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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La necesidad de una teoría crítica de la modernización ante las realidades de la segunda mitad del siglo XX]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Need for a Critical Modernization Theory in the Light of Realities of the Second Half of the 20th Century]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[After permanent contact with successful western civilization, Third World countries devoted themselves to accelerated development in the second half of the 20th century, resulting in the greatest social change in their entire history. In general, the result was an imitative evolution, which was perceived, nevertheless, as something of its own and autonomous. A critical modernization theory is important for analyzing the positive and negative aspects of this evolution according to critically oriented common sense.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>La necesidad de una teoría crítica de la modernización ante las realidades  de la segunda mitad del siglo XX</B> </FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Mansilla, H.C.F.</B> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> * Dr. en Filosofía. Profesor visitante de la Universidad del Zulia (Suiza)  y Miembro de Número de la Academia de Ciencias de Bolivia, Casilla 2049.  La Paz, Bolivia. E-mail: hcf_mansilla@yahoo.com </FONT></P><font size="2" face="Verdana"></font>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Después del contacto permanente con la exitosa civilización occidental,  los países del Tercer Mundo se han consagrado a un desarrollo acelerado  en la segunda mitad del siglo XX, que ha significado el mayor cambio social  en toda su historia. En general el resultado es una evolución imitativa,  que es percibida, sin embargo, como algo propio y autónomo. Una teoría  crítica de la modernización es importante para analizar las luces y las  sombras de esta evolución de acuerdo a un sentido común guiado críticamente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave:</B> Autonomía, desarrollo, efecto de fascinación, imitación, proceso de modernización,  sentido común.</FONT></P>     <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>The Need for a Critical Modernization Theory in the Light of Realities of  the Second Half of the 20th Century</I> </FONT></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> After permanent contact with successful western civilization, Third World  countries devoted themselves to accelerated development in the second half  of the 20th century, resulting in the greatest social change in their entire  history. In general, the result was an imitative evolution, which was perceived,  nevertheless, as something of its own and autonomous. A critical modernization  theory is important for analyzing the positive and negative aspects of  this evolution according to critically oriented common sense. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words:</B> Autonomy, development, common sense, fascination effect, imitation, modernization  process. </FONT></P>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 07-02-21  Aceptado: 07-07-19</FONT></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>La fascinación del progreso</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Desde que existe una seria reflexión histórico-filosófica de alcance mundial,  es decir desde mediados del siglo XVIII, se pensaba que el desenvolvimiento  de Asia, África y del Nuevo Mundo era explicable mediante leyes evolutivas  y principios teóricos generales originados en Europa, que podrían ser aplicados,  con algunas reservas, a las sociedades extra-europeas, teniendo en cuenta  un retraso aparentemente irremediable en las tierras de ultramar. Hasta  hace pocas décadas se daba por cierto que esas normas universales eran  idénticas con las secuencias de desarrollo diseñadas para Europa Occidental,  donde culminaría indefectiblemente la gran historia comenzada en la Grecia  clásica. No sólo las tendencias hegeliano-marxistas compartían esta idea  central; derechistas de toda laya y tecnócratas aparentemente apolíticos  creían firmemente que las naciones de Asia, África y América Latina estaban  destinadas a repetir  con una lamentable demora  el adelanto ejemplar que  exhibían Europa y Estados Unidos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como <I>Jorge Graciarena</I> ha señalado, “desarrollo” no era, en la mayoría de  las sociedades latinoamericanas, un problema intensamente discutido antes  de 1930. Ahora, en cambio, no es sólo un concepto clave de toda controversia  económica y política, sino que la “necesidad de desarrollo” se presenta  de una manera dramática y avasalladora como algo obvio y sin alternativas  (1). El gelatinoso concepto de desarrollo conforma el fundamento de las  teorías sustentadas por las fuerzas de izquierda, para las cuales la historia  universal se mueve hacia etapas superiores de progreso social, pero aparece  igualmente en las estrategias de la derecha, como consolidación y ampliación  del propio sistema y también como antídoto contra una revolución popular. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las sociedades periféricas y particularmente las latinoamericanas han estado  expuestas desde su incorporación a los imperios coloniales o al mercado  mundial a unos principios normativos surgidos y sistematizados originariamente  en los centros metropolitanos; la fuerza y el éxito seculares de las naciones  occidentales han dotado a estos principios del nimbo de lo verdadero, imitable  y positivo. La adopción de los paradigmas occidentales fue facilitada por  la crisis de identidad histórica y nacional sufrida por las culturas no  occidentales después de un contacto prologando  y casi siempre traumático   con la civilización europea. A partir del siglo XVI se puede constatar  que las sociedades más importantes del actual Tercer Mundo dejaron de producir  modelos originales de desarrollo e ingresaron a una larga época de estancamiento  histórico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la esfera económico-tecnológica se produjo un genuino vacío de modelos  de desarrollo, por lo que la imitación del proceso europeo de modernización  se manifiesta desde entonces como algo obvio e inevitable. En el siglo  XX la defensa de la identidad nacional y el fomento de las tradiciones  propias, que no podían dejar de producirse como reacción contra las influencias  extranjeras, por más poderosas que éstas fueran, se han concentrado en  terrenos de carácter secundario y periférico con respecto a los elementos  centrales económico-tecnológicos: las manifestaciones culturales, las formas  exteriores de la vida política y la esfera religiosa. Es verdad que no  han faltado conflictos entre ambos planos, y justamente la historia contemporánea  del Tercer Mundo puede ser calificada como la búsqueda de una nueva identidad  que combine el progreso tecnológico “a la occidental” con fragmentos de  autoctonismo cultural y autonomía política. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De todas maneras, la consciencia colectiva mayoritaria en América Latina  ha internalizado como propias algunas nociones centrales de la tradición  metropolitana que son imprescindibles para la comprensión de la controversia  actual en torno a problemas tan diversos como la identidad colectiva y  el debate ecológico-demográfico: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> a) La historia es vista como un proceso linear ascendente, dentro del cual  cada sociedad va pasando a etapas de la evolución histórica consideradas  como superiores; </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> b) la naturaleza es considerada en general como base y cantera para los designios  humanos, sin derechos propios, pero con recursos casi ilimitados al servicio  del hombre; y </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> c) la actividad humana es percibida como sometida al principio de eficiencia  y rendimiento, con una tendencia compulsiva al dinamismo, al crecimiento  y al éxito. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Especialmente en el caso latinoamericano, estos elementos -tomados claramente  de un acervo exógeno- han ido formando el substrato para los conceptos  y las ilusiones de la consciencia colectiva; esta base ha favorecido durante  el siglo XX y más particularmente a partir de la Segunda Guerra Mundial  una recepción más intensa de los logros y paradigmas de la civilización  metropolitana. Notables mejoras en el campo de las comunicaciones, el incremento  de los contactos personales y la actividad diaria de la televisión son  responsables por la difusión de toda clase de datos, imágenes y leyendas  sobre aquel mundo de opulencia, progreso y poderío, que parece existir  en las sociedades del Norte, y es comprensible que ellas adquieran el carácter  de modelos dignos de imitarse a toda costa. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otra parte, la cultura occidental ha propagado precisamente el principio  de la factibilidad de los designios humanos: el progreso sería algo que  se puede implementar en la praxis según modalidades social-tecnológicas  si hay una firme voluntad política de hacerlo. La creencia de que un orden  social más avanzado y próspero es algo enteramente factible y alcanzable  para cualquier país periférico mediante esfuerzos sistemáticos pertinentes  se conjuga con aspiraciones cada vez mayores relativas al nivel de la vida  y al consumo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este fenómeno, relativamente moderno, llamado la <I>revolución de las expectativas  crecientes,</I> puede ser definido como el anhelo colectivo de obtener lo más  pronto posible los frutos de la civilización metropolitana en las esferas  del consumo masivo y del desarrollo económico-tecnológico, frutos que desde  el interior de las sociedades periféricas son vistos como reivindicaciones  justas y deseables en todos los sistemas sociales. Las divergencias políticas  e ideológicas se refieren mayormente a los métodos de modernización y a  los regímenes internos correspondientes, destacándose una cierta comunidad  de objetivos entre los anhelos colectivos dominantes en el Tercer Mundo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La revolución de las expectativas crecientes sólo ha sido posible por medio  de una difusión asombrosa de informaciones en los países periféricos acerca  de la situación general en las metrópolis, difusión que a partir de 1945  ha abarcado a estratos sociales muy amplios, incluyendo a las clases medias  y a los sectores urbanos de las capas bajas. En esta relación asimétrica  las sociedades metropolitanas ejercen la función indiscutida de sentar  los parámetros de desarrollo, mientras que los países meridionales, por  lo menos en las esferas de la economía y la tecnología, toman una posición  esencialmente receptiva. La conciencia colectiva está, entonces, abierta  y sometida a los efectos de demostración de un modo de vida supuestamente  superior. Con mucha razón, <I>Torcuato S. Di Tella</I> se refirió a un genuino  “efecto de fascinación”(2) para calificar las consecuencias que el nivel  de vida y los logros de los sistemas metropolitanos originan en latitudes  meridionales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El impacto de los efectos de demostración ha sido particularmente fuerte  entre los intelectuales y dentro de las élites políticas y económicas,  quienes perciben su deber  y su legitimidad  en alcanzar para la nación  respectiva un grado “conveniente” de desarrollo. Se puede hablar de fascinación  porque los efectos de la demostración de la moderna civilización metropolitana  sobre la mentalidad colectiva del Tercer Mundo han sido avasalladores:  han conducido a que la actividad primordial de estas sociedades esté centrada  en torno a los conceptos mágicos de “progreso” y “desarrollo”, a que el  crecimiento ininterrumpido sea el criterio principal para juzgar toda evolución  y a que estas metas finales hagan permisible el empleo de casi cualesquiera  métodos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es un lugar común en medios latinoamericanos el mencionar que el crecimiento  por sí solo no lleva al anhelado desarrollo integral, pero detrás de esta  fórmula biensonante se descubre rápidamente que el cimiento mismo de todo  desarrollo pleno es el incremento sostenido y acelerado de todo aspecto  económico y tecnológico, el que debe también originar ciertos efectos reputados  como benéficos en otros campos, especialmente en el social. Si bien no  todo crecimiento es idéntico con desarrollo, todo desarrollo requiere de  un potente crecimiento. En todo caso se puede observar una notable comunidad  de opiniones entre los más diferentes sectores ideológicos acerca de la  necesidad de forzar el lado económico-tecnológico del proceso histórico  contemporáneo, como el medio más seguro y básico de alcanzar los logros  de los centros metropolitanos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aunque las corrientes y las teorías más distintas entre sí hablen de la  originalidad de sus propios modelos de desarrollo y aunque el rechazo vehemente  del sistema civilizatorio occidental domine la retórica pública, todo régimen  en la praxis cotidiana del Tercer Mundo exhibe una afinidad global innegable  a lo alcanzado en los países altamente industrializados. El progreso resulta  ser la acumulación de mejoras materiales y de conocimientos técnicos, utilizables  en la producción; todos los otros criterios juegan un rol secundario y  periférico. Esta concepción fue compartida por <I>Raúl Prebisch,</I> el inspirador  del <I>cepalismo</I> a mediados del siglo XX y, en proporción notable, sigue constituyendo  el núcleo del pensamiento actual sobre temas del desarrollo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La modernización industrializante es, según las escuelas más diversas,  el medio más importante para tomar parte en el progreso tecnológico y hacer  uso de éste último para realizar una política de mejoramiento permanente  en el nivel de vida de las masas (3). Lo fundamental en esta cuestión parece  residir en la insistencia en reproducir los rasgos centrales del curso  de la modernización metropolitana con especial énfasis en la urbanización  e industrialización, a pesar del reconocimiento generalizado de que este  proceso por sí solo no conduce al desarrollo integral. El hecho de que  este reconocimiento tenga únicamente un valor verbal y la función de un  descargo ideológico está vinculado a la escasez de modelos de desarrollo  genuinamente autónomos en las sociedades periféricas y a la fuerza normativa  que sigue ejerciendo el paradigma metropolitano. La expansión militar y  comercial de Occidente, el sojuzgamiento de civilizaciones todavía muy  jóvenes y con <I>standards</I> tecnológicos bajos, la falta de una concepción  dinámica del propio desenvolvimiento y, sobre todo, el éxito socio-cultural  de los países del Norte -que parece no amainar- son factores de esta problemática  tan compleja; la imposibilidad o la incapacidad de forjar parámetros propios  han hecho posibles los mencionados efectos de fascinación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estos últimos se concentran en el terreno económico, la tecnología industrial  y las pautas de consumo. Esta adopción de valores exógenos de orientación  tiene lugar, sin embargo, en medio de un contexto socio-cultural que rebosa  de tendencias autonomistas: la necesidad de un camino propio al desarrollo  y al progreso y el desenvolvimiento de un modelo político y cultural autóctono  son sus dos líneas directrices. No es casualidad que el impacto de los  efectos de demostración haya sido particularmente fuerte entre los intelectuales  del Tercer Mundo, quienes, fascinados por los éxitos materiales de los  centros metropolitanos, han creado diversas teorías y hasta ideologías  revolucionarias para justificar, en términos de progreso social para las  masas y de autonomía de desarrollo, la imitación acelerada de la civilización  industrial. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El núcleo de la argumentación asevera que el moderno proceso industrial-tecnológico  y la expansión de los sectores productivos representan aspectos genuinos  y propios de todas las culturas y sociedades que logran liberarse de ciertas  cadenas políticas y de conocidos obstáculos sociales que provienen tanto  de la penetración imperialista como de los anacronismos nacionales. En  estos programas que combinan momentos nacionalistas con exigencias revolucionarias  y socialistas la modernización aparece como el proceso auténticamente regenerativo  de la sociedad periférica (4). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La atracción que hasta aproximadamente 1980 ejercieron los regímenes socialistas  sobre la consciencia intelectual del Tercer Mundo no se debió tanto a una  mejor oportunidad de acabar con el trabajo alienante y de alcanzar una  revolución proletaria, sino al hecho de que el socialismo parecía garantizar  mayor eficacia y rapidez en los procesos de modernización e industrialización  en las periferias mundiales. Mediante la movilización de todos los recursos,  empezando por los humanos, y con ayuda de la planificación generalizada,  los sistemas socialistas parecían lograr una rápida acumulación de capital  y reproducir, por ende, los aspectos materiales de la civilización metropolitana,  si bien este intento ocurre normalmente bajo un centralismo estricto y  antidemocrático y con severas restricciones al consumo de la población  por un tiempo muy largo. En este sentido todos los modelos socialistas  pueden ser considerados, en el fondo, como variaciones de la Revolución  Soviética después de 1917 (5). Incluyendo los más exitosos, como la República  Popular China (6), los regímenes socialistas edificaron un contexto de  totalitarismo, en el cual la consciencia intelectual se redujo a la creación  de un infantilismo muy extendido, lo cual, paradójicamente, se aviene muy  bien con un oportunismo practicado asiduamente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El resultado global puede ser descrito de la siguiente manera. La construcción  de la modernidad técnico-económica en medio de una cultura autoritaria  y colectivista concentra todos los esfuerzos en los instrumentos para construir  la sociedad industrializada y desestima una consciencia crítica con relevancia  política. Y en relación con la problemática ecológica y demográfica, esto  significa que se facilita la trivialización de la contaminación ambiental,  se ve con optimismo algo ingenuo la situación de los recursos naturales  y se considera innecesaria toda reducción de la tasa de incremento demográfico.  El ideal de un progreso perenne es fomentado porque satisface requerimientos  psíquicos elementales y por ello inevitables en todos los hombres: la seguridad  de haber encontrado su lugar en el cosmos, la superación de las dudas y  los conflictos, la justificación de decisiones dolorosas e inciertas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Parecería, por otra parte, que la constelación actual es favorable a enfoques  teóricos abiertos, antidogmáticos y de mayor capacidad explicativa para  aprehender la variopinta y compleja situación de nuestro planeta, sobre  todo del Tercer Mundo. Pero esto es verdad sólo parcialmente. Al lado de  la caída del dogmatismo evolutivo surgieron deleznables corrientes dedicadas  a estudiar con mucha profundidad e igual celo unos detalles insignificantes,  a atribuir una relevancia casi mágica a hechos secundarios y, en el fondo,  a celebrar lo trivial y baladí. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Un enfoque intermedio</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La <I>teoría crítica de la modernización</I> quiere seguir un camino intermedio.  No admite un solo precepto organizador o una visión unitaria del mundo  social (7); trata más bien (a) de poner en cuestión los paradigmas teóricos  que subyacen a todo monismo, es decir al postulado de una unidad primigenia  de todos los fenómenos y, <I>simultáneamente,</I> (b) de postular algunas hipótesis  críticas acerca de decursos evolutivos válidos para numerosos casos. Las  experiencias del siglo XX parecen indicarnos que la historia no obedece  a ningún plan premeditado, obligatorio y universal; no hay soluciones políticas  o científicas de validez general; la libertad no puede suprimirse en nombre  de abstracciones, por más nobles que éstas parezcan; no se debe sacrificar  la suerte de una generación en aras de la presunta felicidad de edades  futuras. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero estas ideas deben ser confrontadas con los nuevos sistemas que propugnan  la irrelevancia de todo esfuerzo teórico, la igualdad de cualquier ocurrencia  intelectual y la inconmensurabilidad (es decir: la impenetrabilidad) de  las culturas extra-europeas. La teoría crítica de la modernización pretende  encontrar un equilibrio entre ambas tendencias, basada en un racionalismo  no dogmático mitigado por un pesimismo alimentado por las vivencias y las  desilusiones de una época atroz. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Precisamente el análisis de las monstruosidades del siglo XX parece apoyar  las siguientes convicciones provisorias de una teoría crítica de la modernización:  un claro escepticismo ante la dominación del mundo contemporáneo por la  tecnología (la crítica de la razón instrumentalista), la desconfianza frente  a los decursos evolutivos obligatorios y a las presuntas bondades del desarrollo  acelerado, y finalmente la concepción de que los valores estéticos, contenidos  sobre todo en la literatura y en el arte, permiten un conocimiento tan  veraz y genuino como la filosofía y la ciencia. Esto ayuda a evitar dos  extremos: el suponer que la realidad se reduce a lo inmediato, externo  y cuantificable según datos estadísticos y el afirmar que la dimensión  del presente y de la experiencia empírica es algo deleznable, efímero,  superficial y sin mucha relevancia. La devaluación de la historia no llega  a convencer plenamente, como tampoco la creencia en leyes evolutivas y  en metas inevitables y positivas del desarrollo humano. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Debemos reconocer la importancia del enfoque genético-crítico para comprender  las transformaciones de cualquier sociedad, pero hay que complementar este  método mediante una sana desconfianza con respecto al sentido de toda evolución  de la historia humana. Podemos atribuir un sentido siempre positivo a la  historia si antes admitimos o nos imaginamos un fin <I>(telos)</I> de la misma,  cosa bastante arbitraria y desautorizada por los acontecimientos del siglo  XX, sobre todo por Auschwitz e Hiroshima. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por lo tanto: no hay necesidad de devaluar la historia, pero sí las especulaciones  sobre de la misma, ante todo en sus variantes hegeliano-marxista, cristiano-mesiánica  y populista-milenarista, apoyadas o impulsadas por grandes partidos, instituciones  y grupos de poder. No podemos, por ejemplo, establecer una ley general  para explicar todas las revoluciones, pero nos es dable interpretar una  revolución específica partiendo de sus antecedentes, aspectos concomitantes  y consecuencias. Y si la historia humana resulta sin un sentido global,  sin su carácter teleológico y, por ende, sin la certidumbre de constante  progreso, factibilidad y perfeccionamiento, le podemos conferir, a pesar  de todo, un sentido reducido dentro de los límites de nuestra época y existencia. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Además de un análisis genético-histórico el sentido común guiado críticamente  aconseja hoy en día una actitud distanciada con respecto a los logros del  progreso material y, por ende, un análisis profundo del mito contemporáneo  por excelencia: el crecimiento incesante. La problemática del medio ambiente  adquiere entonces una relevancia de primer orden, precisamente en conexión  con el Tercer Mundo. El libro pionero de Dennis L. Meadows: <I>The Limits  to Growth </I>(8), emerge como innovador e importante a causa de su enfoque.  En lugar de presuponer, como casi todas las teorías, que la naturaleza  y sus recursos son casi ilimitados y están al servicio del desarrollo,  este estudio invierte los términos en forma realista y se pregunta por  las consecuencias de un desarrollo perenne a la vista de recursos finitos  y de una degradación gigantesca del medio ambiente, motivada precisamente  por el progreso material y sus secuelas, como el crecimiento demográfico  en el Tercer Mundo (parcialmente aun de orden exponencial), que se debe  también a mejoras en la salud e higiene públicas, mejoras ciertamente modestas,  pero de una transcendencia <I>imprevisible</I> en otros ámbitos de la vida social. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Todo esto lleva a una conclusión más o menos clara de genuino sentido común:  en lugar de la abstención de juicios valorativos o la indiferencia ante  los dramas sociales que proclaman muy diversas tendencias, hay que adherirse  a un diagnóstico valorativo y a un principio ético de responsabilidad social  (9). Esto no significa recaer en posiciones partidistas o en doctrinas  radicales de reforma social. Un ejemplo dramático del fracaso intelectual  y político de tales posiciones fue la <I>Teoría de la Dependencia,</I> la contribución  latinoamericana más original y más difundida a las teorías del desarrollo.  Esta teoría no coadyuvó a comprender la realidad del Tercer Mundo y más  bien ha conformado una ideología justificatoria de la industrialización  acelerada y una exculpación de sistemas autoritarios. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La teoría crítica de la modernización es una combinación de la Escuela  de Frankfurt, la ética de la responsabilidad <I>(Hans Jonas),</I> las concepciones  ecologistas y conservacionistas y la llamada <I>teoría norteamericana de la  modernización,</I> representada por conocidos autores de los años 1960-1980,  como <I>Gabriel A. Almond, David E. Apter, James S. Coleman, S. N. Eisenstadt,  Daniel Lerner, Marion J. Levy</I> y otros, influidos todos ellos por los aportes  precursores de <I>Max Weber y Talcott Parsons.</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Todos estos aportes han postulado un <I>continuum</I> tradicionalidad / modernidad  para explicar la evolución del Tercer Mundo en nuestra época: en contraposición  a la doctrina marxista y a sus muchas variantes se puede afirmar que las  sociedades de África, Asia y América Latina no avanzan desde regímenes  feudales o capitalistas hacia modelos socialistas y ulteriormente comunistas,  sino de un estadio marcado por elementos <I>tradicionales</I> (premodernos, pre-industriales,  preburgueses) a otro signado por la <I>modernidad</I> (la civilización industrial  contemporánea). En este tránsito, llamado <I>proceso de modernización,</I> la  propiedad de los medios de producción (y otros caracteres determinantes  socio-históricos según la corriente marxista y la Teoría de la Dependencia)  juega un rol secundario. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El orden tradicional es aquel basado en pautas particularistas de comportamiento,  en el cual la religión, la familia extendida, el origen social de la persona,  las lealtades políticas locales, las jerarquías rígidas y la vida rural-agrícola  conforman los factores decisivos. Es un mundo relativamente simple, fácilmente  comprensible, donde los roles y las profesiones denotan un grado muy bajo  de especialización y diferenciación. El orden moderno, en cambio, es aquel  donde reinan pautas universalistas de comportamiento, donde existe un grado  muy elevado de urbanización, donde la agregación y articulación de intereses  ocurre mediante partidos políticos e instituciones despersonalizadas, donde  predomina un alto nivel de consumo masivo, donde prevalecen  <I>presuntamente</I>   jerarquías abiertas basadas sólo en el principio de rendimiento y donde  se halla una estructura productiva altamente industrializada. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El tránsito de un orden al otro es medible según criterios tales como el  consumo de energía, el ingreso promedio <I>per capita,</I> las tasas de urbanización,  alfabetismo y escolaridad y muchos otros indicadores cuantificables. Según  la teoría norteamericana de la modernización, la mayoría de los países  del Tercer Mundo se hallaría  en diferentes grados y estadios  entre los  polos fijados por los conceptos de tradicionalidad y modernidad. Esta última  estaría encarnada en las naciones industrializadas de Europa Occidental  y América del Norte; a este tipo de modernidad se le atribuyen además otras  cualidades, como ser un carácter histórico paradigmático y ejemplar, la  conjunción de progreso y libertad, alta capacidad de adaptación e integración  y la consecución efectiva de una democracia plena. Precisamente esta combinación  de cualidades positivas debe ser cuestionada por un sentido común orientado  críticamente, labor que ya ha sido desempeñada por importantes corrientes  de la filosofía y las ciencias sociales, como la Escuela de Frankfurt. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La teoría crítica de la modernización supone que la evolución contemporánea  del Tercer Mundo puede ser interpretada como un proceso de modernización,  moviéndose entre los polos de la tradicionalidad y modernidad. Pero circunscribe  este modelo explicativo a la segunda mitad del siglo XX y no le otorga  la característica de obligatoriedad. No se reconoce la vigencia de leyes  forzosas de evolución histórica. Acepta la determinación de tradicionalidad  y modernidad como los polos aproximados de un gran desarrollo de acuerdo  con los rasgos distintivos y los indicadores recién mencionados para medirlos  cuantitativamente, pero rechaza enfáticamente la identificación de modernidad  con democracia o, aun peor, la equiparación de modernidad con una razón  substantiva de carácter mundial. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El espectacular desarrollo actual del Primer Mundo no debe ser considerado  como la encarnación práctica de la razón universal. Con respecto a la última  meta normativa, representada por las sociedades del Norte, la teoría crítica  de la modernización comparte los análisis de la Escuela de Frankfurt en  torno a los fenómenos de alienación, denegando a la modernidad las bondades  enteramente positivas que le atribuye la teoría convencional norteamericana. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Demasiado conocidas son las patologías sociales vinculadas a la modernidad  en su etapa contemporánea, sobre todo en el Tercer Mundo, para repetirlas  aquí otra vez; basta recordar la desaparición de criterios morales, con  amplia vigencia normativa, para hacerse una idea de la magnitud de la pérdida  que experimentan muchas sociedades en transición, pérdida que se expresa,  por ejemplo, en el aumento exponencial de la criminalidad y de comportamientos  anómicos, que a menudo terminan en el terrorismo. Aun en el caso de que  esta transición de lo tradicional a lo moderno aparezca como históricamente  inevitable, no es tarea del sentido común guiado críticamente el justificar  y cohonestar este decurso evolutivo como algo simultáneamente bueno y necesario. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>La decisiva segunda mitad del siglo XX</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El espacio temporal durante el cual tendría validez la teoría crítica de  la modernización corresponde más o menos a la época posterior a la Segunda  Guerra Mundial. Durante siglos o milenios han ocurrido enormes cambios  en Asia, África y América Latina: desde invasiones militares hasta alteraciones  tecnológicas, pasando por el florecimiento de notables culturas autóctonas.  Pero el “desarrollo” que tiene lugar a partir aproximadamente de 1950 sobrepasa  todo lo anterior de manera cuantitativa y cualitativa: en pocas décadas  se produce un crecimiento demográfico absolutamente inusitado en la historia  de todos aquellos pueblos; la destrucción del medio ambiente, posibilitada  por la importación de modernas tecnologías, ha sido algo prácticamente  desconocido, sobre todo bajo la actual forma de su ritmo vertiginoso de  expansión. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los procesos de urbanización e industrialización que ocurren a partir de  la Segunda Guerra Mundial transforman a las diversas sociedades del Tercer  Mundo, dejando pocos resquicios totalmente libres del furor modernizante.  La identidad colectiva de todas ellas se halla sumida en algún tipo de  cambio acelerado o crisis. Es verdad que gran parte de este proceso acelerado  de cambio atañe la esfera técnico-económica, dejando de lado el ámbito  ideológico, cultural y familiar, pero, en conjunto, las modificaciones  y los traumas vinculados al proceso de modernización han convertido a las  sociedades del Tercer Mundo en algo substancialmente distinto de lo que  existía en esos territorios hasta la primera mitad del siglo XX. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero paralelamente hay que cuestionar la idea central del relativismo histórico  que presupone que todos los periodos de la evolución humana están igualmente  cercanos (o lejanos) de Dios, es decir que no se puede establecer jerarquías  y gradaciones cualitativas entre los periodos históricos. No se puede postular  leyes obligatorias del desarrollo evolutivo ni tampoco metas normativas  del mismo (como las decretadas por todas las doctrinas marxistas, socialistas  y afines), pero sí se puede y se debe comparar épocas y fases históricas  entre sí y establecer sus bondades y desventajas de acuerdo a criterios  racionalmente establecidos. En este contexto salta a la vista que ciertos  periodos históricos han tenido mayor relevancia que otros. <I>Sir Eric J.  Hobsbawm </I>escribió sobre la segunda mitad del siglo XX: “Desde 1950 hemos  vivido quizá las mayores transformaciones sociales y culturales de todos  los tiempos y pocos dudarán de que se derivan de los avances económicos  y tecnocientíficos” (10). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aunque esta opinión puede parecer exagerada, su validez resalta claramente  si es aplicada al Tercer Mundo. En efecto: a partir de aproximadamente  1960 la mayoría de los estados de Asia, África y América Latina ha experimentado  un cambio cualitativo que es único en el curso de toda su historia. Estos  países conocieron una gran cantidad de acontecimientos de todo tipo  como  las otras áreas geográficas , pero pocos cambios profundos de sus estructuras  básicas. En el último medio siglo, empero, han pasado de ser sociedades  rurales, poco diferenciadas interiormente y con valores de orientación  determinados por sus propios legados culturales, a ser naciones mayoritariamente  urbanas, con estructuras sociales altamente complejas, muchas de ellas  industrializadas e influidas por el modelo civilizatorio occidental. En  cuanto a alteraciones de su medio ambiente, su demografía y la apertura  de sus territorios, los cambios acaecidos en los últimos cincuenta años  significan una era totalmente nueva y distinta. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero estos cincuenta años de desarrollo acelerado, sin precedentes en la  historia universal, conocen también sus lados francamente negativos. A  comienzos del siglo XXI varios estados del Tercer Mundo (China, India,  Corea del Sud, Brasil, México, etc.) se han convertido en grandes potencias  industriales (11). Su producción manufacturera es notable y de la más variada  índole, y sus progresos tecnológicos han resultado admirables. En estos  países la movilidad social tiene un grado considerable; la esperanza de  vida es mucho mayor que antes. El acceso a todos los niveles educativos  se ha democratizado fuertemente. Y, sin embargo, estos países no constituyen  necesariamente sociedades con una calidad de vida más elevada y más razonable  que a mediados del siglo XX. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La realidad cotidiana en Asia, África y América Latina se halla hoy en  día signada por factores como la contaminación ambiental, la pérdida de  tiempo por congestiones de tráfico, el aire irrespirable, la impresionante  acumulación de basura en los mejores barrios, la destrucción de todo lo  verde, la criminalidad alarmante y la pérdida de la identidad de las ciudades  y hasta de los ciudadanos. Los costes de la modernización han subido tanto  en estas naciones que mucha gente se pregunta si vale la pena “subirse  en estos términos al carro de la modernidad. Al punto que los términos  de modernización y calidad de la vida aparecen cada vez más, en las evaluaciones  silenciosas que hacemos todos, como términos en conflicto” (12). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el Tercer Mundo las aglomeraciones urbanas  de una fealdad proverbial   abarcan dilatadas barriadas donde imperan parcialmente el crimen y las  drogas. El ciudadano común y corriente pierde una parte importante de su  tiempo en problemas de transporte, en trámites burocráticos enrevesados  y superfluos y en una lucha despiadada contra el prójimo. La distancia  entre los más pobres y los más ricos es mucho mayor que hace medio siglo;  en lugar de las antiguas diferencias de rango y origen hoy el dinero es  el criterio que define claramente las capas sociales, y que las separa  de modo brutal. Dentro de poco el bosque tropical será un mero recuerdo  literario. La desertificación de una buena porción del territorio del Estado  respectivo es ya un problema cotidiano. Hasta se puede aseverar que, a  largo plazo, la esperanza de un mejoramiento permanente del nivel de vida  se podría revelar como ilusoria ante la dilapidación irresponsable de los  recursos naturales, pero también a causa de la acrecentada anomia socio-política. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Autonomía versus imitación</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la mayoría de los procesos de modernización en el Tercer Mundo se puede  advertir la carencia de metas normativas genuinamente originales: lo que  se pretende alcanzar es una reproducción  relativamente mediocre  de lo  ya logrado en las naciones metropolitanas del Norte. Esta modernización  imitativa es parcial, acrítica y de carácter instrumentalista: se copian  los aspectos técnico-económicos y se descuidan los científico-culturales.  Se da suma importancia, por ejemplo, a la industrialización y a la modernización  de los transportes y las comunicaciones, pero se desatiende al mismo tiempo  la problemática ecológica, la conformación de una consciencia crítica colectiva  y la instauración de una cultura política democrática. Las sociedades sumidas  en este tipo de modernización imitativa tienen pocas de las ventajas y  casi todas las desgracias de las naciones altamente industrializadas del  Norte: sus grandes ciudades poseen un tráfico más denso y caótico, una  atmósfera más contaminada, unos servicios públicos más deficientes, una  criminalidad más elevada, edificios más feos... y muchos menos testimonios  culturales, posibilidades de recreación e institutos científicos que las  aglomeraciones urbanas de magnitud comparable en Europa o Norteamérica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por estos motivos hay que propugnar un cierto escepticismo (que no debe  ser entendido como un rechazo total) frente a los fenómenos de crecimiento  y desarrollo, que ahora gozan del aura de lo mágico, pero que pueden llevar  consigo los gérmenes del irracionalismo y la regresión. Esto último puede  detectarse claramente en variados intentos de modernización acelerada,  que bajo programas socialistas o nacionalistas, se consagraron a una industrialización  forzada dirigida casi exclusivamente por el Estado, cercenando premeditadamente  las libertades públicas y los derechos humanos. El argumento usual ha sido  que éstos y aquéllas provienen de un origen “burgués” y europeo occidental  (por lo tanto: ajeno al acervo nacional respectivo) y que en la praxis  sólo sirven para disgregar una comunidad e impedir la imprescindible unidad  de todos los esfuerzos y las energías en pro de un experimento de rápida  modernización. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Se puede aseverar, por consiguiente, que en el Tercer Mundo el socialismo  ha sido sobre todo una estrategia de modernización acelerada, pero una  fallida: sus mediocres resultados económicos concuerdan irónicamente con  su desgastada y devaluada ideología revolucionaria. El proceso imitativo  de modernización puede consolidar una cultura política pre-existente de  autoritarismo: el fundamentalismo islámico se ha distinguido por una utilización  virtuosa de muchas tecnologías occidentales en los campos de la comunicación,  el armamento y la manipulación de masas y, al mismo tiempo, por la preservación  de las porciones más reaccionarias del legado musulmán. Y, además, como  en otras culturas, se puede advertir que algunos dogmas centrales con gran  relevancia práctico-política actual son <I>tradiciones inventadas</I> para usos  profanos del día (13). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Conclusiones provisorias</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Se puede inferir, entonces, que los procesos de modernización son esencialmente  ambivalentes y no siempre significan mayores libertades, un nivel de vida  más alto o un futuro más seguro para los pueblos inmersos en ellos. Esto  lleva a ver con otros ojos el régimen premoderno. Sólo después de haber  experimentado las calamidades inherentes a la modernidad se puede apreciar  las relativamente pocas ventajas del orden tradicional (14). La seguridad  emocional que brinda un sistema social con valores normativos sólidos,  el calor humano y hasta la protección económica asociadas a la familia  extendida, el respeto al medio ambiente natural (así sea por falta de una  tecnología apropiada para “aprovechar” a fondo los recursos), una estética  pública de innegable buen gusto y un ritmo de vida apacible (debido, entre  otras cosas, a una densidad demográfica razonablemente baja), constituyen  ejemplos de lo positivo que encierran aun las estructuras premodernas (15). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No hay que olvidar, por ejemplo, la función muy razonable de la religiosidad  genuina al contraponerse a la idolatría moderna (Estado, partido, consumo,  deporte, etc.) y, como dijo <I>Hans Küng,</I> la libertad que la religión brinda  al ser humano al no admitir ningún otro absoluto que no sea Dios (16).  No hay que perder de vista, empero, todo lo negativo que el orden tradicional  puede abarcar: la tiranía de lo provinciano y pueblerino, las barreras  casi infranqueables entre los estratos sociales, los métodos odiosos para  controlar a los individuos, la miseria de las masas (fenómeno de una apabullante  uniformidad a través de todo el planeta), las más diversas formas de autoritarismo  y la debilidad e ineficiencia de las estructuras estatales (17). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En conclusión: lo criticable es lo siguiente. Numerosos regímenes en Asia,  África y América Latina pretenden establecer modelos <I>autónomos</I> de desarrollo  (la identidad colectiva está a menudo basada en un curioso pero vano designio  de originalidad), pero después de todo se limitan a <I>imitar</I> los paradigmas  occidentales de evolución, con especial énfasis en sus aspectos técnico-económicos.  Este tipo de análisis se basa en los diversos esfuerzos teóricos ya existentes  para examinar los procesos de modernización mediante las herramientas de  las ciencias sociales contemporáneas, pero también en una revalorización  parcial de los valores premodernos y en una visión escéptica en torno al  mito del progreso perpetuo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Según el sentido común orientado críticamente todo esto no significa conceder  una preeminencia total a la diversidad, es decir: declarar la inconmensurabilidad  de todos los modelos civilizatorios entre sí, o negar gradaciones o jerarquías  evolutivas entre ellos, o declarar que todo progreso histórico es un fenómeno  totalmente aleatorio. La cultura surgida en Europa Occidental a partir  del Renacimiento tiene una característica distintiva con respecto a todas  las otras, lo que constituye un inmenso avance positivo: la modernidad  occidental está basada en el principio de crítica y autocrítica, lo que  genera un movimiento incesante que cuestiona todo dogma, opinión y resultado  (18). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> O sea: en este caso no es razonable hablar de la igualdad liminar de todas  las culturas en un mar de diversidades donde sería imposible  e injusta   una jerarquización y gradación de las mismas. Existe un interesante paralelismo  en la filosofía y las ciencias sociales. Si nos atenemos únicamente a los  criterios de fundamentación y validación que parecen responder a los principios  de la diversidad y la contingencia  la deconstrucción, la genealogía, la  narrativa en cuanto ciencia , nos ponemos por debajo del nivel de argumentación  y diferenciación que se ha alcanzado laboriosamente en el desenvolvimiento  del pensamiento científico y perdemos a la larga, como dijo <I>Jürgen Habermas,</I>  la credibilidad que han construido la filosofía y las ciencias sociales  durante siglos (19). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los efectos de utilizar sólo los criterios derivados de la diversidad e  incomparabilidad de los modelos civilizatorios nos hacen perder de vista  precisamente las diferencias entre lo razonable y lo condenable de todo  régimen político y de todo fenómeno cultural. También la concepción representada  por los pensadores postmodernistas (inspirada por <I>Arthur Schopenhauer</I> y  <I>Friedrich Nietzsche,</I> desarrollada por <I>Michel Foucault</I> y perfeccionada por  los <I>estudios culturales, postcoloniales y subalternos),</I> es decir la opuesta  a la ahora llamada convencional o clásica, merece ser relativizada a su  vez, pues ella induce a suponer que todas las variantes de la evolución  humana son inconmensurables e incomparables entre sí: ninguna mejor o superior  o más adelantada que otra. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No sólo las insuficiencias manifiestas de las concepciones postmodernistas  nos obligan a un renovado esfuerzo teórico, sino, ante todo, la evolución  sociopolítica de las últimas décadas, los efectos del fundamentalismo y  del nacionalismo exacerbados y el cuestionamiento de la democracia y del  racionalismo occidentales. Si analizamos la realidad política e institucional  de innumerables países del Tercer Mundo en base a conocimientos empíricos  asegurados, si utilizamos criterios comparativos usuales en ciencias sociales,  si nos dejamos influir por reflexiones éticas y si aplicamos los criterios  de un <I>common sense</I> guiado críticamente, nos percatamos de la necesidad  de realizar juicios de valor, calificando claramente bondades y desventajas  de las distintas etapas históricas y de los diferentes modelos civilizatorios. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aunque no existe, obviamente, una respuesta definitiva a ninguna cuestión,  el sentido común guiado críticamente nos puede brindar una imagen aproximada  de los límites del fenómeno a investigar, una orientación plausible en  la jungla de las interpretaciones antagónicas y un juicio valorativo aceptable  en torno a los fenómenos de la evolución histórica (20). El <I>sensus communis</I>  ha representado a menudo los prejuicios predominantes de una época y su  conformidad con las estructuras vigentes del poder. Pero en Gran Bretaña  se conformó desde el siglo XVII un <I>common sense</I> controlado por una opinión  pública pluralista y más o menos bien informada, basado en conocimientos  empíricos y en el arte de experimentar, que desconfiaba de los grandes  sistemas y de los credos dogmáticos. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La diversidad de posiciones que surgió de aquella constelación representó  en sus primeros tiempos sólo un pluralismo tolerado de convicciones, que  posteriormente se consolidó en una actitud probatoria, autocrítica y autorreflexiva,  enriquecida por la inclusión de criterios morales. De acuerdo a <I>Sir Isaiah  Berlin,</I> la tolerancia se convirtió en una virtud cuando los contendientes  se dieron cuenta de la imposibilidad de conciliar credos dogmáticos de  igual equivalencia entre sí y, al mismo, de la improbabilidad de un triunfo  completo de uno sobre el otro. Los que querían sobrevivir tuvieron que  aprender a convivir con el “error” ajeno. Gradualmente descubrieron los  méritos en la diversidad fáctica de opiniones, y hasta se volvieron escépticos  en cuanto a soluciones definitivas en los asuntos humanos (21). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una teoría crítica de la modernización tiene necesariamente que consagrar  esfuerzos analíticos a los temas que el <I>mainstream</I> de moda en las ciencias  sociales y políticas deja de lado en el Tercer Mundo: lo negativo que está  implícito en la pérdida de las creencias religiosas y en la desestructuración  de la familia tradicional, los aspectos problemáticos de toda modernidad,  las amenazas ecológicas y demográficas vinculadas al progreso, el sinsentido  de la vida consagrada al consumo (22). Un desarrollo económicamente exitoso  no conlleva de manera automática una expansión (ni menos la consolidación)  de prácticas democráticas; los ingresos acrecentados provenientes de ciertos  recursos naturales pueden, por ejemplo, reforzar antiguas pautas de comportamiento  como el rentismo, el clientelismo y el autoritarismo que vienen de muy  atrás y darles así un atractivo barniz de modernidad (23). Estos son ejemplos  de lo que hay que estudiar de acuerdo a un sentido común guiado críticamente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hay que exponerse al riesgo del error si se quiere expresar algo que sea  relevante; la insistencia en afirmar la corrección de lo irrelevante, dijo  Theodor W. Adorno, es uno de los síntomas de una consciencia regresiva  (24). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Notas</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. Jorge Graciarena, <I>Desarrollo y política,</I> en: Fernando Henrique Cardoso  / Francisco Weffort (comps.), <I>América Latina: ensayos de interpretación  sociológico-política,</I> Santiago: Editorial Universitaria 1970, p. 298 sq. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. Torcuato S. Di Tella, <I>Populism and Reform in Latin America,</I> en: Claudio  Véliz (comp.), <I>Obstacles to Change in Latin America,</I> Londres etc.: Oxford  U. P. 1965, p. 48. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. Raúl Prebisch, <I>El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus  principales problemas,</I> México: FCE 1950, pp. 19-23. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. Cf. el interesante ensayo que no ha perdido vigencia: Uwe Simson, <I>Typische  ideologische Reaktionen arabischer Intellektueller auf das Entwicklungsgefälle</I>  (Reacciones típicas de intelectuales árabes ante las diferencias en el  desarrollo) en: René König (comp.), <I>Aspekte der Entwicklungssoziologie</I>  (Aspectos de la sociología del desarrollo, entrega especial Nº 13 de KÖLNER  ZEITSCHRIFT FÜR SOZIOLOGIE UND SOZIALPSYCHOLOGIE (Colonia), vol. 1969,  p. 147. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5. Cf. Darcy Ribeiro, <I>Der zivilisatorische Prozess</I> (El proceso civilizatorio),  Frankfurt: Suhrkamp 1971, p. 168. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. Sobre esta temática cf. Jung Chang / Jon Halliday, <I>Mao. Das Leben eines  Mannes, das Schicksal eines Volkes</I> (Mao. La vida de un hombre, el destino  de un pueblo), Munich: Blessing 2005; Wolfgang Kubin, <I>Land ohne Gedächtnis</I>  (País sin memoria), en: DIE POLITISCHE MEINUNG (Sankt Augustin), vol. 52,  Nº 446, enero de 2007, pp. 10-12. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. En este sentido algunos escritores han realizado una labor pionera: aquellos  que persiguen simultáneamente varios fines, a menudo no relacionados entre  sí o hasta contradictorios. Decía <I>Sir Isaiah Berlin</I> que los escritores  pueden clasificarse en zorros y erizos: “El zorro sabe muchas cosa, pero  el erizo sabe una gran cosa”. (Berlin, <I>Pensadores rusos,</I> México: FCE 1980,  p. 69 sq., 92 sq.). Hoy en día son los zorros los que cuentan con las simpatías  generales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. Dennis L. Meadows et al., <I>The Limits to Growth,</I> New York: Universe Books  1972. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. La teoría crítica de la modernización propugna una visión ético-social  como la desarrollada por Hans Jonas, <I>Das Prinzip Verantwortung. Versuch  einer Ethik für die technologische Zivilisation</I> (El principio de responsabilidad.  Ensayo de una ética para la civilización tecnológica), Frankfurt: Suhrkamp  1984, passim. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. Eric J. Hobsbawm, <I>Sobre la historia,</I> Barcelona: Crítica 2002, p. 81, 256.  Sobre el “gran salto adelante, extraordinario, inaudito y sin parangón”,  que significó el tercer cuarto del siglo XX, cf. ibid., p. 237. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11. Cf. Manfred Mols, <I>Ostasiens Grenzen in der Globalisierung</I> (Las limitaciones  de Asia Oriental en la globalización), en: KAS-AUSLANDSINFORMATIONEN (Berlin),  vol. 20 (2004), Nº 3, pp. 4-25; Manfred Mols, <I>Probleme und neue Herausforderungen  in Ost- und Südostasien</I> (Problemas y nuevos retos en Asia Oriental y Sudoriental),  en: KAS-AUSLANDSINFORMATIONEN, vol. 22 (2006), Nº 5, pp. 21-46. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12. Martin Hopenhayn, <I>Respirar Santiago</I>, en: NUEVA SOCIEDAD (Caracas), Nº 136,  marzo/abril de 1995, p. 51. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13. Hans Küng, <I>Der Islam. Geschichte, Gegenwart, Zukunft</I> (El Islam. Historia,  presente, futuro), Munich: Piper 2006, p. 334. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14. Para una distinción entre diferentes formas de tradición y autoridad (y  prejuicios), cf. Mariflor Aguilar Rivero, <I>Confrontación, crítica y hermenéutica.  Gadamer, Ricoeur, Habermas,</I> México: UNAM / Fontamara 1998, p. 136 sq. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15. El desarrollo más brillante se manifiesta a veces como un regreso a niveles  de vida que habían existido antes de los grandes procesos de urbanización  e industrialización, como puede comprobarse en muchos países latinoamericanos  y sobre todo africanos comparando el nivel de ingresos, la seguridad ciudadana  y la situación ecológica de 1950 y los datos de fenómenos comparables a  comienzos del siglo XXI.- Algunas ideas sugerentes en: Tielman Schiel,  <I>La idea de la modernidad y la invención de la tradición: cómo la universalidad  produce la particularidad y viceversa,</I> en: Edgardo Lander (comp.), <I>Modernidad  y universalismo,</I> Caracas: Nueva Sociedad / UNESCO 1991, p. 64 sqq. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16. Hans Küng, op. cit. (nota 13), p. 707.- Sobre el comportamiento más solidario  de los creyentes con relación a los no creyentes, cf. Andreas Püttmann,  <I>Die neue Relevanz des Glaubens</I> (La nueva relevancia de la creencia), en:  DIE POLITISCHE MEINUNG, vol. 51, Nº 444, noviembre de 2006, pp. 57-62.  Sobre la significación de los credos religiosos para la fundamentación  de la moral cf. Jürgen Habermas, <I>Die Einbeziehung des Anderen. Studien  zur politischen Theorie</I> (La inclusión del otro. Estudios sobre teoría política),  Frankfurt: Suhrkamp. 1999, p. 50 sq. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17. Cf. Patricia Crone, <I>Pre-Industrial Societies,</I> Oxford: Blackwell 1989, capítulo  3. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18. Dieter Senghaas, <I>Zivilisierung wider Willen. Der Konflikt der Kulturen  mit sich selbst</I> (Civilización en contra de la propia voluntad. El conflicto  de las culturas con ellas mismas), Frankfurt: Suhrkamp 1998, p. 217. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19. Habermas, <I>Metaphysik nach Kant</I> (Metafísica después de Kant), en: Habermas,  <I>Nachmetaphysisches Denken. Philosophische Aufsätze</I> (Pensamiento postmetafísico.  Ensayos filosóficos), Frankfurt: Suhrkamp 1992, p. 25 sq. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20. Sobre el sentido común en la filosofía de <I>Antonio Gramsci</I> cf. Nazareno  Bravo, <I>Del sentido común a la filosofía de la praxis. Gramsci y la cultura  popular,</I> en: REVISTA DE FILOSOFIA (Maracaibo), Nº 53, mayo-agosto de 2006,  pp. 59-75. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 21. Isaiah Berlin, <I>The Originality of Machiavelli,</I> en: Berlin, <I>Against the  Current. Essays in the History of Ideas,</I> Londres: Hogarth 1980, p. 78. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 22. Temas abordados con deplorable tibieza por Anthony Giddens, <I>Un mundo desbocado.  Los efectos de la globalización en nuestras vidas,</I> Buenos Aires: Taurus  / Alfaguara 2000, passim. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 23. Oliver Schlumberger, <I>Rents, Reform, and Authoritarianism in the Middle  East,</I> en: INTERNATIONALE POLITIK UND GESELLSCHAFT (Bonn), vol. 2006, Nº  2, pp. 43-57. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 24. Theodor W. Adorno, <I>Negative Dialektik</I> (Dialéctica negativa), Frankfurt:  Suhrkamp 1966, p. 170. </FONT></P>       ]]></body>

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