los cabellos y que esten cubierta la mayor parte    de la cara: Esto se entiende para las mujeres casadas y viudas en cuantos a    las hijas doncellas cuide que tenga cubierto todo el rostro lo qual se    observara mas exactamente y con mayor cuidado cuando salen para la iglesia o    ban a las estaciones procesiones u otro exercicios (AGN, Sección Traslados,    tomo 618, fol. 119). </font>    </p> </dir>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Mientras que, en el caso de los hombres, el obispo indicaba  que la vigilancia de su conducta quedaba a su propia discreción. </font>   </p> <dir>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> 35- Huie de los juegos los bailes, los puestos publicos,    los banquetes, las fiestas, las mascaras y espectáculos profanos donde es Dios    ofendido y guardate no solo de ser su complice en esto sino tambien de hacerte    presente en ello. </font>    </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> 37- Cuida mucho que en tu casa no se bean pinturas profanas    ni provocativas y deshonesta ni en cuadros ni paredes ni en libros ni en otra    parte alguna de tu casa porque a ti la de sason y atoro causaran escandalo. </font>    </p>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> 208- Haga que sus hijos y criados hembras y varones duerman    de tal manera separados los unos de los otros que no haya peligro ni    inconveniente alguno, y providencia que cada uno tenga camas separadas de modo    que no se acuesten juntos ni aun siendo de tierna edad y menos quando fueren    de diversos sexo (ibíd., fol. 54). </font>    </p> </dir>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En el caso de las transgresiones, la estratificación a través  de género implicaba una serie de representaciones a la hora de juzgar las  acciones de uno u otro. La valoración era asimétrica, juzgando con mayor  severidad las faltas femeninas que las masculinas, sobre todo en el caso de las  transgresiones sexuales. Sin embargo, también en este caso, privaba la  pertenencia a un determinado grupo estamental. Tal es el caso de la mantuana, la  cual era colocada por encima de la demás en cuanto al comportamiento moral. Lo  que tenía una doble consecuencia: Debía mostrar una &quot;fachada&quot; moral más fuerte  que las mujeres de los estamentos más bajos; pero, al mismo tiempo, sus  transgresiones eran una amenaza mayor para el orden establecido. </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> De esta manera, podemos señalar la responsabilidad social que  era depositada en la mujer caraqueña, debido a que era contenedora del honor de  la familia, bien en su rol de esposa, garantizando que la descendencia fuese  legítima, bien como hija, evitando infamar con su conducta el honor de la  familia y garantizando su virginidad. Esto se debe a que las características  patriarcales de esa sociedad, tanto en el plano formal como en el práctico,  determinaban que el cuidado de la sexualidad masculina descansaba en la certeza  de que la mujer era esencial para la fundación de la familia y garantizar su  pervivencia en la sociedad; mientras que el control de la sexualidad femenina  constituía, por un lado, el medio a través del cual se podían establecer  alianzas productivas con otras familias, sin con esto excluir completamente que  también los hombres podían infamar a otras familia, haciendo uso de las mujeres  (cf. Pit River, 1968, 42). </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Un ejemplo que sirve para aclarar lo anterior: Se tiene en la  querella interpuesta en Coro, durante el mes agosto de 1774, por el capitán Juan  Bautista en contra de don Miguel Giron, quien había sido novio de su sobrina,  motivada por calumnia y falta a la palabra matrimonial. El acusado se defiende  señalando: </font>   </p> <dir>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> La dha Miquelena la pretendio el confesante y que con las    propias caricias con que ella dise le correspondio, sin ningun despego, le    motivo a prettencion deshonesta que consiguió sin la mayor instancia y sin    ninguna promesa porque nunca se havria de disponer abandonar su persona y    estimacion casandose con una persona de tan vaja circunstancia como la dha    Miquelena (AGN, Matrimonio y Discenso, Tomo LXXXII, Fol. 362). </font>    </p> </dir>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Para garantizar la realización del modelo ideal de  comportamiento femenino, se procuraba que la socialización fuese una tarea en  primera instancia llevada a cabo por las otras mujeres de la familia, es decir,  eran las mismas mujeres quienes asumían el papel de educadoras de su mismo  género. Esta educación empezaba desde muy tierna edad y la misma consistía  principalmente en el aprendizaje de la doctrina, labores como coser y bordar y  algunas nociones de aritmética y escritura, en el caso de las mantuanas,  mientras que para las mujeres del resto de la sociedad era suficiente el  conocimiento de la doctrina y las labores domésticas. En otros casos, cuando no  existía un pariente femenino que pudiese llevar a cabo la labor de enseñanza, se  recurría a otros medios, como la educación impartida en los conventos. </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Un ejemplo de lo antes planteado se tiene en lo planteado al  obispo Madroñero, en carta fechada en El Sombrero el 10 de abril de 1761, por  parte de don Alonso Magdaleno quien tenía una hija de seis años, cuya madre se  encontraba imposibilitada de atenderla por motivos de salud y deseando que su  hija tuviese una buena educación y contando además la niña con dos tías  religiosas, le solicita su aprobación para introducir a la niña en el convento  donde profesan sus familiares (AHAC, Episcopales, carpeta, 26, doc. 15). </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En otros casos en que la madre faltase físicamente y la  familia careciese de otras mujeres que pudiesen ejercer ese rol, se buscaba  sustituir dicha figura, tal como lo planteado por don Miguel de Oliva natural de  la isla de Córcega y vecino de El Valle, quien había enviudado, quedando con  varios hijos, entre ellos dos niñas. En comunicación fechada el 6 de septiembre  de 1787, al teniente de justicia de Ocumare, le expresa como padre su  &quot;obligación de darles una educación racional y cristiana considerando la  imposibilidad de poder llevar personalmente este deber propio de un padre por la  necesidad en que por mi pobreza me hallo constituido de separarme de ellos para  solicitarles el alimento por ser mi exercicio el de marinero o de pescador&quot;,  decidió contraer nupcias con María Pantoja, parda (lo cual motiva que justifique  esta solicitud ante las autoridades), y en tal sentido señala como razón de peso  que &quot;por dar a mis hijas crianza con el recogimiento que su sexo pide he  deliberado pasar a contraher segundas nupcias&quot; (AGN, Archivo Aragua, tomo XX,  Fol. 59, 61). </font>   </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Siendo las niñas preparadas para vivir una vida futura  matrimonial, a menudo el modelo de vida conyugal no resultaba completamente  realizable en la práctica, motivado a que en muchas circunstancias el marido se  ausentaba por largo períodos, quedando ella al frente de la familia tal como es  planteado en la siguiente denuncia, ante el obispo Madroñero: María Batista  Josepha de Ariti desde San Sebastián de Pasages fechada en el 2 de octubre de  1761, denuncia la ausencia de su esposo Luis Cirilo Díaz natural de Sebilla,  solicitando su vuelta. En su carta expresa la singular situación en que se  encuentra sin marido, la cual define &quot;ni bien soltera ni casada ni viuda y siete  años sin noticia&quot; (AHAC, Episcopales, Carpeta, 26, Doc. 24). </font>  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Debido a estas circunstancias, las mujeres se veían en la  obligación de laborar fuera del espacio doméstico, como el caso de María  Benedita de Almeida de Cumaná, quien escribe al obispo Madroñero, en mayo de  1761, suplicándole abrir averiguación para saber sobre su marido Andrés Rendón,  pardo libre, destacado en los valles de Chuspa y de quien tiene tres hijos y  desde hace cinco años &quot;sujeta a la indigencia de los tiempos&quot; ha elevado varias  súplicas a los curas de dichos valles y no han tenido efecto &quot;aunque tengo  hechas repetidas súplicas a los señores curas de dichos valles como asimismo a  los tenientes de dichos valles nunca a surtido efecto arrancarle de allí donde  se mantienen con dicha plaza con tan poco themor de Dios y su conciencia llegado  alli las embarcaciones con gente conocidos suyos y mios a los que no le pregunta  ni siquiera por sus hijos&quot;. Solicita que se le obligue a vestir y sustentar a  sus hijos ya que ella no puede solo con su trabajo de lavandera (AHAC,  Episcopales, carpeta, 27, doc. 23). </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En el caso de que la mujer buscase compañía masculina, su  acción era penalizada bajo el delito de adulterio, siendo castigada en la  mayoría de los casos con la cárcel o destierro. Véase el oficio de Juan de Arana  fechado del 2 de octubre de 1786 al gobernador y capitán general señalándole que  el teniente de justicia mayor de Calabozo remite a la capital a Joaquín Porras  Corao, a quien no se le ha hecho causa para evitar escándalo y peligro de la  vida de una mujer casada del vecindario con la que vive amancebado. La denuncia  fue presentada por un cuñado de la adúltera y el informe fue hecho por el  vicario, destacando además que el denunciado tiene ocho años que abandonó a su  mujer y familia la cual reside en La Candelaria. De la acusada se dice lo  siguiente: &quot;donde por la falta de su marido es verosimil que la consorte  expuesta a cometer iguales torpezas las quales se evitara obligandole V.S à que  asista a sus obligaciones teniendo presente que esta tan viciada aqui que al  menor descuido se seguira a reincidir en los propios excesos que motivan su  destierro&quot; (AGN, Gob. y Cap. Gral., t. XVII, fol. 234). </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Para la segunda mitad del siglo xviii, encontramos también  muchas mujeres que, por necesidad, se desenvolvieron en el parte del espacio  extradoméstico y, a pesar de las limitaciones existentes en la época, lograr  cierta autonomía económica. Es el caso de las mujeres trabajadoras, que se  lucraban haciendo trabajos domésticos, como lavar, cocinar y coser para otros,  ya fuesen casadas que quedaban solas o solteras, sobre todo las pertenecientes a  los estamentos subalternos. Muchas de las mujeres abandonas por sus maridos, a  menudo con hijos, tuvieron que resolverse de esta manera, por lo menos hasta que  consiguieran la vuelta de sus maridos. En estas condiciones, ellas eran las que  tenían que hacerse cargo de sus familias, si no tenían quien las apoyase ya  fuese por parte de su propia familia o la de su esposo. En el caso de las  mujeres solteras, muchas de ellas también tenían cargas de familiares, que les  motivaba a buscar sus propios ingresos. </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Sin embargo una de las limitaciones a las que hacíamos  referencia se motiva por el hecho de que, automáticamente, a los ojos de los  vecinos estas mujeres se convertían en potenciales transgresoras, tal como lo  ilustra la siguiente suplica del 10 de marzo de 1759 de María Petronila Blanco,  recluida en el Hospicio de Caracas, al obispo Madroñero: </font>  </p> <dir>       <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Me pusieron presa sin saber porque ni haver tenido    advertencia de nada, digolo señor porque he vivido siempre con la maior    moderación que corresponde á una muxer onrada pero que ahora mi credito no    puede aver señor, si esta vive subordinada á la opinión de suxetos que tal vez    por particulares fines juzgan lo que no ven por cierto y con solo ideas que se    presumen solemnes y habiendo rastreado que pudo motivar à V.S E a esta    resolución he venido en conocimiento de lo que tan falsamente me acumula y que    por ser modesta no me explico mas (AHAC, Episcopales, carpeta, 26, doc. 7). </font>    </p> </dir>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> A lo anterior, agrega que está al cuidado de un hermano de  trece años y dos hermanas de siete y seis años, y que vive de sus costuras y de  las granjerías que una esclavita se encarga de vender. </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> Las mujeres de cierta posición social, que no podían trabajar  pero tenían necesidades económicas, recurrían a otros medios para subsistir, tal  como se lo plantea doña Andrea Ordoñes Bello quien dice a Madroñero, en carta  fechada en Caracas el 21 de febrero de 1761, que se halla ser &quot;una muger  doncella onesta y recogida (...) y no pudiendo ejercitarme en estos trabajos  comunes por no ser decentes a mi virginidad&quot; solicita que se le asigne una  cantidad para sus gastos (AHAC, Episcopales, carpeta, 26, doc. 24). Lo  que demuestra que, a pesar de las limitaciones que el género femenino sufría en  el contexto de la sociedad colonial, siempre había intersticios, originados por  la misma imagen social que se tenía de ellas, que la mujer podía aprovechar para  su beneficio. </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> En el contexto de la sociedad colonial, la organización de la  vivencia del cuerpo, llevada a cabo por las instituciones eclesiásticas y  estadal, estaba centrada en estructurar la reproducción de los individuos y de  esta manera mantener el control social que ameritaba una sociedad completamente  estratificada (diversos factores que marcaban la diferencia dentro de la  sociedad, tales como los económicos, étnicos, sociales). </font>  </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2"> <b>Bibliografía</b> </font>  </p>     <!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> 1. Amodio, Emanuele (1995): &quot;Los nombres del cuerpo. Contribución a la  construcción de un modelo para la interpretación de los sistemas médicos  indígenas de América Latina&quot;, Revista Venezolana de Economía y  Ciencias Sociales (Nuevas perspectivas de la antropología social en  Venezuela), 1, Caracas, feb.-may., pp. 119-146. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413854&pid=S1315-6411200600030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> 2. AA VV (1777): Catecismo del santo ecuménico concilio de Trento, S/L,  S/E. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413855&pid=S1315-6411200600030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Bordieu, P. (2000): La dominación masculina, Barcelona, Anagrama. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413856&pid=S1315-6411200600030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Douglas, M. (1973): Pureza y peligro. Un análisis de los conceptos de  contaminación y tabú, Madrid, Siglo Veintiuno de España editores. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413857&pid=S1315-6411200600030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> 5. González Antías, A. (1995): &quot;La mujer en el ambiente social de la  Venezuela colonial&quot; en Ermila Troconis de Veracoechea (comp.), La mujer en la  historia de Venezuela, Caracas, Congreso de la República de Venezuela, pp.  93-144. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413858&pid=S1315-6411200600030000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Konttak Conrad, P. (1992): Antropología una explicación de la  diversidad humana, Madrid, Anagrama. </font>   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413859&pid=S1315-6411200600030000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Leal, I. (1994): &quot;La educación de la mujer en la época colonial  venezolana&quot; en A. García Maldonado (comp.), La mujer en la historia de  América, Caracas, Asociación Civil la Mujer y el Quinto Centenario, pp.  179-219. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413860&pid=S1315-6411200600030000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Lévi-Strauss, C. (1988): Las estructuras elementales del parentesco,  Buenos Aires, Paidós. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413861&pid=S1315-6411200600030000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Molina Petit, C. (1994): Dialéctica femenina de la ilustración,  Barcelona, Anthropos. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413862&pid=S1315-6411200600030000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Pit River, J. (1968): &quot;Honor y categoría social&quot; en. J. G. Peristiany  (comp.), El concepto de honor en la sociedad mediterránea, Madrid, Labor,  pp. 40-60. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413863&pid=S1315-6411200600030000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> 11. Receves Sanday, P. (1981): Roles femeninos y dominio masculino, sobre  los orígenes de la desigualdad sexual, Madrid, Editorial Mitre. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413864&pid=S1315-6411200600030000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> 12. Rivas C., Y. (2004): &quot;El orden de los cuerpos. Discursos y prácticas  sexuales en la provincia de Venezuela durante la segunda mitad del siglo xviii&quot;, tesis de grado, Escuela de Antropología, Caracas, Universidad Central de  Venezuela, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. </font>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2413865&pid=S1315-6411200600030000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Fuentes archivísticas</b> </font>   </p>     <p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"> 1. Archivo General de la Nación (AGN):Secciones: Traslados, tomo 618, fol. 54, 119.Matrimonio y Discenso; tomo LXXXII; Fol. 362Archivo Aragua. tomo XX; fol. 59, 61.Gob. y Cap. Gral. t. XVII, fol.234</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Archivo Histórico Arquidiócesano de Caracas (AHAC):Sección Episcopales, carpeta, 26, doc: 7 y 24;carpeta, 27, doc. 23).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Nota</b></font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><span style="mso-special-character: footnote" lang="ES-VE" class="MsoFootnoteReference">1.</span></font><span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD"><font face="Verdana" size="2">La presente investigación se llevó a cabo durante la realización de la tesis de grado “El orden del cuerpo. Discursos y prácticas sexuales en la provincia de Venezuela, durante el siglo <span style="font-variant:small-caps">xviii</span></font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-TRAD" style="font-variant: small-caps; mso-ansi-language: ES-TRAD">”</span><span lang="ES-TRAD" style="mso-ansi-language: ES-TRAD">, bajo la dirección del profesor Emanuele Amodio, a quien agradezco la lectura final de este artículo.</span></font></p>       ]]></body>
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