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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Esos hombres impíos y detestables: la presencia del hereje inglés y su valoración en la Venezuela colonial]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Those wicked and detestable men: the presence of English heretic and its assessment in colonial Venezuela]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Produced as part of a larger effort to study the valuation of the Anglo-Saxon culture contained testimony from the Venezuelan colonial culture, the article presented the review and analysis of the English heretic assessment focuses from Venezuela, from the early seventeenth century until the early years of the next century, revision developed from the analysis of the various causes for heresy and other crimes of Fe associated with natural subjects of England and were arrested in Venezuela and sent from different parts of these territories to the headquarters of Court of the Inquisition in Cartagena de Indias.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana"><b>Esos hombres impíos y detestables: la  presencia del hereje inglés y su valoración en la Venezuela colonial</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana"><b>Those wicked and detestable men: the  presence of English heretic and its assessment in colonial Venezuela</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2">Rafael E. Cuevas Montilla</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Licenciado en Historia  (Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela); Magíster Scientiae en Historia de  Venezuela (Universidad de Los Andes). Profesor de la Cátedra de Historia Moderna  y Contemporánea de Europa en la Escuela de Historia, Facultad de Humanidades y  Educación, Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela. Director de la Escuela de  Historia de la Universidad de Los Andes, Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Resumen</b>: Producido en el  marco de un esfuerzo mayor por estudiar la valoración de la cultura anglosajona  contenida en diversos testimonios de la cultura colonial venezolana, el artículo  presentado se centra la revisión y análisis de la valoración del hereje inglés  desde Venezuela, desde inicios del siglo XVII y hasta los primeros años de la  centuria siguiente, revisión desarrollada a partir del análisis de las diversas  causas por Herejía y demás delitos de Fe asociadas a sujetos naturales de  Inglaterra y que fueron apresados en Venezuela y remitidos desde distintos  puntos de estos territorios a la sede del Tribunal de la Inquisición en  Cartagena de Indias.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras claves:</b>  Venezuela, Historia Colonial, Herejes, Inglaterra.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Abstract</b>: Produced as  part of a larger effort to study the valuation of the Anglo-Saxon culture  contained testimony from the Venezuelan colonial culture, the article presented  the review and analysis of the English heretic assessment focuses from  Venezuela, from the early seventeenth century until the early years of the next  century, revision developed from the analysis of the various causes for heresy  and other crimes of Fe associated with natural subjects of England and were  arrested in Venezuela and sent from different parts of these territories to the  headquarters of Court of the Inquisition in Cartagena de Indias.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b> Venezuela,  Colonial History, Heretics, England.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Recibido: 11/05/2014.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aprobado: 20/06/2014.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En 1827, cuando Venezuela  formaba aún parte de la llamada Gran Colombia, José Manuel Restrepo, colombiano  y figura política protagónica en esa república recién creada por Bolívar,  presentó como resultado de su labor intelectual su <i>Compendio de la Historia  de Colombia</i>, cuya primera edición salió de las prensas parisinas de la  llamada <i>Librería Americana</i>. En la introducción de dicha obra, Restrepo se  dedicó a analizar la situación de la Nueva Granada y Venezuela antes de la que  él llamó “revolución americana” en lo tocante a “su estado físico, político  religioso y moral”, realizando la siguiente observación sobre cuál era la  opinión extendida en esos territorios sobre otros cristianos no católicos, en  especial sobre los extranjeros:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Tenía también [el pueblo]  	en lo general mucho fanatismo e ignorancia. Los cristianos de otras  	religiones se juzgaban por las masas de nuestros pueblos, herejes impíos y  	detestables que no podían tener virtudes, y con quienes debíamos evitar todo  	trato y comunicación. Esta era opinión recibida por algunos de nuestros  	teólogos y canonistas, a los cuales vi más de una vez sostenerla  	acaloradamente.<sup>1</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aunque emitida por el  reconocido político grancolombiano en 1827, tal opinión como veremos, mostraba  la vigencia en pleno siglo XIX del conjunto de ideas y actitudes mostradas en la  Venezuela Colonial desde doscientos años atrás hacia la presencia de individuos  de otros credos religiosos y en especial, en el caso de sujetos venidos de  Inglaterra, reino que fue valorado desde España y sus dominios coloniales como  una tierra ganada para la herejía. Es justamente la revisión y análisis de esa  valoración del inglés desde Venezuela como hereje <i>impío y detestable</i>  desde inicios del siglo XVII y hasta los primeros años de la centuria siguiente,  la tarea a la que dedicaremos las próximas páginas, extraídas y resultado de un  esfuerzo mayor de análisis de la valoración de la cultura anglosajona contenida  en diversos testimonios de la cultura colonial venezolana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Valga precisar que tal tarea  será desarrollada a partir del análisis de las diversas causas por Herejía y  demás delitos de Fe asociadas a sujetos naturales de Inglaterra y que fueron  apresados en Venezuela y remitidos desde distintos puntos de estos territorios a  la sede del Tribunal de la Inquisición en Cartagena de Indias; hay que señalar  que nuestro acceso a esa documentación ha sido posible gracias a la compilación  en cuatro volúmenes que sobre el tribunal del Santo Oficio en la amurallada  ciudad colombiana prepararon investigadores colombianos tras realizar  latranscripción de los papeles sobre ese tribunal disponibles en archivos  españoles.<sup>2</sup> Alrevisar dichos casos, más que presentar una narración  con su reconstrucción &#8213;tarea que ya han realizado otros&#8213;, nos interesa inferir  en la documentación de esas causas, las opiniones emitidas y las actitudes  mostradas por los habitantes de las ciudades venezolanas ante esa presencia  inglesa, dando especial atención al impacto de la pertenencia de la sociedad  colonial venezolana al ámbito cultural hispánico a la hora de analizar esa  valoración de lo inglés.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Antes, debemos dejar sentado  que el estudio sobre la Inquisición y la persecución de delitos heréticos en  Venezuela, ha sido un tema escasamente abordado por la historiografía venezolana  no siendo sino hasta los primeros años del siglo XXI cuando, con la publicación  del texto de Pedro Sosa <i>Nos los Inquisidores</i>, apareció el primer trabajo  que con exhaustividad científica, abordó esta temática para mostrarnos un cuadro  histórico general sobre la historia del Santo Oficio en territorio venezolano.<sup>3</sup>  Antes de la aparición del texto de Sosa &#8213;que fue el resultado de su tesis  Doctoral&#8213;, se publicaron no obstante algunos trabajos sobre el tema pero siempre  centrados en aspectos particulares &#8213;de allí el carácter pionero que le otorgamos  al texto en cuestión&#8213;, siendo en este sentido interesante destacar como aun en  este aspecto de la historia de la cultura venezolana y hasta fecha reciente,  prevaleció su análisis mediante su vinculación con la Independencia, tal y como  ocurre con multiplicidad de temas en parte de la historiografía venezolana.<sup>4</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Un Legado de temor: La  anglofobia española como punto de partida para el trato al Hereje en Tierra  Firme</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En esta primera parte  establecemos como hipótesis fundamental de entrada para guiar nuestra ruta, la  premisa según la cual esa valoración del inglés en tanto que hereje en la  Venezuela colonial, estuvo condicionada ante todo por la propia imagen que  existía en la cultura hispánica de la cultura anglosajona, toda vez que la  historia de las relaciones entre Hispanoamérica y Angloamérica, tanto en su  período colonial como al momento de su transformación en estados independientes,  constituyó un episodio que aunque desplegado en el espacio continental  americano, remitió no obstante de manera fundamental a una situación de  raigambre europea, como lo fue el histórico conflicto anglo-español.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta premisa necesaria de mirar  a Europa y a este conflicto en particular, como condición para comprender los  orígenes de nuestra valoración de la cultura anglosajona, ha sido también  subrayada por el historiador mexicano Juan Ortega y Medina, quien al inicio de  su estudio acerca del conflicto anglo-español durante los siglos XVI y XVII, ha  realizado la siguiente consideración &#8213;que citamos <i>in extenso</i>&#8213; acerca de  la importancia de su estudio:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sí verdaderamente  	intentamos aprehender el dramático proceso de nuestra historia moderna y  	contemporánea, ya en el caso particular de México o en el general de  	Hispanoamérica, tendremos que recurrir a las claves de la historia moderna  	española; una de estas claves, acaso la más fundamental es la resultante del  	conflicto anglo-hispano por el dominio oceánico que culminó en el siglo XVII,  	con la eliminación de España como potencia naval y la subsiguiente presencia  	colonial de Inglaterra sobre la tierra firme septentrional americana. No se  	trata de remontarnos en la cadena causal retrospectiva hasta nuestros  	primeros padres Adán y Eva, sino de hacer inteligible que la presencia de  	Estados Unidos, nuestro vecino, estuvo y sigue estando condicionada por la  	victoria de la modernidad protestante y burguesa británica frente a su  	oponente católico y misoneísta hispánico.<sup>5</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Señalado entonces como clave  fundamental, cabe dejar sentado que en este histórico conflicto anglo-español,  desarrollado desde mediados del siglo XVI y extendido en el tiempo hasta inicios  del siglo XIX, episodios como el desastre de la Armada Invencible, las  incursiones de Francis Drake o Walter Raleigh a las costas americanas, la  captura inglesa de la isla de Jamaica o la propia colaboración española en la  independencia de los Estados Unidos, todos ellos no fueron más que momentos de  una larga lucha por una hegemonía que trascendió la escena europea para hacerse  cada vez más universal, y en la que América fue arena principal para el  desarrollo del histórico pulso entre España y ese enemigo inglés, ese al que  Miguel de Cervantes calificó en 1588 y no por casualidad de “vicioso luterano”.<sup>6</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es justamente en el marco de  esa rivalidad anglo-española ampliamente desplegada en el Nuevo Mundo en donde  se forjó nuestra primera valoración de la cultura anglosajona, nuestra <i> primera mirada al Norte</i>, mirada que debió tener lógicamente al momento de su  nacimiento ojos españoles. Por ello, la comprensión del origen y evolución de  ese conflicto entre el español y el inglés es condición necesaria para  aproximarnos con certeza a la valoración existente en esta <i>Tierra Firme</i>  acerca del hereje proveniente de esa isla. Así, se impone de entrada una breve  revisión de la forma en que, en la propia península ibérica desde finales del  siglo XVI, se valoró el comportamiento religioso de los hombres provenientes de  Inglaterra.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En tal sentido, hay que decir  la visión del inglés como hereje constituyó el resultado lógico de las enormes  diferencias religiosas que surgieron entre las monarquías hispánica e inglesa,  sobre todo a partir del reinado de Isabel I, gobernante que no por casualidad  representó muchas veces en la mentalidad católica española de finales del siglo  XVI e inicios del siguiente, la femenina encarnación de la herejía. De hecho, y  como lo muestran diversos ejemplos de la poética española del propio Siglo de  Oro, las plumas españolas no escatimaron en adjetivos denigrantes para la reina  de Inglaterra ni dudaron en asociarla y aún en culparla del triunfo de la  herejía sobre el catolicismo romano; Luis de Góngora, muestra de ese siglo  dorado, dijo de ella que era:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Mujer de muchos y de muchos  	nuera</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">¡Oh reina infame; reina no  	más loba</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Libidinosa y fiera!<sup>7</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con todo, esta representación  negativa de Isabel no fue más que el reflejo de la enorme distancia que las  diferencias religiosas fueron creando entre ingleses y españoles; en tal  sentido, la ojeriza contra la reina se debió a su carácter de cabeza de la muy  cismática nación inglesa; no obstante, la condición herética no fue valorada  desde España como un defecto exclusivo de la reina, sino como un mal que en  pocos años se extendió por toda la otrora católica isla; así lo dejó ver Juan de  Castellanos en su <i>Discurso del capitán Francisco Draque</i>, texto escrito en  verso en que, se narran las andadas del pirata inglés por los puertos indianos a  finales del siglo XVI; en ese relato, Castellanos reflexionó sobre la situación  inglesa y lamentó la rápida extensión de la herejía en esa nación:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Llora de compasión el pecho  	tierno</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">y el ánima compuesta y  	alumbrada</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">de ver tan sin católico  	gobierno</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">esta ciega nación  	desventurada</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">guiados al profundo del  	infierno</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">por una bestia falsa  	desalmada</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">aquel gran charlatán y  	mostro fiero</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">que fue Martin Luder o mal  	Lutero.<sup>8</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Llama la atención en el  fragmento de Castellanos como de manera generalizadora, se hizo a la herejía  inglesa producto de la difusión de las ideas luteranas cuando en realidad la  iglesia anglicana, sabemos hoy, está más cercana en su dogma y prácticas  religiosas del catolicismo que de esa confesión originaria de Alemania. Sin  embargo, fue frecuente esa referencia a los ingleses como “luteranos”, y no  fueron sólo Cervantes o Castellanos, quienes incurrieron en esta generalización  por la que inglés, hereje y luterano casi se constituyeron en sinónimos,<sup>9</sup>  pues también desde el discurso histórico en prosa, diversas voces incurrieron en  la intencionada visión del cisma inglés como un movimiento asociado al  luteranismo; tal es el caso de Fray Pedro de Abreu y su <i>Historia del Saqueo  de Cádiz por los ingleses de 1596</i>, obra contemporánea a los sucesos que  relata y en la que, reflexionando acerca de las <i>causas de la enemistad</i>  entre España e Inglaterra, su autor señaló que la principal fue la perversión  del rey Enrique VIII, monarca que, según Abreu:</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">...comenzó á apartarse del  	gremio y obediencia de la Iglesia católica y á tener y admitir los errores  	de Martin Lutero y de otros heresiarcas; y como sea natural cosa todos los  	miembros participan de la ofensa y sentimiento de la cabeza, comenzaron los  	allegados y favorecidos del rey inficionado, a probar sus falsas opiniones y  	á conformarse con su voluntad. […] Profanáronse entonces los templos y cosas  	sagradas, constituyéronse leyes nuevas de la nueva, impía y perversa  	religión, de lo cual sentido y ofendido el estado católico, tuvo desde  	entonces por cismático aquel reino, y por su enemigo declarado. Comenzáronse  	las guerras y enemistades, las cuales de cada día han ido más creciendo.<sup>10</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Acá, Abreu no tuvo duda sobre  el origen religioso del conflicto entre españoles e ingleses, ni sobre el  surgimiento de la iglesia anglicana, el cual fue explicado como el resultado de  la perversión del rey quien al contaminarse de las ideas luteranas, contagió de  paso el de sus allegados. Esta visión de una corrupción que avanzaba de arriba  hacia abajo expresada en el texto, da cuenta de la importancia que se atribuía  en la época a los monarcas como “cabeza” de la sociedad, de donde la virtud del  gobernante, o en este caso su degeneración en vicio, significaba la infección  del resto del cuerpo político. Esa misma valoración de la actuación real hizo  que en el caso español, la figura del monarca haya sido exaltada en su condición  de máximo defensor de la fe católica, de donde, su lucha contra el inglés, no  debida sólo a motivaciones religiosas, fue sin embargo siempre justificada desde  esa dimensión; muestra de esto nos lo dio el historiador Baltasar Porreño, quien  al biografiar a Felipe II en 1639, transmite una imagen en la que se destaca la  religiosidad fervorosa y militante como una constante en la vida del <i>rey  prudente</i>:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Fue tanta su religión y Fe  	que al Hereje en Inglaterra, en Flandes, en Francia: al Idólatra y Gentil en  	las Indias: al Bárbaro y Infiel en Turquía; y en todo el mundo a los  	enemigos de la Santa Fe Católica hizo guerra perpetua, peleando los pechos  	Cristianos con el esfuerzo que les daba y con la ayuda de excesivos gastos  	con que favorecía a los Católicos, gastando en esto su patrimonio con tanta  	largueza, que le fue necesario pedir donativo a sus vasallos, y andar  	perpetuamente empeñado en ser el más poderoso de todos los Reyes del Orbe.<sup>11</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Hay que destacar como en la  argumentación de Porreño, la lucha que libró el monarca Felipe II tanto en  Europa como fuera de ella por el poder político, esa “guerra perpetua”, no fue  en sí misma un fin sino un medio para defender “la santa Fe”, de donde el  combate contra el inglés se debía más a su condición herética que a las  ambiciones territoriales del rey español. Esta actitud anti maquiavélica que  unió los fines políticos a los religiosos y que explicó la acción española como  justa, se acompañó casi siempre de una valoración de Inglaterra en la que la  proliferación de la herejía, hizo de esa tierra un sitio terrible en el que los  católicos solían convertirse en mártires. Tal imagen puede verse retratada en  una relación impresa en Sevilla en 1615 en la que, echando mano de diversos  testimonios tomados de cartas escritas por sacerdotes católicos desde  Inglaterra, el impresor Alonso Rodríguez dejó ver en el texto la crueldad con  que eran tratados estos representantes de Dios: “los sacerdotes que están en las  cárceles padecen mucho por falta de mantenimiento, y viven ahora algunos de  ellos en Londres entre la chusma de los malhechores”<sup>12</sup>. Otro papel  similar, impreso por Juan de Cabrera en 1626, resultó aún más explícito al  respecto:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Después que en el reino de  	Inglaterra se divulgó la libertad de consciencia, con opinión falsa, según  	se ha visto, los católicos celosos del servicio y honra de Dios, se  	manifestaron tantos, que los envidiosos herejes recibieron muy grandísimo  	disgusto, temiéndose de la ruina y desgracia que les podían causar, y así  	los más de los días tenían grandes pesadumbres los unos con los otros: de  	manera que por todas las plazas y calles habían muchos corrillos de gente  	popular y plebeya, murmurando de los católicos, tanto que por orden del Rey  	se mandó prender a muchas personas de calidad, y al instante le embargaban  	sus bienes, y así mismo a muchos sacerdotes, que sólo en esta Corte, son más  	de seiscientos los presos, sin otros muchos que, por ser gente pobre no se  	ha hecho mención de ellos.<sup>13</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La descripción de la situación  de los católicos en Inglaterra como perseguidos y encarcelados; la confiscación  de sus bienes; los atentados contra los sacerdotes y contra otras gentes  “pobres”; los perjudiciales efectos de la “libertad de consciencia”; todos estos  elementos fueron mostrados en ambos impresos como parte de una campaña que se  tornó en práctica común en la lucha contra Inglaterra; sin duda, la  intencionalidad de este tipo de textos se relacionó con esa guerra de propaganda  que buscaba predisponer a la población española contra las herejía inglesa, como  vía para justificar las actuaciones bélicas contra ese reino, las cuales según  es sabido, significaban la más de las veces para los súbditos españoles subidas  de impuestos así como grandes levas para el esfuerzo militar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con todo y más allá de tal  significado, el citado texto, como los otros mostrados hasta acá, nos remiten a  una valoración tremendamente negativa de las ideas y prácticas religiosas  provenientes de Inglaterra, así como de los hombres llegados de ese lugar,  actitud de rechazo que llevó a la corona española, tanto en los reinos  peninsulares como en los indianos a desplegar toda una línea de actuación en  función del combate de tales comportamientos heréticos. En esa lucha por la  defensa de la ortodoxia, que convirtió a España en el decir de Mariano Picón  Salas en “brazo secular de la ya última e imposible cruzada religiosa”,<sup>14</sup>  el restablecimiento del tribunal del Santo Oficio tuvo como veremos un papel  destacado.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>“Esos hombres impíos y  detestables”: la presencia del hereje inglés y su valoración en la Venezuela  colonial</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Hay que señalar que en el caso  hispanoamericano, el Tribunal de la Santa Inquisición fue introducido  inicialmente en Perú en 1570 y en México y 1571. Como se puede inferir de la  fecha y los lugares mencionados, en el primer caso se trató del momento crítico  en la arremetida de los llamados perros del mar ingleses contra las posesiones  españolas en el continente americano; los lugares no fueron otros que los dos  principales centros políticos y económicos del mapa indiano, amén de los de  mayor concentración demográfica. Luego, en 1610, sería establecido el Tribunal  en la ciudad de Cartagena de Indias, quedando en esta materia justamente bajo la  jurisdicción de este recién creado tribunal las provincias que luego  conformarían el territorio venezolano, razón por la que en varias de sus  ciudades como Caracas, Maracaibo, Mérida o Cumaná, actuarían de manera casi  permanente comisarios del Santo Oficio durante buena parte del período colonial  y en algún caso, aún más allá.<sup>15</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este Tribunal del Santo Oficio  en Cartagena, como en el caso americano en general, no se destacó  particularmente por una actividad inquisitorial muy intensa y, como ha dicho una  de sus estudiosas Fermina Álvarez,<sup>16</sup> el número de casos procesados  resultó prácticamente irrelevante si se le compara con la acción que desplegaron  este tipo de tribunales en otros lugares de Europa, siendo además mucho más  benévola su actuación, en especial en el caso de los extranjeros, quienes muchas  veces fueron tratados con indulgencia en función de los vaivenes de la política  europea.<sup>17</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al poner en números este  comportamiento, contrario por cierto a la creencia popular, hay que decir que  desde su creación y hasta su eliminación en 1811 &#8213;dos siglos&#8213;, fueron procesados  en el tribunal de Cartagena por delitos heréticos un total de apenas 82 personas  de las cuales solo una terminó siendo ejecutada y esto después de un largo  proceso.<sup>18</sup> De mucho mayor interés para nosotros resulta saber que de  esos 82 procesados, más de la mitad eran extranjeros y de entre ellos 20 eran  ingleses, es decir casi uno de cada cuatro. Si miramos el credo religioso  declarado por los 82 reos, destaca también el predominio de protestantes, 34 en  total y dentro de éstos, cosa digna de subrayar acá, la mitad, es decir 17,  confesos anglicanos de origen inglés. Como se colige de estos datos, el hereje  inglés resultó ser una mayoría dentro de esa nada selecta minoría de hombres  juzgados por el Santo Oficio en la amurallada ciudad caribeña, lo cual se  explica además por el predominio de esa nacionalidad entre la mayor parte de la  tripulación de los navíos de comerciantes y piratas que arribaron al Caribe  durante el siglo XVII.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el caso venezolano, en el  que ya dijimos los delitos de fe debían ser remitidos al mencionado tribunal  cartagenero, Pedro Sosa nos ha dejado un adecuado panorama sobre la actuación  del Santo Oficio, en el que se muestra con claridad una poco numerosa pero  constante remisión de casos de diversa índole desde variados puntos del  territorio venezolano, lo que lleva a este historiador a hablar de una presencia  inquisitorial extendida en profundidad en el espacio y el tiempo colonial  venezolano. En tal sentido, Sosa registró en el lapso de tiempo que va de 1611 a  1817, un total de 53 casos remitidos desde territorio venezolano hacia  Cartagena, los cuales este autor desglosó por ciudades para mostrarnos como  resultado, más allá por supuesto de la importancia de Caracas, el predominio por  sobre ésta de las poblaciones costeras como punto de partida principal de tales  causas; así, de ese total de 53 &#8213;de las cuales un grueso de 39 causas  corresponden al siglo XVII&#8213;, Maracaibo igualó a Caracas remitiendo 12 cada una;  Cumaná envió al tribunal 5, mientras que La Guaira, como Valencia y Mérida,  enviaron cada una 4 causas para su resolución; aparecen también en la lista  Coro, Margarita y Barcelona, todos ellos por supuesto, sitios de mar.<sup>19</sup>  Como se ve en esta geografía del pecado, el litoral aportó los números más  importantes en su estadística hallándose la razón de este comportamiento en que,  como lo precisó nuestra fuente en esta parte, tal ubicación geográfica cercana a  las costas “facilitaba la presencia de elementos heterodoxos tales como  forasteros, extranjeros y esclavos”.<sup>20</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Son justamente los miembros de  uno de esos grupos de elementos heterodoxos, el de los extranjeros ingleses, el  objeto de nuestra atención en esta parte; al analizarlo cuantitativamente,  encontramos de manera sorprendente que el número de ingleses apresados y  enviados a Cartagena desde Venezuela por delitos de Fe, 4 en total, aunque  pequeño en cuanto guarismo, representó por si solo una parte importante de todos  los delitos heréticos denunciados desde estas provincias, que según Sosa fueron  apenas 6, amén de significar casi la cuarta parte de los casos de ingleses  juzgados por la inquisición cartagenera. Destaca igualmente el hecho de que el  único protestante condenado a la pena máxima por el tribunal, fue capturado en  Cumaná y remitido desde esta ciudad venezolana al sitio donde sería votado a  relajación y ejecutado. Acá hay que reiterar el causal geográfico como clave  explicativa para esta marcada presencia relativa de herejes ingleses, pues  recordemos que la costa venezolana formaba parte de la ruta natural con que las  corrientes del Caribe y el Atlántico permitían a las embarcaciones europeas en  la era de la navegación a vela, recorrer sus aguas antes de salir nuevamente  hacia el viejo continente por el canal de las Bahamas, de donde nuestro puertos  resultaban casi siempre parada obligada en la tournée pirata por El Caribe  hispano.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Hecha esta brevísima revisión  cuantitativa, nos toca pasar a analizar eso casos, para a través de ellos  asomarnos a las ideas y actitudes expresadas por los pobladores del territorio  venezolano sobre estos sujetos ingleses calificados de herejes, siendo en este  aspecto la documentación publicada por Splendiani, nuestra fuente primaria  principal toda vez que en tal documentación, se recogen las relaciones de los  procesos inquisitoriales asociados a cada una de esas causas, abundando en esas  relaciones las declaraciones de testigos, así como la opinión de los propios  reos, en la que también se expresaba muchas veces sus experiencias y el trato  recibido por ellos en tierras venezolanas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">¿Qué nos muestra la fuente  sobre el asunto en cuestión? Digamos de entrada que la imagen que ella transmite  con más fuerza es la de una actitud colectiva cónsona con la opinión de Restrepo  citada al inicio de esta sección, toda vez que nos enseña el completo recelo  existente en la población hacia la presencia de extranjeros de otras confesiones  en estas tierras; ejemplo bastante expresivo de esta actitud lo constituye la  declaración ante el tribunal de Cartagena del reo Francisco Ford, quien fue  enviado allí en el año de 1701 por el comisario del tribunal en la ciudad de  Valencia tras levantarle un expediente por ser sujeto poco afecto a la religión  católica, según declararon los nueve testigos varones y mayores de edad que  reforzaron con sus palabras la acusación.<sup>21</sup> Al comparecer ante el  Santo Oficio, Ford, natural de Londres y cirujano de profesión, declaró sobre la  situación en la que se sumió tras su decisión de radicarse en las Indias,  decisión que tomó por su supuesto anhelo de vivir apegado al catolicismo y en  contra de la opinión de sus compañeros de embarcación, quienes según contó, le  advirtieron antes de desembarcar en Cuba que “esos españoles papistas eran unos  perros que le matarían”.<sup>22</sup> Así, desobedeciendo el buen consejo de sus  compañeros, Ford saltó a tierra en la costa de Bayamo para de allí, y luego de  deambular por diversas localidades indianas, recalar en la Provincia de  Venezuela: he aquí lo dicho por el inglés sobre el trato recibido en estas  tierras por las autoridades:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">...habiendo padecido muchos  	trabajos y rigurosas prisiones en diferentes pueblos de la América  	ocasionados de los gobernadores y justicias reales con el motivo de que  	siendo extranjero, no podía vivir en estos reinos, le habían sido de tanto  	desasosiego para su espíritu que le obligaron a peregrinar de unas tierras a  	otras continuamente. Y habiendo llegado a la ciudad de Caracas se casó en  	ella con la licencia del Señor Obispo con una mujer de su nación. Y que  	continuándose las molestias del Gobernador de aquella ciudad con el pretexto  	de remitirlo a la Casa de Contratación, pasó a la ciudad de Valencia,  	huyendo las persecuciones de su alma, y que no habiéndole valido estas  	diligencias para asegurarle y vivir con quietud en el gremio de la Iglesia,  	pues hasta allí habían llegado los rigurosos mandamientos del gobernador de  	Caracas para que lo llevasen a aquella ciudad para entregarle…<sup>23</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Finalmente, Ford fue trasladado  a Cartagena, donde se inició un largo y accidentado proceso judicial que no  llegaría a su cierre procesal pues en su transcurso, tras permanecer cuatro años  encerrado, el reo cayó severamente enfermo y falleció en 1705. No obstante y más  que la suerte de Ford, trágica sin duda, nos importa subrayar acá como según se  desprende de su propia declaración, el hecho de ser extranjero y su  comportamiento heterodoxo en materia religiosa &#8213;pese a su supuesta intención de  convertirse a la confesión católica&#8213;, le valió el automático rechazo de las  autoridades indianas y aún, de los propios vecinos de Caracas y Valencia, como  puede inferirse del testimonio dado por varios de ellos. Ford, como muchos  extranjeros que pretendían permanecer en los dominios americanos del Rey de  España, apeló entonces a una fórmula que, por clásica, no fue en su caso menos  fallida, la conversión, usada como mecanismo para lograr la inserción en una  sociedad profundamente ortodoxa en materia confesional. De hecho, y así lo han  mostrado tanto Splendiani como Álvarez, tal fórmula de convertirse abjurando de  su fe anterior fue un recurso común entre los extranjeros, quienes se entregaban  muchas veces al tribunal de la Inquisición para evadir la justicia ordinaria,  aprovechando de paso para legalizar su situación y con ello muchas veces su  mercancía.<sup>24</sup> La prueba de que este razonamiento de ambas  investigadoras es acertado nos la aportó en su declaración el propio Ford, al  contarnos la conversación que sostuvo con un clérigo español al ser arrestado  por las autoridades civiles en la ciudad de Valencia:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">…preguntándole éste, [Ford]  	que qué remedio tendría para salir de la cárcel, le respondió el clérigo que  	el Alcalde era más terco, y que éste le dijo no había más remedio que era el  	hablar algunas herejías para que el Comisario le reprehendiese y la trajeren  	a esta inquisición, donde sería tratado con benignidad…<sup>25</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con todo, casos como el del  propio Ford y su falsa mudanza de fe, nos muestran que la mayor parte de las  veces esas conversiones a conveniencia no eran suficientes para engañar a una  sociedad que estaba atenta e instruida en el arte de reconocer a un hereje, en  especial si éste era protestante. Y es que, como parte de la labor  inquisitorial, los comisarios debían dar a conocer los llamados edictos de Fe, a  través de los cuales se informaba a los vecinos y miembros del clero sobre los  síntomas susceptibles de hacer a alguien sospechoso de herejía, siendo esos  síntomas casi siempre destacados con facilidad por esos habitantes a la hora de  testificar contra los herejes extranjeros. El mencionado Francisco Ford, por  ejemplo, fue acusado por incurrir en comportamientos típicos de un hereje  durante su estadía en Caracas, tales como negar la utilidad de escapularios y  rosarios, burlándose de paso de sus portadoras, como hizo en el caso de la mujer  enferma dueña del escapulario, a quien el inglés se dirigió según un testigo en  tono molesto reclamando que “si la enferma moría dirían que el flamenco [el  médico] la mató, y si sanaba que el trapo [el escapulario] la había sanado”.<sup>26</sup>  Por su parte, Tomás Drac, procesado y absuelto en Cartagena, fue detenido en el  año de 1647 en Santo Domingo procedente de Caracas, ciudad en la que relataron  varios testigos, este hombre medianamente instruido intentó pasar por católico  asistiendo a misa, recibiendo los sacramentos y hasta asumiendo de padrino en el  bautizo de un niño; pese a este esfuerzo por pasar por lo que no era, el inglés  fue descubierto en La Guaira por un misionero irlandés que intentó bautizarle y  que, ante las evasivas de Cox para dejarse administrar el sacramento, procedió  entonces a denunciarlo por escrito ante el Obispo de Caracas de ser un  “grandísimo hereje”.<sup>27</sup> Otro procesado inglés remitido desde Cumaná al  tribunal en 1679, de nombre Juan Thomas, fue acusado por uno de los testigos,  según se lee en la relación de su causa, de no escuchar misa mientras permaneció  en Cumaná, siendo rematada la acusación por la afirmación de otro testigo de esa  misma población de que Thomas se había escondido un día al haber sido llevado a  la posada donde se alojaba “el santísimo sacramento como viático a un enfermo”.<sup>28</sup>  Thomas por cierto, también fue absuelto “ad cautelam” y remitido por las  autoridades civiles a España.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En todos estos casos como puede  verse, los elementos destacados del comportamiento inglés por parte de los  testigos para fundar sus acusaciones, no constituyeron acciones particularmente  extraordinarias ni mucho menos violentas, sino que por el contrario, se trató de  situaciones de la vida cotidiana, a veces simples gestos o respuestas dadas sin  pensar, inclusive alguna broma mal interpretada, bastando para ser identificados  como herejes esos detalles aparentemente irrelevantes y que, sin embargo, no  fueron pasados por alto por quienes testificaron ante los funcionarios del Santo  Oficio. Ni que decir entonces de la valoración que se le pudo dar a aquellos  extranjeros cuyo comportamiento irreligioso fue intencionadamente escandaloso;  en esas situaciones, como veremos de seguidas, la alarma general cundió ante la  presencia del herético mal ejemplo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Así lo muestra lo ocurrido con  el inglés Adán Edón, hereje pertinaz, como lo calificaron durante el proceso los  funcionarios del temido tribunal y único extranjero protestante ejecutado por el  Santo Oficio en Cartagena durante sus doscientos años de funcionamiento. ¿Qué  hizo Edón para merecer tan indeseable distinción? Su caso nos muestra el alto  precio pagado por un sujeto por comportarse en tierras ajenas al límite de lo  que el canon religioso pautaba como norma. Edón, natural de un pueblo cercano a  Londres y comerciante de especies, arribó en 1619 de manera ilegal a las Indias  en un navío español burlando los controles de la Casa de Contratación. Una vez  en estas tierras, el inglés intentó radicarse en Cumaná, en donde debió ser  detenido por el Comisario del Santo Oficio y trasladado a Cartagena para ser  juzgado, toda vez que tras su llegada a aquel puerto y por su comportamiento  público “era muy grande el escándalo que había en la dicha ciudad de Cumaná”.<sup>29</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Hay que decir que a diferencia  de ocurrido en los casos vistos atrás, en los que sus protagonistas trataban de  disimular su condición religiosa diversa, Edón asumió desde que se embarcó hacia  las Indias una actitud irrespetuosa e intencionadamente desafiante hacia las  frecuentes manifestaciones religiosas de los demás pasajeros del barco en que  viajaba, siendo de hecho tales pasajeros quienes luego se convertirían en los  testigos principales de la causa en su contra. Justamente seis de esos testigos  coincidieron con la declaración hecha por un sacerdote compañero de viaje de  Edón, en el sentido de que era público y notorio que el inglés “no se sentía  bien de la fe y era hereje”.<sup>30</sup> Como prueba de tan fuerte afirmación,  los testigos declararon que “cuando venían por la mar y rezaban la salve los  demás del navío todos los días, el dicho Adán no llegaba a rezar con ellos”,<sup>31</sup>  agregando además que en cierta oportunidad en que le acercaron una imagen de  Nuestra Señora del Rosario para besarla “como lo hacían los demás, no la quiso  besar y los tres contestan que la apartó con la mano”.<sup>32</sup> Uno de esos  testigos remató la denuncia del herético e insolente comportamiento del  extranjero, informando que en ocasión de recogerse limosna por parte del capitán  del navío entre los pasajeros, el altanero Edón se negó a darla “respondiendo  que los santos no comían dinero, que estaban en el cielo.”<sup>33</sup> Esta  actitud desafiante fue mantenida además por Edón a lo largo de todo el proceso  judicial, llegando inclusive en medio del mismo a negar la autoridad papal y la  soberanía de la iglesia católica sobre su patria de origen, al decir que el sumo  pontífice “no tiene potestad de conceder indulgencias ni manda en las cosas  eclesiásticas del reino de Inglaterra, porque el rey es señor y dueño de todo y  así lo ha tenido y creído, y tenía y creía, como protestante que confiesa ser”.<sup>34</sup>  Fue este comportamiento empecinadamente retador del dogma católico y no tanto su  condición de protestante, el causante de su terrible y particular suerte, como  lo dejó ver la propia sentencia del tribunal en la que se dijo que el abogado de  la causa desistió de la misma y decidió cerrarla ante “la protervia y  obstinación del reo”,<sup>35</sup> después de lo cual Edón fue condenado a  muerte y ejecutado por el brazo seglar no sin antes, como era la costumbre en  estos casos, confiscar sus bienes y ser expuesto en la ciudad amurallada “en  auto público de fe con insignias de relajado”.<sup>36</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este tipo de actitudes  “escandalosas” como la exhibida por este confeso y terco protestante, aunque  muchas veces no llevaron a la muerte a quienes las exhibieron pues bastaba en  ocasiones con retractarse ante los funcionarios del Santo Oficio para salvar el  pellejo, fueron eso sí, atentamente observadas y denunciadas por los habitantes  de las poblaciones venezolanas en que se entró en contacto con los ingleses. Es  importante destacar que su dimensión de <i>escándalos</i> procedía del hecho de  tratarse de comportamientos fuera de orden desde el punto de vista de lo que la  moral establecida por el dogma católico podía permitir, siendo la transgresión  de tales pautas morales justamente lo que solía ser considerado escandaloso y  por ello inaceptable. En este sentido, las burlas a la religión católica, a sus  autoridades y a sus símbolos, solían ser situaciones frecuentemente denunciadas  en el comportamiento de los extranjeros, en especial en el de los ingleses que  fueron luego juzgados como herejes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Tal es el caso del referido  Francisco Ford, a quien ya vimos llamando “trapo” al escapulario de una mujer  enferma, y cuyo proceso judicial se complicó por la aparición durante el  desarrollo de su causa de nuevos testimonios en su contra, en los que se le  acusaba precisamente de incurrir en este tipo de conductas escandalosas. En tal  sentido, quizá la más grave acusación contenida en los testimonios incorporados  al expediente, haya sido la sustentada nada menos que en veintidós testigos que  afirmaron que Ford “había entrado en una casa donde había diferentes personas,  vestido con una sotana y sentándose en una silla había llamado a dichas personas  diciéndoles se fuesen a confesar con él, ocasionando este hecho mucha risa y  chanzas entre los presentes”.<sup>37</sup> A juzgar por la calificación dada a  cada una de las acusaciones formuladas contra el reo, la gravedad de la burla  hecha por el inglés a la enferma del escapulario o la de otra que hizo a una  señora devota del rosario sobre la dudosa virginidad de la virgen, palidecieron  ambas ante la magnitud del comportamiento público denunciado de remedar a un  sacerdote llegando a la insolencia de usar sus vestidos y hacer mofa del sagrado  acto de confesión, pues en efecto, tan escandaloso acto recibió por parte de los  calificadores del Santo Oficio la más grave consideración de entre todos los  cargos levantados contra Ford. Dicho sea de paso, tan herética broma del inglés  complicó sin duda su ya delicada situación procesal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con todo, si para un inglés  resultaba tremendamente comprometedor remedar la actuación de un sacerdote  español, mucho más grave llegó a ser el caso inverso en que un sacerdote español  remedó el comportamiento de un hombre de mar inglés. Al menos así no lo muestra  la relación de la causa iniciada en 1650 contra Juan de Rivas, clérigo  presbítero y cura de la Catedral de Margarita, quien fue denunciado por el  Comisario del Santo Oficio en Nueva Barcelona como consecuencia de una gravísima  acusación respaldada en el testimonio de cinco miembros de su feligresía  quienes, según dice la relación de la causa, luego de leer el Edicto de Fe  decidieron testificar contra el cura debido al inadecuado comportamiento  mostrado por éste con motivo de la visita de un navío inglés a la isla ocurrida  en ese año de 1650. Los cinco testigos, cuyo testimonio el sacerdote trató de  invalidar argumentando que eran sus enemigos, denunciaron,</font></p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">...que estando en dicha  	ciudad entró en aquel puerto un navío de ingleses todos herejes, con negros  	esclavos y que habiendo hecho publicar el dicho Juan de Rivas el jueves  	santo la bula <i>InsenaDomini</i>, se fue a la dicha bica cuyo capitán se  	llamaba Guillermo Jacques, un viernes y comió carne con dichos ingleses con  	muchos brindis y regocijo. Y que recibió muchos presentes de ellos y un  	testigo dice que recibió una escopeta y que tuvo a todos los ingleses por  	amigos y en particular al dicho capitán a quién asistía de día y de noche. Y  	que un día que el dicho capitán y demás herejes celebraron su pascua de  	navidad que fue ocho días después de la nuestra hicieron un gran convite en  	donde se halló el dicho Juan de Rivas y que lo sentaron en la cabeza de la  	mesa y que echó la bendición con mucha gira y brindis y que todo causó  	grande escándalo y motivo de que otros comunicasen y tratasen a dichos  	herejes…<sup>38</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pese a que Rivas finalmente  logró salir bien librado del percance, el tamaño del mal comportamiento  contenido en esta acusación, cuyo lógico resultado fue el de causar “grande  escándalo” entre los pobladores según dijeron los testigos, hace necesario  valorar con detenimiento la diversidad y magnitud de las faltas supuestamente  cometidas por el procesado, agravadas todas y cada una de ellas por la condición  sacerdotal de su autor, calidad que le convertía con obligatoriedad en un modelo  de conducta susceptible de ser imitado por los demás, aún en el caso de su mal  proceder. Así, al revisar lo actuado por el cura mientras compartió con los  ingleses, debemos decir que la variedad de sus faltas nos permite distinguir  entre aquellas independientes de su condición clerical, como el hecho de haber  entrado en tratos y compartido con extranjeros, y aquellas propiamente asociadas  a la cuestión religiosa. De estas últimas hay que decir que, hechos como comer  carne, festejar y brindar en fecha prohibida por santa, o participar en  celebraciones de otros cultos como la pascua protestante, aunque constituían  comportamientos inadecuados para todos los miembros de la catolicidad, se veían  como mucho más graves al ser cometidos por un sacerdote, lo que explica la línea  final de la cita en la que se denunció que la conducta Rivas había propiciado  “que otros comunicasen y tratasen a dichos herejes”. Visto este caso y sus  efectos, puede situarse en perspectiva el tono de lenguaje exhibido en la  legislación indiana que pedía castigar severamente a los curas que, como Rivas,  incurrían en tratos con extranjeros, “de forma que con el ejemplo tengan remedio  los daños que de lo contrario resultan”.<sup>39</sup> Se trataba entonces de  evitar la extensión de malos ejemplos como el dado por el clérigo aficionado a  la perniciosa amistad de los herejes ingleses.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>A modo de Conclusión</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al realizar una mirada  panorámica del conjunto de casos que hemos revisado hasta acá vinculados a  herejes ingleses con actuación en Venezuela, podemos observar en las ideas y  actitudes que expresaron los habitantes de las distintas ciudades de estos  territorios una valoración también negativísima de esos hombres y de su  influencia, expresada en la constante queja por el escándalo en que sumía a la  sociedad su herético proceder. Como se vio en las declaraciones de los testigos,  los miembros de la sociedad colonial parecían ejercer una constante vigilancia  contra estos extranjeros ingleses y permanecían atentos a la más mínima señal de  un comportamiento religioso inadecuado, estando también vigilantes de la  contaminación de otros miembros de esa sociedad por entrar en contacto con esos  elementos extraños. El porqué de tanta prevención nos remite a la naturaleza de  la cultura colonial venezolana, profundamente marcada por la impronta de su raíz  hispánica y, por ello, anglófoba desde sus orígenes; sobre esto, ha reflexionado  Splendiani, cuyas pertinentes palabras nos sirven de cierre:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las situaciones descritas  	se vivieron durante toda la época colonial cuando los intereses económicos y  	políticos de las monarquías europeas desplazaron sus culturas en todos los  	continentes y con ellas sus creencias religiosas. Tuvieron lugar en una  	época marcada por una mentalidad influida de una profunda religiosidad, por  	el temor a la máxima institución evaluadora de la ortodoxia, por el miedo a  	la condenación del alma, por la intolerancia frente a creencias diferentes a  	la propia, por la rigidez dogmática, por los prejuicios de la sociedad y,  	sobre todo, por la presión de tener que vivir dentro de unos parámetros  	establecidos por el sistema de poder.<sup>40</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>1</sup> José Manuel  Restrepo, <i>Compendio de la Historia de Colombia</i>. París, Librería  Americana, 1833, p.100.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>2</sup> Anna Splendiani et  al. (comp.), <i>Cincuenta años de Inquisición en el tribunal de Cartagena de  Indias (1610-1660). Documentos Inéditos procedentes del Archivo Histórico  Nacional de Madrid</i>. Santafé de Bogotá, Centro Editorial Javeriano, 1997, 4  Vol. Esta colección abarca la mayor parte del siglo XVII -que fue el período en  que se concentraron el grueso de las causas contra ingleses-; asimismo, nos  aportaron información valiosa sobre las causas investigadas, de esta misma  autora, “Los protestantes y la Inquisición”, <i>Anuario Colombiano de Historia  Social y de la Cultura</i>. Vol. 23, 1996, pp.5-31.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>3</sup> Véase, Pedro Sosa  Llanos, <i>Nos los inquisidores. El Santo oficio en Venezuela</i>. Caracas,  Universidad Central de Venezuela, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas,  2005.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>4</sup> Como ejemplos de  este tratamiento pueden verse, Manuel Pérez Vila, “El Canónigo Madariaga y la  inquisición caraqueña”, <i>Revista Nacional de Cultura</i>. Caracas, Nº 119,  noviembre-diciembre, 1956, pp.105-110; Carlos Felice Cardot, “El impacto de la  Inquisición en Venezuela y en la Gran Colombia”, <i>Boletín de Historia y  Antigüedades</i>. Santafé de Bogotá, Nº 624-625, octubre-noviembre, 1966, pp.  649-672.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>5</sup> Juan Ortega y  Medina, <i>El conflicto anglo-español por el dominio oceánico: siglos XVI y XVII</i>.  Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1994, p.9. Este texto  realiza un análisis exhaustivo y ricamente documentado del origen y desarrollo  de esta rivalidad, que, como se verá, ha sido clave para nosotros en la adopción  de la perspectiva explicativa desplegada en el presente trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>6</sup> Miguel de  Cervantes, “Canción nacida de las varias nuevas que han venido de la católica  Armada que fue sobre Inglaterra” en <i>Obras completas de Miguel de Cervantes y  Saavedra</i> (Edición de Florencio Sevilla y Antonio Rey). Madrid, Centro de  Estudios Cervantinos, 1995, p. 1399.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>7</sup> Luis Góngora,  “Canción de la armada que fue a Inglaterra”, en <i>Canciones y otros poemas en  arte mayor</i>. Madrid, Espasa-Calpe, 1990, p. 63. Amén de Góngora, se  encuentran referencias negativas de Isabel en Quevedo, así como en algunos  pasajes de Lope de Vega.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>8</sup> Juan de  Castellanos, “Discurso del Capitán Francisco Draque”, en <i>Antología crítica de  Juan de Castellanos. Elegías de varones ilustres de Indias</i>. Bogotá,  Pontificia Universidad Javeriana, 2004, p. 325.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>9</sup> Acerca de la  intencionalidad de esta generalización, Werner Thomas ha realizado una  consideración que nos parece pertinente en este punto: “Tal como ‹el judío›, ‹el  converso›, ‹el mahometano› y ‹el morisco›, el protestante era demonizado hasta  que no quedaba más que una caricatura, cuya única finalidad era socializar a los  españoles, es decir, espantarlos y mantenerlos lejos de cualquier influencia  protestante. <i>El proceso condujo luego a la identificación del extranjero, en  particular aquellos provenientes del norte de Europa, con el protestante</i>.”  Werner Thomas, <i>Los protestantes y la Inquisición en España en tiempos de  Reforma y Contrarreforma</i>. Lovaina, Leuven University Press, 2001, p.347. Las  negrillas son nuestras.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>10</sup> Pedro de Abreu, <i>Historia del saqueo de Cádiz por los Ingleses en 1596</i>. Cádiz, Imprenta y  Litografía de la Revista Médica, 1866, p. 48.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>11</sup> Baltasar Porreño, <i>Dichos y hechos del Señor Rey Don Phelipe Segundo, el Prudente, y Glorioso  Monarca de las Españas y de las Indias</i>. Madrid, del Convento de la Merced,  1748, p.91.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>12</sup> “Algunos avisos  de Inglaterra de la persecucion grande que aora de nuevo ay en aquel reyno  contra los catolicos”. Sevilla, Imprenta de Alonso Rodríguez Gamarra, 1615, p.3,  en Universidad de Sevilla, Colección de Fondos Antiguos digitalizados. Documento  consultado en línea en: <a href="http://fondosdigitales.us.es/fondos/"> http://fondosdigitales.us.es/fondos/</a>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>13</sup>  “Verissimarelacion en que se da quenta en el estado en que estan los catolicos  de Inglaterra por parte de los hereges. año de 1626”. Sevilla, Imprenta de Juan  de Cabrera, 1626, p.2, en <i>Ídem</i>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>14</sup> Mariano Picón-Salas, <i>De la conquista a la Independencia</i>. México, Fondo de Cultura Económica,  1965, p.65.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>15</sup> Existe por  ejemplo, un trabajo sobre el caso del funcionamiento del Comisariato de ese  Tribunal para la ciudad de Mérida durante la época colonial, elaborado por Nancy  Noguera como Memoria de Grado para optar al título de Licenciada en Historia.  Véase, Nancy Noguera, <i>El Comisariato del Santo Oficio de la Inquisición en  Mérida 1640-1810</i> (Mimeografiado). Mérida, Universidad de Los Andes, Escuela  de Historia, 1982. En esta Memoria se describe de manera bastante general las  funciones de la figura del comisario, además de aportarse datos sobre la  identidad de las personas que ejercieron tal cargo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>16</sup> Véase, Fermina  Álvarez, “Herejes ante la Inquisición en Cartagena de Indias”, <i>Revista de la  Inquisición</i>. Madrid, Universidad Complutense de Madrid, Vol. 6, 1997, pp.  239-269.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>17</sup> Este aspecto de  la indulgencia por motivos políticos, ha sido explicado en Anna Splendiani, “Los  protestantes y la Inquisición”…, p. 7.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>18</sup> Véase, Fermina  Álvarez, <i>Ob. Cit</i>, pp.240-241.Todos los datos referidos al tribunal de  Cartagena aportados en esta parte, los hemos tomado de este trabajo de Álvarez.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>19</sup> Véase Pedro Sosa  Llanos, <i>Nos los inquisidores</i>…, pp. 138-140. Sosa ha sido la fuente de la  cual hemos extraído los datos presentados hasta acá; no obstante hay que decir  que en este aspecto, el trabajo de Sosa adolece de un tratamiento estadístico  adecuado de la información que ilustre mejor sobre la distribución espacial y  temporal de los casos estudiados, y esto más allá del intento representado por  el cuadro resumen presentado en la página 139, el cual resulta poco claro. Con  todo y como ya señalamos, este texto constituye de lejos la más importante  referencia sobre el tema de la Inquisición en la historiografía venezolana hasta  la fecha.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>Ibídem</i>.,  p. 138.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>21</sup> Véase, Pedro Sosa  Llanos, <i>Ob. Cit</i>.,p.162. Este caso de Ford es referido por nosotros de  manera indirecta a través de Sosa pues, por datar de 1701, no fue incorporado en  la compilación de Splendiani sobre el tribunal cartagenero de la que hemos  tomado las demás causas. Sosa a su vez, extrajo las referencias para la  reconstrucción de la causa, de la documentación que sobre la misma halló en el  Archivo Histórico Nacional de Madrid, sección Inquisición, legajo1622, folios  1-16.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>22</sup> <i>Ídem</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>23</sup> <i>Ibídem</i>.,  p. 163.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>24</sup> Véase Fermina  Álvarez, <i>Ob. Cit</i>., pp. 245-246; véase también Anna Splendiani, <i>Los  protestantes y la Inquisición</i>…, pp. 9-13.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>25</sup> <i>Ibídem</i>.,  p. 166. Existen en la documentación revisada otros ejemplos de este proceder,  como el caso de cinco marinos ingleses al servicio del capitán pirata “Aferguei”,  quienes escaparon del barco de éste echándose a tierra en la propia Cartagena y  se entregaron a las autoridades civiles y, una vez en la cárcel, apelaron al  expediente de la conversión, para lo cual dos de ellos aprovecharon en su  momento la presencia de un sacerdote y dieron “muestras de querer ser buenos  cristianos y pidieron un catecismo”. Cada uno de los marinos en cuestión fue  finalmente, “absuelto ad cautelam de las censuras y excomunión en las que podía  haber incurrido y, hecho esto, sea vuelto a entregar al gobernador de esa ciudad  y encargado a los padres de la Compañía de Jesús para que lo instruyan en las  cosas de nuestra Santa Fe”. Lo relatado acá, incluida la laxa sentencia, da  prueba de lo efectivo que pudo llegar a resultar en ocasiones para los  extranjeros este procedimiento de abjurar de la religión protestante ante las  autoridades del Santo Oficio. Véase “Relación de las causas despachadas en el  Santo oficio de la Inquisición de Cartagena de estas Indias en los años 618,  619, 620” (Otras Causas), en Anna Splendiani et al., <i>Cincuenta años de  Inquisición en el tribunal de Cartagena</i>…, Vol. II, pp. 191-197.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>26</sup> Citado en, Pedro  Sosa Llanos, <i>Ob. Cit</i>., p. 168.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>27</sup> “Relación de las  causas de fe y de las que no lo son que ha habido en este tribunal y quedan  pendientes desde veinte y nueve de septiembre del año pasado de seiscientos y  cincuenta, hasta quince de enero de este presente de 1652” (Causa Nº 1), en Anna  Splendiani et al., <i>Cincuenta años de Inquisición en el tribunal de Cartagena</i>…,  Vol. III, pp. 283-289.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>28</sup> Citado en, Pedro  Sosa Llanos, <i>Ob. Cit</i>., p.158. referido acá de manera indirecta, la  documentación del caso fue tomada por Sosa del Archivo Histórico Nacional de  Madrid, <i>sección Inquisición</i>, legajo 1023.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>29</sup> “Relación de las  causas despachadas en el Auto público de Fe que se celebró en el Santo oficio e  la Inquisición de Cartagena a los 13 días del mes de marzo de 1322 años” (Causa  Nº 1), en Anna Splendiani, <i>Cincuenta años de Inquisición en el tribunal de  Cartagena</i>…, Vol. II, pp. 208-211; p. 209.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>30</sup> <i>Ibídem</i>.,  p. 208.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>31</sup> <i>Ídem</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>32</sup> <i>Ídem</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>33</sup> <i>Ídem</i>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>34</sup> <i>Ibídem</i>.,  p. 210.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>35</sup> <i>Ibídem</i>.,  p. 211.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>36</sup> Ídem.Similar por  la “proterva” actitud mostrada, resulta la causa del reo Antonio Inglés reseñada  por Pedro Sosa en el texto que hemos venido citando. Según nos contó este  investigador, Antonio estuvo a punto de morir al ser sentenciado en los mismos  términos que Edón, por mostrar una actitud empecinadamente orgullosa de su credo  protestante, religión en la que inclusive el reo afirmó, tenía el firme  propósito de “morir en ella.” Pedro Sosa, <i>Ob. Cit</i>., p. 157.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>37</sup> Citado en, Pedro  Sosa Llanos, <i>Ob. Cit</i>., p. 168.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>38</sup> “Copia de la  relación de las causas del año de 1654 desde el 25 de abril, que fue con los  galeones del cargo del Marqués de Monte Alegre, hasta junio de 1655” (Causa Nº  23), en Anna Splendiani, <i>Cincuenta años de Inquisición en el tribunal de  Cartagena</i>…, Vol. III, pp. 411-413; p. 411. Esta causa se encuentra también  analizada con mucho más detalle en Pedro Sosa Llanos, <i>Ob. Cit</i>., pp.  171-174.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>39</sup> <i>Recopilación  de las leyes de los Reinos de Las Indias</i>. Madrid, Imprenta de Boix, 1841, L.  III, Tit. 13, ley 9.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>40</sup> Anna Splendiani, <i>Los protestantes y la Inquisición</i>…, p. 31</font></p>       ]]></body>

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