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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana">     <p ALIGN="center"><b>Beatriz González-Stephan y Carlos Sandoval. (Coords). Fijar  la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano. Caracas, bid &amp; co. Editor,  2011, pp. 236.</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="center"><b>Luis Fernando Castillo Herrera</b></p>     <p ALIGN="justify">Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano,  es una obra coordinada por Beatriz González-Stephan y Carlos Sandoval, que logró  hacer converger a un estupendo grupo de investigadores en torno a la imagen y  legado del ilustre Eduardo Blanco, entre ellos encontramos a: Tomás Straka,  Raquel Rivas-Rojas, Juan Francisco Sans, Álvaro Contreras, Juan Pablo Dabove y  Paulette Silva-Beauregard, todos ellos investigadores de la más alta calidad,  reafirmada en el extraordinario trabajo conjunto que representa la obra que acá  reseñamos.</p>     <p ALIGN="justify">La épica innegable que bordea el proceso independentista  venezolano encuentra un cenit luminoso en las palabras hechas historia por  Eduardo Blanco, aquel representante del conmocionado siglo XIX, individuo de  número de la recién fundada Academia Nacional de la Historia (1888), logró  fundir la prédica histórica y los hechos pretéritos que dieron como resultado  una nueva expresión, nuevas representaciones que se condensaron en el imaginario  colectivo venezolano, donde el actor fundamental se vio reflejado en las  acciones de los libertadores, los próceres guías de la emancipación venezolana.</p>     <p ALIGN="justify">Esta obra va más allá de los aspectos biográficos de Eduardo  Blanco, sus aportes están conectados con el análisis simbólico, histórico y  literario. En este sentido, obras fundamentales como Venezuela Heroica y Zarate  son examinadas bajo el ojo analítico de los investigadores que se dieron cita en  la obra.</p>     <p ALIGN="justify">En primer lugar, nos llama la atención el título mismo del  libro, fijar la patria, precisamente es esa una de las intenciones que bordean  al Homero venezolano, Eduardo Blanco, fijó los aspectos más complejos en la  construcción de una nación, la identidad. El imaginario colectivo venezolano,  fue construyendo los símbolos de su historia en torno a las imágenes expuestas  por Blanco en su obra Venezuela heroica. Aquella épica que luce como referente  literario del siglo XIX, cimentó una idea global y gloriosa del proceso  emancipador. En términos del historiador Tomás Straka:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">La épica de Eduardo Blanco es la épica de una lucha  	contra el desencanto. Es el esfuerzo por reconciliar a un colectivo con su  	gentilicio (…) No en vano los venezolanos llegaron a venerarlo como un  	patriarca protector…<sup>1</sup></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">La impetuosa labor llevada a cabo por el académico Eduardo  Blanco, logró que la musa Clío se acercara al hombre venezolano del siglo XIX,  sin embargo, aquel discurso heroico, lleno de valentía y logros inverosímiles,  también trajo como consecuencias una visión poco crítica de la historia patria,  heredando de esta manera una colosal historia donde los héroes sustituyen a los  hombres, donde el Libertador Simón Bolívar pasa a ocupar el sitial dorado de un  Olimpo criollo, inmarcesible y glorioso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Venezuela heroica y Zarate, surgen en un momento histórico  donde el proyecto nacional aún luce inconcluso. Es por ello que la épica, la  lirica hecha historia se convirtieron en el vehículo necesario para engranar los  acontecimientos que hicieron posible el nacimiento de la república y los  sentimientos de los ciudadanos. La victoria y sobre todo aquella gloriosa y  mística, necesariamente fueron el factor clave de la obra de Eduardo Blanco.</p>     <p ALIGN="justify">La victoria fastuosa, es considerada por Blanco precisamente  porque la independencia no debía ser vista como una guerra intestina que  debilitó sensiblemente el aparato productivo, la estructura social y los  postulados políticos de otrora. En contraparte, era preciso hacer valer la  imagen más pintoresca y fabulosa del proceso independentista, donde se enfrentan  incansables dioses y semidioses:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">La guerra en la ficción ha dejado de ser terrible, para  	convertirse en un espacio jubiloso y festivo, en el espacio de juegos  	deportivos, la guerra como deporte, la recreación literaria de un Olimpo  	nacional, donde soldados y generales parecieran no desgastarse en las  	encarnizadas luchas.<sup>2</sup></p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">La construcción de la patria no sólo pasa por la formación de  los aspectos legales, políticos y militares. La historia conforma un aspecto  sensible en la conformación de los pueblos y esa historia no puede ser  cualquiera. La narrativa gloriosa que pueda hacer latir los pechos orgullosos de  los ciudadanos se convierte en la tarea más delicada de toda nación. La joven  República de Venezuela encontró en la magistral pluma de Eduardo Blanco el  relato unificador de los sentimientos, construyendo los escenarios que erigieron  a los héroes inmortales.</p>     <p ALIGN="justify">Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano,  logra dibujar desde la visión histórica, simbólica y literaria la huella, el  legado de uno de los hombres responsables de la construcción del imaginario  histórico venezolano. Eduardo Blanco, simboliza la independencia glorificada,  deja atrás la imagen de la derrota, borrando con su pluma los aspectos nefastos  y patéticos de la guerra. A través de esta obra es posible apreciar el peso  histórico de aquel hombre, padre de la historia épica que hoy con sus  incongruencias y al mismo tiempo con sus pintorescas escenas, conforma el  imaginario histórico de un pueblo.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Notas</b></p>     <p ALIGN="justify">1 Tomás Straka. La épica del desencanto: Eduardo Blanco ante  su historia. En: Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano,  p.20.</p>     <p ALIGN="justify">2 Beatriz González-Stephan. Narrativas duras en tiempos  blandos: sensibilidades amenazadas de los hombres de letras. En: Fijar la  patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano, p. 83-84.</p> </font>       ]]></body>

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