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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entre el Código Civil y el Código de Policía: Trabajo, orden doméstico y legislación laboral en el Caribe colombiano en el siglo XIX]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Between Civil and Police Codes. Work, Domestic Order and Labor Legislation in the Nineteenth-Century Colombian Caribbean]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes socio-labor relationships in the Colombian Caribbean (1850-1930), in the light of legal and political discussions developed in the nineteenth century regarding unqualified labor and with which legal field it should be associated. This documentary study demonstrates that, by associating unqualified labor with the domestic unit, semi-servile forms of relationships were accentuated among broad population sectors. In many places, this association led socio-labor relationships to acquire semi-servile work characteristics.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Entre el Código Civil y el Código de Policía. Trabajo, orden doméstico  y legislación laboral en el Caribe colombiano en el siglo XIX</B> </FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Sergio Paolo Solano D.</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Profesor Asociado del Programa de Historia, Facultad de Ciencias Humanas,  Universidad de Cartagena de Indias, Colombia. Miembro del grupo de investigaciones  Frontera, Sociedad y Cultura. E-mail:  <a href="mailto:ssolanod@unicartagena.edu.co">ssolanod@unicartagena.edu.co</a>  </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este artículo analizamos las relaciones socio-laborales en el Caribe  colombiano (1850-1930), a la luz de las discusiones jurídicas y políticas  desarrolladas en el siglo XIX en torno al campo del derecho en que debía  quedar adscrito el trabajo no calificado. Se trata de una investigación  documental en la que mostramos que al quedar agregado a la esfera de la  unidad doméstica, se acentuaron formas de relaciones semiserviles entre  amplios sectores de la población. Esa adscripción llevó a que en muchos  lugares las relaciones sociolaborales adquirieran características de trabajo  semiservil. </FONT></P>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Palabras clave:</B> Trabajo no calificado, relaciones sociolaborales, disposiciones civiles,  Código de Policía, unidad doméstica. </FONT></P>    <P ALIGN="center"><b> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Between Civil and Police Codes. Work, Domestic Order and Labor Legislation  in the Nineteenth-Century Colombian Caribbean </FONT></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">This article analyzes socio-labor relationships in the Colombian Caribbean  (1850-1930), in the light of legal and political discussions developed  in the nineteenth century regarding unqualified labor and with which legal  field it should be associated. This documentary study demonstrates that,  by associating unqualified labor with the domestic unit, semi-servile forms  of relationships were accentuated among broad population sectors. In many  places, this association led socio-labor relationships to acquire semi-servile  work characteristics. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words:</B> Unqualified labor, socio-labor relations, civil dispositions, Police Code,  domestic unit.</FONT></P>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 10-09-2009 .  Aceptado: 23-11-2009  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Introducción</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Durante el primer siglo de vida republicana las elites y las autoridades  colombianas tuvieron que asignar nuevas funciones al trabajo material en  concordancia con las transformaciones sociales y políticas que se fueron  introduciendo</FONT><A HREF="0_FN0.htm" style="text-decoration: none"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>1</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">. Esos retos hacían parte de una reelaboración del concepto  del hombre debido a que la nueva institucionalidad política que se estableció  y el nuevo orden social y económico que se pretendió crear asignaron al  trabajo una nueva función dentro del contexto de la nueva ideología liberal  del progreso que debía orientar las acciones de las colectividades y de  los individuos en cualquier esfera de la vida pública y privada. Economía,  política y moral estuvieron estrechamente ligadas en las iniciativas y  discursos de los hombres ilustrados decimonónicos, por lo que, dicho sea  de paso, el tema de la ciudadanía en el siglo XIX no se puede estudiar  de manera desligada del marco ideológico del progreso y de una de sus variantes  centrales, la actividad productiva. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las soluciones escogidas dependieron del peso de la tradición, la mentalidad  de los dirigentes y de la situación social, en especial de las actitudes  de los sectores subordinados. Verbigracia, la continua inestabilidad política  que siguió al triunfo de la república había enseñado a las elites y autoridades  del decenio de 1840 que la sola difusión de la ideología republicana era  un problema cuando los sectores bajos se la apropiaban y la retroalimentaban  en función de unas expectativas que aspiraban a acabar con el antiguo orden  de discriminaciones y exclusiones. De ahí que durante ese decenio la solución  la buscaron por el lado de la convergencia entre el liberalismo y el jusnaturalismo  de fundamento cristiano que permitía insertar al individuo en la comunidad  (Romero y Romero, 1986; Solano, 1994; Pérez y Correa, 2006). Esto facilitó  continuar concibiendo el orden social como una prolongación del orden natural,  de la familia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Los reformadores liberales del decenio de 1850 intentaron introducir la  diferencia propia de la política moderna entre estado de naturaleza y sociedad  civil, en la que los individuos singulares son elementos constituyentes  de lo social, aun cuando se los considere como formando parte en su estado  de naturaleza, de sociedades naturales como la familia. El paso del estado  de naturaleza al estado político se produce mediante actos individuales  y voluntarios para establecer un contrato social, cuyo principio legitimador  es el consenso. La base contractual entre los individuos para pasar del  estado natural al estado social o político, está en la libertad y la igualdad  (Bobbio 1989; Pérez y Correa, 2006). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Estos intentos por modificar y poner a tono las instituciones y el derecho  con las corrientes modernas del pensamiento, se sometieron a tensiones  y conflictos cuando las elites y las autoridades liberales pretendieron  rediseñar las características de las relaciones laborales en función de  los grados de autonomía, subordinación y de compromiso de las partes contratantes.  Las relaciones laborales habían sido desajustadas a lo largo de esa centuria  por efecto del conflicto por la república, por las continuas guerras civiles,  la apropiación y re-significación de elementos importantes del discurso  republicano liberal por parte de los sectores medios y bajos de la población  y por la pronunciación de las actitudes insubordinadas entre estos. De  ahí que el trabajo se constituyera en uno de los escenarios de mayores  conflictos sociales en el que se manifestaron las tensiones entre las elites,  las autoridades, y el mundo social y cultural de los sectores subordinados,  pues la implementación de algunos mecanismos dirigidos a modificar las  valoraciones de estos últimos en torno a las labores materiales chocaron  con las conductas y prácticas sociales de las gentes de abajo. Los sectores  sociales subordinados tomaron parte activa en las discusiones ya fuese  por derecho o por vías de hecho, e hicieron sentir sus puntos de vista  de acuerdo con sus tradiciones, expectativas, prácticas sociales y por  las apropiaciones y resignificaciones que dieron a los nuevos discursos  que llegaron a lo largo del siglo XIX. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Todo esto se expresó en la redefinición del estatus jurídico de determinadas  formas del trabajo manual no calificado y en algunas polémicas y decisiones  en torno al área del derecho en que debían estar adscritas las normas laborales.  Estas discusiones políticas y jurídicas definieron la suerte de amplias  franjas de trabajadores si se tiene en cuenta que perpetuaron unas relaciones  sociolaborales circunscritas al ámbito doméstico, a las que reafirmaron  mediante normas que servían para dirimir conflictos y establecer derechos  y deberes ya fuese por vía institucional o por el peso de las costumbres<SUP>2</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En efecto, comprender estos debates y las decisiones institucionales asumidas  requiere tener presente que durante el siglo XIX el mundo social usualmente  fue concebido como una expresión y prolongación del mundo doméstico, lo  que alcanzó su máxima materialización en que la unidad empresarial que  empleaba trabajo manual estaba constituida por la familia. Así, el universo  laboral de los trabajadores manuales no calificados por lo común estaba  circunscrito al mundo doméstico de quienes usaban su fuerza de trabajo</FONT><A HREF="2_FN2.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>3</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">,  lo que prolongaba viejas formas de dominación de la esclavitud y la servidumbre  doméstica. Asimismo se debe tener en cuenta que el mundo político colonial  y republicano estaba constituido por la familia y que a su alrededor se  tejían clientelas políticas de diversas jerarquías en las que podían quedar  insertos los trabajadores de manera pasiva o activa. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En este artículo propongo que el análisis de la evolución de las relaciones  sociolaborales en el siglo XIX se debe realizar teniendo en cuenta que  el crecimiento de las formas de trabajo libre a costa del decrecimiento  de algunas formas restrictivas del trabajo, se acompañó de las iniciativas  de los empresarios, políticos y autoridades para reintroducir y fortalecer  estas últimas como mecanismo para controlar el incremento del desorden  social (inestabilidad socio-laboral, incumplimiento de los compromisos  laborales adquiridos) y para superar la continua escasez de mano de obra.  Que autoridades, empresarios y políticos veían con alarma como se desmoronaba  el mundo que habían controlado basado en concebir el orden social como  una prolongación del orden doméstico. Que tanto ese conflicto entre la  mencionada tendencia secular y los intentos de control extraeconómico de  la mano de obra como también la inserción de las relaciones laborales dentro  del orden doméstico, son visibles en el campo político-jurídico, tanto  por las propuestas normativas que se hicieron como por la movilización  de imaginarios e ideas de parte de partidarios y contrarios de las relaciones  serviles</FONT><A HREF="3_FN3.htm" style="text-decoration: none"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>4</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">. En consecuencia, el campo jurídico, más que un espacio de formalidades  sirve para ilustrar intencionalidades, discursos, prácticas de las elites  y las gentes de abajo, como también las formas de resistencias desplegadas  por estas últimas. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>1. Orden republicano y trabajo</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Después de la independencia los sectores dirigentes de las nacientes repúblicas  latinoamericanas se vieron precisados a redefinir al hombre por el lado  de la política y de la moral, es decir, en la vida social, pública e individual,  gracias a las discusiones y las medidas que se tomaron en torno a los atributos  asignados a los portadores y a los excluidos de la ciudadanía (Sábato,  1999; González, 1995). Esto se reflejó en la introducción de un nuevo lenguaje  jurídico e institucional sobre el individuo, en la redefinición de los  espacios y de las formas de participación pública y de las normas que regirían  las relaciones de los individuos entre sí, de los grupos sociales y de  ambos con el poder. En la base de muchas de estas discusiones se encontraban  las transformaciones operadas en las relaciones entre los grupos sociales  en la medida en que fueron desapareciendo formas de sujeción serviles,  al tiempo que se hicieron más laxos los mecanismos de control social y  los sectores subalternos aparecieron en los espacios públicos desafiando  a las elites y a las autoridades. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pero las discusiones acerca de las características de la ciudadanía también  comprendieron el tema del trabajo, pues la ideología del progreso individual,  social y del país, la no subordinación como condición para ejercer ciertos  atributos consustanciales a la ciudadanía, y las necesidades para reconstruir  y vincular la economía colombiana a los mercados internacionales obligaban  a discutir sobre los alcances de la productividad y en consecuencia sobre  el trabajo. Todo esto hizo del trabajo uno de los puntos gravitacionales  que articuló las demás discusiones al asignársele funciones esenciales  para la construcción de lo que se pensaba que era el nuevo orden social.  De ahí que se discutiera sobre los factores que intervenían en la productividad  (técnicas, intensidad de la jornada laboral), los hábitos laborales (trabajo,  vicios, usos del tiempo), la propiedad y la independencia social (Thompson,  1984; Solano, 1994; Hensel, 2006). Al mismo tiempo, con diferentes grados  de intensidad se desarrollaron campañas en la prensa decimonónica sobre  las imágenes sociales virtuosas expresadas en conductas responsables y  honradas, el valerse por sí mismo, garantizar la independencia de criterio  y sostener a la familia por el esfuerzo personal (Solano, 1996). Se esperaba  que todo esto orientara las conductas laborales de los trabajadores manuales  para superar los males del trabajo poco productivo, la indisciplina laboral  y la vagancia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Ahora bien, muchas de estas aspiraciones afrontaron el impasse de una realidad  social y cultural que estaba en contravía de las intenciones y los discursos  y el lenguaje moderno empleado por sectores de las elites, los intelectuales  y las autoridades. La guerra por la independencia había generado una inestabilidad  social expresada en el incremento de la vagancia vista por parte de los  empresarios y dirigentes políticos del siglo XIX como una amenaza contra  el nuevo orden social (Sábato y Romero, 1992; Pérez, 1996; Illades, 1996;  Serrano, 1996; Romero, 1997; Aillón, 2001). De ahí que buena parte de la  legislación social nacional y regional del periodo que estudiamos se refiere  a medidas contra la vagancia, a favor del trabajo y a regular las relaciones  entre patrones y trabajadores (hasta finales del siglo XIX también llamados  “amos y sirvientes”) (Jurado, 2004; Ramírez, 2006; Castro, 2007)<SUP>5</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Además, no debe perderse de vista que la propuesta del trabajo como uno  de los pilares del nuevo orden y como factor de corrección de las conductas  díscolas enfrentaba el problema mayor de tratarse de una sociedad que acababa  de abolir la esclavitud (Helg, 2004) y que tenía una enorme carga valorativa  de naturaleza despectiva en contra del trabajo manual. Entonces, el elemento  racial representa una pieza importante para comprender el juego de las  iniciativas asumidas por los sectores de poder y las respuestas en varias  direcciones que dieron los diversos sectores subalternos. No debe olvidarse  que para gruesos sectores de gentes de color tres siglos de negación del  estatus de personas libres estaba muy unido a formas laborales consideradas  como oprobiosas y denigrantes que articulaban actitudes y valoraciones  de dominio, sujeción y discriminación con relación a los esclavos y los  ejercitantes libres del trabajo manual no calificado. Esta situación laboral,  racial y social legó a la república unas actitudes frente a las diversas  formas del trabajo físico que de alguna manera obstaculizaron el logro  de la valoración del trabajo independientemente de sus formas (Jaramillo  Uribe, 1996; Safford, 1989). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Estas situaciones obligaron a que las medidas asumidas por las autoridades  dependieran de muchas circunstancias y vicisitudes, como también de las  condiciones específicas de cada región y localidad, de las políticas gubernamentales  y de las actitudes de las gentes del común cada vez más libres, altivas  y proclives a la insubordinación. Por eso, las decisiones tomadas en estas  materias expresan las encrucijadas en las que se encontraron las elites  y las autoridades, las limitaciones que afrontaron para proveerse de mano  de obra y el fraccionamiento de los grupos subalternos cuya jerarquía también  dependía del elemento racial. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Entre el Código Civil y el Código de Policía: estatus jurídico de los trabajadores</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Donde se expresaron de forma más acabada estos problemas fue en las discusiones  entre políticos, empresarios y las autoridades centrales y regionales acerca  de las relaciones laborales y en qué campo del derecho debían estar adscritas,  lo que no era simple retórica dado que se refería a la definición del estatus  social del trabajador y a las normas punitivas que acompañarían esa decisión.  Estas determinaciones afectaban a los sectores subordinados en la medida  que cuando se instauró la república y durante casi todo el siglo XIX la  clasificación de la mano de obra simple acorde con el estatus jurídico-social  en trabajadores libres y los sometidos a relaciones serviles y semiserviles  (esclavitud, servidumbre doméstica, concertaje forzoso) trazaba una línea  de diferenciación muy marcada entre los trabajadores. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esto porque en las sociedades esclavistas la libertad era uno de los principales  factores de diferenciación social (Helg, 2005; Chaves, 1998), y mucho más  allá de su abolición la esclavitud continuó determinando las valoraciones  sociales y estableciendo contrastes muy importantes para poder lograr el  respeto y la consideración de los demás, y representaba un referente obligatorio  en la determinación del orden social, en la formación de las identidades  y en la posición del individuo en una jerarquía de razas, estamentos y  clases sociales (McFarlane, 2005). En consecuencia, para los estratos medios  y bajos de la población del Caribe colombiano la definición de una normatividad  sobre la condición social y política de las personas no les era ajena porque  representaba un enorme capital simbólico, como también lo eran las diferencias  establecidas entre la ciudadanía civil y la ciudadanía política, sirviendo  esta última para marcar diferencias y para afirmarse como sujetos sociales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Las discusiones que acompañaron a las reformas liberales relacionadas con  el estatus de las personas (abolición de la esclavitud, de la prisión por  deudas y de la pena de muerte, derecho de ciudadanía y libertad de expresión  y de conciencia) involucraron a importantes sectores de la población en  la medida que se hicieron de dominio público gracias al florecimiento de  la prensa de mediados del siglo XIX. Por tanto, y contrario a la creencia  de que estas discusiones eran simples letras muertas del discurso liberal,  ellas estaban muy relacionadas con la aplicación de medidas legales que  guardaban estrecha relación con la condición social de las personas, generando  expectativas entre algunos sectores que defendían milimétricamente sus  espacios de hombres libres y honorables. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En efecto, en los debates desarrollados en 1851 en torno de un proyecto  de Código Civil para la República de la Nueva Granada se discutieron aspectos  que tenían que ver con las expectativas de la gente humilde, como era definir  en qué área del derecho se iban a clasificar los contratos de trabajo que  establecían las relaciones entre “señores y sirvientes”, también llamado  “concierto de servicios”. Algunos pensaban que se trataba de un problema  de los Códigos de Policía y que debían estar cobijados en las normas que  velaban por el mantenimiento del buen orden doméstico. Otros, como fue  el caso del abogado cartagenero Antonio del Real<SUP>6</SUP>, opinaba que las normas  relativas a los contratos y relaciones laborales debían situarse en el  libro de “las personas” del Código Civil al tratarse de obligaciones del  estricto orden personal, privado. De igual forma los clasificaba en el  título de “contratos en general” del mismo Código porque a su entender  el vínculo laboral se consideraba comprendido en el ramo de “los contratos  cuyo objeto es adquirir derechos a servicios personales”. En rechazo a  la propuesta de clasificarlo en el orden doméstico anotó: “… aunque con  propiedad sólo se forma de aquí un estado doméstico cuando hay esclavitud  perpetua, en cualquiera de sus formas. Abolida la esclavitud… el carácter  de sirviente resultará sólo de un contrato, y no tendrá otro deber que  cumplir sino sus estipulaciones, pudiendo entonces dejarse de comprender  entre el estado doméstico” (Del Real, 1851)<SUP>7</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esta última argumentación era novedosa pues diez años antes de que se empezara  a debatir el Código Civil nacional de 1851, el Poder Ejecutivo nacional  había otorgado potestad a las Cámaras de las provincias</FONT><A HREF="7_FN7.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>8</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"> para que decidieran  sobre este asunto, al tener en cuenta que variaban las costumbres entre  aquellas. En el marco de esas atribuciones, en 1842 la Cámara de la Provincia  de Cartagena había expedido una ordenanza en la que definió el concertaje  como un vínculo de dependencia personal: “Todo concertado tiene para con  aquel que lo ha recibido como tal, la obligación de obedecerlo, respetarlo  y trabajar en provecho de él, hasta donde alcancen sus fuerzas y capacidad,  y todos los demás que se expresen en el convenio”. Otro artículo rezaba:  “El concertado que fallare al respeto y obediencia que debe a su patrón  sufrirá un arresto de uno a tres días según la gravedad de la falta sin  tener opción a la parte de su salario correspondiente que dure su arresto”.  También estatuyó penas para los que violaran las disposiciones del convenio  firmado ante las autoridades municipales, y de igual forma estipuló que  el vínculo no podía disolverse por libre voluntad del trabajador y que  si huía de la casa del patrón o faltaba al trabajo sería perseguido bajo  la acusación de vagancia<SUP>9</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Lo que sucedió con esta discusión a nivel regional no está claro debido  a lo fragmentario de la información. Cuando se crearon los Estados regionales  (1857) la Asamblea Constituyente del Estado de Bolívar<SUP>10</SUP>, compuesta en  su mayoría por conservadores, creó el Código de Policía aprobado en 1857.  Este Código introdujo algunas modificaciones en las normas que regían el  concierto de mayordomos, caporales, jornaleros y domésticos. Exigió que  se registraran los contratos ante los jefes de policía, especificando tiempo  de duración, valor del jornal, posibilidad de otorgar copia por petición  de una de las partes, recisión del contrato por mutuo acuerdo, o por maltrato  del patrono al concertado, falta de respeto, enfermedad contagiosa, latrocinio.  La jornada de trabajo era, “… la que en el distrito se acostumbra emplear  en el oficio para el cual se hizo la contrata”. Si el concertado se marchaba  sin que se hubiesen vencido los términos del contrato se avisaba a la policía  para que fuera perseguido, “… y los costos que se causen serán de cuenta  del concertado”. Convino prisión por incumplimiento del contrato, la heredad  por parte de los familiares de las deudas monetarias y materiales contraídas  con el contratista por parte del trabajador difunto más no de la ocupación<SUP>11</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Con el ascenso de Juan José Nieto al poder en el Estado Soberano de Bolívar  (1859-1864), se modificó la legislación sobre el trabajo y se aplicó una  política social a favor de ciertos sectores como los indígenas y los trabajadores  no calificados del Estado de Bolívar. En 1862 el gobierno liberal de Nieto  aprobó un Código Civil que colocaba las relaciones laborales en el campo  de los vínculos entre particulares, es decir en la normatividad civil. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Nuevamente Antonio del Real salió en defensa de las ideas que había emitido  sobre el proyecto de Código Civil nacional de 1851 (La Democracia, enero  9 de 1851). En concordancia con aquellos planteamientos, en el Código Civil  para el Estado de Bolívar se excluyeron las normas sobre contratación laboral  del ámbito del título sobre “orden doméstico”, dado que los vínculos de  subordinación y dependencia que tal clasificación implicaba estaban en  contravía con su credo de que toda persona era libre y por tanto sujeto  de derecho en términos de igualdad con cualquier otra. Ese Código definió  que, “El concierto de servicios es el contrato en que uno se compromete  a ejecutar a favor de otro ciertos servicios personales, recibiendo en  pago una suma de dinero, otro servicio, la propiedad, el usufructo o el  uso de alguna cosa”. Convino contrato a término fijo e indefinido y la  obligación forzosa de cumplirlo por el lapso de tiempo estipulado o el  rompimiento a voluntad de una de las partes y con previo aviso y consentimiento  del contratista. Del mismo modo consagró una disposición que obligaba a  cualquiera de las partes vinculadas por un término fijo, a pagar una indemnización  correspondiente a un mes de jornales si rompía el contrato sin “causa grave”,  pero artículo seguido dio herramientas a quien contrataba para incumplir  el contrato sin ser penalizado por las autoridades. También excusó la responsabilidad  del que recibía el servicio por la ineptitud del criado para prestar el  que ofreció; acto de infidelidad o insubordinación y todo vicio habitual  que perjudique al servicio o turbe el orden doméstico; una enfermedad contagiosa  o de cualquiera clase que inhabilite al criado para prestar el servicio  contratado por más de una semana y abolió la heredad de las obligaciones  por parte de los familiares del trabajador. De igual forma, obligaba a  los patrones a pagarle un salario y condenaba a cualquiera de las partes  que rompiera el contrato a indemnizar con la suma correspondiente al salario  de un mes a la parte afectada (Código Civil de 1862). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La caída del poder del grupo dirigido por J. J. Nieto no representó el  inmediato desmonte de estas normas, pues en los años comprendidos entre  1865 y 1875 continuaron primando las ideas de los liberales radicales.  Esta actitud estuvo en contravía con la tendencia del Gobierno Federal  de los Estados Unidos de Colombia, el que en 1873 incluyó las normas laborales  en el campo del orden doméstico. El Código de Policía del Estado de Bolívar  de 1867 no hizo referencia alguna al tema de los contratos de trabajo (Recopilación  de Leyes del Estado Soberano de Bolívar, 1876), pues estaba en vigencia  el aludido Código Civil de 1862. Sin embargo, varias normas aprobadas por  la Asamblea Legislativa de ese Estado, integrada en su mayoría por hacendados  ganaderos, fueron introduciendo normas que en largo plazo volvieron ineficaces  las disposiciones civiles sobre la materia. Tales fueron los motivos de  expedición de la Ley 42 del 12 de octubre de 1867 (“sobre concierto de  servicios personales”), que consagró muchas de las anteriores disposiciones  pero estableció la norma de requerir al trabajador si faltaba por primera  vez, arresto de 3 días si insistía en la ausencia y cárcel si continuaba. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Por esta vía se fue creando una dualidad entre las normas civiles y las policiales que penaban la violación de los contratos de trabajo. Mientras  que las disposiciones civiles permanecieron iguales a las de 1862, se expidieron  normas de competencia de las autoridades de policía como las alcaldías  y comisarios de policía. Se crearon disposiciones penales y policiales  que rezaban que el incumplimiento de lo convenido por alguna de las partes  debía tener consecuencias sancionables, y que los contratos, ajustes o  conciertos regulados más por las costumbres que por las leyes, estaban  en la esfera de lo policial al ser normas relacionadas con la convivencia  social (Ley 42 de diciembre 4 de 1880). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>2. El crecimiento económico, necesidad de mano de obra y control social</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En el paso de las regulaciones del derecho privado al policial, influyeron  varios factores entre los que se destacan los económicos, como el incremento  de algunos sectores de la economía de exportación (tabaco) y también, la  que tenía una demanda en crecimiento en los mercados locales, comarcanos  y de otras regiones. El aumento en la demanda de trabajadores nuevamente  puso en evidencia lo que se consideraba como las perniciosas influencias  de las ideas republicanas de libertad e igualdad entre los estratos bajos  de la población, por lo que se planteó la aspiración para que las normas  se compaginaran con las formas tradicionales de sujeción de la mano de  obra. Así sucedió en 1867 cuando varias autoridades provinciales se lamentaban  por las costumbres de los trabajadores no calificados (jornaleros) de no  cumplir con las condiciones que se establecían en los contratos escritos  o “palabreados” y regidos por las normas consuetudinarias. El gobernador  de la provincia de Sabanalarga exigía a las autoridades centrales del Estado  de Bolívar la expedición de normas severas por fuera de las establecidas  en el Código Civil para, </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">… corregir la desmoralización a que ha sido llevado el servicio de operarios,  por la malentendida libertad que otorgan nuestras instituciones a los ciudadanos.  Hay una constante lidia entre el empresario que necesita brazos extraños  para sus faenas agrícolas, y el jornalero que bajo un estipendio compromete  los suyos, cuando falta a su promesa, no hay determinación de sus mutuas  obligaciones en estos casos. Las disposiciones de los artículos 821 a 830  del Código Civil no bastan, y la industria agrícola reclama disposiciones  terminantes sobre la materia (Informe del Gobernador de la Provincia de  Sabanalarga, 1867). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Mientras que la economía había permanecido estacionaria en todos sus frentes,  el problema de los trabajadores sólo parece remitirse al tema de la vagancia  y al desorden moral. Pero cuando desde mediados del decenio de 1850 algunos  sectores económicos empezaron a crecer, como fue el caso del tabaco, la  ganadería y las actividades comerciales y portuarias, se hicieron sentir  con cierto rigor los problemas de la escasez de brazos y el incumplimiento  de los contratos. Por eso, en 1867, en pleno auge de la economía tabacalera  de los Montes de María (serranía de pequeñas elevaciones que recorre de  sur a norte la geografía del Estado de Bolívar) y de otras poblaciones  de las sabanas de esta misma jurisdicción, la Asamblea Legislativa de este  Estado aprobó un proyecto de ley “sobre concierto de servicios personales”,  presentado por los representantes de las provincias de El Carmen y Chinú  (tabacalera y ganadera respectivamente), que penalizaba con cárcel el incumplimiento  del contrato laboral por parte de los trabajadores (Objeciones al Proyecto  de Ley sobre concierto de servicios personales, 1867). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Aunque esa disposición fue objetada por el Poder Ejecutivo del Estado,  para los propósitos de este artículo lo importante es que el debate que  suscitó ese proyecto sacó a la luz pública los argumentos jurídicos, sociales  y morales de quienes se enfrentaban, como también los intersticios legales  que podían ser utilizados por los de abajo para defenderse. En efecto,  las autoridades centrales del Estado de Bolívar objetaron ese proyecto  al considerar que estaba en contravía de las normas constitucionales y  con la legislación civil. En un extenso documento firmado por Manuel Amador  Fierro, presidente del Estado se trajeron a colación iguales motivos a  los argüidos en 1851 para excluir del Código de Policía los aspectos que  tenían que ver con la contratación laboral. La razón que se dio fue que  al tratarse de un contrato entre particulares debía regirse por las normas  del derecho privado, pues era un contrato de igual naturaleza a los de  compraventa, permuta, mutuo o préstamo, comodato, depósito y otros. En  estos casos el incumplimiento no conllevaba pena de prisión, “… sin que  hasta ahora haya sido necesario para ello en ninguna época, antes ni después  de la creación del Estado de Bolívar, caracterizar de delitos los hechos  que llevan consigo la falta de cumplimiento de aquellas.” Además, desde  la década de 1850 se había abolido la prisión por deudas, y la ley objetada  la restablecía, </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">… de una manera dura, terrible, injusta y profundamente lamentable…, y  al consagrar la declaratoria del trabajador que no cumpliera como estafador…  le reduce… a la degradante y oprobiosa condición de criminal. ¿Quiénes  pueden encontrarse en los casos del proyecto? Indudablemente aquellos que  por su situación difícil en materia de recursos no encuentran otro medio  de proveer a su subsistencia escasa y miserable, que el compromiso contraído  sobre sus servicios personales, es decir, los pobres, que son los que pertenecen  a la clase de la sociedad más digna y acreedora de las atenciones del legislador,  mientras que los demás que por uno de los tantos motivos que en derecho  causan las obligaciones, contraen estas y faltan a ellas, continúan con  el carácter de inocentes a los ojos de la ley, cuando tal vez han procedido  por un motivo digno de una severa e imparcial censura. No hay pues igualdad,  y esta garantía conforme a la que no pueden imponerse obligaciones especiales,  que hagan a los individuos a ellas sujetos de peor condición que a los  demás, es la que en mi concepto ataca el proyecto en referencia. El correctivo  del abuso que puede cometerse por parte de los que obligados a prestar  sus servicios personales en clase de concertados que dejen de cumplir sus  obligaciones, está en manos de los mismos interesados; y no comprendo como  el interés particular que ha sido siempre tan diligentemente empleado para  evitar perjuicios, deje de serlo en esta ocasión (Objeciones al Proyecto  de Ley sobre concierto de servicios personales, 1867). </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pero en los continuos debates sobre el tema también intervenían las peculiaridades  de las distintas comarcas en relación con sus ciclos productivos, la demanda  de mano de obra, el desenvolvimiento de las relaciones entre los sectores  sociales que entraban en el vínculo contractual. En el contrapunteo para  inscribir las relaciones laborales en las normas civiles o en las de policía,  los partidarios de esta última solución triunfaron gracias a las dificultades  que tenía el Estado republicano para cobijar todo el territorio nacional  y para hacer cumplir las normas. En consecuencia, se impuso la alternativa  de dejar a las costumbres de los lugares los términos de los contratos,  y por esta vía se mantuvieron las viejas instituciones sociales opresivas  como el concierto forzado. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Concertaje forzoso y orden doméstico</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Tanto en la vida cotidiana como en el lenguaje oficial de la época los  términos <I>concierto y concertado</I> tenían varios sentidos. En un sentido literal  designaba una relación contractual pues el verbo <I>concertar</I> significa ajustar,  contratar un vínculo, en este caso laboral, con sus respectivas contraprestaciones.  En esta dirección su empleo era genérico al designar cualquier contratación  laboral de tipo salarial, fuese voluntaria o forzada, de servidumbre doméstica,  de un jornalero agrícola o artesano altamente calificado. Este es el significado  que tuvo en los Códigos Civiles. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pero con esos términos también se designaba un vínculo social y laboral,  ya fuera por libre voluntad o forzoso, que conllevaba a lazos de dependencia  con relación a las personas y/o familia que los contrataban (en el caso  de los concertados libres) o que cogían a los trabajadores para sus servicios  gracias al pago de la multa que los liberaba del arresto impuesto por las  autoridades bajo la acusación de “vagancia”<SUP>12</SUP>. En los Códigos de Policía  y en la legislación sobre el trabajo del siglo XIX se clasifica los contratos  laborales en “concierto de criados libres” y “concierto forzoso”. Tanto  en uno como en las normas legales de uno y otro, estaba presente el concebir  la relación laboral como de carácter subordinado. Una idea como la contenida  en el Código de Policía de 1888 del Estado Soberano de Antioquia que caracteriza  al concierto forzado como “… la obligación de vivir sometido a la voluntad  de una persona, a la manera que los hijos viven sometidos a sus padres,  mediante ciertas bases fijadas entre la autoridad pública y el concertante,  si el concierto es forzoso...”, no era ajena en otras regiones, tal como  lo demuestra una lectura de los Códigos de Policía del Estado y del Departamento  de Bolívar. Y esto tenía validez tanto para el concertaje forzoso como  para los concertados libres (jornaleros), quienes aunque aparentemente  no estaban regulados por esta norma, si quedaban cobijados en el ámbito  de lo doméstico del contratista, lo que se prestaba a arbitrariedades y  abusos contra los trabajadores (Coronel, 1947)<SUP>13</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El lenguaje de la época devela un poco las características de estas relaciones.  Así, cuando una persona era contratada para trabajar, prestaba un “servicio  personal” (Ariès, 1996; Lautier, 2003), debido a que antes, además del  vínculo laboral, que de hecho podía establecer cierto reglamento laboral  dictado por la costumbre de los oficios y las de la región, el contrato  (o “concierto”) implicaba otras obligaciones por parte del trabajador situadas  por fuera de los motivos de la contratación pero con un reconocimiento  tácito de las partes involucradas. Esta última situación era muy manifiesta  en las sociedades que acababan de abolir el sistema de trabajo esclavista,  que había originado esa concepción del trabajador como algo inserto en  la esfera de lo doméstico, del amo o patrón. No olvidemos que en estas  sociedades el ejercicio del trabajo manual no calificado anulaba la condición  de persona como una entidad única y autónoma, pues ese trabajo estaba asociado  a las labores de los esclavos y castas bajas, que por lo regular descendían  de aquellos<SUP>14</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Ahora bien, esta forma de ordenar la sociedad era consecuencia del predominio  que tenía en la región una economía doméstica de subsistencia representada  en el hogar, que, como lo demuestran los estudios sobre la familia cartagenera  de los siglos XVIII y XIX y la historia empresarial costeña, era el centro  de las actividades económicas. De ahí que, según la opinión del citado  jurisconsulto cartagenero, el contrato laboral estaba en una condición  desigual con relación a los demás contratos civiles, tanto porque era imposible  reglamentar la minuciosidad de los deberes mutuos, como “… porque siendo  por lo común enorme la diferencia de los contrayentes en fortuna, en carácter  y responsabilidad, fácilmente se introducen abusos de una y otra parte  que es preciso prevenir” (Del Real, 1851)<SUP>15</SUP>. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En buena medida la adscripción del mundo laboral al orden doméstico era  una consecuencia directa de varias situaciones propias de la colonia tardía.  En esto también tuvo que ver el hecho de que la sociedad colonial construida  sobre valoraciones étnicas, le concedió una función determinante a la unidad  familiar porque de ella dependía el mantenimiento de ese orden al evitar  el cruce formal de miembros de las elites con las castas. La familia fue  el centro de reproducción del orden social, el epicentro de las actividades  económicas, de la vida social y política. Además, las limitaciones de la  vida económica obligaban a que estuviera circunscrita a la esfera de lo  doméstico como se puede ver en las casas comerciales, talleres artesanales,  pequeños comerciantes y vivanderos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Por otro lado, se debió a que en esa época los vínculos establecidos entre  el trabajador manual libre y el servicio doméstico y el empresario o patrón  eran concebidos como una prolongación de las relaciones laborales de la  esclavitud patriarcal urbana fortalecida a finales de la dominación española  y durante los inicios de la república. Esto porque entre los sectores dominantes  de la sociedad colonial y de buena parte del primer siglo republicano,  el fundamento del orden social era la unidad familiar, la que regía la  economía, las inversiones, los enlaces familiares y la que velaba por mantener  el capital simbólico de la prestancia y el poder mediante la adscripción  de unas redes de dependencia de otros sectores y del mayor número posible  de esclavos y servidumbre doméstica. Por tanto, en esa atmósfera era fácil  concluir que los vínculos laborales con los de abajo debían adscribirse  a ese orden familiar como único mecanismo eficaz para controlar y velar  por el cumplimiento de las obligaciones, pues la experiencia había mostrado  que los trabajadores libres eran muy propensos al incumplimiento y a las  actitudes desobligantes. Se comprende pues, que para los sectores dominantes  no había ningún impasse en “estar a tono” con los discursos modernos de  la época y al mismo tiempo acatar el peso de la costumbres como única solución  a los innumerables avatares que se generaban en el campo de las relaciones  laborales, recurso que fue estatuido en los Códigos de Policía<SUP>16</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Al tratarse de funciones asignadas a la rama ejecutiva de cada localidad  el cumplimiento de las normas poco operaba dado que las gentes seguían  pactando sus vínculos laborales por medio del uso y costumbre locales,  de la comarca o región. Pero allí donde la demanda de mano de obra era  significativa, o existía fuerte presión sobre los territorios de frontera,  o los enfrentamientos políticos eran encarnizados, las disposiciones podían  funcionar, y en consecuencia, se prestaban para ciertas arbitrariedades  y disputas. Dado que se estaba legislando sobre unas relaciones sociales  a todas luces desiguales, el abogado redactor del Código de 1862 había  reconocido con anterioridad que, “Es verdad que siempre quedará entre este  y los demás contratos una diferencia notable, [dada la dificultad de la  ley para regular todos los pormenores convenidos entre los contratantes]…  y porque siendo por lo común enorme la diferencia de los contrayentes en  fortuna, en carácter y responsabilidad, fácilmente se introducen abusos  de una y otra parte que es preciso prevenir” (La Democracia, enero 9 de  1851). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Sobre ambas formas de trabajo en la Costa del siglo XIX es poco lo que  conocemos, pues los estudios de las relaciones laborales en el campo se  han centrado con más ahínco en la hacienda del periodo colonial. Sin embargo,  algunas ideas pueden colegirse al respecto. En primer plano no nos debe  engañar el hecho de que a primera vista estemos frente a unas relaciones  asalariadas si nos atenemos a que el contrato nominalmente implicaba un  salario. No debemos olvidar ciertas circunstancias propias del siglo XIX  que convertían las normas de las autoridades en letra muerta; una de ellas  era la continua escasez de circulante que restringía las formas salariales  en dinero, lo que se notaba mucho más en las zonas del campo alejadas de  los poblados que tenían alguna vida comercial. Tampoco debemos dejar a  un lado el que los estudios de algunas de las grandes haciendas ganaderas  e ingenios azucareros de la Costa muestran como sus propietarios y administradores  se esforzaron por monopolizar el comercio de los productos de demanda local  y comarcana, para así sustraer a sus trabajadores de los circuitos mercantiles  y del mercado de trabajo, pues de esta manera podían continuar vinculándolos  a la tierra, inmovilizándolos e impidiendo la formación de una gran oferta  laboral, tan necesaria para el desarrollo de la sociedad moderna. En consecuencia,  las formas salariales variaban y por lo común no eran monetarias, aunque  para finales del periodo en estudio estas ya tiendan a ganar terreno, y  las normas que regían los contratos también rezaban que en últimas, los  salarios se establecerían acorde con las circunstancias y costumbres del  lugar, lo que permitía contar con mano de obra sin vínculos salariales  en moneda, en su mayoría aparceros y terrajeros, bajo la modalidad de “tierra  por pastos”, y con obligaciones con la hacienda. Esto es un hecho real  así la documentación específica sea de difícil acceso (libros de haciendas,  juicios, etc.), pues estaba en el ambiente de una sociedad jerarquizada  y concebida como de relaciones de subordinación basadas en contraprestaciones  y deferencias que vinculaban a los diferentes estratos de la pirámide social. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esto tiene mucha validez para el caso del Caribe colombiano que poseía  muchas comarcas con todas las características sociales, económicas y políticas  de los territorios de fronteras, donde la ausencia del poder estatal institucional  acompañado de un ordenamiento social débil era suplido por formas de poder  más informales pero no por ello menos efectivas para acceder a los recursos  públicos. Resultado de todo esto fue el surgimiento de la hacienda ganadera,  la que como extensión territorial destinada a la cría, levante y engorde  de ganado, caña de azúcar y cultivos de pan coger, organizaba su fuerza  laboral tanto en función de los ciclos productivos como de la escasa oferta  laboral, de la demanda interna y exterior del producto y de los hábitos  sociales y laborales comarcanos y locales. La diversidad de formas laborales  iban desde sistemas opresivos de sujeción social como era el caso de sectores  de jornaleros y “criados domésticos” (concepto que cobijaba todas las formas  de trabajo asalariado no calificado) sometidos a concertaje forzoso, pasando  por algunas que ataban al campesino a la tierra (aparceros y arrendatarios)  y otras en la que el trabajador gozaba de cierta capacidad de decisión  (terraje), hasta terminar las relaciones laborales independientes de los  jornaleros agrícolas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Además, las fronteras entre las ocupaciones eran muy laxas, pudiendo una  persona desempeñar varios oficios acordes con los periodos productivos,  las necesidades de mano de obra y sus intereses. Por tanto, la estructura  laboral era fluida en la medida que los oficios no cristalizaban de manera  estable y no se desarrollaba una conciencia vertical de la ocupación, como  si sucedió en la Inglaterra estudiada por los historiadores sociales ingleses.  Por tanto, en estas formas de vida laxas, en las que los mecanismos de  cohesión social no son eficientes, los vínculos sociolaborales estaban  comprendidos por ese marco general de dependencia social que existía en  las sociedades tradicionales estratificadas, a su vez determinado por factores  que estaban más allá de lo económico y que vagamente denominamos aquí relaciones  de clientela y de contraprestaciones. Esta variedad de relaciones sociales  y de trabajo se combinaba con otras como la de un campesinado independiente  concentrado en poblados (al menos en las investigaciones de Orlando Fals  Borda para el caso de la Costa) que tenía acceso a los bienes nacionales  y se veía libre de la dependencia, aunque acudiera a enganches laborales  en ciertas épocas del año. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pese a que las normas nominalmente obligaban al contratista a otorgar una  especie de salvoconducto al trabajador en el que constara su cumplimiento  y honradez, porque en muchas partes se le exigía, lo usual era que esto  se violara, pues aquél podía estar interesado en controlar la mano de obra  y evitar su desplazamiento hacia otros frentes de trabajo. Un año después  de expedida una ley en el Estado de Bolívar (“Ley 42, sobre concierto de  servicios personales y que protege a la industria agrícola y pecuaria”),  el gobernador de la provincia de Lorica, una de las áreas del Bolívar Grande  donde la expansión de la frontera agrícola y ganadera era más acelerada  y desde donde se demandaba mano de obra por parte de los hacendados, exigía  aplicar mecanismos más severos con el fin de, </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">equiparar los derechos de las partes contratantes [del trabajador]… pues  se ha dado el caso que sirvientes aburridos del trabajo y cansados de pedir  sus ajustes de cuentas, se fugan del establecimiento, ocurriendo unas veces  a la autoridad para que haga se les liquide, y otras cambiando por completo  de domicilio, ya por mala índole o por la poca fe que tengan en el resultado  de sus gestiones, que generalmente son nugatorias, porque como es sabido  a <I>la falta de independencia</I> o a la tendencia que hay de despreciar la parte  menesterosa de nuestra sociedad (cursivas nuestras). </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Y el problema era tan grave que dos años después volvió a insistir en la  necesidad de acoger su sugerencia por parte de la Asamblea Legislativa  (Informe del Gobernador de la Provincia de Lorica, 1881 y 1883). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Por tanto estas formas de trabajo asalariado eran cruzadas por obligaciones  por fuera de las pactadas en un contrato. Juzgadas desde la perspectiva  de la sociedad moderna, en esas relaciones no existían las nociones del  contrato que establecen equivalencias entre las labores y su remuneración,  de precio justo al mérito del trabajo, de contratación en igualdad de condiciones  y por medio de unas relaciones impersonales, de mercado de trabajo; todo  lo contrario, pues lo que existía era la noción de servicio personal, de  hombre a hombre, de servidumbre (Ariés, 1996: 423). No puede pensarse que  el concertaje forzoso sea una relación salarial libre, como tampoco podemos  imaginar muchas formas de acceso a la tierra mediante contrato o arriendo,  como una relación de igual a igual (Bejarano, 1979: 166-169). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Hasta cierto punto todo podía depender del hecho de que la aplicación de  las normas sobre concertaje estaba en función de la voluntad de las autoridades  de las diversas comarcas costeñas, y de sus relaciones con los potentados,  normalmente gamonales y hacendados o sus representantes legales, un ejército  de capataces, rábulas, tinterillos, y en ciertas ocasiones de matones.  Algunos indicios hacen suponer que tuvo más fuerza el concertaje forzoso  en las zonas agrarias que padecían escasez de la mano de obra, o en las  que ésta era mayoritariamente de origen indígena, como es el caso del área  del río Sinú. En periódicos editados a comienzos del siglo XX en diversas  poblaciones de las provincias de Montería y Lorica aparecen denuncias sobre  el trato inhumano dado a los campesinos concertados por deudas, quienes  usualmente eran llevados apresados con cepos para entregarlos a los hacendados  de quienes eran deudores. En varias cartas enviadas en 1906 desde Lorica  al diario El Porvenir de Cartagena se presenta una radiografía detallada  de lo que significaba el concertaje por deuda practicado aún en 1906 en  el valle del río Sinú. Su autor describe los procedimientos empleados por  los hacendados para proveerse de una mano de obra estable acudiendo a mecanismos  que reducían a esta a una condición social semiservil. También nos coloca  en la ventajosa posición de poder ver las razones que llevaban a esta situación,  al describir de manera punzante la psicología social de los campesinos  frente al adelanto como forma de enganche laboral, y frente al cumplimiento  de sus deberes. Sobre lo primero señala: </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Presencié una vez el trato brutal de que fue objeto un joven que hacía  5 años había contraído una deuda, durante ese tiempo había servido a su  acreedor sin haber logrado ver no sólo cancelada su cuenta, pero ni disminuida.  Vínose a esta población [Lorica] y desde aquí fue conducido a la fuerza,  amenazado de darle azotes por haberse fugado. En el puerto fluvial de esta  población me encuentro -en otra ocasión- con un hombre al que sin duda  llevan preso. Pregunto que crimen ha cometido, y se me contesta: “Es un  concertado”. Interrogo al maniatado. Debe $2.000,oo. Fue VENDIDO con una  deuda de $800.oo hace 7 años. Durante todo este tiempo le ha trabajado  al patrón… que lo COMPRÓ, ganado $3,oo diarios, 2 libras de arroz y un  coco como ración indispensable. Se le rompe el machete, se le da un sombrero  viejo o un pantalón; se enferma, lo mantienen y le dan medicina; todo esto  se le carga a su cuenta aumentando el precio en tercio y quinto por el  explotador sin conciencia. Así es como su deuda ha aumentado sin disminuir,  y como cada sol que se pone, en vez de aproximarlo a la liberación, añade  un nuevo eslabón a su cadena. Apeló últimamente a la fuga creyendo poder  sustraerse a una situación sin esperanza. Pero no, ahí lo llevan en el  fondo de una canoa, los pies sujetos a grillos a un pesado madero, maniatado,  tendido en posición supina como para concederle el consuelo irrisorio de  llevar los ojos suplicantes dirigidos a un cielo sereno e impasible… (El  Porvenir, febrero 22 de 1906). </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Conclusiones</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pese a la diversidad de normas y las cambiantes políticas de los gobiernos  en torno a aplicar los medios coercitivos sobre el concertaje, lo que se  observa durante los años 1850-1930, es una tendencia al fortalecimiento  de las formas de trabajo asalariado. En la decadencia de esas relaciones  de servidumbre influyó la escasez de trabajadores estimulada por formas  de vida independientes gracias a los recursos naturales públicos que a  su vez creaban las condiciones para una actitud de altivez, independencia  e insubordinación por parte de las gentes del común, sobre lo que abundan  informaciones de los archivos históricos de la región. También la crisis  y abolición de la esclavitud y de las formas económicas que le eran congénitas  crearon condiciones propicias para que las relaciones sociolaborales serviles  y semiserviles transitaran por una curva descendente a lo largo de la segunda  mitad del siglo XIX y comienzos del siguiente. De igual forma, la crisis  social que desató la guerra de independencia y la vida política durante  los decenios 1850-1885, crearon el clima propicio para la decadencia del  concertaje y la servidumbre en general y su reemplazo por el trabajo libre  asalariado. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esta transformación de las relaciones laborales en libres y asalariadas  fue complicando las actitudes de las autoridades frente a la interpretación  y aplicación de las normas sobre concertaje. En la provincia de Sabanalarga,  los enfrentamientos entre las autoridades departamentales y provinciales  en torno al concertaje por deudas fueron significativos. Así, en 1912 el  prefecto de la provincia de Sabanalarga dejó libre a dos jornaleros acusados  de haber incumplido el contrato, decisión que aunque apelada por el patrón  fue ratificada por el gobernador del Atlántico al considerar que la pena  violaba un inciso del artículo 23 de la Constitución Nacional, agregando  que la huída de los jornaleros constituía una falta a las normas civiles  más no penales (Resolución N<SUP>o</SUP> 6 de enero 12 de 1912). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Para finales del periodo que estudiamos, el Código de Policía del Departamento  de Bolívar de 1925 prohibió el concierto forzado y empleó un lenguaje hasta  cierto punto moderno al hablar de las relaciones patrono-obrero y criados  domésticos, definiéndolos en los siguientes términos: “... se entiende  por criado u obrero todo aquel que preste su servicio personal en casa  de habitación, empresa industrial o agrícola, fábrica, taller, casa de  salud u hospital particular, etc.”. Aunque se desdibujó la obligación de  estipular contratos ante las autoridades municipales, en los archivos de  estas debían reposar copias de los contratos; además, ratificó la norma  que rezaba que su reglamentación era competencia del Código Civil. Para  inicios del decenio de 1920 un periódico cartagenero que se quejaba por  el incumplimiento de los trabajadores concluía que, “Parece que hubiera  necesidad de recurrir a las antiguas prácticas por medio de las cuales  un patrono podía CONCERTAR a un obrero en la forma que quisiera en la seguridad  de que recibirá de las autoridades todas las garantías para ejercer a su  contentamiento la presión que fuere necesaria para obtener el cumplimiento  que la prosperidad de su negocio requería” (La Idea, junio 22 de 1920 y  Código de Policía del Departamento de Bolívar,1930)<SUP>17</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En buena medida la pérdida de importancia de este vínculo laboral en los  centros urbanos y áreas de economía agroindustriales se debió, por una  parte a que para los empresarios no era rentable emplear una mano de obra  forzada, y por otro lado a que con la vuelta del siglo XX y con los flujos que arribaron a Barranquilla y Cartagena provenientes de las áreas rurales  de la región costeña y de otras partes del país, el problema de la escasez  de mano de obra aminoró significativamente, empezando a formarse un mercado  laboral con cierta holgura en la oferta. Pero la presencia de gruesos contingentes  de personas desposeídas (población que en los censos aparece calificada  como “jornaleros”) por si sola no era garantía para la formación de ese  mercado, pues su baja calificación les permitía dedicarse a ocupaciones  ocasionales con poca estabilidad laboral. Esto se debió a que durante parte  del período que estudiamos aún sobrevivía el trabajo ocasional como forma  de vida fuera de las reglas del mercado laboral y de la especialización  que establece la economía capitalista. Entonces, era posible que muchos  jornaleros hallasen ocupaciones en diversas actividades que demandaban  de manera ocasional mano de obra simple (braceros, tripulantes, bogas,  albañiles, labores estacionarias en el campo, etc.). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Asimismo, muchos de estos sectores desarrollaron formas de trabajo autónomas,  por lo que al lado del mercado capitalista de trabajo que iba generalizando  las formas de trabajo y relaciones sociales asalariadas, existió ese sector  autónomo, no subordinado inflexiblemente a la lógica de acumulación capitalista,  el que algunas veces solía verse inmiscuido en el trabajo asalariado. De  ahí la constante queja contra la indisciplina laboral, la irresponsabilidad  del boga y del jornalero y contra la vagancia que aparece en la prensa,  en los documentos oficiales y en los informes de viajeros. Por ejemplo,  en los puertos caribeños, al lado de los grandes circuitos comerciales  controlados por los más poderosos, existían otros, legales o ilegales,  no controlados ni por aquellos o por las autoridades, por dos razones:  en algunos casos porque esos circuitos mercantiles no eran rentables y  representaban formas económicas para el diario vivir, y en otros porque  esos oficios acarreaban desconsideraciones y censuras sociales. El presbítero  Pedro María Revollo, en sus memorias cuenta que recién llegada su familia  a Barranquilla, en 1868, le tocó vivir en una calle en la que residían  gentes prestantes que tenían en sus casas tenderetes, ventas de confituras,  carnicerías y lecherías. Para finales del siglo XIX, ya esas actividades  sólo las ejercían gentes del común o caídas en desgracia. Por tanto, son  circuitos comerciales no subordinados ni sometidos a una intensa competencia  por los múltiples pequeños espacios del que devengaban el sustento. Algunos  establecían vínculos y otros no. Era el mundo del pequeño tendero, del  vendedor en pequeños puestos en los mercados públicos, del vendedor callejero,  del lustrabotas, del carretillero independiente, del carnicero, del vendedor  de tintos, etc. Estas personas disfrutaban de formas alternativas de subsistencia  que las sustraían de quedar totalmente subordinadas al mercado de trabajo  (Revollo, 1942; Sábato, 1985). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En las nacientes ciudades la sobreoferta laboral era el resultado de la  incapacidad que tenía la naciente economía moderna para reubicar los excedentes  de trabajadores entre los diferentes sectores económicos. Esta situación  comenzó a superarse en la medida en que se amplió e intensificó la frontera  agropecuaria por parte de los empresarios y colonos, en algunas ocasiones llevada a cabo a expensas de comunidades campesinas y de colonos pobres  que se vieron privados de los recursos que les permitían vivir por fuera  de los circuitos mercantiles que integraban a la naciente economía regional  costeña. La economía ganadera extensiva como actividad empresarial conllevó  a la apropiación y cercamiento de las tierras, controlando a los ocupantes  de hecho, expulsándolos o reduciéndolos a una de las múltiples formas de  subordinación de la mano de obra, sometiendo a los pequeños ganaderos sin  tierras, y expulsando a la mano de obra que excedía las necesidades de  las empresas ganaderas. En este sentido, si se le compara con la economía  cafetera del occidente colombiano o de otros países productores del grano,  o con las economías de haciendas capitalistas que producían para los mercados  internos e internacionales, la economía ganadera costeña tenía una débil  capacidad para absorber gruesos contingentes de mano de obra, generando  lo que algunos han llamado un desempleo estructural.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1 Los inicios de esas transformaciones se pueden rastrear desde mediados  del siglo XVIII con el surgimiento de lo que Renán Silva ha llamado “crítica  ilustrada de la realidad” entendida como el esfuerzo de sectores de intelectuales  y políticos por distanciarse de las imágenes de la sociedad que habían  predominado hasta ese entonces. Consecuencia de estos cambios fue que durante  la segunda mitad de ese siglo se fueron modificando las representaciones  sobre la riqueza social y el trabajo, al tiempo que las críticas al ocio  se extendieron a los valores de una nobleza entendida como el menosprecio  hacia el trabajo (Silva, 2002; 2005). Estudios recientes señalan que para  finales del siglo XVIII las relaciones entre trabajo-ocio y caridad estuvieron  ligadas a las reflexiones sobre la salud pública (Castro-Gómez, 2005; Alzate,  2007). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2 Aunque en el caso de la historiografía sobre la región Caribe colombiana  estos son temas vírgenes, se han propuesto puntos de vista encontrados  en torno a la naturaleza de las relaciones socio-laborales en algunas de  sus áreas, en especial en lo que tiene que ver con la afirmación (Fals,  1979-1986) o la negación (Posada, 1988; 1998; Ocampo, 2007) de la existencia  de formas de trabajo servil y/o semiservil en sus zonas agrarias. Esta  historiografía centrada en discutir sobre la naturaleza de las relaciones  sociolaborales que se desarrollaron entre empresarios y trabajadores sólo  ha recurrido a informaciones fragmentarias sobre prisión y vinculación  del trabajador a la hacienda por deudas, la tienda de raya que los obligaba  a proveerse de los comisariatos de los hacendados, la sustracción de los  peones de la circulación mercantil y de la economía monetaria. Esto se  ha complementado con una visión vertical del dominio del hacendado sobre  los campesinos. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3 En el censo de 1870 no aparece la categoría de “jornaleros” más si la de  “servidumbre”, la que en el caso de Barranquilla cobijaba en 43,2% de la  población económicamente activa (El Promotor,<I> </I>Barranquilla, mayo 1° de  1875). El código de policía del departamento de Bolívar de 1925 empleó  un lenguaje hasta cierto punto moderno al hablar de las relaciones patrono-obrero  y criados domésticos, definiéndolos en los siguientes términos: “... se  entiende por criado u obrero todo aquel que preste su servicio personal  en casa de habitación, empresa industrial o agrícola, fábrica, taller,  casa de salud u hospital particular, etc.” (Código de Policía,<I> </I>1930). Aún  en 1938 en el departamento de Bolívar continuaban rigiendo las disposiciones  de 1925 sobre contratos laborales (Código de Policía, 1938). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4 Esto es importante porque lo que está implícito en el debate es la medición  de los grados de existencia de relaciones sociolaborales pre-capitalistas  y/o capitalistas, y el referente es el individuo autónomo y dueño de su  destino, o si, por el contrario, se carecía de esa condición y las personas  estaban insertas en sociedades fundadas en imaginarios y prácticas orgánicas  que los convertían en una prolongación de la unidad familiar o de cualquier  otra forma de organización, lo que sometía a los estratos bajos de la población  a lazos de dependencia situados más allá de lo económico, prolongados en  las relaciones de clientela política. Ver las referencias que hace Eric  Hobsbawm (1979) sobre la individualización como expresión del progreso  en los textos del llamado periodo juvenil de Marx. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5 Información acerca de la vagancia en la parte de la región Caribe colombiana  correspondiente al Bolívar Grande puede verse en: la “Memoria del Gobernador  de Cartagena a la Cámara de la provincia”. En: <B>Semanario de la Provincia  de Cartagena (SPC)</B>. Cartagena, septiembre 18 de 1842. “Los cuatreros”.  En: <B>El Porvenir</B>. Cartagena, febrero 9 de 1906. Archivo Histórico de Cartagena,  Colombia (AHC). “Ecos del miedo”. En: <B>Penitente</B>. Cartagena, marzo 7 de  1909; “Una circular”. En: <B>Penitente</B>. Cartagena, octubre 31 de 1909. “Nuestro  problema social”. En: <B>El Porvenir</B><I>.</I> Cartagena, febrero 22 de 1906. “Informe  que presenta al Ministerio de Obras Públicas el señor Ingeniero Director  de las carreteras de Tolú a Sincelejo, Sampués y Corozal”. En: <B>Diario Oficial</B><I>.</I>  Bogotá, febrero 17 de 1908. Striffler, 1922. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6 Antonio del Real fue uno de los abogados más brillantes de Cartagena en  esos años y elegido por el Congreso para formar parte de la Corte Suprema  de Justicia. Varias veces senador, y Ministro de Interior y Hacienda de  las primeras administraciones del Olimpo Radical. Luego desempeñó varios  cargos en la administración central del Estado de Bolívar y en algunas  compañías de transporte fluvial a vapor (Jiménez, 1950). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7 En ese contexto era fácil que se pensara, como lo hacía el Secretario de  Gobierno de la administración de José Hilario López en su mensaje al Congreso  de 1851, que “… la prisión por deudas, resto de la barbarie romana que  entregaba al deudor plebeyo con argolla al cuello al acreedor patricio,  es un borrón ignominioso en nuestros códigos”, proponiendo que se debía  escuchar al deudor y tener presente las circunstancias en que cometió la  falta (La Democracia. Cartagena, abril 3 de 1851). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8 Antes de que se crearan los Estados Soberanos, Colombia basaba su división  política, territorial y administrativa en provincias, divididas en cantones  e integrados por distritos. Cuando en 1857 se crearon los Estados Soberanos  se les dividió en provincias.  </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9 Se trata de “Ordenanza sobre los servicios de domésticos libres”, que fue  expedida con base en las leyes del 18 de mayo de 1841 (“Sobre policía general”)  y del 14 de junio de 1842 que la adicionó. Ver Codificación nacional, tomo  X. Año de 1842. Bogotá, Imp. Nacional, 1927, pp. 419-420. A comienzos del  siglo XIX al jornalero también se le llamaba “sirviente”, “doméstico libre”  y “criado libre”. En 1857 el Código de Policía del Estado de Bolívar asimiló  al jornalero a la figura jurídica del “concertado” (Ley de 11 de diciembre  de 1857, sobre policía general). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10 Por Estado Soberano de Bolívar se entiende la parte de la región Caribe  colombiana comprendida entre el margen occidental del bajo curso del río  Magdalena y el golfo de Urabá, en la frontera con Panamá, abarcando los  territorios de los actuales departamentos del Atlántico, Bolívar, Sucre  y Córdoba. Durante la colonia se le llamó Provincia o Gobernación de Cartagena;  en la primera mitad del siglo XIX se le continuó llamando Provincia de  Cartagena, y en el tercer cuarto de esa centuria Estado Soberano de Bolívar.  A partir de 1886 se le conoció como Departamento de Bolívar o Bolívar Grande  (Solano, Flórez y Malkún, 2008). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11 “Ley de 11 de diciembre de 1857. Sobre Policía General. Este Código de  Policía asimiló al jornalero a la figura jurídica del concertado. “Informe  que el Presidente Constitucional del Estado Soberano dirige a la Asamblea  Legislativa en sus sesiones ordinarias de 1864” (Abril 3 de 1864); “Resoluciones  de la Asamblea” (Agosto 2 de 1863). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12 En sus orígenes el concertaje fue una institución introducida por los españoles  que extraían mano de obra indígena de las encomiendas para atender las  necesidades de sus haciendas, pero nominalmente los indios, según las ordenanzas  reales que habían decretado que eran personas y directos vasallos del rey,  debían recibir un jornal y todo lo necesario para sus labores. Sobre la  evolución de este vínculo laboral de la colonia temprana y la adscripción  de los indios a la tierra mediante la transformación del concierto en agregatura,  ver Fals, 1984 y Tovar, 1988. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13 Ver, Código de Policía…, 1888; “Decreto Número 115 de 1891. Por el cual  se reglamentan las leyes vigentes sobre policía seccional en cuento dicen  referencia a la policía urbana”. En: <B>Ordenanzas y resoluciones</B>…, 1890:  334-358. </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14 Según el censo de Cartagena de 1777, el 15% de la población de esta ciudad  estaba representado en los esclavos (1671 personas, de las que el 66% eran  mujeres), repartidos en 331 hogares de los 2300 que había en esta ciudad,  perteneciendo el 77% a familias blancas (Meisel y Aguilera, 1997). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15 Más adelante agregó: “El estado de nuestras costumbres, y de las ideas  dominantes no deja presumir siquiera que se sancione una dependencia excesiva,  ni que se concedan derechos degradantes al inferior” (Del Real, 1851). </FONT></P>     <P><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16 Quizá la sola excepción de una relación laboral concebida por fuera de  ese orden doméstico eran los oficios de marinería y la boga reglamentadas  desde 1870 en el Código de Comercio Marítimo y Fluvial de Colombia y mantenida  aún en 1945. Esto debido a que el reconocimiento internacional del alto  riesgo que corrían las inversiones en la navegación marítima y fluvial,  su antigüedad como actividad industrial y comercial y las especificidades  que tenía el trabajo asalariado a ella vinculado, llevaron a que muy prontamente  en esta labor se dieran las primeras formas modernas de contratación de  trabajo asalariado. Las relaciones que entablaban los pocos barcos colombianos  (usualmente pequeñas balandras y goletas) en varios puertos de otras latitudes  obligaron a que desde un principio nuestra legislación estuviera a tono  con las normas internacionales. El Código de Comercio Marítimo colombiano,  elaborado (al igual que el Civil) con base en el de Chile (a su vez copiado  del inglés), en su título IV (“De los contratos de los hombres de mar”)  contiene normas desconocidas en otras actividades laborales; lo primero  es que eran normas escritas, y aunque la mayoría de ellas no se cumplieran,  flotaban como un gas etéreo en el marco de las relaciones entre los empresarios  (usualmente representados por el capitán) y los navegantes, en especial  la oficialidad. Entre las disposiciones laborales sobresalen los contratos  por escrito y firmados por los tripulantes llevados en un libro, en el  que se anotaban las faltas cometidas por estos; se expedían copias a los  interesados. Pero en ausencia de contratos escritos se procedía “de acuerdo  con la costumbre local”, y ya sabemos que esta era el recurso más usual  y una vía para cometer arbitrariedades. El Código de Comercio Marítimo  fue aplicado a la navegación fluvial por la ley 35 del 19 de marzo de 1875  (Diario Oficial, septiembre 15 de 1870).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17 Aún en 1938 en el Departamento de Bolívar continuaban rigiendo las disposiciones  de 1925 sobre contratos laborales (Calvo, 1938).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Referencias Bibliográficas</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">1. ACOSTA, Julio (1945). <B>Manual del navegante.</B><I> </I>Barranquilla. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928057&pid=S1315-8597201000020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">2. AILLÓN, Esther (2001). “Moralizar por la fuerza. El decreto de reformulación  del Tribunal de Vagos de la ciudad de México, 1845”. En: LIDA, Clara y  PEREZ T., Sonia (comps.). <B>Trabajo, ocio y coacción. Trabajadores urbanos  en México y Guatemala en el siglo XIX</B><I><B>.</B></I> México. Miguel Ángel Porrúa-Universidad  Autónoma Metropolitana Iztapalapa. Pp. 67-113. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928058&pid=S1315-8597201000020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">3. ALZATE, Adriana (2007). <B>Suciedad y orden. Reformas sanitarias borbónicas  en la Nueva Granada 1760-1810.</B><I> </I>Bogotá, ICANH-Universidad de Antioquia-Universidad  del Rosario. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928059&pid=S1315-8597201000020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">4. ARIÈS, Phillipe (1996). “El servicio doméstico: permanencias y variaciones”.  En: <B>Ensayos de la memoria.</B> Bogotá. Norma. Pp. 423-432. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928060&pid=S1315-8597201000020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">5. “Arrendamiento de servicios personales”. En: <B>La Idea.</B> Cartagena, junio  22 de 1920. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928061&pid=S1315-8597201000020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">6. BEJARANO, Jesús A. (1979). <B>El régimen agrario de la economía exportadora  a la economía industrial.</B> Bogotá, La Carreta. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928062&pid=S1315-8597201000020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">7. BOBBIO, Norbert (1989). <B>Thomas Hobbes</B><I>. </I>México. Fondo de Cultura Económica. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928063&pid=S1315-8597201000020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">8. CASTRO, Beatriz (2007). <B>Caridad y beneficencia. El tratamiento de la pobreza  en Colombia 1870-1930.</B> Bogotá, Universidad Externado de Colombia. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928064&pid=S1315-8597201000020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">9. CASTRO-GÓMEZ, Santiago (2005). <B>La hybris del punto cero. Ciencia, raza  e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816)</B>. Bogotá, Universidad Javeriana. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928065&pid=S1315-8597201000020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">10. CHAVES, María E. (1998). “La mujer esclava y sus estrategias de libertad  en el mundo hispano colonial de fines del siglo XVIII”. En: <B>Anales (nueva  época). </B>Göteborg Universitet. N° 1. Pp. 91-118. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928066&pid=S1315-8597201000020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">11. “Código civil”. Gaceta Oficial del Estado Soberano de Bolívar. Cartagena, abril 20 de 1862. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928067&pid=S1315-8597201000020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">12. “Código de Comercio”. Diario Oficial. Bogotá, septiembre 15 de 1870. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928068&pid=S1315-8597201000020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">13. “Codificación Nacional. Año de 1841”. Bogotá. Imp. Nacional. 1927. Tomo  IX. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928069&pid=S1315-8597201000020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">14. “Codificación Nacional. Año de 1842”. Bogotá. Imp. Nacional. 1927. Tomo  X. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928070&pid=S1315-8597201000020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">15. “Código de Policía del Departamento de Antioquia”. Medellín. 1888. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928071&pid=S1315-8597201000020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">16. “Código de Policía”.<I> </I>Cartagena. Imp. Departamental. 1938. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928072&pid=S1315-8597201000020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">17. “Código de Policía del Departamento de Bolívar (Ordenanza número 64 de  11 de mayo de 1925)”. Cartagena. Imp. Departamental. 1930. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928073&pid=S1315-8597201000020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">18. “Decreto Número 115 de 1891 por el cual se reglamentan las leyes vigentes  sobre policía seccional en cuanto dicen referencia a la policía urbana”.  En: <B>Ordenanzas y resoluciones expedidas por la Asamblea Departamental de  Bolívar en sus sesiones ordinarias de 1890.</B> Cartagena. tip. de A. Araujo.  1890. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928074&pid=S1315-8597201000020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">19. CORONEL, Juan (1947). <B>Un peregrino</B>. Cartagena, Gobernación de Bolívar (1ª  edición: 1894). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928075&pid=S1315-8597201000020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">20. DEL REAL, Antonio. “Códigos de legislación. Señores y sirvientes”. En:  <B>La Democracia.</B> Cartagena, enero 9 de 1851. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928076&pid=S1315-8597201000020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">21. “Ecos del miedo”. En: <B>Penitente</B>. Cartagena, marzo 7 de 1909. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928077&pid=S1315-8597201000020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">22. EL PORVENIR. Cartagena, 1908. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928078&pid=S1315-8597201000020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">23. FALS BORDA, Orlando (1977). “Influencia del vecindario pobre colonial en  las relaciones de producción de la Costa Atlántica colombiana”. En: LEAL,  Francisco (ed.). <B>El agro en el desarrollo histórico colombiano</B><I>.</I> Bogotá.  Punta de Lanza. Pp. 156-160. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928079&pid=S1315-8597201000020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">24. FALS BORDA, Orlando (1979-1986). <B>Historia Doble de la Costa Atlántica</B>.  4 vols. Bogotá, Carlos Valencia Eds. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928080&pid=S1315-8597201000020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">25. FALS BORDA, Orlando (1984). <B>Historia de la cuestión agraria en Colombia</B>.  Bogotá, Carlos Valencia Eds. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928081&pid=S1315-8597201000020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">26. FALS BORDA, Orlando (1986). <B>Retorno a la tierra.</B> Bogotá, Carlos Valencia. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928082&pid=S1315-8597201000020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">27. FLÓREZ, Roicer (2006). “Ciudadanos y vecinos: un acercamiento al proceso  de construcción del ciudadano en Cartagena durante el siglo XIX”. En:<B> Historia  Caribe. Barranquilla. </B>Universidad del Atlántico. N° 11. Pp. 111-128. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928083&pid=S1315-8597201000020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">28. GONZÁLEZ, Beatriz (1995). “Modernización y disciplinamiento. La formación  del ciudadano: del espacio público y privado”. En: GONZALEZ, Beatriz; LASARTE,  Javier; MONTALDO, Graciela y DAROQUI, María (comps.). <B>Esplendores y miserias  del siglo XIX. Cultura y sociedad en América Latina.</B> Caracas. Monte Ávila  Eds. Universidad Simón Bolívar. Pp. 431-455. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928084&pid=S1315-8597201000020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">29. GUTIÉRREZ, Virginia (1987). “La familia en Cartagena de Indias”. En: <B>Boletín  Cultural y Bibliográfico.</B> Bogotá. Biblioteca Luís Ángel Arango. N° 10. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928085&pid=S1315-8597201000020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">30. HELG, Aline (2004). <B>Liberty and equality in Caribbean Colombia 1770-1835.</B>  Londres, Chapel Hill-The University North Carolina Press. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928086&pid=S1315-8597201000020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">31. HELG, Aline (2005). “Sociedad y raza en Cartagena a fines del siglo XVIII”.  En: CALVO, Haroldo y MEISEL, Adolfo (eds.). <B>Cartagena de Indias en el siglo  XVIII. </B>Cartagena. Banco de la República. Pp. 319-370. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928087&pid=S1315-8597201000020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">32. HENSEL, Franz (2006). <B>Vicios, virtudes y educación moral en la construcción  de la república, 1821-1852.</B> Bogotá, Universidad de los Andes. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928088&pid=S1315-8597201000020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">33. HOBSBAWM, Eric (1979). “Introducción”. En: <B>Karl Marx, Formaciones económicas  precapitalistas</B>, Barcelona. Ed. Crítica. Pp. 9-79. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928089&pid=S1315-8597201000020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">34. ILLADES, Carlos (1996). <B>Hacia la república del trabajo. La organización  artesanal en la ciudad de México, 1853-1876</B><I><B>.</B></I> México: El Colegio de México-Universidad  Autónoma Metropolitana. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928090&pid=S1315-8597201000020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">35. “Informe del Gobernador de la Provincia de Lorica”. En: <B>Diario de Bolívar.</B>  Cartagena, agosto 26 de 1881. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928091&pid=S1315-8597201000020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">36. “Informe del Gobernador de la Provincia de Lorica”. En: <B>Diario de Bolívar.</B>  Cartagena, septiembre 4 de 1883. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928092&pid=S1315-8597201000020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">37. “Informe del Secretario de Gobierno”. En: <B>La Democracia.</B> Cartagena, abril  3 de 1851. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928093&pid=S1315-8597201000020000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">38. “Informe del Gobernador de la Provincia de Sabanalarga”. En: <B>Gaceta de  Bolívar.</B> Cartagena, agosto 25 de 1867. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928094&pid=S1315-8597201000020000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">39. “Informe que presenta al Ministerio de Obras Públicas el señor Ingeniero  Director de las carreteras de Tolú a Sincelejo, Sampués y Corozal”. En:  <B>Diario Oficial</B><I>.</I> Bogotá, febrero 17 de 1908.  </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928095&pid=S1315-8597201000020000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">40. JARAMILLO URIBE, Jaime (1996). <B>El pensamiento colombiano en el siglo XIX</B><I>.</I>  Bogotá, Ed. Planeta. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928096&pid=S1315-8597201000020000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">41. JIMÉNEZ, Gabriel (1950). <B>Linajes cartageneros</B><I>.</I> Cartagena, Imp. Departamental. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928097&pid=S1315-8597201000020000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">42. JURADO, Juan (2004). <B>Vagos, pobres y mendigos contribución a la historia  social colombiana, 1750-1850.</B> Medellín, La Carreta. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928098&pid=S1315-8597201000020000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">43. LAUTIER, Bruno (2003). “Las empleadas domésticas latinoamericanas y la  sociología del trabajo: algunas observaciones acerca del caso brasileño”.  En: <B>Revista Mexicana de Sociología.</B> México. UNAM. Vol. 65, N° 4. Pp. 789-814. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928099&pid=S1315-8597201000020000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">44. “Ley de 11 de diciembre de 1857. Sobre Policía General”. Gaceta Oficial  del Estado de Bolívar. Cartagena, diciembre 22 de 1857. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928100&pid=S1315-8597201000020000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">45. “Ley 42 del 12 de octubre de 1867 “sobre concierto de servicios personales”.  En: <B>Recopilación de Leyes del Estado Soberano de Bolívar, 1876</B>. Cartagena. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928101&pid=S1315-8597201000020000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">46. “Ley 42 del 4 de diciembre de 1880 sobre concierto de servicios personales  y que protege a la industria agrícola y pecuaria”. En: <B>Leyes expedidas  por la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Bolívar en sus sesiones  ordinarias de 1880.</B> Cartagena. tip. A. Araujo. 1881. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928102&pid=S1315-8597201000020000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">47. “Los cuatreros”. En: <B>El Porvenir</B>. Cartagena, febrero 9 de 1906. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928103&pid=S1315-8597201000020000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">48. McFARLANE, Anthony (2005). “Autoridad y poder en Cartagena de Indias: la  herencia de los Austrias”. En: CALVO, Haroldo y MEISEL, Adolfo (eds.).  <B>Cartagena de Indias en el siglo XVIII. </B>Cartagena. Banco de la República.  Pp. 221-267. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928104&pid=S1315-8597201000020000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">49. MEISEL, Adolfo y AGUILERA, María (1997). “Cartagena de Indias en 1777:  un análisis demográfico”. En:<B> Boletín Cultural y Bibliográfico. </B>Bogotá.  Biblioteca Luís Ángel Arango. N° 45. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928105&pid=S1315-8597201000020000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">50. “Nuestro problema social”. En: <B>El Porvenir.</B> Cartagena, febrero 22 de 1906. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928106&pid=S1315-8597201000020000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">51. OCAMPO, Gloria Isabel (2007). <B>La instauración de la ganadería en el valle  del Sinú: la hacienda Marta Magdalena, 1881-1956.</B><I> </I>Medellín, Universidad  de Antioquia-ICANH. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928107&pid=S1315-8597201000020000100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">52. “Ordenanzas  y resoluciones expedidas por la Asamblea Departamental de Bolívar en sus  sesiones ordinarias de 1894”. Cartagena, Tip. de A. Araujo. 1895. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928108&pid=S1315-8597201000020000100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">53. “Ordenanza sobre los servicios de domésticos libres”. En: <B>Semanario de  la Provincia de Cartagena</B>. Cartagena, octubre 9 de 1842. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928109&pid=S1315-8597201000020000100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">54. PÉREZ, Martha y CORREA, Rubén (2006). “Orden social y liberalismo conservador:  Las nociones de individuo y Estado en los escritos políticos de Facundo  Zuviría, 1842-1860”. En:<B> Revista Escuela de Historia. </B>Salta. Universidad  Nacional de Salta. Vol. 1. N° 5. Pp. 107-121. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928110&pid=S1315-8597201000020000100054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">55. PÉREZ TOLEDO, Sonia (1996). <B>Los hijos del trabajo. Los artesanos de la  ciudad de México, 1780-1853.</B> México: El Colegio de México-Universidad Autónoma  Metropolitana Iztapalapa. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928111&pid=S1315-8597201000020000100055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 56. PODER EJECUTIVO DEL ESTADO. “Objeciones al proyecto de ley sobre concierto  de servicios personales”. En: <B>Gaceta de Bolívar</B>. Cartagena, octubre 13  de 1867. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928112&pid=S1315-8597201000020000100056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 57. POSADA, Eduardo (1988). “La ganadería en la Costa Atlántica colombiana  1870-1950”. En: <B>Coyuntura Económica</B>. Bogotá. Fedesarrollo. Vol. XIII, Nº  3. Pp. 143-175. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928113&pid=S1315-8597201000020000100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 58. POSADA, Eduardo (1998). <B>El Caribe colombiano. Una historia regional (1870-1950)</B>.  Bogotá, Banco de la República-El Áncora Eds. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928114&pid=S1315-8597201000020000100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 59. RAMÍREZ, María (2006). <B>De la caridad barroca a la caridad ilustrada. Mujeres,  género y pobreza en la sociedad de Santa Fe de Bogotá, siglos XVII y XVIII.</B>  Bogotá, Universidad Nacional. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928115&pid=S1315-8597201000020000100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">60. “Recopilación de leyes del Estado Soberano de Bolívar de 1857 A 1875”.  Cartagena. Tip. de A. Araujo. 1876. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928116&pid=S1315-8597201000020000100060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">61. “Registro de Bolívar”. Cartagena, 1892; 1893. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928117&pid=S1315-8597201000020000100061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">62. “Resoluciones de la Asamblea”. Gaceta Oficial del Estado de Bolívar<I>.</I> Agosto  2 de 1863. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928118&pid=S1315-8597201000020000100062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">63. “Resolución N<SUP>o</SUP> 6 de enero 12 de 1912”. Gaceta del Departamento. Barranquilla.  Gobernación del Atlántico. 1912. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928119&pid=S1315-8597201000020000100063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">64. REVOLLO, Pedro (1942). <B>Mis memorias.</B> Barranquilla, Ed. Mejoras. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928120&pid=S1315-8597201000020000100064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">65. RODRÍGUEZ, Pablo (2002). “Familia y vida cotidiana en Cartagena de Indias  siglo XVIII”. En: <B>En busca de lo cotidiano</B><I>. </I><B>Honor, sexo, fiesta y sociedad  siglos XVII y XVIII.</B><I> </I>Bogotá. Universidad Nacional. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928121&pid=S1315-8597201000020000100065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">66. ROMERO, José Luis y ROMERO, Luis Alberto (1986). <B>Pensamiento Conservador  (1815-1898)</B><I><B>.</B> </I>Caracas, Ayacucho. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928122&pid=S1315-8597201000020000100066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">67. ROMERO, Luís Alberto (1997). <B>¿Qué hacer con los pobres? Elite y sectores  populares en Santiago de Chile, 1840-1895.</B> Buenos Aires, Eds. Suramericana. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928123&pid=S1315-8597201000020000100067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">68. SÁBATO, Hilda (1985). “Trabajar para vivir o vivir para trabajar: Empleo  ocasional y escasez de mano de obra en Buenos Aires, ciudad y campaña,  1850-1880”. En: SÁNCHEZ ALBORNOZ, Nicolás (comp.). <B>Población y mano de  obra en América Latina.</B> Madrid. Alianza Ed. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928124&pid=S1315-8597201000020000100068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">69. SÁBATO, Hilda (coord.) (1999). <B>Ciudadanía política y formación de las naciones.  Perspectivas históricas de América Latina</B><I>.</I> México: Fondo de Cultura Económica-El  Colegio de México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928125&pid=S1315-8597201000020000100069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">70. </font> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">SÁBATO, Hilda y ROMERO, Luís Alberto (1992). <B>Los trabajadores de Buenos  Aires. La experiencia del mercado: 1850-1880.</B> Buenos Aires, Ed. Suramericana. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928126&pid=S1315-8597201000020000100070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">71. SAFFORD, Frank (1989). <B>El ideal de lo práctico</B><I>.</I> Bogotá, Universidad Nacional-El  Áncora Eds. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928127&pid=S1315-8597201000020000100071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">72. Semanario de la Provincia de Cartagena (SPC). Cartagena, septiembre 18  de 1842. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928128&pid=S1315-8597201000020000100072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">73. SERRANO, José (1996). “Levas, Tribunal de Vagos y ayuntamiento: la ciudad  de México, 1825-1836”. En: ILLADES, Carlos y RODRIGUEZ, Ariel (comps.). <B>Ciudad de México. Instituciones, actores políticos y conflicto político,  1774-1931</B><I>.</I> Zamora. Colegio de Michoacán. Pp. 131-154. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928129&pid=S1315-8597201000020000100073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">74. SILVA, Renán (2002). <B>Los ilustrados de Nueva Granada 1760-1808: genealogía  de una comunidad de interpretación.</B> Bogotá, Banco de la República-Universidad Eafit. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928130&pid=S1315-8597201000020000100074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">75. SILVA, Renán (2005). <B>La ilustración en el virreinato de la Nueva Granada.  Estudios de historia social.</B> Medellín, La Carreta Eds. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928131&pid=S1315-8597201000020000100075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">76. SOLANO, Sergio Paolo (1994). “Empresarios, proyectos de modernización,  imaginarios sociales y el peso de la rutina en la provincia de Cartagena  durante la primera mitad del siglo XIX”. En: <B>Historia y Cultura</B>. Cartagena.  Universidad de Cartagena. N° 2. Pp. 9-38. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928132&pid=S1315-8597201000020000100076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">77. SOLANO, Sergio Paolo (1996). “Trabajo y ocio en el Caribe colombiano, 1900-1930”.  En: <B>Historia y Cultura.</B> Cartagena. Universidad de Cartagena. N° 4. Pp.  61-76. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928133&pid=S1315-8597201000020000100077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">78. SOLANO, Sergio Paolo; FLÓREZ, Roicer y MALKÚN, William (2008). “Ordenamiento  territorial y conflictos jurisdiccionales en el Bolívar Grande 1800-1886”.  En: <B>Historia Caribe. </B>Barranquilla. Universidad del Atlántico. N° 13. Pp.  65-119. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=928134&pid=S1315-8597201000020000100078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">79. STRIFFLER, Louis (1922). <B>El río Sinú.</B> Cartagena, El Anunciador. 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