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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El síndrome del cerebro descalificado -redivivo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The ¨dysqualified¨ brain syndrome. The author describes a hitherto undescribed syndrome which affects the modern physician and his/her relationship with patients and their diseases. He postulates that the morbid entity takes its origin from the doctor’s submission to the ¨Machine Deity¨ to whom he concedes, among other attributes, those of omnipotence and omniscience. As a result of this fantasy, physicians frequently ¨disqualify¨ his/her brain,and abdicate their clinical judgment in its favor with the ensuing disservice to their patients. As an illustration of such condition, the difficulties of several patients are presented, whose diagnostics were abusive, erroneous or delayed due to deficient clinical histories.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Historia clínica]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">El síndrome del cerebro  descalificado —redivivo—</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana">Dr. Rafael Muci-Mendoza<sup>1</sup></font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Descalificar: Desacreditar,  desautorizar o incapacitar. Diccionario de la Lengua  Española. Vigésima Segunda Edición. 2001</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1 Individuo de Número Sillón IV.  Conferencia dictada en la Reunión Ordinaria de la Academia Nacional de Medicina  del jueves 2 de julio de 2009.Cátedra de Clínica y Terapéutica Quirúrgica “A”.  Escuela “José María Vargas”. Facultad de Medicina. Universidad Central de  Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">RESUMEN</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se describe una nueva patología  nostra—de nosotros los médicos—un nuevo síndrome que afecta al médico moderno  en su relación con sus pacientes y enfermedades. Se postula que el ente mórbido  toma su origen en la servil sumisión del facultativo ante la ¨Deidad Máquina¨ a  quien concede, entre otros atributos, omnisciencia y omnipotencia. Como resultado  de su fantasía, con mucha frecuencia ¨descalifica su cerebro¨ y abdica su juicio  clínico a favor de los dictados erróneos de aquella, con el consiguiente  perjuicio para el paciente. Como ilustración de la condición se narran las  vicisitudes de algunos enfermos y el tortuoso camino del diagnóstico de sus  condiciones patológicas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Palabras clave:</b> Historia  clínica. Tecnología médica.Eventración abdominal. Ptosis palpebral  congénita.Enfermedad de Takayasu. Regeneración aberrante primaria óculomotora.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">SUMMARY</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">The ¨dysqualified¨ brain  syndrome. The author describes a hitherto undescribed syndrome which affects the  modern physician and his/her relationship with patients and their diseases. He  postulates that the morbid entity takes its origin from the doctor’s submission  to the ¨Machine Deity¨ to whom he concedes, among other attributes, those of  omnipotence and omniscience. As a result of this fantasy, physicians frequently  ¨disqualify¨ his/her brain,and abdicate their clinical judgment in its favor  with the ensuing disservice to their patients. As an illustration of such  condition, the difficulties of several patients are presented, whose diagnostics  were abusive, erroneous or delayed due to deficient clinical histories.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b></b><font size="2" face="Verdana"><b>Key words:</b>  Clinical history. Medical technology.Abdominal eventration. Congenital palpebral  ptosis.Takayasu’s arteritis. Primary aberrant oculomotor regeneration.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">INTRODUCCIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existen ¨patologías nostras¨  que no conciernen a la ubicación geográfica de la patología ni a su localización  en algún nicho ecológico que conozcamos, sino a nosotros mismos, los médicos,&nbsp;  en nuestra relación con el ejercicio de la medicina y nuestros pacientes. En  1986 publicamos en la revista Neurología en Colombia, un artículo con similar  título, ¨El síndrome del cerebro descalificado¨ (1); esta vez,deseamos  resucitarlo y ampliar sus alcances.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Quizá nunca fue más difícil el  ejercicio de la medicina como en esta era de creciente complejidad y supersónico  avance tecnológico en los diversos campos de la vida y del saber médico.  Parecería una paradoja el decir que esto ocurre, precisamente hoy día, cuando se  ha descifrado el genoma humano; cuando se han desentrañado o casi llegan a  conocerse las intimidades genéticas, infecciosas, bioquímicas y hasta  moleculares de muchos cuadros nosológicos, antes confusos o imbricados; cuando  la tecnología ha puesto a nuestro alcance instrumentos que nos permiten escrutar  la anatomía mórbida del dolido desde el afuera sin la necesidad de autopsia;  cuando maravillosas drogas se han multiplicado determinando que enfermedades que  antes conducían al paciente a la muerte, puedan hoy ser vencidas, y recientes  descubrimientos, avizoran el advenimiento de la ¨bala mágica¨ de que hablara  Paul Ehrlich (1854-1915): el desarrollo de sustancias químicas que  específicamente identifiquen y destruyan gérmenes y células tumorales careciendo  de efectos dañinos al resto de las células del cuerpo del paciente; cuando la  cirugía, la microcirugía y la robótica han logrado proezas insospechadas; cuando  la telemedicina nos permite consultar ¨aquí y ahora¨ el caso de nuestro paciente  investigando la bibliografía o directamente comunicándonos con especialistas de  relevante talla en otras partes del mundo; en fin, cuando alrededor del enfermo  y su enfermedad, se está constituyendo un andamiaje diagnóstico para sondarle  desde todas las vertientes imaginables. El problema, creemos, radica en la  dificultad de hacernos del buen juicio requerido para usar con mesura e  inteligencia, todo cuanto la técnica nos ofrece, evitando que ésta, a fin de  cuentas, termine por interponerse en forma dañosa, entre nosotros y nuestro  enfermo, desvirtuando así el fin que se persigue.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Si observamos nuestra relación  con las máquinas diagnósticas y las de quienes nos rodean, reconoceremos que  aquellas parecieran tener la virtud de seducirnos con sus imágenes, de atraernos  con su encanto diagnóstico, y lo que es peor, de llevarnos a una sumisión  absoluta, rayana en el servilismo,puesto que como marionetas somos movidas por  ellas. Esta mezcla de admiración y temor, quizá tenga su basamento en una muy  profunda fantasía&nbsp; inconsciente sobre las mismas,  que les endilga omnipotencia, omnisciencia e infinita capacidad analítica, en  detrimento de nuestra propia valía.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Y es que muy poco conocemos de  las máquinas e instrumentos de que nos servimos para diagnosticar a nuestros  enfermos. Como lógico resultado, son muy pocos los que saben bien cómo y cuándo  emplearlas; sus limitaciones —¡curioso, pero también las tienen!—; y las  posibilidades de pasar por alto, como nosotros, la enfermedad que ya ha rebasado  el horizonte clínico; su capacidad para generar ¨falsos positivos¨ y ¨falsos  negativos¨; su potencial para producir dolor, físico o moral, ¡Precisamente, ese  dolor que queremos redimir…!&nbsp; Pareciera que todas ellas, ubicadas  estratégicamente en nuestro entorno, ya hacen innecesario el estudio riguroso y  sistemático del paciente, pues… ¡Son capaces de resolverlo todo! .El problema,  con seguridad, no está implícito a la tecnología, sino en la forma como los  médicos nos estamos relacionando con ella y la estamos empleando: Estamos  abdicando nuestro propio juicio a favor de la sumisión tecnológica, lo que  entraña un grave riesgo para el paciente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">• “A medida que las máquinas  vayan haciéndose más semejantes a hombres, los hombres se irán haciendo más  semejantes a máquinas” - J. Krutch.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;La “imaginología”, con su rimbombante  apelativo de reciente cuño, se nos ha echado encima y pareciera querer  aplastarnos con una jerigonza que pretendemos comprender, pero que si acaso  entendemos a media: “valores de atenuación”, “gantry”, “radionucleido”,  “captación”, “ecogenicidad”, “flair”, etc. Extasiados, observamos las imágenes y  en triste espectáculo, mostramos nuestro convencimiento absoluto de que un  aparato tal, de tanta complejidad y coste, tendría necesariamente que ser más  capaz que nuestro propio cerebro. “Oprima este botón aquí y obtenga el  diagnóstico por allá…” pareciera proclamar la máquina, a diferencia de nuestro  cerebro donde no existen botones que apretar ni luces que se enciendan. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Queda de esta forma configurada  la descalificación o empequeñecimiento de nuestro cerebro ante el monstruo  omnipotente y su guardián, aquél capaz de extraerle sus verdades, vertiéndolas  en un frío informe.Ese, tantas veces redactado en  ignorancia de las quejas y hallazgos físicos del paciente. Ese, que obtenido en  un puñado de minutos, —no siempre por un médico—podrá rápidamente echar por  tierra lo que el clínico en horas, ha tratado de interpretar, relacionar,  construir y poner en orden y en palabras… Y cuando informe en mano, nos  enteramos de su contenido, sentimos gran frustración y rememoramos aquel  encuentro con el paciente, reprochándonos, “Oh, pobre mortal, máquina inexacta  que soy. Yo que sentado frente a él, con lo mejor de mi disposición; el oído  alerta al retintín de la queja conocida y su significado; la vista atenta al  gesto revelador, al signo o síntoma-rector que en un momento todo lo revela; a  la facies típica que denuncia la enfermedad; el olfato dispuesto al ingrato  hedor característico; la palpación exagerada al máximo de su sensibilidad;  intentando interpretar lo que el enfermo me dijo o trató de decirme; fijando  desde entonces, la estrategia para un fructífero examen de depurada semiotecnia;  haciendo un calco mental de lo que por conocido era capaz de reconocer, pero  pensando también en lo desconocido, en lo nunca leído o aprendido, en lo ya  descrito, pero también ignorado… He perdido mi tiempo… he errado… El informe lo  ha echado todo por tierra…” .</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Y es que si antes no sentíamos muy cómodos haciendo  por ejemplo, el diagnóstico de una estenosis mitral por su rico cortejo signológico; de una oclusión carotídea atendiendo a la clínica neurológica, al  estado de los pulsos cervicales y faciales y a los signos oculares, ahora  estamos cada vez más incómodos e inseguros al diagnosticar, y hasta que la  imaginología representada por cualquier aparato, no nos da el “visto bueno”, no  podemos descansar tranquilos. Y hasta estamos dados a aceptar todo un convoy de  exploraciones costosas y aún riesgosas para el paciente, para demostrar lo que  ya, de hecho conocíamos por medios más sencillos; hemos pues, perdido la  confianza en la “madre clínica” que habíamos introyectado muy adentro, humilde y  sin aspavientos, pero imperecedera y realista…</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Sin la menor duda, nuestra  generación está dominada por la Diosa Imaginología… (<a href="#fig1">Figura 1</a>). Somos una  generación de médicos sordos e insensibles que tan sólo vemos cifras de  laboratorio, placas radiográficas o los tonos grises de un ultrasonido.Pero más nos vale meditar, y  prepararnos para ser y enseñar a nuestros discípulos a ser, en todo caso,  médicos ciegos. Sí, médicos ciegos, pero que puedan oír claramente y sin  contaminación la queja del paciente para adentrarnos en su significado. Cuántas  veces nos hemos quedado sorprendidos al ver cómo el motivo de la consulta del  paciente ha sido ignorado una vez que es hospitalizado, cuando un examen  complementario, “de mayor importancia” ha desviado la atención de sus médicos  tratantes por rumbos equivocados. Es como si el paciente nos pidiera le  aliviáramos de la banal molestia de una uña encarnada y egresara intervenido de  una septoplastia y con la uña, objeto de su malestar, aún in situ. Es éste, uno  de los riesgos para el paciente en esta era “morfológicacomplementaria” en que  nos está tocando actuar: El extasiarnos mirando “algo” que nada tiene que ver  con las quejas actuales del enfermo.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Descripción del síndrome en  cuestión.</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Puede definírselo como la  desconfianza del médico, consciente o inconsciente, en sus conocimientos,  aptitudes y destrezas, que le lleva a delegar en una máquina, su capacidad para  establecer o negar el diagnóstico bajo sospecha. Como síndrome bipolar que es,  requiere para su constitución, de un médico inseguro de su arte y de una  máquina, grande o pequeña, con muchos botones, con o sin luces&nbsp;  multicolores, pero provista de dotes de omnisciencia y omnipotencia, capaz de  descubrir en forma mágica lo que el cerebro de aquél no puede, no quiere o no  sabe y cancelar por tanto, cuando le venga en gana, su juicio clínico.El médico presa del síndrome,  pasa por alto que otro mortal opera la máquina e interpreta su magia con ojos no  siempre desprejuiciados o competentes y en ausencia de información clínica, bien  porque el otro no se la envió, bien porque habiéndosela enviado no tiene  conocimientos para interpretarla o simplemente la pasa por alto.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se presenta a escala mundial,  con la característica epidemiológica de una verdadera pandemia, alcanzando por  igual a médicos de centros de alta jerarquía científica y tecnológica, como  aquellos otros que ejercen en la soledad de sus consultorios o en una olvidada  medicatura rural. Guarda una relación inversamente proporcional al grado de  solidez profesional, siendo más frecuente por ende, en aquellos con bases menos  firmes, más endebles.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El terreno necesario para su  presentación es la inseguridad profesional: Una inestable base semiológica y  semiotécnica, una información clínica deficitaria, una carencia de entrenamiento  en la búsqueda de la información necesitada… y la reciente emergencia al mercado  médico de una maravillosa máquina “sabelotodo” que él desconoce totalmente. Es  hija de la ingente necesidad de ¨estar actualizado¨, aunque no se esté; de  ¨saber¨, aunque no se sepa; y de ¨actuar¨, aunque se desconozca en cuál  dirección…</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig1.jpg"></a></font></p>     
<p align="center"><font size="2" face="Verdana">Figura 1. La Diosa  imaginología. La adoración de la máquina. Arq. Rafael Muci-Facchin.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Sus antecedentes son de larga  data y amplio alcance y yacen en el advenimiento de esa patología nostra que  podría definirse como un síndrome carencial de destreza clínica de la que sólo  los médicos somos responsables y que paradójicamente pone en peligro a la  comunidad que servimos. Se inicia en la escuela de medicina durante los años  clínicos de pregrado y persiste en las residencias de posgrado, precisamente  cuando es más fácil aplicar medidas para corregirla; sin embargo, no recibe la  atención que se merece, ha sido ignorada, y cuando se ha aplicado algún remedio,  ha sido inadecuado o en el mejor de los casos temporal.El pecado radica en nosotros,  los profesores, y la resultante es una falla en el entrenamiento de los  aspirantes. Luego vemos que cuando comienzan el primer año del posgrado de  medicina interna —otro tercer año de medicina largo— se destacan graves  faltantes: Los alumnos no son capaces de hacer una historia clínica adecuada, no  encuentran cómo comunicarse e iniciar la anamnesis o diálogo exploratorio, ni  cómo realizar un examen físico de esmerada semiótica, confiable y productivo;  muestran escasa capacidad para razonar e insuficiencia para valorar en forma  crítica la información obtenida y su fin último, condensarla y jerarquizarla en  problemas clínicos; por tanto, no pueden elaborar un plan de trabajo productivo  para alcanzar un diagnóstico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La rapidez y simpleza con la  cual se aproximan al paciente no les permite aprender acerca de la historia  natural de la enfermedad. Para perpetuar la falla de formación, durante ese  período se perfeccionan en algunas malas artes: Aprenden a ordenar todo tipo de  procedimientos complementarios, de laboratorio o instrumentales, desconociendo  la mayoría de las veces cuándo ordenarlos, qué esperar de ellos y cómo  interpretarlos. Por tanto a la final, aprenden a tratar una cifra y no al  paciente a quien pertenece la cifra.Con el correr del tiempo no se  “forma” un médico orientado hacia el paciente, antes bien, se “de-forma” un  médico orientado hacia el examen complementario irreflexivo. Por su parte, los  servicios de salud, sean públicos o privados, conspiran en la distorsión al  forzar al médico a tratar un mayor número de pacientes en un mínimo de minutos y  por el menor salario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las décadas cincuenta y sesenta  cuando iniciamos nuestro entrenamiento, las normas eran claras y precisas:  trabajo incesante, devoción por la obligación, orgullo de ser confiables a toda  prueba y búsqueda de la excelencia. Hoy día, sin embargo, se piden límites en el  horario de trabajo y el orgullo por el cumplimiento del trabajo y el hecho de  ser confiables ha desaparecido casi por completo. Como consecuencia, la planta  profesoral y los alumnos se sienten satisfechos con la mediocridad. Por su  parte, los profesores de hoy día, de la década ochenta en adelante, crecieron en  medio del auge de la moderna tecnología, eso fue cuanto aprendieron, y es todo  cuanto pueden enseñar: mirar al través de la máquina que los esclaviza… (<a href="#fig2">Figura  2</a>).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La medicina moderna,  considerada como una revolución en la práctica, está basada en la tecnología  (low contact, high technology); en ocasiones es una medicina basada en la  ignorancia. De acuerdo a ella, setenta por ciento de las condiciones médicas  pueden ser diagnosticadas y tratadas sin tocar al paciente obteniendo la  información mediante tecnología de punta, mediciones electrónicas e imágenes.  ¿Será esto cierto en ausencia del guiador de la historia clínica? Todo se  complica porque cerca de 93 millones de norteamericanos adultos emplean la  Internet para buscar información acerca de salud. ¿Cómo obtenerla en tan  enmarañada jungla de pareceres no tamizados y en ausencia de un mínimo de  conocimiento médico?.Es por que ello ha surgido una  nueva condición patológica, la cyberchondria o comportamiento hipocondríaco de  los que emplean la red para obtener información de salud.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En esta medicina basada en la  alta tecnología, que debilita la relación médico-paciente, se salta la historia  clínica y el examen cuidadoso, y sobre la única base del motivo de consulta a  secas, se pasa directamente a ordenar una ristra de pruebas que típicamente  incluyen un extenso “perfil de laboratorio” —20 ó 30 pruebas en sucesión—,  ultrasonido, tomografía computarizada y resonancias magnéticas, empleadas todas  para formular el diagnóstico. Se desecha pues esa máxima que reza, “Los  procedimientos complementarios deben usarse como un rifle, no como una escopeta:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Un tiro a la vez y tan preciso  como se pueda”. Esta nueva visión reemplazó a aquella otra basada en el  contacto, una apoteosis de la visión osleriana del arte (high contact, low  technology), es decir, cimentada en una cuidadosa historia clínica seguida de un  examen provechoso e inteligente, dirigidos a encontrar el signo o signos  reveladores, al que seguía una evaluación crítica de los hallazgos. El corolario  era el reconocimiento de cuál examen indicar, si es que alguno estaba indicado.  Y si así era, los más simples eran ordenados de primero. La poca tecnología  existente tenía por objeto verificar nuestra impresión,nunca formularla.</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig2"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig2.jpg"></a></font></p>     
<p align="center"><font size="2" face="Verdana">Figura 2. Esclavitud basada en  la tecnología.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Si es cierto que la tecnología  médica ha aumentado nuestra habilidad para diagnosticar y tratar la enfermedad,  no es menos cierto que ha fomentado entre los médicos la pereza y la indolencia  — especialmente la pereza mental—. El empleo rutinario de la parafernalia médica  sofisticada para diagnosticar determina que los médicos no utilicemos la  “máquina” más sofisticada, complicada y privilegiada que alguna vez hayamos  tenido, nuestro propio cerebro. Antes, luego de una íntima conexión con el ser  humano del paciente, poníamos nuestras ideas en orden antes de ordenar las  exploraciones pertinentes; ahora ordenamos primero las pruebas complementarias  para que ellas generen el diagnóstico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La ecuación que comenzaba a la  cabecera del paciente, ahora ha cambiado a un salón de clases en ausencia del  paciente, en medio de la penumbra&nbsp; con una computadora y un proyector de  imágenes.Por ello necesitamos profesores  que comprendan y transmitan el valor de una buena historia clínica, la  recompensa de un examen esclarecedor, el poder de saber cómo pensar, la  importancia de ser confiables, que empleen el estetoscopio y no un  ecocardiograma para detectar la enfermedad valvular; que empleen el  oftalmoscopio y no una resonancia magnética para diagnosticar una hipertensión  intracraneal, que usen sus manos para percibir una esplenomegalia y no una  tomografía abdominal, médicos que empleen sus cerebros y su corazón y no una  ristra de interconsultas para tratar a sus pacientes. Médicos que no “manejen” a  sus pacientes, sino que los “traten” como personas humanas que son, que  comprendan que la medicina es una vocación y no un negocio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como cualquier dolencia,  presenta una amplia gama de variantes clínicas que se distribuyen desde las  llamadas “formas frustradas” hasta el “caso de libro de texto”. Ningún  facultativo está exento de no sufrirla, pues no se ha descrito caso alguno de  inmunidad natural contra la misma. No tiene preferencia por sexo o  especialidades; y aunque tampoco por grupos etarios, son conglomerados de alto  riesgo los médicos jóvenes, “en formación” (internos y residentes) quienes a su  vez son rápidamente contagiados por profesionales de mayor jerarquía que  padezcan del mismo morbo. Otro grupo de riesgo lo constituye el médico de  preparación superficial, el que ha náufrago en el ¨ejercicio rutinario¨ de  la profesión, donde “ya todo le es conocido”, “donde no hay nada que él no haya  visto o leído”, y donde lógicamente, no hay cabida para más conocimiento…</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las circunstancias que  facilitan su eclosión son, la presencia de un paciente “sin médico”, como es  común encontrar en instituciones de seguridad social, donde el infortunado  paciente es evaluado por un profesional diferente en cada ocasión, quien  habitualmente está presionado por el tiempo y el número de pacientes a examinar,  lo que aunado a un conocimiento superficial o inexistente acerca de la dolencia  traída a su consideración, a la falta de motivación, y a la acentuada apatía en  la búsqueda de la información que le permitiría arribar a un diagnóstico,  conforman un caldo de cultivo propicio para la confusión y el error.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Un caso más o menos  demostrativo sería el siguiente: El paciente ofrenda su queja. El médico puede o  no estar orientado en el problema que se le plantea. En el supuesto de que lo  estuviera, ordenará el examen que supone confirmará su sospecha. En la hoja de  referencia puede o no indicar su impresión diagnóstica —muchas veces por miedo  al ridículo, no lo hace—, o el área, que considerando anormal, desea se examine  con detenimiento. Ya de vuelta el examen no le resuelve el problema diagnóstico.  El médico desecha su hipótesis, que aun siendo verdadera, no ha encontrado el  apoyo omnisciente de la máquina… El médico pues, ¡Ha descalificado su cerebro…!</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Un problema que se presenta con  frecuencia en la consulta neuro-oftalmológica es el siguiente: Un facultativo  diagnostica a su paciente un síndrome quiasmático. Ordena una tomografía  computarizada cerebral que fracasa en mostrarle la lesión causante de la  hemianopsia bitemporal. Abandona la presunción diagnóstica, no encuentra qué  hacer y envía al paciente para estudio “más especializado”. Se confirma que el  diagnóstico era correcto, pero el médico sólo vio el ¨informe¨ y no juzgó si el  estudio era adecuado. El corte necesario para ver la cisterna quiasmática fue  pasado por alto. El médico desconfió en su destreza clínica, dudó o cambió su  diagnóstico y aceptó ¨pasivamente el informe¨, sin siquiera preguntarse o  preguntar a la bibliografía adecuada, el porqué del desacuerdo. Pero aún, si la  máquina le mostrara alguna patología concurrente no objeto de su búsqueda y no  responsable de los síntomas y signos, se irá en pos de ella, olvidando el  hallazgo o la queja que trajo al paciente a la consulta (<a href="#fig3">Figura 3</a>).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El tratamiento debe ser a la  vez, preventivo y curativo. La prevención está en la prédica diaria al personal  en formación bajo nuestra inmediata supervisión; letanía que de tanto repetir  llegamos nosotros mismos a convencernos de su cotidiana vigencia: “A condición  de que hagas una buena anamnesis o diálogo exploratorio y examen semiológico  escrupuloso, confiad en la Madre Clínica, pues ella no suele equivocarse. Mirad  con juicio crítico los dictados de la máquina. El informe no siempre tiene la  razón”. El médico en función docente consigo mismo y con otros, debe insistir  siempre en la jerarquía de la historia clínica por sobre el examen  complementario, especialmente si irreflexivo, compulsivo, “a la moda” y por ende  sin rumbo. Como nunca estaremos libre del error, una y otra vez debemos  preguntarnos: ¿¨Por qué indico yo este examen¨? ¿Me será de real ayuda en la  confirmación de mi diagnóstico, o me ayudará a tomar alguna decisión o conducta  terapéutica? ¿No estaré yo arrojando piedras a la oscuridad a ver si acierto a  la enfermedad por mera casualidad…?</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El tratamiento curativo no debe  desmayar, pues debe ser continuo y cotidiano. Requiere del diario&nbsp; ritual  de despojarse de todo ropaje de falsa sapiencia para ver los hechos al desnudo y  con humildad. Echar las bases formativas y edificar el andamiaje clínico de un  médico, una situación que nunca termina, supone dolor: Muchas horas de trabajo  clínico agotador con los pacientes y sus problemas; muchos errores, penosos  entuertos y caídas en la ruta; muchas rectificaciones y giros en la dirección  opuesta; largas horas de lectura crítica y meditación; lucha contra los  sentimientos de culpa y de falsa gloria…</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">William Bean (1909-1989), un  gigante de la medicina interna dijo, ¨No existe vitamina mágica, no hay cápsulas  de quimioterapia intelectual para suplir aquello que brinda excelencia en  medicina: el trabajo comprometido¨.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">• Casos ilustrativos con  comentarios al margen.</font></b></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Paciente 1.</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Femenino de 49 años.  Menorragias y dolor en bajo vientre. Miomatosis uterina. Obesidad II (índice de  masa corporal 33 kg/m2 de superficie; circunferencia abdominal 110 cm).  Histerectomía total complicada con absceso de la pared. A los 4 meses nota un  bulto para-umbilical derecho que aparece cuando se inclina.Al examen impulsión  al esfuerzo y se perciben ruidos hidroaéreos a la palpación.</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig3"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig3.jpg"></a></font></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Figura 3. Como las gríngolas de  un caballo, la hemianopsia bitemporal amputa la palabra ¨visión¨; cisterna  quiasmática en un corte anatómico axial y en centro quiasma óptico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se indica un ecosonograma de la  pared abdominal. Comentario. Insuficiencia de arte clínico, servil sumisión  tecnológica. El Dr. Comer Fred (2003) (2), profesor de medicina de la  Universidad de Texas ha acuñó el término de “tenesmo tecnológico” para  significar la incontenible urgencia en depender de sofisticados artefactos  médicos para diagnosticar. O podría decirse que como en este caso, ordenar  exámenes complementarios costosos para situaciones que pueden ser resueltas  mediante una exploración clínica sencilla y consciente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La naturaleza adictiva de la  tecnología moderna aunada a un entrenamiento inadecuado, experiencia clínica  insuficiente e ignorancia rampante contribuye a este comportamiento.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Paciente 2.</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Escolar de 8 años. Presenta una  convulsión tónico-clónica de primera aparición ¨luego de la cual se le nota una  ptosis palpebral izquierda¨. Estudios de tomografía y resonancia magnética  cerebral no mostraron anormalidades. Al examen clínico se aprecia una niña bien  constituida y examen neurológico normal con la excepción de una ¨ptosis  palpebral izquierda¨. Al examen se constata una disminución de la hendidura  palpebral izquierda en ausencia de compromiso pupilar simpático o parasimpático,  disfunción óculomotora o signos de trastorno de la unión neuromuscular. Se  interroga a la madre acerca de su condición previa, pero responde que antes de  la convulsión, era normal. Se le pide que nos muestre su cédula de identidad; se  aprecia la asimetría de hendiduras palpebrales, notándose que la fecha de  expedición antedata a la de la convulsión.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Otras fotografías aún más  antiguas mostraron la asimetría. Puede apreciarse aquí, que contra la regla, la  opinión del médico, contundente, logró cancelar y convencer a la madre quien  tuvo que haberse dado&nbsp; cuenta de la asimetría… (<a href="#fig5">Figura 5</a>). </font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig4"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig4.jpg"></a></font></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Figura 4. Paciente 1.  Eventración clínicamente detectable; no obstante, el cirujano necesitó un  ecosonograma abdominal que le diera innecesario “permiso” a su diagnóstico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Comentario. Insuficiencia en la  observación, ligereza en la indagación, ¨tenesmo tecnológico¨…El Dr. J. Lawton  Smith, Profesor Emérito de Neuro-Oftalmología en la Escuela de Medicina de la  Universidad de Miami, Bascom Palmer Eye Institute,&nbsp; de manera reiterada  enfatizó la importancia de lo que él dio en llamar ¨FAT-scan¨, siglas para  Family Album Tomography (3); no otra cosa que la revisión de antiguas  fotografías del paciente. Este sin par recurso diagnóstico es muy útil en casos  como el presentado, pero además, si la fotografía es óptima, empleando una lente  de aumento o el oftalmoscopio directo interponiendo la lente de +40 dioptrías,  permite en algunos casos hasta evaluar el diámetro pupilar. Hay pues que agotar  todos los recursos de la clínica, aún los mínimos, antes de ir a exámenes más  complejos y costosos.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Paciente 3.</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Femenino, 47 años. En febrero  de 2009 comenzó a experimentar intensas crisis de dolor en regiones frontal y  periocular derechas, con irradiación a la región occipital y hombro ipsolateral  asociado a parestesias y sensibilidad en el cuero cabelludo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En tres ocasiones fue  hospitalizada, sometida a ¨revisión exhaustiva¨ (radiografías del tórax,  electrocardiogramas, ecocardiogramas, pruebas de Holter de arritmia,  electroencefalograma y resonancia magnética cerebral) sin hallarse una causa y  tratada en forma sintomática. Se quejaba además de la presencia de dolor y  debilidad del miembro superior derecho cuando lo ejercitaba o lo mantenía  elevado como al secarse el cabello. Si la actividad se prolongaba se asociaba  frialdad de la mano derecha, mareo, visión borrosa, parestesias occipitales,  tinnitus y lengua&nbsp; pesada. Dos primas maternas habían fallecido por ruptura  de un aneurisma cerebral. El examen la mostró bien constituida, y de inmediato  fue evidente la ausencia de pulsos radial, braquial y axilar derechos sin soplo,  buen latido carotídeo y positividad de la prueba de Allen de riego arterial de  la mano. Algunos reactantes de la fase aguda de la inflamación se encontraban  elevados: la velocidad de sedimentación Westergren en 64 mm (para su edad, &lt; 30)  y la proteína C reactiva en 26,9 mg/dL (VN. 0,0-0,90).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La angiografía por resonancia  magnética demostró la obstrucción de la arteria subclavia proximal. Se realizó  un diagnóstico de arteritis de Takayasu y síndrome de robo de la subclavia; se  inició tratamiento con prednisona y azatioprina.</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig5"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig5.jpg"></a></font></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Figura 5. Paciente 2. ¨FAT-scan¨  o revisión del álbum fotográfico familiar. Ptosis palpebral congénita. La  disminución de la hendidura palpebral está presente desde tierna edad…</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Comentario. Insuficiencia de  destreza clínica y sumisión tecnológica. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La arteritis de Takayasu es una  vasculitis granulomatosa de etiología desconocida que afecta comúnmente la aorta  torácica y abdominal o sus ramas. Causa proliferación de la íntima de la aorta,  grandes vasos, arterias pulmonares y arterias renales, produciendo estenosis  segmentaria, obstrucción, dilatación y formación de aneurismas. Es la única  forma de aortitis que produce estenosis y oclusión de la aorta (4).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los criterios del Colegio  Americano de Reumatología incluyen: 1. Edad igual o menor de 40 años al inicio.  2. Claudicación intermitente de extremidades. 3. Disminución del pulso en una o  ambas arterias braquiales. 4. Diferencia de al menos 10 mmHg entre arterias  braquiales. 5. Presencia de soplo sobre una o ambas braquiales o aorta  abdominal.6. Arteriografía mostrando  estenosis u oclusión de la aorta, sus ramas primarias o grandes arterias de los  miembros superiores e inferiores en ausencia de arteriosclerosis, displasia  fibromuscular u otras causas (4). La presencia de 3 o más de estos criterios  muestran una sensibilidad de 90,5.% y una especificidad del 97,8.%. Es designada  comúnmente como la enfermedad sin pulso porque puede sospecharse fácilmente al  documentarse su ausencia, pero para ello, hay que tomar el pulso…</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es inexplicable comprobar como  el médico ha abandonado la simple determinación del pulso y de la tensión  arterial, no siendo raro que su determinación se delegue a un asistente —siendo  que es un acto médico— o simplemente, sea pasado por alto. El síndrome de robo  de la subclavia ocurre cuando existe una estenosis proximal de la arteria  subclavia, la demanda de sangre por el ejercicio del miembro superior produce un  flujo retrógrado desde la arteria vertebral ipsolateral que va a sustraer la  sangre destinada a la fosa posterior. La isquemia afecta el territorio de la  basilar y cerebral posterior y el miembro superior del lado de la estenosis,  manifestándose con síntomas neurológicos con la actividad física.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Paciente 4.</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Femenino 45 años. Historia  familiar y antecedentes personales patológicos irrelevantes a su consulta  actual. Sus malestares se inician hacia inicios de 1983 cuando experimenta con  alguna frecuencia parestesias de tipo hormigueo en el territorio de la rama  maxilar inferior del trigémino derecho. En junio del mismo año y al inicio de un  período menstrual, experimenta dolor que incluía las regiones orbicular y  temporal derechas con difusión al pómulo y resto del hemicráneo. Era pungitivo,  sin desencadenante reconocible, que se presentaba en paroxismos, que durando  algunos minutos, daban paso a un dolor de fondo sordo, continuo y molesto. Desde  entonces y hasta el presente, la ha aquejado siempre este dolor con  exacerbaciones durante los períodos menstruales:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">¨Es posible que pase dos o tres  días sin el dolor, pero siempre regresa¨.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig6"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig6.jpg"></a></font></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Figura 6. Paciente 3.  Izquierda: Mecanismo del robo subclavio. Centro: Angiografía por resonancia  magnética del cuello mostrando una obstrucción de la arteria subclavia derecha  (flechas blancas).Derecha: Angiografía por resonancia magnética del tórax, brazo  derecho y abdomen. Nótese el adelgazamiento de la subclavia derecha.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Hacia el mes de agosto de 1983,  un día en que se disponía a sacar su automóvil del garaje de su casa en  retroceso, notó visión doble vertical. Visitó a un oftalmólogo quien sin ahondar  y de inmediato, la refirió al neurólogo. Éste, encontrando ¨compromiso del 3º,  4º y 6º nervios craneales derechos¨, le indicó tomografía computarizada del  cerebro, la cual, practicada el 26.10.1983 fue informada como ¨normal¨ (<a href="#fig7">Figura  7</a>). Luego de la misma y con el diagnóstico de ¨algia del 5º par craneal de larga  evolución y reagudización desde junio de este año¨, inició tratamiento de  bloqueos terapéuticos con novocaína de las ramas V2 y V3. Luego de siete  sesiones de tratamiento en una clínica del dolor, se consideró que la paciente  había mejorado en un ¨75.%¨ por lo que se le dio de alta con tratamiento a base  de carbamacepina 200 mg dos veces por día, que ha recibido hasta el presente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A pesar de que el problema  doloroso continuaba, la investigación de su causa se paraliza durante un año,  reactivándose en octubre de 1984. Por persistencia de su dolor, decide visitar a  otro oftalmólogo, quien diagnosticando ¨arteritis temporal sin compromiso  visual¨ sugiere comenzar tratamiento con corticosteroides, pero pocos días  después de iniciado, desarrolla un sangrado digestivo superior por lo cual es  hospitalizada: gastritis erosiva y hernia hiatal. Se aprovecha la ocasión para  retomar el estudio de su problema.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Entre los meses de octubre y  diciembre de 1984 se realizan las siguientes exploraciones, 1. Angiografía  cerebral informada como ¨sin evidencia de patología¨ (<a href="#fig7">Figura 7</a>). 2. Punción  lumbar y estudio de LCR mostrando a la electroforesis, ¨zona gamma con aspecto  policlonal¨. 3. Electromiografía para descartar miastenia gravis, informada como  negativa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">4. Registro de potenciales  evocados visuales, somatosensoriales y del tallo cerebral de morfología y  latencias ¨en los límites de la normalidad¨. Finalmente, la paciente es egresada  con diagnósticos de, ¨cefalea vascular vs. cefalea oftalmopléjica. Arteritis del  sistema nervioso central. Descartar esclerosis múltiple. Hernia hiatal,  duodenitis y erosión gástrica¨.En el transcurso de los  siguientes meses, la paciente continuó experimentando la sintomatología dolorosa  con igual intensidad, diplopía vertical inmodificada e inclusive se quejó de  inestabilidad al marchar en espacios abiertos, siendo que tenía que guiñar un  ojo para evitar el desbalance. El médico encargado de su asistencia, toma  vacaciones y queda a cargo de otro especialista quien decide enviarla a nuestra  unidad para evaluación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El día 7 de junio de 1985 oímos  de su boca la historia ya relatada. La paciente niega haber presentado en algún  momento, parálisis total del 3º nervio craneal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los hallazgos del examen  clínico general fueron irrelevantes. El examen neuro-oftalmológico mostró:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1. Ausencia de síndrome mental  orgánico. Reacción depresiva reactiva a su problema de diplopía y dolor crónico.  2. Sensibilidad de la cara y reflejos corneales aparentemente normales; no  obstante, el colirio midriático arde por igual en ambos ojos, a pesar de haber  sido instilado primero en el ojo derecho. Función del nervio facial normal.  Audición conservada. Weber indiferente y Rinne positivo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Hipomotilidad del hemivelo  palatino derecho durante la fonación. Reflejo nauseoso provocado con un  aplicador sólo al estimular la hemiorofaringe izquierda. 3. Motilidad,  refectividad y sensibilidad normales. 4. Taxia dinámica y estática normales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los hallazgos de mayor  importancia se refieren al examen neuro-oftalmológico. 1. Área visual sensorial  aferente que incluyó, agudeza visual, visión cromática, y campimetría por  confrontación, normal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por su parte las pupilas se  apreciaron anisocóricas, diámetro pupilar OD= 4 mm y OI= 3 mm, con respuesta  fotomotora asimétrica (OD= 2+/4 y OI= 3+/4). La pupila derecha mostraba forma  elíptica con el mayor radio dispuesto inferiormente; cuando observada en la  lámpara de hendidura, se apreciaron segmentos del iris carentes de  contractilidad, objetivándose movimiento sólo entre las 10 y 2 horas del reloj,  y entre las 5 y las 6 horas (2). Área óculomotora eferente. Ptosis palpebral  derecha de 2 mm. Limitación del rango de motilidad de la musculatura dependiente  del 3º y 6º nervios craneales derechos: supraducción y adducción en un 90 %,  abducción del 80 %, e infraversión del 10 %, revelando así un compromiso  asimétrico de las subdivisiones superior e inferior del 3º nervio craneal  (<a href="#fig8">Figura 8</a>). La función del 4º nervio craneal no pudo precisarse con certitud, de  allí que se interrogara su compromiso. Durante la supraversión se apreció  retracción palpebral derecha (<a href="#fig8">Figura 8</a>, D).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Epicrisis. </b>Los hallazgos neuro-oftalmológicos  fueron compatibles con una paresia del 3º y 6º nervios craneales derechos, y  posiblemente del 4º. La prueba del colirio fue positiva sugiriendo compromiso de  la rama oftálmica del 5º nervio craneal*. La condición de mujer en edad  premenopáusica, la secuencia de sus síntomas neurológicos —especialmente el  dolor— y los hallazgos neuro-oftalmológicos, mostraban con </font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig7"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig7.jpg"></a></font></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Figura 7. Paciente 4. A la  izquierda: tomografía computarizada del cerebro de pobre calidad técnica, no  obstante, se identifica el tumor. A la derecha: Angiografía carotídea,  elongación y rectificación del segmento A-1 de la carótida supraclinoidea y  elevación de la cerebral anterior.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">claridad la historia natural de  un proceso expansivo o infiltrativo en el seno cavernoso derecho, muy  posiblemente un meningioma con extensión a la fosa media y posterior desplazando  el tallo cerebral. Merecen destacarse algunos hechos relativos al compromiso del  3º nervio craneal derecho.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Aunque existía una paresia del  mismo, esta afectaba principalmente la subdivisión superior; en adición, sin la  historia previa de una parálisis aguda y total óculomotora, nuestra paciente  exhibía alguna evidencia de regeneración aberrante del mismo. Las áreas del iris  que mostraron contracción segmentaria al estímulo luminoso, seguramente eran  zonas secundariamente reinervadas. La retracción palpebral derecha durante la  supraducción era igualmente indicativa del mismo fenómeno: Axones destinados la  recto superior, se dirigían en forma anómala al elevador del párpado superior,  de allí que al evocarse la elevación del ojo, el párpado se retraía (<a href="#fig8">Figura 8</a>,  D).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Luego de la ruptura de los  axones del óculomotor, algunos cilindroejes dañados, ¨retoñan¨ y se dirigen en  forma anómala hacia músculos diferentes a los cuales están originalmente  destinados. Como consecuencia, se produce un patrón de reinervación y motilidad  muy característico que permite reconocerla (5), La regeneración aberrante del  tercer nervio craneal (RATN), usualmente sigue a una parálisis aguda, más  frecuentemente traumática en origen (RATN ¨secundaria¨): fractura de la base  craneal, ruptura de aneurisma de la comunicante posterior, trauma quirúrgico,  etc. Schatz y col. y otros (6-8), notaron su presencia en pacientes que negaban  historia de parálisis previa, aguda y total. Todos sus pacientes albergaban un  meningioma en el seno cavernoso.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Desde allí se postuló que una  RATN ¨primaria¨, era un exquisito indicador de una lesión tumoral de lento  crecimiento en la región del seno cavernoso. Varma y col. (9) la hallaron en un  aneurisma extracavernoso intradural. Posteriormente, Cox y col. (10),  expandieron la razón etiológica al comunicar similar hallazgo en un paciente con  aneurisma carotídeo intracavernoso y más recientemente. Kline y col.(11),  aconsejaron secciones delgadas de 5 mm y doble dosis de contraste para evitar  pasarlos por alto. Messé y col. (12), describieron la misma situación luego de  un accidente isquémico en el pedúnculo cerebral <a href="#fig7">Figura 7</a>. Paciente 4. A la  izquierda: tomografía computarizada del cerebro de pobre calidad técnica, no  obstante, se identifica el tumor. A la derecha: Angiografía carotídea,  elongación y rectificación del segmento A-1 de la carótida supraclinoidea y  elevación de la cerebral anterior.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">* Prueba del colirio¨: La  tropicamida y la fenilefrina, empleadas en la práctica para dilatar la pupila,  son algo irritantes y producen ardor ocular que usualmente es percibido como más  intenso, en el primer ojo donde se instilan. Por tanto, puede suplir la búsqueda  del reflejo corneal por otros medios. Cuando se piensa en compromiso trigeminal,  debe siempre instilarse primero en el saco conjuntival del lado bajo sospecha.  El que el ardor sea mayor en el segundo ojo o el ardor sea similar, es  indicativo de hipoalgesia corneal del primer ojo (Cogan). como complicación  embólica de una endocarditis infecciosa.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La observación de alguna  evidencia de RATN ¨primaria¨ en nuestra paciente, el compromiso parcial y  asimétrico del tercer nervio y la afectación de otros nervios craneales que  recorren el seno, hacían posible un diagnóstico clínico exacto de localización y  su condición de meningioma o aneurisma. La negatividad de la angiografía,  permitían excluir la segunda posibilidad (<a href="#fig7">Figura 7</a>).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Epílogo. Una nueva tomografía  computarizada ordenada con proyecciones axiales y coronales, cortes de 5 mm  superpuestos o no superpuestos de 1,5 mm y doble dosis de contraste, demostró  una lesión expansiva, de voluminosas proporciones en el seno cavernoso derecho,  con extensión a la fosa media y cisterna prepontina, con desplazamiento del  tallo encefálico, compatible con un meningioma (<a href="#fig8">Figura 8</a>).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">DISCUSIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Pensando en alguna patología  intracraneal, se ordenó una primera tomografía en octubre de 1983. Aunque podría  aducirse que hubo crecimiento del tumor en el transcurso de dos años, como en  efecto lo hubo, pensamos que ya entonces la clínica era lo suficientemente rica  como para hacer el diagnóstico. Sin embargo, el examen fue técnicamente  inadecuado para lograrlo: (a). Porque no se hicieron adecuadamente las  proyecciones y los cortes necesarios del área bajo sospecha. (b). Porque la  posición algo rotada de la cabeza durante el estudio, originó vistas carentes de  simetría. (c). El excesivo grosor de los cortes sólo permitió ver parcialmente  el seno cavernoso en un solo marco.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Cuando el clínico piensa en  alguna lesión de seno cavernoso, la resonancia magnética es el procedimiento de  elección; no obstante, para la fecha en que se vio la paciente sólo teníamos  acceso a la tomografía computarizada, la cual para evitar pasar alguna patología  en sus inicios, se hacía necesario ordenar múltiples proyecciones (axiales y  coronales), cortes de poco espesor (5 mm o menos), y doble dosis de contraste  (inicial en ¨bolo¨ e infusión continua intravenosa) (5).</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"> <a name="fig8"> <img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v118n1/art04fig8.jpg"></a></font></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Figura 8. Paciente 4. Patrón de  motilidad ocular. A. Posición primaria de la mirada: Ptosis palpebral derecha y  anisocoria con pupila derecha elíptica y mediana midriasis. Discreta  exodesviación derecha. B. Déficit de aBducción derecha. C. Déficit de aDducción  derecha. D. Acentuada limitación de la supraducción derecha con retracción  palpebral. E. Mínima restricción de la infraducción derecha con exodesviación. A  la izquierda normal. Tomografía computarizada mostrando el meningioma en  proyección axial y coronal (flechas).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En la paciente, objeto de  nuestra atención, el compromiso unilateral de varios nervios craneales que  comparten espacio en el seno cavernoso, la afectación parcial del tercer nervio  y la evidencia de una RATN ¨primaria¨, debió dirigir una y otra vez, la atención  hacia esa estructura anatómica. La aceptación tácita del ¨frio informe¨  tomográfico y angiográfico, se antepuso al juicio clínico constituyendo la  evidencia del triunfo de la máquina omnisciente sobre el cerebro descalificado…  Este yerro, canceló por así decirlo, una subsecuente investigación del problema.  Posteriormente y siempre con el informe tomográfico negativo a la vanguardia, se  practicó un convoy de ¨exploraciones sin rumbo¨, pues los diagnósticos de  arteritis temporal, miastenia gravis y esclerosis múltiple, nunca tuvieron una  razonable cabida en el diagnóstico diferencial, habida cuenta de la información  dimanada de su anamnesis y examen clínico.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Colofón.</font></b></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana">Ars longa vita brevis. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="2" face="Verdana">El ¨ars  medica¨, arte de la medicina o esencia de nuestro hacer, debería tener siempre  como norte un riguroso apego a la tékhne iatriké que nos diera en legado nuestro  padre de Cos, ¨Un saber hacer, sabiendo porqué se hace lo que se hace¨</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">REFERENCIAS</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1. Muci-Mendoza R. El síndrome  del cerebro descalificado. Neurol. Colombia. 1986;10:5-10. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775763&pid=S0367-4762201000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">2. Fred CL. Looking (and forth)  Back. Reflections of an old-fashioned doctor. Macon, Georgia, EE.UU. Mercer  University Press. 2003.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775764&pid=S0367-4762201000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">3. Smith JL. Lid position in  neurology # 67 (cassette). Neuro-Ophthalmology Tapes. Smith JL editor. 1976.  Miami. Florida, EE.UU.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775765&pid=S0367-4762201000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">4. The American College of  Rheumatology 1990 criteria for the classification of Takayasu arteritis. Arend  WP, Michel BA, Bloch DA, Hunder GG, Calabrese LH, Edworthy SM, et al. Arthritis  Rheum. 1990;33:1129- 1134.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775766&pid=S0367-4762201000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">5. Glaser JS. Neuro-Ophthalmology.  Hagerstown, EE.UU. Harper &amp; Row Publishers. 1978:258-260.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775767&pid=S0367-4762201000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> 6. Sibony PA, Lessell  S, Gittinger JW. Acquired oculomotor synkinesis. Surv Ophthalmol.  1984;28:382-390.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775768&pid=S0367-4762201000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">7. Schatz NJ, Savino PJ,  Godfrey WA. Primary aberrant óculomotor regeneration. A sign of intracavernous  meningioma. Arch Neurol. 1977;34:29-32.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775769&pid=S0367-4762201000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">8. Varma R, Miller N. Primary  oculomotor synkinesis caused by an extracavernous intradural aneurysm. Am J  Ophthalmol. 1994;118:83-87.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775770&pid=S0367-4762201000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">9. Carrasco J, Savino PJ, Bylik  J. Primary aberrant 0culomotor nerve regeneration from a posterior  communicanting artey aneurysm. Arch Ophthalmol. 2002;120:663-665.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775771&pid=S0367-4762201000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">10. Cox TA, Wurster JD, Godfrey  WA. Primary aberrant regeneration due to intracranial aneurysms. Arch Neurol.  1979;36:570-571.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775772&pid=S0367-4762201000010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">11. Kline LB, Chandra-Sekar B.  Pitfalls in computed tomographic evaluation of the cavernous sinus. Surv  Ophthalmol. 1985;29:293-296.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775773&pid=S0367-4762201000010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">12. Messé SR, Shin K, Liu GTL,  Galetta SL, Volpe NJ. Oculomotor synkinesis following a midbrain stroke.  Neurology. 2001;57:1106-1107.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2775774&pid=S0367-4762201000010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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