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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trastornos inmunológicos inducidos por mercurio en el sistema reproductor masculino humano]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The Group of Researchers on Human Reproduction from Universidad de Oriente has a research line that assesses the effects of mercury on the male reproductive system, using an animal model susceptible to the metal. Lesions induced by necrosis and apoptosis related to alterations in testosterone synthesis have been demonstrated. Injuries involve an autoimmune response to germ cells and an increased Th1 activity at baseline and 7 months of treatment. Since mercury is able to generate “danger” signals, the expression of stress proteins (hsp) in germ cells and the immune system have been studied, which are increased in the treated animals. The results obtained until now support the hypothesis that mercury at subtoxic doses is capable of inducing direct damage and humoral and cell-type responses, causing damage to the seminiferous epithelium, through several means, which could prevent the fertilization in the long term.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Trastornos inmunológicos inducidos por  mercurio en el sistema reproductor masculino humano</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana">Mercury-induced immunological damage  in male reproductive system</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Salvador José Penna Videau</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Universidad de Oriente, Núcleo  de Bolívar, Escuela de Ciencias de la Salud, Departamento de Ciencias  Fisiológicas, Grupo de Investigadores en Reproducción Humana, Ciudad Bolívar,  Venezuela. E-mail: <a href="mailto:pennav@yahoo.com">pennav@yahoo.com</a></font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">RESUMEN</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El Grupo de Investigadores en  Reproducción Humana de la Universidad de Oriente posee una línea de  investigación que evalúa los efectos del mercurio en el sistema reproductor  masculino, empleando un modelo animal susceptible al metal. Se han demostrado  lesiones inducidas por el metal por necrosis y apoptosis, relacionadas con  alteraciones en la síntesis de testosterona. Las lesiones involucran una  respuesta autoinmune hacia las células germinales y un incremento de la  actividad Th<sub>1</sub> al inicio y a los 7 meses de tratamiento. Por cuanto el mercurio  es capaz generar señales de peligro, se ha estudiado la expresión de proteínas  de estrés (hsp) en células germinales y del sistema inmunológico, encontrándose  elevación de las mismas en los animales tratados. Los resultados obtenidos hasta  ahora apoyan la hipótesis de que dosis subtóxicas de mercurio son capaces de  provocar daño directo e inducir respuestas de tipo celular y humoral, ocasionado  daño del epitelio seminífero, por medio de varios factores, lo que podría  prevenir, a largo plazo, la fecundación a largo plazo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Palabras clave</b>:  Testículo, inmunopatología, hsp, Th<sub>1</sub>.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">ABSTRACT</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">The Group of Researchers on  Human Reproduction from Universidad de Oriente has a research line that assesses  the effects of mercury on the male reproductive system, using an animal model  susceptible to the metal. Lesions induced by necrosis and apoptosis related to  alterations in testosterone synthesis have been demonstrated. Injuries involve  an autoimmune response to germ cells and an increased Th<sub>1</sub> activity at baseline  and 7 months of treatment. Since mercury is able to generate “danger” signals,  the expression of stress proteins (hsp) in germ cells and the immune system have  been studied, which are increased in the treated animals. The results obtained  until now support the hypothesis that mercury at subtoxic doses is capable of  inducing direct damage and humoral and cell-type responses, causing damage to  the seminiferous epithelium, through several means, which could prevent the  fertilization in the long term.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Key words</b>: Testis, hsp,  immunopathology, Th<sub>1</sub>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Recibido: septiembre 2012.  Aprobado: septiembre 2012. Versión final: diciembre 2012</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Fisiología del Sistema  Inmunológico</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El propósito primordial del  sistema inmunológico es diferenciar lo propio de lo extraño, para poder ayudar  al organismo a sobrevivir en un medio hostil. En el primer mes de la gestación,  se inicia la hematopoyesis, a partir de las células madre del saco vitelino,  luego la médula ósea será el sitio principal donde ocurra este proceso. Las  células hematopoyéticas se diferencian en granulocitos, monocitos, linfocitos  (T, B y Natural Killer o NK), magacariocitos y eritrocitos. Al segundo mes de  gestación, los linfocitos destinados a diferenciarse en células T emigran hacia  el timo, mientras que los destinados a ser células B madurarán en la médula  ósea. Las células del sistema inmune están ampliamente distribuidas en una red  que abarca la sangre, el timo, los ganglios linfáticos, el bazo, la piel y  mucosas, estableciéndose una delicada y orquestada relación celular y molecular  entre este sistema y el resto de los que componen el organismo (Huston 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La falta de capacidad del  sistema inmune para responder contra lo propio se denomina tolerancia e implica  que los linfocitos no son activados por la interacción con los tejidos del  individuo. Cuando esa incapacidad es adquirida durante la ontogenia de las  células B o T, se denomina tolerancia central, mientras que se denomina  periférica cuando es patológica. De acuerdo con esto, la autoinmunidad es el  estado en el que se pierde la tolerancia a lo propio. Ya que no todas las  respuestas autoinmunes son dañinas, el balance entre la tolerancia y la  inmunidad es la base de la supervivencia (Huston 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La inmunidad puede ser  considerada como adaptativa (adquirida) o innata. Cuando el organismo emplea  mecanismos de defensa no específicos contra antígenos se refiere a la innata.  Esta incluye las barreras físicas como los epitelios, ácidos grasos presentes en  la piel, moco y cilios, factores solubles como proteínas o la cascada del  complemento, quimioquinas (que favorecen la migración leucocitaria) y citoquinas  (CK) (que modulan la función leucocitaria) y otros tipos de células diferentes a  las T y B, como las células NK (Huston 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los mecanismos de defensa  antígeno-específicos corresponden a la inmunidad adaptativa y están referidos a  la función de las células T y B. El inicio de este tipo de respuesta requiere  del reconocimiento de epítopos antigénicos por parte de estas células, así como  de la expansión clonal y diferenciación de estos linfocitos antígeno-específicos  en efectores de la respuesta inmune. Como resultado del arreglo al azar de los  genes que codifican para el receptor de las células T (TCR) e inmunoglobulinas (Ig),  se expresa un repertorio de receptores específicos de antígenos para las células  T y B, respectivamente. Un hecho crucial para la inmunidad adaptativa es la  capacidad de memoria, lo que permite montar una respuesta rápida ante la  exposición al mismo antígeno. Los mecanismos de la inmunidad innata y adaptativa  no son mutuamente excluyentes sino que pueden ser complementarios. La activación  por inmunoglobulinas de la vía clásica del complemento y la producción de  citoquinas y quimioquinas que atraen y modulan las subpoblaciones de linfocitos  T y B, son ejemplos de ello (Huston 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La inmunidad adaptativa se  divide en humoral y celular. La primera está mediada por anticuerpos e involucra  el procesamiento antigénico por las células B, su posterior proliferación y  diferenciación en células plasmáticas productoras de anticuerpos. Los  anticuerpos o Ig se unen al antígeno favoreciendo su eliminación, sea  cubriéndolo (opsonización) de manera que sea fagocitado fácilmente o bien  activando una cascada de proteínas (Sistema de complemento) que provocan la  lisis celular. La inmunidad celular está mediada por las células T, aunque las  NK participan también en este tipo de reacciones provocando la lisis de células  infectadas por virus y neoplásicas. Las citoquinas generadas por células T  median también la inmunidad celular y facilitan la fagocitosis y lisis de  microorganismos (bacterias y protozoarios) más efectivamente (Aickelin y  Dasgupta 2005).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Durante la re-exposición ante  un antígeno, algunas células del sistema inmune proliferan, siendo seleccionadas  de aquellas que no lo hacen. Este proceso se denomina selección clonal. Implica  varios mecanismos: las nuevas células son copias de sus progenitoras (Clon)  sujetas a mecanismos de mutación rápida (hipermutación), se eliminan de los  linfocitos recién diferenciados que expresan receptores autorreactivos y ocurre  proliferación y diferenciación al contacto de células maduras con los antígenos  (Aickelin y Dasgupta 2005).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existen leucocitos  especializados en procesar y presentar antígenos, conocidas como células  presentadoras de antígenos (CPA), para la respuesta adaptativa, como los  monocitos, macrófagos, células de Langerhans, de Kupffer y dendríticas, las  cuales expresan moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) I y II,  las cuales favorecen la presentación del antígeno mediante el reconocimiento por  parte del TCR. Los macrófagos y monocitos interviene en las respuestas  inflamatorias y granulomatosas, las de Langerhans y de Kupffer procesan  antígenos en piel e hígado, respectivamente. Las células dendríticas se  encuentran en el tejido linfoide y son las más potentes presentadoras de  antígenos (Huster 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las subpoblaciones  linfocitarias se diferencian fenotípicamente por la expresión de receptores de  membrana. Las células T poseen el receptor heterodimérico TCR que une antígenos  expuestos por las células presentadoras de antígenos, las células B expresan en  su superficie inmunoglobulinas transmembrana que pueden unir antígenos no  procesados, independientemente de las CPA. Las células NK son linfocitos  granulares grandes, que no poseen TCR ni Ig, pero sí el receptor de la región Fc  de IgG (FcgRIII) o moléculas de superficie (denominadas genéricamente CD, del  inglés Clusters of differentiation o “claustros de diferenciación”) como CD16 y  CD56 (molécula de adhesión neurocelular-1). Mientras que las células T y B están  involucradas en respuestas inmunes clonalmente específicas, las NK ejercen una  respuesta inmune citotóxica innata contra células infectadas por virus y  neoplásicas y cooperan con la respuesta adaptativa a través de la unión de Ig  por su receptor y mediante la producción de citoquinas (Huster 1997).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El MHC codifica los antígenos  leucocitarios humanos (HLA), que son la base molecular de la discriminación por  parte de las células T. Existen dos tipos de moléculas HLA. Las HLA clase I y  clase II son estructuras heterodiméricas de superficie y cuando unen y se  acompañan de antígenos, propios o extraños, son reconocidas por el TCR. Hay tres  genes principales HLA-I que codifican para las moléculas HLA-A, HLA-B o HLA-C  las cuales, en asociación con la molécula no-transmembrana b2microglobulina, son  expresadas prácticamente por todas las células nucleadas del organismo. Los  péptidos antigénicos expuestos en asociación con las moléculas HLA-I son  hidrolizados a partir de proteínas por las CPA (antígenos endógenos). En el  citoplasma, los péptidos forman complejos asociados con proteínas provenientes  del retículo endoplasmático, como las HLA, son transportadas a través del  aparato de Golgi en vesículas exocíticas para la expresión en la superficie  celular. La síntesis endógena de proteínas indica que existe una fuente  intracelular de genes, lo cual está ligado con la especificidad de las células T  citotóxicas (CD8+) de reconocer antígenos virales, de bacterias intracelulares y  tumorales, así como de rechazar transplantes cuando el TCR reconoce las  moléculas HLA-I no propias como si estuvieran alteradas. Existen tres tipos de  moléculas HLA-II: HLADP, HLA-DR y HLA-DQ, asociadas con reacciones de rechazo a  transplantes e injertos, que son expresadas por todas las células nucleadas  estimuladas con interferón-gamma (IFN-&#947;), como las CPA. Los péptidos antigénicos  conjugados a estas moléculas provienen de proteínas fagocitadas o endocitadas  por CPA. Esos antígenos exógenos, provenientes de bacterias, parásitos y  partículas virales liberados de otras células, son hidrolizados en endosomas,  los cuales se fusionan con la membrana plasmática, de manera que se expresan en  la superficie como péptidos lineales asociados con las moléculas HLA-II (Huster  1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En el 90% de los linfocitos T  el TCR está conformado por cadenas &#945;&#946; y el resto por cadenas &#947;&#948;. Fenotípicamente,  los primeros están compuestos por dos sub-poblaciones definidas por la expresión  recíproca de moléculas CD4 o CD8, mientras que los linfocitos T&#947;&#948;, no poseen  ninguna de ellas. Las células T CD4+ reconocen antígenos presentados en el  contexto de las moléculas HLA-II, mientras que las T CD8+, de las HLA-I. Cerca  de dos tercios de la circulación periférica de células T son CD4+ y el otro  tercio, CD8+. El 5 a 10% que representan las células T &#947;&#948; pueden ligar moléculas  MHC no clásicas (Huster 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los linfocitos T modulan la  respuesta del sistema inmune mediante mecanismos de cooperación o supresión-citotoxicidad,  estando asociados con la expresión de moléculas CD4 y CD8, respectivamente  aunque no en forma absoluta. Las sub-poblaciones de linfocitos T también pueden  ser caracterizadas por las citoquinas que producen. Las células T nativas  producen interleucinas (IL), como IL-2, cuando son activadas y se diferencian en  otras sub-poblaciones que producen combinaciones diferentes de citoquinas: las  que producen IL-2, IFN-&#947; y Factor de Necrosis Tumoral beta (TNF-&#946;) se denominan  células Th<sub>1</sub>, las que producen IL-4, IL-5, IL-9, IL-10 e IL-13, se conocen como  Th<sub>2</sub>. Cuando los macrófagos producen IL-12 en el proceso de la presentación  antigénica, se favorece la diferenciación hacia células Th<sub>1</sub>, por lo que el IFN-&#947;  actúa como un agonista autocrino para este tipo celular, y como antagonista para  las Th<sub>2</sub>. Como consecuencia de estos perfiles de secreción de citoquinas, se  generan respuestas inmunes mediadas por células por células Th<sub>1</sub> y humorales y  alérgicas por las células Th<sub>2</sub> (<a href="#fig1">Fig. 1</a>) (Huster 1997).</font></p>     <p align="center"> <a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig1.gif" width="501" height="600"></a></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Durante su ontogenia, los  linfocitos T sufren un proceso de censo en el timo, que se denomina selección  negativa y que consiste en la destrucción de las células T autorreactivas,  mientras que las que no, pueden dejar el timo. Esas células T maduras pueden  circular por el cuerpo y protegerlo de antígenos extraños, ejerciendo así su  función inmunológica (Aickelin y Dasgupta 2005).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los linfocitos B están  relacionados con la respuesta inmune de tipo humoral, mediante la producción de  Ig. Durante su maduración ontogénica muestran un arreglo progresivo de cadenas  pesadas y livianas de Ig, así como cambios en el fenotipo de la superficie  celular. Las células B inmaduras expresan CD19 y CD20, CD10 y posteriormente IgM.  Los linfocitos B maduros dejan de expresar CD10 y expresan simultánemente IgM e  IgD. Los linfocitos T pueden favorecer el cambio de clase de Ig mediante la  interacción con los receptores de superficie de las células B, ocurriendo una  señalización intracelular recíproca y la producción de citoquinas por parte de  las células T. Los péptidos provenientes de la hidrólisis de los antígenos  internalizados por los linfocitos B se presentan en el contexto de las moléculas  HLA-II a las células TCD4+ mediante el TCR e involucrando la interacción del  CD40 con su receptor. Luego de la activación de la célula T comienza su  producción de citoquinas cuyos receptores están presentes en la membrana de las  células B. La síntesis de IL-4 induce el cambio de clase hacia IgE e IgG,  mientras que la del factor transformador del crecimiento beta (TGF-&#946;) e IL-10,  el cambio de clase hacia IgA, en cambio IFN-&#948; antagoniza el cambio hacia IgE,  inducido por IL-4 (Huster 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las moléculas de Ig están  formadas por dos cadenas pesadas y dos ligeras unidas por puentes disulfuro y la  especificidad antigénica tiene su base en el polimorfismo de la región variable  de cada cadena pesada y ligera que se conoce con el nombre de fracción ab (Fab),  por su unión con el anticuerpo y está dotada de amplia flexibilidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La porción conformada por la  unión de ambos tipos de cadenas y por sólo las cadenas pesadas se denomina  fracción c (Fc), ya que cristaliza. Esta es responsable de la función efectora,  ya que se puede unir a células, así como de la especificidad de cada tipo de Ig.  Se conocen 5 isotipos de Ig: IgG, IgA, IgM, IgE e IgD (Huster 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existe una cascada de proteínas  plasmáticas, que se conoce como sistema de complemento, cuya activación por la  inmunidad humoral, o mediada por anticuerpos, genera una serie de compuestos  bioactivos que favorecen la opsonización, lisis osmótica de las células blanco y  el reclutamiento de células fagocíticas. La unión a complejos  antígeno-anticuerpos activa la vía clásica del complemento que implica la unión  secuencial de C1, C4, C2 y C3 para activar posteriormente a las proteínas C5-C9  y formar el complejo de ataque de membrana que no es más que un grupo de  proteínas que actúan como poros en la superficie celular, favoreciendo su muerte  por trastornos en el volumen celular. La activación independiente de anticuerpos  de la secuencia C5-C9 se conoce como vía alterna del complemento (Huster 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los linfocitos T citotóxicos y  las células NK tienen la capacidad de inducir necrosis mediante el sistema de  perforina/granzima o apoptosis a través de TNF y Fas ligando (FasL). El primero  es un sistema similar al de la citólisis inducida por complemento, que forma  poros en la membrana celular. En cambio el sistema TNF y FasL una vez que se  unen a sus receptores respectivos inducen una transducción intracelular de  señales que inducen la degradación de los cromosomas. Se piensa que el sistema  Fas-FasL juega un papel importante en el control de la autoinmunidad y en el  mantenimiento del privilegio inmunológico en algunos tejidos (Huster 1997).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Regulación de la Respuesta  Inmunológica en el Testículo</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El testículo es considerado  como un sitio anatómico inmunológicamente privilegiado, por cuanto tejidos  inmunogénicos transplantados allí pueden sobrevivir por períodos prolongados en  un ambiente que es inmunocompetente. Este órgano es un sitio inmunológicamente  privilegiado poco usual, ya que posee un buen drenaje linfático, contiene  células presentadoras de antígenos y no parece ser resistente a respuestas  inflamatorias locales (Ksander y Streilen 1994).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La base para considerarlo  privilegiado, es que el huésped puede evitar la generación de una respuesta  inmune a los autoantígenos de las células germinales y su progenie, que se  expresan en la pubertad, cuando ya el sistema inmunológico del individuo está  maduro por lo que debería reconocerlos como no propios (Ksander y Streilen  1994).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El espermatozoide constituye,  junto con las secreciones de las glándulas accesorias, un sistema antigénico  complejo que aparece en la pubertad y que, a diferencia de otras células del  organismo, es considerado como extraño comportándose como autoantigénico. Sin  embargo, la presencia de la barrera hemato-testicular previene el contacto con  el sistema inmune, evitando su reconocimiento. Si la barrera se rompe, se  producirán autoanticuerpos antiespermatozoides, provocando infertilidad de  origen inmunológico (Hassoum et al. 1991).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existen dos aspectos de la  fisiología testicular inherentes a la regulación inmunológica que merecen  especial atención. Ellos son: la presencia de la barrera hemato-testicular, así  como los leucocitos y su proceso de activación para desencadenar una respuesta  inmune (Setchell et al. 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Considerándola desde el punto  de vista inmunológico, la barrera hemato-testicular tiene dos funciones  principales. En primer lugar, evita que anticuerpos circulantes alcancen el  epitelio seminífero más allá de las uniones entre las células de Sertoli y, por  otra parte, aisla del sistema inmunológico a las células germinales meióticas y  post-meióticas que expresan autoantígenos. Sin embargo, se ha demostrado que  algunos de esos antígenos se expresan en las células del compartimiento basal y  son accesibles a los anticuerpos circulantes, al menos en cierto grado (Setchell  et al. 1990, Yule et al. 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La respuesta inmune normal está  parcialmente regulada por la localización anatómica de las células del sistema  inmune en los diferentes órganos de la economía. El tráfico de los leucocitos  desde la sangre hacia los tejidos linfoides y los demás órganos es importante  para la regulación inmune, ya que permite a las células inmunocompetentes  interactuar con los antígenos localizados, procesados y presentados en los  órganos linfoides (Setchell et al. 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los linfocitos pasan de la  sangre a los órganos linfoides a través de células endoteliales especializadas,  en las vénulas y en los ganglios linfáticos (transcitosis). A nivel testicular,  la entrada también es regulada por la interacción de los linfocitos provenientes  de los ganglios linfáticos regionales con las células endoteliales  especializadas de los vasos sanguíneos. Sin embargo, existe un control en la  migración de los linfocitos al testículo. En orquitis autoinmune experimental se  ha demostrado que los linfocitos T citotóxicos CD8+ no migran en cantidades  significativas al testículo, observándose lo contrario para las células T  cooperadoras CD4+, que median la respuesta autoinmune. Esto sugiere que el  endotelio de la microvasculatura intersticial presenta selectividad en la  adhesión de los linfocitos T (Setchell et al. 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Además de los principales  productos de secreción de los leucocitos, tales como las interleucinas (IL) 1 a  17, los Interferones (IFN) &#945;, &#946;, &#947; y los Factores de Necrosis Tumoral (TNF) &#945; y  &#946;, se ha descrito que ellos secretan otros productos, como los derivados de la  proopiomelanocortina, TGF &#946;, Hormona estimulante de la Tiroides (TSH), Hormona  de Crecimiento (GH), LH, GnRH y Factores parecidos a la Prolactina, que pueden  afectar la función de las células testiculares. Por ejemplo, los factores  parecidos a la LH y GnRH estimulan la esteroidogénesis en las células de Leydig,  mientras que el IFN &#945; y &#947;, la inhiben. Sin embargo, existen sustancias, como los  productos parecidos a la Prolactina, cuyo efecto aún no se conoce (Maddocks et  al. 1990, Setchell et al. 1990, Abbas et al. 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha sugerido que existe un  control paracrino inmunorregulatorio, llevado a cabo por sustancias denominadas  protectoras, producidas por las células de Sertoli y de Leydig. Estas sustancias  inmunosupresoras son citoquinas antiinflamatorias, secretadas por células  inmunológicamente competentes, como la IL-10, IL- 13, IL-14 y TGF-&#946;, entre  otras, que inhiben la actividad proinflamatoria y activante de otras citoquinas  como el factor de crecimiento de las células T&#945; (TCGF&#945;), la activina, la &#945;-macroglobulina  y la &#946;-MSH (Mashburn y Kutteh 1994, revisado por Vivas et al. 2007).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ensayos in vivo e in vitro han  indicado que el privilegio inmune en el testículo es mantenido por las células  de Sertoli y de Leydig, a través de la secreción de factores inmunosupresores  que afectan las células del sistema inmune, ya que se unen a los linfocitos a  través de receptores de membrana. Las células de Sertoli secretan Factor 1 de  Crecimiento parecido a la Insulina IGF-1, IL- 1, Inhibina, Activina, TGF-b,  Transferrina, Facctor beta de Crecimiento Neural (NGF-&#946;), derivados de la  proopiomelanocortina, Hormona Liberadora de la Tirotrofina (TRH), entre otros.  Por su parte, las células de Leydig producen Hormona Estimulante de los  Melanocitos (MSH), &#945;- y &#946;-Endorfinas, Met-Encefalina, Hormona corticotrófica (ACTH),  Arginina-Vasopresina y Factor de Crecimiento Neural (Pöllanen et al. 1990,  Ksander y Streilen 1994).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha demostrado que para  algunos de estos péptidos existen receptores de superficie en la membrana de los  linfocitos, indicando que pueden afectar la proliferación y quimiotaxis, la  producción y la secreción de factores inmuno-reguladores de esas células. De  esta manera, dichos factores intervienen en la supervivencia de transplantes  intratesticulares y en la protección de las células germinales a una respuesta  autoinmune (Pöllanen y Uksila 1990). El hecho de que los leucocitos puedan  producir factores que afecten la esteroidogénesis y la espermatogénesis sugiere  que la inhibición de la respuesta inmune en el testículo por productos  testiculares puede tener otro significado, aparte de la protección a las células  germinales autoantigénicas de un proceso autoinmune.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La IL-1 es secretada también  por células germinales en desarrollo, como los espermatocitos y las espermátidas.  Las de Sertoli secretan IL-1 bajo el influjo de lipopolisacárido bacteriano (LPS)  inhibiendo la acción de FSH sobre la actividad aromatasa. Otro componente del  sistema de IL-1, el antagonista del receptor (IL-ra) también es sintetizado por  la célula de Sertoli por estímulo de la FSH, LPS e IL-1, actuando como molécula  antiinflamatoria ya que se une al receptor sin transmitir señal intracelular. La  IL-6, de origen sertoliano se sintetiza por efecto de FSH; andrógenos y  neuropéptidos y estimula la síntesis de transferrina por la célula de Sertoli,  inhibe la síntesis de DNA en espermatocitos en fase meiótica y ejerce una  función autocrina en las células de Sertoli durante la inflamación testicular  (revisado por Vivas et al. 2007).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Así como IL-1, el TNF-&#945;,  producido por espermatocitos, espermátidas y macrófagos activados en testículo,  inhibe la síntesis de andrógenos y posiblemente regula la espermatogénesis al  impedir la activación de la muerte celular programada mediante la regulación de  los niveles de FasL, el cual se expresa en la superficie de la célula de Sertoli.  Esta molécula interviene en el mantenimiento del privilegio inmunológico del  testículo al suprimir a los linfocitos T activados. En condiciones fisiológicas,  la célula de Sertoli expresa FasL y señaliza a las células germinales positivas  para Fas, controlando la población que puede soportar; en casos de lesión,  incrementa la expresión de FasL para alcanzar un nuevo estado de equilibrio. La  regulación aditiva de Fas en las células espermatogénicas es un proceso de  autoregulación de aquéllas destinadas a morir, a causa de un soporte inadecuado.  El sistema Fas está regulado, además, por el IFN-&#947; (Lee et al. 1997, revisado  por Vivas et al. 2007).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El factor inhibitorio de la  migración de macrófagos (MIF) es sintetizado por las células de Leydig y  previene la secreción de inhibina por parte de las células de Sertoli, actuando  en la regulación paracrina de los compartimientos intersticial e intratubular.  En ratones homocigotos para el gen CSF-1, el Factor Estimulador de las Colonias  de Fagocitos Mononucleares (CSF-1 o M-CSF) se observa disminución de la  fertilidad debido al mal funcionamiento de las células de Leydig causado por la  mutación en el gen CSF-1, ocasionando disminución de la esteroidogénesis. IFN-&#945;  e IFN-&#946; también inhiben la síntesis de andrógenos al inhibir la expresión de la  proteína regulatoria aguda de la esteroidogénesis (StAR) e IFN (revisado por  Vivas et al. 2007).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En el testículo, normalmente no  ocurre la activación de los linfocitos y, si se establece el contacto primario  entre las células inmunológicas y el antígeno, no se genera una respuesta inmune  (Pöllanen y Uksila, 1990). Cuando antígenos foráneos o autoantígenos  testiculares alcanzan la circulación, son tomados por células presentadoras de  antígenos como los macrófagos o células dendríticas del intersticio testicular,  que expresan en su superficie antígenos codificados por el Complejo Mayor de  Histocompatibilidad (MHC) tipo II. Estas células procesan el antígeno y lo  transportan nuevamente a su superficie, para que sean reconocidos por los  receptores para el antígeno de los linfocitos T, conocidos como TCR (Pöllanen y  Uksila 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El TCR consiste en dos cadenas  polipeptídicas &#945; y &#946;, asociadas con un complejo de 5 proteínas que forman, junto  con el CD3, una estructura de superficie ligada al receptor (Abbas et al. 1997,  Roitt et al. 1998).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El proceso de activación de los  linfocitos T requiere de dos señales. La primera se origina de la estimulación  del TCR por el antígeno, o por anticuerpos contra el complejo receptor de la  célula T o por lectinas. El estímulo es traducido al interior de la célula,  probablemente por proteínas que unen Guanosintrifosfato (GTP). Esto induce la  hidrólisis del fosfatidil-inositol en la membrana celular y provoca la  liberación de calcio intracelular. La hidrólisis del inositol libera  diacilglicerol, que activa a la proteinquinasa C, causa su traslocación a la  membrana celular y subsecuentemente, la fosforilación del CD3 (Pöllanen y Uksila  1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La segunda señal es mediada por  factores solubles. En este caso, la IL-1 &#946; a través de mecanismos dependientes e  independientes de la activación de las células T, activaría directamente a la  proteinquinasa C (Pöllanen y Uksila 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El TGF &#946; producido por las  células de Sertoli inhibe el incremento del calcio citosólico, mientras que la  ACTH secretada por las células de Leydig inhibe la hidrólisis del inositol de  membrana, previniendo así algunos de los eventos de la cadena de activación  linfocitaria. Con respecto a la segunda señal, la IL-1 &#945;, análoga a la IL-1 &#946; y  producida contínuamente por las células de Sertoli, se une al mismo receptor,  inhibiendo competitivamente la proliferación de las células T (Pöllanen y Uksila  1990).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como resultado del incremento  del calcio citoplasmático y de la activación de la proteinquinasa C, las células  T comienzan a sintetizar IL-2 y a expresar receptores de superficie para IL-2  que, a su vez, puede ser inhibida por el TGF-&#946; de las células de Sertoli y  peritubulares. La unión de IL-2 a su receptor provoca que la célula termine de  completar su ciclo celular, ejerciendo un efecto proliferativo (<a href="#fig2">Fig. 2</a>) (Pöllanen  y Uksila 1990).</font></p>     <p align="center"> <a name="fig2"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig2.gif" width="551" height="651"></a></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Todas estas evidencias sugieren  que la activación linfocitaria es inhibida en el testículo por factores  producidos localmente y que, el comportamiento de los linfocitos en ese órgano,  dependerá del efecto neto de los factores inmuno-reguladores sobre los eventos  asociados con la activación de las células T (Pöllanen y Uksila 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El estudio de la respuesta  autoinmune a autoantígenos testiculares se ha realizado utilizando un modelo de  orquitis autoinmune experimental, que se desarrolla inmunizando ratones con  homogenizado testicular y adyuvante de Freund. Las lesiones características de  la orquitis tales como infiltración leucocitaria, vasitis y aspermatogénesis, se  evidencian aproximadamente dos semanas después de la inmunización y son mediadas  por células T cooperadoras CD4+, pudiendo transferirse la respuesta autoinmune a  través de este tipo de células (Yule et al. 1990, Ksander 1994).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En el pasado no se les prestó  atención a las células dendríticas en su función de presentadoras de antígeno,  ya que su identificación era difícil al compartir marcadores con los macrófagos  que también están presentes en el intersticio testicular. Sin embargo, hace poco  se lograron identificar claramente empleando marcadores específicos como Ox62 y  CD11c. A la luz del modelo de peligro, propuesto por Matzinger (1994), numerosas  proteínas de estrés (hsp), entre las que se cuentan hsp 60 y hsp 70 pueden  actuar como autoantígenos testiculares siendo esta una de las causas por las  cuales podría ocurrir activación de linfocitos autorreactivos, daño al testículo  y alteración del privilegio inmunológico por pérdida de la tolerancia (<a href="#fig3">Fig. 3</a>).  Al liberarse hsp 70 de las células necróticas, actuaría como una señal de  peligro sobre las células dendríticas inmaduras, las cuales podrían disparar los  mecanismos de autoinmunidad, una vez activada su maduración (Fijak y Meinhardt  2006).</font></p>     <p align="center"> <a name="fig3"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig3.gif" width="565" height="416"></a></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como ya se mencionó, existen  células germinales que se encuentran fuera de la barrera hemato-testicular y que  expresan autoantígenos. Los mecanismos por los cuales se ha tratado de explicar  la regulación inmune en este caso, son dos: el que propone la existencia de  factores locales inmuno-reguladores en el intersticio testicular que previenen  la ocurrencia de una respuesta autoinmune y el otro, de tipo sistémico, que  involucraría el fenómeno de autotolerancia, aplicable a cualquier autoantígeno  específico para un órgano (Yule et al. 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existen numerosos factores que  pueden interferir con las funciones propias del testículo, así como con la  vigilancia inmunológica del órgano, por ejemplo: los tóxicos. Entre éstos se  encuentran los metales pesados y en algunos países, incluído el nuestro, el  Mercurio (Hg) ha cobrado importancia debido a los problemas ecológicos y  sanitarios que está provocando (Bruhn et al. 1995, Leino y Lodenius 1995, Malm  et al. 1995, Nakagawa 1995, Palheta y Taylor 1995).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Respuesta autoinmune  testicular inducida por Mercurio</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se considera que el testículo  es uno de los órganos que goza de privilegio inmunológico, por cuanto tejidos  inmunogénicos transplantados allí, pueden sobrevivir por períodos prolongados en  un ambiente que es inmunocompetente (Ksander y Streilen 1994). Sin embargo,  existen muy pocos trabajos que hayan estudiado la acción y efectos del mercurio  sobre este órgano desde un punto de vista inmunopatológico, a pesar de todas las  evidencias acumuladas que indican que el metal afecta la función de las células  del sistema inmune, con aumento de las inmunoglobulinas séricas (incluyendo IgE),  activación policlonal de linfocitos B y T y depósito de complejos inmunes que  conduce a glomerulonefritis (revisado por Pelletier y Druet 1995, Rowley y  Monestier, 2005).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El Grupo de Investigadores en  Reproducción Humana de la Universidad de Oriente (GIRH-UDO) estudiando el efecto  inmunopatológico del Hg sobre el testículo, ha demostrado que el metal induce la  expresión de autoanticuerpos a los 30 días en células germinales y  espermatozoides maduros de ratas tratadas con dosis subletales del metal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los autoanticuerpos aparecen  con dosis tan bajas como de 0,01 &#956;g/mL en túbulos seminíferos aparentemente  sanos y dañados, a los 30 días de tratamiento, aún cuando las concentraciones de  Hg++ en suero y testículo son bajas comparadas con las de los 90 días, y cuando  las concentración sérica de testosterona aún están dentro de límites normales (Penna  1996, Pocino et al. 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los autoanticuerpos, tanto del  isotipo IgG como IgM, se distribuyen en forma variable en el espesor del  epitelio germinal. En los túbulos aparentemente sanos, los anticuerpos se  distribuyeron en las células germinales más inmaduras como las espermatogonias y  también en espermatocitos y espermátidas. A su vez, en los túbulos más  severamente lesionados, la inmunofluorescencia se detectó en las células  descamadas al lumen de algunos de ellos y en el residuo del epitelio germinal,  en otros.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los anticuerpos de tipo IgM e  IgG en las ratas tratadas oralmente con Hg estaban dirigidos no sólo a los  elementos más inmaduros del epitelio seminífero como las espermatogonias, sino  también a los espermatocitos, espermátidas y a los espermatozoides (<a href="#fig4">Fig. 4</a>). Los autoanticuerpos aparecieron antes de que disminuyera la producción de  testosterona, que actúa en la regulación de los mecanismos involucrados en el  transporte de inmunoglobulinas al intersticio testicular y epididimario.</font></p>     <p align="center"> <a name="fig4"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig4.gif" width="411" height="500"></a></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En los túbulos epididimarios  también se detectan autoanticuerpos contra los espermatozoides ubicados en el  lumen. Asimismo, en espermatozoides aislados de epidídimo se demuestra la  presencia de anticuerpos tipo IgM e IgG, ubicados predominantemente en la cola.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Estos resultados sugieren que  Hg es capaz de inducir la expresión de autoanticuerpos de tipo IgM e IgG y que  estos atraviesan el epitelio germinal hasta alcanzar finalmente al gameto  maduro, probablemente a través de las células endoteliales intersticiales por  mecanismos de transferencia paracelular, por transcitosis o por ambos  mecanismos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Esta respuesta no podría  catalogarse como una orquitis autoinmune ya que no cumple con los requisitos de  vasitis, aspermatogénesis e infiltrado leuco-linfocitario descritos por Yule et  al. (1990). Sin embargo, puede considerarse como una respuesta autoinmune.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como el epidídimo es un  reservorio de espermatozoides, la carga autoantigénica puede ser igual o mayor a  la del testículo, sugiriendo que el riesgo de autoinmunización podría ser aún  mayor en el epidídimo que en el testículo. Ese riesgo se incrementa por el hecho  de que los linfocitos siempre están presentes en el epitelio epididimario, en  comparación con el testículo normal, donde nunca se han observado linfocitos  intraepiteliales (Pöllanen y Cooper 1994).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La presencia de linfocitos en  el epitelio epididimario normal sugiere que el sistema inmune es capaz de  detectar antígenos presentados por células MHC-II intraepiteliales, como las  células principales que expresan este tipo de moléculas, o por células  intersticiales. Así los autoantígenos germinales procedentes de espermatozoides  degenerados de la luz del túbulo o de células espermatogénicas descamadas del  testículo pueden ser presentadas por las células principales a los linfocitos  intraepiteliales, que porbablemente penetran fácilmente la membrana basal por  estar dentro del túbulo (Pöllanen y Cooper 1994).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por cuanto este órgano sufre  menos alteraciones que el testículo, probablemente el daño inducido por Hg++ en  las células peritubulares, pudo haber facilitado el paso de linfocitos al  epitelio, permitiendo la presentación de autoantígenos de las células descamadas  al lumen y de los espermatozoides, desencadenando así la generación de  autoanticuerpos que posteriormente se evidenciaron no sólo a nivel de los  espermatozoides epididimarios y testiculares, sino en las células del epitelio  germinal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ya que los daños histológicos y  la aparición de los anticuerpos se evidenciaron a partir de los 30 días, no  podría decirse cuál evento precedió al otro. Por lo tanto, cabría pensar en tres  posibilidades. La primera: que el daño inicial lo indujera el Hg sobre el  epitelio germinal provocando la liberación de autoantígenos, en estado nativo o  modificado, que activarían al sistema inmune. Segunda: que la afectación del Hg  sobre el sistema inmune a través de la inducción de células autoreactivas y la  activación de células B provocara la respuesta autoinmune que posteriormente se  vería potenciada por el efecto directo del Hg sobre el epitelio germinal.  Finalmente, podría ocurrir una combinación de los dos mecanismos anteriores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los autoanticuerpos de tipo IgM  e IgG atraviesan el epitelio germinal hasta alcanzar finalmente al gameto  maduro, probablemente a través de las células endoteliales intersticiales (por  mecanismos de transferencia paracelular, por transcitosis o por ambos), por la  rete testis y por presentación antigénica de células MHC-II; como las células  principales del epidídimo a los linfocitos intraepiteliales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El GIRH profundizando en los  mecanismosinmunológicos involucrados en el desarrollo de una respuesta  autoinmune en el testículo ha evaluado la intervención de interleuquinas 4 e IFN-&#947;  como indicadores de la activación de células Th<sub>1</sub> o Th<sub>2</sub>,  así como la expresión de proteínas de estrés (hsp).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Citoquinas (Th<sub>1</sub>,  Th<sub>2</sub>) inducidas por mercurio</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las citoquinas (CK) son  moléculas de naturaleza protéica liberadas por un número de células  linfohematopoyéticas y otras células, para llevar a cabo funciones específicas,  fundamentalmente de manera paracrina o autocrina. Hay una serie de sustancias  que han sido descritas como CK, cuyo papel en la función reproductora ya ha sido  explorado. Las CK se clasifican en diferentes grupos: Interferón (IFN) tipo &#945;,  &#946;, y &#947;, Interleuquinas (IL) IL-1 a IL-18, Factor Estimulante de Colonias (CSF),  TGF-&#946;, TNF &#945; y &#946; y Quimioquinas. La mayoría de las CK que regulan eventos  reproductivos, como IL-1, 2 y 6, GM-CSF, TNF &#945; y &#947;, tienen un peso molecular de  15 a 60 kd y algunas están glicosiladas. Estas sustancias actúan como  reguladores de una variedad de eventos fisiológicos y patológicos, como la  inflamación. Originalmente fueron clasificadas en dos grandes grupos: monoquinas  (productos de monocitos/ macrófagos) y linfoquinas (productos de linfocitos),  pero como estas sustancias se producen no solamente en esos linajes celulares,  se les ha dado el nombre común de citoquinas. Estas sustancias tienen receptores  no sólo en glóbulos blancos sino también en otros tipos celulares, como en el  sistema reproductor y, de esta manera, el sistema inmune afecta la función  endocrina y se establece una comunicación celular bidireccional que une al  sistema inmunológico con el sistema endocrino reproductor (Ben-Rafael y Orvieto  1992, Robertson et al. 1992, Rutanen 1993).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Una de las familias de las  citoquinas atrae leucocitos al sitio de daño tisular, por lo que se las ha  denominado “quimioquinas” (contracción de citoquinas quimiotácticas). Son  pequeños péptidos de 70-80 aa con una homología del 20-50% en el nivel de  aminoácidos. Estas sustancias son producidas por una gran variedad de linajes  celulares en respuesta a irritantes exógenos o mediadores endógenos y actúan  sobre subpoblaciones linfocitarias, que a su vez liberan proteasas y otros  mediadores del proceso inflamatorio. Existen tres subfamilias de quimoquinas, la  alfa o CXC, cuyos residuos de cisteína están separados por un aminoácido y la  beta o CC, en la que los dos residuos están adyacentes. Recientemente se  identificó una nueva sub-familia, llamada Linfotactina, que es similar a las  anteriores, pero que conserva dos de las cuatro cisteínas (García-Velazco y  Arici 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La CXC actúa como quimiotáctica  para neutrófilos, mientras que la CC sobre monocitos y linfocitos T, así como  eosinófilos y células cebadas. La CXC más estudiada ha sido la IL-8, que activa  neutrófilos y tiene receptores de superficie en los neutrófilos humanos (IL- 8RA  y IL-8RB). Su producción es favorecida por IL-1 y TNF-&#945;, mientras que los  corticosteroides inhiben la transcripción del gen que codifica la proteína. La  primera CC descrita fue la proteína inflamatoria de macrófago 1 (MCP-1/MCAF),  que es producida no sólo por macrófagos y linfocitos T, sino por otros  linfocitos y, células epiteliales y plaquetas. Las quimoquinas inducen  quimiotaxis, degranulación y estallido respiratorio por distintas vías de  señalización intracelular, como activación de fosfolipasa C y liberación de  calcio intracelular (García-Velazco y Arici 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En cualquier situación donde se  produce un daño celular como en el caso de una exposición a sustancias tóxicas,  las citoquinas realizan el control del proceso inflamatorio, migración y  agregación de células inmunocompetentes al sitio afectado (WHO 1991, Bagenstose  et al. 1999). Las citoquinas regulan esta respuesta al mercurio así como los  acontecimientos inflamatorios que se producen (Ring et al. 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como ya se mencionó, la  presentación del antígeno depende del MHC-II, que es necesaria para la  activación de las células T CD4. También se requiere de dos señales: la unión  del receptor de la célula T al complejo antigénicopéptido (MHC) a través del  Complejo proteico CD3 y la señal coestimulante de la unión de la proteína CD28  que se fija a dos proteínas B7. Junto a estas dos señales se induce a las  células Th, para que comience a secretar IL-2, factor mitógeno muy potente para  los linfocitos T que resulta esencial para la proliferación en la inmunidad  celular. Además de esta citoquina, las célula Th activadas secretan otras  citoquinas, tal como la IL-4, necesarias en la proliferación y función de las  células Th<sub>2</sub> y las células citotóxicas (Tc), en el aumento de la expresión de  proteínas MHC-II y crecimiento y diferenciación de la función de los eosinófilos,  mastocitos y las células B. Estas células B constituyen el principal tipo  celular que participa en la inmunidad humoral (Abbas 1997, Roitt et al. 1998).  Varios estudios han proporcionado evidencias de que citoquinas como IL-4  producida por los linfocitos Th<sub>2</sub> protegen contra la glomerulonefritis  cuando experimenta una supresión en el proceso de infiltración de los  neutrófilos y retraso en el tipo de hipersensibilidad retardada en tejido renal  (Kitching et al. 1998, Saleem et al. 1998).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La activación policlonal de las  células inducidas por nefropatía mercurial está asociada con elevados niveles de  citoquinas en circulación, derivadas de las células T. IL-4 juega un papel  importante en la inducción proliferativa de las células B específicas en la fase  inicial de la intoxicación por HgCl2 (Bagenstose 1999a).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por otra parte, el Interferón  gamma IFN-&#947; sintetizado por los linfocitos Th<sub>1</sub> promueve la lesión  renal mediada inmunológicamente por sus acciones estimuladoras y  proinflamatorias. En el ratón, IFN-&#947; es responsable de la regulación aditiva de  MHC clase I y II glomerular, así como de la expresión de moléculas de Adhesión,  activación de macrófagos y linfocitos y la liberación de mediadores de la  inflamación (Billiau 1996, Huang et al. 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">IFN-&#947; e IL-4, son linfoquinas  con efectos mutuamente antagonistas, estimulando diferentes funciones efectoras.  IL-4 es un tipo de citoquina fácilmente inducida durante las primeras horas del  tratamiento con mercurio antes que se produzca la respuesta de IFN-&#947;. En otro  estudio similar, se observó la producción de IL-4 e IFN-&#947; en células esplénicas  de ratas tratadas con HgCl2, detectándose a las 30 h la producción de IFN- &#947;,  mientras que la producción de IL-4 comienza luego de las 30 h. El nivel máximo  de expresión de IL-4 ocurre a las 48 h de la inyección con HgCl2, pero esta  sobre-regulación de los niveles basales se alcanza a los 10 días (Gillespie  1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es indudable que el mercurio  induce la activación de las células T dependientes y secundariamente a la  activación de las células B. Esto sugiere que las funciones de las células T  cooperadoras, son esenciales en el desarrollo de las manifestaciones autoinmunes  inducidas por el HgCl<sub>2</sub>; lo que produce una activación policlonal  secuencial de las células B, induciendo la producción de autoanticuerpos y  finalmente daño tisular, como glomerulonefritis (Jiang y Möller 1995). En este  proceso autoinmune hay un cambio de balance inmunoregulador hacia la respuesta  Th<sub>2</sub>. Esto cambia el dogma de las células Th<sub>2</sub> asociadas con  un compartimiento autoagresivo, mientras que las células Th<sub>1</sub>, el  papel regulatorio; en algunas circunstancias se pueden invertir dichas funciones  (Mathieson 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El incremento en suero de IgG e  IgE en ratas Brown Norway, tratadas con bicloruro de mercurio sugiere que las  células Th<sub>2</sub> representan un papel importante en la patogénesis de este síndrome.  El daño ocasionado por HgCl2 induce la activación de células B, mediada por la  producción de IL-4, promoviendo cambio de clase hacia esos isotipos (Bagenstose  et al. 1999a).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La administración de HgCl<sub>2</sub>  por vía oral, durante 30, 60 y 90 días a ratas Sprague-Dawley a concentraciones  0,01, 0,05 y 0,1 &#956;g/mL; produce un aumento en el contenido del metal en suero,  testículo y epidídimo. Desde el punto de vista inmunológico, las lesiones  testiculares y epididimarias están asociadas con una respuesta autoinmune  mediada por autoanticuerpos IgG e IgM dirigidos contra espermatocitos,  espermatogonias y espermatozoides maduros y sin infiltrado de células  inmunocompetentes en el intersticio testicular (Penna 1996, Pocino et al. 2002,  Penna et al. 2009).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En vista de esos hallazgos y  dado que el HgCl<sub>2</sub> altera tanto a la respuesta humoral como celular  del sistema inmune, el Grupo de Investigadores en Reproducción Humana de la  Universidad de Oriente, decidió evaluar la participación de la respuesta inmune  humoral y celular sistémica en la mediación de la respuesta autoinmune observada  en testículo. Para ello se determinaron, mediante ELISA, los niveles de IL-4 e  IFN-&#947;, considerados como indicadores fenotípicos Th<sub>2</sub> y Th<sub>1</sub>,  respectivamente (Mosmann et al. 1986, Abbas et al. 1996) en sueros de las ratas  expuestas crónicamente a dosis sub-tóxicas de mercurio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La administración oral de  mercurio provocó disminución de los niveles de IL-4 e incremento en los niveles  de IFN-&#947;. Sin embargo, como esta diferencia no fue estadísticamente  significativa, se analizaron las variaciones de los niveles de citoquinas en el  tiempo (2 y 7 meses), observándose un alto nivel de IFN-&#947; en los animales que  habían recibido mercurio, en comparación con los controles (<a href="#fig5">Fig.5</a>).</font></p>     <p align="center"> <a name="fig5"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig5.gif" width="467" height="484"></a></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Con respecto a los hallazgos  inmunopatológicos previamente descritos (Penna, 1996, Pocino et al. 2002) a los  60 días, en los que están presentes autoanticuerpos contra células germinales y  espermatozoides, los niveles de IFN-&#947; fueron significativamente más bajos en las  ratas tratadas con mercurio que en los animales control.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La administración de mercurio  pueda dar lugar a resistencia, representada por altos niveles de IFN-&#947;, similar  a lo observado en ratas de la cepa LEW y ratones de la cepa H-2s. Tanto las  ratas Sprague Dawley, como las ratas LEW son susceptibles de desarrollar  enfermedades autoinmunes mediadas por una respuesta de las células tipo Th<sub>1</sub>,  mientras que las ratas Brown Norway (BN), Dorus Zadel Black (DZB) y ratones BALB/C,  presentan susceptibilidad a la respuesta de tipo Th<sub>2</sub>, estimulada por  HgCl<sub>2</sub> (Bigazzi 2001, Wensky et al. 2001).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En ratas LEW esta actividad del  HgCl<sub>2</sub> se ha explicado como resultado de un aumento de los niveles  basales de IFN-&#947; e IL-12, en comparación con las BN, que presentan una  inhibición de estas citoquinas; sin embargo, hay una activación proliferativa de  IL-4, que no ocurre en la cepa resistente LEW y Sprague Dawley. De modo que la  respuesta inmune difiere de acuerdo con el genotipo y la resistencia, lo que  puede ser debido, en parte a los altos niveles basales de citoquinas Th<sub>1</sub>  ó a un fallo de la regulación aditiva de Th<sub>2</sub>. Existen datos  convincentes de que el reconocimiento de los auto-antígenos por las células Th<sub>1</sub>,  conduce a la destrucción de órganos, mientras que las Th<sub>2</sub> autorreactivas, son  menos dañinas y aún protectoras en algunos desórdenes autoinmunitarios (Bagenstose  et al. 1999b)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los resultados anteriormente  descritos indican que los efectos provocados por la administración crónica de  HgCl<sub>2</sub> (para los días 60 y 90 post tratamiento) en la cepa Sprague-Dawley  muestran congruencia con un estado de susceptibilidad inmunológica, con  reducción o ausencia de la expresión de IFN-&#947; y presencia de IgG e IgM dirigidos  contra espermatocitos, espermatogonias y, espermatozoides (Penna 1996, Pocino et  al. 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Para nuestro conocimiento, es  la primera vez que se relacionan los niveles séricos de citoquinas en ratas  Sprague Dawley tratadas con HgCl<sub>2</sub> con alteraciones en el sistema  reproductor masculino.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A pesar de que no hemos  demostrado cambios en la expresión de IL-4, existen evidencias de que esta CK  mantiene sus niveles constantes en ratas BN tratadas, inicialmente con dosis  estándar y posteriormente bajas de HgCl<sub>2</sub>, lo que se asocia con un  estado de resistencia sin desarrollo de síndrome autoinmune y que, una vez que  se inicia el descenso gradual de la expresión e INF- &#947;, ocurre una discreta  regulación aditiva de su expresión y de los niveles séricos de IgE, a partir del  día 20 de tratamiento (Szeto et al. 1996). Asimismo, en ese mismo modelo  experimental se ha demostrado que la expresión de esta CK ocurre tempranamente,  entre los días 4 y 10 de la enfermedad (Gillespie et al. 1995)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Para explicar cómo HgCl<sub>2</sub>  induce la expresión de IL-4 en las ratas Sprague Dawley, estudios realizados  indican que los altos niveles de grupos thioles favorecen la respuesta  inmunitaria tipo Th<sub>1</sub> y los bajos niveles, a las respuestas de Th<sub>2</sub>. En  particular, las células T CD4+ de las ratas LEW tienen niveles más altos de  grupos thioles que aquellas BN (Bagenstose et al. 1999b). Se cree, por tanto,  que los grupos SH, son moléculas determinantes que disminuyen la producción de  IL-4 y la síntesis de IgE inducida por IL-4 (Jeannin et al. 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Informes recientes complementan  esta información y hacen pensar que existe una relación entre inducción por  mercurio y los niveles de glutatión (GSH). El GSH influye también en el  equilibrio de la célula T tipo Th<sub>1</sub>/Th<sub>2</sub>. N-Acetil-l-Cisteína  (NAC), es un precursor antioxidante de GSH, que puede disminuir los niveles de  IL-4 en las células T en sangre periférica y también la producción in vitro de  IgE e IgG en las células mononucleares de sangre periférica humana. Cuando se  administra NAC oralmente a ratones, puede disminuir la producción de albúmina,  IgE e IgG y, en consecuencia, reducirse la respuesta Th<sub>2</sub> (Bagenstose  et al. 1999b).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha determinado que la  incapacidad en las ratas BN para producir una respuesta Th<sub>1</sub> adecuada,  es consecuencia de defectos existentes en el compartimiento de las células T.  Tanto las células T CD4+ y CD8+, están implicadas, pero la población CD8+  contribuye fuertemente con este defecto. Esta alteración parece ser  independiente del MHC y, además, los productos derivados de las APC como el  óxido nítrico (NO) no parecen estar implicados directamente en la polarización  de la respuesta inmunológica. La expresión elevada de IL- 4, no es responsable  de la disminución en la producción de INF-&#947; por las células T en la cepa BN; sin  embargo, es necesaria para su síntesis tanto en esa cepa con ratas LEW (Cautain  et al. 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Estos nuevos hallazgos pudieran  explicar lo sucedido en nuestro modelo experimental, en cuanto la  susceptibilidad evidenciada por el daño testicular, ocasionado por el HgCl<sub>2</sub>,  observándose un incremento en los niveles de IFN-&#947; en la fase inicial del  tratamiento y a los 210 días. Esto puede asociarse con una reducción de la  respuesta Th<sub>1</sub>, que permitiría el desarrollo del daño tisular mediado por una  respuesta autoinmune, aún cuando la respuesta Th<sub>2</sub>, en términos de los  niveles de IL-4, no fué detectable en nuestra investigación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ya que el Hg induce muerte  celular por apoptosis y necrosis en el epitelio germinal es posible que la  liberación antígenos de las células necróticas puedan actuar como “señales de  peligro” favoreciendo así la expresión de autoanticuerpos dirigidos contra el  linaje espermatogénico. Como representantes de esas señales se han postulado a  las proteínas de estrés.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Proteínas de Choque Térmico  (hsp) o Proteínas de Estrés</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Un aspecto integral de la  evolución de los organismos lo constituye la capacidad de los mismos de  enfrentar y sobrevivir a cambios adversos en su medio ambiente. En el reino  animal existen numerosos ejemplos de organismos que han evolucionado de maneras  únicas que les permiten la contínua supervivencia en un ambiente, que la mayoría  de las veces es hostil e incompatible con el mantenimiento de la vida. A  diferencia de los cambios únicos que ocurren en el animal como un todo, para  permitirle la aclimatación a variaciones ambientales, las células de todos los  organismos parecen emplear un mecanismo de defensa común y ubicuo. Así, las  células procariotas y eucariotas responden al estrés o a agentes estresantes  físicos y químicos, aumentando de manera rápida, vigorosa y transitoria, la  transcripción de genes específicos que codifican para una pequeña clase de  proteínas llamadas Proteínas de estrés (hsp) (Morimoto et al. 1990). Algunas de  este grupo están presentes en cantidades menores bajo condiciones normales, en  células no sometidas a estrés; ya que están involucradas en numerosas rutas  bioquímicas básicas y esenciales por sus funciones críticas en la fisiología,  crecimiento y desarrollo de la célula normal. Sin embargo, como consecuencia de  condiciones estresantes aumentan su expresión y se acumulan en las células hasta  alcanzar, en algunos casos, altas concentraciones. Esta respuesta sirve como  mecanismo adaptativo o de sobrevivivencia que involucra una reprogramación  rápida pero transitoria de la actividad metabólica celular para proteger  macromoléculas celulares críticas, con el fin de que la célula pueda reanudar  sus funciones fisiológicas normales durante la fase de recuperación o de  reparación, una vez que el evento estresante cesa (Welch 1992).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las hsp se han agrupado en  familias, las cuales se han clasificado en atención a sus pesos moleculares. Las  hsp de alto peso molecular son aquellas cuyos pesos oscilan entre 100 a 110kD,  la familia hsp90 entre 83-90 kD, la familia hsp70, entre 66-78kD; la familia  hsp60 presente en bacterias, mitocondrias y cloroplastos y que se han denominado  “chaperoninas” por su papel en el plegamiento y ensamblaje de proteínas; y por  último, la familia de hsp pequeñas, que está constituida por un grupo diverso de  proteínas con pesos moleculares que van de 15 a 30 kD. Algunas integrantes de  este grupo son constitutivas y en condiciones normales están presentes en bajas  cantidades en células no sometidas a estrés; ya que están involucradas en  numerosas rutas bioquímicas básicas y esenciales, y tienen papeles críticos en  la fisiología, crecimiento y desarrollo de la célula normal. Sin embargo, como  consecuencia de condiciones estresantes aumentan su expresión y se acumulan en  las células hasta alcanzar, en algunos casos, altos niveles. Por otro lado,  otras integrantes de las diferentes familias de las hsp sólo se inducen en  condiciones de estrés (revisado por Morimoto et al. 1990, Latchman 1998).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El papel primordial que  tradicionalmente se les ha asignado a las hsp es el de chaperonas moleculares  porque regulan las funciones de otras proteínas, por su unión a ellas modulando  su función, transporte y su estado conformacional (Morimoto et al. 1990,  Latchman 1998).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La respuesta al estrés es  universal, y altamente conservada en la línea evolutiva pudiendo inducirse por  innumerables agentes físicos y químicos e infecciosos (Welch 1992). Se ha  observado en diversos tipos de organismos, desde las archaebactaria a  eubacterias, levaduras, plantas, invertebrados y vertebrados, incluyendo al  humano. A pesar de que existen diferencias en el número y pesos moleculares de  las hsp expresadas entre ellos, es destacable la similitud con la que se ha  mantenido la respuesta, desde el punto de vista ontogénico. Las comparaciones de  las secuencias génicas que codifican para hsp en E coli, plantas, levaduras,  Drosophila y el hombre, así como el uso de técnicas inmunológicas para probar  similitudes estructurales de hsp entre especies filogenéticamente distantes han  demostrado que estas moléculas exhiben un alto grado de homología, representando  las proteínas más altamente conservadas en la naturaleza (Morimoto et al. 1990)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Originalmente este tipo de  respuesta se describió asociada con hipertermia, por lo que se las llamó  “proteínas de choque térmico” del inglés heat shock proteins. No obstante,  posteriormente se describieron numerosos agentes físicos y químicos, que van  desde la hipertermia, hipoxia, irradiación ultravioleta, etanol, peróxido de  hidrógeno, entre otros, hasta condiciones fisiopatológicas que incluyen trauma  tisular, isquemia e infecciones por virus y microbianas capaces de inducir su  expresión, por lo que su nombre se generalizó a proteínas de estrés (Morimoto et  al. 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los mecanismos exactos por los  cuales la célula reconoce cambios en su medio ambiente y activa la respuesta de  estrés no están totalmente claros, pero los diferentes agentes que inducen esta  respuesta comparten la capacidad de promover la desnaturalización de proteínas.  Tampoco está claro si todos los inductores actúan por vías independientes o  alternativamente, convergen en un solo punto de una sola vía (Morimoto et al.  1999, Goering et al. 2000).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La regulación de la  transcripción de los genes de las hsp se realiza por la interacción entre los  factores de transcripción con los elementos en las regiones promotoras de los  genes de las hsp (HSFs). En vertebrados se han identificado cuatro tipos de HSFs.  De ellas, la HSF1 y HSF2 se expresan ubicuamente y están conservadas (Pockley  2003)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por lo general, las hsp son  intracelulares en los eucariotas y son liberadas a partir de células necróticas,  pero no apoptóticas y esto denota daño tisular no fisiológico y, por lo tanto  genera una respuesta inflamatoria. Así, la liberación de las hsp  extracelularmente induce la expresión de moléculas de adhesión celular y  vascular, e interleuquinas de las células vasculares y de los macrófagos y la  secreción de IL pro-inflamatorias como IL-1b, IL-6 y TNF-&#945; desde los monocitos.  Se cree que esta respuesta esté relacionada con su capacidad de generar una  respuesta inmune innata y pro-inflamatoria adaptativa que implique la muerte  celular. Sin embargo, a pesar de que han sido postuladas como “señales de  peligro” pueden encontrarse en circulación sanguínea periférica de sujetos  sanos, no habiendo aún una explicación satisfactoria sobre el punto (Pockley  2003). Se cree que la liberación de complejos extracelulares de hsp con péptidos  son detectados por las células presentadoras de antígeno uniéndose al receptor  CD91 y en los órganos linfoides, son presentados a las células inmunocompetentes  T, siendo activadas para iniciar la destrucción de las células que presentan  estos complejos (Wallin et al. 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ante una situación de estrés  celular, ocurre replegamiento de las proteínas dañadas y hasta degradación de  las mismas; si el nivel de estrés incrementa o si las nuevas hsp son incapaces  de proteger las organelas vitales, ocurre muerte celular por apoptosis. Ya en  condiciones extremas, como la disminución intracelular de ATP o en presencia de  altos niveles de radicales libres en la célula, ocurre muerte por necrosis, de  manera que ambos tipos de muerte celular pueden estar interrelacionadas mediante  el estrés. Estos dos sistemas son considerados como los responsables del  “bienestar” del organismo y como respuestas celulares a las injurias ambientales  (Punyiczki y Fésüs 1998).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las hsp tienen un efecto  protector en la supervivencia celular, relacionado con el retardo en la  activación de la apoptosis, que involucra mecanismos tales como el transporte de  organelas y el ensamblaje de ciertas proteínas relacionadas con la apoptosis  como p53 o myc, pudiendo actuar también sobre algunas enzimas como proteasas,  nucleasas y transglutaminasas. La hsp 70 actúa protegiendo a la mitocondria del  daño oxidativo y, otras como las proteínas de estrés propiamente dichas (sHsps),  actúan regulando la apoptosis mediante la actividad de bcl-2 y de la familia  ced9, que interfieren con el estrés oxidativo. Se ha propuesto que la respuesta  al estrés y la apoptosis convergen en una cascada común de fosforilación, cuyos  miembros son inducidos por calor, radicales libres, estrés osmótico, TNF-&#945;, IL1,  lipopolisacáridos, factores de crecimiento o ceramida. Esta molécula puede  acelerar la fosforilación de la proteinkinasa activada por ceramida, que  transmite señales y regula la proliferación y los procesos inflamatorios (Punyiczki  y Fésüs 1998).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Inducción de hsp por  Mercurio</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los metales pesados, entre  ellos el mercurio, son potentes inductores de la respuesta de estrés. Así, se ha  descrito que el Hg es capaz de inducir hsp tanto in vivo como in vitro (Goering  y Fisher 1995). Sin embargo, al comparar estas hsp con aquellas inducidas por  hipertermia, se observan diferencias en cuanto a las familias de hsp  estimuladas, que pueden deberse parcialmente al sistema experimental utilizado.  Así, se ha descrito que el espectro de proteínas inducidas en células  embrionarias de Drosophila es idéntico tras tratamiento con Hg o por calor. Por  el contrario, en células de Candida albicans expuestas al metal se inducen las  hsp 81, 84 y 88, de las cuales sólo una coincide con las diferentes hsp  inducidas por hipertemia (revisado por Goering y Fisher 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha demostrado que la  administración de Hg in vivo produce daños en el riñón, con alteraciones en la  expresión de diferentes productos génicos, que dependen de la dosis y el tiempo  de tratamiento y que se evidencian por el aumento en la síntesis de hsp y la  inhibición de la síntesis de proteínas constitutivas. La inyección de Hg en  ratas, induce un aumento en la síntesis de novo de las proteínas de 43, 70, 90 y  110kDa en riñón. Esta inducción es órgano-específica ya que el Hg no induce  estas proteínas en hígado. Evidencias funcionales e histopatológicas indican que  estos cambios en la síntesis de proteínas renales son rápidos, ya que se  detectan entre 2-4 h de administrado el metal y ocurren previo al daño renal  visible, sugiriendo que la inducción de hsp en riñones de ratas tratadas con  HgCl2, pudiera estar relacionada con la nefrotoxicidad descrita con este metal (Goering  et al. 1992). La inhibición concomitante de la síntesis de otras proteínas  constitutivas de riñón, como son las proteínas de 38 y 68kDa, pudiera ser  suficiente para causar cambios mayores en ciertas rutas metabólicas, que  determinarán el inicio de la toxicidad del mercurio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se han propuesto mecanismos  diferentes por los cuales los metales inducen a las hsp. Uno de ellos propone  que la inducción es mediada a través de daño oxidativo sobre las membranas  celulares o el DNA, por la generación de radicales libres por la formación de  peróxidos lipídicos. Un segundo mecanismo propone que la inducción de hsp  envuelve eliminación de grupos de tioles intracelulares, por reacción del metal  con grupos sulfhidrilos. Un tercer mecanismo propone la inducción por  proteotoxicidad debida a la generación de proteínas aberrantes o  desnaturalizadas (revisado por Goering y Fisher 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ha sido importante el interés  que han generado las hsp, lo que se traduce en publicaciones en diversas áreas  que abarcan aspectos bioquímicos, genéticos, fisiológicos, patológicos, clínicos  e inmunológicos ya que, con respecto a este último se ha evidenciado que las hsp  ejercen numerosas funciones como en el procesamiento y presentación de  antígenos, la inflamación en enfermedades inflamatorias, en inmunidad  antineoplásica, en infecciones ya que constituyen antígenos relevantes contra  los que se dirige la respuesta inmune, así como en la inducción de  autoinmunidad. Asimismo, se cree que la expresión de hsp propias por encima de  un nivel crítico o bien por tiempo prolongado puede romper la tolerancia  desencadenando autoinmunidad (Lamb et al. 1989, Kaufmann y Schoel 1994,  Frostergård 1997, van Eden et al. 2003).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se han propuesto a las hsp como  la interfase entre la tolerancia y la autoinmunidad (Winfield y Jarjour 1991),  por cuanto constituyen un blanco importante en enfermedades infecciosas, con  homólogos muy similares que podrían generar una respuesta autoinmune por  reacción cruzada entre epítopos, como ha sido demostrado, por ejemplo, en la  infertilidad por factor tubárico en mujeres infectadas por Chlamydia trachomatis  (Neuer et al. 2000)</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Proteínas de estrés y  testículo</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las hsp no sólo cumplen una  función de protección en los casos en que existen condiciones adversas al  organismo, sino que también se expresan en tejidos normales y están involucradas  en los procesos celulares normales como el crecimiento y desarrollo o progresión  a través del ciclo celular (Neuer et al. 2000). Con respecto a esto, cabe  destacar que en condiciones normales se han identificado y caracterizado  diversas hsp en células testiculares, existiendo consenso, sobre la expresión de  diferentes miembros de las familias de las hsp60, 70 y 90 (revisado por Ogi et  al. 1999). Algunas de estas se expresan constitutivamente, otras están reguladas  en las diferentes etapas del desarrollo, algunas son específicas del testículo,  y otras sólo son expresadas en situaciones de estrés. Más aún, la expresión de  las hsp es un evento altamente regulado en la espermatogénesis, y se han  reportado notables diferencias en las hsp expresadas, que dependen de la línea  celular considerada y de su etapa de desarrollo y diferenciación (Sarge y Cullen  1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las hsp se expresan  diferencialmente en los diferentes tipos de células espermatogénicas a fin de  cubrir sus necesidades específicas. Durante la espermatogénesis las células  germinales sufren marcadas alteraciones en la expresión génica, lo que resulta  en cambios tanto en el tipo como en la cantidad de proteínas presentes en cada  tipo de célula germinal, por lo que se ha sugerido que las hsp expresadas  específicamente en el testículo, van a cumplir una función de chaperonas  moleculares de aquellas proteínas propias de cada estadio de las células  espermatogénicas (Sarge y Cullen 1997, Ogi et al. 1999).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En ratas adultas, la hsp 90 se  encuentra en el citoplasma de las espermatogonias y los espermatocitos en  preleptoteno y leptoteno muestran una alta reactividad, siendo muy baja la  expresión en espermatocitos secundarios y espermátidas y nula en  espermatozoides. Esto indica que su expresión se reduce gradualmente durante la  espermatogénesis. Se conoce que hsp 90 se asocia con varios receptores de  hormonas esteroideas que no se unen con DNA, lo cual podría concordar con el  hecho de un alto número de receptores de hormonas esteroideas están presentes en  las células germinales premeióticas (Ohsako et al. 1995). Se sabe que hsp90 es  responsable del mantenimiento en estado inactivo del receptor nuclear de  andrógenos. Al separarse esta proteína del complejo, se descubren los dominios  funcionales del receptor, necesarios para el transporte nuclear, dimerización y  unión con el DNA (Weinbauer et al. 2001).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En humanos, la deficiencia en  la expresión de algunas hsp está asociada con trastornos en la espermatogénesis  como en los bloqueos madurativos y en el síndrome de células de Sertoli sólo  (Son et al. 2000)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Al igual que otros tipos de  células, las testiculares sintetizan rápidamente hsp, en respuesta a estímulos  ambientales adversos, como en el caso de hipertermia, determinando cambios en  los patrones de hsp expresados, con respecto a los presentes en condiciones  normales. Con respecto a esto, se han descrito diferentes hsp cuya expresión  está regulada por el desarrollo y no aumentan en su expresión por tratamiento  con calor. No obstante, existe otro grupo de hsp cuya expresión aumenta en las  células tras exposición a elevadas temperatura. Es importante señalar, que en  muchas especies la temperatura de los testículos debe mantenerse  significativamente por debajo que aquella de los tejidos del resto del cuerpo.  Así en mamíferos, la temperatura de los testículos es de 30ºC mientras que la  del resto de los tejidos es de 37ºC (Sarge y Cullen 1997). Las hsp inducibles  por el estrés complementan las funciones normales de las hsp constitutivas y  expresadas durante el desarrollo, de manera de proteger procesos celulares  críticos como son la síntesis de proteínas o el ciclo celular, por lo tanto las  proteínas de estrés constituyen una respuesta fisiológica al estrés exógeno y  servirían para prevenir que éste conduzca a efectos adversos (Dix y Hong 1998).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existen evidencias de modelos  experimentales diferentes a testículo que han indicado que, por encima de un  cierto umbral (sea exposición crónica al agente estresante o altas  concentraciones de proteínas celulares desnaturalizadas), las hsp no continúan  desempeñando su papel protector a pesar de estar sobre-expresadas, lo que se  traduce en daño celular, que puede incluso conducir a la muerte de las células  con alteraciones en los órganos implicados (Goering et al. 2000).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como ya se ha expuesto, el GIRH  ha demostrado que la administración de dosis subtóxicas de HgCl2 por vía oral a  ratas de la cepa Sprague-Dawley, conduce al depósito del metal en testículo y  epidídimo induciendo daño progresivo en estos órganos (Penna et al. 2009).  Asimismo, provoca la aparición de autoanticuerpos tanto de tipo IgG como IgM en  el espesor del epitelio tubular de testículo y dirigidos contra espermatozoides  ubicados en el lumen de los túbulos y aislados del epidídimo (Penna 1996, Pocino  et al. 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ya que el Hg puede inducir una  respuesta de estrés, con el consecuente aumento en la expresión de hsp y/o  modificaciones sustanciales en las hsp expresadas normalmente en células  espermatogénicas, y debido además, a que estos cambios pudieran explicar las  alteraciones descritas arriba e inducidas por el mercurio en el tracto  reproductor masculino, nos propusimos investigar las posibles modificaciones en  la expresión de hsp60, 70 y 90 en células de testículo y de epidídimo obtenidas  de ratas tratadas con dosis subtóxicas de HgCl2, con el objeto de caracterizar  mejor los mecanismos involucrados en la inducción de los daños mediados por el  Hg sobre testículo y epidídimo. Por otro lado, decidimos estudiar también la  expresión de estas hsp en células de timo, bazo y ganglios linfáticos a fin de  analizar las posibles modificaciones en órganos del sistema inmune por la  exposición al metal y asociarlas con las del sistema reproductor masculino.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La ingesta de mercurio, aún en  concentraciones subtóxicas, es capaz de inducir en períodos tempranos del  tratamiento, un aumento en la expresión intracelular de las hsp60, 70 y 90, así  como en la expresión de hsp60 en la superficie de poblaciones celulares aisladas  de testículo y epidídimo en el sistema reproductor masculino, y de timo y bazo  en el sistema inmunológico. Cabe destacar que en muchos casos, las células de  animales a los que se les administró 0,05 &#956;g de HgCl2 por vía oral, expresaron  niveles de hsp similares e incluso mayores a los detectados en células de  animales controles, que habían sido tratadas con hipertermia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha propuesto que las  diferencias en la inducción de proteínas de estrés pueden reflejar diferencias  en los mecanismos de acción por los cuales metales específicos producen  toxicidad (Goering et al. 2000). Estos estudios contribuyen a explicar en parte  algunos de nuestros resultados: En primer lugar, cuando se analiza la expresión  de hsp60 en la superficie celular o de las hsp60, 70 y 90 a nivel intracelular,  se puede ver que los niveles de las mismas variaban sustancialmente en los  diferentes órganos obtenidos de los animales control. En segundo lugar, la  hipertermia no indujo mayor expresión de hsp intracelulares o de superficie, en  todos los tipos celulares analizados, independientemente de que provinieran de  animales tratados con Hg o de animales control.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha demostrado que la  inducción de hsp por agentes químicos in vivo, ocurre en los sitios de daño  tisular (revisado por Goering et al. 2000). En un estudio de hepatotoxicidad por  cocaína, se demostró que sólo los hepatocitos con marcados cambios histológicos  acumulaban hsp 25 y 70 inducibles (Salminen et al. 1997). Asimismo, en un  estudio de nefritis inducida por mercurio se describió aumento en la acumulación  de hsp72 y grp94, varias horas antes o conjuntamente con el desarrollo de la  nefrosis, demostrándose una correlación positiva entre la acumulación de algunas  proteínas de estrés y el daño agudo inducido por Hg en células de riñón. A pesar  de esto, mediante inmunohistoquímica se describe que la síntesis de hsp ocurre  predominantemente en células intactas, sugiriendo que las mismas son más  resistentes al daño, debido a las propiedades citoprotectoras de las hsp  inducibles. La falta de acumulación de hsp en las células que sufren daño,  pudiera estar relacionada con desarrollo de daño celular irreversible, antes de  que se sinteticen las hsp adecuadas (Goering et al. 2000). Esto ha llevado a  proponer que la incapacidad de tejidos específicos de expresar hsp en niveles  adecuados para conferir protección y contrarrestar la situación estresante,  pudiera estar relacionada con la susceptibilidad de estos tejidos a sufrir daño  por agentes tóxicos (Fisher et al. 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las hsp han despertado un gran  interés, desde el punto de vista inmunológico. Por un lado, las hsp bacterianas  atrajeron atención por ser moléculas altamente inmunogénicas capaces de activar  un gran número de células T. Por otra parte, se ha descrito que las hsp pueden  actuar como transportadoras de péptidos antigénicos derivados de células  infectadas por virus y células tumorales, por lo que se ha propuesto que las hsp  pueden presentar antígeno (Wallin et al. 2002). En tal sentido se ha descrito  que las hsp en general y la hsp70 y 90 en particular, unen péptidos  inmunogénicos tanto in vivo como in vitro, constituyendo estos complejos  hsppéptido un punto alternativo de reconocimiento antígenoespecífico en diversos  sistemas (Gullo y Teoh 2004).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">También se ha considerado desde  hace algún tiempo, a las hsp como mediadoras de autoinmunidad. Se ha demostrado  asociación entre una expresión aberrante de hsp propias y enfermedad (revisado  por Wu et al. 2001), conduciendo a la producción de autoanticuerpos contra hsp  en pacientes con enfermedades inflamatorias, desórdenes autoinmunes,  hipertensión, ateroesclerosis, o también después de diferentes infecciones por  virus, bacterias, micobacterias y parásitos (Kaufmann y Schoel 1994, Frostegård  et al. 1997, Wu et al. 2001). Un ejemplo de esto serían los altos títulos de  anticuerpos contra hsp65 descritos en diversas enfermedades crónicas  inflamatorias y autoinmunes que incluyen la artritis reumatoide, artritis  juvenil, diabetes tipo 1, escleroderma, psoriasis y Lupus Eritematoso Sistémico  (LES) (revisado por Frostegård et al. 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Esto sugiere que,  independientemente de los péptidos asociados, las hsp son proteínas muy  inmunogénicas que pueden actuar activando la inmunidad innata (Wallin et al.  2002). La liberación de hsp seguida por la captación, procesamiento y  presentación de péptidos asociados por parte de las CPA podrían sensibilizar  eficientemente a las células T circulantes ya que actuarían como chaperonas y  como señales para la maduración de las CPA y pérdida de la tolerancia, en el  caso particular del testículo (Milani et al. 2002, Fijak y Meinhardt 2006).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Con respecto a los mecanismos  de defensa innatos, las hsp actúan señalando “peligro” a las CPA, como  macrófagos y células dendríticas, tal como se ha demostrado para las hsp60 y 70.  En relación con esto, recientemente se han descrito receptores para las hsp en  las CPA, como son el CD14, los receptores Toll y el CD91. El CD14 une a las  hsp60 y 70, los receptores Toll unen un amplio rango de moléculas biológicas  entre las cuales se encuentran miembros de la familia de las hsp. Así, el TLR2 y  el TLR4 unen hsp60 y hsp70. Por otro lado, el CD91 que es un receptor para &#945;2-macroglobulina,  también une a miembros de la hsp90 humana (van Eden et al. 2003).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Además, se ha propuesto que el  sistema inmunológico no sólo tiene que decidir contra que tiene que responder,  sino que además tiene que seleccionar el tipo de respuesta adecuada para el  agente agresor, y en esto el sistema inmunológico pudiera no ser el último en  controlar la inmunidad, sino que lo serían los tejidos (Matzinger 2002). Cuando  el tejido está sano, hay tolerancia, mientras que en el caso de tejidos  estresados estos estimularían inmunidad y pudieran determinar también el tipo de  respuesta efectora a desarrollarse. Con respecto a esto, cabe señalarse que  desde hace tiempo se sabe que las células de ciertos tejidos van a tener  influencia en la respuesta local generada, como es el caso del tipo de  respuestas que se inducen en piel o en mucosas. Por otro lado, existen órganos  que tienen poblaciones especiales de linfocitos con una diversidad limitada de  sus receptores y que se han descrito como “linfocitos innatos” ya que responden  a moléculas de estrés propias más que contra los agentes extraños reconocidos  por los “linfocitos adaptativos” (Matzinger 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Tal es el caso de los  linfocitos T&#947;/&#948; que tienen un sesgo en su reactividad hacia las proteínas de  estrés, sean autólogas o de origen microbiano, y representan del 1-10% de las  células T en sangre periférica, pero constituyen el principal tipo de células T  en piel, intestino delgado y en los órganos reproductores donde se ha propuesto  que realizan una importante función de “vigilancia”. En ese sentido, estos  linfocitos representan del 33-50% de las células T en semen (Winfield y Jarjour  1991, Kauffman 1991, Muñoz et al. 1992, Witkin et al. 1996). Por otro lado, se  ha propuesto que en una respuesta de estrés, las hsp producidas van a activar a  células T&#947;/&#948; y que éstas pudieran generar autoinmunidad de diversas maneras,  incluyendo la activación de linfocitos B autoreactivos productores de  autoanticuerpos (Born et al. 1990, Winfield y Jarjour 1991)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Otra alternativa sería la  especificidad de los autoanticuerpos detectados en ratas que recibieron Hg por  vía oral, es que estos estén dirigidos contra antígenos propios que por  asociación con las hsp sobre-expresadas pasaran a constituir neo-antígenos  capaces de inducir una respuesta inmunitaria. Entre las diferentes hipótesis  propuestas para explicar la formación de neo-antígenos están aquellas  provenientes de estudios relacionados con apoptosis. El estrés ambiental  (hipertermia, luz ultravioleta, rayos X) es un potente inductor de la muerte  celular por apoptosis (Kyriakis et al. 1996, Samali y Orrenius 1998). Se ha  sugerido que las proteínas modificadas, por proteólisis o por fosforilación,  durante la apoptosis son los blancos preferidos para inducir respuestas de  autoanticuerpos, probablemente debido a que algunos autoantígenos se concentran  en las ampollas de la membrana, que se forman en la superficie de las células  apoptóticas. De hecho, la inmunización de ratones con células apoptóticas  conduce a la producción de autoanticuerpos (Zhang et al. 1996, Mevorach et al.  1998). Con respecto a esto y, como ya ha sido expuesto es importante recordar  que el Hg interfiere con las funciones protectoras de la barrera hemato-testicular  y la esteroidogénica, al afectar a las células de Sertoli y de Leydig,  respectivamente (Penna et al. 2004).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Un hecho interesante es que  hsp90 y hsp70 están relacionadas con el mantenimiento de la integridad del  receptor para hormonas esteroideas, el cual es un receptor citoplasmático (Kimmins  y MacRae 2000). La sobre-expresión de estas hsp a nivel citosólico, como  consecuencia del tratamiento con Hg, pudiera determinar alteraciones en el  normal funcionamiento de dicho receptor. Esto podría contribuir con las posibles  alteraciones a nivel del tracto reproductor masculino, ya que por un lado,  habría menores niveles de testosterona, ocasionada por una menor producción de  la misma, y por otro lado, una menor funcionalidad biológica de esta hormona,  por alteraciones del receptor (<a href="#fig6">Fig. 6</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="fig6"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig6.gif" width="512" height="465"></a></p>     
<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se ha sugerido que una  disminución en los niveles de testosterona puede determinar una mayor apoptosis,  debido a un aumento del estrés oxidativo en los tejidos. De hecho, se ha  demostrado que la suplementación con testosterona es capaz de suprimir los  efectos deletéreos del envejecimiento en el tracto masculino debidos a apoptosis  (Bustos-Obregón y Esponda 2004).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La administración de mercurio  induce la expresión temprana de hsp60, 70 y 90 intracelular y de hsp60 en la  superficie de las células de los órganos del sistema reproductor y del sistema  inmunitario y determina la inducción de autoanticuerpos tanto de tipo IgM como  IgG, que reaccionan con células de todo el linaje germinal y con espermatozoides  maduros, lo que sugeriría que el daño testicular y epididimario observado,  pudiera ser mediado por estos anticuerpos (Penna 1996, Pocino et al. 2002,  Pocino y Penna 2007).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Nuevas hipótesis</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Desconocemos exactamente la  especificidad de los autoanticuerpos dirigidos contra los componentes  testiculares o los espermatozoides maduros, descritos con anterioridad en los  animales a los que se les administró Hg por vía oral, sin embargo es muy  tentador sugerir diferentes posibilidades, en las cuales estarían implicadas las  hsp. Una posibilidad es que estos autoanticuerpos dirigidos contra componentes  del sistema reproductor masculino, sean específicos contra hsp. En este sentido,  tal como ya se ha mencionado, innumerables trabajos han descrito la presencia de  anticuerpos específicos contra hsp en diferentes enfermedades. Muchas  investigaciones han sugerido que los autoanticuerpos contra las hsp pudieran  tener significación en la generación, formación y prognosis de diferentes  enfermedades, Por ejemplo se ha descrito una relación directa entre anticuerpos  contra hsp65 y ateroesclerosis (Xu 2001).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Matzinger (1994) ha propuesto  que las CPA se activan por señales de alarma o de “peligro” provenientes de  células dañadas o lesionadas tales como aquellas expuestas a patógenos, toxinas,  daños mecánicos, entre otros. Desde su propuesta inicial, se han descrito muchas  señales de peligro que incluyen a las hsp. Estas señales pueden ser  constitutivas o inducibles, intracelulares o secretadas o incluso presentes en  la matriz extracelular, lo que es importante es que estas señales de peligro no  deben ser enviadas por células sanas o aquellas en vía de una muerte fisiológica  normal. Los miembros de la familia de las hsp son candidatos ideales ya que  potencialmente señalan daño tisular o estrés celular al sistema inmunitario al  sobre-expresarse rápidamente durante diversas formas de estrés celular y ser  liberadas del tejido dañado (Wallin et al. 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Con respecto a la  autoinmunidad, la Teoría del Peligro propone que, dado que el estrés celular  puede producir una respuesta inmunológica, algunas enfermedades autoinmunes  pueden ser causadas por mutación de algunos genes que controlan la muerte  fisiológica normal y el proceso de “limpieza” o por agentes patógenos o toxinas  que causan estrés celular o muerte. En estos casos, el sistema inmunitario no  estaría fallando, sino que estaría realizando su trabajo de responder a las  señales de alarma, pero en detrimento del hospedador (Matzinger 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Al presente no sabemos si el  aumento en la apoptosis, observado a nivel del sistema reproductor masculino, en  las ratas que reciben Hg por vía oral, está relacionado con una expresión  inadecuada de hsp para contrarrestar los efectos del agente estresante crónico,  o si esta apoptosis estaría relacionada con la posible inducción de anticuerpos  dirigidos contra las hsp expresadas en las células de ese sistema.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Basados en nuestros resultados  y en trabajos previos descritos en la literatura, proponemos que la  administración de Hg, induce un aumento en la expresión de hsp en forma  sistémica, las cuales van a actuar como moléculas señalizadoras y/o activadoras  de linfocitos T, conduciendo a la ruptura de la tolerancia inmunológica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Esta activación de los  linfocitos T, acompañada con fallas en la regulación inmunitaria, conduciría a  la estimulación policlonal de linfocitos B con producción de autoanticuerpos,  algunos de ellos dirigidos contra antígenos propios expresados en células  espermáticas. Estos anticuerpos pudieran ser específicos contra hsp  exclusivamente o ser anticuerpos con reactividad cruzada frente a componentes  celulares de testículo y epidídimo, que posiblemente variaron su conformación  química, formando neo-antígenos por asociación con las hsp inducidas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por otro lado, a nivel local en  testículo habría una síntesis aumentada de hsp por efecto del Hg depositado en  el órgano, entre otros. Esta sobre-expresión de hsp en tejidos sería reconocida  por los autoanticuerpos estimulados formando complejos antígeno-anticuerpo, que  pueden conducir a muerte celular determinando o potenciando las lesiones  testiculares y epididimarias descritas previamente. En todo este proceso, la  alteración de las células de Leydig determinaría la disminución en la producción  de testosterona, la cual potenciaría las alteraciones existentes en la  regulación de la respuesta inmunitaria (<a href="#fig7">Fig. 7</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="fig7"> <img border="0" src="/img/fbpe/saber/v25n1/art03fig7.gif" width="519" height="493"></a></p>     
<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Conclusión</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los resultados obtenidos hasta  ahora apoyan la hipótesis de que el Hg, aún a dosis subtóxicas, es capaz de  provocar daño directo en células del sistema reproductor masculino e inducir  respuesta de tipo celular y humoral, ocasionando daño del epitelio seminífero,  por medio de varios factores, entre los que se cuentan las proteínas de estrés,  lo que podría prevenir, a largo plazo, la fecundación.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Agradecimientos</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Al Grupo de Investigadores en  Reproducción Humana: Marisol Pocino, Maria Moreno de Marval, Julman Cermeño,  Aminta Cardozo, Marisa Gonsálves, Isabel Hernández, Julmery Cermeño y María  Granadillo. A German Delgadillo por su valiosa ayuda en el diseño y  digitalización de las ilustraciones.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Referencias Bibliográficas</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1. Abbas AK, Murphy KM, Sher A.  1996. Functional diversity of helper T lymphocytes. Nature. 383:787-793.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3233670&pid=S1315-0162201300010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Abbas AK, Lichtman A, Pober  J. 1997. Cellular and molecular Immunology. 3 ed. Philadelphia: WB Saunders.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Aickelin U, Dasgupta D.  2005. Artificial Immune Systems Tutorial. In: Burke E, Kendall G, editors.  Search Methodologies - Introductory Tutorials in Optimization and Decision  Support Techniques. Kluwer; p 375-399.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Bagenstose LM, Salgame P,  Monestir M. 1999a. Cytokine regulation of a rodent model of mercuric chloride-induced  autoimmunity. Environ. Health Perspective. 107:807-810.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Bagenstose LM, Salgame P,  Monestier M, 1999b. Murine mercury-induced Autoimmunity: a model of chemically  related autoimmunity in humans. Immunol. Research. 20:67-78.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Ben-Rafael Z, Orvieto R.  1992. Cytokines--involvement in reproduction. Fertil. Steril. 58:1093-1099.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Bigazzi P. 2001.  Autoinmunidad inducida por metales. In: Lahita R, Chiorazzi N, Reeves W. (Edit).  Tratado de las enfermedades autoinmunitarias. México: McGraw Hill  Interamericana. Cap 41; p 809-840.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Billiau A. 1996. Interferon-gamma:  biology and role in pathogenesis. Adv. Immunol. 62:61-130.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Born W, Happ MA, Dallas A,  Reardon C, Kubo R, Shinnick T, Brennan P, O’Brien R. 1990. Recognition of heat  shock proteins and gd cell function. Immunol. Today. 11:30-43.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Bustos-Obregón E, Esponda  P. 2004. Ageing induces apoptosis and increases hsp 70 stress protein in the  epididymis of Octon degus. Int. J. Morphol. 22:29-34.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Bruhn C, Rodríguez A,  Barrios C, Jaramillo V, Gras N, Becerra J, Nuñez E, Reyes O. 1995. Mercurio en  el cabello de embarazadas y madres lactantes chilenas. Bol. Oficina Sanit. Panam.  119:405-414.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. Cautain B, Damoiseaux J,  Bernard I, Xystrakis E, Fournie E, van Breda Vriesman P, Druet P, Saoudi A.  2002. The CD8 T cell compartment plays a dominant role in the deficiency of  Brown- Norway rats to mount a proper type 1 immune response. J. Immunol.  168:162-170.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Dix DJ, Hong RL. 1998.  Protective mechanisms in germ cells: Stress proteins in spermatogenesis. Adv.  Exp. Med. Biol. 444:137-143.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. Ernst E, Lauritsen J. 1991.  Effect of organic and inorganic mercury on human sperm motily. Pharmacol.  Toxicol. 69:440-444.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. Fijak M, Meinhardt A. 2006.  The testis in immune privilege. Immunol. Rev. 213:66-81.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. Fisher BR, Heredia DJ,  Brown K. 1995. Induction of hsp72 in heat-treated rat embryos: A tissuespecific  response. Teratology. 52:90-100. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Frostegård J, Lemne C,  Andersson B, van der Zee R, Rolf Kiessling R, de Faire U. 1997. Association of  serum antibodies to heat-shock protein 65 with borderline hypertension.  Hypertension. 29:40-48.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. García-Velasco JA, Arici A.  1999. Chemokines and human reproduction. Fertil. Steril. 71:983-993.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Gillespie K, Qasim F,  Tibbatts L, Thiru S, Oliviera D, Mathieson PW. 1995. Interleukin-4 gene  expression in mercury-induced autoimmunity. Scand. J. Immunol. 41:268-272.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Goering PL, Fisher BR.  1995.Metals and stress proteins. In: Goyer RA, Cherian MG. (Edit). Toxicology of  metals. Biochemical aspects. Handbook of Experimental Pharmacology. Springer; p  129- 150.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. Goering PL, Fisher BR, Nren  BT, Papaconstantineau A, Rojko JL, Marler RJ. 2000. Mercury induces regional and  cell-specific stress protein expression in rat kidney. Toxicol. Sci. 53:447-457.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. Goering PL, Fisher BR,  Chaudhary PP, DickCA. 1992. Relationship between stress protein induction in rat  kidney by mercuric chloride and nephotoxicity. Toxicol. Appl. Pharmacol.  113:184-191.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. Gullo CA, Teoh G. 2004.  Heat shock proteins: to present or not, that is the question. Immunol. Lett.  94:1- 10.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. Hassoum S, Drouet M, Le  Sellin J, Bonneau J, Sabbah A. 1991. A propos des causes immunologiques de  l’infertilité masculine. Allerg. Immunol. (Paris). 23(4):121-125.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. Huang XR, Tipping PG, Shuo  L, Holdsworth SR. 1997. Th<sub>1</sub> responsiveness to nephritogenic antigens  determines susceptibility to crescentic glomerulonephritis in mice. Kidney Int.  51:94-103.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. Huston D. 1997. The biology  of the immune system. JAMA. 278:1804-1814.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. Jeannin P, Delneste Y,  Lecoanet-Henchoz S, Gauchat J, Life P, Holmes D, Bonnefoy J. 1995. Thiols  decrease human interleukin (IL) 4 production and IL-4-induced immunoglobulin  synthesis. J. Exp. Med. 182:1785-1792.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. Jiang Y, Möller G. 1995. In  vitro effect of HgCl2 on murine lymphocytes. I preferable activation of CD4+ T  cells in a responder strain. J. Immunol. 154:3318-3146.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. Kaufmann SHE, Kabelitz D.  1991. Gamma/Delta T lymphocytes and heat shock proteins. Curr. Top. Microbiol.  Immunol. 167:191-207.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. Kaufmann SHE, Schoel B.  1994. Heat shock proteins as antigens in immunity against infection and self.  In: Morimoto RI, Tissières A, Georgopoulos C. (Edit). The Biology of Heat Shock  Proteins and Molecular Chaperones, New York: Cold Spring Harbor Laboratory Press;  p 495–531.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. Kimmins S, MacRae TH. 2000.  Maturation of steroid receptors: an example of functional cooperation among  molecular chaperones and their associated proteins. Cell Stress Chaperones.  5:76-86.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">32. Kitching AR, Tipping PG,  Mutch DA, Huang XR, Holdsworth SR. 1998. Interleukin-4 deficiency enhances Th1  responses and crescentic glomerulonephritis in mice. Kidney Int. 53:112- 118.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">33. Ksander B, Streilein W.  1994. Regulation of the immune response within privileged sites. In: Mechanisms  of immune regulation. Granstein R. (Edit). Chem. Immunol. 88:117-145.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">34. Kyriakis J, Avruch J. 1996.  Protein kinase cascades activated by stress and inflammatory cytokines.  Bioessays. 18:567-577.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">35. Lamb JR, Bal V, Mendez-Sampeiro  P, Mehlert A, So A, Rothbard J, Jindal S, Young RA, Young DB. 1989. Stress  proteins may provide a link between the immune response to infection and  autoimmunity. Int. Immunol. 1:1-8.</font></p>     ]]></body>
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<surname><![CDATA[Murphy]]></surname>
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<surname><![CDATA[Sher]]></surname>
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<year>1996</year>
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<page-range>787-793</page-range></nlm-citation>
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