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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The decision that all nations should commit themselves not to discriminate on grounds of sex, ratified the international character of the struggle that should begun and spread across the planet, giving feminism a universal character. However, if one seeks to separate what on a chain of equivalents would be universal and particular, the universal part as a non-place, as an empty signifier that questions us about the specificity of our Latin American feminism; summons on what happens when a group without citizenship rights, proceeded to claim universality, ie, to be included? It should be then reconsidered, how do equivalence against the dominant hegemony starting from pluralities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana" COLOR="#231f20">     <p align="center"><b>En cadena por más democracia: Venezuela</b></p> </font><font FACE="Verdana" COLOR="#231f20" size="2">     <p ALIGN="center"><b>Gioconda Espina</b></p>     <p ALIGN="justify">Doctora en estudios del desarrollo, Profesora Universitaria,  Venezuela. <a href="mailto:espinagio@cantv.net">espinagio@cantv.net</a></p>     <p ALIGN="justify"> <b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">Resumen</span></b></p>     <p ALIGN="justify">La decisión de que todas las naciones se comprometieran a no  discriminar por razones de sexo, ratificó el carácter internacional de la lucha  que había que comenzar y extender por el planeta, otorgándole al feminismo, un  carácter universalista. No obstante, si se busca separar lo que en una cadena de  equivalencias sería lo universal y lo particular, la universalidad parte como un  no-lugar, como un significante vacío que nos interroga sobre la especificidad de  nuestro feminismo latinoamericano; interpela sobre el ¿qué sucede cuando un  grupo, sin derechos ciudadanos, procede a reclamar universalidad, es decir, ser  incluidos? Habría que replantearse entonces, la manera de hacer equivalencia  frente a la hegemonía dominante partiendo de las pluralidades.</p>     <p ALIGN="justify"> <b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">Palabras  Clave</span></b>: Feminismos, significante, teoría.</p>     <p ALIGN="justify"> <b><font SIZE="2" COLOR="#231f20">Abstract</font></b></p>     <p ALIGN="justify">The decision that all nations should commit themselves not to  discriminate on grounds of sex, ratified the international character of the  struggle that should begun and spread across the planet, giving feminism a  universal character. However, if one seeks to separate what on a chain of  equivalents would be universal and particular, the universal part as a  non-place, as an empty signifier that questions us about the specificity of our  Latin American feminism; summons on what happens when a group without  citizenship rights, proceeded to claim universality, ie, to be included? It  should be then reconsidered, how do equivalence against the dominant hegemony  starting from pluralities.</p>     <p ALIGN="justify"> <font SIZE="2"> <b>Key </b></font><b>Words</b>: Feminisms, signifier, theor</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Fecha de recepción: 20 de octubre de 2009 Fecha de  aceptación: 23 de octubre de 2009</p>     <p ALIGN="justify">No hay un feminismo específicamente venezolano y ni siquiera  uno latinoamericano. El feminismo desde el comienzo fue internacionalista. De  hecho el primer texto considerado propiamente feminista, el primero que no fue  un “cuaderno de quejas” de mujeres, sin duda perfectamente justificadas, fue  Vindicación de los derechos de la mujer, publicado en 1792 y escrito por la  inglesa Mary Wollstonecraft entre Londres y en París, donde Mary fue a parar con  otros jóvenes intelectuales para -como sigue sucediendo en cada proceso  revolucionario que comienzaestar cerca del “proceso” que había estallado en 1789  con la toma de la Bastilla. Una inglesa que escribe entre Londres y París acerca  de su “experiencia vivida” (como tituló Simone de Beauvoir a su segunda parte de  El segundo sexo, en 1949) y la de su hermana, su amiga Fanny y su madre,  brutalmente golpeada por el marido desde que Mary tuvo memoria. Así que el  feminismo, por plantear reivindicaciones generales para las personas de un sexo  subordinadas al otro sexo en cualquier lugar de planeta, siempre ha sido una  propuesta ideológica y política internacional, entre otras características.</p>     <p ALIGN="justify">Amelia Valcárcel (1997:89) ha definido al feminismo por lo  que dejó de hacer la Ilustración de la cual surgió: el feminismo es uno de los  productos de la Ilustración, de la Modernidad, por lo tanto es una filosofía  política, pero también un movimiento con sus temas de polémica interna. Es un  “pensamiento de la igualdad y su relación con la ciudadanía se plantea por  primera vez en el pensamiento europeo”; desde entonces se reformuló como un  democratismo radical “que ponía de relieve y denunciaba lo defectuoso del estado  de cosas (y) vindicaba para el colectivo completo de las mujeres la categoría de  ciudadanía” (Ibíd.: 91). Por todo esto, “el feminismo es un igualitarismo y  pertenece a la tradición política de la izquierda” (Ibíd.: 143) y es un  internacionalismo y “es la punta de lanza, teórica y agitativa, de un movimiento  de cambio social enorme” (Ibíd.: 189). Recientemente, Valcárcel (2006:9) ha  vuelto a precisar en qué consiste el feminismo: una teoría “que dice lo que es  relevante y cómo ha de ser interpretado el mundo”, una agenda sobre lo que hay  que hacer, un movimiento y un conjunto de acciones. En la teoría, claro está,  quedarían incluidas las definiciones dadas en 1997.</p>     <p ALIGN="justify">Desde luego, esa definición del feminismo como un resultado  de la Ilustración cuyas líneas generales hay que sostener, ha tenido sus  oponentes, en particular por la noción de sujeto moderno que le es inherente.  Chantal Mouffe (1993/1999:19), por ejemplo, ha señalado que algunas autoras  consideran:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">De buen tono (rechazar) la contribución de Foucault,  	Derrida o Lacan, a los que –con mucha ignorancia y mala fe– se asimilan al  	concepto vago de ´postmodernismo´. Se los acusa de que, con su crítica al  	universalismo y al racionalismo minan las bases del proyecto democrático  	(cuando) es exactamente lo contrario.</p> </blockquote>     <p ALIGN="justify">Pues lo que pone en peligro a la democracia son,  precisamente, los racionalistas incapaces de comprender el desafío permanente al  que debe enfrentarse siempre un régimen, dada su ceguera y su impotencia ante el  antagonismo político.</p>     <p ALIGN="justify">Pero, además, todos los modelos que proponen “son  incompatibles (con) una democracia pluralista” (Id.). Porque no se trata de  desembarazarse de:</p>     <blockquote> 	    <p ALIGN="justify">Las determinaciones particulares, de negar las  	pertenencias, ni las identidades, para acceder a un punto de vista donde  	reina un individuo abstracto y universal. (El) ciudadano democrático sólo es  	concebible en el contexto de un nuevo tipo de articulación entre lo  	universal y lo particular (Ibíd.: 32).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">De todas maneras, Mouffe se define como una feminista de la  igualdad, como Amorós y Valcárcel, pero una que toma en cuenta las diferencias  para la construcción de cadenas de demandas equivalentes de diversos grupos que  busca una nueva hegemonía política.</p>     <p ALIGN="justify">Valcárcel ubica el nacimiento de la tercera ola del  feminismo, en la cual estamos, en 1968, y la insurgencia estudiantil en Europa,  EEUU y América Latina; y en ello coincide mucha gente, como quien esto escribe y  de ahí procede. Añade Antoinette Fouque que el trabajo antisistema con los  compañeros universitarios dejó bien claro que, en adelante, la posición de las  mujeres continuaría subordinada a la de ellos; también quedó claro que la  subordinación –tal como lo había dicho en 1792 Wollstonecraft– pasaba por la  apropiación por los hombres (el padre, el marido, el prometido, pero también el  Papa, los ayatollahs y la máxima autoridad de cualquiera de las iglesias y  muchos de los jueces y médicos) de la sexualidad de las mujeres y más  específicamente de ese territorio donde se reproduce la humanidad: el cuerpo de  la mujer. Fouque (1995/2008: 41) rememora aquellos días de los que surgió el MLF,  Movimiento de Liberación de las Mujeres: “Mayo del 68 fue ante todo una  efervescencia, una explosión oral, un grito; para mí y no sólo para mí, un  nacimiento”. Luego vino el MLF que mantuvo “el grito y el cuerpo con él: el  cuerpo tan severamente pisoteado por la sociedad de los años sesenta, tan  violentamente reprimido por los modernos de aquél entonces, los oficiantes del  pensamiento contemporáneo” (Id).</p>     <p ALIGN="justify">La línea que prevalece en el feminismo que es internacional  sigue siendo la del 68: el rescate de la sexualidad y del cuerpo a través de la  lucha contra todo tipo de violencia contra las mujeres, por la despenalización  del aborto y el acceso gratuito a los métodos anticonceptivos, contra el abuso  de la imagen del cuerpo de la mujer en la publicidad, por la crianza de los  hijos e hijas compartida con sus padres, por la seguridad social de las mujeres  en edad de jubilación que dedicaron su vida a parir y cuidar los hijos, el hogar  y los enfermos y los ancianos sin ninguna remuneración y a costa de su propia  salud e intereses fuera del hogar, y por la libre orientación sexual con las  consecuencias sociales y legales que esto implica. El cuerpo está en el centro  de la lucha contra quienes se benefician de su expropiación, con la excusa del  amor o con una menos romántica.</p>     <p ALIGN="justify">De nuevo coinciden Valcárcel y Fouque al rescatar la  Declaración de los Derechos Humanos aprobada por la ONU como el texto a partir  del cual el feminismo pudo comenzar su lucha por la igualdad. Valcárcel (2008)  ha recordado que Eleonor Roosevelt fue la redactora principal de ese texto y que  se suele pasar por alto este detalle por la densidad de la sombra que seguía  haciéndole su finado marido, ex presidente de los EEUU. La Carta de las Naciones  Unidas de fines de la segunda guerra mundial plantea que las naciones se  comprometían a promover y defender “los derechos humanos” (1945). Pero la  Declaración de los Derechos Humanos de 1948 es más específica y afirma que  “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos” y que  esto es así “sin distingos de raza, de color, de sexo, de lengua, de religión,  de opinión política o de cualquier otra opinión, de origen social, de fortuna,  de nacimiento o de cualquier otra situación” (Citada por Fouque. Ob. Cit.:214).  Así que la decisión de que todas las naciones se comprometan a no discriminar  por razones de sexo, ratificó el carácter internacional de la lucha que había  que comenzar y extender por el planeta. Lo cual sucedió a diversas velocidades  en los países.</p>     <p ALIGN="justify">En Venezuela la denuncia de las diversas desigualdades  comenzó (públicamente) en el año 36, a la muerte del dictador Juan Vicente  Gómez; se interrumpió con el golpe de estado de 1948 y se reanudó el año 58, a  la caída de Marcos Pérez Jiménez. Pero el año en que las y los venezolanos se  enteraron de que la lucha por los derechos de la mujer iba más allá de derrocar  una dictadura o de conquistar el poder por la guerrilla o electoralmente, fue el  año 1975. Ese fue el año acordado por la asamblea general de la ONU como el Año  Internacional de la Mujer. La primera conferencia de mujeres convocada a nivel  mundial fue en junio del año 75, en México. Ahí fue donde las mujeres que  dudaban acerca de que la condición de la mujer era mala en todas partes, tomaron  conciencia de ello. Se acordó una reunión de balance diez años después, en  Nairobi, en la cual las venezolanas llevamos dos documentos: el que llevaba la  Ministra de la Familia, Virginia Olivo de Celli, y el que llevaba la recién  creada Coordinadora de ONG de Mujeres, nombre provisional que propuso Argelia  Laya para esa instancia creada en la Sala E de la UCV por iniciativa de la  Federación Venezolana de Abogadas (presidida por Lisbeth Guevara), la Central  Única de Trabajadores de Venezuela (Eumelia Hernández y María León), las  periodistas de Mujer y Comunicación (Yajaira García, Helena Salcedo) y la  revista feminista La Mala Vida (Gioconda Espina y Giovanna Mérola).</p>     <p ALIGN="justify">Hay que destacar lo siguiente: los documentos que llevamos a  Nairobi no se excluían sino que se complementaban, porque el de la ministra se  refería a los avances desde el año 75 en la legislación y en los índices de  mortalidad infantil, educación, etc; mientras que el de las ONG incluía las  actividades a las que se dedicaban grupos que nada tenían que ver con el  gobierno, como el Teatro 8 de marzo de Maracay ( uno de los grupos que conocimos  el mismo día de la creación de la CONG), el grupo Miércoles (cine y video), las  abogadas, las médicas y las periodistas organizadas y las sindicalistas  organizadas.</p>     <p ALIGN="justify">La conferencia de Nairobi fijó la agenda feminista hasta el  año 2000. En 1979 se aprobó la Convención sobre la Eliminación de todas las  Formas de Discriminación contra la Mujer, que entró en vigencia a partir de  1981. En 1992, en Río de Janeiro, el Planeta Fema exigió a los países de la ONU  un modelo de desarrollo no depredador del planeta y de las personas. En 1994 se  realizó la Conferencia Mundial de Población y Desarrollo, en Cairo, que definió  cuáles son los derechos sexuales y reproductivos que deben garantizarse; y en  Belem do Pará la OEA aprobó la Convención Interamericana para Prevenir,  Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Este mismo año 94, la  Organización Mundial de la Salud condenó de nuevo las mutilaciones genitales de  las niñas que sigue haciéndose sin protesta de NNUU en nombre de un supuesto  respeto a las culturas que, sin embargo, los gobiernos se saltan a la torera en  cuanto hay que invadir (por razones económicas o políticas) a uno de los países  donde se practica la ablación del clítoris, fuente de placer que ninguna mujer  debe tener sin hombre. Tanto en Cairo, como en Belem do Pará y en la denuncia de  la OMS, podemos verificar otras expresiones de la línea de rescate del propio  cuerpo y la sexualidad que se plantea desde el año 68. La IV Conferencia Mundial  de la Mujer fue en Beijing, en 1995, pero hubo varias reuniones preparatorias  importantes. Lo que queremos destacar es que el internacionalismo del feminismo  de todos los matices ideológicos y en todo el planeta es indiscutible. Si una  revisa las agendas de las mujeres organizadas que desconocen o recelan de los  organismos internacionales y los gobiernos nacionales, regionales y locales,  puede ver que la agenda internacional se les impone, pues los tiempos del  voluntariado feminista terminó con la crisis económica de los años 80 y las  agencias internacionales sólo financian los proyectos que calcen con su agenda.  Es muy difícil avanzar por fuera de la agenda internacional sin financiamiento o  sin el apoyo institucional de los diversos niveles de gobierno o las  universidades.</p>     <p ALIGN="justify">De manera que desde siempre el grueso de la agenda feminista  venezolana ha estado atravesada por la agenda internacional que se requiere para  recibir apoyo dentro del país, pues el Estado venezolano es firmante de las  cartas, convenciones y acuerdos de NNUU y OEA a los que nos referíamos antes.</p>     <p ALIGN="justify">Desde luego, hay especificidades en cada país que el  feminismo asume o deja pasar. Por ejemplo, que los títulos académicos hayan  salido hasta hace muy poco con el grado en masculino (doctor, magíster,  licenciado) para las egresadas mujeres, es un asunto particular de las  universidades de Venezuela y sin que ninguna convención aprobada por la asamblea  general de las NNUU lo indicara, el Centro de Estudios de la Mujer de la UCV  asumió la vindicación, apoyándose en textos de la Real Academia de la Lengua  Española y de la UNESCO. El mismo planteamiento lo harían después las docentes  de la Universidad de los Andes y de la Universidad de Carabobo. En este punto  debemos decir que a partir de la polarización política que apenas se desaceleró  en 2004, después del referéndum revocatorio del presidente que éste ganó, han  sido las universidades y en especial la UCV la que ha canalizado la convocatoria  de mujeres afines y contrarias al gobierno del Presidente Chávez de todo el  país, y ha logrado llevar a las instancias oficiales (la Comisión de Familia,  Mujer y Juventud de la Asamblea Nacional, el Instituto Nacional de la Mujer y el  Banco de Desarrollo de la Mujer, ahora adscrito al Ministerio del Poder Popular  para los Asuntos de la Mujer) propuestas más o menos consensuadas entre las  activistas.</p>     <p ALIGN="justify"><b>RADICALES E INSTITUCIONALES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Desde la década de los ochenta y hasta hace poco una  discusión dominó la teoría feminista: la del feminismo de la igualdad y el de la  diferencia. Una discusión entre unas y otras que resultó fastidiosa e  infructuosa y a la que se agregaron las teóricas y militantes que se reconocían  como feministas de la igualdad en la diferencia o adscritas al feminismo de las  diferentes o al feminismo transmoderno. La verdad es que un mismo término, por  ejemplo el termino esencia era definido por cada una de diversa manera y con él  defenestraba un bando al bando contrario, con la acusación de esencialista. Hace  tiempo optamos por hablar de feministas radicales y feministas institucionales.  Las primeras son las que permanentemente muestran el horizonte al que deberíamos  aspirar a llegar, mientras que las segundas son las que cada día tienen acceso a  las instancias donde podrían tomarse las decisiones inscritas en el horizonte y  están obligadas a negociar con las mayorías masculinas o masculinistas en esas  instancias de poder.</p>     <p ALIGN="justify">La agenda feminista radical sería la que nos llega de la  Ilustración más las reivindicaciones específicas en cada región o país: sobre el  fondo de más libertad, más igualdad, ensanchamiento creciente de la democracia,  más solidaridad entre y con las mujeres y todos los discriminados por cualquier  razón, en Venezuela agregamos la despenalización del aborto en todos los casos,  excepto cuando se haga en contra de la decisión de la mujer; no discriminación  por razones de orientación o preferencia sexual, con todos los efectos  individuales y sociales que esto conlleva; seguridad social para el ama de casa  en edad de jubilación y pago de una pensión mensual fija, en aquellos casos en  que no sea ni titular ni carga familiar de un titular de seguro público o  privado; paridad con alternabilidad en todas las listas de elección popular. Esa  sería la agenda mínima para las radicales venezolanas que las feministas  institucionalizadas, especialmente las que trabajan en las instancias encargadas  de elaborar políticas y programas dirigidos a las mujeres, esas que hemos  llamado en otro lugar “femócratas”, deberían impulsar (Espina y Rakowski, 2006:  311).</p>     <p ALIGN="justify">La discusión entre diferencialistas, igualitaristas y las dos  cosas, se ha caído por su propio peso, dada la realidad que imponen los  desplazados a la fuerza y los migrantes voluntarios, que llevan a cuestas sus  diferencias étnicas, religiosas y de lengua, con las poblaciones que los  reciben. Es un hecho incontestable que la segunda lengua que más se habla en  EEUU es el español; que ya no distinguimos en el habla venezolana los vocablos  importados de Colombia y de programas de televisión que han visto varias  generaciones de niños, como el mexicano Chavo el Ocho; que de la ex URSS y los  países de ex comunistas de Europa del Este cada día llegan a Europa occidental  migrantes, que se suman a los que llegan del norte de África al sur de Europa o  los que llegan de otros países africanos que fueron colonias inglesas, francesas  y portuguesas a Francia, Bélgica Inglaterra y Portugal, respectivamente. No hay  más que montarse en el Metro o sentarse en un café de las capitales de estos  países para medir la multiculturalidad que ocupa cada vez más a nuestras  teóricas feministas.</p> </font>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Las diferencias llegaron para  quedarse, no se discute esto. Es un punto que complejiza el problema de las  alianzas necesarias para la construcción de una nueva hegemonía política que no  vuelva a dejar afuera a las mujeres. La diferencia, también lo hemos visto  antes, pasa por las posiciones tomadas en relación a temas que se priorizaron a  partir del año 68: primero fue un grito y el cuerpo con él, decía A. Fouque. En  los ochenta fue el cuerpo y su actividad sexual, pero también los problemas  asociados al cuerpo: el aborto, la violencia, la pornografía, la prostitución,  etc. A comienzo del siglo XXI los problemas de las décadas de los ochenta y  noventa persisten, así como los agregados por la multiculturalidad. Una  precisión: cuando hablamos de teoría y activismo feminista no excluimos la  teoría y la militancia feminista lésbica, con una presencia en la academia, en  los foros y en la calle más o menos reciente pero más visible hoy que el  feminismo que se dio a conocer el día 8 de marzo de 1978, cuando los primeros  grupos –ninguno lésbico– se plantaron en la Plaza El Venezolano, en el centro de  Caracas, a unos pasos de la casa natal del Libertador, entregaron sus cartas de  presentación y recogieron firmas para la reforma del Código Civil que entonces  estaba impulsando la Federación Venezolana de Abogadas. Ninguno de esos grupos  de Caracas (Miércoles, Persona, La Conjura) y del interior de la República  (Movimiento de Mujeres de Mérida, Liga Feminista de Maracaibo) sobrevivió más  allá de los primeros años de la CONG, pero sí muchas de sus militantes. Cuatro  encuentros realizaron estas feministas autónomas entre 1978 y 1988: el primero  en 1979, las anfitrionas fueron las mujeres de la Liga Feminista de Maracaibo;  el segundo y el tercer encuentros fueron en Mérida, en 1981 y 1983, las  organizadoras fueron las mujeres del Movimiento de Mujeres de Mérida; el cuarto  y último, paradójicamente el más nutrido, pues ya había sido creada la  Coordinadora de ONG de Mujeres y muchas de ellas asistieron incluso con sus  hijos, se realizó en Pozo de Rosas, en marzo de 1988, y fue organizado por el  grupo Miércoles, de Caracas.</font></p>     <p ALIGN="justify"><b><font size="2" face="Verdana">AMPLIAR LA CIUDADANÍA Y  RADICALIZAR LA DEMOCRACIA</font></b></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Chantal Mouffe viene planteando  con Ernesto Laclau, al menos desde 1985, la necesidad de establecer una cadena  de equivalencias entre las diversas demandas de los distintos grupos que luchan  por una democracia o por más democracia de la que ya exista en cada país. Esa  cadena articularía las demandas de mujeres con las de los queer (lesbianas,  gays, travestis, transexuales, intersexuales y bisexuales), los negros, los  indígenas y otros grupos por diversas razones excluidos de la hegemonía vigente.  Como vemos, no se trata de articulación de las demandas de las mujeres sino de  éstas a las de otros grupos sociales, aunque –no tenemos la menor duda, a partir  de la experiencia acumulada– habría que pensar en la articulación previa de las  mujeres organizadas alrededor de demandas particulares diferentes. En una  propuesta como la que hace Mouffe ya no tenemos una entidad homogénea “mujer”  enfrentada a una entidad homogénea “varón” sino “una multiplicidad de relaciones  sociales en las cuales la diferencia sexual está construida de muy diversos  modos” (Mouffe, 1992/1999:112). Una misma mujer puede tener una posición  subordinada en una relación (como hija, hermana menor, esposa, novia, empleada)  y una posición dominante en otra relación (como patrona de la señora que trabaja  en su casa, como empleadora en un negocio propio).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Las feministas “maternalistas”,  como Carol Gilligan, Sara Ruddick y Jean Bethke Elshtain, dice Mouffe, quieren  que abandonemos la política liberal masculina, para adoptar en su lugar una  política feminista de lo privado “inspirada en las virtudes específicas de la  familia: amor, intimidad y compromiso con el ´otro en concreto´” (Ibid: 114).  Incluso Carole Pateman, un poco más “refinada”, sigue Mouffe, comparte con las “maternalistas»,  que “la ciudadanía es (una) categoría patriarcal (por lo cual propone) una  concepción sexualmente diferenciada de la ciudadanía; (esto) implica dar  significación política a la capacidad de la que carecen los hombres: la de crear  vida, es decir, la maternidad (que) debería ser usada para definir la ciudadanía  con la misma relevancia política con la que se reconoce (la) ciudadanía (al  hombre): voluntad de un varón de pelear y morir por su patria” (Ibíd.: 117). Por  las mismas razones que lo hace Elizabeth Badinter (2003), Mouffe se opone a esta  propuesta, pues devuelve a las mujeres a su supuesta “naturaleza” que es la de  ser madres en exclusividad o con prioridad sobre las otras cuestiones de la  polis. Naturalistas y regresionistas, así llama Badinter a estas feministas que  exaltan la maternidad como valor universal para todas las mujeres.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Al contrario de considerar la  ciudadanía como categoría patriarcal, lo que Mouffe propone es su extensión y no  sólo para las mujeres. De hecho, insiste en una cadena de equivalencia de las  demandas de diversos grupos sociales y no sólo de las mujeres interesados en  ampliar cada vez más la ciudadanía. Así mismo, llama la atención acerca de que  la diferencia sexual no siempre es pertinente en todas las relaciones sociales.  Su tesis es que, en el dominio de lo político y por lo que toca a la ciudadanía,  la diferencia sexual no debe ser lo que se esgrima para que los trabajos de  hombres y mujeres sean valorados con equidad, sino definir lo que es “ser un  ciudadano y cómo actuar como miembro de una comunidad política democrática”  (Ibíd.: 118-119).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Para Mouffe, la política  feminista debería ser entendida “como la persecución de las metas y aspiraciones  feministas dentro del contexto de una más amplia articulación de demandas”; para  ella, el feminismo es la lucha por la igualdad de las mujeres, sí, pero no  entendida “como la realización de la igualdad para un definible grupo empírico,  con una esencia y una identidad comunes, las mujeres, sino más bien como una  lucha en contra de las múltiples formas en que la categoría mujer se construye  como subordinación” (Ibíd.: 126). Concluye su trabajo del 92 con una definición  de feminismo, que de cierta manera está a contramano de la afirmación de Amelia  Valcárcel de que el feminismo no puede ser sino de izquierda. Dice Mouffe: el  feminismo se enmarca en múltiples discursos: marxista, liberal, conservador,  separatistaradical, democrático-radical, etc. Así que “hay, por necesidad,  muchos feminismos” (Id).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En los artículos posteriores de  Mouffe que hemos leído no vemos que haya vuelto a referirse de nuevo a la manera  en que las mujeres puedan articular sus demandas particulares a la cadena de  equivalencia por una hegemonía política que garantice la mayor inclusión de los  grupos sociales. En cambio, Judith Butler, sin duda la teórica feminista con  mayor influencia en América Latina desde 1990, se metió de lleno en la  discusión, no directamente con Mouffe sino con el coautor de la propuesta,  Ernesto Laclau, y con el también cada vez más influyente por estos lares, Slavov  Zizek. El lugar para la discusión fue un libro escrito a seis manos el año 2000,  que fue traducido al español el 2003 como Contingencia, hegemonía,  universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda. Son nueve artículos en  total, tres de cada uno. En el primero de sus artículos, Judith Butler nos  explica que lo que los llevó a plantearse el proyecto fue aquello en lo que  coincidían los tres: son de izquierda, tienen diversos grados de afinidad con el  marxismo como teoría y conocimiento críticos, tienen interés “en el estatus y la  formación del sujeto (para) pensar la democracia (y) la articulación de  universalidad dentro de una teoría de la hegemonía” (Butler, Laclau y Zizek,  2000/2003:17) y coinciden en el uso de la teoría lacaniana al pensar en la  elaboración de la teoría.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Butler hace una lectura de tres  textos de Hegel (Lógica menor, Lógica mayor y Fenomenología del espíritu) con la  idea de separar lo que en una cadena de equivalencias sería lo universal y lo  particular y concluye con Hegel en que “Lo que es universal (es lo) que  pertenece a todas las personas, pero no es todo lo que pertenece a cada persona  (cada una de las cuales tiene) un rasgo universal que no encaja bajo la rúbrica  de universalidad” (Ibíd.: 23). En esta definición, sigue Butler, Hegel comparte  la posición kantiana, de la cual suele tomar distancia. En la  Fenomenología…también deja claro que “la universalidad (está ligada) al problema  del reconocimiento recíproco”, el cual es inseparable de la práctica  consuetudinaria en la cual tiene lugar: “el individuo en su trabajo individual  inconscientemente ya realiza un trabajo universal” (Hegel, citado por Butler.  Ob. cit: 26). Para Hegel la universalidad no es “todoinclusiva” sino  “evanescente”; no hay manera de “introducir la particularidad excluida en lo  universal sin primero negar esa particularidad. Y esa negación sólo confirmaría  una vez más que la universalidad no puede proceder sin destruir aquello que  intenta incluir” (Ibíd.: 30)</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Precisada con Hegel la  diferencia de lo universal con lo particular, cita a Laclau en 1996, en  Emancipation (s) y su concepción de universalidad en una cadena de  equivalencias. Decía entonces Laclau que “cada identidad nunca está completa en  su esfuerzo por la autodeterminación. Una identidad particular es entendida como  atada a un contenido específico como género, raza o etnia”; cada una comparte  con las otras “una incompletud constitutiva”, de manera que una identidad es  constituida a través de su diferencia con un conjunto ilimitado de otras  identidades y esa diferencia la define Laclau como “una relación de exclusión  y/o antagonismo” (Ibíd.: 37). Si cada una de estas identidades particulares  busca universalizar su posición sin reconocer que las otras identidades están en  una situación estructural idéntica, “no logrará conseguir una alianza con otras  identidades emergentes. (El) lugar donde la universalidad será encontrada es,  dice Laclau, como un lugar vacío pero inerradicable”. Precisamente es “la  ausencia de contenido compartido lo que constituye la promesa de universalidad.  (Ese) fracaso para llenar el lugar es la promesa futura de universalidad” (Laclau  citado por Butler. Ob. Cit: 37-38). Lo que según Laclau es idéntico para todos y  todas en una cadena de equivalencias es, dice Butler, “la plenitud pura,  abstracta y ausente de la comunidad. (Es) esencial que la cadena permanezca  abierta, (su) cerramiento sólo podría ser una diferencia más” (Ibíd.: 39).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Ahora bien, sigue Butler, si la  universalidad es un no-lugar que surge en el “intersticio” y “pertenece a una  lucha hegemónica de final abierto (entonces) ¿qué sucede cuando un grupo”, sin  derechos ciudadanos, procede a reclamar universalidad, es decir, ser incluidos?  La respuesta es que se produce “cierto tipo de contradicción performativa”  (Ibíd.: 45). Da un ejemplo: cuando oímos hablar de los derechos de las mujeres o  de los derechos de gays y lesbianas lo que estamos oyendo es que “lo humano (no)  incluye fácilmente gays, lesbianas y mujeres y (que) la movilización busca  exponer las limitaciones”, busca hacerse oír (Ibíd.:46).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Laclau precisa en una de sus  entregas cómo sería esa articulación de los grupos sociales en una cadena de  equivalencia frente a la hegemonía dominante y en busca de una hegemonía  alternativa que incluya las diversas demandas desoídas. Si existe un “crimen  general”, dice, debería haber una víctima general, pero esa víctima, la  sociedad, es una pluralidad de grupos y demandas particulares. Por lo tanto, si  va a haber un sujeto de una emancipación global, ese sujeto será transformado en  antagonista por el crimen general, así que tal sujeto sólo podrá ser  políticamente construido por medio de la equivalencia de una pluralidad de  demandas que constituirán “un área de efectos universalizantes” (Ibíd.: 61).  Esto le da pie para explicar algo que Laclau dijo en Caracas el 2007 y dio pie a  muchas discusiones entre intelectuales a favor y en contra del proyecto del  presidente de la República desde 1998 y hasta hoy, así como a un titular a  página entera en el diario El Nacional: “El socialismo del siglo XXI es un  significante vacío”. Esto es lo que dice en el libro escrito a seis manos con  Zizek y Butler: dado que lo universal y lo particular se rechazan y se necesitan  a la vez en una relación hegemónica, mientras más extensa sea la cadena de  equivalencia y más se diversifiquen las demandas particulares, se requiere un  nombre, es decir, un significante del sujeto que represente la relación que  busca la emancipación global y que no se identifique con los nombres de los  distintos grupos en cadena, cada uno con sus demandas particulares.  Incluyéndolos a todos y no pudiendo identificarse con ninguno, ese nombre del  sujeto tiene el status de un significante vacío, pues “una total coincidencia de  lo universal con lo particular es imposible, (siempre) quedará un residuo de  particularidad” (Ibíd.: 62). Socialismo del siglo XXI o democracia radical  serían eso, nombres, significantes vacíos, dentro de los cuales se incluyen  demandas diversas de grupos distintos ninguno de los cuales debería buscar  imponerse a los otros, so riesgo de romper la cadena que sostiene la relación  hegemónica.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En cuanto a la pregunta final  que se hacía Butler en el artículo que acabamos de revisar, Laclau aclara lo  siguiente: las demandas particulares de los distintos agentes –minorías étnicas,  nacionales o sexuales– pueden ser formulados “solamente como derechos  universales. La apelación a lo universal es inevitable una vez que (ningún)  agente puede hablar a nombre de la totalidad, mientras que la referencia (a esa  totalidad) continúa siendo esencial en la operación hegemónico-discursiva”  (Ibíd.: 64). Dice que Zizek lo ha entendido muy bien, cuando afirma que “cada  universal es el campo de batalla en el cual una multitud de contenidos  particulares lucha por la hegemonía. (No) hay ningún contenido de lo universal,  que debe ser neutral (y) común a todas sus especies. (Lo) universal está  absolutamente vacío” (Id).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En cuanto a otra preocupación  de Butler, sobre la legitimidad de usar nociones del psicoanálisis lacaniano  para teorizar en política, una preocupación que –nos consta a nosotras– es más  frecuente entre psicoanalistas lacanianos que entre filósofos, dice Laclau: “una  intervención teórica (que) verdaderamente marque una diferencia, nunca se  restringe al campo de su formulación inicial. Siempre produce una  reestructuración del horizonte ontológico dentro del cual se ha movido el  conocimiento hasta ese momento” (Ibíd.: 78). Freud lo demostró al descubrir el  inconsciente y Lacan hizo una “radicalización y profundización de lo que estaba  contenido en el descubrimiento de Freud. Pero (el) psicoanálisis no está solo,  es el epicentro de una transformación más amplia que abarca todo el pensamiento  contemporáneo” (Ibíd.:79). Hace poco oímos en Buenos Aires a una psicoanalista  lacaniana francesa quejarse de que Butler citaba a Lacan como si fuera un  filósofo y desde el auditorio pensamos: ¿y por qué no? ¿Acaso Lacan no cita a  Hegel, a Kant, a Wittgenstein, a Sófocles, Platón, Aristóteles y a Sade, a Hugo  y a Poe, y tantos otros filósofos, escritores y artistas para el retorno a Freud  que se propuso? ¿Es válida la cita cuando la hace un psicoanalista e inválida  cuando la hace el artista o el filósofo?</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Zizek califica como otro  significante vacío a la diferencia sexual y Butler en otra de sus entregas  replica –tomando en cuenta la definición que Laclau ha hecho de significante  vacío– que si diferencia sexual es un lugar vacío, imposible de identificar con  los significados que al significante dan los diversos grupos en cadena de  equivalencia, entonces la sexodiversidad, especialmente la que no encaja en el  dimorfismo (intersexualidad y transexualidad) tampoco es simbolizable, es  innombrable, y así pierde inteligibilidad cultural. Nos parece que esta es la  observación más pertinente de Butler en relación a la construcción de la cadena.  Con otras palabras y otras referencias teóricas, Celia Amorós (2008) ha llamado  la atención acerca de dos cosas: <b>a</b>. la necesidad de que las feministas  pensemos en una agenda en tiempos de globalización y multiculturalidad y <b>b</b>.  ver cómo hacemos para que nuestras demandas no sean desestimadas de nuevo, como  se viene haciendo desde 1789, o que se diluyan tanto en la universalidad que  ninguna mujer pueda reconocer ahí su demanda particular.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Lo que Zizek dice exactamente  en el artículo (que titula “Mantener el lugar: Butler, el malestar en lo real”)  es que la diferencia sexual “es la paradoja de lo particular que es más  universal que la universalidad misma (y que) siempre hace descarrilar,  desequilibrar, la idealidad normativa. (La) diferencia sexual es patológica en  el sentido más radical del término: una mancha contingente que todas las  ficciones (de) parentesco tratan de borrar. Lejos de limitar la variedad de  posiciones sexuales de antemano, lo real de la diferencia sexual es la causa  traumática que pone en movimiento su proliferación contingente” (Ibid: 309). Por  esta noción de lo real es que Zizek puede decirle a Butler que cuando Lacan dice  que no hay gran Otro, que el Otro está tachado, es porque “no hay ningún esquema  formal estructural a priori exento de las contingencias históricas” que Butler  propone, cuando sugiere una traducción cultural de la propuesta hegemónica.  Cuando se dice que lo real es inherente a lo simbólico, se está diciendo que el  Otro está tachado: “lo real es ´esa espina en la garganta´ (decía Lacan, que)  contamina toda la idealidad de lo simbólico, volviéndolo contingente e  inconsistente”, así que lejos de oponerse a la historicidad que Butler reclama,  lo real es el fundamento “ahistórico de la historicidad misma” (Ibid: 309).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Sobre otra de las  preocupaciones de Butler: el lugar de lo social y los movimientos sociales que  eventualmente entrarían en una cadena de demandas equivalentes y en conexión con  la historicidad, Zizek le recuerda que para Lacan la historicidad no se funda en  el “exceso empírico de la sociedad” sino en “el núcleo resistente dentro del  proceso simbólico (es decir) lo real, (que) no es un efecto presocial ni uno  social, (lo) social está constituido por la exclusión de algún real traumático”  (Ibid: 310). Insta a Butler a no leer a Lacan desde las oposiciones clásicas  (trascendente versus contingente, idea versus material, etc) y a mantener la  distinción formal entra la norma social (el conjunto de reglas simbólicas) y la  fantasía que la sostiene, que una vez “tuvo que ser repudiada, excluida del  dominio público” (Ibid: 311. De hecho, todo lo que hoy es norma antes no lo  fue).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En nuestra opinión, Zizek tiene  el dominio de la teoría lacaniana del que Butler carecía en el año 2000 en que  escribe a seis manos sobre la teoría de la hegemonía de Mouffe y Laclau, pero en  cambio Butler tiene –como Amorós y Valcarcel en España– la cercanía con el  activismo que ni Laclau ni Zizek tienen. Todos cinco son filósofos, pero ellos  dos guardan distancia con el activismo (o viceversa) mientras que ellas tres son  consultadas permanentemente por el activismo para diseñar las agendas feministas  y queer y no sólo en sus países de origen. La distancia de unos y la cercanía de  las otras con el activismo queda claro cuando dan ejemplos: Laclau da el ejemplo  del zarismo en los días previos a octubre de 1917 para explicar lo que es una  cadena de equivalencias en la construcción de una hegemonía, mientras que Butler  habla de los gays en el ejército de los EEUU el mismo año en que está  escribiendo. Por eso, insistimos, son muy pertinentes las dudas de Butler frente  a Laclau y Zizek sobre la “inteligibilidad” de los sectores que siempre han  estado silenciados, tanto en la cadena como siendo parte de los agentes  representados en la universalidad, ese significante vacío, llámese diferencia  sexual, socialismo del siglo XXI o democracia radical y plural.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">La existencia de esos cuerpos  que no importan a la norma social tienen, responde Zizek, “un lugar particular  distintivo propio, (es) el sitio mismo de la universalidad política: en  política, la universalidad se afirma cuando (un) agente sin lugar distintivo se  postula como la encarnación directa de la universalidad frente a quienes tienen  un lugar en el orden global” (Ibid: 312- 313). Teóricamente cierto, si la  universalidad –como dice Laclau– es un lugar vacío, entonces el sujeto social  que no tiene un lugar inteligible es la universalidad misma. Que la  universalidad que representa a todas y a ninguna de las demandas particulares de  los sujetos sociales en cadena sea un lugar vacío, es teóricamente pertinente;  pero que la sexodiversidad mantenga ese no-lugar es más de lo mismo, es lo que  siempre ha tenido, invisibilidad e ininteligibilidad. Algo similar –aunque en  menor cuantía, después de tres siglos de vindicación– sucede con las mujeres,  especialmente con algunas de las mujeres. Por eso es pertinente la observación  de Butler sobre la manera de hacer equivalencia frente a la hegemonía dominante  para intentar otra, más plural y radical, agonística y no antagonista, como dice  Mouffe en otra parte.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">En su última entrega del año  90, Butler dice que, sin duda, el miedo a la parálisis “es lo que provoca el  ánimo antiteórico en ciertos círculos de activistas. (Quienes) temen los efectos  dilatorios de la teoría no quieren pensar demasiado acerca de qué es lo que  están haciendo, qué tipo de discurso están usando, pues temen que si piensan con  demasiado ahínco (el) pensar no tendrá fin” (Ibíd.:264). No tendrá fin y así  debe ser, es nuestra opinión. Butler se da una vuelta por Aristóteles y la  distinción que hace entre sophia (sabiduría teórica) y phronesis (sabiduría  práctica) para mostrarse, como Laclau según dice, más partidaria de la phronesis:  “cualquier trabajo teórico (debería tener) a la acción como su meta implícita” (Ibid:  266), que es la posición de Marx. Sin embargo, sigue, sabemos que la puesta en  acto de la teoría de Marx por algunos estados marxistas fue para justificar la  imposición de “ciertos planes económicos que no sólo fortalecieron al Estado  centralizado (sino) que socavaron los principios básicos de la democracia” (Ibid:  268). Que no es lo que propusieron Laclau y Mouffe en 1985, en Hegemonía y  estrategia socialista. Políticas hacia una democracia radical, cuando plantearon  que “la democracia se afianza a través de la resistencia a su realización. (La)  democracia en sí continúa sin realizarse, (es) esencial para esta práctica  mantenerse de alguna manera irrealizable” (Id), una idea que Butler comparte  plenamente. Sin embargo, le parece que la “irrealizabilidad” como valor puede  favorecer el “pesimismo político” al tiempo que, acepta, que la razón para  preservar la idealidad de la democracia, su resistencia a una realización plena  o final (es) detener su disolución” (Ibid: 271).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font size="2" face="Verdana">Nos parece que no hay que temer  que el activismo se paralice por la complejidad de la teoría que la orienta. La  historia da suficientes ejemplos de cómo el activismo tomó el poder o logró  reivindicaciones antes de aprender, incluso, a leer. Fue la fuerza de la  necesidad de sobrevivir la que les dio el triunfo, aunque los teóricos hayan  estado ahí desde el principio. Cuando los bolcheviques triunfaron el año 17,  vimos a Lenin, Trotski, Zinoviev y Bujarin tratando de convertir a los  sindicatos en escuelas de comunismo, para que los obreros aprendieran cuáles  eran las tareas por venir y por las que habían luchado. Desde entonces mucha  agua (y mucha sangre) ha corrido como para saber que, en general, primero se  llega al palacio de gobierno que a las primeras 100 páginas de El Capital de  Marx; que primero se construye un imperio católico o islámico antes de tener  acceso a la primera copia de los Evangelios o El Corán. En cambio, si hay que  temer lo que nos advierte Amorós, coincidiendo con Butler sin proponérselo: que  algunos agentes o sujetos sociales –las mujeres y los queer sin ir más lejos–  vuelvan a quedar obliterados o borrados en una cadena abierta frente a la  hegemonía necesariamente incompleta por universal.</font></p>     <p ALIGN="justify"><b><font size="2" face="Verdana">REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</font></b></p>     <!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Amorós, Celia (2008).  Mujeres e imaginarios de la globalización. Reflexiones para una agenda teórica  global del feminismo, Buenos Aires, Homo Sapiens Ediciones (Col. Estudios de  Filosofía Política).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817173&pid=S1316-3701200900020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Badinter, Elizabeth (2003)  Hombres # Mujeres. Cómo salir del camino equivocado. Buenos Aires, FCE.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817174&pid=S1316-3701200900020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Badinter, Elizabeth; Ernesto, Laclau y  Slavov, Zizek (2000/2003). Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos  contemporáneos en la izquierda. FCE.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817175&pid=S1316-3701200900020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Espina, Gioconda; Rakowski,  Cathy (2006). “Institucionalización de la lucha feminista/ femenina en  Venezuela: solidaridad y fragmentación, oportunidades y desafíos”. En: Natalie  Lebon y Elizabeth Maier (Coords) De lo privado a lo público. 30 años de lucha  ciudadana de las mujeres en América Latina. LASA, UNIFEM y Siglo XXI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817176&pid=S1316-3701200900020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Espina, Gioconda (2009). “El  inconsciente saboteador y las políticas públicas: Venezuela”. En: Alicia Girón (Coord).  Género y globalización. CLACSO Libros.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817177&pid=S1316-3701200900020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Fouque, Antoinette  (1995/2008). Hay dos sexos. Ensayos de feminología. Siglo XXI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817178&pid=S1316-3701200900020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Mouffe, Chantal (1993/1999).  “Feminismo, ciudadanía y política democrática radical”. En: El retorno de lo  político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo democracia radical, Barcelona:  Paidós (Col. Estado y Sociedad, 69).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817179&pid=S1316-3701200900020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Valcárcel, Amelia (1997). La  política de las mujeres. Madrid, Cátedra, Universidad de Valencia e Instituto de  la Mujer (Col. Feminismos, 38).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817180&pid=S1316-3701200900020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Valcárcel, Amelia (2007).”Pongamos las agendas  en hora”. En: Alicia Miyares (Edit) II Encuentro de Mujeres Líderes  Iberoamericanas. Documento de trabajo No. 14. Madrid, Fundación Carolina.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817181&pid=S1316-3701200900020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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