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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La hispanidad y el concepto de Dios en la obra historiográfica de Caracciolo Parra León]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana"><b>     <p ALIGN="center">La hispanidad y el concepto de Dios en la obra historiográfica  de Caracciolo Parra León</p> </b></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center"><b>Níger Contreras</b></p>     <p ALIGN="justify"><a href="mailto:nigercontreras@hotmail.com"> nigercontreras@hotmail.com</a></p> <b>     <p ALIGN="justify">Resumen</p> </b>     <p ALIGN="justify">Este artículo de interés historiográfico se relaciona con el  historiador y catedrático venezolano de inicios del siglo XX, Caracciolo Parra  León, y plantea en un primer plano, la forma de la obra, que tiene que ver con  el estilo, plan y método del autor; asimismo trata del contenido ideológico  positivista que caracteriza su concepción dualista de la historia, llena de un  flujo religioso o metafísico. El pensamiento de Parra león se forja al combinar  criterios de dos escuelas historiográficas en un todo hábilmente construido  según las últimas investigaciones histórico-sociales de su tiempo, avanzando en  cuanto a su posición científica de la historia, pero retrocede a su vez por el  espíritu religioso que incorporó a su obra. La concepción dualista tiene un fin  especial: Establece la hispanidad como principio fundamental en la formación de  la cultura nacional y latinoamericana.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Palabras clave</b>: Historia, Ideología, Hispanidad, Concepción  Dualista, Conocimiento, Mito, Religión, Historiografía.</p> <b>     <p align="justify">Recibido: 03/07/2012 Aprobado: 18/10/2012</p>     <p ALIGN="justify">INTRODUCCIÓN</p>     <p ALIGN="justify"></b>En el año de 1899, el general Cipriano Castro invade a  Venezuela derrotando a las tropas del para entonces impuesto Presidente general  Ignacio Andrade, quien solo estaría en el cargo desde 1898 hasta 1899.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Dos órdenes históricos se enfrentan para inaugurar el siglo.  Por un lado, dice Karl Krispin, “…el antiguo régimen representado por los  liberales amarillo (y su reacción, el mochismo) versus el nuevo esquema  representado por los Andinos con Cipriano Castro a la cabeza. Este último fue el  que se impuso en el país hasta el 18 de octubre de 1945” (prólogo en Picón  Salas, 1991: 9).</p>     <p ALIGN="justify">En medio de esta situación política planteada en Venezuela,  en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del XX, la familia Parra León  decide emigrar al vecino país, Colombia, en calidad de exiliados políticos.</p>     <p ALIGN="justify">Allí, pues, en Colombia, nace Caracciolo Parra león, el 6 de  agosto de 1901, en los albores del siglo XX. Viene a Caracas en 1918 para  tramitar la equivalencia de su título de bachiller en Filosofía y Letras, por  ante el Consejo Nacional de Instrucción Pública de Venezuela, para luego  incorporarse a la Universidad de los Andes, donde obtiene el título de abogado,  el 11 de diciembre de 1922.</p>     <p ALIGN="justify">Caracciolo Parra León va a dedicar su vida, su corta y  exitosa vida, al trabajo intelectual, a la universidad y a la docencia. Es  entonces Parra León un hombre de actividad prodigiosa. Su tiempo parece que lo  alargaba más de las 24 horas diarias, pues además de sus compromisos  académico-docentes, agregó a éstos, el oficio de editor. Así que su fecunda y  limitada existencia transcurrió entre la universidad y su labor de impresor, en  la Editorial Sur América, fundada en 1923, también conocida la Editorial por  “Parra León Hermanos”. Al final de su vida va a ejercer algunas actividades  políticas para el gobierno de Venezuela.</p>     <p ALIGN="justify">Caracciolo Parra León llegó a ser Vice-Rector (1928-1933) de  la Universidad Central de Venezuela cuando apenas tenía 27 años de edad. Y, en  alguna oportunidad, Rector encargado.</p>     <p ALIGN="justify">En su gestión vicerrectora reinstala la Escuela de Filosofía  y Letras, en el año académico 1928-1929. Un año después publica su más  importante obra, intitulada: <i>Filosofía Universitaria Venezolana. 1788-1821</i>.</p>     <p ALIGN="justify">Es de advertir dos variables en el contexto general de este  escrito: la instrucción colonial como un hecho de continuidad histórica (la  hispanidad); y planos de esa realidad en el conocimiento del autor (leyes  supremas evolutivas). El análisis se desprende del enunciado central: “La  concepción historiográfica de Caracciolo Parra León”, el cual se concreto en dos  bloques o subcapítulos.</p>     <p ALIGN="justify">El primero, damos el nombre de: <i>aspectos fundamentales</i>.  En él se analiza: a) la forma de la obra, que tiene que ver con el estilo, plan  y método de autor; b) el fondo o contenido, que trata de desentrañar el carácter  ideológico (filosófico, político, religioso, etc.) de Parra León, volcado a sus  obras.</p>     <p ALIGN="justify">Al segundo lo designamos con el nombre de: <i>planos del  conocimiento histórico</i>. El interés aquí se centra en tratar de entender y  explicar el nivel de ascendencia del conocimiento del autor frente a su objeto  de estudio a partir: a) del hecho histórico como primer nivel del conocimiento  empírico, esto es, cómo ve Parra León la realidad exterior; b) la historia como  teoría para analizar, a la luz de la concepción historiográfica particular, los  hechos en el contexto social (relaciones, procesos y estructuras, términos  propios de las ciencias sociales); y, c) la historiografía como el nivel más  elevado y abstracto en el conocimiento de Parra L eón: filosofía de la historia.</p>     <p ALIGN="justify">En otras palabras, el primer bloque responde en el fondo, a  pesar de su molde o estructura, al carácter formativo de la historia de la  historiografía de Parra León; mientras que el segundo, obedece al carácter  filosófico o filosofía de la historia. En este sentido, los planos del  conocimiento histórico en Parra León tomaron forma en las siguientes premisas:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">1) lo histórico: la instrucción colonial como el hecho real u  ontológico; 2) la historia: ésta depende del libre albedrío y el comportamiento  interno de los hombres y sus ideas; pero, 3) la historiografía –o filosofía de  la historia-- se fija en: La Divina Providencia, quien dictó las leyes  evolutivas de los tiempos y “…dirige al través de los siglos la infatigable  marcha de los pueblos” (Parra León: 1954: 26).</p> <b>     <p ALIGN="justify">1. LA CONCEPCIÓN HISTORIOGRAFICA DE CARACCIOLO PARRA LEÓN</p> </b>     <p ALIGN="justify">Ubicar la obra de Caracciolo Parra León dentro de una  determinada concepción historiográfica es una tarea nada sencilla, máxime cuando  el propio autor aplica el criterio a la historia en lo que él mismo dio en  llamar: “…concepción dualista u orgánica de la historia; la que no se detiene en  el afectado intelectualismo naturalista ni se limita a llenar de fantasmas la  imaginación, alagando el sentimiento” (<i>Ibíd</i>: 34). Es esta una posición  intermedio o especie de eclecticismo que combina los escritos (ideológicos) de  dos escuelas historiográficas –los de la escuela romántica y los de la escuela  determinista--, en un todo hábilmente construido a la luz de las últimas  investigaciones histórico-sociales y positivistas de su tiempo, diluyendo, o  mejor dicho, interpretando finamente esos conocimientos, para luego, sobre la  base de su concepción dualista, abordar el estudio minucioso, no ya el  movimiento global del devenir histórico colonial o el proceso de independencia,  sino el origen de la hispanidad, incrustada ésta de manera especial en la  enseñanza pública desde 1591 y, más tarde, y con mayor arraigo, en la educación  superior que tiene lugar con la fundación y posterior erección del real Colegio  Seminario Santa Rosa de Lima, Seminario que fue elevado a universidad, en 1725,  como Real y Pontificia Universidad de Caracas.</p>     <p align="justify">Ramón Díaz Sánchez hace referencia de Caracciolo Parra León y  lo asocia al grupo de autores que le dan a la historia un tratamiento científico  dentro de su respectivo campo de acción. Y, en este caso, el campo de acción y  de investigación de Parra León es: “Las historias de la Universidad y el proceso  de cultura venezolana” (Díaz Sánchez, 1956: 6). La historia científica a la que  hace referencia Díaz Sánchez se enmarca, pues, en la fase de la historiografía  positivista venezolana. No obstante, los pensadores venezolanos, que la  historiografía ha denominado “positivistas”, son, por lo general, poco  dogmáticos u ortodoxos y poco sistemáticos. Al respecto argumenta Cappelletti  “En casi todos ellos hay una cierta tendencia al eclecticismo, y muy poco siguen  de cerca a un filósofo positivista europeo (como López Méndez a Spencer o  Razetti a Haeckel)” (1974: 8).</p> <b>     <p align="justify">Aspectos fundamentales</p> </b>     <p align="justify">Esta parte de la información no pretende ser más que un  paréntesis que hemos agregado al esquema de trabajo, cuya finalidad estriba en  señalar, de manera superficial, el estilo, plan y método de investigación que  caracterizaba la pluma de C. Parra León.</p>     <p align="justify">Es pertinente aclarar ahora que para el cumplimiento del  trabajo que nos compete, utilizamos como textos básicos: <i>Filosofía  Universitaria Venezolana: 1788-1821</i>. Sin embargo, no queda por fuera: <i>La  instrucción en Caracas: 1567-1725</i>. En este sentido es necesario agregar que  entre una y otra obra existe un puente de unión o hilo conductor: la educación,  y en este caso, la educación colonial, según los periodos señalados en ambas  obras. Por lo tanto, <i>Filosofía Universitaria Venezolana </i>es, complemento  de </font><i><font size="2" face="Verdana">La Instrucción en Caracas</font></i><font FACE="Verdana" SIZE="2">.</p> <b>     <p align="justify">Forma de la obra</p> </b>     <p align="justify">Veamos, sin entrar en rigurosos detalles, las características  que le dan forma a la obra historiográfica de Caracciolo Parra León.</p> <i>     <p align="justify">Estilo</i>. Su estilo hace gala de las siguientes notas que  cualifican su elocuencia y erudición: vivacidad, amenidad, interés y claridad.  En una frase: su estilo es natural, transparente y sencillo. Es decir, no hemos  visto por ningún lado –sin pretender ser expertos ni mucho menos estudiosos  exhaustivos de su obra-- rastros de adornados efectos literarios como para  querer impresionar o emocionar al lector menos avisado. Por el contrario, en su  estilo prevalece el ordenamiento lógico y científico de los hechos históricos,  todo lo cual está enmarcado, a nuestro juicio, en la frase anteriormente  acuñada: Parra León fue un escritor cuidadoso en la exposición, de estilo  clásico, sencillo y ameno.</p> <i>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Plan</i>. El plan es el nivel general de organización que  establece un autor con relación a su obra a desarrollar. Esa organización se  materializa o toma cuerpo en un esquema de trabajo.</p>     <p align="justify">Es, pues, en el desarrollo de los puntos planteados en el  esquema de trabajo donde se pondrá en juego la habilidad y madurez del autor  para dar forma y contenido a su tema en el plano intelectual (teórico):  profundidad del conocimiento, interpretación de los hechos, etc., y en el plano  práctico (histórico): hechos, selección y jerarquización de las fuentes,  estrategias, etc.</p>     <p align="justify">El lector se habrá preguntado ya el porqué de insistir en  este tipo de reflexiones o consideraciones teórico-metodológicas. Precisamente,  y de manera constante, ellas están presentes en la dirección del pensamiento y,  por ende, en el comportamiento del autor frente a su objeto de estudio, y, que  además, permiten fijar y ubicar las distintas etapas de evolución del  conocimiento, superadas por el autor a lo largo de la práctica investigativa, en  concordancia con la habilidad e interés que demuestre en el campo y/o área  particular de investigación.</p>     <p align="justify">¿Qué grado de madurez identifica a un autor en la  planificación de su obra? En el caso de Caracciolo Parra León no es posible  hablar de etapas de evolución: juventud, madurez y vejez. En él hay una sola  etapa: la de juventud, donde se funden, en una única realidad, la de madurez y  la de vejez: pueden imaginarse como dos corrientes de aguas cristalinas y  serenas, que toman cuerpo en una sola fuente; pero de inquieta y prístina  solución: la de Juventud. Tesoro que muy bien supo aquilatar Caracciolo Parra  León.</p>     <p align="justify">Toda su obra la realizará pues a temprana edad, y es, en  particular, una visión retrospectiva de la educación que se impartía desde las  primeras manifestaciones de esta actividad en el asentamiento colonial de la  pequeña y recién fundada ciudad de Santiago León de Caracas. No obstante, la  historia universitaria venezolana comienza en 1592, cuando los vecinos de  Caracas informaron al Monarca Felipe II que por no haber en aquella Provincia  universidad como las hay en otras partes de la India, dejan sus hijos de  estudiar y ser ensañados en las letras (Leal: 1985: 25). El Monarca accedió a la  creación de una cátedra de Gramática y dispuso además la construcción de un  seminario. Este último fue aplazado por falta de recursos económicos, pero la  disposición permaneció vigente. La fábrica y posterior funcionamiento del  seminario cubre prácticamente el siglo XVII. Pero no pasó mucho tiempo para que  el Real Seminario Santa Rosa de Lima fuese elevado, en 1725, a Universidad, con  el nombre de: Real y Pontifica Universidad de Caracas.</p>     <p align="justify">Es, justamente, la Instrucción (popular) en Caracas, entre  1567-1725, junto con el devenir histórico como práctica docente-administrativo  de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, lo que Parra león reflejará en  sus investigaciones sobre la educación colonial en Venezuela. Tal situación de  conocimiento le permite aseverar categóricamente bajo un criterio particular  que: “Los años últimos del siglo XVIII y primeros del siglo XIX (bien puede  decirse desde 1788 hasta 1821), en que se formó intelectualmente dentro de los  claustros universitarios buena parte de aquella gloriosa generación que hizo la  república y es el mayor timbre de honor de Venezuela” (Parra León: 1989: 39).  Estas investigaciones le permiten a Parra león llegar a profundas y serias  reflexiones, que en apretada síntesis interpreta Julián Padrón de la siguiente  manera:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">La leyenda dorada de la instrucción española en la  	Caracas colonial tiene tres consecuencias importantes: 1°) los hombres que  	hicieron la independencia venezolana no fueron autodidactos sino que, por el  	contrario, se formaron intelectualmente y aprendieron sus ideas políticas y  	revolucionarias en la Universidad; 2°) la importancia de la instrucción  	colonial se debió al hecho de estar dirigida por católicos; y 3°) la  	generación de la Independencia no se inspiró en las doctrinas filosóficas  	francesas e inglesas de la Revolución, sino en las ideas filosóficas que se  	enseñaban en la Universidad colonial de Caracas. (1990: 250).</p> </blockquote>     <p align="justify">Tales afirmaciones echaron por tierra &lt;la leyenda negra de la  Universidad&gt;, lo que le valió (y todavía hoy) la critica roedora (como diría  Marx) de sus adversarios políticos e ideológicos; a pesar de lo solícito que fue  Parra león en cuanto al contenido de la educación colonial. Sin embargo, por tal  motivo la historia de la historiografía de la instrucción colonial parece estar  condenada al olvido y a las tinieblas del oscurantismo dominante nacional. Dos  errores imperdonables en su época: haber sido practicante público de sus  creencias religiosas; y, peor aún, haber señalado que la cultura hispánica  condicionó el carácter revolucionario de la generación de 1810. ¿Dónde está la  debilidad del plan, el punto neurálgico, o el punto de mayor consistencia? Son  respuestas cuyo contenido quedará a la vera del camino de cada uno de sus  intérpretes.</p> <i>     <p align="justify">Método</i>: Su método de trabajo tiene lugar en el empleo del  análisis sistemático de los datos e informaciones documentales obtenidas  rigurosamente como el examen que se practica con un cuentahílos para no perder  detalle en la trama de la educación colonial, ya previamente delimitada, la cual  abordará de manera directa en los archivos universitarios, eclesiásticos y  nacionales; además de otros materiales y posturas que le servirán de apoyo para  fundamentar sus teorías e investigaciones y posterior publicación de sus obras.  Pero, ¿de qué forma llega Parra León a crear su propio método de trabajo para  interpretar la realidad objetiva fuera de él?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">A diferencia de los conceptos que anteriormente tratamos, el  del método, y no con regular frecuencia, hace Caracciolo Parra León especial  referencia. Se trata del método experimental “principio de la evolución moderna”  (1989: 70-72) cuya base se localiza en la nueva filosofía o filosofía moderna  que tomará forma en la doctrina del doctor y clérigo Baltazar de los Reyes  Marrero (<i>Ibíd</i>: 54-67) a partir de 1788 en los claustros de la Real y  Pontifica Universidad de Caracas.</p>     <p align="justify">Ahora bien, antes de continuar con Caracciolo Parra León,  agreguemos de forma sucinta la periodización de la historia de las ciencias, la  filosofía y el método, elaborado por J. R. Núñez Tenorio (1976: 31); estos  períodos son:</p>     <p align="justify">&#9679; Filosofía del objeto, ciencia metodológica (lógica y  matemática) y método abstracto-deductivo.</p>     <p align="justify">&#9679; Filosofía del sujeto, ciencia natural objetiva y método  inductivo-experimental.</p>     <p align="justify">&#9679; Filosofía de síntesis, ciencia social y objetiva y método  dialéctico-histórico.</p>     <p align="justify">Permítasenos recurrir a esta periodización de la historia de  las ciencias, la filosofía y el método, para tratar de comprender sobre esas  bases, de manera especial, la trabazón que hace Parra León del método inductivo  y del método deductivo; trabazón que llevará adelante con la ayuda de la Divina  Providencial.</p>     <p align="justify">Inicia Parra León una demoledora e interesante critica a las  doctrinas de la escuela romántica y a la escuela histórico-determinista; pero,  para extraer, de sus escombros, las premisas suficientes y necesarias para  construir su particular y singular método de trabajo y, por ende, su concepción  &lt;dualista y orgánica de la historia&gt;. Sin embargo, ésta responde, técnicamente,  y como quedó establecido en otra parte, a la fase historiográfica positivista  venezolana, con un ingrediente ingenioso (ecléctico) de sus creencias religiosas  lo racionalespiritual-metafísico.</p>     <p align="justify">El problema del método, o bien, el de las ciencias, lo asume  el autor, precisamente, a partir del Renacimiento<sup>1</sup> que tipifica, por  cierto, una época de crisis cultural. La ciencia, dice Núñez Tenorio, “se dirige  al mundo natural, proporcionado por primera vez un conocimiento objetivo del  mundo, gracias al nuevo método inductivo experimental inaugurado por Galileo (<i>Ibíd</i>:  33).</p>     <p align="justify">Por otra parte, entiende Parra León que: “…cambiando el rumbo  de las nuevas corrientes en manos de Herder y de Vico, asomó por primera vez la  historia genuinamente científica…” (1954: 26). Es decir, Parra León estaba  consciente del cambio total que se produjo en el pensamiento renacentista.  “Ahora lo privativo es, especifica Núñez Tenorio, el asunto del conocimiento,  del método” (1976: 34).</p>     <p align="justify">Lo curioso es que Parra León arranca su análisis con Vico2,  siglo XVI, e inmediatamente con el uso de una conjunción y de una preposición,  nos traslada al siglo XVIII, con Herder3. Es probable que la referencia a estos  autores responda al tratamiento especial que ellos le conceden, en sus  respectivos trabajos histórico-filosóficos, al tema preferido de Parra León: la  educación.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ubicado ya en el siglo XIX, Parra León ha de apoyarse no en  Herder, sino en la obra de Menéndez Pelayo (1856-1912), para iniciar, repetimos,  su desmesurada crítica a las doctrinas de las escuelas más atrás ya mencionadas.  Pero, con mayor rigor, a la tendencia romántica: en tanto que ésta le  proporciona, en cierto sentido, el elemento racional: religioso. Por otro lado,  nos permite apreciar en nuestro autor, el grado de afinidad que demuestra por la  escuela histórico-determinista –recordemos que era la ideología en boga de su  época--, cuando, por ejemplo, comenta: “Indudablemente que la aparición de la  doctrina determinista (…) representa (…) gran progreso en la dirección de los  estudios históricos” (Parra León, 1954: 27-28). Pero, por supuesto, no todo el  progreso como lo fue para su antecesor en la Academia Nacional de la Historia,  el doctor Ángel Cesar Rivas, quien siendo: “…hijo directo de Taine y de Renán,  encontró el fundamento definitivo, dice Parra León, de sus ideas en la  concepción evolucionista del universo” (<i>Ibíd</i>: 22). Es por cierto el  doctor Rivas de quien Parra León será uno de los más fieles seguidores de su  tesis en cuanto a la influencia de la hispanidad en el planteamiento de la  independencia venezolana. Para sintetizar, entonces, las bondades de una y otra  escuela, Parra León hace el siguiente razonamiento:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">Voluntades y leyes, forma y materia, ideas y fenómenos,  	espíritu y cuerpo; he aquí los factores esenciales sobre que reposa la  	historia de las sociedades, que es la misma historia de los hombres; el uno,  	material (…); el otro, formal (…); los dos, unidos, compenetrados en  	estrecho y esencial consorcio, como que es la propia naturaleza del conjunto  	quien los une y compenetra y quien hace que el físico repercuta,  	imprescindiblemente, sobre el moral, y el moral, aunque influenciado en el  	proceso de sus determinaciones, gobierne y domine sobre el físico (<i>Ibíd</i>:  	32-33).</p> </blockquote> </font>     <p align="justify">Es, pues, la eterna lucha de contrarios planteada desde los  griegos entre el sujeto y el objeto, entre lo formal y lo concreto, entre lo  espiritual y lo material, etc. Contradicción que Parra León no logró superar en  la medida de asimilar el método dialéctico-histórico como síntesis filosófica de  las ciencias sociales objetivas, máxime cuando establece, según su criterio, que  lo moral, lo ideal, lo racional, esto es, lo teórico, se impone sobre lo físico,  lo material, es decir, sobre lo práctico (lo histórico). El método no puede ser  aportado sólo por la especulación filosófica a partir de la intuición y/o simple  observación de los hechos, sino, además, para que haya ciencia, tiene que haber  una actividad material transformadora e intencional de lo real: esa actividad  intencional es la que constituye la praxis como proceso transformador del hombre  (es una actividad consciente adecuada a fines). Estas categorías conforman la  concepción dialéctica de la unidad y lucha de contrarios y arrastran tras de sí  el conjunto de los problemas filosóficos y científicos en el campo social a  partir de Marx. Ellas esbozan los problemas contemporáneos de la filosofía. Para  finalizar esta última sección del aparte que nos ocupa, veamos la siguiente  muestra de Caracciolo Parra León (<i>Ibíd</i>: 35) donde podemos apreciar el  contenido de su peculiar método:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">La que, por fin –dice Parra--, y es razón capitalista, ni  	caen la negación o agnosticismo de la Causa Primera ni niega la Divina  	Providencia, sino que, por el contrario, alzando el vuelo con el ala doble  	de la inducción y de la deducción, encuentra en la misma historia que  	construye y alimenta, huella visible de aquel Soberano Señor, Sustancia  	Eterna, Acto Puro, Providencia y Fin, que volvió de su hermosura todas las  	cosas, y dictó las leyes evolutivas de los tiempos, y le puso dique en la  	propia diferencia especifica de su Ser…</p> </blockquote> </font>     <p align="justify">La ciencia no admite posiciones metafísicas o espirituales.  De manera que el método es, por un lado, teórico-racional y, por el otro,  práctico-verificativo, en la tierra y no en cielo como evolución de los tiempos  administrados por la Divina Providencia. Sin embargo, lo que se plantea Parra  León parte del teísmo cristiano y es más o menos la solución dualista (y teísta)  del problema del conocimiento en la idea de una Divinidad como origen común del  sujeto y del objeto, del orden del pensamiento y del orden del ser volcado a su  particular objeto de estudio: la instrucción colonial en manos de la Iglesia.  Es, justamente a esta Institución la que coloca por delante, como la base  fundamental, desde los tiempos primero de la conquista, en la construcción de la  hispanidad, que es, al lado de la educación, las bases fundacionales para la  proyección y arraigo del gentilicio nacional y latinoamericano y, por tanto, el  origen y procedencia de las manifestaciones culturales del nuevo mundo.</p> <b>     <p align="justify">El fondo o contenido</p> </b>     <p align="justify">Quizás sea éste uno de los puntos más importantes de los que  tratamos en este escrito, pues se relaciona con la formación ideológica  (filosófica, política, religiosa, etc.) del autor volcada en sus obras, lo que  se ha intentado hacer ya en párrafos precedentes.</p>     <p align="justify">Parra León se plantea la problemática educativa de la  instrucción colonial como un proceso inherente al proceso histórico venezolano,  sus ideas las desarrolla en los difíciles años de la dictadura de Juan Vicente  Gómez, a la luz de las más recientes investigaciones histórico-sociales de su  tiempo. Conoce e interpreta las posturas de: Meléndez y Pelayo, Petrone,  Pirenne, Pierre Lacombe, Marc Bloch, Ernest Labrouse, entre otros importantes  escritores positivistas o anti-positivistas de renombre internacional; por  supuesto, sin aquí incluir, por obvias razones, nombres a nivel nacional de la  más elevada talla intelectual.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Con este cúmulo de información Parra León aborda la historia  colonial venezolana, pero, lamentablemente, aplica el razonamiento  historiográfico –esto es, el razonamiento como filosofía de la historia-- en el  análisis crítico que hace a la ya harto nombrada parcela de la historia patria;  y lo hace, justamente, en la “Introducción” del texto: <i>La Instrucción en  Caracas. 1567-1725</i>.</p>     <p align="justify">No hay otro lugar en la obra de este autor, al menos en las  dos más importantes, y que han servido de apoyo para la realización de este  escrito, no hay, decíamos, contenido científico y filosófico de tal magnitud  como la que encontramos en la instrucción señalada.</p>     <p align="justify">Ahí nos permite Parra León enterarnos de que él tenía, a  nuestro juicio, una visión muy distinta y actualizada, a pesar de la trama  dualista de su teoría, a la de los historiadores y positivistas criollos de su  época sobre el concepto y la problemática histórico-social. Por ejemplo, el  cientificismo positivista deba la razón al gobierno, pues éste, dice Antonio  Mieres: “corresponderá alcanzar la meta propuesta: que el orden armonice con el  progreso.</p>     <p align="justify">De aquí deriva la inclinación de Comte, y de los positivistas  en general, hacia las dictaduras” (1981:204).</p>     <p align="justify">A pesar de haber representado brevemente al gobierno de  Venezuela en misión diplomática, Parra León era fiel a sus ideas. Tomás Polanco  Alcántara (1990: 32), citando parte de las palabras que pronunció Parra León en  1938 ante la estatua del Liberador en Lima, hace ver que en ellas, condenaba las  dictaduras, cuando dice: “el valor de las ideas, que no se pueden ahogar con  dictaduras ni con opresión”. En este sentido, y sin apartarse de su postura  ideológica y de la visión dualista de la historia, Parra León toma partido en la  atmósfera intelectual de su época, y de la mano de Petrone, hacer frente al para  entonces en boga y discutido tema del monismo-materialista, de la manera  siguiente:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">la celebrada ley de continuidad, supervalorizada por  	Haeckel, admitida en general por todos los evolucionistas, establece la  	concepción monístico-materialista del universo que reduce en sustancia el  	fenómeno físico a mecánico, la vida a fuerzas físico-química y “los procesos  	del espíritu (lo diremos con palabras de insigne Petrone) a los equivalentes  	y a los concomitantes orgánicos y fisiológicos (1954: 23).</p> </blockquote> </font>     <p align="justify">Se desprende de la cita anterior que Parra León va más allá  de concepto totalizador de la historia, al tratar de visualizar ésta fuera del  monismo materialista y reduce el todo a secciones o partes; aunque utilizando  para su ejemplo principios de las ciencias naturales; no obstante, aplicando  (aquí retrocede en su empeño científico) el contenido espiritualista (religioso  o metafísico) de Petrone a la teoría del orden social del gran filósofo Herbert  Spencer. Al respecto expresa Parra León:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">…todas las manifestaciones determinantes de la  	civilización de los pueblos (letras, artes, instituciones sociales, la  	sociedad misma) están, desde luego, como superiores modalidades de la  	materia, a la misma ley mecánica de continuidad; “son otros tantos estadios  	transitorios en el desarrollo indefinido de las fuerzas cósmicas y de las  	nebulosas primitivas”; permanecen libres de toda finalidad interna; siguen  	necesariamente el camino que ya desde tiempos atrás les trazaron “las  	circunstancias” y el acaso (<i>Idem</i>).</p> </blockquote> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Parra León entiende aquí que las manifestaciones o  necesidades de los pueblos permanecen libres de toda finalidad interna, pero  sujetos a la ley de continuidad, esto es, a la finalidad exterior: a la suprema  ley universal, con la salvedad de que sus pasos (sociales y culturales) han sido  trazados según las circunstancias y el acaso: el destino de los pueblos depende  del acaso. He aquí el perfil positivista. No obstante, la ley de continuidad no  es otra cosa que la Divina Providencia que permite el libre albedrío de los  hombres pero de los pueblos no, ya que según Parra León, la Sustancia Eterna  dictó las leyes evolutivas del universo y “…dirige al través de los siglos la  infatigable marcha de los pueblos” (<i>Ibíd</i>: 26). He aquí el perfil religioso e idealista que le imprime el  autor a la evolución histórica.</p>     <p align="justify">Parra León reduce el conocimiento social a un enfoque  mecánico-natural, y la corriente positivista en general, “copiando, dice Núñez  Tenorio, a las ciencias naturales e ignorando lo específico de lo social…”  (1976: 256). La siguiente cita confirma la premisa de Núñez Tenorio, cuando  Parra León dice:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">Nada más lógico que aplicar a fenómenos de tal naturaleza  	el mismo método de estudio ensayado con tan notables resultados en las  	ciencias físicas y naturales. Tras la investigación paciente, hecha esta vez  	sobre el cuerpo social y no sobre el cuerpo humano, aparecerán primero las  	causas inmediatas de los sucesos, las leyes secundarias de la evolución  	común: (…) de los pueblos y de las civilizaciones (…), se irá subiendo hasta  	las leyes supremas… (1954: 23).</p> </blockquote> </font>     <p align="justify">Como se puede observar, existe una jerarquización mecánica de  las leyes para alcanzar “las que presiden la evolución universal” (<i>Idem</i>),  y las que, en fin, “constituyen el substrato de la filosofía de la historia” (<i>Idem</i>).  Con el doctor Ángel Cesar Rivas, su ilustre antecesor, considerado por Parra  León hijo directo de Taine y Renán, quien encontró el fundamento definitivo de  sus ideas en la concepción evolucionista del universo; con Rivas pues concluye  Parra León señalando que:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">…los problemas históricos no son más que problemas de  	mecánica (…), el hombre es tan sólo “un teorema que anda”, una simple pieza  	de la admirable máquina del universos; los factores físicos, los factores  	fisiológicos, el comercio, la imitación, el miedo, la raza, la época; en una  	palabra, la naturaleza exterior: he aquí la causa suprema de la evolución  	humana (<i>Ibíd</i>: 24).</p> 	</font> </blockquote>     <p ALIGN="justify">En las gruesas citas que hacemos en este aparte del autor,  podemos encontrar en ellas el contenido de su pensamiento orgánico-dualista  (determinista-mecanicista versus subjetivista-intelectualista) volcado en parte  a sus obras; sin embargo, consideramos que Parra León no hizo tratados de  historia en el sentido de ciencia; sólo se limitó en: <i>La Instrucción en  Caracas</i>, a juntar relatos, crónicas y manuscritos; y en la obra: <i> Filosofía Universitaria Venezolana</i>, se ocupó de hilar y hasta de explicar el  pensamiento teológicofilosófico contenido en las tesis de grado, el nuevo método  y la introducción de la filosofía moderna en la vieja Universidad de colonial;  por otra parte, se encargó de aclarar el famoso mito de la leyenda negra creada  por Semple, Dauxión, Briceño y Baralt. En este sentido, el problema central de  Parra León era, entonces, el hecho educativo, y así lo expresó el mismo Parra  León cuando dijo: “Voy, pues, también hacia los orígenes, no ya del movimiento  global de la independencia, sino de la instrucción pública” (<i>Ibíd</i>: 37).</p>     <p ALIGN="justify">Aparte, entonces, de asimilar de otra manera el  monismo-materialista de la teoría evolucionista en tanto que ésta tenía que ver  con la particular “cirugía de los pueblos y las civilizaciones” (<i>Ibíd</i>:  23), es decir, disgregar el estudio de la historia, Parra León añadió a esa otra  manera de pensar, un nuevo elemento metafísico: nada más que el monismo  espiritualista. De ahí le viene el ala doble de la inducción (método  inductivo-experimental) y de la deducción (método abstracto-deductivo), todo lo  cual condimentado con la Sustancia Eterna, el Acto Puro, Providencia y Fin, en  su extraño y particular método de investigación. No obstante, pensamos por  nuestra parte, que Caracciolo Parra León casi logra digerir el método  dialéctico-histórico, pero, a nuestro juicio, sus creencias religiosas y su  formación positivista, no le permitieron aceptar a Marx como paradigma-fundador  de las ciencias sociales.</p>     <p ALIGN="justify">En Europa, ya desde la década inicial de 1900, Henrri Berr y  Pierre Lacombe, habían iniciado la reacción anti-positivista “al protestar,  según dice Antonio Mieres, la concepción historiográfica dominante” (1981: IX).  Y, al cabo de unos cuantos años, puntualiza Mieres, “…a partir de la década de  1930, el hecho individual, de los positivistas, cede paso ante el abrumador  empuje de los hechos integrados en series, concepción que fragmenta la realidad  en varios niveles de análisis” (<i>Ibíd</i>: X). Se había iniciado un  pronunciamiento en contra de la ideología del progreso, en nombre del método  comparativo, para abordar críticamente la visión totalizadora o  monista-materialista del universo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cabe subrayar que Parra León en las postrimerías de su vida  se encontraba en el túnel de esa nueva forma de mirar el mundo; pero sin lograr  salir de él o asirse con firmeza a esta nueva teoría que, según Mieres: “…dirige  sus esfuerzos hacia las estructuras económicas, sociales, mentales (…),  preconizando, al mismo tiempo, el estudio de los precios y salarios” (<i>Idem</i>).  No logró pues Caracciolo Parra León liberarse del pesado lastre  romántico-determinista.</p>     <p align="justify">En fin, el contenido ideológico de Parra León descansa en lo  que él caracterizó como: la concepción dualista u orgánica de la historia.  Precisamente, fabricó tal teoría sobre la base de dos concepciones  historiográficas antagónicas y moribundas, justamente, ellas son: romanticismo  (el monismo, espiritual, idea) versus determinismo (el monismo materialista). No  logró superar la ley de continuidad y las creencias religiosas, obviando, por  tanto, las relaciones de producción y las relaciones de propiedad, esencia de  toda formación histórico-social, para ocuparse tan sólo y particularmente, del  hecho educativo colonial dirigido por católicos, piedra fundacional de la  hispanidad latinoamericana.</p> <b>     <p align="justify">Planos del conocimiento histórico</p> </b>     <p align="justify">¿Qué es el conocimiento? O bien, ¿Qué es la realidad?  Aprender el objeto del conocimiento requiere de un proceso cognoscitivo por  parte del sujeto cognoscente. Es una experiencia fenomenológica que se  estructura sobre fundamentos del conocimiento sensible (sensaciones,  percepciones, impresiones, etc.) y sobre el conocimiento inteligible (ideas,  juicios, abstracciones, etc.). Es o ha de ser una función coherente sin  parcialidades en lo netamente sensible (empirismo) o lo netamente inteligible  (racionalismo). Cabe pues preguntarse: ¿Cómo asimila Parra León la realidad, y,  en este caso, el conocimiento histórico? Caracciolo Parra León parece estar  atrapado en el debate entre estos dos tipos de conocimientos: el racional o  ideal (romanticismo) y el empírico o material (positivismo), eludiendo el  análisis efectivo de los procesos objetivos, históricos, tal como lo sugieren  las breves citas de Mieres. Estas dos corrientes del pensamiento toman forma en:  la escuela romántica y la escuela histórico-determinista o empírica y se  reflejan de modo peculiar en nuestro autor. Tanto la una como la otra fueron  movimientos culturales-ideológicos.</p>     <p align="justify">¿Por qué Parra León recurre al romanticismo? Simplemente  porque es una de las caras de la moneda, esto es, ella –la escuela romántica--  conforma el carácter racional (o ideal deductivo) que le hace falta para  componer su peculiar “método dialéctico”, mas no histórico. El romanticismo  aparece en los albores del siglo XIX. En Venezuela comienza a manifestarse a  partir de 1840, y culmina, aproximadamente, en 1890. En América (latina) se  manifiesta en el terreno literario como un deseo de independencia intelectual.</p>     <p align="justify">En la siguiente muestra podemos apreciar las opiniones que  manejaba Parra León del siglo XVIII y, por ende, de la vieja escuela romántica y  de su método artístico-racional; tales opiniones las fragua Parra León a partir  de las apreciaciones particulares que sobre este siglo había acuñado ya Menéndez  y Pelayo. El siglo XVIII, dice Parra León:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p align="justify">Al aplicar a la historia aquel sentimiento dogmático que  	le es característico (al romanticismo), miró solamente el aspecto libre y  	racional del hombre</font><sup>4</sup><font SIZE="2">, con mengua manifiesta  	de las influencias físicas y fisiológicas, del ambiente, de la época; en una  	palabra de la naturaleza exterior; e imaginó un método de construcción  	artístico, romántico, intransigente, en que todo fue función de los  	conceptos y todo (hombres, instituciones y países) debía comparecer ante el  	autor, como ante severo tribunal, para recibir el fallo condenatorio o  	laudatorio de su ideología (1954: 26).</p> </blockquote> </font>     <p ALIGN="justify">Fíjese el lector que Parra León apoyado en las idea de  Menéndez y Pelayo, desdeña las características inherentes al romanticismo del  siglo XVIII, y enfatiza la ingenuidad del método, artístico y anticientífico.  Con esa nota de ingenuidad el dogmatismo advirtió en todos los sucesos y  circunstancias la acción directa y simplista de la Naturaleza, sustituida en  labios ortodoxos contaminados de semejante método de estudio. No obstante, esas  características le vienen como anillo al dedo para adaptarlas a su sistema  dualista porque:</p>     <p ALIGN="justify">“con la Divina Providencia, dicho sea de paso, con la misma  mano soberana, pero de muy otra manera, viste de lirios los campos y dirige al  través de los siglos la infatigable marcha de los pueblos” (<i>Idem</i>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Parra León sustituye la Naturaleza o el Dios del siglo XVIII  por la Divina Providencia, y ésta con la misma mano, pero de muy otra manera, es  la que dirige la infatigable marcha de los pueblos; y con cierto ánimo de  descontento, por carecer pues de fundamento con la realidad exterior o Causa  Primera, expresa de esa disciplina romántica lo siguiente:</p> <font SIZE="2">     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">¡Ah, señores! Y como no ha de inmutarse el ánimo, unas veces de  indignación y otras de lastima, al comparar esa gárrula palabrería, misericordiosamente  apellidada “historia romántica”, con la realidad, que espontáneamente brota de la  labor unificadora del sentido común y de innumerables documentos (1989: 40).</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify"> </font>Parra León era un investigador a tiempo completo y su  información provenía de los datos documentales, y como buen positivista concede a la ley de  continuidad el privilegio de ser la primera ley de la historia; esa continuidad y la  aplicación correcta del sentido común eran las herramientas metodológicas necesarias para  localizar y extraer el dato de los viejos papeles coloniales, dándole con ello, forma y figura  a su objeto de estudio. Pero, mostrando, repetimos, el ala positivista de su concepción,  promoviendo así un culto a los “hechos puros”, y su misión se “reducía a mostrar lo que  realmente aconteció”, según lo cual, como afirma el historiógrafo alemán Leopold von Ranke:  “…la historia no era otra cosa que un cuerpo de hechos verificados y la misión del  historiador se reducía a “mostrar lo que realmente aconteció” (citado por Plasencia Moro, 1985: 46).</p>     <p ALIGN="justify"> Para los historiadores positivistas los documentos se convirtieron en un culto  de la verdad: los documentos eran el templo de los hechos. Si los documentos lo  dicen, será verdad. En este sentido, agrega Plasencia Moro (1985), “el papel del  historiador en tanto sujeto cognoscente, se reducía de este modo a una suerte de  “puente” que daba paso a la realidad histórica encerrada en la fuente” (Ibíd:  47).</p>     <p align="justify">El Positivismo es, entonces, la otra cara de la moneda en la  dialéctica, a lo Parra León: es lo empírico, lo real. El mundo exterior que se  manifiesta a través de hechos. En síntesis, Parra León no pudo escapar del  contexto cultural e intelectual dominante de su época, esto es, de aquel  movimiento científico y filosófico creado por Comte: la filosofía positivista.  Esa corriente teórico-metodológica, tiene sus primeras manifestaciones en  Venezuela en el Discurso pronunciado por Rafael Villavicencio en 1866 en la  Universidad de Caracas (Cappelletti, 1994: 25). No obstante, ese privilegio  también se lo conceden a Adolfo Ernst, quien arribó al país en 1831, pero la  adaptación a las costumbres de la vida caraqueña, y nacional, le tomó su tiempo,  y el ilustre catedrático se dedicó primero a la enseñanza de lengua alemana, a  partir de 1863. Posteriormente, en 1874, se incorpora a la Universidad Central  de Venezuela, para administrar la cátedra de Historia Natural.</p>     <p align="justify">Según refiere Cappelletti: “Esa cátedra se convirtió pronto  en un centro de difusión de la ideas positivistas acerca del método científico y  de la teorías darwinianas de la evolución” (Idem). Ellos dos, tanto Ernst como  Villavicencio, instalan en el suelo patrio, el positivismo; pero es desde ahí,  desde 1874, que toma auge en el campo historiográfico nacional, hasta la década  de 1940. Parra León es apegado a Spencer, Taine y Renán que a Comte. Sin  embargo, el carácter dualista de su pensamiento nos conduce a pensar que Parra  León se hallaba en un período de transición intelectual, ya que su formación  ideológica aceptaba, precaria e ingenuamente, la doble relación dialéctica que  le proporciona su método de investigación: la concepción dualista de la  historia.</p>     <p align="justify"><b>Lo histórico o lo onto-histórico</b></p>     <p align="justify">Los supuestos acera de la naturaleza del conocimiento han  sido planteados de diversas maneras en el transcurso de las distintas épocas  históricas. Platón en la Grecia antigua se planteaba el conocimiento como un  proceso ascendente que iba del conocimiento vulgar, cotidiano e ingenuo,  pasando, luego, por la opinión al conocimiento práctico (techné), hasta llegar  al saber conceptual o teórico (episteme). Y, más arriba, la idea como  contemplación. Los supuestos de Platón sobre el conocimiento fueron trasladados  o subordinados por los griegos a cuestiones ontológicas. Tales supuestos se  actualizaron en la época moderna de la filosofía, al iniciarse al mismo tiempo,  la filosofía crítica y metódica y, con ella, el idealismo racionalista. El  problema del conocimiento, como disciplina filosófica, se convierte en uno de  los problemas centrales en la etapa de la filosofía moderna, a partir de la  célebre polémica entre el empirismo y el racionalismo.</p>     <p align="justify">Desde Kant el problema del conocimiento comenzó a ser objeto  de la “teoría del conocimiento”, que se presenta en un primer plano como  fundamentación crítica del conocimiento científico. En el siglo XIX revive el  tipo aristotélico de la filosofía en los sistemas del idealismo clásico alemán,  principalmente en Schelling y Hegel. Este sistema exclusivista del idealismo  alemán origina un movimiento contrario en las filosofías del materialismo  histórico marxista y el positivismo. Esa evolución del pensamiento filosófico  finalmente nos conduce a dos elementos esenciales de la filosofía: por una  parte, la concepción del yo, y, por la otra, la concepción del universo. La  historia nos ha revelado un especial antagonismo entre ambas concepciones. Sin  embargo, la historia de la filosofía nos muestra un movimiento pendular entre  estos dos elementos. No se trata de imponer el uno sobre el otro elemento de  manera alternativa. La filosofía es ambas cosa. La filosofía marxista valoriza  la concepción dialéctica de la unidad y lucha de contrarios, del sujeto y del  objeto, de la teoría y de la práctica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Se desprende entonces la necesidad de comprender la tesis de  la existencia objetiva del ser (problema ontológico, lo real y no lo puramente  intelectual) y el carácter subjetivo del conocimiento (problema gnoseológico, lo  intelectual y no lo puramente real). La unidad y lucha de contrarios: ideal y  real, sujeto y objeto; en fin, teoría y práctica, proporciona un nuevo método de  conocimiento científico: el método dialéctico-histórico. Este método tiene por  objeto de investigación las prácticas sociales de los hombres, donde el concepto  de práctica social asume una relevancia histórica en la actividad revolucionaria  de la lucha de clases. De ese modo se produce en el conocimiento el concepto de  historia: la historia como ciencia. Ahora bien, para Caracciolo Parra León lo  histórico, es decir, lo real, lo ontohistórico, representa el primero plano del  conocimiento histórico; y lo real es para el autor el hecho empírico de la  instrucción en Caracas, que Parra León abordará con el sentido común, sin la  abstracción como proceso intelectual, obviando el establecimiento de  definiciones precisas, sin el análisis, que permite examinar cada uno de los  procesos observados, como totalidades en sí mismos de determinaciones. Ramírez  (1979: 57): “Sin las clasificaciones pormenorizadas, junto con las  generalizaciones, ningún proceso de investigación podría plantearse. De allí,  que los pensadores de todas las épocas, incluyendo a Marx, hayan considerado  estos procedimientos de la abstracción como indispensables para todo esfuerzo  intelectual que busque aprender la realidad”.</p>     <p align="justify">Parra León abordará, pues, desde los lejano y tempranos días  de la colonia, desde 1567, el hecho (puro) educativo, para mostrar realmente lo  que aconteció. De esa realidad adormecida en los viejos y amarillentos  documentos, recibirá nuestro autor, de manera particular (individual), sus  impresiones y precepciones para formarse un conocimiento global de la educación  colonial. Si los documentos lo dicen, será verdad, máxime cuando tal educación  estuvo regida por católicos. Lo vemos, pues, ante los hechos (históricos), cuyo  significado va a incidir, de una u otra manera, en su conciencia creadora ya  modelada por sus creencias religiosas y su temperamento intelectual positivista.</p>     <p align="justify">Son los cabildos, las instituciones que inicialmente van a  canalizar la instrucción en los primeros días de la colonia. Pedro Arcaya dice  que: “La primera noticia que tenemos por el Cabildo de las necesidades de  instrucción pública está en el acta de sesión de 22 de mayo de 1591…” (1968:  50). Parra León también hace referencia del Cabildo de 1591 en Caracas; y dice:  “…allá por julio de 1591, como Luis Cárdenas de Saavedra, se ofreció a los  regidores para “anceñar los niños de esta Ciudad con que se le diese algún  partido… y Cassas en q. viva…” (1954: 69). Estos son entonces los primeros  registros sobre los hechos de instrucción pública y punto de partida de la  educación colonial en Venezuela.</p>     <p align="justify"><b>La historia como concepto gnoseológico</b></p>     <p align="justify">¿Qué significa la historia para Caracciolo Parra León?  ¿Manejaba Parra León una concepción científica de la historia? Antes de que  apareciera el continente de la historia como parcela del saber científico (el  materialismo histórico, 1859), la historia se entendía como una sucesión de  hechos que determinaban los procesos sociales promovidos por las “grandes ideas”  y la acción de los héroes, complementando el cuadro de ese idealismo histórico  las creencias religiosas. Sabemos ya, que el conocimiento que tiene Caracciolo  Parra León sobre la historia está impregnado de un significado  místico-religioso. En este sentido, regresemos una vez más al concepto dualista  del autor, cuando dice:</p>     <p align="justify">Tal es, en pocas palabras, la que pudiéramos llamar la  concepción dualista u orgánica de la historia (Ibíd: 34); “La que, por fin, y es  razón capitalísima, ni cae en la negación o agnosticismo de la Causa Primera ni  niega la Divina Providencia, sino que, por el contrario, alzando el vuelo con el  ala de la inducción y de la deducción, encuentra en la misma historia que  construye y alimenta, huella visible de aquel Soberano Señor… que, dictó las  leyes evolutivas de los tiempos (Ibíd: 35).</p>     <p align="justify">Ahora bien, tratemos de interpretar análogamente, no sin  antes pedir disculpas al lector por la relación: El contenido subrepticio de  carácter teísta que se encuentra en esta concepción dualista de la historia de  Parra León, con una frase hueca del ya extinto Carlos Andrés Pérez, Presidente  de la IV Republica en dos ocasiones. El pintoresco tachirense con frecuencia  decía: “…ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. Con la diferencia de que  en Parra León sus palabras están llenas de Dios en las tres instancias de la  frase. Veamos.</p>     <p align="justify">Ni lo uno, es decir, ni cae en la negación o agnosticismo de  la Primera Causa, que es Dios; ni lo otro, esto es, ni niega a la Divina  Providencia, que es, desde luego, Dios; sino todo lo contrario, concluye Parra  León, pues encuentra en la misma historia que construye y alimenta, huella  visible de aquel Soberano Señor: que es Dios. De donde se posible inferir, sin  lugar ningún tipo de dudas, que aquel dualismo de la historia no es más que un  monismo-metafísico-espiritualista-intelectualista o historiografía religiosa.  Dicho de otra manera, Dios es el puente de unión entre lo racional y lo  material: de ahí la historia.</p>     <p align="justify">Cabe citar ahora a R. G. Collingwood, quien nos ha puesto en  la mano un sencillo y elemental sistema para controlar las investigaciones  acerca de la historia. Para este autor: “La idea de la historia es una idea  moderna (…); como tal debe ser: a) una ciencia, o sea un contestar cuestiones;  b) pero una ciencia que se ocupe de las acciones de los hombres en el pasado, c)  investigadas por medio de la interpretación de los testimonios y, d) cuyo fin es  el conocimiento…” (1952: 20).</p>     <p align="justify">Según las premisas de Collingwood, Parra León no cumplió con  el punto (a) ni con el punto (d). Y, por lo tanto, no hizo ciencia de la  historia al impregnar su riguroso análisis de un fluido metafísico; de donde se  desprende, que hay carencia de auto-conocimiento (abstracción real) como  concepto universal de la ciencia, sino una visión muy particular de su  historiografía, que construye sobre Dios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>La historia o filosofía de la historia</b></p>     <p align="justify">La filosofía de la historia es el plano más abstracto del  conocimiento histórico. Es el terreno en el cual juega un papel importante la  habilidad y el ingenio para crear la historiografía como conocimiento de la  acción práctica; y, por ende, como conocimiento critico de la historia. No  obstante, ese conocimiento casi siempre es distorsionado por la pasión de la  vida práctica para lograr o querer lograr un “juicio de verdad”. Gracias a este  juicio la pasión se convierte en acción decisiva. Para Hegel: “Lo que tiene que  desfilar ante nosotros, en nuestra mente, son los hechos del pensamiento libre;  se trata de exponer la historia del mundo del pensamiento, tal como ha sido y se  ha manifestado” (1979: 11).</p>     <p align="justify">Pero el delirio modifica la realidad. En consecuencia, las  distintas filosofías de la historia parecen cimentarse todas ellas sobre  fantasías. Además, Benedetto Croce afirma que: “Como las religiones, las  filosofías de la historia tienden hacerse trascendentales y llevan consigo las  malas consecuencias de la ética trascendente, más o menos material y  materialista” (1992: 131). Croce enfatiza que la mezcolanza de conceptos e  imaginación es el principio mismo constructor de mitos (cfr. ídem). Ahora bien,  la filosofía de la historia tiene su labor (crítica) sobre las divisiones y  subdivisiones y sobre las varias agrupaciones usuales de la historiografía, pero  la filosofía de la historia, agrega Croce:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">…no piensa, es decir, no construye originalmente la  	historia, la tiene ante sí, hecha del todo, pensada y relatada y provista de  	todos los títulos y sumarios (…) sutilizándolos o, por mejor decir,  	retorciéndolos, se las da de ofrecer la que llama historia interior, la  	historia verdadera, por debajo de la aparente, que viene a ser la dicha  	mitología. (Ibíd: 132).</p> </blockquote>     <p align="justify">Es dualidad de relatos históricos, construidos por la  crítica, y de interpretación que van más allá de toda la crítica, obtenida por  revelaciones, como si fuera obra de una facultad superior al del espíritu  humano, da píe al dualismo que se conoce con el nombre de alegorismo. Al  respecto acota Croce que: “La alegoría es una escritura que corre paralela a  otra escritura, es un libro dentro de otro libro, que podría ser bueno o malo,  decir cosas razonables o sin razón, pero que es, en lo intrínseco, distinto de  aquello a que se une exteriormente” (Ibíd: 133). Pero, puntualiza a la vez el  autor: “…y aunque no quiere destruir aquel pensar efectivo y crítico, porque  destruiría los materiales mismos que le hacen falta para su juego, lo desmenuza,  lo debilita, le infunde en la sangre como un veneno que no lo deja respirar  libremente. Esto explica bien la intolerancia y el odio feroz de los  investigadores de la historia contra las filosofías de la historia…” (Idem).</p>     <p align="justify">En síntesis, Croce hace hincapié en la distinción que se da  entre historia crítica y la acción práctica, una es consecuencia de la otra para  construir originalmente la historia a través de un complicadísimo proceso  dialéctico; pero las filosofías de la historia, como las religiones,  distorsionan los hechos mesclando conceptos e imaginación, que es el principio  mismo constructor de mitos. De ahí se desprende la pregunta: ¿Qué significado  tenía para Caracciolo Parra León la filosofía de la historia? Bien, La  historiografía como filosofía de la historia representaba para Parra León, el  conocimiento abstracto más elevado con el cual podía jugar con su imaginación  para entender y contemplar, a través de progresivas inducciones, y en  cumplimiento de las leyes supremas (no así de las categorías lógicas y  sociológicas de la historia), el funcionamiento del universo en el espacio  infinitos de los tiempos –y el hombre tan solo un teorema que anda, una pieza de  la admirable máquina del universo--; y así lo expresa el autor cuando dice que:  “…las leyes supremas (…); las que hablando en rigor, construyen el substrato de  la filosofía de la historia” (1954: 23). Dicho de otra manera, es la filosofía  de la historia la que da cuenta (es decir, la que toma conciencia) de la  Naturaleza o realidad exterior (raza, medio y momento, explica Taine), causa  suprema de la evolución humana. Pero el substrato de esa Naturaleza son las  leyes supremas, y detrás de éstas, la Causa Primera: La Divina Providencia.</p>     <p align="justify">Podemos finalizar este aparte con las siguientes  consideraciones de Croce:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify">La palabra religión tiene otro significado más particular  	y más técnico, con el que se designa esa especie de fe que no nace del  	pensamiento puro, sino de una condición crepuscular, intermedia entre la  	imaginación y el pensamiento (…) condición intermedia que se llama “mito”; y  	por consiguiente la acción se confirma no como la voz de la conciencia  	moral, sino como la prescripción y el mandato de una potencia o de un ser  	que esta fuera del hombre (Ibíd: 199).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por último, el pensamiento histórico de este ilustre  venezolano de principios del siglo XX, por su fe religiosa, estuvo regido y  condicionado por un ser supremo y sus leyes, la cual influyó de manera absoluta  en la postura científica adoptada por Caracciolo Parra León. Al punto de generar  en su concepción histórica una posición intermedia entre la imaginación y el  pensamiento, esto es, la concepción dualista u orgánica de la historia, por  prescripción y mandato pues de una potencia mística: Un Ser Supremo que se sitúa  fuera de su ser intelectual (del proceso de abstracción real (intelectual):  lógico-metodológico). La Divina Providencia dictó las leyes evolutivas de los  tiempos y dirige a través de los siglos la infatigable marcha de los pueblos; y,  por tanto, de la historia.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">Caracciolo Parra León fue un historiador versado en la  historiografía colonial. Se sitúa en el campo historiográfico de exposición  razonablemente ecléctico: al aplicar al estudio de la historia lo que el mismo  dio en llamar: “concepción dualista u orgánica de la historia”, base de su  investigación histórica para abordar la educación colonial.</p>     <p align="justify">Venezuela fue el centro de sus afectos y el fin de su trabajo  historiográfico. Su preocupación la proyectó en dos sentidos: buscar donde  estaba el origen del país; b) preguntarse cuál era su destino; razones que lo  inducen al estudio de la historia. Pensó que la República surgida en 1811 no  pudo ser efecto de la casualidad, de un acto ordinario gestado en la ignorancia,  el atraso y el oscurantismo, puesto que si brillante había sido la generación de  la Independencia, tenía que ser producto de un proceso formativo de largos años  durante el periodo colonial, y no de una generación de autodidactos. En este  sentido, existe una continuidad histórica entre la Colonia y la República, base  fundamental de la hispanidad nacional y latinoamericana.</p>     <p align="justify">Su método de trabajo lo define como el ala doble de la  inducción y de la deducción. Su pensamiento quedó estructurado a partir de las  siguientes instancias: a) lo histórico como conocimiento real de los hechos: la  instrucción colonial; b) la historia: el libre albedrío y las ideas en el  comportamiento interno de los hombres, canalizadas por las leyes sociales, pero  éstas dependen de las Leyes Supremas que dirigen la infatigable marcha de los  pueblos, no hay libertad, sino causación de los hechos; c) la historiografía, o  filosofía de la historia que manejaba como principio religioso: la moral  prevalece sobre lo físicomaterial; sin embargo, la realidad exterior es  controlada por la Divina Providencia, quien dictó las Leyes Supremas que rigen  el universo, donde el hombre es tan sólo una pieza que engrana en el teorema de  su estructura.</p>     <p align="justify"><b>BIBLIOGRAFIA</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. ARCAYA, Pedro (1968). El Cabildo de Caracas (Período de la  Colonia). Caracas, Monte Ávila Editores, 2da. Edición.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104050&pid=S1315-9496201200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. CAPPELLETTI, Ángel (1994). Positivismo y evolucionismo en  Venezuela. Caracas, Monte Ávila Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104051&pid=S1315-9496201200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. COLLINGWOOD, R.G. (1952). Idea de la Historia. México,  F.C.E.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104052&pid=S1315-9496201200020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. CROCE, Benedetto (1952). La historia como hazaña de la  libertad. México. F.C.E.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104053&pid=S1315-9496201200020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. DIAZ SANCHEZ, Ramón (1956). Evolución de la historiografía  en Venezuela. Caracas, Ministerio de Educación.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104054&pid=S1315-9496201200020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. HEGEL, G.W.F. (1979). Lecciones sobre historia de la  filosofía. México, F.C.E.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104055&pid=S1315-9496201200020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. KRISPIN, Karl (1991). “prólogo”, en: Mariano Picón Salas:  Los días de Cipriano Castro. Caracas, Monte Ávila Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104056&pid=S1315-9496201200020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. MIERES, Antonio (1981). Ideas positivistas en Gil Fortoul  y su historia. Caracas, Ediciones de la Facultad de Humanidades y Educación, UCV. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104057&pid=S1315-9496201200020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. NÚÑEZ TENORIO, J.R. (1976). Problemas del objeto y del  método de la economía política. Caracas, Ediciones de la Biblioteca de la UCV. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104058&pid=S1315-9496201200020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. PADRÓN, Julián (1990). “La tesis histórica de Parra León  sobre la instrucción en la colonia”, en UCV: Homenaje a Caracciolo Parra León.  Caracas, Boletín del Archivo Histórico, N° 8. Ediciones de la Secretaria de la  UCV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104059&pid=S1315-9496201200020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. PALENSIA MOROS, Alicia y otros (1985). Metodología de la  investigación histórica. La Habana, Pueblo y Educación. PARRA LEÓN, Caracciolo  (1954). OBRAS. Madrid, Editorial J.B.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104060&pid=S1315-9496201200020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. PALENSIA MOROS, Alicia (1989). Filosofía Universitaria  Venezolana. 1788-1821. Caracas, Ediciones de la Secretaria de la UCV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104061&pid=S1315-9496201200020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. POLANCO ALCANTARA, Tomás (1990). “Parra León existencia  plena, luminosa y fecunda”, en UCV: Homenaje a Caracciolo Parra León. Caracas,  Boletín del Archivo Histórico, N° 8. Ediciones de la Secretaria de la UCV.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104062&pid=S1315-9496201200020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. RAMIREZ, Rafael (1981). La intelectualidad Impotente.  Caracas, UCV-FACES, División de Publicaciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3104063&pid=S1315-9496201200020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b>Notas</b></p>     <p align="justify">1 Téngase en cuenta el 2° punto de la periodización extraído  de la tesis doctoral de J. R. Núñez Tenorio. El renacimiento se extiende del  siglo XV al siglo XVI, sobresalen en este período de la filosofía Leonardo de  Vinci, Copérnico, Galileo, Bautista Vico, G. Bruno, entre otros.</p>     <p align="justify">2 <font SIZE="2">Vico (1668-1744) provoca realmente un salto  con su <i>nueva ciencia </i>(1744), precisando que el problema fundamental es  delimitar la “estructura de la historia” para posibilitar su engarce como  conocimiento.</font></p>     <p align="justify">3 <font SIZE="2">Concede en su filosofía un importante papel  a la educación en la que pretende conciliar lo universal con lo social.</font></p>     <p align="justify"><font SIZE="2">4 Caracciolo Parra León habla del libre  albedrío en el mundo interno del hombre, pero en la realidad no existe libertad  en la sociedad humana, ya que sus acciones externas están delimitadas o  condicionadas (sujetas) a las leyes supremas, y éstas ha sido dictadas por la  Divina Providencia. La historia la hace Dios.</p> </font></font>       ]]></body>
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